Antropología evolutiva del desarrollo

Juan Carlos Zavala Olalde
Maestro en antropología. Profesor de evolución. Facultad de Ciencias, UNAM (México)

Resumen

Se propone una nueva perspectiva de la investigación antropológica basada en la teoría evolutiva y el desarrollo en el ciclo de vida, llamada antropología evolutiva del desarrollo. La perspectiva busca incluir de una manera coherente el conocimiento antropológico y generar una síntesis acerca de la idea que tenemos de nosotros mismos.

Palabras clave: antropología evolutiva, antropología del desarrollo, evolución, antropología, teoría antropológica.

Introducción

La teoría antropológica, en sus múltiples vertientes, siempre ha pretendido generar una explicación general  acerca del ser humano como un ser cultural (véase Harris, 1979). Cada teoría antropológica en realidad puede ser considerada una escuela de pensamiento cuyas bases teóricas más allá de la teoría evolutiva y la semiótica no ha sido tal cual teoría. La antropología no ha dejado de desarrollar enfoques con perspectivas teórico-explicativas en cada una de las áreas de la antropología. El inconveniente está en la potencial separación explicativa de fenómenos, todos ellos, parte del mismo ser humano en su evolución como una forma de vida en la Tierra.

Podemos agrupar en dos enfoques explicativos los diversos enfoques disciplinarios antropológicos encargados de la comprensión del ser humano, por un lado está el estudio de los aspectos culturales en su sentido sincrónico y por otro lado aquellos que lo hacen en su sentido diacrónico. El vínculo entre ellas se establece al ser parte del mismo fenómeno que es el ser humano, cuya comprensión requiere de ambos tipos tanto como una forma de análisis como en su sentido de síntesis. En este trabajo se propone que una perspectiva llamada antropología evolutiva del desarrollo que puede estrechar más la relación entre ambos enfoques y proponer conceptos que los unifican. La perspectiva pretende sustentarse en la teoría evolutiva y sentar las bases para la teoría antropológica.

La antropología evolutiva del desarrollo no es una teoría, sino un enfoque metódico para comprender la realidad humana. Posee en cambio un claro compromiso teórico con la teoría evolutiva, que si bien no está completamente concluida, se encuentra en constante desarrollo. Podemos afirmar que una de las partes que faltan a la teoría evolutiva es la evolución cultural (véase Piglucci y Müller, 2010). La perspectiva aquí propuesta supone la posibilidad de un considerable avance en ese sentido.

La antropología evolutiva del desarrollo es una propuesta que deriva de la existencia de una biología evolutiva del desarrollo (evo-devo) en el área de la biología evolutiva. Son varias las características de la evo-devo que pueden ayudar a plantear una nueva perspectiva para la investigación antropológica. Lo primordial es que la evo-devo se fundamenta en la Teoría Evolutiva que es en sí misma la Teoría de la Biología y cuyo alcance claramente se extiende a todos los seres vivos incluido el ser humano. Esta idea se discute (véase Fracchia y Lewontin, 1999), bien puede afirmarse que se tiene un mayor apoyo el uso de la Teoría Evolutiva para unificar a las ciencias humanas que en contra de su importancia (Mesoudi, 2007). En segundo lugar la evo-devo permite establecer un puente entre la variabilidad heredable que es fuente causal de la evolución y las novedades evolutivas que efectivamente son los organismos que sobreviven. Así que tanto el sustento teórico, como la capacidad relacional de la evo-devo puede proveer a la antropología del vínculo que ha buscado desde principios del siglo XX con la Teoría Evolutiva dotando a la antropología de una teoría, más allá de escuelas del pensamiento como el funcionalismo, el estructuralismo o el simbolismo. Para que eso sea posible hay que establecer los límites y alcances de esta perspectiva.

Una antropología evolutiva del desarrollo se fundamenta en los dos adjetivos que le dan nombre: 1. La evolución y 2. El desarrollo. La evolución es un fenómeno propio de la vida en la Tierra, por ello no podemos suponer que el ser humano se aparta de dicho principio vital. En los hechos la antropología no niega la evolución humana, sino el alcance explicativo que pueda tener para la disciplina. Ello se podrá juzgar con mayor precisión desde esta antropología evolutiva del desarrollo. El desarrollo por su parte es la constitución del ser humano en cuanto tal. El ser humano lo es precisamente en su desarrollo. Si suponemos que el ser humano es un ser estático y cuyo modo de ser permanece desde un punto a lo largo de su vida, es una mirada que no se ajusta con la realidad. En cambio comprender al ser humano como un ser en constante desarrollo y que es por el proceso de desarrollo lo que podemos saber de él, es una perspectiva con mayor proximidad hacia la realidad. Por ello la propuesta unifica la importancia del proceso evolutivo y del desarrollo humano.

