PSICOLOGÍA
 
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A medida que han ido cambiando las teorías e interpretaciones psicológicas, se ha ido modificando la definición de Psicología. Hasta principios del siglo XX se definía ésta como la ciencia dedicada al estudio de la mente y los procesos mentales. El positivismo, cuya influencia se acentuó a principios de aquel siglo, llevó a la conclusión de que era imposible el estudio de dichos procesos, y que por tanto la Psicología debía centrarse en lo directamente observable: la conducta, dentro de la cual se incluyen los procesos mentales. Actualmente esta concepción de la Psicología no se mantiene estrictamente, pero se conserva todavía la definición dada, que es la que más ha perdurado en el tiempo, debido quizás a su carácter pragmático y funcional, útil a determinadas sociedades, ya que el tener la conducta como objeto de estudio permitía a la Psicología plantearse la modificación de ésta, en general con una orientación adaptativa o de acomodación al medio, es decir de sumisión a los sistemas establecidos, y por lo tanto anuladora de las diferencias individuales y de la riqueza psicológica que éstas implican como fundamento de la mentalidad creativa y la conciencia crítica.

Suelen utilizarse habitualmente los términos Psicología y Psiquiatría como si fueran sinónimos, lo cual es fuente de frecuentes errores de comprensión. A grandes rasgos, la Psicología se centra en los trastornos funcionales del sistema nervioso que en apariencia no dependen de alteraciones estructurales de éste, mientras que la Psiquiatría se especializa en alteraciones estructurales del sistema nervioso que tienen repercusiones a nivel funcional. No obstante, en este último caso, la Psicología desarrolla una actividad complementaria a la intervención psiquiátrica, actividad orientada a paliar la incidencia y los efectos de los trastornos funcionales derivados de las alteraciones estructurales del sistema nervioso.

El término psicopatología identifica y define los trastornos mentales, que son muchos y de gravedad variable. Una clasificación habitual distingue entre las neurosis, que son de menor gravedad, y las psicosis, donde la pérdida de contacto con la realidad impide la vida normal en sociedad, por ejemplo en la esquizofrenia. Para uso de los profesionales se han elaborado manuales en los que se clasifican las distintas psicopatologías en base a una serie de criterios diagnósticos que permiten su identificación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha adoptado el CIE, que se ajusta más a los criterios diagnósticos europeos. Sin embargo, como suele ocurrir con frecuencia, la sumisión cultural y científica a los Estados Unidos ha permitido una mayor implantación de los criterios diagnósticos de este país, recogidos en el Manual de Diagnóstico y Estadística (DSM), de origen norteamericano.

Tanto el CIE como el DSM contienen la caracterización de cientos de trastornos mentales, lo que demuestra la dificultad que presenta definir el concepto de salud mental. Durante algún tiempo se consideró que la persona mentalmente sana era la que estaba bien adaptada a la sociedad, condición que actualmente no es suficiente, ya que requiere añadir la calidad de las relaciones personales.

Una manera obvia de definir la salud mental sería considerarla como el estado psíquico de una persona "normal". Esto presenta el inconveniente de que cada vez es mayor el número de personas "normales" que sufren trastornos de mayor o menor intensidad. Se calcula que entre un diez y un quince por ciento de la población mundial sufre trastornos que deben o deberían requerir la atención de un profesional. Un número mayor de personas sufre depresiones leves o moderadas, ansiedad u otro tipo de trastornos emocionales, a lo cual se debe sumar los efectos producidos por el consumo de alcohol y otras drogas, la incidencia de enfermedades tradicionales y otras nuevas como el SIDA, así como los terribles efectos de una sociedad caracterizada por: la prevalencia de valores mercantilistas, competitivos y agresivos; la mayor importancia dada al "tener" en detrimento del "ser"; el individualismo insolidario; la reducción de la calidad del medio ambiente o su destrucción; el crecimiento de las diferencias entre países desarrollados y en vías de desarrollo; el aumento de las diferencias entre los ingresos económicos y las clases sociales; el incremento de la pobreza, el hambre y la enfermedad en el mundo; la inestabilidad laboral; la desocupación; la discriminación y la marginación; la inseguridad permanente en todos los aspectos de la vida, ya sea a nivel personal como colectivo; la prevalencia en todos los ámbitos de la solución no dialogada de los problemas; las amenazas contra el entendimiento y la paz; los conflictos bélicos, etc.

Quizás la mejor fuente para obtener una definición de salud mental y aclarar una serie de aspectos vinculados a ésta provenga de la Declaración de los Derechos Humanos y la Salud Mental, adoptada por la Federación Mundial de la Salud Mental el 26 de agosto de 1989, y en cuyos principios se basa la ASOCIACIÓN EUROPEA DE ORIENTACIÓN Y AYUDA PSICOLÓGICA.

 

 

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