Archivo del Autor: revista-epsys

Paul Ricouer | Crítica de las ideologías en clave hermenéutica

Claudia Fuentes Martínez
Universidad Diego Portales, Facultad de Ciencias Sociales e Historia, Santiago (Chile)

La ideología es el pensamiento de mi adversario; es el pensamiento del otro.
Él no lo sabe, pero yo lo sé.
Paul Ricoeur. Ciencia e ideología

Introducción

Las palabras del epígrafe proceden de Ricoeur (2001:281) y con ellas caracteriza la posición del “hombre de la sospecha” frente a la ideología; sintetizan, también, las dos cuestiones fundamentales que, a mi juicio, pretende superar su propuesta para una crítica de las ideologías desde una perspectiva hermenéutica. Por una parte, la reducción del fenómeno ideológico a una suerte de ilusión o falsa representación de lo real (mi adversario está engañado y no lo sabe) que oculta el hecho de la dominación; por otra parte, y derivado de lo anterior, la pretensión de que quien en este caso juzga, el hombre de la sospecha, está libre de los condicionamientos ideológicos que es capaz de advertir en el pensamiento de los demás (mi adversario está engañado y no lo sabe, pero yo lo sé).

Lo que Ricoeur propone es examinar esta concepción inicial de la ideología para descubrir, primero, que en ella están contenidas dos funciones ideológicas distintas: la función de distorsión (la falsa ilusión) y la función de justificación (insinuada, aquí, bajo su forma de dominación); segundo, que existe otra dimensión ideológica más profunda que esta concepción supone pero no explicita, sobre la cual se constituye el mundo social y a la que está sometida toda comprensión humana. Esto nos lleva al segundo punto en cuestión: si toda comprensión está condicionada por la ideología, se hace necesario replantear la posibilidad, los alcances y los límites de una crítica de las ideologías para escapar del “gesto de arrogancia” de quien se presume libre de ellas.

Al respecto me propongo desarrollar los argumentos que sostienen estos postulados de Ricoeur para centrarme, finalmente, en la utopía como instancia crítica de la ideología.

I. Sobre el concepto de ideología

Ricoeur distingue tres usos legítimos del concepto de ideología, correspondientes a las tres funciones que ellas cumplirían como dimensiones del imaginario social. El primero le asigna a la ideología la función de disimular —mediante representaciones falsas o imágenes invertidas— la vida real de los hombres. Esta concepción negativa descrita por Ricoeur en La ideología y la utopía, dos expresiones (1984) encuentra sus antecedentes en los escritos en torno a la Esencia del Cristianismo de Feuerbach, en los que el autor critica a la religión como inversión que proyecta atributos del hombre a un ser divino imaginado, crítica que el joven Marx recoge en La ideología alemana y hace extensiva a la relación de inversión general entre la representación social y la praxis humana [1].

Los supuestos de la ideología como distorsión, considerada como función única, se derivan de los contenidos mismos de su definición: si la ideología es sólo la inversión de “lo real-social”, si entre esta representación invertida de la realidad y la praxis misma no hay simbolización mediadora alguna, entonces, quien desenmascara la distorsión se sitúa, también, fuera de toda representación. Dicho de otro modo, en el discontinuo “Imagen falsa” y “Vida Real” quien logra liberarse de la primera entra al reino no simbolizado de la segunda.

Pero, ¿no exige esta definición de la ideología como falsa representación, otra forma de representación anterior que sufre la “deformación” que se denuncia; una suerte de imagen primera —para seguir la metáfora de Marx— que será invertida por la función distorsionadora de la ideología? Planteo el asunto en forma de cuestionamiento a esta concepción de la ideología para destacar el hecho de que Ricoeur en La ideología y la utopía, dos expresiones (1984) no propone considerar un uso alternativo ajeno al que estamos examinando: su objetivo es llevar la función de distorsión hasta sus últimas implicancias para mostrar que ella supone, en sí misma, una función más profunda y anterior que permanece oculta tras el fenómeno de la distorsión.

Si se admite que la vida real —la praxis— precede de derecho y de hecho a la conciencia y sus representaciones, no se comprende cómo la vida real puede producir una imagen de sí misma y, con más razón una imagen invertida. Dicho de otra manera, si la acción no está llena de lo imaginario, no se ve cómo una imagen falsa podría nacer de la realidad (352).

Lo que la función distorsionadora de la ideología supone es que la vida social tiene una estructura o “forma” simbólica sobre la cual se ejerce la deformación. Conviene, entonces, remontarse a un momento más primitivo en la relación entre praxis y representación para examinar una función más elemental del imaginario social. Llegamos, así, a lo que Ricoeur denomina “función integradora” de la ideología [2]. Quisiera abordar este asunto desde un punto de vista parcialmente distinto al que he seguido hasta ahora, para considerar la función integradora no ya como una exigencia de la función de deformación, sino como una exigencia de la vida social misma. Sobre este particular, Ricoeur afirma en la Conferencia introductoria: “Sostengo, pues, la hipótesis de que cuando se trata de seres humanos no es posible un modo de existencia no simbólico y aun menos un tipo no simbólico de acción. La acción está inmediatamente regida por moldes culturales que suministran plantillas o modelos para organizar procesos sociales y psicológicos” (2001:54).

La acción social se constituye sobre la base de una mediación simbólica que —dirá Ricoeur (2001) comentando a Max Weber en su ensayo homónimo— permite al sujeto que actúa atribuirle un sentido a su acción y orientarla en función de los motivos de los demás, en un sistema de significaciones estable que preserva la identidad del grupo social. Es esta mediación simbólica la que permite al grupo darse una imagen constante de sí mismo y creer que tiene una identidad propia, la que realiza la ideología en su dimensión de integración.

Para graficar la función integradora de la ideología, Ricoeur recurre al ejemplo de las ceremonias conmemorativas mediante las cuales las comunidades reviven el acto fundacional al que atribuyen sus orígenes. En estos casos, la ideología como integración permite difundir la creencia de que el acto fundador, del que estamos temporalmente distanciados —y que, por tanto, debemos interpretar retroactivamente— es un elemento constitutivo de nuestra memoria social y de nuestra identidad como comunidad.

La pregunta es, entonces, cómo se pasa de esta función constructiva de la ideología mediante la cual la comunidad logra representarse a sí misma y constituirse como tal, hacia la función distorsionadora denunciada por Marx. En La ideología y la utopía, dos expresiones, Ricoeur encuentra la respuesta en el problema de la legitimación de la autoridad. Todas las comunidades alcanzan un estadio de desarrollo en el que se produce una jerarquización social basada en la distinción entre gobernantes y gobernados. Los gobernantes no pueden imponerse a la comunidad recurriendo sólo a la violencia y, por eso, necesitan legitimar su autoridad para obtener el consentimiento y la cooperación de los gobernados. Sin embargo, existe siempre una relación asimétrica entre el nivel de legitimidad requerido por quienes detentan el poder y la legitimidad que están dispuestos a reconocerle quienes están sometidos al poder. Y es este déficit de legitimidad o “plusvalía de creencia”, como lo llama Ricoeur, el que viene a cubrir la ideología en su tercer uso: la ideología como justificación. Ahora bien, cuando la justificación se realiza persuadiendo al grupo social de que los intereses de la clase dominante tienen validez para todos los demás; cuando se universaliza aquello que sólo tiene un carácter particular y se proyecta una “imagen invertida de la vida social”, la justificación, según señala Ricoeur en Ciencia e ideología (2001), ha devenido distorsión.

Lo que Marx aporta de nuevo se destaca sobre ese fondo previo de una constitución simbólica del vínculo social, en general, y de la relación de autoridad en particular. Y lo que agrega es la idea de que la función justificadora de la ideología se aplica de un modo privilegiado a la relación de dominación surgida de la división en clases sociales y de la lucha de clases (288).

Es ésta, también, la dimensión de la ideología que denuncian las teorías críticas cuando sostienen que la ciencia y la tecnología ocultan, tras una pretendida neutralidad científica, su función de justificación del sistema capitalista.

Tres consecuencias se deducen de lo que hasta aquí he señalado. En primer lugar, el postulado de Ricoeur de que la sociedad se constituye simbólicamente a partir de la interpretación que la comunidad hace de sí misma, implica que la ideología como función de integración es un fenómeno ineludible de la vida en sociedad. En segundo lugar, considerando que la integración de un grupo no se reduce nunca al fenómeno de la autoridad, debemos reconocer que, junto con las funciones de justificación y distorsión, permanece un espacio auténtico para la ideología como integración. Por último, atendiendo al carácter inevitable que —según Ricoeur— tiene esta secuencia de las funciones ideológicas que se inicia con la integración, se transforma pronto en justificación, para degenerar finalmente en distorsión. Por lo mismo, se hace inminente la necesidad de una crítica permanente de las ideologías que asuma la imposibilidad de acceder a un estadio libre de toda mediación ideológica, según se expone a continuación.

I. Posibilidad, alcances y límites para una crítica de las ideologías

En la búsqueda de los alcances y límites de una crítica de las ideologías, convengamos en que toda actitud crítica exige una posición de distancia entre quien realiza la crítica y aquello que critica. La cuestión, entonces, es saber si podemos acceder a una posición semejante frente a la ideología, y cuál sería en ese caso el estatuto epistemológico de dicha posición.

Ricoeur aborda este asunto examinando la relación entre ciencia e ideología desde dos enfoques epistemológicos distintos (2001:279-305). En primer lugar, considera el enfoque positivista, sobre el supuesto de que los criterios de cientificidad establecidos por este enfoque (a saber, explicación integral del objeto de estudio, y falsabilidad y verificación empírica de sus conclusiones) han situado a las ciencias exactas en una posición de distancia privilegiada frente al fenómeno ideológico. Sin embargo, en las llamadas ciencias sociales, las teorías logran cumplir sólo con uno de estos dos requisitos y, por tanto, quedan fuera del modelo positivista, pues, las teorías parciales que utilizan metodologías de investigación cuantitativa responden a los criterios de falsación y verificación, pero, para ello deben sacrificar una explicación global del mundo social. Del mismo modo, las teorías sociales unificadoras plantean explicaciones integrales que, sin embargo, no pueden ser verificadas empíricamente. De este modo, las teorías sociales no pueden reclamar, para sí, la ruptura epistemológica que los criterios positivistas permiten establecer entre ciencia e ideología.

El segundo enfoque examinado por Ricoeur, es el enfoque crítico. En este caso, se sitúa en una posición distinta a la que adoptara frente al positivismo. No se trata, ya, de partir del supuesto de que el enfoque crítico logra establecer una ruptura epistemológica con la ideología, sino de advertir sobre tres dificultades que enfrenta cuando se propone la ruptura. La primera dificultad consiste en hacer de la teoría crítica una teoría combativa. En este caso, ejemplificado en las obras de Lenin y Althusser, principalmente en la lectura que el segundo hace del primero en Lenin y la Filosofía (1986), se corre el riesgo de transformar al “lugar desde el cual se combate” en un lugar ideológico en su sentido de distorsión, clausurando radicalmente la posibilidad de analizar nuevos fenómenos sociales y, más grave aún, justificando una forma particular de dominación: la dominación del partido y su clase dirigente.

La segunda dificultad se vincula con la reducción que hace Marx en La ideología alemana del fenómeno ideológico a su función de distorsión, ya analizada. En este caso, el problema radica en que una teoría crítica que asume a la ideología como la inmediata deformación de un mundo social no simbólico, no logra dar cuenta del origen de esta deformación. En efecto, si consideramos que lo social, es desde siempre una realidad simbólica, entonces, la tarea de remontarse a un “real-social” anterior a ella es irrealizable. En Manheim, Ricoeur afirma que “Nadie conoce la realidad fuera de la multiplicidad de maneras en que está conceptualizada, puesto que la realidad siempre está metida en un marco de pensamiento que es él mismo una ideología” (2001:201).

Por último, nos enfrentamos a la dificultad de pretender realizar una crítica radical de la ideología, bajo el supuesto de que podemos acceder a la posición privilegiada del espectador absoluto —ya sea bajo la forma del “investigador hiperconsciente” exigida por la pretendida neutralidad axiológica de las teorías que explican la acción en término de proyectos; ya sea bajo el supuesto de que en cada momento del todo, el todo se expresa en su totalidad, como en el caso de las teorías sistémicas— y, desde ese punto de vista, sustraernos a la mediación ideológica a la que están sometidos los demás. En este caso, la objeción de Ricoeur apunta a la imposibilidad del hombre de realizar la “reflexión total” que la conciencia radicalmente crítica exige, porque todo pensamiento está sujeto a un condicionamiento social del que no podemos liberarnos en forma absoluta.

En conclusión, si la crítica de las ideologías no puede realizarse desde la distancia que el enfoque positivista y sus criterios de validación le confieren a las ciencias exactas; y si el enfoque crítico nos enfrenta a las dificultades señaladas (transformación de la crítica en ideología deformadora, imposibilidad de llevar a la crítica hasta una dimensión no simbólica de lo real; imposibilidad de la reflexión total) ¿bajo qué condiciones podría emprenderse una crítica de las ideologías? o, como lo plantea Ricoeur en Manheim, “¿qué clase de nuevo criterio para un punto de vista valorativo puede emerger después del derrumbe de todos los criterios objetivos, trascendentes, empíricos?” (2001:199), la respuesta la encuentra en la hermenéutica de la comprensión histórica.

Esta hermenéutica histórica parte del supuesto de que no podemos situarnos en una posición de distancia absoluta respecto de todos nuestros condicionamientos, porque el saber está precedido por una relación de pertenencia que no podemos hacer consciente en toda su dimensión. En Hermenéutica y Crítica, Ricoeur afirma: “La historia me precede y se anticipa a mi reflexión. Yo pertenezco a la historia antes de pertenecerme” (2001:314). Esta condición de pertenencia es la que se expresa en la “precomprensión que nos constituye y que somos”, de la que forma parte la ideología como mediación simbólica. Sin embargo, el distanciamiento exigido por la crítica es posible, primero, por nuestra propia condición de sujetos históricos que nos expone a lo que Gadamer, en Kleine Schriften llamó la conciencia de la historia de los efectos —“conciencia de estar expuestos a los efectos de la historia y su acción” (319)— y que sólo puede realizarse desde el hecho de la distancia; segundo, porque la reflexión que es precedida y anticipada por la historia —parafraseo a Ricoeur— exige que adoptemos como comportamiento metodológico el distanciamiento respecto “del decir” —en nuestro caso del decir ideológico— para pensar “lo dicho”. Esbozamos así la relación dialéctica que se da entre la comprensión propia de la relación de pertenencia y la explicación que exige el distanciamiento. En Explicar y Comprender, Ricoeur afirma que “La comprensión es más bien el momento no metodológico que, en las ciencias de la interpretación, se combina con el momento metodológico de la explicación. Este momento precede, acompaña, clausura y así envuelve a la explicación. A su vez, la explicación desarrolla analíticamente la comprensión” (2001:167).

Con la dialéctica del comprender y el explicar que pone en relación nuestra pertenencia a un mundo social constituido ideológicamente y el distanciamiento que opera en nuestro esfuerzo por reinterpretarlo, la posibilidad de una crítica de las ideologías encuentra su lugar en la tarea de la hermenéutica. Veremos a continuación cómo se concreta esta posibilidad en la dialéctica entre ideología y utopía.

III. La utopía como instancia crítica de la ideología

La función básica de la ideología en sus tres dimensiones es reafirmar la creencia del grupo en su propia identidad. En este sentido, el imaginario social ideológico es productor –porque lo social se constituye en la auto-representación simbólica– y conservador del mundo social, una suerte de “guardián” de los vínculos establecidos. Pero, el imaginario social cumple, también, una segunda función que hace posible el distanciamiento requerido para una crítica de las ideologías, a saber, la función de proyectar otras formas posibles del ser social que nos permiten “mirarnos” desde un no lugar y un no tiempo. A esta función la conocemos como utopía que, en términos de Ricoeur, “es el sueño de otra manera de existencia familiar, de otra manera de apropiarse de las cosas, y de consumir los bienes, de otra manera de organizar la vida política, de otra manera de vivir la vida religiosa” (2001:357).

En el imaginario utópico podemos distinguir tres niveles o dimensiones, correlativos a las tres dimensiones del imaginario ideológico ya examinado. En su nivel más elemental, la utopía en su función de “ningún lugar” es la ficción de otra forma de integración social, una apertura de lo posible que nos invita a repensar el sentido de nuestras acciones y la estructura de significado general sobre la cual construimos nuestra identidad grupal. Pero, al igual que la ideología, en la proyección de otro mundo social posible la utopía se encuentra con el problema de la autoridad. En este nivel, su función consiste en exponer y cuestionar, precisamente, aquello que la ideología en su función de justificación busca compensar: la distancia entre la legitimidad exigida por quienes detentan el poder y la legitimidad que naturalmente están dispuestos a reconocerle los gobernados. Conforme a Ricoeur, así como la ideología degenera en distorsión cuando justifica la dominación universalizando los intereses de quienes gobiernan, del mismo modo la utopía degenera en evasión cuando pierde contacto con las exigencias que impone la lógica de la acción para la realización, ya que se proyecta en un mundo ideal sin preocuparse de las condiciones que lo harían posible y apuesta a objetivos aparentemente irreconciliables entre sí.

Una suerte de lógica loca del todo o nada reemplaza a la lógica de la acción, la cual siempre sabe que lo deseable y lo realizable no coinciden y que la acción engendra contradicciones ineluctables, por ejemplo, para nuestras sociedades modernas, entre la exigencia de justicia y la de igualdad (2001:359).

Ahora bien, la capacidad de la utopía de proveernos de un lugar “fuera” del mundo simbolizado por la ideología viene a suplir en parte el espacio vacío que deja la crítica de Ricoeur al “real-social” del hombre de la sospecha. A partir de ella, podemos hacer cuestión de lo que somos y del mundo al que pertenecemos. Pienso que esta capacidad es extensiva a las tres dimensiones de la utopía —incluso en el momento en que ha devenido locura patológica del mundo irrealizable— y se aplica a las tres dimensiones de la ideología, incluida su dimensión integradora. Sin embargo, lo que Ricoeur propone es rescatar el potencial crítico de la utopía en su primer nivel —como proyección de otros modos posibles de ser— para liberarnos de la ideología en su función patológica de distorsión. Una función similar le reserva a la ideología como integración, que puede mantenernos a salvo de la utopía patológica. El hecho de que ambas dimensiones —la ideología como distorsión y la utopía como evasión— sean entendidas como expresiones desviadas del imaginario social nos da la pista de sus razones: lo que “padecemos” (pathos) con ellas es la clausura radical de las interpretaciones posibles; el encierro en un mundo de imágenes selladas impide el retorno desde el distanciamiento hacia la comprensión y vuelve estéril su potencial crítico: la ideología de la distorsión nos atrapa en la “falsa ilusión”; la utopía de la evasión nos atrapa en el sueño imposible.

Todo ello nos revela el sentido que, a mi juicio, tiene la crítica de las ideologías propuesta por Ricoeur, donde lo que está en juego es la posibilidad de conservar nuestra apertura frente a lo posible, nuestra capacidad para “pensar y ser” otros modos de ser en el mundo, en definitiva, para poder emprender la “odisea de la libertad”. En este sentido, la crítica de las ideologías en clave hermenéutica sigue el camino de “la tradición más impresionante, la de los actos liberadores, la del Éxodo y la de la Resurrección” (2001:346).

Notas

[1] El siguiente análisis se basará en la oposición entre ideología y praxis que se establece a partir de este concepto de ideología del joven Marx, sin considerar su transformación posterior basada en la oposición ideología-ciencia y las consecuencias epistemológicas que ella implica.
Sigo en esto la tesis de Ricoeur, según la cual “la oposición entre ideología y ciencia es secundaria en comparación con la más importante oposición entre ideología y vida social real, entre ideología y praxis” (“Conferencia Introductoria”, 1989:52). Para las referencias al pensamiento de P. Ricoeur remitimos a Del Texto a la Acción. Buenos Aires: F. C. E., 2001, con remisiones a “Hermenéutica y crítica de las ideologías” (1984:307-347); “Ciencia e ideología” (1984:279-305); “La ideología y la utopía: dos expresiones del imaginario social” (1984); “Explicar y comprender” (1985:149-168) y a Ideología y utopía. G. Taylor (compilador). Barcelona: Gedisa, 2001, con referencias a “Conferencia Introductoria” (1989: (45-61); “Mannheim” (1989: 919-210); “Max Weber” (211-240). Todas las citas se harán por las ediciones mencionadas.
[2] He preferido seguir la secuencia de análisis presentada por Ricoeur en su “Conferencia Introductoria” de Ideología y utopía, explorando primero los dos “polos” de la función ideológica –ideología como deformación e ideología como integración– para explicar, después, el modo en el que el primero desemboca en el segundo, mediatizado por la función de justificación. Las otras dos secuencias seguidas por el autor son: secuencia de transformación “temporal” del fenómeno ideológico, a saber, integración, justificación, distorsión (en Ciencia e Ideología); secuencia de análisis de las implicancias de los conceptos de ideología, inversa al proceso de transformación, a saber, distorsión, justificación, integración (en La ideología y la utopía: dos expresiones del imaginario social).

Por gentileza de SciELO

 

 

 

Sexualidad en el paciente oncológico: Mitos y prejuicios

Luciano J. Pascau Illas
Máster en Sexualidad
Jorge A. Grau Abalo
Doctor especialista de II grado en Psiquiatría. Profesor. Facultad de Medicina
Maria A. Arbesu Michelena
Máster en Farmacología. Profesora de Farmacología. Facultad de Medicina
Samira Proveyer Derich
Doctora especialista de I grado en Bioquímica Clínica
Rosa M. Ortiz Reyes
Doctora especialista de II grado en Bioestadística. Profesora auxiliar e investigadora titular. Jefa de sección de Investigaciones Clínicas
Ramón J. Ropero Toirac
Máster en Química. Profesor especialista. Facultad de Química. Universidad de la Habana
Olga N. Rodriguez Marrero
Doctora especialista de II grado en Oncología. Instituto Superior de Ciencias Médicas

Todos/as los/as autotes/as son trabajadores/as del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de la Habana (INOR), Cuba.

Resumen

El trabajo tiene como objetivo revisar algunos aspectos conceptuales básicos para entender la sexualidad humana y sus desviaciones (disfunciones sexuales) como antecedente para identificar los trastornos de la sexualidad en pacientes Oncológicos, su evaluación y manejo, caracterizar los trastornos sexuales más frecuentes y examinar el funcionamiento y las principales localizaciones clínicas que afectan a la sexualidad en el paciente Oncológico, revisar los principales métodos y procedimientos de tratamiento de las disfunciones sexuales, destacando aquellos que son más valiosos en el manejo de los problemas sexuales que se pueden presentan en enfermos oncológicos y proponer la consideración de la sexualidad como una dimensión importante en la preservación de la calidad de vida del enfermo terminal, destacando la necesidad del fortalecimiento de vínculos afectivos en la pareja y de la búsqueda de alternativas de satisfacción sexual, no necesariamente coitales.

Palabras clave: disfunción, dispareunemia, disrritmia, aversión, anorgasmia, vaginismo, eyaculación.

Abstract

The aim of the work is to revise some basic conceptual aspects to understand human sexuality and its deviations (sexual dysfunctions) as antecedents to identify the disorders of sexuality in patients Oncology, their evaluation and management, characterize the most frequent sexual disorders and examine the functioning and major clinical locations that affect sexuality in the cancer patient, review the main methods and procedures Treatment of sexual dysfunctions, Highlighting those who are more valuable in managing the sexual problems that can occur in cancer patients and propose the consideration of sexuality as an important dimension in preserving the quality of life of the terminal patient, Emphasizing the need to strengthen affective bonds in the couple and the search for alternatives to sexual satisfaction, not necessarily coital

La sexualidad humana y las disfuciones sexuales

Antes de comenzar a caracterizar la sexualidad en pacientes Oncológicos, sería muy conveniente examinar algunos aspectos conceptuales básicos de la sexualidad humana y de sus alteraciones.

Generalmente, las personas creen conocer lo que se entiende por “sexualidad”, pero no siempre podemos definirla, en parte porque la incorporamos a nuestro vocabulario envuelta en un manto de mitos, temores, prejuicios, interrogantes y expectativas [1, 2].

Cuando se habla de sexualidad humana nos referimos a hechos inherentes a personas que tienen características biológicas, psicológicas y socioculturales, con una historia de vida personal, familiar, social y con un desarrollo específico de su personalidad e identidad, que se expresa a través del cuerpo y es elemento básico de la feminidad o masculinidad, de la autoimagen, de la autoconciencia, del desarrollo personal, que estimula las necesidades de establecer relaciones personales significativas con otros [3].

Se habla de períodos evolutivos en la sexualidad, en relación con la edad adulta –que son los que más interesan en el presente trabajo donde se distinguen tres períodos fundamentales:

1. Entre los 20 y 40 años (la respuesta sexual humana suele llegar a su máximo esplendor biológico y afectivo), existen marcadas diferencias en cada individuo y pareja.

2. Entre los 40 y 60 años, (período de los grandes logros profesionales y sociales que influyen mucho en la gratificación personal y autorrealización) la persona hace frecuentemente una revalorización de su vida y un replanteamiento de su sentido, crecen los temores “al rendimiento” (especialmente en los hombres) quienes tratan de conservar a toda costa el aspecto juvenil y el atractivo físico-sexual, los cambios físicos y fisiológicos del climaterio pueden generar preocupaciones que impactan en la vida sexual.

3. La sexualidad en la vejez, que ha estado sujeta a gran cantidad de creencias erróneas por falta de información, pero que a todas luces se mantiene y es, más que todo, afectada por las agresiones de las enfermedades, de los medicamentos y de las presiones y estereotipos sociales; en esta etapa la actividad sexual va a depender de las características físicas, psicológicas y biográficas del individuo, de la existencia de una pareja y de sus características, así como del contexto sociocultural en que está inmersa esa persona [4].

La OMS reitera que la salud sexual supone una integración de factores de carácter somático, emocional, intelectual y social; los problemas sexuales, suelen identificarse con conductas anormales con una etiología orgánica o psicológica, realmente infrecuentes desde el punto de vista social y que producen en el individuo una sensación de infelicidad, coartan su libertad o constituyen un problema o peligro para sí mismo o para los demás, especialmente para la pareja [5, 6].

Las disfunciones sexuales constituyen los problemas más frecuentes de la sexualidad, en ellas están involucrados diferentes partes del organismo (genitales incluidos), pero además, los sentimientos, pensamientos, expectativas, creencias y experiencias de cada persona [5, 7].

Los modelos más conocidos para explicar las disfunciones sexuales son:

1. El propuesto por Máster y Johnson (introdujeron la idea de un ciclo o fases de la respuesta sexual humana (excitación, meseta, orgasmo y resolución) basándose en extensas observaciones de laboratorio en personas de ambos sexos entre 18 y 89 años [8].

2. El de Helen Kaplan, quien agregó al esquema básico de Master y Johnson la fase del deseo. Se han descrito los procesos fisiológicos que transcurren en estas fases, los cuales pueden revisarse en literatura especializada [9].

De acuerdo con Flórez [7], cuando aparece un fallo persistente en algunas o en todas las fases de este ciclo y que cause molestias a la persona o a la pareja, hablamos de disfunción sexual. Para considerarla como tal, este trastorno tiene que ser persistente (cualquier persona puede vivenciar un fallo ocasional) lo que se considera natural y normal y de ninguna manera, una disfunción sexual.

