Archivo del Autor: revista-epsys

La complejización cognitiva y afectiva a través de las experiencias musicales

Rodrigo Cantú Guzmán
Maestro en ciencias en psicología de la salud
Javier Álvarez Bermúdez
Doctor en psicología social
Miguel López Torres
Doctor en psicología

Universidad autónoma de Nuevo León (méxico)

Resumen

Los actos escénicos musicales llevan a los músicos a experimentar diversos procesos psicológicos, ya sean de tipo positivo o negativo y en los que pudiera existir una complejización en cuanto a la experiencia de ambos tipos de emoción o cognición en un mismo acto. Así, en este estudio realizado en 16 músicos ejecutantes de la ciudad de Monterrey, México, se pudieron detectar dichos procesos psicológicos basados en narraciones de sus mejores y peores experiencias musicales. Las mejores experiencias musicales se caracterizaron por un sentido de control, disfrute escénico y concentración, al contrario que las experiencias negativas, caracterizadas por emociones como pena, vergüenza, decepción, nervios, desconcentración y falta de disfrute escénico. Se encontró que el contexto en el cual se encuentran ejecutando música tiene un papel importante en la afectividad de los músicos. En México no se han hallado estudios de este tipo, por lo que se pretende que esta línea de investigación crezca. Finalmente, consideramos importante el trabajo de intervención psicológica en este tipo de población, cuyo objetivo pueda ser el ofrecer un mejor acto musical escénico, pero lo más importante es que sea un acto de disfrute para el mismo músico.

Palabras clave: emociones, músicos, experiencias musicales, bienestar escénico, cualitativo, complejización afectiva.

Introducción

Tiempo atrás Vigotsky (1896-1936) explicaba que en el proceso de desarrollo el niño, a la par de apropiarse de los elementos de la experiencia cultural, también lo hace respecto a las formas de comportamiento cultural y los métodos sociales de razonamiento, entre ellos el arte y la ciencia. Distinguía dos líneas principales de desarrollo del comportamiento del niño: la línea de desarrollo natural del comportamiento, que está estrechamente ligada con el proceso del crecimiento orgánico y de la maduración, y la línea de perfeccionamiento cultural de las funciones psicológicas, el desarrollo de nuevos métodos de razonamiento y la apropiación de los métodos culturales de comportamiento.

En su Psicología del Arte , Vigotsky nos hace ver cómo los instrumentos simbólicos como la manifestación artística y la reacción estética, inducen emociones, las retienen y provocan la complejización tanto del pensamiento como de la vida afectiva (Adrián, Páez y Álvarez, 1996). Argumenta que los elementos simbólicos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de los procesos psicológicos, de ahí que el arte sería a los procesos emocionales y cognitivos lo que es el cálculo, el lenguaje, entre otros, al pensamiento. Es decir, la manifestación artística, como por ejemplo la novela, la melodía, la imagen, por citar algunas, serían los instrumentos externos que la sociedad pone a disposición de las personas para que a través de ellas desarrollen sus emociones y cogniciones superiores. El arte, nos revelaba, es un importante instrumento social de los conocimientos y las emociones, es una comprensión social que expresa y transmite a las personas las experiencias y tradiciones históricas y las experiencias y conocimientos de otras personas. Las relaciones que se establecen con otras personas a través de un instrumento simbólico como el lenguaje, también contribuye a la socialización emocional (Adrián, Páez y Álvarez, 1996).

A pesar de que el autor expresara esas ideas tiempo atrás y el gran desarrollo de la psicología durante todo este período ha abordado innumerables tópicos, pareciera que los relacionados a la música son pocos en comparación con otros. Existen algunos trabajos en los que se han investigado temas relacionados con la psicología del músico ejecutante, la expresión emocional musical, la personalidad del músico, música y funciones del cerebro, el uso de la música como forma de terapia psicológica y con fines educativos, entre otros, con la finalidad de explorar cómo la música, las emociones, la conducta y los procesos cognitivos están estrechamente ligados y su trabajo de integrar ambas disciplinas puede tener resultados prácticos. Aunque en México son escasos los estudios respecto al tema.

Se ha argumentado que no se puede concebir el arte sin las emociones involucradas en ello, así como también que la música y los procesos cognitivos y emocionales están estrechamente relacionados. De ahí el interés por el abordaje del fenómeno partiendo de las propias vivencias de las personas que hacen música: los músicos. Por lo general todas las personas refieren tener gusto por la música, al menos por algún estilo en particular, y la gran mayoría dicen “amar la música”. Generalmente hablar, hacer o gustar de la música es una actividad intrínsecamente motivamente, y algunos músicos por ejemplo se resisten a decir que “practican” o “aprenden” música, ciertamente por lo gratificante en sí de la actividad (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007). Se dice que normalmente en lo que se refiere a la educación musical en niños, se crea un problema: se pone mucho énfasis en el cómo ejecutar la música y muy poco énfasis en qué es lo que se experimenta (Csikszentmihalyi, 1990, p. 112).

Csikszentmihalyi (1998, pp. 19-20) aporta el concepto Flujo ( Flow ) para definir la motivación intrínseca, es decir, que las “recompensas” de las acciones que se realizan y que derivan de esas mismas acciones no proviene de incentivos externos (lo que se ha dado en llamar motivación extrínseca), como pudiera ser algún tipo de reconocimiento social, un pago de dinero a cambio, por mencionar algunos ejemplos. Existen múltiples fuentes de motivación en la vida de los músicos (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007). Cuando hablamos de motivación es importante diferenciar lo que pudiera ser la motivación extrínseca de la intrínseca; en un ejemplo concreto en cantantes (Stedman, 1985), pudiera ser la necesidad de recibir un aplauso como aprobación de la audiencia (motivación extrínseca), lo cual además distrae la actividad creativa y provoca miedo así como falta de concentración. Por otro lado, cuando el intérprete se encuentra motivado por el hecho de que está disfrutando y compartiendo música con otros, se convierte en motivación intrínseca, que además ayuda a facilitar la concentración.

Una de las primeras aproximaciones al término de Flujo (Csikszentmihalyi, 1998, p. 23) se produjo es un estudio en más de 200 participantes, los cuales aparentemente tenían relación con la motivación intrínseca debido a las actividades que desempeñaban, tales como jugadores de ajedrez, atletas amateur, escaladores, bailarines y compositores de música, y en donde por medio de entrevistas describían la actividad en el momento que se llevaba a cabo. De esta manera se pudo constatar que existía una experiencia en común en los participantes que describían como “recompensante” en sí misma, y que no sólo el juego o las actividades creativas podían derivarla.

Se le llama motivación autotélica a la motivación en la cual la principal meta es la experiencia en sí misma más que cualquier otro tipo de recompensas o ventajas que se puedan producir a través de ésta después de cierto tiempo. Así, la experiencia de Flujo se basa en dicho estado de conciencia motivado intrínsecamente y en donde requiere de cierto equilibrio en cuanto a los desafíos percibidos en dicha situación, así como las habilidades propias de la persona. Es decir, si no se incrementa la complejidad de la actividad desarrollando nuevas habilidades y teniendo nuevos desafíos, no permanecerá el Flujo. De esta manera, el Flujo se produce por regularidad en actividades que están bien estructuradas y donde el nivel de desafíos y habilidades presentan un equilibrio; ya que en ocasiones un exceso de desafío puede causar ansiedad o bien que la falta de habilidad conduzca a una actividad aburrida. Cabe destacar que el Flujo no tiene que ver con el nivel de la habilidad (Csikszentmihalyi, 1998b, pp. 43-44).

De acuerdo con Csikszentmihalyi (Bloom y Skutnick-Henley, 2005), algunos de los elementos y condiciones para que exista el Flujo son: a) la tarea requiere un nivel de concentración por arriba del promedio, b) la actividad destaca de las de la vida diaria, c) un equilibrio de los niveles de desafío y habilidad, d) la tarea es libremente elegida, e) es absorbente en tiempo, f) existen metas y métodos claros, entre otros posibles. Asimismo Logan (1998, p. 171), afirma que las características de la experiencia de disfrute o bien de Flujo pueden considerarse como: dejarse atrapar en lo que uno esté haciendo así como controlar lo que sucede y crear variedad y estimulación para que las actividades sean novedosas y suficientemente retadoras como para involucrarse en ellas. Steckel (2006) afirma que la perspectiva es importante en el constructo del Flujo ya que juega un papel importante en relación al balance entre desafío y habilidad, perspectiva que ha sido definida como la importancia que el ejecutante pone en su acto así como su habilidad para “darse cuenta” de lo que está pasando a su alrededor en ese justo momento (MacDonald, 2003, en Steckel, 2006). Sin duda alguna, existe también un componente de motivación que tiene que ver con el aspecto social. Por ejemplo, en culturas occidentales como la nuestra, los padres son una fuente de soporte y motivación para los niños que se inician en la música, mediante apoyo afectivo con aliento al niño por la actividad que hace, así como instrumental en cuanto al pago de clases y de transporte (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007).

Por otra parte, el miedo a la audiencia así como también diversos síntomas de ansiedad relacionados a la ejecución, son factores importantes que contribuyen al estrés que se espera en una carrera en música, aspectos que son determinantes en la reducción de goce ya sea por músicos amateurs o profesionales que actúan en frente de un público (Steptoe, 1989). Algunos autores afirman que los pensamientos negativos juegan un papel más protagónico en la ansiedad al estar ejecutando en vivo, a diferencia de otras variables fisiológicas o conductuales (Bruce & Barlow, 1990, en Osborne y Kenny, 2008).

Estudios psicológicos en músicos

De acuerdo con Steckel (2006), aunque se han revisado diversos estudios del Flujo en contextos de atletas, muy poca investigación se ha realizado para explorar músicos.

En un estudio en 90 músicos instrumentistas clásicos, se llevó acabo una encuesta tanto con puntajes cuantitativos así como con narrativas de la experiencia de Flujo al ejecutar su instrumento. Para esto se consideraron cinco aspectos fundamentales: a) destaca como una experiencia musical especial, b) involucra una absorción total mientras ejecuta, c) metas claras, d) confianza en el logro de tareas así como e) la atención está focalizada en la ejecución de la música y no en pensamientos irrelevantes. Estos autores refieren haber encontrado que la autoconfianza y el deseo de experimentar y expresar emociones por medio de la música fueron los dos predictores principales de flujo en músicos instrumentistas. Sin embargo las metas, la atención y la ejecución sin autocrítica son también relevantes (Bloom y Skutnick-Henley, 2005).

De acuerdo con Elliot (1995, en Steckel, 2006), la música y la ejecución involucran retos y procesos cognitivos que son totalmente diferentes a otro tipo de tareas, ya que requiere de retos, experiencias de autoaprendizaje y disfrute, concentración, así como acciones dirigidas a las metas musicales. Sin embargo Bloom y Skutnick-Henley (2005) han encontrado que algunos músicos no experimentan Flujo a la hora de estar ejecutando su instrumento, ya que aparece una baja autoconfianza en sus ejecuciones así como no estar abiertos a nuevos descubrimientos tanto de experiencias como de sentimientos, muy probablemente ligado a la falta o culminación de metas.

Según Osborne y Kenny (2008), los estudiantes de música que reportaron una experiencia de ejecución negativa, puntuaron significativamente más alto en niveles de ansiedad que aquellos estudiantes que no reportaron experiencias negativas. Montello (1992) afirma, en un estudio de tipo cualitativo, que existen tres razones principales que están ligadas a experimentar desórdenes de ansiedad al momento de estar en una actuación musical. Para la mayoría de los estudiantes jóvenes las actuaciones musicales requieren de ser perfectas y en donde no hay cabida a los errores, y en donde constantemente son evaluados e inclusive temen ser humillados. Otros factores relacionados son el dejar la casa para estar tiempo completo en el conservatorio, así como las mismas demandas de académicas, referentes a los trabajos, ensayos, jueces, audiciones y problemas interpersonales.

En cuanto a las estrategias de afrontamiento para el manejo de ansiedad antes de un acto en vivo importante, en un estudio con músicos profesionales de orquesta (Steptoe, 1989), se encontró que el 28% reportaron tratar de distraerse, 38% utilizaron técnicas de respiración, 23% utilizaron relajación muscular, 12% admitieron utilizar sedantes y 22% utilizaron alcohol. Esto indica que al menos más del 30% de los músicos utilizaron estrategias de afrontamiento que pudieran perjudicar su salud, así como también llevar a cabo una mala ejecución musical.

En un estudio realizado en una muestra representativa en bandas musicales marchantes universitarias ( collegiate marching bands ), se encontró que la dimensión de Flujo más experimentada es la de experiencia autotélica. Asimismo, los facilitadores de Flujo que fueron percibidos eran “estar preparado mentalmente”, “disfrutar el acto”, así como “tener una actitud positiva” (Steckel, 2006).

Kraus (2003) afirma, mediante un estudio realizado en músicos de un ensamble de instrumentos de viento que encontró características relacionadas al Flujo tales como: a) las experiencias de flujo aparecen más en ensayos de tiempo prolongado porque involucran más actividad de ejecución, b) ensayos frecuentes detienen e interrumpen experiencias de Flujo, c) estudiantes de mayor edad y con más experiencia son más capaces de definir metas personales y crear desafíos que los estudiantes de menor edad.

Lo anteriormente mencionado nos ha permitido desarrollar el presente estudio en el cual se investiga sobre aquellas variables psicológicas relacionadas con la ejecución musical, ubicándola en dos vertientes, la mejor y la peor experiencia que ellos mismos han tenido y el contexto en el que estas se presentaron. Hemos utilizado la autonarrativa escrita como forma de obtención de información.

Método

Participantes

Como criterio de inclusión se consideró que fueran músicos en activo, ya sea que tocaran algún instrumento o que fueran cantantes. Participaron 16 músicos de la ciudad de Monterrey, México; 11 de los participantes fueron de sexo masculino y el resto de sexo femenino, con un promedio de edad de 23.6 y una desviación estándar de 3.1. En lo referente al nivel de estudios, 12 de los participantes cuentan con nivel universitario, dos de preparatoria y uno de nivel técnico y posgrado respectivamente. Solo uno de los participantes es cantante, y en lo que se refiere a su instrumento musical, cinco fueron piano, tres de saxofón, tres de batería, dos de bajo, uno de guitarra y uno de trompeta. En la pregunta ¿Qué tipo de música es la que más ejecutas en vivo?, siete respondieron “jazz”, cuatro “rock”, dos “pop”, uno “latina”, uno “libre”, uno “todas”. De acuerdo a los años de experiencia en el género que más ejecutan se detectó una media de 6.44 años con una desviación estándar de 3.9 años.

Instrumentos

El abordaje fue cualitativo y consistió en un cuestionario que contenía algunas preguntas generales referentes al tipo de música que más y que menos les agrada, el instrumento que ejecutan, el tiempo que dedican a practicar, el número de veces que ejecutan música en vivo, entre otras. Además se les pedía recordar y posteriormente narrar la mejor y peor experiencia musical en cuanto a la siguiente información:

– Recordar y concentrarte en la(s) mejor(es) experiencia(s) que hayas tenido, no en cuanto a resultado necesariamente, sino a lo que hayas sentido como tu(s) mejor(es) actuación(es) musical(es).

– Ubicarte lo mejor que puedas en el lugar y hora de la actuación musical en el que sucedió la experiencia. Recuerda y concéntrate en el mayor número de detalles que te sea posible, en cuanto a las condiciones de la actuación, tu estado anímico, tu percepción del espacio, del público, entre otros. Trata de recrear lo mejor y más completa que puedas la situación en que tuviste tu mejor y más satisfactoria experiencia de actuación musical.

Posteriormente, a los participantes se les señalaba llevar a cabo la narración (tanto en la mejor como en la peor experiencia) en base a:

– Por favor haz un relato, lo más completo y detallado que puedas, sobre tu mejor experiencia de actuación musical, enfocándote principalmente en los siguientes aspectos duales:

1. Sensación de dificultad – facilidad de la ejecución, en relación a tu preparación musical.
2. Grado de atención, concentración – distracción, desconcentración durante la experiencia.
3. Grado de claridad – confusión de tus metas.
4. Sensación de control – descontrol sobre tu acto.
5. Grado de conocimiento – desconocimiento de la calidad de ejecución.
6. sensación de gusto, disfrute – dolor, sufrimiento durante el acto.
7. Cambios de percepción, conciencia interna – externa durante el acto.
8. Resultado obtenido.

Procedimiento

Se realizó una convocatoria por medio de un correo electrónico enviado a cerca de 50 músicos de la ciudad de Monterrey en el mes de mayo de 2007, explicando los objetivos del estudio e invitándolos voluntariamente a una casa donde se aplicaría el cuestionario, se realizaron tres días de aplicación en determinados horarios. Los participantes firmaron un consentimiento escrito de participación, una vez conociendo los propósitos del estudio.

Análisis

Se realizó un análisis de contenido de las narrativas escritas de los participantes tomando en cuenta las siguientes categorías de acuerdo a la teoría de Csikszentmihalyi y utilizadas en el estudio de Kraus (2003). Las categorías son las siguientes: 1) balance entre desafío y habilidad, 2) presencia de metas claras, 3) retroalimentación positiva, 4) sentido de control individual, 5) concentración, 6) combinación de acción y conciencia, 7) pérdida de autoconciencia, 8) pérdida de sentido de tiempo y 9) actividad autotélica. Sin embargo, se tomó en cuenta cualquier otra información importante que pudiéramos rescatar y clasificar en diferentes categorías aunque no formen parte de dicha teoría. Se agruparon en frecuencias en general de todo el discurso y no exclusivamente por participante. Para el análisis cualitativo se utilizó como herramienta el software Atlas.ti 5.0, y para otros datos de tipo sociodemográfico el SPSS 15.0.

Resultados

En cuanto a cuál era el tipo de música que más y que menos les gustaba se encontró que cuatro de ellos respondieron “jazz”, otros cuatro “rock”, dos “pop”, dos “latina”, y “clásica”, “libre”, “alternativa” y “todas” con una frecuencia respectivamente. En el apartado del estilo que menos les gustaba se encontraron muy diversas respuestas; dos de ellos respondieron “mal hecha”, “reggaetón” y “hip-hop” respectivamente, con solo una frecuencia respondieron “punk”, “metal”, “banda”, “regional”, “ninguna”, “trova”, “vallenata”, “rap” y “punchis-punchis-loopy” respectivamente.

A continuación presentamos las narraciones textuales de los músicos participantes de acuerdo a las mejores y peores experiencias musicales que han tenido.

Narración de las mejores experiencias musicales

Referente a la pregunta ¿aproximadamente cuántas horas practicas música a la semana?, resultó con un promedio y una desviación estándar iguales de 14.8. En la pregunta ¿qué tipo de música es la que más ejecutas en vivo?, siete de los participantes respondieron “jazz”, cuatro de ellos “rock”, dos “pop”, y con una frecuencia “latina”, “libre” y “todas” respectivamente. En lo que se refiere a la cantidad de veces que ejecutan música en vivo al año se encontró un promedio de 39.7 con una desviación estándar de 42.8.

Participante 1

Al principio de la tocada apenas iban poniendo el equipo (esto fue en el hard rock live ), tenía tantos nervios de que a la gente de ahí no le fuera a gustar nuestra música (CDN), y que nos fueran a llover pilas o algunos tomates. Eso me dificultaba hacer mis escalas, pero después empezó la fuerza de las ganas de tocar y entonces canalicé esos nervios en concentrarme y no regar las cosas en el escenario. Para mí el hecho de pisar el escenario del hard rock era muchísimo porque muchas bandas y muy buenas lo han hecho ahí. Empezó el famoso sound check y ahí empezó a fluir todo pensamiento descontrolándome a tal grado que no quería dejar de tocar hasta que terminara nuestro show. Después del sound check en el camerino el ver a el otro grupo al que íbamos a abrir plaza “san pascualito rey” estaban de los más tranquilos me ayudó a calmarme en casi la totalidad, hasta que llegó la hora de “entrar a escena”. Con los nervios y las ganas que se tienen antes de tocar empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100% poniendo atención a los sonidos que se fusionan en el grupo. Y los nervios se fueron al tener la ovación de la gente al terminar la primera canción. En ese momento empecé a relajarme y ser como en verdad me siento en cualquier escenario donde se hace música que me gusta tocar y que la gente no nos aventaría pilas ni tomates ni nada. Al final del show hubo mucha gente que nos dijo que les encantó el grupo y que volviéramos pronto.

Participante 2

Una de mis mejores experiencias fue cuando toqué teclados a trío con mi grupo de progresivo, toqué en un lugar que estaba fuera de mi contexto, un lugar donde acostumbraban tocar música pesada, mucha de la gente vestía de negro y yo no, me sentía diferente, sentía que estaba aportando algo a los demás, con el tipo de música que ejecutaba, el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos, se escuchaba un silencio, sentía una gran conexión con los otros dos músicos, un gran dominio de las piezas y un gran dominio del instrumento, recuerdo que hasta volteaba a ver una imagen a un costado del escenario y pensaba que el performance era perfecto, me sentía orgulloso de mí mismo, creía que ese era él “éxtasis musical” al que quería llegar, me sentía muy seguro y mucha aceptación del público, aunque al parecer estábamos fuera de contexto. Al terminar mucha gente me felicitó, fue una gran experiencia.

Participante 3

Recientemente participé en un festival cantando y tocando, estuve ensayando desde meses antes, y debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar, tuve que estar sumamente concentrada, ya que cualquier mínima distracción podría provocar que me desafinara. Entré al escenario observé al público y sonreí, respiré profundamente y me propuse mi objetivo que más que impresionar al público era hacerlo conmigo misma, superarme y hacerlo como nunca para mí, me propuse vivir la canción por ese momento. Al proponerme cantar para mí, el público como que desapareció pero allí estaba, fue como cantarle a la gente en mi cuarto, así que el nervio desapareció y tuve un control total de mí misma. Disfruté cada segundo sentí la canción en la sangre y en cada movimiento de mis manos como si fuera viento, no esperaba que me fuera a desempeñar de esa forma, creí que me iba a ir bien pero no tanto. Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz, y el resultado, fueron gritos y aplausos del público y lo mejor que logré mi objetivo, disfrutar mientras me superaba a mí misma.

Participante 4

Mi mejor experiencia “musical”, definitivamente fue armar junto con tres amigos, un proyecto de disque jazz llamado “latin funky junky” . Este proyecto me dio muchas satisfacciones por muchas razones, empezando por el hecho de que los tres integrantes más, son excelentes amigos con un nivel musical semejante al mío, el que no había nadie que nos detuviera en ninguna idea que se nos ocurriera, como muchas veces nos ha pasado, era un proyecto totalmente libre, totalmente nuestro, hicimos lo que quisimos con la música (cambiar armonía, ritmos, cortes, etc.), además cuando lo presentamos gustó mucho, tanto a músicos como a gente que no lo era. Creo que aprendí mucho de esa experiencia, ayudó a aclarar mis ideas sobre mis metas, que por supuesto, que aún no tengo claras, pero sí despejó un poco las cosas ¿resultado obtenido?, eh… felicidad, jeje, me encanta hacer música.

Participante 5

Fue una presentación en el patio del Café Iguana, había mucha gente, y yo me sentía seguro y de buen ánimo. No sentí sensación de dificultad ya que había ensayado bien días antes. Me sentí bien concentrado, no pensé en la gente que estaba en ese momento, sólo tenía en mi mente tocar bien y disfrutar ese momento. En cuanto a metas, no tenía una meta clara, sólo tocar bien y disfrutar la experiencia. Sobre el control, pues me sentí bien en lo personal, me sentía seguro, pero a veces uno no tiene control sobre otros aspectos técnicos y eso puede crearme estrés y perder la concentración. Acerca del conocimiento sobre la calidad de ejecución, yo sé que no fue la mejor ejecución en cuanto técnica o limpieza en la música, en el momento. Sensación de gusto fue muy buena, me sentí muy bien tocando y lo disfruté mucho, y eso lo transmití al público. Cambios de percepción no recuerdo mucho en este aspecto, sólo recuerdo que me sentía alegre y emocionalmente muy bien. El resultado obtenido fue que el público me percibió como un buen músico, como un buen ejecutante, aunque yo sé que no soy muy bueno, pero creo que esa percepción en ellos fue a como yo me sentía en ese momento de estar tocando, lo que yo sentía y reflejaba en mis emociones y sensaciones al estar tocando, fue lo que el público percibió y por eso ellos sintieron y así me lo dijeron, que les gustó mi presentación esta noche.

Participante 6

Mi primera experiencia con un nivel de audiencia media fue el interpretar la canción de despedida de graduación, en donde toqué la batería, no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien la ejecución. Me concentré en no distraerme, teniendo fija la mirada entre mis compañeros del grupo musical. Tuve claro que era mi primera interpretación en público (como baterista), y que en realidad es algo que me gustaría realizar más a menudo. Siento que la ejecución fue muy buena a pesar de ser sólo un grupo de estudiantes, y que llevábamos menos de un año tocando juntos. Me gustó, disfruté del momento, y poderlo compartir con mis amistades y familiares. En ese momento sentí que la música es una de mis pasiones en la vida. Volvería a repetir la experiencia sin duda alguna. Lo único que me desconcentró un poco fue que ya casi terminando la interpretación, un pedestal de platillo se cayó, pero no perdí la secuencia de la interpretación gracias a dios.

Participante 7

Cuando estuve de gira en el invierno pasado, en uno de los conciertos me enteré ese día que había fallecido mi tío, yo estaba en Bélgica y tenía muchas ganas de estar con mi familia. Mi tío fue el único en mi familia, que fue músico, así que estaba muy orgulloso de lo que yo hago, hablé por teléfono con mis papás y mi mamá me pidió que le dedicara ese concierto a mi tío, ese día di el mejor concierto de mi vida. En ese momento estuve al 100% enfocado en la música que estaba haciendo, y el público notó esa entrega que tuve, inclusive vi que los demás del grupo y del staff estaban muy sorprendidos con mi actuación. Al final terminé con una gran sonrisa y una sensación de total satisfacción.

Participante 8

Esto sucedió hace como dos años, cuando tocaba con M, yo empecé a tocar el bajo a los 17 años, ahorita tengo 21, en ese entonces llevaba un año tocando y un poquito más y como tocaba con músicos mucho más grandes y profesionales que yo, me sentía con muchos nervios. Estuve todo el tiempo concentrada en no equivocarme y que todo saliera bien, pero cada paso que daba al estar tocando, me desconcentraba y tuve que optar por quedarme quieta y sólo sonreír entre cada canción. Muchos músicos famosos me estaban viendo, era la primera vez que tocaba con M, sentía que todo lo que estaba haciendo o lo que había ya hecho, iba por buen camino, sabía que tenía el perfecto control de la situación y que debía mantener toda la atención en lo que hacía. Sabía que mi ejecución era reemplazable y hasta la fecha lo sé, pero en ese momento me concentré en lo que podía dar extra y ahí empezó mi carrera. Poco a poco me di cuenta de lo que le gustaba a la gente y como podía disfrutarlo al mismo tiempo que ellos, disfruté mucho el momento a pesar de la presión, de esa manera, logré superar muchos obstáculos, estuve mucho tiempo tratando de moverme al compás de la música y no lo logré hasta hace poco, pero siento que ese fue el inicio de la experimentación en los escenarios. Utilizaba mucho el play-back para expresarme, para moverme, para quitar las ataduras, los espejos, los comentarios de la gente me hicieron crecer, pero todo empezó ese día en la Mariachita con M, por eso es tan importante.

