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El sujeto desde la perspectiva lacaniana

Leonardo Peskin
Profesor titular de seminarios de la Asociación Psicoanalítica Argentina y miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional
.

“El psicoanálisis no es ni una Weltanschauung, ni una filosofía que pretende dar la clave del universo. Está gobernado por un objetivo particular, históricamente definido por la elaboración de la noción de sujeto. Plantea esta noción de una nueva manera, conduciendo al sujeto a su dependencia significante.”

Lacan, Seminario 11 (1964).

Definición e introducción

El concepto de sujeto, para Lacan, se origina en la sujeción al significante y, por ende, al inconsciente. El universo simbólico-significante es esencial para la humanización y determina la aparición del inconsciente estructurado como un lenguaje, aunque la complejidad de lo humano no se limita a eso.

Se considera que la “falta en ser” de la especie promueve la existencia del sujeto en el campo del significante. Es en el Otro donde el sujeto va a constituirse como un significante más dentro de la cadena simbólica y se estabiliza en tanto opera el Nombre del Padre.

Reconocemos al sujeto en las formaciones del inconsciente como los síntomas, lapsus, sueños, transferencia, etc. Estas producciones se presentan como expresiones subjetivas y también son localizables en cualquier discurso que exploremos. Cuando ha sido expulsado o no hay lugar a su configuración estamos en presencia de una clínica de la ausencia de un sujeto del inconsciente.

Lo que podemos denominar la “metapsicología lacanina” opera con los tres registros: Imaginario, Simbólico y Real. Por consiguiente, lo importante pasa a ser todas las relaciones que sostiene ese sujeto simbólico con lo imaginario y lo real. Imaginario referido al yo y a dimensiones imaginarias que trascienden al yo y al narcisismo; Real que implica al objeto a y el goce.

Todo esto hace del sujeto un eje central para comprender el pensamiento de Lacan. Es uno de los conceptos más insistentes a lo largo de su obra y va adquiriendo nuevas implicancias a medida que por su desarrollos teóricos se complejizan las articulaciones entre los tres registros, se pluralizan los nombres del padre y se diferencian los goces.

Reseña

Si bien el sujeto está implícito en toda la obra freudiana, hay que extraerlo en una relectura ya que no se lo nomina tan explícitamente. Esto es lo que encontramos en Lacan con su retorno a Freud, que al modo de los trabajos de refinería química entre otros productos refina este concepto de sujeto para poder apreciarlo.

El proceso de refinamiento, si se me permite seguir con la analogía, se basa en un intenso debate que se despliega en varios frentes y que lo encontramos en toda la obra de Lacan acerca de la definición de subjetividad atinente al psicoanálisis. En primer lugar, ubicaría la discusión con la mayor parte de los filósofos que tocaron el tema. Otro frente de debate son las ciencias, por ejemplo las matemáticas, en particular cuestiones de álgebra, grafos, topología (formas, nudos y cadenas), teoría de conjuntos. Intentaré ir situando muy someramente algunos momentos en que Lacan desarrolla algunas de estas cuestiones, y en particular con algunos problemas de la lógica, incluyendo ideas muy particulares sobre lógica, que implicarían discusiones con cada una de estas disciplinas, algunas dentro de las matemáticas y otras que son linderas con la filosofía.

El otro frente de debate que se plantea es con la lingüística, o con las teorías del lenguaje, y que proponen a partir de ciertos planteos de Lacan dar vuelta conceptualmente algunas cuestiones.

Y también yo diría que hay debates con el conjunto del resto de los psicoanalistas, y hay debates localizables dentro de la propia teoría de Lacan. Es decir, Lacan debate con Lacan en la medida en que va desarrollando su posición teórica o su pensamiento sobre todas estas cuestiones.

Por eso el campo que abre toda la problemática del sujeto es demasiado vasto, es tan amplio que abarca todo el psicoanálisis. Incluso algunas definiciones de ciertos epistemólogos del psicoanálisis proponen que el objeto del psicoanálisis no es el inconsciente, sino que es el sujeto, y que, del inconsciente, lo que nosotros conocemos como tal, es a través del problema del sujeto.

En esa posición, si el psicoanálisis se definiese sólo como un abordaje del problema del sujeto, creo que podríamos vernos restringidos. Lo mismo que si dijésemos que solamente tiene por objeto al inconsciente. Esto es lo que vamos a tratar de exponer.

Lacan parte de una idea básica que aparece en los primeros escritos y seminarios, que hay una condición de desarraigo instintivo de la especie, y que por lo tanto la única posibilidad de realización de la especie es por vía de un recurso a un Otro, que tendría que ver en este primer momento con alguna definición del lenguaje o de la relación del humano con el significante o con la cultura, en un sentido más amplio.

En ese primer momento, el tema inicial en la época del estadio del espejo es diferenciar el concepto de moi [1] del concepto de je, tomando dos nominaciones posibles del problema de yo en francés, pero lo que vamos a ver es que en la evolución teórica, el concepto de je va a ser sustituido por el concepto de sujeto.

En ese mismo momento en que se juega la definición de un sujeto diferente del yo, siguiendo esta cuestión del sujeto y del moi (yo), vamos a ver que nuevamente se nos desdobla el sujeto en el “sujeto del enunciado” y en el “sujeto de la enunciación”. Lo que dice y quién lo dice, o desde donde lo dice como posición determinada por el inconsciente.

Éste es un momento teórico donde la incidencia de la teoría del significante y del lenguaje es importante, y donde aparece cierta concepción que tendría que ver con una cierta adscripción estructuralista de Lacan, donde él pensaría que hay una cierta estructura donde debe constituirse un sujeto existente, para dar cuenta de un ser, que no podría jugarse de otra forma que no sea a través de una existencia como sujeto. Aclaro que considero que Lacan nunca fue estructuralista en un sentido pleno.

Esta teoría del significante con este sujeto desdoblado, sujeto del enunciado/sujeto de la enunciación, que definiría de un modo inicial esa manera de ver la incidencia del Inconsciente en la constitución del sujeto, sería solidaria con una serie de otros planteos, como que tendría que haber un cierto significante ordenador como Nombre del Padre de una estructura preformada sobre la cual el sujeto se constituiría, pero queda en claro aun en ese momento teórico que el sujeto se instaura o se instituye en un lugar donde en esa estructura falta algo. Es decir que la idea de que la estructura no sería absoluta o completa ya aparece aun en este momento supuestamente estructuralista.

Es decir, el sujeto se instaura en un lugar donde hay una falta, y él pasa a ser un significante más dentro de la estructura, y ahí vienen ciertos tipos de aforismos que homologan al sujeto con el significante. Incluso una definición de qué es un significante: “es lo que representa un sujeto para a otro significante”, y el sujeto mismo es un significante más dentro de ese conjunto significante.

La teoría del Nombre del Padre, en ese momento (me refiero a los seminarios 3 y 4), es que un determinado significante o un pequeño conjunto de significantes fijos, establecidos, soportan la estabilidad de la significación al desplazar por una operación metafórica el deseo de la madre como real incestuoso. Lacan usa la alegoría de un taburete apoyado en cuatro patas y lo que acontece si falta una en la forclusión [2]. Hay también ahí una teoría de la intersubjetividad, es decir que no sólo se hablaría de un sujeto, sino que un entre sujetos sostendría esta estructura mediante un pacto. Para situarlos en el debate, en ese momento estamos en algunas cuestiones relativas al uso del álgebra, para definir toda la cuestión del significado al sujeto, las significaciones fálicas, que están matematizadas utilizando recursos del álgebra, y haciendo algún tipo de operación donde el desdoblamiento que escinde al sujeto aparece como un quebrado algebraico como efecto de su inclusión en el conjunto de significantes; hay una parte de sí que es reconocible, contabilizable, y otra que deja de ser posible de ser considerada, es inconsciente.

En los años sesenta, el artículo de los escritos “La subversión del sujeto y la dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” plasma este desarrollo teórico, proponiendo como eje al sujeto, y todas las consecuencias que se podrían derivar en los otros registros de estos procesos simbólicos, es decir sus incidencias en lo imaginario y lo real. Si ustedes recuerdan, aparece un grafo muy importante, que es tomado de seminarios anteriores, “Las formaciones del inconsciente”, y en ese grafo, que es el del recorrido de la pulsión, define que todo lo que acontece gira alrededor de fenómenos relativos a la subjetividad, sea la constitución del deseo, de la demanda, del fantasma, la solución de la pulsión en la cadena significante, todo ese movimiento giraría alrededor de un punto central que es la teoría del sujeto en ese momento. Que ya incluye algo importante: el objeto a. Ésta es una de las inflexiones teóricas internas en la teoría de Lacan, siguiendo comparativamente a lo que significó para Freud la crisis del descubrimiento del problema de la pulsión de muerte y la repetición. En Lacan se presenta el cambio a partir del énfasis en la incidencia de lo real, en particular la teoría del objeto a, con el seminario sobre la angustia en el año ’63, donde termina de ser formalizado.

Entonces yo diría que en cierta lectura posible, lo que antes era un proyecto de lograr la instalación de un sujeto en una estructura preformada, y que este sujeto logre su inscripción (y si no logra su inscripción, queda en una especie de deriva y de falta de solución, como podría ser el problema de la psicosis cuando fracasa el Nombre del Padre, y el sujeto no logra su lugar), a partir de los trabajos y los desarrollos alrededor de la problemática del objeto a la importancia del significante es que se convierte en el medio de creación y chances de dar destino a este objeto a. Así se esboza una disputa teórica interna acerca de lo que es más importante, si la problemática del sujeto con relación al significante o la problemática de este orden de lo real, que va más allá del problema del significante a la relación del mismo con lo real. Este objeto a, al igual que la pulsión de muerte, nace de las evidencias clínicas [3] y una búsqueda de mayor eficacia terapéutica, aunque a esa búsqueda curativa del psicoanálisis se la haya considerado como un sacrilegio.

El sujeto habla, incluso habla de sí, pero porque habla hay cosas que no logra decir, se le tornan imposibles; aunque vemos que en el desarrollo teórico los grados de imposibilidad van variando: así como se va puliendo un sujeto más nítido, se va definiendo un imposible más ligado a diferentes categorías de ausencia, diferentes estatutos de “nada”, como el objeto a o el goce.

Así como Freud buscó ir más allá con Más Allá del principio de placer, Lacan intenta ir más allá de la estructura y más allá del sujeto, más allá del padre, buscando esta cuestión que no estaría totalmente resuelta dentro de la estructura, pero que tiene que ver con la estructura.

Probablemente, en esta línea vemos cierto tipo de desarrollos que empiezan a invertir el énfasis. Si uno definiese que el sujeto es lo que da cuenta del deseo, o que hay una relación intrínseca entre la problemática del deseo y la teoría ligada al significante vinculados al sujeto, a Lacan le comienza a interesar más la angustia como cuestión y la causa del deseo como real, el objeto a como causa de deseo. Y tanto el deseo como el sujeto vienen a ser productos o están causados por otra dimensión que pertenecería a este orden de lo real.

En el Seminario 11 aparece una redefinición del asunto del sujeto. El sujeto se constituiría por alienación en el conjunto significante, pero a la vez el sujeto implica una operación que es la que Lacan pone como diferencial o distinta a otras propuestas teóricas, que es que el sujeto se separa, o el sujeto implica una operación de separación del objeto a. Aumenta así la relativización del estatuto de la estructura con relación al problema del sujeto. Es decir que no es sólo lo que se aliena en el significante, sino que es lo que se separa de lo real.

Lacan alcanza un desarrollo más amplio cuando formaliza la cuestión del fantasma, que ya la venía planteando desde antes, pero entonces le da un estatuto más fuerte a la problemática de la relación del sujeto con el objeto a en el contexto de las fantasías, el fantasma, que viene a ser como un eje distinto de abordaje del tema.

Es por esta vía que reaparece el ello como una vertiente distinta del inconsciente estructurado como un lenguaje. Es decir que si el sujeto es del inconsciente, en algún sentido el objeto a y ciertas dimensiones que determinarían ese objeto, tendría más que ver con el ello freudiano. Categorías útiles para diferenciar órdenes de acto o de relación posible de un sujeto, con cosas que no tienen estrictamente que ver con una especie de verdad simbólica, en el sentido estructural de la verdad, sino que la verdad estaría más en relación con lo real.

El pasaje al acto es un acto que Lacan define como una alienación en el ello, no es una alienación en el significante, sino que es una alienación en alguna dimensión que está más allá. Él lo contrapone a una operación que se llama de pensamiento inconsciente u operación verdad, que es el acting-out. Se trata de dos tipos de actos totalmente distintos, y que tienen cierta importancia en relación con el problema de cómo concebir el acto en general; es decir, qué orden de acto diferente es el acto determinado por el ello o por el objeto a, de lo que es un acto determinado por el inconsciente.

Aquí está implicada una concepción de la transferencia, que alcanza un estatuto ligado al problema sujeto cuando se la define como Sujeto supuesto Saber, una especie de dispositivo que tiene que ver con el inconsciente y con la teoría del significante, pero a la vez Lacan le da un estatuto de construcción artificial, y de suposición de un sujeto posible al saber, cosa que ya está refutada teóricamente por él mismo, de que en algún sentido hubiera un sujeto que pudiese ser como el poseedor. Es el dispositivo por el cual el análisis se mueve, pero a la vez está en cierto modo condenado a ser desbaratado en el fin de análisis, como destitución de este sujeto que es una especie de ficción a resolver, dando lugar a lo imposible de ser sabido.

Es en el Seminario 17 podemos ver cómo Lacan relativiza más drásticamente todo lo que puedan ser fenómenos de estructura, y los vincula más con una adscripción a discursos. Los discursos vienen a sustituir la concepción de estructura y a proponer la existencia de términos (matemas) que interjuegan entre sí. Lacan define cuatro discursos: el histérico, el del analista, el del amo y el universitario, donde hay términos que interjuegan, entre los cuales se encuentra el objeto a, que es lo que hace que estos discursos, en cierto modo, si bien manejan significantes, porque los otros términos incluyendo el sujeto como tal S son significantes, no sean discursos solamente vinculables al significante. Tanto los lugares como los matemas van dando las sigularidades del tipo de subjetividad de ese discurso.

Más tarde surge la problemática del sujeto con relación al problema de la sexuación. En el Seminario 20 hay un recurso a una especie de lógica paradojal, entramos así en otro debate de Lacan con la lógica, o de Lacan con Aristóteles, y lo que vino después en cuanto a configuraciones lógicas, donde él trata de demostrar justamente que habría, en la sexuación humana, un lado para el sujeto que tendría que ver con el lado masculino, y toda la teoría del falo y la significación fálica, y otro lado u otra dimensión que tiene que ver con lo femenino en la teoría, y que abriría todo ese otro campo de la relación con un orden de lo imposible, que se hace relativamente posible a través de cierta relación con el sujeto.

Pero ese campo que se define como del otro lado, el otro goce, puede ser otro modo, queda extremadamente abierto, es decir que este momento es todavía más radicalmente no estructuralista.

Luego se va introduciendo en una línea que creo que es la más interesante al final, y que tiene más que ver con cuestiones tomadas de la topología, los nudos y ciertos encadenamientos topológicos [4] que ya habían aparecido antes en el seminario de la indentificación. El sujeto como la banda de Moëbius, con la singularidad de ser ésta externa-interna, al tener un lado y un borde caracteriza al sujeto y redefine su relación con la realidad. La “extimidad” como neologismo caracteriza esta cuestión afuera-adentro.

Más tarde, Lacan intenta concebir algún sujeto ligado al problema de la invención o de cierto orden de creación por vía de poder hacer ahí con lo real. Lacan trabaja este punto en relación con el problema de la escritura, es lo que lo ligaría al tema de lo escrito y la letra. La escritura como algo que tiene que ver con el arte está presente cuando trabaja toda la problemática del sinthoma [5] y de Joyce [6]. Pero también en otras formas de escritura no necesariamente literarias.

Es decir que ahí sí se iría acercando a relacionar el sujeto con el síntoma, pero no con un síntoma en un sentido corriente, sino en una especie de rara concepción del síntoma, que seria esa manera singular y propia de cada humano, de posible solución, de una especie de subjetividad nueva, rara porque no seria estándar, no sería consensual, y tendría mucho que ver con una singularidad más extrema de lo que se había requerido hasta este momento.

Todavía nos estamos preguntando cómo se hace eso, quién lo logra, quién hace sinthoma, quién no, y cómo es eso del fin de análisis haciendo eso, y cómo quedaría alguien que hizo eso.

Resultaría interesante en base a estos datos debatir sobre la singularidad del sujeto, poder pensar que la subjetividad no es un hecho dado estructuralmente, sino que ya en el Seminario 11 el sujeto es algo que aparece y desaparece, que el inconsciente como tal tampoco es un hecho dado, sino que hay fenómenos de apertura y cierre, y momentos donde se expresa. Una pregunta importante es pensar: y en el próximo intento, ¿logrará ese hecho?, ¿el próximo movimiento de apertura y cierre producirá esa misma subjetividad?, ¿está condenada a una repetición? Éste es un poco el planteo que aparecía cuando había un determinismo estructural, o podría en un nuevo movimiento abrirse una otra forma, que sería quizás radicalmente distinta.

Todos sabemos que no hay certeza absoluta de que en el próximo movimiento no vaya a aparecer en un sujeto una psicosis, o una creación, sin embargo habitualmente hay una perseverancia concordante con los antecedentes históricos: los acontecimientos se producen sobre la base de una existencia anterior. Los prontuarios son importantes, el humano y quizás en algún sentido los animales también tienden a repetir lo preformado. Sin embargo, como psicoanalistas creemos en un cambio posible, pero sobre la base de lo anterior: no hay creación desde la nada, o por lo menos desde una pura nada, sino sobre el antecedente de algún algo que responde a esa nada que es la pulsión o el objeto causa del deseo.

Es decir que Lacan abre la posibilidad de teorizar una movilidad subjetiva, o bien que el fenómeno subjetivo entendido de esta manera implica soportes de identificación que lo sostendrían en el tiempo. La propuesta importante de Lacan alrededor del tema del sinthoma es alguna fórmula de producción no neurótica ni psicótica, de su neurosis o psicosis, para el humano, y cómo sostenerla en el tiempo, y cómo hacer de eso algún orden de sujeto no neurótico ni psicótico.

