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El Estado (colonial) y la revolución

Raúl Zibechi
Analista internacional, escritor y periodista
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Ha transcurrido un siglo desde que Lenin escribiera una de las piezas más importantes del pensamiento crítico: El Estado y la revolución. La obra fue escrita entre las dos revoluciones de 1917, la de febrero que acabó con el zarismo, y la de octubre que llevó a los soviets al poder. Se trata de la reconstrucción del pensamiento de Marx y Engels sobre el Estado, que estaba siendo menoscabado por las tendencias hegemónicas en las izquierdas de aquel momento.

Las principales ideas que surgen del texto son básicamente dos. El Estado es un órgano de dominación de una clase, por lo que no es apropiado hablar de Estado libre o popular. La revolución debe destruir el Estado burgués y remplazarlo por el Estado proletario que, en rigor, ya no es un verdadero Estado, puesto que ha demolido el aparato burocrático-militar (la burocracia y el ejército regular) que son sustituidos por funcionarios públicos electos y revocables y el armamento del pueblo, respectivamente.

Este no-verdadero-Estado comienza un lento proceso de extinción, cuestión que Lenin recoge de Marx y actualiza. En polémica con los anarquistas, los marxistas sostuvieron que el Estado tal como lo conocemos no puede desparecer ni extinguirse, sólo cabe destruirlo. Pero el no-Estado que lo sustituye, que ya no cuenta ni con ejército ni con burocracia permanentes, sí puede comenzar a desaparecer como órgano de poder-sobre, en la medida que las clases tienden también a desaparecer.

La Comuna de París era en aquellos años el ejemplo predilecto. Según Lenin, en la comuna el órgano de represión es la mayoría de la población y no una minoría, como siempre fue el caso bajo la esclavitud, la servidumbre y la esclavitud asalariada.

Véase el énfasis de aquellos revolucionarios en destruir el corazón del aparato estatal. Recordemos que Marx, en su balance sobre la comuna, sostuvo que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión del aparato estatal existente y ponerlo en marcha para sus propios fines.

Hasta aquí una brevísima reconstrucción del pensamiento crítico sobre el Estado. En adelante, debemos considerar que se trata de reflexiones sobre los estados europeos, en los países más desarrollados del mundo que eran, a la vez, naciones imperiales.

En América Latina la construcción de los estados-nación fue bien diferente. Estamos ante estados que fueron creados contra y sobre las mayorías indias, negras y mestizas, como órganos de represión de clase (al igual que en Europa), pero además y superpuesto, como órganos de dominación de una raza sobre otras. En suma, no sólo fueron creados para asegurar la explotación y extracción de plusvalor, sino para consolidar el eje racial como nudo de la dominación.

En la mayor parte de los países latinoamericanos, los administradores del Estado-nación (tanto las burocracias civiles como las militares) son personas blancas que despojan y oprimen violentamente a las mayorías indias, negras y mestizas. Este doble eje, clasista y racista, de los estados nacidos con las independencias no sólo no modifica los análisis de Marx y Lenin, sino que los coloca en un punto distinto: la dominación estatal no puede sino ejercerse mediante la violencia racista y de clase.

Si aquellos consideraban al Estado como un parásito adherido al cuerpo de la sociedad, en América Latina no sólo parasita (figura que remite a la explotación), sino que es una máquina asesina, como lo muestra la historia de cinco siglos. Una maquinaria que ha unificado los intereses de una clase que es, a la vez, económicamente y racialmente dominante.

Llegados a este punto, quisiera hacer algunas consideraciones de actualidad.

La primera, es que la realidad del mundo ha cambiado en el siglo anterior, pero esos cambios no han modificado el papel del Estado. Más aún, podemos decir que vivimos bajo un régimen donde los estados están al servicio de la cuarta guerra mundial contra los pueblos. O sea, los estados le hacen la guerra a los pueblos; no estamos ante una desviación sino ante una realidad de carácter estructural.

La segunda es que, tratándose de destruir el aparato estatal, puede argumentarse (con razón) que los sectores populares no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, por lo menos en la inmensa mayoría de los países. Por eso, buena parte de las revoluciones son hijas de la guerra, momento en el cual los estados colapsan y se debilitan en extremo, como sucede en Siria. En esos momentos, surgen experiencias como la de los kurdos en Rojava.

No tener la fuerza suficiente, no quiere decir que deba darse por bueno ocupar el aparato estatal sin destruir sus núcleos de poder civil y militar. Todos los gobiernos progresistas (los pasados, los actuales y los que vendrán) no tienen otra política hacia los ejércitos que mantenerlos como están, intocables, porque ni siquiera sueñan con entrar en conflicto con ellos.

El problema es que ambas burocracias (pero en particular la militar) no pueden transformarse desde dentro ni de forma gradual. Suele decirse que las fuerzas armadas están subordinadas al poder civil. No es cierto, tienen sus propios intereses y mandan, aún en los países más democráticos. En Uruguay, por poner un ejemplo, los militares impidieron hasta hoy que se conozca la verdad sobre los desaparecidos y las torturas. Tanto el actual presidente, Tabaré Vázquez, como el anterior, José Mujica, se subordinaron a los militares.

Es muy poco serio pretender llegar al gobierno sin una política clara hacia las burocracias civil y militar. Las más de las veces, las izquierdas electorales eluden la cuestión, esconden la cabeza como el avestruz. Luego hacen gala de un pragmatismo sin límites.

Entonces, ¿qué hacer cuando no hay fuerza para derrotarlos?

Los kurdos y los zapatistas, además de los mapuche y los nasa, optaron por otro camino: armarse como pueblos, a veces con armas de fuego y otras veces con armas simbólicas como los bastones de mando. No es cuestión de técnica militar sino de disposición de ánimo.

Por gentileza de La Jornada

Capitalismo, enfermedad mental y suicidio

Miles se suicidan cada año, y otras tantas sufren enfermedades mentales relacionadas no sólo con la estructura del capitalismo sino también con su esencia represiva.

La psicología se ha encargado en señalar otro problema que genera el capitalismo (1), un sistema criminal que ha llevado al incremento de enfermedades y trastornos mentales. Una de cada cuatro personas padece alguna enfermedad mental (2) relacionada con las condiciones de trabajo o estudio –habría que recordar los suicidios en France Telecom, así como los numerosos suicidios de adolescentes que sufren problemas en el instituto–, con los problemas económicos derivados de la sociedad consumista o la depresión, principal causa del suicidio. En el Estado español, 400.000 personas padecen esquizofrenia (3). La mitad de las personas que necesitan tratamiento psicológico o psiquiátrico no lo recibe (4).

Cabría preguntarse si existe relación entre la estructura económica (5), las prácticas de biopoder y la cultura del sistema capitalista y el incremento de enfermos mentales que ha detectado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Resulta necesario buscar qué personas son más afectadas por los trastornos mentales. Dos franjas de edad son realmente significativas: el final de la adolescencia, cuando se presenta el mundo real y cruel al individuo, y la edad mediana, cargada de responsabilidades laborales, familiares y de pareja así como de la máxima incidencia del rol social (6). En el plano cultural debemos señalar la música y la literatura como reflejo de la angustia existencialista que sintieron personas que padecían alguna enfermedad mental, como el depresivo Kurt Cobain. Las letras de las canciones del movimiento grunge, nacido a finales de los años 80, trataban precisamente de la incomprensión, el aislamiento y de una profunda angustia. La literatura y en especial el movimiento del realismo sucio han mostrado qué papel tan importante desempeña el status social. Los relatos de John Cheever o Raymond Carver están repletos de personas adultas que aparentan ante sus vecinos solamente por sentirse superiores; de borrachos que guardan luto por un abandono, de parejas y familias que se desmoronan y de suicidios (7).

Con respecto al primero rango de edad, el final de la adolescencia o la propia pubertad, habría que apuntar varias cuestiones. El acoso escolar lo sufren uno de cada cuatro alumnos en el Estado español, con especial incidencia en estudiantes LGTB. El capitalismo propicia sociedades heterocentradas (8) a través de la cultura y la publicidad y la educación, que condenan una sexualidad diferente. El sistema educativo ha traído problemas como el fracaso escolar; el profesor es un tirano que coarta las capacidad creativa del alumno, que se ve obligado a seguir la linealidad del capitalismo nace-estudia-produce-muere convirtiéndose en el resultado de las líneas de producción del capitalismo (9); un alumno que debe vestirse y comportarse de una forma semejante a la sus compañeros, totalmente obnubilados por el consumismo (10). Una vez que el alumno ha abandonado el infierno del instituto, se encuentra con la educación superior o con que es incapaz de encontrar empleo.

Los adolescentes son la imagen perfecta de la alienación. Mientras que los chicos acuden al gimnasio para moldear sus músculos, como los futbolistas, las chicas se engalanan de tal forma que parecen llevar un cartel que dice Cómprame; son víctimas de fobias sociales, del miedo al fracaso y a la opinión de los demás hasta el punto de que necesitan actuar y estar siempre bien, lo que evidentemente es imposible. En la mayoría de los casos, la esquizofrenia aparece en los últimos años de la pubertad (11). Se ha reconocido la influencia de los factores ambientales en el desarrollo de la esquizofrenia. Gilles Deleuze y Félix Guattari relacionaron la aparición del capitalismo con los primeros casos diagnosticados de una enfermedad parecida a lo que hoy se denomina esquizofrenia. Nunca una discordancia o un disfuncionamiento anunciaron la muerte de una máquina social que, por el contrario, tiene la costumbre de alimentarse de las contradicciones que levanta, de las crisis que suscita, de las angustias que engendra, y de operaciones infernales que la revigorizan: el capitalismo lo ha aprendido y ha dejado de dudar de sí mismo […] Nunca se ha muerto nadie por contradicciones. Y cuanto más ello se estropea, más esquizofrenia, mejor marcha, a la americana (12). El capitalismo está relacionado con la esquizofrenia, también con la neurosis y el suicidio. El sistema expulsa a los individuos que no le son útiles (13). Antes del surgimiento de la producción mecanicista, de las urbes masificadoras y del orden familiar desestructurado, no existía la esquizofrenia como tal.

Cada año se suicidan miles de adolescentes. Uno de los casos más llamativos es Japón, donde los suicidios tienen una considerable cobertura mediática, al contrario que en el Estado español. En Japón se conoce como ijime al acoso escolar. En una zona del Monte Fuji se rescata cada año 70 cadáveres de supuestos suicidas (14). En el Estado español se quitan la vida entre nueve y diez personas cada día, convirtiéndose en la primera causa de muerte violenta en el mundo (15). Pero dichas muertes no aparecen en los medios de comunicación sino como alarmantes artículos que denominan al suicidio como la pandemia del siglo XXI. El suicidio en el año 2011 es una consecuencia del sistema capitalista que margina, aparta y vapulea a los individuos que no encajan en la sociedad materialista y represiva. La principal causa de suicidio en los adolescentes es la depresión; el joven entra en un terrible proceso de autodestrucción y empieza a concebir la vida como un sufrimiento continuado. El capitalismo impide que podamos realizar nuestros deseos dado que debemos ser productivos y seguir los dictados de la cultura consumista; el sistema trasforma la naturaleza en paisajes de factorías grises, elimina el erotismo y reduce los sueños a un imposible. Émile Durkheim entiende el suicidio como un hecho social y, por ende, prima las causas sociales a las psicológicas; lo que puede resultar acertado dado que la enfermedad mental, en un grado considerable, se desarrolla un determinado contexto social. Durkheim vislumbró que las comunidades judías, con mayor cohesión y responsabilidad social, tenían una menor tasa de suicidios que los católicos y que, a su vez, en las comunidades católicas había menos suicidios que en las protestantes (16).

Siguiendo la idea de Michael Foucault de que el sistema aísla a cada individuo en su casa, y después en su cuarto, habría que señalar que otra de las causas de la depresión y del suicidio es precisamente el aislamiento de un sujeto que acusa la falta de cohesión social.

Hablamos de una sociedad individualista y materialista, la del capitalismo. Las modas irrumpen en la debilitada personalidad del individuo del sistema, es decir, de aquél que se guía de forma inconsciente por los canales abstractos de la represión, creándose de esta forma una psiquis constantemente en tensión ante las imágenes, marcas, hábitos y estilos estéticos. No es raro que dichas personas sueñen con productos, adquisiciones o personajes deseados por el subconsciente. Solamente hay que prestar atención al lanzamiento de un nuevo objeto, ya que, previamente habiendo sido bombardeado por la intensa maquinaria publicitaria, nacerá la necesidad de comprarlo. Son los paisajes de psicosis masiva en la que decenas de personas se pelean por hacerse con la última unidad disponible (ese día) de un libro, por ejemplo, o aquella multitud que hace cola durante días enteros para ser los primeros en poseer un determinado bien o servicio. Pero… ¿Quién posee a quién? Partiendo del supuesto de que el consumo máximo e intensivo no es porque ahora necesitemos materialmente más que antes, ya que, al fin y al cabo, las condiciones indispensables de consumición únicamente han variado subjetiva y artificialmente en el tiempo, llegamos a la idea de que buena parte de la sociedad no trabaja sólo para obtener una vida digna, sino para poder acceder a los requisitos de la felicidad del capitalismo, de la opulencia, del lujo y el derroche. Mientras, millones de personas pasan hambre sin tener la suerte de tener algo que llevarse a la boca. Y es que, el capitalismo, fundamentado en las contradicciones sociales y económicas –para muestra el crack del 2008–, suscita una percepción de inferioridad, que no de desigualdad, entre los trabajadores que no pueden obtener ese equilibrio medio de gasto continuado (17).

De nuevo debemos referirnos a la literatura para encontrar un reflejo de los achaques de la sociedad materialista en la que vivimos. Podríamos citar a varios escritores aun he decidido escoger, por su extraordinaria habilidad narrativa, a Foster Wallace y su relato El neón de siempre (18). En la narración se nos presenta una persona que tiene lo que siempre ha deseado; posee un buen trabajo y recursos suficientes. Sin embargo, nunca se ha sentido feliz ni ha podido disfrutar de la vida; estaba demasiado preocupado en la imagen que los demás tuvieran de él. Tanto es así, que es incapaz de mostrarse tal como es ni siquiera ante su psicoanalista. En los relatos de Foster Wallace es habitual encontrase con personajes que visiblemente padecen enfermedades mentales, tales como la depresión. El propio escritor acabaría suicidándose. Todo el mundo está solo –escribe– confirmando la hipótesis de que el sistema capitalista aísla a los individuos hasta encerrarlos en un ciclo perpetuo de pensamiento negativo que puede llegar a somatizarse. Cabría citar también a Bukowski o John Fante, igualmente geniales.

La locura fascina porque es saber dice Foucault, que enuncia los saberes despojados como aquellos que no se ajustan a la discursiva científica y que resultan de la sapiencia popular o del saber de los locos. Los saberes olvidados –como la filosofía– son desprestigiados, tomados como ingenuos e inservibles. El autor va a poner de manifiesto la relación entre saber y Poder: expone la manera en la que surge un discurso (una literatura psiquiátrica) que hace científica la locura. La filosofía occidental ubicó el conocimiento de tal forma que estuviese separado e inmunizado del Poder, cuestión equivocada según Foucault. Es la concepción errónea de Platón de un político como pastor de hombres que es capaz de dejar a un lado el Poder (19).

El arte está contagiado por la enfermedad mental, como hemos explicado antes con respecto a Foster Wallace; por personas que rechazan la cultura dominante y que expresan su creatividad no sólo en la escritura sino también en la música y las artes plásticas. La angustia fue representada con gran habilidad por Edvard Munch, un artista educado de forma represiva por su padre, en su famosa obra El grito. Numerosos artistas acabarían suicidándose, cada uno por sus propios motivos. Kurt Cobain siempre deseó convertirse en estrella de rock y, cuando lo consiguió, su angustia aumentó hasta el punto de que acabaría por suicidarse. Camus escribió No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de que se viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía (20). A través de los medios de comunicación, el cine y los anuncios el sistema expresa ideas como las siguientes: ¡Puedes conseguir todo lo que te propongas! ¡Existe la igualdad de oportunidades! cuando lo cierto es que los sueños existenciales resulta casi imposible cumplirlos.

El ser humano en la cultura Occidental es funcional y productivo. Ocupa gran parte de su vida en el trabajo. Marcuse señala Si diez horas se dedican a la preparación, transportes y trabajo, y ocho horas para las funciones básicas restan del día seis horas para el desarrollo ocioso del hombre (21) de las cuales habría que descontar el tiempo que ocupamos en abastecernos en las tiendas, en la familia y las tareas del hogar, entre otras cuestiones. El ser humano no puede desarrollarse debido a las grandes enajenaciones a las que se ve sometido; se convierte en un medio más de producción cuya función viene preasignada por la dominación y la subyugación al principio de la realidad, siguiendo términos freudianos. No hay una contraposición entre el principio de placer y el principio de actuación (trabajo en este caso) sino entre el principio de placer y el trabajo que enajena. La dominación de la cultura occidental se manifiesta llegando a dirigir al ser así como sus apetitos, valores, creatividad, genitalidad e incluso el curso fantasioso de la imaginación (22). Con la crisis económica, los recursos para el ocio se han reducido dado que falta trabajo. La pérdida de empleo constituye, junto con el alcoholismo y el consumo de sustancias psicoactivas o psicotrópicas, uno de los factores de riesgo del suicidio.

En el rango de edad mediana, la separación que degenera en una profunda depresión es otra causa de suicidio. Rafael Santandreu apunta que a su consulta de psicología cognitiva acuden personas que han perdido a su cónyuge y que dicen necesitar a alguien (23). Transforman la realidad para originar necesidades. Nadie necesita una pareja; lo único que necesitamos realmente es alimento y bebida, vestimenta y una vivienda o techo. Santandreu concluye que este tipo de pensamiento conduce a la neurosis; una enfermedad social, según Foucault, que se desarrolla en un individuo con determinadas características psicológicas. Sin embargo, para Foucault hay ciertas condiciones sociales del medio en que vive el individuo que sufre neurosis. Las enfermedades mentales son consecuencia, o al menos un factor desencadenante, del medio social y de los mecanismo de Poder del sistema capitalista.

La pobreza es otro factor de riesgo del suicidio. El colectivo inmigrante se ve especialmente afectado por la pobreza y el racismo de Estados como el italiano o el español. Según el Institut de Drets Humans de Catalunya El colectivo inmigrante es uno de los que más está sufriendo las consecuencias de la crisis económica actual: paro, precariedad, dificultad para regularizar su situación… Sin embargo, diversas medidas y declaraciones políticas que están apareciendo en los medios últimamente culpabilizan a los/las inmigrantes de esta situación (24). Los inmigrantes sufren más la actual crisis económica; la tasa de paro es mayor en este colectivo, que antes del estallido de la crisis en 2008 realizó trabajos precarios, en muchas ocasiones en situación irregular y con elevado riesgo laboral. La mitad de los muertos por accidente laboral en Madrid durante el año 2006 fueron inmigrantes (25).

En cuanto al sexo, los hombres son más efectivos que las mujeres a la hora de quitarse la vida (26). Los antecedentes familiares de suicidio son otro importante factor. Los padres y madres juegan un importante papel en la salud mental de sus hijos. Según la Organización Mundial de la Salud los maltratos en la infancia también tienen influencia.

Si hacemos un pequeño comentario histórico del suicidio; en la antigua Roma era considerado como un acto honroso; por el contrario, para las religiones islámica, católica y judía el suicidio es condenable. Después paso a considerarse un acto romántico, especialmente en la literatura. Con la llegada del capitalismo y de los medios de comunicación, el suicidio se oculta. En las encuestas sobre felicidad los ciudadanos del Estado español se declaran muy felices o bastantes felices, lo que resulta difícil de creer (27).

La estructura económica del capitalismo incide, claramente, en la enfermedad mental y el suicidio pero es la propia esencia represiva del sistema la que reprime el deseo, no sólo para los otros, sino en sí mismo, ser el polizonte de los otros y de uno mismo, eso es lo que pone en tensión, y ello no es ideología, sino economía. El capitalismo posee la potencia del fin y del interés (del poder), pero siente un amor desinteresado por la potencia absurda y no poseída por la máquina. ¡Oh! En verdad, no es para él ni para sus hijos que el capitalista trabaja, sino para la inmortalidad del sistema. Violencia sin finalidad […] comentan Gilles Deleuze y Félix Guattari (28), que describen al esquizofrénico como una máquina de deseos en la que se insertan distintos cuerpos; unos brazos, por ejemplo.

El proceso de socialización, dividido en dos fases, toma una especial transcendencia. El primer proceso se produce en la fase más temprana de vida y es el más importante. La conflictividad entre psique y soma es tangible en las contraposiciones violentas entres los principios de placer, actuación, realidad y muerte. Expliquemos brevemente unos conceptos necesarios para comprender la dominación del sistema en el individuo. Id es el estado original del ser; cuando nace un niño sus instintos fluyen inapelablemente libres y generan un monstruo original y destructor donde la libido y el erotismo son posibles. Ego es el estado subsecuente del id; es ocasionado por los padres para que el niño viva en la civilización capitalista, relacionándose con su entorno sin sembrar la destrucción. El ego crea el consciente, el cual es imbuido por los flujos sociales; esto impide la realización de los instintos básicos del ser humano y desfasa la línea pasado–futuro. El súperego es el desarrollo del ego; que crea conflictos con el entorno, viéndose obligado a subsanarlos. Una vez conocidas tales definiciones puede observarse que la cultura sería una concatenación subsecuente originada por la civilización, que consigue que los instintos básicos del hombre (principio de placer) sean maniatados y sustituidos por el principio de actuación. El hombre está definido funcionalmente y su sometimiento al principio de actuación produce que el dolor supera al placer. A esto último accede el hombre dada su conciencia capitalista, que profesa que debemos reprimir nuestros deseos; debemos aceptar irremediablemente nuestra preestablecida tarea socio-productiva (29) (30).

Marcuse señala Las formas de dominación han cambiado: han llegado a ser cada vez más técnicas, productivas e inclusive benéficas; consecuentemente, en las zonas más avanzadas de la sociedad industrial, la gente ha sido coordinada y reconciliada con el sistema de dominación hasta un grado imprecedente (31). Este filósofo llega a condicionar la posibilidad de que la civilización represiva acabe y se liberen los instintos básicos del hombre, al cambio social (32). Pues bien, desde que Marcuse escribió esto en 1955 no ha llegado a producirse un cambio social que acabe con la represión del sistema capitalista.

Como conclusión al artículo: el sistema capitalista es un sistema asesino, que reprime y expulsa a los individuos que no le son útiles; que carga sus mecanismos de biopoder, que intenta perpetuarse a través de una maquinaria social que se alimenta de contradicciones. Desgraciadamente miles de personas se suicidan cada año, y otras tantas sufren de enfermedades mentales que están relacionadas no sólo con la estructura económica del capitalismo sino también con su propia esencia represiva.

Notas

1. No voy a referir aquí las injusticias del sistema capitalista, que se encuentran recogidas en numerosos ensayos críticos que abarcan desde la cosificación de las personas hasta la patente desigualdad social.
2. Organización Mundial de la Salud (2005). Mental Health: facing the challenges, building solutions.
3. Asociación Mundial de Psiquiatría (2007). La esquizofrenia abre las puertas.
4. Ministerio de Sanidad y Consumo (2006). Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud.
5. Honrubia Hurtado, P. A. (2009). Alienación consumista y enfermedad mental en el Capitalismo: Análisis dialéctico de una relación evidente. El autor denuncia la relación existente entre la estructura económica consumista– capitalista y el desarrollo de problemas de tipo psicológico– existencial.
6. Center for Disease Control and Prevention (2010). Current Depression Among Adults, United States, 2006 and 2008.
7. La música y la literatura están relacionadas en este caso. Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana, componía sus canciones a través de una técnica literaria denominada Cut-up hasta el punto de que su obra guarda semejanza con la del escritor William Burroughs.
8. Recomiendo el ensayo de Beatriz Preciado Manifiesto contrasexual (2000) para entender los mecanismos heterocentristas.
9. Señalar el declive de las carreras de letras, en detrimento del tecnicismo que ha acentuado el Plan Bolonia.
10. Las empresas de publicidad conocen que las mentes de los jóvenes son más sensibles a la publicidad. Pretenden construir una pulsión; convierten el consumo en una necesidad que, de no verse satisfecha, generará malestar.
11. Datos de la Universitat de Lleida. Estadísticas relacionadas con la esquizofrenia.
12. Deleuze, G. y Guattari, F. (1972) El Anti Edipo. Colección Capitalismo y Esquizofrenia. Paidós año 1972.
13. Ibídem cita 5. Honrubia Hurtado señala: Si, por h o por b, no eres apto para el sistema, el sistema no sólo te golpea hasta derribarte, sino que, una vez que estás en el suelo, te pisa hasta rematarte, mediante la propia acción social del entorno en el que nos vemos envueltos.
14. Datos recogidos por Esteban Miyahira en el blog http://www.enjapon.info
15. Elena Mengual. Suicidios, la epidemia del siglo XX: El Mundo (30/10/2011) http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/27/espana/1319712105.html Consulta: 15 de noviembre de 2011.
16. Durkheim, E. (1897). El suicido.
17. Atobas, V. (2010). Capitalismo: Consumo y esquizofrenia.
18. Foster Wallace, D. (2004). Oblivion: Stories. Little.
19. Atobas, V. (2010). ¿Qué es Poder? Edición Corregida. Artículo publicado en www.estaticateorica.blogspot.com
20. Camus, A. El mito de Sísifo (1942).
21. Marcuse, H. Eros y civilización (1955).
22. Atobas, V. (2009). La Poliédrica. Autoedición.
23. Santandreu, R. (2011). El arte de no amargarse la vida: Las claves del cambio psicológico y la transformación social. Oniro.
24. Institut de Drets Humans de Catalunya (2010).
25. Datos del sindicato Comisiones Obreras (2007).
26. Ibídem cita 15.
27. Manjavacas, M. (2006). La felicidad de los españoles se apoya en la familia y la salud. Revista Índice. Número 14, pp. 6. Comentario: En este artículo se comentan los datos del CIS, y se refiere que el 78% de los ciudadanos del Estado español se declaran muy felices o bastante felices, mientras que el 6% se declara desgraciado.
28. Ibídem cita 12.
29. Freud, S. (1929). El malestar de la cultura.
30. Ibídem cita 22.
31. Ibídem cita 21.
32. Marcuse apunta en Eros y civilización que la automatización haría posible una inversión entre el tiempo de trabajo y de ocio.

Por gentileza de OLACOM

Semiótica de la guerra

Fernando Buen Abad Domínguez
Doctor en filosofía, analista internacional e investigador
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Todos los dados están cargados. No hay palabra, gesto ni símbolo que no presente un frente de guerra o no sea, en sí, un ejercicio de belicismo psicológico. La inmensa mayoría de los “efectivos” simbólicos de la guerra mediática aparecen camuflados. Se requiere entrenamiento y experiencia defensiva para detectar en las frases, los giros idiomáticos, los gestos, los maquillajes, las corbatas, las sotanas o las bendiciones… el plan de contenidos ideológicos que se despliegan, agudizados, en situaciones de guerra. Está en juego muchísimo dinero.

La ideología de la clase dominante, que se especialista en manipular ambigüedades, suele perfeccionar sus ofensivas cuando más peligro corre de quedar en evidencia la grosería de sus dichos y sus hechos. Sus trincheras favoritas son, por ejemplo, las “acciones humanitarias”, la “verdadera democracia”, la “defensa de los bienes”, la “seguridad”, la “paz”… En el colmo de su cinismo, la ideología de la clase dominante se ha adueñado de signos referentes que tienen diverso tipo de influencia en las sociedades y, así, han exhibido, sin pudor, episodios “clericales” en los que se bendicen tanques de guerra, aviones bombarderos y batallones de criminales. Algunos aviones caza llevan dibujada, en la punta, la dentadura de un tiburón… ellos saben a qué juegan con eso. Nosotros también.

El capitalismo es responsable

“Zona de exclusión aérea”, “Armas de destrucción masiva”, “Operación humanitaria”… ambigüedades usadas por el capitalismo para generar impotencia colectiva, terror y rendición psicológica. Nadie se equivoque, el capitalismo es responsable de la “inseguridad”, las invasiones, el robo de la propiedad y del producto del trabajo. Te mato y luego te ayudo… es la conducta del imperialismo que, tras asesinar civiles inocentes y luchadores conscientes, promete enviar asistencia “humanitaria”, acarreada por soldados como en Haití, como en Afganistán, como en Libia, Siria… Parte de la ambigüedad es el uso de imágenes sin fechas, sin referencias, sin datos del autor ni del registro.

Contra las armas de Guerra Ideológica que la burguesía despliega, los pueblos en lucha, así como todas las luchas emancipadoras, deben darse una estrategia comunicacional de base que le cuente el mundo los crímenes del capitalismo, como los de la ONU-OTAN, y del premio “Nobel de la Paz”. La “Odisea del Amanecer” de Obama debe ser desmontada por las fuerzas emancipadoras de la comunicación, paso a paso, día a día. Todo lo que exhibe CNN, Televisa, Prisa y sus peleles, estén donde estén, es un problema de seguridad nacional y continental que debe ser discutido con urgencia, porque el mapa completo de la criminalidad ONU-OTAN se exhibe con toda impunidad en las pantallas de la oligarquía.

