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Trastornos primarios del sueño
Son aquellos en cuya etiología no se halla implicada
otra enfermedad mental, una enfermedad médica o el consumo
de algún tipo de sustancia. Aparecen como consecuencia de
alteraciones endógenas en los mecanismos del ciclo sueño-vigilia.
Éstos a su vez se subdividen en disomnias y en parasomnias.
Trastornos del sueño > Disomnias
Son trastornos del inicio o mantenimiento del sueño,
o de somnolencia excesiva. Se caracterizan por un trastorno de la
cantidad, calidad y el horario del sueño.
- Insomnio primario
- Hipersomnia primaria
- Narcolepsia
- Trastorno del sueño relacionado con
la respiración
- Trastorno del ritmo circadiano
Insomnio primario
Se habla de insomnio primario cuando una persona manifiesta
durante al menos un mes dificultad para dormirse (insomnio inicial
o de latencia) o para mantenerse dormido (insomnio intercalado)
o dificultad para volver a dormirse después de haber despertado
prematuramente (insomnio terminal o de última hora). No obstante,
se debe tener en cuenta que dormir poco no implica necesariamente
padecer insomnio, ya que si el rendimiento de la persona es normal
durante el día, eso significa que dicha persona necesita
menos horas de sueño.
El insomnio es el trastorno del sueño más
frecuente en la población, ya que lo padece entre un 30 y
un 40% de la población adulta de Europa y Estados Unidos,
siendo más frecuente en mujeres que en hombres y produciéndose
un incremento significativo relacionado con el aumento de la edad.
Los adultos jóvenes se quejan a menudo de dificultades
para conciliar el sueño, mientras que quienes se encuentran
en la etapa media de la vida y las personas mayores tienen más
probabilidades de presentar dificultades a la hora de mantener el
sueño y una mayor tendencia a despertarse más temprano
por la mañana.
El trastorno suele iniciarse en las primeras etapas
de la vida adulta o en la edad media de la vida, y es infrecuente
su aparición en la adolescencia o en la infancia.
En la mayoría de los casos el trastorno se inicia
repentinamente, sobre todo cuando su aparición está
estrechamente relacionada con el estrés psicológico,
médico o social, o también con un trastorno depresivo
o de ansiedad. En general el insomnio persiste incluso mucho tiempo
después (a veces años) de superada la causa que le
dio origen.
Los individuos que lo padecen pueden presentar fatiga
y cansancio y otros problemas como cefaleas, tensión muscular
y molestias gástricas.
Hipersomnia primaria
Este trastorno suele iniciarse entre los 15 y los 30
años y progresa gradualmente, aunque en general se resuelve
en la edad adulta. Se diagnostica cuando, durante al menos un mes,
la persona padece una somnolencia excesiva durante el día
o duerme demasiado.
En este trastorno, la duración del episodio
del sueño más largo del día (para la mayoría
de las personas el sueño nocturno) oscila entre las 8 y 12
horas, y a menudo se acompaña de problemas a la hora de levantarse.
La calidad del sueño nocturno es normal, pero durante las
horas de vigilia la persona experimenta una somnolencia excesiva
y parece que no logra despertar del todo, lo cual la obliga a realizar
siestas intencionadas que en general duran más de una hora,
o bien se manifiesta en episodios en los que se produce un dormirse
paulatino. No obstante, en ningún caso el sueño es
reparador.
Las personas con hipersomnia primaria presentan un
reducido nivel de alerta y de rendimiento, así como también
una pobre concentración. La somnolencia, con frecuencia atribuida
por desconocimiento al aburrimiento o a la pereza, puede afectar
las relaciones sociales y familiares.
Es importante diferenciar a quienes padecen hipersomnia
de los "grandes dormidores", es decir, personas que necesitan
un tiempo de sueño superior a la media y no presentan somnolencia
diurna excesiva. Otra diferencia es que la somnolencia diurna excesiva
de quienes padecen hipersomnia es independiente del tiempo de sueño
nocturno. También hay que distinguirla del dormir por la
noche de manera insuficiente, es decir, menos de 7 horas diarias.