En cuanto a su clasificación [7], la mayoría de los autores clasifican las disfunciones en:

• Primarias (si la persona nunca ha logrado una respuesta sexual adecuada).
• Secundarias (si la persona ha logrado una respuesta adecuada al menos una vez).
• Selectivas (cuando las personas responden satisfactoriamente en determinadas circunstancias o fallan ante determinadas situaciones).
• Generalizadas (cuando no responden adecuadamente bajo ninguna circunstancia).

Cuando se habla de factores relacionados con su etiología suelen utilizarse los términos de “predominantemente orgánicos” o “predominantemente psicológicos”, aunque es bien conocido que resulta muy difícil atribuir la causalidad a uno solo de estos factores y con mayor frecuencia de la que se cree o se reporta, ambos están incorporados en la respuesta sexual humana [5, 7].

De las disfunciones sexuales genéricas (dependientes del género), las más frecuentes son:

En las mujeres: el deseo sexual inhibido, la disrritmia y la aversión, la disfunción lubricativa, la anorgasmia, la dispareunia y el vaginismo.

En los hombres: el deseo sexual inhibido, disrritmia y aversión, la disfunción eréctil, la dispareunia, la eyaculación precoz y la eyaculación retardada [7].

Entre las disfunciones funcionales [6, 7], que suelen presentarse en cada una de las fases de la respuesta sexual, se encuentran:

♦ Alteraciones en la fase de deseo (deseo sexual inhibido, tanto en hombres como en mujeres), disrritmia (inconformidad, en mujeres y hombres, en cuanto a frecuencia de relaciones sexuales esperadas), aversión al sexo (con elementos fóbicos en cualquiera de los dos géneros, generalmente por antecedentes traumáticos y estereotipos socioculturales).
♦ Alteraciones en la fase de excitación: disfunción lubricativa en la mujer (por factores biológicos o psicosociales que le dificultan la lubricación vaginal) y la disfunción eréctil en el hombre (incapacidad para obtener y/o mantener la erección adecuada del pene de tal forma que permita su introducción en la vagina, sin incapacidad para el deseo, debida a causas orgánicas y psicosociales, y que puede presentarse en diversos grados y situaciones, de manera selectiva o generalizada).
♦ Alteraciones en la fase de orgasmo: la anorgasmia femenina, (primaria, secundaria o situacional, causada por factores de orden psicológico y sociocultural, raras veces por enfermedades crónicas graves), la eyaculación precoz (fallo persistente e inquietante del control de la eyaculación en el hombre) y la eyaculación retardada o incompetencia eyaculatoria (inhibición persistente en el hombre del reflejo eyaculatorio).

La dispareunia (dolor durante el coito, tanto en hombres como en mujeres, por causas predominantemente orgánicas) y el vaginismo (contracción espástica involuntaria de la musculatura pélvica perineal y del tercio externo de la vagina ante la penetración coital, generalmente por problemas de orden psicológico) clasifican entre las fases de excitación y las fases de orgasmo, en función de las características particulares que presenten en cada caso [7]. La prevalencia de las disfunciones sexuales en la población general, se han ofrecido diferentes valores, que dependen en gran medida de la bibliografía revisada, de la cultura y del contexto específico del país de cada autor. Algunos estiman que entre un 50 y 75 % de las personas pudieran tener algún problema de este tipo [5]. Otros informan que un 35-60 % de todas las mujeres y un 40 % de todos los hombres presentan algún tipo de disfunción sexual [10].

Se ha señalado que el trastorno femenino más frecuente es la inhibición del deseo (40-45 %), seguido de las disfunciones orgásmicas (20-30 %), mientras que en el hombre la disfunción más frecuente son las eréctiles (42-48 %) y la eyaculación precoz (30-38 %) [11].

Debemos señalar que estos porcentajes pueden variar considerablemente de una región a otra, de una época a otra e, incluso de una etapa de la vida a otra, con la edad.

La sexualidad en el adulto mayor, tiene sus características, que no deben ser consideradas propiamente como disfuncionales [1]. Así, la literatura reporta diferencias entre las ancianas y las mujeres jóvenes en aspectos fisiológicos de la respuesta sexual: en las mujeres de avanzada edad hay menor enrojecimiento por vasoconstricción que puede estar generada por la tensión, menor contracción del esfinter rectal ligada al orgasmo, menor coloración y espesamiento de los labios menores, lubricación más lenta aunque el clítoris conserva la sensibilidad y reducción de la vagina y el útero después del orgasmo. Al comparar los ancianos con los hombres jóvenes, existe una disminución débil de la enubescencia cutánea, necesitan 2-3 veces más tiempo para la erección, la cual sólo es completada antes del orgasmo en los mayores de 50 años, la erección se mantiene por más tiempo sin eyaculación, disminuye la fuerza de la eyaculación y aumenta el tiempo de latencia para una segunda eyaculación. Pero estos cambios fisiológicos, o más bien psicofisiológicos, no significan necesariamente un trastorno o disfunción sexual en personas de edad avanzada.

Master y Johnson [8] afirman que algunos factores pueden debilitar la respuesta sexual en las personas de edad avanzada, entre ellos: la monotonía de las relaciones sexuales repetitivas, las preocupaciones de orden profesional o económico que inhiben el funcionamiento sexual, la fatiga psicológica y física, el abuso de comida y alcohol, algunas enfermedades físicas y psicológicas, cuyas manifestaciones se ven agravadas por la falta de consejos médicos adecuados. También aparece el temor al fracaso sexual, generalmente asociado a los factores anteriores.

De estos resultados pueden inferirse dos “verdades”, que están respaldadas por investigaciones:

1. El interés o deseo sexual se mantiene mejor que la actividad sexual en los varones.
2. Tener pareja estable parece ser determinante al valorar la frecuencia de actividades sexuales. Pero más allá de estas conclusiones, lo importante es enfatizar que no puede desestimarse la sexualidad en las edades avanzadas.

Los trastornos sexuales más frecuentes en el paciente Oncológico

A pesar de lo poco que se trata el tema en los libros e informes dedicados al diagnóstico y tratamiento del cáncer, las necesidades y sentimientos relacionados con la sexualidad en estos enfermos están indiscutiblemente presentes y obstaculizan su calidad de vida [12, 13, 14].

La presencia de trastornos sexuales en enfermos oncológicos es realmente un problema, se han encontrado cifras de prevalencia que oscilan entre el 35 y el 85% en hombres y mujeres [15, 16, 17, 18].

Las disfunciones sexuales en enfermos de cáncer constituyen un ejemplo que ilustra la reconocida interacción mutua entre componentes orgánicos y psicológicos; los agentes relacionados con la enfermedad, los tratamientos y aspectos de naturaleza psicológica aparecen entremezclados en su etiología. A su vez, la propia sexualidad alterada puede ser causa de alarma en los pacientes y generar temores, emociones negativas y disconfort, que pueden incrementar la disfunción. los enfermos con bastante frecuencia mantienen el deseo de proximidad, contacto físico y los sentimientos de amor hasta el final de su vida, aunque las formas de expresar la sexualidad adquieran otras modalidades de presentación y estos intereses pueden verse afectados no sólo por la enfermedad como tal, sino por las propias consecuencias psicológicas de padecerla [16, 17, 18].

Para abordar los problemas sexuales en pacientes con cáncer, es usual partir de las fases de la respuesta sexual humana normal: (deseo, excitación, orgasmo y resolución).

Cada una de estas fases está caracterizada por experiencias subjetivas, por eventos objetivos y por sistemas fisiológicos que necesitan estar intactos para que estos eventos ocurran. De la enfermedad y sus consecuencias , devienen fuertes estresores que cambian los proyectos de vida del enfermo [19].

Los propios tratamientos para el cáncer (cirugía, radioterapia, quimioterapia, hormonoterapia) pueden dañar una o más de las fases de la respuesta sexual, así como componentes del sistema nervioso central y/o periférico, del sistema vascular pélvico y del eje hipotálamo-hipofisario-gonadal así como cambiar las expectativas ante la sexualidad, generar sentimientos y emociones negativas, alterar las motivaciones y cambiar desfavorablemente los afrontamientos que las personas utilizan para afrontar los estresores vitales [20].

Consideremos las distintas alteraciones en las fases del ciclo de la respuesta sexual humana que pueden presentarse en los enfermos de cáncer.

Alteraciones del deseo sexual

El deseo en cualquier paciente crónicamente enfermo se ve afectado por la disminución global de interés en el sexo. Es infrecuente el aumento del deseo sexual como un problema, a no ser que éste aparezca como consecuencia de un episodio maníaco o que ocurra por daño cerebral; condicionando desinhibición de la conducta sexual [21].

Algunos pacientes con cáncer, especialmente mujeres, desarrollan aversión a la actividad sexual, incluso con elementos fóbicos [22].

En estos pacientes la depresión del sistema nervioso central a consecuencia del dolor generalizado, la fatiga, la demencia, el uso de algunos medicamentos (antieméticos, tranquilizantes, antiparkinsonianos, opioides), tiene entre sus efectos secundarios la disminución del deseo sexual [23].

Las situaciones que conllevan una disminución de los niveles de testosterona provocan una disminución del deseo sexual (pacientes con tratamiento hormonal por cáncer de próstata metastásico, jóvenes tratados por cáncer de testículo o linfomas y mujeres ooforectomizadas). Cuando se extirpa una glándula suprarrenal o los ovarios, las mujeres informan una reducción importante en el interés sexual, la sensación y la frecuencia del orgasmo [24].

En los pacientes oncológicos aparecen con frecuencia trastornos afectivos, que pueden constituirse en causa frecuente de pérdida del deseo sexual [15, 16, 17, 18, 25, 26].

La disminución del deseo sexual genera conflictos en la pareja. Algunos estudios llegan a sugerir que el diagnóstico del cáncer no produce trastornos maritales en las parejas felices, pero exacerba conflictos ya existentes [16, 17, 18].

La aversión al sexo, más compleja en esta línea de trastornos, se produce en el paciente o su pareja generalmente a causa de elementos fóbicos, si el diagnóstico del cáncer reactiva un trauma sexual pasado (violación o incesto). El cáncer puede ser experimentado como una nueva violación de la integridad corporal [15, 16, 17, 18]. Se ha comprobado aversión en pacientes o su pareja que consideran que el cáncer es contagioso a través del contacto sexual (cáncer ginecológico o urinario), en los que están involucradas infecciones de transmisión sexual como agentes causales de la enfermedad [16, 17, 18].

Alteraciones en la fase de excitación sexual

En el hombre es el problema más frecuente de la fase de excitación sexual y constituye la causa más común de búsqueda de atención médica o asesoría en la población general. Los tratamientos contra el cáncer Pueden dañar el reflejo de erección a través de una serie de mecanismos. (Déficit hormonal), algunos estudios han demostrado que pacientes menores de 50 años de edad con niveles insuficientes de testosterona, pueden llegar a tener erecciones normales [27].

La insuficiencia vascular es causa común de disfunción eréctil, en pacientes de edad avanzada; esta puede estar provocada por el tumor en sí o por la terapéutica oncoespecífica (la radioterapia sobre la pelvis). La causa neurológica más común de disfunción eréctil en el tratamiento del cáncer es el daño al plexo prostático durante la cirugía pélvica radical (cistectomía y prostatectomía radical, resección abdomino-perineal del recto, linfadenectomía retroperitoneal por tumores testiculares) [28, 20].

El estadio en que está el tumor no predice la recuperación de la erección, los hombres jóvenes tienen más probabilidades de recuperarse completamente. Algunos autores [30, 31]

han reportado un 55% de problemas de erección después de resección abdomino-perineal comparado con un 20% después de una resección anterior baja. En otra serie de casos las tasas respectivas fueron del 67% y el 30% [31].

La neuropatía autonómica es otra de las causas de disfunción eréctil neurogénica sobre todo secundaria al tratamiento con inmunoterapia y quimioterapia. De hecho el tumor que en su crecimiento involucra a la médula espinal puede dañar los centros nerviosos que controlan la erección.

Las afecciones cardiovasculares y los tratamientos antihipertensivos actúan sobre la función eréctil (muchos padecen de estas enfermedades). Los prejuicios acerca del cáncer, los conflictos de pareja, la ansiedad por la relación sexual (ansiedad de desempeño), son antecedentes comunes de la disfunción eréctil psicógena [16, 17, 18].

Las causas que generan problemas en la excitación en las mujeres con cáncer son: menopausia prematura (por tratamiento quirúrgico castrante o secundario al tratamiento radiante de la pelvis) el daño ovárico que se produce depende del tratamiento impuesto, no es igual el producido por cirugía, que el que se produce secundario a la radioterapia o a la administración de citostáticos, así como por las drogas específicas utilizadas y la dosis empleada [32].

Los síntomas que se derivan del fallo ovárico temprano y brusco son de mayor intensidad que los que se producen a consecuencia de la menopausia fisiológica, provocando una disminución del deseo sexual [16, 17, 18]. Los factores emocionales producen fallo concomitante de la expansión y lubricación vaginal y son causa frecuente de los trastornos de la excitación sexual en la mujer [16].

Un criterio común es que la mujer necesita usar un lubricante vaginal para tener un coito confortable después de haber recibido irradiación pélvica. Se ha demostrado al comparar mujeres sometidas a histerectomía radical versus mujeres con terapia radiante por cáncer cervical, que solamente la cuarta parte de cada grupo necesitó lubricación extra durante un año de seguimiento [33].

Alteraciones en la fase de orgasmo

Estos trastornos son menos frecuentes en los pacientes con cáncer. Está demostrado que la respuesta orgásmica es más resistente al daño que la fase excitatoria, quizás porque el orgasmo depende de los nervios pudendos, más protegidos que los nervios que constituyen el plexo anatómico pélvico, que es el encargado de las funciones de la fase excitatoria [16, 17, 18]. Aún cuando un hombre sufra una amputación total del pene por cáncer peneal o uretral, el orgasmo puede aún ocurrir con eyaculación de semen a través de la uretrostomía [24]. En las mujeres se ha reportado orgasmo luego de vulvectomía radical [34] o exenteración pélvica [35].

En el hombre se reporta con relativa frecuencia que el orgasmo ocurre con menos fuerza y placer, cuando el tratamiento del cáncer ha reducido el volumen de semen (orgasmo seco) o ha impedido la erección. Los hombres que se convierten en hipogonádicos después del tratamiento o que reciben irradiación pélvica, frecuentemente reportan una reducción en el volumen de semen que puede provocar un orgasmo totalmente seco, mientras que para las mujeres la calidad del orgasmo rara vez cambia [33, 36, 37, 38].

El orgasmo seco en el hombre puede producirse como consecuencia secundaria a quimioterapia con agentes neurotóxicos o a tratamiento quirúrgico sobre la vejiga o próstata (cistectomía o prostatectomía) [39].

O sea, que aunque la calidad del orgasmo se halle disminuida en los pacientes con cáncer, no significa esto imposibilidad total, pues para que se produzca plenamente esta alteración deben asociarse también otros factores desde el punto de vista psicológico y social, que impiden alcanzarlo, y ya esto es mucho más infrecuente [16, 17, 18]. Los tratamientos del cáncer raramente constituyen una causa de eyaculación precoz.

Entre el 33 y el 46 % de las mujeres a las que se les ha realizado una histerectomía total, con o sin ooforectomía, tienen dificultad para lograr la excitación y el orgasmo [40].

Los mecanismos involucrados pueden ser varios:

1. Por reducción del nivel en sangre de andrógenos como resultado de la ooforectomía bilateral o por compromiso vascular de los ovarios a causa de una histerectomía.
2. Por pérdida de algunas sensaciones especiales antes y durante el orgasmo, debidas a contracciones uterinas y estimulación del peritoneo pelviano (por la presión del pene empujando el cuello y los dos tercios superiores de la vagina).
3. Como consecuencia de la caída de los niveles de estrógenos, al aparecer una reducción en la lubricación vaginal.
4. Los problemas que se derivan del tratamiento quirúrgico y/o radiante (tele y braquiterapia), pueden producir acortamiento de la vagina, cicatrices en el tejido de la cúpula vaginal, quemaduras, con dispareunia asociada [24].

Las mujeres tratadas por cáncer manifiestan con frecuencia que, a pesar de poder alcanzar el orgasmo, necesitan más estimulación que antes. Investigaciones en mujeres después de haber sido sometidas a histerectomía radical [34], cistectomía radical [37] y exenteración pélvica total [35, 41], muestran que ellas mantienen la habilidad para tener orgasmo durante el coito, aun cuando la mayor parte de la vagina haya sido resecada o reconstruida en su totalidad. Incluso, hay mujeres que sufrieron de coitos dolorosos toda su vida por enfermedades genitourinarias, y que después de una histerectomía, notan una mejoría notable en sus relaciones sexuales [24].

Trastornos asociados al dolor

Hay que valorar los trastornos asociados al dolor en los enfermos de cáncer. Aunque éste dolor no se halle en relación directa con los órganos genitales, por sí solo puede interferir la actividad sexual, al constituir un distractor de sensaciones placenteras. Además, la administración de analgésicos (opioides), puede reducir el deseo sexual. Los hombres con cáncer raramente tienen trastornos sexuales a causa del dolor, la dispareunia en estos casos está más asociada a fimosis, uretritis, estenosis uretral, hipertrofia prostática, etc. En la mujer el problema sexual más común es el dolor genital que se exacerba por la actividad sexual [42, 43].

La mayor parte de las dispareunias en las mujeres después de seguir un tratamiento oncológico tienen una causa orgánica; sin embargo, los factores emocionales pueden complicar o mantener el problema, aún cuando las causas del dolor hayan sido mejoradas [42].

Hay que tener en cuenta aquí no solo el dolor que se produce durante la penetración, sino la dispareunia postcoital, en donde puede haber factores causales orgánicos y psicológicos entrelazados.

Trastornos sexuales y localizaciones tumorales

Las localizaciones tumorales que afectan de manera significativa la esfera sexual en el hombre son: próstata, pene y testículo; en la mujer: mama y cáncer ginecológico (cervical, ovárico y vulvar). En ambos géneros traen asociados dificultades de orden sexual: el cáncer de vejiga, el colorrectal, los linfomas y leucemias [44]. muy pocos estudios hacen referencia acerca de la relación entre factores sociales-psicológicos-respuesta sexual en hombres portadores de cáncer genitourinario, a diferencia de la vasta literatura que existe sobre cáncer de mama y ginecológico sobre la imagen corporal, la identidad sexual, el estado de ánimo y el funcionamiento sexual [45]. Las diferencias de género en relación al desempeño sexual y la recuperación involucran expectativas de roles, autoconfianza, pasividad/actividad, control y dependen de la edad de los pacientes y de los tratamientos oncológicos realizados. Los factores socioculturales y las diferencias de creencias entre profesionales y pacientes tienen mucho que ver con la expresión de la sexualidad y sus trastornos [44, 45].

Otros cánceres, como los de cabeza y cuello y el de pulmón pueden afectar considerablemente el funcionamiento sexual, al generar una amplia gama de trastornos como son: fatiga, disnea, alteraciones de la imagen corporal y la autoestima, depresión, etc. [16, 17, 18].

Cualquier ostomía representa un problema no sólo por su estética (visión inusual, no agradable, precisamente en la parte frontal del organismo), sino además, porque puede ser fuente de olores, de ruidos, e incluso por la expulsión de líquidos corporales. Se recomienda que en la relación sexual de un paciente con ostomía, ésta se encuentre cubierta y que el enfermo se haya bañado y vaciado la bolsa antes de la relación [17].

En general, cualquier tipo de cáncer puede producir por sus síntomas y su impacto psicoemocional y social, cambios en los patrones de funcionamiento sexual, originando nuevos problemas o exacerbando los preexistentes (Ver en Anexos las Tablas I, II y III).

Sea cual fuese la localización clínica, en todas las disfunciones sexuales en pacientes con cáncer los problemas orgánicos están muy ligados a los problemas psicológicos. El manejo de este tipo de trastornos lleva a una cuidadosa evaluación y a la consideración de la reducción del dolor, la ansiedad y el disconfort [42].

Todo médico debe evaluar la esfera sexual durante la entrevista inicial y en el seguimiento; esto se hace muy poco por la gran presión de tiempo [42] o porque no se le presta la debida atención, enmascarándose en pretextos tales, como el hecho de que estos aspectos resultan embarazosos o que no se tiene una solución concreta que ofrecer [16, 17, 18].

Se debe dar la posibilidad al enfermo desde el primer momento de hablar sobre un tema tan necesario y sensible como este, estimularlo con algunas preguntas abiertas sobre el mismo. Cuando el tratamiento del cáncer cause problemas sexuales, las opciones de rehabilitación deben ser mencionadas al menos brevemente al momento de disponer y valorar el tratamiento, de tal manera que el paciente o la pareja tenga acceso a ellas y pueda decidir libremente si participa en algún tipo de intervención centrada en la eliminación o disminución de su disfunción.

La literatura revisada sustenta que los tratamientos oncoespecíficos para las cuatro localizaciones de cáncer ginecológico dañan en mayor o menor medida el funcionamiento sexual en mujeres activas sexualmente [46, 47, 50].

La cirugía de Wertheim Meiggs y la exanteración pélvica afectan la función emocional y sexual en estas pacientes [48, 51, 52]. Hawighorst-Knapstein y cols., realizaron cirugía reconstructiva a mujeres sometidas a exanteración pélvica para favorecer su vida sexual; las mujeres que no eran sometidas a cirugías reconstructivas, reportan un deterioro en el funcionamiento sexual y refieren mayores impedimentos físicos y menor autoestima [53, 54, 55, 56].

Las mujeres que reciben tratamiento combinado (cirugía y radioterapia) reinician más tardíamente su actividad sexual en comparación a las que se tratan sólo con cirugía [47, 54, 57].

Otros estudios reportan la quimioterapia como la modalidad de tratamiento que tiene una menor repercusión en el ámbito sexual [58, 59, 62].

La radioterapia se ha descrito como la generadora de mayores dificultades en el aspecto físico de la sexualidad [55, 56, 60, 61, 62].

Tanto la radiación externa como los implantes deterioran el epitelio vaginal y la capa basal de la mucosa llevando a una estenosis vaginal y fibrosis vascular [63, 64, 65].

Jensen y cols. [66] han señalado que las pacientes que recibieron radioterapia presentaron alteraciones sexuales en los dos primeros años posteriores al tratamiento, incluyendo ausencia o falta de deseo sexual (85 %), dolor (55 %), pareja con deseo sexual disminuido (40 %), falta de lubricación vaginal (35 %) y disconformidad con la vida sexual (30 %).

La estrechez vaginal dificulta la penetración por lo que un 30 % de las pacientes tienen gran dificultad para completar el coito, mientras que para un 45 % éste resulta imposible [48, 49, 50, 51, 52, 53, 66].

Durante los dos años posteriores del tratamiento la disfunción sexual puede constituir un problema en la mujer con repercusión en su sexualidad [55, 60, 67, 69].

El reinicio de la actividad sexual tras haber recibido el tratamiento, es recordado como un evento psicológicamente traumático [47, 49, 56, 68, 70].

Las implicaciones psicológicas pueden persistir en la mujer tratada con la cirugía, radioterapia o la quimioterapia afectando su autoestima a partir de la imagen corporal negativa y del temor a la recurrencia [55, 65, 71].

Junto al impacto físico a partir del cáncer o su tratamiento, el impacto emocional es intenso y éste puede provocar un efecto profundo en la sexualidad individual [72, 73, 74].

También la intimidad sexual puede ser importante al mantenimiento prolongado de la relación en pareja, particularmente para las mujeres [75, 76, 77]. Esto involucra la relación de pareja entre el individuo y la sociedad, lo cual es influenciado desde el punto de vista religioso y social [78].

Debe recordarse que la relación de pareja constituye el vínculo interpersonal más complejo del ser humano, donde una multiplicidad de factores de índole sociológicas, personológicas e interactivos, influyen en su estabilidad, solidez y satisfacción [79].

Evaluación del funcionamiento sexual en pacientes con cáncer

Al afrontar la evaluación de la sexualidad y las disfunciones sexuales, debemos considerar que, en general, se abordan grandes dificultades [5]:

• Es difícil para algunas personas hablar de sexualidad y mucho más de problemas sexuales, por lo que hay que emplear métodos e instrumentos evaluativos válidos y fiables.
• Los profesionales encargados de esta evaluación deben tener una sólida preparación multidisciplinaria (fisiológica y médica, psicológica, sociocultural, etc.).
• Es difícil medir o cuantificar algunas conductas a evaluar (por ejemplo, deseo sexual).

Evaluar a pacientes con disfunciones sexuales por cáncer, en particular, es un tema doblemente complejo y de difícil manejo. Por una parte, la disfunción sexual es a veces una parte mínima del problema, que no es la que más preocupa al enfermo de cáncer y a su pareja, si bien afecta su bienestar y gratificación. Por otra parte, la expresión de un desorden a través de la genitalidad es sólo un aspecto del problema, y generalmente detrás hay una desadaptación afectiva trascendente [15].

Además, es difícil poder determinar “líneas de base” o de “normalidad” en la sexualidad humana tanto en personas normales como enfermas, y hay que recurrir a referencias biográficas de los sentimientos y conductas sexuales del paciente [16, 17, 18]. En este caso, hay que tener en cuenta que existe una clara tendencia por muchos enfermos a sobrevalorar las conductas anteriores: algunos trabajos demuestran que los médicos también subvaloran la sexualidad de sus pacientes [1, 44]. Este aspecto está asociado a otro gran problema: la consideración de que en el ser humano, lo individual, lo psicosocial y lo cultural juegan en su conjunto una gran influencia en la expresión de la sexualidad, por lo que será diferente para cada país y cada estrato socioeconómico, para cada paciente, para cada edad y aún para cada profesional de la salud, en particular, que no es ajeno a su historia, su sociedad y su cultura [1, 16, 18]. A veces los médicos prefieren dejar en manos de otro miembro del equipo (generalmente un psicólogo) las decisiones sobre los problemas sexuales, sin embargo se estima que entre un 80 % y un 90 % de los pacientes se benefician de un breve asesoramiento sexual y no necesitan de una consulta muy especializada [43, 45].

Este es un punto de partida erróneo, porque la afectación sexual ―y mucho más en enfermos de cáncer― hay que evaluarla y tratarla desde diferentes perspectivas (biomédica, psicosocial, sexológica, etc.). Por otra parte, si bien el estrés está muy asociado a los disturbios o al enriquecimiento de la sexualidad [80]. No todos los psicólogos (por ser profesionales expertos en estrés) tienen suficiente preparación en temas sexológicos para abordar complejos problemas en pacientes con cáncer. Y mucho más si se tienen en cuenta las diferentes localizaciones y los temores asociados en algunos pacientes [81].