Participante 9

No recuerdo específicamente cuál ha sido mi mejor experiencia de ejecución musical, pero de lo que sí estoy seguro es que esta experiencia fue durante el tiempo que yo tocaba en la banda de música de la preparatoria. Tocábamos en muchos lugares frecuentemente aquí en la ciudad, teatros, escuelas, auditorios, etc. En aquel entonces, considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento para el tiempo relativamente corto que llevaba tocando, había logrado además dominar las piezas, ya no pensaba en si estoy tocando la nota correcta sino en sí la pieza saldría con “feeling” que necesitaba, me sentía muy ligado a la emoción que trataba de expresar a través de mi instrumento aun y cuando fueran líneas de bajeo, considero que sabía a dónde quería llegar tocando y esto va a transmitir al público lo que la pieza me hacía sentir. Los pasajes difíciles o que no había estudiado mermaban mi objetivo y la situación se tornaba entonces más mecánica, esto es, dejaba de estar en contacto con mis canciones y mi ejecución se escuchaba más vacía, en ocasiones callaba mi instrumento, escudándome entre la mezcolanza de sonidos, era como miedo a demostrar que no sabía. Disfrutaba mucho esas épocas porque me hacía sentir que tenía control sobre mí mismo y lo que hacía, la gente me admiraba por mis capacidades, me sentía muy bien tocando y la mejor parte del tiempo, la música fue el centro de mi vida.

Participante 10

La sensación de dificultad en relación con mi preparación no la tuve, me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo (la tocada/el evento, etc.). Me considero una persona distraída pero cuando toco aunque puede que me distraiga en algo siempre estoy concentrada en lo que estoy haciendo, se me olvida todo lo demás. No sentí confusión alguna durante mi presentación. Sobre el descontrol de mi acto tampoco pude percibirlo. Conocía el material que estaba tocando y tenía que tocar. Hubo un cierto apretón que sentía en el pecho y lo he sentido en algunas otras ocasiones…. como especie de quemadura en el pecho, taquicardia, sudor… y aunque la sensación era fuerte como para sentir miedo o ansiedad, me sentía segura. Sólo pensaba o más bien creo que no pensaba en algo, sólo tocaba.

Participante 11

Finalmente y evidentemente el modo y concentración de la ejecución en vivo es algo que se va desarrollando y trabajando con el tiempo, así como el mismo aprendizaje rutinario de la vida diaria, viene a ser similar en la música, la experiencia bajo el reflector se evoca un sin número de sensaciones, la idea sería enfocarse en la música, y en la ejecución del tema, tratando de transmitir el sentir del tema bajo la expresión musical.

Participante 12

La última vez que toqué que fue en el festival de la canción de la UDEM 2007, creo que fue una de mis mejores experiencias de actuación para mí. Yo toqué el piano y canté (acompañada de otros tres músicos), el nivel de dificultad en el piano no era muy alto, a comparación de otras ejecuciones más complicadas que puedo realizar. En cuanto a lo vocal sí era una melodía con muchos cambios y modulaciones, por lo que era un reto cantarlo a mi máxima rendición, pero me preparé bien con anticipación y pude hacerlo muy bien. Traía muy buena concentración en lo que estaba haciendo, habíamos ensayado bastante así que no había distractores como nervios o miedo. Durante toda la ejecución de la canción creo que olvidé un poco al estar tocando frente a mucha gente, me sentí más concentrada en la música en el momento, mi principal meta en esa actuación era disfrutarlo mucho y poder transmitir lo bien que habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar, quería que la gente pudiera sentir esa química, por otro lado también quería dar a conocer la canción que compuse y ver cómo reaccionarían la gente y también los jueces. También tenía el deseo de ganar algo por mi canción o ejecución vocal así que eso era también una meta aunque no la prioritaria. He tenido ocasiones que siento mucho descontrol de mis emociones al tocar en público pero en esta ocasión sucedió lo contrario, me sentía muy cómoda conmigo misma, confiaba en mí, en mis músicos, así que sentí bastante control de la situación. En cuanto al conocimiento de la calidad de ejecución, tenía bastante bien la percepción a lo que estábamos haciendo. Sabía que estábamos tocando todos muy bien por como lo escuchaba… también sabía con certeza que estaba muy bien hecha. Hubo la sensación de un gran placer y disfrute durante la ejecución de la canción realmente me sentí muy contenta durante el momento y al terminar sentí muy buena energía dentro de mí, es decir, la sensación de gratificación y felicidad que se siente con la combinación de tocar algo que suena muy bien y además saber que todo está fluyendo bien. Sí estaba consciente de la realidad externa pero no por completo, gran parte de mi conciencia se dirigía a mi interior, al piano, a mi voz, simplemente a la música ya hacerlo bien, no tanto a pensar en quién estaría allá afuera viéndonos. El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar, también ganamos primer lugar y mejor vocalista, lo cual fue muy satisfactorio.

Participante 13

Hace algunas semanas en un jam session conocí a CP, saxofonista tenor y al momento de comenzar a tocar con él, sentí una conexión extraordinaria y una energía excepcional. Tuve una sensación de facilidad al tocar en el contexto en el que nos presentábamos tocando standards de jazz, la música nos estaba llevando como si fuera un río, relajado, dejándonos llevar por la música misma. Durante el jam el cual duró como 2 o 3 horas hubo un grado de atención y concentración máximo, ya que en el jazz, se debe de tener esa atención a los músicos con los que tocas para crear la mejor relación musical posible, no había ni un pequeño incidente que me distrajera, sólo podía pensar en la música que salía de su saxofón y del rhodes con el que yo estaba tocando, en ese momento no sentí que tuviera una meta específica, todo se fue dando muy naturalmente. En cuanto a la sensación de control o descontrol del momento (o acto), no sé si lo sentí todo muy controlado o totalmente descontrolado, al punto que sentí todo en su lugar. Desde el momento que estábamos produciendo los sonidos, sentí y supe que la calidad de ejecución fue mucho más alta que de lo normal y naturalmente (desde mi punto de vista), hubo una sensación de gusto enorme durante y después de haber tocado, todo el momento del acto estuve escuchando a este saxofonista y atento a lo que nos estaba llevando la música. El resultado final fue completamente de satisfacción.

Participante 14

Pues una de mis mejores experiencias de actuación musical fue en un examen final de tercer año de carrera en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey. La pieza que toqué era un fandango de Rafael Méndez, gran trompetista mexicano, la pieza la verdad tenía una gran dificultad técnica por la velocidad, la articulación, el registro, y por lo tanto expresar era difícil por todo lo que necesitaba cubrir antes de pensar en eso. La verdad no me aprendí bien la pieza por lo que preferí leerla, aunque me bajaran puntos, prefería que me los bajaran por leer que por una mala ejecución o que olvidara algo. Por ser un examen, yo me sentía nervioso, pero seguro hasta cierto punto, porque anteriormente en la práctica había podido cumplir con los requerimientos técnicos. Al comenzar a tocar me fui dejando llevar y tratando de ir junto con la pieza matizando lo más posible para tratar de decir algo. Mientras tocaba iba sintiendo alegría y fuerza ya que era una pieza muy enérgica. Al final sentí satisfacción porque había logrado hacer una buena ejecución para mí, aparte que había sido una pieza que había que tenido que trabajar mucho.

Participante 15

Me sentía confiado, seguro y apto para la ejecución, me pareció sencilla en cuestión técnica, no me gusta complicarme en el escenario. Estaba muy concentrado en el sonido, integrantes, audiencia. Perceptivo de cada situación en todo el lugar, sensible al medio ambiente en general. Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia, esa era la meta. Algo inquieto por la preparación de los demás y al tanto de que todos entendieran lo que yo para así dar un mensaje claro en conjunto. Muy tranquilo, sorprendido por la interpretación de todos los integrantes y contento por ver el desarrollo y evolución de todos. Me sentía muy contento, concentrado, no sufrí nada, olvidé el cansancio del día, y no quería dejar de tocar. La imagen de los integrantes y mía, mejoró para bien y me alentó a seguir en la música con mayor ímpetu. Satisfacción de los integrantes, mía y del público, felicidad, tranquilidad y paz interior.

Participante 16

Un día un amigo me invitó a su casa a ver un piano nuevo y fui a tocarlo, llevé conmigo dos libros el Real Book de jazz y otro de brazilian music , total toqué toda la tarde al final, su jefe (papá) bajó de su cuarto y me felicitó, además me invitó a cenar al Hawai, un restaurante con piano, cuando llegamos me subió a tocar de inmediato, toqué con mucha presión pero a la vez me encantaba la idea de tocar para gente grande mientras cenaban. Sucedieron cosas muy locas pues este señor es un excomandante importante y conocido en Monterrey, entonces gritaba mucho “toca, toca, maestro!”, y pues a la vez tenía que quedar bien con ese gritón a mi lado, pero lo que hace esto una experiencia buena, es que me obligaba como un comandante a hacer algo que me gusta y pues siempre hacia en mi propia casa tocar para gente mientras comen o cenan. Yo toco piano en mi casa desde los 7 años y siempre después de comer, toco para mis padres, entonces en ese momento en el restaurante sentí una tranquilidad interior y realmente gozaba tocar para la gente que ahí cenaba. El señor quedó satisfecho, yo también o más, pues el pago, una cuenta de 4.750 pesos. Ese día toqué todo el tiempo de mi casa a su casa, luego al restaurante, acabé muy satisfecho de lo que hago ya que mucha gente también lo gozó.

Narración de las peores experiencias musicales

Participante 1

Era la primera vez que tocaba con mi grupo, íbamos a tocar en un tributo a “Caifanes”, (grupo que me gustaba mucho en aquel entonces), y que me dan la noticia que M el guitarrista iba a estar en primera fila, desde ahí no podía casi hablar, estaba aterrado y al momento que nos tocó participar, estaba tan nervioso que no pude tocar.

Participante 2

Mi peor experiencia fue en un concurso musical de la universidad, era una pieza que iba a “experimentar” nuestro bajista tocando el piano, yo estaba en la batería, y el pianista estaba en el bajo, y habíamos invitado a una cantante, la pieza era muy monótona, a mí no me gustaba pero estaba dispuesto a tocarla, cuando empezamos a tocar después de cómo un minuto, sentí un tremendo vacío en el estómago, me había bloqueado por completo, se me había olvidado los cortes, las vueltas y cómo sería el final, sólo seguía tocando al mismo ritmo una y otra vez, hasta que llegó el momento que no sabía que hacer e hice un corte lento con la batería que denotaba el final, me bajé del escenario con pena, vergüenza y muy decepcionado de mí, ya terminado me di cuenta que a la cantante se le había olvidado toda la letra y por eso no se hicieron los cambios en la pieza, ella estaba llorando, había una completa desconexión; no nos comunicábamos con la mirada ni con la música, además no escuchaba bien uno de los instrumentos, el piano.

Participante 3

Iba a tocar una canción en la guitarra que en ese momento era complicada para mí, me gustaba mucho la canción, así que ya me sabía parte desde a como un año antes aproximadamente, me decidí a tocarla como dos meses antes, la practiqué a diario, la dominé pero de repente sí me equivocaba, hasta que logré no equivocarme, durante la presentación estaba concentrada pero demasiado nerviosa, la mano me temblaba, no lograba controlarla, sabía lo que tenía que hacer, sabía cómo hacerlo, pero mis manos no reaccionaban, tocaba otras cuerdas, fue horrible, y el sonido en el escenario no ayudaba, sabía lo que quería, quería decir pude, lo superé, pero el nervio me ganó, a pesar de que sólo me equivoqué en la intro, era lo más importante, y el resto salió bien, y ya no lo pude disfrutar como quería. El resultado para mí fue horrible pero me ayudó para darme cuenta de lo que los nervios pueden provocar.

Participante 4

Un examen de piano, para el que no estudié nada, y la maestra me dijo que tenía que ir a disculparme con los sinodales, porque ni siquiera había visto las hojas, entonces, pues ese día aprendí que la música hay que tomarla con seriedad.

Participante 5

Fue en un bar llamado IBEX, fue la peor presentación que he tenido, la sensación de dificultad fue mucha ya que íbamos a tocar canciones “nuevas”, que teníamos poco tiempo de haberlas ensayado, no habíamos ensayado mucho, y nos sentimos confiados que todo iría bien pero no fue así. Mi grado de concentración fue muy poco, me equivoqué en mi ejecución y mis compañeros de la banda también, se equivocaron y eso me desconcentraba aún más. No tenía mucha claridad de mis metas, sólo quería terminar de tocar y deseaba que ya no nos equivocáramos tanto. No tenía nada de control, eran demasiadas cosas malas las que estaban pasando, y eso ponía las cosas aún peor. Sabía que lo estaba haciendo mal mi ejecución y que mis compañeros también lo estaban haciendo mal. La sensación de disfrute fue nula, queríamos salir corriendo del lugar, anímicamente me sentí muy mal. En la percepción interna y externa, recordé los días pasados, donde no ensayamos, de pronto estaba tocando pero mi mente estaba pensando en otra cosa. El resultado obtenido fue una mala presentación, tanto mía como del resto de la banda. Y la sensación de malestar, me sentí decepcionado de mí, quería irme y correr a casa para ponerme a practicar. También pasó por mi mente dejar de tocar.

Participante 6

La peor experiencia que tuve fue ensayando yo sola (piano), al tratar de practicar varias melodías en el piano, por más que trataba no podía sacar alguna canción sin haberme equivocado. Siento que se me dificulta concentrarme al querer interpretar una melodía, cuando tengo muchas preocupaciones o estoy pensando en unas negativas. Por más que intento no pensar en nada más que en el momento, me desespero y no puedo llevar a cabo alguna ejecución correctamente. Aunque ya me sepa las melodías de memoria, se me borran las notas o acordes y tengo que recurrir a anotaciones y aun así no logro obtener una interpretación libre de errores. Cuando pasa esto me desespero y no aguanto mucho ensayando, por lo que dejo de practicar y no es una sensación que disfruté.

Participante 7

En un concierto en el DF, durante el sound check , se cayó el stand de los teclados y se rompió uno de los teclados que iba a usar, ese teclado me lo habían prestado, así que me sentía muy mal, por eso no sabía que iba a pasar porque era difícil conseguir otro, finalmente me consiguieron uno después de varias horas, pero todo se retrasó mucho por ese accidente, por otro lado yo estaba pasando en ese momento por una situación emocional muy complicada para mí, así que eso me hizo sentir muy mal. Durante el concierto me sentí muy cansado y no sentí que di lo mejor de mí, me sentí muy decepcionado por no haber superado las dificultades.

Participante 8

En este evento no hubo dificultad, fueron factores externos los que me afectaron y no lo pude desligar. El baterista se enojó porque no escuchaba la secuencia y estuvo todo el tiempo enojado y a mí me afectó, a parte el público no era el ideal, ni el lugar para ese tipo de música. Pero acabo de recordar otra peor… fui a tocar con un solista a un rancho para un evento del Tec, estábamos tocando con una baterista que a mí no me gustaba su ejecución ni su actitud, yo estaba muy cansada y muy enojada porque como había reprobado varias materias mis papás me habían dicho que era la última vez que tocaba hasta que mejorara en la escuela. Fue el año pasado, yo no me sentía cómoda con los músicos ni con la música, sólo lo hice por un favor para apoyar a mi amigo solista y traté de ver todo lo positivo del proyecto pero la tocada salió horrible, nadie puso atención todos estaban en otro lado, a mí se me olvidaban las canciones, todo por sin ningún lado, sólo nos faltaba estar afinados en otro tono todos, gracias a dios no pasó ¡jaja!, pero todos gritaron bájense y muy mal ¡jaja!. Pero como no lo sentí como proyecto propio pues no me importó tanto.

Participante 9

De las peores experiencias de actuaciones musicales que he tenido yo, creo estarían más ubicadas en la época de la universidad, donde participé en varios espectáculos, las piezas en sí no representaban mucha dificultad, pero me era más difícil concentrarme, por varias razones. En primera sentía que la carga de trabajo durante la actuación era mucha, era muy cansado y llegaban a aburrirme, me preocupaba mucho la opinión que pudieran tener sobre mi ejecución ya que constantemente la retroalimentación era negativa (en respecto a las mejores experiencias de actuación donde la retroalimentación hacia mí era constantemente positiva). Aunque esta última por la razón exclusiva de que esas fueran las peores experiencias, ya que a veces sucedía que la retroalimentación era “positiva”, pero de alguna forma falsa, ya que yo me daba cuenta de que mi actuación no era la mejor y que tocaba no de la manera en que me hubiera gustado. Muchas de las veces tocaba por mero compromiso no quería estar ahí, pero tampoco quería decir que no, por mantener un contacto “vivo” y seguir tocando ocasionalmente. Durante las actuaciones lograba disfrutar mas no estar satisfecho ya que mucho era improvisación y eso no es un fuerte mío, además de que tocaba muy esporádicamente y la calidad del sonido no era tan bueno, esto me hacía sentir avergonzado, mecánico, no quería estar ahí, mi imaginación me fluyó, yo me sentía muy identificado con el ambiente que se daba dentro del grupo, a veces lograba estar muy concentrado y a veces estaba muy al pendiente de todo el público, los resultados no fueron los que esperaba, nunca los fueron.

Participante 10

Me sentía preparada mas no ensayada, la dificultad de la música que iba a tocar no era gran cosa, sino que no medí tiempo para ensayar lo que iba a interpretar. Durante mi experiencia no me distraje, estuve concentrada tratando de sacar adelante la tocada. No confundí el propósito que tenía que era poder transmitir algo, algún sentimiento a quienes me escuchaban. Sí sentía cierto descontrol puesto que no conocía bien los temas y no me sentía bien ensayada con los músicos que me acompañaban. Sí tenía cierto desconocimiento, puesto que incluso algunos temas no los había escuchado antes. Tenía la sensación de agrado, me gustó lo que hice, aunque hubo cosas que no me gustaron, también sabía que la experiencia pronto pasaría así que enfoqué a disfrutar la experiencia, fuera buena o mala pero disfrutarla. Pensaba en sólo disfrutar de toda la experiencia. Me di cuenta que en ocasiones es necesario prepararse para poder interpretar.

Participante 11

Puedo decir que dos de mis peores sensaciones, han sido las primeras veces de presentaciones en vivo, sobre todo yo que soy una persona nerviosa, pero que con el tiempo y por el fuerte amor a la música lo he ido superando, y la otra situación en las primeras experiencias de grabación en las cabinas así como problemas con secuencias o el metrónomo. Lo peor que me ha pasado es sentir la sensación de sufrimiento de nervios y cansancio, puedo decir que esto me ocurrió algún tiempo al tocar en vivo estos siendo problemas de nervios. Con el tiempo estas han desaparecido al controlar dichos efectos y al ir aprendiendo a disfrutar el acto sin preocupaciones “todo esto situaciones de principiantes”.

Participante 12

Fue una vez que canté en la UDEM con el ensamble, el evento se llamó “Mexicanísimo”. Sentía que lo que iba a cantar era difícil en ese momento porque mi garganta no estaba del todo bien, acababa de salir de una gripa muy fuerte, había estado sin voz un par de días y todavía me costaba llegar a tonos altos. Sabía que yo podía cantar muchísimo mejor en otras condiciones más óptimas de salud. Pero en ese momento lo que canté me parecía difícil ejecutarlo dado mi estado físico. Estaba muy desconcentrada, no podía dejar de pensar negativamente, sabía que mi ejecución no estaba siendo óptima y eso me hacía sentir insegura y como que creía que de cierta forma estaba haciendo un ridículo. Sólo podía pensar en el coraje que me daba estar mal de mi garganta y en lo que la gente pudiera estar pensando al escucharme. Sabía qué tenía que hacer y qué quería, sabía que mi meta era hacerlo bien porque anteriormente ya lo había hecho muy bien, pero aunque lo tuviera claro en esa ocasión no pude alcanzar esa meta. La sensación de descontrol yo creo era lo que más sentí aquella vez, estaba muy nerviosa, ya no solamente sentía que cantaba mal por estar ronca sino por estar con miedo, nervios y sentirme muy vulnerable. Esa tensión se me iba a la garganta y menos podía cantar. No disfruté nada el momento pues todo el tiempo como que viví en una idea muy pesimista de que lo estaba haciendo muy mal y que eso era lo peor que me podía pasar, aunque ahorita lo veo diferente o sea mucho más sencillo y que “no era para tanto”, en ese momento yo creo que por tener otros problemas en mi vida personal sentí que era el fin del mundo y sufrí todo el tiempo que canté. Mi conciencia estaba demasiado presente tanto de mí misma como del público. Sólo tratando de ver las expresiones de la gente, qué podían estar pensando de mí y diciéndome que lo estaba haciendo muy mal. Para mí el resultado fue negativo, me afectó mucho… de hecho pensando ya no volver a cantar ni tocar, ni nada en público. Pero a fin de cuentas a la gente sí le gustó, creo que era más mi inseguridad que distorsionó mucho la realidad, en realidad salió bien tal vez no lo mejor que pudo haber salido pero bien simplemente.

Participante 13

En otro jam session conocí a JS, trompetista quien seguía pidiendo “rolas” dificilísimas de ejecutar, aparte que no había bajista y yo tenía que hacer el bajo, para empezar fue una sensación de dificultad grandísima pues yo no encajaba bien con el baterista, yo estaba sumamente concentrado en hacer la línea de bajo y acompañar al trompetista pero era inútil, las metas eran muy claras, pero había un descontrol enorme de la situación, ya que no es natural todavía para mí hacer la línea de bajo y acompañar y/o improvisar un solo al mismo tiempo. Todo el tiempo supe que todo estaba saliendo mal y probablemente eso afectó negativamente mi ejecución. Para ser sincero no disfruté nada el momento pues odio que las cosas salgan mal por mi culpa. No hubo nada que me distrajera sino mis propios errores y fallas. El resultado fue negativo en cuanto a cómo me sentía conmigo mismo y que en el trompetista no me volvió a hablar para tocar con él.

Participante 14

Una de mis peores actuaciones fue en un examen final de la ESMDM, no recuerdo bien si fue en mi primer o segundo año de carrera, pero recuerdo que toqué un arreglo para trompeta de un Allegro Spiritosso que era para violín. Recuerdo que esa pieza la toqué de memoria y ya lo había hecho en la práctica pero en esa ocasión algo pasó. Recuerdo que hacía mucho calor y yo estaba nervioso porque tocar algo de memoria nunca me ha sido sencillo, aparte uno de los sinodales no sé que tenía pero te hacía sentir más nervioso de lo normal, en el momento que empecé a tocar empecé a fallar y eso desató más nerviosismo e inseguridad, que me hicieron tocar mal, el tiempo lo sentía transcurrir lento y causaba una gran insatisfacción.

Participante 15

Era algo muy fácil. No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes, me parecía mala y sin sentido, me quitaba las ganas de seguir tocando, estaba claro de ideas y metas del evento, dudé sobre el haber aceptado a tocar, y de continuar tocando esa noche. Estaba perdido, no entendía nada de lo que se hacía, conocimiento total era algo muy simple. Sufría cada canción no quería seguir. Cambió mi idea de preparación grupal y conocimiento interpersonal en los integrantes. Trato de ensayar más y organizar bien lo que se va a interpretar; además de buscar que los demás entiendan desde su perspectiva lo que yo.

Participante 16

Una vez me invitaron a improvisar pero el grupo más bien lo hizo con Karma musical. Karma musical: no ensayan, no rolas, no nada. Me medio subí un rato no me gustó pues era demasiado “impro”, sin base sin nada, no había mucha gente, pero el hecho que más me molestó era que la banda nunca ensayara y de un día para otro quisiera hacer maravillas. Me molesta tanto que mejor ni lo escribo más.

Análisis de resultados

Con el fin de ilustrar de una mejor manera el contenido de todo el discurso de los participantes y su clasificación, a continuación presentamos las siguientes tablas con las categorías y frecuencias en orden de mayor a menor que se fueron realizando en ambos apartados; a) las mejores experiencias musicales y b) las peores experiencias musicales. Así como también se explican a qué se refiere cada categoría en base a las respuestas prototípicas de los músicos participantes. Algunos datos del discurso que no fueron clasificados en categorías nos brindaron también datos importantes para reflexionar. Asimismo hubo casos en que los participantes no arrojaron información relevante en su narrativa, debido probablemente a una confusión en las preguntas del instrumento.

Tabla 1

Mejores experiencias musicales

Frecuencias

Sentido control individual

20

Disfrute escénico

18

Concentración

14

Desafío y habilidad

9

Aprobación público

8

Atención público

8

Conexión con los otros músicos

7

Presencia metas claras

5

Retroalimentación positiva

4

Obtener un premio

2

Sensación de silencio en el acto

2

Referente a la categoría de “sentido control individual”, se encontraron estas respuestas: “un gran dominio de las piezas y un gran dominio del instrumento, recuerdo que hasta volteaba a ver una imagen a un costado del escenario y pensaba que el performance era perfecto”, “me sentía muy seguro”, “estuve ensayando desde meses antes, y debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar”, “no esperaba que me fuera a desempeñar de esa forma, creí que me iba a ir bien pero no tanto”, “era un proyecto totalmente libre, totalmente nuestro, hicimos lo que quisimos con la música (cambiar armonía, ritmos, cortes, etc.)”, “y yo me sentía seguro y de buen ánimo”, “Sobre el control, pues me sentí bien en lo personal, me sentía seguro”, “no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien la ejecución”, “Lo único que me desconcentró un poco fue que ya casi terminando la interpretación, un pedestal de platillo se cayó, pero no perdí la secuencia de la interpretación gracias a dios”, “pero cada paso que daba al estar tocando, me desconcentraba y tuve que optar por quedarme quieta y sólo sonreír entre cada canción”, “sentía que todo lo que estaba haciendo o lo que había ya hecho, iba por buen camino, sabía que tenía el perfecto control de la situación”, “considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento”, “Disfrutaba mucho esas épocas porque me hacía sentir que tenía control sobre mí mismo”, “me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo”, “como especie de quemadura en el pecho, taquicardia, sudor… y aunque la sensación era fuerte como para sentir miedo o ansiedad, me sentía segura”, “En cuanto a lo vocal sí era una melodía con muchos cambios y modulaciones, por lo que era un reto cantarlo a mi máxima rendición, pero me preparé bien con anticipación y pude hacerlo muy bien”, “me sentía muy cómoda conmigo misma, confiaba en mí, en mis músicos, así que sentí bastante control de la situación”, “no sé si lo sentí todo muy controlado o totalmente descontrolado, al punto que sentí todo en su lugar”, “Por ser un examen, yo me sentía nervioso, pero seguro hasta cierto punto”, “Me sentía confiado, seguro y apto para la ejecución”.