Narcolepsia
Se trata de la aparición repentina e irresistible
de sueño en episodios de unos 10 a 20 minutos de duración
(que pueden prolongarse si el sujeto no es despertado) caracterizado
por cuatro síntomas típicos que no siempre aparecen
de modo completo: somnolencia diurna excesiva, pérdida del
tono muscular, parálisis de sueño (sensación
de no poder mover ningún músculo) y alucinaciones
auditivas o visuales muy vívidas y en general terroríficas.
Se diagnostica cuando los episodios aparecen diariamente
durante al menos 3 meses, y se trata de un trastorno que aparece
en un 0,02% de la población adulta, no existiendo diferencias
relacionadas con el género.
La narcolepsia puede ser perjudicial en función del tipo
de actividades que realice la persona que la padece, pues en ocasiones
aparece mientras se conduce un vehículo u en otras situaciones
de riesgo. También puede afectar la actividad social del
sujeto, ya que el episodio puede producirse en cualquier situación
(comidas, reuniones, etc.).
Trastorno del sueño relacionado con la respiración
Se define este trastorno como una desestructuración
del sueño que da lugar a una somnolencia excesiva o insomnio,
y que se considera secundaria a las alteraciones de la ventilación
durante el sueño. Tiene un inicio insidioso y progresa gradualmente
hasta cronificarse.
El motivo de consulta más frecuente de quienes padecen este
trastorno es la somnolencia excesiva, que es producida por los frecuentes
intentos por respirar normalmente que el sujeto realiza durante
el sueño nocturno. La somnolencia se hace más evidente
en situaciones de relajación (por ejemplo, durante la lectura
o mientras ve televisión). La incapacidad del individuo por
controlar la somnolencia también se hace evidente en situaciones
que no requieren activación, como en el cine, en teatros
o conciertos. Incluso suelen dormirse con frecuencia y las siestas
no son reparadoras.
Las alteraciones respiratorias típicas que tienen
lugar durante el sueño en este trastorno son:
- Las apneas (episodios de interrupción
de la respiración).
- Las hipoapneas (respiración anormalmente
lenta o superficial).
- La hipoventilación (niveles sanguíneos
de oxígeno anormalmente bajos).
Existen tres tipos de trastorno del sueño relacionado
con la respiración:
- Síndrome de apnea obstructiva del sueño.
- Síndrome de apnea central del sueño.
- Síndrome de hipoventilación
alveolar central.
Síndrome de apnea obstructiva del sueño.
Se caracteriza por episodios repetidos de obstrucción de
las vías respiratorias superiores (apneas o hipoapneas) durante
el sueño. En general suele producirse en personas con sobrepeso
y conduce a un estado de somnolencia excesiva. Los ronquidos implican
el paso del aire por vías parcialmente obstruidas y en los
períodos de silencio respiratorio se producen las apneas
o hipoapneas, es decir, el cese de la respiración debido
a una obstrucción total de las vías superiores. Estas
personas suelen ser roncadoras incluso desde la infancia y sus ronquidos
acostumbran ser lo suficientemente intensos como para perturbar
a las personas cercanas. En ocasiones el final de una apnea se asocia
con fuertes ronquidos, inspiraciones bruscas, gemidos o murmullos
o movimientos de todo el cuerpo estruendosos que dan la apariencia
de una resurrección. La mayoría de las personas que
lo padecen no son conscientes de estos síntomas, aunque sus
parejas se ven obligadas a cambiar de cama o incluso de habitación.
El síndrome de apnea obstructiva del sueño
es la forma más frecuente de los trastornos relacionados
con la respiración. Se produce entre el 1 y el 10% de la
población adulta, aunque suele ser más elevada en
al tercera edad. En general aparece entre los 40 y 60 años
y las mujeres tienen más probabilidad de presentarlo después
de la menopausia.
Síndrome de apnea central del sueño.
Se caracteriza por interrupciones episódicas de la ventilación
durante el sueño (apneas o hipoapneas) sin que exista obstrucción
de las vías respiratorias. Es más frecuente en personas
de mayor edad y sobre todo como consecuencia de afecciones cardiacas
o neurológicas que inciden sobre la regulación de
la ventilación. En general se trata de roncadores leves,
que suelen consultar más bien por los habituales despertares
repentinos en el sueño nocturno.
Síndrome de hipoventilación alveolar.