El siglo XX ha sido llamado con justa razón “El siglo del niño” (Buenaventura, 2000), en él encontramos dos fenómenos claves en la atención que recibe la infancia. Por una parte los derechos de los niños y por otra la atención de la antropología hacia la infancia como objeto de estudio. La primera se remonta al 24 de septiembre de 1924 cuando la Asamblea General de la Liga de las Naciones adopta la Declaración sobre los Derechos de los Niño, que han será ratificada en 1959 por las Naciones Unidas y en 1989 deriva en la Convención de los Derechos de los Niños. La segunda aportación nace de la mano de Margaret Mead, quien en noviembre de 1925 se dirige a su trabajo de campo en Samoa, donde comienza el primer trabajo etnográfico de la infancia (Hart, 2006). El trabajo de Mead se centra en la adolescencia de las mujeres de Samoa, en cierto sentido aún no se sitúa al lado de los infantes para ver su visión del mundo y su desarrollo. Su investigación nos permite conocer cómo se desarrollan las jóvenes y adquieren ciertas posibilidades en su vida adulta de acuerdo no sólo a las características individuales, sino también a la estructura social en la cual se desarrollan (Mead, 1985). Esta es la vertiente antropológica, en la historia de la Lingüística, que incluimos como parte de la antropología, hay una data más añeja. Los primeros trabajos en adquisición de la lengua fueron realizados en 1787 por Tiedemann, Darwin en 1877 y Taine en el mismo año fueron continuadores, así como Preyer en 1882, Sully  en 1895 y Shinn  en 1893, fueron una línea de investigación totalmente centrada en la investigación del desarrollo infantil, aunque limitada a la adquisición de la lengua, no obstante las preguntas que le dieron origen correspondieron a la naturaleza del ser humano y su conducta (Campbell y Wales, 1970).

Por regla general la antropología ve en la infancia un paso hacia la vida adulta que es efímero y sólo tiene consistencia cuando se trabaja con los adultos. En la infancia la antropología se ha situado en los momentos de transición (Gennep, 1969; véase revisión de Hirschberg y Hirschberg, 2004) o en explicar cómo aparecen los infantes en el entrono social y en la cosmovisión (Evans-Pritchard, 1962; Turnbull, 2004). Siempre los infantes son comprendidos desde la perspectiva de los adultos. Incluso en las etnoteorías del cuidado parental, son los adultos quienes explican que es ser infante y cómo es su desarrollo (Cervera, 2006 a 2008). Al mismo tiempo los trabajos de los autores citados nos dejan ver que la cultura está tan permeada por la importancia del desarrollo infantil que en cierta medida comprueban cómo también el desarrollo infantil determina parte del rumbo del grupo cultural. En la infancia se sitúan elementos definitorios de la cosmovisión y modo de vida propio de las personas de la cultura. Esta cualidad del desarrollo infantil ha sido descuidada en la antropología suponiendo que son los adultos los únicos constructores de la cultura o que la importancia del desarrollo sólo es palpable en los adultos. Si bien se ha trabajado sobre las culturas infantiles, la perspectiva aquí discutida supone que la cultura es tanto diacrónica, como sincrónicamente lo que es por el desarrollo cultural del infante. El desarrollo como tal debería tomarse como un eje que permite efectivamente conocer: 1. Cómo es una cultura, 2. Cómo  se conecta históricamente una generación con la otra derivando en un proceso evolutivo, 3. Cómo es el ser humano en tanto ser biocultural.

Antecedentes históricos de la biología evolutiva del desarrollo

Para saber cómo puede ser una perspectiva de la antropología evolutiva del desarrollo primero será necesario hablar de cómo se ha desarrollado la biología evolutiva del desarrollo y cuál es su potencial para la antropología. La finalidad de la evo-devo es estudiar los patrones de expresión genética durante el desarrollo de organismos individuales para explicar cómo los grupos de organismos evolucionan (Goodman y Coughlin, 2000). Gracias a la evo-devo es posible unificar dos campos de la biología evolutiva, la microevolución que se enfoca en la evolución como el cambio en las frecuencias génicas dentro de las poblaciones, y la macroevolución que es la evolución a gran escala que permite comprender cómo se originan los grados taxonómicos a partir de especies. Eso quiere decir que puede comprender la unidad de fenómenos en la escala de generaciones así como la que ocurre en el tiempo geológico. La evo-devo utiliza el ciclo de vida como unidad evolutiva en la cual se dan cita la causalidad por la acción de los mapas de desarrollo y las contingencias ambientales a las que se enfrenta todo organismo. Gracias a las investigaciones en evo-devo sabemos que los organismos comparten la información genética, lo que modifica y hace posible la diversidad de formas es la regulación de esa información genética y los leves cambios en la información (Maynard Smith, 1979). Una vez adquirida la forma, los mapas de desarrollo establecen sólo unas pocas posibilidades para el origen de novedades e innovaciones evolutivas. Todo ello posteriormente se encuentra dentro del proceso de Selección que significa la sobrevivencia de los organismos por la reproducción diferencial en las poblaciones.