Parte de la ofensiva oligárquica consiste en mostrar, de manera velada y de manera descarada, sus planes y tácticas. Así operarán en todo el mundo para quedarse con las riquezas naturales y con la mano de obra. Televisa, CNN, Prisa y su red de complicidades en toda Latinoamérica, reivindican el “ejemplo humanitario” de Obama y su Odisea Asesina. Despliegan impúdicamente todos sus “signos” de patología comunicacional, severa, en el relato autoritario que ellos llaman “periodístico”, como en CNN, que atraviesa un éxtasis de necrofilia convulsiva. Repite y repite imágenes de odio y decadencia. Los lectores de boletines, que se hacen llamar periodistas, repiten un canto imperialista que recorre el continente con tufo criminal. El relato de los lectores de boletines, ampuloso y falaz, parece orgasmo necrófilo. Hacen llamar “periodismo” a su servilismo. Ellos leen boletines necrófilos con placer y disfrutan los bombardeos. Se les nota.

Contra el imperialismo

Más que nunca la humanidad requiere dirección revolucionaria, unidad y acción objetiva y subjetiva, contra el imperialismo y el capitalismo. Nadie se sorprendería si el premio “Nobel de la Paz” cocina en su cabeza una invasión tipo ONU contra Cuba y Venezuela. Hoy más que nunca la unidad y la fuerza del ALBA ilumina las esperanzas de soberanía para las luchas emancipadoras latinoamericanas.

Esta guerra desplegada también en las pantallas oligarcas, con la “legalidad” made in ONU, es un mensaje a todos: el imperio anhela usurpar todas las riquezas que se le antoje, cuando se le antoje y donde se le antoje… impunemente. Esta guerra no es sólo contra Libia, la ofensiva ha comenzado en todos los medios oligárquicos y es un mensaje contra todos los pueblos. El relato de los medios oligárquicos en América Latina, y todo lo que digan, es adelanto de sus proyectos golpistas y magnicidas. En México, en Brasil, en Argentina… las cadenas mediáticas de la oligarquía relatan cómo “logro moral humanitario” la obscenidad imperial.

Digámoslo de una vez, no serán los mass media, incluso con las mejores intenciones, quienes hagan por sí mismos la Revolución Socialista. No será la ética ni la estética de unos cuantos, por genios que se crean… por “vanguardia” que se autoproclamen, quienes garantizarán el ascenso del socialismo, incluso en la comunicación. Serán los trabajadores organizados, armados con cuanta herramienta se ponga al alcance, quienes ascenderán con un programa, hecho por todos, hacia un proyecto socialista. El capitalismo no es sólo un sistema de producción de mercancías, es además un sistema que produce cultura, valores éticos, morales y estéticos ideados para consolidar, defender y reproducir las condiciones materiales de existencia burguesa.

A la tarea revolucionaria de planificar los contenidos y las formas en los mass media, compete un compromiso apasionado por la investigación científica y la acción directa sobre las relaciones de producción, con significado Socialista de la Comunicación. Poner al descubierto la ley económica que rige la producción simbólica de una sociedad en movimiento revolucionario hacia su emancipación definitiva. Poner en evidencia científica la inevitabilidad de la sustitución revolucionaria del capitalismo por el socialismo.

Semiótica en combate

Planificar la comunicación implica investigar apasionadamente las leyes de la transición del capitalismo al socialismo, los caminos y métodos para establecer el modo comunista de comunicación; las leyes objetivas del socialismo que avanzan dialécticamente, las leyes de formación y desarrollo del sistema mundial del socialismo. Una tarea de planificación en Comunicación con los mass media debe ser un arma en la lucha, una guía para la acción. Tal planificación de la producción simbólica revolucionaria debe desenmascarar la esencia del capitalismo, sostener una lucha contra todo sectarismo y burocratismo. Desarrollar un “control” democrático y creativo de la Comunicación desde las bases, una “planificación” desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores, con la vigilancia y el trabajo de los obreros atentos a todo indicio de traición. Ya hemos visto demasiadas traiciones, por ejemplo, las Guerras Imperialistas. Ni todas las repeticiones juntas de CNN, FOX, BBC… lograrán asustarnos, ni disuadirnos, de luchar contra el capitalismo. Desarrollemos una semiótica en combate.

Por gentileza de Fernando Buen Abad

Cuerpo y máscara

Mario Buchbinder
Psicoanalista
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Escribir con cuerpo y máscara implica despojarse de algunas de las máscaras, conectarse con el no saber y desde ahí abrir a la reflexión. No denegar que el cuerpo, especialmente, nos dice de la vida y la muerte, y la máscara da testimonio de ello. En ese intervalo se puede dialogar.

Qué decimos con cuerpo

Cuerpo erógeno, biológico, social, de la significación, del arte de la cultura… En la vida están entrelazados aunque se los puede diferenciar. Aunque nos ocupemos sólo de la significación, los otros cuerpos están presentes. Nancy afirma que el cuerpo es el ser y que es la escultura del alma. No puede dejar de estar presente en todo fenómeno humano.

Es fácil decir éste es mi cuerpo así como éste soy yo pero, qué es el cuerpo, cómo definirlo. Puedo definirme a mí mismo para no perderme con los otros, pero luego me pierdo igual. Se trata de correlacionar la imperiosa necesidad de definición, pero a su vez poder jugar con las indefiniciones.

El cuerpo no es el reino de la verdad, si así lo mencionáramos, sería un terreno más de la escisión metafísica entre el sentir y el pensar, entre el significante y el significado. Pero el cuerpo no está por fuera de la verdad: palabra encarnada, cuerpo en significación.

Con cuerpo queda connotado: lo biológico, lo erógeno, la pulsión y el deseo, la cultura, la vida, los afectos, la vivencia, la significación.

En sus extremos o se desconoce (deniega, repudia) el cuerpo o se lo transforma en el lugar de la solución universal. El cuerpo no sólo se hace presente en las patologías, sino en lo invisible y visible de la cultura y de la cotidianeidad. No sólo en las patologías del narcisismo, en la anorexia y la bulimia, en los niños y los adolescentes, en las catástrofes y en los momentos de felicidad. La existencia es cuerpo. En el curso de la historia personal se conforma el rostro, y se constituye la máscara cotidiana.

Denominamos máscara personaje a aquellas construidas de diferentes materiales, con un formato particular, que puede definir un personaje, oculta el rostro. En una definición extendida de máscara se incluye el disfraz que cubre todo el cuerpo. Luego las máscaras sociales, las antropológicas, las de carnaval, etc.

Fenómeno de máscaras: es una modalidad incorporada a nuestro trabajo, sucede cuando al ocultar, revela, y al revelar, oculta. Alguien se coloca una máscara representando un tigre, pero el otro que la ve, (puede ser uno mismo en el espejo), la percibe como un gatito inofensivo. Se ocultó con esa máscara que eligió, como si fuera un tigre, pero reveló un felino inofensivo.

La carga que tiene la máscara está relacionada con lo que no está, aunque esté presente de algún modo: los fantasmas. Por eso o se las reduce a elemento de decoración o de juego, en la que se deniega esa carga, o alguien se espanta o se hace cargo de esa intensidad. Los fantasmas son los personajes de la fantasía, de la historia personal y social, los aspectos arcaicos individuales y/o sociales, conscientes o inconscientes. Puede conectar con lo ominoso, puede enriquecer la vida que cuando está privada de fantasma se “seca”.

En nuestra práctica puede llevar a la definición, a la estructuración o por el contrario a la desestructuración. El coordinador debe tener en cuenta la direccionalidad del trabajo: En alguien obsesivo, la desestructuración puede ser un camino para la cura, en alguien con una estructura psicótica o borderline o en situación de conmoción o de crisis social, (como en una inundación o en situación de cambios de lugar como en migración), podría ser más conveniente ir en el sentido de una estructuración.

El cuerpo y la máscara están en el escenario de la contemporaneidad.

El cuerpo como lo más propio y a su vez lo más extraño. La máscara, como figuración del fantasma, como arcaica y contemporánea. Se connota con la máscara el fenómeno de ocultar y revelar; una definición extendida abarca a todo el cuerpo, en el rostro, el maquillaje, las máscaras sociales, antropológicas, las de las ceremonias, las ideologías, las teorías. Así hemos definido máscara como órgano de superficie del conjunto de las relaciones sociales.

La máscara y el cuerpo no son sólo aquello que se luce para ocultar, sino también para revelar. El cuerpo mistificado de la televisión, de las propagandas, el cuerpo de la idealización, de la mercancía, se entrecruza con el concepto de máscara.

Mascaras de vida y de muerte

La corporalidad también está presente en la máscara, cuerpo presente o ausente. En el carnaval, en las comunidades primitivas, en las estructuras psíquicas, en la vida en general, no dejan de estar presentes. Nos referimos especialmente a la estructura carnavalesca, como la describieron Bajtín y Kristeva. Es la fiesta, pero con una característica de juego, de significación particular.

Máscara y cuerpo son dos “caras” de una moneda. Cuando el cuerpo adquiere significación se transforma en máscara. Cuando en la máscara se juegan determinadas intensidades, se transforma en cuerpo.

Cuerpo de la miseria, de la tortura, del campo de concentración, de la alegría, de la tristeza, del goce, del desconcierto. El cuerpo adquiere una estructura particular un gesto que ya es máscara. Condensa en esa forma las intensidades del ser.

La máscara y el otro

Se rechaza en la realidad, lo real del otro, en el que se proyecta el temor de la existencia, lo desconocido, lo siniestro. Eso abominado, definido por ciertos rasgos, en realidad es una máscara rechazada.

¿Por qué la denomino como máscara? Por el entrelazamiento de rasgos, por los aspectos míticos, por el aspecto de ocultación y de encubrimiento, por los aspectos proyectados.

Esto que ocurre con el migrante ocurre también con los afectados por la miseria, el racismo, el diferente, el discapacitado, el refugiado.

El ideal de dominación, totalitario, es desmentido por lo real del otro. Por lo que el otro debe ser negado, forcluido, desmentido, eliminado sin clemencia.

Se discrimina al otro desde la ficcionalidad de ubicarlo como máscara, para luego ser rechazado. Esa ficcionalidad construye relatos, personajes, cuerpo.

Se estructura como una escena, la escena de la discriminación. Los afectos son los del odio y la destrucción. Desenmascarar la discriminación, implica dar cuenta de la máscara y de los componentes de la escena mencionados. Es una escena doble: una estructurada en la superficie y otra subyacente, una protoescena donde predominan aspectos primarios y los mecanismos antes mencionados.

Los episodios de crueldad que se juegan contra los inmigrantes y al mismo tiempo las evasiones desesperadas, no sólo están imbuidas de racismo y autodestrucción, sino que también “representan” el ser social del tardo capitalismo por el cual el otro es fuerza de trabajo y mercancía que queda desvalorizada por fuera de su uso.

El emigrante parece insertarse en la literalidad de la relación amo-esclavo que marca también a los racismos y los totalitarismos del siglo XX.

En la psicopatología

Una mujer habla de su “gordura”, la resignifico, en conjunto con ella, como una máscara y le permite encontrar otras denominaciones. El síntoma psicosomático, la gordura, falto de fantasma, de estructura de simbolización que pueda atar y metaforizar lo corporal “salido de madre”, encuentra en el ejercicio corporal, con telas, una estructuración imaginaria. De esta manera el discurso de la gordura, discurso semiótico, puede incorporárselo en discurso gestual, en imágenes, verbal, escénico.

La delgadez, en la anorexia de Marta, resalta el esqueleto y la fantasía de muerte está enmascarada, pero revelada por el gesto de su rostro y de su cuerpo todo. Su biología es significación.

Los rituales obsesivos le impiden a Juana salir a trabajar y sus rituales de la limpieza conforman una máscara que la protege del temor a su agresión y a determinadas fantasías. En sus rituales dialoga con sus fantasmas silentes. La posibilidad de escuchar eso que no tiene palabra genera condiciones para la cura.

Cómo trabajamos desde nuestro marco conceptual (1)

Nuestra práctica es cultural y social, sobre/en la subjetividad individual y comunitaria, la problemática del cuerpo y la máscara tienen la marca de la praxis realizada durante 40 años. Junto con tratamientos “clásicos” del psicoanálisis como una “talking cure” (cura a través de la palabra) realizamos trabajo corporal, dramático con máscaras en la que están incorporados el juego, los gestos, la palabra, los relatos, la poesía, el teatro. Denomino a mi clínica como: “clínica de la heterogeneidad” como parte de la poética de la cura y del desenmascamiento. ¿No alcanza simplemente con el trabajo con la palabra? ¿Puede un psicoanalista dar cuenta de esa heterogeneidad? Los clásicos así lo han hecho. No lo pueden jugar aquellos que transforman, el psicoanálisis, en un dogma. Partimos de la base de la pluralidad de los psicoanálisis.

Lo instituyente del psicoanálisis2 permite que éste se transforme con el tiempo: psicoanálisis de familia, de parejas, de la vincularidad, de niños, etnopsicoanálisis, etc.

En la reflexión sobre el cuerpo y la máscara, los desarrollos conceptuales a su vez, son anclajes y elementos de la práctica. No es extraño que así suceda en una disciplina. Por ejemplo, la transferencia, la pulsión y el narcisismo son componentes teóricos y simultáneamente elementos de la práctica clínica.

La máscara y el cuerpo no son sólo aquello que se luce para ocultar, sino también para revelar. El cuerpo mistificado de la televisión, de las propagandas, el cuerpo de la idealización, de la mercancía se entrecruza con el concepto de máscara.

Menciono algunos dispositivos que hemos desarrollado: “Máscara y cura”, “El “Trabajo corporal, dramático con máscaras’, “La mascarada, “El Trabajo en lugares simultáneos”, “Los Mapas del cuerpo”, “El Mapa Fantasmático Corporal” en su relación con la “Imagen inconsciente del cuerpo” y otros.

Poética

Parece una obviedad afirmar que en toda situación analítica tanto la máscara como el cuerpo están presentes, independientemente que el analista tenga conciencia de ello. Puede trabajarlo igual, “sin conciencia”, pero sí la tiene, las posibilidades terapéuticas son mayores. Una es la conciencia y lo otro es como opera sobre estos componentes.

Se pone en cuestión que técnicas utiliza. Defino una poética que da cuenta de un estilo del paciente como del terapeuta. Poética en la que hay técnicas, conceptualizaciones, esquemas referenciales, etc. Las defino como “Poética de la cura” y “Poética del desenmascaramiento”, en la cual están presentes la palabra, el relato, el juego, la máscara, el cuerpo. Poética que resalta desde la “poiesis” las capacidades de cambio y creación de quien consulta. Pone en cuestión la máscara del psicoanalista.

Técnicas

En el trabajo corporal algunos pretenden solucionar lo que la ontogenia y la filogenia no dio: el cariño, la soledad, la ilusión, el encuentro con uno mismo y con el otro. Desde nuestro punto de vista se trata de hacer presente el deseo de amar, transformar, representar, lo elaborativo y junto con ello la imposibilidad, la envidia, el odio, la destrucción, la muerte. Cuanto menos se deniega de estos aspectos y se trate de expresar aquello que forma parte de la humano, de mejor modo se expresa el encuentro y la reparación.

Se entrecruzan el objeto, el cuerpo, la máscara y el fantasma.

Afirmaciones paradigmáticas sobre la máscara

Es sólo un juego. No tiene nada que ver conmigo, pero aun así me conecta con un fantasma. La vi de golpe y parecía que hacía un gesto.

El juego de la negación de esas intensidades, en la cotidianeidad se debilita y se eclipsa. En el juego de máscaras, se amplifica y se legaliza, no soy perverso, ni fetichista, si digo al mismo tiempo que esto no existe y que existe. No es el “sí” de lo real, sino que es el “como si” del juego imaginario. Este juego genera alivio y está entre los fenómenos de cura.

Cuerpo, máscara y fantasma

Si el cuerpo es la materialidad de lo vivo, en la Ilustración, se trata de desecar el fantasma y la máscara como si fueran cartas, fotografías de aquello que ya, o que nunca fue.

Desde otro lugar la vitalidad del cuerpo se lo entiende en relación al deseo, los fantasmas y la fantasía que lo visten.

El cuerpo desnudo de fantasmas, es sólo un cuerpo biológico, aquellos cuerpos de los cuales se apropian las dictaduras, pues no tiene espíritu, no tiene nada, y se puede disponer de la vida y de la muerte.

Si los fantasmas no están desecados, las máscaras son la presencia de ellas, de lo vivo y de lo muerto, de eso que nos habita y que perdemos en el último suspiro. En este sentido la máscara es la presencia de la potencia de la vida, sin ellas nada es posible, incluido el amor.

Cuerpo y ser

¿Qué cuerpo hace presente el cuerpo real? Es el cuerpo otro, del pasado, cuerpo ideal. Así como la metáfora no tiene un objeto esencial que determina a la palabra y al cuerpo real, el sujeto, crea el ideal. El cuerpo de los dioses, el intrauterino, el inmortal, el de máxima belleza.

En el narcisismo, el mito que se repite, lleva a la vertiginosidad de hundirse en el espejo del lago. Cuánto más se busca la imagen más se la pierde. Las patologías del narcisismo llevan esa marca; al melancólico el cuerpo se le cae y padece, y sus palabras no alcanzan para llenar el vacío del duelo. En la histeria, el sujeto encuentra e inventa su territorio, el erógeno, que Freud descubre.

El cuerpo, el propio y el de los otros, es el escenario del drama humano. En los llamados trastornos de la alimentación, todo el ser queda encerrado en la imagen, que aumenta su volumen o disminuye, que puede ser en grados catastróficos, aunque no siempre.

Notas

1. El Instituto de la Máscara fundado en 1975 por Elina Matoso y Mario Buchbinder, en Buenos Aires.
2. Me estoy refiriendo también a la escena, el cuerpo y la máscara del psicoanálisis en esta segunda década del siglo XXI. Si se queda en una disciplina melancólica o si usa la potencialidad instituyente en el lanzamiento de su afán transformador, inserta en la contradicciones y acontecimientos de la intensidades de lo socio cultural y artístico tecnológico. Si el psicoanálisis no se sacude el dogma, en el que está incluido la repetición ecolálica, su lenguaje de secta, nunca podrá hacerse cargo de la significación de la máscara, el cuerpo y la escena. Si puede sacudirse la hojarasca del temor a la vida, podrá retomar la potencialidad cultural y de la subjetividad individual.

Referencias bibliográficas

BUCHBINDER, M.; MATOSO, E. (2011): Mapas del cuerpo. Mapa fantasmático corporal. Buenos Aires: Letra Viva.
BUCHBINDER, M.; MATOSO, E. (1994): Las máscaras de las máscaras. Buenos Aires: Eudeba.
BUCHBINDER, M. (2001): Poética de la cura. Buenos Aires: Instituto de la Máscara: Letra Viva.
BUCHBINDER, M. (1993): Poética del desenmascaramiento, caminos de la cura. Buenos Aires: Planeta, Buenos Aires, 1993.
MATOSO, E. (2001): El cuerpo territorio de la imagen. Buenos Aires: Instituto de la Máscara: Letra Viva.

Por gentileza de Topía

El paraíso prometido de la eficacia

Ava Gómez
Socióloga [1]
Alejandro Fierro
Licenciado en Ciencias de la Información [2]
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“América Latina pide resultados, no ideologías”. La frase del político peruano Julio Guzmán sintetiza en apenas seis palabras el centro conceptual en torno al cual gravita la restauración conservadora. Toda la estrategia de esta acometida orbita alrededor del paradigma “eficacia” y de su antónimo, “ineficacia”. Las nuevas propuestas neoliberales, —una suerte de “neo-neoliberalismo”— ofertan la promesa de que las cosas van a funcionar, desde la economía hasta el transporte, los hospitales o la recogida de basura, el suministro eléctrico o el abastecimiento de agua.

El “cómo” se va a lograr es una amalgama difusa de gestión de corte empresarial, meritocracia, éxito en los negocios trasladado a la política, “sentido común”, experticia, representación en “quienes saben” frente a participación del colectivo, confianza en la tecnocracia… Porque, en el fondo, en esta primera etapa de la restauración conservadora consistente en el desalojo del poder de las opciones progresistas, no importa tanto el “cómo” sino el “contra quién”.

La propuesta neoliberal no puede mostrar todas sus cartas en esta fase de asalto al poder. Un programa electoral basado en recortes de salarios y prestaciones sociales, privatizaciones y desregulaciones e incrementos de los productos y servicios básicos está condenado al fracaso. Por lo tanto, no se define por sí misma, sino en oposición a aquello a lo que quiere combatir. Así, en este periodo inicial, es eficiente, frente a la ineficiencia de los gobiernos progresistas; rigurosa, frente a lo impreciso; preparada, contra los incapaces; profesional, en oposición a los aficionados; trabajadora, ante los diletantes…

La confrontación ideológica queda en un segundo plano. Las imposiciones neoliberales que comenzaron en los años 70 se realizaron con el miedo al comunismo como amenaza principal. La existencia de la Unión Soviética y sus países satélites le permitió al capitalismo jugar con el eje democracia/dictadura, libertad/represión… Sin embargo, no puede utilizar esta coartada con los procesos emancipatorios latinoamericanos del siglo XXI, que cumplen con los estándares hegemónicos de las democracias de origen liberal —comenzando por las elecciones, el gran tótem— y, en muchos casos, los superan con novedosas experiencias participativas.

Da la impresión de que las apelaciones al carácter antidemocrático de los gobiernos progresistas latinoamericanos son para consumo exterior, germinando en el terreno abonado del colonialismo, el eurocentrismo y la superioridad civilizatoria que impregna la mirada de Europa occidental y Estados Unidos sobre Latinoamérica; por el contrario, ninguna encuesta solvente refleja que las poblaciones de estos países consideren que viven bajo una dictadura.

Reciclaje de viejos conceptos

En consecuencia, la derecha neoliberal quiere que la disputa se establezca en el marco de la eficacia, obviando la confrontación de ideas. Quiere invisibilizar especialmente la pugna entre las clases sociales, algo en lo que los gobiernos progresistas han sido sumamente exitosos, al poner en primera línea a las mayorías populares, secularmente olvidadas en la política latinoamericana.

Dadas las nuevas condiciones históricas, el capitalismo neoliberal recicla viejos conceptos y los adapta a los tiempos actuales. De aquel “intrínsecamente perverso” con el que el Papa Pío XI calificaba en 1937 al comunismo, ahora se pasa a un “intrínsecamente ineficaz”. El objetivo no es derrocar a un gobierno en particular, sino acabar con cualquier alternativa al capitalismo. Por tanto, éstas deben ser caracterizadas como fallidas ya desde su propia esencia, porque llevan en sí mismas la semilla del fracaso.

El relato construido señala que la pervivencia de estos procesos y sus logros sociales se debieron al inusualmente alto precio de las materias primas, desde el petróleo venezolano, hasta la soja argentina. Una vez que los precios han vuelto a sus índices normales, el artificio se ha desplomado y las propuestas heterodoxas muestran su “intrínseca ineficacia”.

En el relato se omite de forma deliberada que el esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de las mayorías populares requiere, previamente a la disponibilidad de fondos, de voluntad política. Los países latinoamericanos han vivido otras épocas de bonanza económica, pero nunca hubo intención de redistribuir la riqueza. Había dinero, pero no voluntad política para que éste llegara a todas las capas de la sociedad.

La mirada superior

Para apuntalar su argumentación, la derecha neoliberal esgrime otras dos ideas de fuerza que se sustentan en una mirada enormemente clasista y negativa sobre las mayorías populares. La primera de ellas es que los programas sociales, ya sean de transferencias directas o indirectas, constituyen una suerte de limosna con la que se compra el voto de la gente humilde. No son un derecho, sino una dádiva a cambio del respaldo en las urnas. Y, en última instancia, no sólo convierten a las mayorías populares en votantes cautivos, sino que provocan que prefieran vivir de las ayudas públicas en lugar de trabajar. Esta interpretación llegó a su paroxismo con el programa social venezolano Misión Hijos de Venezuela que, entre otras iniciativas, contempla ayudas económicas a madres solteras, madres menores de edad o madres con hijos con discapacidad. El arzobispo Roberto Luckert renombró el programa como “Misión abre las piernas” y aseguró que se estaba empujando a las mujeres a tener hijos para vivir del Estado, en lugar de incentivar el trabajo.

Esta concepción negativa de las clases populares se completa con otro aserto que subyace tras esta argumentación. El voto de los humildes, cuando no es para las propuestas políticas de las clases altas, es un voto de menor calidad. No deciden en función de una racionalidad. O bien es un voto comprado, o es un voto ignorante, o es un voto de la rabia, pero nunca una decisión meditada y defendible con argumentos racionales.

Aquí la estrategia neoliberal enlaza con otro de sus puntos nodales, la crítica a los liderazgos carismáticos. Las mayorías populares, dado su supuesto menor nivel cultural, son presa fácil de liderazgos que canalizan el descontento tanto a través de la incitación al odio, como de la fidelización a través de políticas sociales (vistas como “limosnas” o mero ejercicio de “compraventa de los apoyos”). De nuevo un voto “ignorante”, “comprado” o “de la rabia”, del que se aprovechan “líderes populistas” en momentos de ruptura.

En respuesta a este tipo de liderazgo, el capitalismo neoliberal propone un perfil diferente, que oscila entre el carácter bajo —Horacio Cartes o Federico Franco, en Paraguay, Sebastián Piñera, en Chile—, signado por un éxito empresarial que sería trasladable a la gestión del país o, sin abandonar ese aura de hombre/mujer de negocios, un liderazgo con un carisma, más basado en la banalización del actor político que en una verdadera conexión con el pueblo —Mauricio Macri, en Argentina, con Silvio Berlusconi como referente europeo—. En cualquier caso, se abandona al líder identificado con el pueblo, que surge de él y que encarna sus demandas, como Hugo Chávez, Evo Morales o José Mujica, o, en un perfil ligeramente diferente, al liderazgo que cuya extracción difiere de la de las clases populares pero que sabe empatizar con sus reclamos (Rafael Correa, Néstor Kirchner, Cristina Fernández).

Doctrina shock Argentina

Argentina es el primer ejemplo de la reconducción discursiva del neoliberalismo para justificar su praxis ejecutiva cuando ha desalojado del poder a un gobierno progresista. El mensaje esperanzador con el que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, más simbólico que concreto, se deja de lado para imponer el recetario neoliberal basado en recortes, adelgazamiento del Estado, despido de trabajadores públicos, aumento de los servicio básicos y privatizaciones.

La excusa es “la herencia recibida”. Macri esgrime los supuestamente devastadores efectos de la era Kirchner para justificar unas medidas que en último término benefician a los más poderosos y perjudican a los más vulnerables. Se utiliza la metáfora del enfermo, cuya gravedad exige un tratamiento de choque. Los remedios utilizados son extremos, pero no queda otra alternativa si se quiere salvar al paciente.

La culpabilidad no es sólo de los gobiernos anteriores. Las mayorías populares también son responsables por haber creído en esa quimera y haberse lanzado a una suerte de orgía del consumo, a vivir “por encima de sus posibilidades”. Por tanto, los sacrificios que deben hacer ahora son una suerte de penitencia por su cooperación necesaria en el derrumbe económico.

Como bien demuestra Macri, la aplicación del paquete neoliberal debe hacerse de forma inmediata y de un solo golpe. No importa el descenso en popularidad en las encuestas. Los momentos iniciales son los más propicios. El bloque progresista se encuentra desnortado al haber perdido el poder. La gente, atomizada y sin referentes que la protejan, trata como puede de defenderse ante una avalancha de golpes que impactan directamente en su bienestar.

Después, cuando se aproximen las siguientes elecciones, se levantará ligeramente el pie del cuello de las personas y se proclamará que los sacrificios comienzan a dar resultados. Si aún así no se ganan los nuevos comicios, será un mal menor, puesto que de lo que se trataba era de reordenar el sistema a favor de la tasa de acumulación del capital, de destruir en poco tiempo lo que tardó años en construirse.

La triada comunicacional: información, opinión y propuesta

Los medios de comunicación hegemónicos replican esta disputa eficiencia—ineficiencia a través de una triada que conjuga de forma sesgada información-opinión-propuesta. La información se focaliza de forma permanente en aquellas áreas supuestamente negativas, basándose en datos cuidadosamente seleccionados y en testimonios individuales de presuntos damnificados, a pesar de que no se les pueda conceder ninguna validez estadísticas. A lo largo de estos años es casi imposible encontrar en la prensa de Venezuela, Argentina, Bolivia o Ecuador noticias positivas sobre los gobiernos progresistas o los estudios de organizaciones internacionales que ratifican los grandes avances sociales logrados. Tampoco se difunden declaraciones de personas que puedan estar a favor de estos procesos, que aunque tampoco tendrían representatividad, sí que podrían equilibrar el sesgo informativo.

El segundo paso es la opinión del experto. Amparado en una presunta neutralidad académica o profesional, desgrana lo que se debería hacer para corregir la situación. Estas recomendaciones son presentadas bajo el manto de la ciencia y, como tal, no se discuten. Se trata de la exacerbación del “sentido común” gramsciano. Las cosas son como tienen que ser. La autoridad del experto, al que no se le presupone una ideología, no se discute.

La triada se completa con entrevistas y declaraciones de los líderes políticos que simbolizan el supuesto cambio, en las que invariablemente se comienza con un diagnóstico negativo de la situación —conexión con primer escalón de la estrategia informativa—, continúa con la atribución de la culpabilidad a la opción política gobernante y finaliza con el recetario que coincide con el de los expertos —conexión con el segundo escalón—. De esta forma se cierra el círculo del intento de implantación de un sentido común hegemónico.

Notas

1. Ava Gómez es Socióloga y Comunicadora, con Máster en Estudios Latinoamericanos. Actualmente es investigadora predoctoral de la Universidad de Salamanca, en el área de Ciencia Política. Centra su investigación en el análisis de las políticas públicas de comunicación en América Latina. Ha colaborado con diferentes Universidades en Colombia y España, además de trabajar con reconocidos grupos de investigación de los dos países.