Se caracteriza por un deterioro en el control de la ventilación
que determina niveles arteriales de oxígeno anormalmente
bajos, agravados sobre todo durante el sueño (hipoventilación
sin apneas o hipoapneas). Se trata de un trastorno que suele presentarse
en personas con sobrepeso y puede ser asociado a somnolencia excesiva,
así como también a insomnio.
Trastorno del ritmo circadiano
Es un tipo de trastorno del sueño que se caracteriza
por la presencia persistente o recurrente de un patrón de
sueño desestructurado producido por una sincronización
deficiente entre el sistema circadiano endógeno regulador
de los ciclos de sueño-vigilia de la persona, por una parte,
y las exigencias externas de espaciamiento y duración del
sueño, por otra. Debido a esta desincronización, las
personas afectadas pueden padecer insomnio en determinados momentos
del día y somnolencia excesiva en otros. Este trastorno presenta
distintos subtipos:
- Tipo sueño retrasado.
- Tipo jet lag.
- Tipo cambio de turno de trabajo.
- Tipo inespecífico.
Tipo sueño retrasado. Se produce cuando
el ritmo circadiano propio de la persona no coincide con las demandas
de la sociedad, por lo que en realidad no debe considerarse un trastorno,
ya que si la sociedad no impusiera unos ritmos y horarios inflexibles,
la persona afectada no se vería presionada por éstos
y no constituiría un problema. Aproximadamente un 7% de los
adolescentes experimentan este tipo de sueño, y si bien puede
prolongarse durante muchos años, incluso décadas,
puede regularse por sí mismo debido a la tendencia natural
del ritmo circadiano endógeno de adelantarse con la edad.
Tipo jet lag. Se trata de una desincronización
entre el horario de sueño deseado y el impuesto por la zona
geográfica en la que se encuentra la persona. Es el trastorno
típico de quienes trabajan en líneas aéreas
o viajan continuamente.
Tipo cambios turno de trabajo. Estas personas
presentan un ciclo circadiano sueño-vigilia normal, pero
la desincronización se origina en el conflicto que se produce
entre el patrón sueño-vigilia generado por el sistema
circadiano y la exigencia de cambio en el turno de trabajo. Varios
estudios demuestran que el 60% de los trabajadores del turno noche
lo padecen, y persiste mientras la persona realice determinados
horarios laborales. Los síntomas desaparecen durante las
dos primeras semanas siguientes a la implantación de un ritmo
normal de sueño-vigilia.
Trastornos del sueño > Parasomnias
Constituyen un conjunto de trastornos que se caracterizan
por la existencia de comportamientos o fenómenos fisiológicos
anormales que ocurren durante el sueño, durante alguna de
sus fases específicas o en las transiciones sueño-vigilia,
e implican distinto grado de activación psicofisiológica:
sistema nervioso vegetativo, sistema motor y procesos cognitivos.
Cada parasomnia afecta alguna de las fases típicas
del sueño. Las personas afectadas en general consultan a
causa de los comportamientos extraños experimentados durante
el sueño, y no tanto por padecer insomnio o somnolencia diurna
excesiva.
Las parasomnias son las siguientes:
- Pesadillas.
- Terrores nocturnos.
- Sonambulismo.
Pesadillas
Constituyen apariciones repetidas de sueños
terroríficos que despiertan a la persona y la colocan en
estado de vigilia con posible alteración leve de la actividad
psicofisiológica. El contenido de estos sueños se
relaciona con frecuencia con peligros físicos inminentes
para la persona, o en aspectos más sutiles como fracasos
personales o situaciones comprometidas. Las pesadillas cuya aparición
se produce después de experiencias traumáticas, suelen
recrear la situación original.
Si los despertares nocturnos son frecuentes o la persona
evita dormir por miedo a las pesadillas, puede aparecer somnolencia
excesiva, dificultades de concentración y atención,
depresión, ansiedad, irritabilidad, etcétera, que
pueden alterar negativamente las actividades cotidianas de quienes
las padecen.
Las pesadillas suelen aparecer por primera vez entre
los 3 y 6 años, y cuando la frecuencia de las mismas es elevada,
pueden constituir un motivo de preocupación y malestar tanto
para el niño como para sus padres. Entre un 10 y un 50% de
los niños de estas edades tiene pesadillas suficientemente
intensas como para producir inquietud en sus padres.