En definitiva hay sujeto del inconsciente, lo hay de la pulsión (sujeto acéfalo), del falo (el sujeto a la represión), del síntoma (otra formación de arreglo de la represión que incluye el retorno de lo reprimido vuelto a reprimir), de la sexuación (como hombre o como mujer, según asuma la represión), también hay sujeto del fantasma, sujeto sintomático y sujeto como sinthoma, etc. Todos son el mismo pero desde diferentes perspectivas, por eso se puede decir que el tema del sujeto abarca todo el psicoanálisis y que, cuando hablamos de sujeto, siempre tenemos que aclarar a cuál nos referimos. Y según cómo lo abordemos, estaremos en tal o cual enfoque analizando, por vía del fantasma al modo kleiniano, por vía del falo al modo de aquellos que jerarquizan la sexualidad manifiesta o los valores aparentes, por vía del atravesamiento en búsqueda del objeto real en ciertos lacanianos, etc., dentro del psicoanálisis. A menos que la política y la ética varíe y se dirija con ingenuidad al yo pretendiendo pactar con alguna dimensión preconsciente, y entonces estaríamos en otro campo, el de la psicoterapia; si ésta es estratégica con relación al inconsciente será psicoterapia psicoanalítica y si no considera la dimensión ética del deseo inconsciente será una de tantas formas de psicoterapia no psicoanalítica. Estas caracterizaciones un tanto amplias y desordenadas buscan mostrar cómo el sujeto como expresión del inconsciente es el referente central para definir una compresión clínica y una decisión de abordaje. 

Hay análisis en tanto opera la transferencia y hay un sujeto que la denota en tanto permanece en este eje referencial al analista evidenciando formaciones del inconsciente como los sueños, los lapsus, las asociaciones, las actuaciones, etc. Aunque puede haber transferencia y sujeto aun cuando el terapeuta no lo sepa y suponga que está haciendo sólo psicoterapia.

Esta reseña sintetiza algunas cuestiones tratadas extensamente en el libro Los orígenes del sujeto y su lugar en la clínica psicoanalítica (Peskin, 2003).

Clínica de ausencia de subjetividad

En nuestros días, por múltiples razones, hay una pretensión social y seudocientífica de abolir las diferencias y singularidades, lo que lleva a promover algo que ya conocíamos pero se ve incrementado y que son las presentaciones clínicas que aparecen sin la subjetividad para la cual el psicoanálisis tiene sus mejores recursos.

La adicción como ausencia de dicción (de discurso) agrupa la anorexia, la psicosomática, el delito y muchos actos en general, la bulimia, la drogodependencia, etc., presentan formaciones no subjetivas que serán teorizables como formaciones narcisíticas o impulsiones, compulsiones y una serie de alternativas donde el inconsciente no tiene oportunidad de intervenir como soporte significante de un modo directo, y la subjetividad que vemos aparecer es fallida o hay una presubjetividad, o formas alienadas en extremo refractarias a cualquier intervención que busque suscitar una transferencia. Los modelos de las sectas o de la psicología de masas como militancias ideológicas adquieren mayor eficacia a partir de la sofisticación tecnológica al servicio de un “aparato” del Estado o de otros grupos circunstanciales que caracterizan la base de la llamada globalización. 

El psicoanálisis está en condiciones de estudiar y comprender la mayoría de estos fenómenos, pero encuentra dificultades para abordar muchos casos por la más diversas razones. Es importante no adoptar una actitud diferente de la que siempre tuvo con relación a los obstáculos clínicos que Freud denominó resistencias al psicoanálisis y que Lacan ubicó del lado de los analistas. Hay épocas y lugares mejores y peores para el abordaje y el pensamiento psicoanalítico, pero esto no debiera invalidar la investigación y el avance aun frente a la adversidad. Aunque reconozcamos que no todo es abordable psicoanalíticamente, la mayor parte de los hechos que involucran a los humanos son comprensibles desde el pensamiento psicoanalítico, si bien en algunos casos no es pertinente aplicarlo y menos agotar la comprensión desde este enfoque exclusivamente.

Notas

[1] El moi como yo imaginario especular narcisístico, y el je como la nominación simbólica del sujeto en un discurso. [2] Falta de inscripción: término de origen jurídico que se refiere a la caducidad de tiempo para la realización de un paso en el proceso jurídico, con lo cual queda imposibilitado hacerlo.

[3] A partir del objeto transicional de Winnicott.

[4] Una rama de las matemáticas que tiene diversas vertientes en cuanto a álgebra y geometría.

[5]Nombre que da Lacan a una nueva formación a partir de una transformación del síntoma en sinthoma, que le permitiría al sujeto una nueva identificación, una nueva nominación de sí mismo que operaría como salida de la psicosis o de la neurosis.

[6] James Joyce, famoso escritor irlandés que crea un estilo muy especial de escritura mediante el cual, según Lacan, elude la psicosis y el padecimiento.

Referencias bibliográficas

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(1920): Más allá del principio de placer, O.C., vol. 18. Buenos Aires: Amorrortu, 1976.
(1923): El yo y el ello, O. C., vol. 19. Buenos Aires: Amorrortu, 1976.
L
ACAN, J. ( 1953-1954): El Seminario. Libro 1, Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós, 1981.
(1954-1955): El Seminario. Libro 2, El yo en la teoría de Freud. Buenos Aires: Paidós, 1983.
(1955-1956): El Seminario. Libro 3, Las Psicosis. Buenos Aires: Paidós, 1984.
(1956-1957): El Seminario. Libro  4, La relación de objeto. Buenos Aires: Paidós, 1994.
(1956-1959): “El Seminario. Libro 6, El deseo y la interpretación” (inédito).
(1962-1963): Le Séminaire. Livre X, L´angoisse, París, Seuil, 2004.
(1964): El Seminario. Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1986.
(1965-1966): “El Seminario. Libro 12, El objeto del psicoanálisis” (inédito).
(1966): Escritos 1 y 2. Buenos Aires: Siglo XXI, 1975.
(1969): El Seminario. Libro 17, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1992.
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(1975): “El Seminario. Libro 22, RSI” (inédito).
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P
ESKIN, L.: El espesor de la realidad. Historia. Historiales, Buenos Aires, Kargieman, 1994.
: “¿Hay neurosis hoy?”, Revista de Psicoanálisis. Número Especial Internacional, 1992.
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: “El inconsciente freudiano y el nuestro”, Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis (SAP), nº 3, agosto de 2000.
: “El objeto no es la Cosa”, Revista de Psicoanálisis, nº 3, 2001.
: “Mesa redonda: Los fundamentos del psicoanálisis”, Revista de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, 2002.
: Los orígenes del sujeto y su lugar en la clínica psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós, 2003.
: “Historia del ‘objeto a‘”, Psicoanálisis, ayer y hoy, nº 2, Revista Virtual de la AEAPG.

Por gentileza de El psicoanálisis

Población sobrante

Yago Franco
Psicoanalista y escritor de textos psicoanalíticos y ensayos. Miembro titular del Colegio de Psicoanalistas de Argentina y director de MAGMA, grupo inspirado en la obra de Cornelius Castoriadis (www.magma-net.com.ar) y dedicado a la obra de dicho autor
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¿A quién le interesan las noticias de ayer?

¿Quién quiere leer los diarios de ayer? “Who wants yesterday´s papers?” Cantaban/gritaban los Rolling Stones hace 50 años. En enero del año pasado leo una noticia en http://www.laizquierdadiario.com/Rolando-Nunez-En-el-Chaco-hay-un-genocidio-etnico-sobre-las-poblaciones-indigenas, y meses después, ante la proximidad de las elecciones presidenciales que terminarían con el gobierno kirchnerista y dejarían el gobierno de Argentina en manos del macrismo, escribí lo que sería la primera versión de este texto, que por alguna razón extraña nunca fue publicado y cayó en mi olvido. Me encontré con él casualmente, lo cual coincidió con la difusión del índice de pobreza de Argentina, que sobrepasa al 30% de la población, con una indigencia del 6%. Por otra parte la noticia y el encuentro con ese texto coincidieron con la elaboración del presente número de El Psicoanalítico, que trata sobre la exclusión, el desempleo, la precarización laboral… Demasiadas coincidencias. Esas noticias de ayer cobraban una presencia central en el presente.

De modo que retomé lo escrito en ese momento, desarrollé algunos puntos y agregué otros. Reproduzco en bastardillas lo escrito entonces, para diferenciarlo de lo agregado y desarrollado ahora.

Lo(s) que sobra(n)

Rolando Nuñez (quien dirige el Centro Mandela de Derechos Humanos con sede en la capital chaqueña), al referirse a la muerte de Oscar, niño de la comunidad Qom fallecido de desnutrición a los 14 años y pesando 10 kgr, ha sostenido que el niño pertenecía a una población sobrante.

Decidí agenciarme del término población sobrante, por las resonancias que tiene con el concepto de sobre-represión utilizado por Herbert Marcuse, retomado como represión sobrante por Silvia Bleichmar. Estos conceptos apuntan a la pérdida de libertad de los sujetos debido a ser privados de los elementos simbólicos y materiales esenciales para la vida tanto física como psíquica. Psiquesomas mortificados como el de Oscar. El contrato narcisista entre el sujeto y la sociedad se ha quebrado: no es posible suscribirlo para buena parte de la población, el Poder le niega el acceso a una vida vivible, vivible inclusive para poder alzar la voz y así luchar contra un régimen absolutamente inequitativo. Lo que está más allá del malestar en la cultura tiene en su extremo a estos sujetos, privados de lo mínimo para su subsistencia, reducidos a la supervivencia.

Ciertamente hay una población que sobra, que está de más, que es un estorbo. Eso que sobra es “lo otro”, no llega a ser un otro, no se reconoce su alteridad. Y a “lo otro” se lo deja a un lado, o se lo extermina, el Poder (quienes se han apropiado del mismo) arroja toda la crueldad sobre él. Los Qom están en la avenida 9 de julio desde hace 7 meses –esa era la noticia en enero de 2015- esperando ser recibidos por alguien del poder político (recordemos que en ese entonces gobernaba el régimen kirchnerista). Ignoran que son transparentes para dicho poder, ese poder que encarna a un Otro para quien no tienen ningún lugar. También —lamentablemente— lo son para el común de las personas, ante quienes están o invisivilizados, o son también lo otro, fuente de peligro y por lo tanto de rechazo. Astucias del Poder (tanto del Estado como de a quienes representa) que consigue que buena parte de la población castigada por él adhiera al mismo, utilizando artilugios mediáticos y disposiciones del psiquismo humano: por algo serán pobres, por algo se quedan afuera, por vagos, por su raza, por no saber hacer las cosas, etc.

La Qom es una comunidad diezmada por la tuberculosis y el mal de Chagas (el 40% de la población está enferma del mismo) entre otras enfermedades, sin agua potable, leche, alimentos… Un genocidio silencioso sostiene Nuñez: más de 2000 muertos en los últimos cuatro años (2010/2014), acerca de los cuales seguramente tanto el gobierno provincial como el nacional intentarán justificar   —como lo están haciendo ahora—, que esto sucede por otra causa que la de la desnutrición, la tuberculosis, etc.

La población sobrante es la que ha sufrido el gesto de exclusión (Foucault) del Estado —de los que han estado a cargo del mismo desde el retorno de la democracia burguesa, lo que los inculpa y responsabiliza a todos por igual— un gesto que al mismo tiempo de realizarse crea esa categoría. Están en un extremo de los excluidos, de los cuales también forman parte los cartoneros, los sin techo que viven en las calles de Buenos Aires y otras ciudades, aquellos que habitan las villas miseria, los jóvenes pobres desocupados, etc. La “racionalidad” del capitalismo ha creado esta nueva categoría, que incorpora en su interior a clases existentes previamente, pero ahora está claro que es para que no vuelvan, o, como en el caso de los cartoneros, para que permanezcan en ese status y no molesten. Y para el extremo de los excluidos, los radicalmente sobrantes, que vayan desapareciendo como efecto de enfermedades supuestamente erradicadas y, sobre todo, del hambre. Sí, que mueran de hambre. Son los Desaparecidos 2.0.

Desnutriciones: consecuencias clínicas

Desnutrición: es física, también lo es psíquica. Los estragos de la desnutrición —arraigada durante los últimos 14 años— son también neurológicos y psíquicos. De la desnutrición los niños suelen pasar a la adicción al paco —niños y jóvenes sin estudios, sin trabajo más que el menudeo de la venta de esa misma sustancia en muchos casos… para poder adquirirla— , terminando ahorcados en un número de entre 20 y 25 por mes en Tucumán. Veamos: en Tucumán hay chicos de 7 u 8 años que comienzan a drogarse y hasta hay familias completas que lo hacen. El barrio Antena es donde más fuerte se ve este problema. Ahí casi todos los fines de semana se mata un chico por sobredosis o se suicida ahorcándose. Esto se lee en http://lv12.com.ar/nota/14793/el-paco-mato-a-su-hermano. Donde también dice que hay chicas de 13, 14 años que se prostituyen por drogas o por dinero para comprarlas.

La desnutrición —que no está presente solamente en esa provincia— llegó para quedarse una vez que la población que la padece es considerada como sobrante. Una población que puede no comer o comer poco, puede no estudiar ni trabajar… María Cristina Oleaga en El pan te pertenece, recuerda lo sostenido por Freud en relación al trabajo: sobre él se desplazan —y sobre los lazos sociales que lo acompañan— “una considerable medida de componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos”. Esto es, el trabajo forma parte de las actividades (como el arte, la educación) que permiten un trabajo psíquico complejo, de ligazón pulsional —que si no corre el riesgo de quedar mortíferamente libre, como en el caso citado de estos niños—:  son alimento simbólico. Y hacen a la posibilidad de poner en juego a la sublimación: sin la cual no hay sociedad, sin la cual no hay lazos sociales, cultura… Estos sujetos han sido privados también de ese alimento.

Y así terminaba ese texto:

Asistimos también a la utilización lacrimosa y vacía que la llamada oposición al kirchnerismo hace de esta circunstancia. Debe quedar en claro que si el Pro o el Frente Renovador (Massa) tuvieran el poder político harían lo mismo, nada diferente, ya que también forman parte de este sistema y su alianza es con el mismo. Es bueno considerar esto ya que se aproximan las elecciones presidenciales.

Renegaciones

Por cierto que se cumplió lo sostenido en el último párrafo. No era necesario ser muy sagaz para saber lo que iba a ocurrir. Tampoco para saber que las cifras de pobreza e indigencia —¡un 6%!— que difundía el régimen kirchnerista eran falsas. Muy falsas, muy alejadas de una realidad que, para quien quisiera verla, era palpable en cualquier lugar del país, incluyendo a su Capital. Pero lo cierto es que sus adherentes creyeron (¿creen?) a pies juntillas en dichas cifras (¡Ah!, ¡la idealización del Líder, la ceguera que ese enamoramiento —como todos— produce! ¡la renegación que promueve!). La recuperación que hubo durante dicho gobierno —un 30% menos de pobres en relación a la catástrofe económica de 2001/2002— debe ser entendida como la recuperación producida luego de una catástrofe económica. Es decir, luego de una situación por entero atípica. Por lo cual su valor se relativiza a la luz de eso que suele decirse: una vez que se toca fondo todo lo que queda es ir subiendo. Eso es lo que ocurrió, acompañado de una agresiva política de subsidios que maquilla en algo la pobreza pero no la elimina. Se crean así pobres que penden de un hilo para no caer en la indigencia.

El actual gobierno macrista —tal como se esperaba, aunque tantos hayan también renegado de lo evidente: ¡una renegación anticipada!, renegar de lo que se sabía que iba a producirse— se encargó de empeorar las cosas, mientras cínicamente echa la culpa a la administración anterior.  200 mil nuevos desocupados en menos de seis meses.

Es fundamental hacer un poco de historia: el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) consigna que en 1968 la pobreza alcanzaba al 3% (¡!) de la población. Esto salta al 8% durante la dictadura militar (año 1980) y al 10% una vez recuperada la democracia (burguesa, siempre es necesario aclarar este punto). Luego va ascendiendo hasta el doble: 16% en 1986; y en 1988/1989 (momento de la hiperinflación) casi llegará al 40%, sobrepasado en el 90, para prácticamente no bajar del 30 durante toda la década del 90 llegando a un pico del 55 % en 2002. Luego irá retrocediendo durante los últimos 14 años, aunque este organismo del Estado deja de medirla en 2007. Otras mediciones acusaron alrededor del 30 % hasta ahora, que es de poco más del 32%. Estos números son ilustrativos de cómo las políticas neoliberales lograron, a partir de la dictadura de 1976, modificar la distribución de la riqueza, la conformación de clase de este país. Del 3% se pasó a diez (¡10!) veces más de pobres. Un tercio de la población está bajo el nivel de pobreza. Lo cual quiere decir que el movimiento de ascenso social que caracterizó a este país fue suplido por un movimiento descendente. Una espada de Damocles sobre la población.

Estar excluidos del Otro

Ha habido así una suerte de genocidio económico y simbólico. Sus perpetradores siguen libres, impunes, y continúan llevándolo a cabo. Y nadie los ha detenido.

El arrasamiento económico ha sido también cultural y simbólico. Una de las formas del avance de la insignificancia, de la depredación de sentido colectivo que permite labrar el individual. Sin que quienes habitan bajo la línea de pobreza tengan la posibilidad de establecer un proyecto identificatorio (Aulagnier) en una sociedad que además los ha diezmado simbólicamente: no tienen futuro.

Lo dicho sobre los Qom puede parecer un ejemplo extremo, pero cerca, muy cerca de la ciudad de Buenos Aires, y en la ciudad misma, una masa de excluidos deambula fantasmalmente, o yace tirada en las veredas, en las entradas de edificios o en los lugares más insólitos. El dolor del psiquesoma se corresponde con un estado de crueldad: el estar excluido debe ser entendido como un estado producido por quienes ejercen crueldad sobre una parte de la población encarnando la crueldad del Otro.

Hablamos así de quienes están excluidos del Otro: del trabajo, la salud, la educación, la justicia, de cualquier proyecto futuro: es vivir en un ahora eterno. Eso es quedar en las márgenes del registro simbólico, de aquello de lo que el Otro provee a través de los portavoces. Pero aquí los portavoces mismos van quedando afuera. Sólo podrán transmitir subsistencia, supervivencia… Sus hijos crecen en ese panorama.

Sujetos, familias, que sobran: la sociedad capitalista no los necesita, no califican como consumidores, y encima hay que ocuparse de ellos. Sujetos que no ocupan un lugar en el Otro, en su deseo. La exclusión comenzó en los 90, y llegó para quedarse. No se sale de ser cartonero, de recibir subsidios, de haber quedado —literalmente— en la calle, o de formar parte de una población originaria desaparecida.

El fantasma de la exclusión recorre los consultorios cuando se trata de sujetos que trabajan en empresas estatales —que esperan la próxima lista de “desvinculados”— o privadas en proceso de “racionalización”. También en quienes trabajan por su propia cuenta y se ven afectados por la caída de la producción del sector para el cual ofrecen sus servicios. Debe entenderse lo siguiente: no hay ejército de reserva: el que queda afuera, no vuelve a ingresar. Y lo sabe. Este es al mismo tiempo un elemento disciplinario que obliga a muchos sujetos a aceptar condiciones laborales denigrantes, lo cual también se aprecia en la consulta, sea en hospitales o a nivel privado, y obliga a un trabajo sobre la violencia secundaria que se ejerce sobre ellos. La cual favorece —al obligar a aceptar lo inaceptable— aún más la precarización laboral.