2. Alejandro Fierro es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca. Investigador de la Fundación GIS XXI en Comunicación Política y Comunicación Electoral. Asesor en procesos electorales en España, Paraguay, Chile y Venezuela. Articulista de opinión en diversos medios de comunicación de Europa y Latinoamérica. Analista habitual de TeleSur.

Por gentileza de CELAG

Vigencia y alcances del concepto de filogénesis en psicoanálisis

Sebastián Plut
Doctor en Psicología. Profesor Titular del Doctorado en Psicología UCES y de la Maestría en Problemas y Patologías del Desvalimiento UCES (Argentina). Miembro del Comité Editor de la Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos
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Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten.
El Aleph, Jorge Luis Borges

De qué fuente extraen muchas ideas la fuerza con que subyugan a los hombres y a los pueblos.
Moisés y la religión monoteísta, Sigmund Freud

Resumen

El autor examina el concepto de filogénesis, según como ha sido desarrollado en la teoría psicoanalítica, para estudiar su alcance en la explicación de los fundamentos anímicos de las representaciones sociales. El plan de trabajo contiene cinco secciones: a) síntesis del concepto de representaciones sociales según el enfoque de diversos autores, b) breve referencia a la hipótesis filogenética desde la biología; c) presentación de las ideas principales de Freud sobre dicha hipótesis; d) exposición de la revisión y recuperación que Maldavsky realiza acerca del concepto; e) síntesis y conclusiones. Al final del trabajo se agrega un Anexo, algo extenso, que incluye una lista de citas de Freud sobre filogénesis. Esta inclusión (por su extensión y ubicación) se justifica porque compone la muestra de nuestro estudio (aunque también podrá ser aprovechada como estado del arte por otro investigador).

Palabras clave: Representaciones sociales, Filogénesis, Teoría de la recapitulación, Ello, Psicología de las masas.

Summary

The author examines the concept of phylogenesis, insofar as it has been developed in psychoanalytic theory, in order to study its scope in the explanation of the psychological fundamentals of social representations. The layout of this work consists in 5 sections: a) social representations concept synthesis according to different authors´ perspectives, b) brief reference to the phylogenetic hypothesis from a biological standpoint, c) presentation of Freud’s main views on the mentioned hypothesis, d) exposition of Maldavsky’s revision and concept recuperation, e) synthesis and conclusions. The article is supplemented with an Annex, somewhat extended, which includes a list of Freud quotes on phylogenesis. This inclusion (as regards extension and insertion) is justified because it composes the sample of the present study (although it can also be taken advantage of as state of the art by another researcher).

Key words: Social representations, Phylogenesis, Recapitulation theory, Id, Mass psychology.

Introducción

Existen diversos enfoques, teorías y métodos para estudiar los valores y creencias colectivas. A su vez, puede estudiarse una representación social específica (de una enfermedad, de una teoría, etc.), uno o más conceptos (representación, creencia, etc.), el proceso de producción de tales tipos de representación, o su función y eficacia, entre otras alternativas.

Para quienes realizamos investigaciones psicosociales siempre resulta de interés tanto abordar una problemática social concreta, cuanto profundizar las hipótesis que enlazan los procesos psíquicos singulares con los procesos grupales y comunitarios. También sabemos que, pese a los fecundos desarrollos existentes, aun perdura algo enigmático en aquel nexo, en la posibilidad humana de compartir contenidos y formas relativas a las creencias, valores, representaciones.

El propósito de este trabajo es examinar un sector específico del aporte psicoanalítico al problema de las representaciones sociales. Para ello encaramos una investigación conceptual sobre la hipótesis filogenética, ya que, como señala Freud (1938), aquella noción constituye el puente entre la psicología individual y la social. Nos interesa, pues, estudiar dicha hipótesis (filogenética) en la evolución del pensamiento de Freud y, luego, cómo fue considerada por un autor argentino actual (David Maldavsky).

En síntesis, nuestro objetivo es: revisar el concepto de filogénesis en Freud, con miras a establecer, por un lado, su vigencia y alcance y, por otro lado, su valor en la comprensión del proceso de producción y el carácter social de las representaciones sociales.

Valores y creencias colectivas en la teoría de las representaciones sociales

En los diversos estudios, estos términos (valores y creencias colectivas) suelen aparecer reunidos con otros tales como representaciones sociales, ideología, estereotipos, prejuicios, actitudes, opinión pública, cosmovisiones, mitos, imagen, etc. En ocasiones, algunos de ellos son utilizados como sinónimos (o, al menos, no quedan claramente diferenciados), otras veces sí se los define como conceptos autónomos y distinguidos o se los articula con algún tipo de jerarquización. Más allá de esta diversidad, habitualmente los autores se han ocupado de: precisar el concepto que consideran central; fundamentar su carácter social; explicar sus funciones y modos de producción. Asimismo, y desde un punto de vista más global, toda hipótesis sobre las representaciones (en este caso, sociales) se incluye dentro del ámbito más amplio de una teoría sobre la memoria.

Para Moscovici (1979) las representaciones sociales (en adelante RS) no son meras opiniones sino que constituyen teorías de las ciencias colectivas, teorías sui generis destinadas a interpretar y a construir la realidad [1]. El autor sostiene que tales representaciones son sociales no solo por su objeto sino sobre todo por su proceso de producción: “calificar una representación de social lleva a optar por la hipótesis de que es producida, engendrada, colectivamente” (ob. cit., p. 51) [2]. Otras dos ideas de Moscovici nos resultan de particular interés: por un lado, cuando al aludir al proceso de formación de las RS señala que estas no son una respuesta a un estímulo, sino que la primera es en cierto modo el origen del segundo, es decir, el estímulo está determinado por la misma respuesta. Por otro lado, al referirse a las funciones de la RS sostiene que esta constituye una “preparación para la acción, no solo en la medida que guía el comportamiento, sino sobre todo en la medida en que remodela los elementos del medio en que el comportamiento debe tener lugar” (ob. cit., p. 32) [3]. Jodelet propone la siguiente definición de RS: “es una forma de conocimiento, socialmente elaborado y compartido, con una orientación práctica y orientado a la construcción de una realidad común en un conjunto social” (1991, p. 31). Sigue una orientación similar a Moscovici al afirmar que si bien las RS se elaboran con los “medios de a bordo”, aquellas se inscriben en los esquemas de pensamiento preexistentes. Tales esquemas incluyen sistemas ideológicos y culturales, ciertos conocimientos científicos, la condición social, la experiencia previa y la esfera afectiva [4]. También cobran importancia “las redes institucionales, los medios de comunicación de masas que intervienen en su elaboración, abriendo la vía a los procesos de influencia o manipulación social” (ob. cit., p. 30). Asimismo, desde el punto de vista metodológico este enfoque permite describir, analizar y explicar las dimensiones, formas, procesos y funcionamiento de las RS.

Para Jodelet el estudio de las RS constituye la vía por excelencia para aproximar la vida mental individual y colectiva ya que aquellas (RS) están situadas en la intersección de lo psicológico y lo social [5]. Finalmente, al analizar los discursos sobre la inseguridad señala: “los relatos que las víctimas de agresiones dan sobre lo que les ha sucedido siguen al pie de la letra un mismo escenario tomado de la colectividad y que les permite situarse en una misma categoría de víctima” (ob. cit., p. 44).

Farr (1986), por su parte, expone lineamientos coincidentes con los autores precedentes, y destaca que las RS consisten en sistemas cognitivos [6] que tienen una función social (son compartidas por una misma comunidad) [7]. Concretamente, estudiar las RS permitiría comprender cómo se difunde una determinada teoría (científica o política) en una cultura, cómo se va transformando durante ese proceso y cómo modifica, a su vez, la visión que la gente tiene de sí misma y del mundo [8].

Otro aspecto que también suele aclararse en la bibliografía es reconocer en Durkheim cierto origen de la noción, no obstante la propuesta de Moscovici considera no tanto representaciones homogéneas y compartidas por todos los miembros de una sociedad sino representaciones comunes a grupos sociales que comparten algunos aspectos culturales. Kornblit (1995), al mismo tiempo, explica que el carácter social de las representaciones deriva de que se basan en la comunicación, son compartidas, ejercen cierta coerción sobre los individuos y surgen a partir de procesos interactivos [9]. En este sentido el objeto social al cual se podrá referir una RS no será cualquiera sino aquel que cumpla determinadas condiciones: debe despertar ciertos conflictos, generar algún grado de consenso, revestir alguna relevancia para la vida de las personas y que se produzcan en su torno mensajes comunicativos. A su vez, las RS podrán estudiarse tanto como un producto (concepciones que diferentes grupos tienen sobre un objeto social) y como un proceso (en tanto las RS construyen la realidad social).

Kornblit también adhiere a la concepción de las RS como un “conocimiento de sentido común”, en el cual es necesario “introducir la dimensión del sentido atribuido por los sujetos a los hechos sociales”. Allí concurren las experiencias vividas por los sujetos, las informaciones y modelos recibidos a través de la tradición y la comunicación social. Para Páez (1992) las RS se analizan en tres dimensiones: la suma de información que reúnen sobre un objeto social, la organización de su contenido en torno de un núcleo figurativo y la actitud, entendida como evaluación positiva o negativa. Es interesante que el autor aluda a que una RS “hace referencia a una serie de guiones de interacción y a las teorías implícitas en ellos” (ob., cit., p. 20). Finalmente, Páez también fundamenta el carácter social de estas representaciones: por su contenido (se centran en objetos con un peso sociológico), por su origen (se producen pública y colectivamente y su contenido es proporcionado por las ideologías y subculturas predominantes) y por sus funciones (sirven para identificar/se a un grupo, para defender su identidad, para explicar, justificar y orientar sus acciones y para comunicarse).

La recapitulación

Freud adhería fuertemente a las hipótesis de Lamarck, quien postuló la herencia de los caracteres adquiridos. En palabras de Haeckel, su seguidor y prologuista del libro, “a Lamarck corresponde la imperecedera gloria de haber sido el primero en elevar la teoría de la descendencia a la altura de una teoría científica independiente” (en Lamarck, 1809, p. 5). Dicha teoría se resume en el mecanismo uso-herencia, cuyo ejemplo más comentado es el del largo cuello de la jirafa: la longitud de su cuello resultaría del duradero esfuerzo por extenderlo ya que, al vivir en regiones áridas, el único alimento era el elevado follaje de los árboles. La herencia transmite estos hábitos y en ese mismo proceso de transmisión esos hábitos se fortalecen y perfeccionan. Precisamente, una de las críticas que se le han hecho es que dio demasiada importancia a la influencia de los hábitos, al tiempo que aun no se había formulado el principio de la selección natural (propuesto por Darwin medio siglo después). Lamarck consideraba, por ejemplo, que el hombre primitivo proviene de los monos antropoides que se acostumbraron a la posición vertical. De este modo, el levantamiento del tronco y el constante esfuerzo para mantenerse en pie, habrían producido poco a poco la metamorfosis de los miembros.

Nos importa también comprender cuál era el objetivo global de Lamarck: “el asunto relativo al examen de los animales no consiste únicamente en conocer las diferentes razas ni determinar entre ellas todas las distinciones, fijando sus caracteres particulares, sino también el de llegar a conocer, además, el origen de las facultades de que disfrutan, las causas que los hacen existir” (ob. cit., p. 14). Es decir, no buscaba solo las diferencias, sino que también le interesaban más los aspectos universales de las especies que los rasgos generales y/o particulares.

De este modo, la teoría de Lamarck comprende hipótesis que abarcan tres áreas: la adquisición de nuevos caracteres, la evolución de los organismos y la transmisión de tales caracteres [10]. Dicho de otro modo, el autor examinaba el producto de las circunstancias como causas que provocan nuevas necesidades y, a su vez, estas necesidades crearían hábitos e inclinaciones [11]. Por su parte, Haeckel explica así la ley biogenética [12]: “La ontogenia es la recapitulación breve y rápida de la filogenia… Durante su rápido desarrollo un individuo repite los cambios de forma más importantes que sus antepasados desarrollaron por evolución durante su largo y lento desarrollo paleontológico” (citado por Gould, 2010, p. 100) [13]. En sus desarrollos, Haeckel combinaba los aportes de Lamarck, Darwin y Goethe. Por ejemplo, del primero tomaba, especialmente, la heredabilidad de los caracteres adquiridos (como luego veremos, podrá refutarse la explicación lamarckiana sobre cómo fueron adquiridos los caracteres sin que ello excluya su carácter hereditario). Asimismo, la posibilidad de transmitirse por herencia sería proporcional a la intensidad de la fuerza que impuso el carácter al organismo, la persistencia y continuidad de dicha fuerza y el número de generaciones sobre los que la fuerza actuó.

En suma, esta concepción procura establecer un enlace y una explicación entre los fenómenos de aprendizaje, memoria y herencia: a) adquirir un carácter es como aprender; b) los caracteres así adquiridos se heredan en proporción a la intensidad en la que producen estímulos; c) la herencia constituye una forma de la memoria; d) esta memoria se mejora por la repetición constante durante largos períodos; e) los instintos (saber de la especie) constituyen la rememoración inconsciente de aprendizajes intensos y reiterados.

El Proyecto Lamarck

Si tomamos en cuenta desde cuándo Freud tuvo en mente la hipótesis filogenética, la frecuencia con la que recurrió a la misma, así como también que la defendió enérgicamente y la sostuvo hasta el final de su obra [14], no podemos sino concluir que dicha noción ha ocupado un sitio sustancial en la concepción general que tenía sobre el ser humano [15].

Tempranamente Freud adhirió a la concepción lamarckiana, tal como se advierte en la siguiente carta a Fliess del 24 de enero de 1897: “No estoy lejos de la idea de que en las perversiones, cuyo negativo es la histeria, estaríamos frente a un resto de un antiquísimo culto sexual que otrora quizá fue también religión en el Oriente semítico (Moloch, Astarté)” (1986, pág. 241) [16].

El trabajo específicamente sobre las hipótesis de Lamarck fue un proyecto que Freud discutió, principalmente, con Ferenczi, a quien el 12 de julio de 1915 le escribe: “Esta serie [se refiere a la serie histeria de angustia histeria de conversión neurosis obsesiva demencia precoz paranoia melancolía manía] parece repetir filogenéticamente un desarrollo histórico. Lo que hoy son neurosis, fueron fases de evolución de la humanidad” (citado por Grubrich-Simitis, 1989, p. 93) [17].

En lo que sigue, entonces, expondremos una síntesis de las principales consideraciones y usos que Freud hizo en torno de la hipótesis filogenética [18]:

– El estudio de la disposición filogenética corresponde a una hipótesis de alto nivel de abstracción;

– En tal sentido, a los fines prácticos, suele desconsiderarse a favor del vivenciar accidental;

– Freud adhería a la teoría de la recapitulación. Es decir, consideraba que la herencia fue vivencia y que cada sujeto, en su ontogenia, repite la filogenia de modo abreviado;

– La disposición (filogenética) es la sedimentación de un vivenciar anterior de la especie;

– En línea con lo previo, la hipótesis de la herencia arcaica implica una manera de articular tres conceptos: pulsión, herencia y vivencia; – Para que una vivencia se transforme en herencia tiene que repetirse con suficiente frecuencia e intensidad en muchos individuos que se siguen unos a otros generacionalmente;

– Freud disentía con los rechazos que recibía la teoría de la recapitulación dentro de la misma comunidad de biólogos [19];

– La secuencia y lapso de exteriorización de cada moción pulsional resultan filogenéticamente determinados;

– Las pulsiones son, en parte, decantaciones de la acción de estímulos externos que, en la evolución de la especie humana, influyeron sobre el organismo;

– Lo que fue vivencia de la especie operó como “creación”, en tanto ahora actúa como “llamado” (disposición);

– El complejo de Edipo es el ejemplo mejor conocido de los “esquemas” filogenéticos heredados;

– Si bien es vivenciado de manera individual, es un fenómeno determinado por la herencia;

– El sentimiento de culpa de la humanidad desciende del complejo de Edipo y se adquirió como consecuencia del parricidio perpetrado por los hermanos;

– En ese momento no se sofocó una agresión sino que se la ejecutó, en tanto que, posteriormente, dio lugar a una sofocación que es la fuente del sentimiento de culpa;

– Ciertos hechos en la infancia son “necesarios”, por lo cual o están contenidos en la realidad o, si no, se los establece mediante indicios y se los completa por medio de la fantasía. Inicialmente, Freud pensaba que no había diferencia entre una y otra situación, no obstante finalmente concluyó que si ciertos hechos son solo aportados por la fantasía, la nostalgia posterior (por una vivencia nunca acontecida) es mayor;

– Aquello que en el análisis encontramos como fantasía, alguna vez fue realidad (en la historia de la especie);

– La fuente de tales fantasías son las pulsiones y constituyen fantasías universales;

– El núcleo de lo inconsciente está constituido por la herencia arcaica;

– Tanto la hipnosis como la formación de masas son sedimentaciones hereditarias (la hipnosis como disposición y la masa como relicto directo);

– El superyó (y también el ideal del yo), por su enlace con la cultura, tiene un fuerte enlace con la filogénesis;

– De allí que el superyó subroga al ello frente al yo;

– En la causación de las neurosis intervienen factores no solo psicológicos, sino biológicos (temprano desvalimiento humano) y filogenéticos;

– El simbolismo universal es evidencia de la eficacia de la herencia arcaica. De hecho, en muchos casos hay que admitir que ciertos aprendizajes fueron imposibles;

– La herencia arcaica se evidencia en una serie de disposiciones y contenidos que, por fuerza, no pudieron ser aprendidos ni, tampoco, transmitidos por vía de la comunicación ni de la tradición;

– Freud sostuvo que la transferencia psíquica directa fue la forma arcaica del entendimiento, luego relegada por la comunicación (y que hoy retorna en los fenómenos de masas);

– La herencia arcaica consiste en: ciertos contenidos (huellas mnémicas de lo vivenciado por generaciones anteriores); ciertas predisposiciones, aptitud e inclinación para ciertas direcciones de desarrollo y para reaccionar de forma particular a determinadas excitaciones y estímulos;

– No agrega nada introducir el concepto de un inconsciente “colectivo” ya que, de hecho, el inconciente es colectivo, patrimonio universal de los seres humanos;

– Las huellas mnémicas de la herencia arcaica permiten tender un puente entre psicología individual y de las masas;

– Los procesos estudiados en la psicología de los pueblos son semejantes a los procesos psicopatológicos (aunque no idénticos);

La filogénesis revisitada

Maldavsky ha realizado un retrabajo de la hipótesis filogenética, que incluye: a) la revisión del concepto en la obra freudiana; b) una sistematización y articulación de algunas de las nociones implicadas; c) la recuperación de los interrogantes que Freud dejara abiertos; d) la consideración —a la luz de los desarrollos biológicos recientes— de las objeciones que se plantean al problema de la herencia [20]. Para organizar este sector, dividiré la exposición en tres partes: a) síntesis de las hipótesis freudianas sobre filogénesis; b) análisis de las objeciones que recibió dicha noción; c) relación entre filogénesis y procesos sociales.

a) Síntesis de las hipótesis sobre filogénesis

En primer lugar, Maldavsky (1986) señala los aspectos comunes y diferenciales entre los conceptos de instinto y pulsión. En cuanto a lo común, ambas nociones tienen un alto grado de abstracción y pueden inferirse solo por su eficacia ya que no resulta posible obtener una evidencia directa de ellas. Asimismo, el origen del instinto y de la pulsión corresponde a la herencia. Respecto de las diferencias, el autor sostiene que mientras el instinto impone un sello igualador en cada individuo de la especie, la pulsión implica diferencias [21]. A su vez, el primero es generador de desenlaces anímicos, es estructurante, en tanto que la pulsión constituye una exigencia de trabajo para lo psíquico. En este sentido, Freud apeló al concepto de instinto para explicar el origen de diferentes estructuras y procesos anímicos (el núcleo de lo inconsciente, su contenido, la fijación oral al pecho materno, la comunicación telepática, el complejo de Edipo, entre otros).

Por otra parte, el instinto posee dos valores, ya se trate de su vínculo con las vivencias, ya se trate de su relación con la pulsión. En efecto, respecto de la vivencia el instinto es un conjunto de esquemas y ante la pulsión, un conjunto de contenidos constituyentes del núcleo de lo inconsciente. “Por ejemplo, —dice Maldavsky— las fantasías primordiales son esquemas formales par las vivencias y contenidos para la pulsión. Se abren, por lo tanto, dos caminos para la investigación: el del instinto y su relación con las vivencias y el del instinto y su relación con la pulsión” (ob. cit., p. 95).

Desde la perspectiva de comprenderlo como un conjunto de contenidos heredados, el inconciente constituye un saber para entender, en que el empuje pulsional promueve un esfuerzo para que el aparato psíquico enlace las vivencias y sus decantaciones como huellas mnémicas. Es decir, lo inconsciente —como conjunto de representaciones— se articula en una serie de estructuras formales constituidas por las fantasías primordiales [22] (seducción, escena primordial, castración). La concepción del factor filogenético como un saber de la especie es correlativa de la hipótesis de lo inconsciente como una “actividad mental primitiva” (Freud, 1918) y como un pensamiento consistente en desplazamientos de energía anímica en el camino hacia la acción (Freud, 1923a).

Es preciso recordar que para Freud lo inconsciente es heterogéneo, es decir, contiene elementos de origen diverso. Por un lado, están las representaciones-cosa que derivan de transformaciones de las percepciones, de las vivencias; por otro lado, contiene actos psíquicos, es decir, procesos de pensamiento que trascienden el representar y, más bien, promueven conexiones entre representaciones, conexiones que no resultan del vivenciar. Más aun, Maldavsky propone “interrogarse hasta qué punto el vivenciar mismo no es accidental, sino que está preparado, promovido, por una necesariedad psíquica” (1986, p. 98).

Uno de los motivos que llevó a Freud a inferir la determinación instintiva es la semejanza de los desenlaces a pesar de las diferencias entre las vivencias individuales (previamente, aludí al sello igualador que pone el instinto). Recordemos que para Freud (1938) se trata de desenlaces que no pueden atribuirse a un aprendizaje o una trasmisión cultural. Es decir, sostiene que ciertos procesos psíquicos universales generan los mismos resultados pese a la variedad de vivencias individuales.

Resulta ilustrativa la explicación que Freud propone acerca del surgimiento de la fantasía de castración, la cual es de carácter universal. Dicha fantasía deriva de la imbricación de tres vivencias que se potencian recíprocamente: una amenaza de que el sujeto perderá el pene si continúa con la masturbación; la imagen visual de la falta de pene en las mujeres; una sobreinvestidura del autoerotismo fálico. Ninguno de estos componentes, de manera aislada, resulta determinante de la fantasía de castración. Cuando el niño recibe la amenaza, no la cree posible hasta que puede ligar la frase oída con la imagen visual de los genitales femeninos. Pero la combinación entre estos dos componentes (lo visto y lo oído) no cobra eficacia en tanto no se sobreinvista la actividad masturbatoria. Maldavsky agrega: “en la especie humana, en determinado momento, al haber ciertas vivencias (el privilegio de la vista y el oído, y simultáneamente la vigencia de la actividad masturbatoria fálica), se llegaría por un procesamiento psíquico a resultados similares” (1986, p. 100).

También respecto de la fantasía de castración Freud correlaciona las vivencias individuales y las vivencias de la especie, y sostuvo que en aquellos casos en los que las vivencias individuales no alcanzan para constituir dicha fantasía, el esquema filogenético posee un carácter dominante [23]. Sobre esta complementariedad, Maldavsky señala que es preciso encontrar un criterio que permita discriminar entre los desenlaces promovidos por la confluencia entre instinto y vivencias y aquellos otros en los que el primero reordena a la segundas. Si observamos el desarrollo de Freud [24] advertimos que entre 1918 y el final de su producción modificó su pensamiento ya que, inicialmente, consideraba que el resultado sería el mismo y, posteriormente, al referirse a la vivencia de amamantamiento, halló una diferencia: en los casos en que no hubo vivencia de amamantamiento se desarrolla una añoranza mayor (“…quizás en el segundo la posterior añoranza crezca tanto más”, 1940, p. 188).

Finalmente, Maldavsky resume la relación entre instinto, vivencia y pulsión: “cuando la pulsión es despertada por ciertas vivencias (de satisfacción, de dolor) y se fija a ciertas huellas de las mismas, el carácter contingente de dicha vivencia recibe un reordenamiento por el instinto, que en consecuencia ha predeterminado el desenlace psíquico” (1986, pp. 103-104). En suma, hallamos tres alternativas: a) vivencia y pulsión se combinan de modo tal que el desenlace anímico individual coincide con el instinto; b) el instinto reordena las huellas mnémicas resultantes de la vivencia; c) que un proceso psíquico instintivo tenga un desarrollo autónomo respecto de cualquier vivencia.

b) Análisis de las objeciones

Freud adhería a la hipótesis lamarckiana según la cual el origen de los contenidos instintivos es atribuido a vivencias del tiempo primordial de la especie humana. Esta premisa recibió cuestionamientos tanto desde los antropólogos como desde los biólogos. En efecto, los desarrollos recientes en biología entienden que las modificaciones en la especie derivan de una mutación genética contingente y, a su vez, que tales alteraciones podrán autoperpetuarse o no según las condiciones de apremio contextual. Maldavsky considera, pues, que la objeción es doble: por un lado, porque no hay forma de demostrar la especificidad de las alteraciones genéticas promotoras de cambios instintivos en la especie humana; por otro lado, la crítica a la hipótesis de las vivencias primordiales como origen del instinto.

De ambos cuestionamientos, el primero no tendría cabida dentro del psicoanálisis, pues es inherente puramente a las teorías genéticas [25]. En cuanto a la segunda objeción, conviene precisar que no cuestiona la hipótesis sobre la eficacia del instinto sino que conduce, únicamente, a examinar su origen. De este modo, queda afectada la hipótesis de Freud (1913a) cuando sostuvo que es necesario encontrar un tipo de vivencia de la especie, reiterada y/o intensa, que explique el origen hereditario del sentimiento de culpa, para lo cual recurre al planteo de Darwin y concluye en el asesinato del padre primordial. “La deducción —dice Maldavsky— falla en un punto: el supuesto metodológico, el requisito de que haya una vivencia como explicación de un contenido heredado específico” (1986, p. 110).

La crítica expuesta no cuestiona que la culpa derive del deseo parricida sino que, en la especie, dicho sentimiento resulte de un deseo que se consumó. Más aun, lo central de esta objeción ni siquiera es si el hecho (asesinato del padre) ocurrió o no, sino su valor explicativo del origen del sentimiento de culpa. Si suponemos que ocurrió, incluso, lo que resta explicar es por qué solo en determinado momento resultó eficaz para inhibir la agresividad y promover el pacto entre los hermanos [26]. Conviene aquí exponer una extensa cita de Maldavsky: “A partir de las teorías genéticas actuales puede considerarse que el episodio necesario, que luego se transformó en herencia, ocurrió, y tuvo un carácter material, tal como lo requiere el supuesto teórico freudiano, pero no ocurrió tanto en el vínculo entre los hombres sino en la cadena genética, donde se dio una mutación contingente, que probablemente tuvo un efecto sobre un sistema nervioso con mayor complejidad, de donde surgió la capacidad de inhibir un acto motriz y sustituirlo por otro, psíquico. De tal modo, en el origen del sentimiento de culpa hacemos intervenir un azar, el de la mutación genética, hipótesis que es exterior a la teoría psicoanalítica misma, en la cual solo es posible considerar su eficacia psíquica. Por lo tanto, un episodio ocurrido múltiples veces (si es que ocurrió, aunque no es un requisito darlo por supuesto), como el del parricidio, de pronto se volvió eficaz para promover un desenlace, el sentimiento de culpa, la moral. El grupo de individuos en quienes el sentimiento de culpa (de origen hereditario) impuso una renuncia a la eliminación recíproca y la sustitución de ese acto por una moral que prohíbe el incesto, tuvo mejores opciones de autoperpetuar sus genes, dadas ciertas condiciones contextuales” (1986, p. 111).

c) Instinto y procesos sociales

Uno de los valores de la hipótesis filogenética remite a su consideración en el marco de los procesos sociales o, dicho de otro modo, en las relaciones entre instinto y sociedad. Así como Freud sostuvo que la pulsión es un concepto límite entre lo psíquico y lo somático, también afirmó que la noción de instinto permite construir un puente entre las hipótesis referidas al individuo y al grupo [27].

En efecto, los matices específicos que adquieren las fantasías primordiales universales en virtud de la investidura pulsional, permiten distinguir formas particulares de escenificar deseos y estructurar los vínculos interindividuales. En síntesis, dichas fantasías —en correspondencia con cada fijación libidinal— se despliegan como ordenadores de la captación de escenas grupales y de la consecuente participación individual (Maldavsky, 1991).

De las representaciones sociales a la filogénesis: para una psicología social psicoanalítica

Planteamos aquí una doble discusión: por un lado, acerca del concepto de filogénesis en sí mismo; por otro lado, nos preguntamos en qué medida la hipótesis filogenética puede enlazarse con las correspondientes a las representaciones sociales.

Respecto de lo primero, conviene reiterar que la teoría filogenética, al menos como ha sido considerada por Freud, ha sufrido destinos diversos: ha sido desestimada, rechazada o comprendida de modo parcial o desacertado.