La evaluación de cualquier disfunción sexual debe incluir exploración en cuatro áreas [1, 5]:

  • Médica: para descartar causas orgánicas y definir tipo de tratamiento a seguir (por ejemplo, si se determina la situacionalidad del síntoma es muy probable que este tenga un origen predominantemente psicógeno). La evaluación en esta área implica: a) elaboración de una historia médica, para conocer trastornos y tratamientos que ha tenido el paciente, b) práctica de un examen físico, tanto una evaluación neurológica y del sistema nervioso autónomo, como de los propios genitales, y, c) pruebas de laboratorio. En la Tabla IV (Ver en Anexos: Evaluación médica de disfunciones; modificado de Sierra y Buela-Casal) [5] se muestran, de forma resumida, los principales aspectos a evaluar con estas tres modalidades.
  • Psicológica: considerar el estado mental del paciente y la posibilidad de que la disfunción sea un síntoma más de un trastorno psicopatológico más grave y a veces precedente (depresión, trastornos obsesivo-compulsivos, fobias, etc.). La Tabla V (Ver en Anexos: Factores psicológicos a evaluar; modificado de Sierra y Buela-Casal) [5] ilustra los factores psicológicos más comunes que pueden predisponer, precipitar o mantener una disfunción sexual, independientemente de que pueda haber trastornos orgánicos o enfermedades de base, como el cáncer. La evaluación psicológica requiere diversos tipos de métodos e instrumentos, más simples o más complejos, que se analizarán someramente más adelante.
  • Pareja: para identificar situaciones de pareja que causen o refuercen disfunciones sexuales (temor al rechazo por la pareja, concentración exclusiva en la satisfacción de los deseos del compañero con abandono de los propios, frustraciones y resentimientos, etc.). Incluye aquí información sobre cuándo se conocieron los miembros de la pareja, tipo de atracción experimentada, tipo de relaciones que mantienen entre sí y con otros, vida cotidiana, ajustes ante situaciones estresantes para la pareja, intimidad (psicológica y corporal), etc.
  • Sexualidad propiamente dicha: incluye la historia psicosexual, relaciones del paciente con otros familiares (padres, hermanos, etc.), educación recibida, primeros recuerdos y juegos eróticos compartidos, información sexual recibida, vida coital, conductas y experiencias sexuales pasadas y actuales, satisfacción, etc. El objetivo es lograr una descripción de las causas inmediatas y reforzadoras de los síntomas actuales. Las principales técnicas psicológicas empleadas para evaluar las disfunciones sexuales pueden clasificarse en cinco grandes grupos [5]:

1. Entrevistas: generalmente semiestructuradas, a realizar en un clima óptimo, tranquilo, que permita desenvolvimiento natural de la pareja, con lenguaje que evite términos demasiado científicos o demasiado vulgares. El objetivo es determinar las disfunciones sexuales que padece el paciente o la pareja, identificar algunos factores que la facilitan y la mantienen, descartar posibles causas orgánicas, determinar si hay problemas de pareja, trastornos psicopatológicos graves y discutir la pertinencia o relevancia de iniciar una terapia sexual, identificando si están presentes los requisitos mínimos para ello (motivación para el cambio, grado de cooperación y compromiso con la terapia, estilos de vida adecuados y compatibles con el tratamiento, etc.).

2. Autoinformes: proporcionan información adicional valiosa con un mínimo costo y permiten evaluar cuantitativamente aspectos relacionados con la disfunción antes y después del tratamiento. Hay muchos, en forma de cuestionarios, inventarios y escalas, la mayor parte de ellos son meros listados de respuestas sexuales con el objetivo de determinar presencia o ausencia y grado de determinada conducta sexual, su mayor problema está en que todos no tienen comprobadas sus propiedades psicométricas (validez, fiabilidad, etc.). Suele haber tres tipos:

• Para evaluar nivel de información sexual (conocimientos sobre anatomía y psicofisiología de la respuesta sexual, frecuencia y normalidad de conductas sexuales, mitos y creencias asociadas o información distorsionada, etc.).
• Para evaluar actitudes sexuales (actitudes negativas asociadas a creencias religiosas, sentimientos de vergüenza o culpa, ansiedad, etc.).
• Para evaluar conductas sexuales (recogen listado de actividades sexuales y nivel de activación o excitación logrados) o respuestas en la sexualidad.

En la Tabla VI (Ver en Anexos: Autoinformes para evaluar la sexualidad; modificado de Sierra y Buela-Casal) [5], se muestran algunos de los autoinformes más conocidos. Para mayor información puede consultarse a Sierra y Buela-Casal [5] y a Davis y cols. [82], que han compilado un amplio listado de autoinformes para evaluar distintos aspectos de la sexualidad humana [82].

3. Observación: empleada sobre todo en la investigación experimental, pero poco utilizada en la clínica, debido a que genera problemas de reactividad ante la evaluación, generalmente magnificados, y, sobre todo, por razones de índole ética. Algunos autores proponen diferentes modalidades: observaciones directas de actividades sexuales por parte del terapeuta o por parte de la pareja, grabación y filmación por el terapeuta o por la propia pareja, exámenes sexológicos en que cada terapeuta estimula genitales y pecho del paciente del sexo opuesto, representación de actividades sexuales en juego de roles (role-playing), etc. [4, 5]. El juego de roles, específicamente, proporciona valiosa información sobre posible déficit de habilidades sociales en la pareja, conductas agresivas y cumplimiento de las prescripciones de la terapia [6].

4. Autoobservación o autorregistros: permiten obtener información sobre conductas que sería difícil de conseguir por otros métodos, especialmente para el establecimiento de una línea base y conocer el ritmo y avance de la terapia [10, 11]. Es imprescindible previamente delimitar la conducta que se va a registrar y determinar la forma en que se realizará el registro. En la Tabla VII (Ver en Anexos: Ejemplo de autorregistro de conductas sexuales; modificado de Sierra y Buela-Casal) [5] aparece un ejemplo de autorregistro. También en Anexos se recoge un formato tomado de Libman y cols. [83], descrito por Sierra y Buela-Casal [4, 5].

5. Registros psicofisiológicos: son poco usados por su costo y la necesidad de cierta tecnología. Los más empleados son los que registran respuestas genitales (vasocongestión del pene y la vagina) y otras respuestas psicofisiológicas (actividad electroencefalográfica y potenciales evocados, tasa cardiaca, respuesta electrodérmica, temperatura corporal, etc.). La más conocida para evaluar la respuesta genital masculina es la pletismografía del pene, que permite conocer la respuesta de erección midiendo su circunferencia con diversos procedimientos (calibradores electromecánicos y de mercurio, etc.); estos registros, que se acompañan generalmente de otras medidas poligráficas realizadas en laboratorios de sueño nocturno son de especial importancia para aproximarse al diagnóstico diferencial de las alteraciones de la erección, ya que la tumescencia nocturna del pene (TNP) y las fases de sueño constituyen un buen indicador de la etiología orgánica o cognitivo-subjetiva de la disfunción. Otros registros son los de temperatura del pene durante la excitación mediante sensores eléctricos, el índice de la presión sanguínea peneana, etc. En las mujeres, se utilizan tres métodos fundamentalmente: de vasoconstricción genital (con técnicas fotométricas montadas en un tampón vaginal y registros de cambios volumétricos del clítoris con células fotoeléctricas o dispositivos especiales), registro de la temperatura vaginal (mediante termistores fijados en las paredes vaginales, el clítoris y los labios menores) y la medida de la tensión del músculo pubococcígeo (mediante un sensor electromiográfico situado a la entrada de la vagina) [5, 44].

Al evaluar las disfunciones sexuales en el paciente con cáncer se utilizan de hecho algunos de estos métodos, aunque es preferible un registro evaluativo más simplificado y accesible a estos enfermos. Además del examen físico completo y exámenes complementarios, se emplean otros procedimientos como la entrevista breve focalizada y el uso de cuestionarios especiales. En la entrevista breve de evaluación sexual es preciso conocer los problemas específicos que tiene el paciente, así como los factores etiológicos presentes, con el objetivo de planificar el tratamiento. Frecuentemente el paciente con cáncer tiene múltiples disfunciones sexuales con un rango de causas que interactúan para hacer los problemas más severos. Un buen plan de tratamiento requiere más de una modalidad, ya que más de un problema debe ser atendido. Se recomienda la entrevista en la que participe la pareja, ya que se facilita la discusión de algunos temas que son de mutua competencia; sin embargo, puede haber otros aspectos más difíciles de manejar en pareja (asuntos financieros, masturbación u otros “secretos”) [42, 84]. Si el tiempo lo permite se sugiere unos minutos más con cada integrante de la pareja por separado para tener una idea más completa en áreas sensibles. Esta información, por supuesto, debe ser confidencial.

En la medida en que los temas de sexualidad son abordados con más naturalidad, se podrá obtener mayor información para lograr un diagnóstico y tratamiento adecuado. Se debe interrogar sobre la frecuencia del sexo, antes y después del diagnóstico de cáncer, de qué forma logran con mayor frecuencia el orgasmo (en el coito o con las caricias manuales u orales), en qué medida el tratamiento de la enfermedad ha afectado la sexualidad, la forma de aparición del trastorno sexual (si es brusca o gradual), en qué situaciones de la vida aparece, entre muchos otros aspectos a tener en cuenta [41, 42].

Se debe preguntar acerca de los factores emocionales en la historia del paciente, así como las estrategias en curso en la lucha contra el cáncer que puedan tener un impacto en la sexualidad. El médico debe estar familiarizado con los criterios diagnósticos de la depresión y como esta se presenta en los pacientes con cáncer [41, 42]. Los estudios de laboratorio (función tiroidea, niveles hormonales, componentes sanguíneos, determinación de glicemia) son frecuentemente necesarios, junto a pruebas de hemodinámica vascular, la electroencefalografía y electromiografía y otros exámenes especiales [16, 17, 18].

Con la utilización de cuestionarios para tamizar un gran número de pacientes, es posible identificar a aquellos con altos niveles de disfunción sexual, marital o psicológica. Estos pacientes necesitan de una entrevista de evaluación más minuciosa. Sin embargo, los cuestionarios hacen un diagnóstico “transversal”, puntual, focal, generalmente no dan la “línea base” o “curva de normalidad” deseada para evaluar los cambios en el patrón de respuesta sexual [15]. La información que se obtiene a través de los cuestionarios y las entrevistas, no debe formar parte de la historia clínica del paciente, sino permanecer en ficheros apartes, guardados con privacidad [42]. Algunos cuestionarios que han resultado particularmente útiles son [41]:

  • El Formato de Historia Sexual (Sex History Form), que mide la función sexual

  • El Inventario de Ajuste de la Pareja (Dyadic Adjustment Inventory), que explora la satisfacción marital

  • El Inventario Breve de Síntomas (Brief Symptom Inventory), que evalúa el distrés

  • La Escala de Ajuste Psicológico a la Enfermedad (Psychological Adjustment to Illness Scale), para el distrés relacionado con la enfermedad

  • El Inventario para Situaciones Problemáticas en Cáncer (Cancer Inventory of Problem Situations), que mide el ajuste al cáncer

Entre otros instrumentos para evaluar pacientes con cáncer, Cruzado y Olivares [85] reportan el uso de la Plantilla de Funcionamiento Sexual de Goldberg y el Inventario de Funcionamiento Sexual de Derogatis (DSFI), este último más conocido en la valoración de los trastornos sexuales. Existen varios instrumentos de calidad de vida en pacientes con cáncer que incluyen el área de la sexualidad [14, 86, 87, 88]; el profesional debe ser cuidadoso al diferenciar la calidad de vida general con la calidad de la satisfacción sexual, especialmente por la tendencia de algunos pacientes a “genitalizar” su problema o la infelicidad, después de la enfermedad o los tratamientos. Instrumentos especificos para evaluar satisfacción, intimidad y funcionamiento sexual femenino son: el Inventario Multifacético de Satisfacción Marital (IMSM) [88], el Cuestionario de Intimidad (PAIR) [89], el Índice de Funcionamiento Sexual Femenino (IFSF) [90] como auto-reporte multidimensional para la evaluación de la función sexual femenina y el Índice de Función Sexual Femenina [91], para evaluar sexualidad de la mujer [85].

En resumen, se ofrecen algunas sugerencias generales para la evaluación de la sexualidad en los pacientes con cáncer, tomadas de la experiencia de numerosos autores [15, 42, 43, 44, 92, 93]:

  • La evaluación diagnóstica debe incorporar preguntas sobre la sexualidad de los pacientes.

  • El paciente habitualmente no toma la iniciativa porque ignora sus problemas, o bien los niega o simplemente, le avergüenza hablar de ellos. El profesional debe tomarla.

  • Evaluar antes, durante y después de los tratamientos para la enfermedad.

  • Explorar hábitos, conductas, sentimientos y actitudes hacia la sexualidad y en relación con la enfermedad.

  • Evaluar en relación con la pareja, considerando también sus criterios.

  • Ser respetuoso y delicado en el interrogatorio, considerando las ideas morales, la educación y la ética del enfermo. Avanzar en la medida que el paciente va dando señales de interés por el tema o manifiesta intenciones de seguir abordándolo.

  • Profundizar en la evaluación siempre desde las necesidades del paciente y su pareja, y que sean manifiestas ante la demanda de ayuda.

  • Considerar, al evaluar posibilidades de tratamiento, que la disfunción sexual es tratable, pero no siempre se conseguirá una solución fácil y rehabilitación definitiva, y hay que enfocar esto con el enfermo de forma constructiva, realista, no catastrófica.

  • Explorar los mecanismos del paciente para canalizar su sexualidad afectada o tratada sin éxito. Es imposible, utópico y altamente dañino para el paciente considerar, que después de un tratamiento mutilante “no ha pasado nada”, aún cuando se conserven intacta la sexualidad, en términos o no de genitalidad. Cuando se trata de resecciones totales o parciales y se evalúa la posibilidad de prótesis, de la cirugía reconstructiva y de otros progresos técnicos actuales, debe recordarse siempre que todo órgano logrado no deja de ser una caricatura de lo perdido, y que esto repercute en la esfera psicológica y sexual.

  • Investigar sobre efectos secundarios de medicamentos, frecuentemente obviados ante la valoración de la influencia de tratamientos como la cirugía y la radioterapia.

  • Considerar siempre que el efecto de los fármacos puede ser muy variable de un individuo a otro. Entre los medicamentos que pueden afectar en mayor medida la función sexual, se encuentran: los quimioterápicos, las hormonas (testosterona y estrógenos), algunos antibióticos y antiparasitarios (metronidazol, por ejemplo), los anticolinérgicos y antisecretorios H2 (cimetidina), los antidepresivos tricíclicos y del tipo IMAO, neurolépticos, ansiolíticos e hipnóticos, diuréticos y drogas antihipertensivas, especialmente beta-bloqueadoras (reserpina, digital, metildopa, hidroclorotiazida, espironolactona, clortalidona), anfetaminas, etc. Otros productos: el alcohol, la cocaína y los alucinógenos, pueden afectar la respuesta sexual en diferentes fases.

  • Considerar las quejas principales, el status sexual, el status médico (incluyendo las terapias antitumorales), el status psicológico y psiquiátrico, la historia familiar y psicosexual y las relaciones interpersonales incluyendo la intimidad y la esfera amorosa, en todo esquema evaluativo, en un todo coherente que conduzca a un resumen y a recomendaciones terapéuticas.

El tratamiento de los problemas sexuales en pacientes con cáncer

Los trabajos de Master y Johnson [8] y los de Kaplan [9, 22] en la década de los 70 revolucionaron el tratamiento de las disfunciones sexuales, que hasta ese momento era excesivamente largo, con bajas tasas de éxito y centrado en trastornos psicopatológicos clásicos. Con el advenimiento de estas nuevas terapias sexuales, los tratamientos se acortaron, alcanzaron cifras de éxito mucho mayores y demostraron que muchas de las disfunciones no están asociadas a graves problemas clínicos, sino a causas más fáciles de tratar, como el empeño por rendir en las relaciones sexuales, la obsesión por el coito o la anticipación de fracaso; las nuevas terapias derivadas de estas consideraciones se basan más en técnicas conductuales y tenían como objetivo primordial la mejora del funcionamiento sexual de la pareja y no remover profundos conflictos inconscientes [5].

Con frecuencia, se consideran cuatro niveles de intervención, con técnicas específicas para cada nivel; por lo general, la aplicación de algunos de los tres primeros es suficiente para solucionar exitosamente el problema sexual [5, 6]:

I. Primer nivel: Centrado en la preparación de condiciones previas para la terapia. Comprende la explicación funcional del problema sexual al paciente y la pareja, de modo que comprenda el porqué de sus dificultades, es decir, redefinir y reetiquetar el problema. También persigue motivar a la pareja y responsabilizarla del éxito del tratamiento, para lo cual deberán implicarse de lleno los dos en la terapia, modificando algunos estilos de vida si fuese necesario.

II. Segundo nivel: Comprende tres grandes procedimientos: la educación sexual, la modificación de actitudes negativas y la mejora de la comunicación de la pareja.

La educación sexual consiste en ofrecer información a la pareja sobre anatomía, psicofisiología sexual, actividades sexuales, etc. a través de diferentes materiales (libros, folletos, revistas, películas, diapositivas, etc.). Al participar juntos los dos miembros de la pareja, se estimula la comunicación y la posibilidad de hablar entre los dos de temas que, difícilmente, abordarían fuera de esta sesión.

La modificación de actitudes está dirigida a cambiar los componentes cognitivos y emocionales de las actitudes negativas hacia la sexualidad (consideración del sexo como algo sucio, pecaminoso, inmoral o perverso, marcarse expectativas o metas demasiado altas e irrealizables, etc.), lo cual puede hacerse con diferentes técnicas: desde una simple información hasta terapias cognitivas (terapia racional-emotiva, detención de pensamientos, etc.).

La mejora de la comunicación en la pareja se puede hacer a niveles verbal y físico con técnicas de habilidades sociales, entrenamiento en asertividad, etc. cuyos fines son enseñar a la pareja a expresar sentimientos y deseos, sexuales y no sexuales, entrenarlos en estrategias para dar información directa y clara, sin ambigüedades, para no obligar o suponer cosas ni contestar con monosílabos, para mantener contacto visual, para saber escuchar y no coartar la expresión del otro, etc. Para el nivel corporal se utilizan generalmente las técnicas de focalización sensorial propuestas por Kaplan y otros.

III. Tercer nivel: Incluye dos grandes grupos de técnicas:

1. Reducción de la ansiedad (todos los pacientes con disfunciones manifiestan altos niveles de ansiedad durante las actividades sexuales).
2. Técnicas para restablecer la respuesta sexual en cada una de las disfunciones sexuales específicas.

Para reducir la ansiedad las técnicas más usadas son:

a. Desensibilización sistemática (en imaginación o en vivo).
b. Procedimientos de inundación.
c. Técnicas propiamente sexuales como la focalización sensorial y el desarrollo de fantasías sexuales, a manera de ejercicios sexuales placenteros no exigentes, centrados en vivenciación de experiencias sensuales y de sensaciones sexuales de placer, pero sin llegar a la excitación máxima ni pretender el orgasmo.

Para restablecer la respuesta sexual, hay un amplio espectro de ejercicios [44] con pasos sucesivos para:

  • El control de los problemas de inhibición del deseo (focalización sensorial no genital, focalización sensorial genital, focalización sensorial con orgasmo, coito no exigente y coito exigente, con ayudas como la autoestimulación, los estímulos eróticos externos y las fantasías sexuales)

  • El control de las disfunciones eréctiles (placer erótico sin erección, logro y mantenimiento de la erección con estimulación manual u oral, orgasmo extravaginal, penetración con orgasmo extravaginal y coito normal),

  • tratamiento de la eyaculación precoz (mantenimiento de la erección sin eyacular por medio de la estimulación de la compañera sexual, coito sin exigencias y coito normalizado)

  • El tratamiento de la eyaculación retardada (eyaculación a solas, eyaculación delante de su compañera y coito normal)

  • El tratamiento de los problemas femeninos de excitación sexual (focalización sensorial no genital, focalización sensorial genital, coito no exigente y coito normalizado), puede incluir programas de entrenamiento del músculo pubococcígeo femenino

  • El tratamiento de los problemas de orgasmo en la mujer, tanto de la disfunción orgásmica absoluta (orgasmo a solas con masturbación, orgasmo con masturbación delante de su compañero, orgasmo en el coito), como de la disfunción situacional (focalización sensorial no genital, focalización sensorial genital y maniobra del puente femenina)

  • El tratamiento del vaginismo (manipulación de la vagina por la mujer, manipulación de la vagina por el hombre, coito no exigente y coito normal).

El entrenamiento de una pareja en todos estos ejercicios deberá estar a cargo de un terapeuta especializado y siempre deberá estar precedido de técnicas procedentes de los dos niveles de intervención anterior (primero y segundo). Las técnicas de terapia sexual pueden consultarse en numerosa bibliografía especializada [6, 8, 9, 11, 44, 94, 95, 96, 97, 98].

VI. Cuarto nivel: A éste es necesario llegar sólo cuando la disfunción sea consecuencia o esté asociada a algún trastorno psicopatológico u orgánico grave, en este caso se realizan los tratamientos pertinentes antecediendo a la terapia sexual propiamente dicha. Puede haber problemas de pareja, problemas de identidad sexual, trastornos de ansiedad o depresivos, alcoholismo, trastornos derivados de problemas neurológicos, etc. que demanden una terapia compleja y a más largo plazo.

En los tiempos actuales se ha encontrado que trastornos que antes se consideraban predominantemente psicógenos, tienen importantes componentes orgánicos asociados, como sucede con la disfunción eréctil en el hombre, por lo que se han desarrollado muchos procedimientos terapéuticos ajenos a la terapia sexual de base cognitivo-conductual. Entre ellos tenemos los tratamientos farmacológicos hormonales (con andrógenos o análogos de la hormona liberadora de gonadotropinas, en el hipogonadismo primario o secundario), tratamientos farmacológicos no hormonales (con productos que reducen el flujo venoso como la yohimbina o con la viagra y productos similares, que produce relajación del músculo liso y aumenta el flujo de sangre al cuerpo cavernoso), tratamientos farmacológicos intracavernosos (con productos como la papaverina y la fentolamina que aumentan el flujo arterial al pene), cirugía arterial (macro o microvascular), dispositivos externos que facilitan retención de sangre en el pene, y como último recurso para las disfunciones eréctiles, los implantes de prótesis maleables o inflables, no muy recomendables [5]. Otros tratamientos (terapia hormonal de reemplazo, cremas lubricantes, etc.) se utilizan en el caso de disfunciones femeninas predominantemente de base orgánica, pero requieren cuidadosa valoración [16, 17, 18].

En realidad, el tratamiento médico-psicológico de los problemas sexuales en enfermos de cáncer no tiene por qué apartarse de las experiencias obtenidas con los niveles de intervención descritos y los nuevos procedimientos de terapia sexual, pero en la mayor parte de los casos no hay que recurrir a técnicas sofisticadas y resulta exitosa la aplicación de tratamientos basados en el primer y segundo nivel de intervención. En algunos pacientes son necesarios los procedimientos del tercer nivel (desensibilización) y las técnicas de terapia sexual, especialmente focalización sensorial.

Más raramente se decidirá comenzar un tratamiento dirigido a modificar cuadros psicopatológicos graves, por el tiempo que consume y la prioridad que tienen que tener otros tratamientos oncológicos para el enfermo, su pareja y la familia. En este último caso, las terapias de pareja o de reorientación sexual sólo se iniciarán si se tiene certeza del costo-beneficio en relación con la probable supervivencia del paciente y el éxito que hayan tenido los tratamientos oncoespecíficos [43].

Han sido más trabajados en el manejo de los problemas sexuales en enfermos de cáncer los procedimientos basados en: el consejo sexual breve, la educación sexual, los métodos para cambio de actitudes, los consejos para recuperar el funcionamiento sexual con la pareja asociados a ejercicios, las técnicas de minimización de las limitaciones físicas y de resolución de conflictos maritales, la terapia sexual intensiva bajo entrenamiento, etc. [16, 17, 18, 43].

El asesoramiento sexual breve frecuentemente se asocia o incluye cinco componentes: la educación sexual, el cambio de actitudes maladaptativas, sugerencias para obtener un sexo agradable, la minimización de las limitaciones físicas y resolución de conflictos maritales relacionados con el tratamiento del cáncer [16, 17, 18], que se corresponden con los dos primeros niveles de intervención descritos anteriormente.

Las técnicas empleadas para la educación sexual irán encaminadas a satisfacer las necesidades más inminentes de los pacientes con cáncer: conocer como funciona su cuerpo y como el tratamiento puede cambiar esta función. En este sentido se han desarrollado varios modelos genitales tridimensionales que muestran la anatomía interna y externa que constituyen una valiosa herramienta educativa. Aunque parezca paradójico, tanto los hombres como las mujeres pueden tener dificultades en la identificación de algunos de sus órganos sexuales, así como de su función, por ello en determinados tipos de cáncer los pacientes manifiestan concepciones erróneas con respecto a su enfermedad y la evolución ulterior. Incluso en tumores de órganos no genitales, el impacto sexual del tratamiento es mejor comprendido cuando se tiene una idea más clara de la anatomía y fisiología del órgano afectado [44].

Debe recordarse que los tratamientos oncológicos son generalmente múltiples y sincrónicos, por lo que es importante para el paciente y sus familiares recibir una preparación previa. Se ha demostrado que un paciente bien informado colabora mejor en el tratamiento, tiene menos interrupciones y soporta mejor los efectos secundarios agudos y los tardíos, así como las secuelas, lo cual conlleva a un mejor pronóstico de la enfermedad. Preparar a los familiares, y en especial a la pareja, constituye un elemento clave, sobre todo cuando el tipo de cáncer se relaciona con órganos que intervienen en la sexualidad humana (mama, útero, vagina, ovario, vulva) [99, 100, 101, 102, 103].

Los métodos para el cambio de actitudes son útiles porque los pacientes con frecuencia tienen creencias y mitos en relación a la sexualidad y al cáncer. El temor al contagio de la enfermedad, y el hecho de considerar que el orgasmo coital es el único tipo “normal” de conducta sexual, son algunos de estos mitos. Deben de ser respetadas las preferencias fuertes y las elecciones basadas en asuntos religiosos. La función terapéutica está en sugerir alternativas, no en combatir estas creencias [16, 17, 18].

Los asesoramientos para recuperar el sexo ayudan a los pacientes a discutir sus deseos para restablecer la respuesta sexual con su pareja. La terapia sexual, como se ha visto, incluye ejercicios que proporcionan una organización ideal para alcanzar el sexo adecuado. Estos procedimientos dependerán del tipo de alteración o disfunción presente en el enfermo y de su etiología fundamental [43].

El tratamiento de muchos de estos pacientes incluye la minimización de las limitaciones físicas, ya que un gran número de estos pacientes han sufrido la pérdida de una parte de su cuerpo (la amputación de un miembro, vulvectomía, penectomía o mastectomía). El dolor crónico, la fatiga, la falta de movilidad son secuelas comunes de la enfermedad avanzada o del tratamiento sistémico. En lugar de esperar a que la relación sexual ocurra espontáneamente, estos pacientes tienen que planificarla para cuando se sientan más capaces, menos sintomáticos. La posición para hacer el amor es un aspecto importante a tener en cuenta. Un grupo de pacientes con necesidades especiales son los que padecen tumores de cabeza y cuello, los cuales presentan deformidades faciales que afectan la autoestima y la percepción por otros. Por ejemplo, el paciente al que se le ha realizado una laringectomía tiene dificultades con la comunicación y presenta problemas de olores y descargas mucosas que dificultan su relación sexual, si no se le entrena para tener más cuidado, por lo que se hace necesario dedicar más esfuerzos al desarrollo de técnicas de rehabilitación sexual para aliviar estos problemas [44].

Es relevante insistir en que algunos de los tratamientos oncoespecíficos para determinados tipos de cánceres, provoca como consecuencia dificultades para una relación sexual placentera a posteriori; así, por ejemplo, la braquiterapia de alta tasa de dosis que se emplea en el tratamiento del cáncer cervical (etapa II y III, con cuello permeable), puede producir en algunas pacientes quemaduras, resequedad de la vagina y estenosis vaginal, lo cual ocasiona dolores en bajo vientre y dolor al contacto sexual; la paciente rechaza con frecuencia la relación intima y, en ocasiones, el esposo también la rechaza por miedo a ocasionarle daño a su pareja [104, 105].