En la categoría de “disfrute escénico” se agruparon estas respuestas “creía que ese era él -éxtasis musical-“, “y lo mejor que logré mi objetivo, disfrutar mientras me superaba a mí misma”, “empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100%”, “felicidad jeje me encanta hacer música”, “sólo tenía en mi mente tocar bien y disfrutar ese momento”, “me sentí muy bien tocando y lo disfruté mucho”, “Me gustó, disfruté del momento, y poderlo compartir con mis amistades y familiares”, “Al final terminé con una gran sonrisa y una sensación de total satisfacción”, “disfruté mucho el momento a pesar de la presión, de esa manera, logré superar muchos obstáculos”, “me sentía muy bien tocando”, “Sensación de bienestar y satisfacción”, “Hubo la sensación de un gran placer y disfrute durante la ejecución de la canción realmente me sentí muy contenta durante el momento y al terminar sentí muy buena energía dentro de mí”, “El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar”, “El resultado final fue completamente de satisfacción”, “Mientras tocaba iba sintiendo alegría y fuerza ya que era una pieza muy enérgica. Al final sentí satisfacción porque había logrado hacer una buena ejecución para mí”, “Me sentía muy contento, concentrado, no sufrí nada, olvidé el cansancio del día, y no quería dejar de tocar”, “pero lo que hace esto una experiencia buena, es que me obligaba como un comandante a hacer algo que me gusta”, “sentí una tranquilidad interior y realmente gozaba tocar para la gente que ahí cenaba”.

Para la categoría de “concentración” se hallaron respuestas como “empezó la fuerza de las ganas de tocar y entonces canalicé esos nervios en concentrarme y no regar las cosas en el escenario”, “tuve que estar sumamente concentrada, ya que cualquier mínima distracción podría provocar que me desafinara”, “Me sentí bien concentrado”, “Me concentré en no distraerme, teniendo fija la mirada entre mis compañeros del grupo musical”, “En ese momento estuve al 100% enfocado en la música que estaba haciendo”, “Estuve todo el tiempo concentrada en no equivocarme y que todo saliera bien”, “y que debía mantener toda la atención en lo que hacía”, “pero en ese momento me concentré en lo que podía dar extra y ahí empezó mi carrera”, “siempre estoy concentrada en lo que estoy haciendo”, “Finalmente y evidentemente el modo y concentración de la ejecución en vivo es algo que se va desarrollando y trabajando con el tiempo”, “Traía muy buena concentración en lo que estaba haciendo, habíamos ensayado bastante así que no había distractores como nervios o miedo”, “me sentí más concentrada en la música en el momento”, “hubo un grado de atención y concentración máximo”, “Estaba muy concentrado en el sonido, integrantes, audiencia”.

La categoría de “desafío y habilidad” se caracterizó por respuestas tales como “No sentí sensación de dificultad ya que había ensayado bien días antes”, “debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar”, “no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien”, “considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento para el tiempo relativamente corto que llevaba tocando”, “La sensación de dificultad en relación con mi preparación no la tuve, me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo”, “el nivel de dificultad en el piano no era muy alto, a comparación de otras ejecuciones más complicadas que puedo realizar”, “Tuve una sensación de facilidad al tocar en el contexto en el que nos presentábamos tocando standards de jazz”, “la pieza la verdad tenía una gran dificultad técnica por la velocidad, la articulación, el registro, y por lo tanto expresar era difícil por todo lo que necesitaba cubrir antes de pensar en eso. La verdad no me aprendí bien la pieza por lo que preferí leerla”, “me pareció sencilla en cuestión técnica, no me gusta complicarme en el escenario”.

Para la categoría de “aprobación del público” se encontró “Y los nervios se fueron al tener la ovación de la gente al terminar la primer canción”, “y mucha aceptación del público”, “Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz, y el resultado, fueron gritos y aplausos del público”, “El resultado obtenido fue que el público me percibió como un buen músico, como un buen ejecutante”, “y el público notó esa entrega que tuve”, “Poco a poco me di cuenta de lo que le gustaba a la gente”, “la gente me admiraba por mis capacidades”, “Satisfacción de los integrantes, mía y del público”.

Las respuestas que se encontraron de acuerdo a la categoría de “atención del público” fueron “empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100% poniendo atención a los sonidos que se fusionan en el grupo”, “el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos”, “Entré al escenario observé al público y sonreí”, “Muchos músicos famosos me estaban viendo”, “y esto va a transmitir al público lo que la pieza me hacía sentir”, “por otro lado también quería dar a conocer la canción que compuse y ver cómo reaccionarían la gente y también los jueces”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia”, “toqué con mucha presión pero a la vez me encantaba la idea de tocar para gente grande mientras cenaban”.

Para la categoría de “conexión con los otros músicos” las respuestas fueron “conexión con los otros dos músicos”, “empezando por el hecho de que los tres integrantes más, son excelentes amigos con un nivel musical semejante al mío, el que no había nadie que nos detuviera en ninguna idea que se nos ocurriera”, “inclusive vi que los demás del grupo y del staff estaban muy sorprendidos con mi actuación”, “habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar”, “al momento de comenzar a tocar con él, sentí una conexión extraordinaria y una energía excepcional”, “se debe de tener esa atención a los músicos con los que tocas para crear la mejor relación musical posible”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos”.

La categoría de “presencia de metas claras” se caracterizó por respuestas como “me propuse mi objetivo que más que impresionar al público era hacerlo conmigo misma, superarme y hacerlo como nunca para mí, me propuse vivir la canción por ese momento”, “ayudó a aclarar mis ideas sobre mis metas”, “considero que sabía a dónde quería llegar tocando”, “mi principal meta en esa actuación era disfrutarlo mucho y poder transmitir lo bien que habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia, esa era la meta”.

De acuerdo con la categoría de “retroalimentación positiva” se obtuvo “Al final del show hubo mucha gente que nos dijo que les encantó el grupo y que volviéramos pronto”, “Al terminar mucha gente me felicitó, fue una gran experiencia”, “fue lo que el público percibió y por eso ellos sintieron y así me lo dijeron, que les gustó mi presentación esta noche”, “los comentarios de la gente me hicieron crecer”.

En la categoría de “obtener un premio” encontramos “También tenía el deseo de ganar algo por mi canción o ejecución vocal así que eso era también una meta aunque no la prioritaria”, “El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar, también ganamos primer lugar y mejor vocalista, lo cual fue muy satisfactorio”.

Para la última categoría de “sensación de silencio en el acto” se obtuvo “el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos, se escuchaba un silencio”, “Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz”.

De acuerdo a las peores experiencias musicales, presentamos a continuación la tabla de categorías y sus frecuencias y posteriormente una explicación de cada una de ellas de acuerdo a las respuestas de los participantes.

Tabla 2

Peores experiencias musicales

Frecuencias

Emociones negativas (pena vergüenza, decepción, enojo, cansancio, preocupación, sufrimiento, nerviosismo, inseguridad, otras)

13

Sin disfrute escénico

10

Sin concentración

8

Falta de preparación

7

Desconexión entre músicos

6

Nervios

6

Pensamientos negativos

4

Fallas técnicas escénicas

4

Desaprobación por el público

4

Nervios por la opinión del público

2

Problemas físicos

1

En base a las respuestas clasificadas dentro de la categoría de “emociones negativas” se encontró lo siguiente “me bajé del escenario con pena, vergüenza y muy decepcionado de mí”, “anímicamente me sentí muy mal”, “Y la sensación de malestar, me sentí decepcionado de mí”, “cuando tengo muchas preocupaciones”, “así que me sentía muy mal”, “yo estaba pasando en ese momento por una situación emocional muy complicada para mí, así que eso me hizo sentir muy mal. Durante el concierto me sentí muy cansado y no sentí que di lo mejor de mí, me sentí muy decepcionado por no haber superado las dificultades”, “yo estaba muy cansada y muy enojada porque como había reprobado varias materias mis papás me habían dicho que era la última vez que tocaba hasta que mejorara en la escuela”, “era muy cansado y llegaban a aburrirme”, “la calidad del sonido no era tan bueno, esto me hacía sentir avergonzado”, “es sentir la sensación de sufrimiento de nervios y cansancio”, “y eso me hacía sentir insegura y como que creía que de cierta forma estaba haciendo un ridículo”, “en el momento que empecé a tocar empecé a fallar y eso desató más nerviosismo e inseguridad”, “Sufría cada canción no quería seguir”.

De acuerdo a la categoría de “sin disfrute escénico” se obtuvieron las siguientes respuestas “la pieza era muy monótona, a mí no me gustaba pero estaba dispuesto a tocarla”, “y ya no lo pude disfrutar como quería”, “La sensación de disfrute fue nulo, queríamos salir corriendo del lugar”, “Cuando pasa esto me desespero y no aguanto mucho ensayando, por lo que dejo de practicar y no es una sensación que disfrute”, “Muchas de las veces tocaba por mero compromiso no quería estar ahí”, “aunque hubo cosas que no me gustaron”, “No disfruté nada el momento pues todo el tiempo como que viví en una idea muy pesimista de que lo estaba haciendo muy mal y que eso era lo peor que me podía pasar”, “Para ser sincero no disfruté nada el momento pues odio que las cosas salgan mal por mi culpa”, “me quitaba las ganas de seguir tocando”, “Me medio subí un rato no me gustó pues era demasiado impro, sin base sin nada”.

En la categoría de “sin concentración” encontramos “Mi grado de concentración fue muy poco”, “Siento que se me dificulta concentrarme al querer interpretar una melodía”, “pero me era más difícil concentrarme”, “mi imaginación me fluyó”, “Durante mi experiencia no me distraje”, “Estaba muy desconcentrada”, “No hubo nada que me distrajera sino mis propios errores y fallas”, “No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes”.

Sobre la categoría de “falta de preparación” los hallazgos fueron “Un examen de piano, para el que no estudié nada”, “íbamos a tocar canciones “nuevas”, que teníamos poco tiempo de haberlas ensayado, no habíamos ensayado mucho”, “Me sentía preparada mas no ensayada”, “sino que no medí tiempo para ensayar lo que iba a interpretar”, “Trato de ensayar más y organizar bien lo que se va a interpretar”, “no ensayan, no rolas, no nada”, “pero el hecho que más me molestó era que la banda nunca ensayara”.

En la categoría de “desconexión entre músicos” se encontró “había una completa desconexión; no nos comunicábamos con la mirada ni con la música”, “estábamos tocando con una baterista que a mí no me gustaba su ejecución ni su actitud”, “yo no me sentía cómoda con los músicos ni con la música”, “no me sentía bien ensayada con los músicos que me acompañaban”, “para empezar fue una sensación de dificultad grandísima pues yo no encajaba bien con el baterista”, “No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes”.

Referente a la categoría de “nervios” las respuestas fueron “estaba tan nervioso que no pude tocar”, “sentí un tremendo vacío en el estómago, me había bloqueado por completo, se me había olvidado los cortes, las vueltas y cómo sería el final”, “durante la presentación estaba concentrada pero demasiado nerviosa, la mano me temblaba, no lograba controlarla”, “han sido las primeras veces de presentaciones en vivo, sobre todo yo que soy una persona nerviosa”, “estaba muy nerviosa”, “Recuerdo que hacía mucho calor y yo estaba nervioso porque tocar algo de memoria nunca me ha sido sencillo”.

Para la categoría de “pensamientos negativos” se encontró “También pasó por mi mente dejar de tocar”, “o estoy pensando en unas negativas”, “no podía dejar de pensar negativamente, sabía que mi ejecución no estaba siendo óptima”, “de hecho pensando ya no volver a cantar ni tocar, ni nada en público”.

De acuerdo con la categoría de “fallas técnicas escénicas encontramos las siguientes respuestas “demás no escuchaba bien uno de los instrumentos; el piano”, “el sonido en el escenario no ayudaba”, “durante el sound check, se cayó el stand de los teclados y se rompió uno de los teclados que iba a usar”, “El baterista se enojó porque no escuchaba la secuencia y estuvo todo el tiempo enojado y a mí me afectó”.

En la categoría de “desaprobación por el público” se encontró “pero todos gritaron bájense”, “y en lo que la gente pudiera estar pensando al escucharme”, “Sólo tratando de ver las expresiones de la gente, qué podían estar pensando de mí y diciéndome que lo estaba haciendo muy mal”, “aparte uno de los sinodales no sé que tenía pero te hacía sentir más nervioso de lo normal”.

Referente a la categoría “nervios por la opinión del público” las respuestas fueron “tenía tantos nervios de que a la gente de ahí no le fuera a gustar nuestra música”, “M el guitarrista iba a estar en primera fila, desde ahí no podía casi hablar, estaba aterrado y al momento que nos tocó participar, estaba tan nervioso que no pude tocar”, “me preocupaba mucho la opinión que pudieran tener sobre mi ejecución ya que constantemente la retroalimentación era negativa”.

Finalmente en la categoría de “problemas físicos” solo se encontró “acababa de salir de una gripa muy fuerte, había estado sin voz un par de días y todavía me costaba llegar a tonos altos. Sabía que yo podía cantar muchísimo mejor en otras condiciones más óptimas de salud. Pero en ese momento lo que canté me parecía difícil ejecutarlo dado mi estado físico”.

Discusión

Si bien nos queda claro que procesos psicológicos tanto positivos como negativos están presentes en las actividades que involucran música en este caso el de ser ejecutada (performance), coincidimos con algunos autores (Kendrick et al., 1982 en Steptoe, 1989; Osborne y Kenny, 2008; Montello, 1992; Tarrant y Leathem, 2007) en cuanto a que los músicos tienden a experimentar cogniciones y emociones negativas. Pero a la vez se encontró en nuestro estudio optimismo y/o sensación de disfrute; de ahí la importancia de que existe una “contradicción” o complejización en cuanto a que se encontraron emociones negativas y positivas en las mejores experiencias musicales, como por ejemplo sentir nervios pero después satisfacción, pudiendo describir el acto escénico (performance) como una especie de reto.

Por medio de este estudio coincidimos con la teoría de motivación intrínseca (Flow) de Csikszentmihalyi, no obstante lo cual otras consideraciones importantes también resultantes son dignas de atención, como por ejemplo el resultado de la interacción con el contexto cuando los participantes hablaban de estar tocando en un concurso, en un bar, en un festival, un examen, una graduación, el día del fallecimiento de alguien importante, entre otros. Asimismo cabe resaltar algunas de las estrategias de afrontamiento de los mismos músicos tales como concentrarse, no prestar atención al público, “no pensar y tocar”, entre otros, en lo cual pueden detectarse o bien contradicciones, o bien que que cada persona cuenta con sus propias estrategias de afrontamiento, y que quizá las que le sirven a unos no le sirvan a otros.

En lo que se refiere a las narraciones de las mejores experiencias musicales de los músicos participantes y su relación con dicha teoría, algunos puntos que coinciden son el del sentido de control individual, el balance entre desafío y habilidad, la presencia de metas claras, la concentración y la retroalimentación positiva, al igual que refieren otros autores (Bloom y Skutnick-Henley, 2005; Logan 1998). Otros puntos relevantes se refieren al disfrute escénico, la aprobación, atención y sensación de silencio por parte del público, la conexión entre los músicos del grupo y la obtención de un premio (motivación extrínseca), en donde pudimos observar una congruencia en la afectividad de la propia experiencia.

De acuerdo a los resultados de nuestro estudio, las categorías de sentido de control individual, disfrute escénico y concentración fueron las que puntuaron más alto, coincidiendo así directamente con lo propuesto en la teoría de Csikszentmihalyi (1990) en cuanto a motivación intrínseca (ver Tabla 1). Sin embargo, categorías con puntuaciones altas también se refieren a variables que tienen que ver con aspectos externos, con una motivación extrínseca, tales como la atención y aprobación del público, volviendo a aparecer aquí la anteriormente citada “contradicción”.

En lo referente a las peores experiencias musicales (ver Tabla 2), sobresale la categoría de emociones negativas, tales como pena, vergüenza y decepción, a la cual se relacionan otras categorías con menor puntaje como la de pensamientos negativos, sentir nervios y sentir nervios por la opinión de la audiencia, coincidiendo con Montello (1992).

Otras categorías que siguen a la de emociones negativas son la de sin disfrute escénico y sin concentración, contradiciendo claramente con lo opuesto que ocurre en las mejores experiencias musicales de los participantes.

Categorías con menor puntaje pero importantes a considerar son las de falta de preparación para el acto musical, la desconexión con los demás músicos del grupo y la desaprobación por parte del público.

Aunque la mayoría de los estudios se han realizado con músicos profesionales y estudiantes avanzados de música (Osborne y Kenny; 2008; Montello, 1992; Steptoe, 1989; Steckel, 2006; Kraus, 2003; Tarrant y Leathem, 2007), nos queda claro, pese a que nuestra muestra fue pequeña y no homogénea, que cualquier tipo de músico (profesional o amateur) que tenga actividad puede experimentar procesos psicológicos, ya sean positivos o negativos, los cuales se pueden trabajar para llegar a tener un mejor disfrute de la actuación.

Sugerencias

Al concluir este estudio, nos quedan algunos interrogantes importantes y dignos de ser retomadas en estudios posteriores, tales como las mejores y peores experiencias musicales en niños, diferencias entre hombres y mujeres, así como diferencias entre algunos géneros musicales en específico.

Sin duda alguna los datos que arroja nuestro estudio son de utilidad tanto para efectos de intervención psicológica como con fines educativos y de formación musical. Estos resultados nos hacen ver la importancia de considerar factores que si son trabajados a tiempo o a manera de prevención, pueden hacer que el músico ofrezca mejores interpretaciones, pero lo que quizá sea más importante es que el mismo músico logre disfrutar plenamente de su tarea.

Al comprobar que los músicos que tienden a experimentar emociones y cogniciones negativas se pudieran ver beneficiados por programas de preparación para manejo cognitivo con técnicas de restructuración en las cuales dichas cogniciones sean remplazadas por otras de carácter más adaptativo y enfocado en su realidad, sugerimos que algunas formas de trabajo de afrontamiento de los procesos cognoscitivos negativos pueden basarse en retroalimentación, usando videos de las mismas presentaciones musicales que han hecho así como también con técnicas de visualización, entre otras como la relajación muscular, respiración, meditación, imaginería, musicoterapia, improvisación musical y entrenamiento en asertividad, coincidiendo con diversos autores (Kendrick et al., 1982 en Steptoe, 1989; Osborne y Kenny, 2008; Montello, 1992; Tarrant y Leathem, 2007).

Por otra parte, las experiencias positivas que encontramos en este estudio en cuanto al sentido de control, el disfrute escénico y la concentración, pueden ser retomadas también para un trabajo de intervención psicológica en músicos, no sólo para quienes presentan dificultades, sino para cualquiera que quiera hacer de la música y su ejecución algo más satisfactorio.

Referencias bibliográficas

ADRIÁN, J. A., PÁEZ, D., ÁLVAREZ, J. (1996):”Art, emotion and cognition: Vygotskian and current approaches to musical induction and changes in mood, and cognitive complexization”. Psicothema, 8 (1), 107-118.
BLOOM, A. J. y SKUTNICK -HENLEY, P. (2005): “Facilitating flow experiences among musicians”. The American Music Teacher, 54 (5), 24-28.
CSIKSZENTMIHALYI, M. (1990): Flow: the psychology of optimal experience. EEUU: HarperPerennial.
CSIKSZENTMIHALYI, M. (1998): Introducción. En Csikszentmihalyi, M. y Csikszentmihalyi, I. S.: Experiencia Óptima: Estudios psicológicos del Flujo de la Conciencia. España: Desclée de Brouwer.
CSIKSZENTMIHALYI, M. (1998b): “La experiencia del flujo y su importancia para la psicología humana”. En Csikszentmihalyi, M. y Csikszentmihalyi, I. S. Experiencia Óptima: Estudios psicológicos del Flujo de la Conciencia. España: Desclée de Brouwer.
KRAUS, B. N. (2003): “Musicians in Flow: Optimal Experience in the wind ensamble rehearsal”. Disertación doctoral no publicada. EEUU: Arizona State University, Tempe.
LEHMANN, A. C.; SLOBODA, J. A. y WOODY, R. H. (2007): Psychology for Musicians: Understanding and acquiring the skills. EEUU: Oxford University Press.
LOGAN, R. D. (1998): “Flujo en las experiencias solitarias”. En Csikszentmihalyi, M. y Csikszentmihalyi, I. S.: Experiencia Óptima: Estudios psicológicos del Flujo de la Conciencia. España: Desclée de Brouwer.
MONTELLO, L. (1992). “Exploring the Causes and Treatment of Musical Performance Stress: A Process-Oriented Group Music Therapy Approach”, en Music Medicine, Spintge, R. y Droh, R. (compilación). EEUU: MMB Music, Inc.
OSBORNE, M. S. y KENNY, D. T. (2008): “The role of sensitizing experiences in music performance anxiety in adolescent musicians”. Psychology of Music, 36 (4), 447-462.
STECKEL, C .L. (2006): “An exploration of flow among collegiate marching band participants”. Disertación de maestría en ciencias no publicada. EEUU: Oklahoma State University, Stillwater.
STEDMAN, S. E. (1985): “Singing and Self: The psychology of performing”. Disertación doctoral no publicada. EEUU: Northwestern University, Evanston.
STEPTOE, A. (1989): “Stress, coping and stage fright in professional musicians”. Psychology of Music, 17, 3-11.
TARRANT, R. A. y L EATHEM , J. M. (2007): “A CBT-Based Therapy for Music Performance Anxiety”, en Einstein, D. A.: Innovations and advances in Cognitive Behaviour Therapy. Australia: Australian Academic Press.
VIGOTSKY, L. S. (2005): Psicología del arte. México: Distribuciones Fontamara.

El pan te pertenece

María Cristina Oleaga
Psicoanalista
.

17. Y dijo al hombre: “Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida.
18. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo.
19. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”.
Genesis 3

“Por otro lado, me parecía importante formular una programa de futuro que no se limitara a un puñado de medidillas, sino que pudiera entusiasmarnos, hacernos soñar, movilizarnos. ¿O es que acaso esta renta incondicional no era interpretable como un camino capitalista hacia el comunismo, entendido éste como una sociedad que pueda escribir en sus banderas ‘de cada cual (voluntariamente) según sus capacidades, a cada cual (incondicionalmente) según sus necesidades’?”
Philippe Van Parijs

Freud y la maldición judeocristiana

Cuando Freud examina la relación de los seres humanos con la cultura dentro de la que incluye la institución del trabajo dice: “(…) la cultura es algo impuesto a una mayoría recalcitrante por una minoría que ha sabido apropiarse de los medios de poder y de compulsión” [1]. No cree que este rasgo sea esencial a la cultura, sostiene que está condicionado por las formas imperfectas de su desarrollo. Sin embargo, también afirma que, al edificarse tanto sobre la renuncia pulsional al incesto, al canibalismo y al gusto de matar como sobre la compulsión al trabajo, las tendencias destructivas y antisociales la acechan siempre. En este punto, Freud descree de la posibilidad de mejoras futuras.

Destaca, en este sentido, la rebeldía que se produce cuando la cultura satisface a un número de sus miembros mediante la opresión de la mayoría, la que trabaja sin tener más que una escasa participación en los beneficios que produce. “Huelga decir que”, dice Freud, “una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera ni lo merece” [2].

Este es el marco en el cual Freud ubica lo que denomina “aversión” de la masa al trabajo. No tiene pruebas, dice, de que el experimento soviético de cambio incipiente en ese momento logre resultados diferentes. Freud, producto de su época, cree en el poder del Padre, ensaya la idea de hacer descansar el destino de la cultura en conductores de masas que sean individuos arquetípicos, personas de visión superior que, a su vez, se eleven sobre sus propios deseos pulsionales. Pero Freud es escéptico incluso respecto de estas condiciones que imagina, salvo que en el futuro, dice, una educación, desde la primera infancia, en el amor y el respeto por el pensamiento sea la que logre cambios.

Para él, el narcisismo, los ideales, las insignias que favorecen las identificaciones con la cultura son puntos de apoyo para su sostén, contrapeso de los aportes laborales tan desiguales de sus miembros y de las hostilidades que así la amenazan. Las representaciones religiosas, el consuelo que aportan, sus promesas, van en la misma dirección. Recordemos que la obra freudiana transcurre en medio de la Revolución Industrial, con el tinte victoriano de un Superyó que prohíbe y también ordena; enmarca; en resumen: con una visión esperanzadora respecto del futuro de aquellos afortunados que podían cumplir los mandatos de la época. Someterse a la maldición prometía recompensas.

Más adelante, Freud ubica el origen del trabajo, ya no sólo en la compulsión de algunos sobre otros sino en un lazo íntimo con el amor y el erotismo. Así, señala que la compulsión al trabajo se origina en el apremio exterior que llevó al hombre primitivo a descubrir que el trabajo era lo que “podía mejorar su suerte sobre la Tierra” [3]. El otro se transforma, así, en un colaborador con quien era útil vivir en común, trabajar con él y no en su contra. Agrega, también, un segundo ingrediente que refuerza la convivencia humana: “el poder del amor” [4] que mueve al varón a no querer privarse de su objeto sexual y a la mujer a no querer separarse de su hijo.

Cabe retener este origen del trabajo y de la convivencia para pensar de qué modo las sucesivas formas socioculturales y los desarrollos de la economía les dieron destinos diferentes, incluso muy lejanos y hasta opuestos. En esta teorización freudiana el trabajo aparece valorado por el hombre a partir de los frutos que le brinda, así como la colaboración del otro y el establecimiento de la unidad familiar, primera también unidad laboral. Los aspectos tanáticos, que no hay que desconocer, resultan atemperados en esta versión. La acumulación primitiva es el origen de los factores para pensar lo que Freud señala como compulsión de la minoría sobre la mayoría.

En relación a la consideración del trabajo, también tenemos que destacar el concepto freudiano de sublimación, único destino pulsional que se cumple sin represión y que, al no conmover nuestra corporeidad, dice Freud, procura ganancias de placer “más finas y superiores” aunque de intensidad amortiguada [5]. Así, respecto de lo que nombra “trabajo profesional ordinario” dice: “Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana. La posibilidad de desplazar sobre el trabajo profesional y sobre los vínculos humanos que con él se enlazan una considerable medida de componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confiere un valor que no le va en zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad. La actividad profesional brinda una satisfacción particular cuando ha sido elegida libremente, o sea, cuando permite volver utilizables mediante sublimación inclinaciones existentes, mociones pulsionales proseguidas o reforzadas constitucionalmente” [6].

Indudablemente, son muchos los beneficios que Freud atribuye a esta actividad humana y no sólo en cuanto a la entrada del hombre primitivo a la cultura sino también en relación con las distribuciones libidinales que preservarían su salud psíquica. Esta visión freudiana transforma en bendición la maldición bíblica sobre el trabajo, aunque quede en el misterio, para Freud, el saber por qué una tal capacidad sublimatoria no sería asequible a todos [7]. Es tal el lugar que Freud otorga al trabajo que amar y producir son para él los datos esenciales para pensar en la curación [8]. Cobra aquí especial importancia la palabra producir en relación con la posibilidad de desligarla del trabajo en tanto alienado y pensarla vinculada al destino pulsional de la sublimación, sea cual sea su accionar y su producto.

¿Qué destino para la maldición?