Aún cuando la evo-devo es muy reciente la relación entre la biología evolutiva y la llamada embriología nace junto con la teoría de la evolución. Darwin dedicó una sección del capítulo XVI del Origen de la especies a la embriología. A partir de sus reflexiones nos da cuenta de lo importante y necesario que es comprender el proceso de desarrollo para explicar la evolución. En primer lugar afirma que para determinar las características homólogas (aquellas que establecen una línea de ancestría y descendencia) es más fácil si las observamos sobre la perspectiva del proceso de desarrollo. Además las variaciones que son el fundamento de la biodiversidad tienen su origen morfológico durante el desarrollo. Las pequeñas modificaciones que significan variabilidad en forma pueden ocurrir en estados no muy tempranos del desarrollo (Darwin, 1872).

A partir de Darwin hay una trayectoria importante de los embriólogos que aplicaban su conocimiento a comprender el proceso evolutivo. Comencemos otorgando su lugar a von Baer quien trabajó antes de Darwin y fue su influencia. Von Baer propone una teoría epigenetista del desarrollo que se desarrolla de lo simple a lo complejo y heterogéneo según cuatro leyes: 1. Los caracteres generales del grupo al que pertenece un embrión aparecen el desarrollo antes que los caracteres específicos. 2. Las relaciones estructurales específicas se forman después de las genéricas. 3. El embrión no pasa por estadios pertenecientes a otras formas específicas sino que se separa de ellas. Y 4. El embrión de una forma animal nunca se asemeja al adulto de otra forma animal sino a su embrión (Ospovat, 1996).

Al hablar de la relación entre ontogenia y evolución no puede dejarse de mencionar a Haeckel quien dividió el estudio de la morfología en anatomía y morfogenia, dejando en la morfogenia incluidas a la ontogenia y la filogenia. En 1866 propuso la teoría de la recapitulación según la cual la ontogenia recapitula la filogenia. Hoy en día sabemos que no ocurre así, tan sólo que durante el desarrollo embrionario hay mapas para la adquisición y desarrollo del plan corporal que ya son funcional y estructuralmente probados que se repiten como la mejor opción del desarrollo sin que por ello se recapitule la historia evolutiva (Gilbert, 2003).

Debemos esperar hasta la década en la que comienza a plantearse la nueva síntesis evolutiva para tener un planteamiento claro de la relación entre biología del desarrollo y evolución. Ello se debe al trabajo de Sir Gavin de Beer, quien en 1930 publicó Embryology and Evolution. Desafortunadamente para la teoría evolutiva no se incluyó en la síntesis y hemos tenido que esperar décadas para reconoce la importancia de sus aportaciones. De Beer se vio influenciado por las ideas de Richard Godschmidt quien reconoció que los genes tenía una influencia en las razones de desarrollo y los procesos fisiológicos. Para de Beer la propuesta de Haeckel era una camisa de fuerza mental que ha tenido lamentables efectos sobre el progreso de la biología. El trabajo de Beer hacia los años setentas nos permite comprender: 1.Caracteres controlados por genes idénticos no necesariamente son homólogos y 2. Estructuras homólogas no necesitan ser controladas por genes homólogos (Wray y Abouheif, 1998). A mediados del siglo XX Waddington asegura que la síntesis evolutiva no ha dado cuenta de la epigenética del desarrollo, olvidando con ello una parte causal de la evolución biológica (Gilbert, 2003)

Para 1965, en Size and Cycle,  Bonner sugirió que debería verse el ciclo de vida como la principal unidad de la biología y así como la unidad básica de la selección natural. Pero el trabajo en biología evolutiva que buscó incluir a la biología del desarrollo en la síntesis evolutiva corresponde al de Gould: Ontogeny and Phylogeny, de 1977. El trabajo tiene como eje temático que la evolución ocurre cuando es alterada la ontogenia. Sustituyendo a la frase: la ontogenia recapitula la filogenia, por la más apropiada: la ontogenia crea la filogenia. Frase desarrollada en los años 30 por Garstang. Sin embargo, no debemos olvidar que el mismo Bonner, en 1981, ya escribía Evolución y desarrollo adelantándose a la fundación de la disciplina en la investigación misma del fenómeno de la evo-devo (Bogin, 1997).

Otro punto importante en el desarrollo de la evo-devo ha sido la propuesta de la constricción que para 1985 de manos de Maynard Smith presenta la cuestión: ¿Se limita la ontogenia a impedir que la evolución tome caminos particulares, o sirve también como fuerza directriz que da cuenta en parte de las orientaciones de diversas tendencias y pautas? Para concluir diciendo que el desarrollo define la variación fenotípica sobre la que actúa la selección natural, además introduce discontinuidades y direccionalidad del proceso evolutivo en cuanto a los planes corporales (Maynard Smith, 2000).