Exclusión y pulsión de muerte

Finalmente: el desocupado de hoy puede ser el excluido de mañana. Que no es estar desempleado: es lo que se conoce como indigencia, eufemismo que denomina a quienes no tienen con qué subsistir. Pero por supuesto que pobreza, desempleo e indigencia tienen profundas conexiones. Resulta difícil asimilar que —como consigné previamente— hace 50 años la población que estaba debajo de la línea de pobreza alcanzaba al 3%: ahora es el 32.2, siendo el año pasado del 30 %. Aunque —decíamos— según las cifras oficiales era ridículamente inferior: el 6%. Otro gesto de crueldad, ya que quienes estaban bajo esa línea se habrán sentido como formando parte de un pequeño grupo que seguramente “algo habría hecho mal” para estar en esas condiciones. Ya lo sabemos: cuando la realidad golpea duramente se incrementa la severidad superyoica (Freud).

Al haberse iniciado en los 90, son ya varias las generaciones que han crecido sin conocer lo que es tener un trabajo. Esto agrega complejidad a la cuestión de la exclusión: se puede pasar a ese grupo, o se puede haber nacido en el mismo. Y en relación a la severidad superyoica diremos que desata lo más mortífero de esa instancia, lo cual se aprecia en la predominancia de los actos autodestructivos descritos previamente. Gozar en la muerte, tal vez ser alguien por única vez en ese preciso y fugaz momento de autoproducirla; ser alguien en ese acto delictivo suicida o en el cuerpo colgado: ser alguien para el Otro; o inmolarse y quitarse de encima de una vez el peso de su crueldad. Destruirse en defensa propia: excluirse de la vida para, por fin, hallar sosiego. O —por qué no— hacer un radical rechazo del Otro, “triunfar” sobre él…


Las noticias de ayer son, por lo tanto, las de hoy. Las páginas podrán darse vuelta, pero para volver a encontrar la misma noticia —que será cada vez peor— en la próxima. Pero entre página y página la desnutrición, el consumo de drogas, la prostitución, el suicidio, la delincuencia suicida, etc.,  dejarán un tendal de vidas jóvenes en el camino. El gesto de exclusión del Otro echará sombras sobre la mayor parte de la población, como decía: un gesto de disciplinamiento.
Entre la orden de gozar ilimitadamente en el consumo —y la angustia por estar en falta que produce— y el terror a la exclusión podemos hallar las pesadillas de la vida diurna de los que aún están incluidos.

Who wants yesterday´s papers?

Who wants yesterdays papers
Who wants yesterdays girl
Who wants yesterdays papers
Nobody in the world

After this time I finally learned
After the pain and hurt
After all this what have I achieved
I’ve realized it’s time to leave

Cause
Who wants yesterdays papers
Who wants yesterdays girl
Who wants yesterdays papers
Nobody in the world

Living a life of constant change
Every day means the turn of a page
Yesterdays papers are such bad news
Same thing applies to me and you

Songwriters
Jagger, Mick / Richards, Keith

Por gentileza de El psicoanalítico

La corrupción política por el soborno

Angel Rodriguez Kauth
Profesor Extraordinario de la Universidad Nacional de San Luis. Cátedra de Psicología Política (Argentina). Excatedrático visitante en el doctorado en Psicología Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense (España)
.

Extracto

Con este artículo intentaré describir como en las estructuras partidarias liberales se estimula y alienta la corrupción de los militantes políticos mediante la compra de las voluntades con cargos y empleos que limitan las posibilidades de expresar opiniones contrarias a quienes detentan el poder. Este fenómeno también se produce —con distintas características— bajo las dictaduras militares de derecha que han asolado y han transitado como aves voraces por “nuestra” América (Martí, 1891).

Palabras clave: corrupción, política, dádiva, partidos políticos

Abstract

With this article I will try to describe as the liberal party structures is stimulated and encouraged the corruption of political activists by buying wills with positions and jobs that limit the possibilities to express opinions contrary to those in power. This phenomenon —with different characteristics— also occurs under the right-wing military dictatorships that have plagued and have traveled as voracious birds “our” America (Martí, 1891).

Keywords: politics, corruption, gift, parties

Intentaré revisar al autoritarismo de Estado y partidario a través del proceso de cosificación de los militantes. A la vez que se reseñará como se ven afectadas las dimensiones psicológicas y de participación social, a la par que se provocan los fenómenos de extrañamiento y de alienación social.

En nuestras particulares situaciones que se viven en el subcontinente se ha propuesto -en un típico giro gatopardista (Lampedusa, 1958)- que las jóvenes democracias de “nuestra” América modifiquen las estrategias tradicionales de corrupción. Para ello una estrategia utilizada es que ellas sean reemplazadas por otras que simulan ser de participación y movilización activa para que, de tal modo, se puedan robustecer loa procesos de democratizaciones que hemos estado viviendo en la región, a partir que se alcance tomar conciencia del valor del protagonismo popular.

Acudiendo directamente a la dádiva, hemos encontrado que ya en la Biblia la “dádiva” era considerada una forma de soborno, agregando más adelante que la “dádiva en secreto calma el furor”. En Argentina dádiva es sinónimo de coima o de —en lunfardo de “tragada”—. Por esta razón los militantes políticos o los funcionarios que han sido “tocados” por la varita mágica de la dádiva, mientras la reciban, no han de molestar a las estructuras burocráticas partidarias con reclamos personales, doctrinarios, ideológicos o gremiales. Es decir, no van a efectuar críticas a la función de gobierno del Partido político que los nombró en un cargo y les da de comer.

De esta manera cuando un afiliado —o simpatizante— empieza a protestar por alguna conducta partidaria que le parece salida del cauce ideológico, la partidocracia liberal que tiene el dominio sobre la estructura partidaria, rápidamente acalla sus gemidos y quejas dándole un cargo público, con lo cual el protestón se tranquiliza y queda conforme y satisfecho en sus demandas; se ha conformado con ser “coimeado” sin tener oportunidad para ejercer la protesta y/o la crítica.

La teoría de la dávida

Este fenómeno que venimos de relatar coincide plenamente con la metodología de las partidocracias burocráticas liberales contemporáneas, las que aquejan por doquier dentro de las estructuras políticas de “nuestra” América, en el decir de José Martí. Espero que no se vayan a interpretar estos dichos como una reivindicación de las dictaduras cívico-militares-clericales de la derecha autoritaria que supieron -y saben a través de engendros políticos como es el PRO en Argentina- enquistarse en los poderes políticos. Para ellas el fenómeno de la dádiva, o de la coima, también es una realidad, tanto en cuanto hace a recibirla o a darla.

En otras épocas —por suerte superadas— cuando un miembro del partido militar se ponía levantisco rápidamente se lo acallaba asignándolos a una embajada, o con un cargo en el directorio de alguna empresa estatal, o se hacía un “enroque” con alguna asesoría en una empresa privada multinacional que deseaba mantener buenas relaciones con los órganos de gobierno administrativo para tener mejor acceso a la institución de la “coima”. De manera que téngase presente que de ningún modo pretendo justificar, amparar —a aquellos sistemas de gobierno dictatoriales a los cuales repudio— en perjuicio de otro sistema de gobierno al que fervientemente deseo y que protejo, cual es el sistema democrático y republicano de vida y de gobierno.

Precisamente porque tenemos la intención de proteger, mejorar y hacer crecer este sistema es que preferimos dedicarnos a criticar sus “partes malas” las cuales, en definitiva, atentan contra la propia estabilidad del sistema. La desestabilización de los sistemas democráticos no hay que buscarlas solamente afuera de e1los, sino que con sus contradicciones se encuentra la fuente fundamental de la desestabilización. ¡Ojo! Con esto no pretendo negar la influencia de los actores externos, que los hay y son muchos y del más variado pelaje. Por tal motivo entendemos que aquellas contradicciones deben ser reconocidas y analizadas para poder superarlas en un conjunto de síntesis integradoras de un mayor y mejor nivel del manejo político y administrativo.

Gracias al uso y aplicación casi cotidiana que se hace de la “teoría de la dádiva” es que se llena la administración pública de personajes vagos, inútiles e irresponsables. No importa cuán capaz puede ser un individuo para desempeñar un cargo, sino que lo que importa es darle una posición en la estructura de gobierno para tenerlo conforme, ya sea con un sueldo o ya sea con una posición de poder relativo que lo haga sentir importante. De esa manera se logra no sólo el acallamiento de las críticas internas a las gestiones de gobierno y/o partidarias, sino que se los puede meter en una misma bolsa y hacerlos cómplices del silenciamiento de las eventuales críticas y denuncias que se realicen de posibles actos administrativos aberrantes -o, por lo menos- que son no compatibles con un uso saludable del ejercicio del poder.

También a través de esta metodología de meter en una misma bolsa se alcanza e1 objetivo de la desmovilización de las bases electorales que les han permitido alcanzar el poder a las estructuras partidarias y solamente se “moviliza” a los militantes para hacer número en los actos partidarios programados por el gobierno en aras de sus intereses particulares. Esta metodología política liberal no sólo nos debe preocupar como militantes políticos sino que fundamentalmente nos preocupa como hombres comprometidos con un proyecto político trascendente que apunte no únicamente a las mejores condiciones de vida de nuestros contemporáneos —y de las generaciones futuras—, sino que nos interesan los medios a través de los cuales se alcance ese objetivo.

Evidentemente que el mecanismo que venimos someramente de presentar -y criticar- comete la torpeza de jugar con las necesidades más primarias de los individuos como son las alimenticias y las de seguridad sanitaria. Este juego no sólo es inmoral por sí mismo sino que entraña e1 enorme riesgo con la casi absoluta de certeza, como lo demuestra la experiencia histórica, de provocar la corrupción no solamente de quienes son pacientes aquiescentes del proceso, sino también de quienes lo organizan. A partir de la aplicación de esta metodología está implícita una concepción reificadora del hombre por el cual éste no es más que una cosa. Cosa esta última que en la concepción maquiavélica del bonapartismo se sintetizaba en que “cada hombre tiene su precio, sólo hace falta saber cuál es”. Sin dudas es la peor representación del ser humano, pero que es conocida y utilizada por los políticos enquistados en cargos gubernamentales o partidarios.

Es verdad, sabemos que la “necesidad tiene cara de hereje”, pero eso no es causal como para que quienes detentan el poder político lo usen a partir del conocimiento que los hombres tienen necesidades urgentes que satisfacer y, entonces, se los comienza por apretar políticamente a través de esas necesidades. El modelo psicológico sobre el que opera esta metodología es el de la recompensa, el castigo y el de la anticipación del castigo por la pérdida de recompensas, si es que no se cumple con lo que espera quien distribuye las gratificaciones. Es un modelo éticamente sólo utilizable con ratas de laboratorio pero que no justifica en modo alguno que sea utilizado con los humanos.

La cosification del hombre

Este proceso de cosificación —o de reificación, como originalmente lo llamó Marx (1867) y que más tarde lo ampliara G. Lukacs en 1923— es un proceso propio de los estadios propios de la protohistoria de las sociedades industrializadas modernas.

Al escribir sobre esto es obligatorio referirse a la alienación, la cual según Marx (1844) resulta ser -en los individuos- la pérdida del conocimiento de sí mismo y su trasmutación en un objeto, el cual es considerado como una mercancía más que en última instancia es nada menos que su subjetividad. Obvio es que esto lo sufren los trabajadores asalariados bajo el capitalismo y así lo afirma de manera concluyente a decir: “En su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega… no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo, arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo, fuera de sí”.

Sin embargo, en la actualidad la teoría de la alienación no se ha preocupado del fenómeno descripto en e l párrafo anterior. Esto es, a partir de una hipótesis ideológica, debido a que en los países de la centralidad se salta ininterrumpidamente de los análisis de la cosificación que han producido los autoritarismos de derecha —o por los estalinianos— al análisis de la reificación de la sociedad postindustrial contemporánea donde lo que manda es el mercado (Rodriguez Kauth y Falcón, 2003), en la que el consumismo es el vicio alienante por excelencia tal como hace más de una centuria lo reflejaba Veblen (1899) haciendo referencia a la opulencia y al ocio de las clases más privilegiadas de la sociedad del fin del siglo decimonónico. El consumismo es el que hace perder las dimensiones del Yo y del sí mismo en un proceso de despersonalización constante. En consecuencia, el trabajador “viene a ser esclavo de su necesidad tanto como de las necesidades del prójimo. Todo el poder ejercido por cada individuo sobre la actividad de los demás proviene de su posesión de los valores de cambio, del dinero, mediador de poder social.” Carpintero (2013).

Con lo anterior me estoy refiriendo a una realidad que en los pueblos endeudados —del que hace más de 30 años le llamaban “del Tercer Mundo”—y que en la actualidad son una realidad cotidiana que se vive en la mayoría de los pueblos del mundo. EI autoritarismo de Estado, como así también el partidario, se expresan aún en los que pretender ser los regímenes más democráticos, esto lo realizan bajo la metodología del “amordazamiento” de las personas por temor a la pérdida de las recompensas que siempre fueron meramente simbólicas. Y, la recompensa principal, es la de mantener el trabajo sin temor a perderlo por expresarse diferente a lo que ordenan los poderes hegemónicos. A todo esto, lo que es peor aún, ni siquiera -en su intimidad- se atreve a poder pensar diferente a lo establecido como si se temiera que desde algún lugar alguien podría estar espiándolo, como si fuera un “Gran Hermano” que todo lo que sucede bajo su ejido lo ve y lo controla (Orwell, 1949).

Es preciso tener cuidado, es necesario advertir que cuando hablamos de situación cosificante o cuando planteamos que al individuo se lo puede cosificar, en realidad lo estamos haciendo sobre la base de un pensamiento poco conocido, como lo fue el del psiquiatra y neurólogo español Carlos Castilla del Pino (1970). Este autor afirma que el hombre nunca podrá llegar a ser, ni aún en las situaciones de mayor degradación esclavista, una “cosa”, sino que siempre será una “casi cosa”, que atraviesa por una situación que resulta ser “casi cosificante”. Esto ocurre debido a que el ser humano siempre va a guardar la posibilidad de reflexionar -aún en la oscuridad de su soledad- sobre los riesgos de la pérdida de su libertad, pérdida a la que fue arrastrado por situaciones coyunturales por las que se encontraba y a las que ha sido conducido por los artífices del poder que han pretendido cosificarlo.

Este concepto es necesario tenerlo presente, porqué es el que precisamente nos va a permitir visualizar la fórmula de salida del intríngulis al que nos han arrojado los mandamases de turno. Así es que desde que se puso en funcionamiento la legislación del voto universal y secreto, los hombres tienen una herramienta poderosa e incontrolable: cuál es la del voto. Desde 1916 en adelante, y más particularmente desde 1946, en la Argentina el pueblo aprendió que tiene esa herramienta de modificación de la realidad política y que en el cuarto obscuro el individuo es el soberano y no hay poder coactivo para presionarlo ni sojuzgarlo. Si bien es cierto preferimos manejarnos con el concepto de “casi cosa” al de hombre “cosa”, por las razones que ofrece Castilla del Pino rescatadas a su vez del Hombre Unidimensional”, de H. Marcuse (1984), a los que brevemente hemos intentado sintetizar en los renglones anteriores.

Sin embargo, es preciso hacer nuevamente otra llamada de atención acerca del valor del voto. Este solamente servirá como herramienta política si es que el electorado no es tratado como una “cosa” durante las campañas electorales por los candidatos y sus aparatos de campaña. Suele ocurrir que en más de una oportunidad los electores son manipulados por la propaganda como si fuesen títeres. Tal es el caso de lo sucedido con de los triunfos de varios partidos neoliberales en “nuestra” América y, en el caso argentino sucedió lo impredecible con el logro alcanzado por una agrupación de derecha, el PRO. Una derecha que nunca durante los últimos 110 años tuvo la posibilidad gobernar al país si no era a través de golpes militares que destituían a gobiernos nacionales y populares.

La propaganda política —entre sus múltiples variedades: televisiva, radiofónica y de periódicos— en Argentina presentó una doble faceta. Una de ellas fue atendiendo las demandas del electorado a través de tirar “carne podrida” y ofreciendo por los canales de televisión —los que apoyaban a los candidatos del PRO— programas “idiotizantes”, como almorzando con una vieja, bailando con un tipo -de alto rating- o asistiendo a programas de preguntas (tontas) y respuestas donde se ridiculiza a los participantes. Esa programación en nada facilita la posibilidad de pensar por parte del pueblo, se lo ha tomado como una “cosa”, pero que consume aquellos programas. Ganaron. La segunda también tiró “carne podrida”, pero ofrecía a los televidentes programas que hacían mover las células grises, no lo trataron como una “cosa”. Fue el gobernante Frente Para la Victoria. Perdieron.

Saliendo de la coyuntura electoral argentina de 2015 y retomando el tema de la cosificación, debemos destacar que existen niveles de profundidad en aquella “casi cosa” que hace que, en algunas oportunidades, el “casi cosa” esté muy cercano de ser absolutamente una “cosa”. Ocurre en el caso de que el hombre sepa que está siendo utilizado para acallarlo, a partir de la utilización bastarda de sus necesidades básicas entonces, ya vimos, que las personas tienen la oportunidad de reflexionar sobre la dialéctica de su situación como persona y pueden utilizar algunos instrumentos, como los electorales, para romper las cadenas que los tienen sojuzgados, sin necesidad de sacrificar la satisfacción de sus necesidades básicas.

Se podrá argumentar, desde una posición academicista y cómoda de sillón, que esta forma de resolver el estado alienante es realizarlo de una manera hipócrita (Rodriguez Kauth, 2012) la cual, en definitiva, termina por ser una forma de alienación, por qué no le hace jugar al hombre su papel revolucionario o de modificador de la realidad a cara descubierta. Digo que ésta es una crítica de una intelectualidad cómoda debido a que entiendo que la ética no se hace desde una perspectiva de elucubración y retórica verbal, que es muy fácil exponer y proclamar, cuando no se atraviesa por angustias económicas, sino que la ética es fundamentalmente una respuesta a la realidad de vida que define nuestras conductas y convicciones.

Mal se puede pedir a un trabajador asalariado que piense con la ética elitista de quienes tienen un buen pasar económico y se pueden dar el lujo de renunciar a posiciones sociales o a ingresos económicos superfluos. El hombre que necesita del puesto para mal subsistir lo hace no solamente con un criterio egoísta personal, sino que también lo hace pensando en una familia que mantener y a la cual hay que brindarle educación, salud, vestimenta y una vivienda digna, como elementos materiales de sustentación de una vida que pueda considerarse más o menos digna. Este hombre prefiere ser una “casi cosa”, a cambio de la satisfacción de esas necesidades primarias y sociales. Es claro, también existen de los otros, aquellos que prefieren hacer el ejercicio de des-cosificarse y no aceptan las reglas del juego impuestas por los aparatos partidarios enquistados en el poder del Estado.

