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Redes formativas inteligentes en una universidad pública del centro de México

Cruz García Lirios
María Luisa Quintero Soto
Javier Carreón Guillén
Rosa María Rincón Ornelas
Enrique Martínez Muñoz
Arturo Sánchez Sánchez
Eréndira Fierro Moreno
UNAM | México
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Resumen

Grosso modo, las redes de conocimiento e inteligencia organizacional están centradas en una autoconsciencia, autoregulación, motivación, empatía y habilidad colaborativa que las distingue de otras organizaciones y las orienta hacia escenarios de cooperación y clima de apoyo, innovación y logros. El presente trabajo se propuso el estudio del conocimiento y la inteligencia organizacional como resultado de estilos de dirección horizontal, asertividad bidireccional y relaciones empáticas. Se llevó a cabo un estudio transversal y exploratorio con una selección de 300 estudiantes, docentes y administrativos de una universidad pública del centro de México. Los resultados advierten que la empatía es antecedente de la inteligencia, pero existen otros factores como el compromiso que mediarían tal relación y cuya discusión se desarrolla al final del trabajo.

Palabras clave: Inteligencia, empatía, red, conocimiento, liderazgo

Abstract

Roughly, organizational networks of knowledge and intelligence are centered on self-awareness, self-regulation, motivation, empathy and collaborative ability that distinguishes them from other organizations and guides them towards scenarios of cooperation and climate of support, innovation and achievement. The present work proposed the study of knowledge and organizational intelligence as a result of styles of horizontal direction, bidirectional assertiveness and empathic relationships. A transversal and exploratory study was carried out with a selection of 300 students, teachers and administrators from a public university in central Mexico. The results indicate that empathy is antecedent to intelligence, but there are other factors such as the commitment that would mediate this relationship and whose discussion is developed at the end of the work.

Keywords: Intelligence, empathy, network, knowledge, leadership

Introducción

El objetivo de presente trabajo consiste en el establecimiento de la confiabilidad y a validez de un instrumento que mide la inteligencia organizacional asumida como un proceso de auto-conciencia, auto-regulación, motivación, empatía y habilidad ante contingencias, riesgos y discrepancias del entorno con respecto a los recursos de una organización.

Desde la aproximación de las inteligencias múltiples, la inteligencia emocional ha sido considerada como la pieza clave en el proceso que va de la confianza hacia la satisfacción laboral. En este sentido, la inteligencia emocional consiste en cinco factores relativos a conciencia de sí mismo –emociones, afectos, fortalezas, debilidades, capacidades y valoraciones–; autorregulación –control, fidelidad, sinceridad, integralidad, responsabilidad, flexibilidad e innovación–; motivación –compromiso y optimismo–; empatía –necesidades, preocupaciones, oportunidades y poder–; habilidades –liderazgo, persuasión, negociación, eficacia– (Coleman, 1996).

Es decir, la inteligencia emocional consiste en dos dimensiones alusivas al plano individual y social a partir de las cuales se establece un grado de confianza, compromiso, innovación y satisfacción con respecto a una organización, objetivos y metas (Acar y Acar, 2014).

Se trata de un proceso en el que el individuo se configura desde valores y disposiciones aprendidas en torno a un ideal propio y colectivo en relación con la categorización y elección de un grupo (Escobar, 2014).

Desde el enfoque de las inteligencias múltiples en lo general y la teoría de la inteligencia emocional en particular, los individuos, los grupos y las organizaciones poseen rasgos que no sólo permite observar su grado de emotividad e inteligencia, sino además anticipar su potencial de cooperativismo y emprendimiento.

El proceso de la inteligencia emocional inicia con el reconocimiento de los afectos y sentimientos hacia objetos y/o personas. Se trata de una habilidad en donde existe una certeza de las emociones, su origen y desarrollo. A menudo se observan discursos en los que se asocian los sentimientos con las personas y con los objetos en torno a la relación afectiva. En el ámbito laboral, los talentos que reconocen su emotividad la utilizan como fuente de motivación de sus propuestas e innovaciones. En relación con los valores, objetivos y metas de las organizaciones, el reconocimiento de las emociones se ajusta a la cultura laboral (Sales, Quintero y Velázquez, 2016).

Una vez reconocida la emotividad, las personas adquieren una valoración de sí mismos. En cada proceso, los talentos identifican los alcances y límites de sus capacidades con respecto a las oportunidades derivadas de la cultura laboral y el entorno organizacional. El emprendimiento se lleva a cabo a partir de los fracasos más que de los éxitos, por consiguiente, en el ámbito del trabajo, se desarrolla una cultura de aprendizaje continuo y/o permanente, ya que se asume la experiencia de otros como un conocimiento previo al logro de objetivos y metas (García, Carreón, Hernández y Salinas, 2016).

Sin embargo, la inteligencia emocional de las organizaciones y sus talentos no se reduce sólo al aprendizaje permanente y continuo de los afectos que incentivan la productividad y la competitividad, sino además implica sinergias de conocimiento como el caso de las redes, nodos y arcos. La producción de oportunidades y capacidades, como la teoría de la inteligencia emocional sugiere, estriba en el reconocimiento de necesidades y la valoración de habilidades (Anicijevic, 2013).

De este modo, la relación entre empatía y cooperativismo es estrecha, ya que las emociones reconocidas suponen la valoración de relaciones al interior de la organización y entre las culturas laborales. Por lo tanto, el emprendimiento consiste en la valoración de capacidades más que en la producción de oportunidades. Ello supone un entorno favorable a las emociones positivas que incentivan la productividad, pero en escenarios de incertidumbre y alto riesgo, la emotividad puede ser revertida como instrumentos de gestión y producción de conocimiento (Omotayo y Adenike,2013).

En el caso de las organizaciones autocráticas con respecto a las organizaciones complejas, la teoría de las inteligencias múltiples advierte que el autoritarismo es resultado de la ausencia de un cúmulo de inteligencias principalmente emocionales, ya que la coerción prevalece sobre la persuasión que implica relaciones humanas favorables a una cultura de éxito.

Por el contrario, las organizaciones complejas no sólo desarrollan las inteligencias múltiples, sino además producen conocimientos que les permiten incentivar las inteligencias emocionales y las habilidades organizacionales orientadas a la reducción de incertidumbre y riesgos (véase Tabla 1).

Tabla 1. Inteligencias emocionales de las organizaciones complejas

Autoconsciencia Autoregulación Motivación Empatía Habilidades
Autoregulación Las organizaciones que tienen una conciencia de sus alcances y límites auto-regulan sus procesos. Las organizaciones que reconocen y valoran sus emociones determinan el equilibrio entre las demandas externas y la optimización de sus recursos. Las organizaciones auto-reguladas establecen prioridades en la generación de conocimiento y el emprendimiento de sus innovaciones. Las organizaciones auto-reguladas propician relaciones de confianza entre sus talentos y con respecto a otras organizaciones. Las organizaciones auto-reguladas establecen relaciones de cooperación entre sus integrantes y en relación con otras organizaciones unimodales.
Disipación Las organizaciones emergentes están conscientes de sus alcances y límites con respecto a una red de organizaciones o nodos de conocimientos. Las organizaciones emergentes generan capacidades en función de la disponibilidad de sus recursos. Las organizaciones emergentes determinan los incentivos que permitirán los logros de objetivos y metas. Las organizaciones emergentes definen relaciones de confianza con la finalidad de anticipar la formación de redes de conocimiento. Las organizaciones emergentes producen información que les permite asociarse con otras organizaciones.
Adaptación Las organizaciones adaptativas producen información que las identifica y distingue de otras organizaciones. Las organizaciones adaptativas generan información concerniente a la emergencia de oportunidades y la generación de capacidades. Las organizaciones adaptativas enaltecen las disposiciones de los talentos porque estos determinan la productividad y competitividad. Las organizaciones adaptativas establecen relaciones de confianza con la finalidad de emprender proyectos corresponsables y satisfactorios. Las organizaciones adaptativas asumen que las otras organizaciones son fines en sí mismos y evitan considerarlas como instrumentos para el logro de objetivos y metas.
Dinamismo Las organizaciones dinámicas enaltecen sus propios recursos con respecto a los de otras organizaciones. Las organizaciones dinámicas, no obstante, deben regular sus procesos a fin de alcanzar los objetivos y las metas establecidas. Las organizaciones dinámicas requieren del concurso de factores intrínsecos y extrínsecos para generar conocimientos y oportunidades. Las organizaciones dinámicas son orientadas por relaciones empáticas en la medida en que sus cooperaciones internas y externas así lo requieran. Las organizaciones dinámicas establecen negociaciones a fin de poder incentivar la cooperación interna y externa.
Complejidad Las organizaciones complejas son conscientes de sus alcances y límites considerando sus habilidades de cooperación interna como externa. Las organizaciones complejas desarrollan una responsabilidad en la medida en que generan oportunidades y capacidades. Las organizaciones complejas generan optimismo y compromiso a partir de la información disponible de otras organizaciones. Las organizaciones complejas incrementan sus expectativas a partir de una reducción de sus oportunidades, recursos y capacidades. Las organizaciones complejas desarrollan liderazgos considerando la producción de conocimiento y las capacidades requeridas para los retos del entorno.

Fuente: Elaboración propia

En suma, las organizaciones complejas asumen que las inteligencias múltiples incrementan sus oportunidades y capacidades ante las oportunidades y los restos del entorno, pero se diferencian por su estructura de toma de decisiones y reparto de utilidades.

Por consiguiente, las organizaciones mercantiles, respecto a las organizaciones cooperativas, están supeditadas por el volumen de acciones o inversión en los procesos y productos. En contraste, las organizaciones cooperativas más bien están determinadas por las disposiciones de sus integrantes, así como por la calidad de sus relaciones, principalmente las relaciones de confianza (véase Tabla 2).

Tabla 2. Sistemas estructurales de las organizaciones complejas

Mercantilización Cooperativismo
Auto-regulación Las organizaciones auto-reguladas incluyen accionistas y con base en la cantidad de sus bienes y valores financieros establecen sus decisiones de equilibrio entre demandas y recursos. Las organizaciones auto-reguladas están abiertas a número ilimitado de socios, pero establecen el equilibrio a partir de las interrelaciones entre sus socios.
Disipación Las organizaciones emergentes se estructuran conforme al poder de la cantidad de acciones, ya que quienes tienen la mayor cantidad orientan las decisiones y estrategias de reducción de riesgos e incertidumbre. Las organizaciones emergentes son equitativas en cuanto a las decisiones y estrategias. A partir de este convenio deben esperar pérdidas o ganancias.
Adaptación Las organizaciones adaptativas procuran establecer jurídicamente sus procesos con la intención de observar su grado de ajuste a los requerimientos institucionales y del mercado. Las organizaciones adaptativas incentivan la participación de sus integrantes en todos los ámbitos porque dependen de sus disposiciones más que de las demandas del entorno.
Dinamismo Las organizaciones dinámicas centran su atención en las acciones, sus flujos de entrada y salida, así como la participación de vendedores y compradores. Las organizaciones dinámicas centran su interés en las acciones siempre y cuando éstas reflejen la participación de sus socios, ya que son sus disposiciones las que más importan en el proceso de cooperación.
Complejidad Las organizaciones complejas reparten sus utilidades a partir de las acciones que cada socio posee. Las organizaciones complejas asumen que la gestión y producción de relaciones de confianza que reflejan ganancias son criterios suficientes para repartir sus utilidades.

Fuente: Elaboración propia

La relación existente entre inteligencia, cooperativismo y emprendimiento supone un proceso interno de las organizaciones complejas. Si la inteligencia emocional de las organizaciones determina su estructura mercantil o cooperativista, entonces el emprendimiento incluirá rasgos de autoconsciencia, autoregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.

Sin embargo, la teoría del emprendimiento organizacional advierte que son las oportunidades en relación con las capacidades las que determinan propuestas e iniciativas de gestión y producción de conocimiento. En tal escenario, las organizaciones complejas procesan la información del mercado y la rectoría del Estado como oportunidades de ganancia y utilidad (Cruz, Arroyo y Marmolejo, 2016).

Las organizaciones complejas parten del supuesto según el cual las políticas públicas generan decisiones ambivalentes en los socios, líderes, talentos y consumidores –el mercado y el Estado como productores de oportunidades, pero también como escenarios de corrupción–. De este modo, la inteligencia emocional funge como un catalizador de tales discrepancias. Se trata de una deseabilidad social que consiste en asumir que tanto el mercado como el Estado son proclives a la competencia desleal, pero también compatibles con la responsabilidad social (Hernández y Valencia, 2016).

En consecuencia, la ambivalencia y deseabilidad social es posible observarla en el emprendimiento, ya que este refleja las demandas del mercado y los lineamientos del Estado en la producción de conocimiento. Las necesidades y expectativas de la sociedad civil al estar determinadas por las políticas de fomento empresarial y la iniciativa privada, reflejan la paradoja de conservar los recursos cada vez más escasos, pero consumir las oportunidades generadas por este contexto (Vázquez, Barrientos, Quintero y Velázquez, 2016).

De este modo, el emprendimiento social es un conglomerado de disposiciones a favor del cooperativismo cuando tanto la identidad como la inteligencia generan oportunidades de elección relativas a capacidades y elección de redes (Robles, Alviter, Ortega y Martínez, 2016).

Es decir que el desarrollo organizacional no sólo es una oportunidad de la globalización neoliberal al ser esta un instrumento de la rectoría del Estado y las contingencias del mercado, sino además es una instancia de complejidad observable por las relaciones de poder e influencia establecidas en el interior de las organizaciones (Saansongu y Ngutor, 2012).

En el caso de las organizaciones complejas, su vínculo con la globalización está en su gestión del conocimiento, El desarrollo de las organizaciones complejas es indicativo de la complejidad, el poder y la influencia en la que están inmersos. En la medida en que la globalización propicia una mayor complejidad de las organizaciones es posible observar sus estructuras de poder e influencia (Mendoza, Ramírez y Atriano, 2016).

Sin embargo, al interior de las estructuras de las organizaciones, la identidad o elección de relaciones colaborativas supone una instancia de disposiciones en contra y a favor de redes y nodos organizacionales. Tal proceso en el que la identidad determina las estructuras de oportunidades, los sistemas de innovación como de capacidades, incide también en la producción colaborativa de información orientada a nuevos conocimientos (Quintero, Velázquez, Sales y Padilla, 2016).

Por último, la observación de las organizaciones complejas es posible mediante la interpretación de los discursos de actores en cuanto a sus inteligencias emocionales vinculadas al cooperativismo y al emprendimiento. Principalmente, las relaciones empatía, compromiso, innovación y satisfacción son factores sustanciales para la explicación de; 1) los efectos de las políticas de fomento empresarial sobre el micro-emprendimiento; 2) el desarrollo de la micro-organización en el marco del comercio del café y sus derivados en cuanto a procesos, productos y servicios; 3) la complejidad de las relaciones de poder e influencia entre los actores; 4) la identidad en torno al comercio del café, las disposiciones de venta y la colaboración en cuanto a promoción del producto; 5) las inteligencias emocionales desarrolladas con la finalidad de establecer cooperativas.

Formulación: ¿Cuál es el ajuste de la inteligencia organizacional teórica —autoconsciencia, autoregulación, motivación, empatía y habilidad— con respecto a la inteligencia organizacional empírica?

Hipótesis nula: La estructura teórica de la inteligencia organizacional se ajusta a la estructura de la inteligencia organizacional ponderada.

Hipótesis alterna: La estructura teórica es diferente con respecto a la estructura empírica

Método

Diseño

Se llevó a cabo un estudio no experimental, trasversal y exploratorio.

Muestra. Se realizó una selección no probabilística de 300 estudiantes, docentes y administrativos de una universidad pública del Estado de México adscrita a la Asociación Nacional de Facultades de Contaduría y Administración (ANFECA) del área cinco.

Instrumento

Se utilizó la Escala de Inteligencia Organizacional de García et al., (2016) la cual incluye 20 ítems relativos a la auto-conciencia, la auto-regulación, la motivación, la empatía y la habilidad ante riesgos, contingencias del entorno. Cada ítem se responde con alguna de cinco opciones, 0 = “nada de acuerdo” hasta 5 = muy de acuerdo.

Procedimiento

Se utilizó la técnica Delphi para la homogenización de las palabras incluidas en los reactivos. Se garantizó la confidencialidad de los resultados y el anonimato de las respuestas por escrito. Se informó acerca de que los hallazgos del estudio no afectarían el estatus académico o laboral de los encuestados. La aplicación del instrumento se realizó en el vestíbulo de la universidad. La información se procesó en el Paquete Estadístico para Ciencias Sociales (SPSS por sus siglas en inglés) y Análisis de Momentos Estructurales (AMOS por sus siglas en inglés) versión 23,0. Se estimaron la media, desviación estándar, alfa de Conbach, chi cuadrada, pesos factoriales, covarianzas, betas, bondad de ajuste y residual.

Resultados

La confiabilidad de la escala de inteligencia organizacional (alfa de 0,790) y la confiabilidad de las subescalas de auto-conciencia (alfa de 0,791), auto-regulación (alfa de 0,731), motivación (alfa de 0,705), empatía (alfa de 0,788) y habilidad (alfa de 0,744) superaron el valor alfa de 0,70 que es el mínimo indispensable para considerar una consistencia interna en otros contextos y muestras de estudio (véase tabla 3).

Tabla 3. Descriptivos, confiabilidad y validez del instrumento

Código Ítem M DE Alfa F1 F2 F3 F4 F5
Subescala de auto-conciencia (expectativas ante oportunidades) 0,791
AC1 La evaluación de mis capacidades reducirá mi salario 1,54 1,46 0,743 0,631
AC2 La profesionalización de mis habilidades disminuirá mis prestaciones 3,47 1,36 0,794 0,632
AC3 La certificación de mis conocimientos afectará mis vacaciones 1,30 0,89 0,704 0,531
AC4 La acreditación de mi desempeño empeorará mi sindicalización 3,82 0,37 0,754 0,621
Subescala de auto-regulación (estrategias ante retos) 0,731
AR1 La acreditación de mis competencias la conseguiré con premeditación 1,03 1,54 0,794 0,531
AR2 La profesionalización de mis habilidades la obtendrá con dedicación 4,81 1,68 0,732 0,532
AR3 La certificación de mis capacidades la lograré con el compromiso 1,53 1,04 0,746 0,583
AR4 La aprobación de mi curriculum la alcanzaré con creatividad 1,67 1,26 0,790 0,482
Subescala de motivación (disposiciones ante conflictos) 0,705
MT1 El menosprecio de mis habilidades es un escalón en mi desarrollo 1,06 1,03 0,746 0,673
MT2 El desconocimiento de mis logros es una oportunidad para mi s metas 1,58 1,83 0,714 0,662
MT3 La ignorancia de mis méritos es una fase en mi profesionalización 4,24 1,25 0,752 0,691
MT4 La envidia hacia mis logros es un aliciente en mi desempeño 1,46 1,05 0,705 0,603
Subescala de empatía (estrategias ante imponderables) 0,788
EP1 La incertidumbre de las políticas orienta mi comprensión del gremio 2,32 1,02 0,721 0,503
EP2 Los riesgos de las políticas incentivan mi apego hacia compañeros 1,46 1,12 0,743 0,514
EP3 Las contingencias de las políticas incrementan mi auto-confianza 1,58 1,45 0,757 0,557
EP4 La discrecionalidad de las políticas inducen mis capacidades 3,49 1,58 0,782 0,621
Subescala de habilidades (estrategias ante desacuerdos) 0,774
HB1 La desconfianza entre mis compañeros incentiva mi auto-aprendizaje 1,84 1,03 0,761 0,503
HB2 La incredulidad entre mis compañeros aumenta mi s propuestas 2,68 1,21 0,773 0,425
HB3 La pasividad de mis compañeros intensifica mis iniciativas 1,46 1,37 0,799 0,443
HB4 Los conflictos entre mis compañeros induce mis críticas 432 1,09 0,732 0,335

Método de extracción: Componentes principales. Esfericidad y Adecuación ⌠χ2 = 406,321 (231gl) p = 0,000; KMO = 0,645⌡. F1 = Auto-conciencia (39% de la varianza total explicada), F2 = Auto-regulación (17% de la varianza total explicada), F3 = Motivación (7% de la varianza total explicada), F4 = Empatía (4% de la varianza total explicada) y F5 = Habilidad (2% de la varianza total explicada). Cada ítem se responde con alguna de cinco opciones que van desde 0 = nada de acuerdo hasta 5 = muy de acuerdo. Los valores alfa correspondientes a los ítems son excluyendo su peso en la escala.

Fuente: Elaboración propia

Respecto a la esfericidad y adecuación ⌠χ2 = 406,321 (231gl) p = 0,000; KMO = 0,645⌡alcanzaron valores suficientes para la estimación de la validez del constructo el cual incluyó cinco factores a partir de pesos factoriales superiores a 0,300 y relativos a la auto-conciencia (39% de la varianza total explicada), la auto-regulación (17% de la varianza total explicada), la motivación (7% de la varianza total explicada), la empatía (4% de la varianza total explicada) y la habilidad (2% de la varianza total explicada).

Tabla 4. Relaciones de dependencia entre los factores

Estimación S.E. C.R. P
Auto-Conciencia <— Inteligencia ,100
Auto-Regulación <— Inteligencia -,077 ,129 -,596 ,551
Motivación <— Inteligencia ,323 ,401 ,806 ,421
Empatía <— Inteligencia -,209 ,259 -,807 ,420
Habilidad <— Inteligencia ,263 ,316 ,831 ,406

Fuente: Elaborada con los datos del estudio

Las relaciones de dependencia entre los factores de auto-conciencia (β = 0,10), auto-regulación (β = -0,07), motivación (β = 0,32), empatía (β = -0,20) y habilidad (β = 0,26) con respecto a la inteligencia organizacional evidenciaron la exclusión de otros factores no modelados ni ponderados (véase tabla 4).

Los parámetros de ajuste y residual ⌠χ2 = 5,619 (5gl) p = 0,345; GFI = 0,934; IFI = 0,924; RMSEA = 0,006⌡evidencian la aceptación de la hipótesis nula alusiva a la correspondencia entre la estructura teórica y la estructura ponderada del constructo de inteligencia emocional.

Discusión

La inteligencia organizacional, definida y medida en el presente trabajo como un proceso de respuestas sistemáticas ante contingencias del entorno, riesgos del contexto y conflictos internos está configurado por cinco factores relativos a la auto-conciencia, la auto-regulación, la motivación, la empatía y la habilidad que la universidad pública desarrolló ante los procesos de evaluación, acreditación y certificación educativa.

Sin embargo, la inteligencia organizacional, a diferencia de otros procesos de cultura organizacional, supone la emergencia de factores inherentes a las organizaciones ante contingencias del entorno, imponderables del contexto o conflictos de relaciones y tareas al interior de las organizaciones.

En este sentido, la medición de la inteligencia organizacional es preferentemente observable en situaciones de amenazas y retos que suponen la emergencia de la auto-conciencia, auto-regulación, motivación, empatía y habilidad ante políticas educativas alusivas a la evaluación, acreditación y certificación de los procesos y productos educativos.

De este modo, la inteligencia organizacional está vinculada con la resiliencia, ya que es parte de este proceso de aprendizaje continuo ante los riesgos de la implementación de políticas educativas en una institución.

No obstante que los resultados del presente estudio sólo pueden ser atribuidos a la muestra y no generalizables a otras instituciones, la confiabilidad y la validez del instrumento permitirá la medición del efecto de políticas educativas sobre la resiliencia organizacional en general y la inteligencia organizacional en lo particular.

Por consiguiente, el desarrollo de marcos teóricos, conceptuales y empíricos entre la resiliencia y la inteligencia sería una línea de investigación que permitiría contrastar la hipótesis en torno a que las turbulencias del mercado y los disturbios de las políticas públicas afectan tanto negativa como positivamente a las organizaciones. En tal proceso, la cultura organizacional es fundamental en la medida en que los liderazgos y seguidores desarrollan sus valores, normas, costumbres, creencias y disposiciones como instrumentos de gestión, producción y reproducción de conocimiento para afrontar las crisis externas e internas.

Conclusión

El objetivo del presente trabajo fue establecer los determinantes de las redes formativas de inteligencia, aunque el diseño de la investigación limitó los hallazgos a la muestra de la investigación, la inclusión de otros factores permitirá modelas las relaciones de dependencia entre los factores establecidos y con respecto a la implementación de estrategias formativas como es el caso del clima de relaciones, tareas, apoyos, innovaciones y logros.

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Ecoísmo | Una forma de narcisismo poco explorado

Inmaculada Jauregui Balenciaga
Doctora en psicología clínica e investigación. Máster en psicoeducación y terapia breve estratégica
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Ecoísmo: (co)dependencia y narcisismo

El término «ecoísmo» fue acuñado por Inmaculada Jauregui (2001) para designar un tipo de dependencia emocional patológica ligada al entorno de las adicciones, conocida como codependencia. La autora señala que las personas codependientes se limitan a «salvar» a sus parejas de la adicción o alcoholismo. Para esta autora, el comportamiento codependiente o codependencia bien podría ser bautizado como «ecoísmo» o «Complejo de Eco», el cual parece representar una problemática complementaria del narcisismo. En realidad parece ser su cara oculta. Un conjunto de comportamientos estructurados alrededor del reflejo de su pareja, de espejarla. Una adicción al amor o adicción a la relación. Una personalidad que, a pesar de situarse en el polo opuesto del narcisismo, por huir del egocentrismo y complacer, podría perfectamente bien situarse en el registro narcisista como trastorno. En otras palabras, el «ecoísmo» podría ser el negativo del narcisismo, por lo que habría que repensar y reconstruir la problemática narcisista como un continuo que va desde un narcisismo extremo caracterizado por una grandiosidad, omnipotencia, sentimiento de superioridad, de ser especiales, arrogancia, altanería, envidia, manipulación, seducción, objetivización de los demás, histrionismo o exageración, incapacidad para amar y vacío interior, al extremo opuesto en el que la persona se borra a sí misma y se fusiona con su complementario para obtener un sentido de sí y llenar un vacío. En este sentido también apunta Craig Malkin (2015) quien afirma que el narcisismo sería un continuo. En este continuo el narcisismo sería una tendencia humana normal: «el impulso para sentirse especial» (p. 9). En este espectro el autor afirma que demasiado poco narcisismo puede ser problemático, tanto como el exceso. Al respecto menciona a Eco, quien no tiene voz propia. Eco es abnegada, casi invisible. Cuanto menos las personas se sientan especiales, más borradas se vuelven, hasta que llegan a tener tan poco sentido de sí mismas que se sienten inútiles e impotentes. El autor llama a estas personas ecoístas (Ibid, p. 11). Este extremo se caracterizaría por la imposibilidad de destacar, por una entrega amorosa casi masoquista, un sentimiento de no ser lo suficientemente buena y baja autoestima. Craig Malkin habla del pánico a sentir necesidades, al punto de mantener las propias demandas a mínimo. Este tipo de personas experimentan pánico ante sus propias necesidades y por ello, rara vez son directas sobre lo que podría ayudarles a sentirse mejor. Porque han trabajado tan fuerte para evitar sus necesidades, expectativas y sueños que pueden no estar seguras de lo que pedir. Pero si sus necesidades aumentan y no superar este temor de una atención especial, pueden caer en depresión. Veamos un ejemplo clínico de funcionamiento ecoísta:

Esta historia comenzó mucho antes de aquel 18 de diciembre en que no sentamos a hacer un picnic y tomar unos vinos en la playa. Esa conexión especial, que se terminó de forjar ese día, ya estaba y surgió como surgen muchas otras cosas, sin querer y con una naturalidad muy especial que siguió su propio curso en el tiempo posterior. Pero ese 18 de diciembre nació algo pasión, amor, confesiones, tacto, suavidad, delicadeza, risas y demás, todo ello con una naturalidad muy exquisita y una cercanía nunca sentida antes. Pero el tiempo quiso que un día te fueras sin motivo y toda esa felicidad que me había abrumado y envuelto desapareció de golpe y porrazo, y sin justificación alguna Me tuve que despedir de la noche a la mañana de todos esos mensajes de whatsapp tan intensos, de tu cercanía, de tus caricias, besos, risas… la ausencia se hizo de lo más terrible, lo tenía todo y de repente ya no había nada, ni siquiera una explicación real que me pudiera hacer entender qué había pasado y quedó un vacío inmenso incapaz de superarse (…) Convivía día a día al lado de una persona por la que sentía y a la que quería; debía reprimir sentimientos, caricias y besos; debía controlar mi actitud hacia él, debía disimular mi tristeza; debía controlar cada acto o palabra que decía; debía, debía y debía una y otra vez. Sin embargo, me mantuve firme a tu lado e intenté ayudarte en todo lo que podía sin tenerme en cuenta porque mi mayor prioridad eras tú. Me permitía sentarme a tu lado para una cerveza y una charla por hundida que estuviera, te escuchaba atentamente, te miraba a los ojos y no hacía más que repetirme que te quería mientras reprimía sentimientos y ganas de abrazarte o besarte, estaba cada vez que necesitabas, te apoyaba en todo momento, te ofrecía todo lo que tenía a mi alcance para que te sintieras a gusto y bien, para que olvidaras el mal que padecías; pero yo siempre quedaba al margen (…) Y llega el tiempo en que decides separarte y pides ayuda. Vuelvo a estar a tu lado sin acordarme de mi y sin pretender recibir nada a cambio. Todo por y para ti (…). Un verano y meses posteriores en que vivimos una relación maravillosa pero siempre a escondidas (…) una relación vetada al exterior, vivida con disimulo (…) Una relación en que ibas y venías dejándote llevar por tus emociones pero sin nada claro, incapaz de decir un te quiero, como mucho un ¿lo sabes, verdad? (…) nunca un te quiero en toda regla (…) En tú último retiro de ausencia y distancia, me citaste un día para decirme que sólo podía haber una relación de amistad y nada más. (…) Siempre he hecho un esfuerzo por ayudarte, por estar a tu lado para que te sintieras bien, para que no tuvieras un sentimiento de abandono (…) he actuado con la mayor empatía posible justificando todas tus respuestas y actuaciones por daño que me hicieran, he permanecido a tu lado cuando apenas podía ni respirar y con una punzada en el pecho y otra en el estómago. (…) Un huracán lleno de emociones e intenso que tal cual llegó, se marchó y dejó la casa en ruinas.” [1]

A nivel clínico, hay características muy similares a cualquier adicción química: dependencia, negación, respuestas emocionales disfuncionales, ansia y recompensa (a través de la interacción con otra persona) e incapacidad para controlar o abstenerse de la conducta compulsiva sin tratamiento. Cada vez se pasa más tiempo pensando, estando con y / o tratando de controlar a otra persona. Otras actividades sociales, recreativas o laborales sufren como resultado. Finalmente, puede continuar su comportamiento y / o la relación, a pesar de los problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes que genera.

Estaría en le registro narcisista porque obtendría todo el narcisismo pero por procuración. Al respecto, Martine Sandor-Buthaud (2009) nos dice que Eco nos refiere al narcisismo. Contemplado a través de este personaje mítico, la problemática narcisista toma otro aspecto que visto exclusivamente desde el ángulo de Narciso. Esta nueva perspectiva permite otro punto de vista del narcisismo, el cual no es tanto cuestión de imagen y mirada, sino de escucha y de palabra; de entenderse y hacerse entender, de tener su propia palabra. Esta misma autora distingue en el narcisismo un Narciso joven, magnifico, seductor, admirado, así como una Eco humillada, desesperada, en vías de desintegración casi hasta la muerte, pero sin morir.

Ya el psicoanálisis ha profundizado en el narcisismo del personaje mítico de Eco, la pareja de Narciso. En este sentido, hablando del carácter de Eco, Hannan (1992) dice que su comportamiento es consistente en todo con los criterios del DSM-III el trastorno narcisista de la personalidad. En una investigación exhaustiva y profunda sobre el mito de Narciso y Eco, hemos encontrado ciertos artículos que analizaban dicho episodio mítico siempre como la metáfora de un problemática sin nombre, aunque de corte narcisista, pero que sin embargo representa todo un cuadro clínico importante. Sin llamarle «ecoismo», Claudette Lafond respecto a Eco dirá que se trata de un «… complejo pre-edipiano (que) determina una plasticidad en la relación de objeto y (que) facilita las identificaciones a la sumisión» (Lafond, 1991: 1641). La noción de complejo es definida como un «conjunto organizado de representaciones y de recuerdos con fuerte valor afectivo, parcial o totalmente inconscientes. Un complejo se constituye a partir de las relaciones interpersonales en la historia infantil; puede estructurar todos los niveles psicológicos: emociones, actitudes, comportamientos» (Laplanche y Pontalis, 1973: 72).

Buena parte de la literatura sobre este tipo de (co)dependencia ha puesto el acento en la dependencia como una adicción, fundamentalmente afectiva (Prest y Storm, 1988) y ello se expresa a través de diferentes términos: relaciones adictivas, adicción al amor, dependencia patológica y dependencia afectiva. La precursora de esta perspectiva es la psicoanalista Karen Horney (1950) quien habla de «solución autoeliminadora» –self-effacing solution– para describir la «dependencia neurótica» que consiste fundamentalmente en una extrema dependencia hacia los otros de cara a adquirir un sentido de sí. Se trata de una dependencia mórbida que gestiona la necesidad primaria de obtener y preservar la afección, en detrimento del compromiso en una relación de dependencia abusiva (Horney, 1942).

El movimiento anónimo [2] pone el acento en la (co)dependencia como una patología del vínculo y la definen como una excesiva tendencia a encargarse del otro o a asumir responsabilidades por las otras personas (Haaken, 1993). En este mismo sentido, Wegscheide-Cruse (1985) describe esta condición amorosa patológica como caracterizada por una preocupación y dependencia extrema hacia una persona. Eventualmente, esta dependencia al otro deviene una condición tan patológica que afecta a otras relaciones. Mulry (1987) ha definido claramente la (co)dependencia como una adicción (a una persona toxicómana). Peele y Brodsky (1975), por su parte, afirman que una relación personal puede ser tan compulsiva e impulsiva –overdriven– como lo es la adicción química. En otras palabras, este tipo de relación también supone una adicción (Wright y Wright, 1991). Según Cleveland (1987), la codependencia es un término utilizado para describir un patrón exagerado de dependencia llegando hasta la negligencia de sí, debilitando su propia identidad. Schaef (1987) afirma que la codependencia se caracteriza por un patrón exagerado de dependencia, al punto de ser negligente con la propia persona. Lo original de esta autora es la contextualización de las adicciones, toxicomanías y (co)dependencia, dentro de una sociedad y cultura que favorece dichos comportamientos. El término codependencia describe esencialmente el mismo síndrome que el descrito por Norwood (1985) cuando habla de adicción al amor. Gran parte de la literatura sobre codependencia se cimenta sobre el mito de Eco como arquetipo.

Aunque la literatura sobre este tema muestra, en un primer momento, una gran variedad de definiciones y perspectivas teóricas (Neveille, Bradley, Bunn y Gehri, 1991), parece existir actualmente un consenso sobre la problemática relacional de carácter adictivo de la codependencia. De hecho, dicha característica aparece en la definición oficial emergida de la primera conferencia nacional sobre codependencia que tuvo lugar en Arizona, en 1989: «la codependencia es una pauta dolorosa de dependencia de comportamientos compulsivos y de búsqueda de aprobación en un intento de estar a salvo, de adquirir una identidad y un valor de sí mismo» (Lawlor, 1992: 19).

La problemática del narcisismo: la búsqueda del mito

Cuando entendemos narcisismo, no podemos impedir hacer referencia al mito de Narciso y en consecuencia, pensar en ese personaje enamorado de sí mismo a través de la imagen que el agua le reenvía. A partir de este mito, la psicología y más específicamente el psicoanálisis, ha trazado líneas que conciernen esta patología: el narcisismo. Sin embargo, en el mito de Narciso hay una parte que se ha mantenido a la sombra y que hace referencia al aspecto relacional de Narciso con la ninfa Eco. El mito de Narciso, concretamente el episodio de su relación con Eco, se presenta en este trabajo como una metáfora de la «personalidad ecoísta» cuyo rasgo definitorio sería la (co)dependencia. Esta perspectiva metafórica de la codependencia ha sido claramente puesta de relieve por dos autores: Cermak (1986) y Donaldson-Pressman (1994).