Podemos recorrer varios de los artículos previos de nuestra Revista [9] para examinar condiciones de época que hacen indispensable el replanteo drástico del lugar del trabajo en la sociedad y, por lo tanto, en la economía libidinal. Para resumir algunos de los rasgos que están extensamente desarrollados en los números citados, podemos nombrar la caída de los ideales, que servían de amparo a la subjetividad; la desnudez del mandato superyoico a un goce ilimitado que apunta al consumo y a las modalidades adictivas; la caricaturización de cualquiera de las figuras representativas del Padre como autoridad que ampara; la desvalorización del amor y de la ternura a favor del narcisismo y del autoerotismo, los efectos arrasadores de la globalización y del reino del mercado y la tecnociencia y por consiguiente la puesta en primer plano del desamparo original. El Amo ya no cuida a pesar de explotar; ahora se trata del anonimato de las finanzas, de la globalización del poder del capital que, a pesar de no tener rostro, va y viene por el mundo a su antojo y deja tras de sí consecuencias nefastas para los seres y para el medio ambiente. Basta recordar que los emprendimientos más rentables del capitalismo global son el narcotráfico, la venta de armas para la guerra y la trata de personas.

En este marco, si antes se señalaba que era necesario sufrir para poder gozar —“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”— hoy se impone el deber de gozar incondicionalmente, por fuera de cualquier consideración que incluya el límite, la castración. Asimismo, gozar está significado como consumir, razón por la que se aleja del alcance de mayorías cada vez más abrumadoras. Hay casi treinta millones de desocupados europeos, cinco millones en Argentina, seres desprovistos de todo, desechos de la operación capitalista, desarticulados entre sí, sin futuro inmediato. Los desocupados europeos reciben seguros de desocupación precarios y los nuestros se hunden en la exclusión. Hay ya, en nuestro país, tres generaciones de sujetos desligados del trabajo y, por lo tanto, de sus congéneres, así como de la posibilidad de tramitar impulsos libidinales de modo satisfactorio en este quehacer. Muchos encuentran consuelo en la narcosis de las drogas otra de las satisfacciones compensatorias al malestar que Freud estudió y de las sectas, religiosas o de otro orden.

Diversos autores han estudiado las nuevas condiciones del trabajo y, también, las transformaciones posibles para pensar en cambios sociales favorables. En este sentido, me interesa particularmente la visión de Franco Berardi. Este autor ve un camino para el cambio allí justamente donde más oscuro parece el porvenir. Berardi reconoce que el trabajo, tal como lo entendemos, ya no ocupa un lugar privilegiado en la sociedad y dobla la apuesta: nos dice que el trabajo ya no es necesario. Tiene, en este sentido, una visión opuesta a la de otros activistas de izquierda, los que se esfuerzan en defender las fuentes de trabajo. Él propone sabotearlas pues, dice Berardi, hay que subvertir todos los valores de la sociedad capitalista, tomar los poderes que da el trabajo de lo que se conoce como cognitariado y dar un golpe de timón a lo que, de otro modo, lleva a la catástrofe.

Para él, nada hay a defender en la fuente de trabajo y sí en la renta ciudadana o renta básica incondicional, al decir de su ideólogo, el filósofo belga Philippe Van Parijs. Los avances técnicos permiten que el trabajo se realice cada vez con menos participación humana y que los productos, desde los más accesibles hasta incluso las viviendas, tengan menores costos, con lo cual el acceso a ellos debería estar cada vez más facilitado para todos si no fuera por la avidez capitalista. En este sentido, la maldición bíblica es sintónica con la naturalización de la propiedad privada de los medios de producción y con la dependencia del sujeto de su suerte al nacer. La idea de la renta básica incondicional reflota la vieja utopía de que cada uno reciba según sus necesidades y contribuya según sus capacidades. El pan, como símbolo, es un derecho y no una mercancía a ganar.

Dice Berardi: “Porque la política no puede. ¿Qué puede? La inteligencia colectiva, el cerebro colectivo, los cien millones de proletarios cognitivos que viven y trabajan al interior de la Silicon Valley global. Ellos son la fuerza que puede algo ¿Qué puede? Puede sabotear y puede reprogramar. Son las dos acciones que tenemos que hacer en el futuro. Una acción es bloquear y subvertir el proceso de producción capitalista. Sabotear la guerra, sabotear la seguridad imperialista. Pero, además de sabotear, podemos reprogramar la maquina global, reprogramar la distribución de los recursos, reprogramar la distribución de la riqueza, el tiempo de trabajo, la relación entre trabajo y vida cotidiana. Todo eso no es objeto de decisión política. No lo es. Es objeto de programación cognitiva técnica e informática. No se trata de decir: “la sociedad tiene que tomar el poder político”. Se trata de decir: los trabajadores cognitivos, junto a la sociedad entera, naturalmente, pueden y deben sabotear, bloquear y reprogramar la máquina global” [10].

Berardi marca la catástrofe a la que lleva el capitalismo, el sufrimiento subjetivo propio de los rasgos epocales que señalábamos y que cada vez más, obviamente con características singulares, encontramos en las consultas: “Los efectos de la competencia, de la aceleración continua de los ritmos productivos, repercuten sobre la mente colectiva provocando una excitación patológica que se manifiesta como pánico o bien provocando depresión. La psicopatía (debe entenderse como “patología psíquica”, Nota del E.) está deviniendo una verdadera epidemia en las sociedades de alto desarrollo y, además, el culto a la competencia produce un sentimiento de agresividad generalizado que se manifiesta sobre todo en las nuevas generaciones.”

“Quien no logra seguir el ritmo es dejado de lado, mientras que para quienes buscan correr lo más velozmente posible para pagar su deuda con la sociedad competitiva, la deuda aumenta continuamente. El colapso es inevitable y de hecho un número cada vez más grande de personas cae en depresiones, o bien sufre de ataques de pánico, o bien decide tirarse debajo del tren, o bien asesina a su compañero de banco. (…) La guerra por doquier: éste es el espíritu de nuestro tiempo. Pero esta guerra nace de la aceleración asesina que el capitalismo ha inyectado en nuestra mente” [11].

Cuando se refiere a la subversión de los valores, dice: “El vacío de la política puede ser rellenado solamente por una práctica de tipo terapéutico, es decir, por una acción de relajación del organismo consciente colectivo. Se debe comunicar a la gente que no hay ninguna necesidad de respetar la ley, que no hay ninguna necesidad de ser productivo, que se puede vivir con menos dinero y con más amistad. Es necesaria una acción de relajamiento generalizado de la sociedad. Y es necesaria una acción psicoterapéutica que permita a las personas sentirse del todo extrañas respecto de la sociedad capitalista, que les permita sentir que la crisis económica puede ser el principio de una liberación, y que la riqueza económica no es en absoluto una vida rica. Más bien, la vida rica consiste en lo contrario: en abandonar la necesidad de tener, de acumular, de controlar.” (…)

“Crear islas de placer, de relajación, de amistad, lugares en los cuales no esté en vigor la ley de la acumulación y del cambio. Esta es la premisa para una nueva política. La felicidad es subversiva cuando deviene un proceso colectivo” [12].

La maldición en el consultorio

Cuando Bifo habla de acción terapéutica se refiere a una nueva forma de activismo, a un replanteo de los imaginarios y de los lazos sociales. Cuando a nuestra consulta llega alguien que padece y relata sus situaciones laborales, su sufrimiento frente a la arbitrariedad, la inestabilidad que siente ante la precariedad de su fuente de trabajo, etc., nuestro lugar no es el del activista, sin duda, pero somos convocados a alojar y dar un curso a ese padecimiento. Es un cambio de paradigma el que se impone reconocer, aunque este momento sea el de la bisagra: sólo avizoramos una tendencia, un camino en relación con la caída del trabajo como institución, sin que por ello podamos desconocer su presencia y su pregnancia, su función ordenadora hoy.

Encontramos diferencias muy significativas en los sujetos afectados por estos cambios. Desde luego, estamos generalizando, operación de riesgo pero necesaria, de entrada, para abordar un tema y estudiarlo. Por un lado, las diferencias se presentan en relación con las extracciones de clase. Hay sectores que sufren los vaivenes laborales sin sentirse amenazados por la exclusión. Tienen recursos, económicos y culturales, para afrontar cambios, por más drásticos que éstos sean. Otros, menos favorecidos, encuentran que toda su vida pende de un hilo ante la inestabilidad laboral porque saben que si pierden el trabajo no cuentan con medios para sobrevivir dentro del sistema. Estas referencias de clase se cruzan, además, con los datos etarios y de género.

Los sujetos mayores sienten como más peligroso el cambio en general y sobre todo el cambio en áreas laborales, incluso cuando, por su preparación, puedan reacomodarse. Aún pesan los discursos —“El trabajo dignifica”; “El trabajo es salud”, por ejemplo que hacían del trabajo el eje de la vida, trabajo a transcurrir en el mismo sitio, al modo de una carrera, como una insignia que se vinculaba al honor personal y se premiaba y valoraba como tal.

Asimismo, encontramos diferencias que se juegan en el género. Los hombres han sido, tradicionalmente, los depositarios del rol de proveer. El trabajo es parte fundante de su identidad masculina, su sostén fálico. Cuando vacila esa identificación, se conmueve todo el sistema identitario. Las mujeres tienen, por estructura, mayor vecindad con la fragilidad: los vaivenes identificatorios el cuerpo como falo, pero también el niño y, ¿por qué no?, los logros laborales las identificaciones múltiples que coexisten. Este rasgo favorece su posibilidad de encarar mejor los golpes del desempleo. Salvo cuando son, a su vez, el único sostén de la familia.

La cara virtuosa de los cambios epocales es que afectan de otro modo a los más jóvenes, sobre todo a los que se han formado, o sea a los de clase media, media alta y alta. Este grupo etario descubre que el trabajo no tiene por qué ser una maldición. No están dispuestos a sostener lugares perdidosos o de sometimiento innecesario y se arriesgan a buscar caminos personales más placenteros, de menor dependencia. Ya que todo es igualmente riesgoso e inestable al menos quieren evitar el sufrimiento. La inestabilidad se vuelve aventura, el riesgo desafío. Hay en marcha una destitución de imaginarios socialmente establecidos y estos sujetos son tomados por otros, más permisivos. Se da una ligazón reiterada en estos jóvenes entre trabajo y placer. En varios sitios hemos incluido otros efectos, dañinos, que también se producen sobre los jóvenes a partir de los cambios de época y no los retomaremos aquí [13].

Es importante estar atento a las nuevas representaciones que surgen en relación tanto con el trabajo como institución como con el lugar del sujeto mismo en esas nuevas condiciones. Así, se puede enmarcar la escucha en ese cruce entre sector de clase, género y grupo etario, además de habérnoslas —desde luego— con las singulares coordenadas subjetivas de cada quién.

Cuando las condiciones —edad y formación o pertenencia de clase— llevan al sujeto a sentir que depende absolutamente del trabajo, que su inserción en el sistema no está en absoluto en sus manos, el sufrimiento es notable. Los recursos personales desaparecen en esta depositación masiva que hace del proveedor de trabajo el dueño de su destino. Creo que estos son impedimentos a cuestionar, a destituir en lo posible, para permitir a estos sujetos el encuentro con sus íntimos obstáculos y posibilidades. A veces, y no pocas, estos movimientos de vacilación de los imaginarios rígidamente instituidos permiten un cambio en la posición fantasmática y un encuentro con capacidades ignoradas que pueden ligar de otro modo al trabajo con el placer. No se trata de forzar hacia la sublimación operación contra la que la Freud nos prevenía sino de levantar obstáculos para su despliegue.

Asimismo, nuestra escucha e intervención puede hacer una barrera al aislamiento en que estos sujetos suelen caer, alentar el mantenimiento de lazos libidinales incluso con intervenciones sobre los otros significativos. La gente que vive en barrios de clase media baja, por ejemplo, tiene mejores oportunidades de juntarse con otros, de formar lazos laborales horizontales, independientemente de los resultados económicos precarios que obtengan. Recordemos, en este sentido, las dificultades que atraviesan tanto las cooperativas como las fábricas recuperadas, verdaderas islas en medio de la máquina del capital. Tienen que vérselas tanto con la agresión del sistema como con la autoexplotación y el trabajo a destajo para sobrevivir. Sin embargo, también es notable la función terapéutica de los lazos que se crean y se fortalecen también en medio de la adversidad [14].

No podemos desconocer que la mayoría de los afectados por esta descomposición de la institución del trabajo no llega a la consulta, que la narcosis sigue siendo uno de los refugios ante la exclusión que sucede a la desocupación, que el aumento de su incidencia y el descenso de las edades de comienzo señalan fenómenos de desintegración social de difícil retorno sobre los que no nos es dado intervenir directamente. Esta época de bisagra, de agonía de lo viejo cuando lo nuevo no logra definirse, es quizás la más devastadora para las subjetividades afectadas, que se transforman en desecho de la operación.

Más allá de los obstáculos que se interponen para que la institución trabajo, tal como la hemos conocido, pueda ser definitivamente enterrada; más allá de lo difícil e incierto que es que el capitalismo mismo pierda la naturalización en la que está inmerso, se me hace claro que, al tener como telón de fondo una nueva concepción del trabajo incluso como innecesario, puedo operar con mayor libertad, al relativizar el peso de las significaciones que agonizan [15].

Notas

[1] Freud, Sigmund, El Porvenir de una Ilusión, 1927, pág. 6, Obras Completas, Tomo XXI, Amorrortu 1987.
[2] Ibid (1), pág. 12.
[3] Freud, Sigmund, El malestar en la cultura, 1930, pág. 97, Obras Completas, Tomo XXI, Amorrortu 1987.
[4] Ibid (3), pág. 99.
[5] Ibid (3), pág. 79.
[6] Ibid (3), pág. 80, n 5.
[7] Oleaga, María Cristina, Esa mágica aptitud, ¿Clínica del Vacío?, El Psicoanalítico 25: Argentina: la continua fiesta de la insignificancia.
[8] Freud, Sigmund, Conferencias de introducción al psicoanálisis, 28 Conferencia. La terapia analítica, 1916/7, Obras Completas, Tomo XVI, pág. 416, Amorrortu 1987.
[9] Recomendamos especialmente la lectura de los números 1, 11, 16, 18, 21, 23, 24, 25 y 26, así como el presente.
[10] Berardi, Franco Bifo, Página 12, Radar Libros, Pánico el Pánico, domingo 24 de julio de 2016.
[11] Berardi, Franco Bifo, La Vaca, ¿Quién es y cómo piensa Bifo?, 26 de febrero de 2008.
[12] Ibid (10).
[13] Oleaga, María Cristina, Jóvenes, “Llegó con tres heridas”; El Psicoanalítico, Sección Último Momento; Hoy el padre no sabe pero las TCC sí, Primera parte, El Psicoanalítico 12: Otoño del patriarcado … (¿?)
[14] López Echagüe, Hernán, La política está en otra parte (Fragmento).
[15] Chairo, Luciana y Ciari, Germán, Insignificancia, progresismo y psicoanálisis. Parte I: Etiología de la insignificancia yl capitalismo como máquina de quemar, El Psicoanalítico 26: ¡Consume! El Otro te ama.

Por gentileza de El Psicoanalítico

Patologías del neoliberalismo

Enrique Carpintero
Psicoanalista. Director de la revista Topía
.

Lo que se denomina neoliberalismo define las formas actuales en que el capitalismo ejerce su dominación. Para ello construye una subjetividad sometida al capital donde naturaliza sus características presentando su política económica ajena a intereses particulares, es decir, desvinculándola de cualquier referencia a las relaciones de producción; no hay modo de producción capitalista y su obvio conflicto de clases, género y generación.

Las creencias neoliberales

Para sostener sus creencias niega que se basan en una concepción ideológica desde donde construye sus mitos. Uno de ellos es que el Estado representa al conjunto de la población. El poder de la clase dominante puede sostener este mito cuando concede algunas reformas reales, pero si se entra en una situación de crisis las demandas sociales se despolitizan desplazando su responsabilidad en las supuestas fuerzas “automáticas” y “naturales” del mercado. De esta manera niega que la “única fuente de todos los ingresos es el trabajo presente en la producción de mercancías” y sustenta la idea que es la “ganancia” del capital la fuente de la inversión que va a generar empleos. Para lograrlo hay que dejar que los mercados se “autoregulen”protegiendo los beneficios de los capitales, bajando los salarios e imponiendo la “flexibilización laboral”. De esta forma se crean los “trabajadores pobres”; es decir, aquellos que tienen un trabajo precario, temporal, inseguro y con contratos basura. Esto lleva a la tremenda concentración económica y desigualdad social que impera en nuestro país y en el mundo; como demuestran muchos estudios y estadísticas, la renta y la riqueza se acumulan en los percentiles más altos a partir de la transferencia desde abajo y desde el centro hacia arriba. La expansión de la pobreza y la desigualdad es consecuencia de una organización social y económica condicionada por los poderes económicos a partir de las modalidades de contratación en el mercado laboral. De allí que las políticas “progresistas” que atemperan sus costos no pueden tener efectividad, si no se plantean una perspectiva anticapitalista.

Ahora bien, lo que queremos preguntarnos es ¿cuáles son los efectos en la subjetividad de estos mitos ideológicos ante una realidad que la desmiente?

En principio debemos señalar que Freud presenta la relación de la subjetividad con la realidad en términos de displacer-placer. Lo que denomina “principio de realidad” no constituye un principio en sí mismo, sino un regulador del “principio de displacer-placer”. Es decir, el “principio de realidad” transforma por renuncia de lo pulsional el “principio de displacer-placer”. El sujeto al imponerse el “principio de realidad” ya no busca los caminos más rápidos para su satisfacción pulsional, sino a través de rodeos, respetando las condiciones del mundo exterior. Varias preguntas se plantean: ¿Cómo escapa el sujeto del apremio de la realidad, de la renuncia del placer inmediato? ¿Qué ocurre cuando el mundo “objetivo” no facilita la satisfacción? O, por lo contrario, cuándo ese mundo propone que la satisfacción debe ser inmediata. La respuesta es que el sujeto se refugia en su mundo fantasmático donde la renegación se afirma en la escisión del Yo. Aquí nos encontramos con una especificidad del descubrimiento freudiano: la realidad psíquica. Ésta es la realidad del deseo inconsciente y de los fantasmas que se organizan en torno a él. Desde aquí utilizamos el concepto de corposubjetividad donde se establece el anudamiento de tres espacios (psíquico, orgánico y cultural) que tienen leyes específicas al constituirse en aparatos productores de subjetividad: el aparato psíquico, con las leyes del proceso primario y secundario; el aparato orgánico, con las leyes de la físico-química y la anátomo-fisiología; el aparato cultural, con las leyes económicas, políticas y sociales. En este sentido los procesos singulares de subjetivación devienen de los múltiples anudamientos de los tres espacios que, en el caso de la producción de un síntoma, requiere delimitar la complejidad del entramado que lo causa. Es decir, la subjetividad se construye en la intersubjetividad, en la relación -como dice Freud- con un otro humano (nebenmensch) en una cultura determinada. Por ello todo síntoma es de época.

Las patologías del neoliberalismo

En términos generales, en la actualidad, los seres humanos son más ricos, más altos, más libres, más sanos, tienen más movilidad y tienen más ocio que en ningún otro período de la historia. Sin embargo, esta situación beneficia a una minoría de la población, ya que la tremenda desigualdad es la condición necesaria para el desarrollo de las fuerzas productivas: no se puede prosperar mientras se pasa hambre o no se puede satisfacer las necesidades básicas. Como dice Terry Eagleton: “El hecho de que el comercio y la prosperidad también han ido de la mano de la esclavitud, los sweatshops, el despotismo político y el genocidio colonial se pasa prudentemente de alto.”

En este sentido los mitos que sostienen la política neoliberal destacan el aumento de la prosperidad, de la libertad y del consumo. Claro, se olvidan de decir que esa prosperidad va fundamentalmente a una minoría de la población mundial; que la supuesta libertad está condicionada por los múltiples dispositivos sociales que determinan nuestras elecciones y que el consumo se ha transformado en un consumismo donde las necesidades de la mayoría quedan insatisfechas. Además “las especiales características del tiempo en el neocapitalismo han creado un conflicto entre carácter y experiencia, la experiencia de un tiempo desarticulado que amenaza la capacidad de la gente de consolidar su carácter en narraciones duraderas”. De allí las preguntas: ¿Cómo pueden perseguirse objetivos a largo plazo en una sociedad a corto plazo? ¿Cómo sostener relaciones sociales duraderas? ¿Cómo puede un ser humano desarrollar un relato de su identidad en una sociedad compuesta de episodios y fragmentos?

La cultura se ha transformado en competitiva e hiper-individualista, la ganancia es el principal objeto de deseo, de allí que el sujeto se ha transformado en una mercancía que se intercambia en el mercado. El predominio de este individualismo lleva a construir una subjetividad que se basa en un individuo aislado, separado de sus relaciones sociales. El individuo tiene un valor independiente de las necesidades sociales. La sociedad se transforma en una suma de individualidades que es supuestamente regulada por la “mano invisible del mercado”.

Esta falacia lleva a la ruptura del lazo social donde predomina lo que denominamos un exceso de realidad que produce monstruos. Allí el sujeto encerrado en su narcisismo consume mercancías para soportar su desvalimiento primario que es consecuencia de la propia cultura. Su resultado es que el consumo como centro de la subjetivación y de las identificaciones del sujeto conlleva al predominio de sintomatologías efecto de la pulsión de muerte: la violencia destructiva y autodestructiva, la sensación de vacío, la nada. Es así como las patologías que dominan nuestra época refieren a la negatividad donde encontramos lo que denominamos factores psicoentrópicos propios de la depresión, la anorexia, la bulimia, adicciones, suicidios, etc.

La gestión neoliberal del sufrimiento

Ésta se basa en la práctica privada dejando en un lugar secundario la Salud pública. Mientras la Salud pública está en manos del Estado y sirve a los intereses del conjunto de la población, la privada responde a las leyes de costo-beneficio donde solo pueden acceder a sus servicios aquéllos que pueden pagar. Cuando hablamos del sector privado debemos reconocer que éste ya no está constituido por los consultorios y las pequeñas empresas médicas. Ahora es hegemonizado por las grandes empresas que realizan su inversión en salud bajo la expectativa de la ganancia económica. Los principios de su participación en salud son ajenos a las ideas de lo comunitario y a la prevención de riesgos. Para la perspectiva liberal conservadora o la liberal progresista, lo público es sinónimo de intervención del Estado. En ambas se mantiene la consideración de lo privado de la salud, reservándose la intervención de lo público para aquellos individuos o grupos que no pueden valerse por sus propios medios.

Si nos referimos específicamente en el campo de la Salud Mental, la asistencia difiere según sea pública o privada. En la privada las posibilidades terapéuticas varían según la capacidad económica del grupo familiar. La pública se centra en el hospital psiquiátrico donde priva el sistema custodial sobre el curativo. En ambas no se actúan sobre los determinantes sociales que producen el malestar subjetivo y, por lo tanto, se reducen a lo curativo. De esta manera la Salud Mental pública confunde las acciones comunitarias con la pobreza y la exclusión. Al mismo tiempo asistimos a un retorno del modelo asilar, no ya por vía de las internaciones masivas en hospicios, sino por el modelo de relación asistencialista que se va imponiendo en las instituciones de salud del Estado, que abandonadas las premisas de la prevención y los principios comunitarios, responden a la demanda con la prescripción de medicamentos.

En este sentido una serie de factores que fueron esenciales para el proceso de reconversión de los sistemas de atención en Salud Mental son molestos para los principios económicos de las empresas privadas. Por ejemplo, la comprensión comunitaria de los problemas de Salud Mental que exigiría dar cuenta de la complejidad de la determinación de las patologías para la utilización de estrategias comunitarias en los tratamientos; la participación de los propios pacientes y las familias en los tratamientos; el desarrollo de las acciones preventivas; los principios del método psicoanalítico. Resulta claro que el problema del proceso de privatización no afecta solamente al financiamiento de la atención, no se trata solamente de quién y cómo se paga, sino que cuestiona los principios y conocimientos propios de las diversas disciplinas que intervienen, de sus métodos en los tratamientos y de los criterios de sus profesionales.

Psicoanálisis y Salud Mental

El campo de la Salud Mental es interdisciplinario e intersectorial. Define su objeto de intervención como un sujeto cuya subjetividad esta atravesada por múltiples determinaciones sociales, políticas y económicas. Desde la hegemonía de la psiquiatría biológica se lo reduce a estímulos neuronales cuyo objetivo es medicalizar la vida cotidiana. Tampoco el psicoanálisis recubre con su intervención la totalidad de los problemas del padecimiento subjetivo. Si uno tiende a medicalizar y psiquiatrizar la Salud Mental desde ciertas perspectivas psicoanalíticas, limitan su práctica a una metafísica del deseo que deja de lado una intervención crítica de la subjetividad en un trabajo interdisciplinario. La importancia de dar cuenta de la singularidad del sujeto no implica establecer que la práctica del psicoanálisis refiere al “uno a uno”. Debemos diferenciar el concepto de singularidad con el de individuo. Esta confusión es el mito liberal por excelencia, ya que no tiene en cuenta los anudamientos de la singularidad donde no hay cura individual, ya que ésta se potencia o disminuye en la relación con el otro humano. Desde el psicoanálisis damos cuenta de la singularidad de un sujeto sobredeterminado por el deseo inconsciente en diferentes dispositivos: “diván-sillón”, en grupo, familia, comunidad, institución, etc. Desde allí el “ser psicoanalista” se construye en acto, haciendo; ya que no es un dispositivo particular el que lo define, sino las características específicas de su intervención. Esto nos lleva a enunciar brevemente el concepto de singularidad que proviene de una perspectiva espinoziana.

Según Spinoza el ser humano es un modo de la Sustancia que llama Dios o Naturaleza. La Sustancia es lo que es en sí, lo que no necesita de otra cosa para ser. Es una causa sui, eterna e infinita. La Sustancia tiene infinitos atributos que, a su vez, son infinitos. Nuestro entendimiento que es finito sólo capta dos atributos: el modo pensamiento y el modo extensión. No podemos concebir singularidades que no sean extensión (cuerpo) y pensamiento (mens). El ser humano -en tanto que pensamiento- es un conjunto de ideas que expresan estados del cuerpo. El cuerpo es nuestro modo de ser en tanto extensión, donde sus estados son el objeto de expresión de las ideas. Somos composiciones de estados del cuerpo y de asociaciones de ideas ya que somos composiciones de otras singularidades, pues los “cuerpos afectan y son afectados” en el colectivo social. Por ello hablamos de individuación como la composición singular que se manifiesta en el conatus (deseo-necesidad). Las composiciones se expresan como grados de potencia ya que como sostiene Spinoza: “Cada cosa se esfuerza, en cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser” y agrega: “El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma.” Esta esencia consiste en el conatus que se expresa de manera singular.

En el sujeto la potencia es la de obrar y de pensar. En este sentido, los estados del cuerpo (extensión) y de los pensamientos (mens) son afecciones efecto del obrar de otros cuerpos (causa externa) o efecto de la acción del propio cuerpo (causa interna). Los estados del cuerpo se van sucediendo según las afecciones donde se produce un aumento o disminución de la potencia. Por ello, vamos a encontrar básicamente tres afectos: el deseo, que es expresión del conatus; la alegría, que es un aumento de la potencia; y la tristeza, que es una disminución de la potencia.