Estos son los “hombres nuevos”, los mismos que pretendiera lograr hace más de 50 años el Che Guevara (1967). Aprendamos de ellos, aunque no pretendamos que todos los hombres usen esa metodología de ser hombres nuevos, porque a veces la realidad se impone y no hay más remedio que agachar la cabeza y prestarse al juego alienante, aunque, eso sí, nos podemos reservar espacios para continuar luchando por nuestra dignidad total —no ya solamente material— como hombres libres; y uno de los mecanismos sustanciales que se tienen para esa liberación es e] voto secreto y universal.

Vuelvo a repetir, es muy fácil hacer una crítica moralista -o de moralina barata- a los hombres “casi cosa” que no se sublevan. Es muy fácil hacerlo, cuando se tienen oportunidades económicas u ocasiones de poderío en otros ámbitos o estructuras. El autor puede dar cuenta de ello con su experiencia, cuando se dio el gusto, en la única oportunidad que tuvo de ser por algunos meses funcionario público, de transformar la dádiva que se le había encajado para dejarlo conforme en un puesto público y devolviéndoles el cargo a sus autoridades partidarias y de gobierno. Lo que en ese momento hice no es de modo alguno ejemplificador para los miles de asalariados que no lo han hecho y no pueden hacerlo. Personalmente en esos momentos pasaba por una holgada situación económica que me permitía tomar esa respuesta de conducta en apariencia heroica frente a una política del gobierno provincial que no compartía. Pero en modo alguno esa conducta fue heroica porque el heroísmo supone sacrificio de valores o bienes y en este caso concreto no sacrifiqué bien o valor alguno, muy por el contrario, rescaté un valor muy caro para mi salud mental y mi autoestima humana y política. Yo pude hacerlo, porque no sacrificaba bien valioso alguno; el problema adquiere dimensión existencial cuando la situación tiene caracteres distintos. Si lo hubiese hecho en una situación económica de pobreza, no lo sé, ni lo puedo aventurar, hacerlo sería entrar en el plano de la metafísica que escapa al de los hechos reales y sobre el cuál sería muy fácil extenderme en consideraciones que muy difícilmente coincidirían con la realidad

Por último nos dedicaremos al análisis del hombre “cosa” aparentemente reificado en su totalidad. Es el amanuense, el servil, el que resuelve las situaciones de disonancia cognitiva (Festinger, 1957; Rodriguez Kauth, 1976) presentada por los elementos doctrinarios del conocimiento político al cual él adhirió en una campaña electoral y que, sin embargo, ahora que se gobierna y él ha sido callado —y no puede protestar— con la adjudicación de un puesto de trabajo. Esa persona, al observar el manejo corrupto de la administración y de los compañeros políticos que detentan el poder, intenta justificar tales actos —tal como hace el inconsciente con el mecanismo de la negación (Freud, 1915)— reinterpretando la doctrina partidaria y aceptando los abusos del poder.

Se trata de una persona que resuelve el conflicto planteado por la realidad y los conocimientos que se tienen de la misma con un sentido partidario, identificándose con la nueva política instrumentada a despecho de sus convicciones, pero en favor de satisfacer sus demandas personales. Este es el hombre peligroso, ya que antepone sus intereses privados a los intereses colectivos y a las demandas doctrinarias. Es quién llega a traicionar a los movimientos nacionales y populares de liberación porque, dentro del esquema liberal capitalista, se encuentra más cómodo como está hoy, sin importarle que pueda pasar mañana. Se desentiende de los reclamos de sus bases populares y se obnubila con los autos negros y largos de los dirigentes o funcionarios, y con las alfombras rojas que adornan los despachos oficiales. El abrazo de un ministro hipócrita que lo está utilizando bastardamente es más importante para él que el reclamo desgarrador de su pueblo, que sangra por la liberación. Es el hombre posible de corromper… y de estos hay muchos, sobran.

No vamos a decir fácil o difícilmente de ser corrupto, simplemente es corruptible, se presta al juego alienador que plantean los artífices del poder.

Pero cuidado con el análisis que estamos haciendo. Para que haya corrupción administrativa y moral en el ejercicio político no sólo hace falta que hayan estos hombres “cosa” que se dejan corromper, sino que también hacen falta, en igual medida, aquellas personas que corrompen, también ellos son personas “cosa”. En la dialéctica de la corrupción interviene y son agentes necesarios tanto el corrompible como el corruptor. No hay corrompibles sino existen quienes los corrompen y, a su vez, no hay corruptores sino existen los que se dejan corromper. Ambos tipos de personas se necesitan y complementan necesariamente para que aparezca la corrupción como fenómeno social y político en la administración del poder; obviamente, ambos papeles son intercambiables según se vayan dando las circunstancias y las coyunturas políticas en que se apoyan.

También el corruptor es un hombre “cosa”, è1 también está reificado, también está cosificado, en cuanto piensa y percibe a los otros hombres como “cosas”. Ya Hegel (1841) nos señalaba, hace 200 años, al plantear la dialéctica de1 amo y del esclavo, que no solamente el esclavo es tal, sino que también lo es el esclavista, este es un esclavo de su realidad esclavista. Diríamos en lenguaje psicológico contemporáneo que el esclavista —en este caso para nuestro análisis el corruptor— ha internalizado y tiene dentro suyo al esclavo.

También A. Memmi (1969) nos plantea algo semejante frente a la relación entre el colonialista y e1 colonizado a partir de la aplicación de los conceptos y desarrollos tan acertadamente elaborados por J. P. Sartre (1960), desde su crítica de la razón dialéctica. En definitiva, tan “cosa” es quien se deja corromper como quién corrompe, tan alienado está uno como el otro y ambos se necesitan y complementan para dar lugar al todo integrado que es el fenómeno de la corrupción.

Obviamente, que para poder completar nuestro análisis de esta relación, debiéramos dedicar un espacio a los mediadores que se utilizan para corromper. Sin embargo, en este caso los dejaremos sólo señalados, ya que no nos interesan específicamente para nuestro objetivo. Ellos tienen diferentes formas, que pueden ir desde una curvilínea damisela ligera de cascos hasta el uso y el abuso del poder, para quienes se prenden en los altos cargos del gobierno. Para los otros las formas y medios con que se corrompen adquieren manifestaciones más pedestres y rutinarias. Es la comida de todos los días, es el colectivo (bus) en que se traslada gratuitamente a los niños a la escuela, el tratamiento médico gratuito que se le brinda a la madre de varios hijos y que, de otra forma, no lo podría sostener, etc. Estas últimas formas de corrupción son las más lamentables y peligrosas ya que actúan sobre las necesidades básicas de la población desamparada (Rodríguez Kauth, 2013) y pegan fuerte en la autoestima de los individuos, los que deben prestarse a este manejo alienante y mendaz. Este proceso que venimos de reseñar no sólo afecta al individuo como tal en sus dimensiones psicológicas y de participación social; sino que fundamentalmente provoca el fenómeno de aislamiento y, más propiamente, el de extrañamiento, el que fuera reconocido acertadamente por G. Lukács (1969), hace más de 80 años. El individuo se siente algo así como un objeto, una “cosa”, a través del uso de estas metodologías manipuladoras y que, consecuentemente, es tratado y considerado por los otros como tal, siendo en definitiva una simple mercancía. Entonces, las personas no son más que el producto de una relación entre “cosas”, tal como ya lo señalara K. Marx (1843) al referirse brevemente a los procesos de cosificación.

Al ser un objeto de la relación social cosificada, el hombre, la persona, pierde su potencia protagónica y aparece en él la sensación de impotencia que le impide considerarse un protagonista más de la historia y, por consiguiente, un miembro importante en el proceso de cambio histórico. El individuo cosificado por la corrupción del poder se pierde en su dimensión humana y se desmoviliza en su papel de protagonista de la historia. El eje de ésta pasa por el piolín de los titiriteros de turno que son los que lo mueven como a una marioneta, dado que él ya enajenó su capacidad y poder de decisión a quienes les colgaron una dádiva.

Asimismo este proceso, descripto en el párrafo anterior, se enlaza simultáneamente con la falsa identificación que hacen los titiriteros entre el Estado y el Partido, confundiendo ambos niveles de la actividad política y provocando, tanto en los afiliados y simpatizantes partidarios en particular, como en los ciudadanos en general, esta falsa identificación que conlleva la ambigüedad perceptual y no poder entender lo que está sucediendo. Este último es un fenómeno fácil de observar entre aquellos gobernantes que juegan las internas partidarias desde el aparato de gobierno para satisfacer y acallar los reclamos internos del Partido. Si unimos los dos procesos enlazados que venimos de señalar, se comprenderá, sin mayores esfuerzos, porqué se producen las desmovilizaciones populares, las que dejan aislados a los gobernantes y quedan solamente rodeados de una corte de alcahuetes, adulones y acomodados de turno rodeando a los gobernantes que caen en esa tentación de la seducción del poder.

Cuidado con esto último. Vale aclarar que no es el pueblo el que aísla a estos gobernantes, sino que son ellos mismos los que se aislaron del pueblo al dejar de considerar a éste como un conjunto soberano, para considerarlo bastardamente como un rebaño de ovejas. Este fenómeno de la desmovilización particularmente nos preocupa, debido a que el mismo no sólo se puede leer como una nueva frustración del pueblo a la confianza depositada, sino que, desde una perspectiva macro estructural, significa la caída de las banderas de liberación o, por lo menos de cambio, con el consecuente repunte de los programas retardatarios y reaccionarios, representados por las derechas fascistas, amparadas y sostenidas por los fusiles de la dependencia y lo anti popular.

Todo lo cual abre, sin lugar a dudas, un panorama sombrío e incierto para las incipientes democracias de “nuestra” América, si sus gobernantes no cambian la metodología de trabajo y dejan de considerar a los ciudadanos como insignificantes “cosas”, a las cuales se las contenta con una dádiva, a la vez que dejan de identificar falsamente los niveles de gobierno y partidarios.

En conclusión

Considero que es oportuno terminar este articulo recordando unas palabras del humanista E. Fromm (1971) quien nos recuerda y alerta que “… no podemos, sin sufrir grave prejuicio, enfrentar la pérdida de ninguna de las conquistas fundamentales de la democracia moderna, ya se trate del gobierno representativo —esto es, e1 gobierno elegido por el pueblo y, responsable frente a él— o de cualquiera de los derechos garantizados a todo ciudadano por la Declaración de los Derechos del Hombre. Ni podemos hacer concesiones con respecto al nuevo principio democrático, según el cual nadie debe ser abandonado al hambre -pues la sociedad es responsable de todos sus miembros-, ni al miedo y la sumisión, o bien condenado a perder el respeto de sí mismo, a causa del temor a la desocupación y a la indigencia. Estas conquistas fundamentales no solamente han de ser conservadas, sino que también deben ser desarrolladas y fortificadas”.

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Por gentileza de C@hiers de Psychologie Politique

Una revisión teórica para el estudio de la gobernanza de la seguridad pública

Javier Carreón Guillén
Doctor en Administración, Profesor de Carrera Titular “B”, UNAM, Coyoacán, México
Jorge Hernández Valdés
Doctorando en Trabajo Social, Profesor de Carrera Titular “C”, UNAM, Coyoacán, México
Cruz García Lirios
Doctor en Psicología, Profesor de Asignatura, UAEMEX, Huehuetoca, México
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Resumen

Los ejes y temas de discusión entre gobernantes y gobernados son construidos y establecidos en una agenda pública, así como el escenario en el que éstas diferencias se superan es entendido como gobernanza. A partir de ésta distinción, se llevó a cabo una revisión de los marcos epistemológicos, teóricos, conceptuales y empíricos en torno a la seguridad pública con la finalidad de anticipar escenarios de conciliación entre actores políticos y sociales respecto a la rectoría del Estado y participación civil. Se advierten líneas de investigación concernientes a la corresponsabilidad como factor de transparencia y rendición de cuentas en los medios de comunicación. Además, se proponen dos áreas de la psicología relativas a la agenda y la gobernanza como subdisciplinas explicativas de las diferencias entre actores políticos y sociales, así como el advenimiento de compromisos y acuerdos en la toma de decisiones.

Palabras clave: Seguridad, gobernanza, agenda, rectoría, participación.

Introducción

La seguridad pública está asociada con un grado de violencia tal que incluso los medios de comunicación la deben minimizar o maximizar, según sus intereses, para incidir en la opinión pública y la agenda política. En virtud de que los homicidios son el indicador principal de violencia en México, el presente trabajo se avocó a discutir la relación asimétrica entre Estado, medios de comunicación y ciudadanía. Para tal propósito, se revisan La Teoría del Establecimiento de la Agenda y la Gobernanza que explican el sesgo de los medios con respecto a los hechos y las políticas de seguridad y violencia en el país. Posteriormente, se explica la relevancia de la violencia en referencia a los medios de comunicación y su función mediática de los hechos.

El Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad A. C. en su informe correspondiente al año 2010 relativo a los homicidios identifica al Estado de México como la entidad con mayor número de delitos de privación de la vida durante el periodo 1997 a 2010

Alrededor de seis mil homicidios por cada 100 mil en promedio, El Estado de México lidera la lista de urbes más inseguras. En contraste, los estados de Baja California y Colima tuvieron el número más bajo de homicidios por cada 100 mil habitantes.

Respecto a homicidios culposos definidos como lesiones no intencionadas de privar de la vida a una persona mediante cualquier objeto, el Estado de México y después Jalisco son las entidades con mayor riesgo de ser privado de la vida incidentalmente. Los estados de Baja California y baja California Sur tienen el menor número de los casos durante el mismo periodo de 1997 a 2010.

No obstante, la tendencia de homicidios cometidos en el Estado de México y el estado de Jalisco, los homicidios dolosos se han presentado con mayor frecuencia en el estado de Chihuahua durante los últimos años. En este sentido, la prevalencia de casos de homicidios intencionales parece estar relacionado con la interacción entre los habitantes de estados Unidos de América (USA por sus siglas en ingles) y los Estados Unidos Mexicanos a lo largo de la frontera.

Por el contrario, los estados con el menor número de homicidios, Yucatán, Colima y baja California Sur parecen comprobar la hipótesis de la frontera insegura entre EUA y México. En el caso del estado de Sinaloa, los homicidios se han incrementado sustancialmente en los últimos años. No obstante, el Estado de México es la entidad en donde se comete más homicidios.

La tendencia de homicidios concentrada en el Estado de México es corroborada por la cantidad de homicidas del fuero común. Sin embargo, la Ciudad de México lidera este rubro con el mayor número de privadores de vida.

Respecto a la impunidad, el estado de Tlaxcala parece cometer el mayor número negligencias.

En el caso de la Ciudad de México, el mayor número de sentencias parece indicar un sistema eficaz de procuración e impartición de justicia puesto que de los 800 homicidas reportados todos fueron sentenciados.

En síntesis, la prevalencia de homicidios en el centro del país parece indicar un sistema de violencia sociopolítica en la que la opacidad, corrupción y negligencia serían los elementos consustanciales de la tendencia ascendiente de homicidios. En contraste, la violencia en la frontera norte, a pesar de tener una incidencia menor por cada 100 habitantes, ha sido magnificada por los medios de comunicación. El análisis y la discusión de ambos aspectos podrían llevarse a cabo considerando el enfoque de sistemas políticos y mediáticos, así como el establecimiento de la agenda política a partir de los temas incluidos en la agenda de los medios y su incidencia en los temas de opinión pública.

En México los casos de homicidios ocupan un lugar preponderante en la agenda mediática, pública y política. En tanto tendencia de violencia social, los homicidios, principalmente los dolosos, al ser difundidos por los medios de comunicación, repercuten en la opinión pública, principalmente en su percepción de inseguridad.

De acuerdo con el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), la tendencia de homicidios se ha concentrado en el Estado de México. En dicha entidad, los homicidios dolosos y el número de homicidas se han incrementado durante el periodo que va de 1997 a 2010. No obstante, el número de sentencias ha disminuido notablemente.

A pesar de que esta tendencia es estadísticamente consistente con los reportes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) correspondientes al informe de 2010, los medios de comunicación parecen concentrar sus esfuerzos en demostrar la hipótesis en torno la cual se considera a las ciudades fronterizas con los Estados Unidos de América (EUA) como las más inseguras del país. O bien, los medios de comunicación parecen enfocar su cobertura en los estados identificados como entidades de narcotráfico en el que los cárteles se disputan el territorio e incrementan con ello, la inseguridad, la violencia y los homicidios.

Sin embargo, la tendencia de los homicidios reportados por el ICESI, INEGI y los medios de comunicación parecen no coincidir con las percepciones de inseguridad reportadas por los estudios del estado del arte. En estas investigaciones, los homicidios son considerados como el resultado de estados emocionales o características sociodemográficas que hacen más proclive la comisión del delito. Es decir, los perfiles socioeconómicos, demográficos y psicológicos de los homicidas parecen indicar que la privación ilícita de la vida es el resultado de una combinación de tendencias estadísticas que determinarían la comisión del delito.

En síntesis, la tendencia de los datos reportados por el ICESI e INEGI parece contradecir la cobertura de los medios de comunicación y las percepciones de inseguridad esgrimidas en el estado del arte. Para demostrar esta aseveración es indispensable estructurar metodológicamente un estudio longitudinal.

La primera etapa necesariamente sería retrospectiva porque el registro de los hechos puede compararse con la cobertura mediática y en consecuencia, establecer sus diferencias con base en el sesgo sistemático informativo.

Demostrado el sesgo sistemático, la segunda etapa consistiría en la demostración del efecto del sesgo informativo en la percepción de la gente. En este sentido, resulta fundamental delimitar o circunscribirnos a los hechos relevantes que pueden estar presentes en la memoria de la opinión pública. Tales son los casos del “Casino Royal”, “las ejecuciones de migrantes”, “La Caravana por la paz con justicia y dignidad” entre otros que al estar presentes en la memoria colectiva pueden ser evidencia de la relación causal entre la cobertura mediática y la percepción.

En esta segunda fase, habría que demostrar la presencia de los hechos relevantes en la memoria colectiva. Para tal fin, se le preguntaría a las personas que nombrasen los diez hechos más importantes según sus experiencias y los diez eventos según la prensa. Una vez recabada la información, se construirían reactivos con contenidos de los eventos relevantes y se aplicarían a una muestra de las personas previamente entrevistadas. Posteriormente, se construirían reactivos con las citas textuales de la cobertura mediática y se aplicarían a la misma muestra. Los resultados esperados podrían indicar una relación entre los reactivos de las experiencias y los reactivos de la cobertura mediática. 