Cermak (inédito) ve la persona codependiente como aquella que está dispuesta a reflejar a los otros, es decir actuar como espejo reenviándoles sus propias imágenes. El relato mítico del poeta griego Ovidio que data de hace dos mil años y que concierne, entre otros personajes, a Eco, parece la mejor ilustración de la condición codependiente o ecoísta. En los trabajos de Cermak (1991), la codependencia se revela como una problemática complementaria al narcisismo. En otras palabras, la codependencia y el narcisismo son dos manifestaciones de un mismo proceso subyacente: «si el narcisismo puede ciertamente presentarse como comportamiento necesitado, tenaz y absorbente, esto levanta la posibilidad de que Narciso y Eco sean simplemente dos manifestaciones de un mismo proceso subyacente» (Cermak, 1991: 141). Esta (hipó)tesis de la complementariedad de la codependencia con el narcisismo, viene apoyada por los propósitos de Freud, quien de hecho reconoce este papel complementario del narcisismo cuando escribe que las personas narcisistas sienten mayor atracción por esas otras personas que han renunciado a una parte de su narcisismo: «el narcisismo de otra persona ejerce una gran atracción para aquellos otros que han renunciado a parte de su propio narcisismo y buscan el objeto del amor» (Sandler, Spector y Fonagy, 1991: 19). Al respecto, Masterson (1981) distingue entre los problemas de personalidad narcisista, una serie de manifestaciones más particulares llamadas por él «narcisismo oculto»» –closet narcissism–, frecuentemente mal diagnosticado como personalidad límite. Este autor afirma que estas personas narcisísticamente ocultas, «ecoístas», codependientes, se centran en las necesidades de las otras personas (pareja principalmente) más que en ellas mismas y son el reflejo (espejo) del otro. Estas personas fusionan con el otro para evitar la fragmentación de su yo interno (self). La pareja a quien se fusionan no es más que una idealización, en cierto modo, una invención. En esta forma particular de narcisismo, todavía hoy no clasificada y por lo tanto no del todo reconocida oficialmente, hay una renuncia de sí. La problemática subyacente parece ser del orden de la depresión de abandono (Masterson, 1993). A esta forma de narcisismo también se la ha descrito como narcisismo encubierto –covert narcisism–. A este respecto, Jean Charles Bouchoux (2012) hablará de las angustias de abandono como propias del narcisismo.

Estas personas «ecoístas» suelen ser en general personas complementarias en relaciones con personalidades narcisistas (psicópatas, perversos narcisistas y maquiavélicos), es decir, personas que a pesar de la malquerencia que sufren, permanecen en este tipo de relaciones conocidas popularmente como tóxicas. Personas que entienden que el sufrimiento forma parte del amor. Personas que sufren y que, más se apegan cuanto más rechazo sufren : «Echo´s love (…) increased by the pain of having been rejected» (Ovidio, 1955 en Hamilton, 1982, p. 128). Esta autora habla de una fidelidad masoquista que reafirma este tipo de relación amorosa. Narciso la contempla no ya como un perfecto espejo sino como una criatura patética. A su vez, a través de la pérdida de la autoestima, Eco se enmascara de la melancolía. Cae presa de una ansiedad inmitigable que la absorbe y rumiaciones compulsivas y obsesivas. Personas que intentan tanto acoplarse a la persona amada, que llegan a perder parte de su personalidad. Catherine Chabert (2003) hablará de un «femenino melancólico» –tanto en hombres como en mujeres–, y verá en Eco una representación arquetípica de esta problemática. Bajo el masoquismo, en la brecha de Eco, se encuentra una forma de testarudez delirante que mantiene la esperanza de eliminar la pérdida o de llenar el vacío, con una presencia maternante de la que obtener una escucha, una existencia con sentido. Personas a quienes les falta independencia en su identidad y por lo tanto, buscan en la fusionalidad relacional con un Narciso el sentimiento de identidad y de completud que les falta (Bergmann, 1984).

Jean Charles Bouchoux (2012) dirá al respecto, que «tanto la víctima como su verdugo son a menudo como el negativo y el positivo de una misma foto. Ambos utilizan los mismos tipos de mecanismos de defensa pero tienen, sin embargo una actitud inversa.» (p. 51). Estos mecanismos de defensa son la denegación, la disociación, la proyección y la identificación proyectiva. Y utilizan este mecanismo para evitar la depresión que la desidealización causaría. A este tipo de personas el autor las denomina «personalidades abandónicas». Estas personas tienden a idealizar de manera omnipotente. En este lucha contra la angustia de abandono, la pareja es idealizada y así no se decepcionará nunca. Para mantener esta ilusión, muy a menudo la pareja debe ser inaccesible ya sea porque está casada, distante geográficamente o psicológicamente no disponible. Es el teatro de la imposibilidad.

Claudette Lafond (1991) llama a este tipo de personalidad «el sujeto imposible»; personas con un sentimiento de inexistencia, de ignorar quienes son, una especie de falso-sí, lleno de deseo que no permite el desarrollo de la persona. Esta autora dice que el mito de Eco (nos) sugiere la prohibición de la afirmación de una identidad singular y que la finalidad de la tragedia es la inexistencia. Una existencia que para existir debe reflejar, fusionarse, imitar. Mimetizarse para poder tener una existencia por procuración o para que esta tenga un sentido. La realidad es que este tipo de persona se fusiona a un sujeto narcisista –en el sentido clínicamente conocido–, por lo que su individualización, su identidad, su existencia nunca consigue pasar más allá del deseo de llegar a ser. Eco es el objeto del otro, Narciso. Su espacio psíquico está ocupado por el de otras personas. A defecto de ser, estas personas son portadoras de sufrimientos parentales o víctimas de parentificación. Estas personas cuidan de otras como cuidando de sí mismas. Reproducen así las primigenias relaciones determinantes y la compulsión a la repetición se instala, de tal manera que van en cada pareja repitiendo el mismo escenario de inexistencia o abandono o rechazo a modo de patrón.

Cermak (1986) ilustra a partir del mito el contrato relacional que, según él, está en la base de la codependencia: Eco, queriendo ganar la afección de Narciso por el reflejo de sus propias palabras, seducción, pierde aquello que quería realmente decir, quedándose así con un profundo sentimiento de impotencia, sobre todo del hecho de que le había dado su propio poder a Narciso. El don en el sentido de cesión de su propio poder, de su propia voluntad, sacrificándose ella misma está en el centro de la codependencia. El precio a pagar es la pérdida de la corporeidad y así de su propio lugar de habitación. Sin embargo le quedará la limitada voz.

Eco muestra a Narciso cómo ella se le parece: las palabras eran casi las mismas. Eco, en el mito, hace de espejo sonoro de Narciso. El rasgo diferencial en las personas codependientes es que en sus relaciones, se limitan a reflejar, a actuar como espejo. El problema de la personalidad codependiente podría muy bien llamarse «Ecoísmo», de la misma manera que el problema de personalidad narcisista se le conoce bajo el nombre de narcisismo.

Las investigaciones relacionadas con este mito, en particular con la figura de Eco hablan de una dependencia patológica particular característica como la esencia de esta personalidad. Como una personalidad que no ha podido en su desarrollo emocional llegar al final del proceso de individuación. Un tipo de persona con dificultades para comunicar y responsabilizarse de sus necesidades si no es por procuración, es decir, de manera fusional y parasitaria.

Claudette Lafond (1991) sitúa la «problemática ecótica» en la óptica del proceso de subjetivación. La autora toma como punto de partida una problemática particular encontrada en su práctica profesional. Se trata de una serie de síntomas que presentaban ciertas personas pacientes, fundamentalmente femeninas. Todos los síntomas le llevaron a la reflexión sobre el sujeto, es decir su existencia. La autora piensa que se trata de «… una subjetividad que no ha podido llegar a ser» (Lafond, 1991: 1639). La persona no ha podido edificar «… una mitología personal sin la alienación de la relación imaginaria con el otro» (Lafond, 1991: 1640). Este imposible sujeto no ha podido construir su yo, su morada, a través de «… la posesión psíquica de su territorio, allí donde uno se siente en su casa con un perímetro bien definido y allí donde las aperturas hacen posible evolucionar. Un lugar que se construye en un tiempo. Un lugar que contenga, paralelamente al tiempo, y que constituye la historia del sujeto» (Lafond, 1991: 1640). Comprendemos que el desarrollo de un sí (self), de una subjetividad, de una persona, es la creación de un espacio de habitación intersubjetivo que en ciertos casos no ha podido ser creado. Si esta realización no ha podido tener lugar es porque hay alguna falla en la relación con otra persona que es del orden de la alienación. Se trata, por supuesto, de una relación primaria o constituyente del sujeto. La autora encuentra en el mito la metáfora de esta condición que es la de pacientes que no han podido desarrollar su propia subjetividad. A través del análisis de este mito, la autora intenta aproximarse a esta problemática sin diagnóstico. En su aproximación mítica de esta realidad del imposible sujeto, encontramos puntos comunes revelados por otros autores que tratan de la codependencia y el ecoísmo, sobre todo a aquellos que tratan del aspecto disfuncional o narcisista de la familia original (Donaldson-Pressman y Pressman, 1994). Encontramos así el problema de triangulación entre Eco y sus padres. Encontramos la falta de espacio psíquico en Eco para crear su propio espacio habitable, su morada, ya que se encuentra bloqueada en el espacio parental; un espacio conflictivo entre los cónyuges. Encontraremos también la condena de Eco a ser el espejo sonoro del otro por la pérdida de su capacidad de palabra, fruto de un castigo maternal; encontramos también la problemática incestuosa del padre para con las hermanas de Eco, y encontramos finalmente la dificultad relacional de intimar en su relación con Narciso. El final del drama es la inexistencia de Eco en tanto que sujeto. Eco intenta construir su propia habitación intentando entrar en relación íntima con Narciso, aunque no lo consigue. En otras palabras, su relación con Narciso deviene también tan alienante como la mantenida con sus padres. Eco no consigue establecer un lazo a partir del cual pueda construir su morada, su propio yo, su palabra.

Finalmente, los autores Besson y Brault (1992), aunque sin centrarse en el personaje de Eco, analizan la complementariedad de la relación de esta ninfa con Narciso. Señalan la existencia de una problemática relacional complementaria al narcisismo: «en esta relación mortal, Narciso y Eco son extrañamente complementarios: en los ojos de Eco, Narciso no ve sino a él mismo mientras que Eco no tiene existencia propia, ella no puede hacer otra cosa que repetir lo que el otro dice» (Ibid, p. 194). Este pequeño análisis revela que Eco no tiene una existencia propia. Su comunicación está limitada a repetir las palabras del otro, a modo de reflejo. Eco es simplemente un espejo y no el otro relacional con autonomía propia. Se trata de una relación mortal en donde no solamente Narciso muere sino que también lo hace Eco, en parte. Si la relación es calificada de mortal es porque se trata de una relación de duelo a muerte, en donde la presencia mediatizada por la palabra, la ley, no existe. La mediación, en este contexto, sería la aceptación de la función de la ley; lo que en términos psicoanalíticos hace referencia a la función paterna: «…la función paternal es en primer lugar la de facilitar esta separación del infante y de la madre. Esta función es sobre todo una función simbólica y por tanto tiene una relación con la Ley» (Ibid, p. 187). La dimensión plenamente humana «…supone la confrontación y aceptación de la función de la ley en donde la referencia a un tercero, simbólico, es fundamental» (Ibid, p. 188).

La relación de Eco con Narciso es una relación en donde reina la fusión; hay una incapacidad de encuentro en el sentido de que el encuentro se definiría por una estructura ternaria y no dual. Con la finalidad de que el sujeto pueda reconocer al otro como verdaderamente otro, diferenciado, el sujeto debe tener acceso a la función simbólica o cultural; proceso que pasa ante todo por una separación seguido de un duelo, a partir del cual es posible establecer una relación hospitalaria con el otro: «este reconocimiento de la alteridad pasa necesariamente por la experiencia de la separación (con la madre), de la experiencia del destete» (Ibid, pp. 188-189). Eco está inmersa en una relación de tipo narcisista en donde ella se considera como una prolongación de Narciso, un espejo de éste. No podemos decir que no hay encuentro pues estaríamos en el terreno de la psicosis. Se trata de una relación en donde la existencia del otro no es percibida como tal, sino como una prolongación de sí. La alteridad no se concibe. La otra persona es considerada como objeto y no como sujeto.

A la luz de esta exposición, es de constatar que todos estos autores hablan de síntomas parecidos y de un escenario familiar particular. Ciertos autores han nombrado a esta problemática clínica como codependencia mientras que otros la han llamado «ecoísmo», otros hablan de «personalidad ecoísta». No obstante, ciertos autores sitúan esta problemática dentro del narcisismo, el cual habría que redefinir. Este síndrome, todavía mal conocido y poco reconocido en el dominio de la psicología, se ha quedado atrapado bajo una rúbrica ambigua sin ser reconocido como tal, aunque clínicamente existe. Ells (1990) dirá que no es más un que un nuevo nombre para un viejo problema. Pero en definitiva, existe una problemática narcisista muy conocida en la clínica conocida bajo diferentes nombres: codependencia, narcisismo encubierto, ecoísmo. Una problemática narcisista que reclama la revisión nosológica del trastorno narcisista de la personalidad, de manera a incluir la complementariedad narcisista dentro del trastorno.

El mito de Eco y Narciso

Nuestras lecturas sobre el fenómeno narcisista de la codependencia así como la persona ecoísta nos han llevado hacia un tipo de narcisismo representado por el personaje mitológico de Eco en su relación con Narciso.

El mito de Narciso se encuentra en una colección de historias greco-latinas bajo el título de “Metamorfosis”, completadas en el año VIII a. C. cuando Ovidio fue expulsado fuera de Roma por el emperador Augusto (Berman, 1990). Los historiadores de la literatura han recogido mucho sobre el tema de Narciso a partir de la poesía, el drama y la ficción con la finalidad de documentarse sobre el tema (Ibid).

Si hemos tomado la versión del poeta latino Ovidio es porque esta versión del relato mítico, además de ser antigua y clásica, se considera la más rica en detalles. De hecho ha sido la fuente de numerosas adaptaciones artísticas (Zwettler-Otte, 1990). El mito, tal y como escrito por Ovidio, representa una versión altamente estructurada y compleja (Ibid). Sin embargo, hay versiones más antiguas –que Ovidio conocía ciertamente– y versiones posteriores (Ibid). A pesar de ello, Ovidio pareció ser el primero en relacionar los dos mitos: el de Narciso y el de Eco (Hannan, 1992).

Ovidio era el poeta latino por excelencia. Su lugar en la historia de lo amoroso está asegurada por dos de sus libros: AmoresEl arte de amar  –Ars Amatoria (Bergmann, 1984)–. El genio de este poeta reside en su fineza psicológica y el lazo narrativo que crea entre diferentes mitos.

El relato del episodio mítico de Eco y Narciso presentado aquí es una traducción castellana realizada a partir de la versión latina de “metamorfosis” de Ovidio (Álvarez e Iglesias, 1997).

«Contempla a éste, que azuza hacia las redes a los asus-
tadizos ciervos, la habladora ninfa, que no aprendió a
callar ante el que habla ni a hablar ella misma antes, la
resonante Eco. Hasta ahora, Eco era un cuerpo, no
una voz; pero, parlanchina, no tenía otro uso de su                  360
boca que el que ahora tiene, el poder de repetir de entre
muchas las últimas palabras. Esto lo había llevado a
cabo Juno, porque, cuando tenía la posibilidad de sor-
prender a las ninfas que yacían en el monte a menudo
bajo su Júpiter, ella, astuta, retenía a la diosa con su lar-
ga conversación, hasta que las ninfas pudieran escapar.         365
Cuando la Saturnia se dio cuenta de esto, dijo: «De esa
Lengua, con la que he sido burlada, se te concederá una
mínima facultad y un muy limitado uso de la palabra»,
y con la realidad confirma las amenazas; ésta, sin
embargo, duplica las voces al final del discurso y de-
vuelve las palabras que ha oído. Así pues, cuando vio               370
a Narciso, que vagaba por apartados campos, y se ena-
moró, a escondidas sigue sus pasos, y cuanto más lo si-
gue más se calienta con la cercana llama, no de otro
modo que cuando el inflamable azufre, untado en la
punta de las antorchas, arrebata las llamas que se le
han acercado. ¡Oh!, cuántas veces quiso acercarse con             375
lisonjeras palabras y añadir suaves ruegos! Su naturale-
za lo impide y no le permite empezar; pero, cosa que
le está permitida, ella está pronta a esperar sonidos a
los que puede devolver sus propias palabras. Por azar
el joven, apartado del leal grupo de sus compañeros,
había dicho: «¿Alguno está por aquí?», y «está por                        380
aquí» había respondido Eco. El se queda atónito y,
cuando lanza su mirada a todas partes, grita con fuerte
voz: «ven»: ella llama a quien la llama. Se vuelve a mi-
rar y de nuevo, al no venir nadie, dice: «¿Por qué me
huyes?», y tantas veces cuantas las dijo, recibió las pa-
labras. Insiste y, engañado por la reproducción de la                  385
voz [3] que le contesta, dice: «En este lugar reunámo-
nos [4] y Eco, que nunca habría de responder con más
agrado a ningún sonido, repitió: «“¡unámonos¡” [5], y
ella misma favorece sus palabras y, saliendo de la selva,
arrojando [6] sus brazos al deseado cuello. Huye él y, al            390
huir, aleja las manos del abrazo. «Moriré antes», dice,
«de que te adueñes de mi». Ella no repitió nada a no
ser «te adueñes de mi». Despreciada se oculta en el bos-
que y avergonzada cubre su cara con ramas, y a partir
de entonces vive en solitarias cuevas; pero, sin embar-              395
go, el amor está dentro y crece con el dolor del recha-
zo: y las insomnes preocupaciones amenguan su cuer-
po que mueve a compasión, la delgadez contrae su
piel, y todo el jugo de su cuerpo se va hacia los aires;
solamente le quedan la voz y los huesos: permanece la
voz; cuentan que los huesos adoptaron la figura de
una piedra. A partir de ese momento se oculta en los                 400
bosques y no es vista en montaña alguna, es oída por
todos: el sonido es el que vive en ella».

Análisis del mito

La narrativa literaria mitológica de Eco se estructura en tres partes: el castigo de Juno (madre) a Eco (primera metamorfosis), la relación de Eco con Narciso, y finalmente la conversión de Eco en sonido después del rechazo de Narciso a Eco (segunda metamorfosis).

Eco

El carácter de Eco no cambia como consecuencia de la relación con Narciso, en donde vemos emerger el perfil de verdugo, el explotador de otras personas. Eco mira fuera de sí misma. Su naturaleza se revela parasitaria, «reflectiva». Se trata de un personaje comunicacionalmente hablando, limitado, puesto que Eco no puede establecer un diálogo; está condenada a repetir palabras, es decir a espiarlas. Su comunicación aparenta empatía por el hecho de que repite, refleja, lo que Narciso dice. Pero veremos que más que empatía, parece un mecanismo de defensa que se llama identificación. Esta tan centrada en Narciso que ignora sus sentimientos así como sus necesidades. Tiende a idealizar y proyectar sus anhelos. Eco crea al Narciso que ama. Lo vislumbra bajo su fantasía. Teniéndolo, tendrá éxito y felicidad. Eco ha creado un narciso a su imagen y semejanza para satisfacer sus escondidos y recónditos deseos de existencia y reconocimiento. Así, encontramos en la clínica personas que desean cambiar a la pareja, lo cual, suele resultar imposible. Para ello, intentan comprenderla, llegar el núcleo de la personalidad de su disfuncional pareja. La impotencia de pacientes «ecoístas» se torna omnipotencia. Pacientes que pretenden domesticar parejas en algunos casos claramente narcisistas, psicópatas, perversas (adictas). Parejas con las que sufren mal trato y mal querencia, con las cuales son infelices, pero aún así persisten. Parejas Narcisos autocentradas, incapaces de empatizar; parejas que engañan, a veces sistemáticamente. Parejas delincuentes a quienes pacientes Eco pretenden rehabilitar a base de comprensión y amor. Un amor a todas luces romántico, más del orden de lo imaginado o posible, que de lo real. En este tipo de demandas, poca pizca de realidad se observa a veces. Es cuasi-delirante este deseo de cambiar a la pareja. Muchas de estas personas pacientes vienen cargadas de un profundo sentimiento de culpa e impotencia.

Eco, prototipo de este tipo de pacientes ecoístas, se ha visto en Narciso; ha creado en Narciso una imagen que le satisface. «Cuanto más lo ve, más convencida está de que él es quien quiere que sea» (Hannan, 1992, p. 564). A pesar de que estas personas pacientes ven en cierto modo (a veces intuyen) su error cognitivo, deciden seguir adelante con la relación. Encontramos en ocasiones a Eco bajo los efectos del sesgo perceptivo fruto de la disonancia cognitiva. Las personas Eco se vuelven obsesivas en sus fantasías sobre «sus Narcisos» y lo persiguen obsesivamente hasta hacer realidad lo fantaseado. Tienden a interpretar la conducta de de manera deformada para que cuadre en su fantasía. No acaban de aceptar la realidad. A veces, pretenden comprenderlo, meterse en su mente. Se trata de un amor pasional, doloroso. Cuando no lo consiguen, no pueden cambiarlos, emerge una rabia muy profunda, muchas veces volcada hacia sí. Esperan, desean que Narciso cambie.

La autoestima y el sentido megalómano de su valía la obtienen de engrandecer la valía de la pareja; una valía en muchas circunstancias mediocre y pobre. Su propia valía queda «entre bastidores»; oculta en un segundo plano, intentan dominar y controlar la situación: una relación que se les escapa; que no les pertenece. Isak Dinesen, pseudónimo literario utilizado por la escritora y baronesa de origen danés, Karen Von Blixen-Finecke nos traza este retrato «ecoísta» en el personaje conocido por la película «Memorias de África». Una mujer que pretende cambiar la naturaleza un tanto salvaje de Denis Finch Hatton, un cazador británico que no quiere ningún compromiso a largo plazo, tras el estrepitoso fracaso amoroso con el Barón Bror Blixen-Finecke, el cual había resultado ser un infiel compulsivo, con trazos claramente narcisista y egocéntrico. No solo pretende cambiar a ambos, sino que pretende cambiar el curso del río, pretende alfabetizar a los kikuyu, pretende sembrar café en tierras imposibles. Pretende estar en pareja aún a costa de su fortuna. Pretende controlarlo todo. Es una pretensión bastante megalomaníaca y omnipotente. Al final, lo pierde todo, incluso su capacidad de procrear. Una mujer con gran dificultad para pedir ayuda. Aparentemente independiente y desenvuelta. Pero con profundos miedos e inseguridades.

Volviendo al mito clásico, queremos subrayar algunos puntos importantes. El primero, hace referencia a la corporeidad de Eco. En el mito, Eco aparece corporalmente sólo cuando Narciso le propone reunirse. Hasta ese momento, y después, Eco se esconderá en los bosques, escuchándose de ella sólo la voz. Su presencia se anunciaba por la voz. Efectivamente el eco está hecho de palabras; es una sonoridad, una música. Didier Anzieu (1976) lo describe como un espejo sonoro. Ser entendida (comprendida, validada) por otra persona forma parte de la conformación psicológica sana del ser humano. Como dice este autor, la mitología griega conocía bien el inconsciente y como tal, Ovidio se dio cuenta de la importancia del espejo tanto visual como sonoro de la constitución del narcisismo.

El segundo punto, si prestamos atención a la narrativa, es que ante la proposición de Narciso para reunirse, Eco repetirá solamente la palabra unirse, cuya connotación es totalmente diferente. De esta manera, Eco puede manifestar su propio deseo de intimidad sexual (o relacional) con Narciso (Hannan, 1992). Con ello, Eco rompe la imagen sonora perfecta enviada para seducirle y se presentará ella misma como siendo el otro diferente con corporeidad e iniciativa. De alguna manera rompe el contrato relacional existente entre ambos.

Tercero, Eco estaba ya enamorada de Narciso antes de que éste reclamara su presencia física. De hecho, Eco le seguía furtivamente, esperando una oportunidad para repetir sus palabras y así manifestarse. Eco espía a Narciso y cuando puede, salta a abrazarlo como cualquier cazador que espera su presa. De alguna manera, Eco hace lo mismo que Juno: espiar y saltar cuando la presa cae en la trampa. El espionaje representa aquí la modalidad de interacción unilateral, un amor de una sola dirección.

Cuarto, el amor de Eco por Narciso crece y se retro-alimenta sin que Narciso haga nada por ello. El hecho de seguirle y espiarle de cerca alimenta su amor por él. No es pues el contacto con él lo que alimenta su amor. Lo que alimenta su amor hasta quemarla de pasión es la distancia, la espera y finalmente, el rechazo. Parece pues un amor idealizado, fantaseado puesto que el otro real no está presente.

En la clínica, observamos en este tipo de relaciones tres etapas fundamentales. La primera caracterizada por un inicio similar al amor romántico pero con mayor atención y dependencia de su pareja, así como deseos claros de complacer. En esta etapa, la persona puede obsesionarse con la pareja, negar y racionalizar el comportamiento problemático, así como dudar de las propias percepciones, intuiciones, dejar de mantener límites saludables y renunciar a amistades, actividades e incluso familia. En una segunda etapa, ya la persona ecoísta debe realizar mayores esfuerzos para minimizar los aspectos dolorosos de la relación. Aparece la ansiedad, la culpa (en forma de autoinculpación). La autoestima disminuye conforme va aumentando el compromiso de sí misma para mantener la relación. En otras palabras, la persona ecoísta va dando más, prácticamente sin recibir nada o muy poco a cambio, creciendo así la ira, la decepción, el resentimiento, la impotencia. Durante esta etapa comienzan los intentos de cambiar a la pareja. Suele haber algún tipo de violencia. El estado de ánimo empeora así como aumenta la obsesión, la dependencia, el conflicto, el retiro, el incumplimiento. Cuanto más desesperadamente la persona ecoísta intenta modificar a la pareja, más esa la rechaza, hasta llegar a escenas crueles. Tal y como lo señala Berman (1990), «The more desesperately Echo pursues Narcissus, the more cruelly he rejects her» (pp. 8-9). En la etapa tardía, los síntomas de esta montaña rusa emocional derivada fundamentalmente de los comportamientos, comienzan a afectar a la salud física y la persona ecoísta comienza a somatizar el estrés con trastornos del sueño, problemas digestivos, cefaleas tensionales, dolores musculares, trastornos alimenticios, recaída en adicciones, alergias, enfermedades cardiacas o autoinmunes. Los comportamientos obsesivo-compulsivos así como otras adicciones aumentan, al mismo tiempo que disminuyen en picado la autoestima y los autocuidados. Aparecen sentimientos de desesperanza, ansiedad, depresión así como ideaciones suicidas cuando no, intentos o suicidios fallidos. Posteriormente a ello, viene la separación y más adelante las recaídas, reiniciándose un ciclo.

La ambigüedad de la relación así como su carácter patológico en donde cada miembro de la misma atormenta al otro, se manifiesta en diferentes contextos de la narrativa mítica. Al respecto, hemos destacado el cambio de palabras –unión por reunión–, cambiando así el contrato relacional –de imitar por presentarse. Hemos destacado también el gesto de aproximación rápido que hace Eco, el cual no deja espacio ni tiempo para una respuesta del otro. Echarse al otro abrazándole es un gesto sin autorización del otro; lo que hace que este gesto tenga una connotación de asalto, de ataque, de fuerza. No es una invitación a amar al otro. Finalmente, Narciso se siente decepcionado por esa imagen sonora, esa voz que al alternar, cambia el propósito del encuentro que él proponía: «alternae deceptus image vocis» (Hannan, 1992). En esta relación ambigua, vemos que cada uno pretende presentarse al otro, con una demanda personal. Por un lado está Narciso, con su necesidad de fusionarse con el otro, con la finalidad de que este otro le refleje. Se trata de una relación maternal, pues el papel de la madre es esencialmente el de ser el espejo del infante. La demanda de Eco es también clara: pretende la unión marital con el otro sin que éste pueda decidir. La necesidad del otro parece así un imperativo más que un deseo.

El nudo del drama entre Eco y Narciso se sitúa justamente en el momento en donde intercambian el contrato relacional. La no reciprocidad del intercambio es puesta en evidencia cuando Narciso, escapando del abrazo de Eco, le dice: “moriré antes de que te adueñes de mí” [7]. A lo cual Eco responderá “te adueñes de mí” [8].

Etimológicamente y, en este contexto, el término «copia» hace referencia a la plenitud –en el sentido de abundancia (Bremkman, 1976)– que se siente ante el otro. La presencia amorosa del otro satisface el deseo del ser humano de sentirse completo. Nos hace sentirnos vivos, plenos, satisfechos. En este sentido, Narciso rechaza no solo la relación con el otro, sino ese sentimiento profundo de unión y de satisfacción que se alcanza con el otro. Por su parte Eco, a pesar del rechazo, acepta dar, ofrecer su presencia sin respuesta del otro y, en consecuencia, tampoco conseguirá satisfacer su deseo de plenitud ya que no hay reciprocidad en la relación. Eco, a pesar del rechazo, continúa amando a Narciso. Pero si prestamos atención al texto, Narciso no pudo escuchar las últimas palabras de Eco, o lo que es lo mismo, Eco habló sin auditorio, sin que nadie la escuchara.

La complementariedad de estas dos dinámicas relacionales ha sido puesta en evidencia en esa relación interpersonal. Este episodio mítico testimonia la gran sensibilidad de Ovidio «hacia su gemelidad y hacia una falta de un yo consistente en el narcisismo» (Savitz, 1986:332).

Eco y el espectro familiar

En esta parte de la narrativa, tenemos una rica descripción de la dinámica familiar. Mientras que Júpiter, esposa de Juno y padre de Eco, se abandonaba a los juegos amorosos con las ninfas de la montaña, hermanas de Eco, Juno (madre de Eco) lo intuía y quería saber qué ninfa concretamente era con la que su esposo se divertía. Eco, tan habladora, distrajo y divirtió incluso a Juno, de manera que durante ese tiempo las ninfas pudieran escaparse. Juno se da cuenta de lo que Eco intentaba hacer y en consecuencia, le condena a la ecolalia. El castigo de Juno es así una regresión hacia un estado anterior del desarrollo, es decir una vuelta al estado natural de la palabra humana. La ecolalia es una fase propia del desarrollo del infante (Barclay, 1993) y que debe desembocar en el desarrollo de la palabra. Al respecto, subrayar que el término infante viene del latín infans que quiere decir «sin palabra».

¿Qué significa el castigo de no poder iniciar una conversación? En esta primera metamorfosis, la condena a repetir las últimas palabras de la frase de los otros tiene consecuencias importantes. El pasaje de la conversación a la ecolalia significa una regresión importante. Significa igualmente una naturalización de la palabra, es decir el lenguaje humano se transforma en lenguaje natural –balbuceo– que consiste en emitir sonidos sin significado y dirección claros, lo que imposibilita el ser reconocido por lo otros. De esta manera, Eco no puede responder ni por el silencio, único espacio en donde la palabra del otro puede emerger, ni dirigirse a otro en primer lugar. En consecuencia, el castigo va en «… dirección inversa al proceso de subjetiviación» (Lafond, 1991: 1641). Dado que la humanidad del ser se adquiere en conversación con el otro dentro de un contexto intersubjetivo o interrelacional, Eco no podrá adquirirla y su proceso de humanización quedará comprometido. Sin palabra no hay expresión y sin ésta, no hay existencia humana. La pérdida de iniciativa al diálogo en Eco es la pérdida de la capacidad de dirigirse y, en consecuencia, de construir una relación intersubjetiva y hospitalaria con otra persona. En esta pérdida de la capacidad dialógica hay igualmente una imposibilidad de escucha del otro, lo que significa una imposibilidad de recibir al otro en tanto que invitado para ofrecerle la hospitalidad.

Hacemos un paréntesis para especificar que la conversación de Eco antes del castigo era un «parlar», es decir un hablar desmesurado, en abundancia, cuya finalidad no era comunicar nada, sino entretener. Esta manera de hablar, lejos de revelar al sujeto hablante como es el caso de la palabra dirigida (Arendt, 1961), lo que hace es aturdir al otro, dejándolo fuera de juego. Se trata más bien de una palabra compulsiva que sirve para confundir e incluso seducir. Se trata de un discurso vacío, un monólogo. Las palabras no revelan nada del sujeto hablante. Se trata de una palabra que, habiendo perdido su sentido específico de formar una comunidad humana, una unión, deviene un medio y no un fin en sí mismo. Ello se produce cuando se está por o contra alguien (Arendt, 1961). En este caso podríamos decir que Eco estaba contra Juno y con Júpiter y sus hermanas. Todo ello nos deja entrever conflictos entre los esposos, entre Eco y Juno y finalmente entre Eco, Juno y Júpiter.

Por otra parte, Eco está condenada a seguir al otro de cerca para que pueda repetir fielmente sus palabras. En otros términos, Eco no podrá mantener una distancia propia e inherente al diálogo, sino que es condenada a una relación simbiótica con el otro; una relación en donde haya fusión entre ella y el otro.

El castigo implica también una falta de iniciativa en la acción de ella. Ella no actúa sino que reacciona al otro, repitiendo las palabras: Eco es reactiva. En psicología, la reacción es del orden de la impulsividad y de la inmediatez (Laplanche y Pontalis, 1973). La impulsividad es «actuar» según la impulsión del movimiento donde los actos no son reflexionados sino espontáneos en el sentido de naturales, instintivos, es decir fuera del contexto de la conversación humana. En otras palabras, son actos involuntarios, automáticos, maquinales, reflejos.

La noción de inmediatez hace referencia a carentes de mediación, sin espera. La inmediatez es del momento presente. Inminente, de inminere, quiere decir amenaza. Se trata pues de una reacción ante la proximidad del otro concebida como amenaza y, en este sentido lo es, puesto que no hay mediación alguna entre ella y el otro. Se trata de una proximidad en donde ambos personajes pierden los límites. Se trata de una relación no intencionada, no dirigida, en bruto.

¿Porqué Eco toma el papel de distraer a Juno? ¿porqué Eco no mantiene relaciones sexuales con Júpiter como lo hacen sus otras hermanas? Ovidio nos muestra aquí una ninfa de la montaña, Eco, que no participa directamente de los juegos amorosos de su padre y hermanas pero que los favorece de manera indirecta. Para ella, parece más importante retener a Juno que dejarse ir ella misma a una aventura amorosa con Júpiter. Eco, de alguna manera, evita los contactos sexuales íntimos con los hombres y ello se refleja claramente en otras versiones más antiguas del mito de Eco. En éstas, Eco tiene un gran admirador, Pan, el dios de los bosques y las praderas. Pan castiga a Eco por su rechazo a unirse a él a ser desmenuzada por otros pastores. Eco rehúsa unirse a otro hombre y, de hecho, en la elección de Narciso no habrá consumación sexual con él.

Por otro lado, Eco tiene una gran complicidad con Júpiter manifiesta en el hecho de que protege su placer. Pero ¿dónde se sitúa su propio placer? En el grado de placer de Júpiter primero, de las ninfas en segundo lugar y finalmente en el de Narciso, la búsqueda afectiva de Eco «… toma el camino de la gratificación narcisista del otro» (Lafond, 1991: 1642). En otras palabras, Eco no parece tener un placer propio sino que éste parece ser el de satisfacer el de otros, incluyendo su madre, pero también veremos que se trata de una satisfacción indirecta.

Júpiter y Juno: padres de Eco

Júpiter es un ser divino, un dios en la mitología griega, que se caracterizaba por sus innumerables relaciones sexuales extraconyugales con mujeres más jóvenes. Tenemos aquí el personaje de un megalómano «eternamente infiel» con dificultades importantes ante la intimidad relacional, confundida con la intimidad sexual. Un personaje que necesita constantemente esa juventud perdida que no deja de anhelar en otros. En todo ello reconocemos marcados trazos narcisistas en la figura del dios Júpiter.

Juno, en la mitología griega, ha sido descrita en general de manera poco halagadora. Mujer extremadamente celosa, justificado en parte por las numerosas mujeres honoradas por Júpiter. Es descrita como una mujer colérica y rencorosa pues jamás olvida una injuria. Está persuadida de que los hombres son más felices que las mujeres y tienen mayor placer (sexual). De alguna manera, ella envidia a los hombres. En la mitología, Juno es la diosa protectora del matrimonio y se ocupaba especialmente de las mujeres casadas (Hamilton, 1996), protegiendo la integridad de sus hogares.