En la década de los noventa del siglo XX ya era claro que una explicación del desarrollo sólo era coherente mediante la teoría evolutiva y al mismo tiempo que la biología del desarrollo tenía mucho que aportar desde la experimentación la teoría evolutiva. Hacia 1991 Gerd Müller identificó tres propiedades características de los sistemas de desarrollo: organización jerárquica, interdependencia interactiva y condiciones de equilibrio (Müller y Newman, 2005). También en 1991, McNamara publica Heterochrony: The Evolution of Ontogeny, donde se evalúa una vez más el papel de la heterocronía en el proceso evolutivo (Bogin, 1997). Como hemos mencionado la evo-devo fue reconocida como disciplina en 1999. Desde entonces el trabajo se ha incrementado en gran medida realizándose aportes que tienden hacia una nueva síntesis evolutiva. La biología evolutiva del desarrollo es actualmente la punta de flecha de una transformación por extensión de la teoría evolutiva (Pigliucci y Müller, 2010). Se ha propuesto desde hace diez años como la causa de la reestructuración de la teoría evolutiva (Carroll, 2000; Müller, 2007). En este sentido del desarrollo de la teoría evolutiva es que propongo el siguiente trabajo.

Esta visión histórica nos aporta claves para comprender la importancia del desarrollo cómo explicación de los seres vivos y su evolución. Si nos centramos en el ser humano esta perspectiva histórica nos deja los siguientes elementos: 1. El desarrollo es un elemento indispensable para comprender a los seres vivos dentro de una teoría evolutiva que es general y explica la vida en la Tierra, 2. Las etapas del desarrollo nos permiten conocer las relaciones evolutivas entre los organismos, sus historias evolutivas y cómo han sido posibles, 3. El desarrollo de los organismos no es una resultado tan sólo de las contingencias ambientales, en sí mismo es causal de los procesos que pueden sucederse en la vida de los organismos, 4. El ciclo de vida es la unidad evolutiva de los seres vivos, sólo se comprende la naturaleza evolutiva cuando atendemos al proceso del desarrollo, 5. El desarrollo posee una organización jerárquica, una interdependencia y sostiene el equilibrio para la sobrevivencia. Los seres humanos como seres vivos se rigen por los mismos principios, la cultura de ninguna manera rompe el vínculo, establece uno nuevo y de ello es que se puede plantear una perspectiva para comprenderlo que llamamos antropología evolutiva del desarrollo.

La antropología evolutiva del desarrollo

El plantear esta perspectiva tiene como finalidad generar una visión amplia acerca del ser humano que lo observa en perspectiva tanto evolutiva como en su desarrollo. La antropología que busca comprender al ser humano en sus particularidades y diversidad ha estado plagada de distintas escuelas del pensamiento. En cada escuela se plantean principios que efectivamente explican en cierta medida al ser humano al mismo tiempo que reconocen sus límites para una explicación. La propuesta aquí defendida busca precisamente abarcar esas perspectivas dentro de dos más generales y de las cuales no se puede desligar el ser humano; su evolución y su ontogenia. La antropología evolutiva del desarrollo es por lo tanto una mirada que nos permite observar objetivamente al ser humano e incluir la gran riqueza que la antropología día con día aporta acerca del conocimiento de nosotros mismos.

Es bien sabido que la antropología incluye las perspectivas evolutivas mucho después de que se han desarrollado (Tattersall, 1995). Incluso en antropología física en donde la evolución humana es uno de sus fundamentos la incorporación de los conceptos de la biología evolutiva dista de estar completamente al día. Como un ejemplo podemos hacer mención que a nivel mundial los estudios de evolución humana con una perspectiva cladista han comenzado hace una o dos décadas cuando la propuesta de Genning (fundador de la Cladística), data de los años sesentas. No es la finalidad criticar la situación de incorporación de la teoría evolutiva en antropología, sino hacer lo que corresponde cuando hemos notado el error; buscar corregirlo. Podemos estar seguros que la antropología evolutiva del desarrollo se irá incluyendo en los estudios antropológicos, saldrán a la luz trabajos que presuman justamente haber tenido tal perspectiva hace décadas, que los conceptos de la evo-devo se enseñarán y aplicarán poco a poco a la antropología con mayor precisión y utilidad. Tal como ya lo hace de una manera muy aproximada Hochberg (2009). Sin embargo, ese camino pausado bien puede guiarse con una propuesta inicial que incorpora en una antropología evolutiva del desarrollo objetivos claros y la perspectiva de desarrollo como una metodología básica. Esa es la finalidad de este trabajo.