Desde el principio de su obra Freud tuvo en cuenta el problema de la herencia, ya que la concepción psiquiátrica de la época (Morel, Krafft-Ebing, Janet, Charcot) [28] otorgaba un papel fundamental a la degeneración nerviosa hereditaria. Más aun, se consideraba la existencia de una tara hereditaria como el agente etiológico central, si no el único. Si bien Freud fue modificando sus hipótesis en ese asunto, cabe destacar que la herencia de la que se trata en la filogénesis no corresponde a una herencia familiar, sino de la especie. Asimismo, aun cuando el factor filogenético es de carácter universal, ello no implica que sea el agente más importante en la constitución de los desenlaces anímicos. En este sentido, si una tesis es determinista porque hace de la herencia el mayor eje explicativo de la conducta humana [29], la teoría psicoanalítica no se inscribe en esa tradición. Por el contrario, en la concepción de Freud destacamos que: a) logra reunir de modo consistente los diversos factores etiológicos (en las denominadas series complementarias) [30]; b) ofrece una resolución compleja a la antigua discusión entre lo innato y adquirido.

A la luz de lo expuesto hasta aquí, podemos intentar dar respuesta a algunos de los siguientes interrogantes: ¿qué aspectos de las representaciones sociales quedan irresueltos o solo parcialmente explicados por las teorías correspondientes? ¿qué aportes pueden realizarse desde la teoría psicoanalítica?

Los autores de la teoría de las RS, cuyas hipótesis sintetizamos inicialmente, consideran, especialmente, los contenidos de tales representaciones, así como sus procesos de formación. Podemos agregar, a su vez, un interrogante referido a qué es, desde el punto de vista anímico, lo que hace posible el desarrollo de las representaciones sociales.

Veamos, entonces, algunas de las hipótesis (RS) que, a mi juicio, presentan un fundamento solo parcial y que podrán enriquecerse de los aportes de Freud y, en particular, de la teoría filogenética:

  • La RS no es solo una respuesta a un estímulo, sino que la respuesta es, en cierta medida, el origen del estímulo (Moscovici);
  • Las RS son una “preparación para la acción” que no solo guían el comportamiento sino que “remodelan los elementos del medio” (Moscovici);
  • Las RS configuran un “saber práctico” (Jodelet);
  • Las RS se inscriben en los esquemas preexistentes del pensamiento (Jodelet);
  • Las RS permiten una aproximación de la vida mental individual y colectiva (Jodelet);
  • Los relatos de las víctimas de agresiones siguen al pie de la letra “un mismo escenario” (Jodelet);
  • Las RS constituyen “guiones de interacción” y contienen “teorías implícitas” (Páez).

¿De qué manera comprender que la RS configura la percepción o remodela los elementos del medio? ¿Cuáles son los esquemas preexistentes? ¿Cómo se establecen los nexos entre psicología individual y social? ¿Cómo se construyen “un mismo escenario” o los “guiones de interacción?

Consideramos que lo social es heterogéneo, no presenta unicidad, y no solo porque existen diferentes entidades eficaces (iglesia, escuela, partidos políticos, agrupaciones gremiales, profesionales), cada una con sus respectivos representantes, órganos de propaganda y su mayor o menor abarcatividad. Considerar la eficacia anímica solo desde esta perspectiva arroja una conclusión válida pero parcial, a saber, que cada sujeto está atravesado por discursos plurales, por argumentos institucionales de diversa índole. Por este camino solo arribamos a la hipótesis de que lo social en lo anímico deriva de numerosos discursos oídos, del mismo modo que podría pensarse que una representación-cosa deriva solo de una variedad infinita de impresiones sensoriales. De este modo, lo anímico es pensado como una tabula rasa. Maldavsky sostiene que “así como es necesario pensar las representaciones-cosa (inconscientes) como derivadas de un conjunto de operaciones psíquicas que preparan y formalizan las percepciones, y luego reordenan según diferentes lógicas su inscripción como huellas mnémicas, igualmente lo social sufre un procesamiento diferente de aquel que lo supone ingenuamente derivado de la influencia directa de los órganos de reproducción ideológica. En principio eso social es preparado, anticipado y formalizado según el tipo de espacialidad anímica en juego; pero además eso social es luego reordenado según diferentes criterios, y admite la coexistencia de diversos grados de complejidad y abstracción en cada aparato psíquico” (1997, pp. 189-190).

Nuestra hipótesis, por lo tanto, es que el desarrollo de un pensamiento colectivo es posible sobre la base de los esquemas y contenidos filogenéticos. Recordemos que estos esquemas permiten formalizar y captar las escenas intersubjetivas que, en su combinatoria con la pulsión, quedan dotadas de una significatividad específica. Si bien el aprendizaje, la comunicación y la tradición participan en la configuración de las RS, también interviene la disposición heredada. En efecto, si no incluimos este factor, el riesgo será reducir las RS a un empirismo ingenuo. ¿Cómo explicar, si no, que las RS son sociales por su objeto pero también por su origen?

Tal como dice Jodelet, las RS trabajan con los “medios de a abordo”, pero se inscriben en los “esquemas de pensamiento preexistentes”. Así, que las RS (entendidas como respuesta) configuren al estímulo mismo (Moscovici), que incluyan la atribución de significación a los hechos sociales (Kornblit) y que se organicen según “guiones de interacción” específicos (Páez), son variables coincidentes con las propuestas de Freud. Este último, no solo entendía que el material filogenético se evidencia en las sagas, mitos y costumbres (1940), sino que si admitimos la presencia de las huellas mnémicas de la herencia arcaica, “habremos tendido un puente sobre el abismo entre psicología individual y de las masas” (Freud, 1938, p. 96).

Cierre

No hemos desarrollado aquí una investigación psicosocial empírica ni un estudio clínico [31], sino un trabajo conceptual que conduce a sostener la importancia de superar polémicas del tipo biologismo-antibiologismo. Por otra parte, también propone reflexionar sobre los criterios de inserción de una hipótesis ajena (en este caso de la biología) en el seno de otra teoría (el psicoanálisis) (Plut, 2010). Con ello pudimos argumentar, aunque sea fragmentariamente, acerca de la vigencia del concepto de filogénesis, así como sobre su alcance. Más aun, resulta de capital importancia advertir que en el avance de la ciencia, la refutación de algunas proposiciones no habrá de comprenderse, necesariamente, como una refutación global, sino solo de uno o más sectores específicos de una teoría dada. Grubrich-Simitis sostiene que “en la medida en que la metapsicología tiene como tarea la de formular tesis con la mayor generalidad posible para describir y explicar caracteres particulares de la especie humana, es evidente que debe también tomar en consideración los fenómenos biológicos” (1989, p. 117) [32].

Freud afirmó que “ello y superyó, a pesar de su diversidad fundamental, muestran una coincidencia en cuanto representan los influjos del pasado: el ello, los del pasado heredado; el superyó, los del pasado asumido por otros. En tanto, el yo está comandado principalmente por lo que uno mismo ha vivenciado, vale decir, lo accidental y actual” (1940, p. 145). Es decir, para Freud, en cada quien, convergen tres historias: la individual, la de la tradición y la de la especie. En este trabajo hemos considerado especialmente el influjo de ello (y, en particular, de la herencia arcaica) en la constitución de las representaciones sociales. Una vía diferente, aunque complementaria, está dada por el examen del superyó y, sobre todo, de una de sus funciones: la formación de ideales. En efecto, desde esta perspectiva podrá considerarse el estudio de los ideales tanto en su forma cuanto en su contenido (Maldavsky, 1991, 1996) [33]. A modo de ejemplo, podemos señalar que ciertas características de las RS guardan estrechas relaciones con las descripciones que Freud (1933) realizó respecto de las cosmovisiones [34]. Con ello, no solo señalamos una vía de análisis adicional, sino que también subrayamos que nuestro enfoque ha sido fragmentario, hemos abordado solo una parte del fundamento en que se sostienen las RS.

Anexo

Aquí exponemos un conjunto abarcativo y representativo de citas en que Freud se refirió a la hipótesis filogenética:

“Tras esta infancia individual, se nos promete también alcanzar una perspectiva sobre la infancia filogenética, sobre el desarrollo del género humano, del cual el individuo es de hecho una repetición abreviada, influida por las circunstancias contingentes de su vida” (Freud, 1900, p. 542).

“Mediante el análisis de los sueños habremos de obtener el conocimiento de la herencia arcaica del hombre, lo que hay de innato en su alma” (Freud, 1900, p. 542).

“En efecto, lo accidental desempeña el papel principal en el análisis… En cambio, lo disposicional solo sale al luz tras él, como algo despertado por el vivenciar, pero cuya apreciación rebasa con mucho el campo de trabajo del psicoanálisis” (Freud, 1905, p. 118) [35].

“Junto a su fundamental dependencia de la investigación psicoanalítica, tengo que destacar como rasgo de este trabajo mío, su deliberada independencia respecto de la investigación biológica. He evitado cuidadosamente introducir expectativas científicas provenientes de la biología sexual general… en el estudio que la técnica del psicoanálisis nos posibilita hacer sobre la función sexual del ser humano. En verdad, mi propósito fue dar a conocer todo cuanto puede colegirse acerca de la biología de la vida sexual humana con los medios de la investigación psicológica” (Freud, 1905, pp. 118-9).

“No es fácil apreciar en su recíproca proporción la eficacia de los factores constitucionales y accidentales. En la teoría se tiende siempre a sobrestimar los primeros; la práctica terapéutica destaca la importancia de los segundos. En ningún caso debería olvidarse que existe entre ambos una relación de cooperación y no de exclusión. El factor constitucional tiene que aguardar a que ciertas vivencias lo pongan en vigor; el accidental necesita apuntalarse en la constitución para volverse eficaz. En la mayoría de los casos es posible imaginar una “serie complementaria”, según se la llama en la cual las intensidades decrecientes de un factor son compensadas por las crecientes del otro; pero no hay fundamento alguno para negar la existencia de casos extremos en los cabos de la serie” (Freud, 1905, p. 219).

“La secuencia en que son activadas las diversas mociones pulsionales, y el lapso durante el cual pueden exteriorizarse hasta sufrir la influencia de otra moción pulsional que acaba de emerger o de una represión típica, parecen filogenéticamente establecidos” (Freud, 1905, p. 220).

“Por lo demás, esta apreciación del apremio de la vida como el motor del desarrollo no nos lleva a restar importancia a las “tendencias internas del desarrollo”, si es que puede demostrarse su existencia” (Freud, 1915-1916, p. 323).

“Una proporción parecida gobierna la relación entre ontogénesis y filogénesis. La primera puede considerarse como una repetición de la filogénesis en la medida en que esta no es modificada por un vivenciar más reciente. Por detrás del proceso ontogenético se hace notar la disposición filogenética. Pero, en el fondo, la disposición es justamente la sedimentación de un vivenciar anterior de la especie, al cual el vivenciar más nuevo del individuo viene a agregarse como suma de los factores accidentales” (Freud, 1905, pp. 118-119).

“Y opino que muy pronto llegará el tiempo en que se podrá ampliar una tesis que los psicoanalistas hemos formulado hace ya mucho, agregándole a su contenido válido para el individuo, entendido ontogenéticamente, el complemento antropológico, de concepción filogenética. Hemos dicho: “En el sueño y en la neurosis reencontramos al niño, con las propiedades de sus modos de pensar y de su vida afectiva”. Completaremos: “También hallamos al hombre salvaje, primitivo, tal como él se nos muestra a la luz de la arqueología y de la etnología”” (Freud, 1911, p. 76).

“En estos últimos años los autores psicoanalíticos han reparado en que la tesis “la ontogénesis es una repetición de la filogénesis” tiene que ser también aplicable a la vida anímica, lo cual dio nacimiento a una nueva ampliación del interés psicoanalítico” (Freud, 1913b, p. 187).

“Podemos construir otra serie, filogenética, que realmente es paralela a la sucesión temporal de las neurosis. Solo que para ello es preciso empezar desde muy lejos y tolerar algún que otro elemento hipotético intermedio… Si tomamos la idea de Ferenczi, se nos ofrece la tentación de reconocer en las distintas predisposiciones —a la histeria de angustia, a la histeria de conversión y a la neurosis obsesiva— regresiones a fases que antiguamente hubo de sufrir toda la especie humana, desde el principio hasta el final de la época glacial” (Freud, 1914, pp. 77-78).

“La cuestión de si el paralelismo aquí esbozado es algo más que una comparación lúdica, o en qué medida puede iluminar los enigmas aun no resueltos de la neurosis, es algo que puede dejarse como tarea oportuna para ulteriores análisis y para la clarificación mediante nuevas experiencias… Si las constituciones arcaicas retornan en los individuos nuevos y los empujan a la neurosis por medio del conflicto con las exigencias del presente, ello no sucede en una proporción que pueda fijarse como ley. Queda espacio para adquisiciones nuevas y para influencias que no conocemos. En conjunto no estamos al final, sino al principio de una comprensión del factor filogenético”(1914, pp. 84-85).

“Las pulsiones mismas, al menos en parte, son decantaciones de la acción de estímulos exteriores que en el curso de la filogénesis influyeron sobre la sustancia viva, modificándola” (Freud, 1915, p. 116).

“La prehistoria a que el trabajo del sueño nos reconduce es doble: en primer lugar, la prehistoria individual, la infancia; y por otra parte, en la medida en que cada individuo repite abreviadamente en su infancia, de alguna manera, el desarrollo todo de la especie humana, también esta otra prehistoria, la filogenética. ¿Se logrará distinguir en los procesos anímicos latentes la parte que proviene del tiempo primordial del individuo de la que proviene del filogenético? No lo creo imposible. Así, me parece, la referencia simbólica, que el individuo en ningún caso aprendió, tiene justificado derecho a que se la considere una herencia filogenética” (Freud, 1915-1916, p. 182).

“En nuestros juicios sobre los dos desarrollos, el del yo y el de la libido, tenemos que dar la precedencia a un punto de vista que hasta ahora no se ha apreciado muy a menudo. Helo aquí: ambos son en el fondo heredados, unas repeticiones abreviadas de la evolución que la humanidad toda ha recorrido desde sus épocas originarias y por lapsos prolongadísimos. En el desarrollo libidinal, creo yo, se ve sin más este origen filogenético… en el hombre el punto de vista filogenético está velado en parte por la circunstancia de que algo en el fondo heredado es, empero, vuelto a adquirir en el desarrollo individual, probablemente porque todavía persiste, e influye sobre cada individuo, la misma situación que en su época impuso la adquisición. Yo diría que en ese tiempo operó como una creación, y ahora actúa como un llamado” (Freud, 1915-1916, pp. 322-323).

“No se tiene otra impresión sino que tales hechos de la infancia son de alguna manera necesarios, pertenecen al patrimonio indispensable de la neurosis. Si están contenidos en la realidad, muy bien; si ella no los ha concedido, se los establece a partir de indicios y se los completa mediante la fantasía. El resultado es el mismo, y hasta hoy no hemos logrado registrar diferencia alguna, en cuanto a las consecuencias de esos sucesos infantiles, por el hecho de que en ellos corresponda mayor participación a la fantasía o a la realidad. De nuevo, lo que tenemos aquí no es sino una de las tan a menudo mencionadas relaciones de complementariedad; en verdad, es la más extraña de todas las que hemos conocido. ¿De dónde vienen la necesidad de crear tales fantasías y el material con que se construyen? No cabe duda de que su fuente está en las pulsiones, pero queda por explicar el hecho de que en todos los casos se creen las mismas fantasías con idéntico contenido. Tengo pronta una respuesta para esto, y sé que les parecerá atrevida. Opino que estas fantasías primordiales —así las llamaría, junto a algunas otras— son un patrimonio filogenético. En ellas, el individuo rebasa su vivenciar propio hacia el vivenciar de la prehistoria, en los puntos en que el primero ha sido demasiado rudimentario. Me parece muy posible que todo lo que hoy nos es contado en el análisis como fantasía -la seducción infantil, la excitación sexual encendida por la observación del coito entre los padres, la amenaza de castración (o, más bien, la castración)- fue una vez realidad en los tiempos originarios de la familia humana, y que el niño fantaseador no ha hecho más que llenar las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica. Una y otra vez hemos dado en sospechar que la psicología de las neurosis ha conservado para nosotros de las antigüedades de la evolución humana más que todas las otras fuentes” (Freud, 1915-1916, pp. 337-338).

“Volvamos a las fobias. Creo que advierten cuán insuficiente es querer explicar solo su contenido, interesarse exclusivamente por su proveniencia, por el hecho de que este o aquel objeto, o una situación cualquiera, pasaron a ser el tema de la fobia. El contenido de una fobia tiene para esta más o menos la misma importancia que posee para el sueño su fachada manifiesta. Con las necesarias restricciones, es preciso conceder que entre estos contenidos de las fobias se encuentran muchos que, como destaca Stanley Hall [1914], son aptos, por herencia filogenética, para convertirse en objetos de angustia. Y no está en desacuerdo con ello el hecho de que muchas de estas cosas angustiantes solo puedan establecer su enlace con el peligro mediante una referencia simbólica” (Freud, 1915-1916, p. 374).

Carta a Abraham del 5/10/17: “No sé si ya le he hablado del trabajo sobre Lamarck, cuyo tema principal ha de ser que la “omnipotencia del pensamiento” fue otrora realidad” (Freud, 1979, p. 289).

Carta a Abraham del 11/11/17: “El propósito es poner a Lamarck enteramente en nuestro terreno, y mostrar que su “necesidad”, que forma y transforma los órganos no es otra cosa que el poder de la representación inconciente sobre el propio cuerpo”(Freud, 1979, pp. 292-293).

“El varoncito tiene que cumplir aquí un esquema filogenético y lo lleva a cabo aunque sus vivencias personales no armonicen con él… En este punto la herencia prevaleció sobre el vivenciar accidental” (Freud, 1918, p. 80).

“En cuanto a reconocer esta herencia filogenética estoy por completo de acuerdo con Jung; pero considero metodológicamente incorrecto recurrir a una explicación que parta de la filogénesis antes de haber agotado las posibilidades de la ontogénesis” (Freud, 1918, p. 89).

“Si la escena primordial fue en mi paciente fantasía o vivencia real… en verdad no es muy importante decidirlo. Las escenas de observación del comercio sexual entre los padres, de seducción en la infancia y de amenaza de castración son indudablemente un patrimonio heredado, herencia filogenética, pero también pueden ser adquisición del vivenciar individual… El niño echa mano de esa vivencia filogenética toda vez que su propio vivenciar no basta. Llena las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica, pone la experiencia de los ancestros en el lugar de la propia” (Freud, 1918, p. 89).

“El primero atañe a los esquemas [Schema] congénitos por vía filogenética, que, como unas “categorías” filosóficas, procuran la colocación de las impresiones vitales. Sustentaría la concepción de que son unos precipitados de la historia de la cultura humana. El complejo de Edipo, que abarca el vínculo del niño con sus progenitores, se cuenta entre ellos; es, más bien, el ejemplo mejor conocido de esta clase. Donde las vivencias no se adecuan al esquema hereditario, se llega a una refundición de ellas en la fantasía, cuya obra sería por cierto muy provechoso estudiar en detalle. Precisamente estos casos son aptos para probarnos la existencia autónoma del esquema. A menudo podemos observar que el esquema triunfa sobre el vivenciar individual; en nuestro caso, por ejemplo, el padre deviene el castrador y pasa a ser el que amenaza la sexualidad infantil pese a la presencia de un complejo de Edipo invertido en todo lo demás. Otro efecto de esto mismo es que la nodriza aparezca en el lugar de la madre o se fusione con ella. Las contradicciones del vivenciar respecto del esquema parecen aportar una rica tela a los conflictos infantiles… en el niño coopera una suerte de saber difícil de determinar, algo como una preparación para entender. En qué pueda consistir esto, he ahí algo que se sustrae de toda representación; solo disponemos de una marcada analogía con el vasto saber instintivo de los animales… Eso instintivo sería el núcleo de lo inconsciente, una actividad mental primitiva que luego la razón de la humanidad —a esta razón es preciso adquirirla— destrona, superponiéndosele, pero que con harta frecuencia, quizás en todas las personas, conserva la fuerza suficiente para atraer hacia sí los procesos anímicos superiores” (Freud, 1918, pp. 108-109).

“El núcleo de lo inconciente anímico lo constituye la herencia arcaica del ser humano, y de ella sucumbe al proceso represivo todo cuanto, en el progreso hacía fases evolutivas posteriores, debe ser relegado por inconciliable con lo nuevo y perjudicial para él” (Freud, 1919a, p. 199).

“Ambos estados, hipnosis y formación de masa, son sedimentaciones hereditarias que provienen de la filogénesis de la libido humana: la hipnosis como disposición, la masa además como relicto directo” (Freud, 1921, p. 135).

“El pensar en imágenes es solo un muy imperfecto devenir-conciente. Además, de algún modo está más próximo a los procesos inconcientes que el pensar en palabras, y sin duda alguna es más antiguo que este, tanto ontogenética cuanto filogenéticamente” (Freud, 1923a, p. 23).

“Lo que la biología y los destinos de la especie humana han obrado en el ello y le han dejado como secuela: he ahí lo que el yo toma sobre sí mediante la formación de ideal, y lo que es revivenciado en él individualmente. El ideal del yo tiene, a consecuencia de su historia de formación {de cultura}, el más vasto enlace con la adquisición filogenética, esa herencia arcaica, del individuo. Lo que en la vida anímica individual ha pertenecido a lo más profundo, deviene, por la formación de ideal, lo más elevado del alma humana en el sentido de nuestra escala de valoración” (Freud, 1923a, p. 38).

“Las vivencias del yo parecen al comienzo perderse para la herencia, pero, si se repiten con la suficiente frecuencia e intensidad en muchos individuos que se siguen unos a otros generacionalmente, se trasponen, por así decir, en vivencias del ello, cuyas impresiones [improntas] son conservadas por herencia. De ese modo, el ello hereditario alberga en su interior los restos de innumerables existencias-yo, y cuando el yo extrae del ello [la fuerza para] su superyó, quizá no haga sino sacar de nuevo a la luz figuras, plasmaciones yoicas más antiguas, procurarles una resurrección” (Freud, 1923a, pp. 39-40).

“Ahora bien, descender de las primeras investiduras de objeto del ello, y por tanto del complejo de Edipo, significa para el superyó algo más todavía. Como ya hemos consignado, lo pone en relación con las adquisiciones filogenéticas del ello y lo convierte en reencarnación de anteriores formaciones yoicas, que han dejado sus sedimentos en el ello. Por eso el superyó mantiene duradera afinidad con el ello, y puede subrogarlo frente al yo. Se sumerge profundamente en el ello, en razón de lo cual está más distanciado de la conciencia que el yo” (Freud, 1923a, pp. 49-50).

“Es verdad que el complejo de Edipo es vivenciado de manera enteramente individual por la mayoría de los humanos, pero es también un fenómeno determinado por la herencia, dispuesto por ella, que tiene que desvanecerse de acuerdo con el programa cuando se inicia la fase evolutiva siguiente, predeterminada” (Freud, 1924, p. 181).

“Entre los factores que han participado en la causación de las neurosis, que han creado las condiciones bajo las cuales se miden entre sí las fuerzas psíquicas, hay tres que cobran relieve para nuestro entendimiento: uno biológico, uno filogenético y uno puramente psicológico. El biológico es el prolongado desvalimiento y dependencia de la criatura humana. La existencia intrauterina del hombre se presenta abreviada con relación a la de la mayoría de los animales; es dado a luz más inacabado que estos. Ello refuerza el influjo del mundo exterior real, promueve prematuramente la diferenciación del yo respecto del ello, eleva la significatividad de los peligros del mundo exterior e incrementa enormemente el valor del único objeto que puede proteger de estos peligros y sustituir la vida intrauterina perdida. Así, este factor biológico produce las primeras situaciones de peligro y crea la necesidad de ser amado, de que el hombre no se librará más. El segundo factor, el filogenético, ha sido dilucidado solo por nosotros; un hecho muy notable del desarrollo libidinal nos forzó a admitirlo como hipótesis. Hallamos que la vida sexual del ser humano no experimenta un desarrollo continuo desde su comienzo hasta su maduración, como en la mayoría de los animales que le son próximos, sino que tras un primer florecimiento temprano, que llega hasta el quinto año, sufre una interrupción enérgica, luego de la cual recomienza con la pubertad anudándose a los esbozos infantiles. Creemos que en las peripecias de la especie humana tiene que haber ocurrido algo importante que dejó como secuela, en calidad de precipitado histórico, esta interrupción del desarrollo sexual. La significatividad patógena de este factor se debe a que la mayoría de las exigencias pulsionales de esa sexualidad infantil son tratadas como peligros por el yo, quien se defiende de ellas como si fueran tales, de modo que las posteriores mociones sexuales de la pubertad, que debieran ser acordes con el yo, corren el riesgo de sucumbir a la atracción de los arquetipos infantiles y seguirlos a la represión. Nos topamos aquí con la etiología más directa de las neurosis” (Freud, 1926a, pp. 145-146).

“El modo de convivencia más antiguo filogenéticamente, y el único en la infancia, se defiende de ser relevado por los modos de convivencia cultural de adquisición más tardía. Desasirse de la familia deviene para cada joven una tarea en cuya solución la sociedad suele apoyarlo mediante ritos de pubertad e iniciación. Se tiene la impresión de que estas dificultades serían inherentes a todo desarrollo psíquico; más aún: en el fondo, a todo desarrollo orgánico” (Freud, 1930, p. 101).

“No podemos prescindir de la hipótesis de que el sentimiento de culpa de la humanidad desciende del complejo de Edipo y se adquirió a raíz del parricidio perpetrado por la unión de hermanos. Y en ese tiempo no se sofocó una agresión, sino que se la ejecutó: la misma agresión cuya sofocación en el hijo está destinada a ser la fuente del sentimiento de culpa” (Freud, 1930, p. 127).

“Uno se ve llevado a la conjetura de que esta sería la vía originaria, arcaica, del entendimiento entre los individuos, relegada en el curso del desarrollo filogenético por los métodos mejores de la comunicación con ayuda de signos que se reciben mediante los órganos de los sentidos. Pero acaso el método más antiguo permaneció en el trasfondo y podría imponerse aún bajo ciertas condiciones; por ejemplo, en masas excitadas hasta la pasión” (Freud, 1933, p. 51).

“La experiencia analítica nos ha impuesto la convicción de que incluso ciertos contenidos psíquicos como el simbolismo no poseen otra fuente que la trasferencia heredada, y diversas indagaciones de la psicología de los pueblos nos sugieren presuponer en la herencia arcaica todavía otros precipitados, igualmente especializados, del desarrollo de la humanidad temprana” (1937, p. 242).

“Pero una nueva complicación sobreviene si reparamos en la probabilidad de que en la vida psíquica del individuo puedan tener eficacia no solo contenidos vivenciados por él mismo sino otros que le fueron aportados con el nacimiento, fragmentos de origen filogenético, una herencia arcaica… ¿En qué consiste ella? ¿Qué contenidos tiene? ¿Cuáles son sus pruebas?… Consiste en determinadas predisposiciones… en la aptitud y la inclinación para emprender determinadas direcciones de desarrollo y para reaccionar de particular manera frente a ciertas excitaciones, impresiones y estímulos. Como la experiencia enseña que entre los individuos de la especie humana existen diferencias en este aspecto, la herencia arcaica incluye estas diferencias; ellas constituyen lo que se reconoce como el factor constitucional en el individuo” (Freud, 1938, pp. 94-95).

“Tenemos, en primer término, la universalidad del simbolismo del lenguaje. La subrogación simbólica de un asunto por otro es cosa corriente, por así decir natural, en todos nuestros niños. No podemos pesquisarles cómo lo aprendieron, y en muchos casos tenemos que admitir que un aprendizaje fue imposible. Se trata de un saber originario que el adulto ha olvidado… Además, el simbolismo se abre paso por encima de la diversidad de las lenguas” (Freud, 1938, p. 95).

Cuando estudiamos las reacciones frente a los traumas tempranos, con harta frecuencia nos sorprende hallar que no se atienen de manera estricta a lo real y efectivamente vivenciado por sí mismo, sino que se distancian de esto de una manera que se adecua mucho más al modelo de un suceso filogenético y, en términos universales, solo en virtud de su influjo se pueden explicar. La conducta del niño neurótico hacia sus progenitores dentro del complejo de Edipo y de castración sobreabunda en tales reacciones que parecen injustificadas para el individuo y solo se vuelven concebibles filogenéticamente, por la referencia al vivenciar de generaciones anteriores” (Freud, 1938, p. 95).

“La herencia arcaica del ser humano no abarca solo predisposiciones, sino también contenidos, huellas mnémicas de lo vivenciado por generaciones anteriores. Con ello, tanto el alcance como la significatividad de la herencia arcaica se acrecentarían de manera sustantiva” (Freud, 1938, p. 96).

“Además, nuestra situación es dificultada por la actitud presente de la ciencia biológica, que no quiere saber nada de la herencia, en los descendientes, de unos caracteres adquiridos. Nosotros, por nuestra parte, con toda modestia confesamos que, sin embargo, no podemos prescindir de este factor en el desarrollo biológico. Es cierto que no se trata de lo mismo en los dos casos: en uno, son caracteres adquiridos difíciles de asir; en el otro, son huellas mnémicas de impresiones exteriores, algo en cierto modo asible. Pero acaso suceda que no podamos representarnos lo uno sin lo otro” (Freud, 1938, p. 96).

“Si suponemos la persistencia de tales huellas mnémicas en la herencia arcaica, habremos tendido un puente sobre el abismo entre psicología individual y de las masas” (Freud, 1938, p. 96).