La relación entre los esposos no parece ser una relación recíproca puesto que Juno mantiene una relación de espía hacia su marido. Eco, por iniciativa propia, se interpone entre Juno y Júpiter y se convierte en una especie de chivo expiatorio entre aquello que es causa de litigio entre los esposos. Estamos ante la dinámica familiar en donde la triangulación hace acto de presencia. Este fenómeno se define como «una pauta de comunicación utilizando a una persona como intermediario» (Friel y Friel, 1988: 74). Eco ejerce una función particular en la economía psíquica parental, con lo cual ella no es una persona autónoma y diferenciada: «en particular el mito nos dice […] que cuando hay una conexión ausente […] entre padre y madre (Juno y Júpiter), la hija estará abocada a un papel de mediador en una alianza-estructura triangular, sirviendo como un afecto-puente entre ambos progenitores –[…] y al mismo tiempo aportando un portavoz o canal para el deseo no expresado de la madre que es el de conectarse con su marido y su vida» (Kalsched, 1980: 55).

El término «mouthpiece» se refiere a un medio para expresar las opiniones de otros. De hecho, en la etimología del término eco encontramos esta noción de portavoz, particularmente en el periodismo, en donde el término eco tiene la significación de propagación de una noticia. En este sentido, el término eco es concebido como un agente de difusión indirecto. Dicho de otro modo, el eco es la voz de la opinión (pública) de alguien y en ciertos países encontramos hoy esta apelación en un periódico donde las pequeñas noticias circulan.

«Como puente mediador en la indiferenciada atmósfera de dicho ambiente familiar, la hija nunca desarrolla su propia diferenciación interna y autonomía» (Kalsched, 1980: 55). En tanto que alma o principio del sistema familiar, Eco «… nunca llega ella misma a tener su propia ánima, a encarnarla» (Kalsched, 1980: 55). Dicho de otro modo, «nadie ha sido jamás eco de Eco» (Lafond, 1991: 1642). El alma es el principio, el fundamento, el origen, la fuente y no hay otro principio o fuente anterior. Así, comprendemos que el principio humano, el origen, reside en la mediación simbólica de una relación intersubjetiva con el otro, pero este principio no está encarnado por una persona dentro del sistema familiar sino por la cultura, lo simbólico entre las diferentes relaciones que se tejen en la familia. Sin embargo, en este tipo de familias, la persona que juega el papel de portavoz es elevada a la categoría de principio o fuente familiar; de ahí su sensación de no ser percibida por nadie ni nada y en consecuencia su sentido de desarraigo.

El mito nos ofrece una imagen apropiada de «la injuria narcisista oculta en la persona» (kalsched, 1980: 57) de Eco. En otras palabras, Eco «es el núcleo oculto, herido que nunca ha encontrado una voz real o sustancia encarnada en el mundo» (Savitz, 1986: 332).

Júpiter mantenía relaciones sexuales con las hermanas de Eco, y Juno es la madre de Eco. En definitiva, podemos hablar de un entorno familiar en donde el incesto está presente. Sin embargo, Eco no es la persona incestuada físicamente, sino sus hermanas. En la narrativa, Eco defiende a su padre y el acto incestuoso de Júpiter hacia sus hijas (hermanas de Eco). De alguna manera Eco desvía el deseo de su madre y defiende a su padre de la intrusión maternal. Eco mantiene una alianza secreta con su padre y forman así una coalición contra la madre, aunque el precio a pagar por el servicio prestado a Júpiter resulta muy caro. Eco lo paga con la pérdida de su alma, de su palabra, de su psique.

La transgresión del tabú del incesto entre Júpiter y las ninfas, la intromisión de Eco en el conflicto parental y las coaliciones familiares nos hablan de un entorno poco diferenciado, en donde las diferencias transgeneracionales están borradas.

A pesar del castigo del cual Eco es objeto, ella no maldice ni a Júpiter ni a Juno, lo que plantea interrogantes. Eco guarda el secreto sin decir nada, sin defenderse, tomando el castigo como si ella fuera verdaderamente la culpable, como si ella lo mereciera realmente.

La parentificación: el corazón del ecoísmo

A la luz de este mito, comprendemos que el complejo o la problemática ecótica puede emerger de un contexto relacional familiar disfuncional, y a temprana edad. En este mito, concerniendo a la ninfa Eco, «… se trata de una prohibición de la afirmación de una identidad singular» (Lafond, 1991: 1641). Es dentro de esta imposibilidad de que el yo devenga, donde el mito de la ninfa Eco se inscribe.

La obra de Alice Miller (1983) trata de una problemática particular que tampoco tiene todavía diagnóstico, aunque sí cuadro clínico. Desde su perspectiva, la problemática del narcisismo se extiende más allá del narcisismo patológico comprendido como la excesiva idealización de sí mismo, y recubre un espectro particular que es el de los infantes que juegan el papel de sus madres/padres; lo que ella llama el drama del infante dotado. La autora se sirve del episodio mítico de Eco, inmerso en el mito de Narciso, para ilustrar la problemática de estos infantes dotados, inteligentes y sensibles que van a investir a sus madres/padres, produciéndose así una inversión de papeles en donde el infante cuidará de su madre, asegurándose así su amor:

«esta actitud es luego desarrollada y perfeccionada, hasta que estos infantes lleguen a ser […] de sus madres, y que se ocupen de sus pequeños hermanos y hermanas, desarrollando una sensibilidad particular por las señales inconscientes de las necesidades de los otros » (Miller, 1983: 20).

El síntoma central de estos infantes, una vez llegados a adultos, parece ser la depresión. La compulsión a la repetición de este escenario se traduce por una puesta en escena consistente en encargarse de otra persona, y así existir en su rol maternante, con la oculta esperanza de que un día, a su vez, alguien haga de madre. La falla del papel maternal parece subyacer a esta problemática. Esta se acompaña de un profundo sentimiento de vacío, de absurdidad, de sin-sentido y de desarraigo. Sienten una necesidad profunda de recibir eco, de ser reflejados, vistos y comprendidos.

Nos encontramos una vez más con la misma problemática, los mismos síntomas y el mismo escenario de origen: la inversión de papeles revelado de hecho por otros autores cuando hablan del fenómeno de parentificación.

En la obra de Donaldson-Pressman y Pressman (1994) estos autores analizan el carácter mitológico de los personajes Eco y Narciso, describiendo así las características de una familia narcisista o disfuncional. Hacen especial hincapié en las relaciones e interacciones de familias en donde el sistema parental, de trazo marcadamente narcisista, encubierto o abierto, tiene consecuencias nefastas para la prole. En dichas familias el papel parental de conocer las necesidades de la descendencia, con la finalidad de satisfacerlas, está invertido de tal forma que son los infantes, en especial alguno, los «encargados» de conocer las necesidades parentales para satisfacerlas. Son roles asignados como guiones. Lo que caracteriza a estas familias es la comunicación indirecta, la triangulación, la falta de accesibilidad parental, los límites y barreras generacionales oscuros, la falta de autoridad. El pervertido trazo común de estas familias es siempre el mismo: la primacía de las necesidades parentales sobre las necesidades de la progenitura. Así las necesidades de la prole no sólo son secundarias, sino que se ven dañadas y comprometidas seriamente, de tal manera que éstas no son conocidas ni por ellos/as mismos/as. El comportamiento de los infantes es evaluado siempre en términos de su impacto en el sistema parental. Con el tiempo, estas personas parentificadas descubren que sus sentimientos tienen poco valor o más bien tiene un carácter negativo. Comienzan por distanciarse de sus sentimientos, perdiendo así contacto con ellos y con su corporeidad. Negar los sentimientos resultó funcional en una época de sus vidas. En vez de comprender, reconocer y validar sus propias necesidades, estas personas «ecoístas» desarrollan un exagerado sentido de su impacto en las necesidades de los padres, convirtiéndose así en el reflejo de las necesidades emocionales de estos. Estas necesidades se convierten en «un blanco-móvil por el cual luchan por apuntar» (Ibid, p. 6), desarrollando así un profundo sentido de fracaso. Los orígenes de este tipo de familia hay que buscarlos en el seno de la sociedad y de la cultura en la que estamos inmersos. Para estos autores la olvidada leyenda de Eco y Narciso representa la metáfora de la familia narcisista. Narciso representa el sistema parental mientras que Eco representa la progenitura que intentará tener la atención y la aprobación de los padres a través del reflejo reactivo de las necesidades emocionales parentales sin desarrollar así jamás su propia voz.

Y es que ante la dificultad de dar nombre a esta problemática de corte narcisista, existe una unanimidad bastante consensuada sobre su origen sistémico. En el corazón de las relaciones ecoístas, codependientes –addictive relationships– se encuentra el concepto de parentificación (Olson y Gariti, 1993). La parentificación se entiende como una situación de inversión de papeles en la cual el/la niño/a es situado en el papel de abuelo/a o padre/madre de su propio progenitor. La parentificación implica una distorsión de una relación como si el/la niño/a fuera el otro progenitor. En la parentificación, es cuestión de una apropiación inadecuada de la autoridad parental, dando como resultado la interiorización en el/la niño/a de un sentimiento profundo de victimización y de injusticia. Lo que es importante revelar es que el infante se encuentra a menudo en el papel de llenar el vacío de los progenitores. Concretamente, este cumple las funciones de uno de los dos padres (Boszormenyi-Nagi y Spart, 1973). Bowen (1978) cree que las dificultades relacionales de los padres que no han sido resueltas, se canalizan a través de una relación de triangulación en donde el infante parentificado es uno de los vértices del triángulo. La incorporación patológica del/de la niño/a es necesaria para mantener la relación diádica parental y así el sistema familiar puede mantener su equilibrio.

Las consecuencias de esta parentificación son importantes y están relacionadas con la noción de pérdida y abuso. Así, la pérdida en el proceso de parentificación es particular. Para el infante parentificado, éste se convierte física y emocionalmente en cuidador –caretaker– de uno de sus padres o algún otro miembro familiar, produciéndose una pérdida real de su infancia. La persona parentificada entra rápidamente en el mundo de las obligaciones, orientado a la realización de tareas –task-oriented activities–, sacrificando su propio tiempo y esfuerzo mientras que, al mismo tiempo, sufre de la pérdida de ser cuidado por el progenitor del cual se encarga. Pero además, se produce un abuso denominado incesto psicológico ya que el infante parentificado es investido en tanto que cónyuge, pudiendo en algunos casos ir hasta el abuso físico –sexual– del mismo.

Boszormeny-Nagy y Spart parten del principio de que la progenitura está ligada a sus progenitores, pues su supervivencia depende de ellos. Ocurre que en determinadas circunstancias de negligencia, abandono o sobreprotección, el infante «comprende» que las necesidades de los otros, en este caso de los padres, adquieren primacía por encima de las suyas propias. Se trata de situaciones en las cuales este siente que si el progenitor no es apoyado (maintained), su propia existencia, es decir su yo más profundo (self), correrá serio peligro. Aquí empezamos a ver los comienzos de la confusión de límites o de fronteras generacionales entre los miembros de la familia, es decir el enmarañamiento relacional (enmeshed). Cuando el infante parentificado estructura su comportamiento al servicio de otras personas, la pérdida es fundamental: su propio yo (self), su persona. En su lugar, emerge un yo adaptativo, en general (hiper)responsable que llegará a ser cada vez más real, hasta confundirse. En este sentido, las pérdidas de esta persona parentificada durante este proceso son numerosas y variadas. Estas pueden incluir la pérdida de experiencias personales, tales como el afecto –caring– y la crianza –nurturing– por parte de los padres, así como otras formas de validación. Hay igualmente una perdida de objetivos y de identidad. Una de las consecuencias más grandes de este desarrollo es la incapacidad para adquirir un sentido propio del valor personal. Cuando más tarde, una vez adulto, la persona experimenta la pérdida de alguien próximo como un cónyuge, la experimenta como una perdida de sí mismo. Así, la ansiedad de separación, la depresión de abandono y mismo el suicidio son susceptibles de aflorar. Esta sintomatología indica generalmente muchas cosas: fallas a nivel de la diferenciación individual, posibilidad de la existencia de problemas de personalidad y soluciones extremas arraigadas en la propia familia de origen. Este tipo de personas, una vez adultas, tienden a repetir el mismo patrón en las relaciones amorosas, encontrando una y otra vez a personas de corte narcisistas a quienes fusionare. La pérdida de estas relaciones tóxicas es evitada a costa de sí mismas, pero cuando inevitablemente llega, experimentan esta pérdida de manera tan insoportable, que idean el suicidio como salida. Frases como son a menudo escuchadas en el cuadro psicoterapéutico: «siento como si hubiera perdido una parte de mí mismo», «me siento como si no supiera quien soy ahora», «es como si la tierra desapareciera y estuviera suspendida, sin raíces», «es el vacío». Lo que pasa a menudo es que en este tipo de relaciones disfuncionales, la persona (co)dependiente sostiene, nutre narcisísticamente, admira, idolatra al cónyuge, con la inconsciente finalidad de recibir aquello que no recibió de sus padres. La paradoja es que nunca llega ese momento. En otros casos, ni espera, simplemente por procuración obtiene su propia valía.

Para las relaciones atrapadas en este círculo relacional tóxico, esta relación adictiva tiene un sentido. La función subyacente de estas dinámicas repetitivas o compulsivas es instaurar la relación en su estadio original de desequilibrio –allí donde se produjo la falla– en el cual, cada cónyuge puede entonces poner en práctica su papel adaptativo e históricamente confortable, mas sin embargo destructivo. En este sentido, el cónyuge narcisista es utilizado como objeto transicional, objeto material cuya función psicológica fundamental es suplir ciertas funciones maternas cuando la madre está ausente. Constituye una fuente de seguridad para el infante; permite constituir un área intermedia entre él mismo y la otra persona, entre sí mismo y la realidad. Dicho objeto es tanto objetivo como subjetivo. Objetivo porque se materializa en un objeto o persona real y subjetivo porque imaginativamente se le atribuyen ciertas funciones (Winnicot, 1982).

Del mito a la realidad: Raquel (Heredia, 1998), un ejemplo de personalidad ecoista

Raquel: Contexto

Raquel es una madre que un día descubre que su hija es adicta a la heroína. Desde entonces, hará todo lo posible por sacarla de ese mundo de la drogadicción, llegando a reducir prácticamente su vida a dos actividades: el trabajo y salvar a su hija. Durante este duro y penoso trayecto, Raquel se sumerge en las profundidades más abismales de su propio vacío existencial del cual no saldrá. Así mismo, la obra no solo culmina con la muerte de su hija, consecuencia del SIDA, sino también con la pérdida de la razón de vivir de Raquel quien se aferra a sus dos nietos para intentar restaurar el lazo afectivo con Ada y que no pudo encauzarse de otro modo. Con la presencia de estos dos niños, Raquel llena el vacío de su propia existencia sin llegar a cuestionárselo.

A pesar de que muchas cosas del mundo de Raquel se transforman a partir del problema de heroína de su hija, Ada, hay ciertos trazos de personalidad en Raquel presentes mucho antes de que Ada desarrollara su adicción a la heroína que nos dan una perspectiva del mundo codependiente en el que Raquel y toda su familia vivieron.

Raquel, su marido y la familia

Su marido nos es descrito como un hombre mujeriego, seductor y manipulador. A pesar de que Raquel se percató enseguida de estos rasgos de carácter, ella lo eligió como marido y padrei. El futuro marido y padre resultaba ser una persona más bien narcisista, centrado en su apariencia de bohemio-intelectual con marcado aire donjuanescoii. Tenía dones «naturales» para la manipulación y no dudaba en utilizar a cualquiera, mismo a su hija, para conseguir sus finesiii. Aunque el físico de este hombre debía ser más bien exquisito, su punto de atracción estaba más bien en que Raquel tenía la firme convicción de poder cambiarloiv. El tema de querer cambiar al otro, moldearlo como si de arcilla se tratara, nos recuerda a la leyenda judeo-cabalística del Gólem (Hajer, 1988) o el mito moderno de Frankestein. Esta pretensión nos sitúa delante de una construcción de carácter delirante en donde lo interior se confunde con lo exterior, con la realidad. El término delirante hace referencia a una confusión entre ambos planos (Castilla del Pino, 1997) que en el caso de Raquel se expresa en la confusión entre ella (interior) y su marido e hija (exterior). Esta forma de dependencia parece ser un fenómeno muy antiguo, y hace referencia al delirio de grandeza del creador desplazado hacia la criatura, ese ser cuasi-perfectov. El tema de la creación, por parte del hombre, de una criatura cuasi-perfecta nos habla de la pretensión, en Raquel, de jugar a ser Dios (omnipotencia). Ello se acompaña de la negación a aceptar la realidad tal y como ésta se presenta refugiándose en un ideal: la construcción de otro yo pero perfecto o casi.

Lejos de conseguir moldearlo, su marido la abandona dejándola por otra. El abandono y la traiciónvi representan el tema central de la vida de Raquel, y está presente a lo largo de todo el libro. El abandono es el desenlace de su matrimonio después de haber aceptado bastantes situaciones humillantesvii, denotando así un cierto trazo sadomasoquistaviii de la relaciónix. Raquel no sólo no superó este abandonox sino que además ella se sumerge en un agujero del que no encuentra salidaxi.

A pesar de todo el rechazoxii y el abandonoxiii del que Raquel fue objeto, esta siguió amándolexiv. Esta trama recuerda a la narrativa mítica de Eco y Narciso (Lafaye, 1961). Narrativa explorada por diversos autores (Cermak, 1986; Miller, 1983); Donaldson-Pressman y Pressman, 1994) bien como una metáfora de la condición codependiente o bien como una metáfora de una condición clínica particular, todavía sin nombre, pero asemejándose a la problemática de la codependencia (Lafond, 1991). Raquel se comporta exactamente como Eco, quien habiendo sido rechazada y humillada por Narciso, sigue estando enamorada de él; pasión que acaba por consumirla, como de hecho pasa con Raquel.

Si el sentido familiar pareció tambalear y resquebrajarse con el problema de la heroína de Ada, en realidad la familia ya estaba mal desde mucho antesxv y de hecho, Raquel sabía que los cimientos sobre los cuales su familia se asentaba eran muy frágilesxvi. La familia de Raquel presentaba serios problemas, explícitamente alrededor de la figura paternal. Uno de los elementos más indicativos del problema familiar era el fantasma incestuoso. Raquel pone de manifiesto su miedo, inconsciente en un principio, de una relación incestuosa entre padre e hija. Raquel elabora este miedo en sus incesantes y angustiosos sueños llegando a transformarse en pesadillasxvii. Sin embargo, este miedo inconsciente parece estar justificadoxviii.

En lo que a la familia se refiere, en Raquel se refleja una necesidad –y búsqueda– incesante de la figura paterna. En realidad esta figura paterna no es más que la necesidad de un orden, una estructura, una leyxix y de cuya carencia nace un profundo sentimiento de vacíoxx. La estructura, el orden, hacen referencia a una organización en dónde, para que su funcionamiento sea óptimo, el establecimiento y el reconocimiento de diferencias es necesario; diferencias fundamentales para el desarrollo y formación de la persona que evitan la confusión entre el sujeto humano y los otros. Sin el otro diferente la sensación de incompleto se impone y el ser humano se siente vacío; todo se viene abajo y se desmorona y eso es lo que le ocurría a Raquelxxi. Estas reflexiones nos adentran en la necesidad de la presencia del padre en la familia. Sin él, la familia está incompleta, rota, creando así una especie de vacío a diferentes nivelesxxii.

En la familia de Raquel, a parte del marido, la otra figura paternal era el abuelo, pero éste por cuestiones de edad, tampoco ejerció de autoridad, es decir, en la familia de Raquel hay una clara y manifiesta ausencia de la presencia adultaxxiii. La falta paternal parece haber sido remplazada por un bienestar y confort materialesxxiv. La familia de Raquel parecía vivir una situación confusa y caótica, en el sentido de falta de reglas, de autoridad.

Otro indicativo de la confusión familiar era la desaparición de la barrera generacional madre-hijo(s)(as). A lo largo del libro, vemos como esta distancia que separa la generación de la madre y la de los hijos se acorta llegando incluso a desaparecer; lo que sume a la familia en una deriva por la desaparición del elemento último de orden y estructura. Raquel quiso establecer una relación amistosa para con sus hijosxxv; situación que ella misma cuestionaráxxvi. Esta relación de amistad se ve claramente en la relación con Adaxxvii. Raquel llegó incluso hasta hacer suya una amiga de su hijaxxviii. Por otro lado, Ada comparte los amigos de su madrexxix; llegando incluso a tener relaciones sexuales con alguno de ellosxxx. Si bien en este tipo de situaciones no hay incesto, se puede sentir una cierta transgresión sexual; como un incesto desplazado o estupro.

En la relación de Raquel con Ada, no solamente hay una distancia que se borra sino que hay también una especie de inversión de roles. Así, Raquel vuelve a iniciar la relación con su ex-marido a petición de Adaxxxi.

Esa manera de tratar a los hijos como amigos, esa competencia que Raquel establece para con su hijaxxxii, esa dificultad a estar presentexxxiii, a poner límites cuando la situación lo requierexxxiv, a decir noxxxv, parecen más bien índices de una dificultad en Raquel a asumir su papel de adulto y madre.

Raquel y Ada (madre e hija)

Lo primero y más sobresaliente de esta relación es el carácter simbiótico y fusional de la mismaxxxvi. Así, a Raquel le empiezan a aparecer unas manchas (hematomas) similares a las de los heroinómanos. Esto revela una incorporación –embodiment– del sufrimiento de su hija. Las manchas, calificadas por Raquel de estigmas, representan la marca de una especie de identificación. La significación etimológica del término estigma parece muy revelador en este caso. Así, dicho término hace referencia a una marca corporal, símbolo de participación del dolor espiritual del otro. Es una marca de esclavitud y es que, en efecto, Raquel se convierte en una especie de esclavaxxxvii. Es como si Raquel se apropiara de la vivencia de su hija, no solamente a nivel corporalxxxviii sino también a nivel moralxxxix. Sin embargo, a pesar de que Raquel muestra una dificultad en separar la experiencia de su hija con la suya propiaxl, hay que subrayar la existencia de una distancia abismal para con ella y esto se revela en una excesiva idealización de Ada por parte de Raquel. En efecto Raquel idealiza a Ada, la pone en un pedestal, la mitificaxli y al hacer esto la expulsa de su mundo cristalizándola en un más allá inalcanzable, idílico e imposible de tocar. De alguna manera, Raquel parece haber depositado en Ada todas sus aspiraciones y esperanzasxlii y en cierto modo vivía de ella y en ella; Raquel era Ada y Ada Raquel y aquí encontramos de nuevo esa construcción delirante en la que Raquel vivía lo de su hija como propioxliii. Es en cierto modo, lo que hizo también con su marido. Esta situación de incorporación y expulsión se expresa en una relación de amor y odioxliv. Son dos movimientos fragmentados que se reflejan en toda su cosmovisión. Así, para Raquel, la familia y la profesión son incompatiblesxlv. El mundo esta dividido sin una mediación –rol paternal– posible; lo que le imposibilita habitar un mundo real y humano. Para Raquel, el vivir se había convertido en un vegetarxlvi.

Esta ambivalente relación entre Raquel y Ada aparece contaminada por una competencia entre ambas, competencia de la que solamente Raquel es conscientexlvii. De alguna manera, es como si Raquel tuviera envidia o celos de su propia hija y se pusiera a su altura a competir, como si de amigas se tratara. Y es que, en efecto, Raquel siempre trató a Ada más como una amiga que como hijaxlviii. En esta consideración, constatamos la ausencia de una barrera transgeneracional, es decir, Raquel suprime, transgrede, los limites entre dos generaciones: la suya y la de su hija.

Ada fue testigo del sufrimiento conyugal de su madrexlix. Ada desarrolla, pues, un apego fuerte hacia su madre hasta el punto de convertirse en una especie de sombra vivientel. Sin embargo, más tarde Raquel llegaría a convertirse en la sombra de su hijali. Así, la actitud predominante en esta relación es la vigilancialii. Ada llegó a convertirse en el objeto de obsesión de Raquelliii, el monotema del delirio. En la obsesión, no hay una distancia hospitalaria y acogedora para recibir al otro. La obsesión se caracteriza por su aspecto invasor ya que ella invade todo el campo de la consciencia. Lo que caracteriza toda obsesión es su constancia, su insistencia. La obsesión no permite el descanso, el reposo. La obsesión es una fijación.

Para Raquel, la relación con Ada, lejos de madurar, representaba una regresión, una vuelta a un estado primario y primitivo en el que ella debía estar constantemente a su ladoliv e implicaba un dejar de lado una parte de su vidalv. Pero Raquel tenía muy asumido su papel de salvadoralvi habiéndolo intentado primero con su maridolvii y luego con su hijalviii. Raquel llegó a centrarse tanto en el problema de Ada que desatiende al resto de sus hijoslix.

La falta de presencialx y de diálogo de Raquel para con sus hijos está claramente manifestadalxi a lo largo de toda la obra. Concretamente, en cuanto a la relación con Ada, Raquel era incapaz de abordar abiertamente con ella ciertos temas que le pudieran hacer cuestionarselxii. Sin embargo Raquel pensaba que hablaba con su hija con libertad y claramente solamente porque permitía a su hija cosas que ella no había tenido o podido, siempre en referencia a una cierta filosofía de vida liberal alrededor del sexo y la rebeldía contra un orden establecido de carácter dictatorial. Raquel aparece como el prototipo de una generación –babyboom– fruto de un contexto socio-político en donde la autoridad se confundió con autoritarismolxiii y se quiso compensar esta ruptura con el orden social anterior con una substitución de valoreslxiv. El resultado parece haber sido desastrosolxv.

Trazos de la personalidad de Raquel

Llama la atención la actitud de Raquel de no querer ver la realidad de su vida, tanto familiarlxvi, como personallxvii. Esta manera de negar le impide hacer frente a la realidad.

Raquel se presenta como una mujer con grandes complejos de inferioridadlxviii, con una baja estima y una gran desvalorizaciónlxix. Además, Raquel tiene tendencia a comportarse de manera más bien autodestructiva lo que le hace perder la poca estima que le quedalxx.

Raquel tiene gran dificultad de expresión y elaboración de sus propios problemas personales; a falta de elaborarlos, ella los somatizalxxi. La somatización es pues una válvula de escape; una manera de digerirlos sin una elaboración psíquica.

En Raquel hay una división –split– entre la realidad y lo ideal, entre la razón y los sentimientoslxxii, entre la vida profesional y la familiarlxxiii. Esta separación del mundo en dos partes incompatibles, se asemeja a una herida que no puede cicatrizarse lo cual, dificulta una percepción global y matizada de la realidad y al mismo tiempo transforma su percepción deformándolalxxiv.

Raquel presenta síntomas claros de depresiónlxxv, melancolíalxxvi e incluso pensamientos de suicidio y de muertelxxvii. Ella siente que efectivamente algo no iba bien en ella, que necesitaba con urgencia una ayuda profesionallxxviii. Así Raquel va a consultar dos psiquiatras, abandonando el tratamiento al poco de empezarlxxix. Raquel se cierra las puertas que pudieran abrirle nuevos horizontes o perspectivas. Se cierra en una actitud más bien defensiva bajo el pretexto de conocer la causa de lo que le pasabalxxx.

Raquel presenta gran dificultad para situarse en la relación con los demás; es como si ella se ausentara de la escena dejando ésta para el otro. De alguna manera, Raquel está ausente en la relación con los otros; es como si ella no existieralxxxi. Con ello, evitaba tomar posición ante los demás. Raquel evitaba ante todo y sobre todo el abandono del otro y, sin embargo, tal como profecía autorrealizadora, el abandono acababa sucediendo; lo que sumía a Raquel en un vacío profundo. Raquel buscaba llenar un vacío existencial, el que guiaba todas sus acciones. Este tema del vacío, aunque no verbalizado claramente, aparece en forma de sueñolxxxii.

A pesar de toda la actividad de Raquel –que la mantenía ocupada– y de todo su estilo de vida “liberal”lxxxiii en donde predominaba la ida y venida de mucha gente convirtiendo su casa de verano en una especie de comunalxxxiv permisiva, Raquel estaba solalxxxv. Ella se aísla cada más y este aislamiento se reflejaba a todos los niveles: amigoslxxxvi, trabajolxxxvii. Su aislamiento viene de ella pero también desde el exterior de ellalxxxviii. Sin embargo su soledad databa de mucho tiempo, y ello se veía claramente en su sus esfuerzos por desempeñar los roles de madre y padre a la vezlxxxix, aunque al final no desempeñara ninguno en concreto. A pesar de su soledad, ella concebía el ser humano como un ente aisladoxc. Esta concepción viene de su propia dificultad a ser ella misma cuando está con otros; en cuanto está con otros, como por ejemplo sus hijos, una parte de ella la deja de lado. Es como si ella se desdoblara, se desdibujara para ocupar el papel de madrexci. El problema parece ser el hecho de su única dimensión que no era ni exterior ni interior, sino un vacío, una nada. Raquel no se otorgó ningún momento para ella en donde pudiera restaurar la barrera entre interior y exterior pudiendo así introducir un orden en su vida. De ahí probablemente su proprio sentimiento de vacío. Raquel vivía en una especie de errancia ya que siempre estaba en el exterior de la casa, ocupada ya sea en su trabajoxcii, ya sea en su hijaxciii.

La soledad de Raquel habla más bien de un retiro del mundo, de un situarse a parte, al margen de éste. Este retiro se refleja en su idea de vivir en un paréntesisxciv, en una especie de estado de hibernaciónxcv. Raquel estuvo durante una buena parte de su vida en una especie de fuera de juego que la distanciaba del mundo realxcvi. Es como si una parte de su vida estuviera suspendida, fuera del tiempo humanoxcvii. Era un paréntesis oscuro, silencioso y sin horizontesxcviii. Finalmente, el paréntesis en el que Raquel había vivido durante muchos años parecía más bien el habitáculo de una prisión. Raquel estaba atrapada en una única dimensión natural y no podía alcanzar la dimensión humanizante que es la de la mediación, la cultura, la de la intersubjetividad que le hubiera llevado a estar en contacto con el otro de manera diferente a la que ella conocía: la apropiación.

La adicción latente de Raquel pone en evidencia esta dificultad de vivir la vida, de implicarse en ella, de entrar en el juego. Efectivamente, Raquel muestra y verbaliza a lo largo de su libro una relación problemática con determinadas sustancias y actividades. En lo que a las sustancias se refiere, destacan el cánnabis y el alcohol. El problema estaba en la actitud de Raquel, quien utilizaba dichas sustancias para relajarse, dormirxcix, desinhibirse y olvidarc. Su dependencia hacia el alcohol fue creciendo hasta convertirse, durante un tiempo, en su refugioci. Raquel incluso llegó a comprender muy bien cómo y por qué se llega a la toxicomanía puesto que fue lo que a ella le paso viéndose atrapada por la drogacii y de hecho, reconoce en un momento que casi llega a convertirse en alcohólicaciii. La necesidad del alcohol era tan imperiosa que tenía que salir a buscarlo –si no lo tenía– a cualquier hora del día o de la noche aún pagando un precio exhorbitado por dicho productociv. Raquel reconoce ser una toxicómana en potenciacv. Pero además, ella se hace partícipe de la toxicomanía de su hijacvi

En lo que a las actividades respecta, llama la atención no el hecho de trabajar para mantener y sacar adelante a la familia, sino esa especie de trabajar compulsivo, ese trabajar sin descansocvii para mantenerse ocupadacviii y no cuestionarse sobre su vida que ella califica de tristecix. El trabajo, más que una ocupación, parecía una forma de fuga, de huida, de escape ante una situación personal y familiar impregnada de un vacío y falta de una razón para vivir digna y humanamente. La consecuencia era su ausencia. Raquel estaba ausente, fuera de juego, no solamente a nivel familiar sino también personal. El trabajo la mantenía más que ocupada hasta el punto de convertirse en su sola dedicacióncx. Raquel estaba tan ausente que no tenía tiempo ni para dedicárselo a ella mismacxi. Pero en general, en Raquel no es solamente una cuestión de falta de tiempo, sino de un hacer compulsivo sin pensar en ella mismacxii. Así por ejemplo, a pesar de todo lo que paso con su marido y tras la dolorosa separación, ella vuelve con él a petición de Ada.

Raquel vivió durante muchos años una vida febrilcxiii, si parar de hacer cosas ni darse tiempo, sin descanso ni treguacxiv. Vivía en una situación de urgencia continua que le impedía pararsecxv. El mundo de Raquel estaba dominado por la inmediatez de la urgencia del momento presente. La dimensión de lo mediado estaba borrada. Raquel no tenía la posibilidad de pararse y elaborar puesto que no se daba un espacio y un tiempo para ello. Pero ¿elaborar qué? Elaborar ese vacío existencial, ese paréntesis en el que su vida y ella fueron sumergiéndose, ese abandono, esa falta de nexo de unión. Elaborar una narrativa de su vida para que ésta tenga un sentido y una razón de ser propia. En realidad se trataba de elaborar una separación de un mundo inmediato, infantil y sin palabras tan añorado por ellacxvi para entrar en un mundo real y adulto, donde la mediación representa la única vía de acceso al otro, al mundo humanocxvii. Esta dificultad de separación de un mundo inmediato se refleja en la imposibilidad de Raquel de decir nocxviii. El aprendizaje del no conlleva, en la evolución del ser humano, a la elaboración de un momento crucial –turning point– que es el de la separación del mundo simbiótico maternal, ese paraíso terrenal en donde el niño vive en una unión fusional con la madre para así darse la vuelta y entablar relación con el otro, el padre, de una manera más elaborada y madura por mediación del lenguaje. El aprendizaje del no permite al ser el pasaje de un mundo natural inmediato a un mundo humano mediado. En otras palabras, el saber decir no es el primer paso de la emancipación del ser humano; proceso que conlleva su humanización. Sin el aprendizaje del no, dicho proceso corre un serio peligro: el de estancarse en relaciones infantiles.

La obra de Raquel termina con la muerte. No se trata solamente de la muerte de su hija Ada, sino de su propia muerte simbólica manifiesta en ese vivir que era más bien un vegetar. De alguna manera, Raquel no vislumbra el horizonte de lo intersubjetivo; se queda en la verticalidad oscura que la conduce a un pozo vacío que hay que llenar. Así, Raquel, a la muerte de su hija, se aferra a sus dos nietos, todavía de corta edad, pero sobre todo que la necesitaban. Esa sensación de ser necesitada por otro era lo que Raquel buscó constantemente durante su vida sin encontrarlo. A pesar de todos sus esfuerzos, Raquel siguió luchando para llenar un vacío que nunca podrá ser llenado.

La vida de Raquel había estado orientada hacia los demás, sobre todo su hija; de tal manera que cuando los otros desaparecen, ella se queda sin razón de existir; su vida no tiene ya ningún sentidocxix y de ahí su sentimiento de vacío.

Notas

1. Extracto de un escrito de una persona amante en el transcurso de un proceso terapéutico.

2. Alcohólicos anónimos (A.A.), Codependientes anónimos (ACOA).

3. «Imago vocis es el modo de llamar al eco en latín y en griego. En tal juntura se ve perfectamente la unión visión-sonido». (Alvarez e Iglesias, 1997; 285).

4. Aquí he traducido directamente de las versiones francesas e inglesas que dan más fidelidad del cambio de sonidos que hace que Narciso se siente engañado pues ya no es la imago vocis, sino los deseos de Eco los que se manifiestan por esta pequeña alteración de sonidos.

5. Las versiones francesa e inglesas, parecen traducir el término latino coeamus –en su doble sentido de “reunirse en un lugar” y de “unirse amorosamente” (coitus)–, por unirse».

6. Una vez más utilizo las traducciones francesas e inglesas.

7. “Quam sit tibi copia nostri”.

8. “Sit tibi copia nostri”.