Este tratamiento puede generar en la paciente y sus familiares angustia, fantasías destructivas, agresividad, miedos, ansiedad, lo que tiene repercusión en la relación de pareja. Un estudio realizado en Brasil demuestra que las pacientes y familiares que reciben preparación psicológica antes y durante el tratamiento de braquiterapia, tienen un mejor afrontamiento y mayor adhesión al tratamiento, así como menos efectos secundarios; este tratamiento psicológico incorpora información acerca del tratamiento, efectos colaterales y posibles secuelas, así como alternativas de soluciones, sobre todo en lo referente a la posible estenosis vaginal post-radioterapia, todo con el fin de que la pareja pueda llevar posteriormente una vida sexual placentera [106].

En caso específico de trastorno sexual como consecuencia del dolor por cáncer es necesario realizar una correcta evaluación psicológica del paciente. Esta evaluación debe estar centrada en aquellos factores psicológicos y sociales que intervienen en la cronicidad y manifestación del dolor: factores contextuales (ambiente, familia, relaciones maritales), cognitivos (creencias, atribuciones, expectativas), emocionales (depresión, ansiedad, ira), personales (estilos de afrontamiento, actitudes, recursos de resistencia, etc.) para su manejo terapéutico posterior [107, 108, 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115].

La resolución de conflictos maritales relacionados con el cáncer permite a la pareja hablar sobre áreas de conflicto y constituye un importante paso en la solución de los problemas. Para que el matrimonio continúe después de un diagnóstico de cáncer es necesario que ambos miembros de la pareja cambien, la relación se ve muy afectada si uno de los miembros de la pareja crece, en el orden espiritual, y el otro no [112].

Por eso, ambos miembros de la pareja deben trabajar activamente en un crecimiento espiritual conjunto; si ello puede lograrse, sería la mejor solución; en el peor de los casos, es un tiempo empleado de forma interesante y estimulante. Lo más usual es que ambos miembros de la pareja acepten fácilmente el concepto de que el cónyuge es un valioso aliado en ayudar a la persona con cáncer a encontrar su propio camino; pero cuando el objetivo es que ambos crezcan espiritualmente, el concepto se hace todavía mucho más aceptable. Es raro que un cónyuge no coopere en esto. Si el matrimonio está muy deteriorado, ambos miembros deben saber que su disolución sería lo mejor para los dos [112]; en estos últimos casos debe velarse por no achacar al cáncer la causa, sino explorar y asumir las verdaderas causas del fracaso de la pareja. El sentido común ayuda a buscar y proponer soluciones sencillas, pero muy útiles, tales como sugerir a una pareja exhausta ir a dormir a su casa el fin de semana en lugar de hacerlo en la habitación del hospital del paciente [16, 17, 18, 44].

Entre un 10 % y un 20 % de todos los pacientes padecen disfunción sexual severa que demanda habilidades especiales por parte de un terapeuta sexual entrenado y el uso de técnicas de terapia sexual intensiva [16, 17, 18, 44]. Las indicaciones más frecuentes para este tipo de tratamiento son: a) problemas sexuales que preceden al diagnóstico del cáncer y que constituyen aún fuente de distrés, b) problemas sexuales relacionados con conflictos maritales severos, c) un trastorno que no responda al consejo sexual breve, o, d) un problema sexual que el paciente enfrente con pocos recursos psicológicos.

En la terapéutica sexual formal participa la pareja y habitualmente consta de intervenciones rápidas, dirigidas al control de síntomas. En ella son asignadas determinadas tareas a los pacientes, que incluyen ejercicios de focalización sensorial y búsqueda de otras técnicas sexuales que resulten efectivas para revertir disfunciones específicas. El manejo de la comunicación marital y el bienestar psicológico individual constituyen a menudo parte importante del tratamiento. Las técnicas de terapia sexual, combinadas con otras técnicas cognitivo-conductuales, como la reestructuración cognitiva y el entrenamiento en nuevas habilidades de afrontamiento, que han sido usadas en otras enfermedades crónicas, pueden ser útiles en el tratamiento de las disfunciones sexuales relacionadas con el cáncer, en función de los resultados de la rehabilitación médica o quirúrgica, como en las reconstrucciones mamarias o el tratamiento de disfunciones eréctiles con alto peso de componentes orgánicos [42, 44, 113].

El enfermo con disfunción eréctil orgánica puede recibir dos formas especiales de tratamiento: la inyección intracavernosa o la implantación de prótesis peneanas. Para descripción más detallada se puede consultar bibliografía especializada [42, 43].

En la mujer los tratamientos específicos para recuperar la esfera sexual por daño orgánico han quedado restringidos a terapias de reconstrucción en determinados tipos de cánceres. Entre estos cabe destacar, la cirugía reconstructiva de la mama, de la vagina, etc. En el caso de la afectación de la esfera sexual como consecuencia de los tratamientos oncoespecíficos se indican medicamentos para aquellas pacientes con menopausia prematura, especialmente terapias hormonales locales o utilizando cremas o supositorios lubricantes, con el objetivo de lubricar la vagina y facilitar así la relación coital; pero siempre debe prestarse atención a los aspectos psicosociales de la rehabilitación sexual tanto como a los físicos, aún cuando la índole del trastorno sea predominantemente orgánica [16, 17, 18, 44].

La rehabilitación integral del cáncer de mama ha cobrado gran atención en los últimos tiempos [114]. En los primeros días, después del diagnóstico, una mujer necesitará más que nunca la atención de su esposo o pareja, él también quizás tendrá que vérselas algún día con algún cáncer… Es un hecho que, después del diagnóstico, ya ellos no serán los mismos, cada vez que se mire a su pareja puede acudir a su mente la palabra “cáncer” con toda su ignominiosa carga semántica. Es recomendable que si no se quiere hablar sobre la enfermedad, se le diga abiertamente a la gente que rodea a la pareja, escogiendo entonces cuidadosamente a quién quiere hablarle sobre ella y sobre los problemas que trae asociados [18]. Después de habérsele realizado a una mujer mastectomía, ésta y su cónyuge deben tratar de reducir sus inhibiciones sexuales, de hablar abiertamente sobre sus ansiedades. No puede haber un asesoramiento único, ya que cada mujer es única y tiene una relación única con su pareja. En algunos casos el asunto no resulta un problema tan traumático; hay, incluso, mujeres que han empezado una relación duradera, por primera vez, después de una operación por cáncer de mama [16, 17, 18, 44, 114].

En general la psicoterapia dirigida a la solución de conflictos, familiares y matrimoniales, es un recurso clave para que el tratamiento integral de los problemas sexuales en la mujer con cáncer. Se sabe que es muy corto el tiempo que los pacientes pasan en la consulta de psicoterapia, en comparación con el tiempo y la energía que los enfermos pasan interactuando con sus seres queridos. Por tanto, después del diagnóstico de cáncer, es de la mayor importancia que la familia se convierta, todo lo más posible, en una fuerza positiva para el crecimiento espiritual del paciente [44, 107,112]. Al apoyarnos en la familia, y especialmente en el cónyuge, al involucrarlo como un agente estabilizador de la felicidad familiar, y a la vez, como un propulsor del cambio necesario ante las nuevas situaciones, garantizaremos un tratamiento más integral y abarcador, que desborde la sexualidad y permita alcanzar niveles superiores de bienestar, satisfacción y dicha. Cualquier esfuerzo por superar los problemas sexuales debe hacerse en el marco de una relación armónica de amor y crecimiento personal [16, 17, 18]. El manejo de los problemas sexuales, en general, y en los pacientes con cáncer, en particular, no puede hacerse en un marco ajeno a la espiritualidad y al amor en la pareja.

La sexualidad en los enfermos avanzados

Los enfermos avanzados han atravesado por un período más o menos largo en el cual se han manifestado cambios en su funcionamiento sexual, en cualquiera de las modalidades descritas anteriormente. Mucho de lo expresado acerca de la valoración y el manejo del funcionamiento sexual en el paciente con cáncer es vigente también para el enfermo en esta etapa, ellos sufrieron o estuvieron sometidos a esos cambios en su sexualidad producto de la enfermedad o de los tratamientos en momentos precedentes e, incluso, en la situación actual, algunos de estos cambios, problemas o situaciones pueden mantenerse vigentes.

A pesar de lo que comúnmente pueda creerse, el estadio terminal por sí mismo no disminuye necesariamente el interés sexual; por el contrario, puede acrecentarse la necesidad de cercanía física y de ser reconocida su condición de ser humano sexualmente deseable, aún cuando sea totalmente imposible la realización del coito16-18,44,107. Desafortunadamente, no existe mucha literatura disponible acerca de los problemas sexuales de los pacientes con cáncer avanzado.

No se trata de afirmar que los problemas en esta etapa son imaginarios o de índole estrictamente subjetiva. Es absolutamente cierto que estos pacientes tienen limitaciones reales (objetivas o subjetivas, de base orgánica o psicológica) a la satisfacción sexual: clima de tensión en la pareja, efectos secundarios de los tratamientos precedentes y actuales, problemas de privacidad, debilidad y deterioro creciente, temores del cónyuge a hacerle daño o a solicitar algo “indebido” al paciente, a que le considere “egoísta” en relación a la satisfacción de sus deseos, etc. En este estadio, más que antes, los problemas de desadaptación afectiva se imbrican con los determinantes orgánicos [15], formando un todo único y complejo, que debe ser cuidadosamente evaluado por los profesionales del equipo de Cuidados Paliativos [16, 17, 18, 107].

La declinación en la frecuencia o el vigor y capacidad para el acto sexual no debe interpretarse directamente como un indicador negativo en la relación de pareja y en el funcionamiento sexual global. Es común que aparezcan espontáneamente reorientaciones de la sexualidad hacia otros modelos en la relación de pareja, con modalidades muy singulares de convivencia marital o de adaptación afectiva. La desaparición de iniciativas sexuales y la adopción de actitudes más pasivas, cuando no resulta factible el patrón de funcionamiento sexual precedente, puede ser un signo de ajuste, favorecedor del bienestar emocional, que engloba y desborda la sexualidad. Siempre habrá numerosas alternativas a la felicidad y la satisfacción sexual.

Ante la evaluación del funcionamiento sexual en el paciente en situación terminal, es importante enfatizar que lo primero es reconocer los problemas desde una actitud realista, evitando propuestas o indicaciones que puedan ser no deseadas por el paciente o que contradigan los principios fundamentales de los Cuidados Paliativos. No podremos sobrecargar a este enfermo con cuestionarios y exámenes que podrían ser útiles en otras etapas de la enfermedad. El mejor marco de evaluación es el de las entrevistas que desarrollan con él los miembros del equipo de salud que lo atienden [16, 17, 18, 44]; salvo casos excepcionales no hay que estar buscando “superespecialistas” entrenados en terapia sexual. Es necesario que todos los miembros del equipo conozcan nociones básicas sobre evaluación y manejo de este tipo de problemas; aunque, por lo general, los psicólogos son los profesionales que han tenido o buscan más fácilmente formación especial en terapia y orientación sexual y puede recurrirse a ellos cuando se trata de implantar medidas específicas de tratamiento y tienen, además, mayor experiencia, en la comunicación íntima y en el abordaje de conflictos espirituales, ellos pueden ser útiles para este abordaje como miembros del equipo que atiende a enfermos avanzados.

En el manejo de la sexualidad en esta etapa final de la vida es más justificado incitar a un reconocimiento, revisión, reforzamiento o reafirmación de la vida afectiva del paciente, de la relación con su pareja, que imponer terapias sexuales sofisticadas, para las cuales el paciente raramente tiene energía o motivación [112]. Lo sexual surgirá como consecuencia, aunque no siempre pueda solucionarse, total o parcialmente, en función de múltiples circunstancias. Tratar las disfunciones sexuales en estos enfermos puede ser muy difícil, pero al menos debemos intentar comprenderlo plenamente, integrarlo con su entorno psicosocial, especialmente familiar, apoyarlo y acompañarlo en el resto de sus sufrimientos y preocupaciones. En consecuencia, cualquier terapia o intento de recuperación sexual en un paciente en la etapa final de su vida, tiene que estar en el enfoque, estrategias y acciones de los cuidados que se le brindan. Es importante identificar, reconocer y estimular conductas sexuales alternativas, que sin representar maltrato, vergüenza o humillación por lástima, ofrezcan posibilidades placenteras, como la cercanía física no-genital y variadas demostraciones de afecto. Una prolongada mirada, una tierna caricia, una auténtica sonrisa de amor, pueden compensar —incluso en momentos postreros—la falta de ejecución sexual en otros tiempos deseada y llevar a la satisfacción de las necesidades de este paciente en esos momentos [16, 17, 18, 112, 115].

Hay que concebir aquí a la sexualidad en su más abierta y flexible expresión.

Una considerable cantidad de pacientes en situación terminal, que aún no se encuentran en período preagónico, pueden desplegar juegos y maniobras de obvio contenido sexual [16, 17, 18, 112, 113, 114].

Algunos programas dirigidos a personas ancianas con enfermedad avanzada enfatizan en la necesidad de involucrar determinados ejercicios, nutrición adecuada y autoestima, vinculadas a estrategias para facilitar la actividad sexual [112, 115]. En ellos pueden ser valoradas puntualmente algunas técnicas de terapia sexual, especialmente focalización sensorial [95], asociadas siempre al asesoramiento y el consejo sexual breve. Lo más importante es orientar en ellos conductas sexuales alternativas, en el mayor contexto posible de amor genuino.

Las consideraciones que se han planteado son, en gran medida, extensivas a hombres y mujeres que tienen o han tenido cáncer y que reciben o han recibido tratamientos con fines de curación o que se encuentran bajo atención paliativa. Información adecuada, estímulo de lazos afectivos entre la pareja y con los demás familiares y allegados, un equipo sanitario adecuado y entrenado, la valoración de experiencias de otras personas, son todos puntos importantes para cumplir con el objetivo de orientar la satisfacción sexual del enfermo y brindar una buena calidad de vida al paciente con cáncer hasta el final de sus días [71, 116].

Quienes trabajan con enfermos de cáncer no deben olvidar que la OMS define la sexualidad como una dimensión central del bienestar humano a través de la vida, que comprende el sexo, identidad del género y roles, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción; esta sexualidad es experimentada y expresada en el pensamiento, con fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relación de pareja; y está influenciada por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales [117].

Referencias bibliográficas

1. Grau. J. “Sexualidad y envejecimiento: mitos y realidades”. Conferencia magistral en II Congreso de Geriatría y Gerontología. Universidad Autónoma de San Luis de Potosí, México, octubre de 2011.

2. Flórez. L. “¿Qué entendemos por sexualidad humana?” En: Nuñez de Villavisencio. F. (ed) “Psicología y Salud” (libro de consulta para estudiantes de Psicología Médica de los Institutos Superiores de Ciencias Médicas de Cuba). La Habana: ECIMED, 2001,157- 64.

3. Monroy. A. “La sexualidad humana”. En: CONAPO. “Antología de la Sexualidad Humana”. México, DF: Grupo Editorial “Miguel. A. Purrúa”, 1994.

4. Sala MD. “Sexualidad en la vida adulta”. En: Nuñez de Villavisencio. F. (ed) “Psicología y Salud” (libro de consulta para estudiantes de Psicología Médica de los Institutos Superiores de Ciencias Médicas de Cuba). La Habana: ECIMED, 2001,165-70.

5. Sierra. J.C.; Buela-Casal. G. “Evaluación y tratamiento de las disfunciones sexuales”. En: Buela-Casal. G.; Sierra. J.C. (eds) “Manual de evaluación y tratamientos psicológicos”. Madrid: Biblioteca Nueva, 2001, 439-86.

6. Carrobles. J.A.; Sanz. A. “Terapia sexual”. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, 1991.

7. Flórez. L. “Disfunciones sexuales”. En: Nuñez de Villavisencio. F. (ed) “Psicología y Salud” (libro de consulta para estudiantes de Psicología Médica de los Institutos Superiores de Ciencias Médicas de Cuba). La Habana: ECIMED, 2001, 171-74.

8. Masters. W.J.; Johnson. V.E. “Human Sexual Inadequacy”. Boston: Brown & Co, 1970.

9. Kaplan. H.S. “La nueva terapia sexual”, t 1 y 2. Madrid: Alianza Editorial, 1978.

10. Labrador. F.J. “Tratamiento psicológico de las disfunciones sexuales”. En: Echeburúa. E. (ed) “Parejas en conflictos: estrategias psicológicas de intervención”. San Sebastián: Servicio Editorial Universidad del País Vasco, 1987.

11. Hurtado. F. “Sexualidad: funcionamiento normal, trastornos y tratamientos”. Valencia: Promolibro, 1997.

12. Lazzarint. H. “Cáncer y sexualidad”. Revista Yo, Paciente Oncológico 1997; 1(2):5.

13. Buela-Casal. G.; Moreno. S. “Intervención psicológica en cáncer”. En: Simón. M.A. (ed) “Manual de Psicología de la Salud: fundamentos, metodología y aplicaciones”. Madrid: Biblioteca Nueva, 1999, 505-36.

14. Grau. J. “La calidad de vida en los enfermos de cáncer: su evaluación”. En: Gómez Sancho. M. (ed) “Medicina Paliativa en la Cultura Latina”. Madrid, Arán, 1999, 291-300.

15. Schavelzon. J. “Desadaptación afectiva, sexualidad y cáncer”. En: Schavelzon. J. (ed) “Psique”. Buenos Aires: Científica Interamericana, 1992:258-74.

16. Grau. J.; Jiménez. P.J. “La sexualidad en el enfermo de cáncer”. En: Gómez Sancho. M. (ed) “Cuidados Paliativos e Intervención Psicosocial en enfermos terminales”; 2a ed. Las Palmas de Gran Canaria: ICEPSS, 1998, I, 671-86.

17. Grau. J.; Llantá. M.C.; Chacón. M.; Fleites. G. “La sexualidad en pacientes con cáncer: algunas consideraciones sobre su evaluación y tratamiento”. Revista Cubana de Oncología 1999, 1(15):13-26.

18. Grau. J. “Los trastornos sexuales en el paciente con cáncer: su evaluación y tratamiento”. En: Gómez Sancho. M.; (ed) “Medicina Paliativa en la Cultura Latina”. Madrid, Arán, 1999,819-32.

19. Bayés. R. “Psicología Oncológica”. Barcelona: Martínez Roca, 2da. ed., 1991.

20. Grau. J. “Estrés, salud y enfermedad”. Facultad de Salud Pública, Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, Impresiones ligeras (folleto docente), 1999.

21. Miller. B.L.; Cummings. J.L.; McIntyre. H. “Hypersexuality or altered sexual preference following brain injury”. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1986; 49:867-63.

22. Kaplan. H.S. “Sexual Aversion, Sexual Phobias, and Panic Disorder”. New York: Brunner/Maxel, 1987.

23. Longcope. C. “Steroid production in pre- and postmenopausal women”. En: Greenblatt. R.B.; Mahesh. V.; McDonough. R. (eds). “The menopausal syndrome”. NY: Medcom Press, 1974.

24. The Boston Women’s Health Book Collective. “The New Our Bodies, Ourselves. A book by and for women”. NY: A touchstone Book, Simon & Schuster Inc, 1992.

25. Bancroft. J. ; Sanders. D. ; Davidson. D. “Mood, sexuality, hormones, and the menstrual cycle: sexuality and the role of androgens”. Psychosom Med 1983; 45:509-16.

26. Derogatis. L.R.; Morrow. G.R.; Fetting. J. et al. “The prevalence of psychiatric disorders among cancer patients”. JAMA 1983, 249: 751-57.

27. Bukberg. J.; Penman. D.; Holland. J.C. “Depression in hospitalized cancer patients”. Psychosom Med 1984; 46:199-212.

28. Schover. L.R. “Sexuality and fertililty in urologic cancer patients”. Cancer 1987; 60 (suppl):553-58.

29. Balslev. Y.; Harling. H. “Sexual dysfuntion following operation of carcinoma of the rectum”. Dis Colom Rectum 1983; 26:785-88.

30. Yeager. E.S.; Van Heerden. J.A. “Sexual dysfunction following proctocolectomy and abdominoperineal resection”. Ann Surg 1980; 191:169-70.

31. La Monica. G.; Audisto. R.A.; Tamburini. M. “Incidence of sexual dysfunction in male patients treated surgically for rectal malignancy”. Dis Colon Rectum 1985; 28:937-40.

32. Williams. N.S.; Johnston. D. “The quality of life after rectal excision for low rectal cancer”. Br J Surg 1983; 70:460-62.

33. Suttcliffe. S.B. “Clinical problems and their management: clinical problems in females with lymphoma”. In: “Proceedings of Workshop on Psuchosexual and Reproductive issues of Cancer Patients”. New Yok: American Cancer Society, 1987.

34. Schover. L.R.;Fife. M.; Gershenson. D.M. “Sexual rehabilitation and treatment for early stage cervical cancer”. Cancer 1989 ; 63:204-12.

35. Andersen. B.L.; Hacker. N.F. “Psychosexual adjustment after vulvar surgery”. Obstet Gynecol 1983; 62:457-62.

36. Andersen. B.L.; Hacker. N.F. “Psychosexual adjustment following pelvic exenteration”. Obstet Gynecol 1983;61:331-38.

37. Schover. L.R. “Sexual funtion in female radical cystectomy: a case series”. J Urol 1985; 134:465-68.

38. Schover. L.R.; Evans. R.B.; Von Eschenbach. A.C. “Sexual rehabilitation and male radical cystectomy”. J Urol 1986; 136:1015-17.

39. Schover. L.R.; Gonzalez. M.; von Eschenbach. A.C. “Sexual and marital relationships after radiotherapy for seminoma”. Urology 1980;27:117-23.

40. Nijman. J.M. “Some aspects of sexual and gonadal function in patients witn non seminomatous germ-cell tumor or the testis (disertation)”. The Netherlands: Drukkerij. Van.; Denderen. B.V.; 1987.

41. Zussman. L.; Zussman. S.; Sunley. R.; et al. “Sexual response after hysterectomy- oophorectomy: recent studies and reconsideration of psychogenesis”. Am. J. of Obstetrics and Gynecology 1981, 40:725-29.

42. Edwards. C.L.; Loeffler. M.;Rutledge. F.N. “Vaginal reconstruction. In: von Eschenbach AC, Rodríguez DB (eds). “Sexual Rehabilitation of the Urologic Cancer Patient”. Boston: GK Hall, 1981: 251-64.

43. Schover. L.R.; Schain. W.S.;Montague. D.K. “Psychologic aspects of patients cancer”: section 2: “Sexual problems in patients with cancer”. In: Clinical Oncology: A Multidisciplinary Approach, 2nd ed. NY: American Cancer Society, 1989: 2220-25.

44. Grau. J.; Barbat. I. “Los trastornos sexuales en el paciente con cáncer: su evaluación y tratamiento”. En: Gómez Sancho. M. (Ed) “Avances en cuidados paliativos”. Las Palmas de Gran Canaria: GAFOS, 2003, cap. 66, T II, 655-78.

45. Auchincloss. S.S. “Sexual disfunction in cancer patients: Issues in Evaluation and treatment”. In: Holland. J.C.; Rowland. J.H. (Eds). “Handbook of Psychooncology. Psychological Care of the Patients with Cancer”. NY: Oxford University Press, 1989: 383-418.

  1. Le Borgne. G.; Mercier. M. Woronoff .A.S,, Guizard. A.V.; et al. “Quality of life in long-term cervical cancer survivors: A population-based study”. Gynecol Oncol 2013;129(1): 222-8.

  2. Brotto. L.A.; Yule. M.; Breckon. E. “Psychological interventions for the sexual sequelae of cancer: a review of the literature”. J Cancer Surviv 2010; 4(4): 346–60.

48. Grover. S.; Hill-Kayser. C.; Vachani. C.; Hampshire. M.K.; DiLullo. G.; Metz. J. “Patient reported late effects of gynecological cancer treatment”. Gynecol Oncol 2012;124: 399–403.

49. Katz. A. “Interventions for sexuality after pelvic radiation therapy and gynaecological cancer”. Cancer J 2009; 15(1): 45–7.

50. Kobayashi. M.; Ohno. T.; Noguchi. W.; Matsuda. A.; Matsushima. E.; Kato. S. et al. “Psychological distress and quality of life in cervical cancer survivors after radiotherapy: do treatment modalities, disease stage, and self-esteem influence outcomes?” Int J Gynecol Cancer 2009; 19(7): 1264–8.

  1. Aerts. L.; Enzlin. P.; Verhaeghe. J.; Vergote. I.; Amant. F. “Sexual and psychological functioning in women after pelvic surgery for gynaecological cancer”. Eur J GynaecOncol 2009; 30(6): 652–6.

  2. Abbott-Anderson. K. K.; wekkeboom. K.L. “A systematic review of sexual concerns reported by gynecological cancer survivors”. Gynecol Oncol. 2012; 124: 477-89.

  3. Hawighorst-Knapstein. S.; Fusshoeller. C.; Franz. C.; Trautmann. K.;Schmidt. M.; Pilch. H. et al. “The impact of treatment for genital cancer on quality of life and body image–results of a prospective longitudinal 10-year study”. Gynecol Oncol. 2004 Aug; 94(2): 398–403.

  4. Fotopoulou. C.; Neumann. U.; Kraetschell. R. Schefold. J.C, Weidemann H, Lichtenegger W, et al. “Long-term clinical outcome of pelvic exenteration in patients with advanced gynecological malignancies”. J Surg Oncol. 2010; 101 (6): 507–12.

  5. Greimel. E.R.; Winter. R.; Kapp. K.S.; Haas. J. “Quality of life and sexual functioning after cervical cancer treatment: a long-term follow-up study”. Psychooncology 2009; 18(5): 476–82.

  6. Kamal. A.; Elghamrawi. M.; Haggag. H. “Treatment complications among long-term survivors of cervical cancer: treated by surgery or radiotherapy” Emmad. E. Oncol Rev 2011; 5:261–66.

  7. Susan Davidson.Treatment for advanced cervical cancer: Impact on quality of life.Critical Reviews in Oncology/Hematology 2011; (79); 24–30.

  8. Klopp. A.M.; Eifel. P.J. “Chemoradiation therapy for cervical cancer in 2010”. Curr Oncol Rep 2011; 13: 77–85.

  9. Jorge. L.L.R.; Silva. S.R. “Evaluation of the quality of life of gynecological cancer patients submitted to antineoplastic chemotherapy”. Rev Latino-Am Enfermagem 2010; 18(5): 849-55.

  10. Jones .B. “Toxicity after cervical cancer treatment using radiotherapy and chemotherapy”. Clin Oncol 2009; 21: 56–63.

  11. Krikeli. M.; Ekonomopoulou.M.T.;TzitzikasI.;Goutzioulis. A. Mystakidou. K.; Pistevou-Gombaki K. “Comparison of the impact of radiotherapy and radiochemotherapy on the quality of life of 1-year survivors with cervical cancer”. Rev Cancer Management and Research 2011: 3; 248.

  12. Tindle. D.; Denver. K.; Lilley. F., “Identity, image and sexuality in young adults with cancer”. Semin Oncol 2009; 36(3): 281–8.

  13. Eifel. P.; Anuja. J. “Radiation therapy”. In: Barakat. R.R.; Bevers. M.W.; Gershenson. D.M.; Hoskins.W.J.; (Eds). “Handbook of Gynecologic Oncologic”. London. Martin Dunitz Publisher Ltd., 2013: 80-82.

  14. Jeffrey.T.; Hochhauser. D. “Cancer and its management”. Singapore: Blackwell Publishers, 2010, 6th. ed.

  15. Zanagnolo. V.; Ming. L.; Gadducci. A.; et al. “Surveillance procedures for patients with cervical carcinoma: a review of the literature”. Int J GynecolCancer 2009; 19: 194-201. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19395993

  16. Jensen. P.T.; Groenvold. M.; Klee. M.C.; Thranov. I.; Petersen. M.A.; Machin. D. “Longitudinal study of sexual function and vaginal changes after radiotherapy for cervical cancer”. Int J Radiat Oncol Biol Phys 2003; 56(4): 937–49.

