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ciencia, objetividad y pragmatismoEDUARDO ALLEN ETCHEVERRI |
Ciencia, según la definición tradicional, es el conocimiento objetivo de la naturaleza, conocimiento que se alcanzaría mediante el método por antonomasia de la ciencia: el método científico, la descripción de cuyas características no es el propósito de este artículo. Sí me interesa, en cambio, abordar la cuestión de la objetividad, y reflexionar sobre si ésta existe o puede alcanzarse, y a continuación poner en evidencia como la ciencia actual, distorsionada por el objetivismo y el pragmatismo a ultranza, atenta contra la construcción de un conocimiento verdadero. La doctrina científica asume que el conocimiento objetivo es el conocimiento que prescinde del sujeto cognoscente, ya que un conocimiento en el que interviniera el sujeto sería, obviamente, subjetivo. Me pregunto qué clase de conocimiento como entidad en sí misma es ese que existe independientemente del sujeto. ¿Es posible conocer desde fuera del sujeto? Y si es así, ¿qué ente es ese que conoce independientemente del sujeto? ¿No sería acaso también un ente cognoscente, es decir, un sujeto que conoce desde su propia subjetividad? Según se desprende de los propios "conocimientos científicos", la actividad cognitiva requiere de un sistema biológico cuya estructura y funcionamiento hagan posible la percepción y la interpretación de lo percibido, sistema que está configurado por un aparato nervioso cuyos múltiples, diversos y complejos procesos conducen a las abstracciones más elaboradas, abstracciones que si bien tienen un sustrato biológico, trascienden este ámbito básico para construir un rico universo de representaciones conceptuales y simbólicas: el conocimiento. Sin entrar en la discusión acerca de qué otros organismos vivos han desarrollado algún tipo de conciencia y de maneras de conocer, en lo que concierne al conocimiento al que aquí me refiero, sólo conozco un sistema biológico capaz de desarrollar los procesos citados más arriba: el ser humano. Pretender que el conocimiento puede adquirirse prescindiendo de dicho sistema es sencillamente un absurdo, y por lo tanto es también absurda la búsqueda de un conocimiento no subjetivo, ajeno al sujeto; es decir, de un conocimiento objetivo. El ser humano, o sujeto cognoscente, jamás podrá independizarse del proceso de conocimiento, e incluso el propio objeto de conocimiento que pone en marcha tal proceso es al fin y al cabo una representación subjetiva que resulta de percepciones e interpretaciones mediadas por la estructura cognitiva del sujeto, por sus experiencias personales y por sus características psicológicas, y, además, por el contexto histórico y cultural. La objetividad en ciencia es, pues, una utopía loable como cualquier otra utopía, pero tal como se halla planteada constituye un serio obstáculo en tanto establece un conjunto de restricciones que limitan las posibilidades de alcanzar un conocimiento profundo y complejo, un conocimiento en el cual el ser humano y sus procesos internos, en interacción con el mundo y sus fenómenos, sea entendido como un elemento más cuyo papel es relevante desde el momento en que dicho ser forma parte inseparable del proceso cognitivo y del conocimiento como fin en sí mismo. Pero lo realmente perverso se encuentra cuando se abandona el terreno de la utopía para ingresar en el ámbito de lo intencional. En efecto, en este sentido, según la definición expuesta al principio de este artículo, y tal como es entendida en la actualidad en el ámbito académico oficial, "la ciencia es el caballo de Troya del pragmatismo dentro del conocimiento como totalidad". A grandes rasgos, el pragmatismo es una corriente filosófica que, junto con el funcionalismo, extiende el utilitarismo al ámbito del conocimiento. Lo práctico, lo utilitario, enlaza directamente con el concepto de beneficio en el sentido más amplio; luego, lo que genera un beneficio tiene un valor determinado que está en función del beneficio que produce. Así llegamos al sistema proceso-producto, en el cual este último es consecuencia del trabajo desarrollado (proceso) para obtenerlo (producto). Un producto debe generar un beneficio, cuanto mayor mejor, y para que esta condición se cumpla el producto debe alcanzar la excelencia, a la cual se llega mediante un proceso eficiente y eficaz, es decir, un proceso que además de garantizar la calidad del producto no minore el beneficio, sino que lo incremente. Un proceso de tales características introduce inevitablemente la noción de tiempo y se vincula de manera directa con la idea anglosajona de que el tiempo tiene un precio (el tiempo es oro), lo cual implica que, necesariamente, el beneficio tiene como correlato un valor monetario. Así se cierra el círculo: el pragmatismo enlaza con el beneficio económico, y de este modo la ciencia oficial, impregnada de pragmatismo, contribuye a generar dicho beneficio. No es necesario ser muy perspicaz para constatar este hecho en la vida cotidiana. La investigación científica en diversas áreas del conocimiento sólo se centra en aquellos aspectos que son económicamente rentables, prescindiendo de aquellos que no garanticen un beneficio. Los esfuerzos de muchos científicos e investigadores que trabajan por verdadero afán de conocimiento y por un mundo diferente no reciben los apoyos ni las subvenciones necesarios para continuar desarrollando su labor. Este tipo de conocimiento, si bien posee también un sustrato pragmático similar al que ha invadido todo el ámbito científico, tiene un carácter diferente. Y es que hay otro tipo de pragmatismo, cuyas características dependen del objetivo que se proponga. Por ejemplo, es también útil desarrollar fármacos para el tratamiento de diversos tipos de enfermedades minoritarias que, precisamente por tal carácter no son actualmente rentables como para dedicar a ellas la investigación; ampliar en psicología un conocimiento que no esté orientado a patologizar, seleccionar, etiquetar y controlar a los sujetos, sino a favorecer el desarrollo del potencial personal de cada persona en función de las características individuales y diferencias interindividuales a fin de promover individuos equilibrados y felices que construyan una sociedad libre, creativa, solidaria y pacífica; abordar investigaciones que permitan acabar con el deterioro del planeta y hagan posible un desarrollo sostenible que beneficie a todos los seres humanos sin distinción... Es interminable la lista de posibles ámbitos a los cuales podría dedicarse una ciencia pragmática desde una perspectiva constructiva y en "beneficio" de la humanidad. Pero para ello es necesario desarrollar un tipo de actividad científica que sirva al conocimiento y no viva de espaldas al ser humano. Prescindiendo del sujeto, que es el fundamento y el objeto de todo proceso cognitivo, y por lo tanto parte implicada en éste y depositaria del conocimiento resultante, jamás logrará la ciencia profundizar en la complejidad de los fenómenos de los que pretende dar cuenta ni podrá aprehender la esencia de lo humano que subyace a todo tipo de conocimiento. La tarea del científico debería consistir en revolucionar el conocimiento, liberarse de las propias restricciones mentales que lo obligan a la repetición constante de los mismos esquemas y procesos y que constriñen el desarrollo de las ideas creativas. Pero sobre todo, el científico debería esforzarse por liberar a la ciencia de la sumisión a los poderes económicos y políticos, y ponerla al servicio del verdadero conocimiento. |
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