La contrastación de los dos principios de la Teoría del Establecimiento de la Agenda no sólo explicaría el sesgo y la manipulación informativa de los medios de comunicación sobre la opinión pública, además develaría la opinión pública de las políticas, programas y acciones de gobierno ante la inseguridad y la violencia. En la medida en que los medios de comunicación intensifiquen los contenidos de su agenda, propiciarán un aumento en la opinión ciudadana respecto a la procuración e impartición de justicia, y un decremento de la opinión crítica. En este sentido, el establecimiento de la agenda de seguridad nacional ya no sólo se realizaría desde los medios para incidir en las estrategias de las fuerzas coercitivas tales como la gendarmería, la armada, el ejército o la policía, sino desde la persuasión y la evaluación ciudadana de las políticas públicas y sociales relativas a combatir los noticieros, los editoriales o los documentales alejados de las mediciones académicas de inseguridad y violencia.

Teoría de la Gobernanza y la Agenda de la Seguridad Pública

En México la violencia sociopolítica definida como el sesgo informativo en torno a la prevalencia de un delito respecto a otros delitos, en un espacio determinado por la agenda de los medios de comunicación, y en referencia a la opinión pública de las políticas públicas del Estado para combatir dicha prevalencia mediática, alude a un contexto en el que la inseguridad pública es reducida a una prevalencia de homicidios en la frontera norte a pesar de que el centro del país tiene un mayor número de casos.

La violencia sociopolítica implica a tres actores: Estado, medios de comunicación y ciudadanía inmersos en la perspectiva de un país inseguro y violento en el que la acción gubernamental ha sido evaluada por la opinión pública como corrupta, pero matizada como “mal necesario” para seguridad nacional por los medios de comunicación cercanos a la política de seguridad y como “acción inecesaria” por los medios de comunicación críticos.

Ante este panorama el análisis de la violencia sociopolítica podría llevarse a cabo a partir de los sistemas políticos coercitivos y persuasivos, así como desde la Teoría del Establecimiento de la Agenda (TEA). Dos hipótesis sustentarían el análisis: el sesgo informativo coercitivo y la manipulación comunicativa persuasiva.

La primera sostiene que los medios de comunicación seleccionan los contenidos de sus programas a partir de criterios coercitivos más que de veracidad o verosimilitud de los hechos. Se trata de un sesgo mediático puesto que los hechos, una vez que han ocurrido son susceptibles de ser reducidos o amplificados por parte de reporteros, comentaristas o comunicadores. En el caso de la violencia, la interpretación que los medios llevan a cabo de los hechos es transmutado en noticias, reportajes o comentarios. Tal metamorfosis reduce el contenido de un hecho a un lenguaje accesible para las audiencias. Sin importar la magnitud de los eventos, los medios de comunicación y el Estado contextualizan, enmarcan e intensifican las relaciones entre los hechos.

La segunda hipótesis plantea que el sesgo de los hechos por parte de los medios de comunicación y el Estado lleva a las audiencias a procesar las imágenes y los datos de modos distintos. Las audiencias que perciben los hechos a partir de imágenes con un bajo discurso interiorizan los mensajes para desarrollar sentimientos o afectos respecto a los eventos. Las audiencias que procesan datos, tienden a cuestionar los mensajes estadísticos o gráficos y desarrollan necesidades de cognición que las llevarán a buscar más información al respeto, contrastar las versiones de los medios y construir argumentos a favor o en contra de los sesgos mediáticos.

Ambos procesos, afectivo y racional en torno a los mensajes con respecto a los hechos, se construyen en escenarios sociopolíticos en los que el poder de persuasión y disuasión están presentes. Es decir, la relación entre los medios de comunicación y las audiencias está permeada de asimetrías en las que los individuos pueden ser persuadidos o disuadidos en sus opiniones. En el caso de la violencia, las imágenes pueden influir en quienes opinan que el país se encuentra bajo un clima de concordia. O bien, los datos estadísticos pueden disuadir a quienes piensan que la violencia es un mal endémico.

Precisamente, el objetivo del presente trabajo es discutir los alcances y los límites de la TEA en referencia a los casos de homicidios reportados en el año 2010 por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad A. C. El análisis permitirá construir una metodología para el estudio de la violencia a partir de las dos hipótesis de la TEA expuestas líneas arriba. El ejercicio reflexivo y metodológico permitiría esclarecer el impacto de la cobertura de los medios de comunicación sobre la percepción de inseguridad pública y las políticas públicas del Estado ante la coyuntura de violencia sociopolítica indicada por la prevalencia de homicidios. Por último, el análisis permitirá develar dos sistemas políticos: uno coercitivo y otro persuasivo inherentes a la violencia sociopolítica.

Un sistema, definido como un modelo de factores orgánicos abiertos al intercambio de energía con otros sistemas, fue planteado por Bertalanffy (1968) para explicar la estructura de la biosfera. Esta propuesta fue retomada por Luhmann (1986) para referir a la autorganización comunicativa del poder. A diferencia de Bertalanffy, quien afirma que todo sistema está organizado a partir del intercambio con su entorno, Luhmann (1992) sostiene que el Estado es un sistema de comunicación que se especializa en la persuasión de sus subsistemas.

La simplicidad política es una dimensión coercitiva del Estado derivada de la ilegitimidad electiva y concentración del poder en un líder o grupo. La simplicidad coercitiva alude a procesos irracionales en los que la personalidad del líder o la dinámica del grupo en el poder determinan sus decisiones y acciones sin considerar los costos y los beneficios de sus convicciones. La simplicidad ilegitima se sustenta en una ética carente de responsabilidad y propensión al futuro. Se trata de una aversión a la certidumbre en la que las emociones definen el rumbo de un Estado. El azar aunado a la mística parece ser considerados para emprender conflictos en nombre del nacionalismo, la identidad, el poder e ideología. La simplicidad coercitiva representa una dimensión de la historia de la humanidad en la que los conflictos producían cambios aún a pesar de que tales discrepancias se sustentaran en los límites personales o grupales que ilegítimamente representan a un Estado. La simplicidad política es un mecanismo de coerción de los sistemas tribales, autoritarios, totalitarios o en transición que aspiran a la democracia, aunque ésta implique un cambio diversificado en las formas de Estado y los regímenes de gobierno.

El pensamiento sistémico luhmaniano parece coincidir con la propuesta de un Estado moderno sólido. Bauman (1998) sostiene que las ciudades fueron construidas bajo el principio de modernidad que consiste en seguridad e identidad en torno a un Estado omnipresente. Las urbes fueron edificadas para proteger a sus habitantes de las invasiones o inundaciones. Toda ciudad moderna, tenía un centro de poder en el que ubicaban panópticos que permitían la vigilancia interna y externa. Durante esta etapa de modernidad, el Estado era sinónimo de solidez y robustez. Este planteamiento baumaniano del poder monopólico del Estado, concuerda con el concepto luhmaniano de autorganización sistémica.

El Estado, es un sistema que se organiza en torno a sus elementos internos y factores externos que justifiquen su coerción. Ambos, son esenciales para el funcionamiento sistémico del Estado. Los elementos endógenos, al ser amenazados por los factores externos, necesitan someterse a un sistema de coerción que garantice su seguridad. Tanto Bauman como Luhmann piensan en un Estado coercitivo que unifica las simetrías y extermina las asimetrías.

Sin embargo, entre el planteamiento baumaniano y la propuesta luhmaniana hay una diferencia sustancial que alude a la modernidad del Estado. Para Bauman (2002) el mercado está sustituyendo al Estado, para Luhmann el Estado se ha complejizado hasta un punto tal que el mercado es un nuevo mecanismo de control persuasivo.

El Estado guiddeniano refiere a una autoestructuración de sus subsistemas endógenos. Se trata de una democracia estructurante. Es decir, los elementos endógenos del Estado convergen en normas que los diferencian de los factores exógenos. Más aún, los elementos internos del régimen, son considerados, en primera instancia, súbditos por Guiddens (1979) porque sólo internalizan sus normas coercitivas. Luhmann sostendría que el Estado, en tanto se organiza internamente, determina sus subsistemas endógenos, pero son éstos elementos internos los que configuran al régimen.

Si la política es el debate de ideas y la construcción de consensos en torno a una agenda, entonces el Estado incide en el debate público a través de sus instituciones de gobierno al mismo tiempo que los individuos, grupos, asociaciones, sindicatos, gremios, agrupaciones, conglomerados y sociedades reconfiguran su gobernanza. En este nivel de análisis, Luhmann parece referir a una democracia participativa en el mismo sentido planteado por Kymlicka (1969). El filósofo alemán parece convenir con el filósofo canadiense en la idea de participación política como complemento de la estructuración del Estado. Es aquí donde el mercado tiene cabida en el esquema sistémico del poder político, las formas de gobierno y los regímenes de Estado.

El mercado, aparece como un tercer poder, incluso coercitivo, entre el Estado y sus elementos endógenos que Kymlicka (1995) llama ciudadanía participativa y Guiddens reconoce, en segunda instancia, como agencia. Estado, mercado y ciudadanía serían estructuras de un mismo sistema develado por su tendencia a excluir la diversidad que atente contra su estructuración política coercitiva. Esta triada en tanto sistemas interdependientes o subsistemas convergentes de coerción son los fundamentos sistémicos de la realidad política. Es decir, los individuos que integran las instituciones, las personas que trabajan en las organizaciones y los ciudadanos que participan en las sociedades, son factores de coerción con el objetivo de excluir a portadores de normas, valores y creencias que diversifiquen la realidad política.

La coerción política esgrime instituciones pretorianas que se encargaban de ejecutar los designios de los líderes. Tales instituciones mantenían una vigilancia sobre los súbditos porque eran considerados disidentes y por ello había que someterlos a un régimen represivo que les impidiera vaticinar cambios estructurales desfavorables al sistema.

No obstante, los avances técnicos y científicos incrementaron el intercambio comercial entre los feudos y con ello el aumento de la población fue considerada una amenaza para el régimen. Por ello, las fronteras se abrieron al comercio y la migración. Ambas germinaron en ideas de libertad. Una vez puesta en marcha la ideología liberal se requería de instituciones que contribuyeran a la legitimidad de la república reduciendo la disidencia a un plano crítico disuasivo de las movilizaciones armadas.

Una vez creadas las constituciones, los partidos, los líderes, los simpatizantes e incluso los disidentes, se firmaron los protocolos para legitimar la contienda, el debate, los comicios, la transferencia y el ejercicio del poder político. El nuevo sistema se diversificó, fue adoptado y ajustado según las características de la ciudadanía y sus integrantes.

En sociedades individualistas tales como las europeas y las norteamericanas, en el ámbito público, los Estados otorgan autonomía absoluta o relativa a sus ciudadanos para que en el ámbito privado su autocontrol determine decisiones y acciones personales más que grupales, sectoriales o sociales. El crecimiento y la prosperidad económica es el resultado de esfuerzos, capacidades, conocimientos, habilidades e innovaciones individuales.

En sociedades colectivistas tales como las latinas o asiáticas, los Estados intervienen en las esferas públicas y privadas para contribuir a la identidad y el arraigo de sus ciudadanos. El Estado apela al crecimiento, al avance y al progreso como resultado de la unión de las diferencias y las desigualdades, la solidaridad y la cooperación.

En el plano político, el sistema persuasivo no ha sido diversificado del todo a pesar de que cuenta con tres modelos de representación y gobernanza. Se trata del parlamentarismo, el presidencialismo y el semi-presidencialismo. El sistema presidencialista ha sido asociado con la concentración del poder de iniciativa y el poder de veto, y estaría relacionado con los sistemas coercitivos puesto que en sociedades con un presidente tienden al populismo. Es decir, el poder de iniciativas y el poder de veto no han sido desarrollados como instrumentos persuasivos, sólo como instrumentos de desequilibrio en torno a la relación entre el ejecutivo, legislativo y judicial.

La prevalencia del ejecutivo sobre las otras figuras políticas abre la posibilidad de un sistema clientelar ya que las decisiones populistas estarían en función del electorado. El desarrollo de un sistema político persuasivo implicaría el sesgo deliberado los problemas económicos y políticos en función de la racionalización de la opinión pública y un proyecto colectivo de nación.

Sin embargo, los sistemas persuasivos en el futuro parecen orientarse hacia dos formas de Estado y regímenes de gobierno. Dado que el deterioro ecológico amenaza cada vez más a economías, regímenes políticos y ciudadanos-consumidores, el nuevo modelo de desarrollo sustentable definirá dos sistemas complejos: aversión ó propensión al futuro. El primero se caracterizará por un amplio espectro de opciones partidistas, candidaturas, debates, contiendas en general que vaticinaran a la escasez o extinción de recursos y distribución condicionada entre las especies animales y vegetales, las generaciones actuales y futuras como su principal justificación, estrategia, plataforma y legitimidad política. El segundo tendrá una amplia gama de ideas en las que cada una serán discutidas para definir una agenda universal como principal estandarte de disponibilidad y distribución equitativa de los recursos entre especies y generaciones.

En síntesis, la simplicidad coercitiva y la complejidad persuasiva son políticas de aversión y propensión al futuro construidas por instituciones tanto ilegítimas como legítimas en torno a las cuales coexisten desigualdad e igualdad, represión y libertad, injusticia y justicia, sometimiento y dignidad, irracional y racionalidad, disidentes y adherentes, estructura y coyuntura, economía y comunidad, globalización e identidad. En suma, Estado y ciudadanía. Tal coexistencia se debe a la transferencia sesgada y manipulada de información por parte de los medios de comunicación masiva de una entidad política a una entidad cívica.

El Estado, en su proceso evolutivo que va de la simplicidad coercitiva a la complejidad persuasiva, ejerce su poder sobre la ciudadanía predominantemente en imágenes y discursos que por un lado propician emociones y comportamientos intermitentes y por el otro provocan razonamientos sistemáticos sobre su legitimidad.

El Estado puede ser coercitivo, estructurante al individuo mediante sus instituciones según Giddens (1979), pero es en esencia un modelo persuasivo que excluye del poder a sus subsistemas competidores para autorganizarse. Bauman (2005) se aproxima al concepto luhmaniano de Estado al considerar que evolucionó para ser considerado un instrumento de seguridad, confort e identidad para los habitantes de la zona central sólida urbana en referencia a la inseguridad, pauperización y desarraigo de los migrantes asentados en la periferia urbana. Sin embargo, Luhmann aclara que en tanto sistema, el Estado diversifica las relaciones de poder que tiene con sus subsistemas. Si el Estado Baumaniano ha transitado de la solidez a la liquidez, el Estado luhmaniano ha transitado de la simplicidad a la complejidad, de la coerción a la persuasión.

En esencia, el Estado Moderno y su sistema político persuasivo difunden imágenes más que discursos porque tales símbolos propician indecisión e inacción entre los habitantes de un territorio.

Luhmann sostiene que un sistema autoevoluciona a partir de un subsistema persuasivo regulador de las desigualdades entre sus elementos endógenos. En esencia, éste subsistema ha evolucionado de otro que empleaba la coerción para dividir y unir a los subsistemas. Este sistema regulador es persuasivo porque controla los flujos de información que les permitirían a las personas tomar decisiones acordes a la situación por la que atraviesa el sistema. En la concepción luhmaniana, el control de los medios masivos de comunicación provee de un poder limitado al Estado ya que las nuevas tecnologías y sobre todo su evolución, conllevan más costos que beneficios.

El Estado debe evitar envolverse en la incertidumbre que caracteriza a las sociedades. Incluso, mediante campañas políticas, el Estado debe disuadir a los factores exógenos que lo amenazan y persuadir a los elementos endógenos que lo fortalecen. El Estado totalitario o autoritario que controló los medios de comunicación terminó por construir una imagen de injusticia. En cambio, el Estado que otorga libertades a los medios se somete a la crítica, infundada, de sus disidentes e incluso simpatizantes. Por ello, el Estado debe mostrarse con apertura al dialogo, al debate, al plebiscito, al juicio moral, social y político.

El Estado alcanza su legitimidad construyendo una imagen que el electorado perciba como justa o cuando menos, no injusta. Luhmann descubrió primero que nadie, el futuro mediático del Estado y enfocó su análisis en la comunicación con sus subsistemas. En tiempos donde la imagen se impone al discurso, el Estado requiere de publicistas, mercadólogos y diseñadores más que de estrategas antimotines, policías antidisturbios o periodistas proselitistas. En efecto, la justicia es un tema que se olvida en la medida en que la apariencia de la imagen se impone como instrumento de legitimidad y legalidad ante la percepción del electorado. En este sentido, Kymlicka (1995) advierte que la participación ciudadana debe ir más allá de la exigencia, la crítica o la manifestación, la libertad le ha sido otorgada al individuo para construir un sistema redistributivo del poder en el que los contrapesos son fundamentales para su conservación. No obstante, Bauman (2008) asegura que al vivir en un sistema consumista no será necesaria la perpetuación del Estado, la persuasión subsistémica o la participación multicultural porque antes de que eso ocurra el sistema se habrá autoliquidado. Es decir, los medios de comunicación en tanto subsistema persuasivo de la complejidad política, seleccionan y difunden los temas que la opinión pública, en primera instancia, y el Estado, en última instancia, adoptaran en una agenda pública de discusión.

McCombs (1972) elaboró la Teoría del Establecimiento de la Agenda para explicar dos mecanismos subsistémicos de selección y difusión de los temas que la opinión pública y la clase política adoptará como agenda de discusión pública. Los titulares y encabezados de los medios de comunicación masivos son elaborados a partir de criterios mediáticos tales como los niveles de audición y comercialización. En este sentido, los eventos, sucesos o hechos no implican necesariamente la cobertura mediática sino implican altos niveles de expectación e interés de patrocinadores.

Debido a que la cobertura mediática es diferente a los hechos porque los maximiza, los minimiza, los omite o los distorsiona, los medios de comunicación inciden directamente en la agenda pública e indirectamente en la agenda política. McCombs considera a la televisión, la radio y los periódicos no como medios transmisores de los acontecimientos públicos sino como productores de información. En este sentido, los públicos no son los receptores de la información sino intermediarios que transmiten los intereses informativos de los medios para incidir en las políticas públicas.

McCombs concibe a los medios de comunicación como estructuras persuasivas que determinan tanto los elementos endógenos como los elementos exógenos del sistema político. Al seleccionar y difundir determinados hechos, los medios de comunicación definen la inclusión y exclusión de temas y criterios de discusión correspondientes. Al incidir en la opinión pública, los medios de comunicación homogenizan los subsistemas persuasivos reduciendo las libertades a una agenda mediática.

En tal sentido, McCombs contrapone el término “audiencia” al concepto de participación de Kymlicka. La justicia es para McCombs el resultado de una selección y difusión de temas y criterios para su discusión. La agenda mediática para Kymlicka es el resultado de la participación racional ciudadana. La audiencia en el planteamiento mccombsiano es intermediaria y transmisora de la información fragmentada y reducida a imágenes que influirán en las protestas, mítines, marchas, bloqueos y manifestaciones colectivas que en la concepción kimlickaniana son el resultado de la racionalidad individual y la discusión pública.