Una antropología evolutiva del desarrollo tiene que verse enmarcada dentro de la teoría evolutiva. La teoría evolutiva asume que hay variabilidad heredable sobre la cual se desarrolla algún proceso de selección, entre otras fuerzas evolutivas. Es la variabilidad heredable el sustrato donde actúa la evolución por medio de esas fuerzas evolutivas. El mismo fenómeno efectivamente ocurre en nuestra especie, sin embargo, para la antropología evolutiva del desarrollo debemos proponer un nuevo sustrato evolutivo. Ese sustrato de variabilidad heredable es la herencia bio-social de nuestra especie. Tanto lo biológico y una base heredable de instinto social-gregario, sirven de vínculo genético sobre el cual actúa la evolución. La herencia bio-social se refiere a que poseemos ancestralmente la capacidad de heredar la facultad de vivir en grupos sociales generando cultura. La herencia bio-social hace de nuestra especie tal que requiere heredar el carácter de vida social para sobrevivir diferencialmente mejor que sin esa adaptación. Entonces la herencia bio-social es donde actúa el proceso evolutivo en nuestra especie y de cual derivan la diversidad de formas culturales propias de nuestra especie. Incluso podemos generalizar y decir que como producto de nuestra herencia evolutiva bio-social habitamos el mundo tal como lo hacemos desde que hay registro histórico o cultural. Eso no altera la posibilidad de la propuesta de la antropología evolutiva del desarrollo, pero si la enriquece la del sustrato bio-social.

La certeza del sustrato bio-social lo observamos en la serie de características sociales que comparten los primates. Como sabemos los chimpancés; Pan troglodita y Pan paniscus somos descendientes de un mismo ancestro común. En las tres especies observamos patrones de vida social. Si bien existen diferencias los integrantes de las tres poseen comportamientos sociales, establecen una comunicación e interacción intraespecífica que suponer su evolución por convergencia es más dudoso que asegurar la herencia bio-social del último ancestro común. Esto es por lo regular lo que aceptamos. Durante el desarrollo infantil observamos cómo los infantes poseen una tendencia a la interacción social a partir de la mirada, el llanto y expresiones faciales. Como es evidente estas características son comunes a la especie tanto como propias de la interacción social. Vemos por lo tanto que evolutiva y ontogenéticamente el sustrato bio-social pertenece a las características heredables de nuestra especie y puede considerarse el elemento de variabilidad heredable de nuestra perspectiva antropológica.

La herencia bio-social es la primera clave sobre la que se puede desarrollar la antropología evolutiva del desarrollo. Si observamos con atención en este principio se puede sostener tanto la sociología, la economía, la teoría política y el derecho, como buena parte de la teoría de la antropología social.  En gran medida es un principio axiomático de la antropología. Ahora planteemos cómo nos permite comprender al ser humano en una perspectiva más amplia.

He establecido lo primordial de una visión evolutiva, nada extraña en antropología y que no es polémica en su aceptación en cuanto a la historia evolutiva de nuestra especie. La antropología evolutiva del desarrollo toma como sustrato esa herencia evolutiva (bio-social) y sobre ella deriva su objeto de estudio como disciplina. El objeto de estudio de la antropología evolutiva del desarrollo es: Conocer los elementos evolutivos de la especie (el sustrato bio-social heredable) sobre los cuales se sustenta la posibilidad del desarrollo ontogénico de la diversidad cultural. De modo que sea posible comprender el carácter cultural de nuestra especie como resultado de un proceso biocultural donde se ha dado cita una herencia bio-social, el desarrollo infantil, un orden social y un ámbito cultural que particulariza a la vida humana y su historia.

El objetivo supone conocer elementos que evolutivamente sitúan a nuestra especie como ente sociocultural al mismo tiempo que bio-psicológico en un contexto evolutivo. La antropología evolutiva del desarrollo tiene como unidad evolutiva básica el ciclo de vida, por lo tanto estos elementos socioculturales y biopsicológicos se unifican durante el desarrollo. Si identificamos la vertiente sociocultural que es el trabajo de la antropología y estudiamos el desarrollo, entonces podremos dar cuenta de cómo se desarrolla el ser humano como un ser bio-psico-sociocultural (Ribeiro, 1971; Morin 1976, 2003). Podremos por ello comprender al ser humano en una perspectiva diacrónica y sincrónica dentro de la teoría evolutiva. Pretendemos con ello una comprensión completa de la realidad humana.