  17. Mantegna. G.; Petrillo. M.; Fuoco. G.; Venditty. L.; Terzano. S.; Anchora. L.P.; “Long-term prospective longitudinal evaluation of emotional distress and quality of life in cervical cancer patients who remained disease-free2-years from diagnosis”. BMC cancer 2013; Mar 18(13):127.

  18. Sadovsky. R.; Basson. R.; Krychman. M.; Morales. A.M.; Schover. L.; Wang. R.; et al. Cancer and sexual problems. J Sex Med. 2010; 7:349–73.

  19. Ozaras. G.; Özyurda. F. “Quality of life and influencing factors in patients with a gynaecologic cancer diagnosis at Gazi University”, Turkey. Asian Pac J Cancer Prev 2010; 11(5): 1403–8.

  20. Bifulco. G.; et al. “Quality of life, lifestyle behavior and employment experience: A comparison between young and midlife survivors of gynecology early stage cancers”. Gynecol Oncol 2012; 124: 444-51.

  21. Boehmer U, Potter J, Bowen DJ. Sexual functioning after cancer in sexual minority women. Cancer J 2009; 15(1): 65–9.

  22. Kirkova. J.; Walsh. D.; Rybicki. L.; Davis. M.P.; Aktas. A.; Tao. J.;et al. “Symptom severity and distress in advanced cancer”. Palliat Med 2010;24:330 – 9.

  23. Graham. C. “The DSM criteria for female sexual arousal disorder”. Arch Sex Behav 2010; Apr; 39: 240–55, doi:10.1007/s10508-009-9535-1

  24. Wiljer. D.; Urowitz. S.; Barbera. L.; Chivers. M.; Quartey. N.K.; Ferguson. S.; et al. “Qualitative study of an internet-based support group for women with sexual distress due to gynecologic cancer”. J Cancer Educ 2011; 26(3): 451–8.

  25. Weijmar Schultz. W. C. M.; Van de Wiel. H. B. M.; “Sexuality, Intimacy and Gynecological Cancer”. Journal of Sex & Marital Therapy 2002, 29(s):121–28. Downloaded by [HINARI] at 14:50 29 February 2012. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1080/713847128

  26. Hawkins. Y.; Ussher. J.; Gilbert. E.; Perz. J.; Sandova.l M.; Sundquist. K.; “Changes in sexuality and intimacy after the diagnosis and treatment of cancer: the experience of partners in a sexual relationship with a person with cancer”. Cancer Nurs. 2009; 32(4): 271–80.

  27. Audette. C.; Waterman. J.; “The sexual health of women after gynecological malignancy”. J Midwifery Womens Health Jul/Aug 2010; 55: 357–62.

  28. Ratner. E.; Foran. K.; Schwartz. P.; Minkin. M.; “Sexuality and intimacy after gynecological cáncer”. Maturita 2010:236.

79. Fernández. L. “Amor, sexo y el fin del milenio”.Rev Cub de Psicología 2001; 18(2).

80. Ortega. A.; “Estrés, salud y sexualidad”. Ciudad de la Habana: Editorial Capitán San Luis, 2009.

81. Opjordsmoem. S.; Waehre. H.; Aass. N.; et al. “Sexuality in patients treated for penile cancer: patient’s experience and doctor’s judgement”. Brit J Urol 1994; 73, 5: 554-60.

82. Davis. C.M.; Yarber. W.L.; Bauserman. R.; Schreer.G.;Davis. S.L. (eds) . “Handbook of sexuality-related measures”. London: Sage, 1998.

83. Libman. E.; et al. “Jewish General Hospital (JGH) Sexual self-monitoring form: Diary evaluation of sexual behavior and satisfaction”. In: Davis. C.M.; Yarber. W.L.; Bauserman. R.; Schreer. G.; Davis.S.L. (eds) “Handbook of sexuality-related measures”. London: Sage, 1998.

84. Schover. L.R.; Jensen. S.B.; “Sexuality and Chronic Illnes: a comprehensive approach”. New York: Guilford Press, 1988.

85. Cruzado. J.A.; Olivares. M.E.; “Intervención psicológica en pacientes con cáncer”. En: Buceta. J.M.; Bueno. A.M. (eds) “Tratamiento psicológico de hábitos y enfermedades”. Madrid: Pirámide, 1998, 495-544.

86. De Haes. J.C.J.M.; von Knippenberg. F.C.E. “Quality of life of cancer patients”. In: Aaronson. N.K.; Beckman. J.; (eds). “The Quality of Life of cancer patients”. NY: Raven Press, 1989: 402-34.

87. Grau. Abalo. J. “Calidad de Vida y Salud: problemas en su investigación”. Tesis de Grado de Especialista en Psicología de la Salud. Facultad de Ciencias Médicas “Calixto García”, Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, 1997.

88. Méndez. J.; Grau. J.; “La evaluación psicológica en el enfermo al final de la vida: principios y técnicas. La evaluación del sufrimiento y de la calidad de vida”. En: Gómez Sancho. M.; (Ed) “Avances en Cuidados Paliativos”. Las Palmas de Gran Canaria: GAFOS, 2003, T II, cap. 43, 151-70.

89. Cortes. J.; Reyes. M.; Díaz. L.; Rivera. M.; Monjaraz. C.; (Cit: Rodríguez. N.; 2013, en su tesis de especialista sobre “la Relación de Pareja de pacientes con cáncer de cérvix post- radioterapia): el Inventario Multifacético de Satisfacción Marital” (IMSM), 1994

90. Schaefer. M.; Olsen. D.; “Assessing intimacy: The PAIR inventory”. Journal of Marital and Family Therapy 1981; 7(1): 18-23.

91. Rosen. R.; Brown. C.; Heiman. J.; Leiblum. S.; Meston. C.; Shabsight. R.; et al. “The female sexual function index (IFSF): A multidimensional self-report instrument for the assessment of female sexual function”. J Sex & Marital therapy 2000: 191-208.

92. Blumel. J.; Binfa. L.; Cataldo. P.; Carrasco. A.; Izaguirre. H.; Sarra. S. “Indice de función sexual femenino: Un test para evaluar la sexualidad de la mujer”. Rev Chil Obstet Ginecol 2004; 69(2): 118-25.

93. Andersen. B.I. “Sexual difficulties for women following cancer treatment”. In: Andersen. B.I.; (Ed) “Women and Cancer: psychological perspectives”. NY: Springer-Verlag, 1986: 257-88.

94. Kaplan. H.S. “Manual ilustrado de terapia sexual”. Barcelona: Grijalbo, 1978.

95. Musé. M. “Tratamiento de disfunciones sexuales”. Manual terapéutico. Madrid: Tea Ediciones, 1994.

96. Sierra. J.C. “Tratamiento conductual de las disfunciones sexuales”. En: Buela-Casal. G.; Caballo. V.E.; (dirs) “Manual de Psicología Clínica Aplicada”. Madrid: Siglo XXI, 1991.

97. Masters. W.; Johnson. V. “Incompatibilidad sexual humana”. Buenos Aires: Intermédica, 1981.

98. Hawton. K. “Terapia sexual”. Barcelona: Doyma, 1985.

99. Hernández. M.A. “Principios de la oncología radioterápica”. En: Gómez Sancho.; (ed) “Medicina Paliativa en la Cultura Latina”. Madrid: Arán, 1999, 111-27.

100. Hernández. J.Ma.; Marchena. J.; Gómez. G.; et al. “La cirugía en el tratamiento del cáncer”.En: Gómez Sancho.; (ed) “Medicina Paliativa en la Cultura Latina”. Madrid: Arán, 1999,129-40.

101. Frazier. L.M.; Miller. V.A.; Horbelt. D.V.; Delmore. J.E.; “Brigitte Employment and Quality of Survivorship Among Women With Cancer: Domains Not Captured by Quality of Life Instruments”. Cancer Control 2009; January; 16(1): 57–65.

102. Cabello. F. “Tratamiento del deseo sexual hipoactivo de la mujer”. Revista Int Androl 2007; 5(1): 29-37.

103. Park. E.R.; Norris. R.E.; Sober. S.Z. “Sexual health communication during cancer care: barriers and recommendations”. Cancer J 2009; 15(1): 74.

104. Cunningham. M.J.; Dunton. C.J.; Corn. B. et al. “Extended-field radiation therapy in early- stage cervical carcinoma:survival and complications”. Ginecologic Oncology 1991; 43(1): 51-4.

105. Estape. R.E.; Angioli. R.; Madrigal. M. et al. “Close vaginal margins as a prognostic factor after radical hysterectomy”. Ginecologic Oncology 1998;68(3): 229-32.

106. De Paula. W. O. “preparo psicológico para braquiterapia vaginal”. ARP 1998;1(1):53-6.

107. Barbat. I. “La Eficacia de los Cuidados Paliativos en la Comunidad y la Calidad de Vida del paciente oncológico”. Tesis de Especialista de I Grado en Medicina General Íntegral. Instituto Superior de Ciencias Médicas del La Habana, 1995.

108. OPS. Cuidados Paliativos: “guías para el manejo clínico”. OPS, Programa de Enfermedades No Transmisibles, División de Prevención y Control de Enfermedades, 1998.

109. Jacox. A.; Carr. D.B.; Payne. R.; et al. “Magagement of Cancer Pain”. Clinical Practice Guideline No. 9. AHCPR Publication No. 94-0592. Rockville.M.D. “Agency for Health Care Policy and Research. U.S., Department of Health and Human Services”. Public Health Service, march 1994.

110. Martín. M. “Aspectos psicológicos en el dolor”. En: Nuñez de Villavisencio. F.; (ed) “Psicología y Salud” (libro de consulta para estudiantes de Psicología Médica de los Institutos de Ciencias Médicas de Cuba). La Habana: ECIMED, 2001,251-63.

111. Grau. J.; Llantá. M.C.; Carbonell. M. “Evaluación e intervención psicológica en el enfermo de cáncer con dolor”. En: Gómez Sancho.; (ed). “Avances en Cuidados Paliativos”. Las Palmas de Gran Canaria: GAFOS, 2003, T II, cap 38, 51-80.

112. LeShan. L. “Cancer as a turning point”. New York: A Plume Book, 1994.

113. Schover. L.R. “Sexual rehabilitation of the ostomy patient”. In: Smith. D.B.; Johnson. D.R.; (eds) “Ostomy care and the cancer patient: surgical and clinical considerations”. Orlando: Grune & Stratton, 1986, 103-20.

114. Hussain. M. “Consejos prácticos de la A a la Z después de la cirugía por cáncer de mama”. ASTA MEDICA, 5ª. ed. Madrid: Artes Gráficas Venus SL, 1993.

115. Shell. J.A.;Smith. C.K. “Sexuality and the older person with cáncer”. Oncol Nurs Forum 1994;21(7):1135-36.

116. Grau. J. “La sexualidad en el paciente terminal”. Ponencia al IV Curso Internacional de Cuidados Paliativos al Paciente Oncológico (octubre de 1998) organizado por la Unidad de Cuidados Paliativos y Clínica del Dolor del Instituto Nacional de Cancerología de México. En: “Memorias del IV Curso Internacional”, ASOFARMA, México, DF, 1998, 61- 5.

117. Collumbien. M.; Busza. J.; Cleeland. J.; Campbell. O. “Social science methods for research on sexual and reproductive health”. WHO Library Cataloguing; 2012, 5-6.

Anexos

Autorregistro adaptado de Libman y cols. por sierra y Buela-Casal

Nombre ___________________________________ Fecha ___________________

  1. Actividades sexuales (por favor, señale con una X en la columna 1 si ocurrió la actividad)

                                                              1        2                                                                           1     2

Actividades individuales:

  • Fantasías

  • Sueños

  • Masturbación

  • Lecturas eróticas

  • Visión de imágenes eróticas

  • Otra (especificar)

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

Actividades interpersonales:

  • Besos

  • Dar caricias no genitales

  • Recibir caricias no genitales

  • Acariciar el pecho

  • Dar caricias genitales

  • Recibir caricias genitales

  • Dar estimulación oral

  • Recibir estimulación ora;

  • Dar estimulación anal

  • Recibir estimulación anal

  • Masturbación mutua

  • Coito

  • Otra (especificar)

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

___

  1. Por favor, fíjese en la siguiente escala y clasifique según ella cada actividad que registró anteriormente. Escriba la clasificación en la columna 2 de arriba.

Muy desagradable Muy agradable

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

  1. Cómo valora su experiencia sexual de hoy? (marque con una X)

Muy negativa Muy positiva

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

4. Experimentó Ud. algún orgasmo? _____

5. En caso afirmativo, durante qué actividad? _____

6. Qué satisfecho está Ud. con la cantidad de afecto que ha recibido hoy? _____

Muy insatisfecho Muy satisfecho

1 2 3 4 5

7. En general, cómo sintió a su pareja hoy?

Muy negativa Muy positiva

1 2 3 4 5

8. Por favor, agregue con sus propias palabras cualquier información importante relacionada con Ud., su pareja, su vida sexual o cualquier otro aspecto de interés que hablar con el terapeuta.

Tabla I. Afectaciones en mujeres con cáncer

Localización

Edad

Significación

Afectación

Mama

Pacientes de cualquier edad

Emocional y sexual

Preocupaciones de apariencia: cicatriz,

Reconstrucción, prótesis.

Tratamiento quirúrgico:

Pérdida de la mama.

Ante quimioterapia y tto. radiante: pérdida de función ovárica

En pacientes jóvenes:

abortos posibles luego de tratamientos

Ginecológico

Pacientes de cualquier edad

Emocional, sexual y reproductiva de órganos genitales.

Tratamiento quirúrgico: pérdida de útero, ovarios, vagina o genitales externos.

Tratamiento con quimioterapia y radioterapia: pérdida de la función ovárica, lesiones provocadas por quemaduras, que afectan la apariencia, aequedad vaginal y fibrosis etc.

Disfunción sexual por miedo al dolor y otras preocupaciones.

Sea cual fuese la localización clínica, en todas las disfunciones sexuales en pacientes con cáncer los problemas orgánicos están muy ligados a los problemas psicológicos.

El manejo de este tipo de trastornos lleva a una cuidadosa evaluación y a la consideración de la reducción del dolor, la ansiedad y el disconfort43. 43.( Schover. L.R.; Schain. W.S.; Montague. D.K.; 1989).

Tabla II. Afectaciones en hombres con cáncer

Localización

Edad

Significación

Afectación

Testículos

Hombres jóvenes

Emocional, sexual y reproductiva de los testículos.

Preocupaciones de apariencia: prótesis y relacionadas con la quimioterapia

Tratamiento de quimioterapia y/o quirúrgico pueden causar esterilidad, cambios en la eyaculación y en el caudal del esperma.

Vejiga y próstata

Hombres de mayor edad

Potencia, efecto de la edad en la erección

Tratamiento quirúrgico: alta incidencia de disfunciones eréctiles

Impacto de ostomías. aunque sean transitorias

Tabla III. Afectaciones para hombres y mujeres con cáncer

Localización

Edad

Significación

Afectación

Cólon y recto

Pacientes de mayor edad

Emocional, sexual

Tratamiento quirúrgico: preocupaciones de apariencia por las ostomías, aunque sean transitorias, elevada incidencia de disfunciones eréctiles

Lucemia y linfomas

Pacientes jóvenes

Emocional, sexual y reproductiva por los tratamientos prolongados y estresantes

Preocupaciones de apariencia por los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, los cuales pueden causar esterilidad, pérdida de la función ovárica

La literatura revisada sustenta que los tratamientos oncoespecíficos para las cuatro localizaciones de cáncer ginecológico dañan en mayor o menor medida el funcionamiento sexual en mujeres activas sexualmente [46, 47, 48, 49, 50].

Tabla IV. Evaluación médica de disfunciones (modificado de Sierra y Buela-Casal [5]

Historia clínica médica

Presencia de trastornos previos: cardiovasculares, endocrinas, genito-urinarios, músculo-esqueléticos, neurológicos, renales, respiratorios, etc.

Tratamientos quirúrgicos practicados: resección intestinal o rectal, prostatectomía, episiotomía, histerectomía, ooforectomía, reparación de prolapsos vaginales, mastectomía, amputaciones de miembros, etc.

Otros tratamientos practicados: quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia.

Uso de fármacos: anticolinérgicos, antidepresivos, antihipertensivos, opioides, diuréticos, corticoides, estrógenos, hipnóticos, ansiolíticos, neurolépticos, etc.

Antecedentes de: alcoholismo, tabaquismo, otras drogas.

Examen físico

Examen físico general: signos generales de enfermedad, distribución del pelo y ginecomastia, reflejos espinales en área pélvica, sensibilidad de las extremidades, tensión arterial, etc.

Examen específico de los genitales: alteraciones de diverso orden en pene y testículos (tamaño, simetría, dureza, retractibilidad de prepucio, pulsos, signos de infección, sensibilidad, etc.) y en la vagina, los labios y el clítoris (alteraciones congénitas, signos de infección, tensión muscular, etc.).

Pruebas de laboratorio

Medición de hormonas (folículo-estimulante, luteinizante, testosterona, prolactina, hormona estimulante de tiroides, tiroxina)

Pruebas específicas para evaluación de la erección: doppler de arterias peneanas, cavernosografía, arteriografía, RMN, estimulación con sustancias vasoactivas como la inoculación de hidrocloruro de papaverina, etc.

Tabla V. Factores psicológicos a evaluar (modificado de Sierra y Buela-Casal) [5]

Factores predisponentes

Factores precipitantes

Factores de mantenimiento

Educación moral restrictiva

Malas relaciones de los padres

Pobre educación sexual

Experiencias sexuales infantiles traumáticas

Inseguridad en el rol psicosexual durante la adolescencia

Parto

Problemas de pareja

Expectativas poco razonables

Reacción a un trastorno orgánico

Fallo esporádico-situacional

Disfunción de la pareja

Edad

Depresión, ansiedad

Experiencias sexuales traumáticas

Ansiedad ante interacción sexual

Anticipación de fallo o fracaso

Sentimientos de culpa

Falta de atracción en la pareja

Déficit de comunicación en pareja

Miedo a la intimidad

Deterioro de la autoimagen

Información sexual inadecuada

Déficit de caricias preparatorias

Trastornos psicopatológicos graves (depresión, alcoholismo…)

Tabla VI. Autoinformes para evaluar la sexualidad (Modificado de Sierra y Buela-Casal) [5]

Cuestionario de Mitos y Falacias Sexuales (Sexual myths and fallacies)

Escala de evaluación de conocimientos y actitudes sexuales (ECAS)

Inventario de Actitudes hacia el Sexo de Eysenck (The Eysenck Inventory of Attitudes to Sex)

Inventario de miedos sexuales (para hombres y mujeres) de Annon (The Sexual Fear Inventory-Female form and Male form)

Batería Exploratoria de la Sexualidad (BESS-III Actitudes)

Cuestionario de autoevaluación de los problemas de la erección

Test del deseo sexual inhibido

Inventario de Respuestas Sexuales de Pion (The Sexual Response Profile)

Cuestionario de interacción sexual de Lopiccolo y Steger (The Sexual Interaction Inventory)

Inventario de activación sexual de Hoon y Chambles (Sexual Arousability Inventory)

Funcionamiento Sexual Global. Puntuación en el Formulario de Historia Sexual de Nowinski y Lopiccolo (Global Sexual Functioning: A Single Summary Score for Nowinski and Lopiccol’s Sexual History Form)

Escala de Fantasías Sexuales de Wilson

McCary, 1977

Bethencourt y cols, 1997

Eysenck, 1976

Annon, 1975

Ballester y Gil, 1997

Master y cols, 1996

Master y cols, 1996

Pion, 1975

Lopiccolo y Steger

Hoon y cols, 1976; Chambles y Lifshitz, 1984

Creti y cols, 1998

Eysenck y Wilson, 1981

Tabla VII. Ejemplo de autorregistro de conductas sexuales (Modificado de Sierra y Buela-Casal) [5]

Fecha

Conducta sexual

Duración

Problemas surgidos

Pensamientos

Nivel de ansiedad (1-10)

Placer (1-10)

El ser y la consciencia (notas de archivo)

Mijaíl Lifschitz
Filósofo y crítico de arte soviético. Miembro activo de la Academia de Bellas Artes de la Unión Soviética y doctor en Filosofía
.

“El ser y la consciencia (notas de archivo)” —Bytie i coznanie (arxivnaya zametka)—, fue escrito en algún momento a inicios de la década de 1970 por Mijaíl Lifschitz​ y publicado por primera vez Internet por Víktor Arslanov en el transcurso de los años 90.

El presente texto forma parte de la colección “Textos Libres”, una serie de escritos que Ediciones Edithor coloca a libre disposición para su lectura y difusión.

Traducido directamente del ruso por Víctor Antonio Carrión.

El ser y la consciencia. Tres aspectos de esta relación. Dos polos y su unidad

1. El ser tras la consciencia y el ser ante ella. La consciencia psicológica o socio­psicológicamente dependiente del ser y la consciencia que, en correspondencia con su naturaleza, siente y comprende el mundo exterior, que se controla a sí misma, en una palabra, que siempre tiene su objeto, depende de él. La primera relación es, en esencia, la dependencia ontológica de la consciencia del ser, la segunda es la gnoseológica.

2. Finalmente, con la identidad de estas dos relaciones, pues la dependencia gnoseológica tiene naturaleza ontológica y lo ontológico es gnoseológico, se componen dos aristas de dos tipos de unidad de contrarios y en calidad de forma óptima está la consciencia ontognoseológica en la que se halla la visión y apercepción, y la libertad relativa de la voluntad.

3. El secreto de la consciencia. Ella constituye, en primer lugar, el lado interno del proceso material objetivo. El proceso de la consciencia escolta de por sí el curso de las cosas y si tomamos esta relación en abstracción, entonces nos queda la sustancia espinoziana con dos atributos, de los cuales el atributo del pensamiento es al mismo tiempo su propio epifenómeno, escoltado de la certeza psicológica, aspecto interno y autoconocimiento externo. Aquí lo uno y lo otro convergen y en consecuencia es como si no hubiere ningún problema. La sustancia se piensa a sí misma, el pensamiento es su autoreflejo interno. De allí, Feuerbach: lo que para mí es un acto psicológico, interno, es para otro un acto físico, objetivo. Y allí, donde tú y yo coincidimos —en la infinitud—, allí la propia sustancia, por así decirlo, sobrevive y concibe

2 . Pero en la infinitud, y donde ante nosotros está un acto aislado del pensamiento, el problema renace inmediata y continuamente: por un lado, el proceso fisiológico y social, del otro, su ciega toma de consciencia interna. La contradicción y aporía que surge sobre este suelo: ¿y es vuestra propia teoría el que la toma de consciencia es un epifenómeno psíquico de vuestro ser? En tal caso ¿cómo es posible?

Respuesta: En la identidad de las dos relaciones de consciencia, que también es el principio histórico de la consciencia, donde el período del aspecto de retorno se aproxima a cero, por la naturaleza del pensamiento mismo, si se lo determina, su contenido objetivo significa más que su fundamento físico o social. La salida de la identidad plena es la hendedura, el diferencial. El ser determina la consciencia: aquí el contenido interno objetivo del pensamiento es más amplío y significa más que su barra de soporte. Al igual que el valor real dinero, como mercancía, adelgaza permanentemente en comparación con ese valor que él, como equivalente, refleja tal cual un espejo. Del toro a la tarjeta de crédito y la orden de endoso. De ese modo, resulta posible salir de la simple espontaneidad: la orden de nuestro pensamiento al cuerpo; aunque esto crece imperceptiblemente de las correcciones pequeñas, casi involuntarias, de su equilibrio, como señala Leibniz; da lo mismo el sitio en que el vínculo externo de las cosas empiece a dominar sobre la propia res cogitans, lo universal sobre lo particular. Sobre este suelo no germina, a partir de este diferencial, la posibilidad de un control consciente (ideata) y de transformación del mismísimo mundo externo. De ese modo, el lado activo de la consciencia es el dictado de un mundo mucho más amplío, y este carácter activo implicaría reconocer en sí, como absoluta y arbitraria, junto con Descartes y Malebranche a una sustancia secundaria con todas las vicisitudes filosóficas que de allí derivan. Los marxistas pop, que recurren al carácter activo de la consciencia, aún no comprenden este problema.

En cierto sentido, para el materialismo moderno es realmente necesario regresar a Descartes y Spinoza que, salvo la esfera puramente psicológica del conocimiento imaginativo y la pasión del alma, admitieron lo milagroso de la propiedad de adecuación de nuestra consciencia clara y precisa al contenido objetivo del pensamiento. Es como si el pensamiento fuere, de esa forma, un espejo transparente que no estorba al contenido objetivo para que hable de sí mismo. Finalmente, esta es una convencionalidad, el pensamiento no es un espejo perfectamente transparente, pero tal convencionalidad nos lleva a la comprensión de la naturaleza de la consciencia (o el pensamiento en el sentido amplío, cogitatio). Sin duda, ésta naturaleza no interviene en forma pura en todas partes, como un cuerpo mineral, y, en particular, en ninguna parte interviene como tal, sensu stricte, pero esto no significa que ella esté ausente, que no exista.

¿Cómo se piensa a sí, en nosotros, la sustancia de Spinoza, como actúa ella en nuestras manos? No solo como epifenómeno, producto pasivo, sino como sujeto, esto es, ella piensa y actúa. Nuestra psicología viene a ser aquí solo una pantalla, un órgano de lo absoluto. Nuestro yo alcanza la más grande autonomía justamente en ese momento, cuando nuestras bocas anuncian algo más y confiamos a nuestras manos algo más que sí mismas. La idea griega de musa e inspiración. Ciertas personalidades son ejemplos históricos de la actividad.

Pensar es hacer que lo objetivo piense en nosotros. Actuar libremente es ser sujeto de una realidad mayor fuera de nosotros, casi desprendiéndose de sí mismo, sin sentirse vinculado con su ser insignificante, su trémulo existencialismo. Cómo ejecuta la gente causas inspiradas, incluso ir al ataque. Lo universal siempre es más que lo particular. El ser universal determina lo singular, lo individual. Ésta es la diferencia en el ámbito del propio ser material. Así es posible el carácter activo del pensamiento y la voluntad allende los límites de nuestro estado psicológico pasivo, nuestras reacciones ciegas. Solo apoyados en esta realidad más amplía se puede franquear el umbral de la ceguera, que nuestro ser empírico nos impone. Cómo se realiza eso, requiere, naturalmente, un análisis ulterior.

Pero para el inicio es necesario establecer que el contenido del pensamiento está en el mundo objetivo y no en nosotros. La convicción de que el contenido del pensamiento está en nosotros es una de las ilusiones psicológicas, similar al sujeto ensimismado en esas situaciones, cuando él no es y no puede ser. Sí, la cabeza piensa, pero solo en el sentido de que ella es portadora del código elaborado por la naturaleza y la sociedad, pero a este órgano lo toca el universo completo de galaxias individuales. El pensar no sucede en la cabeza, en general, éste no ocupa un lugar. Pero su contenido está en las cosas, en determinadas situaciones pensables. Lo pensable es una categoría del mundo real, el cuerpo que piensa somos nosotros mismos, el pensar es relación. ¿Qué es lo pensado?