El conatus lo lleva a perseverar en su ser y a transformarse continuamente. De allí que los seres humanos son considerados singularidades en constante movimiento. Por eso, el conatus es una potencia de ser productiva. Pero el ejercicio efectivo de la potencia y de la impotencia se realiza por medio de la apropiación de los modos de existencia ya que el sí mismo está determinado por la singularidad de los procesos de subjetivación en el interior de una cultura.

En el pensamiento occidental patriarcal aparece el dualismo jerarquizado mente-cuerpo. Así como la oposición binaria individuo-sociedad. De allí que la subjetividad puede ser entendida perteneciendo al campo de la conciencia como pretende la filosofía tradicional o como equivalente a fantasías inconscientes en una relación de extraterritorialidad con las contingentes formaciones histórico-sociales como la interpretan las perspectivas psicoanalíticas estructuralistas.

Por lo contrario, como venimos afirmando en otros artículos, entendemos que la práctica del psicoanálisis no se realiza exclusivamente sobre la realidad del mundo interno (intrasubjetivo), tampoco sobre los comportamientos del mundo externo (inter y transubjetivo). Se realiza en el lugar de encuentro en que la realidad externa constituye al sujeto y éste con sus determinaciones inconscientes a dicha realidad. Este lugar lo denominamos un “entre” . En este “entre” la subjetividad no es ni pura interioridad, ni pura exterioridad.

De esta manera entendemos que toda producción de subjetividad es corporal en el interior de una determinada organización histórico-social. Es decir, toda subjetividad da cuenta de la singularidad de un sujeto en el interior de un sistema de relaciones de producción. Por ello todo síntoma debe ser entendido desde la singularidad de aquél que lo padece. Pero también en todo síntoma vamos a encontrar una manifestación de la cultura donde en el campo de la Salud Mental se plantea el trabajo interdisciplinario. Es aquí donde el psicoanálisis, al no pretender transformarse en una cosmovisión, se encuentra con otros saberes.

Referencias bibliográficas

CARPINTERO, E. [comp.] (2011): “La medicalización de la subjetividad. El poder en el campo de la Salud Mental”, en La subjetividad asediada. Medicalización para domesticar el sujeto. Buenos Aires: Editorial Topía.
CARPINTERO, E. (2014): El Erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser (disponible en ebook). Buenos Aires: Editorial Topía.
EAGLETON, T. (2016): Esperanza sin optimismo, editorial Taurus (link is external). Buenos Aires.
SENNETT, R. (1998): La corrosión del carácter. Las consecuencias del trabajo en el nuevo capitalismo, editorial Anagrama (link is external). Barcelona.
SPINOZA, B. (1982): Ética. Buenos Aires: Aguilar.

Por gentileza de Topía

Perspectivas de la Cultura de la Legalidad en México

Ana Guadalupe Romero Marrufo
Estudiante del Doctorado en Bioética. Máster en Educación Intercultural. Docente del Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua (México)
Iram Isaí Evangelista Ávila

Doctor en Humanidades-Literatura. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México y profesor-investigador en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua

Cúmplase la ley de Dios en los bueyes de mi compadre.
Dicho popular

Para hablar de Cultura de la Legalidad necesitamos ser puntuales en los elementos que la conforman y ser puntuales respecto a las definiciones operativas en este artículo.

Como un primer paso, para la definición del concepto de cultura, nos basaremos en el autor Guillermo Bofil Batalla quien en su ensayo La querella por la cultura (1986) menciona el término de la siguiente forma: “la cultura entendida como un plano general ordenador de la vida social que le da unidad, contexto y sentido a los quehaceres humanos y hace posible la producción, la reproducción y la transformación de las sociedades completas” (p. 1). Tal definición tiene un carácter pluralista, lo que permite que exista una descentralización del poder, que mejora la representatividad pues se respetan las formas internas de organización social y por lo tanto una mayor capacidad de actuar en cada comunidad por sus mismos integrantes.

Por otra parte, la legalidad tiene una etimología latina legalitas-tis que contiene el mismo significado pero que deriva de legalis, legal y este a su vez de lex, legis que significa ley. La legalidad es un concepto jurídico que se usa para permear de un ordenamiento jurídico distintas prácticas y que conduce a un principio de legalidad como garantía por parte de la autoridad hacia todas las personas: “en virtud del cual no se puede interpretar que un acto determinado es delictivo si no ha sido previsto expresamente como tal por una norma preexistente” (Martínez, 2008, p. 12). Es importante mencionar que la legalidad tiene una doble dimensión político-jurídico y actúa en conformidad con una serie de normas y leyes previamente establecidas, de modo que es una amalgama entre legitimidad y legalidad.

Hablamos de legalidad cuando hacemos referencia a todo un conjunto de normas y leyes, las cuales, han sido establecidas para organizar la vida cotidiana. Lo anterior, dentro de una comunidad para tener una respuesta a la hora de solucionar problemáticas. Esto reglamenta ciertas situaciones con un doble propósito: por un lado regular el poder por parte del estado y proteger la autonomía y, al mismo tiempo, regular la autonomía y otorgarle poder al estado. En última instancia la legalidad (y el principio de legalidad) se trata de una concepción de ética prescriptiva.

El Dr. Víctor Villagrán (2012) afirma que el concepto de Cultura de la Legalidad ha sido hecho a un lado por los académicos del derecho, quienes lo consideraron innecesario de explicar desde el punto de vista de la técnica jurídica. Aparte menciona que los conceptos que se han venido utilizado son de otros países, copiando en menor o mayor medida en favor de la practicidad. Crespo (1990), añade que el uso dado en México proviene de un estudio más del tipo antropológico, respecto a la relación del mexicano con las leyes.

Existe, sin embargo, una primera definición del concepto de Cultura de la Legalidad, creada por el Centro Nacional de Información Estratégica de los Estados Unidos de América que dice: “es una cultura en la cual la abrumadora mayoría de las personas está convencida de que el estado de derecho ofrece la mejor y más duradera oportunidad de asegurar sus derechos y alcanzar sus objetivos” (Villagrán, 2012, p. 85); en donde se menciona el otro gran concepto a considerar para la elaboración de este primer acercamiento a la Cultura de la Legalidad y es el que compete al Estado de Derecho y sobre el cual se disertará más adelante.

En sí, el concepto de Cultura de la Legalidad, se debería utilizar para hacer referencia a la actitud que una sociedad proyecta con respecto a su grupo de normas, reglas y leyes. El Dr. Villagran (2012) señala que posteriormente en Estados Unidos de América se presenta otro concepto de Cultura de la Legalidad en el que se establece que: es una condición en la cual la población en general sigue las leyes y cuenta con el deseo de acceder al sistema de justicia con el fin de solucionar sus controversias, lo cual refiere puntualmente el seguimiento de las leyes por parte de la población (p. 87). Lo destacable de esta definición, es que ya no se menciona el Estado de Derecho, simplificando la definición, acercándola más al factor social y separándola del ordenamiento jurídico.

En el ámbito Mexicano, sobresale la definición de la primera ley estatal sobre la promoción de la Cultura de la Legalidad, promulgada en el Estado de Nuevo León y publicada en el periódico oficial el 23 de marzo del 2007 y en el que se describe de la siguiente manera:

“[Cultura de la Legalidad es] …el atributo de la sociedad que se distingue por el acatamiento de las disposiciones jurídicas vigentes”(Villagran, 2012, p. 90). El autor señala que la misma definición fue usada para describir la Cultura de la Legalidad en la “Ley de Cultura de la Legalidad para el Estado de Chihuahua” en el 30 de abril del 2011en el que se le agregó la palabra respeto quedando determinada de la siguiente manera: “Atributo de la sociedad que se distingue por el respeto y acatamiento de las disposiciones jurídicas existentes” (Villagrán, 2012, p. 90). Dicha definición amerita varias críticas relacionadas con el carácter meramente autoritario de índole jerárquica a la que claramente le faltan los elementos de carácter cultural que lo diferenciarían de un concepto impositivo y por lo tanto limitado al ámbito del derecho positivo.

Construir una definición de Cultura de la Legalidad no es una tarea sencilla, involucra dos ámbitos muy amplios de la vida social y por ende, su definición debería considerar rasgos tanto de la legalidad (conocimiento, comprensión, aprobación) como de la cultura (dinamismo, adaptabilidad, simbólica, compartida). En tanto que cultura hace referencia al orden social que le da sentido al quehacer humano en una comunidad, la legalidad es quien permea y/o adecua estos actos humanos a un conjunto de normas jurídicas vigentes, siempre y cuando se encuentren enmarcadas en un estado de derecho.

Podemos entender que una Cultura de la Legalidad es: la práctica del respeto a la civilidad que acota los actos humanos en una comunidad determinada y como definición operativa se propone la siguiente:

Un conjunto de actividades y características interiorizadas , intencionales, razonadas, progresivas y relacionadas de interés, conocimiento, comprensión , respeto, aceptación, observancia, exigencia y comunicación que tiene un ser humano volitivamente capaz con respecto a las leyes positivas y vigentes contenidas en un ordenamiento jurídico, estatal, nacional o internacional, las cuales tienen la finalidad de regular su conducta en razón de su calidad de residente de una localidad específica , en concordancia con sus actividades particulares, en atención a sus relaciones familiares y de acuerdo a la relación de nacionalidad que guarde con uno o más Estados y mismas que han sido promulgadas con el objetivo de propiciar el desarrollo individual y colectivo en materia vital , social, política, cultural, económica, deportiva y espiritual de manera incluyente, plural, sostenida, armónica y equitativa de conformidad con los principios generales rectores de una sociedad justa, humanitaria, pacifista, ecológica y global (Villagran, 2012 p. 97).

Se desea resaltar que la cultura de legalidad es metalegal, es decir, algo que vas más allá de la legalidad en lo que se refiere a las leyes, sino que tiene que ver mucho con nuestras conductas, se considera que un aspecto determinante de la Cultura de la Legalidad es su reproductibilidad y que una gran parte de ella está contenida en una herencia generacional que se fomenta en el individuo desde el seno familiar.

Componentes básicos de un verdadera Cultura de la Legalidad

Más ablanda Don dinero, que sermón de misionero
Dicho popular

Estado de derecho

El Estado de derecho se conforma por dos entidades independientes. En primer lugar el Estado, el cual es una formación netamente política; y el derecho, que son el conjunto de normas que gobiernan una sociedad. Por lo tanto, podemos decir que la acción que pueda emprender el Estado, se encuentra regulada por el derecho. Encontramos que el conjunto de normas que dispone el derecho se encuentra alojado en la constitución, la cual actúa frente al gobierno y salvaguarda los derechos y obligaciones de sus moradores. La función del Estado de derecho será eficaz, siempre y cuando, cumpla con el objetivo de su creación, el cual es el de regular una armonía entre el individuo y la sociedad. El Estado de derecho se opone al del Estado absolutista, pues en este último, el monarca es quien decidía el o los rumbos de su reino sin tomar en cuenta alguna otra opinión más que el de su propia conveniencia. En cambio, en un Estado de derecho, el poder y la decisión surge del pueblo. Mientras que el mando del monarca es vía hereditaria, en el Estado, el pueblo es quien elige a quienes los vayan a gobernar. El estado de derecho es aquél en el que todos los integrantes de la sociedad están gobernados por leyes establecidas en forma democrática, que protegen los derechos individuales y se aplican uniformemente. En un Estado de derecho, las normas jurídicas: se establecen de forma democrática, están orientadas a proteger los derechos individuales, existe igualdad en su aplicación y se hacen cumplir permanentemente.

Es a través del Estado de derecho por el cual aparece la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Aunque la democracia tiene cabida en el Estado de derecho, no quiere decir que en cada lugar que exista democracia habrá estado de derecho. Esto lo podemos atestiguar en nuestra cotidianeidad, ya que es aquí donde las disparidades se muestran, a veces, con una impresionante realidad. En La Ilegalidad y el Estado de Derecho los autores Rubio y Jaime mencionan que en México no tenemos un claro sistema legal y sistemático, aparte de eso hay que sumar que el poder judicial no es efectivo, lo que conlleva a que en muchas ocasiones el poder no provenga del pueblo y sea benéfico para él, por el contrario:

Más aún, los arreglos constitucionales existentes permiten que el gobierno mexicano, si la necesidad política lo ameritara, confisque las inversiones o altere los derechos de propiedad a favor propio; viole impunemente los derechos humanos de los ciudadanos; acceda al poder por medio del fraude electoral; y aplique discrecionalmente la ley, de forma tal que un importante sector de la población no cuente con acceso afectivo a la justicia, mientas que ciertos grupos privilegiados se encuentren por encima de las leyes (Rubio y Jaime, 2007, pp. 75-76).

Hay que tener presente que el Estado de derecho es un sistema que contiene las leyes por las cuales nos regimos en una sociedad, que dichas leyes están a nuestro servicio para que podamos desarrollarnos como individuos sociales, salvaguardados por las propias normas que nos gobiernan. Que estas leyes idealmente cambian como cambia la sociedad, pues están vinculadas al desarrollo y evolución de la misma. Dentro del concepto de Cultura de la Legalidad, el estado de derecho tiene una tesitura de orden ético rebasando el plano descriptivo en el que se limita a preescribir normas para regular las relaciones entre los gobernados y los gobernantes, en un ideal se estaría hablando de que “la Cultura de la Legalidad es el componente dinámico del Estado de Derecho” (Villagrán, 2010 p. 35). Sin embargo, el dejarle al propio Estado, la responsabilidad única de la creación de sus propias leyes, pueden existir y existen, los casos en que éste utilice las leyes para su aprovechamiento y ventaja. De esta manera la balanza se inclina hacia aquellos grupos privilegiados, pero se margina al resto de la población ya que se establece la legislación de normas alejadas de la realidad de los ciudadanos, las cuales pueden llegar a crear un vacío entre ellas y la cotidianeidad de los últimos

Es evidente que para el mexicano común y corriente no existe la legalidad. Cuando le toca confrontarse con una autoridad sabe bien que lo que cuenta menos es la letra de la ley que la actitud del burócrata, sea este un funcionario, público, un policía o un juez. El número de ciudadanos que ha sufrido atropellos es tan monumental que la ley no goza de legitimidad alguna (Rubio y Jaime, 2007, pp. 72).

Es necesario que exista una mayor información y conocimiento acerca de lo que es realmente el Estado de Derecho, pensar en un proceso de prevención acercarlo a la población en general y concientizar acerca de la influencia que se tiene en él; que las normas y los propios derechos que poseen como personas, no pueden ser violados pues este sistema está creado para coexistir con los individuos. Es prioritario concientizar que defiendan esta situación donde se encuentran, pues por ignorancia algunos dejan pasar de lado ciertas arbitrariedades creyendo que la autoridad está por encima de ellos y que ésta puede tomarse las atribuciones que desee.

Participación ciudadana

Al formar un gobierno que será administrado por hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: primero se debe permitir al gobierno que controle a los gobernados; y en segundo lugar, obligarlo a controlarse a sí mismo.
James Madison. El federalista. Núm. 50

El naciente siglo XXI se nos presenta como un siglo donde la equidad, la calidad de vida, el desarrollo social y económico, logren la hegemonía en nuestra nación. Empero, para lograr lo anterior, se necesita que se implementen programas donde este crecimiento se logre por medio de políticas que garanticen la igualdad entre la población. Como contraparte a este desarrollo, existe lo que se ha venido manejando: las contradicciones, los contrastes, las infracciones a las leyes, y otras situaciones como la situación genérica y la marginación en la que vivimos inmersos.

Para lograr más y mejores cambios dentro de nuestra cultura, debemos asegurar una participación ciudadana, la cual permita accionar las labores del Estado, lograr una mejor democracia a través del mismo ejercicio ciudadano. La sociedad debe participar en las cuestiones que afectan e incumben a la ciudadanía, tener un liderazgo político-social, el cual se relacione y se consolide en la actividad de su propio gobierno.

La participación ciudadana deberá concebirse como la intervención directa de la ciudadanía en las actividades públicas, sin estar relacionada con la participación mediada de los partidos políticos o con el ejercicio promocional del voto. Hablar de ciudadanía, de participación en todos los niveles de la vida económica, social y política implica la progresiva socialización y politización de los gobernados, su progresiva inserción en las relaciones de poder, ya sean de carácter sociopolítico ya de tipo netamente político (Zazueta, 2003 p. 10).

La participación ciudadana es entonces, un proceso social en el cual los individuos se involucran, cooperan, toman decisiones, adquieren un compromiso y una responsabilidad, así como también desarrollan una identidad y una conciencia colectiva (Chávez, 2002, pp.3 6). Para lograr este objetivo los individuos deben compartir ciertos elementos los cuales deben unirlos e identificarlos: status social, económico, ideas políticas y sociales, valores, costumbres; todo esto juega un rol importante para consolidar la integración de las personas. Así, la ciudadanía puede participar activamente en diversas áreas de interés político y social, su participación se vuelve activa desde que pueda acceder fácilmente a la información relevante a los intereses de su comunidad. Esto posibilita la relación entre el gobierno y lo social y mejora la gestión en todos los niveles involucrados. La participación ciudadana fortalece los procesos y el ámbito político.

En México, pareciera que el Estado no favorece la consolidación anteriormente citada, por lo contrario, el capital político y financiero, las estructura socioeconómica y las desigualdades sociales; pretenden aislar a los sujetos, fragmentarlos, tenerlos divididos, lo cual garantiza el choque de ideas, costumbres, dentro de la misma sociedad. Esto conlleva a una desorganización de la comunidad, a un alejamiento, que lleva como resultado escaza participación en actividades que competen a todos. Si la unión hace la fuerza, en este caso, la voz activa se encuentra débil y aislada.

Existe hoy un fuerte impulso a los procesos de participación, ya que los organismos internacionales demandan programas y proyectos con participación plena de los sectores sociales; no obstante, su llamado se queda en los discursos de los gobiernos de América Latina (Chávez y Castro. 2009. pp. 221).

La población debe participar en actividades que refuercen la unión ya que se comparten costumbres, valores e ideales; los cuales deben fomentarse e impulsarse para que no caigan en la fragmentación, en la mezquindad de su propio mundo. La participación ciudadana alienta a que los individuos aprecien y dignifiquen su inferencia en la sociedad, que contribuyan y construyan a la realización de sus normas y valores, para que por medio de sus acciones sean sujetos activos en el desarrollo adecuado de su propia comunidad.

Participación social ⇐ ⇒ Participación política

Cultura de participación ⇐ ⇒ Cultura de la Legalidad

La transmisión de la cultura de la legalidad

No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga en donde hay.
Dicho popular

Las personas nacen en un mundo ya establecido, en un mundo eminentemente humano, con costumbres, tradiciones, valores y leyes ya creadas por las generaciones anteriores. Este entorno social configurado por los valores que en su momento se consideran como superiores en la escala jerárquica que el mismo grupo transmite desde lo social, a la comunidad y la familia lleva como vehículo la educación ya sea formal e informal y transmitida no solo por instituciones educativas, sino complementada por el aprendizaje social. La transmisión de la cultura, es uno de los valores centrales en la educación, siendo la cultura un concentrado de la acción humana, “un entramado de procesos de transmisión, reproducción, apropiación y transformación de objetos, saberes y prácticas culturales en contextos diversos que siempre rebasan la instrucción formal” (Rockwell, 2007, p.176). No podemos ignorar la fuerte influencia que ésta ejerce sobre los estudiantes y los maestros, más allá de los programas y las reformas, nos apropiamos de recursos discursivos y de práctica de cada región en la que se trabaja y es natural que la misma sociedad busque imprimir en sus jóvenes ese carácter singular e identitario valiéndose de la práctica educativa como principal promotor. Esto puede ocasionar dificultades que se tratan de remediar dentro de la pedagogía usando diferentes estrategias didácticas para integrar lo particular con lo universal y poder lograr así los cambios de vida que necesitamos. Pero no nos engañemos tampoco es que el sistema social sea consecuencia directa del sistema educativo, así, el hecho de modificar los programas educativos no garantiza que se cambiara la sociedad por acto reflejo.

Entre las dificultades que se sucinta en la educación formal el tratar con la cultura, encontramos que, por ejemplo, el estudio de la historia de nuestras culturas es algo que se ha dejado de lado, o se ve de manera superflua, por las dificultades que esto representa y es que cuando nos referimos a la historia de la cultura, nos estamos refiriendo a una parte muy extensa del pensamiento humano, de tipo social, cosmovisivo, racional incluso mágico, y no solo de una región sino de las múltiples culturas y realidades que existen dentro de un territorio, lo que ocasiona diversas problemáticas. Lo anterior es lamentable dado que habla acerca de la poca reflexión del ser humano sobre su propio pasado y que no con solo una exposición de sucesos que, aunque importantes, el alumno no logra una apropiación de la cultura, al respecto J. Chávez (2006) menciona:

Quizás toda cultura nacional, aunque la mencionemos como si fuese una, es varias en el tiempo y la escala social. No se les puede negar el adjetivo mexicano a cada uno de los estilos culturales de cada una de las regiones de la república mexicana, pese a las diferencias entre las culturas regionales jarocha y tapatía, las dos son mexicanas (p. 56)

En cuanto a la educación en nuestro país debemos reconocer que la percepción de nuestros jóvenes respecto a materias que tratan directamente de temas importantes en nuestra cultura, tales como historia, civismo, ética, etc. Son tachadas como inútiles por incluir teorías, nombres de personajes, fechas, batallas, conceptos, lo cual les parece despegado de la realidad que les toca vivir todos los días. No obstante, poder generar en los jóvenes una conciencia o una memoria histórica nos permitiría realizar una intervención eficaz en la evolución de nuestro desarrollo como sociedad que comparte un pasado común. Tratándose de la Cultura de la Legalidad, nos encontramos con que las escuelas no tienen un seguimiento en estos programas y por otra parte, tratándose de cultura en el extenso sentido de la palabra, mucha de su formación radica directamente en el hogar, las percepciones de los adultos respecto a esta situación va dotando a los miembros jóvenes de determinados criterios de comportamiento y de toma de decisiones. Esto implica que mucho de lo que percibimos acerca de la legalidad, es en gran medida un reproduccionismo de los usos, ideas y costumbres que se gestan dentro de la familia y ello incurre enormemente en prácticas nulificadoras a priori del desempeño de los órganos jurídicos, de las autoridades e incluso de nuestra identidad nacional (Eso nomás en México, el que no tranza no avanza, más vale un año como rey que cien como buey) en la cual se premia la no-observancia de las leyes si es que esto nos lleva a sacar provecho.

Mercedes Charles explica que la cultura es un producto de la práctica social humana, de esta interacción entre los hombres y entre estos y lo que le rodea. La cultura es pues “un elemento constitutivo y constituyente” (Charles, 1987, p. 125) de nuestra realidad siempre cambiante construyéndose sobre la base social implícita en la propia naturaleza del ser humano otorgándole la esencia socio histórica de la cultura. Esta idea sobre el concepto de cultura no permite ninguna dicotomía entre lo material y lo ideal, ni pretende aislarla a un solo campo de acción, sino manifestar una visión holística de que la cultura está presente en todos los niveles de práctica social pero que al mismo tiempo corresponde a un sector único y diferenciado en sus orígenes.

La cultura pasa por todo: lo grande y lo pequeño

El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el amo, sino transforma su fuerza en derecho y la obediencia en poder.
Juan Jacobo Rousseau

Como se ha mencionado anteriormente nuestra dinámica social, es el resultado cultural de lo que vivimos en la cotidianidad. Si la práctica cultural y las interacciones que emanan de ella, actualmente se consideran en declive, o crítica; es debido al reflejo que el entorno nos demuestra.

Por ello, no es de sorprenderse que tanto las prácticas sociales como las profesionales estén en tan malas condiciones. ¿Cómo podemos fortalecer nuestra cultura si los supuestos pilares sociales, que son las instituciones, cada vez muestran más índices negativos? Y estos índices surgen de las propias opiniones que el ciudadano tiene sobre las mismas. Lo anterior lo demuestra la última encuesta realizada por el periódico Reforma, que en su edición del 04 de agosto de 2015, muestra esta realidad actual en la que las instituciones siguen a la baja en su credibilidad, tal es el caso de en el mes de abril los partidos políticos tenían un porcentaje de confianza de un 25% por si esto fuera poco, las mediciones en el mes de agosto nos apuntaba una confiabilidad del 16% detectando una caída de 9 puntos. Mismo resultado a la baja corresponde a la Suprema Corte de Justicia; que de un 31% baja a un 24% en confiabilidad en los mismos periodos.

Las tres instituciones peor evaluadas son: en primer lugar, La Policía, con un 24%; en segundo, Partidos Políticos y en un tercero el Congreso de la Unión. No muy lejos se encuentran la Suprema Corte y el gobierno del Presidente Peña Nieto. Es decir, los representantes de los poderes de la nación: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, son donde menos confía la gente. Los pilares de nuestra sociedad se encuentran fracturados. La participación ciudadana es fundamental para comenzar un cambio y devolver credibilidad a nuestra organización social.

Un cambio de perspectiva puede ser viable como motor para la conversión de estos resultados. La cultura paternalista en la que estamos sumergidos, debe orientarse hacia una dimensión más personal. La imagen del jefe, del mentor, del salvador del país, puede transformarse en que todos somos y ejercemos como individuos que rescaten a la nación. Sin necesitar que los grandes personajes auxilien y socorran para comenzar el cambio. Los cambios se comienzan en los cimientos, en lo cotidiano. Existe corrupción desde las grandes instituciones, pero también existe la corrupción en el vigilante, en el chofer: como esta ilegalidad se vive diariamente, se ha comenzado a tolerar; pero la tolerancia implica que existe un mal.

Nuestra cultura, como sinónimo de proceso y de cambio

La buena ley es superior a todo hombre…
Morelos

Al poner en práctica el cambio desde una cultura transformadora, podemos lograr un proceso, que a la vez que produce, evoluciona y desarrolla ciudadanos éticos que impactarán con su participación a los cambios políticos y sociales.

La cultura, como lo menciona Muñoz (2010), es también un proceso y un modelo institucional: la cultura (en este caso, lo social), debe integrarse a lo institucional (como entidades), ya que por separado existe una irregularidad, no hay integración alguna, dando como resultado, la inestabilidad social actual; pero, si existe una cohesión entre las instituciones con la cultura, podremos lograr: “una estructura lo más funcional y coherente posible” (p. 1).

Enrique V. Iglesias, citado por Bernardo Kliksberg (2002), menciona que:

Hay múltiples aspectos en la cultura de cada pueblo que pueden favorecer a su desarrollo económico y social, es preciso descubrirlos, potenciarlos, y apoyarse en ellos, y hacer esto con seriedad significativa, replantear la agenda del desarrollo de una manera que a la postre resultara eficaz, porque tomará en cuenta potencialidades de la realidad que son de esencia y que, hasta ahora, han sido generalmente ignoradas (p. 456).

Al tomar en cuenta lo anterior, la sociedad progresará en la medida en que dichos aspectos logren llevarse a la práctica e impactar de forma directa en nuestro entorno cultural. Con ello, no solamente la sociedad se beneficia, sino también el constructo institucional se edifica y solidifica: se renueva la confianza para la cual nacieron.