“Reducimos el abismo excesivo que el orgullo humano de épocas anteriores abrió entre hombre y animal. Si los llamados “instintos” de los animales, que le permiten comportarse desde el comienzo mismo en la nueva situación vital como si ella fuera antigua, familiar de tiempo atrás; si la vida instintiva de los animales admite en general una explicación, solo puede ser que llevan congénitas a su nueva existencia propia las experiencias de su especie, vale decir, que guardan en su interior unos recuerdos de lo vivenciado por sus antepasados. Y en el animal humano las cosas no serían en el fondo diversas. Su propia herencia arcaica correspondería a los instintos de los animales, aunque su alcance y contenido fueran diversos” (Freud, 1938, p. 97).

“Concedido que por el momento no poseemos, respecto de las huellas mnémicas dentro de la herencia arcaica, ninguna prueba más fuerte que la brindada por aquellos fenómenos residuales del trabajo analítico que piden que se los derive de la filogénesis; empero esa prueba nos parece lo bastante fuerte para postular una relación así de cosas” (Freud, 1938, p. 97).

“Cabe responder aquí a otras dos preguntas. La primera: ¿Bajo qué condiciones ingresa un recuerdo así en la herencia arcaica? La segunda: ¿Bajo qué circunstancias puede devenir activo, es decir, avanzar desde su estado inconciente dentro del ello hasta la conciencia, si bien alterado y desfigurado? La respuesta a la primera pregunta es fácil de formular: Cuando el suceso tuvo suficiente importancia o se repitió con frecuencia bastante, o ambas cosas. En el caso del parricidio, ambas condiciones se cumplen. Acerca de la segunda pregunta se puede puntualizar: Es posible que entren en cuenta toda una serie de influjos, que no necesariamente han de ser todos consabidos; también es concebible un decurso espontáneo, análogo al proceso que se advierte en muchas neurosis. Pero, sin duda, es de una significatividad decisiva el despertar de la huella mnémica olvidada por obra de una repetición real reciente del suceso” (Freud, 1938, p. 98).

“Para concluir una puntualización que aporta un argumento psicológico. Una tradición fundada solo en el hecho de ser comunicada no podría testimoniar el carácter compulsivo que corresponde a los fenómenos religiosos. Sería escuchada, juzgada y, llegado el caso, rechazada como cualquier otra noticia que llega de afuera: nunca alcanzaría el privilegio de librarse de la compulsión del pensar lógico. Es preciso que haya recorrido antes el destino de la represión, pasado por el estado de permanencia dentro de lo inconciente, para que con su retorno se desplieguen efectos tan poderosos y pueda constreñir a las masas en su embrujo, como lo hemos visto con asombro, y sin entenderlo hasta ahora, en el caso de la tradición religiosa. Y esta reflexión pesa mucho en la balanza para hacernos creer que las cosas en efecto ocurrieron como nos hemos empeñado en pintarlas, o, al menos, ocurrieron aproximadamente así” (Freud, 1938, p. 98).

“No nos resultará fácil trasferir a la psicología de las masas los conceptos de la psicología individual, y no creo que logremos nada introduciendo el concepto de un inconciente “colectivo”. Es que de suyo el contenido de lo inconciente es colectivo, patrimonio universal de los seres humanos. Por eso, provisionalmente hemos de valernos de analogías. Los procesos que aquí estudiamos en el vivenciar de los pueblos son muy semejantes a aquellos con los cuales estamos familiarizados por la psicopatología, aunque no del todo idénticos” (Freud, 1938, p. 127).

“Por fin nos decidimos en favor del supuesto de que los precipitados psíquicos de aquellos tiempos primordiales habían devenido patrimonio hereditario: en cada generación solo era menester que despertaran, no que fueran adquiridos… Experimentamos que en cierto número de sustantivas relaciones nuestros niños no reaccionan como correspondería a su vivenciar propio, sino instintivamente, de una manera comparable a los animales, como solo se lo podría explicar mediante adquisición filogenética” (Freud, 1938, p. 128).

“Y luego hallamos el pendant de ese material filogenético en las sagas más antiguas de la humanidad y en las supervivencias de la costumbre” (Freud, 1940, p. 165).

“Y en este punto el fundamento filogenético prevalece tanto sobre el vivenciar personal accidental que no importa diferencia alguna que el niño mame efectivamente del pecho o se lo alimente con mamadera, y así nunca haya podido gozar de la ternura del cuidado materno. Su desarrollo sigue en ambos casos el mismo camino, y quizás en el segundo la posterior añoranza crezca tanto más” (Freud, 1940, p. 188).

“Si uno es afecto a las comprobaciones generales y las separaciones tajantes, puede decir que el mundo exterior, donde el individuo se hallará ex-puesto tras su desasimiento de los padres, representa el poder del presente; su ello, con sus tendencias heredadas, el pasado orgánico, y el superyó, que viene a sumarse más tarde, el pasado cultural ante todo” (1940, p. 208).

“Una parte de las conquistas culturales sin duda ha dejado como secuela su precipitado dentro del ello, mucho de lo que el superyó trae despertará un eco en el ello, y no poco de lo que el niño vivencia como nuevo experimentará un refuerzo porque repite un ancestral vivenciar filogenético. (“Lo que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo”). De este modo, el superyó ocupa una suerte de posición media entre ello y mundo exterior, reúne en sí los influjos del presente y el pasado. En la institución del superyó uno vivencia, digamos así, un ejemplo del modo en que el presente es traspuesto en pasado” (Freud, 1940, p. 209).

“Debido a la acción conjugada de ambos influjos, el peligro objetivo actual y el peligro recordado de fundamento filogenético, el niño se ve constreñido a emprender sus intentos defensivos” (Freud, 1940, p. 211).

Notas

1. Jodelet (1991) alude a un saber del sentido común o un saber naïf.
2. Moscovici analiza tres dimensiones de las RS: actitud, información y campo de representación o imagen.
3. La idea de las RS como un saber o guía para la acción, un saber práctico, es compartida por los diferentes autores (Moscovici, Jodelet, Kornblit, Farr, Páez, etc.).
4. Respecto de los elementos constitutivos de las RS, Jodelet enumera componentes informativos, cognitivos, ideológicos, normativos, creencias, valores, actitudes, opiniones e imágenes.
5. Agrega que “el antropólogo confiere a la representación la propiedad de particularizar en cada formación social el orden cultural” (ob. cit., p. 34).
6. Si bien los diversos investigadores le confieren un lugar central a la función cognitiva de las RS, no la confunden con los procesos mentales estudiados por la psicología cognitiva: “esta refiere a objetos y procesos hipotéticos o captados indirectamente a través de la realización de tareas intelectuales, pruebas de memoria… La aproximación social de las representaciones trata de una materia concreta, directamente observable, aun cuando la organización latente de sus elementos sea objeto de una reconstrucción por parte del investigador” (Jodelet, 1991, p. 51).
7. Para el autor las RS son más sociales que las representaciones individuales pero menos globales que los mitos. Páez formula esta distinción: “no todos los estereotipos o conjuntos de creencias ideológicas constituyen una representación social. Solo lo son aquellos que emergen y se orientan a justificar, explicar y dar cuenta de un conflicto intergrupal o de una realidad psicosocial conflictiva” (1992, p. 17).
8. Recordemos que Moscovici estudió las RS del psicoanálisis. Farr (ob. cit.) refiere que las RS tienen la doble función de hacer que lo extraño (o nuevo) resulte familiar y que lo invisible se torne perceptible.
9. Para la autora, la teoría de las RS se inscribe como un capítulo del construccionismo europeo.
10. La teoría de la recapitulación dio lugar a numerosas derivaciones, aplicaciones y también tergiversaciones. Tal como lo expone Gould (2010) fue utilizada por investigadores del desarrollo infantil, de la educación primaria, del psicoanálisis y, también, por autores de la antropología criminal y por ideólogos del racismo.
11. Citemos a Lamarck: “… el empleo continuado de un órgano contribuye a su desarrollo, lo fortifica e incluso lo hace mayor, mientras que la falta de empleo de forma permanente perjudica su desarrollo, lo deteriora, lo reduce gradualmente y termina haciéndolo desaparecer, si esta falta de empleo persiste durante largo tiempo, en todos los individuos que se suceden de aquella estirpe” (ob. cit., p. 249).
12. Principio según el cual la ontogenia recapitula la filogenia.
13. Tiempo después, al reformular parcialmente la ley biogenética, Haeckel dirá que la recapitulación será más fiel en la medida en que la palingénesis haya sido conservada por la herencia y la cenogénesis no hubiera sido introducida por la adaptación. La palingénesis consiste en la verdadera repetición de estadios filogenéticos en la ontogenia de los descendientes, en tanto que la cenogénesis refiere a las excepciones a la repetición filogenética.
14. Etcheverry (1978) advierte que el término “primordial” en Freud, siempre refiere a la filogénesis. Asimismo, agrega: “El nexo entre filogénesis y ontogénesis es un tema que Freud aborda de continuo. Su concepción científica proviene de Haeckel… Con Haeckel, Freud sostendrá la herencia de los caracteres adquiridos, en la tradición de la Filosofía zoológica de Lamarck” (ob. cit., pp. 20-21).
15. Hay dos cuestiones que aquí solo podremos mencionar. Por un lado, destacar que en los desarrollos psicoanalíticos posteriores, la teoría filogenética ha sido tomada en cuenta en pocas ocasiones. Más bien fue objeto de confusión, olvido o desestimación. Por otro lado, un interrogante surge al revisar la obra de Freud: curiosamente, el nombre de Lamarck no aparece en sus textos y solo pudimos hallarlo en su correspondencia (véase, Freud, 1979; Jones, 1960; Grubrich-Simitis, 1989).
16. Nótese que aquí también se anticipa la hipótesis de la neurosis como negativo de la perversión.
17. Particularmente, esta correlación corresponde a uno de los aspectos que Freud, luego, desechó de su propia concepción filogenética.
18. El inventario que aquí se expone es una síntesis de las citas que se consignan en el Anexo.
19. Jones (1960) se pegunta por qué Freud ignoró la tesis de Weisman según la cual las células germinales son totalmente inmunes a la influencia de cualquier cambio producido en el soma. Grubrich-Simitis sostiene: “mientras no dispongamos de ninguna demostración decisiva de la influencia directa del medio sobre el genoma, la hipótesis según la cual “la memoria genética” funcionaría “como la memoria nerviosa”, o, dicho de otro modo, que sería capaz de aprender, se revela como algo insostenible, del mismo modo que toda forma de teoría de la instrucción que afirmase que las informaciones provenientes del medio se formulan por decirlo así directamente en el ADN. Esto no quiere decir que en este terreno nada pueda cambiar” (1989, p. 115). Véase también en este texto (y en Gould, 2010) la discusión entre lamarckismo y darwinismo.
20. Véase Maldavsky (1986, 1991, 1996) y Maldavsky, Kazez y Plut (1994).
21. Otros términos que Freud emplea para aludir al instinto son: herencia arcaica, esquema congénito, vivencia de la especie, factor filogenético. La distinción respecto del concepto de pulsión resulta útil pues, en ocasiones, ambos conceptos han sido confundidos, en cierta medida como consecuencia de algunas de las traducciones de los textos de Freud (por ejemplo, el término instinkt ha sido traducido igual que trieb, cuando este último corresponde a pulsión). Dice Etcheverry: “Freud usa la expresión Instinkt en su acepción moderna: una conducta preformada, heredada” (1978, p. 48).
22. Ver nota 15.
23. Para Freud la vivencia es el punto de encuentro de la pulsión con ciertos estímulos sensoriales, a cuyas huellas mnémicas queda fijada.
24. Remitimos, nuevamente, a las citas expuestas en el Anexo.
25. Dice Maldavsky: “el problema de la especificidad del cambio genético generador del instinto escapa al campo del psicoanálisis… en la ciencia psicoanalítica basta con suponer que ciertos procesos psíquicos solo pueden explicarse apelando al concepto de instinto, sin tener la obligación de dar cuenta del origen genético específico de esta variación instintiva” (1986, pp. 109-110).
26.Maldavsky agrega: “el sentimiento de culpa, en lugar de ser explicado por este medio, solo queda escenificado” (1986, p. 111).
27. En rigor, la hipótesis filogenética permite establecer un puente entre individuo y grupo, entre hombre y animal y entre psicoanálisis y biología. Tal vez podamos afirmar, entonces, que el instinto es un concepto límite entre lo genético y lo social.
28. Véase Bercherie (1983).
29. Según esta concepción el sujeto actuaría únicamente en función de un programa genético innato. Binet, por ejemplo, decía que la herencia es “la causa de las causas”.
30. Véase Maldavsky, Kazez y Plut (1994).
31. Sin embargo, las consideraciones especulativas que expusimos no impiden ser combinadas con proposiciones clínicas. Al respecto, recordemos lo que señaló Bion: “Cuando ustedes observan al paciente, en realidad están observando un espécimen arqueológico en vida: sepultada en el paciente se halla una antigua civilización” (1992, p. 142).
32. Gould sostiene que la teoría freudiana “no puede evaluarse, ni siquiera comprenderse, adecuadamente sin reconocer sus conexiones con la ley biogenética. Pero dichas conexiones rara vez se han mencionado porque muy pocos psicólogos e historiadores tienen alguna noción de la doctrina de Haeckel y de su impacto” (2010, p. 204). Freud se pregunta (y también se responde): “¿Se logrará distinguir en los procesos anímicos latentes la parte que proviene del tiempo primordial del individuo de la que proviene del filogenético? No lo creo imposible” (1915-1916, p. 182).
33. Maldavsky distingue cinco formas del ideal (totémico, mítico, religioso, cosmovisiones y científico ético) y siete contenidos derivados de los deseos (ganancia, verdad, amor, justicia, orden, dignidad y belleza).
34. Dice Freud: “Creyendo en ella uno puede sentirse más seguro en la vida, saber lo que debe procurar, cómo debe colocar sus afectos y sus intereses de la manera más acorde al fin” (ob. cit., p. 146).
35. Una distinción parcialmente similar sostuvo Freud respecto de tomar notas durante la sesión, ya que si bien consideraba que podían interferir en la atención flotante, también consideraba que las transcripciones textuales serían útiles a los fines de la investigación. Algo parecido refirió respecto del análisis de los sueños, ya que por un lado podría analizarse un sueño durante mucho tiempo, y que ello rendiría frutos en la investigación de las manifestaciones oníricas, aunque entendía que ello carecía de valor a los fines prácticos.

Referencias bibliográficas

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Por gentileza de Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos

 

Conciencia y dialogicidad

José Luis Carretero Miramar
Profesor y escritor
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Mi artículo, publicado en la revista Transversales (“Construirse también es formarse”, reproducido por ‘epsys’), en el que sostenía la importancia de la educación (más bien autoeducación) y la formación en el seno de los movimientos sociales actuales, ha merecido algunas críticas directas y otras un tanto veladas, sustentadas principalmente en una idea-fuerza concreta: lo que pretende uno, al fin y al cabo, al hablar de pedagogía de masas o formación no es, ni más ni menos, que imponer su propia forma de ver las cosas al conjunto del movimiento, basándose en una posición de “autoridad” intelectual que le permitiría controlar férreamente el discurso. “No queremos que nadie nos de clases, ya estamos hartos de eso”, se ha llegado a oír al respecto.

Lo que denotan estas perspectivas es, precisamente, la estrecha y limitada idea de lo que es la pedagogía y la formación que anima a sus defensores. Imposibilitados de ver nada más que el enfrentamiento recurrente entre fracciones y las pugnas por el poder en que ha consistido la vida política de los ámbitos militantes en las últimas décadas, confunden el necesario desarrollo del conocimiento y la conciencia política con las clases magistrales de lo que ya Paulo Freire llamaba la “educación bancaria” tradicional: esos espacios donde un solo emisor, dotado de una indiscutible autoridad institucional, emite un discurso continuo que no admite disenso y que debe ser memorizado e integrado sin cambios en la mente de un grupo de discentes sometidos al silencio más acrítico.

Y, frente a esta “educación bancaria”, no son capaces de imaginar más alternativa que su negación especular, su imagen invertida, pero en todo caso simétrica: la espontaneidad pura y el parloteo sin objeto, donde todos los discursos son posibles pero nunca han de ser problematizados; donde el relativismo absoluto, y la ausencia de buena fe en el debate, impiden la efectiva discusión y avance en el conocimiento tanto o más que el paradigmático profesor autoritario.

Existen alternativas que fundamentan una pedagogía crítica y concientizadora, como la defendida por el ya citado Paulo Freire: la alternativa de la dialogicidad. Partamos de una base: lo cierto es que lo que nosotros necesitamos, como movimiento, no es que la población (“nosotros”, tanto como “ellos”) se aprenda ciertas consignas o interpretaciones de la historia o del mundo y las repita (repitamos) como papagayos más o menos pintados de rojo o de negro. Eso puede fundamentar las doctrinas de una nueva secta para-religiosa, de un grupo dogmático o de una conspiración fanática, nunca las de un movimiento social popular que busca la liberación de las capacidades productivas e imaginativas de las clases explotadas y oprimidas.

Lo que necesitamos, por tanto, es el desarollo de las capacidades críticas de la población, de su capacidad para afrontar la complejidad de un mundo cada vez más confuso, desde la independencia, pero también desde la fundamentación argumental, racional y empírica, de sus análisis propios.

La gente tiene que ser capaz de analizar su mundo y, al tiempo construirlo y transformarlo, y no sólo de repetir las “consignas” de moda de un autor o partido cuyas tesis básicas no ha confrontado o ni siquiera conoce más que desde la lectura de algún artículo aislado.

La base de ese desarrollo de la conciencia crítica (no de la repetición acrítica de consignas dogmáticas, ni del puro vacío que entiende como sustancialmente equivalentes a cualquier clase de discurso, ya sea el machista que el feminista, el del explotador que el del explotado, el que llama a resistir y el que llama a esconderse) está sustentada en una práctica pedagógica no bancaria ni puramente espontaneísta sino centrada en una dinámica concreta: lo que Freire llamaba la dialogicidad.

La dialogicidad es, en definitiva, el recurso efectivo al diálogo, a una praxis pedagógica que vaya más allá de la bancaria (la clase magistral) y el puro espectáculo vacío. Que consista en problematizar (subrayemos ese problematizar: dialogar no es hablar por hablar ni un puro parlotear sin mecanismos de avance) la propia vida en común con el resto de explotados en un ámbito que garantice la esencia democrática y honesta del intercambio de opiniones y conocimientos.

¿Por qué dialogar en vez de recurrir simplemente a la propaganda o a la clase magistral? Porque, en definitiva, como afirma Gisella Moura: “Los seres humanos son seres de la praxis, seres que emergen del mundo, que transforman y se transforman. Esta praxis se da por el diálogo con el mundo, con los seres humanos. Sin diálogo no hay práctica auténtica, no hay práctica revolucionaria”.

O, en palabras de Paulo Freire: “En este sentido, el diálogo no es un accesorio, no es generosidad ni populismo, es una exigencia radical y revolucionaria porque es el elemento fundante de la praxis“. De la praxis de cada uno de nosotros, que nace de ese intercambio continuo que generamos con el mundo material circundante, y que nunca podemos abandonar. El eco, que algunos notarán, de las “tesis sobre Feuerbach” en esta argumentación es cualquier cosa menos casual.

Pero el diálogo, que no es por tanto imposición autoritaria del discurso por parte del que “todo lo sabe”, no es tampoco puro parloteo relativista. No todos los discursos son “iguales”, aunque todos puedan expresarse, pues el objetivo de que nos juntemos a dialogar no es la pura propaganda, pero tampoco la neta “expresividad” de nuestros egos. El objetivo es problematizar en común los problemas colectivos. En definitiva: aprender.

Problematización que, por otra parte, no es tan sólo una simple “forma de discurrir” en torno a las reglas de la lógica o de la razón deductiva, sino que se fundamenta, sobre todo, en la relación dialéctica existente entre teoría y praxis, entre lo que los movimientos hacen y lo que piensan, entre lo que sucede y las interpretaciones que le damos. En palabras de Freire: “No hay concienciación si de su práctica no resulta la acción consciente de los oprimidos, como clase social explotada, en la lucha por su liberación. Por otro lado, nadie concientiza a nadie. El educador y el pueblo se concientizan a través del movimiento dialéctico entre la reflexión crítica sobre la acción anterior y la siguiente acción en el proceso de aquella lucha”.

Es decir, que no basta con el diálogo y la problematización. El diálogo y la problematización han de acompañar la lucha efectiva, la praxis, para iluminarla y para tener, también, sentido. No es una cuestión de coherencia moral sino de construcción del conocimiento sobre una base empírica y racional, pero sobre todo, crítica. Por eso, la autenticidad del conocimiento sólo se da “cuando la práctica de desvelamiento de la realidad constituye una unidad dinámica y dialéctica con la práctica de la transformación”.

Por tanto, la práctica pedagógica de los ámbitos militantes no puede consistir en la pura dogmática, en la propaganda sin más (que puede generar adhesiones superficiales y “estéticas”, pero no conciencia crítica), ni en la pura “apertura” a todos los discursos extendidos en la sociedad, por muy “radicales” que se presenten verbalmente.

Volviendo a Freire: “La acción cultural como la entendemos no puede, de un lado, sobreponerse a la visión del mundo de los campesinos e invadirlos culturalmente ni, de otro, adaptarse a ella. Al contrario, la tarea que se impone al educador es la de, partiendo de esa visión, tomada como un problema, ejercer, con los campesinos, una vuelta crítica sobre ella, de la que resulte su inserción, cada vez más lúcida, en la realidad en transformación“.

Formar a la gente (formarnos) es superar las formas de conocimiento ingenuo de las clases populares (imbuidas de múltiples “virus” inoculados por las clases dirigentes) en base a una problematización colectiva y honesta de nuestra praxis y nuestro discurso transformadores, que dan la medida de nuestra inserción en el mundo que nos rodea. De nuevo, el imprescindible Freire:

En lugar de esquemas prescritos, militancia y pueblo, identificados, crean juntos las pautas para su acción. Una y otro, en síntesis, de cierta forma renacen en un saber y en una acción nuevas, que no son sólo el saber y acción de la militancia, sino el de ella y el pueblo. Saber de la cultura alienada que, implicando a la acción transformadora, dará lugar a la cultura que se desaliena“.

Así pues, pueden dejar de temblar nuestros críticos adheridos a la teoría del “todo vale”: no pretendemos darles clases magistrales de nada, ni ponerles “deberes” ni contarles las “faltas”. No se trata de eso, tampoco de “controlar” el discurso, sino de problematizarlo, hacerle enfrentarse a la complejidad, generar la conciencia crítica que nace del estudio colectivo de las luchas, que, a su vez, son luchas por el estudio, por la posibilidad material, en la forma de salario o de prestaciones sociales, de detenerse a pensar en común.

No propongo hacer exámenes del DIAMAT, pero tampoco me parece factible seguir por la vía de la “no problematización”, donde el relativismo absoluto permite la irrupción en nuestros medios de numerosos santones reaccionarios alejados de toda lucha efectiva y de una cierta apología de la incultura. Sólo digo que la militancia tiene que dialogar con el pueblo y, con él, empezar a superar la conciencia ingenua de la realidad que se basa en el consumo de productos culturales caducados y peligrosos.

Construir conocimiento en relación dialéctica con la praxis, compartiendo los saberes y los procesos de avance. Para problematizar un poco, citemos también a Raúl Zaffaroni, el jurista argentino autor del muy recomendable libro El enemigo en el Derecho Penal: si la mayor revolución en las técnicas penales protagonizada por la inquisición fue la sustitución, en los juicios, de la disputatio (determinación de la verdad en virtud de la lucha, el duelo o la ordalía) por la inquisitio (determinación de la verdad mediante el interrogatorio, violento o no, del acusado por parte de un poder superior, poseedor de la condición de dueño y señor), “puede afirmarse que, hoy en día, la Edad Media no ha terminado y que está lejos de terminar. Dependerá de la capacidad humana de transformación del conocimiento el que la inquisitio sea reemplazada algún día por el dialogus, donde el saber no sea de dominus sino de frater”.

Ese es un camino a recorrer por la militancia social: sustituir la sociedad del amo y el Capital por la sociedad del diálogo y la conciencia crítica. Los atajos de la pura propaganda o la pura adulación al conocimiento ingenuo, y muchas veces reaccionario, de las clases populares no nos conducirán a ninguna parte.

Problematizar nuestra práctica, dialogar entre nosotros y con el resto del pueblo, practicar y pensar, luchar y analizar, es decir, vivir. Y vivir es aprender y transformar.

Por gentileza de Trasversales

La complejización cognitiva y afectiva a través de las experiencias musicales

Rodrigo Cantú Guzmán
Maestro en ciencias en psicología de la salud
Javier Álvarez Bermúdez
Doctor en psicología social
Miguel López Torres
Doctor en psicología

Universidad autónoma de Nuevo León (méxico)

Resumen

Los actos escénicos musicales llevan a los músicos a experimentar diversos procesos psicológicos, ya sean de tipo positivo o negativo y en los que pudiera existir una complejización en cuanto a la experiencia de ambos tipos de emoción o cognición en un mismo acto. Así, en este estudio realizado en 16 músicos ejecutantes de la ciudad de Monterrey, México, se pudieron detectar dichos procesos psicológicos basados en narraciones de sus mejores y peores experiencias musicales. Las mejores experiencias musicales se caracterizaron por un sentido de control, disfrute escénico y concentración, al contrario que las experiencias negativas, caracterizadas por emociones como pena, vergüenza, decepción, nervios, desconcentración y falta de disfrute escénico. Se encontró que el contexto en el cual se encuentran ejecutando música tiene un papel importante en la afectividad de los músicos. En México no se han hallado estudios de este tipo, por lo que se pretende que esta línea de investigación crezca. Finalmente, consideramos importante el trabajo de intervención psicológica en este tipo de población, cuyo objetivo pueda ser el ofrecer un mejor acto musical escénico, pero lo más importante es que sea un acto de disfrute para el mismo músico.

Palabras clave: emociones, músicos, experiencias musicales, bienestar escénico, cualitativo, complejización afectiva.

Introducción

Tiempo atrás Vigotsky (1896-1936) explicaba que en el proceso de desarrollo el niño, a la par de apropiarse de los elementos de la experiencia cultural, también lo hace respecto a las formas de comportamiento cultural y los métodos sociales de razonamiento, entre ellos el arte y la ciencia. Distinguía dos líneas principales de desarrollo del comportamiento del niño: la línea de desarrollo natural del comportamiento, que está estrechamente ligada con el proceso del crecimiento orgánico y de la maduración, y la línea de perfeccionamiento cultural de las funciones psicológicas, el desarrollo de nuevos métodos de razonamiento y la apropiación de los métodos culturales de comportamiento.

En su Psicología del Arte , Vigotsky nos hace ver cómo los instrumentos simbólicos como la manifestación artística y la reacción estética, inducen emociones, las retienen y provocan la complejización tanto del pensamiento como de la vida afectiva (Adrián, Páez y Álvarez, 1996). Argumenta que los elementos simbólicos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de los procesos psicológicos, de ahí que el arte sería a los procesos emocionales y cognitivos lo que es el cálculo, el lenguaje, entre otros, al pensamiento. Es decir, la manifestación artística, como por ejemplo la novela, la melodía, la imagen, por citar algunas, serían los instrumentos externos que la sociedad pone a disposición de las personas para que a través de ellas desarrollen sus emociones y cogniciones superiores. El arte, nos revelaba, es un importante instrumento social de los conocimientos y las emociones, es una comprensión social que expresa y transmite a las personas las experiencias y tradiciones históricas y las experiencias y conocimientos de otras personas. Las relaciones que se establecen con otras personas a través de un instrumento simbólico como el lenguaje, también contribuye a la socialización emocional (Adrián, Páez y Álvarez, 1996).

A pesar de que el autor expresara esas ideas tiempo atrás y el gran desarrollo de la psicología durante todo este período ha abordado innumerables tópicos, pareciera que los relacionados a la música son pocos en comparación con otros. Existen algunos trabajos en los que se han investigado temas relacionados con la psicología del músico ejecutante, la expresión emocional musical, la personalidad del músico, música y funciones del cerebro, el uso de la música como forma de terapia psicológica y con fines educativos, entre otros, con la finalidad de explorar cómo la música, las emociones, la conducta y los procesos cognitivos están estrechamente ligados y su trabajo de integrar ambas disciplinas puede tener resultados prácticos. Aunque en México son escasos los estudios respecto al tema.

Se ha argumentado que no se puede concebir el arte sin las emociones involucradas en ello, así como también que la música y los procesos cognitivos y emocionales están estrechamente relacionados. De ahí el interés por el abordaje del fenómeno partiendo de las propias vivencias de las personas que hacen música: los músicos. Por lo general todas las personas refieren tener gusto por la música, al menos por algún estilo en particular, y la gran mayoría dicen “amar la música”. Generalmente hablar, hacer o gustar de la música es una actividad intrínsecamente motivamente, y algunos músicos por ejemplo se resisten a decir que “practican” o “aprenden” música, ciertamente por lo gratificante en sí de la actividad (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007). Se dice que normalmente en lo que se refiere a la educación musical en niños, se crea un problema: se pone mucho énfasis en el cómo ejecutar la música y muy poco énfasis en qué es lo que se experimenta (Csikszentmihalyi, 1990, p. 112).

Csikszentmihalyi (1998, pp. 19-20) aporta el concepto Flujo ( Flow ) para definir la motivación intrínseca, es decir, que las “recompensas” de las acciones que se realizan y que derivan de esas mismas acciones no proviene de incentivos externos (lo que se ha dado en llamar motivación extrínseca), como pudiera ser algún tipo de reconocimiento social, un pago de dinero a cambio, por mencionar algunos ejemplos. Existen múltiples fuentes de motivación en la vida de los músicos (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007). Cuando hablamos de motivación es importante diferenciar lo que pudiera ser la motivación extrínseca de la intrínseca; en un ejemplo concreto en cantantes (Stedman, 1985), pudiera ser la necesidad de recibir un aplauso como aprobación de la audiencia (motivación extrínseca), lo cual además distrae la actividad creativa y provoca miedo así como falta de concentración. Por otro lado, cuando el intérprete se encuentra motivado por el hecho de que está disfrutando y compartiendo música con otros, se convierte en motivación intrínseca, que además ayuda a facilitar la concentración.

