Acerca de algunas funciones del dormir

Sandra Gilabert
Psicóloga

El sueño es una función orgánica necesaria y fundamental para la consolidación de los recuerdos, un proceso mediante el cual la experiencia y el entrenamiento de una persona se traducen en una mayor habilidad operativa sustentada por la optimización del aprendizaje y la memoria. Este aspecto, que hasta hace poco tiempo era una hipótesis, ha sido confirmado recientemente por un conjunto de experimentos desarrollados tanto en el ámbito del funcionamiento celular como en sujetos humanos. Si bien muchas de los aspectos de los procesos implicados eran conocidos, se ignoraba cuáles eran los mecanismos por los que cada neurona establece relaciones con las otras y configura una red de recuerdos que permanecen, o pueden permanecer, durante toda la vida del sujeto.

La pregunta inicial subyacente a todos los estudios desarrollados es por qué duermen los animales. Según Terrence J. Sejnowski, neurocientífico del Salk Institute de San Diego, en Estados Unidos, el hecho de dormir tiene en parte la función de facilitar los recuerdos, aunque el nuevo estudio contradice la arraigada teoría según la cual los recuerdos se almacenan en la fase de sueño REM. Sejnowski se planteó que si la mayoría de los animales necesitamos unas ocho horas de inactividad casi total durante cada noche, tiempo durante el cual la actividad de nuestros sistemas sensoriales se reduce al mínimo, se anula prácticamente el tono muscular y de hecho se incrementa la vulnerabilidad del organismo, debe existir una función evolutivamente determinada que explique este estado de reposo.

El citado investigador plantea que, como ya es sabido, durante el estado de vigilia penetra en la memoria una gran cantidad de información, sólo una mínima parte de la cual es relevante. El cerebro necesita vincular la nueva información con la antigua, que sirve de sustrato para la actualización del conocimiento y favorece que esta actualización se produzca de manera más rápida y perdurable, es decir, de modo más eficaz y eficiente. Alexander Borbely, investigador de la Universidad de Zurich, en Suiza, afirma que el sistema nervioso desarrolla estas funciones entrando en diversos estados químicos y eléctricos tanto durante la vigilia como durante el sueño, y explica que durante la vigilia el cerebro establece un considerable aumento de su actividad mediante un notable incremento de la liberación de diversos neurotransmisores que estimulan de manera específica aquellas neuronas implicadas en la focalización atencional directa de un acontecimiento, lo cual las convierte en células diana de una especial circuito de activación durante el sueño. Durante el dormir la neurotransmisión se reduce al mínimo, y regiones enteras adquieren una actividad de ondas que se disparan rítmicamente abarcando todo el cerebro, y a lo largo de toda la noche se expresan con diferentes patrones que dan lugar a las diferentes fases del sueño.

Una de estas fases, la REM, es la de mayor actividad cerebral. Durante ésta se produce la actividad onírica, y numerosos investigadores afirman que también se halla implicada en la consolidación de la memoria. Sin embargo, gran parte de los fámacos antidepresivos inhiben el sueño REM y no producen alteraciones significativas de memoria en las personas que los utilizan, lo cual parece contradecir esta afirmación.

A fin de estudiar estos procesos, científicos de la Universidad de Laval, en Quebec, Canadá, han comprobado mediante la experimentación con gatos que durante el sueño las células del córtex son estimuladas por impulsos procedentes del tálamo, y afirman que los disparos de activación repetida permiten al cerebro consolidar a largo plazo el aprendizaje almacenado durante la vigilia, mientras que la consolidación a corto plazo parece darse mediante los impulsos que el hipocampo transmite a la corteza, actividad que continúa de manera intermitente durante toda la noche.

En la fase de sueño de ondas lentas las neuronas corticales parecen aislarse de las restantes áreas del cerebro y tornarse por completo inactivas, pero como ha demostrado el citado grupo de investigadores esto es sólo aparente, ya que las referidas neuronas siguen liberando pequeñas cantidades de neurotransmisores, que han denominado actividad sináptica en miniatura, o “minis”, que serían la clave de la consolidación de los recuerdos. El complejo mecanismo sináptico deviene en esta fase del sueño en refuerzo de la conexión entre aquellas neuronas que han estado involucradas durante la vigilia en procesar un acontecimiento. Las señales interneuronales refuerzan las conexiones, y de este modo, la estimulación de algunas neuronas -aunque sea mínima- permite recuperar la totalidad del recuerdo incluso años después de haberse almacenado la información.

Los recientes experimentos evidencian que las áreas cerebrales que mayor actividad registran durante la vigilia son las que muestran durante el dormir ondas más lentas de sueño, es decir, un sueño más profundo. Esto pondría de manifiesto la necesidad que tiene el cerebro de poner orden a la amplia y en principio anárquica información que recibe y almacena durante la vigilia, y explicaría por qué en ciertas ocasiones dormir contribuye a encontrar soluciones creativas a problemas no resueltos. A este respecto, Sejinowski dice que siempre ha existido una íntima relación entre el sueño y la creatividad, que bien podría ser el subproducto de la forma como la naturaleza determina la consolidación de los recuerdos.

Experimentos llevados a cabo con sujetos humanos en la Universidad de Lubeck, en Alemania, han puesto en evidencia que el sueño de ondas lentas es suficiente para consolidar los recuerdos cuando éstos se relacionan con el aprendizaje de tareas, pero que tanto éste tipo de sueño junto con el REM son imprescindibles para optimizar dichos recuerdos, lo cual parece sugerir que existe en el sueño un mecanismo secuencial que, mediante fases de sueño de ondas lentas seguidas de sueño REM, permite una mayor consolidación de la memoria.

¿Qué ocurre con los falsos recuerdos? Como sabemos, los falsos recuerdos son producto de errores perceptivos debido a los cuales una persona puede llegar a imaginar un acontecimiento y recordarlo como si fuera real. En la Universidad de Northwestern, en Estados Unidos, un grupo de investigadores ha constatado diferencias significativas en la actividad cerebral implicada en la formación y recuperación de los recuerdos verdaderos y de los recuerdos falsos. Al parecer, un recuerdo se interpreta como verdadero cuando se percibe con mayor lujo de detalles, lo cual sugeriría que los acontecimientos que favorecen la consolidación de falsos recuerdos contienen más elementos relevantes que una imagen visual de los mismos, pero menos que los recuerdos reales. De hecho, estos científicos han demostrado que la actividad cerebral es mucho mayor en el procesamiento de los recuerdos falsos que en el de los verdaderos, aunque en la fase de recuperación del recuerdo, las respuestas relacionadas con estos últimos fueron mayores.

Como vemos, las investigaciones relacionadas con las funciones del dormir aportan cada día nuevos conocimientos sobre unos procesos que, quizá precisamente por producirse en general en la oscuridad de la noche y relacionarse con el misterioso inconsciente, parece tener indescifrables connotaciones y nunca acaban de elucidarse con claridad. Tal vez porque se ha marginado un aspecto a mi juicio fundamental relacionado con el dormir: la actividad onírica. Creo que si de verdad deseamos descifrar los mecanismos del sueño, debería aplicarse el mismo afán científico e investigador, y los mismos recursos, al estudio de esta otra trascendente función implicada en el acto de dormir.