Suele ser frecuente que la mayor parte de los niños
que padecen de pesadillas mejoren con la edad, aunque en algunos
casos persisten en la etapa adulta, convirtiéndose en un
trastorno crónico. Sin embargo, suele producirse una remisión
de las pesadillas en la tercera edad. Aproximadamente un 50% de
los adultos afirma haber tenido pesadillas en alguna ocasión.
Terrores nocturnos
Si bien parece una crisis de pánico, se diferencia
de ésta por su mayor intensidad y porque la persona está
dormida cuando sobreviene el episodio. Es un trastorno caracterizado
por un despertar abrupto en el marco de una crisis en la que se
producen gritos, llanto angustioso, intensa activación vegetativa
(sudor, taquicardia, respiración alterada, temblor, dilatación
pupilar, etc.) y manifestaciones conductuales de pánico.
Durante la crisis resulta difícil despertar
o calmar a la persona, aunque en caso que logre despertarse no recuerda
en absoluto el contenido de su experiencia o bien sólo evoca
imágenes fragmentadas y aisladas de la misma. En la mayoría
de las ocasiones las persona no recupera por completo el estado
de vigilia, vuelve a dormirse y es habitual que no recuerde por
la mañana lo ocurrido durante la noche.
Existen pocos datos estadísticos acerca de este
trastorno, pero se estima que lo padecen entre el 1 y el 6 % de
los niños y menos del 1% de los adultos. En general los terrores
nocturnos se inician en niños de entre 4 y 12 años,
y desaparecen espontáneamente durante la adolescencia. En
los adultos, lo más frecuente es que aparezca entre los 20
y los 30 años y siga a menudo un curso crónico en
el cual la frecuencia y gravedad de los trastornos evidencia altibajos.
Los terrores nocturnos aparecen a intervalos de días o semanas,
aunque pueden producirse en noches sucesivas.
Sonambulismo
Se caracteriza por la aparición de comportamientos
motores repetidos y automáticos que se inician durante el
sueño y hacen que la persona se levante de la cama y empiece
a andar. Durante estos episodios se produce una disminución
del estado de vigilia y de la respuesta a los estímulos,
el sonámbulo tiene la mirada fija y perdida, y muestra una
ausencia relativa de repuesta al diálogo o a los esfuerzos
que los demás realizan para despertarlo. Si consigue despertar
durante el episodio, o bien al levantarse por la mañana,
no puede recordar lo sucedido con claridad.
La mayoría de los comportamientos que intervienen
en los episodios de sonambulismo son de carácter rutinario
y poco complejos. Pueden terminar con un despertar repentino y espontáneo
al que siguen períodos de confusión, y también
puede suceder que los sonámbulos vuelvan a la cama y continúen
durmiendo como si no hubiera ocurrido nada.
El sonambulismo tiene una presencia familiar, ya que
hasta el 80% de los sonámbulos presenta antecedentes familiares
de este trastorno o de terrores nocturnos, y aproximadamente entre
un 10 y un 20% cuenta con algún familiar de primer grado
(padre o madre) que padece sonambulismo. El riesgo de sufrir este
trastorno se incrementa considerablemente cuando ambos padres tienen
antecedentes de haberlo padecido. Se ha sugerido la existencia de
factores genéticos, aunque todavía se desconoce el
mecanismo exacto de transmisión.
Una vez que el niño ha aprendido a caminar el
sonambulismo puede aparecer a cualquier edad, aunque la mayoría
de los episodios suelen ocurrir entre los 4 y los 8 años.
El sonambulismo cuya aparición se produce en la infancia
suele desaparecer en la adolescencia, en general hacia los 15 años.
No es frecuente que el sonambulismo aparezca por primera vez en
la edad adulta, y si esto ocurre debe sospecharse que el individuo
esté consumiendo alguna sustancia o que exista una enfermedad
neurológica subyacente. El sonambulismo en los adultos es
en general crónico y presenta altibajos.
Se debe tener presente que pueden aparecer episodios
de sonambulismo de carácter aislado a cualquier edad, pero
lo más frecuente es que se repitan durante varios años.
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