Esta propuesta como objeto de estudio de la antropología evolutiva del desarrollo implica la búsqueda de elementos compartidos entre todos los grupos culturales que hacen posible la diversidad cultural. Es definitivamente un tema polémico pues, por ejemplo, como estructuralistas resulta fundamental pensar en similitudes estructurales compartidas, en cambio como particularistas lo más importante son las características distintivas que hacen a un grupo cultural. ¿Cuál podría ser el objeto traer de nuevo a la palestra de discusión esas perspectivas desde una mayor generalidad? Como he dicho la antropología evolutiva del desarrollo no pretende sino unificar objetivos. En este caso la propuesta sugiere que aquello buscando es lo común para lo diverso. Eso significa que encontramos tanto lo común, como lo diverso, dando el peso justo a uno y a otro en la historia humana. También quiere decir que en lo común está la posibilidad de lo diverso. Al dar cuenta de uno se hace mención del otro, teniendo cuidado de no ser reduccionista. Porque el objetivo es dar cuenta tanto de la base específica como de la diversidad cultural que ha resultado. Así cuando autores como Geertz (1987) plantean lo importante de distinguir y dar una explicación de las particularidades de los Balineses, diremos que sólo resulta relevante en tanto que también podemos comprender las generalidades que nos permiten compararlos con grupos tan distintos y similares como los Pigmeos que describe Turnbull (1984).

Esta antropología evolutiva del desarrollo sitúa a la ontogenia como el lugar por el cual transitamos para comprender cómo se desarrollan particularidades culturales. Es decir, el mismo sustrato bio-social se encuentra conducido por el entorno sociocultural en la dirección propia del grupo. En la medida de las necesidades y contingencias socioculturales se construyen particularidades socioculturales. La ontogenia nos permite poner atención en la infancia que desarrolla su variabilidad heredable dentro de los marcos de la interacción sociocultural. En la evolución la perspectiva antropológica plantea que nuestra especie debe situarse en su historia evolutiva dentro de la cual cada población sólo ocupa un momento. El periodo de vida de nuestra especie se sobrepone a la de los individuos, pero se sitúa a nivel de las poblaciones en cuanto a si nivel de organización como grupos socioculturales. La evolución de la especie humana tiene en la sobrevivencia del grupo sociocultural el sustrato de su continuidad. Presentamos por lo tanto que la evolución en nuestra especie a nivel de evolución biocultural es la evolución de los grupos socioculturales. Este ha sido el nivel de estudio de la antropología y por lo tanto situamos el estudio antropológico dentro de la teoría evolutiva.

Al proponer la antropología evolutiva del desarrollo también sale a la vista la añeja discusión acerca de la naturaleza humana. Podría preguntarse si lo que buscaría una antropología evolutiva del desarrollo es descubrir la naturaleza humana que le hace ser biológico tanto como cultural. La discusión queda saldada en los siguientes términos. Si por naturaleza humana se entiende una esencia que posee nuestra especie, entonces es justo decir que el concepto de esencia no corresponde a una visión evolutiva como se establece para una antropología evolutiva del desarrollo. Como se ha dicho tiene a la teoría evolutiva como su fundamento teórico. Pues el término esencia habla de una entidad que no cambia y en términos evolutivos no existen esencias, todo es susceptible del cambio. Por lo tanto no se puede buscar una esencia en evolución donde lo que operan son procesos de cambio. Si la noción de naturaleza humana se redujese a lo natural, es decir lo biológico, como lo hace Harris (1995, 1998) no significa entonces la  naturaleza humana un problema para una antropología evolutiva del desarrollo. Tan sólo se limita a una discusión en términos y no en contenido pues podemos utilizar otros términos para mayor precisión al tocar el tema.

El desarrollo infantil como fuente de análisis

La antropología evolutiva también lo es del Desarrollo. Su sentido para existir como perspectiva antropológica surge al dedicarse a un campo descuidado de la antropología que es la antropología de la infancia. No es extraño que cualquier etnografía al hacer mención de la historia de vida haga una referencia al desarrollo infantil. Sin embargo, dicha mención resulta sumamente tangencial y secundaria. El desarrollo infantil como se dijo ha sido poco atendido por la antropología. Los infantes parecen ser vistos sólo como un paso, un fenómeno aún no terminado, un estado con huecos por rellenar, así que los antropólogos han enfocado sus loables esfuerzos por conocer al ser humano en su diversidad a partir de los adultos. Los únicos campos con énfasis directo sobre la infancia son la ontogenia que realizan los antropólogos físicos y la adquisición de la lengua que trabajan los lingüistas. Es precisamente en el trabajo de confluencia entre la antropología de campo y la adquisición de la lengua desde donde nace la propuesta de la antropología evolutiva del desarrollo. La poca atención al desarrollo infantil en cada cultura puede bastar para justificar la tarea de una disciplina. Pero justifiquemos aún más la importancia del desarrollo para el objeto de la antropología.