Lo pensado es lo que el idealismo llama espíritu objetivo en las cosas. Este es el sentido general, el flujo general, la tendencia general de las cosas, no la propia letra de la realidad, sino justamente su espíritu, el conjunto de sus relaciones. Este es precisamente el contenido del pensamiento, esto es lo pensable, y no está en nosotros, sino, en primer lugar, fuera de nosotros, se piensa en nosotros. Es difícil seguir siendo un materialista si se parte de la representación de un mundo interno autónomo, que asimiló la filosofía moderna y estuvo presente también en Locke y los viejos materialistas quienes admitieron que todo el contenido de la consciencia es producto de la actividad de la materia, pero un producto ciego, psicológico, sometido únicamente al tratamiento racional que la fuerza de la razón emprende de la nada. La razón humana es la razón del mundo, en un grado u otro, naturalmente, por eso su estupidez es también, en cierto sentido, la estupidez del mundo. Salir de las murallas de la fortaleza del mundo interior, crea una ilusión psicológica similar a nuestra representación de que el sol gira alrededor de la tierra y es imposible. A fin de cuentas, recurriremos al salto vitale de Plejánov, es decir, a la violencia contra ésta ilusión, pero una violencia pequeña, aunque salvadora. Además, la referencia a la práctica no debe ser un paso irracional (v. el neomarxismo).

De esa forma, se obtuvo la fórmula de Kant que ha llegado ya a ser banal, aquí es necesario un verdadero giro copernicano, y en su lugar, para relacionar el contenido del pensamiento en nuestro mundo interno, cercado por un altísima valla desde el exterior, es menester transferir este contenido hacia allá, donde realmente transcurre, es decir, en el mundo exterior que rodea al humano. ¿No significa esto negar el derecho del sujeto humano? Según la noción ordinaria, es así. En realidad, la más auténtica subjetividad que es en sí una forma peculiar del ser individual, no se reduce a la unidad empírica, pero incluso la forma corpórea se desata en relación con el mundo exterior infinito y hasta se puede decir: en él se engendra. No se engendra, en palabras de Kant, el sujeto empírico, sino el trascendental, la personalidad como una de las facetas del universo. Pero solo en éste corte es una personalidad genuina.

Sin esto, como ya se dijo, surge la situación desesperada de mixturar la teoría y el carácter activo con la vida psicológica del cuerpo. Como ilusión, este punto de vista es comprensible e incluso perdonable, pero como posición teórica lleva inevitablemente sea hacia el idealismo subjetivo, sea, en el mejor de los casos, a un materialismo de tipo antiguo que por necesidad, no por intención, es inconsecuente en estas cuestiones fundamentales de la filosofía.

Notas

La cuestión sobre donde transcurre el pensar se relaciona con los problemas que interesaron a los escolásticos en las distintas versiones de ubiedad (Ubignitaet). v. Leibniz Nuevos ensayos, edición rusa, pp. 194-195.

El joven consumista: Nivel de atracción, dependencia y control sobre el consumo

Monserrath Alonso-Mendoza
Escuela de Psicología, Universidad Lasalle, Morelia (México)
.

Resumen

Esta investigación parte de fondo por el deterioro ambiental que se ha venido evidenciando en la sociedad de consumo actual, de modo que, el objetivo principal de este trabajo consiste en describir los niveles de dependencia al consumo de bienes de manera desproporcionada, para lo cual, se tomó como muestra 58 jóvenes de entre 18 y 29 años de edad, para la aplicación de la escala FACC-II en su versión chilena, haciendo uso de la plataforma SurveyMonkey para su distribución en redes sociales, obteniendo como resultados, en el contraste de género, un mayor nivel de dependencia al consumo en hombres que en mujeres, con lo cual se consigue un gran diferenciación entre las investigaciones que abordan esta temática, ya que los resultados, en cuanto al género se refiere, muestran datos contrarios; y en cuanto al ingreso económico, se observó que, a medida que este aumentaba el impulso por consumir disminuía.

Palabras clave: consumismo, dependencia, autocontrol, jóvenes

Abstract

This research has been presented in the real consumer society, so the main objective of this work is to describe the levels of dependence on the consumption of goods in a disproportionate way, for which 58 young people aged 18 and over were taken as a sample. 29 years of age, for the application of the FACC-II scale in its Chilean version, making use of the SurveyMonkey platform for its distribution in social networks, obtaining as a result, in the contrast of gender, a higher level of dependence on consumption in men that in women, with which a great differentiation is obtained between the investigations that approach this subject, since the results, as far as the gender, to the opposite data; and in terms of economic income, I know that, in turn, the impulse to consume decreased.

Keywords: consumerism, dependence, self-control, youth.

Introducción

Desde hace algunos años Garcés ha dedicado gran parte de su vida profesional a la investigación sobre el consumo, creando una guía para la investigación y a su vez para la prevención y tratamiento sobre el consumidor inmoderado, y él como Bauman, García, entre otros, han sido grandes críticos del tema, y quienes, en su trabajo, buscan dar sentido a los conflictos que socialmente surgen entorno y a partir de la sociedad de consumismo.

Este trabajo se origina en base a esos conflictos que, como sociedad, inmersa en un sistema con más alternativas de fracaso que de éxito, al menos para las comunidades más vulnerables, han venido padeciendo, no únicamente a nivel político o económico sino fundamentalmente a un nivel medioambiental, destacándose de tal cuan desfavorecedor resulta el circuito de producción y consumo imputado en las bases del capitalismo, el cual en su apogeo actual reproduce un impacto directo contundentemente negativo para el sistema ambiental natural, a sabiendas de la importancia de este para la propia supervivencia.

A continuación, se hará un recorrido sobre algunos estudios clásicos que abordan la temática del consumismo, así como las críticas en torno al mismo, y en base a ello, en este trabajo se estará exponiendo en las páginas que siguen una recolección de datos estadísticos sobre el nivel de consumismo en jóvenes que en la investigación presente se han obtenido, a través de la aplicación de la escala de FACC II-B en su versión chilena, a fin de consensar las características generales de las personas que tienden al consumo desmedido, y con lo cual se espera hacer servil los resultados como una guía informativa para la acción comunitaria en la posteridad, respecto al control sobre el consumo inmoderado en pro del bienestar común y medioambiental.

Planteamiento del problema

Es sabido que, el consumo es el principal motor de economía casi en cualquier país; sin embargo, desde hace ya algunos años hasta la actualidad, se han publicado diversos textos literarios (García, 1995; Martínez, 2007; Bauman, 2012; Pérez, 2013) que optan por exponer de manera crítica la conducta consumista de la sociedad en general, que se prevé tal como un atributo del sistema económico actual, para lo cual se establece una distinción importante, en estas lecturas, entre el consumo y consumismo, y de igual forma se han realizado algunas investigaciones (Lara, 2009; Neves, Machado y Fernández, 2015;) que se centran principalmente en los hábitos del consumidor.

Javier Garcés, licenciado en psicología y derecho, ha dedicado algunos años al tema del consumismo, y junto con la Dirección General de Consumo de la Junta de Comunidades de Catilla-La Mancha, en España, han dirigido un estudio, en el cual, obtuvieron resultados estadísticos muy interesantes. Por un lado, en un primer momento se descalifica que la adicción al consumo es mayor por parte de las mujeres que de los hombres, y no es hasta posteriores investigaciones que se anula tal igualación de consumo en cuestión de género, ya que se evidencia que quedarse observando el escaparate de una tienda, el simple hecho de ir a acompañar a alguien a hacer sus compras o ir a los grandes almacenes sin que se tenga nada que comprar, y terminar haciéndolo, se suele atribuir como efecto de la depresión, para afrontar tristeza o abatimiento, que se asume como más común en el caso de las mujeres que de los hombres.

Garcés en este sentido concluye que “el comportamiento de los consumidores en las grandes superficies (…), resultan inadecuados y poco racionales, pero se aceptaban como habituales y perfectamente normales”, ya que ha encontrado en sus investigaciones que un alto porcentaje de personas cuando van a un supermercado, sin siquiera tener idea de lo que van a comprar, solo con intenciones de “mirar”, terminan por realizar alguna compra.

Los datos estadísticos que se obtuvieron en las diferentes regiones en que se realizó dicha investigación fueron muy similares; un 33% de la población adulta (32% de los hombres y 34% de las mujeres) tiene problemas de adicción a la compra, de compra impulsiva y de falta de control del gasto; un 18% de ellos de forma moderada; un 15% presenta un nivel importante de adicción y un 3% llega a niveles que pueden considerarse patológicos. En cuanto a la población joven, el porcentaje de adictos sube hasta el 46% (53% de las mujeres y 39% de los varones) y el 8% presentan niveles que puede rozar lo patológico.

Garcés ha identificado que existen diversos factores que influyen en el comprador a la hora de consumir: el sistema de compra (accesibilidad), el pago diferido, estar en el supermercado junto a personas con carros repletos de tres productos, lleva a que se encuentren ante una necesidad compulsiva de consumir, hasta terminar por hacer que ceda hasta el más resistente comprador.

Menciona al respecto, que a pesar de que hay quienes tienen motivación por ahorrar, prefieren realizar sus compras en centros comerciales, y que, aunque efectivamente, los productos que se ofrecen en estos grandes sitios de venta suelen ser menos económicos que en los pequeños establecimientos, además de que se ofrecen mayores ofertas, el consumidor aun así gasta hasta un 20% más de lo previsto en una tienda departamental. Debido a que “en este tipo de comercios si no sabemos controlarnos es muy fácil que caigamos en la compra irreflexiva o impulsiva”, es decir, hacer una compra que no se tenía prevista.

Un ejemplo de ello es que, durante “La Gran Recesión” económica a nivel mundial en el 2008, se identificó que, aunque casi la mitad de los consumidores destinaba una gran parte de sus ingresos al ahorro, de la tercera parte lo gastó en vacaciones, ropa nueva, pago de deudas y créditos. A diferencia de los países latinoamericanos que después de dicha crisis económica, hubo gran preocupación por parte de la población, debido al incremento en los precios de los productos en los meses posteriores, lo cual llevó a que disminuyera el consumo de productos no prioritarios y se buscaran marcas más baratas y genéricas, de esta forma se reafirma lo mencionado por Almarza en el 2011, “el consumo no necesario es recortado cuando se aproximan tiempos de crisis, se da prioridad al consumo puramente necesario”.

En este sentido, se dice que “existe una gran diferencia entre el consumo de primera necesidad y el consumo no necesario (Almarza, 2011)”, son muchos los casos en los que las personas afirman que no siempre lo que se consume cubre una necesidad real, y que por el mero hecho de saberlo no genera mayor relevancia, como para pensar en la necesidad de cambio de hábitos, más se recae en la idea de ser una conducta de lo más habitual; tal conducta de consumo (que no parte de una necesidad real) se presenta con mayor frecuencia en los jóvenes que en los adultos (Neves, Machado y Fernández, 2015).

Los jóvenes son los más vulnerables a los hábitos de consumo inmoderado, debido a que son quienes más atienden al contenido explícito del mensaje publicitario, cual medio establece de manera cautivadora que el éxito, el prestigio y la felicidad, son efectos directos o consecuentes de la posesión o la capacidad adquisitiva sobre algún bien o producto. Y a pesar de que las personas son conscientes de que las técnicas mercantiles y de publicidad tienen la finalidad de persuadir e influir sobre el consumo, no se introduce como un factor de mayor relevancia, como para pensarse en llevar a cabo un cambio de hábitos (Neves, Machado y Fernández, 2015). “El ego y la vanidad encuentran una vía de satisfacción a través del ―tanto tienes, tanto vales― que es aceptado implícitamente por el uso social y es estimulado, explícitamente, por la publicidad” (Garcés, 2000).

Otro fenómeno que se observa es que, la adicción a las compras está en un rango del 1-5% presente en las sociedades, y que por lo general, de cada cinco personas, cuatro son mujeres las que padecen de este problema. Así mismo indica que tal comportamiento se manifiesta cerca de los 30 años, aunque en algunos casos se presenta antes; esta conducta es más frecuente en las mujeres por la presión social, sobre el tema de imagen.

En 2014 en México, el registro anual sobre consumo privado fue de 2.73%, siendo superior a la que se había registrado en 2013 al alcanzar un 1.02%; ambos datos fueron inferiores a lo que se había registrado durante el último trimestre de los 3 años previos (2010-2012), el consumo creció en este tiempo a tasas de 4.6%, en cada uno de los años, de acuerdo con algunos datos publicados por el INEGI en el 2014 (Plascencia, 2014).

Finalmente, el modelo circular de la economía (trabajo, salario, gastos, deudas, trabajo…) que impera en nuestra sociedad, produce grandes modificaciones en nuestro “modus vivendi”, en los roles, las actividades diarias, la elección en el propio estilo de vida, por consecuencia del mercado que se anticipa a las “necesidades” de los individuos; dice que Lara menciona que “los universitarios mexicanos (…) dan muestra de lo que el sistema ha logrado, impactar-penetrar en sus conocimientos, ideas, actitudes, actividades y acciones potenciales”.

En el sistema laboral actual existe una sobre producción de bienes en las grandes industrias, como la tecnología, la ropa, el calzado, autos, entre otros, que finalmente llegan a ser consumidos por el mismo productor, aun cuando escasean las posibilidades económicas para realizar la compra. Lo cual, por ende, tiene implicaciones a nivel económico, social y ambiental, ya que, de acuerdo con el último de estos factores implicados, se ha venido produciendo una perdida acelerada de los recursos naturales, que obstaculizan y generan nuevos desafíos para el desarrollo de la humanidad, ya que la problemática ambiental es a causa de los desechos que el mismo hombre produce, incluidos todos los bienes y productos que se consumen, y que después son desechados (residuos), los cuales si no son tratados terminan por generar contaminación. Por lo cual, esta investigación puede ser una guía para posteriores acciones individuales y comunitarias, que pretendan aplicar programas sobre la población para generar mejores hábitos de consumo en la población, lo cual no solo procura una mejora en el medio ambiente, sino también en salud física, mental y social.

Esta investigación tiene como objetivo principal describir el nivel de dependencia al consumo de bienes y productos, vinculándolo al nivel adquisitivo con que se cuenta, en una muestra de mujeres y hombres jóvenes adultos voluntarios.

Se pretende responder a las preguntas: ¿cuáles son los hábitos de consumo en hombres y mujeres adultos?, en la actualidad, ¿se puede seguir afirmando que se presenta mayor dependencia al consumo en las mujeres que en los hombres? y ¿existe alguna correlación entre nivel de ingresos y dependencia al consumo?

Las hipótesis de esta investigación son las siguientes:

  • Hipótesis de trabajo 1: existe un mayor nivel de dependencia al consumo en mujeres que en hombres.
  • Hipótesis nula 1: existe un mayor nivel de dependencia al consumo en hombres que en mujeres.
  • Hipótesis de trabajo 2: a mayor nivel adquisitivo mayores índices de dependencia al consumo.
  • Hipótesis nula 2: no hay relación en los índices de dependencia al consumo con el nivel adquisitivo.

Hipótesis Estadística

  • Población femenina (P1); Población masculina (P2)
    Ha: P1 ≥ P2
    H0: P1 ≤ P2
  • Nivel Adquisitivo (R1); Dependencia al Consumo (0)
    Ha: R1 ≥ 0
    H0: R1 ≠ 0

Marco teórico

Diferencia entre consumo y consumismo

El abordaje teórico en relación con el consumo es muy amplio, y algunos autores como Bauman (2007) comentan que se ha ido aplicando una connotación distinta en dicha actividad humana a lo largo de la historia, y más que al propio consumo a la conducta del consumidor, ya que como dice:

El consumismo es una condición permanente e inamovible de la vida y un aspecto inalienable de ésta, que no está atado a la época ni a la historia. Se trata de una función imprescindible para la supervivencia biológica, que nosotros, los seres humanos, compartimos con el resto de los seres vivos y sus raíces son tan antiguas como la vida misma (Bauman, 2007).

En cambio, la conducta consumista, se dice que, adquiere una actitud distinta en función del contexto histórico. En este sentido Martínez (2007) comenta que, en la modernidad el consumo se prevé como una necesidad del hombre, que de acuerdo con las circunstancias se establece como regla socioeconómica que permite el desarrollo y crecimiento de las sociedades y, por ende, se ve implicado en el propio desarrollo humano, puesto que, en la actualidad en el sistema capitalista, “el consumo representa una actividad cíclica”: ya que en las sociedades actuales la producción esboza la necesidad de consumir y esto a su vez de producir.

Citando al sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin (2014), el incremento exponencial del consumo se produjo en la década de 1920 para “aliviar la sobreproducción en Estados Unidos, motivada por el aumento en la productividad y la bajada de la demanda por la existencia de un alto número de desempleados debido a los cambios tecnológicos que se estaban produciendo”.

En este sentido, Garcés (2000) en una entrevista expone que el consumismo resulta ser incompatible con el entorno medioambiental, lo cual, considera, es una realidad innegable, ya que, comenta, tal hecho es el primero de los problemas de la actividad del consumista. Además, agrega, que un segundo conflicto presente en la actividad de consumo es la conducta de exceso sobre la misma, que se adhiere a los modos de vida de las personas, y que se ha incluido de manera general en nuestras comunidades durante los últimos años. Ello supone un grave peligro para la salud física, emocional y para el equilibrio psíquico, además para el bienestar tanto personal como familiar.

A dicha falta de regulación de consumo se le conoce como consumismo, que se entiende como aquel impulso de compra o falta de autocontrol de gasto que, resulta de los deseos, ganas o anhelos humanos. Lo cual además, vuelca como el conducto central de la sociedad y su economía, que coordina la reproducción de los mismos deseos, la integración social, la estructura social en cada contexto histórico y la formación del individuo; con lo cual habrá de justificarse el funcionamiento del propio sistema, que como se ha mencionado anteriormente, a diferencia del consumo, el cual es un rasgo y una ocupación del individuo humano, “el consumismo es un atributo de la sociedad” (Bauman, 2007), en que cada vez se establece con mayor fuerza la supuesta relación entre el materialismo y la felicidad.

Formas de consumo a lo largo de la historia

A lo largo de la historia pues, el consumo ha tomado distintas connotaciones en términos administrativos que, de acuerdo con el contexto, varían y se introduce como el elemento central en la vida de las personas (Campbell, 2004. c.p. Bauman, 2007).

En relación al tiempo y la historia nos encontramos con una época en que la sociedad de productores, a través de la apropiación y posesión de bienes, ofrecían seguridad a sus compradores, es decir, que lo adquirido fuese resistente al tiempo o a la prematura caducidad y además que fuese confiable, lo cual aseguraba un futuro prometedor y una inagotable fuente de confort, una época en la que cantidad se establece como sinónimo de poder, aun cuando los bienes de consumo no eran adquiridos inmediatamente, por el contrario se ofrecían una promesa de seguridad a largo plazo y no al disfrute inmediato.

A principios del siglo XX el consumo consistía en la exhibición de la riqueza de lo sólido y duradero, que además buscaba que fuese perpetuado por las generaciones venideras, como una posesión de herencia de que se podía dar prueba. Sin embargo, en el camino que lleva al consumidor actual, el deseo humano de estabilidad que proporciona una vida material prolongada pasa a ser una falla para el propio sistema, ya que los deseos del hombre aumentaron permanentemente su volumen y se intensificó la necesidad de compra y reemplazo inmediato de los productos adquiridos (Bauman, 2007).

Producción en masa y obsolescencia programada

Saltear (1997) asevera que cuando se da tal urgencia de satisfacer los deseos se remplaza por productos, y entonces surge la producción en masas en las grandes industrias y la importante de la adecuación a la norma, que retoma el mercado para el empoderamiento y dominio de la población que aumenta la demanda de consumo. En este sentido se apresura las grandes fábricas a la reinvención de bienes y productos con una vida útil que va en descenso, es decir, como algunos autores nombran, se abre paso a la producción de sólidos con “obsolescencia programada” [1], oportuna para el crecimiento exponencial de las mismas industrias.

Técnicas de mercado y “reflexividad”

Ahora bien, los individuos son parte de la conciencia social moderna que se concentra en tres fenómenos: industrialización, urbanización y exposición a los medios de comunicación social, los cuales son promotores de un estilo de vida que confrontan la propia condición que se tiene de sujetos reflexivos [2], es decir, se afirma que existe una propiedad efectiva de conformar un ser crítico en cada sujeto inmerso en una sociedad. Sin embargo, dicha capacidad de asociar y discernir sobre el entorno llega a ser invadida invariablemente por aspiraciones, prácticas y proyectos de los mismos promotores que influyen a través del tercero de los fenómenos implicados en la conciencia de los individuos y su contexto, los vastos medios “informativos”, de tal forma que la elección de determinada acción (en este caso no únicamente de compra) se ve limitada por el determinante campo de la publicidad (García, 2009).

Imagen pública y persuasión

Para sustentar el buen funcionamiento de algunas de las técnicas de mercado, el contenido de imagen pública es elemento central que opera en la publicidad, ésta está ligada especialmente a un elemento visual, y por lo cual se torna en riesgo ya que al momento de intentar comunicar la realidad en su totalidad se van haciendo modificaciones sobre la misma a fin de rellenar el ojo del expectante a través de una única imagen o una secuencia de estas que concretizan de qué modo verse el mundo (Patricio, 2011).

Lo anterior se puede entender desde el modelo teórico cognitivo-conductual, en el que, en primera instancia, ante la reproducción de una serie de impresiones (estímulo), surge enseguida cierto efecto en la conducta ante determinado estímulo (respuesta-percepción), de esta manera se da identidad a lo que se percibe, aunque no a un nivel consciente.

En este sentido, la persuasión sobre consumo es un proceso que se da de manera inconsciente, por medio de mensajes subliminales publicitarios, en donde el emisor codifica la realidad en función del producto, apropiándose de esta manera de un lenguaje que transmite valores principios y un modo de ver el mundo, es como da vida a un nuevo deseo para los compradores, adquirir un producto, el cual primero se inventa y después se le busca alguna función de utilidad. Sin embargo, el receptor se encuentra en la posibilidad de decodificar el mensaje según el contenido que resguarda a nivel intrapsíquico, sus parámetros, creencias, cultura, etc., y bien entonces, compra lo que se ajusta a tales reguladores de su consumo. (Rodríguez, 2008).

Osuna en 2008 realiza una descripción acerca de las técnicas de persuasión a través de distintas disciplinas psicológicas y sociales, además hace un recuento sobre la historia del fenómeno persuasivo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Señala que, dicho fenómeno de persuasión radica en la personalidad, afirmando que es a través de la evaluación de esta, en sus puntuaciones más generales, que el mercado logra anticiparse a la forma en como espera que reaccione sus compradores potenciales ante el lanzamiento de un nuevo producto, ya que, como ya se ha mencionado, el cerebro se deja llevar constantemente por sensaciones y emociones para influir sobre las actitudes de los compradores recreando de manera persuasiva falsas expectativas provocadoras [3].

De esta forma el hipermercado, por medio de la influencia publicitaria, logra centrar la atención de su público. Por ejemplo, mediante técnicas de sensibilización, se construye un mensaje que explícita la posibilidad de ser plenamente feliz, y en el cual el contenido que subyace es la posibilidad de alcanzar la dicha a través del poder adquisitivo de bienes en el personaje quimérico, y justamente, las compras compulsivas son asociadas al hábito de quienes pasan mucho tiempo en los grandes almacenes, como una forma de huir del tedio de la cotidianeidad, lo cual se ve relaciona con sensaciones de insatisfacción (Freytas, 2012).

Identidad y cultura en la era del consumismo

Los hábitos de consumo se han convertido en una forma de culturizar a la sociedad, y perdura el hecho de hacer distinción entre grupos sociales. Una persona llega a ser definida en función de lo que consume y la cantidad que ha de gastarse en el producto, además de si los productos que compra son apropiados a la ocasión (temporada), lo cual también depende de la cantidad de dinero que se disponga, es decir, se produce distinción a través de los productos consumidos, aun cuando sean prácticamente lo mismo (Pérez, 2013). Por lo cual las exigencias del comprador, de estar al día, aun cuando no se tenga la posibilidad económica, aumentan y su ritmo de vida también.

Erich Fromm especialmente en dos de sus libros: Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea y Tener o Ser, hace un análisis de la mentalidad del hombre actual en la sociedad capitalista. Por un lado, destaca que el carácter humano se configura a partir de dos ideales de mentalidad: la mentalidad de ser y la mentalidad de tener, en donde esta última, que es la que a este respecto nos interesa describir, se refiere a la formación de la identidad propia a partir de los bienes que se poseen. Erich Fromm describe que la mentalidad de “los consumidores modernos pueden identificarse con la formula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo”.

Estilo de vida

A modo de justificación de dicha actividad de consumo excesivo o hábitos del consumista, se encuentra el concepto de calidad de vida; y cual sea tal modus vivendi, también tiene un importante componente cultural. En este sentido García señala que no existe un significado unívoco que defina el estilo y dentro de este la calidad de vida sin alterar su contenido, pero en el sentido de que aquí se habla, se define como:

El conjunto de hábitos actitudes y gustos manifiestos que configuran el modo de vivir de un individuo o un grupo y que dan lugar a pautas de conducta significativas en el ámbito de la cultura material, particularmente en lo relativo a la adquisición y uso de objetos de consumo (Chaney, 1996; Douglas 1998; Geertz, 1990, c.p. García, 2007).

El estilo de vida forja un sentido de sí, de la propia identidad, que para la cultura contemporánea refleja la individualidad, la forma de expresión, la autoconciencia y los valores e ideas que se tienen sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. El modo o los indicadores de la individualización del “propietario-consumidor” en nuestra sociedad, se da por el propio modo de vestir, de hablar, las formas de ocio, las preferencias a la hora de comer o beber, la casa en que se vive, el coche que se tiene, las vacaciones, etc. (Padilla y Gaffal, 2013).

En contraste la perspectiva médico-epistemológica nos dice que no se puede negar que los bienes de consumo también son percibidos, se adquieren y se muestran como expresión de la propia disposición y gusto, es decir, del estilo de vida, el cual representa los hábitos de vida, que refieren al conjunto de comportamientos y actitudes que desarrollan las personas, cuáles pueden ser saludables o nocivas para la salud (Álvarez, 2012).

Como se ha mencionado antes, la segmentación del mercado de consumo consiste en dividir a los compradores en distintos subgrupos, y justamente en función al estilo de vida, personalidad y valores, al igual que como se dijo, se reconoce que en dichos subgrupos existe una fuerte influencia por parte de los factores culturales, sociales, personales y psicológicos, con los cuales se logra definir cual habrá de ser la de conducta del comprador, y entre dicho factor de personalidad se encuentra el determinante de lo que es nominado como estilo de vida.

Estatus social

Por tal hecho, se dice que el contexto condiciona y ofrece alternativas que permiten pertenecer a cierto grupo social, siempre y cuando se asemeje a las alternativas disponibles, y en efecto “los estilos de vida se han revelado como proyectos con significación ética y estética: […] podemos ver cómo la gente utiliza los estilos de vida para, en cierto modo, diseñarse a sí mismos” (Chaney, 1996; c.p. García, 2009). Y tal como reafirma Pérez, se cae en la paradoja de parecerse cada vez más entre sí en ese afán por distinguirse entre grupos sociales.

De tal manera que los proyectos de vida de una persona son definibles e identificables cuando los niveles de consumo y lo que consume le llevan a una serie de prácticas que lo ubican en cierto status social, y ello a su vez, a transformar en cierta medida su mentalidad humana; es decir, cuando una persona llega a cierto nivel o status social, su preocupaciones van más en función de establecer relaciones de consumo, en donde los objetos que se compran son comparados entre el grupo social de interacción, y en la medida que le permita ir adquiriendo un puesto importante en el mismo espacio de reunión, se comienza a buscar satisfacer necesidades que le produzcan mantener dicha valoración por sobre los demás, invirtiendo su dinero en una buena casa, en un buen automóvil, en cuentas bancarias, en las satisfacción de sus tiempos libres, etc.