Alduncin (1999), menciona que: “Somos en función de otros, y ello es válido tanto en lo personal como en el ámbito de los grupos sociales amplios” (p. 111). La interacción social y cultural es vital para lograr un mejor balance entre lo particular y lo general, entre el individuo y la institución. Somos nuestro propio reflejo, nos vemos en el otro, y él nos devuelve la mirada reconociéndose y reconociéndonos: como personas reflejamos lo que ocurre a otros, para poder entendernos y explicarnos nuestro contexto. Por ello, encontramos la desestabilidad, porque aún nosotros mismos no nos sentimos estables dentro de la vorágine que vivimos día con día. Cuando en los ojos del otro veamos el comienzo de un cambio sustancial, será cuando nosotros estemos recuperando nuestros espacios.

Buscar una regeneración de la práctica social dentro de la nación, apoyarse y ver en la transformación de lo cotidiano un baluarte para el cambio institucional:

Todo lo que es humano regenera la esperanza al regenerar su vivir. No es la esperanza lo que hace vivir, es el vivir lo que hace la esperanza, o sería mejor decir: el vivir hace la esperanza que hace vivir. El segundo es el principio de lo inconcebible. Todas las grandes transformaciones o creaciones fueron impensables antes de haberse producido. Recordemos que a cada determinación le corresponde una posibilidad (Bejar, Rosales, 1999, p. 402).

Ahora, si nuestra cultura está siendo encaminada o lleva un declive, es porque no se está actuando sobre una cultura enfocada a la discusión práctica de solución, sino que se piensa que los otros actores (instituciones, Estado) deben pensar y solucionar la problemática actual. No es adecuado dejar la responsabilidad a los anteriores, porque se relega la responsabilidad al manejo de unos pocos, lo que propicia esta actitud es que en algunos casos estos mismos actores, sean los que de una manera, tengan en su poder y disposición el camino trazado para una mayoría.

Si vivimos una crisis social, institucional y cultural, se debe a una desigualdad relevante entre estos tres factores. Se debe comenzar a formar los cambios acompañados de una participación ciudadana comprometida que incluya los diferentes estratos dentro de la población. Si no se consideran estos estratos, simplemente se cambiará el piloto, pero la nave seguirá yendo hacia el mismo destino. Se trata de abordar los cambios que se producen en las identidades sociales y políticas en el proceso de crisis, los cambios en las formas de participación, inclusión/exclusión, en las formas de nominación, la difuminación o reaparición de identificaciones étnicas o nacionales. Por otra parte, se trata de considerar las políticas culturales de los estados y los diversos actores sociales que actúan la crisis y en la crisis. Especialmente, atender a los usos de una cultura de la paz o una cultura para el desarrollo en los cuales se anuncia la pretensión de saldar simbólicamente aquello que no hacen la economía o las instituciones (Grimson, 2010a, p. 10). Dichas identidades en crisis están enraizadas en la cultura, en la conciencia de quienes somos, es producida por las vivencias en cierto contexto social que nos doto de una educación formal y es resultante de diversas experiencias históricas compartidas y que son distintas a otras. Es en la identidad en la que nos asumimos distintos a otros individuos de otras culturas y en cambio nos reconocemos en los nuestros por compartir los valores y objetivos, en fin “es un proceso de sincretismo dinámico y referencial” (Del Val, p. 327)

En gran medida los valores y los objetivos de los individuos le dan sentido al marco de acción de una sociedad, regulan su práctica en gran medida por lo que consideran como valioso y esto también permea la manera en cómo perciben el mundo. Dichos valores no solo tienen que ser concebidos en un plan ético-moral, sino también desde un plano religioso o académico, que provee de bases ontológicas a los individuos y a su vez sustentará toda una gama de tradiciones, usos, costumbres o ritos que en conjunto construirán la cosmovisión del sujeto.

Lo social y lo cultura forman un modelo vigoroso que reúne lo particular y lo general. Factores indispensables del cambio. Cuando existe una inestabilidad, estas bases deben resistir, podrán cuartearse debido al sacudimiento, pero deben ser lo suficientemente fuertes como para soportar las vibraciones. Así, la misma base debe funcionar en conjunto para lograr unirse y controlar y supervivir cualquier tipo de temblor. La cohesión firme se sobrepone al embate. La sociedad y su cultura, podrán lograr emanar el cambio acudiendo a la solidez de su propia fuerza y estabilidad.

Si la confianza entre sociedad y las instituciones e individuos que controlan esta nación se encuentra en decaimiento, es debido a las grietas que el propio Estado y la misma sociedad han permitido que surjan y avancen, en parte por la tolerancia a las acciones corruptas, pero es necesario que el resanamiento de esta relación depende de la armonía que se pueda construir entre estos actores principales. Al respecto Grimson (2004b) menciona:

En la medida en que nación sea comprendida como pueblo y que el Estado sea percibido como afectando los intereses populares. En muchos países de América Latina las ideas de nación y Estado se desarticulan constantemente, hasta el punto de que la visión socialmente prevaleciente puede explicar el desamparo y la devastación de la nación como consecuencia de persistentes políticas del Estado, en las cuales éste aparece más cercano a intereses extranjeros o tan sectoriales que no consigue articularse con idea alguna acerca de la nación. El movimiento social puede recoger justamente el modo nacional de identificación que, legitimado por el Estado en otros contextos históricos, es irrenunciable explícitamente en la medida en que constituye la única vía de legitimación de su propia existencia (p. 185).

De esta manera, si como sociedad entendemos que formamos la parte fundamental de la nación, podremos comprender y actuar en consecuencia: la cultura se desenvuelve como experiencia y preservación social.

La cultura en época de crisis, ofrece alternativas que pueden llegar a ser cambios importantes dentro del rumbo de la sociedad. Si nuestros esfuerzos y participaciones los encaminamos hacia este rumbo, si a la cultura la encaminamos hacia una Cultura de la Legalidad, podremos hablar entonces de un verdadero cambio tanto como sociedad, institución y nación.

Transmitir la Cultura de la Legalidad

La ocasión hace al ladrón.
Dicho popular

Todo ser humano es miembro, es perteneciente a un ámbito social y cultural. Al mismo tiempo que pertenece a un núcleo familiar, pertenece a una colonia, a una comunidad, a la ciudad, al estado, a alguna región: ahora es ya un ciudadano del mundo. Dentro de su trabajo en el rol que desempeñe existe y se debe a los demás. El ser humano es perteneciente a una cultura, está hecho y moldeado por ella aunque hablemos de situaciones radicales, esa misma radicalidad se origina debido al enviste de la cultura a la que pertenece. En cada ámbito mencionado existen desde antes que él, una serie de costumbres y tradiciones heredadas y compartidas, cambiadas únicamente por la marcha del tiempo. Existen valores y creencias que se comparten y que transforman a los individuos. Las culturas generan un fuerte sentido de pertenencia, lealtades e identidades. Se es gracias al grupo al cual se pertenece; éste es el que da sentido a la vida, tanto en el ser como en el quehacer; por ello la identidad se determina a partir de grupos étnicos, idiomas, religión, ideología y creencias; en una palabra, de valores compartidos (Alduncin, 1999, p. 112).

Nuestra identidad se forja gracias al grupo en donde pertenecemos. Somos herederos de los usos y costumbres, los cuales son fuertes debido a la historia, la cual también nos pertenece. Somos cultura debido a que nos fue otorgada por las generaciones anteriores, y esta cultura será la que nosotros heredemos a las próximas; nos fortalecemos, caemos y surgimos gracias a ella.

Cada generación vive y hereda algo a la cultura. Los herederos la toman y la matizan según sus propios contextos. Es nuestro legado, matizar esta cultura hacia un trasfondo de legalidad para que las generaciones que vienen la adopten y la refuercen con sus propias herramientas y situaciones. Se forma de esta manera un patrimonio. Hay que transmitir nuestra cultura y respetarla como un ser viviente; si nosotros no alimentamos nuestra cultura enfermará, se infectará y comenzará a contaminar al huésped.

La Cultura de la Legalidad como una fundamentación para el mejoramiento de nuestra sociedad, de nuestras instituciones y de nuestra forma de gobernar. Este concepto que aún resulta nuevo dentro de los campos de estudio y las investigaciones, comienza a gestar cada vez mayor importancia. Es necesario que la Cultura de la Legalidad se conozca y reconozca como uno de los agentes de cambio que nuestro país necesita.

La gente tiene como ejercicio de libertad informarse y saber que tiene derecho a conocer los planes y las acciones de sus instituciones y de su gobierno, y que tiene el poder de hacer valer su opinión con respecto a dichas instituciones. A su vez, estas instituciones tienen la obligación de escuchar, vincular y aceptar la voz de la sociedad para la cual están desempeñándose. Lo anterior regulado por las leyes que legitima el Estado de derecho.

Referencias bibliográficas

ALDUCIN, E. (1999): “Perspectivas de la identidad nacional en la época de la globalización”. EnR. Bejar y H. Rosales (Coord.), La identidad nacional mexicana, como problema político y cultural (pp. 111-131). México: Siglo XXI Editores.
BEJAR, R. y ROSALES, H. (1999): “Epílogo”. En R. Bejar y H. Rosales (Coord.), La identidad nacional mexicana, como problema político y cultural (pp. 397-402). México: Siglo XXI Editores.
BONFIL, G. B. (1986): “La querella por la cultura”. En Revista Nexos. Abril. Recuperado en http://www.nexos.com.mx/?p=4615 06 de julio.
BONFIL, G. B. (2004): “Nuestro patrimonio cultural: un laberinto de significados”. Patrimonio cultural inmaterial, pensar nuestra cultura (pp. 117-134). Recuperado de http://www.fundacionilam.org/ilam.org/ILAMDOC/sobi/Guillermo%20Bonfil_Pensarnuestracultura-Pat.pdf
CAMPS, V. (2010): Democracia sin ciudadanos: La construcción de la ciudadanía en las democracias liberales. Madrid: Editorial Trotta.
CHARLES, M. (1987): El problema como cultura o la cultura como problema. México: Universidad de Colima.
CHÁVEZ, J. y CASTRO, M. (2009): Cultura de participación y construcción de ciudadanía. México: UNAM.
CHÁVEZ, J. (2006): La participación social: retos y perspectivas. México: Entsunam.
CRESPO, J. (1990): “Hacia una Cultura de la Legalidad”. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/159/15903807.pdf

DEL VAL, J. (1999): El balcón vacío, notas sobre la identidad nacional. México: Siglo veintiuno editores.
GRIMSON, A. (2004a): “Introducción”. En: A. Grimson (Comp.), La cultura en las crisis latinoamericanas (pp. 7-16). Buenos aires: Clacso.
GRIMSON, A. (2004b): “La experiencia argentina y sus fantasmas”. En: A. Grimson (Comp.), La cultura en las crisis latinoamericanas (pp. 177-194). Buenos aires: Clacso.
GRUPO REFORMA (2015): “Aumenta desconfianza en Instituciones”. Recuperado de: http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/?p=5837
KLIKSBERG, B. (2002): “Capital social y cultura, claves olvidadas del desarrollo”. Revista Foro Internacional. (pp. 454-496), Vol. 42, Nº 3 (169), Jul-Sept. México: El Colegio de México. Recuperado de http://www.jstor.org/stable/27739135?&seq=3#page_scan_tab_contents 24 de julio de 2015.
MARTÍNEZ, J. (2008): Lecciones sobre Cultura de la Legalidad. México: Editorial Flores.
MORENO, J. y LUENGO, F. (2007): Construir ciudadanía y prevenir conflictos. España: RGM. Recuperado de https://books.google.com.mx/books?id=Qp9RkGVSPPQC&pg=PA36&lpg=PA36&dq=%22la+desafecci%C3%B3n+escolar+de+muchos+alumnos%22&source=bl&ots=b4t9reaEmN&sig=igm8LzbBXF7NKkUGDL671dhUHb4&hl=es&sa=X&ved=0CBwQ6AEwAGoVChMI4Yjn68SRxwIVTiuICh0t_wGQ#v=onepage&q=%22la%20desafecci%C3%B3n%20escolar%20de%20muchos%20alumnos%22&f=false
MUÑOZ. A. G. (2010): “La cultura, tránsito hacia una significación transformadora”. Revista de Historia. Publicación cuatrimestral de la filial provincial de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, Nº 3, año 2010, ISSN 2309-320x. Recuperado de http://www.baibrama.cult.cu/instituciones/patrimonio/revista/r_old_art.php?idarticulo=30&idrevista=7 20 de julio de 2015.
NATIONAL STRATEGY INFORMATION CENTER (2009): Material de apoyo para la asignatura estatal de Cultura de la Legalidad para primero de secundaria. Manual del docente. México unido Contra la Delincuencia A. C. México. Recuperado de
http://www.culturadelalegalidad.org.mx/recursos/Contenidos/files/educacion/Guia_del_Docente_de_Cultura_de_%20la_Legalidad.pdf
ROCKWELL, E. (2007): “Huellas del pasado en las culturas escolares”. Revista de Antropología Social (pp. 175-212)., Nº 16, ISSN 1131-558X. Recuperado de http://es.scribd.com/doc/80504081/Huellas-Del-Pasado-Rokwell#scribd
RUBIO, L. y JAIME, E. (2007):
El acertijo de la legitimidad. Por una democracia eficaz en un entorno de legalidad y desarrollo. México: Fondo de Cultura Económica.
VILLAGRÁN, V. (2012): “El concepto de Cultura de la Legalidad”. Lecturas Jurídica (pp. 83-100), Época IV, Nº 18, mayo, ISSN 1870-6487. Chihuahua: Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
VILLAGRÁN, V. (2010): “El estado de derecho y la Cultura de la Legalidad”. Revista Synthesis (pp. 33 -36), Vol. 56, Año 14, ISSN 0187-6007. Chihuahua: Dirección de extensión y difusión cultural de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
ZAZUETA, V. R. (2003): Participación Ciudadana. México: Facultad de Derecho Universidad Anáhuac y Editorial Porrúa.

Educación pública, pedagogía y debate estratégico

Cristian Galván
Profesor
.

En Argentina luego de la crisis del 2001 resurgió el debate acerca de una educación que problematice y cuestione las relaciones de opresión y de desigualdad producto de la sociedad capitalista.

Tras años de neoliberalismo y de vaciamiento de los espacios educativos públicos, ante la necesidad de encontrar respuestas a la crisis educativa muchos docentes desarrollaron profundas críticas al sistema educativo y a la enseñanza tradicional, planteando reformas en los diseños curriculares, programas pedagógicos, metodologías y nuevos contenidos. Llevándolos a la práctica en diferentes espacios educativos y culturales como en escuelas estatales, programas y planes educativos, bibliotecas y bachilleratos populares, universidades públicas y centros culturales.

Si bien muchos de los espacios educativos “no formales” se vieron limitados a proyectos personales y aislados de la pelea de las masas en defensa de la educación pública, la exigencia por los salarios para todos los trabajadores es un reclamo legítimo por los derechos laborales, así como lo es la pelea por integrar a estos espacios al sistema educativo, en consecuencia a la lucha en defensa de una educación pública, laica y científica, tomando las conquistas históricas de la educación pública como pilares de resistencia hacia la disputa política por los plenos derechos del pueblo trabajador.

La educación pública y las conquistas de los trabajadores y estudiantes

La lucha por una educación que este dirigida por los intereses de las clases trabajadoras y populares, a partir de la cual se genere una democracia interna en cada espacio educativo y se formen sujetos críticos y políticos bajo una cultura participativa, es la contrapropuesta al modelo de educación meritocrática basada en la individualidad, las jerarquías, la productividad y las normas de premios y castigos, con lineamientos que responden a los intereses del mercado y la ideología capitalista.

En este sentido las contradicciones en cada espacio educativo deben abrir el debate acerca de los derechos políticos y las libertades democráticas, la propiedad privada, la lucha de clases y el poder político del estado capitalista. Sin ser neutrales ante las reformas educativas que van en sintonía con los monopolios de empresas, junto a la intromisión de la iglesia y su influencia conservadora en los lineamientos educativos como en educación sexual o en la enseñanza de las ciencias naturales, por lo contrario es fundamental promover la educación científica a partir de la cual los trabajadores y la juventud puedan apropiarse de los conocimientos acumulados por la humanidad a lo largo de la historia.

Asimismo se debe fomentar la enseñanza artística y la defensa por los derechos laborales, sindicales y democráticos de los trabajadores y estudiantes, apoyar la organización de delegados docentes y estudiantiles y la democratización de los sindicatos como organismos de la clase trabajadora.

En los hechos una educación que prepare los cimientos para la transformación de la sociedad está íntimamente relacionada a la política revolucionaria y a la lucha de clases.

Tomar el poder para cambiar al mundo

Aun considerando la importancia de la educación en la generación de conciencia y en la producción y transmisión de conocimiento, los cambios estructurales de una sociedad van más allá de los espacios educativo y de la educación, lo que no significa que no haya que poner en duda ni disputar la orientación y los marcos del programa político-educativo del estado. No solo se lo debe cuestionar sino que también debe cuestionarse todo orden capitalista, incluyendo al propio estado, su carácter de clase y su aparato represivo, es decir desnaturalizando por completo un sistema social de represión, miseria y explotación.

Precisamente es por eso que no puede haber transformación de una sociedad sin tomar el poder del estado, sin alterar orgánica y sistemáticamente su orden y su carácter de clase capitalista, es decir sin que la clase productora expropie a la clase explotadora y organice la sociedad basándose en sus derechos autodeterminados.
Teniendo esto en cuenta, la estrategia política de que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder resulta un planteo en abstracto mientras una minoría ejerce el poder sin ser cuestionada por las mayorías trabajadoras y populares.

En este sentido en el mismo recorrido de luchar por una escuela democrática y científica en función de las necesidades de la clase trabajadora y los barrios populares, en donde se cuestione la sociedad dividida en clases y se pongan de manifiesto las causas de las injusticias sociales, es necesario el desarrollo de la organización y la estrategia revolucionaria de la clase trabajadora, de los explotados y oprimidos para hacerse del poder político del estado y generar a partir de los organismos obreros y populares una democracia de los trabajadores.

Por gentileza de La Izquierda Diario

Semiocapitalismo | El papel de lo semiológico y lo financiero en la sociedad actual

Ricardo Forster
Doctor en filosofía, profesor de la facultad de ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires (Argentina)
.

Leo, no sin comenzar a preguntarme unas cuantas cosas que me remiten a nuestra actualidad, el último libro de Franco “Bifo” Berardi, Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva, en el que desmenuza la época de la digitalización y del predominio de la financierización del mundo no sin derramar, al menos sobre mí, una sutil dosis de pesimismo civilizatorio que conduce más hacia la melancolía que a la rebelión. No por eso deja de ser un libro valioso y agudo en su intento de cartografiar la oscura complejidad de nuestra época. Me detengo en uno de los tantos párrafos de un texto inquietante: “El punto crucial de la crítica de Baudrillard es el fin de la referencialidad y la (in)determinación del valor. En la esfera del mercado, las cosas no son consideradas desde el punto de vista de su utilidad concreta, sino desde su intercambiabilidad y su valor de intercambio. De manera similar, en la esfera de la comunicación, el lenguaje es comercializado y valorado como performance. Es la efectividad, y no el valor de verdad, la regla del lenguaje en la esfera de la comunicación. Es la pragmática, y no la hermenéutica, la metodología para comprender la comunicación social, particularmente en la era de los nuevos medios de comunicación” (pág. 175). En estas reflexiones de Berardi se pone de manifiesto el proceso que, en el interior de la modernidad burguesa, concluyó, siglos después, en lo que él denomina el “semiocapitalismo”, esa etapa en la que el signo lingüístico se ha emancipado plenamente de toda referencialidad para desplazarse por una espacialidad en la que domina la abstracción.

Citando a Jean Baudrillard –al que no se suele citar últimamente más allá del valor anticipatorio de muchos de sus análisis–, nos dice que el filósofo francés “propuso una semiología general de la simulación basada en la premisa del fin de la referencialidad tanto en la economía como en el campo lingüístico. En El espejo de la producción escribe: ‘[…] la necesidad, el valor de uso, el referente, `no existen´: no son sino conceptos producidos y proyectados en una dimensión genérica por el propio desarrollo del sistema del valor de cambio’. El proceso de autonomización del dinero, que es la principal característica del capitalismo financiero, puede inscribirse en el marco general de la emancipación de la semiosis de la referencialidad” (págs.. 172-173). El capital financiero no sólo constituye el punto más avanzado de la “abstracción” ya señalado por Marx sino que, en la perspectiva de la comunicación, introduce, de forma radical, la autonomización del signo y de su impacto en la producción artificial de contenidos inmateriales que, sin embargo, definen el vínculo con la realidad determinando la busca de rentabilidad por parte de un capital que ha abandonado la esfera de la producción para centrarse en la esfera financiera. Al evaporarse la referencialidad lo que también se termina es la vinculación argumentativa abriendo paso a la fabricación de sujetos impulsados por signos vacíos y abstractos que impactan de lleno en la dimensión afectiva y sensible.

“Todos los signos –escribe Baudrillard en El intercambio simbólico y la muerte– se intercambian entre sí en lo sucesivo sin cambiarse por algo real (y no se intercambian bien, no se intercambian perfectamente entre sí sino a condición de no cambiarse por algo real)”. Pensar las estrategias comunicacionales es adentrarse en esta hipérbole del signo en la que la operación de desplazamiento se ha consumado de forma definitiva impactando de lleno en la subjetivación de individuos que establecen vínculos con “la realidad” a través de esta “emancipación del signo de su función referencial”. En la era de la “posverdad” todo puede ser dicho y convertido en “verdad irrefutable”. Romper esta nueva forma de hechizo constituye el desafío más arduo y difícil de todo proyecto de liberación.

El peligro es que la dimensión  real e imaginaria de este trastrocamiento de la materialidad en abstracción acabe por ser aceptada por los sujetos como la efectiva “realidad” sin chances de sustraerse a esta colonización cada vez más profunda. “La virtualización financiera –dice Berardi– es el último paso en la transición hacia la forma del semiocapital. En esta esfera, aparecen dos nuevos niveles de abstracción, como fruto de la abstracción del trabajo sobre la que escribió Marx (…). La abstracción digital suma una segunda capa a la abstracción capitalista. La transformación y la producción ya no acontecen en el campo de los cuerpos, de la manipulación material, sino en el de la pura interacción autorreferencial entre máquinas informáticas. La información toma el lugar de las cosas y el cuerpo queda eliminado del terreno de la comunicación (…). Luego, hay un tercer nivel de abstracción, que es el de la abstracción financiera. Las finanzas (…) se han desvinculado de la necesidad de la producción. El proceso de valorización del capital, es decir, aquel que incrementa el dinero invertido, ya no pasa por la instancia de la producción del valor de uso o, incluso, por la producción física o semiótica de bienes” (págs.. 176-177). De todas formas, ya Giovanni Arrighi en su  libro El largo siglo XX había destacado que en cada una de las etapas o ciclos atravesados por el capitalismo desde su primera estación genovesa se podía constatar un rasgo común a todas: que en sus períodos de declive se producía, en el centro hegemónico de cada época, un desplazamiento del capital comercial y productivo hacia el capital financiero (eso sucedió con Génova, Holanda, Gran Bretaña y, actualmente, con Estado Unidos que, según Arrighi, constituyen los cuatro ciclos de acumulación que definen el recorrido histórico de la economía-mundo capitalista). Rasgo más que interesante –aquella condición de hegemonía financiera en las épocas de decadencia de cada etapa del capital– que nos permite anticipar la crisis, quizás terminal, del ciclo dominado por Estados Unidos. Cómo si en el cuerpo inmaterial del capitalismo ya estuviese escrito, desde sus comienzos en el siglo XVI, la significación decisiva de la financierización como núcleo último de su despliegue histórico y como marca de su condición crepuscular.

Claro que, y en esto hay que darle la razón a Berardi, el nivel de predominio del capital financiero en la actualidad es abrumador y constituye el eje central de la acumulación contemporánea hasta prácticamente reducir la producción de objetos materiales o inmateriales a la periferia en la búsqueda de rentabilidad. El semiocapitalismo se ha convertido en el punto máximo de abstracción del capital impactando directa y fulminantemente sobre individuos que viven, cada vez más, en el interior de realidades virtuales y bajo el signo de la desmaterialización de los vínculos intersubjetivos. Berardi agrega que la depredación del mundo real se hizo posible, en toda su extensión, en el preciso momento en el que el capital pudo prescindir de la producción de cosas útiles para centrarse casi con exclusividad en la dimensión abstracta de la circulación e inversión dineraria. “La separación del valor de un referente conduce a la destrucción del mundo existente” (pág. 178). El dominio de la abstracción generalizada como rasgo decisivo de la etapa neoliberal no sólo avanza sobre una depredación del mundo real sino que también deja sin capacidad de reflexión, y por lo tanto de crítica, a una humanidad que es incapaz de comprender los mecanismos que han definido una actualidad demoledora sobre la que parece imposible intervenir en un sentido político.

Slavoj Zizek, a su vez, también insiste con este carácter desmaterializador y supuestamente a-ideológico del capitalismo contemporáneo, un carácter que vuelve indescifrable, para el individuo atrapado en las gruesas pero invisibles mallas del consumo y la virtualidad, la trama de dominación que sigue ejerciendo su cuantioso poder sobre los cuerpos y la naturaleza al mismo tiempo que promueve una “verdad-sin-significado” que se adapta sin inconvenientes a la era de la digitalización y la comunicación de masas. En Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo señala que quizás “es aquí donde deberíamos localizar uno de los principales peligros del capitalismo: aunque es global y abarca todo el mundo, mantiene una constelación ideológica stricto sensu sin mundo, privando a la gran mayoría de la gente de cualquier mapa cognitivo significativo. El capitalismo es el primer orden socioeconómico que destotaliza el significado: no es global a nivel de significado. Después de todo no existe ninguna ‘cosmovisión capitalista’, ninguna ‘civilización capitalista’ propiamente dicha: la lección fundamental de la globalización consiste precisamente en que el capitalismo se puede adaptar a todas las civilizaciones, desde la cristiana hasta la hindú o la budista, de Oriente a Occidente. La dimensión global del capitalismo sólo se puede formular a nivel de verdad-sin-significado, como Real del mecanismo global de mercado” (pág. 16). Esa destotalización del significado se corresponde con el abandono de la acción reflexiva de parte de sujetos carenciados de aquellos instrumentos promovidos por la ilustración y que han quedado como restos arqueológicos de una historia vacía de contenido.

Hay una asfixia de la comprensión que es proporcional a la complejidad tecnológica a partir de la que se desplazan los infinitos flujos del capital financiero por la abstracción del éter informacional. Como si aquel sujeto de la ilustración se hubiera transformado en un individuo pasivo que es hablado por una realidad desmaterializada en la que solo parece imperar el reino de la ficción y la artificialidad. Nada queda de la apuesta kantiana que postulaba individuos autónomos y soberanos. El semiocapitalismo se mueve sin inconvenientes en el interior de una sociedad atrapada en las redes del binarismo digital. Bifo Berardi lo ha dicho de un modo directo y preocupante: “Hoy en día, la tecnología digital se basa en la inserción de memes neurolingüísticos y dispositivos automáticos en la esfera de la cognición, en la psique social y en las formas de vida. Tanto metafórica como literalmente, podemos decir que el cerebro social está sufriendo un proceso de cableado, mediado por protocolos lingüísticos inmateriales y dispositivos electrónicos. En la medida en que los algoritmos se vuelven cruciales en la formación del cuerpo social, la construcción del poder social se desplaza del nivel político de la conciencia y la voluntad, al nivel técnico de los automatismos localizados en el proceso de generación de intercambio lingüístico y en la formación psíquica y orgánica de los cuerpos” (pág. 34). Fenomenológicamente esto se puede observar en las estrategias desarrolladas por los medios de comunicación a la hora de construir dispositivos que operan bajo la lógica de los memes neurolingüísticos a los que hace referencia Berardi, buscando, precisamente, saltar la anquilosada capacidad reflexiva de los telespectadores o de los usuarios de internet y de redes sociales hasta alcanzar su más profunda sensibilidad en donde las respuestas se vinculan con el gesto automático que se manifiesta como un antes y, por qué no, como un bloqueador de toda acción argumentativa.