Citaciones de la novela

i. «Conocí al que sería mi marido en los exámenes de ingreso a la Escuela. Era uno de los más guapos y arrogantes de cuantos se presentaban; con un estudiado toque de desaliño y, sobre todo, de despiste, como por ejemplo, y fue una de las cosas que me chocaron en él, que llevaba los calcetines de colores diferentes y, naturalmente, los enseñaba para que se lo dijeran y hacerse el sorprendido. Le acompañaba una chica rubia, alta y vistosa que aparentaba ser su novia, y, bajo el brazo, un grueso tomo encuadernado en piel marrón que le mostraba al primero que se lo pedía: resultó ser el cuaderno de apuntes de rincones y edificios de París, ciudad en la que, según él, había pasado los últimos años, preparando su ingreso en arquitectura. Los dibujos tenían calidad y los colores resultaban excelentes, pero el cuaderno era de su padre y él nunca había estado en la bella ciudad del Sena […] a pesar de todo, lo elegí para ser mi marido y el padre de Ada» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 27-28).

ii. «Mi marido era mitómano, lo sabía; mujeriego […] así como ansioso del sexo no siempre ortodoxo […] encantador y maestro de resortes en el arte de enamorar […] fabulador» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 31).

iii. «Buen padre en apariencia, lo fue mucho con Ada durante los primeros años de vida de la niña hasta convertirse en imprescindible. Se la llevaba, siendo bebé, como un juguete precioso […] como si se tratara de una princesa y fardaba; más tarde me enteré de que ligaba gracias a ella, pobrecita, abandonada por su madre nada más nacer… ¡Claro!, a la niña le salían madres voluntarias a montones pensando en la recompensa: el padre. Y por eso, cuando la niña creció y fue prematura en el hablar, muy charlatana y cotilla, a él ya no le hizo tanta gracia y no se la llevaba a pasear con la asiduidad del primer año» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 32).

iv. «En realidad, me sentía tan segura de mi y tan fuerte, que, como una moderna Juana de Arco, di por descontado que aquel guapo muchacho de ojos azules, cabello claro y magnifico estilo, cambiaría en mis manos como si se tratara de arcilla, convirtiéndose en un ser cuasi-perfecto, el mejor engendrador para la hija que soñaba, un marido aceptable y hasta un buen periodista» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 28).

v. «… convirtiéndose en un ser cuasi perfecto, el mejor engendrador para la hija que soñaba, un marido aceptable y hasta un buen periodista» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 28).

vi. «Pero sobre todas las cosas me sentía traicionada en la amistad» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 43).

vii. «Los días que siguieron a aquel momento del despertar a la verdad fueron terribles, me puse enferma, creí morir, supliqué amor…¡y de qué modo! […] Andrea y mi marido aparecieron por la casa algunas horas después de nuestro regreso y alabaron el trabajo que habíamos hecho convirtiendo el que había sido su picadero en hogar para una familia con cuatro niños […] Y cuando a veces se había equivocado al pronunciar mi nombre y decir el suyo, no era una casualidad… Y las desganas amorosas, pues él no era hombre que aguantara muchas cabalgadas… […] De madrugada desperté y me encontré sola. Me vestí y bajé a la playa en busca de mi esposo […] Estaba dentro de su coche; entré, aparentaba dormir, pero pronto, al sentirme, abrió los ojos. Le pregunté con una voz que apenas se oía: ¿Es que no sientes nada por mi, no estás enamorado, no te atraigo como mujer ? ¡No! ¡No! ¡No!… empecé a llorar amargamente… […] Me confesó cruel y llanamente que Andrea le atraía irresistiblemente, pero no de ahora, sino desde hacia años. Si me había dado hijos era porque yo le inspiraba compasión [… ] Sin más, se acostó y se durmió […] Le desperté con caricias y arrumacos que había visto en alguna revista porno –no me importaba comportarme como una prostituta (es lo que el me dijo la primera vez que se me ocurrió)–, y… conseguí que hiciera el amor conmigo… Aún hoy, al cabo de tantos años, me resulta penoso recordarlo, porque una vez hubimos terminado, se levantó y se fue al cuarto de baño a vomitar. Aún hoy se me llenan los ojos de lágrimas y un temblor de humillación recorre mi cuerpo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 36,37 y 38).

viii. «Aún hoy no puedo explicarme, después de tantos años, cómo fui tan ingenua y crédula. No había pasado ni uno desde que me llevé el gran palo y dejé que me golpeara de nuevo en la misma herida»[Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 46).

ix. «El sexo con él fue tan humillante y decepcionante desde la primera noche, la de bodas, que me habría separado al día siguiente, dando por descontado que ya estaba embarazada después de trece coitos que me dejaron exhausta, tan dolida e insatisfecha […] A pesar de todo, me enamoré de él e intenté ser una buena esposa, achicando mi paso profesional» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 29).

x. «… tardé casi toda mi existencia en superar su abandono y su ausencia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 131).

xi. «… del pozo en que me había metido el abandono de mi marido» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 69-70).

xii. «… por no mencionar mi estado de ánimo, que no podía ser más lamentable, porque también sufría la vejación de haber sido rechazada como muher y sustituida por otra muy unida a mí» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 43).

xiii. «… separada a los nueve meses de matrimonio –o para ser más exacta, abandonada» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 29).

xiv. «Le deseaba, a pesar de todo […] Aunque mi cerebro martilleaba una y mil veces gritándome que no, mi cuerpo quería estar con el suyo» » [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 37). «Y aún quería a mi marido» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 43).

xv. «Y no éramos una familia nunca lo fuimos en el sentido representativo de la Iglesia ni en el del orden establecido por las normas sociales» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 32).

xvi. «… Andrea […] se metió en mi vida y en mi hogar, cuyos cimientos no eran muy sólidos» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 34).

xvii. «… un terrible sueño que me atormentaba desde que había vuelto a vivir con mi marido. Subía por unas larguísimas escaleras que estaban colocadas en un espacio infinito y cuando llegaba al final de las mismas miraba hacia abajo y sólo veía una enorme cama sobre la que estaba tumbada, desnuda, una mujer de larga melena castaño claro; cuando distinguía su cara, era Ada, y encima había un hombre, haciendo el amor con ella, cuyo rostro nunca veía… Pero la mujer gritaba el nombre de mi marido» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 45).

xviii. «No fue aquel día, sino años más tarde, cuando en una sesión de confidencias en la que intentábamos buscar el origen d sus males, se atrevió a confesarme que su padre se lo había querido hacer con ella. Traducido: Incesto. De modo que esa era la explicación de mi eterna y angustiosa pesadilla» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 165).

xix. «Añoraba al padre de mis hijos […] quizá por lo que él debería haber representado de autoridad y de fuerza, de lo que oficialmente se llama “el cabeza de familia”» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 129).

xx. «… mi familia […] desde la marcha del padre […] empezó a resquebrajarse […] No supo no pude estar en todos los frentes, cubrir los vacíos. ¡Eran tantos…!» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 116).

xxi. «Todos mis esquemas y planteamientos se venían abajo […] pero ahora me encontraba incompleta, porque yo quería una familia tradicional, con papeles diferenciados y asumidos, padre y madre, gestores de la empresa […] Me había fallado uno de los principales accionistas, el padre, que era como el presidente de la compañía, y me sentía incompleta»[Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 43).

xxii. «No supe o no pude estar en todos los frentes, cubrir los vacíos. ¡Eran tantos…! De todos, el que más me preocupaba era el económico, y en ello empleaba todo mi tiempo y relegaba mis aspiraciones profesionales, pero ¡claro!, con ello dejaba sin cubrir otros frentes como el afectivo, el formativo, el psicológico y el sentimental»[Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 116).

xxiii. «Mi padre, con el paso de los años, no tenía nada que ver con el autoritario dictador que fue en mi juventud, y los dejaba hacer. Cuando yo me enfadaba con el por el exceso de permisividad, me contestaba que prefería tenerlos en casa y vigilarlos que no sueltos por ahí […] Y los trataba como amigos, equivocación que yo también cometí» » [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 161,162).

xxiv. «Pero por entonces creía que lo más urgente era proporcionarles una vida material cómoda, que no echaran en falta lo que podrían haber tenido en el seno de una familia tradicional» » [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 54-55).

xxv. «… el planteamiento de amistad que con ella había hecho, como luego con el resto de mis hijos» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

xxvi. «Yo creo, ahora, que el planteamiento de amistad que con ella había hecho, como luego con el resto de mis hijos, estuvo totalmente equivocado» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

xxvii. «… la creencia de que se podía ser amiga y madre a un tiempo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 56). «… un planteamiento de amistad y compañerismo con ella» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 56). «Una noche fuimos Ada y yo, con un matrimonio amigo mío, a ver la película La Luna, de Bertolucci» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 168).

xxviii. «… Mafalda […] de la edad de Ada y, en principio, amiga suya, aunque luego se convirtiera en mía» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 73).

xxix. «Ada, eso sí, las pocas veces que había salido lo había hecho invitada por alguno de los amigos “comuneros” […] contando con mi permiso y beneplácito» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 79).

xxx. «Alguno de ellos, como Rafa, […] desapareció durante un tiempo de mi panorama y cuando regresó lo hizo dando muchos rodeos y con aires de colegial sorprendido y castigado, para confesar que se había llevado a la niña a la cama. Yo lo sabía porque me lo había dicho ella» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 79).

xxxi. «… Y cuando estaba consiguiendo mi propia redención, Ada rompió el ritmo y me rogó que volviera con su padre… “Que fuéramos una familia otra vez…” La escuché atentamente, pues había empezado a fallar en sus estudios, a dejar de comer y a escribirme largas misivas, que dejaba bajo mi almohada, contándome sus tristezas – la principal, la ausencia de su padre – y el abandono de muchos de sus amigos y condiscípulos […] Conversé con mi esposo y llegamos al acuerdo de intentarlo de nuevo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 44).

xxxii. «Siempre habíamos hablado con libertad y crudeza y, sin querer, hasta competíamos como mujeres sin que ella entendiera en toda su dimensión mi frustración femenina y el triunfo que para mi suponía gustar más que ella, tan joven, tan hermosa, tan sensual» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

xxxiii. «… Pero no me tenían a mi, que es lo que todos me han reprochado después» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 57).

xxxiv. «A modo de anécdota, diré que como estábamos cerca de uno de sus proveedores, al que como pago de una mercancía anterior había dado un valioso anillo mío, me convenció para ir hasta allí a que me lo devolvieran y pillar algo más para no comerse a pelo el mono durante las primeras horas… Accedí… ¿Estaba loca?» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 169).

xxxv. «… el no haber sabido decir no a rajatabla» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 55).

xxxvi. «… y sentía su fracaso como mío» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 181).

xxxvii. «Empezaba a sentir […] una especie de esclavitud» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 152).

xxxviii. «… e incluso había descubierto unas manchas oscuras con leves puntitos […] Al observar aquellas machas, cada vez más intensas, comencé a darme cuenta de que habían salido en los mismos lugares en donde ella se pinchaba; efectivamente, también me salieron en los tobillos y en la yugular […] eran mis estigmas» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 152-153).

xxxix. «Copio de las notas de un cuaderno de Ada […] esta frase: “mi vida era una amalgama que sólo daba un color […] el color del desamparo”. Nunca he adivinado cuál es exactamente, pero lo he hecho mío» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 192).

xl. «… y ser una experta en la adicción, casi tanto como mi hija yonqui. En algunas ocasiones me he considerado una especie de yonqui subliminal» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 82).

xli. «… llegué a convertirla en mito» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 181).

xlii. «… se desvanecían tantas ilusiones depositadas en aquella hija… Recordaba, sin poder remediarlo, cuántas metas le había marcado, alas que siempre llegaba vencedora, aún antes de nacer, cuando le buscaba un nombre y le moldeaba su cara y daba color a sus ojos y vigor a su cerebro y la completaba con un cuerpo esbelto y bien formado y un atractivo especial. Siempre le soñé triunfos y un lugar privilegiado en la vida… fue mi primera creación» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 180-181).

xliii. «… sentía su fracaso como mío» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 181).

xliv. «Empezaba a sentir una mezcla de amor y odio» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 152).

xlv. «Los decepcioné, como a mi misma en lo profesional, pero había elegido un camino incompatible: la familia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 29).

xlvi. « … se había convertido para mí […] el vivir cotidiano […] en un vegetar» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 192).

xlvii. «… y sin querer, hasta competíamos como mujeres sin que ella entendiera en toda su dimensión mi frustración femenina y el triunfo que para mi suponía gustar más que ella, tan joven, tan hermosa, tan sensual» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

xlviii«Yo creo, ahora, que el planteamiento de amistad que con ella había hecho, como luego con el resto de mis hijos, estuvo totalmente equivocado» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

xlix. «… Ada que no se separaba de mí ni un momento, estaba asustada porque en cierto momento, debido al calor y al disgusto, me dio una lipotimia que me tuvo ausente varios minutos. Su sombra creció, como diría Sartre, cinco veces más que su edad real, y se convirtió en una mujer asustada y burlada» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 36). «Ada se había enterado de todo y fue ella quien no quiso que regresáramos a Madrid» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 38).

l. «Su sombra creció […] cinco veces más que su edad real» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 36).

li. «Nuestro amigo Jorge se convirtió en su segunda sombra, como ya he dicho; la primera era la mía»( Heredia, R. (1998). La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 143).

lii. «Cuando pasó la gravedad tuve que retomar el hilo de mi vida, de mi trabajo. Iba a la clínica a dormir y en cuanto tenia un minuto libre, pero, ¡ay!, ello significaba que la vigilancia había disminuido» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 155). «… el vigilarla sin que ella se diera cuenta» (p. 161). «Si quería vigilarla, tenia que hacerlo personalmente» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 195).

liii. «… mi obsesión por ella» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 156). «Ada me obsesionaba e invadía hasta mis sueños» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 165).

liv. «Era como cuidar a un eterno bebé o a un deficiente físico y psíquico» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 164).

lv. «Lo que no me atreví a confesar es cuanta vida y éxitos profesionales me había costado también, y todo lo que había dejado de hacer, no por su culpa, sino porque mi obsesión por ella, el continuo y extenuante esfuerzo por sacarla del pozo en que se había metido me precipito en el de cabeza» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 156).

lvi. «mi carácter a lo Juana de Arco, salvadora de desahuciados» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 117).

lvii. «… mi carácter a lo Juana de Arco, salvadora de desahuciados. Ya me había ocurrido con mi marido» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 117).

lviii. «Sólo me atrevía a abrazar muy fuerte a mis nietos y a susurrarles que “mamá va a ponerse muy bien; la abuela va a salvarla» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 193-194).

lix. «… yo era consciente de que abandonaba a mis otros hijos, casi los olvidaba» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 152).

lx. «Yo sabía que debía pasar más tiempo con mis hijos […] que debía hablar más con ellos, pero las muchas obligaciones me lo impedían. Veía que alguno se torcía y cuando quería enderezarlo era tarde» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 162).

lxi. «interminable soliloquio sobre lo bueno y lo malo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 162).

lxii. «Apenas coincidíamos en casa, pues ella llegaba cuando yo salía, y siempre la misma apostilla: “Hija, tenemos que hablar. esta vida que llevas no es posible…” Yo, quizá sin querer saber porque me hacía ilusión de que el peligro había pasado, no concretaba el momento, y ella ni siquiera contestaba, como dando por sentado que no le interesaba demasiado la conversación» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 125).

lxiii. « Pensé una vez más que la culpa era nuestra: de los adultos, padres, educadores, políticos, sociólogos, informadores que habíamos confundido la felicidad con el materialismo; la libertad con el libertinaje…» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 216).

lxiv. «… aquellos que conocí y que llegaban hasta mi casa atraídos por la libertad que yo misma representaba y por la que casi todos, supuestamente, llevábamos años luchando contra viento y marea, en los tiempos duros del franquismo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 74).

lxv. «Yo había dicho y escrito en muchas ocasiones que estábamos haciendo de nuestros hijos una generación perdida a fuerza de sumergirlos en una sociedad de consumo que no se ganaban con el sudor de sus frentes. Queríamos darles […] cuanto nos había sido negado a nosotros, que éramos la auténtica generación perdida de la posguerra» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 88).

lxvi. «Pero yo paraba poco en casa y no le di importancia al principio, achacando las faltas a mi despiste» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 69). «Empecé a observar que apenas salía de ella, que a pesar del calor utilizaba camisetas o blusas de manga larga y que le había dado por dibujar sorprendentes paisajes y escenas cotidianas […] Venía mucha gente a verla, según me contaban mis amigos y, luego, el resto de mi familia; gente de lo más diversa, desconocidos en su mayoría, algunos guiados por mis sobrinas, amigas suyas y de su edad, amigos de ellas y otros que nadie sabía quiénes eran. No formaban tertulia con los demás y sus visitas eran rápidas y revestidas de urgencia; casi siempre pedían discreción […] La discreción, por supuesto, tenía que ver con su familia, con mi hermana, que ignoraba, como yo, los caminos que recorrían nuestros hijos. Pero ya estaban, de manera irremediable, actuando de camellos» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 75-76). «Empezaron a faltarme objetos de valor, pequeñas joyas, pero sobre todo las que tenían oro, más que piedras; también utensilios de plata, bandejas, ceniceros, marcos y chucherías de esas que antes regalaban cuando uno se casaba; algún dinero del que se tiene en casa para gastos de diario; recibos devueltos de los domiciliados en el banco y cheques, muy bien falsificados, pero no firmados por mí, ante los que me quedaba perpleja y sin saber qué decir al empleado del banco que me aconsejaba que los denunciara… Todo ello, unido como creo que ya he apuntado en otro lugar de este relato, a los olores cítricos podridos, muy peculiares […], el seguir y perseguir esos olores y encontrar su origen en un limón ya casi seco y podrido guardado en los lugares más insólitos de la casa: los cajones de un escritorio de la entrada, un florero con flores secas que decora el cuarto de baño; el cesto de la ropa sucia; cualquier recoveco del armario del cuarto de las niñas…; las bolitas endurecidas de algodón, las cucharillas de café, cuya merma era un misterio, o la forma arqueada del mango de las mismas y la evidente señal de haber sido quemadas por la parte inferior; alguna jeringa de las llamadas de insulina o, sencillamente, el caperuzón que tapa la aguja. Corbatas, cinturones y bufandas, a modo de cintas de goma para resaltar las venas. Objetos no habituales hasta entonces que, naturalmente unidos al confinamiento voluntario en una habitación de la casa, al miedo a salir a la calle por el día y la vigilancia continua por ver si algún coche de policía se detiene ante el portal, más los sobresaltos, aparentemente innecesarios, originados por la presencia de un policía … o simplemente por la luz anaranjada e intermitente de uno de sus vehículos o la sirena de alguno de paso, el no atender las llamadas telefónicas y avisar insistentemente: “¡No estoy si es fulano o mengano o zutano!”. El pasar horas encerrada en el cuarto de baño cuando meses antes había que insistir en que cerrara la puerta en lugar tan íntimo; el aparente pudor de no enseñar el cuerpo, aunque el calor fuera agobiante, cuando antes se carecía tanto de él que había que insistir para que no anduviera en pelotas por la casa, todos ellos son motivos más que suficientes para alarmarse o al menos empezar a vigilar. Yo los encontraba raros, pero más bien los achacaba a la edad, a la mala crianza de la juventud en general y las muchas excentricidades que a veces se permite a los hijos en nombre de la modernidad. Y así quedó la cosa, y pasó el verano» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 77-78-79).

lxvii. «Así fue como Andrea se acercó a mí. Se metió en mi vida y en mi hogar […] Durante todo el invierno, siempre que llegaba del trabajo la encontraba en mi casa, con la misma familiaridad que si fuera la suya […]. Hasta Justa, una sirvienta […] se había dado cuenta de que allí pasaba algo […]. Otro personaje entró en escena, un periodista algo más joven que nosotros […] Carlos […] me advirtió un día del rollo que se traían mi prima y mi marido, pero no le hice caso… ¿por qué no podían ser amigos simplemente ? […] !Y pensar que yo no me daba cuenta de nada y hasta me enfadaba con los que me advertían!» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 34-35). «Yo lo había imaginado, me resistía a la constancia de los hechos; lo mismo que sus ausencias, que empezaron de nuevo […] cómo fui tan ingenua y crédula» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 46).

lxviii. «…el no haber sabido encer mi natural timidez y los complejos de inferioridad» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 55).

lxix. «… extrema timidez y porque de mi no me gustaba casi nada, ni siquiera mi voz» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 26).

lxx. «… estuve a punto de convertirme en alcohólica, perdí toda autoestima y acepté como compañero sentimental a un ser profesional y humanamente frustrante, envidioso y con aires de grandeza, acomplejado, en fin… que hizo lo imposible por minar las pocas ilusiones que me quedaban…» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 157).

lxxi. «… en cierto momento, debido al calor y al disgusto, me dio una lipotimia que me tuvo ausente varios minutos» (p. 36). «Mis ánimos no estaban preparados en esta ocasión para aguantar aquel personaje aburrido que recordaba; estaba muy cansada, apenas había dormido y, sí, ¿por qué no decirlo?, la imagen de Ada en la planta de psiquiatría del Ramón y Cajal invadía mi pensamiento. A la media hora, más o menos, de empezar el desayuno, noté que me iba… Una lipotimia hizo que me trasladaran a la habitación» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 171-172).

lxxii. «Le deseaba, a pesar de todo […] Aunque mi cerebro martilleaba una y mil veces gritándome que no, mi cuerpo quería estar con el suyo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 37).

lxxiii. «Los decepcioné, como a mí misma en lo profesional, pero había elegido un camino incompatible: la familia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 29).

lxxiv. «Los decepcioné, como a mí misma en lo profesional, pero había elegido un camino incompatible: la familia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 29).

lxxv. «A medida que pasaban los años comprobaba que eran mis hijos quienes movían los hilos de mi destino y de mi comportamiento. De modo, pues, que yo no era más que una marioneta que cuando quería decidir por sí misma caía en las depresiones más profundas» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 203).

lxxvi. «Dice Machado: “Yo no sé leyendas de antigua alegría/sino historias viejas de melancolía…”. Hago míos estos versos al recordar lo que pasó por aquellos días» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 107).

lxxvii. «Empezaron a palpitarme las sienes y pensé en la muerte como calmante que pusiera fin a ese latido que recorría todo mi cuerpo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 37). «Aquella noche no pegué ojo, sopesando los pros y los contras de mil ideas que daban vueltas en mi cabeza, sin encontrar solución alguna, y cuando parecía que daba con ella, había de desecharla de inmediato pues no era viable. Fue entonces, quizá, y porque aquella tarde la vi de cerca, que pensé en la muerte; en la suya o en la mía» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 129).

lxxviii. «Estaba lo suficientemente cuerda como para darme cuenta de que necesitaba con urgencia un psiquiatra y, sin dudarlo, pedí hora al mejor de cuantos conocía, un hombre que había tratado a amigos en circunstancias parecidas a la mía» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 45).

lxxix. «Después de varias visitas, el especialista de enfermedades de la piel no encontró explicación para aquellas manchas y ni siquiera pudo achacarlas a mi predisposición antigua a las alergias, en vista de lo cual me mandó a un psiquiatra, del que me cansé al cabo de los meses, después de haberme dejado en su consulta gran cantidad de dinero» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 152). «Volví a la consulta de un psiquiatra, al cabo de unos meses de tratamiento de “aniquilación por sueño inducido”, como le llamo yo, con la consiguiente mengua de mi bolsillo, decidí que o no dormía o lo hacía después de haberme bebido las copas necesarias para caer en estado de inconsciencia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 166-167).

lxxx. «… como ésa era la causa y yo la conocía, de nada me servían los consejos y tratamientos psiquiátricos» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 203).

lxxxi. «A medida que pasaban los años comprobaba que eran mis hijos quienes movían los hilos de mi destino y de mi comportamiento» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 202).

lxxxii. «… al oír mis gritos, que, como digo, procedían de un terrible sueño […] y cuando yo quería bajar por la escalera, ésta desaparecía y me encontraba en mitad del vacío» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 45). «Apenas dormí dos horas, si dormir se le puede llamar a una pesadilla continua e inconexa, repleta de horrores que yo contemplaba, como siempre, desde lo alto de una larguísima escalera que de repente desaparecía y me dejaba situada en el vacío» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 130).

lxxxiii. «Durante los veranos, mi vieja casa del barrio de Salamanca se convertía , como ya he dicho, en una comuna. Desfilaban por ella los personajes más variopintos» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 71).

lxxxiv. «… mi casa era el refugio de amigos raros, ácratas y disconformes y se convertía en una especie de comuna o fonda de paso donde permanecer unas hornadas hasta que llegara el otoño y cada uno volviera a su puesto y a vestir el uniforme de la disciplina social establecida, al aburrimiento de los despachos y al discurso oficial» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 191).

lxxxv. «Me encontraba sola, hablando conmigo misma, que es la peor de las soluciones a la soledad» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 129).

lxxxvi. «… mis amigos de siempre […] dejaron de visitar mi casa y sólo uno de ellos fue capaz de explicarme la razón, disculpándose como pudo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 200-201). «… me sentía sola, rechazada» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 202).

lxxxvii. «Estoy, por aquellos días y ya de vuelta a Madrid, hundida moralmente y mal en el trabajo, unas veces porque se cierran medios en los que solía colaborar, otras porque he comenzado a encerrarme en mi circulo, que es oscuro y siniestro, y empiezo a sentir […] frustración» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 179).

lxxxviii. «Me aíslo al mismo tiempo que me aíslan» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 179).

lxxxix. «… mantenedora y responsable de mi familia, como si la hubiera engendrado yo sola» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 173).

xc. «Rara vez pensaba en mí como ente aislado, como ser humano» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 172).

xci. «… me desdibujaba de inmediato para ocupar el lugar de madre» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 172).

xcii. «Pasaba más horas en el palacio de la Carrera de San Jerónimo que en mi casa» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 164).

xciii. «Yo vivía prácticamente en el sanatorio, adonde incluso me había llevado la máquina de escribir» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 151). «Iba a la clínica a dormir y en cuanto tenía un minuto libre» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 155).

xciv. «Empecé a meterme en un paréntesis –es la mejor expresión que he encontrado de lo que ha sido mi vida– […] de más de treinta años» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 55). «… paréntesis, como digo yo, en el que me he pasado media existencia» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 82).

xcv. «… como si hubiera permanecido en un estado de hibernación» (p. 55).

xcvi. «Durante los últimos veinte años de mi vida ha transcurrido como dentro de un paréntesis. Fuera, todo se movía, cambiaba, mis compañeros prosperaban en la profesión, se casaban, algunos más de una vez, o elegían a sus parejas del mismo sexo; otros profesaban en ordenes religiosas, los menos se hacían ricos, y hasta alguno terminó en la cárcel» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 23).

xcvii. «También murieron algunos, pero todos estaban fuera, en la corriente del tiempo, con los acontecimientos visibles en las pantallas de televisión, en las paginas de la prensa escrita, en los oídos de quienes escuchan la radio, en las portadas de los libros» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 23). «… me quedé sola en la barra, con dos copas delante de mí. Entonces recordé quién era, mis obligaciones, mi trabajo, mi realidad en fin. Ya estaba en el paréntesis y empezaba a notarlo. Fuera, el tiempo tenía una dimensión distinta y la realidad toda un matiz diferente» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 133).

xcviii. «… dentro del paréntesis […] todo es oscurantismo, silencio y horizontes de muerte» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 23).

xcix. «… decidí que o no dormía o lo hacía después de haberme bebido las copas necesarias para caer en estado de inconsciencia total» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 165).

c. «Fue en el verano del 68 cuando fumé el primer porro de mi vida y descubrí el whisky, que me hacía olvidar, dormir y, sobre todo, me desinhibía hasta el punto de que hacia cosas inimaginables en estado normal» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 40). «Me levanté a oscuras y a tientas busqué en mi bolso de viaje una botella de whisky que había comprado en el aeropuerto… Y bebí y bebí… y garrapateé, más que escribí, lo que sentía» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 62). «En uno de los establecimientos donde compré canutos hechos de “maría”, tomé una jarra de cerveza y me fumé un porro tranquilamente» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 64). «Aquella tarde había llegado antes a mi casa porque tenía trabajo, y no había hecho nada; dispuesta a no tomar ni una copa, y de madrugada casi estaba borracha; dispuesta a no tomar ni uno solo de los somníferos que me recetaba el psiquiatra, y sustituyéndolos por lingotazos de whisky que me hacían perder la noción del tiempo y de mi propia identidad» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 129).

ci. «… y el alcohol, que descubrí tarde, fue durante un tiempo mi refugio y la única manera de olvidar» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 77).

cii. «Me detengo a pensar y encuentro el motivo de que cada cual, con problemas, agujeros en su realidad o complejos, se agarre a la droga que más le guste para resolverlos, o creer resolverlos, que es lo que en principio atrae… hasta que te atrapa. Con esta aparente lucidez me veía como una mala y peligrosa amistad para mi hija» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 65).

cii. i«… estuve a punto de convertirme en alcohólica» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 156).

civ. «Pronto caí en la cuenta de que se me habían acabado el tabaco y el whisky. Fui a un establecimiento cercano a mi casa, de los que no cierran en toda la noche y venden, a precios astronómicos, pequeños vicios» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 173).

cv. «En algunas ocasiones me he considerado una especie de yonqui subliminal» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 82).

cvi. «… y algunas veces que la acompañé – otras he ido yo sola a pillar para remediarle un mono» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 103). «A modo de anécdota, diré que como estábamos cerca de uno de sus proveedores, al que como pago de una mercancía anterior había dado un valioso anillo mío, me convenció para ir hasta allí a que me lo devolvieran y pillar algo más para no comerse a pelo el mono durante las primeras horas… accedí» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 169). «A los dos días Ada se escapó del hospital y tuve que ir a un poblado de gitanos de la avenida de Guadalajara a comprarle una papelina, porque no aguantaba el mono. Como no había chuta de las de insulina, mi padre le preparó la jeringa de cristal» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 172). «Me pidió algo de pasta para ir a pillar y no sólo se la di sino que yo misma la llevé a la avenida Guadalajara» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 192).

cvii. «… trabajar como una mula» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 57).

cviii. «De todas maneras estaba muy ocupada […] tenia mucho trabajo» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 70).

cix. «¡Qué tristeza de vida la que transmitía!» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 57).

cx. «… y me dediqué a trabajar, a decir sí a cuentas faenas me salían al paso, sin tener en cuenta mi porvenir profesional» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 55). «Me dediqué a mi nuevo cometido con todo el ardor profesional posible, asistiendo a sesiones que a veces se prolongaban por espacio de doce horas» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 121-122).

cxi. «Rara vez pensaba en mí» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 172).

cxii. «No tuve en cuenta mi pensamiento, mi cerebro» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 44).

cxiii. «… un ritmo de trabajo febril» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 118).

cxiv. «Sin ir más lejos recordé que a las siete había reunión de la junta directiva de la Asociación de la Prensa, de la que era vicesecretaria. No podía faltar […] A las nueve tenia una entrevista importante con un líder de la oposición y luego una cena en el club Siglo XXI. Y, por supuesto, la cabeza repleta a rebosar con mis asuntos propios» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. pp. 133-134).

cxv. «¡Todo eran problemas! Y por si fuera poco, yo era consciente de que abandonaba a mis otros hijos, casi los olvidaba. Todo lo que se relacionaba con Ada era tan urgente, tan de vida o muerte, que no había posibilidad de elegir» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 152).

cxvi. «Me habría gustado […] no despertar nunca de ser niño» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 157).

cxvii. «Rara vez pensaba en mi […] como ser humano» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 172).

cxviii. «¡Me he reprochado tanto el no haber hablado más con ella, el no haber estado a su lado cuando sus fuerzas flaqueaban para enseñarle a decir no…!» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 43). «… pero reconozco mis culpas […] el no haber sabido decir no a rajatabla» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 55).

cxix. «… Cuando se fue tuve ganas de morir; ¿qué pintaba yo en el mundo?» [Heredia, R. (1998)]. La Agenda de los amigos muertos. Plaza y Janés. Barcelona. p. 216).

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Ética y enfermería

Norma Herrera Roque
Licenciada en Enfermería y Obstetricia de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO), con maestría en Ciencias de la Salud Pública. Profesora en la Carrera de Enfermería en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Wendy Nallely Francisco Flores
Enfermera de primer nivel de atención, egresada de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, UNAM, México.

Erick Daniel Granados Monroy
Profesor de Ciencias Sociales de las carreras de medicina y enfermería, en la FES Zaragoza, UNAM, México.
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Introducción

Ética, son los aspectos formales de los cuales emanan los aspectos procedimentales, que en forma de moral, regulan los procesos intergeneracionales, intergenéricos e intragenéricos de una cierta comunidad, de una cierta época.

Dicho de otra forma, Ética son las ideas, valores, sentidos, significados y creencias, que se van a corporalizar en la Moral, que son los actos, los comportamientos, las conductas, mismas que se basan en las ideas y sentidos contenidos en la Ética.

Así, ética son las creencias que se concretizan en actos, actos que son la moral; ética son las ideas que dirigen el comportamiento moral, de un cierto enclave, de cierta etapa histórica.

La ética que da forma a la moral, regulará los procesos de interacción entre gente de distinta época, de distinta generación; entre personas de distinto género; y entre personas del mismo género.

Por otro lado, la ética se liga con la axiología, la ontología y la deontología.

La axiología es la teoría del valor, examina aquellos elementos que en un cierto lugar, se ubican como primordiales, preferibles, deseables, prioritarios, en contraposición con aquellas nociones que se ubican como secundarias, execrables, indeseables.

La ontología estudia al Ser, los elementos que estructuran a la persona, aquellos elementos que se conjugan para constituir a un hombre y a una mujer. El acercamiento ontológico o la valoración ontológica son importantes, porque, tanto pueden potencializar a la persona, como la pueden minimizar, restringir, disminuir y cosificar; recordemos a los griegos del siglo V antes de nuestra era, donde la mujer sólo tenía como función ser una incubadora, productora de nobles, ciudadanos y esclavos; donde no tenía el derecho ni de educarse ni de participar en los asuntos de la Polis, dado que se visualizaba como un Ser sin capacidades cognitivas, una menor de edad eterna. Como aquí en nuestro país, antes de que Ruiz Cortines les “reconociera” el derecho al voto en 1953 [1].

A su vez, la deontología es la ética particular de cada profesión. Es decir, existe la ética general, para la comunidad, y otra específica para cada actividad particular, sea técnica, física o cognitiva. En ese sentido hay una ética para el sastre, el albañil o el profesionista; a los esquemas formales para cada una de esas disciplinas laborales o educativas, se les denomina deontología.

Ahora…

Bajo el enfoque sociológico, todas esas disciplinas y teorías se supeditan a los criterios del Poder.

Puede ser algo contraintuitivo o incluso chocante, el saber que detrás del saber, de la voluntad y de los pueblos, hay un sector que los dirige y controla, es detestable saberlo, no obstante, se tiene qué decir.

Algo que no debemos olvidar, es que el área de la educación y de la salud, son dos de los ejes primordiales para la estructuración de un Estado.

Todo Estado tiene detrás un grupo económicamente poderoso que domina al enclave y subyace a cualquier elemento estructural.

El esquema básico de la estructuración de una sociedad, de acuerdo al Materialismo Histórico y a la Psicología Política de Wilhelm Reich, es el siguiente:

  • Un grupo de poder que domina ese enclave.

  • Violencia explícita, autoridad evidente que ejerce ese grupo hegemónico, en pos de imponer su voluntad e intereses a los habitantes de esa comunidad.

  • Al refinar sus mecanismos de control, el Poder crea un elemento simbólico que domina desde la violencia implícita, la autoridad anónima, una supuesta racionalidad y una supuesta elección de los integrantes de la comunidad.

El elemento simbólico será el Estado, una creación de los ricos, que se hace creer a los pobres que es por ellos y para ellos.

  • El Estado, más allá de su elemento conceptual, se concretiza en un gobierno.

  • El gobierno es esa construcción que supuestamente emana de razones, consensos y voluntades populares, pero que en realidad es una herramienta del poder, del grupo hegemónico.

  • El gobierno requiere servos, miembros, herramientas, operadores; esas herramientas serán las diversas instituciones que sirven a él y a la comunidad, al menos oficialmente. Serán las instituciones jurídicas, administrativas, de seguridad, educación y salud; las principales.

  • Las instituciones requieren personas que las hagan funcionar.

Esas personas serán aquellas que sirvan a los criterios inmediatos de las instituciones y ulteriores de los intereses de las clases altas dominantes.

En ese sentido, toda institución, será medularmente dañina para la persona y la comunidad, y beneficiosa para la élite gobernante, que no son los políticos.

Los políticos son también empleados de los poderes económicos.

Absolutamente ningún presidente o primer ministro será el verdadero líder de un entorno, el auténtico mandamás será el clase alta. La casta política sirve fundamentalmente a la agenda de los altos capitalistas, son sus voceros, sus representantes, los capataces y administradores, pero nunca los dueños.

En este documento interpretaremos dos categorías básicas: ética y enfermería, bajo los postulados de la psicosociología reichiana.

Este análisis se encuentra estructurado con seis apartados básicos: Introducción, Desarrollo, Conclusiones, Bibliografía, Anexos y Notas.

En cuanto a enfoques, se ubica bajo la modalidad cualitativa.

Se trata de un análisis teórico, documental o de gabinete.

Se usó el método dialéctico para la configuración de las secuencias argumentativas.

Tras la presentación básica, procedemos con la exposición y contrastación.

Desarrollo

Aquí encontraremos cinco subapartados: ética; enfermera y paciente; enfermera y compañeras de trabajo; enfermera e instituciones; y código de ética.

Procedemos con nuestra primer noción principal, con nuestra primer categoría.

Ética

La ética, elementos que regulan los procesos contextuales e interpersonales de una cierta comunidad, de ciertas condiciones espaciotemporales.