Las personas van constituyendo, junto con los bienes o servicios que se consuman, el proyecto que gestiona su existencia, en donde el fin último es conseguir lo que se ha propuesto, y el objetivo planteado que la persona va a determinar como un estilo de vida. De tal manera, el mismo trabajo [4] y las relaciones sociales adquieren dimensiones de convencionalidad, perdiendo tras de sí el sentido primero que se le atribuye, y por lo cual, se dice que lleva a la misma persona a establecer nuevos parámetros deontológicos que, consecuentemente influyen en el propio comportamiento y la forma de actuar de una persona dentro de una sociedad.

Adicción al consumo, compulsión

Referente a ello García Corres dice que, la adicción a la compra es un “ciclo repetitivo”, donde el individuo se encuentra en un estado de conflicto, ya sea con las personas a su alrededor o consigo mismo, lo cual le produce cierto grado de ansiedad y a la vez posiblemente un estado de ánimo bajo, de manera que, el individuo en busca de la misma estabilidad del ánimo reproduce como respuesta reaccionaria evadir la sensación (a un nivel más inconsciente) a través de ciertas estrategias de escape (la compra compulsiva).

En psicoanálisis se maneja que la tendencia compulsiva a la repetición surge debido a que el sujeto es guiado por el principio de placer; hacia el bienestar, y en el caso que aquí compete, la angustia previa al consumo es el síntoma primario que alude a un desajuste intrapsíquico del mismo sujeto, pero además, Freud incorpora la pulsión de muerte para situar que existe una fuerza que trabaja silenciosamente, para fines que se sitúan más allá del principio del placer, y que subvierten la relación del sujeto con su bienestar, en este sentido Freud concluye, que una persona se ve complacida por sus síntomas, así que más allá de su anhelo consciente de curarse, opta inconscientemente por preservar dichos síntomas.

Desde esta misma perspectiva la angustia y posteriormente la compra compulsiva como síntoma, puede surgir como efecto consecuente de eventos traumáticos [5] en la vida de una persona, y en cuyo caso, según Freud sea cual fuere el síntoma, este produce sensaciones que dan sentido a la historia particular del paciente, por lo cual, aquí se retoma que la individualidad de experiencias subjetivas, y al mismo tiempo el contexto del sujeto juegan un papel importante en la movilización de este hacía la propia introyección de hábitos.

También se dice que hay casos donde se llega a presentar la bi-dependencia, en cuyo caso se instaura una adicción en compañía de otra. Por ejemplo, se menciona que la adicción a las compras, regularmente viene acompañado del trastorno del comportamiento alimenticio —bulimia nerviosa— de límite de personalidad y hasta cleptomanía a momentos de la adicción.
Según Cañas, las principales causas de los fenómenos adictivos son en principio, producto de disyuntivas existenciales presentes en la persona adicta [6]. Menciona que tales adicciones se instauran en personas “esclavas de sí mismas”, como un enganche a la realidad virtual [7], como consecuente del vacío existencial, los escasos recursos personales y estancamiento del desarrollo personal que se prevé.

Salcedo (2008) por su parte distingue tres tipos de consumo compulsivo, primero se encuentra la adicción a la compra, que es el consumo en sí mismo sobre el cual se sustenta la vida diaria y es la actividad que ocupa todo el tiempo disponible, después se encuentra la adicción al consumo que es el afán continuo de efectuar nuevas compras, que son en su mayoría innecesarias y superfluas, y casi inmediatamente se pierde el interés por la misma compra que se ha realizado, y finalmente esta la adicción al crédito, derivado del uso incontrolado de las tarjetas de crédito y la incapacidad de vivir con el propio presupuesto. Precisamente es el aumento de la capacidad de endeudamiento a través de los métodos de crédito lo que más favorece el consumo compulsivo.

Capitalismo y consumismo

Por otro lado, se dice que el sistema capitalista incide en el psiquismo a través de la violencia indirecta, estructural, mediante la explotación del hombre por el hombre en el sistema laboral, la inducción a la enajenación social en buscada del propio ser en el tener por medio de la ya mencionada manipulación publicitaria, la reducción de las relaciones interhumanas a relaciones económicas de intereses y la degradación en la miseria material y espiritual del hombre (Pavón, 2014).

Casas (2014) señala que el consumismo representa las formas ideológicas del capitalismo, ya que el capitalismo logra situare gracias a la inmensa multitud de actores que no ejercen el papel directo del capitalista, pero si contribuyen con el proceso de acumulación de capital para que sea exitoso y se encuentre en permanente crecimiento, y en cuyo caso tales actores sociales fundamentales para que el capitalismo prospere son el propio consumidor, aquel requiere su mercado ideal mantenga un fuerte deseo de acumular.

A este respecto el mismo autor agrega que el capitalismo fomenta la acumulación de capital únicamente como un medio instrumental que posteriormente lleva al futuro goce de más y mejores bienes para consumir, de tal manera que el reconocimiento social parte de la fortuna acumulada que pronuncia el capitalista sobre el reconocimiento del éxito en sus negocios.

Consumismo y teoría generacional

Por otra parte, dentro de las teorías generacionales se habla sobre el consumo entre el grupo etario de los millennials, generación comprendida por todas aquellas personas nacidas entre el año 1982 hasta el 2000, quienes han crecido en la incorporación de la tecnología. Los millennials conforman una gran porción sobre la totalidad de consumidores a escala mundial, y se estima además, que para finales de esta década el 75% de los consumidores pertenecerá a esta generación. Por lo cual las estrategias de marketing van dirigidas a esta población.

Algunas de las características que se les suelen atribuir a los millennials es que las elecciones laborales y en todo caso cualquier decisión que se toma se centra en el gusto y la satisfacción personal, movilizados por lo que les apasiona, el éxito lo vinculan con el hecho de poder obtener la satisfacción en todo aquello que se experimenta, más allá de lo laboral y lo económico.

Consumismo y medio ambiente

Cabe mencionar que justamente el círculo vicioso del producir y consumir bienes y servicios cuales sean estos, supone necesariamente un fuerte impacto sobre el medio ambiente en su conjunto. De tal manera que, a lo largo de la historia, a fin de obtener la calidad idónea en los procesos de producción y a la vez en lo que se produce, se dispone de los recursos naturales, generando una significativa transformación sobre el mismo entorno además de permitir significativos avances [8] culturales han traído y traen impactos de diferentes escalas y magnitudes sobre la salud del planeta (Córdova, 2009).

Se ha encontrado estrecha causalidad entre calentamiento global y las actividades humanas. Se menciona que es a partir de la Revolución Industrial se ha producido una fuerte elevación de dióxido de carbono concentrado en la atmósfera, además, de otros gases (metano, ozono, óxidos de nitrógeno, clorofluorocarbonos) de efecto invernadero, y se encuentra que la causa directa es por la utilización del carbón y del petróleo para la producción de energía y evidentemente su transformación en bienes de mercado (Córdova, 2009).

Finalmente, la Comisión para el Desarrollo Sustentable (1995), define al consumo sostenible como “el uso de bienes y servicios que responden a necesidades básicas y proporcionan una mejor calidad de vida, al mismo tiempo minimizan el uso de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones de desperdicios y contaminantes durante todo el ciclo de vida, de tal manera que no se ponen en riesgo las necesidades de futuras generaciones”. De modo que es urgente configurar una percepción pública más inclusiva, que refleje la situación ambiental y las necesidades que en esta se padecen.

Metodología

Población

La población está compuesta por un total de 58 participantes, 28 hombres y 29 mujeres jóvenes voluntarios de entre los 20 a los 30 años, con un nivel socioeconómico de medio a bajo. La selección y aplicación de la prueba fue vía online de acuerdo con los requisitos anteriores.

Instrumento

La prueba que fue aplicada para esta investigación fue la versión chilena del Cuestionario sobre Factores Psicológicos de Adicción al Consumo, Hábitos Personales de Compra y Tendencia al Sobreendeudamiento (FACC-II), instrumento que previamente ha sido utilizado dentro del Proyecto Europeo [9] como una guía para el diagnóstico y estudio de problemas relacionados con el consumismo ya sea presentes o latentes, fue desarrollada para su aplicación dentro del Proyecto Europeo.

El cuestionario FACC II pretende:

“Realizar la valoración individual de diversos comportamientos, actitudes e ideas de las personas en relación con la adicción a la conducta de compra y actividades consumistas, tendencia a la compra compulsiva, consumo dependencia, deficiencias en el autocontrol económico, tendencia al sobreendeudamiento y a desajustes económicos derivados de factores psicológicos” (Garcés, 1998, p. 3).

El FACC II posee tres versiones; la primera (Forma A) consta de 100 enunciados; la segunda (Forma B) consta de 76 enunciados; la tercera, en tanto, está dirigida a niños y a adolescentes o adultos sin independencia económica, consta de 50 enunciados y Garcés la denomina versión C. La versión B es la que fue utilizada en esta investigación.

El cuestionario está compuesto por 76 ítems, es auto-aplicado e investiga la compra impulsiva y los factores psicológicos asociados. Es la versión reducida una abreviación de la versión completa.

Este cuestionario está organizado a través de escalas de tipo Likert para cada uno de los ítems, presentados estos en forma de afirmaciones o juicios. Ante cada afirmación, el sujeto debió elegir una de las cinco opciones de respuesta (Totalmente de acuerdo, Muy de acuerdo, De acuerdo, Poco de acuerdo, Nada de acuerdo) y a las cuales les corresponde un valor numérico del cero al cinco.

El cuestionario FACC II versión B mide tres variables principales. Además, se agregan a éstas la variable T, que es más una valoración global de las tres variables anteriores, y la variable S se relaciona más con el control interno del propio cuestionario, deshonestidad en las respuestas, falta de coherencia o bien la resolución apresurada del cuestionario.

Por su parte, la variable A delimita el grado de atracción a los estímulos de compra y el refuerzo positivo que recibe de parte de éstos, independiente si se compra efectivamente o no. La variable B indica el grado de satisfacción al comprar, mientras que la variable C valora las deficiencias en el autocontrol económico, la conciencia del gasto, la tendencia al sobreendeudamiento, el sobreuso de créditos y el autoscurecimiento del gasto (Garcés, 1999).

La evaluación de las respuestas proporciona una puntuación entre 20 y 100 para cada una de las variables, salvo para la “S”. La valoración de la misma sigue un orden descendente; es decir, una mayor puntuación indica poseer en mayor grado las características definidas por cada una de las variables. Dicha valoración se realiza en función de la media y desviación típica de la población que se ha utilizado como referencia.

Finalmente, con respecto a la confiabilidad, según análisis del autor, ésta arrojó en los países aplicados de la Unión Europea: 0,90. Se menciona que esta confiabilidad es general, por lo cual no hace distinciones entre las variaciones entre las distintas versiones del instrumento. Con respecto a la validez, ésta es descrita sólo como predictiva con un valor de: 0.788. F.

Procedimiento

La prueba de FACC-II adaptada a Chile se subió a la plataforma SurveyMonskey, para desde ahí acelerar la distribución vía internet, a través de las redes sociales, se envió a un aproximado de 250 personas, recibiendo respuesta únicamente de 58 de estas, en un lapso de 20 días para hacer la revisión de los datos totales.

En la plataforma además de los 76 ítems de la encuesta se agregaron nueve preguntas sobre datos sociodemográficos, en las consignas se les pidió que contestaran en tiempo breve sin reflexionar las respuestas, y que distribuyeran las preguntas con sus contactos en las redes sociales.

Diseño

El diseño de la presente investigación se define como no experimental, descriptiva, debido a que lo que se pretende únicamente es observar los fenómenos como se dan en su contexto natural para luego analizarlos (Hernández, Fernández y Baptista, 1998).

No se busca causalidad, se pretende definir la relación entre variables dependientes e independientes, es decir, cómo se puede comportar un concepto o variable conociendo el comportamiento de otra u otras variables relacionadas, en la primera hipótesis hablamos de un estudio correlacional de tipo positivo que asume la posibilidad de como una variable cuando aumenta conduce a un aumento sobre otra y viceversa.

Resultados

Descriptivos sociodemográficos

Tabla 1. GéneroTabla 1. GéneroLos participantes de la prueba fueron un total de 28 hombres y 29 mujeres. El total de las aplicaciones fueron 58 con un único dato perdido.

Tabla 2. Grupo de edad
Tabla 2. Grupo de edadLa mayoría de las personas que participaron de la prueba, 65.5% estaban en un rango de edad entre los 21 y 29 años, el 27.7% eran jóvenes de entre los 18 y los 20 años, únicamente el 3.4% eran menores de 17, y una única persona que conformaba el 1.7% de los participantes estaba en un rango de edad de entre 40 a 49 años.

Tabla 3. Lugar de residencia

Tabla 3. Lugar de residenciaEn esta tabla se obtiene los datos del lugar de residencia de los 58 participantes, un total de 28 personas, 48.3% de estos pertenecían a la ciudad de Morelia, el 17.2% pertenecían a la comunidad de Aguililla, 18 personas, el 31% eran pertenecientes a otras comunidades diversas.

Tabla 4. Grado de estudios
Tabla 4. Grado de estudiosEl grado de estudios de la mayoría de la población participante es de preparatoria, con un 48.3% del total, 43.1 % eran jóvenes universitarios en curso o que habían cursado, y únicamente el 6.9% tienen algún posgrado.

Tabla 5. Lugar donde se vive: Propio o rentado

Tabla 5. Lugar donde se viveDel hogar de residencia la mayoría de los participantes viven encasa propia, 34 de las 58 aplicaciones, y 23 de las personas, el 39.7% de estos habitaban en casas de renta.

Tabla 6. Ingresos en pesos
Tabla 6. Ingreso en pesosSegún lo que muestra la Tabla 6, el ingreso mensual en pesos de 16 de los participantes es de $27,000 a $67,999 los que conforman un 27.6% del total de los participantes (58), 17.2% tienen un ingreso mensual de menos de $26.999 pesos, igualmente 17.2% tiene un ingreso de $68,000 a $115,999 pesos mensuales, 15.5% tienen un ingreso de entre $350,000 a $849,000 mensuales, y únicamente un 5.2% tenían un ingreso de $850,000 o más.

Descriptivos de las variables

Tabla 7. Estadísticos descriptivos de las variables
Tabla 7. Estadísticos descriptivosEn la Tabla 7 podemos observar que, por un lado, del conjunto de las personas que participaron de la prueba, existe un alto nivel de atracción sobre los estímulos de compra con respecto a la variable A, en cambio la variable B se ubica en la descripción de un grado muy alto de satisfacción relacionada con la adquisición de nuevas cosas, manteniéndose sobre la muestra un nivel medio alto en cuanto a las deficiencias de autocontrol económico. Con lo obtenido en el final de instrumento podemos hablar de que existe en general sobre la muestra un al grado de impulso por la compra, comparando la media de 195.23 con la media propuesta en la tabla de valoración de los parámetros sobre los datos estadísticos del FACC-II a nivel general (Garcés, 2005), que considera “Impulsivo” si el puntaje total es igual o superior a 165,06.

Estadísticos inferenciales

Tabla 8. Prueba de hipótesis variable A, B, C y final instrumento en relación con el género
Tabla 8. Estadísticos inferencialesEn esta tabla inferencial sobre la Prueba U de Mann-Whitney de muestras independientes, se obtiene como resultado que existe un mayor nivel de impulso (atracción, satisfacción y autocontrol) al consumo en hombres que, en mujeres en el total de la muestra, es decir, se rechaza la hipótesis alternativa y se acepta la hipótesis nula, en cuanto al género, en el caso de todas las variables del instrumento.

Tabla 9. Correlaciones no paramétricas

Tabla 8. Correlaciones no paramétricasEn la Tabla 9 se observa que existe una correlación significativa entre la variable A y B, y cuando una aumentan la otra tiende a hacerlo de igual forma, así mismo se presenta una correlación significativa en el caso de las variables A y C, ambas consistentemente aumentan o disminuyen, y en cambio se obtiene una correlación negativa entre las tres variables y el ingreso económico de los participantes, atracción, satisfacción y autocontrol disminuyen a medida que el ingreso económico aumenta, a la vez que estas mismas variables aumentan cuando se habla de un ingreso menor por parte del participante.

Conclusiones

Tal como se plantea en un principio esta investigación, la temática sobre el consumismo desde hace algunas décadas ha sido ampliamente abordada desde muy diversos enfoques, sin embargo, el contexto social, histórico, económico, político y demográfico independientes entre sí, constituyen el elemento distintivo entre cada una de las perspectivas teóricas, ya que como se logra identificar en esta investigación, se ha reparado en resultados contrarios a los esperados, fundamentalmente en lo que respecta al género, puesto que la mayoría de las investigaciones (Garcés, 2007), por ejemplo, reafirman y corroboran entre sí que hasta hace poco se llegaba a asociar la dependencia al consumo con el sexo femenino, debido a que, para dar salida al malestar emocional presente, la mujer solía adoptar una conducta de consumo desproporcionado para postergar dicho malestar.

Ahora bien, en esta investigación se obtienen resultados contrarios a estas versiones, y se reproducen dos estimaciones para su comprensión. Por una parte, se considera pueda deberse a que, en el sistema social actual, en cuanto a los roles entre hombres y mujeres, han venido surgiendo grandes cambios, y justamente se evidencian estos en las personas más jóvenes; tales modificaciones consisten en que los hombres ahora se encuentran en iguales posibilidades de mostrarse afectados a nivel emocional, hecho que antes solo se consideraba parte de caracterología “débil” de la feminidad.

Por otra parte, se piensa que este hecho de dependencia al consumo por parte de los hombres, también pueda deberse al sistema capitalista que acredita el éxito en la acumulación y ostentación de bienes, lo cual, relacionado con lo dicho por Pavón (2014) y Casas (2014), por la alta exigencia de mantener a las personas en un sistema de producción y consumo, y siendo el hombre, quien aún, en buena parte del contexto mexicano, es quien provee materialmente dentro una familia, se sobrecargue al querer cubrir tal exigencia, lo cual a su vez, le lleva muy probablemente a presentar cierto grado de frustración, que al final cesa solo a partir de la adquisición de bienes,

En cuanto al nivel de ingreso de los participantes, se pudo constatar una correlación negativa en relación al impulso sobre el consumo que en la escala FACC-II se describe, de modo que, las personas con más alto ingreso económico se dejan llevar menos por los estímulos que buscan atraer al comprador, al igual que se identifica en estos mismos casos de acuerdo al ingreso, que existe una menor satisfacción a la hora de comprar. Sin embargo, esto por el contrario a lo que se podría pensar, según Garcés en sus investigaciones, lleva a que la persona tienda a realizar compras desmedidas o compras que no representan una necesidad real, es decir a tener un menor autocontrol de compra, lo cual corrobora nuevamente la hipótesis nula.

Finalmente, se puede decir con lo anterior, de manera general, que las personas independientemente de su estatus socioeconómico o su género encuentran en el hábito de la compra un especie de refugio en el cual proveerse de satisfacciones que en la línea de la permanente exigencia social permita dar sentido al deseo incesante y a la atracción por lo que se vincula con aquello que es visto como el éxito y la felicidad, aun cuando después de obtener provisiones materiales emerja la culpa que, relacionado con lo que dice García (2009), le da sentido a saberse sobre lo que se es a partir de lo que se obtiene materialmente.

Notas

[1] Véase: La obsolescencia programada (Salcedo, 2014) y La bombilla de mil horas.
[2] El término es empleado por distintas áreas del conocimiento y en la misma literatura. Véase: García, P. (2009) El concepto de ‘reflexividad’ en la sociología del consumo: algunas propuestas. Universidad de Zaragoza, pp. 85-102.
[3] Véase anuncio BMW “¿te gusta conducir?” premiado como mejor spot en los últimos 25 años.
[4] El trabajo no es en sí un medio para la producción de mercancías sino un fin en sí mismo, que pueda ser buscado por sí mismo y gozado. El trabajo, más allá de la dimensión económica, se define en las propias categorías antropológicas: “Principio de Movimiento” Karl Marx.
[5] El trauma en psicoanálisis es el alejamiento sobre una experiencia que fue tremendamente satisfactoria, lo cual se dice, es parte de una condición cotidiana del ser, es decir, Freud dice que todos los seres humanos han experimentado alguna pérdida de satisfacción que produce para después sentimientos de abandono y desvalidamiento en las personas.
[6] Cañas hace la aclaración de que no forjan parte constitutiva de su —Ser íntimo—.
[7] Los llamados workaholics (Adictos al trabajo).
[8] Véase La estructura de las revoluciones científica (Kuhn, 1962), Este término se ha vinculado con el texto de Kuhn, y en particular a lo refiere en cuanto a los cambios de paradigmas, en lo cual se reproduce una crítica al llamado “progreso” o “evolucionismo” de la sociedad a lo largo de las diferentes épocas por las que ha atravesado la humanidad.
[9] Se basa en la liquidación del nacionalismo de los Estados que centralizan la etnia, la identidad cultural, la tradición y la lengua. Es un legado europeo que empezó con la ilustración y las ideas de libertad y ciencia.

Referencias bibliográficas

ALMARZA, A. (2011). Historia de Consumo en EEUU. Sociología Consumo.
ALONSO, L. FERNÁNDEZ, C. RODRÍGUEZ; IBAÑEZ R. y PIÑEIRO, C. (2011). Consumo y estilos de vida sostenibles en el contexto de la crisis económica, nº 113, pp. 139-148.
ASOCIACIÓN DE ESTUDIOS PSICOLÓGICOS Y SOCIALES. Estudio sobre estilos de vida y consumo responsable en Castilla-La Mancha. Centro de estudios de consumo http://www.psicosociales.com/estudios/ConsumoResponsable.pdf
BAUMAN, Z. (2007) Vida de consumo: Modo de compatibilidad, pp. 41-77. España: Fondo de Cultura.
CALDERON, F. (2009). Consumo responsable, percepción de riesgos y responsabilidad ambiental en México. Diversidad Ambiental.
CAMPBELL, C. (2004) I shop therefore I know that I am: the metaphysical basis of modern consumerism. Elusive Consumption, pp. 27. Nueva York: Berg.
CASAS, A. (2014). El Capitalismo es Consumista. Libertad y racionalidad. WordPress Site.
CHANEY, D. (2003). Estilos de vida. Estudios sociológicos, pp. 205. Ed. Talasa.
DIRECCIÓN GENERAL DE ESTUDIOS SOBRE CONSUMO (2011). Brújula de Compra: El Consumo Cambio en el mundo… Y en México. Procuraduría General del Consumidor.
FREYTAS, M. (2009). Técnicas de control para implantar el consumo masivo. Sociopolítica. Biblioteca Pléyades.
GARCÍA, P. (2009). El concepto de reflexividad en la sociología del consumo. Algunas propuestas. España: Universidad de Zaragoza.
GARCÉS, J. (1999). Manual de información y autoayuda: La adicción al consumo. Unión de Consumidores de España.
GARCÉS, J. (2000). Experiencias de trabajo en la prevención y tratamiento de la adicción al consumo. Psicosociales.
HENAO, O. y CÓRDOBA, J. (2007). Comportamiento del consumidor, una mirada sociológica. Redalyc, Vol. 2, nº 2.
LARA, J. (2009). Consumo y consumismo: Algunos elementos traza sobre estudiantes universitarios en México. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 21.
MORALES, T. (2015). Imagología y el poder de la imagen pública, Vol. 1, pp. 5.
NEVES, F., MACHADO C. y FERNÁNDEZ, A. (2015). Proyecto EESS: Consumismo. Estudios económicos y sociales. Facultad de Medicina.
OSUNA, S. (2008). Publicidad y consumo en la adolescencia. Barcelona: Ed. Icara.
PADILLA, G. y GAFFAL, M. (2013). Formas de vida y juegos del lenguaje. Madrid, México, DF.
PATRICIO, V. (2011). Teoría del consumidor. Microeconomía, BlogSpot.
PAVÓN, D. (2014). Psicología y Capitalismo en América Latina. WordPress. Conferencia en la Universidad Lasalle Morelia.
PICCINI, C. (2015). Millennials: la nueva generación de consumidores. Ombushop.
PÉREZ, J. (2013). Análisis de consumo actual: Vivir es consumir. Actualidad y sociología.
PLASCENCIA, J. (2015). El consumo en México. Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato.
RODRÍGUEZ, S. (2008). Connotación y persuasión en la imagen publicitaria. Gaceta de Antropología. España.
SALCEDO, A. (2008). El Comportamiento del Consumidor en la Sociedad Actual. La perspectiva psicosocial. Sanz y Torres, Ed.
SALCEDO, A. (2014). Las nuevas actitudes hacia el consumo y la producción: las mejores prácticas en el ámbito del consumo colaborativo y la obsolescencia planificada, pp. 147. Comité Económico y Social Europeo.
SLATER, J. (1997). Cultura de Consumo y Modernidad, p. 100. Cambridge.

Arquetipo, historia y contemporaneidad

Juan Manuel Otero Barrigón
Psicólogo. Coordinador de la Red de Estudios Religare y Profesor adjunto de la Cátedra “Psicología de la Religión”. Universidad del Salvador (USAL)
.

Veneramos la Palabra, valoramos y admiramos el poder de las imágenes y abstracciones así evocadas para dar forma y transformar el mundo. Pero el lenguaje es algo más que los garabatos en una página. Las abejas bailando, el sonido del trueno distante, el ADN cifrado en cada célula viviente, estos también cuentan historias. Vivimos en un mundo de historias.

El ser humano se constituye como tal en su propia biografía, que es historia.  Historia fruto de historias que la antecedieron, y al mismo tiempo, resultante de la síntesis de historias concomitantes y paralelas a su propio devenir. Del trabajo de Freud se desprende la idea de que la Historia, en tanto tal, no puede comprenderse sin considerar, primero, la dimensión de la temporalidad.

Historiar, según el maestro vienés, tuvo como punto de partida la toma de consciencia de sí mismo por parte del pueblo; es decir, cuando éste:

“(…) se sintió rico y poderoso y experimentó la necesidad de averiguar de dónde procedía y cómo había llegado a su estado actual. La Historia, que había comenzado por anotar simplemente los sucesos de la actualidad, dirigió entonces su mirada hacia el pasado, reunió tradiciones y leyendas, interpretó las supervivencias del pretérito en los usos y costumbres y creó así una historia del pasado prehistórico. Pero esta prehistoria había de constituir, sin remedio, más bien una expresión de las opiniones y deseos contemporáneos que una imagen del pasado, pues gran parte de éste había caído en el olvido, otra se conservaba deformada, muchas supervivencias se interpretaban equivocadamente bajo la influencia de las circunstancias del momento y sobre todo no se escribía la historia por motivos de ilustración objetiva, sino con el propósito de actuar sobre los contemporáneos. El recuerdo consciente que los hombres conservan de los sucesos de su madurez puede compararse a esta redacción de la Historia, y sus recuerdos infantiles corresponden tanto por su origen, como por su autenticidad, a la historia de la época primitiva de un pueblo, historia muy posterior a los hechos y tendenciosamente rectificada” (Sigmund Freud, 1910).

Historiar supone, de esta manera, interpretar el pasado desde el único ángulo posible, el de nuestro propio presente. Construir, o si se prefiere, reconstruir aquello que a la vista de sus huellas en la actualidad, probablemente sucedió y que nos permite entender lo que ahora mismo está sucediendo. De lo  que se trata, como en el caso de la reconstrucción de la biografía individual, es de aclarar las incógnitas que nos plantea el presente, ateniéndonos a su historicidad, hallando los conectores originales entre las producciones culturales y sus fuentes ocultas para entender así su significado y alcance. El ser humano es, respecto de la Historia, tanto actor como receptor.