La Teoría del Establecimiento de la Agenda de McCombs complementa el planteamiento baumaniano de la modernidad líquida. Si la modernidad sólida se sustentaba con los subsistemas coercitivos tales como el ejército que proveía seguridad a los súbditos, la posmodernidad líquida se construye con subsistemas persuasivos tales como los medios de comunicación que proveen criterios de discusión de temas a los públicos o audiencias. No obstante, McCombs estaría en desacuerdo con Bauman sobre la liquidez del sistema político.

El Estado, su sistema persuasivo y sus subsistemas mediáticos, son productores de información que las audiencias adoptan en forma de valores, normas, percepciones, creencias, actitudes, motivos e intenciones improvisadas, pero permanentes porque se activan cada vez que las audiencias discuten un tema. Es decir, el sistema de la complejidad política se perpetúa a través de la estructura de creencias y valores provocados por la selección y difusión de información. En este punto, McCombs (1972) y Giddens (1991) interceptan sus teorías al evidenciar la primacía de las normas, valores y creencias sobre los conocimientos de la opinión pública y las políticas públicas.

La relación asimétrica en el Estado y la ciudadanía, al estar mediatizada, produce afectividad discursiva más que conflicto y cambio. Es decir, los símbolos en torno a la disponibilidad y distribución de los recursos naturales a partir de derechos, capacidades, necesidades y expectativas de la ciudadanía delinean creencias, decisiones y acciones antropocéntricas que por su naturaleza emotiva son intermitentes.

Si la complejidad de un sistema consiste en un incremento de la identidad ciudadana hacia su Estado, si la identidad denota acuerdos y desacuerdos con el Estado, si los subsistemas muestran la diversificación del poder, entonces el Estado une a disidentes y adherentes al mismo tiempo que fragmenta principios, creencias, decisiones y acciones.

Si el Estado ha dividido a sus subsistemas en centrales y periféricos favoreciendo a los primeros y obstaculizando a los segundos, el Estado luhmaniano ha seducido a sus subsistemas hasta un punto tal en el que lo consideran imprescindible para su desarrollo. A pesar del liberalismo político, que supone la maximización de las libertades frente a la minimización de las igualdades, el Estado luhmaniano se erige como el gendarme por excelencia y legitimidad sin el cual, el mercado estaría condenado a su extinción. Es por ello que Rawls (1971) se aproxima a la concepción luhmaniana del Estado al considerar que una libertad sin Estado o por el contrario, el totalitarismo, son polos injustos cuyas consecuencias convergen en una distribución asimétrica del poder. Por ello, tanto Rawls como Luhmann están de acuerdo en que el Estado asuma el control limitado de la sociedad para perpetuarse como la institución política más importante de la historia.

De este modo, el Estado es un sistema persuasivo que distribuye asimétricamente el poder para perpetuar su hegemonía sobre los subsistemas que lo configuran.

Si el Estado busca su eternización y trascendencia complejizando su hegemonía política, entonces los subsistemas son factores externos e internos que fundamentan la autorganización del Estado.

Kymlicka observa un problema fundamental en la sociedad multicultural canadiense a la que expone como un conglomerado de diversidad. La preocupación del filósofo canadiense es muy parecida a la advertencia del filósofo ingles Rawls: la justicia en la equidad y la diversidad. En efecto, detrás de todo sistema político está el dilema fundamental de la igualdad versus la libertad.

Un sistema en el que todos tienen el mismo punto de oportunidad y necesariamente tendrán un mismo punto de llegada o encuentro, es una sociedad altamente coercitiva y por ende, injusta. Un sistema en el que las oportunidades están reservadas para unos cuantos limita la libertad de elección y con ello amplifica la brecha entre los subsistemas favorecidos y los subsistemas excluidos. Por ello, tanto el filósofo canadiense como el filósofo norteamericano están a favor de la libertad en su más amplio sentido. Sin embargo, Kymlicka es menos efusivo al plantear que la participación ciudadana es la determinante de toda libertad y justicia en un sistema.

En contraste Rawls (1971) considera que es el mismo sistema quien debe procurar la compatibilidad entre la libertad individual y la equidad social. Ambos, están a favor de la libertad que diversifique y al mismo tiempo unifique al sistema. Un Estado que promueve la libertad ciudadana para su participación acepta su restructuración en función de la diversidad de ideas. Un régimen que limita la libertad asume las consecuencias de la injusticia social. Una democracia injusta requiere de subsistemas para legitimarse y un Estado justo se legitima a partir de la libertad de sus elementos endógenos a costa de eliminar los factores externos.

La distribución de recursos en un sistema implica un problema fundamental en torno a su redistribución. En esencia, el Estado no podría encargarse de regular las relaciones entre sus elementos endógenos, pero puede otorgar libertades de decisión y acción. Por ello, en la concepción liberal de Nozick (1998), el Estado se enfoca en cuestiones mínimas tales como el derecho de propiedad y la seguridad de la misma. El Estado deja a la libre elección la competencia y la solidaridad entre sus elementos endógenos.

El Estado produce injusticia retributiva porque sólo atiende a las necesidades de quienes son propietarios de recursos. En contraste, Rawls considera que el Estado debe impulsar la libertad de elección como contrapeso a las desigualdades endógenas del sistema. El Estado rawlsiano, a diferencia del nozickniano, maximiza la libertad y minimiza la desigualdad, se trata de un Estado en el que se produce justicia limitando las decisiones personales que contravienen el bienestar colectivo. Este mecanismo de coerción al individualismo requiere de mecanismos de consenso en donde los subsistemas endógenos participan racionalmente en el debate, votación, legislación e implementación de una ley reguladora de la competencia por los recursos. Nuevamente, la complejidad del sistema se asoma para insistir en el final de la coerción y el devenir de la persuasión.

En torno al concepto de agenda se han propuesto dos términos. El primero de Muñiz (2007: p. 92) define agenda como una colección de temas compartidos por comunicadores, políticos y audiencias. No obstante, los estudios sobre el establecimiento de la agenda se enfocan en el proceso por el cual los medios de comunicación seleccionan los temas que las audiencias recepcionaran como de suma importancia y posteriormente discutirán con base en los conceptos difundidos por los medios. Una segunda propuesta de Chihú (2011: p. 31) la define como un problema social, a menudo conflictivo, que ha recibido cobertura mediática sesgando la atención del público hacia determinados objetos o cuestiones de la escena política y social en los que el público confía y asigna importancia en función del grado de relevancia mediático.

La Teoría del Establecimiento de la Agenda (TEA) asegura que los medios de comunicación difunden temas de violencia a partir de sus intereses y no de la tendencia de casos del fuero común o federal. Igartua, Muñiz, Otero, Cheng y Gómez (2008: p. 5) plantean que los medios de comunicación masiva determinan y dictan los temas que la gente comentará. La opinión pública construirá percepciones sobre la importancia de los temas expuestos en los medios. Posteriormente, la gente comentará los temas incluso con las palabras utilizados por los profesionales de la comunicación en televisión, radio, prensa e internet. Obregón, Arroyave y Milena (2009: p. 24) plantean que el establecimiento de la agenda pública se construye con estrategias de contexto tales como; mayor primacia, cobertura, tiempo y espacio a noticias relativas. En esto consistiría el poder mediático ya que los medios de comunicación pueden enfatizar un tema sin tener que asumir riesgos.

La TEA explica la prevalencia de imágenes y sus efectos sobre la percepción de inseguridad de las audiencias y en el caso de los medios impresos, el efecto es en el discurso de sus lectores sobre la violencia y particularmente, los homicidios dolosos. De León (2008: p. 166) demostró que los medios de comunicación invisten de atributos los temas para facilitar su inclusión en la agenda pública. A través de los titulares y encabezados, los medios masivos de comunicación difunden expectativas en sus audiencias. Esto corrobora la hipótesis en torno a la cual los medios de comunicación influyen en la sociedad produciendo temas y colocándolos en la agenda de discusión pública. A partir de la TEA, sería posible explicar el proceso de construcción de la agenda mediática, pública y sobre todo política en torno a la inseguridad, la violencia, los homicidios, los perfiles y la impunidad que durante 1997-2010 ha azotado a México. En tal sentido, Penalva (1999: p. 159) sostiene que la Teoría del Establecimiento de la Agenda estaría más cercana al análisis de las noticias internacionales que la opinión pública no puede conocer directamente y por ello se ve sumamente influenciada por los medios de comunicación dado que otras fuentes de información, incluso internet, no ofrecen contenidos cercanos al entendimiento de las personas comunes y corrientes que aprenden con base en imágenes más que con base en discursos estructurados o razonamientos lógicos científicos.

Sin embargo, la TEA ha sido sumamente cuestionada en dos sentidos. En primera instancia, Cervantes (1999: p. 141) crítica el planteamiento de McCombs en torno al establecimiento de la agenda–setting a las que considera como fases no inductivas en las que sólo se incluyen las noticias externas susceptibles de ser codificadas para demostrar la incidencia de los medios de comunicación en la opinión pública. En segundo lugar, Ugarte, Menéndez y Cuesta (2009: p. 79) critican el énfasis político en los temas que permitieron corroborar la hipótesis del establecimiento de la agenda. Reducen a las audiencias a meros espectadores incapaces de seleccionar información y construir su agenda de discusión. Paradójicamente, McCombs, a decir de los autores, concluye perfilando la investigación hacia los efectos psicológicos de los medios de comunicación en la opinión pública.

En torno al establecimiento de agenda-setting, los estudios mediáticos seleccionan, fragmentan y sesgan el ejercicio periodístico con estudios de sondeo simultáneo en el que las percepciones de los encuestados son una extensión de la agenda-setting de los medios. Por otra parte, los experimentos de recepción y percepción corroboran no sólo el sesgo informático, sino además su poder de influir en la opinión pública.

No obstante, la TEA refiere solamente al sesgo informativo sin precisar un tiempo y espacio definidos para su comprobación empírica. En efecto, la tendencia ha sido medir simultáneamente, durante un lapso de tiempo determinado, el sesgo mediático y la influencia en la percepción de la gente. 

Sin embargo, no es posible, realizar dos diagnósticos simultáneos de los hechos y concluir que existe una relación directa y significativa entre ellos. Si partimos de la premisa en torno a la cual un hecho es observable simultáneamente más de una vez entonces tendríamos que pensar que la percepción si y sólo si está influida por los medios olvidando que puede estar influida por el hecho en sí, por otros acontecimientos relacionados, por experiencias directas, indirectas e incluso por otras notas informativas. McCombs (1972) sostiene que el sesgo informativo es inherente al ejercicio periodístico y esto significa que en realidad los medios no influyen directamente en la agenda-setting pública. Es decir, los medios son sólo intermediarios de los errores del ejercicio periodístico.

En todo caso, la hipótesis en torno al cual los medios sesgan la información e influyen en la opinión pública puede ser contrastada si consideramos el sesgo sistemático de la información. Esto es, si los medios repetidamente maximizan o minimizan un hecho entonces podríamos esperar que traten de influir en la gente. Vázquez (2004: p. 268) plantea que al construir una agenda mediática, los medios de comunicación construyen una agenda pública y política esencial para el Estado. Es decir, los medios de comunicación utilizan marcos de referencia en los que la opinión pública se basa para construir su agenda de discusión pública. Se trata de atributos en torno a un tema que orientan la percepción, selección y recepción de la información por parte de las audiencias.

Estado del conocimiento de la agenda y la gobernanza seguridad pública

Los estudios psicológicos de la agenda y la gobernanza de la seguridad pública advierten que ambos fenómenos no sólo son consustanciales, sino además son parte de procesos emocionales en los que el avance de la ciencia y la tecnología ha hecho posible la diseminación de información y contenidos en múltiples dimensiones y plataformas que enaltecen la percepción de seguridad y riesgo de las audiencias.

De este modo, el estudio clásico de McCombs (1972) en el que se identifica el encuadre de los medios con respecto a información catalogada como privilegiada, exclusiva y patrimonial de las élites políticas al exponerse a las audiencias no sólo es asimilado de un modo opuesto, sino además es instrumentado como evidencia de un complot en contra del bienestar social y el interés común.

García (2007: p. 31) sostiene que el establecimiento de la agenda es un efecto de resonancia informativa en el que los medios emiten temas que a posteriori las audiencias amplificarán o disminuirán su relevancia, pero en definitiva incluirán en su agenda de discusión una vez que los medios se han encargado de difundir la noticia. Luengo (2009: p. 114) relaciona el establecimiento de la agenda con la formación de actitudes y decisiones de discusión en torno a los temas seleccionados por los medios y aceptados por la opinión pública como los asuntos públicos de mayor interés e importancia. Se trata de un efecto mediático que construye la opinión pública a través de sus expectativas e intenciones de llevar a cabo una discusión pública al interior del grupo de referencia o pertenencia.

Empero, Chihú (2011) advierte que el encuadre informativo no sólo es un instrumento de control y manipulación mediática. Además, es un proceso en el que la transformación de la realidad depende de los significados y atribuciones de la fuente, el mensaje y el emisor con respecto a los objetivos e interés de quienes reciben ésta información. En otras palabras, el encuadre es parte de las expectativas personales de quienes esperan contrastar, en muchos casos corroborar sus ideales o prejuicios, respecto a información relativa a la seguridad o inseguridad según el medio de comunicación.

Es el caso de la migración a la que se le atribuyen intenciones y actos delictivos, pero que se refuerzan con la difusión sistemática de homicidios o condenas de latinos en contextos anglosajones. Muñiz (2007) estableció la reducción de las virtudes de comunidades migrantes a expectativas de inseguridad de oriundos que no sólo esperaban un incremento de la violencia en su localidad, sino además de llevaron a cabo acciones de contención, expulsión y estigma hacia grupos migrantes.

Es por ésta razón de hostigamiento a comunidades y flujos migratorios que Vázquez (2004) considera que las relaciones entre oriundos y migrantes dependen de la cultura de prevención del delito o la criminalización de trabajadores indocumentados. En su estudio observó que cuando los medios de comunicación intensifican las noticias de delitos perpetrados por indocumentados, la percepción de inseguridad se exacerba, pero en el caso contrario, la inseguridad percibida no se reduce y más bien se mantiene el estigma.

Los estudios psicológicos del establecimiento de la agenda y la gobernanza parecen mostrar que la seguridad es un tema central, preponderante y sistemático en cuanto a su difusión mediática, pero además es un fenómeno que se asimila con la interrelación de oriundo para con los medios que reportan los hechos delictivos y no por el diálogo con otros grupos minoritarios o las experiencias con grupos migrantes.

Consideraciones finales

La psicología al ser una disciplina avocada al estudio de los determinantes cognitivos del comportamiento humano está llamada a entender y explicar los escenarios de conflicto y pacificación entre gobernantes y gobernados con respecto a bienes que se consideran públicos. En el caso de la seguridad pública, la psicología del autocontrol y la psicología de la violencia han contribuido decididamente en el esclarecimiento de los procesos internos al individuo y su eventual patología cristalizada en actos violentos, corruptos o criminales.

En el caso de la psicología de la felicidad ésta ha explicado fehacientemente las emociones y los procesos neuropsicológicos que dan cabida a los sentimientos y emociones vinculadas con la producción de dopamina y que ha sido vinculada a estilos de vida libres de violencia y por tanto susceptibles de alcanzar la felicidad.

Por su parte, la psicología de los movimientos sociales ha contribuido al esclarecimiento de las diferencias entre comportamiento individual y colectivo respecto a fenómenos de comunicación de masas, propaganda o ideología que, en el caso de la psicología de las masas ha explicado minuciosamente el impacto del autoritarismo en las movilizaciones colectivas y las acciones de protesta como es el caso de la defensa de la naturaleza, las especies y recursos.

En efecto, la psicología ambiental ha avanzado hacia la explicación del comportamiento favorable a la conservación del medio ambiente como parte de un entorno colectivo y significado de apego al lugar, así como la psicología de las minorías ha explicado los efectos del desarraigo y la migración en los pequeños grupos que no obstante son activos en sus propósitos de emancipación, reivindicación o conciliación con otros grupos.

Sin embargo, ninguna de las subdisciplinas en comento ha dado cuenta de los conflictos entre autoridades y usuarios de servicios públicos; los desencuentros entre quienes legislan y quienes contribuyen con sus impuestos al mantenimiento de los servicios públicos; las diferencias entre quienes son elegidos y quienes eligen una ideología y estilo de gobierno.

La psicología de la gobernanza, al igual que la psicología del autoritarismo se preocupa por las diferencias existentes entre gobernantes y ciudadanos, pero a diferencia del autoritarismo en donde los ciudadanos son reducidos a su mínima expresión, en la gobernanza son participes de la toma de decisiones en la gestión y la administración de los servicios públicos.

De este modo, la psicología de la gobernanza explica el proceso en el que los actores políticos y sociales están involucrados para reproducir sus diferencias, o bien, enaltecer sus objetivos, tareas y metas comunes. Aunada a la psicología de la gobernanza, la psicología de la agenda explica la persuasión de las audiencias con respecto a una propaganda que legitima la rectoría del Estado en la vida pública y privada.

La psicología de la agenda explica los escenarios de relaciones de dependencia entre los mensajes persuasivos o disuasivos con respecto a la participación ciudadana y su transformación en activismo político. A diferencia de la psicología de la gobernanza que se avoca a explicar la conciliación de intereses entre políticos y ciudadanos, la psicología de la agenda resalta la importancia de la discusión y el consenso públicos que no siempre terminan en conciliación de intereses, sino que exacerban la negociación hasta la supresión del Estado o el desinterés civil por los asuntos públicos.

La gobernanza, en su sentido más pragmático, es un sistema de confrontación de ideas con la finalidad de establecer una agenda común e incidir, en la mayoría de los casos, en la participación ciudadana y trascender ésta en una participación política indicada por el grado de corresponsabilidad, cogestión y coadministración de los recursos y servicios considerados públicos.

Por consiguiente, la agenda es un elemento central en la construcción de una gobernanza. incluso, es un factor preponderante al momento de establecer los escenarios posibles de conflicto y pacificación entre los actores políticos y sociales. La agenda, en su sentido más pragmático, es un área de oportunidad ante la cual se reduce la gestión del estado y la autogestión civil a su mínima expresión para enaltecer la cooperación y la solidaridad entre dos actores con una problemática común como la seguridad pública.

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Dominación de tiempo completo

Raúl Zibechi
Analista internacional, escritor y periodista
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En todo tiempo ha sido importante conocer los modos en que dominan las clases dominantes. Buena parte del pensamiento anti-sistémico, en sus más diversas vertientes, ha estado dedicado a la comprensión de esos modos, en particular en los periodos de cambio y viraje, cuando los de arriba crean nuevas formas de opresión, en ocasiones brutales, las más de las veces sutiles e invisibles.

El historiador catalán Josep Fontana publicó semanas atrás un removedor artículo titulado La lógica del campo de concentración (Sinpermiso, 19 de julio de 2015), en el que afirma que Grecia se ha convertido en un campo de concentración donde los trabajadores no tienen derechos y además tendrán pensiones miserables, que es el modo de eliminar a los que ya no son productivos.