No obstante, la ética, como el resto de elementos culturales (idioma, religión, educación, ciencia, sistema legal y económico) no son elegidos por la población.

Todos los elementos culturales son proyectados e impuestos por las clases altas, en pos de sus agendas, beneficios e intereses.

Y en ese sentido, lo que se difunde en nuestro país, no será una ética pro-vida.

Antes bien, como toda construcción cultural, producto de esas instituciones supeditadas al capital, será un producto dañino, será una construcción anti-vida.

¿Por qué?

Simple:

Los poderes son sociópatas:

Egoístas, totalitarios, cosificadores, utilitarios, depredadores.

Para las clases altas, las clases medias y bajas solo son pasto, ganado, piezas y herramientas. Cosas que usarán para sus fines.

Para mantener su imperio requieren una combinación, un performance de:

Empleados eficientes y mentes sumisas. Buenos trabajadores y conciencias dóciles, obedientes, pasivas e irreflexivas.

La cultura en general, y la ética en particular, son una de las herramientas, en este caso simbólicas, abstractas, que sirven para mantener en control a la población.

Las herramientas físicas como la policía o el ejército, sirven para coaccionar materialmente, físicamente, violentamente.

Las herramientas simbólicas-abstractas-culturales, tales como la religión, la televisión y la ética, sirven para -vía las creencias, ideas, temores y malos valores-, manipular al entorno social con base al miedo, a la ignorancia, el engaño y el chantaje.

Entonces, la ética no la elegimos, no la construimos: se nos impone. Es negativa para el pueblo y beneficiosa para el rico.

¿Por qué es dañina para nosotros y beneficiosa para las altas esferas?

Para nosotros, son reglas de comportamiento, desde donde nos programan líneas conductuales donde lo que impera es la obediencia que facilita el control. Y curiosamente esa ética que nuestros padres irreflexivos colaboran a inocular, no es acatada ni respetada por las clases altas.

Recuerden cuando eran infantes, de niños y niñas, ¿sus padres, madres u otros familiares les dijeron, les dieron como reglas el no mentir, no robar y no matar?

Quizás se los presentaron como un valor, como una cualidad, como un elemento humano a seguir.

Y no obstante: Obrador miente, Elba Esther roba, Salinas mata.

Las clases altas le dan a las clases medias y bajas una lista de comportamiento que ellos mismos no ejercerán.

Le hacen creer a la persona que son valores universales que todos respetan, pero ellos no lo hacen porque así es como se benefician y enriquecen, y no quieren que tú afectes el negocio, por tanto, es necesario que con relación a su agenda, tú te portes bien, seas un buen ciudadano que es respetuoso, pacífico, no violento.

Tomando como metáfora la bandera gringa y el racismo y clasismo que ahí ocurre, se dirá: para algunos son las barras, para otros las estrellas.

Así mismo, para los pobres cierta ética, para los ricos otra, obviamente una más amplia, flexible, potente y conveniente.

La axiología, la teoría del valor, aquellos aspectos que en una comunidad serán considerados los deseables, positivos, elegibles y preferibles, también estará moldeada por la agenda de los grandes consorcios. Te piden que elijas algo, que convenientemente ellos programan con sus leyes, difunden en sus medios de comunicación, y controlan y dosifican en los procesos de mercado.

Lo mismo ocurre con la ontología, el estudio del Ser, el análisis de los elementos que conforman a la persona: se nos marcan esquemas y místicas, donde por ejemplo, sólo vales con grados académicos, sólo sirves con cierto fenotipo, sólo te realizas en ciertos contratos, al amparo de las instituciones. Por ejemplo, hasta la fecha, aún en las áreas urbanas y con las nuevas generaciones, existen sectores de ellas que caen bajo la programación de esquemas rigidizantes y esquematizadores, donde emerge el mito del matrimonio ineludible, donde aparece la leyenda de la plena realización vía la maternidad. Y sin un hombre a tu lado, y sin hijos, no estás completa y realizada.

El poder programa y difunde ciertas sendas o estructuras de personalidad que son introyectadas, en pos de crear sectores de la población que respondan a ellas.

Algunas fracciones de la comunidad se controlan con religión, otras con adicciones, otras con espectáculos, con ciencia y educación, y otras más con los elementos culturales mencionados.

Los amantes del dinero, la exaltación del ego, el reforzamiento de la individualidad que combate a los Otros, los apabulla y deja atrás, son ejemplos de cómo ciertos elementos simbólicos, ciertos valores, ciertas imágenes representativas y valoradas de lo que es el hombre y la mujer, nos vuelven enemigos de los Otros y de la comunidad, y a su vez sirven para mantener el Statu quo, para preservar esta sociedad piramidal, injusta y asimétrica.

Y la deontología, los criterios éticos y axiológicos para una actividad o profesión específica.

La deontología, más allá de su discurso explícito, más allá de sus fines oficiales, tiene trasfondos utilitarios, que coadyuvan a los intereses de las clases altas, al colaborar a la explotación y despojo de las clases bajas. Como en la “ética” de ciertos abogados o científicos, que actúan de acuerdo a la norma, y no obstante, tras esas reglamentaciones se encuentra indiferencia, sadismo, intereses, dolor. ¿Cuántas veces se repite la escena donde el profesionista se lava las manos de actos destructivos, al enunciar que él actuó por órdenes, o siguiendo el reglamento?

Es coparticipe de actos injustos, que no obstante, están dentro de la legalidad y la misión-visión-filosofía de la institución.

En otras ocasiones, no será un enunciamiento y actuar directo y asumido, pero desde la inconsciencia e irreflexividad de la persona, con sus ideas fijas y su comportamiento dañoso y rígido, colaboran a los procesos que dañan al ser y benefician al capital.

La deontología tóxica, que envenena profesiones, dinámicas, procesos e instituciones, está presente en todas las carreras, en todos los ámbitos productivos, no podría ser de otra forma; y la enfermería no es una excepción.

El punto principal del utilitarismo, es que es un acto donde alguien se beneficia, al dañar, destruir, despojar al otro.

En el utilitarismo hay un ganar-perder; gana el yo, perdiendo el tú.

Es obtener una ganancia o beneficio, causando dolor y destrucción en quien está enfrente.

Son utilitarios los ladrones, los violadores, los políticos y empresarios. No les importa causar dolor, traumas, enfermedades y muertes, con tal de obtener dinero, influencia, poder.

Y el utilitario es sociópata porque no tiene ni pizca de empatía, de compasión, comprensión y consideración por quien tiene enfrente.

Le preocupa su agenda, sus beneficios, su poder, su grupo de apoyo.

Los demás sólo son objetos, cosas, utensilios, herramientas, entes que están ahí para ser usados, para que le sirvan a él. En ese sentido, el utilitario vuelve objeto a la persona, es un cosificador.

En la siguiente parte examinamos al personal de la salud en algunos de sus procesos relacionales.

Enfermera y paciente

La enfermería…

En su manifestación positiva, es una fuerza, un catalizador, las milicias que coadyuvan a la recuperación del ser doliente, disminuido, afectado, herido, enfermo o envejecido. Actuar vital, presencia positiva, desempeño primordial, profesionales esenciales.

Quienes verdaderamente están cerca del doliente, del enfermo, del destrozado que no puede levantarse ni encarar la problemática biológica por él mismo.

Sin la enfermería, los dolientes no podrían salir, no podrían recuperarse, serían bajas irremediables.

Se les debe la vida, se les debe la salud, se les debe la oportunidad de volver al ruedo, a la carretera, a la vida, a los proyectos y anhelos.

En su faceta negativa, es una simple burócrata, altamente negativa: neurótica, perversa, sádica, intransigente, intolerante, necia. Una oficinista frustrada, insensible a las problemáticas del ser y de la comunidad.

Y es así, porque se dejó cambiar, porque permitió ser influida por la mala ética, por la pésima axiología, por la dañina ontología, por la destructiva deontología. Es así —destructiva e indiferente—, porque se dejó institucionalizar, se dejó paradigmatizar, volverse un instrumento rapaz de las instituciones monstruosas.

La enfermera positiva es la que es humanista, la que obra en una dinámica intersubjetiva, en la que se desarrollan procesos de diálogo, escucha, acompañamiento, comprensión, apoyo y afabilidad.

La enfermera negativa es la que está bajo el influjo del utilitarismo sociópata, donde impera lo neurótico, lo sadomasoquista, lo tóxico, lo estéril.

La enfermera positiva no se ha dejado infectar, no deja que su mala crianza, mal entorno, mala formación, mala sociedad y mala institución la cambien. Mantiene su esfuerzo humanista, donde se preocupa por el Otro, y trata de aportar algo a la persona y a la comunidad.

La enfermera negativa es la que se dejó programar. Que cree que es mejor al sojuzgar, al lastimar, al ser ególatra y egoísta, pensando que eso la encumbra y la distingue, cuando solamente se volvió una rapaz, una depredadora, una parricida de sus hermanos, congéneres y cercanos.

Repetimos:

No es excusa enunciar que se obra por órdenes, por inercia, por mayoría, por la dimensión del problema. Eso sólo encubre la mala fe, la deshonestidad, la incongruencia.

Si tú vas a actuar bien, humanistamente, constructivamente, en lo intersubjetivo, lo harás:

Sin la institución, con la institución, pese a la institución, y más allá de la institución.

Lo más cómodo, fácil y de hecho “casualmente” redituable, es dejarse arrastrar y ser uno más de los sociópatas que colaboran a que éste estado de cosas injusto e injustificado siga.

Al tratar bien a la persona, al paciente, estás en el esfuerzo positivo por no dejarte deformar.

Al tratarlo mal, ya te convertiste en policía, en soldado, en diputado, en burócrata, en asesino, en alguien que al hacer el mal al hermano y la comunidad, colaboras para que esta sociedad siga asimétrica, piramidal, extremosa, dominada, explotada y embrutecida.

Al actuar ventajosamente, dañosamente, manifiestas tu programación, la que te lleva a convertirte en el enemigo de la persona y del entorno, y que al mantener a la comunidad desorganizada, débil, confundida y doliente, permites que las clases altas sigan dominando desde sus castillos a esta sociedad embrutecida, agotada e inconsciente.

A continuación, la profesional de la salud con sus pares.

Enfermera y compañeras de trabajo

Desunidos caemos.

Lo más conveniente para el capitalista, es una comunidad individualista, indiferente, sádica, irresponsable.

No le conviene que las personas sean analíticas, reflexivas, empáticas, cooperativas y compasivas.

Alguien inteligente y comprensivo, no se prestará a actos, ideas, creencias, acciones e instituciones donde se envenenará, donde se empobrecerá, donde se explotará y endeudará. Entiende lo negativo de ese actuar utilitario, y no desea que otros humanos padezcan eso.

Es un tipo de persona que se contrapone a los designios del poder.

Quien sí se presta, es el neurótico, el indiferente, el egoísta, el individualista, el idiotizado.

Ese pútrido ser es conveniente para los malos manejos del capital, de las empresas y de las instituciones.

Es conveniente porque se presta a la corrupción, al cuatazgo, al nepotismo, al daño.

Así, más allá de la misión, visión y filosofía institucional; más allá de la deontología de la enfermería, hay una currícula oculta, una nata, un pantano, que busca influir en el personal, de tal manera que caigan en los malos manejos, en la comodidad, en la ley del menor esfuerzo, en el sadismo, utilitarismo e indiferencia. Sí, de inicio con los pacientes, pero también con los compañeros de trabajo.

¿Qué gana el personal adoctrinado al tratar mal a los demás?

Básicamente nada, o si acaso migajas, pero quien sí se beneficia mucho es el Poder, porque así, al imperar las enemistades, los conflictos y las distensiones interpersonales, en la institución no se permitirán ni fomentarán ni apoyarán los elementos positivos, los intentos humanistas.

Será un estado de guerra, un conflicto de todos contra todos, una carrera de ratas, donde no habrá consensos, donde no habrá esfuerzos conjuntos, donde no habrá cooperación.

Las instituciones sirven al gobierno, el gobierno al Estado, el Estado al Capital.

Y al capital sólo le interesa él mismo, no le interesa el indio, no le interesa la persona, no le interesa el enfermo, no le interesa el profesional de salud.

A todos engaña, a todos les miente, a todos los manipula y usa.

Al actuar neuróticamente, denotas tu programación.

Al prestarte a actos, decisiones y situaciones dañinas, para con la persona, para con tu compañero de trabajo, ya le estás haciendo el trabajo sucio al capital.

Ya eres enemigo, ya eres parte del problema.

Al avivar el conflicto interpersonal en la institución, eres factor de caos y desorganización, y eso le sirve al imperio, porque nos tiene muy ocupados peleándonos entre nosotros, como para organizarnos y atacarlo a él. Tu malestar, tu malhumor, tu frustración, está mal encaminada, es hacia los poderes hacia quienes tendrías qué enfocar tus baterías, tus uñas, enojo y dientes.

Continuamos con la interacción entre la profesional de la salud y las estructuras.

Enfermera e instituciones

Si tú no le interesas a la institución, ¿por qué habrías de ser tú leal con ella?

Aquí entra nuevamente la reflexión, el análisis, el cuestionamiento, la dialéctica.

Si hay algún elemento positivo, humanista, racional, en la institución, hay que reconocerlo, apoyarlo, salvaguardarlo.

Y a los elementos negativos, se hace necesario enunciarlos, y en la medida de lo posible, confrontarlos.

No nos engañamos, sabemos cuan corrupto es el sistema.

Sus servidores colaboran en el ámbito educativo desde el 92, y desde ahí conocemos lo hipócrita, deshonesta y violenta que puede ser una institución.

Hacer cambios estructurales, reformaciones comunitarias, revoluciones, es algo que nunca creímos plausible.

Hay tantos ojos en el cielo, orejas en las paredes y armas en el espacio, que el imperio imposiblemente caerá.

¿A qué le apostamos?

A lo micro.

Nunca vamos a llegar al Banco Mundial, a la Reserva Federal, al Fondo Monetario Internacional o a la Organización Mundial de la Salud.

Y aunque se llegue, no nos van a escuchar.

Y aunque nos escuchen, no van a considerar nuestras opiniones, sugerencias o propuestas.

Por ello, le apostamos a lo micro:

Lo positivo que se pueda aportar, y lo negativo se pueda evitar, por lo menos en nuestros ámbitos familiares, comunales y laborales.

Ser racional con aquellos con los cuales interactuamos.

No estamos llegando a la raíz, no estamos llegando a la cabeza, y aunque finalmente así fuera, el poder es una hiedra que evoluciona y regenera.

Pero de menos, en los ámbitos donde nos desenvolvemos, con las personas con las que convivimos, evitar el mal y hacer por lo menos un micro-bien; en verdad les digo, eso ya es algo.

Si hay un problema, y si a mí me interesa mi disciplina y mi ámbito profesional y laboral, lo peor que puedo hacer es ignorarlo, negarlo, invisibilizarlo.

Es como en una pareja o en un matrimonio; si ese hombre es adicto, si ese padre o familiar es golpeador, y si yo niego el problema, si se racionaliza, se justifica, se invisibiliza, su resolución será imposible dado que ni siquiera se señala o reconoce.

Pues bien, eso mismo aplica para con el ámbito educativo y para con las situaciones laborales: se hace necesario un esfuerzo creativo y compasivo por lo menos con nuestros cercanos, y es signo de valor el señalar aquello que a todos afecta, pero que por miedo o conveniencia, nadie señala.

Último punto, análisis dialéctico del documento que concretiza lo deontológico del profesional de la salud.

Código de ética de enfermería

Para cerrar este apartado, algunos comentarios sobre el decálogo del código de ética para las enfermeras y enfermeros de México [2] [3].i

Sobre el punto 1 (respetar y cuidar); uff, ante la tremenda sobrecarga de trabajo, absolutamente ningún profesionista podría mantener todas sus habilidades al cien. Y al modo de lo que ocurre en el ámbito educativo, se usa la misma estrategia: se satura de trabajo, no se reconoce, no se agradece, no se reditúa, para que la persona, el profesional, se desmotive, enoje, psicotice y se haga sádico con sus pares y subordinados. Imposible estar motivado y atento, con condiciones de trabajo paupérrimas, con sueldos por debajo al de los soldados y futbolistas, gentes que en nada aportan a la comunidad, y que no obstante se les aplaude, consiente y gratifica.

Sobre el punto 2 (proteger); difícil, dado que la misma enfermera se pone en riesgo, ¡vive en riesgo! por el entorno contaminado, resultado de la misma condición afectada del enfermo, pero también por las condiciones paupérrimas de su lugar de trabajo: poco equipo, mal equipo, remedos, parches y pegotes que se realizan, para mantener a flote los servicios, dado el presupuesto insuficiente que se otorga al ámbito de salud. Por un lado se destinan cantidades ridículamente vergonzosas para salud y educación, pero por otro lado, los altos jerarcas institucionales se apropian de ellas y sólo poco llega para el estudiante y el paciente, para el personal sanitario y docente.

Punto 3 (relación profesional); dejando de lado los problemas de la supuesta objetividad científica, en realidad sí tendrían qué tener un juicio histórico y político con relación a la persona con la cual se relacionan. Por un lado es vital el fomento del aborto y eutanasia para las clases bajas, y por otro lado es necesario desarrollar pensamiento y actuar radical para contra las clases altas, que son los artífices de las condiciones que enferman y matan al ciudadano, por el proceso de explotación, y de las pésimas condiciones de trabajo donde se desenvuelve el CBS. Se destina más a milicia y a inútiles burocracias, que a salud y educación, ¿eso da qué pensar no? Claro está que aunque Gobernación, Derechos Humanos, Presidencia, Tribunal Electoral, Diputados, Senadores, y el resto de zánganos burocráticos no aporten nada para el ciudadano a pie, para la comunidad, para las clases medias y bajas, sí colaboran a escenificar ese burdo engaño de la supuesta república democrática representativa.

Punto 4, responsabilidad; ese punto ya ni debería de tocarse. Dejando de lado los casos de aquellos con conductas sociopáticas, se entiende que el CBS no podría avanzar de estudiante a profesional, si incurriría en actos dañosos. Antes bien, serán las instituciones, las autoridades y la contraparte del equipo sanitario —los médicos—, quienes en ocasiones deforman las situaciones fallidas para no asumirlas ellos y embarcar a la enfermera. Cero lealtad, completa rabiosidad.

Lo del secreto, también es una constante general. Por redes sociales y medios masivos de comunicación, en ocasiones se satanizó a alguna enfermera por algún acto de ligereza con relación a algún paciente, pero ojalá, ojalá que con esa misma fiereza que se juzga al CBS, se juzgara al empresario y político. Pero no, se sabe, siempre se supo, que ellos tienen capacidades y derechos metaconstitucionales, que nosotros nunca tendremos. Así, es hipócrita que quieran linchar a algún enfermero por no discreto o ligero o burlesco, cuando el cinismo de la clase alta y de la casta política, son más groseros que un escupitajo en la cara.

Punto 6, bueno, ojalá pudiésemos decidir sobre las condiciones del entorno, pero nosotros no manejamos el presupuesto; los que lo manejan, o se lo roban, o no lo usan de forma racional, así, estamos en un hacinamiento y en una carestía que nos vuelve agresivos o indiferentes. Con buenos deseos, con proclamas, con carteles de misión-visión-filosofía, con charlas mañaneras, no se resuelven los problemas, mismos que son irresolutos porque en la agenda así se marca.

Al modo del modelo gringo, los poderes dan la indicación a los altos funcionarios, de que los servicios gubernamentales sanitarios y educativos sean deliberadamente insuficientes y deficientes, y así, la persona se irá a los servicios privados -escuelas privadas y hospitales privados-, y eso será realmente conveniente para los potentados, porque por un lado no gastan en la población, y por otro lucran, en empresas particulares, con esas necesidades de la población. Y a la persona trabajadora por cierto, se le sigue descontando por lo menos el veinte por ciento de su sueldo, para impuestos, que no alcanzan para que tenga servicio educativo y sanitario suficiente. ¿Negocio redondo, no? ¿A dónde se va el dinero sobrante? A manos privadas, y a maquinaria de control.

Sobre la competencia…, hipócrita cuestión; desde estudiantes vuelven la profesión una carrera de ratas; los vuelven rapaces, los convierten en predadores, al condicionar diversos aspectos de su presente y futuro, con un número, por una calificación. Impiden la organización, al volverlos enemigos, al hacerlos pelear por un recurso reducido.

En el ámbito académico pasa lo mismo: vuelven abarroteros egoístas y mezquinos a los académicos, en pos de ganar su bono o basificación o tiempo completo, insertándolos en una dinámica donde se vuelven enemigos de los alumnos, de sus pares, del saber. Esas competencias por ascensos o gratificaciones dividen al sector y alejan de la población.

Quieren que sean leales y compartidos entre ustedes, cuando los ponen a pelear por sueldos, recursos y ascensos. Una vez más, el sistema miente, la estructura manipula, la institución lucra y divide. Nos enemistan al hacernos pelear por platos de comida. ¿Puede haber algo más hipócrita, sádico e incongruente que eso?

Sobre el punto 8 —actualizar—, también ocurre lo mismo que con los obreros o los estudiantes: los saturan de actividades inútiles, de procesos engorrosos, de burocracia agotadora, de tal manera que se consume mucho tiempo (aparte de conflictos interpersonales e institucionales), en actividades que podrían omitirse, simplificarse o eficientizarse. Pero no se hace, porque la idea es agotarlas, que sean bestias de carga embrutecidas que no tengan más energía para actos que podrían ser dañinos para la hegemonía.

¿Cuándo un obrero, mesera o albañil, tendrá -al terminar su jornada laboral-, la energía para cuestionar su vida, la realidad, el gobierno y a lo laboral?

Así mismo, el profesionista ya no pude dedicar tiempo y atención a elementos artísticos o reflexivos, dado que el trabajo lo deja hecho un guiñapo, donde -como obrero-, sólo quiere llegar a dormir, a cenar, a ver la tele para distraerse. Y está así de agotado y embotado, porque así está planeado:

Dejarlo en reptiliano, robótico, reflejos, lo básico, que haga pero que no esté conciente, que no cuestione, que no problematice.

Punto 9 —dignificar—, mismo caso:

¿Cómo puedes ser creativo, propositivo, humanista, si por un lado la institución es impermeable a los cambios y a lo racional, y por otro lado, la jornada no te deja más energía que la suficiente para seguir caminando, produciendo y sosteniendo el proceso utilitario de los potentados?

Sobre el último punto —espíritu de grupo—, misma situación: primero vuelven esto una carnicería, una lucha de todos contra todos, conejos saltando por su zanahoria, perros luchando por la palmadita y el plato de croquetas, y luego quieren que la gente sea solidaria. Le piden a la persona que avasalle y traicione a su hermano, y luego quieren que exista confianza y apoyo entre ellos.

El Poder es una bestia malsana y burlesca que disfruta vernos destriparnos mutuamente.

El Capital no tiene nacionalidad, no tiene lealtad, no tiene reparos en mentirnos a la cara, en embaucarnos en una carrera destructiva y obscena.

Para ellos, nuestro dolor y agotamiento es nada, sólo les interesa nuestro sudor en la medida que ellos se benefician, y aunque nuestro sufrimiento no es su propósito, les importa un bledo idiotizarnos, agotarnos, enfermarnos y sacrificarnos.

Es claro e incontestable:

Para el poder solo somos materia, repuestos, herramientas.

Vemos mucha hipocresía y mala fe en los enunciados que conforman el decálogo.

Parecido a lo que está en las escuelas, en los carteles de misión-visión-filosofía: enunciados utópicos, engañosos, groseros, hipócritas, incongruentes con lo que es la realidad y el manejo de las autoridades. Pero como en el cuento del traje nuevo del rey, todos lo saben, lo padecen, lo sufren, pero nadie lo señala, éste sistema es despiadado y brutal con aquel que lo cuestiona.

Así como el capital se burla de nosotros, así como el presidente se ríe en nuestra cara, así esos códigos son una ofensa cruel y desvergonzada ante la realidad que se nos impone a los asalariados, a los no amafiados, a los que no estamos en el círculo interno de los intereses [4].

Con esto concluimos el Desarrollo, procedemos al cierre.

Conclusiones

En otros milenios, en la sociedad había relaciones intersubjetivas, relaciones entre sujetos, donde uno y otro, uno y otra, una y otra, reconocían a quien estaba enfrente, como una entidad digna de respeto, de reconocimiento y de aprecio.

Eso fue así, porque el Poder aún no era tan fuerte ni tan refinado en sus mecanismos.

Pero… Se dieron cuenta que lo intersubjetivo no era bueno para el negocio, porque el humano compasivo, con redes, con empatía, no iba a permitir que el Otro sufriera.

Entonces, modificaron el entorno, la sociedad, la familia, lo ético, axiológico y ontológico.

Lo que programaron y que por tanto impera, es la dinámica interobjetiva, la relación entre objetos.

Ya no hay sujetos pensantes, reflexivos, comprensivos, cooperativos.

Ya no hay porque el capital creó una realidad donde lo que se produce, son humanos-objetos. Predeterminados, fijos, esquemáticos, inconscientes, necios, irreflexivos y egoístas.

A un objeto no le interesa otro objeto; sólo se usan, desechan y destruyen mutuamente.

Y claramente no es su elección.

Actúan así porque es su programación, y ellos son tan débiles, están tan idiotizados, que no alcanzan a darse cuenta de que su supuesta “elección” o “personalidad”, no es suya.

Hacen lo que se espera de ellos; hacen lo que le conviene al capital; hacen lo que le beneficia al poder.

Y por eso tantos secuestros, asaltos, agresiones, violaciones e indiferencia.

Eso, precisamente es lo que le conviene al Poder: que estemos disgregados, que estemos desunidos, que seamos perros rabiosos con nuestros hermanos, pero nunca con el amo.

Porque nuestro sadismo nunca lo dirigiremos a los patrones y gobernantes, sólo a otro indio condicionado, embrutecido y debilitado, como nosotros mismos.

Un último agregado…

En México, en la capital, recientemente hemos visto algunas muestras de manifestación de inconformidad y organización por parte de la otra licenciatura CBS, de los otros profesionales de la salud, los médicos. Situación que de inicio, tiene que ver con la manera como la “cuarta transformación” está manejando recursos. En su populismo, está redistribuyendo recursos que quita de otro lado; ¿de dónde saca recursos para darle sus “apoyos” a sus solovinos? Pues de los servicios básicos, que ven aún más disminuido su presupuesto.

Claramente, acción paliativa, actos burdos y vulgares que buscan aceptación, apoyo y confluencia.

La supuesta izquierda es igual de populista que cualquier otra presidencia priista.

Pero el punto aquí es otro.

La situación toma un cariz diferente, cuando nos damos cuenta de dos pequeñas cuestiones.

1. Por un lado, esos residentes, son aquellos estudiantes que cumplieron el pregrado, la formación de la licenciatura en medicina, y ahora están haciendo una especialidad.

2. Esos estudiantes que se están especializando, están actuando de manera abstraía, aislacionista, elitista, burguesa.

Sobre el primer punto:

Esa licenciatura tiene ciertas características, que implica que las personas que las cursan, tienen qué ser estudiantes de tiempo completo. Eso implica que tienen qué tener un grupo de apoyo, un grupo de respaldo, una familia que los mantenga totalmente, que se haga cargo de su ropa, su alimentación, los insumos escolares, y la logística doméstica necesaria para las necesidades básicas.

No es poco.

Son muchos recursos.

Es mucho dinero para alguien que no está retribuyendo lo mínimo para la familia.

De manera general, los alumnos de la licenciatura en medicina, vienen de las clases medias, oscilando entre la media-baja y la media-alta.

Difícilmente el hijo de un obrero, de una afanadora madre soltera, de un albañil alcohólico, podría solventar los gastos para alguien que quisiera formarse en esa licenciatura.

Entonces, y una vez más, las condiciones históricas, las circunstancias socio-económico-culturales serán factor determinante para los alcances existenciales, para las posibilidades fácticas, para los rangos formativos.

Y ellos, los que ya están inscritos en la licenciatura, los que concluyen pregrado, y los que entran a la especialidad y son residentes, están ahí, estuvieron ahí, cerraron el proceso de licenciatura e iniciaron su especialidad, porque tuvieron esas condiciones, porque se las aportaron sus grupos de apoyo.

Es decir, siguen siendo estudiantes, siguen siendo hijos de familia, siguen sin aportar nada a la casa, y si pueden seguir formándose ya como especialistas, es porque sus padres y allegados tienen la posibilidad de seguirse haciendo cargo de ellos.

Y aquí entra un punto álgido:

Ellos son privilegiados.

¿Por qué?

Porque les están pagando por estudiar.

Quizás es poco, quizás esa cantidad que ellos están recibiendo del erario, no sea suficiente para mantener una casa, para irse de vacaciones a Cancún, o para comprarse un carro, pero es una cantidad que viene de recursos federales, que no se está usando para otros rubros, y que en últimas, en sus condiciones de hijos de familia clase media, no lo necesitan, o incluso no lo merecen.

Y no obstante, pese a ser varios de ellos juniors, varios de ellos pequeñoburgueses hijos de profesionistas, se indignan y lo exigen.

Sobre el segundo punto:

Muestran su estructura de personalidad clasemediera, burguesa, al sólo erigirse ellos como afectados, y no considerar a quien es parte primordial del equipo de trabajo: los enfermeros y enfermeras.

Cualquier persona que ha laborado en el ámbito hospitalario, sabe que en sentido numérico, es mucho mayor el número de personas que laboran de enfermería, que de medicina. En los servicios sanitarios hay más enfermeras y enfermeros, que personal de medicina.

Eso cuantitativamente.

Ya ni nos metemos en el aporte cualitativo, relacional, técnico y didáctico de la enfermería, con relación al paciente.

Como ya se ha comentado en otros lados:

Quienes verdaderamente están con el paciente, lo acompañan, lo cuidan, lo atienden, lo limpian y alimentan, es el personal de enfermería.

Lamentablemente, la persona —el paciente— demuestra su adoctrinamiento, su ideologización, su condicionamiento, su estupidización, al besar la mano de aquel que el Poder le programa como su representante: el sujeto del supuesto saber, el denominado especialista.

La persona clase media y baja es programada para escuchar, respetar y atender la indicación de aquellos encargados de sus herramientas de control y manipulación: el presidente, el gobernador, el diputado, el patrón, el padrecito y el médico.

Casualmente, cada uno de ellos, responde a los intereses del capital; casualmente, cada uno de ellos se rige con las normas y fines ulteriores de las clases altas.

Entonces, les es concedido a esos empleados cierto estatus, predominio y potestad, no porque ellos se lo hayan ganado, no porque en verdad lo merezcan, no porque aporten mucho a la población, sino porque con su actuar institucionalizado, sirven a la camarilla financiera.

Los que no somos CBS, pero sí somos simples usuarios de las instituciones de salud, aquellos que hemos ido a las instituciones sanitarias por alguna atención, podemos testimoniar el trato despersonalizado, cosificante, grosero, insensible e intolerante de los médicos.

Y claro, minorías: así como existe un sector de enfermería cuestionable, también existe un sector valioso de personal médico, mínimo, pero existe. Pero el que predomina es aquel falto de paciencia y consideración por el Otro.

Y su chauvinismo, su megalomanía fanática, aquello que los vuelve unas bestias petulantes y presuntuosas, no solo se limita a los pacientes, también se derrama en el personal de enfermería.

Uff, imagínense si los normalistas, si el magisterio no estuviera podrido e invadido, ¿imagínense cuánto podrían presionar y hacer por el pueblo de México?

Su número es grande, su influencia considerable, podrían ser factor de transformación social. Pero no lo son, porque fueron corrompidos, trastocados, los hicieron traicionar al pueblo para más bien servir al régimen de turno y a los intereses de los capitales extranjeros que controlan el mundo.

Así mismo, el área de la salud, al ser otro de los componentes esenciales de una comunidad, si se organizaran, podrían ser catalizadores, renovadores, revolucionarios, radicales. Pero no lo son, porque en primer lugar, se provoca conflicto entre ellos mismos, se enemista a médicos con enfermeros; y si las dos facciones principales están contrapuestas, ya no hay posibilidad de consensos, de organización, de acción amplia, profunda y renovadora.

Y en segundo término, les pasa lo mismo que les pasa a los académicos:

Los alejan del pueblo.

El médico, en parte por ser clase media hijo de familia, y en parte por ser usado por el Poder como sujeto de conocimiento y autoridad, está enormemente alejado de las circunstancias y problemáticas de juan pueblo, del indio, del ciudadano a pie, del mexicano sencillo, humilde e inculto. Que con todo y vergüenza, tenemos que aceptar que es la mayoría del país.

El médico, si no se hubiese dejado manipular, si no se creyese el tinte de pseudoélite que su patrón le marca, podría ser potencia, factor de cambio, si se aliara al enorme elemento cuantitativo y cualitativo que aporta la enfermería.

Pero no lo hacen, porque son egoístas, porque están alienados, porque les falta conciencia social. Tienes conciencia de clase, pero de una clase que no es ni la de las enfermeras ni la de los pobres incultos.

Si los viejos marxistas rusos quisieron ganarse, unos a los campesinos y otros a los obreros, fue porque sabían que esos sectores no solo eran número, también eran potencia, factor, catalizador.

El médico olvida la potencialidad del enfermero, y con ello, pierde fuerza y aliados. Y al aislarse, es más fácil que el sistema lo invisibilice. Podrían aunarse a su lucha, el personal de enfermería, y con ello, se convertirían en una fuerza que podría poner de rodillas a la banca y a las corruptas burocracias. Al no conjuntarse el médico con el enfermero, su lucha es como de lumpen, un asalariado que no entiende las fuerzas que moldean la realidad, es ciego, ignorante y necio con relación a la raíz de los problemas; no le interesa entender, sólo quiere medrar en la cadena alimenticia y cebarse en su carroña.

Andan los médicos llorando por sus apoyos al estudiar especialidad, pero son burgueses elitistas que no entienden que se podría lograr mucho más si consideraran a la enfermería y se organizaran con ella.

Podrían hacer temblar al sistema, podrían cruzarse de brazos y paralizar al país. Podrían conseguir tantas cosas buenas, no solo para el gremio y las instituciones, sino para el pueblo, aquella población simple e ignorante que ellos olímpicamente ignoran.

Ah, y por cierto, así como un médico no toma en cuenta digamos a un psicólogo, la enfermera con experiencia, con conocimiento, con elemento vivencial y teórico, tampoco considera ni respeta mínimamente a ese médico ingenuo, grosero y cobarde, que se aprovecha del organigrama para vomitar su frustración, sus traumas y sus deficiencias.

Quizás lo oiga en su momento, pero tras partir ese nefasto, su influencia es nada, ¿lo sabían señores usuarios y pacientes?

Ciudadano, usuario, enfermo, paciente:

No seas ingenuo, piensa tantito.

Así como tú no le interesas en nada al diputado o al padrecito, así también tú eres menos que cero para el médico alienado.

Tu programación se nota cuando le aplaudes a algún candidato, a un dizque santo representante de la iglesia, y cuando le agradeces a un médico a quien no le importas en lo absoluto.

Él se lleva tus lágrimas, tus agradecimientos, tus besos y buenos deseos, cuando es la enfermera quien literalmente estuvo contigo.

Pero ándale pues, sigue manteniendo bandidos, sigue admirando y adorando a alguien que jamás en su vida sabrá de ti, que nunca tendrá el mínimo interés por ti.

La culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre; tú los encumbras, te mereces que te escupan en la cara.

Por cierto (y ahora sí ya para terminar), ¿les tocó ver en alguna clínica o centro de salud, el 30 de abril día del niño, a médicos disfrazados de payasos o superhéroes?

Acto demostrativo, yóico, paliativo, más hecho con falsa modestia y deseo de protagonismo, que con verdadero deseo de servir.

Patético y de muy mal gusto:

En esos eventos se muestran juguetones y bondadosos, pero el resto del año son sádicos, indiferentes, intransigentes e incapaces.

Hay tantos huecos en la formación del médico, que el decálogo de ética de la profesión sólo es un mero paliativo, un burdo pegostie, que pretende cubrir todos los déficits y vicios de esa carrera y del sistema de salud.

Notas

1. Chéquese http://www.unamglobal.unam.mx/?p=50780 página de la cual se extrajo información en torno al reconocimiento del derecho de la mujer a votar y ser votadas para puestos de elección popular.

2. Cfr. Secretaría de Salud, Código de Ética, p 19.

3. Nota: dos de las autoras son profesionales de la salud que ejercen en campo y en hospital, el tercero es ajeno a la formación y experiencia CBS, por tanto, sólo hace una lectura alterna, desde fuera, sociológica, a eso que ustedes viven.