Una de las primeras aproximaciones al término de Flujo (Csikszentmihalyi, 1998, p. 23) se produjo es un estudio en más de 200 participantes, los cuales aparentemente tenían relación con la motivación intrínseca debido a las actividades que desempeñaban, tales como jugadores de ajedrez, atletas amateur, escaladores, bailarines y compositores de música, y en donde por medio de entrevistas describían la actividad en el momento que se llevaba a cabo. De esta manera se pudo constatar que existía una experiencia en común en los participantes que describían como “recompensante” en sí misma, y que no sólo el juego o las actividades creativas podían derivarla.

Se le llama motivación autotélica a la motivación en la cual la principal meta es la experiencia en sí misma más que cualquier otro tipo de recompensas o ventajas que se puedan producir a través de ésta después de cierto tiempo. Así, la experiencia de Flujo se basa en dicho estado de conciencia motivado intrínsecamente y en donde requiere de cierto equilibrio en cuanto a los desafíos percibidos en dicha situación, así como las habilidades propias de la persona. Es decir, si no se incrementa la complejidad de la actividad desarrollando nuevas habilidades y teniendo nuevos desafíos, no permanecerá el Flujo. De esta manera, el Flujo se produce por regularidad en actividades que están bien estructuradas y donde el nivel de desafíos y habilidades presentan un equilibrio; ya que en ocasiones un exceso de desafío puede causar ansiedad o bien que la falta de habilidad conduzca a una actividad aburrida. Cabe destacar que el Flujo no tiene que ver con el nivel de la habilidad (Csikszentmihalyi, 1998b, pp. 43-44).

De acuerdo con Csikszentmihalyi (Bloom y Skutnick-Henley, 2005), algunos de los elementos y condiciones para que exista el Flujo son: a) la tarea requiere un nivel de concentración por arriba del promedio, b) la actividad destaca de las de la vida diaria, c) un equilibrio de los niveles de desafío y habilidad, d) la tarea es libremente elegida, e) es absorbente en tiempo, f) existen metas y métodos claros, entre otros posibles. Asimismo Logan (1998, p. 171), afirma que las características de la experiencia de disfrute o bien de Flujo pueden considerarse como: dejarse atrapar en lo que uno esté haciendo así como controlar lo que sucede y crear variedad y estimulación para que las actividades sean novedosas y suficientemente retadoras como para involucrarse en ellas. Steckel (2006) afirma que la perspectiva es importante en el constructo del Flujo ya que juega un papel importante en relación al balance entre desafío y habilidad, perspectiva que ha sido definida como la importancia que el ejecutante pone en su acto así como su habilidad para “darse cuenta” de lo que está pasando a su alrededor en ese justo momento (MacDonald, 2003, en Steckel, 2006). Sin duda alguna, existe también un componente de motivación que tiene que ver con el aspecto social. Por ejemplo, en culturas occidentales como la nuestra, los padres son una fuente de soporte y motivación para los niños que se inician en la música, mediante apoyo afectivo con aliento al niño por la actividad que hace, así como instrumental en cuanto al pago de clases y de transporte (Lehmann, Sloboda y Woody, 2007).

Por otra parte, el miedo a la audiencia así como también diversos síntomas de ansiedad relacionados a la ejecución, son factores importantes que contribuyen al estrés que se espera en una carrera en música, aspectos que son determinantes en la reducción de goce ya sea por músicos amateurs o profesionales que actúan en frente de un público (Steptoe, 1989). Algunos autores afirman que los pensamientos negativos juegan un papel más protagónico en la ansiedad al estar ejecutando en vivo, a diferencia de otras variables fisiológicas o conductuales (Bruce & Barlow, 1990, en Osborne y Kenny, 2008).

Estudios psicológicos en músicos

De acuerdo con Steckel (2006), aunque se han revisado diversos estudios del Flujo en contextos de atletas, muy poca investigación se ha realizado para explorar músicos.

En un estudio en 90 músicos instrumentistas clásicos, se llevó acabo una encuesta tanto con puntajes cuantitativos así como con narrativas de la experiencia de Flujo al ejecutar su instrumento. Para esto se consideraron cinco aspectos fundamentales: a) destaca como una experiencia musical especial, b) involucra una absorción total mientras ejecuta, c) metas claras, d) confianza en el logro de tareas así como e) la atención está focalizada en la ejecución de la música y no en pensamientos irrelevantes. Estos autores refieren haber encontrado que la autoconfianza y el deseo de experimentar y expresar emociones por medio de la música fueron los dos predictores principales de flujo en músicos instrumentistas. Sin embargo las metas, la atención y la ejecución sin autocrítica son también relevantes (Bloom y Skutnick-Henley, 2005).

De acuerdo con Elliot (1995, en Steckel, 2006), la música y la ejecución involucran retos y procesos cognitivos que son totalmente diferentes a otro tipo de tareas, ya que requiere de retos, experiencias de autoaprendizaje y disfrute, concentración, así como acciones dirigidas a las metas musicales. Sin embargo Bloom y Skutnick-Henley (2005) han encontrado que algunos músicos no experimentan Flujo a la hora de estar ejecutando su instrumento, ya que aparece una baja autoconfianza en sus ejecuciones así como no estar abiertos a nuevos descubrimientos tanto de experiencias como de sentimientos, muy probablemente ligado a la falta o culminación de metas.

Según Osborne y Kenny (2008), los estudiantes de música que reportaron una experiencia de ejecución negativa, puntuaron significativamente más alto en niveles de ansiedad que aquellos estudiantes que no reportaron experiencias negativas. Montello (1992) afirma, en un estudio de tipo cualitativo, que existen tres razones principales que están ligadas a experimentar desórdenes de ansiedad al momento de estar en una actuación musical. Para la mayoría de los estudiantes jóvenes las actuaciones musicales requieren de ser perfectas y en donde no hay cabida a los errores, y en donde constantemente son evaluados e inclusive temen ser humillados. Otros factores relacionados son el dejar la casa para estar tiempo completo en el conservatorio, así como las mismas demandas de académicas, referentes a los trabajos, ensayos, jueces, audiciones y problemas interpersonales.

En cuanto a las estrategias de afrontamiento para el manejo de ansiedad antes de un acto en vivo importante, en un estudio con músicos profesionales de orquesta (Steptoe, 1989), se encontró que el 28% reportaron tratar de distraerse, 38% utilizaron técnicas de respiración, 23% utilizaron relajación muscular, 12% admitieron utilizar sedantes y 22% utilizaron alcohol. Esto indica que al menos más del 30% de los músicos utilizaron estrategias de afrontamiento que pudieran perjudicar su salud, así como también llevar a cabo una mala ejecución musical.

En un estudio realizado en una muestra representativa en bandas musicales marchantes universitarias ( collegiate marching bands ), se encontró que la dimensión de Flujo más experimentada es la de experiencia autotélica. Asimismo, los facilitadores de Flujo que fueron percibidos eran “estar preparado mentalmente”, “disfrutar el acto”, así como “tener una actitud positiva” (Steckel, 2006).

Kraus (2003) afirma, mediante un estudio realizado en músicos de un ensamble de instrumentos de viento que encontró características relacionadas al Flujo tales como: a) las experiencias de flujo aparecen más en ensayos de tiempo prolongado porque involucran más actividad de ejecución, b) ensayos frecuentes detienen e interrumpen experiencias de Flujo, c) estudiantes de mayor edad y con más experiencia son más capaces de definir metas personales y crear desafíos que los estudiantes de menor edad.

Lo anteriormente mencionado nos ha permitido desarrollar el presente estudio en el cual se investiga sobre aquellas variables psicológicas relacionadas con la ejecución musical, ubicándola en dos vertientes, la mejor y la peor experiencia que ellos mismos han tenido y el contexto en el que estas se presentaron. Hemos utilizado la autonarrativa escrita como forma de obtención de información.

Método

Participantes

Como criterio de inclusión se consideró que fueran músicos en activo, ya sea que tocaran algún instrumento o que fueran cantantes. Participaron 16 músicos de la ciudad de Monterrey, México; 11 de los participantes fueron de sexo masculino y el resto de sexo femenino, con un promedio de edad de 23.6 y una desviación estándar de 3.1. En lo referente al nivel de estudios, 12 de los participantes cuentan con nivel universitario, dos de preparatoria y uno de nivel técnico y posgrado respectivamente. Solo uno de los participantes es cantante, y en lo que se refiere a su instrumento musical, cinco fueron piano, tres de saxofón, tres de batería, dos de bajo, uno de guitarra y uno de trompeta. En la pregunta ¿Qué tipo de música es la que más ejecutas en vivo?, siete respondieron “jazz”, cuatro “rock”, dos “pop”, uno “latina”, uno “libre”, uno “todas”. De acuerdo a los años de experiencia en el género que más ejecutan se detectó una media de 6.44 años con una desviación estándar de 3.9 años.

Instrumentos

El abordaje fue cualitativo y consistió en un cuestionario que contenía algunas preguntas generales referentes al tipo de música que más y que menos les agrada, el instrumento que ejecutan, el tiempo que dedican a practicar, el número de veces que ejecutan música en vivo, entre otras. Además se les pedía recordar y posteriormente narrar la mejor y peor experiencia musical en cuanto a la siguiente información:

– Recordar y concentrarte en la(s) mejor(es) experiencia(s) que hayas tenido, no en cuanto a resultado necesariamente, sino a lo que hayas sentido como tu(s) mejor(es) actuación(es) musical(es).

– Ubicarte lo mejor que puedas en el lugar y hora de la actuación musical en el que sucedió la experiencia. Recuerda y concéntrate en el mayor número de detalles que te sea posible, en cuanto a las condiciones de la actuación, tu estado anímico, tu percepción del espacio, del público, entre otros. Trata de recrear lo mejor y más completa que puedas la situación en que tuviste tu mejor y más satisfactoria experiencia de actuación musical.

Posteriormente, a los participantes se les señalaba llevar a cabo la narración (tanto en la mejor como en la peor experiencia) en base a:

– Por favor haz un relato, lo más completo y detallado que puedas, sobre tu mejor experiencia de actuación musical, enfocándote principalmente en los siguientes aspectos duales:

1. Sensación de dificultad – facilidad de la ejecución, en relación a tu preparación musical.
2. Grado de atención, concentración – distracción, desconcentración durante la experiencia.
3. Grado de claridad – confusión de tus metas.
4. Sensación de control – descontrol sobre tu acto.
5. Grado de conocimiento – desconocimiento de la calidad de ejecución.
6. sensación de gusto, disfrute – dolor, sufrimiento durante el acto.
7. Cambios de percepción, conciencia interna – externa durante el acto.
8. Resultado obtenido.

Procedimiento

Se realizó una convocatoria por medio de un correo electrónico enviado a cerca de 50 músicos de la ciudad de Monterrey en el mes de mayo de 2007, explicando los objetivos del estudio e invitándolos voluntariamente a una casa donde se aplicaría el cuestionario, se realizaron tres días de aplicación en determinados horarios. Los participantes firmaron un consentimiento escrito de participación, una vez conociendo los propósitos del estudio.

Análisis

Se realizó un análisis de contenido de las narrativas escritas de los participantes tomando en cuenta las siguientes categorías de acuerdo a la teoría de Csikszentmihalyi y utilizadas en el estudio de Kraus (2003). Las categorías son las siguientes: 1) balance entre desafío y habilidad, 2) presencia de metas claras, 3) retroalimentación positiva, 4) sentido de control individual, 5) concentración, 6) combinación de acción y conciencia, 7) pérdida de autoconciencia, 8) pérdida de sentido de tiempo y 9) actividad autotélica. Sin embargo, se tomó en cuenta cualquier otra información importante que pudiéramos rescatar y clasificar en diferentes categorías aunque no formen parte de dicha teoría. Se agruparon en frecuencias en general de todo el discurso y no exclusivamente por participante. Para el análisis cualitativo se utilizó como herramienta el software Atlas.ti 5.0, y para otros datos de tipo sociodemográfico el SPSS 15.0.

Resultados

En cuanto a cuál era el tipo de música que más y que menos les gustaba se encontró que cuatro de ellos respondieron “jazz”, otros cuatro “rock”, dos “pop”, dos “latina”, y “clásica”, “libre”, “alternativa” y “todas” con una frecuencia respectivamente. En el apartado del estilo que menos les gustaba se encontraron muy diversas respuestas; dos de ellos respondieron “mal hecha”, “reggaetón” y “hip-hop” respectivamente, con solo una frecuencia respondieron “punk”, “metal”, “banda”, “regional”, “ninguna”, “trova”, “vallenata”, “rap” y “punchis-punchis-loopy” respectivamente.

A continuación presentamos las narraciones textuales de los músicos participantes de acuerdo a las mejores y peores experiencias musicales que han tenido.

Narración de las mejores experiencias musicales

Referente a la pregunta ¿aproximadamente cuántas horas practicas música a la semana?, resultó con un promedio y una desviación estándar iguales de 14.8. En la pregunta ¿qué tipo de música es la que más ejecutas en vivo?, siete de los participantes respondieron “jazz”, cuatro de ellos “rock”, dos “pop”, y con una frecuencia “latina”, “libre” y “todas” respectivamente. En lo que se refiere a la cantidad de veces que ejecutan música en vivo al año se encontró un promedio de 39.7 con una desviación estándar de 42.8.

Participante 1

Al principio de la tocada apenas iban poniendo el equipo (esto fue en el hard rock live ), tenía tantos nervios de que a la gente de ahí no le fuera a gustar nuestra música (CDN), y que nos fueran a llover pilas o algunos tomates. Eso me dificultaba hacer mis escalas, pero después empezó la fuerza de las ganas de tocar y entonces canalicé esos nervios en concentrarme y no regar las cosas en el escenario. Para mí el hecho de pisar el escenario del hard rock era muchísimo porque muchas bandas y muy buenas lo han hecho ahí. Empezó el famoso sound check y ahí empezó a fluir todo pensamiento descontrolándome a tal grado que no quería dejar de tocar hasta que terminara nuestro show. Después del sound check en el camerino el ver a el otro grupo al que íbamos a abrir plaza “san pascualito rey” estaban de los más tranquilos me ayudó a calmarme en casi la totalidad, hasta que llegó la hora de “entrar a escena”. Con los nervios y las ganas que se tienen antes de tocar empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100% poniendo atención a los sonidos que se fusionan en el grupo. Y los nervios se fueron al tener la ovación de la gente al terminar la primera canción. En ese momento empecé a relajarme y ser como en verdad me siento en cualquier escenario donde se hace música que me gusta tocar y que la gente no nos aventaría pilas ni tomates ni nada. Al final del show hubo mucha gente que nos dijo que les encantó el grupo y que volviéramos pronto.

Participante 2

Una de mis mejores experiencias fue cuando toqué teclados a trío con mi grupo de progresivo, toqué en un lugar que estaba fuera de mi contexto, un lugar donde acostumbraban tocar música pesada, mucha de la gente vestía de negro y yo no, me sentía diferente, sentía que estaba aportando algo a los demás, con el tipo de música que ejecutaba, el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos, se escuchaba un silencio, sentía una gran conexión con los otros dos músicos, un gran dominio de las piezas y un gran dominio del instrumento, recuerdo que hasta volteaba a ver una imagen a un costado del escenario y pensaba que el performance era perfecto, me sentía orgulloso de mí mismo, creía que ese era él “éxtasis musical” al que quería llegar, me sentía muy seguro y mucha aceptación del público, aunque al parecer estábamos fuera de contexto. Al terminar mucha gente me felicitó, fue una gran experiencia.

Participante 3

Recientemente participé en un festival cantando y tocando, estuve ensayando desde meses antes, y debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar, tuve que estar sumamente concentrada, ya que cualquier mínima distracción podría provocar que me desafinara. Entré al escenario observé al público y sonreí, respiré profundamente y me propuse mi objetivo que más que impresionar al público era hacerlo conmigo misma, superarme y hacerlo como nunca para mí, me propuse vivir la canción por ese momento. Al proponerme cantar para mí, el público como que desapareció pero allí estaba, fue como cantarle a la gente en mi cuarto, así que el nervio desapareció y tuve un control total de mí misma. Disfruté cada segundo sentí la canción en la sangre y en cada movimiento de mis manos como si fuera viento, no esperaba que me fuera a desempeñar de esa forma, creí que me iba a ir bien pero no tanto. Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz, y el resultado, fueron gritos y aplausos del público y lo mejor que logré mi objetivo, disfrutar mientras me superaba a mí misma.

Participante 4

Mi mejor experiencia “musical”, definitivamente fue armar junto con tres amigos, un proyecto de disque jazz llamado “latin funky junky” . Este proyecto me dio muchas satisfacciones por muchas razones, empezando por el hecho de que los tres integrantes más, son excelentes amigos con un nivel musical semejante al mío, el que no había nadie que nos detuviera en ninguna idea que se nos ocurriera, como muchas veces nos ha pasado, era un proyecto totalmente libre, totalmente nuestro, hicimos lo que quisimos con la música (cambiar armonía, ritmos, cortes, etc.), además cuando lo presentamos gustó mucho, tanto a músicos como a gente que no lo era. Creo que aprendí mucho de esa experiencia, ayudó a aclarar mis ideas sobre mis metas, que por supuesto, que aún no tengo claras, pero sí despejó un poco las cosas ¿resultado obtenido?, eh… felicidad, jeje, me encanta hacer música.

Participante 5

Fue una presentación en el patio del Café Iguana, había mucha gente, y yo me sentía seguro y de buen ánimo. No sentí sensación de dificultad ya que había ensayado bien días antes. Me sentí bien concentrado, no pensé en la gente que estaba en ese momento, sólo tenía en mi mente tocar bien y disfrutar ese momento. En cuanto a metas, no tenía una meta clara, sólo tocar bien y disfrutar la experiencia. Sobre el control, pues me sentí bien en lo personal, me sentía seguro, pero a veces uno no tiene control sobre otros aspectos técnicos y eso puede crearme estrés y perder la concentración. Acerca del conocimiento sobre la calidad de ejecución, yo sé que no fue la mejor ejecución en cuanto técnica o limpieza en la música, en el momento. Sensación de gusto fue muy buena, me sentí muy bien tocando y lo disfruté mucho, y eso lo transmití al público. Cambios de percepción no recuerdo mucho en este aspecto, sólo recuerdo que me sentía alegre y emocionalmente muy bien. El resultado obtenido fue que el público me percibió como un buen músico, como un buen ejecutante, aunque yo sé que no soy muy bueno, pero creo que esa percepción en ellos fue a como yo me sentía en ese momento de estar tocando, lo que yo sentía y reflejaba en mis emociones y sensaciones al estar tocando, fue lo que el público percibió y por eso ellos sintieron y así me lo dijeron, que les gustó mi presentación esta noche.

Participante 6

Mi primera experiencia con un nivel de audiencia media fue el interpretar la canción de despedida de graduación, en donde toqué la batería, no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien la ejecución. Me concentré en no distraerme, teniendo fija la mirada entre mis compañeros del grupo musical. Tuve claro que era mi primera interpretación en público (como baterista), y que en realidad es algo que me gustaría realizar más a menudo. Siento que la ejecución fue muy buena a pesar de ser sólo un grupo de estudiantes, y que llevábamos menos de un año tocando juntos. Me gustó, disfruté del momento, y poderlo compartir con mis amistades y familiares. En ese momento sentí que la música es una de mis pasiones en la vida. Volvería a repetir la experiencia sin duda alguna. Lo único que me desconcentró un poco fue que ya casi terminando la interpretación, un pedestal de platillo se cayó, pero no perdí la secuencia de la interpretación gracias a dios.

Participante 7

Cuando estuve de gira en el invierno pasado, en uno de los conciertos me enteré ese día que había fallecido mi tío, yo estaba en Bélgica y tenía muchas ganas de estar con mi familia. Mi tío fue el único en mi familia, que fue músico, así que estaba muy orgulloso de lo que yo hago, hablé por teléfono con mis papás y mi mamá me pidió que le dedicara ese concierto a mi tío, ese día di el mejor concierto de mi vida. En ese momento estuve al 100% enfocado en la música que estaba haciendo, y el público notó esa entrega que tuve, inclusive vi que los demás del grupo y del staff estaban muy sorprendidos con mi actuación. Al final terminé con una gran sonrisa y una sensación de total satisfacción.

Participante 8

Esto sucedió hace como dos años, cuando tocaba con M, yo empecé a tocar el bajo a los 17 años, ahorita tengo 21, en ese entonces llevaba un año tocando y un poquito más y como tocaba con músicos mucho más grandes y profesionales que yo, me sentía con muchos nervios. Estuve todo el tiempo concentrada en no equivocarme y que todo saliera bien, pero cada paso que daba al estar tocando, me desconcentraba y tuve que optar por quedarme quieta y sólo sonreír entre cada canción. Muchos músicos famosos me estaban viendo, era la primera vez que tocaba con M, sentía que todo lo que estaba haciendo o lo que había ya hecho, iba por buen camino, sabía que tenía el perfecto control de la situación y que debía mantener toda la atención en lo que hacía. Sabía que mi ejecución era reemplazable y hasta la fecha lo sé, pero en ese momento me concentré en lo que podía dar extra y ahí empezó mi carrera. Poco a poco me di cuenta de lo que le gustaba a la gente y como podía disfrutarlo al mismo tiempo que ellos, disfruté mucho el momento a pesar de la presión, de esa manera, logré superar muchos obstáculos, estuve mucho tiempo tratando de moverme al compás de la música y no lo logré hasta hace poco, pero siento que ese fue el inicio de la experimentación en los escenarios. Utilizaba mucho el play-back para expresarme, para moverme, para quitar las ataduras, los espejos, los comentarios de la gente me hicieron crecer, pero todo empezó ese día en la Mariachita con M, por eso es tan importante.

Participante 9

No recuerdo específicamente cuál ha sido mi mejor experiencia de ejecución musical, pero de lo que sí estoy seguro es que esta experiencia fue durante el tiempo que yo tocaba en la banda de música de la preparatoria. Tocábamos en muchos lugares frecuentemente aquí en la ciudad, teatros, escuelas, auditorios, etc. En aquel entonces, considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento para el tiempo relativamente corto que llevaba tocando, había logrado además dominar las piezas, ya no pensaba en si estoy tocando la nota correcta sino en sí la pieza saldría con “feeling” que necesitaba, me sentía muy ligado a la emoción que trataba de expresar a través de mi instrumento aun y cuando fueran líneas de bajeo, considero que sabía a dónde quería llegar tocando y esto va a transmitir al público lo que la pieza me hacía sentir. Los pasajes difíciles o que no había estudiado mermaban mi objetivo y la situación se tornaba entonces más mecánica, esto es, dejaba de estar en contacto con mis canciones y mi ejecución se escuchaba más vacía, en ocasiones callaba mi instrumento, escudándome entre la mezcolanza de sonidos, era como miedo a demostrar que no sabía. Disfrutaba mucho esas épocas porque me hacía sentir que tenía control sobre mí mismo y lo que hacía, la gente me admiraba por mis capacidades, me sentía muy bien tocando y la mejor parte del tiempo, la música fue el centro de mi vida.

Participante 10

La sensación de dificultad en relación con mi preparación no la tuve, me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo (la tocada/el evento, etc.). Me considero una persona distraída pero cuando toco aunque puede que me distraiga en algo siempre estoy concentrada en lo que estoy haciendo, se me olvida todo lo demás. No sentí confusión alguna durante mi presentación. Sobre el descontrol de mi acto tampoco pude percibirlo. Conocía el material que estaba tocando y tenía que tocar. Hubo un cierto apretón que sentía en el pecho y lo he sentido en algunas otras ocasiones…. como especie de quemadura en el pecho, taquicardia, sudor… y aunque la sensación era fuerte como para sentir miedo o ansiedad, me sentía segura. Sólo pensaba o más bien creo que no pensaba en algo, sólo tocaba.

Participante 11

Finalmente y evidentemente el modo y concentración de la ejecución en vivo es algo que se va desarrollando y trabajando con el tiempo, así como el mismo aprendizaje rutinario de la vida diaria, viene a ser similar en la música, la experiencia bajo el reflector se evoca un sin número de sensaciones, la idea sería enfocarse en la música, y en la ejecución del tema, tratando de transmitir el sentir del tema bajo la expresión musical.

Participante 12

La última vez que toqué que fue en el festival de la canción de la UDEM 2007, creo que fue una de mis mejores experiencias de actuación para mí. Yo toqué el piano y canté (acompañada de otros tres músicos), el nivel de dificultad en el piano no era muy alto, a comparación de otras ejecuciones más complicadas que puedo realizar. En cuanto a lo vocal sí era una melodía con muchos cambios y modulaciones, por lo que era un reto cantarlo a mi máxima rendición, pero me preparé bien con anticipación y pude hacerlo muy bien. Traía muy buena concentración en lo que estaba haciendo, habíamos ensayado bastante así que no había distractores como nervios o miedo. Durante toda la ejecución de la canción creo que olvidé un poco al estar tocando frente a mucha gente, me sentí más concentrada en la música en el momento, mi principal meta en esa actuación era disfrutarlo mucho y poder transmitir lo bien que habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar, quería que la gente pudiera sentir esa química, por otro lado también quería dar a conocer la canción que compuse y ver cómo reaccionarían la gente y también los jueces. También tenía el deseo de ganar algo por mi canción o ejecución vocal así que eso era también una meta aunque no la prioritaria. He tenido ocasiones que siento mucho descontrol de mis emociones al tocar en público pero en esta ocasión sucedió lo contrario, me sentía muy cómoda conmigo misma, confiaba en mí, en mis músicos, así que sentí bastante control de la situación. En cuanto al conocimiento de la calidad de ejecución, tenía bastante bien la percepción a lo que estábamos haciendo. Sabía que estábamos tocando todos muy bien por como lo escuchaba… también sabía con certeza que estaba muy bien hecha. Hubo la sensación de un gran placer y disfrute durante la ejecución de la canción realmente me sentí muy contenta durante el momento y al terminar sentí muy buena energía dentro de mí, es decir, la sensación de gratificación y felicidad que se siente con la combinación de tocar algo que suena muy bien y además saber que todo está fluyendo bien. Sí estaba consciente de la realidad externa pero no por completo, gran parte de mi conciencia se dirigía a mi interior, al piano, a mi voz, simplemente a la música ya hacerlo bien, no tanto a pensar en quién estaría allá afuera viéndonos. El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar, también ganamos primer lugar y mejor vocalista, lo cual fue muy satisfactorio.

Participante 13

Hace algunas semanas en un jam session conocí a CP, saxofonista tenor y al momento de comenzar a tocar con él, sentí una conexión extraordinaria y una energía excepcional. Tuve una sensación de facilidad al tocar en el contexto en el que nos presentábamos tocando standards de jazz, la música nos estaba llevando como si fuera un río, relajado, dejándonos llevar por la música misma. Durante el jam el cual duró como 2 o 3 horas hubo un grado de atención y concentración máximo, ya que en el jazz, se debe de tener esa atención a los músicos con los que tocas para crear la mejor relación musical posible, no había ni un pequeño incidente que me distrajera, sólo podía pensar en la música que salía de su saxofón y del rhodes con el que yo estaba tocando, en ese momento no sentí que tuviera una meta específica, todo se fue dando muy naturalmente. En cuanto a la sensación de control o descontrol del momento (o acto), no sé si lo sentí todo muy controlado o totalmente descontrolado, al punto que sentí todo en su lugar. Desde el momento que estábamos produciendo los sonidos, sentí y supe que la calidad de ejecución fue mucho más alta que de lo normal y naturalmente (desde mi punto de vista), hubo una sensación de gusto enorme durante y después de haber tocado, todo el momento del acto estuve escuchando a este saxofonista y atento a lo que nos estaba llevando la música. El resultado final fue completamente de satisfacción.

Participante 14

Pues una de mis mejores experiencias de actuación musical fue en un examen final de tercer año de carrera en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey. La pieza que toqué era un fandango de Rafael Méndez, gran trompetista mexicano, la pieza la verdad tenía una gran dificultad técnica por la velocidad, la articulación, el registro, y por lo tanto expresar era difícil por todo lo que necesitaba cubrir antes de pensar en eso. La verdad no me aprendí bien la pieza por lo que preferí leerla, aunque me bajaran puntos, prefería que me los bajaran por leer que por una mala ejecución o que olvidara algo. Por ser un examen, yo me sentía nervioso, pero seguro hasta cierto punto, porque anteriormente en la práctica había podido cumplir con los requerimientos técnicos. Al comenzar a tocar me fui dejando llevar y tratando de ir junto con la pieza matizando lo más posible para tratar de decir algo. Mientras tocaba iba sintiendo alegría y fuerza ya que era una pieza muy enérgica. Al final sentí satisfacción porque había logrado hacer una buena ejecución para mí, aparte que había sido una pieza que había que tenido que trabajar mucho.

Participante 15

Me sentía confiado, seguro y apto para la ejecución, me pareció sencilla en cuestión técnica, no me gusta complicarme en el escenario. Estaba muy concentrado en el sonido, integrantes, audiencia. Perceptivo de cada situación en todo el lugar, sensible al medio ambiente en general. Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia, esa era la meta. Algo inquieto por la preparación de los demás y al tanto de que todos entendieran lo que yo para así dar un mensaje claro en conjunto. Muy tranquilo, sorprendido por la interpretación de todos los integrantes y contento por ver el desarrollo y evolución de todos. Me sentía muy contento, concentrado, no sufrí nada, olvidé el cansancio del día, y no quería dejar de tocar. La imagen de los integrantes y mía, mejoró para bien y me alentó a seguir en la música con mayor ímpetu. Satisfacción de los integrantes, mía y del público, felicidad, tranquilidad y paz interior.