Más adelante, y siguiendo su deconstrucción de la era digital, Berardi precisa mejor su definición de la actual etapa de la sociedad dominada por la confluencia de lo semiológico y de lo financiero: “Llamo semiocapitalismo a la actual configuración de la relación entre lenguaje y economía. En esta configuración, la producción de cualquier bien, ya sea material o inmaterial, puede ser traducida a una combinación y recombinación de información (algoritmos, figuras, diferencias digitales). La semiotización de la producción social y del intercambio económico implica una profunda transformación en el proceso de subjetivación. La infoesfera actúa directamente en el sistema nervioso de la sociedad, afectando a la psicoesfera y a la sensibilidad en particular. Por esta razón, la relación entre economía y estética es crucial para entender la actual transformación cultural” (págs.. 127-128). La masa de los ciudadanos-consumidores se mueve en el interior de este proceso de estetización del mundo que se corresponde con lo que Nicolás Casullo llamaba la “culturalización de la política”, perspectiva que nos lleva directamente a la influencia decisiva que se ha establecido entre las esferas del lenguaje y de la economía en el interior del semiocapitalismo, una categoría perturbadora que busca descifrar la fabricación de subjetividad y los nuevos dispositivos de la servidumbre voluntaria que ya no se despliega en la dimensión exclusiva de la imagen sino que penetra en los intersticios del lenguaje hasta alcanzar su núcleo más profundo e inconsciente. Los sujetos sujetados en el interior de esta lógica del capital son, ahora, hablados por esta configuración hecha de algoritmos, figuras y diferencias digitales. La trampa ya ha sido construida y hemos caído en sus redes. ¿Seremos capaces de romper sus nudos?

Por gentileza de Página|12

Preguntas al espejo

Juan Melero
Topía

“…para las preguntas que se han tendido como ramas
a lo largo de la pesadilla de la luz…”

Juan L. Ortiz, En el aura del sauce, 1958

La operación de ver no es tan espontánea como parece. Ver lo que vemos es tan difícil como escuchar lo que oímos. Hagamos entonces alguna advertencia respecto a nuevos lugares que la imagen ocupa en la actualidad de la producción social y por lo tanto, en la actualidad de la vida psíquica. Si ya advertimos sobre los riesgos de una teoría psicoanalítica que sobrevaluaba la dimensión lingüística (el significante, la letra, la lógica, la escritura) mientras descuidaba otros aspectos constitutivos del psiquismo, ahora también debemos avisarnos de una cultura cuyo eslogan ya no es el libro, sino la globalidad (esferas sensitivas), que se encamina más bien a desechar lo que alguna vez le valió el calificativo de “letrada”, de histórica, aquello que hizo cima y finalizó en su culto intelectual al “texto”, hoy desvaído.

Algunos aspectos mortíferos de la parte opulenta de nuestra cultura encuentran su unidad reproductiva en nuevas y espectaculares versiones de un motivo clásico: el espejo. Tan simple y tan palmario como un sartenazo en la cabeza. Esto no debería sorprendernos, puesto que habitamos una época plagada de simplificaciones, por no decir de gansadas, de viajes excitantes hacia el paradigma del estímulo-respuesta.

La primacía de lo iconográfico y de la imagen en todas sus formas (pero en particular la que llamaremos narcisística), actualiza problemas conocidos y también engendra existentes nuevos que aún no han sido pensados y se resisten a serlo.

Las redes sociales “virtuales” alcanzaron el éxito de una operación emblemática de este tiempo: convertir las pantallas en espejos informados. La pantalla, que era el medio de la imagen-movimiento, del paisaje y del viaje, de la “telé-visión”, se trasforma poco a poco, pero a través de su uso más vasto en un espejo cálido. Lo primero fue tener un input, una entrada personal a la pantalla, luego asociar a ella los medios de captura digital de la imagen, lo siguiente, convertirla en una superficie idealmente reflejante. No es el azogue frío e imparcial, el espejo realista por antonomasia y refractario a la demanda. Es más bien el espejo mágico de Blancanieves, el que le aseguraba siempre sus virtudes, y despertó la envidia fatal de la madrastra. Ahí ya no se trata de que “lo que vemos nos mira”, como planteara Didi-Huberman en 1992, sino quizás de abolir esos términos, para generar una operación de un solo tiempo y sentido: mirarse siendo mirado. Explotar las variantes del espejo, hacer su hipérbole, su estadio glorificado.

Podemos recordar aquí las articulaciones que Lacan revelara entre especularidad y agresión o, podríamos agregar, entre la puesta en imagen y la envidia. Así es el medio ambiente de la cultura de masas. La imagen cunde como vehículo capaz de representar al sujeto en completud gozante, y aparece como una proyección del Yo-Ideal. De esta forma se convoca hasta el infinito la escena fantasmática de la exclusión: o yo o el otro, y donde el otro es yo quisiera desplazarlo. Las ideas de Lacan sobre la especularidad comienzan a articularse en su tesis sobre el caso Aimée. Es que por cosas así llega a matarse la gente. Hasta ahí con esas ideas, luego es necesario trascender una concepción del Yo y de lo Imaginario que termina siendo más reduccionista que habilitante para el quehacer psicoanalítico.

Problema sobre el que queremos concentrar hoy nuestra palabra: la imagen no puede ser soporte suficiente para la relación social. Cuanto más terreno gana el vínculo dominado por lo especular, más resulta en tensión agresiva y en envidia generalizada, en empuje al robo y a la aniquilación de un otro que no alcanza espesor significativo.

Esta forma de la agresividad, para desplegarse en violencia destructora requiere condiciones: la tensión narcisística, pero también la insuficiencia de mediaciones psíquicas que permitan soportar el conflicto. A gran escala, se vincula tanto a la superproductividad tecnológica y mercantil como al subdesarrollo ideativo que nos sobrecogen (valga la polisemia).

En el mundo global es lógico que el trono de la cultura sea para la imagen narcisística, controlada, de diseño. Ella permite trascender las fronteras, pero también evitarlas, promover la velocidad, hacerle el juego a la desregulación.

El lenguaje, en cambio, siempre impone una traductibilidad, aún entre hablantes de una misma lengua. Es esa frontera dinámica con el otro lo que me permite estar pacíficamente con él, contar con él. La proliferación de imágenes flotantes, “colgadas” en las paredes deslizables del medio virtual, nos deja librados a nuestra parte más precaria y reactiva.

Dada la tendencia a abolir cualquier dialéctica, es fácil imaginar cómo las imágenes nos hablan, pero muy difícil concebir cómo podrían hacer silencio. Vale tomar posición frente al problema.

Por gentileza de Topía

Cambios en el sistema global

Ricardo A. Yocelevzky R.
Departamento de Política y Cultura, Unidad Xochimilco. Universidad Autónoma de México
.

Los problemas aparecen con gran frecuencia a propósito de la acción del Estado y de los gobiernos, tanto en México como en el resto de América Latina. Por una parte lo que podemos denominar una “erosión de la soberanía nacional” y por otra, el que se presenta con mayor urgencia, la debilidad, cuando no inexistencia, de un “estado de derecho”. Ambos problemas generan una gran actividad informativa, denuncias y análisis que buscan su origen y solución en campos disciplinarios variados, la historia, la sociología, la ciencia política, hasta la psicología, particularmente esta última que provee una tranquilizadora apelación a la fatalidad de una “naturaleza humana” inmutable o a la necesidad de moralizar la actividad pública por diversos medios.

Una trampa frecuente, contra la que advertía recientemente Adam Przeworski, es reducir todos estos temas en el rubro de la “corrupción” [1]. El desafío para las ciencias sociales es buscar una explicación estructural, que haga visibles los múltiples mecanismos que generan las acciones individuales y colectivas que configuran los fenómenos que nos preocupan y que suponemos que se ubican en la generación, institucionalización y ejercicio de los poderes político y económico, cuyas relaciones, en sus transformaciones, configuran la dinámica histórica en la que nos encontramos inmersos.

Elementos de la situación actual y su génesis

La noción de globalización adquirió su vigencia como el modo más general, ambiguo y por lo tanto poco comprometedor, de relativizar todo lo que se dijera dentro y acerca de la política en cada estado nacional. Los análisis de la política, tanto desde el punto de vista histórico como desde el de una teoría política que se inscribiera en los esfuerzos sistémicos por explicar los acontecimientos contemporáneos, por ejemplo la llamada en su tiempo “tercera ola democratizadora”, tenían como referencia para el análisis, así como para la acción (propuestas programáticas explícitas o implícitas asociadas con esos análisis) al Estado-Nación como unidad de análisis y escenario de la acción. Otras visiones quedaban subordinadas lógicamente en la medida que se presentan como internacionales, sub-nacionales o supranacionales. En gran medida esto sigue siendo así. Sin embargo, nuestro propósito en esta exposición es mostrar en qué medida esto ya no es redituable en términos de conocimiento y cómo es necesario pensar en las posibilidades abiertas hoy al cambio, tanto en el conocimiento como en la realidad de la política, que, sin embargo, no parecen tener un marco conceptual claro que permita acercarse a ellas con alguna propuesta programática que resulte en alguna medida esperanzadora.

Un proceso que aparece estrechamente asociado a la evolución del Estado-Nación como unidad e dominación y de análisis es la evolución de la producción y difusión de información. Si bien en los comienzos esto era “naturalizado” junto con la evolución de los procesos políticos, el impacto que sobre ambos procesos, tanto la producción como la difusión, ha tenido la revolución tecnológica que representan los nuevos medios de comunicación, especialmente los electrónicos, hace imposible ignorarlos como una parte fundamental de las estructuras y los procesos políticos.

La información disponible acerca de todo tipo de asuntos es apabullante gracias a la tecnología de la información y la comunicación. Un problema común para quienes ocupan cargos de responsabilidad por la toma de decisiones, por un lado, y para quienes, sin mayor posibilidad de incidencia en el curso de los acontecimientos, buscan comprender la situación, así no sea más que para explicarse los hechos, que por lejanos que parezcan afectan su propia vida y su consciencia, es el establecer prioridades y jerarquías causales a los hechos de los que informa. Estos ordenamientos impuestos a las unidades de información conforman las teorías con las que se explican o justifican las decisiones o que buscan explicar las situaciones.

Hay que partir del hecho que la información circula en un mercado estratificado tanto por los medios como por los contenidos. Así, la televisión abierta es el medio más extendido en la audiencia, seguido por la radio y la prensa escrita. Esta última tiene el público más restringido pero, al mismo tiempo el más informado.

Los estudios de comunicaciones han propuesto una buena cantidad de teorías que explican los mecanismos de establecimiento y conservación de relaciones ideológicas, fundamentales para la reproducción de la dominación política. En el siglo XX la evolución de los medios, las tecnologías que los hacen posible, ha evolucionado de tal manera que se justifican las celebraciones acerca de las posibilidades abiertas para quien quiera informarse de obtener datos que en otras épocas eran inaccesible, cuando no inexistentes. Sin embargo, una mirada, por esquemática que sea, a esta evolución permite establecer una dimensión más del proceso de individuación o individualización como eje de la modernización, procesos que se expresa también en el aislamiento de los individuos, problema que de muchas maneras preocuparon a los clásicos de la sociología en el siglo XIX. Hoy que se busca poner al ciudadano en el centro de las evaluaciones sobre la calidad de los sistemas democráticos, cabe preguntarse cuánto se ha simplificado la condición ciudadana y sus derechos en los últimos ciento veinte años.

Es claro que la primera forma de integración a las decisiones políticas, de forma paulatina pero alcanzando al conjunto de la población en el siglo XX, fueron los procesos electorales. De modo que la ciudadanía, como conjunto, y el electorado eran sinónimos. Es importante recordar dos características fundamentales: las elecciones son el modo pacífico de asignar los puestos en el aparato del gobierno y la ciudadanía llegó a ser sinónimo de nacionalidad.

La importancia de estos rasgos de los sistemas políticos modernos radica en que la ideología nacionalista se transformó en un elemento fundamental de la identidad de los individuos, reemplazando y subordinando (no pudiendo eliminar del todo) a las identidades religiosas, primero y las de clase social más tarde. Esto ocurrió a lo largo de siglos. Es sólo en la segunda mitad del siglo XX que la forma estatal nacional llegó a ser la predominante en el mundo.

El Estado-Nación es la forma política en que se estabilizó e institucionalizó la relación entre poder económico y poder político, propia de su relativa separación al emerger el capitalismo. Esto último es el elemento teórico que permite describir uno de los elementos más complejos del mundo moderno. Los sistemas políticos democráticos permiten la incorporación subordinada de los sectores sociales perjudicados por la organización económica, por una parte, en tanto el creciente individualismo se combina con el nacionalismo para generar las identidades contradictorias e incoherentes del ciudadano moderno, cuya participación política se ha reducido a la de votante en elecciones periódicas.

La evolución de los sistemas políticos modernos, instituciones de los Estados-Nación, se desarrolla entre los siglos XVII y el XX a través de las revoluciones burguesas y las guerras entre potencias europeas, culminando en el siglo XX con las dos Guerras Mundiales. La incorporación de nuevos sectores sociales a la participación política en Europa y Norteamérica, sea como dominadores o dominados, genera estructuras legales y de ideas así como modelos de organización que se difunden en el resto del mundo por imitación adaptativa.

En este proceso, los hitos fundamentales son el constitucionalismo, la transformación de los parlamentos feudales en órganos representativos, que pasan a ser piezas clave de los sistemas de gobierno que se completan con los partidos políticos y los sistemas electorales como formas de integración y participación de los ciudadanos. La expresión ideológica de los conflictos cuyo resultado es el surgimiento de las instituciones políticas modernas se ubica en el campo de las luchas religiosas. Este hecho es el que impide la completa secularización de las ideas y las instituciones políticas. De hecho, la paz de Westafalia, fecha adoptada como el origen de los estados nacionales, puso fin a las guerras de religión. Hasta la revolución inglesa del siglo XVII, las reivindicaciones políticas se identificaban con las variedades del reformismo religioso.

La burguesía emergente en la revolución francesa, en el siglo XVIII, intenta secularizar radicalmente la política (inventar una religión cívica y democratizar el clero) además de introducir los elementos de “libertad, igualdad y fraternidad” en cuya aplicación en los desarrollos posteriores se establecen prioridades, en la medida que otros sectores se incorporan a la defensa política de sus intereses económicos.

La relativización de las relaciones entre estos tres elementos generaron las ideologías políticas seculares que intentaron normar programáticamente el acceso de los ciudadanos a los beneficios de la aplicación de estos principios. En particular, la consideración de estos derechos como individuales en el terreno de la economía, la libertad en el mercado, erosionó el sistema de privilegios y monopolios vigente en la sociedad medieval, dando al traste con la organización de los oficios artesanales.

Como lo señaló Marx, la doble “libertad” en la que se vieron los expulsados de las relaciones feudales los dejó en un mercado de trabajo en el cual debieron buscar nuevas formas de defensa de sus intereses colectivos. Los sindicatos, primero, y los partidos políticos de orientación clasista, después, completaron la aparición de un modelo ideológico y político de organización. Una visión secular del mundo y una forma de organizarse y actuar en defensa de intereses corporativos que buscaban, además, remodelar la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, la independencia de estas organizaciones era relativa; el modelo de sindicato de oficio era heredero de las corporaciones y conservaron vestigios hasta de la ideología religiosa medieval (por ejemplo los santos patronos). Los sindicatos por empresa colocaban el acento en la confrontación de intereses corporativos, en detrimento de una ideología más universalista. Los partidos políticos se desarrollaron a partir de los grupos parlamentarios, originados en el parlamento británico, planteamientos ideológicos, desarrollados primero en los clubs de la revolución francesa se establecieron como la manera pacífica de decidir quién ocuparía los puestos en el gobierno a través de las elecciones. El predominio, cuando no la exclusividad de los partidos para participar en las elecciones llevó a que las organizaciones obreras crearan junto a sus sindicatos partidos políticos, buscando participar en las elecciones a través de la lucha por el derecho a voto.

Al pasar del siglo XIX al XX, los esquemas ideológicos modernos parecían polarizarse en el liberalismo individualista y el socialismo colectivista. Al menos así lo percibió la Iglesia Católica, la cual buscó fijar una posición intermedia a través de la denominada Doctrina Social de la Iglesia. En ésta, a la oposición de clases originada en la propiedad de los medios de producción se oponía la propuesta de solidaridad a partir del interés común generado en las ramas de producción.

Sin embargo, el conflicto ideológico crucial que se planteó en las primeras décadas del siglo XX enfrentó al clasismo internacionalista y al nacionalismo belicista. Los acuerdos de la Internacional Socialista que establecían la negativa de la clase obrera a enfrentarse con sus hermanos de clase fueron rotos a cambio de la integración de los representantes socialistas en los parlamentos, comenzando por los diputados socialdemócratas alemanes al apoyar los créditos de guerra en 1914. No todos los líderes socialistas siguieron esta línea, pero los opositores a la guerra fueron eliminados de una u otra manera.

La Europa remodelada por los tratados de Versailles al fin de la Primera Guerra Mundial estableció definitivamente al Estado-Nación como el modelo de organización de la dominación política con mayor afinidad a las economías capitalistas.

Las ideologías, las organizaciones y los medios

Se puede afirmar que los componentes fundamentales de los modelos de ideología y de organización, los partidos políticos y las organizaciones gremiales de trabajadores, los sindicatos, y de empresarios, uniones y asociaciones, estaban definidos para un largo período, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Lo más importante de la relación de organización ideas y medios es que configuraron una relación entre prensa escrita, partido y liderazgo político característica. Para muchos partidos, de centro y de izquierda pero especialmente los revolucionarios, la dirección del partido y de su periódico coincidían. Cualquiera fuera su periodicidad, eran los dirigentes máximos los que escribían los editoriales o, por lo menos, supervisaban la producción del periódico.

En el caso de Francia, el modelo de revolución burguesa y de funcionamiento de un sistema democrático ideologizado, los líderes del centro Clemanceau, y de la izquierda socialista, Jaurès, eran oradores, periodistas e intelectuales destacados, Jaurès un poco más que Clemanceau. Entre los alemanes desde Lasalle (a pesar de su frivolidad) hasta Kautsky dejaron obras traducidas a muchos idiomas y, los que llegaron a ser clásicos del marxismo, los rusos Lenin y Trotsky, entre los más destacados de su partido, escribían para el periódico, cuya producción, distribución clandestina en el imperio ruso, lectura y discusión constituían la actividad central conectada con la organización. De este modo, es importante destacar que los partidos políticos eran un vehículo de politización y de educación ideológica par sus miembros, en los distintos grados de militancia, y simpatizantes en general.

La revolución rusa fue vista como un gran peligro por las potencias vencedoras en la Gran Guerra y, al mismo tiempo, como una gran esperanza por sectores obreros e intelectuales de todo el mundo. El modelo de los consejos de obreros (soviets) fue imitado sin éxito en Alemania, Austria, Hungría e Italia. Pero esto bastó para radicalizar a los sectores conservadores que prefirieron en las décadas de los veinte y treinta ceder ante el fascismo y el nazismo como manera de evitar una revolución.

La estructura internacional establecida a partir de las ideas del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Wilson, consistió en la creación de la Sociedad de las Naciones y la conformación de estados nacionales a partir de las unidades étnicas, principalmente en el centro de Europa y la península de los Balcanes. Esto representó un gran estímulo a la ideología nacionalista, cuyo papel en el estallido de la guerra se mencionó más arriba, pero que iba a derrotar a las otras ideologías al subordinarlas de manera definitiva. En Alemania se produjo el ascenso del Nacional Socialismo, llegando al poder en los años treinta, en tanto en la Unión Soviética el estalinismo eliminó las ideas internacionalistas, subordinando a todo el movimiento comunista internacional a las necesidades de la política exterior de la Unión Soviética, con lo que ésta quedó bajo algo que se podría llamar socialismo nacional.

Las ideologías nacionalistas existen desde antiguo, particularmente en su versión racista, pero su predominio llegó a la cima en el siglo XX. La nacionalidad pasó a ser un componente esencial de la identidad individual, como no lo había sido antes. Hay que recordar que la identidad psicológica estaba mucho más ligada a la confesión religiosa que profesaban los individuos y que la paz de Westfalia, con la que se identifica la fecha de nacimiento de los estados nacionales puso fin a guerras de religión. Una novela triste con momentos de comicidad cuenta la historia de un sastre judío que, en el centro de Europa, en la primera mitad del siglo XX tuvo cinco nacionalidades distintas.

El nacionalismo como ideología ha tenido una historia distinta en la periferia del sistema mundo capitalista. A diferencia de lo ocurrido en los países europeos, la mayor parte de los estados nacionales surgidos en lo que alguna vez se denominó el “Tercer Mundo” capitalista son el resultado de la descolonización, cualquiera que sea el proceso que condujo a este resultado. Se puede decir que la descolonización comienza con la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, en el siglo XVIII y culmina en la segunda mitad del siglo XX, con la independencia de los países de Asia y África.

Todos los elementos y procesos descritos hasta ahora están presentes en los países de América latina. Sin embargo, la temprana descolonización del continente, desde la invasión a España por Napoleón en la primera década del siglo XIX, constituyó una verdadera anomalía política en el mundo del siglo XX. Las nacientes naciones latinoamericanas debieron enfrentar tres tipos de problemas principales: defender su independencia, fijar sus fronteras y comenzar la integración de su población en un sistema político nacional. La consolidación de la independencia tuvo como enemigo principal a España, ya libre de los franceses. Las fronteras se fijaron en guerras de conquista en las que los vecinos buscaban apropiarse territorios en los que la presencia del Estado era precaria o en los que había intereses de las potencias económicas (principalmente Estados Unidos de Norteamérica y Gran Bretaña) que utilizaron conflictos locales para intervenir indirectamente. Así se fijó la frontera entre Estados Unidos y México y entre Chile y Perú y Bolivia. Las ideas de unidad de las ex colonias españolas nunca fructificaron.

La organización de Estados nacionales se consolidó ideológicamente con el constitucionalismo, una idea europea que había fructificado en Norteamérica y había sido retomada en Francia después de la revolución. Este es el origen de una de las características de las repúblicas latinoamericanas, la inconsistencia entre las superestructuras ideológica y jurídica y la realidad de las estructuras y ejercicio del poder. Sin embargo, la evolución del modelo político en el resto del mundo no avanzaba lo suficiente como para que esto fuera notorio, dado el atraso en la construcción del estado nacional en algunas regiones de Europa, como en Alemania e Italia, donde sólo en la segunda mitad del siglo XIX se logró la unidad nacional. Es más, como ya se señaló, sólo después de la Primera Guerra Mundial se puede hablar del Estado-Nación como forma predominante de la organización política en el mundo capitalista.

Una muestra de lo que se dice aquí es la conformación de la Sociedad de las Naciones (o Liga de las Naciones), antecedente de la Organización de las Naciones Unidas establecida luego de la Segunda Guerra Mundial, la cual fue establecida por el Tratado de Versalles, que fijó los términos de la paz al fin de la Primera Guerra Mundial. Al momento de su creación, en 1920, la Sociedad de las Naciones contaba con cuarenta países miembros fundadores. De estos, 16 eran repúblicas latinoamericanas políticamente independientes. Un solo país africano, Liberia, cinco dominios británicos, 14 países europeos, de los cuales al menos dos debían su existencia a la guerra recién terminada (Checoeslovaquia y el reino de Yugoeslavia). Entre 1920 y 1930 se incorporaron a la Sociedad de las Naciones 11 países europeos, dos latinoamericanos y un africano y entre 1930 y 1940 la Sociedad de las Naciones se incrementó con dos países latinoamericanos, un africano dos europeos y un asiático. De este modo, en sus veinte años de existencia, la Liga de las naciones tuvo un total de 60 miembros de los cuales 20 fueron repúblicas latinoamericanas.

Así, los países latinoamericanos lograron más rápido su legitimidad internacional que la integración nacional interna. Esto les permitió ser también importantes en la reestructuración del mundo en la segunda postguerra, en la creación de la Organización de las Naciones Unidas. De los 51 países reconocidos fundadores de las Naciones Unidas, 19 son repúblicas latinoamericanas.

Modernización y desarrollo

El desarrollo de los países de América Latina en la postguerra y hasta mediados de la década de los setenta es una historia de creciente integración tanto interna como internacional. El período de crecimiento económico que comienza con el fin de la Segunda Guerra Mundial es el más dinámico en toda la historia de la humanidad al decir de algunos autores.

En este período la urbanización, el crecimiento de los servicios sociales, el acceso a la vivienda, la salud, la educación y la masificación del consumo alcanzaron un nivel espectacular en los países desarrollados, Europa, Estados Unidos de Norteamérica, Japón. En los países periféricos, como los de América Latina, la industrialización, comenzada espontáneamente en los países más grandes en el período entre guerras, se transformó en una política de Estado, quizás la que reunió el mayor consenso alcanzado en toda la vida independiente de la mayoría de ellos.

Si bien estos procesos no ocurrieron de manera uniforme, al menos ideológicamente, los gobiernos latinoamericanos emprendieron políticas que, en general apuntaban en el sentido de un desarrollo nacional cuyo eje era la industrialización.

Debido a la complejidad de las transformaciones motorizadas por la industria, la necesidad del apoyo del Estado a la formación de capital, la aparición de nuevos actores sociales con demandas propias, obreros, pobladores urbanos, trabajadores rurales, clases medias independientes (comercio, profesiones) y también dependientes del Estado, el crecimiento de los servicios de salud, educación y la administración estatal, se puede afirmar que este proyecto de desarrollo nacional es el que mayor capacidad de integración a la política y movilización de actores sociales ha habido en la historia de América Latina. Todo esto era coherente con una ideología nacionalista, profundamente anticomunista, aceptable, en general para la Iglesia Católica, de modo que los conflictos políticos tenían que ver con la distribución de los beneficios de una economía en crecimiento y las perspectivas de velocidad en la aplicación de medidas en las que se estaba de acuerdo en principio.

Es importante destacar que, a diferencia de la Europa de postguerra, la democracia no era un componente necesario de la modernización. Por el contrario, los sectores subordinados de la sociedad, recientemente movilizados, fueron organizados en dependencia de liderazgos populistas o de instituciones estatales. En México esto se realizó a través de la subordinación corporativa de los trabajadores a través de un partido de Estado y la relación de los distintos sectores empresariales con el gobierno a través de algunas secretarías. En otras partes de América Latina este mismo modelo estaba ligado a un liderazgo personalista.