El desarrollo de un organismo establece un mapa de su constitución. Como se comentó,  la evo-devo hace mención de la manera en la que los mapas del desarrollo tienen una causalidad variable entre la información heredada y el valor contingente del ambiente. Si podemos conocer el desarrollo es posible conocer cómo ha variado este entramado de causalidad en el desarrollo de un ser humano. Dicho en términos simples, la cultura que vemos en un determinado grupo deriva del proceso de desarrollo infantil, la manera en cómo se inculca el modo de vida y todo ello se adquiere en la infancia, también nos permite conocer cómo se establecen las posibilidades para su causalidad a lo largo de la vida de los individuos que constituyen el grupo étnico. Lo que nos muestra una etnografía de un grupo es el resultado del proceso del desarrollo. La antropología evolutiva del desarrollo busca hacer patente cómo se ha llevado a cabo dicho fenómeno durante el desarrollo infantil. Podemos afirmar que el sustrato que sustenta la vida cultural está en la infancia que como adulto vive su cultura como una forma natural del ser humano. La continuidad de un grupo sociocultural está en la efectividad y mecanismos que hacen posible el desarrollo infantil como un ser cultural en cada grupo étnico. El desarrollo entonces es una explicación no sólo del fenómeno que observamos (como hace la antropología), sino también del proceso que lo ha hecho posible (que es lo que plantea la antropología evolutiva del desarrollo). Si además nos percatamos de la importancia de la teoría evolutiva y el ciclo de vida como unidad evolutiva la antropología puede desarrollarse con un firme cimiento teórico.

El ciclo de vida es la unidad evolutiva fundamental de la evolución humana. Esta justificación del valor evolutivo del ciclo de vida se funda en una serie de principios que de forma puntual son los siguientes: 1. La infancia, al menos una parte de ella, es una novedad evolutiva propia de nuestra especie y cuya selección positiva ha significado la potencialidad para el proceso de evolución biocultural (Bogin, 1997). 2. El desarrollo humano, en el su sentido de su humanidad cultural, es fundamentalmente extrauterino. 3. La cultura se adquiere como un medio para la construcción del nicho humano. Veamos cada punto, la infancia es la etapa en la cual los seres humanos nos hacemos al modo de vida del grupo cultural donde somos por ello incluidos. La existencia de esta etapa de vida significa que evolutivamente posee un valor para la especie. Como el desarrollo cultural que nos permite considerarnos humanos o ser considerados como tal dentro de cada cultura se desarrolla desde esta infancia hasta ser natural como respirar, es de suponer que la infancia y el desarrollo sociocultural tienen en su vínculo su valor evolutivo. La construcción de un infante como un ser cultural permite desarrollarse dentro de un nicho propio de nuestra especie, el sociocultural. Tal cual se observa estos tres puntos están ligados en lo que llamamos ciclo de vida, que es la unidad de análisis de una antropología evolutiva del desarrollo.

La posibilidad de unificación que plantea la antropología evolutiva del desarrollo la podemos ejemplificar a partir de una noción fundamental para la antropología; la noción de persona. En términos generales una persona tiene una apariencia humana y en ese sentido es común hablar que el concepto de persona tiene en su contenido común: la apariencia. La persona es una forma evidente de ser, ligada en cierta medida al cuerpo o a un tipo de cuerpo, ello es reconocible e indispensable para calificarse como persona. Además la persona posee algo inherente o una facultad propia plenamente desarrollada. Eso le hace ser un ser humano aceptado en su grupo sociocultural y ser reconocido como persona plena dentro de su entorno. La persona por lo tanto nos deja ver al ser humano dentro de su sociedad desarrollado culturalmente. Todo lo que hace posible que se desarrolle la persona constituye por ello el campo de estudio de la antropología, pero sólo podemos comprenderlo plenamente cuando sabemos cómo se llega a ser persona. La propuesta que sostenemos es que llegamos al conocimiento de lo general a partir de la investigación del proceso de desarrollo infantil, en el ejemplo mencionado, en cuanto a su desarrollo como persona. Ejemplificaré esto en la noción y desarrollo de la persona maya.