Por cierto, CBS son las siglas de la división de Ciencias Biológicas y de la Salud, área de conocimiento que engloba a las licenciaturas en odontología, biología, química, medicina y enfermería.

4. Para complementar estos enunciados, insertamos en el Anexo un elemento testimonial y reflexivo; chéquese por favor.

Referencias bibliográficas

PÁGINA de la cual se extrajo información en torno al reconocimiento del derecho de la mujer a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Revisada el 24 de abril del 2019: http://www.unamglobal.unam.mx/?p=50780
SECRETARÍA DE SALUD (2001): Código de Ética para las Enfermeras y Enfermeros en México. México: Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Anexos

El Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aprobado la propuesta de declarar el próximo 2020 como el Año de la Enfermería, fecha en la que se cumple el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, ésto tras una reunión del organismo en Ginebra, en la que estuvo presente Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del organismo.

Sin embargo en México, la Enfermería sigue siendo una profesión subvalorada, menospreciada.

Aun cuando ha generado su propia metodología y su fundamentación científica para ejecutar cuidados independientes, el resto de los profesionales del equipo de salud, minimizan su accionar y sus intervenciones.

A continuación me permito brindar un panorama de mi realidad laboral actual:

En primer nivel de atención, específicamente para la detección de pacientes sospechosos de tuberculosis pulmonar, es en la mayoría de los casos el personal de enfermería quien identifica al sintomático respiratorio para ofertarle un estudio denominado baciloscopia (estudio de las flemas), que consta de una tinción que se procesa en laboratorio, la cual permite el diagnóstico oportuno de una enfermedad que por miles de años ha aquejado a la humanidad y que se ha identificado por la Secretaria de Salud como un problema de salud pública. Objetivos primordiales de dicha institución son: disminuir la mortalidad, incrementar la tasa de curación y cortar la cadena de transmisión.

Una vez diagnosticado, el tratamiento consta de valoración médica y controles bacteriológicos mensuales, y uno de sus pilares más importantes es la estrategia TAES, que consiste en la administración de un fármaco llamado DOTBAL, el cual debe ser supervisado por un personal de salud, en la mayoría de los casos es un personal de enfermería. Durante la fase intensiva que consta de dos meses, administra de lunes a sábado, fase de sostén los días lunes, miércoles y viernes durante cuatro meses, haciendo un total de 105 dosis en un tx de tb pulmonar pansensible.

Dado el alto riesgo de resistencia por abandono de tratamiento y la importancia de la farmacovigilancia por los efectos secundarios asociados al tratamiento, más el abordaje integral de las comorbilidades asociadas tales como: DM2, VIH, desnutrición, entre otras, se generó la Red TAES de Enfermería, la cual surge como un esfuerzo de colaboración y apoyo para fomentar el apego terapéutico del paciente afectado con tuberculosis.

El panorama anterior denota la vital importancia del actuar de enfermería en el tratamiento de esta patología, sin embargo, su ejercicio es invisible ante los ojos del programa nacional, programa estatal y jurisdicción sanitaria, aun cuando es el enfermero quien programa las consultas, administra el fármaco, notifica efectos secundarios, toma las baciloscopias de control y está acompañando al paciente durante todo el tratamiento.

Como personal contratado directamente por el programa de tb -trabajo como personal eventual, de 12 meses trabajo 9 bajo contratos de tres meses-, mi trabajo consiste en darle cumplimiento a las metas de detección y el seguimiento de los pacientes en tratamiento. Sin embrago, con formación de Licenciatura, mi código corresponde a Enfermera Auxiliar “A”.

Respecto a mis actividades, me encuentro bajo el mando de un médico, quien me solicita avances de dos coordinaciones municipales, que en total suman 12 centros de salud. Anteriormente, brindaba capacitaciones a los compañeros que integraban la red TAES de enfermería en la jurisdicción sanitaria para la cual trabajo.

Sin embargo, y a pesar de tener experiencia de casi cuatro años, he sufrido de maltrato hacia mi persona y descalificaciones sobre mi actuar, aun cuando dichas metas y seguimientos se han cumplido en tiempo y forma.

Respecto a las capacitaciones, también he sido desvalorizada, no se me permite dar réplicas de cursos que he tomado, ni tampoco reforzar conocimientos sobre la elaboración de planes de cuidado, que son requisito indispensable para el seguimiento de cada paciente con TBP.

Acudo a las unidades de salud a supervisar, capacitar, retroalimentar, fomentar el apego terapéutico de pacientes y realizar estudio de contactos, sin pago de viáticos y por mi propia cuenta y riesgo.

En absoluto recibo algún apoyo para comidas o desplazamientos, de eso, nada.

Sin embargo, para mí, el trabajo per se, no es problema; lo complejo, es la situación que vivo a diario y el desaliento que me genera saber que a pesar de haber egresado de una Universidad, no se me permita tomar mis propias decisiones respecto al cuidado de los pacientes.

Por ética profesional, por cumplimiento de mi juramento como enfermera y por el humanismo que se me fomento durante mi formación, no desisto: es la luz que incentiva mi espíritu, saber que trabajo por y para los pacientes.

Entender que el cuidado de la persona es igual de importante que el diagnóstico y la pauta de tratamiento.

Somos los enfermeros los que ejecutamos y en concordancia con el principio bioético de beneficencia, velamos por el bienestar del paciente.

Los enfermeros no nos formamos para tratar enfermedades, sino para cuidar de la persona, respetando su individualidad y tratando de apoyarlos en sus necesidades de cuidado.

Es difícil luchar con el estúpido, implantado y arcaico paradigma de que “la enfermera es la ayudante del Dr.”

Que para cualquier situación “hay que pedir permiso” o “esperar la firma de alguien más, que si pueda respaldar mi trabajo”.

Es frustrante e injustificado que siempre esté bajo la sombra de alguien más, sin embargo, mi ímpetu como profesionista no se pierde.

Sobra decir que ésta es la segunda carrera que estudio, me formé cuatro años en al área administrativa, me forme como mercadóloga, y me bastaron esos años para comprender que no quería vivir de la venta de productos y servicios que en la mayoría de los casos satisfacen necesidades superfluas, necesidades creadas por los potentados que controlan los países y el mundo.

Mientras tanto, aprovecho para exhortar a los compañeros enfermeros a que continuemos edificando y dignificando la profesión, salir de las sombras y generar protagonismo profesional, hacer visible nuestros cuidados.

Ejercer éticamente y comprometernos con el bienestar del paciente, ya que trabajamos por y para seres humanos que al igual que nosotros sienten, sufren, enferman, se recuperan, y que mayor satisfacción que saber que lograremos un camino propio y digno si luchamos y entendemos que somos un grupo numeroso; que escogimos un camino que pocos eligen por lo desventajoso que parece y que somos una profesión emergente, en constante evolución.

De la frontera a la pluralidad

Reseña del libro La Razón Manual de Manuel Fernández Lorenzo (Lulú, Morrisville, Carolina del Norte, 2018)

Carlos Javier Blanco Martín
Doctor en Filosofía
.

El hombre fue hecho por la mano. La mano, órgano de los órganos y fuente de los instrumentos, es la responsable y causante de nuestra inteligencia. La genial intuición de Anaxágoras acerca de la génesis manual de la inteligencia, corrige todo el mentalismo, y no sólo eso, lo esclarece a la luz de la evolución de la habilidad manual. Este es el meollo del programa de investigación emprendido por Manuel Fernández Lorenzo, quien hace suya la intuición del griego por medio de un programa de investigación dotado de doble faz, positiva y filosófica, programa que recibe el mismo y ajustado título de su último libro: La Razón Manual.

Para fundamentar el programa de doble faz (positiva y trascendental) es necesario rastrear los antecedentes históricos del mismo.

Los antecedentes positivos, propios de las ciencias categoriales, son bien recientes: de una parte, la antropología evolutiva ha ido señalando, en el transcurso del último siglo, la importancia de la bipedestación para explicar el tránsito de los antropoides a los homínidos, a resultas de cambios climáticos decisivos en el continente africano en los últimos tres-cuatro millones de años. Ese caminar erguido, quizá implicado con una mejor refrigeración del cerebro bajo el tórrido sol austral y una adecuada visión vigilante en un paisaje de sabana y altas hierbas, tuvo que ver con la pérdida de masas arbóreas y una mayor cantidad de tiempo invertida en el deambular pedestre, a ras de suelo. Los “brazos” dejaron de ser largas extremidades delanteras con capacidad colgante de las ramas, y las copas de los árboles apenas fueron para aquellos animales un refugio nocturno elevado para evitar ataques de fieras. Las distintas especies halladas de australopitecos presentan notables modificaciones que orbitan en torno a unas manos “libres”, esto es, colgantes al extremo de unos brazos más cortos, también colgantes. En realidad, las manos y los brazos colgantes y liberados de la locomoción y apoyatura en el suelo, conforman todo un sistema de navegación exploratoria y manipuladora en torno al propio eje vertical que es el cuerpo del homínido. Ese homínido erguido se desplaza con sus pies y explora el entorno a ras de suelo, como tantos animales. Pero aun plantado en el suelo, inmóvil, no deja de ser activo casi en los 360 grados en que puede rotar —siempre que haga un pequeño cambio con los pies— pues los brazos-manos alteran cuanto se encuentran en torno, o son capaces de hacerlo sirviéndose de instrumentos oportunos, que ahora, el australopiteco y los primeros miembros del género Homo empiezan a fabricar. La actividad de un animal dotado de habilidad manual no es simple actividad, es verdadera acción y operación. Otros mamíferos, con garras no liberadas, con patas sustentadoras, con pezuñas, etc. emplean su boca para el transporte y prensión de objetos. El hombre prehistórico completaba su prensión manual con la oral mucho más de lo que hoy hacemos, en una fase en la cual la actividad mandibular (desgarro de alimentos, sujeción de objetos) era protagonista y compensatoria de la escasez de instrumentos extrasomáticos.

También en esa doble capacidad prensil-operatoria, oral por una parte, manual, por otra, tiene el sexo su incardinación. La extraordinaria sensibilidad concentrada en la mano, como elongación de la piel, y muy concretamente en la yema de los dedos, hace del Homo sapiens el animal sensible por excelencia, sensible al tacto. Pero junto con los dedos como antenas de la piel-receptora tenemos los humanos la boca como órgano que comparte la doble función prensil-operatoria y sensible. Como parte del programa investigador que promete Manuel Fernández Lorenzo, la evolución sinérgica y simultánea de nuestras capacidades sensoriales, operatorias y erógenas desde la lejana noche en que nuestros ancestros comenzaron a tener las manos libres y colgantes, así como la boca al frente, y no volcada al suelo, parecen asuntos de prioritaria atención. La antropología evolutiva, junto con otras disciplinas como la psicología, las ciencias cognitivas, la lingüística, etc. pueden aportar sus metodologías y enfoques centrándose en estos dos órganos, boca y mano, aunque de manera mucho más significativa en la mano, órgano clave a la hora de entender el radio creciente con el que el hombre, como columna-eje bípeda, construye un mundo “en torno”.

Pero, además del rostro positivo, o científico-categorial, que presenta el programa del “Pensamiento Hábil” o la “Razón Manual” del profesor Manuel Fernández Lorenzo, hay otra faz, esta vez estrictamente filosófica. En la línea de la más venerable “filosofía como ciencia rigurosa”, este programa filosófico que ha iniciado el autor de “La Razón Manual” se inicia en la Edad Contemporánea con el idealismo alemán de Fichte. En el primer gran autor idealista, discípulo de Kant, encontramos formulada una concepción dialéctica, que no geométrica, de la Filosofía. Hallamos en esta figura señera que es Fichte el empeño más serio de la historia, nunca registrado hasta entonces, orientado a forjar un sistema filosófico total a partir de un fundamento inconcuso. El fundamento reside en el Yo, de ahí el idealismo, pero no un Yo meramente representativo, pasivo, especular. Se trata de un Yo definido por su actividad, pero esta actividad no es a su vez ni meramente el cogito cartesiano, un “principio de conciencia” (Reinhold), ni tampoco se trata de un principio radicado en la experiencia sensible (empirismo, positivismo), el fenómeno. La actividad del Yo fichteano consiste en acción y operación. En el mismo momento en que el Yo se pone (se afirma, “yo soy”), se le contra-pone un no-Yo, esto es, aquello que le niega y aquello mismo que la filosofía dogmática anterior al idealismo entendía por materia, el ser, la realidad, etc., y esto en la medida en que recortaba, limitaba y circundaba al Yo. Pero el Yo contra-puesto al no-Yo, incluso en el acto más simple de percepción o memoria exige un tercero, un Yo reflexivo que distinga aquel no-Yo de antes y éste no-Yo de ahora, de la misma manera que ese Yo reflexivo, de segundo grado, distingue la posición del primer Yo, de su negación y de su propia reflexión. Y así sucesivamente. Con lo que tenemos que el Yo reflexivo de segundo grado es más que reflexivo, es absoluto o trascendental. En el desarrollo de la actividad que le es propia, el Yo primario, ya “puesto” o afirmado, exige la presencia de un Yo absoluto que es síntesis de aquel y de su contra-posición o no-Yo. El proceso fichteano, que Fernández Lorenzo resume de manera clara y didáctica, es dialéctico (tesis, análisis, síntesis), superador de la simple deducción geométrica. La nueva filosofía que parte de un Yo de acciones y no de un espejo representacional del mundo, se inserta en la misma tradición del racionalismo que pugnaba por la edificación de un sistema. Ahora bien, la relación entre las partes del mismo (que es lo que debe darse para poder hablar de “sistema”) no es deducida, como si la filosofía fuera una parte o una prolongación del saber matemático. El fundamento del nuevo sistema idealista requiere un punto de partida (el Yo de las acciones, en lugar del cogito cartesiano o de la sustancia espinosista) y un procedimiento (la dialéctica en lugar de la deducción). Con esta revolución fichteana inicia su andadura una filosofía que no será, simplemente, una “metafísica” en el sentido en que la crítica moderna fue entendiendo la metafísica, esto es, un abanico de “doctrinas” u “opiniones” sobre el ser, a gusto del consumidor, cada una de ellas carentes de fundamento completo y entre sí plagadas de contradicciones. La sustitución de la metafísica dogmática por una filosofía no ya solo crítica, sino constructiva, es la meta de la filosofía del pensamiento hábil. Se trata de esclarecer en un doble plano (positivo y trascendental) cómo se generan estructuras objetivas. Todas las estructuras generadas a partir de sistemas de acciones y operaciones entrañan ya —en grados diversos— dosis de “conocimiento”.

Pero una inflexión importante en esta “filosofía constructiva”, y orientada a ser un sistema riguroso, jalonada ya por brillantes desarrollos posteriores al idealismo a lo largo del siglo XX (la Fenomenología de Husserl, la Epistemología Genética de Piaget, el Materialismo Filosófico de Bueno) consiste en incorporar una ontología “fronteriza”. En el plano positivo, la idea del cuerpo como centro generador de acciones y operaciones, y constructor de relaciones ha ido ganando terreno en las ciencias psicobiológicas, cognitivas, en la antropología, etc. más allá de ser considerado simplemente como un término, esto es, como un punto de partida y de llegada en las operaciones gnoseológicas. Dentro del cuerpo del hombre, y en contra del fuerte enfoque neurocentrista de nuestro tiempo, son las manos las que dotan al ser humano de ese carácter fronterizo. En las manos no sólo hay una dimensión “plana”, de superficie receptora, sino n-dimensional en cuanto que las manos “hacen” y aumentan las posibles superficies de operatoriedad. Mientras que los pies están forzados gravitatoriamente a contactar con un suelo, plano único de sustentación, las manos “vuelan” y con la versatilidad de los dedos alzan mundos enteros de carácter construido. El objetivismo dogmático dice: el mundo es lo que se muestra “a distancia” de las manos, y de los demás receptores sensoriales. El idealismo mentalista, en cambio, sostiene: el mundo ha de ser absorbido o interiorizado en la mente o en el cerebro, y sólo entonces el sujeto puede manejarse en él, y así debe haber una especie de duplicado del mundo para formar parte cognitiva y activa en él. Pero la filosofía de la Razón Manual establece la generación de estructuras de acción-cognición precisamente en el quicio (que recuerda algo la “filosofía fronteriza” de Eugenio Trías) en el que el cuerpo dotado de manos modifica el mundo, y el mundo incide sobre la propia superficie corpórea activa. Es un “medio” diferente del medio externo envolvente, y del medio interno de la agencia (organismo, sujeto, cerebro). Manuel Fernández Lorenzo, aunque se reivindica como discípulo (heterodoxo) del materialista Gustavo Bueno, y debe una parte de su aparato conceptual y terminológico al recientemente fallecido filósofo español, está elaborando una filosofía (o mejor, un complejo programa doblemente positivo y trascendental) de muy diferente naturaleza. Una filosofía del “quicio”, de la frontera, que al principio es una mera raya, una línea de ruptura entre géneros inconmensurables, un “imposible físico” o un abismo sin fondo, pero de esa mera raya separadora provienen acciones y operaciones que permitirán un mundo “hacedero”, así como nuevas fronteras y categorizaciones. De una línea que marca el límite de una racionalidad parcial brota, con todo su espesor, policromía y solidez, toda una pluralidad ontológica.

La problématique du « changement comportemental » en psychologie sociale | Synthèse théorique

Gwenolé Fortin
Maître de conférences. Université de Nantes (LEMNA), France
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Introduction

Depuis plusieurs décennies, la psychologie sociale s’intéresse aux processus d’influence et plus particulièrement à la problématique du « changement comportemental », ou « manipulation des comportements ».

Des recherches se sont ainsi consacrées à l’exploration des mécanismes cognitifs inhérents aux différents processus d’influence et de persuasion ; parallèlement, et en marge des théories persuasives, des approches plus expérimentales ont également cherché à valider certaines techniques psychosociales permettant d’influencer les comportements.

Ces différentes travaux théoriques et expérimentaux (menés dans des contextes ordinaires) ont progressivement conduit à l’identification de différents facteurs spécifiques d’influence permettant d’obtenir d’autrui des comportements qu’il ne produirait pas spontanément.

Mais pour l’essentiel ces recherches se sont construites disjointement dans le cadre quasi exclusif de deux grands paradigmes scientifiques : les théories de la persuasion d’une part (Eagly & Chaiken, 1998 ; Petty & Wegener, 1999 ; Girandola, 2003 ; Petty & Briñol, 2007 ; Pour synthèse : Chabrol & Radu, 2008) et la psychologie de l’Engagement d’autre part (Kiesler 1971 ; Gueguen, 2002 ; Pour synthèse : Joule & Beauvois, 1998, 2002).

Depuis quelques années seulement, une nouvelle approche conceptuelle s’efforce de les (re)concilier, proposant une sorte de modèle intégratif : celui de la « communication engageante » (Joule, 2000 ; Girandola, 2005 ; Joule, Girandola & Bernard, 2007 ; Joule, Bernard & Halimi-Falkowicz, 2008 ; Pour synthèse : Girandola & Joule, 2008).

L’objectif de ce court article est ici de présenter la synthèse de ces différents courants scientifiques et leur évolution.

1. Les théories persuasives

Inscrites dans le paradigme de la rationalité supposée de l’être humain, les théories de la persuasion (du latin persuasio, consistant en l’action d’amener un sujet à faire, à croire, à vouloir) envisagent le changement comportemental comme la conséquence directe d’un changement attitudinal, considérant donc qu’il s’agit toujours dans un premier temps de persuader (i.e. changer l’attitude) pour voir l’individu adopter ensuite effectivement les comportements attendus (Allport, 1935 ; Azjen & Fishbein, 1980, 2000 ; Dillard & Pfau, 2002 ; Fishbein & Azjen, 2010).

1.2. Limites

Les campagnes de communication et de prévention relèvent ainsi toutes de ce présupposé théorique (Pfau & Parrott, 1992). Or, si ces campagnes produisent certes des effets sur le plan attitudinal (Pfau & Parrott, Ibid ; Hornik & McAnany, 2001 ; Petty & Briñol, 2010a, 2010b), elles apparaissent nettement moins efficaces sur le plan comportemental (McGuire, 1989 ; Ennett et al., 1994 ; Perloff, 2003 ; Delhomme & Meyer, 2004 ; Girandola, 2005 ; Petty, Briñol & Priester, 2008).

C’est précisément ce que montre en effet un certain nombre d’études longitudinales cherchant à mesurer l’incidence de ces campagnes de prévention (via l’exposition à des messages à caractère persuasif) à la fois sur les attitudes et les comportements. Pour exemple, les méta-analyses portant sur plusieurs centaines de campagnes de prévention du tabagisme (McAlisterm, 1981) ou du Sida (Albarracin, Durantin & Earl, 2006)  révèlent un impact très modéré sur les comportements effectifs ; de même, les exemples du Projet Hutchinson (Paterson et al., 2000), programme de sensibilisation aux dangers du tabagisme, ou du programme DARE (Drug Abuse Resistance Education ; Ennet et al., Ibid ; Dukes, Ullman & Stein, 1996), programme de sensibilisation aux dangers de la consommation de drogue, en constituent une illustration concrète : ces campagnes présentent des effets significatifs sur les attitudes, nettement moins sur les comportements…

Aussi, bien que l’ambition initiale des travaux sur la persuasion ait été de comprendre le changement comportemental via le changement attitudinal, peu de travaux attestent d’un lien direct entre ces deux changements (Burn, 1991). Et de nombreuses recherches en psychologie sociale viennent souligner a contrario la faible corrélation, voire même l’absence de lien causal, entre attitudes et comportements (Wicker, 1969 ; Krauss, 1995 ; Gross, Holtz & Miller, 1995) : la méta-analyse proposée par Krauss, portant sur 88 études, témoigne en effet d’une corrélation attitude-comportement très « modérée » (Krauss, Ibid) ; ce qui questionne aussi sur la prédictibilité intrinsèque du concept d’attitude (Channouf, Py, Somat, 1996). Au final, ces recherches empiriques attestent seulement que sur le plan attitudinal, information et persuasion s’avèrent efficaces, dans la mesure où ces campagnes de sensibilisation finissent par modifier les attitudes des individus qui y sont exposés. Ainsi, sans être prédictives des comportements correspondants, elles demeurent a minima susceptibles de convaincre les sujets sur les problématiques qu’elles abordent : dangers du tabagisme, de la consommation de drogues ou alcools, problèmes écologiques, etc.

Ces recherches illustrent donc le décalage qui semble exister entre les attitudes et les comportements : l’individu peut être convaincu par l’utilité du don du sang par exemple sans pour autant donner effectivement son sang, ou bien être convaincu de la nécessité pour sa santé de cesser de fumer sans pour autant s’y résoudre (Sheeran, 2002 ; Webb & Sheeran, 2006).

2. La théorie de l’Engagement

En marge des recherches sur la persuasion, les travaux de Lewin sur « l’effet de gel » (Lewin, 1947) et de Festinger sur la « dissonance cognitive » (Festinger, 1957) ont permis d’ouvrir la voie à l’émergence d’un nouveau paradigme en psychologie sociale : celui de la théorie de l’Engagement.

2.1. « L’effet de gel »

A la différence d’une information, ou d’une démonstration argumentative, le travail de Lewin a validé l’idée selon laquelle la libre adhésion à une décision comportementale cristallise (gèle) le comportement du sujet. Ainsi, lorsqu’un individu est amené à prendre « librement » et « publiquement » la décision d’émettre un comportement, il se sent alors investi, engagé par cette décision initiale ; celle-ci « gelant » l’univers des alternatives possibles et conduisant l’individu à agir conformément à sa prise de décision initiale.

Des expériences de terrain viendront valider le travail théorique de Lewin (Radke & Klisurich, 1947 ; Bavelas et al., 1947). Et les résultats de recherches ultérieures (Kiesler & Sakumura, 1966) confirmeront ainsi le rôle essentiel du « sentiment de liberté » et de la « prise de décision publique » dans les processus d’engagement ; validant aussi combien l’acte de décision initial semble lier l’individu à ses comportements futurs.

2.2. « La dissonance cognitive »

Pour Festinger (Festinger, Ibid), l’apparition de couples de cognitions dissonantes chez un sujet tend à générer en lui un état psychologique intenable qui l’amène à relativiser ces cognitions dissonantes avec son comportement : il s’agit du « processus de rationalisation », qui se traduit par un nouvel état motivationnel entrainant des changements d’attitude ou des changements de comportements (Beauvois & Joule, 1981 ; Beauvois, Joule & Brunetti, 1993).

Dans la lignée des premiers développements théoriques de Festinger sur la dissonance cognitive, Festinger et Carlsmith proposeront alors un protocole expérimental visant à valider le processus de rationalisation cognitif de sujets engagés dans un comportement contre-attitudinal (Festinger & Carlsmith, 1957).

2.3. L’Engagement

Kiesler en sera le premier théoricien (Kiesler, Ibid) ; définissant l’Engagement comme « le lien qui relie l’individu à ses actes comportementaux » (Kiesler & Sakumura, 1966 : p. 349). Joule et Beauvois viendront compléter cette définition en précisant que « l’engagement correspond, dans une situation donnée, aux conditions dans lesquelles la réalisation d’un acte ne peut être imputable qu’à celui qui l’a réalisé » (Joule & Beauvois, 1998 : p. 60). Sur cette assise théorique, ces mêmes auteurs développeront ensuite le concept de « soumission librement consentis » (Joule & Beauvois, Ibid) pour décrire le fait que les individus engagés se sentent « libres » et pleinement responsables de leur changement comportemental : « tout se passe dans cette situation comme si l’individu faisait librement ce qu’il n’aurait jamais fait, sans qu’on l’y ait habilement conduit et qu’il n’aurait d’ailleurs peut-être pas fait sous une contrainte manifeste » (Joule & Beauvois, 1998 : p. 82).

2.4. Des techniques psycho-sociales : procédures PP et PN

S’inscrivant dans le cadre de ce nouveau paradigme, et prenant le contre-pied des travaux sur la persuasion, différentes procédures psychosociales de manipulation des comportements voient ainsi le jour : en particulier les techniques dites du « Pied-dans-la-Porte » (Freedman & Fraser, 1966) et de « La Porte-au-Nez » (Cialdini et al., 1975).

La porte au nez

Expérimentée à l’origine par Cialdini et son équipe (Cialdini, Ibid), la procédure PN consiste à faire précéder une requête de comportement plus ou moins coûteuse par une demande nettement plus coûteuse (en temps, en énergie ou en argent). Une fois la première demande refusée, les sujets précédemment sollicités se voient proposer la seconde demande. L’acceptation de la seconde requête aurait pour but de réduire un état de tension généré par le refus de la première.

La procédure PP

Dans le cadre de la théorie de l’Engagement, la procédure « Pied-dans-la-porte » (PP) est celle qui a fait l’objet du plus grand nombre d’études et d’expérimentations (près de trois cents articles publiés dans la littérature spécialisée), sur un spectre de registre comportemental très large.

La procédure consiste dans un premier temps à amener (« amorçage ») un individu à produire librement un premier comportement (appelé « comportement préparatoire ») dans le but implicite de l’amener ensuite à produire de nouveaux comportements plus coûteux sur le même registre sémantique (« Escalade d’Engagement »).

La procédure repose ainsi sur l’hypothèse définit par Kiesler selon laquelle l’individu infère ses attitudes de ses comportements, créant un lien entre des comportements produits librement et ses idées ou croyances (« internalisation »). Comme l’expliquent Joule et Beauvois, refuser une seconde requête comportementale après l’acceptation d’une première de même orientation attitudinale mettrait l’individu en état de dissonance cognitive (Beauvois & Joule, 1996, 1999) : et c’est donc pour préserver un état d’équilibre interne et de confort psychologique (consonance cognitive) que l’individu s’engage sur de nouveaux comportements qu’il peut ensuite rationaliser (Joule & Beauvois, 2002 : pp. 119-123). L’Engagement dans un premier comportement internalisé aura donc pour effet d’optimiser considérablement la probabilité de l’émission de nouveaux comportements, similaires mais plus coûteux, autrement dits plus « engageants » ; comportements qui ne seraient pas spontanément produits sans comportement préparatoire (Joule & Beauvois, 1998, 2002 ; Joule, Girandola & Bernard, 2007).

2.5. Développements

Expérimentées et répliquées par les psychologues sociaux, dans des contextes situationnels divers, ces recherches ont permis de mettre à jour différents facteurs d’influence engageants des comportements (Cialdini & Trost, 1998 ; Joule & Beauvois, 1989, 1998, 2002) : tels que le degré de liberté perçu, le caractère public de l’acte, ou encore le caractère irréversible de l’acte amorcé…

Ces procédures d’engagement ont ainsi servi de cadre pour de nombreuses interventions en matière de prévention (usage du préservatif par des lycéens, port des appareils de sécurité par des ouvriers, dépistage du sida…) et d’actions en faveur de l’environnement (Pour synthèse : Joule et Beauvois, 2009 [1998]).

Les résultats de ces expérimentations sont régulièrement confirmés : quatre méta-analyses attestent ainsi de l’efficacité de ces procédures sur l’influence comportementale (Beaman, et al., 1983 ; Dillard, Hunter & Burgoon, 1984 ; Fern, Monroe & Avila, 1986 ; Burger, 1999).

3. Le paradigme de la communication engageante

Les théories persuasives identifient donc un certain nombre de facteurs susceptibles de modifier les attitudes alors que la théorie de l’Engagement propose des procédures d’influence (notamment les procédure « Pied-dans-la-Porte » et « porte-au-nez) visant à engager sur de nouveaux comportements.

Depuis quelques années seulement, quelques chercheurs s’efforcent de concilier et d’articuler les procédures issues de la théorie l’Engagement et les modèles de la communication persuasive dans une approche englobante, une sorte de modèle intégratif (Joule 2000 ; Girandola, 2005 ; Joule, Py & Bernard, 2004 ; Joule, Girandola, & Bernard, 2007 ; Joule, Bernard, & Halimi-Falkowicz, 2008).

Construite sur les soubassements théoriques et expérimentaux de ces deux grands courants scientifiques à l’origine disjoints, la « communication engageante » désigne donc à la fois une nouvelle pratique d’intervention et un nouveau paradigme de recherche, regroupant les travaux en communication persuasive (favorisant le changement attitudinal) et les travaux issus des procédures psycho-sociales relevant de la théorie de l’Engagement (favorisant le changement comportemental).

L’approche ouverte par ce nouveau concept se caractérise ainsi par la diffusion d’un message à caractère informatif et/ou persuasif après ou pendant la réalisation d’un ou de plusieurs actes préparatoires engageants.

Les premiers résultats des recherches expérimentales relevant de ce nouveau paradigme montrent que cette façon de procéder permet d’augmenter significativement les effets cognitifs et comportementaux de l’Engagement (Girandola & Joule, 2008 ; Girandola, Bernard & Joule, 2010 ; Joule et al., 2010 ; Zbinden et al., 2011). En effet, sur le plan des attitudes, l’engagement dans un acte contre-attitudinel (c’est-à-dire en désaccord avec nos attitudes) débouche sur un changement d’attitude, dans le sens de la rationalisation (meilleur ajustement de l’attitude à l’acte), et l’engagement dans un acte attitudinel (conforme à nos attitudes) débouche sur une consolidation de l’attitude. Sur le plan des comportements, l’engagement rend plus probable la réalisation d’actes ultérieurs, même s’ils sont plus coûteux, pour peu qu’ils relèvent du même champ scientifique (effet de « Pied-dans-la-Porte »).

Ce paradigme de la communication engageante propose ainsi de nouvelles perspectives de recherches théoriques et appliquées.

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La casa de Asterión o el egoísmo como salida

Alejandro Del Valle
Universidad Nacional de San Martín | Argentina
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El título del cuento refiere a la casa de Asterión. Líneas más abajo, Borges escribe que en realidad se trata del “mundo” de Asterión. La casa es el mundo de Asterión. Un mundo catorce veces infinito, según el modo en que Borges considera que Asterión entiende el infinito. Un laberinto de infinitos pasadizos y pasillos…

Asterión está sórdidamente sólo en el mundo. Él es único, es decir, no tiene pares. Vive atrapado en la soledad atroz: no tiene modelos a quienes imitar, con quienes identificarse, arriba de su cabeza solo cuenta el intrincado sol; tampoco enemigos, las acusaciones de misantropía que se le asignan son irrisorias. Los guerreros que cada nueve años entran en la casa son liberados, tras un breve trámite, de todo mal; y Asterión regresa, después de unas bondadosas embestidas, a la infinidad del hastío. Una vez salió a la calle, comprobó que fundirse en la masa o ser, siquiera, el amparo de un niño desvalido es tan imposible como vociferar esas “toscas plegarias” de la grey. Los hombres se asustan de él y él teme a los hombres. Tampoco el mar figuró para él novedad alguna, pues los mares, al igual que los templos, son también infinitos. Ni siquiera la lectura lo distrae del hastío: su espíritu, capacitado para lo grande, no distingue entre una letra y la otra. Su destino está marcado por el estigma de sus progenitores. El hijo de una reina no puede confundirse con el vulgo, aunque su modestia lo quiera. A través de infinitas galerías e infinitos pasillos imagina otro Asterión para divertirse, hace de sí mismo su objeto de distracción. Sus progenitores le heredaron una sangre real, pero en el mundo de los hombres esa marca real es el estigma de un cuerpo monstruoso. Su prisión es su determinación de origen.

Sin embargo, Asterión tiene toda la esperanza puesta en el exterior. El presagio de un convaleciente prendió en su alma una llama íntima de esperanza: “llegará tu redentor”. Asterión se aferró a esta idea con todas sus fuerzas y se consagró a ella, a su realización. El afuera sacará a Asterión de sí mismo, lo liberará de su mundo y lo llevará a otro superior, no tan “infinito”.

El ejemplo de Asterión es exquisito. Hijo de una reina, no se pregunta, como hacemos nosotros con una vanidad tan infinita como su casa, como su mundo sin salida, cómo mantener la individualidad en la masa. Su cuestionamiento, fruto del dolor y de la necesidad, subvierte el orden de los valores que estrujan nuestra conciencia. La pregunta que brota de las entrañas de Asterión es: ¿Cómo ser masa en la individualidad?

Para quien vive cautivo en la infinitud, cualquier determinación, cualquier límite, aunque se trate de un difuminado contorno, se convierte en la llama más viva de esperanza. Tanto es así, que en este mundo en el que “cualquier lugar es otro lugar”, son los cadáveres los que permiten individualizar una galería o un pasillo. A la más radical infinidad le corresponde la más brutal de las determinaciones. Es por esto que Asterión no le teme a la negra eternidad de la muerte, por el contrario, ve en ella, en contraste con la infinitud del hastío, un punto de referencia: ve en la muerte su libertad.

Sin embargo, Asterión no puede matarse, no puede destruirse, pues no se odia a sí mismo, ni odia a los demás; no hay rencor en el alma de Asterión. Todo en ella es grande y digno, bello y bueno. La idea del suicidio no cabe en este espíritu. Aún en el dolor, el minotauro se aferra a la grandeza de la vida.

Marcado por la necesidad de desprenderse de su falla de origen, Asterión no tiene otra salida que hacer de Teseo su elemento. Donde “hacer” debe ser tomado en toda su amplitud y literalidad. Asterión “construye” en Teseo a su auxiliar. Teseo, en cuanto redentor, es una construcción. Asterión desearía una verdadera lucha a muerte, sería más fácil, pero su liberación es más trabajosa, más fatigosa y más enigmática. (En relación a esto, cabe aclarar que Asterión no se considera un prisionero, pues, la alta estima que tiene de sí mismo le impide ver esta posibilidad). Es necesario, entonces, “crear” al redentor. Asterión no elige a Teseo sino que “crea” a Teseo. Todo lo que Teseo tiene de redentor lo pone Asterión en él.

Un doble movimiento, de humildad y de egoísmo, da “origen” al redentor Teseo. De humildad, pues Asterión debe renunciar a su grandeza aristocrática, debe salir de sí mismo y embarrarse en ese mundo de “enojosas y triviales minucias” para encontrar allí a su redentor, en el sentido de depositar en algo que no sea en sí mismo su salvación. De egoísmo, pues, en algún sentido, la vileza debe penetrar el alma de Asterión para negarle a Teseo la muerte y la liberación. Ya no hay “pureza” en su relación con los demás. Puesto a elegir, Asterión optó por Asterión.

Inabarcables son los sentidos y las conclusiones que se desprenden de esta historia. Sin embargo, no nos gustaría inferir aquí que Asterión murió por su libertad, por el contrario, creemos que vivió por ella. Muchos siglos más tarde, un gran poeta italiano, Pasollini, no sabemos si con referencia a esta historia o no, escribió:

Si no se grita viva la libertad
Humildemente
No se grita viva la libertad.

“—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.”