Este modelo de desarrollo que se instauró en los años cincuenta, contó a partir de los sesenta con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, como reacción a la revolución cubana y para evitar la repetición de ese ejemplo.

La incorporación de los varios actores sociales se realizó a través de organizaciones dependientes del Estado desarrollista. En algunos casos los partidos políticos buscaron imitar los modelos ideológicos y de organización europeos, como en Chile y Uruguay, pero en general en la región lo que existió fueron grandes movimientos, como en Argentina y Brasil.

En esas décadas fue fundamental la incorporación de nuestros países al desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación. En los años treinta y cuarenta fueron fundamentales la radio y el cine y después de la guerra la televisión. Ya en los sesenta este medio se había extendido a todo el continente, llegando a ser el principal medio de información para la mayor parte de la población.

Todo este desarrollo alcanzó su límite en los movimientos de 1968. La simultaneidad de los hechos en todo el mundo, la coincidencia en el tiempo de movimientos en países y sociedades muy heterogéneas, plantea preguntas que buscan explicaciones teóricas y justificaciones ideológicas de los distintos actores. Sin embargo, sin pretender responder a estas interrogantes, se puede afirmar que en al período 1968-1973, la orientación del desarrollo de toda la economía mundial cambió, apareciendo las políticas económicas que, en general se denominan neoliberales. Es en el reemplazo de las políticas de desarrollo nacional por la integración a las estructuras globales a través de políticas neoliberales que se producen los fenómenos que hoy caracterizan a los conflictos políticos dentro de cada país y que hacen temer por el futuro de los desarrollos democráticos alcanzados.

Neoliberalismo, democracia electoral y perspectivas actuales

Las políticas denominadas neoliberales se han centrado en la apertura comercial, el abandono del proteccionismo a la industria nacional y la búsqueda de integración a mercados internacionales a partir de las ventajas competitivas de cada país. Las consecuencias internas han sido transformaciones probablemente no buscadas, como la precarización del empleo, la informalización del comercio y otras que probablemente no son tan ostensibles.

El cambio en la situación global estuvo marcado por el abandono del orden monetario internacional, la devaluación del dólar de los Estados Unidos de Norteamérica, el encarecimiento del petróleo a partir de 1973 y hasta 2014, y el dominio de las finanzas en todo el mundo. Parte de esto último se hizo posible por la revolución en la tecnología de la información y las comunicaciones que globalizaron los mercados especulativos, las bolsas de valores y de materias primas.

La adaptación de los países de América Latina a la nueva estructura estuvo marcada por el autoritarismo, dictaduras militares que cubrieron Sudamérica con sólo un par de excepciones entre los setentas y los ochentas del siglo pasado y la llamada “década perdida para el desarrollo”.

El siglo XXI ya encontró a una región donde las estructuras se habían transformado, marcando nuevas formas de relación entre el poder económico y el poder político. A partir de los ochenta, completándose en los noventa, la democratización de los países que habían estado sometidos a dictaduras militares y la transformación de regímenes que sin ser dictaduras mostraban rasgos autoritarios muy destacados, como México, significó cambios constitucionales en la mayoría de los países de la región y el establecimiento de gobiernos elegidos y renovados periódicamente a través de sistemas electorales reformados.

Las transformaciones económicas, especialmente la situación de los mercados de trabajo, debilitaron las formas de dominación corporativa y transformaron los sistemas de partidos políticos. Esto se tradujo en una desideologización de los partidos políticos, enfrentados ahora a existir sólo en función de un mercado electoral. Sobre estos tuvo efecto también la revolución tecnológica en el campo de la información y la comunicación, ya que los medios electrónicos pasaron a ser el vehículo principal de las campañas electorales, imponiendo un formato (spot publicitario) que minimizó el contenido ideológico posible de incluir, exige un diseño técnico hecho por profesionales, todo lo cual reduce la labor ideológico-educativa de los partidos (si es que alguna vez la ejercieron) y los aisla de una membresía que pueda ser una correa de transmisión con la sociedad.

En cambio, los medios electrónicos se han convertido en un poder económico por sí mismos además del poder ideológico que les confiere la audiencia, con lo cual reemplazan a los partidos y determinan las características deseables de los candidatos. Esto último contribuye a la definición de lo que Vargas Llosa llamó la sociedad del espectáculo.

Lo que fueron servicios sociales propios del estado benefactor, en Europa, o del estado desarrollista, versión latinoamericana del estado benefactor, se han ido privatizando de distintas maneras. En educación, el sector privado que siempre tuvo presencia se ha visto reforzado por el crecimiento de la instituciones de educación superior, en el cual los estudiantes pueden financiar sus carreras a través de variados esquemas de endeudamiento. En Salud, el sector de los seguros médicos ha permitido el florecimiento de hospitales y clínicas que aprovechan en distintos niveles la clientela que les deriva la decadencia de los servicios estatales, orientada ideológicamente. El financiamiento de vivienda llegó a ser emblemático después de el estallamiento de la burbuja financiera en 2008.

El conjunto de transformaciones que ha producido el desarrollo del capitalismo en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del actual, ha instaurado una ideología liberal triunfante sin contrapeso significativo. El aislamiento de los individuos, entregados a sus propios recursos en muchos campos recuerda los problemas de la sociología clásica. Esta nueva etapa de modernización, acompañada de ideología liberal y orientación individualista parece asemejarse al período  de fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la derrota de la Comuna de Paris en 1871 produjo el otro gran período de predominio liberal.

Las diferencias con el período actual están en la constitución de nuevos poderes económicos. Hoy las empresas y sus proyectos requieren de financiamientos muy grandes y de tiempos muy largos. Las democracias están sujetas a renovaciones periódicas de plazos relativamente breves (cinco o seis años, o cuatro con reelección). Las relaciones entre poder económico y poder político están normadas sobre el principio de relativa independencia, debido a que la mayoría de los electores no participa entre los detentores o beneficiarios del poder económico. Por otra parte, las unidades de dominación política son Estados Nacionales, de los cuales ya las Naciones Unidas registran casi dos cientos como miembros y quedan pocos territorios en el planeta que no sean parte de un Estado – Nación. Sin embargo, la estructura de la economía es mundial, las finanzas son globales y los mercados internacionales son el medio natural de referencia de los bienes de consumo, tanto de industrias ya tradicionales como de los productos de alta tecnología.

Las inconsistencias entre los marcos normativos y los llamado “poderes fácticos”, que no son otra cosa que la presencia del poder económico en el poder político a través de él, no constituyen necesariamente actos de “corrupción”. De ahí la advertencia de Adam Przeworski al comienzo de esta exposición. Muchos hechos denunciados como tales resultan ser legales, o de una legalidad muy bien simulada.

Es por esto que la investigación debería orientarse no tan sólo a la denuncia sino al develamiento de los mecanismos a través de los cuales se relacionan ambos tipos de poderes. El reclamo de transparencia tiene sentido en la medida que una parte cada vez más importante de las relaciones entre poder económico y poder político es invisible. Hay que recordar que una de las propuestas de Woodrow Wilson al final de la Primera Guerra Mundial era la eliminación de los tratados secretos entre las potencias internacionales. El secreto es necesario para la defensa de intereses en competencia o conflicto. El problema está en quién define la legitimidad de esos intereses.

Para terminar regresando a la propuesta con que se inició esta exposición; hay transformaciones de la economía mundial que exigen una reestructuración de la dominación política organizada a través de estados nacionales. Esta forma de organización que reemplazó a los imperios y estabilizó relativamente al mundo capitalista, se enfrenta hoy a la necesidad de redefinición de su esfera de decisiones, lo que llamamos erosión de la soberanía. La participación inevitable en múltiples acuerdos de “libre comercio”, eufemismo con el que se denominan los sistemas de preferencias, implican decisiones que afectan a los intereses de actores en las economías nacionales. Al mismo tiempo, la legitimidad democrática hace necesario que los gobiernos adhieran a diversos tratados en el terreno de los derechos humanos, la protección de los trabajadores, de la salud, la educación y la cultura, etc., todo lo cual significa diversos grados de intervención, desde la opinión negativa hasta las sanciones simbólicas o, incluso económicas.

Por otra parte, la acumulación de recursos financieros se realiza en gran parte fuera de la legalidad, nacional o internacional, puesto que el tráfico de armas, de drogas y personas está normado estrictamente, de manera que su cumplimiento es imposible, o claramente prohibido, como es el caso de los estupefacientes.

Mantener la legitimidad de gobiernos a través de renovaciones periódicas por la vía electoral, la alternancia de partidos en el gobierno y en la oposición, cuando la  capacidad de decisión y de acción de estos gobernantes de ve acotada por intereses internos y externos requiere de ciudadanos pasivos y desideologizados, orientados en el mercado electoral sólo por la propaganda  cada vez más vacía de contenido que promueve a políticos cuyas consignas son huecas.

Esto es posible a partir de la dominación sin contrapeso de una ideología basada en una teoría económica que se presenta con la autoridad de la ciencia para avalar políticas de contenido “técnico”. La imposición de los tecnócratas sobre los “políticos” de viejo cuño representa la imposición de los requerimientos de poder económico por sobre las necesidades de legitimación del poder político. Esto se ha logrado a través de la separación entre partidos políticos y sociedad, hueco que es llenado por los medios de comunicación en las formas que se han mencionado más arriba.

La búsqueda de alternativas a esta situación se ha centrado hasta ahora en el revivir fórmulas del pasado (tiempos mejores) como las de la socialdemocracia en Europa. Sin embargo, es probable que una real alternativa deba mostrar más creatividad dados los desafíos que enfrenta la forma de organización política que representa el Estado – Nación: por una parte la cesión de soberanía a federaciones u órganos supraestatales, al mismo tiempo de aceptar una creciente acción internacional a niveles subnacionales (ONGs). El auge de ideologías religiosas y la aparición de un desafío en una zona álgida del mundo, Estado Islámico, que reivindica como fórmula política el califato, ideología y organización anteriores a los estados nacionales.

Notas

[1] Conferencia magistral dictada con motivo del 40 aniversario de la FLACSO | Sede México | 27 de octubre de 2015.

Por gentileza de C@hiers de Psychologie Politique

Construirse también es formarse

José Luis Carretero Miramar
Profesor y escritor
.

Pensar la construcción de una alternativa al caos social desatado por el neoliberalismo y el régimen de la deuda y el consenso entre las élites nacido de la Transición española implica necesariamente interrogarse por sus condiciones de posibilidad y aventurarse a indagar caminos distintos a los hasta ahora transitados por la llamada izquierda antagonista. A este respecto, el 15-M ha significado un gran aldabonazo. Su masividad, su pluralidad y su potencia emergente hicieron tambalearse muchos mitos fundantes del magma de sectas cainitas en que ha consistido, básicamente, la izquierda radical del Estado Español de los últimos treinta años.

La posibilidad de un impasse, de un bloqueo, es, sin embargo, algo siempre presente. El retorno de lo aparentemente superado, aún en formas novedosas, nos amenaza ahora que los medios quieren dar por finiquitado el impulso primigenio del movimiento.

Si el movimiento quiere alcanzar un estadio cualitativo superior (y ello es necesario, no lo dudemos, para su misma supervivencia) debe incardinarse firmemente en lo social en todas sus manifestaciones. Ello implica, por supuesto, aportar soluciones prácticas, y aún organizativas, en todos los ámbitos de la vida colectiva (en lo cultural como en lo político, en lo representativo como en lo constituyente, en lo barrial como en lo laboral), sin olvidarse, al tiempo, de asir firmemente lo esencial: la lucha de masas, la participación directa de las multitudes, mediante su movilización constante y su organización autónoma, en el quehacer social.

Construir un frente electoral (como posible dique de contención de la furia neoliberal o como mecanismo de apertura del “melón” del régimen juancarlista); generar una trama cultural (como herramienta de extensión del discurso y el pensamiento antagonista) es algo, quizás, que hay que hacer. Pero no abandonando para ello la tarea nuclear de organizar a la ciudadanía y a las clases populares y hacerlas visibles, es decir, de hacer actuar y participar a todos y todas en la narración común de nuestra Historia. Las asambleas, pues, deben ser el fermento de la actividad y lo que dote de sentido al resto de esferas de participación ciudadana, empujando a la profundización del movimiento transformador.

Pero todo ello implica, necesariamente, hacer frente a los problemas concretos que están, a día de hoy, limitando la emergencia del cambio cualitativo capaz de superar el bloqueo del movimiento. Seremos claros: el énfasis excesivo (en un primer momento liberador) en el funcionamiento colectivo como una “mente colmena”, está inhibiendo, de manera compleja, las posibilidades de profundización de la conciencia colectiva.

¿Qué queremos decir con ello? Que no todos los discursos son transformadores. Y que la interacción por la interacción (y la idolatría de dicha interacción como única función a desarrollar) favorece, en muchos casos, discursos engañosos, superficiales, o aún peligrosos. Todos sabemos el éxito que, en ciertos ámbitos, está teniendo expresiones neo-machistas, conspiranoicas, novedosas formas de superstición o regresos al conservadurismo más atroz. No se trata de inhibir coactivamente ningún discurso. Sino de generar conciencia colectiva. Empezando, por supuesto, por nosotros mismos. Ello implica un esfuerzo generalizado para la formación y la capacitación de los militantes sociales. No basta con moverse, con interactuar, con decir, al estilo twitter, lo primero que a uno se le pasa por la cabeza o lo más epatante; es necesario formarse, aprender, generar un discurso con un nivel de complejidad a la altura de los tiempos. Es la hora del movimiento, sí, pero también de la pedagogía. Una pedagogía colaborativa y no directiva, si se quiere, pero que parta de la base de que no todos los discursos son igual de racionales o conducen a los mimos sitios. Que indique que es imprescindible, por ejemplo, estudiar las revoluciones pasadas y los movimientos sociales históricos, con sus aciertos y errores, para transformar el mundo.

Es necesario capacitarse en todos los ámbitos, formar militantes dispuestos a desarrollar sus tareas con solvencia y a analizar el mundo con profundidad y complejidad. Y, además, hay que ser conscientes de que esa tarea de formación no es una obligación exclusiva de una élite de expertos o una vanguardia, sino la condición de posibilidad de una auténtica democracia cognitiva que fundamente un ascenso de la conciencia colectiva.

Los “militantes de toda la vida”, la “izquierda radical o reformista”, de las últimas décadas, haríamos bien en dejar de intentar tomar el control o la dirección política del movimiento, en dejar de procurar encauzarlo en la vía de nuestras estrategias tradicionales (siempre fallidas). En lugar de ello, lo que podríamos intentar es crecer con él, compartiendo nuestros conocimientos, nuestras culturas militantes, nuestras líneas de resistencia pretéritas, nuestras capacidades personales y colectivas. No se puede construir nada sin conocer el pasado. Pero, por supuesto, de forma solvente e informada. No mediante el recurso a santones que de nada saben pero de todo hablan. Repensar la historia del movimiento revolucionario mundial no es, necesariamente, abrir la puerta a la repetición de lo peor del viejo mundo, sino capacitar a la gente para identificarlo cuando reaparece.

El conocimiento es un poder en las manos de las multitudes. Construir implica dar densidad, hacer confluir, y también desarrollar las potencialidades prácticas y teóricas de un movimiento que está lejos de haber sido definitivamente derrotado. Formar militantes, organizarlas redes, elevar el nivel de conciencia de las clases populares (y de nosotros mismos), en vez de adularlas para vender libros, buscar su voto o adherirlas a la secta.

Aprendiendo y enseñando (al fin y al cabo es lo mismo), abriremos nuevas vías a la creatividad de lo común que hemos construido.

Por gentileza de Trasversales

El vacío mental

Jaime Lutenberg
Psicoanalista y profesor
.

Desde el punto de vista metapsicológico, el vacío mental estructural es una “configuración mental virtual” que cabalga en el hiato que se produce entre la defensa simbiótica secundaria y la estructura narcisista del ser humano. Se trata de un fenómeno que ocurre sólo en un sector escindido del yo. Por ello no es concebible el vacío mental si no se acepta que el yo pueda escindirse en dos o en varios sectores.

Para definir el vacío mental voy a referirme primero al término “vacío”, de acuerdo con la versión del diccionario español (Espasa-Calpe). Luego me ocuparé propiamente del concepto y del uso del término como adjetivo que califica lo “mental”.

Vacío viene del latín vacivus, que literalmente significa “falto de contenido”. El término va adquiriendo distintas significaciones de acuerdo con el ámbito al cual es aplicado: 1) en ganadería alude a la hembra que no tiene cría; 2) como cualidad de una personalidad alude a lo “vano”, a lo “malogrado”, “a una personalidad sin frutos”; 3) en la jerga coloquial se usa para lo no ocupado; 4) cuando alude a una casa o a un pueblo, se refiere a lo “deshabitado”; 5) alude a lo “hueco” o a lo “falto de una solidez” que le correspondería; 6) alude a “concavidad” o a “la cualidad de hueca” de cosas u objetos, se corresponde con el de “oquedad”; 7) en lingüística se dice de “la palabra carente de significado”; 8) hacer el vacío a una persona es negarle el trato con los demás, aislarlo; 9) un motor funciona en el vacío cuando su movimiento no tiene un rendimiento útil.

Al referirme al vacío mental, entiendo que, ante todo, debemos diferenciar el vacío mental emocional del vacío mental estructural.

a. El vacío mental emocional: Es el sentimiento de vacío que nos puede ser referido en forma directa o indirecta por los analizandos cuando asocian “libremente” en la sesión y nos hablan de sus estados de ánimo. Corresponde a una vivencia de oquedad interior, de no tener nada adentro. Lo que falta atañe al plano de las emociones. Esta sensación emerge en el presente, pero involucra al pasado (la memoria histórica) y el futuro (la esperanza, el proyecto). El sentimiento de vacío puede o no estar vinculado al vacío mental estructural.

b. Vacío mental estructural: desde el punto de vista metapsicológico, el vacío mental estructural es una “configuración mental virtual” que cabalga en el hiato que se produce entre la defensa simbiótica secundaria y la estructura narcisista del ser humano. Se trata de un fenómeno que ocurre sólo en un sector escindido del yo. Por ello no es concebible el vacío mental si no se acepta que el yo pueda escindirse en dos o en varios sectores.

Dentro del sector escindido correspondiente al vacío mental estructural se ha producido un detenimiento en el proceso de diferenciación del ello en su camino en la construcción de la estructura del yo y del superyó. Se trata de un verdadero “aborto mental”.

Desde el punto de vista de la teoría de Freud, lo “vacío” corresponde a una carencia específica de representaciones inconscientes y preconscientes, así como de las identificaciones del yo y del superyó. Se trata de un detenimiento o de una anulación del proceso que, para Freud, permite el pasaje de “tener” al objeto a “ser” el objeto mediante una identificación con él (Freud, 1924).

Por lo general no vamos a encontrar en la clínica el vacío mental en “positivo”, debemos inferirlo por sus derivaciones defensivas secundarias. Las relaciones simbióticas con personas e instituciones constituyen la característica habitual de estos pacientes. Cualquier resquebrajamiento de sus vínculos fusionales inconscientes daría lugar a la aparición de una vivencia de terror imperceptible, pues es automáticamente anulada por una vasta gama de defensas constituidas por diferentes estructuras psicopatológicas (neurosis, psicosis, neosexualidades, adicciones, psicosomatosis).

David Liberman (1970-1972) elaboró una original teoría que hace legible, a partir del discurso del paciente, la posible doble estructura psicopatológica. Una vez definida la relación entre el estilo de verbalización del analizando y la estructura psicodinámica subyacente, reconoció un “estilo predominante” y “subcomponentes estilísticos” en todo discurso de un analizando. Su visión me ayudó a entender mejor la relación dinámica entre el vacío mental y los distintos sectores estructurados dentro de la defensa secundaria compensatoria (neurótica o psicótica).

Es imprescindible diferenciar el vacío estructural de aquellas configuraciones que se nos evidencian en el análisis a partir de la regresión del “yo” y la regresión de las pulsiones. De este modo podemos concebir que al vacío mental estructural se le agreguen nuevas defensas.

El fenómeno que me llevó a estudiar el vacío mental estructural ha sido la comprobación clínica de que debajo del silencio de algunos analizandos había sólo eso, vacío y oquedad psíquica. En ellos, el referido silencio no era un producto de la represión.

Para Freud, la evolución psicosexual se inicia con el nacimiento y se desarrolla a partir de la experiencia histórica de las pulsiones. El narcisismo es la pulsión en el yo y corresponde a la primera estación de la pulsión. Klein (1957) revisó esta concepción evolutiva, en particular nos legó una teoría en la cual ha puesto el acento en las vicisitudes del vínculo objetal materno-filial.

Estudios más discriminados del problema de la simbiosis y del autismo defensivo como los que llevó a cabo Bleger (1967) en la Argentina y una serie de autores europeos y americanos como Mahler (1958, 1968), Bion (1957, 1965, 1967), Green (1986, 1990, 1993), Meltzer (1975), Searles (1980) y Tustin (1970, 1987, 1991), entre otros, les fueron dando nuevos matices teóricos a las postulaciones psicoanalíticas originales. Ello abrió el conocimiento hacia nuevas fronteras. Green (1986) reconoce específicamente el sentimiento de vacío, pero lo vincula, desde el punto de vista metapsicológico, al narcisismo de muerte en general y al “duelo blanco” en particular.

Bion, Bleger, Green, Klein, Searles, Tustin y Winnicott, me ayudaron a entender, desde un nuevo nivel conceptual, el concepto de “terror” y el de “narcisismo patológico” contenido en la obra de Freud. De allí deriva mi investigación acerca del “vacío mental”. La emoción subyacente al vacío mental estructural es el terror, no la angustia señal.

Junto con Bleger (1967) podemos concebir que exista una porción sincrética de la personalidad que efectúa vínculos simbióticos sostenidos en el tiempo. Este sector del yo es la fuente de la inspiración de todo creador. Pero en dicho sector fusional también se pueden generar y eternizar vínculos patológicos; corresponden a la simbiosis defensiva secundaria. Dentro de dicha estructura indiferenciada se compensa el terror y se anula la cuarta dimensión, el tiempo.

De este modo se eluden todos los duelos, tanto los evolutivos como los patológicos. Dentro del vínculo sincrético, los diferentes sectores del “ello”, del “yo” y del “superyó” permanecen fusionados entre sí. Entre los protagonistas de la simbiosis secundaria tiene lugar un funcionamiento mental indiscriminado, complementario y/o suplementario.

El vacío mental es un estado virtual del psiquismo que se pone en evidencia cuando se rompen o se desarticulan estos vínculos simbióticos. La presencia de un vínculo simbiótico patológico es el testimonio de situaciones traumáticas muy precoces. Algunas veces corresponden a duelos transgeneracionales.

La noción de vacío, en Winnicott, está relacionada con su concepción del “temor al derrumbe” (Winnicott, 1974). Para él, el sentimiento de vacío y futilidad son emociones derivadas del “temor al derrumbe”. Se trata de traumas muy tempranos que eternizaron una situación de no-integración del yo, que él, sutilmente, diferencia de la desintegración.

En síntesis, existe una simbiosis originaria a partir de la cual se da toda la evolución humana. Pequeños momentos de ruptura de la simbiosis originaria mamá-bebé dan lugar al terror. El terror es la expresión del vacío mental emocional y estructural. Entiendo que la simbiosis secundaria defensiva y el autismo secundario son estructuras específicas destinadas a yugularlo.

Estoy convencido de que muchos fracasos terapéuticos con los pacientes graves no se deben solamente a las “resistencias” que los mismos oponen al tratamiento, sino a la suposición del analista que detrás del silencio del analizando siempre hay un pensamiento interdicto por la represión. A los pacientes graves les resulta imposible evocar “recuerdos” que jamás han tenido una inscripción en el sector vacío de su mente, con ellos debemos proceder a la edición de los no- recuerdos en la transferencia (Lutenberg, 1996).

Referencias bibliográficas

BION, W. R. (1957): “Differentiation of the psychotic from the non-psychotic personalities”. International Journal of Psycho-Analysis, vol. 38.
— (1985): Transformaciones. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
— (1977): Volviendo a pensar. Buenos Aires: Paidós.
— (1974): Atención e interpretación, Buenos Aires, Paidós.
— (1992): Seminarios clínicos y cuatro textos. Buenos Aires: Lugar.
— (1977): A Memoir of the Future. Río de Janeiro: Imago Editora.
BLEGER, J. (1967): Simbiosis y ambigüedad. Buenos Aires: Paidós.
FREUD, S. (1905 | 1976): “Tres ensayos de teoría sexual”. Obras completas, vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.
— (1920): “Más allá del principio de placer”, ob. cit., vol. XVIII.
— (1923): “El yo y el ello”, ob. cit., vol. XIX.
— (1924): “El sepultamiento del complejo de Edipo”, ob. cit., vol. XIX.
— (1926): “Inhibición, síntoma y angustia”, ob. cit., vol. XX.
— (1927): “Fetichismo”, ob. cit., vol. XXI.
— (1930): “El malestar en la cultura”, ob. cit., vol. XXI.
— (1937): “Análisis terminable e interminable”, ob. cit., vol. XXIII.
— (1938a): “Esquema del psicoanálisis”, ob. cit., vol. XXIII.
— (1938b): “La escisión del yo en el proceso defensivo”, ob. cit., vol. XXIII.
GREEN, A (1986): Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu.
— (1990): La nueva clínica psicoanalítica y la teoría freudiana. Buenos Aires: Amorrortu.
— (1993) : Le travail du negatif. París: Minuit.
KLEIN, M. (1957 | 1971): Envidia y gratitud. Buenos Aires: Hormé.
LIBERMAN, D. (1970-1972): Lingüística, interacción comunicativa y proceso psicoanalítico. Buenos Aires: Nueva Visión.
LIPOVETSKY, G. (1986): La era del vacío. Barcelona: Anagrama.
LUTENBERG, J. (1995): “Clínica del vacío. El vacío mental y la angustia”. Zona Erógena, nº 26.
— (1996): “La edición en el análisis”. Zona Erógena, nº 31.
— (1998): “El psicoanalista y la verdad”. Buenos Aires: Publikar.
MAHLER, M. (1958): “Autism and symbiosis, two extreme disturbances of identity”. International Journal of Psycho-Analysis, vol. 39.
— (1968| 1986): Simbiosis humana. Las vicisitudes de la individuación: México: Joaquín Mortiz.
McDOUGALL, J. (1991): Teatros del cuerpo. Madrid: Julián Yébenes.
MELTZER, D. (1973): Sexual states of mind. Pertshire: Clunie Press.
— (1975): “Adhesive identification”. Contemporary Psycho-Analysis, vol. 2.
SEARLES, H. (1980): Escritos sobre esquizofrenia. Buenos Aires: Gedisa.
TUSTIN, F. (1977): Autismo y psicosis infantiles. Buenos Aires: Paidós.
— (1987): Estados autísticos en los niños. Buenos Aires: Paidós.
— (1991): El cascarón protector en niños y adultos. Buenos Aires: Amorrortu.
WINNICOTT, D. W. (1979): El proceso de maduración en el niño. Barcelona: Laia.
— (1974): “Fear of breakdown”. International Review of Psychoanalysis, 1, pp. 103-107.

Por gentileza de El Psicoanálisis