Entre los mayas la persona, uinic, comprende una serie de elementos, estos son: pixan (alma), ik´ (espíritu o viento que está en todas partes), ki´nam (energía de lo vivo o capacidad de sentir), ool (voluntad), tucul (pensamiento), uaay (la capacidad de una persona de transformarse en animal) y cuxaan (vida o ser vivo) (Bourdin, 2007). Esta puede ser la noción de persona que resulta de un análisis etnográfico y sobre la cual se puede generar una explicación de cómo son los mayas o cómo es la vida de los mayas (Arzápalo y Zavala, en prensa). Al investigar cómo se desarrolla esa noción nos percatamos que el primer paso es la oposición que distinguen los infantes entre persona y no persona (el ejemplo es el animal). Para los infantes no es posible aún acceder a los diversos conceptos que constituyen la noción adulta de persona, son capaces de comprender una diferencia entre ser persona y no persona. Al mismo tiempo los infantes se desarrollan cognitivamente y pasan de identificarse por su nombre a hacerlo mediante el pronombre de primera persona y posteriormente hacen referencias a sí mismos y son capaces de tener una idea de cómo son considerados seres sociales. Sobre esta noción básica de persona los infantes y su propia noción de que son persona elaboran los constituyentes de la persona adulta. Primero ponen atención en el pensamiento y en el habla, más adelante son conscientes de la importancia de la voluntad y del alma. Es hasta que son adolescentes que comprenden la importancia de cada uno de los elementos en su ser personas e incluso pueden llegar a ser un uaay si están destinados a ello. A lo largo de este proceso nos damos cuenta cómo se van integrando los constituyentes de la persona en la noción de sí mismo y al mismo tiempo el infante se hace una persona dentro de su grupo cultural donde: 1. Posee una forma de pensar y de hablar, 2. Un tipo de vida, 3. Cómo es habitado por un alma que le trasciende, 4. Se ve integrado con el mundo por medio del espíritu que todo lo abarca, 5. Es finalmente un ser vivo capaz de determinar su vida voluntariamente y de acuerdo a cómo ve que es una persona maya. Como puede verse en esta breve explicación basada en el desarrollo como persona se puede incluir el conocimiento que la antropología aporta en un orden coherente que hace posible la existencia del ser humano como un ente bio-social. El sustrato bio-social heredable sobre los cuales se sustenta la posibilidad del desarrollo de la diversidad cultural en este caso es la noción de persona que posee un sustrato heredable, una causalidad y determinación cultural.

La persona como elemento bio-social surge como unidad evolutiva que al ser analizada en el ciclo de vida nos permite establecer su conexión con el desarrollo biopsicológico. Como resultado podemos comprender al ser maya que es tanto un ser sociocultural como un individuo biopsicológico. La constitución que en su grupo cultural adquiere muestra cómo el grupo fomenta patrones para el desarrollo de sus continuadores. Sabemos por ello cómo alguien llega a ser una persona y por qué es importante que sea una persona. Al hacer un trabajo de antropología evolutiva del desarrollo los infantes no son un estado transitorio, son la misma fuente del estudio pues por el podemos dar cuenta de la variabilidad de visiones que son las que dan lugar de algún modo a la variabilidad propia de la cultura.

El método de la antropología evolutiva del desarrollo

El método de la antropología evolutiva del desarrollo corresponde al trabajo etnográfico con los infantes mediante la exploración de los supuestos estados finales que muestran los adultos. Con los infantes se explora el proceso mediante el cual aparecen los distintos elementos que dan lugar al modo de vida de cada grupo cultural. La estrategia de investigación nos permite comprender la importancia que esos elementos tienen en el desarrollo infantil y como van a dar lugar a las formas de vida adultas. La aplicación del estudio debe hacer uso de aquellos elementos susceptibles de evolucionar y que por lo tanto efectivamente permiten la sobrevivencia. Por lo tanto el campo de estudio no es un infinito de elementos de estudio, sino un conjunto sobre el cual se articulan particularidades de la vida cultural humana. Es por ello un campo que desde esa perspectiva tiende siempre a una síntesis de nuestro conocimiento acerca del ser humano.

En primer lugar se encuentra la identificación de elementos por analizar. Plantear el objetivo como elemento susceptible de evolución biocultural, cuyo desarrollo en el ciclo de vida conduce al modo del grupo sociocultural. Establecemos luego una hipótesis o un modelo con el cual nos aproximamos a la realidad. Damos cuenta del proceso mediante el trabajo etnográfico y entonces hacemos síntesis de lo conocido dentro de la antropología evolutiva del desarrollo.

Conclusiones

En este trabajo sugerimos una nueva perspectiva de investigación para la antropología llamada antropología evolutiva del desarrollo que enfoca, desde una seria perspectiva evolutiva, el desarrollo humano para hacer posible comprender el modo de vida cultural y cómo tiene lugar, objeto fundamental del estudio de la antropología. El planteamiento busca un camino para integrar el amplio conocimiento que ha desarrollado la antropología. Mantiene una perspectiva sistémica que atiende a las particularidades del fenómeno humano tanto como a las generalidades que nos ayudan en nuestra propia comprensión.

La antropología evolutiva del desarrollo resuelve el descuido de la antropología por la infancia. Al tomar el ciclo de vida como unidad de análisis comprende al ser humano no en un momento, sino en su vida. La cultura no resulta de estados finales, sino de procesos de desarrollo. La comprensión del ser humano como un ser bio-psico-sociocultural se hace posible mediante esta perspectiva antropológica. Por último, toda la perspectiva se encuentra situada con los fundamentos de la teoría evolutiva que ha probado ser la mejor teoría para explicar la vida, su origen y desarrollo. Por ello la antropología evolutiva del desarrollo puede aportar una perspectiva general sin descuidar las particularidades a nuestra comprensión cómo seres humanos.

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