Incluso Teseo, mientras limpiaba la sangre de la bestia del bronce de su espada, sospechó haber servido, sin quererlo, a una causa que no era su causa, de haber sido instrumento y servidor de una causa ajena…

Por gentileza de Topía

Un nuevo sintagma | Padre: Mercado. Sujeto, subjetividades y neoliberalismo

Beatriz Cardozo
Psicóloga y escritora
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“Así, como todo no se puede decir, pues algo debe faltar…
Todo no se puede ‘saber’, pues algo también, puede faltar…”

Estos enunciados quedan abiertos para que en una nueva trama de ideas; teniendo en cuenta Formulaciones Hipotéticas, den lugar a la formulación de una Tesis.

Esta abertura supone un resto como “causa de deseo”, en tanto, “No Todo es”.

Pues, se abandona la Metafísica como la manera de discurrir con excesiva sutileza entre las cosas que se discurren.

Es necesario, otra derivación de ésta acepción: ¿Qué es Metafisiquear? Decir sutilezas o discurrir con excesiva agudeza.

Esta idea relacionada con el poema de Daniel Freidemberg, en el comienzo del nuevo libro del pensador Jorge Alemán, Horizontes neoliberales en la subjetividad bordeará otras lecturas de otros textos del autor.

Mientras, tomemos el transitar de nuestra época pos-moderna de ciertos decires:

¿Se aman las cosas y se usan los sujetos? En una publicidad en el andén del subte de nuestra Ciudad de Buenos Aires, analizamos un enunciado:

“Ama tus cosas usa Blem”, se podría pensar que “amar objetos supone que tengan brillo, y sean amadas”. En cambio, “los sujetos se utilizan como objetos”.

Neoliberalismo que impera proponiendo “amar a los objetos y usar a los sujetos”.

¿No vemos aquí, en este ejemplo de expresión, todo el tiempo: “amar los objetos con el brillo de los “gadgets”? Este término en la enseñanza de Jacques Lacan proporcionó el origen de lathouses construida a partir de la idea de desecho.

La raíz de este término la encontramos en la palabra alethia, que según Heidegger significa arrancarse al ocultamiento, lo que se des-oculta.

Esta oposición entre lath Y aleth permitirá a Lacan construir lo que él designará mediante un neologismo alethesfera, bajo esa denominación comprenderá a “las esferas de la ciencia”, que de acuerdo al modo de producción capitalista, bajo esa denominación. -¿No resuena como “dominación”?-, término que nos lleva a pensar como la técnica está entregada a la producción desenfrenada de objetos destinados al Mercado, concebidos bajo la sombra de la ciencia.

Este desenfreno científico-técnico tiene la ilusión de que la verdad formal, la verdad de estructura científica y del cálculo, agota el problema de la verdad.

En todo caso, los objetos con brillo podrían ligarse con los gadgets que vemos en las vidrieras de los comercios. Por ejemplo… Daniel Freidemberg nos dice en su bello poema, algo esencial:

“El mundo se fue, eso que, alguna vez, llamaste ‘el mundo’ no está más, se fue: cosas quedan, palabras, igual que lo que deja, al retirarse, el mar”, como el discurrir con excesiva sutileza entre las cosas que, así, se circulan…

“El mundo se fue: cosas quedan palabras, igual que lo que deja, al retirarse el mar”. ¿Qué deja el mar? Basura, restos de peces muertos, tapas de almejas, restos de caracoles, berberechos, restos de cangrejos, piedras de mar… Nada o casi ¡nada vivo! Y sin embargo, restos con el que se pueden realizar cosas bellas, como una caja cubierta de tapas de almejas.

¿Qué ocurre con un tiempo en que las cosas u objetos eran para usarlos, y los sujetos eran para amarlos?

“Como la huella de un padre, que a través de una Ley simbólica, instaura “un orden social” para luego caer, o estar en franca decadencia, y sustituido, en su lugar vacío: el Mercado”. Se desvaneció… (Formulación de una hipótesis a demostrar, en lo que pretenderá ser una tesis, desde las ideas manifestadas primero por Freud y luego por Lacan. Como en “Tótem y tabú” en primer lugar y luego Lacan en “La familia”).

¿No vemos en éste tiempo globalizado, la prevalencia de la imagen sobre la autoridad de la palabra, al servicio del espectáculo del mundo… o bien al servicio de la sociedad de consumo, que consume al sujeto, en tanto, hablante ser?

Pensando a Heidegger: “que todo se vuelva metafísica admite que en La Técnica hay circulación a modo del discurso capitalista.

Dice Heidegger, que “construir” implica “que no habitar poéticamente, genera que la técnica circule”. En este punto técnica y metafísica es lo mismo, y la filosofía ya no tiene nada que hacer.

Dice Heidegger: “Tratar de pensar poéticamente es una topología, en la que se vislumbra una vecindad entre poesía y técnica. La serenidad es decir, que sí o que no a la técnica…

Mientras, no sólo revela al sujeto cartesiano, la técnica emplaza a la democracia… La técnica se muestra como una entidad. Alemán nos dice: que en “Ser y tiempo” hay una cura. Con la técnica se reinstala este sujeto cartesiano. Entonces, la ciencia no es una “imposibilidad”.

Emancipación

Jorge Alemán propone una salida del discurso capitalista que prefiere llamar: “emancipatoria” y que se aleja más de la idea de revolución. Considera que el discurso capitalista rechaza la imposibilidad, pues establece una oscilación sin corte alguno entre la “falta” y el “exceso” en un movimiento circular, sin una mediación que la regule.

Una suerte de “totalidad cerrada”, convierte en problema el corte o salida del capitalismo. Como el movimiento circular de la técnica y que se asemeja al discurso capitalista.

Ahora bien, en el interior del discurso capitalista existe una base, y en tanto es una trama discursiva, se encuentra una posibilidad política para el sujeto.

“La apuesta emancipadora augura a la circularidad del discurso capitalista incluyendo en lo social lo “Heterogéneo”, que no pasa por el circuito de la “mercancía”, es decir, toma valor político”.

Podemos decir que: el debilitamiento del capitalismo se dará cuando el sujeto psicoanalítico y lo imposible encuentren su lugar en el campo social.

Aparece un sujeto dividido en la ciencia política fundando así, un campo nuevo, “La izquierda lacaniana”, éste es uno de los dos sintagmas que propone Jorge Alemán.

El sujeto que propone el psicoanálisis: no es un dato previo al acontecimiento, sino que es efecto del significante, alienado a lo simbólico como resto “heterogéneo”: objeto a que hace obstáculo a la realidad del sujeto y torna imposible el cierre y el Todo de la comunidad.

El psicoanálisis depuso sus armas frente al impasse de la civilización.

¿De qué modo? Retornando a la dirección que quedó del psicoanálisis: “Dejando atrás el camino o despojando a la política de la Metafísica que la ha sostenido hasta ahora”

Las malas noticias del psicoanálisis

La idea es pensar los lazos sociales, la igualdad, la fraternidad, lo común, la salida del capitalismo… realizando una apuesta, un nuevo modo de construcción de los lazos sociales basando esta idea en “un pacto político”, distinto, es decir, otra relación con los mandamientos superyoicos, y una nueva respuesta diferente del sacrificio ante la pulsión de muerte.

La propuesta es una construcción sin “ideales” pre-concebidos y basados en otra lógica, que se diferencie de la psicología de las masas.

Dicha propuesta propone el otro sintagma: “soledad común”, matriz que nos permita pensar una nueva concepción de lo “común” y de la “igualdad”.

En éste punto es que cabe hablar de “las leyes y los derechos humanos” (Ernesto Laclau), y el “acto instituyente” comparándolo con el “acto analítico” surge algo que no estaba antes, el acto es de una procedencia que proviene de la “angustia”. Y supone un saber hacer, ahí, con un saber no calculado.

Descubrimos el acto instituyente en la institución. Necesitaba un “hacer instituyente”.

Organizarse, tiene un nombre, es decir, “mata a la cosa”. Un pasaje entre lo instituyente y lo instituido.

Sin un acto instituyente no pasa nada. Lo femenino, “No Todo es”; las instituciones no borran el acto de “No Todo”, y éste hace lazo con “soledad común”.

Lo femenino está vinculado a la lógica política. Y también a la lógica fálica.

Por otro lado, la lógica del discurso capitalista es decir, neoliberalismo. También, podemos hablar, aquí, de “serenidad y santidad”.

Estos dos conceptos son relativos: el rasgo unario nunca puede ser el rasgo de lo singular. Por un lado hay de lo Uno, y por otro, la singularidad. La diferencia absoluta se reserva para el Uno y hace a la singularidad. El rasgo unario sólo es la letra sin singularidad.

El síntoma tiene una envoltura significante que no sabe de la dimensión del goce. El síntoma queda del lado del sentido. Y se va produciendo un vaciamiento de esa envoltura.

Es necesario diferenciar una palabra de otra. El síntoma como letra empieza a aparecer como repetición, como letra de goce.

La letra efecto de discurso es algo de lo que aconteció del discurso de un sujeto, algo del discurso que anda por las calles; con la lógica de esa cura va a suceder otra cosa; lo que entró bajo una identificación concreta es un rasgo unario.

Por otro lado, el rasgo unario no tiene la potencia de lo singular, ni tampoco es el fantasma del yo, no es con su imagen de sí, y tampoco, no le viene del espejo, que directamente lo conduce a su experiencia de goce de su síntoma.

Imaginario ———- Real = al efecto letra, hace gozar y se fija.

“En la frontera. Sujeto y capitalismo”

 Alemán sitúa la idea de Santo tomada por Lacan para metaforizar una salida política del discurso capitalista. Representando a aquel que inventa un lugar por fuera de los bienes, ligado al deseo y no al imperativo del superyó. El Santo es un desperdicio, cuestión ésta, relacionada con la idea de plus de goce lacaniana.

Por otro lado, pensemos en estos momentos de “voluntad colectiva” (Idea que aparece también en Ernesto Laclau, al menos si hacemos una comparación, esta es: “La voluntad popular”).

Pues bien, tomemos ahora, la siguiente idea: intentar una relación entre los seres hablantes “no asegurada en la técnica ni determinada por el Mercado”.

Puede ser que inventando formas de identidad a partir, del deseo, tal vez, se encuentren nuevas huellas de “lo común”.

Estos momentos de “voluntad colectiva” incluyen “el no saber” o un “saber en reserva” por descifrar, a construir, opuesto al dogma.

Es decir, buscar en la experiencia política, un lazo social que permita a la pulsión de muerte jugar una partida de otra manera en la civilización.

¿De qué modo?

Intentando una relación entre los seres hablantes “no asegurada en la técnica ni determinada por el Mercado”. Nueva identidad a través del deseo, puede que se encuentren nuevas huellas de lo común, como situamos antes.

Desde “Horizontes neoliberales en la subjetividad”, apostaremos a “la Hegemonía como lógica constitutiva de la política y no simplemente como una herramienta de la misma”. Pero es conveniente definir antes de pensar estas ideas que se ligan con la Hegemonía, lo siguiente: ¿Qué significa pensar, hacer política, desear transformar lo Real teniendo que enfrentarnos con la reproducción “ilimitada” del capital?

Debemos meditar sobre esta idea, pues, esta condición ilimitada es una voluntad que “se quiere a sí misma”; una reproducción ilimitada que se presenta como un fin de la historia catastrófico.

Alemán dice: “Cabe preguntarse qué tipo de “santidad” laica debe abrirse ante nosotros, para salir del circuito culpabilizante de la “Salud Mental” neoliberal y no ceder a los designios del “consumidor-consumido” típica del tiempo histórico que nos toca vivir. Aunque sea metafóricamente, intentamos hablar aquí de “un nuevo tipo de militancia”.

Para esto, planteada la “Hegemonía como lógica constitutiva de la política” debemos dar ciertos rodeos que nos permitan cierta captación de la cuestión.

El autor plantea: “algo así con tenérselas que ver con los medios corporativos de la derecha; la jugada implica; el poder neoliberal es una dominación que se disimula como consenso, una dominación que se disfraza de “dependencia”, o sea una serie de dispositivos que conforman a la subjetividad como una “sumisión impuesta”.

Es decir, “una sucesión de mandatos que no son explícitos pero resultan eficaces”. Siguiendo a Laclau con su pensamiento, abordamos a la idea de “una ontología política”.

Pensemos que la realidad está constitutivamente “construida” por discursos, los afectos, los cuerpos, las pulsiones, están atravesados por el discurso, marcados por sus significantes, determinados por una retórica y una gramática que suspende toda idea de una “fuerza orgánica e inmanente”, que posee una “representación directa”; como muchos pensadores “radicales” de la emancipación suelen apelar a una potencia original de los cuerpos, como si ellos no estuvieran perforados por las pulsiones, zonas erógenas, y la pulsión de muerte.

Además, estos discursos que constituyen la realidad, lo hacen de tal modo que “no pueden representarla en totalidad nunca, no obstante lo hacen de alguna manera pues se hacen cargo de representarla de un modo fallido.

Pero esta brecha “ontológica” entre discurso y realidad es imposible de ser suturada. Este discurso es siempre estructuralmente fallido pues existirá siempre una “heterogeneidad” que impide que la representación se produzca como una totalidad.

Sin embargo, este límite del discurso al representar la realidad, frente a esta heterogeneidad “irreductible”, frente a esta “diferencia” imposible de cancelar, se articula con el movimiento político que llamamos “hegemónico”.

Aquí estamos ante, el hallazgo de un concepto innovador de parte de Jorge Alemán, “No pueden hacer política sin pasar por el dilema hegemónico”.

El momento hegemónico se resuelve siempre de forma fallida a través de un término límite, ya sea el denominado significante “vacío” en Laclau, el objeto a de Lacan, o bien la clase hegemónica en Gramsci. En términos lacanianos diríamos “que la hegemonía es una respuesta a lo real imposible”.

Este es el sesgo que se llama “izquierda lacaniana”, y supone que no consideremos al poder neoliberal una hegemonía.

El discurso capitalista que soporta al poder neoliberal, no admite ninguna brecha inicial, se presenta con la potencia de representar todo y llevar todas las singularidades y las diferencias a la totalidad del circuito circular de la mercancía.

Mientras, que la hegemonía está siempre agujereada, nunca es circular. El discurso capitalista es un funcionamiento “contra-discursivo” e intenta adueñarse de todo… el espacio simbólico, siendo la propia producción biopolítica de la subjetividad, un claro ejemplo de esta cuestión.

Por ello, el odio por la política hegemónica por parte de la derecha es finalmente un odio a lo simbólico y al sujeto que puede emerger de dicho campo, un sujeto distinto de los proyectos uniformizantes de la biopolítica o impolítica: “sin política”: neoliberalismo.

Entonces, finalizando esta reseña, podemos decir que es un duelo y una despedida de la “metafísica” y sus leyes históricas. El momento hegemónico es insuperable. No hay sociedad que no sea en su propia existencia una respuesta a la brecha que la constituye.

Por último, el “saber hacer”, con esas brechas, esas diferencias, esas heterogeneidades, en la construcción de una construcción de una “voluntad colectiva”, es el arte de lo político.

Donde lo político-hegemónico de modo contingente, puede hacer advenir un sujeto popular y soberano, un sujeto interpelado por aquellos legados simbólicos que lo preceden y por las demandas de distintos sectores explotados por las oligarquías financieras.

Estas demandas singulares no pueden ser absorbidas por la arquitectura institucional dominante. No hay crimen perfecto.

El pueblo comienza cuando “la gente” se rebela, el pueblo es raro, y singular “como el propio sujeto en su devenir mortal, sexuado y hablante”; constituido por diferencias que nunca se unifican ni representan del todo.

“Pero su fragilidad y contingencia de origen es lo único que lo salva de la televisión, los expertos, los programadores, la contabilidad, etc.

Pero en los mismos pliegues más íntimos de los dispositivos de dominación neoliberal: “es que el sujeto popular puede advenir. Lo otro es soñar con espejos. De una realidad exterior; la “repetición de lo mismo” carcome desde dentro cualquier proyecto.

Hemos ingresado en lo que Lacan llamó “discurso capitalista”, Heidegger las llamaba “estructuras de emplazamiento técnico”, y Marx llamaba la “subsunción real”.

“El neoliberalismo vuelve a producir al sujeto, intentando eliminar así su propia constitución simbólica, en tanto ser hablante barrado…

“Solo en el peligro de la política puede crecer lo que nos salva”, Heidegger.

Concluyo, con las palabras de Marguerite Duras:

La soledad, la soledad también significa: o la muerte, o el libro. Pero, ante todo, significa el alcohol, pero nunca, de verdad, o en tal caso debería remontarme lejos… nunca he podido empezar un libro sin terminarlo. Nunca he hecho un libro que no fuera ya una razón de ser mientras se escribía, y eso, sea el libro que sea. Y en todas partes. En todas las estaciones. Descubrí esta pasión aquí en las Yvelines, en esta casa. Por fin tenía una casa donde esconderme para escribir libros. Quería vivir en esta casa. ¿Para hacer qué?

Empezó así, como una broma. Quizás escribir, me dije, podría. Ya había empezado libros que había abandonado. Había olvidado incluso los títulos. ‘El vicecónsul’, no. Nunca lo abandoné, pienso en él a menudo. En Lol V. Stein ya no pienso. Nadie puede conocer L. V. S., ni usted ni yo. Y hasta lo que Lacan dijo al respecto, nunca lo comprendí por completo. Lacan me dejó estupefacta.

Y su frase: “No debe saber que ha escrito lo que ha escrito. Porque se perdería. Y significaría la catástrofe. Para mí esta frase se convirtió en una especie de identidad esencial, de un ‘derecho a decir’ absolutamente ignorado por las mujeres”.

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Por gentileza de El Sigma

‘El feminismo está reconceptualizando el internacionalismo desde la práctica’

Juliana Hernández y Julià Martí entrevistan a Verónica Gago, militante del colectivo NiUnaMenos
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Verónica forma parte del colectivo argentino NiUnaMenos en Buenos Aires, ciudad en la que tomó parte en las acciones feministas contra la cumbre del G20. Estudió Ciencia Política y se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente da clases de Economía Internacional. El próximo martes 19 llegará a Hika Ateneo (Bilbao) para participar en un encuentro organizado por Feministalde, que busca seguir tejiendo mimbres hacia un nuevo internacionalismo feminista. En plena ola reaccionaria frente a la potencia de este movimiento -representada en el estado español por el discurso antifeminista de VOX- Verónica Gago reflexiona sobre las claves para consolidar las redes feministas en clave global.

Para comenzar, ¿nos puedes contar tu análisis del neoliberalismo en América Latina y los debates que existen hoy en día?

Tenemos que pensar en qué sentido el neoliberalismo ha persistido en nuestra región a la vez que ha mutado; creo que sólo así podemos entender de qué manera retorna, si queremos usar esa palabra demasiado lineal; o en qué sentido hoy el neoliberalismo requiere de una micropolítica fascista para establecerse en este momento. Creo que esto nos pone otro realismo político para decir de qué hablamos cuando hablamos de neoliberalismo, y qué horizonte le ponemos a una situación para caracterizarla como posneoliberal y/o antineoliberal.

En particular, me preocupa cómo problematizamos lo que fueron los mecanismos llamados de inclusión social. La inclusión dada por la dinámica del consumo a través del endeudamiento masivo y generalizado tiene una cantidad de problemas que no podemos dejar de ver, sobre todo pensando cómo esa capilaridad del endeudamiento y de los dispositivos financieros hoy estructuran las economías domésticas y lo cotidiano. Hoy son las finanzas las encargadas de endeudar ese deseo, privatizarlo, ajustarlo y someterlo a tasas de interés altísimas. Entonces, creo que ahí se arma otro mapa tanto para leer a qué le llamamos neoliberalismo y cuáles fueron las dinámicas de la región, como para pensar qué sostiene hoy este nivel de avance neoliberal en nuestra región.

En tu análisis de la economía popular en Argentina, ¿qué elementos destacarías para la construcción de alternativas?

Los movimientos sociales cuestionaron a qué se le llamaba trabajo, qué tipo de dignidad te daba el trabajo cuando el trabajo era precario, de mierda, etcétera. Pensar qué sería construir formas de trabajo autogestionado sin patrón, sin tener un modelo perfecto anticapitalista, alternativo, de qué implica eso en condiciones de despojo, de crisis, de fragilidad en todos los territorios, y a la vez lanzarse a hacer eso y negociar recursos con el Estado desde la autonomía, complejizando esa noción.

Es un proceso que viene del movimiento piquetero, que además fue un movimiento fuertemente feminizado. El empuje de esos movimientos, de abrir el confinamiento del hogar cuando el “jefe” (entre comillas) de familia caía en desgracia, fue de las mujeres y desde las mujeres, que armaron los comedores, las guarderías, que empezaron a hacer todos estos emprendimientos en el barrio, y esa infraestructura social es la que después posibilitó el corte de ruta como mecanismo político de mucho impacto público. Creo que hoy muchas de las compañeras de la economía popular son las hijas de las piqueteras, así en términos de trayectoria generacional, de experiencia acumulada.

Mi hipótesis es que se puede trazar esa genealogía y poner de relieve en las economías populares los vectores de radicalidad que tienen que ver con los elementos de insubordinación antisexista, anticlasista y antiracista que no pueden ser aplacados. No será un modelo alternativo perfecto, con un programa anticapitalista de manual, pero sí está habiendo un territorio en el que se disputa, por ejemplo, cuál es el trabajo remunerado y cuál es el trabajo históricamente invisibilizado y no remunerado y donde se combate la moralización de la pobreza por parte de quienes impulsan las economías de la obediencia, hoy con fuerte incidencia de las iglesias.

Además del movimiento piquetero, ¿qué otros procesos han permitido hoy esta explosión de la marea verde en Argentina y también a nivel latinoamericano y mundial?

En la Argentina hay tres líneas muy importantes. Además del movimiento piquetero que mencionábamos, está la trayectoria del Encuentro Nacional de Mujeres que es algo bastante singular y lleva más de tres décadas. Allí se ha ido acumulando experiencia, ha sido un espacio de pedagogía feminista popular para muchas generaciones, que se mantiene como cosa ritualizada pero al mismo tiempo muy porosa y muy permeable a lo que van planteando las diversas coyunturas.

La tercera es Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: la genealogía que hace que los derechos humanos en Argentina no sean liberales, a diferencia de muchos otros lugares del mundo. Se trata de una lucha histórica protagonizada por mujeres pero que ahora también se están releyendo en clave feminista, ahora las Madres están diciendo “nos damos cuenta de que éramos feministas”. Entonces, también me parece una cosa increíble de ver el movimiento por el cual las luchas de cada época permiten a las luchas anteriores repensarse, redefinirse y reinscribirse en una genealogía más amplia.

Agrego que esta conexión de Madres y Abuelas es muy importante porque todo el tiempo ellas abrieron la discusión sobre qué significa producir justicia, y eso las llevó en cada momento a buscar aliarse con otras luchas. Ahí hay una zona de contacto muy importante con el movimiento feminista, que también abre de nuevo la idea de la justicia. Tanto para la discusión con la justicia patriarcal, como por el desafío de pensar qué otros tipos de justicia se hacen posibles, deseables, imaginables, en cuestiones que tienen que ver con abusos, acosos y violencias machistas. ¿Cómo se piensa una reparación que no es puramente institucional? ¿Cuál es el vínculo entre injusticia y condena social? Se trata de reabrir también lo que plantearon en su momento los escraches contra los genocidas sueltos: “si no hay justicia, hay escrache”, una consigna que es parte de un dispositivo colectivo para construir condena social, popular, barrial.

A nivel de América Latina son muy importantes todas las dinámicas de lucha contra los emprendimientos neoextractivos. Eso abre toda la discusión, que las compañeras de Centro América comenzaron llamando la dimensión del cuerpo-territorio, como la ampliación del cuerpo ya no entendido en términos individuales, del confín de lo individual, de los límites de derecho individual, sino la ampliación del cuerpo en términos extensos con un territorio. Creo que ahí, a nivel de la región, hay otra dinámica que hoy está nutriendo, hilando, produciendo otras imágenes y otro vocabulario para el feminismo.

¿Cómo se ha construido o se busca la pluralidad dentro del movimiento feminista?

Hoy esta capacidad de construir transversalidad tiene que ver con formas de ir produciendo proximidad entre luchas muy distintas: entre luchas migrantes; de las trabajadoras; compañeras que están en los sindicatos; en las universidades; en las escuelas secundarias; en las villas y que te dicen “acá no es que tenga que llegar el feminismo, nosotras hacemos feminismo villero”. El feminismo dejó de ser una exterioridad que se relaciona con “otrxs”, para ser tomado en cada uno de estos territorios como clave para leer el conflicto en el territorio.

Una cuestión importante que pone el feminismo es que nadie está afuera de un territorio, nadie carece de territorio, todas estamos situadas y, a la vez, plantea el cuerpo como un cuerpo-territorio. Entonces, eso es lo que problematiza cierta idea de solidaridad que implica siempre un grado de exterioridad en la que vos te vas a solidarizar con alguien cuyo conflicto no se vincula a vos.

¿Cómo ves el próximo 8 de marzo, cómo ves esto que a veces se llama una nueva ola global, qué retos plantea?

La dimensión del internacionalismo, de lo global, ha sido muy importante para el feminismo y está reconceptualizando qué entendemos por internacionalismo, abriendo ese interrogante desde la práctica. Porque me parece que los modelos anteriores de internacionalismo eran una estructura que homogeneizaba las experiencias de distintos lugares, y ahora creo que hay algo que para mí se podría definir con la pregunta: ¿cómo el internacionalismo hoy se siente como fuerza concreta en cada lucha?

Se abre la discusión acá sobre la cuestión del aborto y de repente eso da fuerza en una cantidad de países inesperados para que planteen la discusión; y la cuestión del aborto justamente desbordada en esta clave de no solo derecho individual sino de quiénes son las que mueren por abortos, quiénes pagan, quiénes no pagan, quiénes legislan sobre nosotros, en qué sentido quieren mantener ese poder de legislación sobre nuestros cuerpos, qué instituciones protagonizan la contraofensiva, etc. Esa expansión de la problemática, los discursos y las prácticas en relación al aborto es indisociable del tejido político de los paros internacionales y del impulso internacionalista que inauguró.

Me impresiona mucho que los paros, tomados y reinventados por el movimiento feminista, abrieron una posibilidad de investigación concreta y transnacional. Hay una diferencia muy fuerte con el sindicato que te dice “bueno, parás” y ya sabés que tenés que hacer, qué significa y cómo se va a medir el resultado de eso, y además a quiénes interpelan. Es diferente cuando al paro lo convoca el movimiento feminista diciendo “trabajadoras somos todas”, entonces cada colectivo, cada compañera tiene que decir, bueno en qué sentido trabajo, cómo trabajo, cuánto, quién lo reconoce. Se abre una experiencia muy práctica de pensar a qué le llamamos trabajo, cuál es el reconocido, cuál no, cómo estamos hoy produciendo valor, cómo aparece la economía del cuidado. Es decir, un montón de discusiones muy importantes se ponen en términos prácticos, desde la experiencia cotidiana.

En esta idea de un nuevo internacionalismo, ¿cómo habría que articularlo?

Yo creo que tiene los dos planos, que puede ser de resonancia, que no es solamente espontáneo pero sí hay una especie de efecto de repercusión, de compartir imágenes, textos, consignas, de reconocerte en algo de otra lucha que te habla a vos. Es un tipo de conexión por afectación diría. Y luego el otro plano es cómo lo vamos estructurando, con redes, de manera de estar en contacto sostenido, de dar cuenta de una acumulación de saber y de poder nuestro que no es el modo de acumulación político clásico. Diría un tipo de conexión que nos permita hacernos cargo de nuestras fuerzas y también cuidarlas.

Creo que no se puede dejar de ver la triple contraofensiva que se nos dirige: militar, financiera y religiosa. Está directamente respondiendo a la fuerza de desestabilización del feminismo. Lo que pasa es que lo que intentan es señalar esa relación pero en clave de culpabilización. Por ejemplo, eso en Brasil es muy claro. Ahí les decían: “el #EleNão terminó favoreciendo el triunfo de Bolsonaro”, culpabilizando las manifestaciones de #EleNão y también por el asesinato de Marielle Franco cuando fueron las más masivas de Brasil del último tiempo. El intento de culpabilización me parece que es muy fuerte y sobre eso viene la criminalización.

Lo que digo es cómo pensar formas de consolidar este internacionalismo que nos permita hacernos cargo de nuestras fuerzas a nivel global, y a la vez cuidarlas frente a esta contraofensiva que también es global. Tenemos que pensar también mecanismos de autodefensa, porque el nivel de ataque está siendo cada vez peor, cada vez más brutal, y me parece que esa es una pregunta para el internacionalismo de nuevo tipo.

Por gentileza de La Haine

 

Psicoanálisis | Pensamiento crítico en tiempos de la posverdad

Juan Carlos Volnovich
Médico y psicoanalista
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Estoy en mi escritorio. La periodista de la revista especializada hace alusión a la comunidad LGTBIQ y me interroga acerca de la intersección entre psicoanálisis y género.

Hasta ahora los discursos psicoanalíticos sobre las diferencias sexuales han respetado el postulado de la bisexualidad original y fundaron en el interior del cuerpo, o en las ofertas identificatorias y los mandatos externos, el surgimiento de una identidad de género pensada, siempre, en plural masculino y femenino singular.

Pues bien: tal parecería que estamos llegando al fin. Si la característica del género es su construcción —y si un género no es otra cosa que la imaginería instituida e inscripta como efecto de verdad por un discurso de identidad estable y persistente en la superficie de los cuerpos— entonces los géneros no serían ni femeninos, ni masculinos. Serían, si acaso, multiplicidades inconsistentes. Eso que Alain Badiou [1] llama verdades transposicionales cuando intenta acercar conceptos que aporten a la construcción de una ontología de lo múltiple.

Por primera vez en la Historia del pensamiento universal estamos al borde de poder concebir un infinito laico que haga efectiva una nueva concepción de sujeto: ni de femenino, ni de masculino se trata. No existe una tal categoría que sea contingente, conflictiva, problemática. Y, de existir esa categoría está siendo permanentemente construida por un discurso que vanamente intenta definir el ser mujer, el ser varón en el nivel de lo biológico, de lo psicológico, o de lo social. Misión imposible si es que aceptamos la multiplicidad infinita de sujetos que se resisten a quedar aprisionados dentro de categorías totalizadoras.

Entonces ¿Cómo sería la relación de un hombre y una mujer de acuerdo a la lógica fálica?

La “lógica fálica”. La pregunta y la alusión a la “lógica fálica” me perturba, me descoloca. Acabo de afirmar la inexistencia de una categoría “hombre” y “mujer”… y la pregunta bienintencionada no hace más que desmentirla. Todo lo dicho se estrella ante la contundencia de esa “lógica fálica”. Los comentarios auspiciosos acerca de la presencia de la comunidad LGTBIQ quedan abolidos por la invocación suprema a la “lógica fálica”.

Pienso, entonces, que esa “lógica fálica” funciona como una certeza ineludible, como una verdad inalterable; como la marca indeleble que la sociedad patriarcal instaló en la subjetividad, acuñó en la teoría y cuya deconstrucción parece imposible.

Ahora, estoy en mi consultorio. Recibo a mi paciente que en medio de asociaciones más o menos libres me espeta un:

Vio Dr. lo mal que estamos. ¿Y eso por qué? Porque se lo robaron todo y nos dejaron esta pesada herencia.

Me cuesta reponerme. Llevo casi medio siglo analizando y, aun así, ante esa afirmación, me siento como un novato que no sabe cómo reaccionar; un principiante que vacila ante la contundencia del “se lo robaron todo”.

¿Qué tienen en común “lógica fálica” y “se lo robaron todo”?

Quizás… nada. Una, vehiculiza un término teórico, pregunta de escritorio acerca de mi posición conceptual. La otra, tal vez la búsqueda desde el diván de una cierta complicidad en el contexto de una transferencia positiva. No obstante, ambas resuenan como “verdades” monolíticas legalizadas por consenso. Por eso me pregunto: en ese océano de palabras en el que navegamos mi paciente y yo ¿cuánto de verdad y cuánto de mentira circula en el “se lo robaron todo”? ¿Quién se lo robo todo? ¿Qué le robaron: la posibilidad de pensar? ¿Qué es lo que ella robó? ¿Soy yo el ladrón? ¿Cuál pesada herencia: la de sus abuelos inmigrantes, víctimas de la persecución nazi, o la de sus padres millonarios? Las preguntas se reproducen en mi cabeza y se agolpan sin tregua.

Insisto: ¿Cuánto de verdad y cuánto de mentira circula por allí? Difícil responder porque en el análisis, cuando la verdad aparece, cuando esa verdad se revela, lo hace como mentira pretenciosa que solo aspira a ser reconocida como verdadera. Sé muy bien, y desde hace mucho tiempo ya, que los psicoanalistas en el reino de la mentira debemos situarnos; dominio de las mentiras que son pretenciosas por que intentan decir lo inefable, porque se construyen con la clara intención de ayudarnos a tolerar la insoportable ausencia de palabras; la intolerable presencia de una verdad sin lenguaje; de una verdad que no tiene nombre. Si la verdad nunca se entrega del todo, nunca se obtiene plenamente, si la verdad es mentirosa; si la mentira siempre es una verdad a medias y algo del inconsciente revela, el par antitético de la verdad no es la mentira. Para el psicoanálisis el par antitético de la verdad y la mentira es el olvido. Y, por olvido, aludo a aquello que cae y queda preso de la represión para hacerse visible solo como síntoma individual y social. ¿Será por eso que en el “se lo robaron todo” se asoma algo del síntoma individual y social?

No se trata, entonces, de la “posverdad” en la clínica. Para los psicoanalistas, esa relatividad de la verdad, esa relatividad de la mentira, nos viene de lejos, nos viene de Freud; de su concepción del síntoma [2] como falsa conexión que se desprende de una falsa premisa; nos viene de los recuerdos encubridores; de la conceptualización de la transferencia como simulacro de un vínculo establecido entre quién analiza y quién está en posición de ser analizado; de un vínculo que es puro simulacro: ¿Qué otra definición más pertinente para transferencia que la de simulacro? No es copia. No son buenas imágenes reactualizadas, dotadas de algún parecido con aquellas originales de la infancia. Por el contrario, es puro simulacro. Es la ilusión de un saber sobre un modelo que nunca existió.

La relatividad de la verdad, la relatividad de la mentira nos viene de Lacan cuando afirmaba que “A veces, mentir es la forma como el sujeto enuncia la verdad de su deseo, porque no hay otra manera de enunciarlo que por la mentira.” [3]

En el psicoanálisis… en esa aventura maravillosa que Freud inició para intentar darle palabra a la verdad, la verdad resultó ser tan esquiva como la mentira misma, “dócil a los efectos del significante, consagrada a una metonimia sin tregua, sometida a retroacciones semánticas, cambiando constantemente su valor. En resumen, la verdad reveló no ser más que semblante.” [4] De modo tal que, resignados a que la verdad desaparezca como un espejismo cada vez que pretendemos apresarla, no nos queda más que defender lo real; lo real del inconsciente “del que sólo estamos seguros cuando carece de todo sentido.” [5]

Pero ahora estamos en los tiempos de la posverdad. Una clínica situada supone aceptar que las cosas han cambiado. Fue hace mucho tiempo atrás cuando Freud postuló al superyó ligado a la autoridad del padre, al poder del gran Otro, del Otro mayúsculo. Hoy en día, las cosas ya no son así y tal vez solo el Mercado reúne las condiciones para ocupar el lugar vacante que el gran Otro tuvo en la modernidad; no obstante, eso está por verse, aún. Más bien parecería que los nuevos tipos de dominación remitieran a una tiranía sin tirano donde triunfa el levantamiento de las prohibiciones para dar paso a la pura impetuosidad de los apetitos. Más bien parecería que el capitalismo hubiera descubierto y lo estuviera imponiendo una manera barata y eficaz de asegurar su expansión. Ya no solo intenta controlar, someter, sujetar, reprimir, amenazar a los ciudadanos para que obedezcan a las instituciones dominantes. Ahora, simplemente destruye, disuelve las instituciones, de modo tal que los “sujetos” quedan sueltos, caen blandos, precarios, móviles, livianos, bien dispuestos para ser arrastrados por la catarata del Mercado, por los flujos comerciales. Y el bombardeo de las “lógicas fálicas” y de los “se lo robaron todo” son aceptados como salvavidas con los que vanamente intentan hacerle frente al naufragio subjetivo: salvavidas de plomo.

Entonces ¿Qué tienen en común “lógica fálica” y “se lo robaron todo”?