Participante 16

Un día un amigo me invitó a su casa a ver un piano nuevo y fui a tocarlo, llevé conmigo dos libros el Real Book de jazz y otro de brazilian music , total toqué toda la tarde al final, su jefe (papá) bajó de su cuarto y me felicitó, además me invitó a cenar al Hawai, un restaurante con piano, cuando llegamos me subió a tocar de inmediato, toqué con mucha presión pero a la vez me encantaba la idea de tocar para gente grande mientras cenaban. Sucedieron cosas muy locas pues este señor es un excomandante importante y conocido en Monterrey, entonces gritaba mucho “toca, toca, maestro!”, y pues a la vez tenía que quedar bien con ese gritón a mi lado, pero lo que hace esto una experiencia buena, es que me obligaba como un comandante a hacer algo que me gusta y pues siempre hacia en mi propia casa tocar para gente mientras comen o cenan. Yo toco piano en mi casa desde los 7 años y siempre después de comer, toco para mis padres, entonces en ese momento en el restaurante sentí una tranquilidad interior y realmente gozaba tocar para la gente que ahí cenaba. El señor quedó satisfecho, yo también o más, pues el pago, una cuenta de 4.750 pesos. Ese día toqué todo el tiempo de mi casa a su casa, luego al restaurante, acabé muy satisfecho de lo que hago ya que mucha gente también lo gozó.

Narración de las peores experiencias musicales

Participante 1

Era la primera vez que tocaba con mi grupo, íbamos a tocar en un tributo a “Caifanes”, (grupo que me gustaba mucho en aquel entonces), y que me dan la noticia que M el guitarrista iba a estar en primera fila, desde ahí no podía casi hablar, estaba aterrado y al momento que nos tocó participar, estaba tan nervioso que no pude tocar.

Participante 2

Mi peor experiencia fue en un concurso musical de la universidad, era una pieza que iba a “experimentar” nuestro bajista tocando el piano, yo estaba en la batería, y el pianista estaba en el bajo, y habíamos invitado a una cantante, la pieza era muy monótona, a mí no me gustaba pero estaba dispuesto a tocarla, cuando empezamos a tocar después de cómo un minuto, sentí un tremendo vacío en el estómago, me había bloqueado por completo, se me había olvidado los cortes, las vueltas y cómo sería el final, sólo seguía tocando al mismo ritmo una y otra vez, hasta que llegó el momento que no sabía que hacer e hice un corte lento con la batería que denotaba el final, me bajé del escenario con pena, vergüenza y muy decepcionado de mí, ya terminado me di cuenta que a la cantante se le había olvidado toda la letra y por eso no se hicieron los cambios en la pieza, ella estaba llorando, había una completa desconexión; no nos comunicábamos con la mirada ni con la música, además no escuchaba bien uno de los instrumentos, el piano.

Participante 3

Iba a tocar una canción en la guitarra que en ese momento era complicada para mí, me gustaba mucho la canción, así que ya me sabía parte desde a como un año antes aproximadamente, me decidí a tocarla como dos meses antes, la practiqué a diario, la dominé pero de repente sí me equivocaba, hasta que logré no equivocarme, durante la presentación estaba concentrada pero demasiado nerviosa, la mano me temblaba, no lograba controlarla, sabía lo que tenía que hacer, sabía cómo hacerlo, pero mis manos no reaccionaban, tocaba otras cuerdas, fue horrible, y el sonido en el escenario no ayudaba, sabía lo que quería, quería decir pude, lo superé, pero el nervio me ganó, a pesar de que sólo me equivoqué en la intro, era lo más importante, y el resto salió bien, y ya no lo pude disfrutar como quería. El resultado para mí fue horrible pero me ayudó para darme cuenta de lo que los nervios pueden provocar.

Participante 4

Un examen de piano, para el que no estudié nada, y la maestra me dijo que tenía que ir a disculparme con los sinodales, porque ni siquiera había visto las hojas, entonces, pues ese día aprendí que la música hay que tomarla con seriedad.

Participante 5

Fue en un bar llamado IBEX, fue la peor presentación que he tenido, la sensación de dificultad fue mucha ya que íbamos a tocar canciones “nuevas”, que teníamos poco tiempo de haberlas ensayado, no habíamos ensayado mucho, y nos sentimos confiados que todo iría bien pero no fue así. Mi grado de concentración fue muy poco, me equivoqué en mi ejecución y mis compañeros de la banda también, se equivocaron y eso me desconcentraba aún más. No tenía mucha claridad de mis metas, sólo quería terminar de tocar y deseaba que ya no nos equivocáramos tanto. No tenía nada de control, eran demasiadas cosas malas las que estaban pasando, y eso ponía las cosas aún peor. Sabía que lo estaba haciendo mal mi ejecución y que mis compañeros también lo estaban haciendo mal. La sensación de disfrute fue nula, queríamos salir corriendo del lugar, anímicamente me sentí muy mal. En la percepción interna y externa, recordé los días pasados, donde no ensayamos, de pronto estaba tocando pero mi mente estaba pensando en otra cosa. El resultado obtenido fue una mala presentación, tanto mía como del resto de la banda. Y la sensación de malestar, me sentí decepcionado de mí, quería irme y correr a casa para ponerme a practicar. También pasó por mi mente dejar de tocar.

Participante 6

La peor experiencia que tuve fue ensayando yo sola (piano), al tratar de practicar varias melodías en el piano, por más que trataba no podía sacar alguna canción sin haberme equivocado. Siento que se me dificulta concentrarme al querer interpretar una melodía, cuando tengo muchas preocupaciones o estoy pensando en unas negativas. Por más que intento no pensar en nada más que en el momento, me desespero y no puedo llevar a cabo alguna ejecución correctamente. Aunque ya me sepa las melodías de memoria, se me borran las notas o acordes y tengo que recurrir a anotaciones y aun así no logro obtener una interpretación libre de errores. Cuando pasa esto me desespero y no aguanto mucho ensayando, por lo que dejo de practicar y no es una sensación que disfruté.

Participante 7

En un concierto en el DF, durante el sound check , se cayó el stand de los teclados y se rompió uno de los teclados que iba a usar, ese teclado me lo habían prestado, así que me sentía muy mal, por eso no sabía que iba a pasar porque era difícil conseguir otro, finalmente me consiguieron uno después de varias horas, pero todo se retrasó mucho por ese accidente, por otro lado yo estaba pasando en ese momento por una situación emocional muy complicada para mí, así que eso me hizo sentir muy mal. Durante el concierto me sentí muy cansado y no sentí que di lo mejor de mí, me sentí muy decepcionado por no haber superado las dificultades.

Participante 8

En este evento no hubo dificultad, fueron factores externos los que me afectaron y no lo pude desligar. El baterista se enojó porque no escuchaba la secuencia y estuvo todo el tiempo enojado y a mí me afectó, a parte el público no era el ideal, ni el lugar para ese tipo de música. Pero acabo de recordar otra peor… fui a tocar con un solista a un rancho para un evento del Tec, estábamos tocando con una baterista que a mí no me gustaba su ejecución ni su actitud, yo estaba muy cansada y muy enojada porque como había reprobado varias materias mis papás me habían dicho que era la última vez que tocaba hasta que mejorara en la escuela. Fue el año pasado, yo no me sentía cómoda con los músicos ni con la música, sólo lo hice por un favor para apoyar a mi amigo solista y traté de ver todo lo positivo del proyecto pero la tocada salió horrible, nadie puso atención todos estaban en otro lado, a mí se me olvidaban las canciones, todo por sin ningún lado, sólo nos faltaba estar afinados en otro tono todos, gracias a dios no pasó ¡jaja!, pero todos gritaron bájense y muy mal ¡jaja!. Pero como no lo sentí como proyecto propio pues no me importó tanto.

Participante 9

De las peores experiencias de actuaciones musicales que he tenido yo, creo estarían más ubicadas en la época de la universidad, donde participé en varios espectáculos, las piezas en sí no representaban mucha dificultad, pero me era más difícil concentrarme, por varias razones. En primera sentía que la carga de trabajo durante la actuación era mucha, era muy cansado y llegaban a aburrirme, me preocupaba mucho la opinión que pudieran tener sobre mi ejecución ya que constantemente la retroalimentación era negativa (en respecto a las mejores experiencias de actuación donde la retroalimentación hacia mí era constantemente positiva). Aunque esta última por la razón exclusiva de que esas fueran las peores experiencias, ya que a veces sucedía que la retroalimentación era “positiva”, pero de alguna forma falsa, ya que yo me daba cuenta de que mi actuación no era la mejor y que tocaba no de la manera en que me hubiera gustado. Muchas de las veces tocaba por mero compromiso no quería estar ahí, pero tampoco quería decir que no, por mantener un contacto “vivo” y seguir tocando ocasionalmente. Durante las actuaciones lograba disfrutar mas no estar satisfecho ya que mucho era improvisación y eso no es un fuerte mío, además de que tocaba muy esporádicamente y la calidad del sonido no era tan bueno, esto me hacía sentir avergonzado, mecánico, no quería estar ahí, mi imaginación me fluyó, yo me sentía muy identificado con el ambiente que se daba dentro del grupo, a veces lograba estar muy concentrado y a veces estaba muy al pendiente de todo el público, los resultados no fueron los que esperaba, nunca los fueron.

Participante 10

Me sentía preparada mas no ensayada, la dificultad de la música que iba a tocar no era gran cosa, sino que no medí tiempo para ensayar lo que iba a interpretar. Durante mi experiencia no me distraje, estuve concentrada tratando de sacar adelante la tocada. No confundí el propósito que tenía que era poder transmitir algo, algún sentimiento a quienes me escuchaban. Sí sentía cierto descontrol puesto que no conocía bien los temas y no me sentía bien ensayada con los músicos que me acompañaban. Sí tenía cierto desconocimiento, puesto que incluso algunos temas no los había escuchado antes. Tenía la sensación de agrado, me gustó lo que hice, aunque hubo cosas que no me gustaron, también sabía que la experiencia pronto pasaría así que enfoqué a disfrutar la experiencia, fuera buena o mala pero disfrutarla. Pensaba en sólo disfrutar de toda la experiencia. Me di cuenta que en ocasiones es necesario prepararse para poder interpretar.

Participante 11

Puedo decir que dos de mis peores sensaciones, han sido las primeras veces de presentaciones en vivo, sobre todo yo que soy una persona nerviosa, pero que con el tiempo y por el fuerte amor a la música lo he ido superando, y la otra situación en las primeras experiencias de grabación en las cabinas así como problemas con secuencias o el metrónomo. Lo peor que me ha pasado es sentir la sensación de sufrimiento de nervios y cansancio, puedo decir que esto me ocurrió algún tiempo al tocar en vivo estos siendo problemas de nervios. Con el tiempo estas han desaparecido al controlar dichos efectos y al ir aprendiendo a disfrutar el acto sin preocupaciones “todo esto situaciones de principiantes”.

Participante 12

Fue una vez que canté en la UDEM con el ensamble, el evento se llamó “Mexicanísimo”. Sentía que lo que iba a cantar era difícil en ese momento porque mi garganta no estaba del todo bien, acababa de salir de una gripa muy fuerte, había estado sin voz un par de días y todavía me costaba llegar a tonos altos. Sabía que yo podía cantar muchísimo mejor en otras condiciones más óptimas de salud. Pero en ese momento lo que canté me parecía difícil ejecutarlo dado mi estado físico. Estaba muy desconcentrada, no podía dejar de pensar negativamente, sabía que mi ejecución no estaba siendo óptima y eso me hacía sentir insegura y como que creía que de cierta forma estaba haciendo un ridículo. Sólo podía pensar en el coraje que me daba estar mal de mi garganta y en lo que la gente pudiera estar pensando al escucharme. Sabía qué tenía que hacer y qué quería, sabía que mi meta era hacerlo bien porque anteriormente ya lo había hecho muy bien, pero aunque lo tuviera claro en esa ocasión no pude alcanzar esa meta. La sensación de descontrol yo creo era lo que más sentí aquella vez, estaba muy nerviosa, ya no solamente sentía que cantaba mal por estar ronca sino por estar con miedo, nervios y sentirme muy vulnerable. Esa tensión se me iba a la garganta y menos podía cantar. No disfruté nada el momento pues todo el tiempo como que viví en una idea muy pesimista de que lo estaba haciendo muy mal y que eso era lo peor que me podía pasar, aunque ahorita lo veo diferente o sea mucho más sencillo y que “no era para tanto”, en ese momento yo creo que por tener otros problemas en mi vida personal sentí que era el fin del mundo y sufrí todo el tiempo que canté. Mi conciencia estaba demasiado presente tanto de mí misma como del público. Sólo tratando de ver las expresiones de la gente, qué podían estar pensando de mí y diciéndome que lo estaba haciendo muy mal. Para mí el resultado fue negativo, me afectó mucho… de hecho pensando ya no volver a cantar ni tocar, ni nada en público. Pero a fin de cuentas a la gente sí le gustó, creo que era más mi inseguridad que distorsionó mucho la realidad, en realidad salió bien tal vez no lo mejor que pudo haber salido pero bien simplemente.

Participante 13

En otro jam session conocí a JS, trompetista quien seguía pidiendo “rolas” dificilísimas de ejecutar, aparte que no había bajista y yo tenía que hacer el bajo, para empezar fue una sensación de dificultad grandísima pues yo no encajaba bien con el baterista, yo estaba sumamente concentrado en hacer la línea de bajo y acompañar al trompetista pero era inútil, las metas eran muy claras, pero había un descontrol enorme de la situación, ya que no es natural todavía para mí hacer la línea de bajo y acompañar y/o improvisar un solo al mismo tiempo. Todo el tiempo supe que todo estaba saliendo mal y probablemente eso afectó negativamente mi ejecución. Para ser sincero no disfruté nada el momento pues odio que las cosas salgan mal por mi culpa. No hubo nada que me distrajera sino mis propios errores y fallas. El resultado fue negativo en cuanto a cómo me sentía conmigo mismo y que en el trompetista no me volvió a hablar para tocar con él.

Participante 14

Una de mis peores actuaciones fue en un examen final de la ESMDM, no recuerdo bien si fue en mi primer o segundo año de carrera, pero recuerdo que toqué un arreglo para trompeta de un Allegro Spiritosso que era para violín. Recuerdo que esa pieza la toqué de memoria y ya lo había hecho en la práctica pero en esa ocasión algo pasó. Recuerdo que hacía mucho calor y yo estaba nervioso porque tocar algo de memoria nunca me ha sido sencillo, aparte uno de los sinodales no sé que tenía pero te hacía sentir más nervioso de lo normal, en el momento que empecé a tocar empecé a fallar y eso desató más nerviosismo e inseguridad, que me hicieron tocar mal, el tiempo lo sentía transcurrir lento y causaba una gran insatisfacción.

Participante 15

Era algo muy fácil. No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes, me parecía mala y sin sentido, me quitaba las ganas de seguir tocando, estaba claro de ideas y metas del evento, dudé sobre el haber aceptado a tocar, y de continuar tocando esa noche. Estaba perdido, no entendía nada de lo que se hacía, conocimiento total era algo muy simple. Sufría cada canción no quería seguir. Cambió mi idea de preparación grupal y conocimiento interpersonal en los integrantes. Trato de ensayar más y organizar bien lo que se va a interpretar; además de buscar que los demás entiendan desde su perspectiva lo que yo.

Participante 16

Una vez me invitaron a improvisar pero el grupo más bien lo hizo con Karma musical. Karma musical: no ensayan, no rolas, no nada. Me medio subí un rato no me gustó pues era demasiado “impro”, sin base sin nada, no había mucha gente, pero el hecho que más me molestó era que la banda nunca ensayara y de un día para otro quisiera hacer maravillas. Me molesta tanto que mejor ni lo escribo más.

Análisis de resultados

Con el fin de ilustrar de una mejor manera el contenido de todo el discurso de los participantes y su clasificación, a continuación presentamos las siguientes tablas con las categorías y frecuencias en orden de mayor a menor que se fueron realizando en ambos apartados; a) las mejores experiencias musicales y b) las peores experiencias musicales. Así como también se explican a qué se refiere cada categoría en base a las respuestas prototípicas de los músicos participantes. Algunos datos del discurso que no fueron clasificados en categorías nos brindaron también datos importantes para reflexionar. Asimismo hubo casos en que los participantes no arrojaron información relevante en su narrativa, debido probablemente a una confusión en las preguntas del instrumento.

Tabla 1

Mejores experiencias musicales

Frecuencias

Sentido control individual

20

Disfrute escénico

18

Concentración

14

Desafío y habilidad

9

Aprobación público

8

Atención público

8

Conexión con los otros músicos

7

Presencia metas claras

5

Retroalimentación positiva

4

Obtener un premio

2

Sensación de silencio en el acto

2

Referente a la categoría de “sentido control individual”, se encontraron estas respuestas: “un gran dominio de las piezas y un gran dominio del instrumento, recuerdo que hasta volteaba a ver una imagen a un costado del escenario y pensaba que el performance era perfecto”, “me sentía muy seguro”, “estuve ensayando desde meses antes, y debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar”, “no esperaba que me fuera a desempeñar de esa forma, creí que me iba a ir bien pero no tanto”, “era un proyecto totalmente libre, totalmente nuestro, hicimos lo que quisimos con la música (cambiar armonía, ritmos, cortes, etc.)”, “y yo me sentía seguro y de buen ánimo”, “Sobre el control, pues me sentí bien en lo personal, me sentía seguro”, “no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien la ejecución”, “Lo único que me desconcentró un poco fue que ya casi terminando la interpretación, un pedestal de platillo se cayó, pero no perdí la secuencia de la interpretación gracias a dios”, “pero cada paso que daba al estar tocando, me desconcentraba y tuve que optar por quedarme quieta y sólo sonreír entre cada canción”, “sentía que todo lo que estaba haciendo o lo que había ya hecho, iba por buen camino, sabía que tenía el perfecto control de la situación”, “considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento”, “Disfrutaba mucho esas épocas porque me hacía sentir que tenía control sobre mí mismo”, “me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo”, “como especie de quemadura en el pecho, taquicardia, sudor… y aunque la sensación era fuerte como para sentir miedo o ansiedad, me sentía segura”, “En cuanto a lo vocal sí era una melodía con muchos cambios y modulaciones, por lo que era un reto cantarlo a mi máxima rendición, pero me preparé bien con anticipación y pude hacerlo muy bien”, “me sentía muy cómoda conmigo misma, confiaba en mí, en mis músicos, así que sentí bastante control de la situación”, “no sé si lo sentí todo muy controlado o totalmente descontrolado, al punto que sentí todo en su lugar”, “Por ser un examen, yo me sentía nervioso, pero seguro hasta cierto punto”, “Me sentía confiado, seguro y apto para la ejecución”.

En la categoría de “disfrute escénico” se agruparon estas respuestas “creía que ese era él -éxtasis musical-“, “y lo mejor que logré mi objetivo, disfrutar mientras me superaba a mí misma”, “empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100%”, “felicidad jeje me encanta hacer música”, “sólo tenía en mi mente tocar bien y disfrutar ese momento”, “me sentí muy bien tocando y lo disfruté mucho”, “Me gustó, disfruté del momento, y poderlo compartir con mis amistades y familiares”, “Al final terminé con una gran sonrisa y una sensación de total satisfacción”, “disfruté mucho el momento a pesar de la presión, de esa manera, logré superar muchos obstáculos”, “me sentía muy bien tocando”, “Sensación de bienestar y satisfacción”, “Hubo la sensación de un gran placer y disfrute durante la ejecución de la canción realmente me sentí muy contenta durante el momento y al terminar sentí muy buena energía dentro de mí”, “El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar”, “El resultado final fue completamente de satisfacción”, “Mientras tocaba iba sintiendo alegría y fuerza ya que era una pieza muy enérgica. Al final sentí satisfacción porque había logrado hacer una buena ejecución para mí”, “Me sentía muy contento, concentrado, no sufrí nada, olvidé el cansancio del día, y no quería dejar de tocar”, “pero lo que hace esto una experiencia buena, es que me obligaba como un comandante a hacer algo que me gusta”, “sentí una tranquilidad interior y realmente gozaba tocar para la gente que ahí cenaba”.

Para la categoría de “concentración” se hallaron respuestas como “empezó la fuerza de las ganas de tocar y entonces canalicé esos nervios en concentrarme y no regar las cosas en el escenario”, “tuve que estar sumamente concentrada, ya que cualquier mínima distracción podría provocar que me desafinara”, “Me sentí bien concentrado”, “Me concentré en no distraerme, teniendo fija la mirada entre mis compañeros del grupo musical”, “En ese momento estuve al 100% enfocado en la música que estaba haciendo”, “Estuve todo el tiempo concentrada en no equivocarme y que todo saliera bien”, “y que debía mantener toda la atención en lo que hacía”, “pero en ese momento me concentré en lo que podía dar extra y ahí empezó mi carrera”, “siempre estoy concentrada en lo que estoy haciendo”, “Finalmente y evidentemente el modo y concentración de la ejecución en vivo es algo que se va desarrollando y trabajando con el tiempo”, “Traía muy buena concentración en lo que estaba haciendo, habíamos ensayado bastante así que no había distractores como nervios o miedo”, “me sentí más concentrada en la música en el momento”, “hubo un grado de atención y concentración máximo”, “Estaba muy concentrado en el sonido, integrantes, audiencia”.

La categoría de “desafío y habilidad” se caracterizó por respuestas tales como “No sentí sensación de dificultad ya que había ensayado bien días antes”, “debido al tiempo de ensayo, durante la presentación no batallé mucho en el momento de cantar”, “no tuve sensación de dificultad debido a que en la práctica pude desempeñar bien”, “considero que yo tenía un dominio muy grande de mi instrumento para el tiempo relativamente corto que llevaba tocando”, “La sensación de dificultad en relación con mi preparación no la tuve, me sentía preparada y enfocada en realizar bien el trabajo”, “el nivel de dificultad en el piano no era muy alto, a comparación de otras ejecuciones más complicadas que puedo realizar”, “Tuve una sensación de facilidad al tocar en el contexto en el que nos presentábamos tocando standards de jazz”, “la pieza la verdad tenía una gran dificultad técnica por la velocidad, la articulación, el registro, y por lo tanto expresar era difícil por todo lo que necesitaba cubrir antes de pensar en eso. La verdad no me aprendí bien la pieza por lo que preferí leerla”, “me pareció sencilla en cuestión técnica, no me gusta complicarme en el escenario”.

Para la categoría de “aprobación del público” se encontró “Y los nervios se fueron al tener la ovación de la gente al terminar la primer canción”, “y mucha aceptación del público”, “Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz, y el resultado, fueron gritos y aplausos del público”, “El resultado obtenido fue que el público me percibió como un buen músico, como un buen ejecutante”, “y el público notó esa entrega que tuve”, “Poco a poco me di cuenta de lo que le gustaba a la gente”, “la gente me admiraba por mis capacidades”, “Satisfacción de los integrantes, mía y del público”.

Las respuestas que se encontraron de acuerdo a la categoría de “atención del público” fueron “empiezas a disfrutar la música al estar viendo que la gente está al 100% poniendo atención a los sonidos que se fusionan en el grupo”, “el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos”, “Entré al escenario observé al público y sonreí”, “Muchos músicos famosos me estaban viendo”, “y esto va a transmitir al público lo que la pieza me hacía sentir”, “por otro lado también quería dar a conocer la canción que compuse y ver cómo reaccionarían la gente y también los jueces”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia”, “toqué con mucha presión pero a la vez me encantaba la idea de tocar para gente grande mientras cenaban”.

Para la categoría de “conexión con los otros músicos” las respuestas fueron “conexión con los otros dos músicos”, “empezando por el hecho de que los tres integrantes más, son excelentes amigos con un nivel musical semejante al mío, el que no había nadie que nos detuviera en ninguna idea que se nos ocurriera”, “inclusive vi que los demás del grupo y del staff estaban muy sorprendidos con mi actuación”, “habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar”, “al momento de comenzar a tocar con él, sentí una conexión extraordinaria y una energía excepcional”, “se debe de tener esa atención a los músicos con los que tocas para crear la mejor relación musical posible”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos”.

La categoría de “presencia de metas claras” se caracterizó por respuestas como “me propuse mi objetivo que más que impresionar al público era hacerlo conmigo misma, superarme y hacerlo como nunca para mí, me propuse vivir la canción por ese momento”, “ayudó a aclarar mis ideas sobre mis metas”, “considero que sabía a dónde quería llegar tocando”, “mi principal meta en esa actuación era disfrutarlo mucho y poder transmitir lo bien que habíamos estado compaginando los músicos y yo al tocar”, “Tenía muy claro que iba a concentrarme en la conexión con los músicos y la audiencia, esa era la meta”.

De acuerdo con la categoría de “retroalimentación positiva” se obtuvo “Al final del show hubo mucha gente que nos dijo que les encantó el grupo y que volviéramos pronto”, “Al terminar mucha gente me felicitó, fue una gran experiencia”, “fue lo que el público percibió y por eso ellos sintieron y así me lo dijeron, que les gustó mi presentación esta noche”, “los comentarios de la gente me hicieron crecer”.

En la categoría de “obtener un premio” encontramos “También tenía el deseo de ganar algo por mi canción o ejecución vocal así que eso era también una meta aunque no la prioritaria”, “El resultado obtenido fue muy bueno no sólo me sentí muy segura y contenta al terminar de tocar, también ganamos primer lugar y mejor vocalista, lo cual fue muy satisfactorio”.

Para la última categoría de “sensación de silencio en el acto” se obtuvo “el público estaba completamente atento a lo que nosotros tocábamos, se escuchaba un silencio”, “Mientras cantaba no se escuchaba un solo sonido en el auditorio más que mi voz”.

De acuerdo a las peores experiencias musicales, presentamos a continuación la tabla de categorías y sus frecuencias y posteriormente una explicación de cada una de ellas de acuerdo a las respuestas de los participantes.

Tabla 2

Peores experiencias musicales

Frecuencias

Emociones negativas (pena vergüenza, decepción, enojo, cansancio, preocupación, sufrimiento, nerviosismo, inseguridad, otras)

13

Sin disfrute escénico

10

Sin concentración

8

Falta de preparación

7

Desconexión entre músicos

6

Nervios

6

Pensamientos negativos

4

Fallas técnicas escénicas

4

Desaprobación por el público

4

Nervios por la opinión del público

2

Problemas físicos

1

En base a las respuestas clasificadas dentro de la categoría de “emociones negativas” se encontró lo siguiente “me bajé del escenario con pena, vergüenza y muy decepcionado de mí”, “anímicamente me sentí muy mal”, “Y la sensación de malestar, me sentí decepcionado de mí”, “cuando tengo muchas preocupaciones”, “así que me sentía muy mal”, “yo estaba pasando en ese momento por una situación emocional muy complicada para mí, así que eso me hizo sentir muy mal. Durante el concierto me sentí muy cansado y no sentí que di lo mejor de mí, me sentí muy decepcionado por no haber superado las dificultades”, “yo estaba muy cansada y muy enojada porque como había reprobado varias materias mis papás me habían dicho que era la última vez que tocaba hasta que mejorara en la escuela”, “era muy cansado y llegaban a aburrirme”, “la calidad del sonido no era tan bueno, esto me hacía sentir avergonzado”, “es sentir la sensación de sufrimiento de nervios y cansancio”, “y eso me hacía sentir insegura y como que creía que de cierta forma estaba haciendo un ridículo”, “en el momento que empecé a tocar empecé a fallar y eso desató más nerviosismo e inseguridad”, “Sufría cada canción no quería seguir”.

De acuerdo a la categoría de “sin disfrute escénico” se obtuvieron las siguientes respuestas “la pieza era muy monótona, a mí no me gustaba pero estaba dispuesto a tocarla”, “y ya no lo pude disfrutar como quería”, “La sensación de disfrute fue nulo, queríamos salir corriendo del lugar”, “Cuando pasa esto me desespero y no aguanto mucho ensayando, por lo que dejo de practicar y no es una sensación que disfrute”, “Muchas de las veces tocaba por mero compromiso no quería estar ahí”, “aunque hubo cosas que no me gustaron”, “No disfruté nada el momento pues todo el tiempo como que viví en una idea muy pesimista de que lo estaba haciendo muy mal y que eso era lo peor que me podía pasar”, “Para ser sincero no disfruté nada el momento pues odio que las cosas salgan mal por mi culpa”, “me quitaba las ganas de seguir tocando”, “Me medio subí un rato no me gustó pues era demasiado impro, sin base sin nada”.

En la categoría de “sin concentración” encontramos “Mi grado de concentración fue muy poco”, “Siento que se me dificulta concentrarme al querer interpretar una melodía”, “pero me era más difícil concentrarme”, “mi imaginación me fluyó”, “Durante mi experiencia no me distraje”, “Estaba muy desconcentrada”, “No hubo nada que me distrajera sino mis propios errores y fallas”, “No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes”.

Sobre la categoría de “falta de preparación” los hallazgos fueron “Un examen de piano, para el que no estudié nada”, “íbamos a tocar canciones “nuevas”, que teníamos poco tiempo de haberlas ensayado, no habíamos ensayado mucho”, “Me sentía preparada mas no ensayada”, “sino que no medí tiempo para ensayar lo que iba a interpretar”, “Trato de ensayar más y organizar bien lo que se va a interpretar”, “no ensayan, no rolas, no nada”, “pero el hecho que más me molestó era que la banda nunca ensayara”.