Fontana es uno de los más respetados historiadores vivos, de vasta producción y sólida formación marxis­ta. No es una persona que acostumbre agitar sin fundamento. En su breve artículo (que merece la mayor difusión) y con base en los más recientes trabajos sobre los campos, sostiene que no eran –solamente– lugares de exterminio, sino organizaciones industriales gestionadas con criterios económicos peculiares, pero muy racionales, para obtener los máximos beneficios.

Dice que hasta la propia aniquilación de los judíos fue pensada con criterios de rentabilidad, forzados los prisioneros a trabajar hasta el agotamiento y la muerte en la construcción de carreteras, minas de carbón, granjas y hasta en la fábrica de caucho sintético de IG Farben.

Para Fontana, es importante pensar en las semejanzas que hay entre la lógica de los campos de concentración y las políticas de austeridad que nos imponen, ya que los fundamentos son los mismos: reducir al mínimo los costes del trabajo y eliminar a quienes no producen. Suena muy fuerte, pero es una invitación a reflexionar sobre el mundo en que vivimos, algo que nos resulta urgente en América Latina.

Giorgio Agamben, en Homo sacer (Pre-Textos, 1998), advierte: El campo de concentración y no la ciudad es hoy el paradigma político de Occidente (p. 230). Dice más: Desde los campos de concentración no hay retorno posible a la política clásica (p. 238). Llega a esa conclusión a través del concepto de nuda vida, vida desnuda, desprovista de derechos reales, carne sin más, indistinción entre derecho y hecho, norma y vida biológica.

Nos dice Agamben que hoy la dominación consiste en que nuestras vidas han sido despojadas de toda cualidad humana, como si los seres humanos hubiéramos sido reducidos a vegetales o carne animal.

No se trata de pensar el campo de concentración como espacio cercado de alambradas y torres de vigilancia, sino como mecanismo más sutil (a veces), que reduce nuestras vidas a un mero ir y venir desde el trabajo (casi esclavo) al consumo (ambos en espacios hipervigilados con cámaras). Vida biológica, donde a los sujetos les han quitado la menor posibilidad de regular sus tiempos de trabajo y de reproducción. Heteronomía en estado puro, como ya sucede en la maquila, pero en realidad en todos los espacios y tiempos de la vida cotidiana. Dominación de tiempo completo. Por eso Agamben señala que la vida desnuda, nacida en los grandes estados totalitarios del siglo XX, es hoy la vida normal.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos: ¿cómo se hace política en estas condiciones? ¿Cómo se trabaja para la emancipación? La respuesta más acertada es que no sabemos, que tenemos que aprender, reflexionar, probar. Desconfiar de quien tiene ya la respuesta preparada.

La pregunta decisiva: ¿qué izquierda, qué tipo de movimientos, para una realidad de dominación y control de este tipo?

La experiencia reciente de Grecia puede ser un buen comienzo. Decir que Tsipras es un traidor es el peor camino, porque sugiere que todo consiste en poner a otro en su lugar para resolver el dilema. Cuando el problema es, precisamente, que cualquiera que ocupe ese lugar no puede hacer otra cosa. En términos del campo, el que ocupa esos cargos no puede sino hacer el papel de guardián. O lo aniquilan.

A partir de estas consideraciones, para quienes seguimos empeñados en la resistencia y la emancipación parece necesario reflexionar en dos direcciones.

La primera es poder discernir sobre las distintas modalidades que va asumiendo el paradigma del campo de concentración en nuestras sociedades, cómo se manifiesta, cuáles son las alambradas inmateriales que nos cercan, quiénes son los guardianes, dónde están los barracones, y así hasta tener un panorama claro.

Es tarea central, que nos permitirá situarnos dónde estamos, observar qué características tiene la dominación, pero también cuáles son sus puntos débiles. En principio, y salvo demostración contraria, las instituciones estatales deben ser consideradas parte del dispositivo campo.

La segunda es comenzar a construir un tipo de organización para operar dentro del campo, con la perspectiva de escapar y, en algún momento, destruirlo. Hasta ahora la mayor parte de las organizaciones, partidos de izquierda y movimientos populares han actuado más como guardianes que como organizadores de fugas, aun no siendo conscientes de ello.

Serán necesarias organizaciones capaces de construir espacios seguros fuera del control de los poderosos (James Scott), donde sea posible organizar fugas y otras acciones. Ya no estamos en la era fabril (disciplina en espacios cerrados), cuando la opresión se concentraba en el taller, donde burlaban el control de los capataces. Lo mismo vale para las mujeres, que siempre crearon espacios de libertad en la opresión. “La biopolítica –escribe Agamben– hace vano cualquier intento de fundar las libertades políticas en los derechos del ciudadano” (p. 231).

Para recorrer este camino no hay manuales. La experiencia histórica, la de los esclavos y los indios, puede servirnos de inspiración. La comunidad y el quilombo parecen referencias ineludibles. Lo demás deberá ser improvisado. Salvo la ética y el deseo de libertad.

Por gentileza de La Jornada

La maquinaria del bio-poder

Raúl Prada Alcoreza
Filósofo, sociólogo y escritor [1]
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Cuando hablamos de poder no imaginamos unas estructuras de poder edificadas en un afuera, externas, como una maquinaria, separada de la sociedad, que actúa contra ella, desde esa exterioridad. Esta es la imagen que, de alguna manera, ha sido compartida por la ciencia política, la filosofía política, las “ideologías”; incluso críticas y pretendidamente “revolucionarias”. Si bien, como concebimos, el poder solo se puede entender como economía política del poder, en el contexto complejo de la economía política generalizada, por lo tanto, como bifurcación, separación, del Estado respecto de la sociedad, hay que tener en cuenta que esta separación es imaginaria, aunque también institucionalizada. En realidad, efectivamente, el Estado no se separa de la sociedad, sino, como también dijimos, captura parte de sus fuerzas para reproducirse. Cuando más se dice que se separa por ejemplo desde la tesis de Louis Althusser y la interpretación de Alain Badiou es cuando, efectivamente, está más enraizado a la sociedad, por lo menos, en la sociedad institucionalizada [2]. Pues requiere de energía vital, requiere de la vida, requiere capturar energía de vida, para lograr funcionar como maquinaria del poder. En este sentido, retomamos la tesis de Michel Foucault sobre la biopolítica y asumimos la interpretación de Antonio Negri, que propone una diferenciación entre biopoder y biopolítica. Siendo la primera, la que corresponde a las dominaciones; siendo la segunda, la que corresponde a la espontaneidad de la vida; por este camino, a la potencia creativa.

Por estas consideraciones, nuestra crítica giró hacia esa parte de la sociedad capturada, atrapada en la redes del poder, de las mallas institucionales del Estado. El poder, en todas sus formas, en todos sus engranajes y genealogías, emerge de los cuerpos capturados. Estos cuerpos, en su relación con el poder, han constituidos sujetos adecuados a la reproducción del poder, subjetividades afines a la reproducción del poder. Son como los cuerpos que ejecutan las acciones y prácticas que reproducen, constantemente, las relaciones de dominación polimorfas. Son los cuerpos que emiten los discursos de legitimación o que comparten esos discursos. Son también los que hacen circular y por donde circulan los imaginarios del poder, también las formas de pensamiento social, por así decirlo, que interpretan el poder como si fuese la realidad.

Entonces, hay que tener otra configuración del poder. No es externo a una sociedad interna. Es, por así decirlo, usando provisionalmente el viejo lenguaje, externo e interno, a la vez. El poder no solo puede ser descrito como genealogía, a partir de las genealogías de las dominaciones, sino como metamorfosis. Las instituciones, que van a convertirse en las mallas institucionales del Estado, son creadas por los mismos humanos, por la misma sociedad. Estas construcciones y edificaciones institucionales, como estructuras y como organizaciones funcionales, se convierten, poco a poco, de instrumentos útiles en dispositivos de poder; por lo tanto, de dominación. La sociedad institucionalizada elabora interpretaciones para legitimar esta mutación. Las instituciones se fetichizan, sobre todo, el conjunto de ellas, el Estado. Es cuando las interpretaciones conforman “ideologías”, que, aunque pretendan exposiciones racionales, configuran el mito del poder, el mito del Estado, el mito del gobierno. Las instituciones se convierten en el principio y el fin; son, definitivamente, la “realidad” producida por el poder.

No hay que considerar esta metamorfosis, como dada en el tiempo, en el ciclo largo de la historia, pues las instituciones ni el Estado tienen vida propia. Ocurre constantemente; el poder tiene que reproducirse permanentemente, tiene que ser rehecho todos los días. Para que esto suceda requiere que haya cuerpos que lo reproduzcan en sus prácticas e imaginarios. Los cuerpos son especializados; unos como funcionarios, otros como usuarios; unos como gobernantes y administradores de la cosa pública, otros como gobernados. Unos, como maestros, los que enseñan la “ideología” estatal, en todas sus versiones, temas, tópicos y rubros; otros, como los que aprenden, los que escuchan y son inducidos a creer en lo que comparten “ideológicamente”. Ciertamente, esta división del trabajo de la reproducción del poder no queda ahí; continúa, pues la dominación no es única, homogénea y general, sino hay múltiples formas de dominación, distribuidas en la sociedad. Esta multiplicidad de dominaciones connota múltiples relaciones de biopoder entre Estado y sociedad. Para dar una imagen ilustrativa, son como innumerables cordones que conectan los cuerpos a los dispositivos de poder. Estos funcionan absorbiendo vida, capturando vida, canalizando esta energía a la reproducción y expansión del poder.

Los sujetos sociales capturados por las mallas institucionales del poder no se ven como capturados, sino, mas bien, como beneficiados por instituciones del orden, del progreso, del desarrollo. Hay como una satisfacción de establecer esta relación de biopoder; se da como un placer de formar parte de esta marcha histórica y civilizatoria. No pueden imaginarse otra realidad posible, otro mundo alternativo. Este es el único mundo posible. Lo demás o son especulaciones delirantes, utopías imposibles o, en otras versiones, radicalismos soñadores, románticos, hasta irresponsables.

La configuración entonces se parece más a la de una conformación biotecnológica; entendiendo tecnología en el sentido amplio como lo sugiere Foucault. Hay también tecnologías sociales, formas de organización, de estructuras, de diagramas, que se aplican a los cuerpos, buscando inducir sus comportamientos. Ciertamente, estas tecnologías de poder no dejan de usar las técnicas, las tecnologías, en sentido restringido, como herramientas específicas. En consecuencia, por esta vinculación, este conjunto de conexiones, entre cuerpos y dispositivos de poder, se refuerza la imagen de que el Estado vive, de que las mallas institucionales viven; tienen vida propia. Pues, al chupar la sangre de los cuerpos vivos – diciéndolo en sentido metafórico -, sangre que circula por las venas artificiales de los aparatos del Estado, el gran vampiro, cobra vida, por así decirlo; más bien, la portentosa edificación fabulosa donde habitan los vampiros, que son fantasmas, es decir, imaginarios sociales, cobra vida.

En consecuencia, efectivamente, no hay separación entre Estado y sociedad; esto se da imaginariamente, como “ideología”; mito sostenido por la separación institucional, que no deja de ser imaginaria, empero, funciona materialmente. Para decirlo, de algún modo, la realidad efectiva del poder, que en la economía política generalizada funciona como bifurcación, disociando lo abstracto de lo concreto, valorizando lo abstracto, desvalorizando lo concreto, existe, funciona efectivamente, como articulación imprescindible.

Esta configuración del poder, nos ha llevado a la interpretación de que la clave de la reproducción del poder se encuentra en los que lo padecen, al aceptar esta relación de subordinación, de delegación y de representación. Hay como un deseo del amo, de que ocurra así, de que se perpetúe un orden, basado en las dominaciones. Éstas pueden cambiar, edulcorarse, adquirir mimesis democráticas; empero, las polimorfas formas de dominación se preservan. Pueden, incluso cambiar las élites; parte de los que eran gobernados, ahora, gobernar. Empero, la estructura estructurante del poder se conserva, perdura, se reproduce, mutando y transfigurándose en sus mutaciones.

Notas

[1] Raúl Prada Alcoreza. Filósofo, sociólogo y escritor boliviano. Profesor-investigador en la Universidad Mayor de San Andrés. Participa activamente en la política boliviana y en organizaciones y movimientos sociales. Es miembro de ‘Comuna’, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas y asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Se desempeñó como miembro de la Asamblea Constituyente boliviana de 2006-2007 y como viceministro de Planificación Estratégica del Ministerio de Economía y Finanzas.

[2] Althusser y Badiou lo dicen, distanciándose de la tesis determinista de la concepción mecánica de la relación entre estructura económica y superestructura ideológica, política, jurídica y cultural, buscando explicar la función del Estado como instrumento de dominación. Esta interpretación de la autonomía relativa del Estado supone el contexto de la lucha de clases. En Acontecimiento político retomamos esta interpretación. Sin embargo, si bien ayuda a comprender la puesta en juego “ideológica”, institucional y política, no explica el funcionamiento mismo del poder, de las dominaciones, sus dinámicas moleculares. Revisar de Louis Althusser Maquiavelo entre nosotros. AKAL; Madrid. Así mismo, revisar de Alain Badiou Teoría del sujeto, también La revolución cultural. ¿La última revolución? Prometeo Libros; Buenos Aires 2009. Les conférences du Rouge-Gorge. Ver también Acontecimiento político 1: https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-i/. Acontecimiento político 2: https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-ii/.

Por gentileza de Bolpress

La pornografía del cyborg

César Hazaki
Psicoanalista y escritor. Editor de Topía Revista
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La otra cara de Victoria

“Durante la penetración, la mujer debe mantenerse lo más rígida posible. El movimiento corporal podría ser interpretado como un signo de excitación por parte del optimista esposo.”[1] Así aleccionaba la sociedad victoriana a las esposas. Los varones eran aterrorizados desde el siglo XVII con los efectos nocivos de la masturbación: “Era considerada un derroche que enfermaba, estaba severamente perseguida. En este sentido el combate contra la masturbación fue uno de los principales esfuerzos en la guerra librada por asegurar la correcta y medida privacidad (…) ya que la vida privada debía mantener las apariencias que la burguesía capitalista, en su primera época, dictaba para la vida pública. Ambos mundos necesariamente tenían que coincidir.[2] Era consecuencia de la unión de capitalismo y calvinismo, que glorificaba el trabajo, la austeridad y el enriquecimiento personal como los caminos para ganar la eternidad. Así producción económica y salvación religiosa se combinaban para la transformación de Inglaterra.

En los bordes de este modelo proliferaba la prostitución y otras variadas experiencias sexuales. Tenían cobijo en burdeles y bares de los bajo fondos londinenses. En esas calles oscuras la sexualidad desbordaba y era considerada pornográfica por el poder. De allí que sostenemos que la historia de la pornografía, sus características de época, si está cerca o lejos del poder central, sus esplendores y prohibiciones tienen mucho para enseñarnos. Especialmente cuando su profusión actual se naturaliza y no se buscan conceptos para dar cuenta de lo que ocurre con ella en la sociedad del espectáculo.

Los penetrantes algoritmos

Desde la Revolución Industrial para acá se ha modificado el lugar que ocupa la pornografía. Su expansión actual es enorme. Siendo la pornografía pura imagen es comprensible que, por vía de las máquinas de comunicar, haya sido una vía regia para marcar algunos rumbos de la hiperconectividad. Ha dejado de ser una industria marginal para convertirse en un enorme negocio y una pasión de multitudes en la web. Si en su origen el capitalismo requería de una moral severa, el capitalismo tardío promueve para su sostenimiento del exhibicionismo erótico a tiempo completo. Llama la atención que quienes estudian las redes sociales no nos indiquen la importancia de la pornografía en la web, cuando no se puede negar lo obvio: las multinacionales con sus máquinas de comunicar y la pornografía han hecho un maridaje que les sienta muy bien a ambas para sostener el despliegue de la sociedad del espectáculo.

Cyborgs

Actualmente cada dieciocho meses, proceso conocido como Ley de Moore, se produce una revolución tecnológica que transforma a la web en su conjunto. Beneficiada por estos desarrollos, la placenta mediática trae modificaciones en las plataformas, en los aparatos, en los modos de comunicación que la cultura de la globalización impone y que profundiza la constitución cyborg –un híbrido de hombre y máquina[3]- de los usuarios. Es la era de las aplicaciones en los Smartphone. Permiten múltiples usos y un control cada vez mayor de los usuarios.

La primera dificultad es que el cyborg minimiza este conocimiento que sobre él tienen las grandes empresas por vía de los algoritmos que lo escudriñan todo el tiempo. Tampoco reconoce que ese conocimiento tiene un objetivo: promover la fascinación con el consumismo.[4] Las multinacionales imponen amar la hiperconectividad, que el hombre sea una unidad indisoluble con sus fetiches: el Smartphone, la Tablet, etc. En este proceso se sostiene una parte central de la cultura dominante. “Por ello en la actualidad no es el goce en la búsqueda de un deseo imposible el motor del consumismo, sino la ilusión de encontrar un objeto-mercancía que obture el desvalimiento originario.”[5]

Por eso sostenemos que la figura del cyborg ha cambiado de manera sustancial: ya no es una representación revulsiva que conmueve y cuestiona a la cultura hegemónica como en la película Blade Runner, ha perdido su posición de figura antisistema.[6] El cyborg hoy es pura adaptación social, es el despliegue de lo que denominamos cuerpo mediático.[7] No hay sociedad del espectáculo sin cyborg en estado de consumidor serial. Bajo el consentimiento entusiasmado de los usuarios, escudriñar y penetrar la subjetividad de cada uno por vía de los motores de búsqueda es el objetivo primordial de las empresas. Las infinitas aplicaciones que se implementan buscan formatear a cada cyborg de manera personalizada. Veamos cómo colaboró la pornografía en este proceso.

Cuando los teléfonos celulares no habían cobrado la relevancia que hoy tienen y las empresas no tenían tan perfeccionado el sistema de investigación y sujeción de sus clientes usaron las páginas pornográficas para investigar cómo y de qué manera accionaban y deseaban los consumidores. Google, aquella empresa que en sus comienzos se ufanó en pregonar que no iba hacer el mal, para el sistema Android [8] investigó exhaustivamente las páginas de pornografía de la web con el objetivo de capturar y utilizar los caminos del erotismo para usarlos en su propio beneficio.

Google sabía que hacia las páginas pornográficas iban la mayor cantidad de visitas de los internautas. Existía una relación de tres visitas a páginas pornográficas contra una a un sitio informativo o cultural. Lo declaró Bernardo Huberman (director del laboratorio de computación social de H.P. por aquél entonces) quien investigó las redes de pornografía con el interés de descifrar cuáles eran los deseos de los internautas. Sus conclusiones fueron: que hay un conjunto básico de deseos, que de los mismos se pueden realizar algoritmos para saber hacia dónde y de qué manera inducir a los internautas. En consecuencia se trató de aprovecharlos, Huberman reconoció que el software del Android está basado en las investigaciones que provienen de las teorías de las redes, las que se produjeron observando las páginas pornográficas.[9] Es decir el Android que apasiona multitudes es producto del maridaje entre la tecnología de punta y la pornografía.

