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iannis xenakis; ciencia sensorialRAFAEL PINILLA |
Una nueva concepción musical A un historiador del arte le da siempre algo de miedo utilizar el término "nuevo", sin embargo parece claro que éste es el que más se aproxima si queremos describir la concepción musical que se gesta en el siglo XX. Para muchos la modernidad musical ya la prefigura la obra de Richard Wagner, en cualquier caso la figura del compositor germánico no nos vale aquí como principal punto de inflexión musical, si queremos apuntar un claro precedente para la vanguardia musical de la segunda mitad de siglo, éste es sin duda Arnold Schöenberg . Kandinsky dijo que "la música atonal de Schöenberg reune por sí sola todas las cualidades de los ismos pictóricos". Primero disolviendo toda tonalidad y después definiendo el dodecafonismo, la obra de Schöenberg preparará el terreno para la radical experimentación que pronto se avecinará. Precisamente el sistema dodecafónico servirá de base para el serialismo musical que también interesará más tarde como método de composición a Oliver Messiaen e incluso a Pierre Boulez. Después de la Segunda Guerra Mundial la música de tradición europea atravesará por continuos procesos de definición. En el escaso lapso de apenas diez años (entre 1945 y 1955 aproximadamente) innumerables compositores se replantearán de diversas formas el lenguaje musical pretendiendo hacer tabula rasa con la tradición anterior. Además de nuevos sistemas de composición, nuevas posibilidades técnicas y tecnológicas favorecerán la combatividad estética de muchos creadores. Por estos años eclosionarán las radicales neovanguardias, que si bien eran herederas de sus heroicas predecesoras de principios de siglo, parecían tener ahora una nueva conciencia. Algunas tendencias Como ejemplo de esta efervescencia musical se podrían citar a unos cuantos compositores que resultan más o menos significativos. Uno de los "padres" de la vanguardia musical de después de la guerra será sin duda Oliver Messiaen. En un contexto de experimentación pura y de "asepsia estructural" Messiaen planteará un discurso repleto de espiritualidad y de valores religiosos. Interesado también por el folklore hindú no dudará en apelar a una clara objetivización de su producción musical; de hecho, la figura de Messiaen ejercerá su influencia en algún que otro momento en compositores como Karlheinz Stockhausen, Pierre Boulez o el propio Iannis Xenakis. Uno de los alumnos más aventajados de Marcel Duchamp será John Cage; la obra de Cage se apropiará sabiamente del discurso dadá para plantear experiencias sonoras que casi siempre excederán lo estrictamente musical. En el aspecto esencialmente compositivo la trayectoria del compositor norteamericano estará marcada por figuras como Anton Webern (el alemán prefigurará bastantes años antes que Cage el interés por el silencio), el futurismo (las estridencias sonoras de Russolo y compañía estarán muchas veces presente en el discurso cageano) , y la filosofía de raíz oriental (sobretodo el budismo Zen). Karlheinz Stockhausen es otro de los compositores más influyentes en la conciencia musical contemporánea. Después de una primera etapa serial y más tarde aleatoria, su producción se centrará en los nuevos métodos de composición electrónicos. Nombre clave de la música electrónica -junto con Bruno Maderna, Henri Pousseur o el propio Edgar Varèse- sus complejas realizaciones musicales aparecerán como hitos en este campo. Junto a su tarea creativa, Stockhausen ejercerá una notable influencia como teórico y director artístico en sus cursos de música nueva en las ciudades de Darmstadt y Colonia. Combativo tanto a nivel musical, como teórico, Pierre Boulez pasará por casi todas las posibilidades de las vanguardias musicales de su época. Marcado en principio por el serialismo, su música se moverá tanto en el terreno de la libertad más imaginativa, como en el del estricto rigor organizativo. A diferencia de otros compositores que han seguido activos, Boulez mantiene aún en la actualidad un nivel creativo de primera magnitud; de hecho, para algunos "Boulez realiza una de las revoluciones más profundas del mundo musical contemporáneo". Además de su rica trayectoria musical, Boulez se ha dedicado -y se dedica- a la dirección orquestal sobretodo de compositores alemanes postrománticos (Mahler, Wagner, Schöenberg, Berg, Webern). Cuatro ejemplos de destacados compositores de vanguardia que muestran cada uno diferentes actitudes estéticas. Se podrían citar a muchos más que ejemplificarían este afán experimental de posguerra; si bien con anterioridad la vanguardia se centraba básicamente en negar o aceptar la tonalidad, ahora cada compositor parece plantear un lenguaje único y en la mayoría