Quizas… nada. Una, vehiculiza un término teórico, pregunta de escritorio; la otra, la búsqueda de una cierta complicidad en el contexto de una sesión. No obstante, ambas comparten los mismos atributos: tienen algo de letanía, de rezo, de plegaria, de palabra vacía. Hay algo de desgaste semántico producido por su reiteración. No solo “lógica fálica”. También “Complejo de Edipo”, “ley del padre”, “deseo de la madre” son conceptos que reclaman ser pensados no criticados, así por separado y en abstracto, sino pensados en el interior de una práctica situada para ubicar la función que cumplen en el interior del edificio psicoanalítico.

El pensamiento crítico como estrategia para abordar el psicoanálisis no es una iniciativa fácil ni exenta de riesgos. Supone toda una recomposición de la teoría que se asemeja al de un cambio estructural en cualquier edificio. Los arquitectos saben muy bien que pueden tirar abajo una pared y mejorar el habitat, pero intentar derribar las columnas principales obliga a una tarea de reequilibramiento ineludible.

Lacan, qué duda cabe, construyó su obra pensando críticamente la obra de Freud y, después de Lacan, muchos más se atrevieron a reconocer prejuicios cognitivos, argumentos falaces, y a aportar argumentos posibles de ser articulados en el corpus de la obra.

Entre nosotros León Rozitchner dio un ejemplo magistral del pensamiento crítico en su Freud y los límites del individualismo burgués [6]. Cuando Silvia Bleichmar redefine la prohibición edípica como la interceptación que toda cultura realiza de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto [7] pone en evidencia la eficacia del pensamiento crítico. Y cuando Enrique Carpintero [8] inaugura con las pasiones, el poder y la potencia del colectivo social, una profunda reflexión acerca de los modos en que la cultura abre y clausura la posibilidad de rebelarnos, consuma un ejercicio de pensamiento crítico.

Transitamos los tiempos de la posverdad. La cultura actual tiende a producir sujetos volátiles, libres de toda atadura simbólica. De ahí, el desafío que se abre a las puertas del psicoanálisis: sostener un espacio de resistencia al desmantelamiento simbólico; una invitación a resistir el arrasamiento subjetivo; una oposición significativa al vértigo indetenible que imponen los flujos consumistas. Si bien la presencia del Mercado tiende siempre a deslizar al analizando a la posición de cliente y, al analista a la posición de prestador de un servicio, el trato que en el análisis se inaugura tiende a ser enteramente diferente a cualquier otro. Es un acuerdo de palabra; es un contrato anacrónico si se quiere: corresponde a una época donde la palabra valía tanto o más que cualquier papel firmado.

Así, hoy en día, el psicoanálisis cumple con el delicado trabajo de invitar a un sueño, de ilusionar otro universo, de proponer un juego que, desde el seno mismo del torrente mercantil, a la velocidad que los flujos imponen, pueda construir una isla, un mínimo dispositivo simbólico, un acuerdo tan sólido como flexible para, desde allí y con esos recursos, hacerle frente al dolor y al sufrimiento que la adaptación al sistema no sólo no ha logrado atenuar, sino que aporta como plus, como malestar en la cultura. Hoy en día, el espacio de la clínica debería estar al servicio de la imaginación, de la denuncia de la naturalización del consumo; al servicio de reforzar la esperanza de poder transitar este mundo con valor crítico y poder transformador. En última instancia, a sostener la transferencia. Pero no sólo la transferencia del analizando y la transferencia recíproca del analista, sino la transferencia, siempre asimétrica, de ambos con el psicoanálisis. La transferencia con ese psicoanálisis que no tiene precio. Porque la dignidad del psicoanálisis se basa en que su potencia es irreductible al precio. La dignidad del psicoanálisis, esa parte pequeñita que hace alusión más que evidencia, no encaja en el flujo comercial, no le es funcional al Mercado.

Así, la transferencia con el psicoanálisis se presenta como esa tabla salvadora, tabla flotadora que, en parte, resiste al torrente devastador y, de esa manera, autoriza a cada uno, a cada una, a defender su lugar, a registrar y usar los propios recursos, a apropiarse de su talento, al ejercicio del pensamiento crítico. Si hasta ahora la clínica estaba allí para incitar a la emancipación respecto del Otro (los dioses, los amos, el poder del superyó), de aquí en adelante debería aportar al proyecto de ligar al sujeto descolgado, al sujeto “neoliberal”, tan libre de ataduras como expuesto a la crueldad que supone la dominación económica y social de los mejor adaptados.

Ligar el sujeto a su deseo. Esto no es nuevo. Remitir al sujeto a su propio deseo ha sido desde siempre, anhelo del psicoanálisis y es probable que ese acto fuera en alto grado subversivo en los regímenes en los que el sujeto estaba simbólicamente sometido al Otro. Pero, en nuestras democracias de Mercado, donde todo reposa al fin de cuentas en el individualismo más condensado, ese criterio corre fácilmente el riesgo de transformarse en una iniciativa reaccionaria, al servicio de la adaptación sumisa al sistema. Ese gesto psicoanalítico de remitir al sujeto a su deseo plantea hoy un serio problema político, puesto que lo que está en juego es la supervivencia y el destino de la especie.

Notas

1. Badiou, Alain, “¿Es el amor el lugar de un amor sexuado?” en El ejercicio del saber y la diferencia de los sexos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1993.

2. Freud, Sigmund (1916-7), “Conferencia 17: El sentido de los síntomas”, pp. 235-249; “Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntomas” pp. 326-343, Conferencias de introducción al psicoanálisis, Vol. 16, Amorrortu, Buenos Aires, 1984.

3. Lacan J., “El acto psicoanalítico”, 21 de febrero de 1968, Inédito.

4. Miller J-A, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2003, clase 2 de junio de 1999, p. 362.

5. Lacan J., “Préface a l’édicion anglaise du Séminaire XI”, Autres Ecrits, Seuil, París, 2001, p. 572.

6. Rozitchner; León, Freud y los límites del individualismo burgués, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2013.

7. Bleichmar, Silvia, La subjetividad en riesgo, Topía, Buenos Aires, 2009.

8. Carpintero, Enrique, La alegría de lo necesario: Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, Topía, Buenos Aires, 2007.

Por gentileza de Topía

Sobre el problema de la universalización del complejo de Edipo

Agustina Saubidet B.
Psicoanalista, investigadora, profesora y escritora

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Uno de los efectos más actuales de la modernidad capitalista dentro del ámbito de formación “académico- científica”, ha sido su largo y riguroso proceso de “esterilización del saber”, lo que otros llaman especialización; o, desde otras lenguas, castas, ghetos. ¿Efectos del capitalismo sobre el discurso de la ciencia?

Desgraciadamente, y muy a pesar de sus maestros —Freud y Lacan— el psicoanálisis no ha quedado exento de las mismas lógicas, al plantear por ejemplo, un uso naturalizado e indiscriminado del término sujeto que con facilidad se confunde con la idea de ‘paciente’, o ‘persona’ como si fueran lo mismo. Banal abstracción del término como toda abstracción.

El sujeto no está primero, el sujeto es efecto.

Otro ejemplo de esto, el uso de la idea de lo singular, que suele tropezarse con la idea de individuo moderna, propiedad privada y narcisismo, con una facilidad que a veces sorprende y asusta; como también asusta, ya desde Freud, el efecto de la confusión entre universal y particular.

No debemos olvidar que la idea de individuo es producto, efecto del discurso de la modernidad que inscribe sobre los cuerpos una gramática particular, siempre histórica. A nosotros nos toca la gramática capitalista moderna, pero no la europea, sino la latinoamérica que encierra otra gran cantidad de particularidades y problemas (1).

El sujeto, en cambio siempre es efecto, no es un dato previo. Al sujeto se lo supone, es marca de una división. Por eso no es correcto decir: “vino el sujeto al consultorio”. El sujeto no va, ni viene, el sujeto es efecto que reproduce cierta forma de relacionarse con un objeto (la fórmula del fantasma). Por eso, el fantasma es ante todo una gramática de contenido particular; lo que es universal es que siempre hay “por lo menos uno con el que no”, pues esa es la condición para el armado de cualquier lazo, discurso, estructura, gramática, cualquier conjunto. Una cuestión lógica, de conjuntos, diría Lacan.

Un cuerpo, en cambio, es materia. Caduca. Muere.

Lo universal no caduca. Lo particular se repite igual en su lógica; lo que varía es su contenido.

Mientras que lo singular…

Lo singular es otra cosa. El campo de lo singular es aquel artificio con el que el mitopoiéticobricoleur (Lévi-Strauss, 1962) ha ido componiendo con lo exo, con esos retazos del acontecimiento, juguetes de la historia, diría Agamben (2007), con esos pedacitos de nada, esos restos de otros. En lo singular hay un saber hacer con eso, un modo singular de hacer con eso.

Lo singular siempre es la expresión de un colectivo. No es una abstracción y menos una universal. Es una composición singular, la marca de lo discontinuo que escapa la razón-conocimiento, al sentido dado por la gramática hegemónica. Lo singular escapa entonces a lo hegemónico, e inventa otra forma de hacer con eso, generando otra forma de decir sobre eso. Es un paisaje que va más allá de la lógica del fantasma capitalista de Edipo, que nos adormece.

Esta ausencia de distinciones y confusiones entre sujeto y persona, o entre lo universalizable y la gramática particular, suele escucharse mucho en Jornadas de hospitales, Congresos y cursos especializados, lo cual es lógico pues son lugares donde se comparte un saber ya construido y constituido (institucionalizado) donde a veces —y este es el mayor riesgo— se naturaliza la Idea, el concepto, por no atrevernos a cuestionar e inventar otras formas de decir más allá del padre. La bien famosa “zona de confort” no permite dejarse afectar por lo diferente, por la experiencia con ‘aquello’; como si el concepto apresuradamente respondiera lo que nos incomoda preguntarnos.

Freud lo decía es sus conferencias: el psicoanálisis es ante todo una posición crítica.

El diván relata lo vivido con lo exo.

Lo exo, como “otro mundo posible”, sigue estando siempre afuera.

Estar dentro de una misma comunidad de saber tranquiliza, pero también adormece. Sabemos: no siempre es fácil salir de ahí. La idea de ‘precio alto de la ex-comunión’ funciona de sombra. Con el miedo, olvidamos la belleza del salto.

Tampoco hay que irse tan lejos, ni tan hondo. Ni es preciso hablar otras lenguas ni saltar muy alto. La apuesta es a poder decir desde un borde, desde un afuera que arma un adentro distinto. Tarea para nada fácil, con la generalización del modo fálico más banal que entiende el saber como ‘conocimiento individual acumulado y a-histórico’, propiedad privada de un individuo.

Sin dudas, la ausencia de amor del padre se siente en ambos lados de las fórmulas, de la vida. Toda invención es condenada al principio como cosa rara, aunque ahora cualquier cosa rara puede volverse una invención.

No toda.

La gaya ciencia.

Sorprende entonces al comparar estas posiciones esterilizadas y hasta automatizadas que el saber moderno pretende (las llamadas formas puras, un imposible en sí mismo) con las formas/modos de creación de saber de Freud, Lacan, Marx, Lévi-Strauss, Foucault, Deleuze, siempre de a retazos, a veces hasta incalculados (Deleuze, Guattari: 1991). Estos autores han sabido tomar referencias de los más diversos campos, incluso de los más extranjeros -por ejemplo la importancia de la sonoridad de los instrumentos brasileros ligada a la ionización, tomada por Deleuze del compositor francés Varese (Deleuze, 2005) e influyendo de igual manera sobre otros territorios (como es el caso de Deleuze y el surf, o el teatro, o la pintura). Es un Cesar Gonzalez (2), también.

Estos grandes pensadores asumieron una abierta posición de bricoleur (3) —sujeto mitopoietico— que se arroja hacia el acontecimiento, hacia la experiencia de la Otredad más radical, creando lo distinto, combinando lo más diverso (como lingüística y psicoanálisis o topología, matemáticas) componiendo con las marcas que deja el acontecimiento y con los sujetos-objetos particulares que deja la historia (Agambem: 2007):  retazos heterogéneos desechados por ahí, que el bricoleur valora y resguarda del olvido del tiempo, pues sabe que frente al acontecimiento, experiencia del agujero de la palabra, estos retazos serán algunas de las herramientas de las que se servirá el bricoleur para crear su propia poiesis: como Artaud, como Pessoa, como Lispector (4).

Si nos olvidamos de esta base mitopoiética heterogénea y singular que implica toda invención, vamos a pensar entonces que toda creación es divina y con esto, estaríamos matando la vida. Toda vida que nace desde un encuentro entre, al menos, dos distintos.

Sobre la Universalización del Complejo de Edipo

Recientemente la antropóloga argentina, Rita Segato en su libro Las estructuras elementales de la violencia –en clara alusión al libro de Lévi-Strauss lanza dos críticas centrales hacia el psicoanálisis: una, histórica, la universalización del complejo de Edipo; la segunda, la célula violenta ligada al falo que ‘Lacan no vio’.

Es aquí donde voy a detenerme porque antes que sujetos (siempre efecto), somos personas de derecho. Somos superficies biológicas materiales devenidas personas civiles, cuyos cuerpos llevan las marcas de los discursos y poderes.

Cuerpos disciplinados: dóciles, sutiles formas, a veces, de un saber que educa (también).

Lacan nos advierte, tal como lo hace Nietzsche, que no debemos confundir causa con efecto; ni lógica con gramática.

Hecha esta advertencia analicemos un segundo los seminarios de Lacan en su conjunto.

A simple vista nos encontramos con dos fotografías esenciales: un progresivo decir que ‘se achica’, junto con una potencia mayor en su decir poético. Ahora ‘se trata de tratar’ lo real -no ya lo simbólico- vía la poesía.

C´est lalangue, c´est la vie.

Este parece ser su giro final.

Por otro lado, casi al final de su obra, en los últimos tres seminarios, este Lacan poeta en su transmisión, progresa hacia el acto final de dejar la palabra a los otros. Aparecen así intercaladas las voces de Vappereau, Didier Weil, Nasio, entre otros, gestos para nada menores, y que aunque desapercibidos en su lectura más política, no dejan de ser una marca para pensar la posición final de Lacan ligada al acto de ceder la palabra, ceder el lugar, el topos, desde donde se enuncia lo que se enuncia, ‘soltar la cosa’.

Donar la palabra es un acto.

Este acto del ceder conlleva otra de las tantas funciones del nombre del padre, ligada a la muerte y su transmisión. Una transmisión abierta al enlace con lo exo.

Aunque parezca raro, ésta es otra de las funciones del nombre del padre, como cuarto que enlaza y diferencia los registros, los términos, los lugares y las funciones, anudando el tiempo cronológico; y aunque parezca aun más extraño, la omisión de este cuarto término fue lo que causó el ‘mal entendido’ de la universalización del complejo de Edipo.

Vayamos por partes. El Edipo freudiano está pensado desde su base universal biológica sexual reproductiva. Para que haya un hijo debe haber primero una unión sexual entre un hombre y una mujer, que devendrán -como efecto de esa unión- padre y madre respectivamente, con roles y funciones asignadas socialmente, que muchas veces también se las ha pensado universales y naturales. Esto es en la época de Freud, donde las leyes de la naturaleza se aplicaban al campo de las ciencias sociales sin ningún tipo de reparo, pues era su modelo. Ahora es distinto. Freud en aquel entonces no contaba más que con la biología para pensar la familia; y la antropología, de la mano del funcionalismo, comenzaba sus críticas al Edipo como Universal de la mano del avuncular, cuarto elemento (simbólico) que se agrega a la celula biológica del tres edípico, aunque aun no con un uso estructural. Sin embargo, Freud sí “lo pesca” en términos de función, recurriendo al mito ‘del padre de la horda excluido’ para nombrar alguna de sus funciones.

Freud sabe que ni la ciencia ni el psicoanálisis son discursos cerrados y acabados, verdades absolutas; porque antes supo que un cuerpo no es igual a su representación (Freud, 1883-93 [1893]). Sin embargo, cuando elige el Edipo de Sófocles, el análisis del drama parece surgir por una cuestión de biología que va en contra de la cultura.

Lacan desde el comienzo de su obra anoticiado de la necesaria objeción al Edipo como universal (Saubidet: 2017c), retoma la crítica ya realizada hacia Freud por la antropología —Malinowski (1932) y Radcliff Brouwn (1924)— Desde aquel momento Lacan insiste en la importancia de la inclusión, la lectura y el análisis del cuarto término, pues fue lo que le permitió sortear lo particular del contenido de los mitos freudianos para darles un estatuto estructural, lógico a partir de la formalización de su función en las fórmulas de sexuación (‘existe al menos uno que dice que no al conjunto’ idea proveniente de la lógica levistraussiana).

Para que haya diferencia se necesitan al menos cuatro

Una de las funciones del cuarto es ceder goce, resignar la posibilidad de jouissance con al menos un objeto (la madre, la hermana), donándolo al intercambio. De esta manera, el cuarto término queda por fuera, excluido de la posibilidad de goce con lo idéntico (hermana/ madre/hija). Esta es justamente la función del padre de la horda en Freud que tan bien traduce Lacan en las fórmulas de sexuación con la función de la excepción: “existe  al menos uno que le dice que no”. Esto es lo universal: hay al menos siempre una relación prohibida, vacío lógico que se vuelve condición para cualquier creación/producción. Condición para el armado de la estructura del fantasma y el conjunto fálico. Sin embargo, en materia de producción, no se reproduce de cualquier manera.

El fantasma será entonces la estructura particular que asume el capitalismo, a partir de su equivalente general: el falo, correspondiente a nuestro modo de producción epocal. Ahora bien, que el conjunto que delimita esta exclusión sea el conjunto fálico, esto ya es un particular. Podría haber sido otro.
Allí operó el azar.

El particular, a diferencia del universal, posee un contenido social, histórico, económico, ideológico determinado; pero a Lacan le interesa también formalizar la historia vía su matematización, para poder ir más allá del Capital, del Edipo y de su mito y acercarse más hacia el enjambre de lalangue, el fonema sin sentido ni jerarquía.

Enjambre es un sustantivo colectivo. Como manada.

“Se trata en el psicoanálisis de elevar la impotencia (la que le da la razón al fantasma) a la imposibilidad lógica (la que encarna lo real)”, dice Lacan en Ou pire… (Lacan, 1971-1972: 239).

Así, veremos como la estructura lógica de cuatro se observa en casi todos sus esquemas y más avanzada su enseñanza, como en los cuatro discursos (estructuras de cuatro lugares y términos) o el nudo borromeo (que va desde el particular complejo de Edipo de tres más uno, a la función universalizable del cuarto, sinthome, que anuda y diferencia los tres registros).

El problema del Edipo freudiano es que al ser de sólo tres elementos, lo encierra en el campo de la biología, donde no hay ni sujeto ni cosa, pues no hay la distancia, vía la palabra que lo separe. Se omite así el enlace que va del hecho de la reproducción biológica, al hecho cultural de la alianza, que Lévi-Strauss explica en Las Estructuras elementales de parentesco (1949) y que Lacan retoma en varios momentos de su obra.
Durante mucho tiempo, incluso hasta la actualidad, se sostiene una crítica hacia Lacan absolutamente falsa: el Edipo es universal. Esa crítica, como dijimos, es válida hacia Freud. Pero Freud no fue Lacan (aunque desgraciadamente la lectura del “fenoménico lacaniano” haya omitido por completo la importancia estructural que Lacan le otorga al cuarto, gracias a Lévi-Strauss).

Lacan sabe, a partir de Lévi-Strauss, que para que el Edipo sea cultural y no biológico/natural/universal, es necesaria la lectura del cuarto término. Su función es condición de la estructura, siendo al mismo tiempo un término por fuera de ella, lo cual le da su carácter paradójico, adentro y afuera. El cuarto término hace la diferencia, en acto, al ceder. Sin este acto inaugural no hay cultura, no hay palabra, no hay topología posible pues no hay al menos un punto por fuera.  Edipo es una versión particular de esta lógica universal. Hay otras. Hay muchas formas de sinthome, menos edípicas, culposas y resentidas.

Alrededor de las clases que van desde el 9 el 20 de enero de 1979, Lacan nos comenta su evidente fastidio hacia las “formas borromeas más generalizadas”; aquellas de 4-2; 5-3; 6-4; 7-5; 8-6 que lo que tienen en común es conservar una diferencia de 2.

Estas formas, dice Lacan, lo fastidian profundamente ¿por qué?

4-2, no es igual a 3-1. Si bien ambas dan como resultado lo mismo, es otra su presentación, distribución, modo, regulación. Algo debe dejar diferencia. Se trata de una cuestión matemática, concluye casi al final de la clase del 20 de enero del 79’.

A los ojos de Lacan, el Edipo universal ha sido el error más evidente de Freud y el más caro para el psicoanálisis. Pero no se trata de ninguna manera de matar a Edipo (de la manera más resentida) o de negarlo. No es nada fácil para la neurosis salir de Edipo.

Las Psicosis denuncian todo el tiempo el goce aberrante del conjunto fálico: “la explotación del hombre por el hombre mismo”; mientras que las perversiones no hacen más que gozar de ello. Es por esto importante que, ante todo, debemos ser bien conscientes de sus efectos, para no caer en la misma trampa que se desea aniquilar.

Algunos ‘nuevos deleuzianos’ gritan: ‘Edipo no existe. Edipo no sirve para nada. Suprimámoslo’. Spinoza nos advierte con la espina de la rosa: no se deviene enjambre sólo por cantar bien o leer poesía.

Edipo existe, y no es sólo proletario, también es burgués -plusválico. No sólo es una farsa. Es el mito más acabado de la familia capitalista, regido por el imperativo de goce: ‘no ceder nada’, ‘no perder nada’, ‘acumular más de lo mismo’, ‘gastar lo menos posible’. Así, estas gramáticas capitalistas que acompañan los modos de producción y de enlace, determinan las políticas de goces epocales.

Edipo al servicio de la reproducción de estas gramáticas van en contra del principio mismo de la cultura, que necesita como condición para subsistir, que ‘al menos haya un elemento que ceda algo’, acto que iría en contra del imperativo de goce capitalista: “no perder nada”. Estas gramáticas de goce, sujetan a los sujetos de la ciencia, y atraviesan también al psicoanálisis.

Lacan esto lo sabía desde el comienzo.

Si nos metemos de lleno en la historia, tal como lo hace tan rigurosamente Carina Basualdo en su trabajo Lacan (Freud) Lévi-Strauss. Crónica de un encuentro fallido (2016)- ya desde 1938 Lacan sospecha que la pretendida universalización del Edipo es un problema dentro de la obra freudiana, cuyas críticas desde la antropología funcionalista, previa a Lévi-Strauss, no dejaban de hacerse oír.

Así, decidido a ir más allá del padre, en “Los complejos familiares en la formación del individuo” (1938), Lacan retoma la antropología de Malinowki (1932), para visibilizar la función de un cuarto término que hasta el momento yacía oculto a los oídos del psicoanálisis y de las ciencias sociales en general (Lévi-Strauss, 1945) (Berenstein, 2008, 2012). Ésta será la crítica que retomará Lévi-Strauss de la mano de Radcliffe-Brown (1924), el otro funcionalista, para evidenciar cómo la antropología clásica confundió también, al igual que Freud, el hecho biológico de la reproducción (la madre- papa- hijo) con el hecho cultural de la alianza (donde un elemento, al menos uno, debe quedar por fuera, siempre: el cuarto). Este cuarto llamado avuncular o tío materno, es el representante del padre de la madre (el elemento que debe ceder primero un objeto para que pueda producirse la alianza con lo exo, el lazo social).

En el ámbito de la cultura, a diferencia del animal, la reproducción conlleva un intercambio simbólico que está dado por la función del avuncular o tío materno, cuyo secreto está, como ya dijimos, en abstenerse de gozar con un bien propio, con lo idéntico a sí mismo (su propia hermana/madre), para donarla como objeto de intercambio. El secreto de la Ley de prohibición del Incesto radica en la lectura de este cuarto término (Saubidet, 2017a, 2017b, 2017c), pues en su acto de don determina y distingue el resto de los lugares y de las funciones.

Si la función del avuncular tal como nos enseña Lacan en El mito individual del neurótico –siguiendo a Lévi-Strauss (1945)- se visibiliza en situaciones de crisis, equilibrando la carencia paterna, una pregunta que podríamos hacernos al interior del corpus psicoanalítico sería: ¿cuál es la trampa del Complejo de Edipo pensado como tres? ¿Por qué no alcanza el tres para formar el dos? ¿Cuál es el riesgo mayor para el psicoanálisis -y no sólo- de confundir el tres, con el cuatro?

El riesgo mayor es que el psicoanálisis caiga en las mismas lógicas capitalistas que el mismo Lacan, siguiendo a Marx, denuncia como síntomas particulares: neurosis obsesiva e histeria, modos particulares de goce (Lacan, 1974-1975).

Los modos de síntoma neurótico implican un tipo particular de políticas de goce, siempre culturales, históricas y sociales, no biológicas; ‘que ordenan las cosas de una determinada manera’, donde el campo del saber no queda excluido de su trampa.

Si el psicoanálisis vuelve a confundir como le ocurrió a Freud, el tres de la biología con el cuatro de la cultura, estará yendo, al igual que el capitalismo y el discurso de la ciencia, en contra de la cultura misma: de la vida.
Si el tres es biología; el cuarto es la marca del pasaje entre naturaleza y cultura, del enlace entre real y simbólico, del movimiento que va del hecho universal de la reproducción al hecho cultural de la alianza (Lévi-Strauss (1949). Tal vez podríamos enunciarlo como el momento de la inauguración de una discontinuidad a partir de la Ley de prohibición del incesto —‘no gozarás con lo más propio’— se pone en juego en cada acto. Siempre algo debe perderse, si no, no hay acto.

Esta ley, siempre simbólica, ha intervenido sobre lo real, operándose el movimiento entre naturaleza y cultura, la separación entre el sujeto y la cosa, regulándose así las formas de intercambio y de distribución de los bienes, la gramática proletaria, donde todo cuerpo paga el costo. ‘La explotación del hombre por el hombre mismo’.

Ya Lacan en las “Conferencias en las Universidades norteamericanas, el 24 de noviembre de 1975, había dicho:

El síntoma en el sentido psicoanalítico es de una naturaleza muy diferente que el síntoma orgánico; los analistas no son idiotas al respecto. El primero que tuvo la idea del síntoma es Marx. El capitalismo se señala por cierto número de efectos que son síntomas; es un síntoma en la medida en que Marx imputa a la humanidad tener una norma, y él elige la norma proletaria. (Lacan, 1975, s/n)

Y en su Seminario RSI, en la clase del 18 de febrero en 1975 dijo:

“Si hacemos del hombre, no ya lo que vehiculiza un futura ideal, sino si lo determinamos por la particularidad en cada caso de su inconsciente y de la manera en que goza de él, el síntomas queda en el mismo lugar en que lo ha puesto Marx. Pero adquiere otro sentido: no es social, es un síntoma particular (Lacan, 1974-1975, 18/02/1975: 93)

Es esencial resaltar entonces tres cuestiones: a) La ley de prohibición del incesto no está dada de una vez y para siempre, en cada acto se vuelve a inscribir. b) Las formas de reproducción cultural no son azarosas, responden a las necesidades económicas de la propia cultura. c) Cuando decimos que la ley de prohibición del incesto (simbólica) inscribe la gramática particular de ciertos ‘modos de hacer’, decimos, en consecuencia, determina el modo de lazo con lo otro. Gramáticas fijas, leyes que ordenan discursos, formas históricas y particulares de goce, que podrían haber sido otras, pero fueron estas (marca de la operatoria de un azar) y cuyas particularidades se vuelve necesario visibilizar.

Lacan, desde sus primeros textos, entiende que en nuestras sociedades contemporáneas capitalistas la función el avuncular ha ido perdiendo visibilidad y que la diferencia entre el padre simbólico y el imaginario, no sólo es estructural sino histórica, contingente y particular de cada sujeto (Lacan, 1953) (Alberti, Mendez, 1993)

A partir de la lectura de la obra de Lévi-Strauss, y siguiendo las múltiples pistas que nos dejara el meticuloso trabajo de Carina Basualdo, en estos eternos tiempos de la llamada “crisis de la imago paterna” se vuelve necesario aislar algunas de las funciones de este cuarto término, aquel que anuda la forma lógica (universal) con la simbólica, gramatical (particular) que claramente no explica ni subsume el campo de lo singular, sino que restringe algunas posibilidades conectivas (no todo es posible), generando por esto, ciertos síntomas particulares (5).

Lacan nos recuerda, siguiendo a Lévi-Strauss que el avuncular no sólo se visibiliza en situaciones de crisis, sino que una de sus funciones principales es equilibrar la falla de la nomenclatura paterna en términos de sistema de actitudes. Es de ahí que Lacan toma la idea de la función dinámica del cuarto, como el elemento más importante en la cura misma (Lacan, 1953) que lo acompañara hasta su última enseñanza —el analista sinthome—.

Este ha sido posiblemente otro paso que algunos psicoanalistas han obviado, ya que como nos advierte Masotta (1970), Lacan aplica el cuarto a otro registro de problemas. Es por esto que el estudio de la función del cuarto nos permite entender por analogía, las muchas veces que Lacan lo fue nombrando y aplicando en términos lógicos vía la formalización de su función.

Otro aspecto dejado de lado de la obra levistraussiana es el átomo elemental de parentesco (Saubidet, 2016, 2017a, 2017b, 2017c). Estructura cuaternaria mínima que inscribe el pasaje de la naturaleza a la cultura dado por la operatoria de la ley de prohibición del incesto. Este átomo está conformado por un aspecto rígido – sistema de nomenclatura del parentesco (de por lo menos cuatro términos)- al que se le anuda aspecto dinámico —un sistema de actitudes—.

El sistema de actitudes está compuesto por: una actitud de afecto, ternura y espontaneidad (mutualidad), una actitud resultante del intercambio recíproco de prestaciones y contraprestaciones (reciprocidad), una actitud de acreedor (derecho), una actitud de deudor (obligación) – que por ser el aspecto dinámico del átomo elemental de parentesco equilibra la estructura. Es decir, la actitud anuda al nombre una función, función al interior del juego del resto de los elementos de la estructura para que el sistema se mantenga en equilibrio.

Advertimos una vez más el peligro de llenar de sentido común la estructura cuaternaria. Su imaginarización debe ante todo contribuir a deducir y aislar su lógica de funcionamiento, no a pensar que se trata de una cuestión bio-lógica o razonable. Poco importa si hay biológicamente un tío materno o avuncular (representante del nombre de la madre, marca simbólica del que ha sabido perder), debe haber función cuarto -diría Lacan, marca del precio por la castración-. El arte, el estudio pueden funcionar de cuarto, simbólico que anuda y diferencia los tres registros. Algo debe resignarse para producir lo distinto y dejar de acumular lo idéntico. Es por esto que el arte, el amor al saber y el amor en su forma más genérica, tiene una relación al objeto a, completamente distinta de la capitalista, edípica basada en la propiedad privada, donde el objeto es más bien resto o de consumo descartable. El amor no sabe de la idea de propiedad, menos de usufructo. El amor no se entiende. El amor pasa o no pasa. No es medible, no es cuantificable, no busca ganancia. No piensa en términos de ganancia, tampoco en términos de pérdida. El amor no piensa. No tiene que ver con la propiedad privada, y ésta puede llegar a ser la banalización más generalizada del falogocentrismo, con las mostraciones más obscenas de la falta de amor. En Argentina el femicidio sigue aumentando sus tasas. ¿por qué no se pueden hacer estadísticas del amor? Porque el amor no cuenta, diría Lacan, el amor se cuenta por sus efectos. Es lo menos calculado y por eso el amor genera la principal diferencia (muy lejos de la idea de la propiedad privada).

Por esto es sorprendente ver cómo Lacan lee a la perfección a Lévi-Strauss, incluso al final de su otra, cuando anuncia que el cuarto posee la función de anudar y diferenciar los tres. Su traducción es exquisita.

El problema con Lévi-Strauss, cosa de la que se queja Lacan, es que ni en las Estructuras elementales del parentesco, ni en ninguna parte de su obra, desarrolla en profundidad la particularidad que asumen, es decir el contenido particular que imprimen al átomo elemental de parentesco, las culturas capitalistas. Lacan, gracias a su entorno de época (Lacan, 1966-1967), se anima a dar un salto e ir más allá de su queja, anudando a Marx y a Lévi-Strauss por primera vez cuando enuncia el valor de goce. Esta pista la encontramos en el Seminario XIV cuando enlaza Marx con Lévi-Strauss y la mujer en el acto sexual como objeto de goce, objeto de cambio en Marx, donde la jouissance ligada a la idea usufructo se anudan.
Lo primero que usufructúa el sistema capitalista, como bien lo denuncia Federici en el Caliban y la bruja, es el cuerpo de la mujer. Así, en nombre del Dinero, de la familia, de Dios, de la Ciencia y del amor privatizado/objetalizado, puestos en el lugar trascendental, se han cometido los actos más denigrantes y asesinos de nuestra historia.

Tal vez haya sido justa la queja de Lacan por la ausencia en el trabajo de Lévi-Strauss de las particularidades que inscribe la gramática capitalista sobre el átomo de parentesco, tal vez éste haya sido un precio muy caro para el psicoanálisis, que durante mucho tiempo pensó que el capitalismo era simplemente un discurso, algo que pasaba lejos; como si el discurso capitalista fuera una cosa tan simple, una mera abstracción de la cual el psicoanálisis estuviera exenta (volviendo al psicoanálisis una doxa religiosa que adormece: el hijo que usufructúa el nombre del padre, eterno adolescente que no logra componer con el afuera).

Sin embargo, no todo está perdido.

Con una rigurosidad deconstructiva sorprendentemente creativa y alegra, las recientes producciones a algunos psicoanalistas salidos de la academia —como es el caso de Julieta de Battista (con “el deseo en las psicosis”), Carina Basualdo (con su trabajo  Lacan (Freud) Lévi-Strauss Crónica de un encuentro fallido Levi-Strauss y Lacan) o Manuel Coloma Arenas (“del don del Amor al objeto a”)— posiblemente cansados de la repetición de lo mismo, logran saltar la trampa de la referencia UN-ívoca del al psicoanálisis religioso, para autorizarse a pensar más allá de él y de sus axiomas; restituyendo así la voz de Lacan a un conjunto polifónico mayor, dándole al psicoanálisis una bocana de aire, hereje; siempre hereje, por eso el aire, por eso renueva,  porque toma el afuera y lo incorpora, devolviéndole a la obra su movimiento.

Como nos sugiere Freud: a no perder el espíritu crítico, ni a tomar las ideas como conceptos naturalizados.

Las ideas son siempre particulares, responden a problemas de época y no sin la firma de quien los crea (Deleuze, 1991).

Hay que estar anoticiado entonces, como dice Lacan (1972) que hay muchas maneras de generar plusvalía, de gozar con lo propio acumulado. El dinero no es la única.   Sostener una única verdad sin tensión con lo exo —exo llamado clínica también— es un problema.

Y bueno, no queda otra: hay que ir más allá del padre y seguirla creando.

Notas

(1) Sobre este tema trabajó la antropóloga Rita Segato en su libro “La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda” y en “Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”.

(2) César González, escritor (Crónica de una libertad condicional ) y director de cine argentino (¿qué puede un cuerpo?)

(3) Idea que proviene de Lévi-Strauss en su libro El pensamiento salvaje.

(4) “¿Por qué es que un llamado Freud logró con su poesía –suya quiero decir– instaurar un arte analítico? Es lo que permanece absolutamente dudoso. ¿Por qué es que uno se acuerda de algunos hombres que triunfaron? Eso no quiere decir que lo que ellos lograron sea válido. Lo que hago allí, como lo observa alguien con buen sentido que es Althusser, es filosofía. Pero la filosofía es todo lo que sabemos hacer. Mis nudos borromeanos, es filosofía también. Es filosofía que he manejado como he podido siguiendo la corriente, si puedo decir, la corriente que resulta de la filosofía de Freud.

El hecho de haber enunciado la palabra inconsciente no es nada más que la poesía con la cual se hace la historia. Pero la historia, como lo digo algunas veces, la historia (histoire) es la histeria (hysterie)…”

“…Marx era igualmente un poeta, un poeta que tiene la ventaja de haber logrado hacer un movimiento político. Por otra parte si califica a su materialismo de histórico, eso no carece ciertamente de intención. El materialismo histórico es lo que se encarna en la historia.” (Lacan, 1977-1978, 19).

(5) Posiblemente se entienda mejor la crítica de Deleuze y Guattari en el AntiEdipo cuando dicen que el Edipo reprime las maquinas deseantes, pues inscribe y preformatea las posibilidades combinatorias, inhabilitando otras.

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Por gentileza de Acheronta