Yo muestro, ¿Tú miras?

En la sociedad del espectáculo los cyborgs se ven compelidos a mostrar. Exhibirse es la obligación para pertenecer, dado que sin unos “me gusta” o “re-tuiteos” la autoestima es barrida y se cae en la temida irrelevancia personal. La vida así se convierte en un rating de popularidad.

Al existir tan enorme empeño por mostrar surge la dificultad: es difícil encontrar alguien que mire. Ergo es necesario mostrar cada vez más para obtener los consabidos minutos de fama. Como todo circula por la mirada, es necesario que nada íntimo quede en el tintero y eso, más temprano que tarde, pondrá al cuerpo desnudo en el centro de la escena. Sostenía Freud: “La impresión óptica sigue siendo el camino más frecuente por el cual se despierta la excitación libidinosa”, Gubern lo refuerza: “En nuestra sociedad que ha semiatrofiado la función del olfato, la principal actividad teledetectora sexual se ejerce mediante el sentido de la vista, agudamente sensibilizada para la función erótica. Y tal hipersensibilidad erótica haría al hombre destinatario óptimo del estímulo pornográfico.”[10] Lo vemos en las páginas de ligue sexual: muchas personas exigen fotografías del partenaire que se encuentra del otro lado de la pantalla para realizar devaneos cysexuales, el oído o la lectura en el cysexual[11] funcionan mejor si se tiene una imagen del otro.

El amigo americano

Hace ya tiempo que los motores de búsqueda se introducen como catéteres en nuestro interior y no requieren imperiosamente el recurso de la pornografía. Por el contrario, constituidos en anticipatorios creíbles de nuestros deseos son, por ejemplo, organizadores del encuentro entre muchachos y muchachas con ganas de touch and go en unas pocas cuadras a la redonda. Hay que tener la aplicación… y sólo es cuestión de hora y lugar para el entrevero sexual. Pero antes de esto los Smartphone inducen lugares de comida, de compra de ropa, de espectáculos, de viajes, etc. Convencen al cyborg de que conocen antes que él sus deseos. Estrictamente hablando formatean, como un cordón umbilical nutricio, los deseos personales de acuerdo al lugar dónde el cyborg está: come dónde le indican, compra en el lugar sugerido, etc.; el cyborg se regodea en la comodidad que promueve el fetiche sabelotodo. La placenta mediática dice qué hacer y dónde, el cyborg obedece dócilmente por vía del Android / Androide. Nos encontramos así con el marcapasos del corazón consumista.

Para el protestantismo del inicio del capitalismo, austeridad y trabajo eran pilares culturales para dominar al conjunto social, la ilusión consumista del capitalismo actual promueve y anuda hedonismo y exhibicionismo. Es necesario mostrar desde los datos personales a escenas sexuales. Los encuentros sexuales deben ser anotados con hora y lugar y con quién se realizó en el mapamundi para tal fin o subir rápidamente el video del acto a la web. El cenit del acto es que muchos miren. Se despliega así una profusa pornografía amateur que busca exhibir la experiencia al comentario de los otros.

Otra vez el burdel

El cliente del prostíbulo ha cambiado sus conductas habituales. Como visitante del mismo ya no quiere conservar su condición de anonimato, también allí busca sus quince minutos de fama mediática. Veamos dos ejemplos. 1) “Big Sister, Praga, Republica Checa: el cliente experimenta la misma sensación que un protagonista de reality show (por el popular programa Gran hermano). El local está repleto de cámaras que emiten en directo a través de webcams a Internet y a un círculo local de habitaciones para voyeurs. El establecimiento cuenta (…) con habitaciones tematizadas donde las chicas preparan sus numeritos y cualquiera puede participar en ellos. (…) sólo se paga a la entrada, pero no por los servicios sexuales, dado que el usuario consiente en ser filmado.”[12] Es decir, paga para que sus hazañas sean transmitidas por la web. El cliente quiere que el mundo lo vea.

2) “Pasha (Colonia, Alemania): Como si fuera una zona de tolerancia de la antigüedad, el burdel es una torre gigantesca de 27.000 m2 donde trabajan 120 prostitutas (…) descuento para colectivos de los mayores de 65 años. (…) protagonizó otras de las campañas de marketing más innovadoras del sector al ofrecer la entrada gratis (no el servicio) de por vida para aquellos hombres que se prestaran a tatuarse el logotipo del local.”[13] Como se ve éste burdel usa, acorde con la sociedad del espectáculo, para promocionarse: el tatuaje en el cuerpo del cliente.

Provisorio final

Esta manera de apropiarse de la subjetividad no hace más que aumentar el control social, muy especialmente a las nuevas infancias digitales. En consecuencia, no se trata de establecer una prohibición de la pornografía en haras de una moral retrógrada como la victoriana, sí de no omitir las relaciones entre pornografía, el entusiasmo que ella despierta en los cyborgs y los beneficios que de esto sacan las empresas multinacionales. La pornografía no intenta desentrañar, como antaño, el saber de la prostituta, sino de unificar el consumismo con el Smartphone constituyendo así el gran fetiche internalizado dentro del cuerpo del capitalismo global.

La sociedad del espectáculo insiste en indicarnos que cada usuario ha producido una burbuja personal en el uso de las redes sociales acorde con los exclusivos intereses personales. Sin embargo, por debajo la pornografía es un masivo unificador, nos debe dar elementos para analizar a los cyborgs que viven con múltiples pantallas abiertas y se lanzan a realizar pornografía amateur. Cabe preguntarse si el erotismo ha perdido su capacidad trasgresora. Si esto fuese así deberemos seguir investigando dónde se instalan las prohibiciones, cuáles son las barreras del pudor y qué es la subjetividad en una cultura donde las máquinas formatean la vida cotidiana del cyborg.

Es indudable que en niños y adolescentes, en sus juegos sexuales, en sus fantasías amorosas, en sus vínculos grupales están las respuestas para investigar las consecuencias de este enorme proceso.

Recordemos una historieta del humorista Copi: Un poderoso burgués le enseña cuadro tras cuadro sus posesiones a un hombre común. Así desfilan: su castillo, su auto, su caballo, su fábrica. En el último cuadro el hombre que permaneció en silencio ante la exuberante riqueza se baja los pantalones y le muestra al burgués lo único que tiene: su culo. Quizás aquí encontremos la verdad pornográfica final del cyborg, despojado de su intimidad y desposeído de sí mismo lo único que pueda ofrecer a la cultura de la imagen, que ya le exprimió todos sus secretos, sea exhibir una parte íntima de su cuerpo transformada por siliconas, con un chip debajo de la piel y un tatuaje.

Notas

[1] García Massaagué, Mónica, Historia de los burdeles, Océano, Barcelona, 2009. Esta cita la toma la autora de los Consejos sexuales para maridos y mujeres de Mrs. Ruth Meyers.

[2] Carpintero, Enrique, “La sexualidad evanescente. La perversión es el negativo del erotismo”, Revista Topía Nº 56, Agosto 2009.

[3] Hazaki, César, “Cyborgs. Los nuevos procesos subjetivos y sociales de adaptación”, Revista Topía N° 69, Noviembre 2013.

[4] La exitosa publicidad de la pareja del Banco de Galicia que todo el tiempo compra es un ejemplo paradigmático.

[5] Carpintero, Enrique, Actualidad de El Fetichismo de la mercancía, Editorial Topía, Buenos Aires, 2013.

[6] Ese modo radical de ruptura con la supuesta esencialidad de lo humano está claramente expuesta en El Manifiesto Cyborg de Donna Haraway.

[7] “Cuerpo mediático: una relación entre el cuerpo de los hombres y el corpus tecnológico”. Ver en Hazaki, César, El Cuerpo Mediático, Editorial Topía, Buenos Aires, 2010.

[8] Android con su nombre demuestra desembozadamente la intencionalidad de Google. Se denomina Androide a un robot con apariencia humana que imita las acciones de los seres humanos. Un organismo sintético.

[9] Hazaki, César, 2010, op. cit.

[10] Gubern, Román, La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, Anagrama, Barcelona, 2005.

[11] Definición de Facebook en Argentina que define a aquellos que sólo experimentan actividad sexual a través de internet.

[12] García Massagué, Mónica, op. cit.

[13] García Massagué, Mónica, op. cit.

Por gentileza de Topía

Karl Marx, un ecologista adelantado a su tiempo

Elisabeth Beague
Periodista
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A menudo se olvida que Karl Marx es, ante todo, un filósofo. Sin embargo, debido a que sus ideas, demasiado contestatarias, no fueron del agrado de los poderes fácticos, nunca pudo obtener una cátedra en una universidad. Entonces, intentó el periodismo pero, de nuevo, fue atacado y se vio obligado a exiliarse. Se propuso un objetivo científico: el análisis de las condiciones sociales y económicas en las que se lleva a cabo el proceso de producción y explicó cómo las relaciones de dominación y subordinación eran ellas mismas producto de las relaciones capitalistas de producción.

La naturaleza está muy presente en su pensamiento. Marx subraya de hecho la importancia que tiene para el hombre y, por tanto, no sólo su valor como tal, sino la riqueza que produce. También llama la atención sobre los riesgos que corre debido a la sobreexplotación y al daño recibido por la contaminación del agua y del suelo. Hay que tener en cuenta que la contaminación del aire no era una preocupación en su tiempo, a pesar de los vapores de las máquinas que asfixiaban la atmósfera.

Marx cree que el hombre, a través de su trabajo, no puede producir riqueza material sin la ayuda de la naturaleza y habla de “intercambios orgánicos con la naturaleza”. Pero el trabajo no es para Marx la única fuente de valores. Él escribe que “el hombre no puede hacer tanto como la propia naturaleza”, es decir, simplemente cambia la forma del material y, en este trabajo de transformación “es sostenido constantemente por las fuerzas naturales”. Añade que si la tierra proporciona al hombre víveres preparados y un objeto de trabajo, no necesita el ser humano para existir.

Valor de uso/valor de cambio

Los bienes naturales, gratuitos, son en primer lugar valores de uso. Y, junto con los bienes disponibles, la tierra también proporciona al hombre la oportunidad de trabajar con los medios de producción de procedencia natural. No es necesario un cambio para que los bienes tengan un valor de uso. “El valor de cambio aparece en principio como una relación cuantitativa, como la proporción en la que valores de uso de diferentes especies se intercambian una con la otra”.

Tratando en primer lugar sobre la explotación de la mano de obra, Marx lamenta que “las máquinas agrícolas reemplacen a los hombres y que es equivocarse extrañamente suponer que el nuevo trabajo agrícola con máquinas lo compensa”.

Y remarca la destrucción del suelo que supone la intensificación de la agricultura: “la agricultura capitalista genera problemas incluso en el intercambio orgánico entre el hombre y la tierra, lo que hace más difícil el retorno de sus elementos de fertilidad, ingredientes químicos que le son arrebatados”.

Marx critica, por tanto, el progreso de la agricultura capitalista, que no sólo explota al trabajador, sino que asola el suelo. Aumentando la fertilidad a corto plazo, los procesos utilizados arruinan en efecto, a largo plazo, las fuentes sostenibles de fertilidad. Y, cuanto más industria moderna entra en ella, más rápida es la destrucción. La gran industria destruye bosques enteros y lo que pretende hacer para la reforestación es absolutamente insignificante.

Y, si Marx toma nota de los efectos desastrosos de la contaminación sobre los humanos, también se preocupaba por la naturaleza, incluyendo el agua del río, porque se da cuenta de los efectos destructivos de la industria sobre la calidad del agua: el uso de sustancias colorantes, liberar la basura en el agua, los buques en tránsito, la construcción de canales… privan a los peces de su entorno de vida.

La producción capitalista, escribe, concentra las fuerzas históricas motrices de la sociedad y al otro lado la interacción metabólica sin control entre la humanidad y la tierra; ella impide, en otras palabras, el retorno a la tierra de sus elementos nutritivos constituyentes. Lamenta que la naturaleza sea considerada como un objeto cuyo uso está sujeto a la responsabilidad del hombre, ya que postula que el hombre no es propietario de la tierra. Tiene su disfrute, es de alguna manera usufructuario, pero tiene que legarla a las generaciones futuras después de haberla mejorado como un “buen padre de familia”.

Las interpretaciones de la ecología de Marx pueden diferir. Pero si Marx escribe que “en tanto existan los hombres, su historia y la de la naturaleza se condicionarán recíprocamente”: ¿Se puede aún dudar?

Traducción de Carles Acózar Gómez para Investig’Action

Por gentileza de Investig’Action

La dictadura invisible del siglo XXI

Germán Gorraiz López
Analista de economía y geopolítica
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El actual sistema dominante o establishment utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas.

La manipulación de las masas

Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas, escribió en su libro Propaganda (1.928),

“La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importantes en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar”.

Asimismo, fundamenta el sustento de todos los sistemas de gobierno en la “manipulación de la opinión pública”, al afirmar que “los Gobiernos, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, dependen de la aquiescencia de la opinión pública para llevar a buen puerto sus esfuerzos y, de hecho, el Gobierno sólo es Gobierno en virtud de esa aquiescencia pública”.

En otro de sus libros, “Cristalizando la opinión pública”, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así,según sus palabras “la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra.

En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía. Este es uno de los principios más firmemente establecidos por la psicología de masas”, por lo que la propaganda del establishment será dirigida no al sujeto individual sino al Grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustenta.

La manipulación mediática

El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda e identificó una forma de manipular a las masas ( teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”), teoría plasmada en su libro “Técnicas de propaganda en la guerra mundial (1.927) y basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio y que permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia”. A ello, contribuye el encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual favorecida por una práctica periodística peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión y el finiquito del código deontológico periodístico que tendría su plasmación en la implementación de la autocensura y en la sumisión “nolis volis” a la línea editorial de su medio de comunicación (fruto del endemismo atávico de la servidumbre a los poderes fácticos del status quo) y que habrían convertido al periodista en mera correa de transmisión de los postulados del establishment o sistema dominante.

Hacia el Individuo Multidimensional

El sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro “El hombre Unidimensional (1.964), explica que “la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política”, sistemas políticos que serán caldo de cultivo del virus patógeno conocido como “autos-kratos” o autocracia.

La autocracia sería una forma de Gobierno ejercida por una sola persona con un poder absoluto e ilimitado, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal), que partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres, llegado al poder se metamorfosea en líder Presidencialista con claros tintes totalitarios (inflexible, centralista y autoritario), lo que confirma el aforismo de Lord Acton “El Poder tiende a corromper y el Poder absoluto, corrompe absolutamente”.

Sin embargo, gracias a la interactividad que proporcionan las redes sociales de Internet (el llamado Quinto Poder que enlaza y ayuda a la formación de las identidades modernas), se estaría rompiendo el endémico aislamiento y pasividad del individuo sumiso y acrítico de las sociedades consumistas occidentales (Hombre unidimensional).

Así, estaría ya surgiendo un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica, sustentado en valores caídos en desuso pero presentes en nuestro código atávico como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y dispuesto a quebrantar las normas y las leyes impuestas por el sistema dominante, Individuo Multidimensional generador de un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores e instaurador del caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo).

Por gentileza de Burgos Digital

Borges y la tradición

Alberto Buela
Filósofo
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Siempre el escritor Jorge Luís Borges es materia de discusión y de disputa por aquellos que están a favor o en contra de sus opiniones. El asunto es que nadie está totalmente a favor ni totalmente en contra de Borges. Es que el hombre escribió de todo y sobre todo y entonces es muy difícil valorarlo in totum. Este es nuestro caso, lo rechazamos por su antiperonismo visceral, por su liberalismo político, por su falta de formación filosófica, por sus arbitrariedades sobre casi todo, y lo aceptamos cuando habla del mundo criollo, del tango, del gaucho, del compadre, de la literatura argentina. Es porque el mismo Borges, a pesar que escamotee el tema, como el culo a la jeringa, él no puede renegar de mundo criollo al que pertenece por derecho propio. En ese sentido lo pasa lo que a Sarmiento, puede defender a raja tabla el mundo ilustrado de la civilización, pero el no deja de ser un criollo, que en su Facundo se explaya con propiedad en los primeros capítulos mostrando un conocimiento más vivido que estudiado.

Hoy escribimos a cuento de una conferencia de Borges en el Colegio libre de estudios superiores de 1951, que fuera reproducida en el libro Discusión de editorial Alianza, Madrid, 1957, cuyo título es El escritor argentino y la tradición.

Allí sostiene que se intentaron varias soluciones: a) Lugones quien sostiene que el Martín Fierro da inicio a nuestra tradición. b) Ricardo Rojas sostiene que son los gauchescos, con Bartolomé Hidalgo y compañía. c) se sostiene que el escritor argentino está desvinculado del pasado, sobre todo europeo.

Borges va criticar las opiniones diciendo: a) si bien el Martín Fierro es la obra más perdurable que hemos escrito los argentinos, no es nuestra Biblia ni nuestro libro canónico. b) la poesía gauchesca se ha producido en función del gaucho, pero es lo más alejado de la poesía popular, pues los payadores orilleros tratan de expresarse con corrección. Y termina defenestrando al Segundo Sombra Güiraldes como una metáfora de Montmartre. c) los dramáticos acontecimientos últimos de Europa (la guerra civil española y la II guerra mundial) han resonado, profundamente, en peleas aquí. Esto no ocurriría si estuviéramos desvinculados de Europa.

Ahora bien se pregunta ¿cuál es la tradición argentina? “Creo que nuestra tradición es la cultura occidental a la que tenemos derecho más que cualquier otra nación occidental”. Y su razonamiento se apoya en el sociólogo Th. Veblen cuando se pregunta si la preeminencia de los judíos en la cultura occidental se debe a una superioridad innata de los judíos y dice que no. Que ellos sobresalen en la cultura occidental porque actúan dentro de ella pero no se sienten atados a ella por ninguna devoción, por eso a un judío siempre le resulta más fácil que a un occidental no judío innovar en la cultura.

Y concluye Borges que a los argentinos nos sucede mutatis mutandi algo similar, “pues podemos manejar todos los temas europeos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas:”

Salvando la distancia nosotros planteamos lo mismo con el tema del pensamiento de ruptura y la teoría del disenso, que es lo que nos permite, desde el punto de vista de la filosofía, afirmarnos en lo que somos a partir de nuestro genius loci (clima, suelo y paisaje). Esta preferencia por nosotros mismos es la salida más genuina que tenemos y que, además, podemos llevar a cabo sin imitar. Que es una de las mayores taras de nuestros intelectuales.

Por gentileza de Bolpress