de casos fuertemente intelectualizado. Como en otras disciplinas artísticas, la "complejidad" de los distintos lenguajes musicales contemporáneos han convertido la experiencia sonora actual en un acontecimiento solo apto para iniciados. El análisis de este giro estético no entraremos aquí a valorarlo Xenakis; vanguardia interdisciplinar Si uno emprendiera la ardua tarea de intentar definir o analizar la música de Iannis Xenakis, obligatoriamente tendría que referirse a dos disciplinas que marcarán su trabajo de forma significativa. Estas dos disciplinas no son otras que la arquitectura y las matemáticas; de hecho el lenguaje musical de este compositor estará condicionado especialmente por el interés arquitectónico y científico del sonido. En este artículo no haremos demasiado hincapié en las ideas arquitectónico-musicales de Xenakis, nos centraremos más bien en la dimensión científica de sus composiciones. A pesar de ello es bueno recordar que en la obra de este compositor música, arquitectura y ciencia están continuamente presentes. En 1922 nacerá en Braila en el seno de una familia griega Iannis Xenakis; diez años después se trasladará a Grecia donde empezará a recibir sus primeras nociones musicales. En el Instituto Politécnico de Atenas estudiará matemáticas e ingeniería y posteriormente se enrolorá en la resistencia contra el nazismo. En 1945 perderá un ojo por una herida en combate, también será detenido y condenado a muerte; a pesar de ello conseguirá escapar y huirá a Francia. En tierras francesas se volverá a interesar por la música, paralelamente conocerá a Honegger, Milhaud y Messiaen; éste último ejercerá una influencia importante en su concepción musical. En 1949 Xenakis conocerá a Le Corbusier con quien iniciará una estrecha colaboración de más de diez años; uno de los trabajos conjuntos más conocidos será el Pabellón Philips para la Exposición Mundial de Bruselas de 1958. Por esa misma época Messiaen, con quien el compositor estudiará análisis en el Conservatorio, le animará a introducir sus conocimientos y teorías matemáticas en el terreno musical. Xenakis fundará en 1966 el "Equipe de Mathémátique et d'Automatique Musicale" para avanzar en las investigaciones matemáticas dentro del fenómeno musical. Por otro lado en la Universidad de Indiana creará el "Centre for Musical Mathematics and Automation", un centro de similares características. La trayectoria de Xenakis se verá jalonada con innumerables premios (Premio del Fondo de Cultura Europeo, Premio de la Unesco), su extensa producción dejará más de 150 obras musicales, además de abundantes tratados y textos teóricos. Xenakis morirá en París en el año 2001. Una mirada científica "La música es una matriz de ideas, de acciones energéticas, de procesos mentales, reflejos a la vez de la realidad física que nos ha creado y que se mantiene, y de nuestro psiquismo claro o oscuro. Expresión de las visiones del universo, de sus olas, de sus árboles, de sus hombres, al igual que las teorías fundamentales de la física moderna, de la lógica abstracta, del álgebra moderna, etc. (...) Luchas y contrastes, compromisos de los seres y de los procesos en presencia: estamos lejos de la concepción antropocéntrica del siglo XIX. Ideológicamente, nos encontramos en pleno reino de la física, de la cibernética y de otros demonios modernos". Estas palabras de Xenakis publicadas en 1958 muestran las inquietudes estéticas del compositor. En plena efervescencia experimental, sus ideas se mantendrán más o menos al margen de las corrientes dominantes de le época; sobretodo del serialismo y de la música aleatoria. Sobre este último método compositivo llegará a decir; "Para mí, se trata de un abuso del lenguaje y es una anulación de la función del compositor". Sin embargo, a pesar del supuesto rechazo del compositor de estos lenguajes, sus teorías musicales también se verán influenciadas de alguna manera tanto por ideas seriales como aleatorias . Xenakis estaba interesado en la causalidad apropiada a los efectos sonoros en masa; aplicando las teorías de los cálculos de probabilidad matemática a sus partituras elaborará su famosa "música estocástica". Parece ser que dicho concepto nacerá de la denominada "Teoría de los números largos", una teoría formulada en el siglo XVIII por el matemático suizo Jaques Bernoulli. La "música estocástica" favorecerá estructuras denominadas "nubes" o "galaxias"; la nota individual será una más dentro de un grupo en el que interactuarán cada una de ellas según los cálculos matemáticos pertinentes. Las ideas "estocásticas" serán una de tantas teorías matemáticas o físicas que el compositor utilizará constantemente en su creación musical. De hecho se suele asociar muchas veces la obra de Xenakis casi exclusivamente con la "música