En la categoría de “desconexión entre músicos” se encontró “había una completa desconexión; no nos comunicábamos con la mirada ni con la música”, “estábamos tocando con una baterista que a mí no me gustaba su ejecución ni su actitud”, “yo no me sentía cómoda con los músicos ni con la música”, “no me sentía bien ensayada con los músicos que me acompañaban”, “para empezar fue una sensación de dificultad grandísima pues yo no encajaba bien con el baterista”, “No me podía concentrar por la incapacidad de comprender la interpretación de uno de los integrantes”.

Referente a la categoría de “nervios” las respuestas fueron “estaba tan nervioso que no pude tocar”, “sentí un tremendo vacío en el estómago, me había bloqueado por completo, se me había olvidado los cortes, las vueltas y cómo sería el final”, “durante la presentación estaba concentrada pero demasiado nerviosa, la mano me temblaba, no lograba controlarla”, “han sido las primeras veces de presentaciones en vivo, sobre todo yo que soy una persona nerviosa”, “estaba muy nerviosa”, “Recuerdo que hacía mucho calor y yo estaba nervioso porque tocar algo de memoria nunca me ha sido sencillo”.

Para la categoría de “pensamientos negativos” se encontró “También pasó por mi mente dejar de tocar”, “o estoy pensando en unas negativas”, “no podía dejar de pensar negativamente, sabía que mi ejecución no estaba siendo óptima”, “de hecho pensando ya no volver a cantar ni tocar, ni nada en público”.

De acuerdo con la categoría de “fallas técnicas escénicas encontramos las siguientes respuestas “demás no escuchaba bien uno de los instrumentos; el piano”, “el sonido en el escenario no ayudaba”, “durante el sound check, se cayó el stand de los teclados y se rompió uno de los teclados que iba a usar”, “El baterista se enojó porque no escuchaba la secuencia y estuvo todo el tiempo enojado y a mí me afectó”.

En la categoría de “desaprobación por el público” se encontró “pero todos gritaron bájense”, “y en lo que la gente pudiera estar pensando al escucharme”, “Sólo tratando de ver las expresiones de la gente, qué podían estar pensando de mí y diciéndome que lo estaba haciendo muy mal”, “aparte uno de los sinodales no sé que tenía pero te hacía sentir más nervioso de lo normal”.

Referente a la categoría “nervios por la opinión del público” las respuestas fueron “tenía tantos nervios de que a la gente de ahí no le fuera a gustar nuestra música”, “M el guitarrista iba a estar en primera fila, desde ahí no podía casi hablar, estaba aterrado y al momento que nos tocó participar, estaba tan nervioso que no pude tocar”, “me preocupaba mucho la opinión que pudieran tener sobre mi ejecución ya que constantemente la retroalimentación era negativa”.

Finalmente en la categoría de “problemas físicos” solo se encontró “acababa de salir de una gripa muy fuerte, había estado sin voz un par de días y todavía me costaba llegar a tonos altos. Sabía que yo podía cantar muchísimo mejor en otras condiciones más óptimas de salud. Pero en ese momento lo que canté me parecía difícil ejecutarlo dado mi estado físico”.

Discusión

Si bien nos queda claro que procesos psicológicos tanto positivos como negativos están presentes en las actividades que involucran música en este caso el de ser ejecutada (performance), coincidimos con algunos autores (Kendrick et al., 1982 en Steptoe, 1989; Osborne y Kenny, 2008; Montello, 1992; Tarrant y Leathem, 2007) en cuanto a que los músicos tienden a experimentar cogniciones y emociones negativas. Pero a la vez se encontró en nuestro estudio optimismo y/o sensación de disfrute; de ahí la importancia de que existe una “contradicción” o complejización en cuanto a que se encontraron emociones negativas y positivas en las mejores experiencias musicales, como por ejemplo sentir nervios pero después satisfacción, pudiendo describir el acto escénico (performance) como una especie de reto.

Por medio de este estudio coincidimos con la teoría de motivación intrínseca (Flow) de Csikszentmihalyi, no obstante lo cual otras consideraciones importantes también resultantes son dignas de atención, como por ejemplo el resultado de la interacción con el contexto cuando los participantes hablaban de estar tocando en un concurso, en un bar, en un festival, un examen, una graduación, el día del fallecimiento de alguien importante, entre otros. Asimismo cabe resaltar algunas de las estrategias de afrontamiento de los mismos músicos tales como concentrarse, no prestar atención al público, “no pensar y tocar”, entre otros, en lo cual pueden detectarse o bien contradicciones, o bien que que cada persona cuenta con sus propias estrategias de afrontamiento, y que quizá las que le sirven a unos no le sirvan a otros.

En lo que se refiere a las narraciones de las mejores experiencias musicales de los músicos participantes y su relación con dicha teoría, algunos puntos que coinciden son el del sentido de control individual, el balance entre desafío y habilidad, la presencia de metas claras, la concentración y la retroalimentación positiva, al igual que refieren otros autores (Bloom y Skutnick-Henley, 2005; Logan 1998). Otros puntos relevantes se refieren al disfrute escénico, la aprobación, atención y sensación de silencio por parte del público, la conexión entre los músicos del grupo y la obtención de un premio (motivación extrínseca), en donde pudimos observar una congruencia en la afectividad de la propia experiencia.

De acuerdo a los resultados de nuestro estudio, las categorías de sentido de control individual, disfrute escénico y concentración fueron las que puntuaron más alto, coincidiendo así directamente con lo propuesto en la teoría de Csikszentmihalyi (1990) en cuanto a motivación intrínseca (ver Tabla 1). Sin embargo, categorías con puntuaciones altas también se refieren a variables que tienen que ver con aspectos externos, con una motivación extrínseca, tales como la atención y aprobación del público, volviendo a aparecer aquí la anteriormente citada “contradicción”.

En lo referente a las peores experiencias musicales (ver Tabla 2), sobresale la categoría de emociones negativas, tales como pena, vergüenza y decepción, a la cual se relacionan otras categorías con menor puntaje como la de pensamientos negativos, sentir nervios y sentir nervios por la opinión de la audiencia, coincidiendo con Montello (1992).

Otras categorías que siguen a la de emociones negativas son la de sin disfrute escénico y sin concentración, contradiciendo claramente con lo opuesto que ocurre en las mejores experiencias musicales de los participantes.

Categorías con menor puntaje pero importantes a considerar son las de falta de preparación para el acto musical, la desconexión con los demás músicos del grupo y la desaprobación por parte del público.

Aunque la mayoría de los estudios se han realizado con músicos profesionales y estudiantes avanzados de música (Osborne y Kenny; 2008; Montello, 1992; Steptoe, 1989; Steckel, 2006; Kraus, 2003; Tarrant y Leathem, 2007), nos queda claro, pese a que nuestra muestra fue pequeña y no homogénea, que cualquier tipo de músico (profesional o amateur) que tenga actividad puede experimentar procesos psicológicos, ya sean positivos o negativos, los cuales se pueden trabajar para llegar a tener un mejor disfrute de la actuación.

Sugerencias

Al concluir este estudio, nos quedan algunos interrogantes importantes y dignos de ser retomadas en estudios posteriores, tales como las mejores y peores experiencias musicales en niños, diferencias entre hombres y mujeres, así como diferencias entre algunos géneros musicales en específico.

Sin duda alguna los datos que arroja nuestro estudio son de utilidad tanto para efectos de intervención psicológica como con fines educativos y de formación musical. Estos resultados nos hacen ver la importancia de considerar factores que si son trabajados a tiempo o a manera de prevención, pueden hacer que el músico ofrezca mejores interpretaciones, pero lo que quizá sea más importante es que el mismo músico logre disfrutar plenamente de su tarea.

Al comprobar que los músicos que tienden a experimentar emociones y cogniciones negativas se pudieran ver beneficiados por programas de preparación para manejo cognitivo con técnicas de restructuración en las cuales dichas cogniciones sean remplazadas por otras de carácter más adaptativo y enfocado en su realidad, sugerimos que algunas formas de trabajo de afrontamiento de los procesos cognoscitivos negativos pueden basarse en retroalimentación, usando videos de las mismas presentaciones musicales que han hecho así como también con técnicas de visualización, entre otras como la relajación muscular, respiración, meditación, imaginería, musicoterapia, improvisación musical y entrenamiento en asertividad, coincidiendo con diversos autores (Kendrick et al., 1982 en Steptoe, 1989; Osborne y Kenny, 2008; Montello, 1992; Tarrant y Leathem, 2007).

Por otra parte, las experiencias positivas que encontramos en este estudio en cuanto al sentido de control, el disfrute escénico y la concentración, pueden ser retomadas también para un trabajo de intervención psicológica en músicos, no sólo para quienes presentan dificultades, sino para cualquiera que quiera hacer de la música y su ejecución algo más satisfactorio.

Referencias bibliográficas

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VIGOTSKY, L. S. (2005): Psicología del arte. México: Distribuciones Fontamara.

El pan te pertenece

María Cristina Oleaga
Psicoanalista
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17. Y dijo al hombre: “Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida.
18. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo.
19. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”.
Genesis 3

“Por otro lado, me parecía importante formular una programa de futuro que no se limitara a un puñado de medidillas, sino que pudiera entusiasmarnos, hacernos soñar, movilizarnos. ¿O es que acaso esta renta incondicional no era interpretable como un camino capitalista hacia el comunismo, entendido éste como una sociedad que pueda escribir en sus banderas ‘de cada cual (voluntariamente) según sus capacidades, a cada cual (incondicionalmente) según sus necesidades’?”
Philippe Van Parijs

Freud y la maldición judeocristiana

Cuando Freud examina la relación de los seres humanos con la cultura dentro de la que incluye la institución del trabajo dice: “(…) la cultura es algo impuesto a una mayoría recalcitrante por una minoría que ha sabido apropiarse de los medios de poder y de compulsión” [1]. No cree que este rasgo sea esencial a la cultura, sostiene que está condicionado por las formas imperfectas de su desarrollo. Sin embargo, también afirma que, al edificarse tanto sobre la renuncia pulsional al incesto, al canibalismo y al gusto de matar como sobre la compulsión al trabajo, las tendencias destructivas y antisociales la acechan siempre. En este punto, Freud descree de la posibilidad de mejoras futuras.

Destaca, en este sentido, la rebeldía que se produce cuando la cultura satisface a un número de sus miembros mediante la opresión de la mayoría, la que trabaja sin tener más que una escasa participación en los beneficios que produce. “Huelga decir que”, dice Freud, “una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera ni lo merece” [2].

Este es el marco en el cual Freud ubica lo que denomina “aversión” de la masa al trabajo. No tiene pruebas, dice, de que el experimento soviético de cambio incipiente en ese momento logre resultados diferentes. Freud, producto de su época, cree en el poder del Padre, ensaya la idea de hacer descansar el destino de la cultura en conductores de masas que sean individuos arquetípicos, personas de visión superior que, a su vez, se eleven sobre sus propios deseos pulsionales. Pero Freud es escéptico incluso respecto de estas condiciones que imagina, salvo que en el futuro, dice, una educación, desde la primera infancia, en el amor y el respeto por el pensamiento sea la que logre cambios.

Para él, el narcisismo, los ideales, las insignias que favorecen las identificaciones con la cultura son puntos de apoyo para su sostén, contrapeso de los aportes laborales tan desiguales de sus miembros y de las hostilidades que así la amenazan. Las representaciones religiosas, el consuelo que aportan, sus promesas, van en la misma dirección. Recordemos que la obra freudiana transcurre en medio de la Revolución Industrial, con el tinte victoriano de un Superyó que prohíbe y también ordena; enmarca; en resumen: con una visión esperanzadora respecto del futuro de aquellos afortunados que podían cumplir los mandatos de la época. Someterse a la maldición prometía recompensas.

Más adelante, Freud ubica el origen del trabajo, ya no sólo en la compulsión de algunos sobre otros sino en un lazo íntimo con el amor y el erotismo. Así, señala que la compulsión al trabajo se origina en el apremio exterior que llevó al hombre primitivo a descubrir que el trabajo era lo que “podía mejorar su suerte sobre la Tierra” [3]. El otro se transforma, así, en un colaborador con quien era útil vivir en común, trabajar con él y no en su contra. Agrega, también, un segundo ingrediente que refuerza la convivencia humana: “el poder del amor” [4] que mueve al varón a no querer privarse de su objeto sexual y a la mujer a no querer separarse de su hijo.

Cabe retener este origen del trabajo y de la convivencia para pensar de qué modo las sucesivas formas socioculturales y los desarrollos de la economía les dieron destinos diferentes, incluso muy lejanos y hasta opuestos. En esta teorización freudiana el trabajo aparece valorado por el hombre a partir de los frutos que le brinda, así como la colaboración del otro y el establecimiento de la unidad familiar, primera también unidad laboral. Los aspectos tanáticos, que no hay que desconocer, resultan atemperados en esta versión. La acumulación primitiva es el origen de los factores para pensar lo que Freud señala como compulsión de la minoría sobre la mayoría.

En relación a la consideración del trabajo, también tenemos que destacar el concepto freudiano de sublimación, único destino pulsional que se cumple sin represión y que, al no conmover nuestra corporeidad, dice Freud, procura ganancias de placer “más finas y superiores” aunque de intensidad amortiguada [5]. Así, respecto de lo que nombra “trabajo profesional ordinario” dice: “Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana. La posibilidad de desplazar sobre el trabajo profesional y sobre los vínculos humanos que con él se enlazan una considerable medida de componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confiere un valor que no le va en zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad. La actividad profesional brinda una satisfacción particular cuando ha sido elegida libremente, o sea, cuando permite volver utilizables mediante sublimación inclinaciones existentes, mociones pulsionales proseguidas o reforzadas constitucionalmente” [6].

Indudablemente, son muchos los beneficios que Freud atribuye a esta actividad humana y no sólo en cuanto a la entrada del hombre primitivo a la cultura sino también en relación con las distribuciones libidinales que preservarían su salud psíquica. Esta visión freudiana transforma en bendición la maldición bíblica sobre el trabajo, aunque quede en el misterio, para Freud, el saber por qué una tal capacidad sublimatoria no sería asequible a todos [7]. Es tal el lugar que Freud otorga al trabajo que amar y producir son para él los datos esenciales para pensar en la curación [8]. Cobra aquí especial importancia la palabra producir en relación con la posibilidad de desligarla del trabajo en tanto alienado y pensarla vinculada al destino pulsional de la sublimación, sea cual sea su accionar y su producto.

¿Qué destino para la maldición?

Podemos recorrer varios de los artículos previos de nuestra Revista [9] para examinar condiciones de época que hacen indispensable el replanteo drástico del lugar del trabajo en la sociedad y, por lo tanto, en la economía libidinal. Para resumir algunos de los rasgos que están extensamente desarrollados en los números citados, podemos nombrar la caída de los ideales, que servían de amparo a la subjetividad; la desnudez del mandato superyoico a un goce ilimitado que apunta al consumo y a las modalidades adictivas; la caricaturización de cualquiera de las figuras representativas del Padre como autoridad que ampara; la desvalorización del amor y de la ternura a favor del narcisismo y del autoerotismo, los efectos arrasadores de la globalización y del reino del mercado y la tecnociencia y por consiguiente la puesta en primer plano del desamparo original. El Amo ya no cuida a pesar de explotar; ahora se trata del anonimato de las finanzas, de la globalización del poder del capital que, a pesar de no tener rostro, va y viene por el mundo a su antojo y deja tras de sí consecuencias nefastas para los seres y para el medio ambiente. Basta recordar que los emprendimientos más rentables del capitalismo global son el narcotráfico, la venta de armas para la guerra y la trata de personas.

En este marco, si antes se señalaba que era necesario sufrir para poder gozar —“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”— hoy se impone el deber de gozar incondicionalmente, por fuera de cualquier consideración que incluya el límite, la castración. Asimismo, gozar está significado como consumir, razón por la que se aleja del alcance de mayorías cada vez más abrumadoras. Hay casi treinta millones de desocupados europeos, cinco millones en Argentina, seres desprovistos de todo, desechos de la operación capitalista, desarticulados entre sí, sin futuro inmediato. Los desocupados europeos reciben seguros de desocupación precarios y los nuestros se hunden en la exclusión. Hay ya, en nuestro país, tres generaciones de sujetos desligados del trabajo y, por lo tanto, de sus congéneres, así como de la posibilidad de tramitar impulsos libidinales de modo satisfactorio en este quehacer. Muchos encuentran consuelo en la narcosis de las drogas otra de las satisfacciones compensatorias al malestar que Freud estudió y de las sectas, religiosas o de otro orden.

Diversos autores han estudiado las nuevas condiciones del trabajo y, también, las transformaciones posibles para pensar en cambios sociales favorables. En este sentido, me interesa particularmente la visión de Franco Berardi. Este autor ve un camino para el cambio allí justamente donde más oscuro parece el porvenir. Berardi reconoce que el trabajo, tal como lo entendemos, ya no ocupa un lugar privilegiado en la sociedad y dobla la apuesta: nos dice que el trabajo ya no es necesario. Tiene, en este sentido, una visión opuesta a la de otros activistas de izquierda, los que se esfuerzan en defender las fuentes de trabajo. Él propone sabotearlas pues, dice Berardi, hay que subvertir todos los valores de la sociedad capitalista, tomar los poderes que da el trabajo de lo que se conoce como cognitariado y dar un golpe de timón a lo que, de otro modo, lleva a la catástrofe.

Para él, nada hay a defender en la fuente de trabajo y sí en la renta ciudadana o renta básica incondicional, al decir de su ideólogo, el filósofo belga Philippe Van Parijs. Los avances técnicos permiten que el trabajo se realice cada vez con menos participación humana y que los productos, desde los más accesibles hasta incluso las viviendas, tengan menores costos, con lo cual el acceso a ellos debería estar cada vez más facilitado para todos si no fuera por la avidez capitalista. En este sentido, la maldición bíblica es sintónica con la naturalización de la propiedad privada de los medios de producción y con la dependencia del sujeto de su suerte al nacer. La idea de la renta básica incondicional reflota la vieja utopía de que cada uno reciba según sus necesidades y contribuya según sus capacidades. El pan, como símbolo, es un derecho y no una mercancía a ganar.

Dice Berardi: “Porque la política no puede. ¿Qué puede? La inteligencia colectiva, el cerebro colectivo, los cien millones de proletarios cognitivos que viven y trabajan al interior de la Silicon Valley global. Ellos son la fuerza que puede algo ¿Qué puede? Puede sabotear y puede reprogramar. Son las dos acciones que tenemos que hacer en el futuro. Una acción es bloquear y subvertir el proceso de producción capitalista. Sabotear la guerra, sabotear la seguridad imperialista. Pero, además de sabotear, podemos reprogramar la maquina global, reprogramar la distribución de los recursos, reprogramar la distribución de la riqueza, el tiempo de trabajo, la relación entre trabajo y vida cotidiana. Todo eso no es objeto de decisión política. No lo es. Es objeto de programación cognitiva técnica e informática. No se trata de decir: “la sociedad tiene que tomar el poder político”. Se trata de decir: los trabajadores cognitivos, junto a la sociedad entera, naturalmente, pueden y deben sabotear, bloquear y reprogramar la máquina global” [10].

Berardi marca la catástrofe a la que lleva el capitalismo, el sufrimiento subjetivo propio de los rasgos epocales que señalábamos y que cada vez más, obviamente con características singulares, encontramos en las consultas: “Los efectos de la competencia, de la aceleración continua de los ritmos productivos, repercuten sobre la mente colectiva provocando una excitación patológica que se manifiesta como pánico o bien provocando depresión. La psicopatía (debe entenderse como “patología psíquica”, Nota del E.) está deviniendo una verdadera epidemia en las sociedades de alto desarrollo y, además, el culto a la competencia produce un sentimiento de agresividad generalizado que se manifiesta sobre todo en las nuevas generaciones.”

“Quien no logra seguir el ritmo es dejado de lado, mientras que para quienes buscan correr lo más velozmente posible para pagar su deuda con la sociedad competitiva, la deuda aumenta continuamente. El colapso es inevitable y de hecho un número cada vez más grande de personas cae en depresiones, o bien sufre de ataques de pánico, o bien decide tirarse debajo del tren, o bien asesina a su compañero de banco. (…) La guerra por doquier: éste es el espíritu de nuestro tiempo. Pero esta guerra nace de la aceleración asesina que el capitalismo ha inyectado en nuestra mente” [11].

Cuando se refiere a la subversión de los valores, dice: “El vacío de la política puede ser rellenado solamente por una práctica de tipo terapéutico, es decir, por una acción de relajación del organismo consciente colectivo. Se debe comunicar a la gente que no hay ninguna necesidad de respetar la ley, que no hay ninguna necesidad de ser productivo, que se puede vivir con menos dinero y con más amistad. Es necesaria una acción de relajamiento generalizado de la sociedad. Y es necesaria una acción psicoterapéutica que permita a las personas sentirse del todo extrañas respecto de la sociedad capitalista, que les permita sentir que la crisis económica puede ser el principio de una liberación, y que la riqueza económica no es en absoluto una vida rica. Más bien, la vida rica consiste en lo contrario: en abandonar la necesidad de tener, de acumular, de controlar.” (…)

“Crear islas de placer, de relajación, de amistad, lugares en los cuales no esté en vigor la ley de la acumulación y del cambio. Esta es la premisa para una nueva política. La felicidad es subversiva cuando deviene un proceso colectivo” [12].

La maldición en el consultorio

Cuando Bifo habla de acción terapéutica se refiere a una nueva forma de activismo, a un replanteo de los imaginarios y de los lazos sociales. Cuando a nuestra consulta llega alguien que padece y relata sus situaciones laborales, su sufrimiento frente a la arbitrariedad, la inestabilidad que siente ante la precariedad de su fuente de trabajo, etc., nuestro lugar no es el del activista, sin duda, pero somos convocados a alojar y dar un curso a ese padecimiento. Es un cambio de paradigma el que se impone reconocer, aunque este momento sea el de la bisagra: sólo avizoramos una tendencia, un camino en relación con la caída del trabajo como institución, sin que por ello podamos desconocer su presencia y su pregnancia, su función ordenadora hoy.

Encontramos diferencias muy significativas en los sujetos afectados por estos cambios. Desde luego, estamos generalizando, operación de riesgo pero necesaria, de entrada, para abordar un tema y estudiarlo. Por un lado, las diferencias se presentan en relación con las extracciones de clase. Hay sectores que sufren los vaivenes laborales sin sentirse amenazados por la exclusión. Tienen recursos, económicos y culturales, para afrontar cambios, por más drásticos que éstos sean. Otros, menos favorecidos, encuentran que toda su vida pende de un hilo ante la inestabilidad laboral porque saben que si pierden el trabajo no cuentan con medios para sobrevivir dentro del sistema. Estas referencias de clase se cruzan, además, con los datos etarios y de género.

Los sujetos mayores sienten como más peligroso el cambio en general y sobre todo el cambio en áreas laborales, incluso cuando, por su preparación, puedan reacomodarse. Aún pesan los discursos —“El trabajo dignifica”; “El trabajo es salud”, por ejemplo que hacían del trabajo el eje de la vida, trabajo a transcurrir en el mismo sitio, al modo de una carrera, como una insignia que se vinculaba al honor personal y se premiaba y valoraba como tal.

Asimismo, encontramos diferencias que se juegan en el género. Los hombres han sido, tradicionalmente, los depositarios del rol de proveer. El trabajo es parte fundante de su identidad masculina, su sostén fálico. Cuando vacila esa identificación, se conmueve todo el sistema identitario. Las mujeres tienen, por estructura, mayor vecindad con la fragilidad: los vaivenes identificatorios el cuerpo como falo, pero también el niño y, ¿por qué no?, los logros laborales las identificaciones múltiples que coexisten. Este rasgo favorece su posibilidad de encarar mejor los golpes del desempleo. Salvo cuando son, a su vez, el único sostén de la familia.

La cara virtuosa de los cambios epocales es que afectan de otro modo a los más jóvenes, sobre todo a los que se han formado, o sea a los de clase media, media alta y alta. Este grupo etario descubre que el trabajo no tiene por qué ser una maldición. No están dispuestos a sostener lugares perdidosos o de sometimiento innecesario y se arriesgan a buscar caminos personales más placenteros, de menor dependencia. Ya que todo es igualmente riesgoso e inestable al menos quieren evitar el sufrimiento. La inestabilidad se vuelve aventura, el riesgo desafío. Hay en marcha una destitución de imaginarios socialmente establecidos y estos sujetos son tomados por otros, más permisivos. Se da una ligazón reiterada en estos jóvenes entre trabajo y placer. En varios sitios hemos incluido otros efectos, dañinos, que también se producen sobre los jóvenes a partir de los cambios de época y no los retomaremos aquí [13].

Es importante estar atento a las nuevas representaciones que surgen en relación tanto con el trabajo como institución como con el lugar del sujeto mismo en esas nuevas condiciones. Así, se puede enmarcar la escucha en ese cruce entre sector de clase, género y grupo etario, además de habérnoslas —desde luego— con las singulares coordenadas subjetivas de cada quién.

Cuando las condiciones —edad y formación o pertenencia de clase— llevan al sujeto a sentir que depende absolutamente del trabajo, que su inserción en el sistema no está en absoluto en sus manos, el sufrimiento es notable. Los recursos personales desaparecen en esta depositación masiva que hace del proveedor de trabajo el dueño de su destino. Creo que estos son impedimentos a cuestionar, a destituir en lo posible, para permitir a estos sujetos el encuentro con sus íntimos obstáculos y posibilidades. A veces, y no pocas, estos movimientos de vacilación de los imaginarios rígidamente instituidos permiten un cambio en la posición fantasmática y un encuentro con capacidades ignoradas que pueden ligar de otro modo al trabajo con el placer. No se trata de forzar hacia la sublimación operación contra la que la Freud nos prevenía sino de levantar obstáculos para su despliegue.

Asimismo, nuestra escucha e intervención puede hacer una barrera al aislamiento en que estos sujetos suelen caer, alentar el mantenimiento de lazos libidinales incluso con intervenciones sobre los otros significativos. La gente que vive en barrios de clase media baja, por ejemplo, tiene mejores oportunidades de juntarse con otros, de formar lazos laborales horizontales, independientemente de los resultados económicos precarios que obtengan. Recordemos, en este sentido, las dificultades que atraviesan tanto las cooperativas como las fábricas recuperadas, verdaderas islas en medio de la máquina del capital. Tienen que vérselas tanto con la agresión del sistema como con la autoexplotación y el trabajo a destajo para sobrevivir. Sin embargo, también es notable la función terapéutica de los lazos que se crean y se fortalecen también en medio de la adversidad [14].

No podemos desconocer que la mayoría de los afectados por esta descomposición de la institución del trabajo no llega a la consulta, que la narcosis sigue siendo uno de los refugios ante la exclusión que sucede a la desocupación, que el aumento de su incidencia y el descenso de las edades de comienzo señalan fenómenos de desintegración social de difícil retorno sobre los que no nos es dado intervenir directamente. Esta época de bisagra, de agonía de lo viejo cuando lo nuevo no logra definirse, es quizás la más devastadora para las subjetividades afectadas, que se transforman en desecho de la operación.

Más allá de los obstáculos que se interponen para que la institución trabajo, tal como la hemos conocido, pueda ser definitivamente enterrada; más allá de lo difícil e incierto que es que el capitalismo mismo pierda la naturalización en la que está inmerso, se me hace claro que, al tener como telón de fondo una nueva concepción del trabajo incluso como innecesario, puedo operar con mayor libertad, al relativizar el peso de las significaciones que agonizan [15].

Notas

[1] Freud, Sigmund, El Porvenir de una Ilusión, 1927, pág. 6, Obras Completas, Tomo XXI, Amorrortu 1987.
[2] Ibid (1), pág. 12.
[3] Freud, Sigmund, El malestar en la cultura, 1930, pág. 97, Obras Completas, Tomo XXI, Amorrortu 1987.
[4] Ibid (3), pág. 99.
[5] Ibid (3), pág. 79.
[6] Ibid (3), pág. 80, n 5.
[7] Oleaga, María Cristina, Esa mágica aptitud, ¿Clínica del Vacío?, El Psicoanalítico 25: Argentina: la continua fiesta de la insignificancia.
[8] Freud, Sigmund, Conferencias de introducción al psicoanálisis, 28 Conferencia. La terapia analítica, 1916/7, Obras Completas, Tomo XVI, pág. 416, Amorrortu 1987.
[9] Recomendamos especialmente la lectura de los números 1, 11, 16, 18, 21, 23, 24, 25 y 26, así como el presente.
[10] Berardi, Franco Bifo, Página 12, Radar Libros, Pánico el Pánico, domingo 24 de julio de 2016.
[11] Berardi, Franco Bifo, La Vaca, ¿Quién es y cómo piensa Bifo?, 26 de febrero de 2008.
[12] Ibid (10).
[13] Oleaga, María Cristina, Jóvenes, “Llegó con tres heridas”; El Psicoanalítico, Sección Último Momento; Hoy el padre no sabe pero las TCC sí, Primera parte, El Psicoanalítico 12: Otoño del patriarcado … (¿?)
[14] López Echagüe, Hernán, La política está en otra parte (Fragmento).
[15] Chairo, Luciana y Ciari, Germán, Insignificancia, progresismo y psicoanálisis. Parte I: Etiología de la insignificancia yl capitalismo como máquina de quemar, El Psicoanalítico 26: ¡Consume! El Otro te ama.

Por gentileza de El Psicoanalítico