|
Crisis de pánico
Llamadas también Crisis de angustia, este trastorno
consiste en padecer repentinamente, y durante un período
limitado de tiempo (en general unos minutos, aunque en algunos casos
puede durar hasta una hora), un miedo intenso acompañado
de al menos cuatro de los siguientes síntomas:
- Palpitaciones o taquicardia.
- Sudoración.
- Temblores o estremecimientos.
- Escalofríos.
- Parestesias.
- Falta de aliento o sensación de ahogo.
- Sofocación.
- Dolor o molestias en la zona del corazón.
- Náuseas o molestias abdominales.
- Mareo o sensación de inestabilidad o
de desmayo.
- Desrealización o despersonalización.
- Miedo a perder el control o a enloquecer.
- Miedo a morir.
En general puede decirse que hay dos tipos de crisis
de pánico: la espontánea, que se inicia de forma repentina,
sin razón aparente ni advertencia alguna, y la situacional,
provocada por una situación específica, frente a la
cual la persona teme precisamente sufrir una crisis, lo cual genera
ansiedad, llamada ansiedad anticipatoria. Esta ansiedad puede llevar
a que la persona entre en un círculo vicioso que desencadene
una crisis de pánico.
Como hemos visto, las crisis de pánico pueden
estar relacionadas o no con la agorafobia; así, puede hablarse
un trastorno de pánico con agorafobia y un trastorno de pánico
sin agorafobia.
Trastorno de pánico con agorafobia.
Se diagnostica cuando una persona padece una crisis de pánico
relacionada con la agorafobia.
Trastornos de pánico sin agorafobia.
Se diagnostica cuando una persona ha padecido crisis de pánico
inesperadas y recurrentes sin relación con los desencadenantes
de la agorafobia, y al menos una de estas crisis ha sido seguida
durante un mes o más por la preocupación de sufrir
nuevos ataques, por la preocupación por las consecuencias
de éstos, o por un cambio significativo en el comportamiento.
|