estocástica". A pesar del interés de Xenakis por los cálculos matemáticos y físicos su música aparece cargada de un pathos excepcional; de hecho la experiencia sonora debe superar el discurso matemático. La música del compositor, lejos de estar condicionada negativamente por una excesiva teorización científica, adquiere un carácter muchas veces cargado de una espectacular fuerza pasional. El impacto casi físico de su sonido puede parecer incluso violento al oyente poco acostumbrado; no en vano una obra como Metástasis (1954) parece ser que no fue demasiado bien acogida por el público en su primer estreno. "Messiaen, como Schöenberg, han estado siempre al margen de la evolución del pensamiento científico. Encontramos aquí aún los peligros del romanticismo. En la época de Rameau, la música y la ciencia hacían buena pareja. (...) El racionalismo moderno tiene evidentemente defectos y se puede poner a discutir el uso que se ha hecho. Pero no veo por que nos tendríamos que cargar todo el sistema con el pretexto que se revela destructor aquí o allá..." (7). Se ha dicho de Xenakis que era un compositor excesivamente racionalista, él mismo no lo veía así; a pesar de basar sus obras en planteamientos científicos, intentaba siempre huir del rigor puramente matemático. El pensamiento estético de Xenakis estará marcado por el discurso científico, pero este discurso no será obstáculo para que el resultado final de su música apele, en definitiva, al terreno más sensorial. Da la sensación que Xenakis logrará finalmente aquel equilibrio mítico entre Apolo y Dionisios. A pesar de no tener para nada presente dualismos reduccionistas de este tipo, su obra se convertirá un soberbio ejemplo de cómo la ciencia y la música logran un excepcional entendimiento; un entendimiento que para el gran compositor resultaba de lo más necesario. A modo de cierre "Es una tendencia horrible la que existe en nuestros días y que pretende que todo este al nivel más bajo. Por 'bajo' entiendo lo más simple, lo más inconsciente, lo más primitivo, aquello que sólo excita lo corporal...". La frase de Karlheinz Stockhausen quizás tendría abundantes detractores hoy día, sin embargo define en cierta manera uno de los posibles ámbitos de creación artística. A pesar de la evidente generalización de Stockhausen, el siglo XX ha mirado con igual insistencia tanto a lo irracional, como a lo racional. En todo caso, en una época de relativismo absoluto resulta casi heroico apelar al discurso científico. Uno de los principales "desligitimadores" modernos de la ciencia fue Friedrich Nietzsche; este descrédito no ha hecho más que crecer con el paso tiempo, de hecho en nuestra postmodernidad actual cuesta encontrar algún intelectual que no cuestione el discurso científico de una u otra forma. Esta crítica puede ser saludable -de hecho nos atrevemos a afirmar que lo es-, sin embargo si se pretende llevar hasta sus últimas consecuencias puede conducirnos a un callejón sin salida. No vamos a entrar ahora aquí en terrenos esencialistas o a rebatir a tantos que han declarado la guerra a la ciencia y al pensamiento científico; sin embargo a veces da la sensación que esta actitud parece facilitar mucho las cosas. Como algunos estudiosos han constatado, esta época de descrédito y de cuestionamiento continuo de la realidad no es exclusivamente un síntoma de nuestra época. En todo caso resulta patente que la ciencia -como tantos otros discursos- ha perdido una gran parte de su anterior estatus; la incredulidad ante las metanarraciones se ha acabado por convertir en uno de los síntomas más característicos del pensamiento contemporáneo. Como afirma David Lyon desde el campo de la sociología; "La ciencia, que en el pasado se consideraba la piedra de toque del conocimiento legítimo, ha perdido su supuesta unicidad. A medida que produce más y más disciplinas y subdisciplinas, se hace más difícil sostener que todas forman parte de la misma empresa. Cada forma de discurso está obligada a generar por sí misma la autoridad que pueda...". Esta misma crítica también se ha producido muy a menudo desde el campo artístico. La creación contemporánea ha sido especialmente sensible a esta realidad; a pesar de ello continúan existiendo innumerables artistas reconciliados con el pensamiento científico. Como hemos visto Iannis Xenakis fue uno de ellos; quizás por su formación tanto científica como artística supo mantener un equilibrio entre dos mundos aparentemente distantes. Su actitud partía del profundo conocimiento de ambos campos, un conocimiento que no siempre se ha dado a la hora de adoptar una determinada postura. Y es que si se habla desde el conocimiento a lo mejor al final resulta que la ciencia no es tan despiadada. |
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