Existe un paralelismo entre el desarrollo humano individual y la historia de la cultura. Esta última se estructura en función de principios iguales a aquellos por los cuales se constituye el sujeto, de igual manera que, en el terreno biológico, la ontogenia es reflejo de la filogenia. El pasado, está así, inmerso en el presente, perviviendo semienterrado en las más variadas formas culturales.  C. G.Jung alcanzó a vislumbrar claramente esta realidad y construyó su edificio teórico a partir de la importancia que juegan los arquetipos, en tanto principios fundantes de las más variadas creaciones del hombre a lo largo de su recorrido histórico. Los arquetipos, en tanto imágenes primordiales, fueron concebidos como la materia prima de los mitos, de las religiones, de la ciencia y de la filosofía. Piedra basal en la que se asientan los grandes productos culturales del ser humano, articulándose con su devenir.

Uno de estos motivos primarios fundamentales discernidos por la psicología analítica junguiana fue el de la Cuaternidad. Esta imagen, con una estructura cuádruple, las más de las veces cuadrada o circular y simétrica, se nos presenta como indicativa de la idea de Totalidad. Según Jung, la producción espontánea de imágenes cuaternarias, ya sea conscientemente o a través del rico mundo de los sueños y las fantasías, indicaría entre otras cosas la capacidad del ego para asimilar contenidos inconscientes. En sus propias palabras: “La cuaternidad es un arquetipo que, por así decirlo, se presenta universalmente. Es la premisa lógica de todo juicio de totalidad. Si se quiere llegar a un juicio de este tipo, éste debe tener un aspecto cuádruple. Cuando, por ejemplo, se quiere caracterizar la totalidad del horizonte, se nombran los cuatro puntos cardinales. Hay siempre cuatro elementos, cuatro cualidades primitivas, cuatro colores, cuatro castas en la India, cuatro caminos en el sentido de evolución espiritual en el budismo. Por ello también hay cuatro aspectos psicológicos de la orientación psíquica más allá de lo cual no puede ya decirse nada más fundamentalmente. Debemos tener, como orientación, una función que compruebe que hay algo (sensibilidad), una segunda que verifique qué es esto (pensamiento), una tercera función que diga si esto se adecúa o no, si se quiere admitir o no (sentimiento) y una cuarta que indique de dónde viene y adónde va (intuición). Más allá de ahí no se puede decir nada… La perfección ideal es lo redondo, el círculo (mandala), pero su escala mínima es la cuadratura.” (C. G. Jung, 1953)

Ya en su tiempo, el famoso antropólogo Levy Bruhl había destacado en su obra “Las funciones mentales en las sociedades inferiores”, el importante papel desempeñado por el número cuatro en la mentalidad prelógica. Pensemos sino en las cuatro estaciones del año, los cuatro elementos, las cuatro virtudes capitales, etc. Importancia que, pese a ello, no quedaría limitada a los tiempos pasados, sino que se prolongaría a nuestra época actual, dado que dicho arquetipo funciona vivamente en las producciones culturales de nuestro mundo contemporáneo. Son estos, de hecho, al decir de Abraham Haber, tiempos que han vuelto a activar el arquetipo de la Cuaternidad.  Antes bien, es importante recordar que una imagen, una figura o una acción no constituyen el arquetipo en sí. El arquetipo es forma y energía; la imagen toma una forma determinada de acuerdo a la energía para expresar al arquetipo, o bien, la energía propia del arquetipo otorga a la imagen una posibilidad de manifestarse de una cierta manera. Es allí el símbolo el que permitirá operar como vehiculizador de las mismas. Las imágenes arquetípicas se cristalizan a nivel colectivo en las producciones míticas, leyendas, cuentos, religiones, sucesos históricos etc.

Si pensamos en el campo científico, los albores del siglo xx nos trajeron de la mano de la ciencia física la incorporación, a las tres dimensiones clásicas del espacio, una nueva y cuarta dimensión: el tiempo. En el ámbito histórico, Jung señaló que uno de los eventos más trascendentes del último siglo fue la promulgación, por parte de la Iglesia, del dogma de la Asunción de María, que en términos psíquicos reflejó el pasaje de la Trinidad a la Cuaternidad, con la incorporación de un elemento (la Mujer) que durante tanto tiempo había sido desestimado.  Emergió, así, la exaltación de la Sabiduría femenina frente al Logos masculino, y la conciliación de los opuestos.  Jung consideró a este nuevo y último dogma dispuesto por la Iglesia “como el acontecimiento religioso más importante después de la Reforma”. Suceso cuyas derivaciones podemos ver cristalizadas a nivel social y político en la actualidad, donde la Cuaternidad femenina anima hoy el espíritu de varios círculos feministas alternativos, en tiempos en los cuales el cuestionamiento al denominado sistema patriarcal, unido a la revalorización de lo Sagrado Femenino, constituyen los carriles por los cuales se desarrollan ciertos discursos disidentes de las principales corrientes del feminismo hegemónico posmoderno.

En el ámbito social, sabida es la importancia que desde hace años encarna el denominado “Cuarto Poder” periodístico, tan relevante tanto en su rol de grupo de presión  como en su faceta modeladora de opiniones y conciencias sobre vastas franjas poblacionales. Realidad que se acentúa, claro, en contextos donde la pluralidad y diversidad de voces son acalladas en detrimento de la imposición de múltiples reproductoras/eco del Discurso Único Dominante. La ascendencia de los medios de comunicación es tal, que conceptos sociológicos contemporáneos como el de postverdad no pueden comprenderse cabalmente escindidos de la manipulación informativa con el cual este significante entre otras cosas está relacionado; registro que inclusive muchas empresas periodísticas ejercen deliberadamente.

Por otra parte, en su momento, lemas como el de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” inspiraron revoluciones como la francesa, al significar la emergencia del tercer estado, la burguesía, que hizo sentir su influencia frente a los poderes constituidos por la nobleza y el clero. ¿Y acaso no fue el siglo XX, y por extensión, no es el siglo XXI, momento clave en el progresivo desarrollo de la consciencia histórica por parte del proletariado, el Cuarto estado? Al hablar aquí de estados no deberíamos confundirnos con el Estado concebido como instancia reguladora de las relaciones sociales, así como de los aparatos ideológicos que la sostienen. Cuando hablamos del aparato del Estado es necesario tener en cuenta distintas aristas. Por ejemplo, y tal como citáramos arriba, los mass media, a través de los cuales las identidades son transformadas en imagen o producto de consumo. No algo distinto a la sociedad del espectáculo, que describiera en su momento Guy Debord. Entronización del mundo de la representación, que reduce a las identidades a pura fantasmagoría, lejos de individuos que se comunican, que se aman y se odian, que se vinculan unos con otros. Nos referimos, claro está, a ese entramado jurídico político económico que constituye el Sistema, y al cual Michel Foucault calificara como “la red de secuestro dentro de la cual está encerrada nuestra existencia”.

En el marco del monoteísmo de mercado, que parece regir buena parte de los destinos del Occidente histórico  actual, cabe suponer que la desaparición del Estado supondría el paraíso para las grandes corporaciones económicas, ya que rápidamente les permitiría terminar de adueñarse de los recursos, anulando los servicios sociales y los derechos laborales, orientando al ser humano enteramente al servicio del mercado y permitiendo, así, la explotación ilimitada del planeta. Sin embargo, no debiera perderse de vista que, dichas corporaciones financieras que hoy dan rienda suelta a su voracidad, crecieron y se modelaron con el paso de los siglos bajo el paraguas de los Estados de Occidente, cuyos ejércitos posibilitaron su libre desarrollo en todo el mundo. Y también es cierto que la guerra sigue siendo la expresión máxima de la unión del Capital y del Estado, de allí la íntima vinculación entre Estado, colonialismo y expansión capitalista que distingue las relaciones internacionales desde principios del siglo XXI. De este modo, opresión política, opresión cultural, opresión militar y opresión económica confluyen unas con otras, retroalimentándose.

Los efectos del discurso neoliberal imperante, en sintonía con la categoría de lo Siniestro que postulara Freud -repetición, lo familiar tornándose inhóspito, crueldad gratuita-, conllevan un proceso de subjetivación donde progresivamente se van diluyendo los legados simbólicos, la alteridad, y la imposibilidad que la determina, hasta volverse la vida, tal como plantea Jorge Alemán, “expresión de un presente absoluto”.  Subjetividad modelada así por el Poder,  que ahoga las condiciones necesarias que permitan el despliegue diacrónico de la singularidad, inherente a todo proceso auténtico de individuación en el desarrollo de la propia historia.  Constitución de un falso self, basado en el sometimiento a los imperativos del mercado y sus demandas, inspirando el desarrollo de personalidades de corte narcisista erigidas como máximo horizonte aspiracional; modelos de éxito fabricados artificialmente compatibles con este paradigma de darwinismo social meritocrático.  Debilitamiento del necesario interjuego entre lo individual y lo colectivo, cuya integración  supone la base de toda existencia creativa, de acuerdo al enfoque teleológico propuesto por el sabio de Zurich.

Frente a un horizonte como el señalado líneas arriba, la apuesta por una lógica  emancipatoria supone, en primer lugar, el desafío de una organización colectiva que no ahogue la dimensión singular de la experiencia y del recorrido de cada ser. Pero que permita, al mismo tiempo, la articulación de nuevos desafíos grupales de soberanía, que propendan a explorar alternativas al mundo que las corporaciones neoliberales y sus instituciones mundiales, rendidas al Capital, intentan establecer con su arsenal de mecanismos, diluyendo la calidad de los vínculos afectivos, impidiendo la plena asunción de la propia historia, y  anulando el consecuente registro del otro semejante, en el interior de una selva donde el “sálvese quien pueda”, se erige en ley tirana de esta teología secular sacrificial e insolidaria.

Referencias bibliográficas

ALEMÁN, J. (5 de Junio de 2017): ¿Qué es la subjetivación neoliberal?
COSTA, N.  (2000): Jung, un mundo de imágenes y símbolos. Buenos Aires: Editorial Centro Editor Argentino.
FREUD, S. (2003): Obras Completas. Buenos Aires: Editorial El Ateneo.
GIMÉNEZ SEGURA, M. del C. (1998): El tiempo y la historia en la obra de Freud. Anuario de Psicología, 38, Barcelona.
HABER, A. (1969): Un símbolo vivo: arquetipos, historia y sociedad. Buenos Aires: Editorial Paidós.
JUNG, C. G. (2016): Obras Completas. Madrid: Editorial Trotta.
SHARP, D. (1994): Léxicon Jungiano. Santiago de Chile: Editorial Cuatro Vientos.

Por gentileza de El psicoanalítico

Espacio y tiempo para la belleza dentro del proceso psicoanalítico

Mabel Sapino
Psicóloga
.

Este escrito va al encuentro de una potencialidad manifestación temporo-espacial de la belleza en el mismo proceso psicoanalítico.

Al considerarla como un fenómeno psíquico dicha expresión y experiencia resultaría factible de ser compartida en la misma situación terapéutica ofertada.

Si suponemos la presencia de potencialidades creativas innatas en la persona, nuestra labor terapeútica resulta una apuesta a un proceso revelador sujeto a probables encuentros, fruto quizás de transformaciones logradas en el mismo proceso psicoanalítico.

La belleza como la misma creatividad dada sus cualidades podría como una revelación llegar de modo inesperado. Podría sorprendernos, saltando de algún espacio mental vinculado a representaciones insospechadas anunciando lo que quizás a posteriori deba ser sometido a un trabajo de elaboración.

Malestar o belleza en si misma no implican un proceso creativo.

Proceso creativo y proceso psicoanalítico se asocian [1], y la belleza como la misma creatividad dada sus cualidades podría como una revelación llegar de modo inesperado y sorprendernos vinculada a representaciones insospechadas.

Malestar o belleza en si misma no implican un proceso creativo, pero las experiencias estéticas en los albores del narcisismo, estarían imbricadas tanto con una potencial creatividad primaria del ser como con las iniciales marcas del deseo. Ciertas formas de la vida temprana perviven en las mismas búsquedas de la vida adulta como un motor de metamorfosis transformadora del self. Si espacio y tiempo en la sesión pasan a ser y estar al servicio del cuidado y transformación de esa vida, las cualidades del proceso y “medio psicoanalítico” son favorables circunstancias para que lo novedoso emerja.

Las experiencias estéticas de los albores del narcisismo conservan la experiencia de lo sensible, lo arcaico y temprano del psiquismo que roza lo trascendente y nos fuerza a recorrer fronteras conceptuales y aunque la apertura del tema no pretende un diálogo inter-textos con cuantos autores atendieron al fenómeno dentro y fuera del psicoanálisis [2] lo absoluto se asoma.

Capturado el instante como hecho clínico la belleza sorprende.

A. Un hecho clínico

En la sesión una paciente ofrece en el marco del diálogo psicoanalítico un relato. La envuelve y con sus envolturas crea un clima de encuentro que recrea su particular circunstancia vital. Con su modo de andar, su modo de decir hoy- se me ocurre- predispone a quien escribe, yo la misma analista.

De aquella sesión y contenidos recupero un instante donde lo bello resulta un hecho clínico que capturo para la escritura [3].

“Que contarte… que decirte… fue todo tan intenso fue una revolución.

Tenemos un bebe …muy bello (p [4]) bello… (p)eso… (p) eso es lo primero (p)

Que sé yo, un montón de cosas que no son como yo me imaginaba (p)… que fuera todo tan intenso… (pausa más larga)

Tardé en llamarte (p).

Estoy asombrada por lo fuerte que es el vínculo con el bebe.

Estoy desorganizada pero esto es lo primero que hago (p) No sé porque no se pudo… (p-p)

Lo primero es que todo sea armonioso… no sé… cuando él quiera tomar.

Los pediatras dicen libre demanda (p) y si no tomaba lo traía, pero como tomó un rato antes vine sola. (p-p)

¿Cómo organizar y no imponer? (p)

Él duerme profundamente y… ni onda de ir a trabajar.

¡Lo que es sostener la vida! ( cambia su entonación es de asombro) Que bárbaro que es (p)

depende del padre y de mí, más de mí que le doy la teta, me sorprende lo frágiles que son…”

Indico sus cambios de tono, el asombro y lo vivencial del encuentro porque como compases hacen a la armonía de su hablar. El clima que logra crear es calmo y tranquilo, acompañando su relato con un pausado modo de decir cálidamente entonado a mi escucha.

Logra mantenerse ella en su descripción como en otra realidad donde predomina la cuidadosa manipulación y manejo del cuerpo del bebe y la embellezada devoción de un extasis propio de la descripción de un instante de creatividad primaria, lo que invita a recrear en mi configuraciones estéticas al estilo de las de las de las madonas con sus niños.

Expresar con delicadeza esta cuestión subjetiva en la presentación que hace de sí-misma “como madre trayendo a su bebe”.

Aquella advertencia de D. W. Winnicott me acompaña

“ Esa creatividad puede ser robada con suma facilidad por el terapeuta que sabe demasiado (…) no importa cuanto sabe este, siempre que pueda ocultar sus conocimientos o abstenerse de divulgarlos” [5]

No solo presencio, la mostración de una escena comparable a las experiencias artísticas, religiosas o de encuentro con lo absoluto en la misma naturaleza. Estoy allí y esa es la configuración que recrea en mi en silencio.

Ella dice de lo bello y de una forma de belleza que la maternidad despierta, y yo más tarde lo retomo y escribo sobre este instante que también sentí como bello.

¿Intento procesarlo? ¿Entenderlo?

Conservarlo, transformarlo y objetivarlo resulta un movimiento para que quizás no se pierda algo de lo íntimo de un tiempo vivido en la sesión. La experiencia en si dice de una temporalidad existencial a la que se arribó acá conmigo y que o es nueva y original o ya estaba quizás guardada en algún repliegue subjetivos. Lo cierto es que vivió y se dio como un hecho.

Al leerlo quizás ya no se encuentre la belleza que flotaba en el ambiente porque ya este es otro contexto, y como un perfume ya se ha evaporado. Pero es entonces interesante capturar lo instantáneo y fugaz de lo bello que emerge y que se esfuma atravesando las fronteras de lo artístico y filosófico a la hora de su conceptualización.

La belleza se había presentado como un fenómeno y su registro resulta una opaca evidencia de su revelación en un espacio. Solo un artista podría hacerlo, ya que me refiero a un espacio y tiempo irrepetible y único.

Siendo una divulgación exclusiva entre colegas —no artistas— apelo al saber de una experiencia de momentos que sin duda todos los que estamos en el oficio vivimos en alguna oportunidad.

Estuvo allí el instante, que puede contener tanto del memorar como de lo inaugural. Por eso anoté al comenzar algo que alguna vez leí sobre ciertas formas de la vida temprana que perviven en las búsquedas de la vida adulta como un motor de metamorfosis transformadora del self y su mundo. Quizás esta experiencia existencial muy temprana guardada en ella es la que con este bebe emerge, y se despliega dadas estas circunstancias de vida en los territorios del espacio potencial acá conmigo como fruto de una nueva creatividad.

Su ser en esta metamorfosis de la maternidad se expresó como un fenómeno que adhiero en llamar bello, bajo la forma de una experiencia estética intensa y positiva. Comunica sobre su estado y trasmite una “tierna belleza“ maternal de entonamiento con su bebe. Es una vivencia del ser y del hacer el bien. Esa cualidad es la que intento reflejar en mi testimonio ya que considero que lo hace desde un lugar auténtico del ser.

Atendiendo a la recomendación del maestro no analizo si se debate y justifica por el tiempo que se ha tomado ni digo de la fuerte atracción con su bebe; solo recibo y comparto; casi contemplo. Es francamente un instante conjugado. Tiempo y espacio psíquicos de la natural de una belleza anonadada estaban siendo revelados.

No señalo ni interpreto si el tiempo se le desordenó y se le pasó bastante sin venir.

No menciono su desorden y su fusión mezclando devoción y asombro de algo propio puesto allí en el niño. Dejo que exista, se recree y lo comparta.

El espacio y tiempo de la sesión favorecieron la manifestación de una bella ternura maternal que no impostó, ni ocultó sino que confiada ofreció cuidadosamente.

Trataba sus palabras como a un bebe a depositar suavemente en la cuna. Sin duda eran representaciones con ligadura y carga.

El encuadre no se impuso sino que se amoldó. Ella se tomó el tiempo que precisaba, y se animó a traer su intimidad sin temor a ser despojada.

Si lo creativo emerge ¿será porque un espacio propio del narcisismo se recrea y sostiene?

¿Es un afecto que por efecto del narcisismo que se introduce que genera esta actitud analítica? ¿Se describe un fenómeno que pone en riesgo la disociación instrumental?

La paradoja de un encuadre que se ofrece y sostiene genera el clima sutil que reclama lo que debe manifestarse. Al psicoanalista se le revela un fenómeno propio de territorios psíquicos intersubjetivos donde la responsabilidad es mutua para el que ofrece y el que recibe.

La misma escritura resulta un recurso y herramienta como un modo de elaboración al impacto estético que hace su propio proceso.

Tomar la belleza como una categoría en una investigación implicaría preguntarse metapsicológicamente por un entretejido que nos lleva a los destinos de una experiencia de encuentro que nace entre los pañales del ser y de la misma pulsión que se satisface en los regazos y la mirada dispuesta y devota de una madre.

Formularse interrogantes que pulsarían por respuestas es lo que nos queda luego de vivir dichas experiencias que nos conmueven y trascienden.

Quizás la escritura intente que lo bello logre vivir más allá de la intimidad de la sesión así como la acción de decir de la paciente hizo posible que se recreara su relación con su bebe en la virtualidad de la sesión.

¿Cómo definimos la belleza? ¿ Acaso como un encuentro con cualidades de perfección en otro, ya sea en una situación persona objeto sonido concepto o conjunto de ellos? .

Acerca de su subjetividad u objetividad diremos ¿estaba dentro de mí? o ¿estaba en ella? ¿estaba en el bebe? o ¿estaba en el relato? y/o ¿estaba entre nosotras?

Quizás como algo que estuviese adentro y afuera algo de lo paradojal pero a su vez se comparte en estado de armonía subjetiva con otro y que envuelve el encuentro y se exterioriza de modo sublime.

Yo no sabía cómo ni qué había pasado con ella. Llegué a imaginarla entrando con su bebito en brazos, como en otros casos había sucedido con otras pacientes.

Disponerse a recibir y vivir el encuentro formó parte del misterio y de la revelación.

Sin dramatismos ella sencillamente se ofrece, y yo reflexiono a través de la escritura como un modo de ir de lo sensible a lo conceptual en sutiles manifestaciones envolventes del narcisismo.

B. Otro Hecho clínico

Hace unos años una joven había llegado a mi consultorio abrumada con las amenazas de abandono en su vínculo de pareja. El suyo era un problema de apego ansioso y simbiótico que arrastraba desde su infancia y hacía eclosión en su pareja.

Atendiendo a lo contratransferencial nominé al fenómeno de entrada por su presentación, la modalidad de relación, sus sueños y estilo de vida veloz , como desplegando un tipo de “belleza salvaje”.

Un ritmo “too fast” como ella solía llamar se fue instalando en el proceso. Esos aires nos paseaban de lo tormentoso a lo intimista y lo nada estable pasó a ser su patrón.

Con ella no había lugar ni tiempo para el aburrimiento pero su inestabilidad emocional recreaba contratransferencialmente el clima de cuidado parental propio de un yo deficitario, que volvía tras algo de lo traumático existencial de su origen.

Se la vivenciaba tormentosa, atormentada y atormentadora y todo su encanto se diluyó entonces.

Podía desde mi lugar de psicoanalista imaginarme presenciando una tormenta en el mar o en medio del campo, o tal como se escucha en una composición musical los encuentros y contrapuntos de instrumentos que nos llevan de un “allegro con brío al piu andante” y de un movimiento potente y furioso a uno de calma [6]. Lo sensible era potente y la belleza también se presentaba aunque generara sufrimiento.

Estaba junto a una borderline y entonces comprendía porque su pareja no quería seguir con ella. Sin embargo por momentos, su extraña belleza parecía desplegar algo enigmático y paradojal [7] que volvía a cautivarlo.

Cerrando pues, considero que resulta de interés incluir este fenómeno de “la belleza” dentro de los avatares de los destinos de la pulsión en la vida de relación, los procesos terapéuticos, y las mismas patologías narcisistas.

Conclusiones

El proceso psicoanalítico guarda en su encuadre y relación la potencia de una temporalidad y espacialidad creativa que ofrece la oportunidad a experienciar el pasaje de lo sensible a lo conceptual. La belleza nos vista en los procesos transportándonos por diferentes estados que van de lo excitado a lo calmo. Ella misma dice de un proceso de integración del self que va tomando formas.

En la sesión el compromiso intersubjetivo alcanza a ambos protagonistas y estos hechos clínicos evidencian estados límites del narcisismo donde lo inspirado o inspirador y lo bello se rozan.

Confrontar formas de belleza tierna o violenta revelan la proximidad de lo creativo con lo pulsional. Para elaborar y transformar el ser y el hacer son convocados. La complejidad en lo transferencial y contratransferencial se daría en este encantamiento y seducción que el narcisismo contiene.

Sus múltiples y diferentes manifestaciones psicopatológicas se apropian de formas y usos de la belleza con fines organizadores de fantasías perversas o de defensa y /o auto curación de sí-mismo.

Notas

[1]. Sapino, M.: Tesis doctoral.

[2]. Platón: El Banquete o del Amor; Fedón o del alma. Luis Gil catedrático de Madrid en Introducción y notas al Fedón cita que la segunda navegación lleva a Sócrates a un cambio del método pasando de las cosas a los logos y del mundo sensible a los conceptos. “Este método dice adquiere su pleno sentido cuando lo que admite Sócrates como principio y fundamento es la existencia de las ideas, lo bello, lo bueno, lo grande en sí, las demás realidades de este tipo”. Ya en su introducción al Banquete este mismo autor Luis Gilrefiere: “La doctrina de las formas está estrechamente vinculada a la teoría del conocimiento y a la doctrina del alma, que no pueden concebirse separadas. La idea de belleza en el Banquete, en su soledad, eternidad y uniformidad y en el mismo hecho de ser el fundamento de la belleza existente que en la multiplicidad de cosas bellas reúne todos los requisitos para ser un arquetipo, una forma ideal, un eidos” […] “El eros platónico en el Banquete, es definido también como un ansia de cosas buenas y de felicidad, como un deseo de posesión del bien. La idea de la belleza se identifica en la República con la idea del bien. El amor en el Banquete culmina en la contemplación; en el Fedro, mediante un proceso similar de depuración de bajos instintos, será la fuerza salvífica que devuelve al alma las alas perdidas…”

[3] Sapino, M: Narrativa escrita y relatos de experiencias. Intersubjetividad y transferencia de la vivencia traumática.

[4] (p) una suave pausa (p-p) pausa larga.

[5] Winnicott, D.: Realidad y Juego, p. 83.

[6] Tchaikovsky, P.: Concierto Nº 1 en si bemol menor para piano y orquesta OP. 23[6] Ib. Hagman, G: El sentido de la belleza. Libro Anual de Psicoanálisis, XVIII.

[7] Bollas, C.: La Sombra del Objeto, p. 229.

Por gentileza de Psicoanálisis y Ciencia

Sobre la epistemología del psicoanálisis marxista | Una investigación conceptual

Sebastián Plut
Doctor en Psicología. Profesor Titular del Doctorado en Psicología UCES y de la Maestría en Problemas y Patologías del Desvalimiento UCES (Argentina). Miembro del Comité Editor de la Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos

Lo real no es jamás ‘lo que podría creerse’, sino siempre lo que debiera haberse pensado.
G. Bachelard: La formación del espíritu científico

Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno.
Terencio: El enemigo de sí mismo

 

Resumen

El autor estudia los fundamentos de las relaciones entre marxismo y psicoanálisis. Especialmente, examina cómo se transforman los conceptos freudianos al integrarlos en una teoría sociológica.

Palabras clave: marxismo, psicoanálisis, epistemología, sociedad, teoría, ideología.

Summary

The author studies the foundations of the relations between Marxism and psychoanalysis. He especially examines how the Freudian concepts transform themselves on integration with a sociological theory.

Keywords: marxism, psychoanalysis, epistemology, society, theory, ideology.

1. Introducción

Tomaremos la relación psicoanálisis-marxismo, inserta en los nexos entre psicología y sociología, para examinar cómo diversos autores fundamentaron las correlaciones entre ambas teorías. Nuestra tarea es parcial, por la diversidad de autores posibles (Marcuse, Bleger, Reich, Rozitchner, Langer, Fromm, Bernfeld, Pichon Rivière, Schmidt, entre otros) y porque el psicoanálisis tampoco constituye una unidad homogénea. Nuestro objetivo consiste en explorar la integración entre teorías que pertenecen a disciplinas diversas.

Algunos interrogantes iniciales son: ¿las hipótesis que se combinan pertenecen al mismo nivel? ¿Se modifica la práctica del análisis a partir de su integración con las hipótesis del marxismo? ¿Puede el psicoanálisis explicar el sometimiento que el marxismo vislumbra en el capitalismo? ¿Desde el marxismo se cuestionan problemas teóricos al psicoanálisis o bien que algunas de las premisas del segundo son contradictorias con el primero? Por último, ¿Qué complejización se logra sobre el problema del poder al articular ambas teorías?

En lo que sigue, expondré primero parte de la posición de Freud sobre el marxismo y de los marxistas sobre el psicoanálisis. Posteriormente, presentaré las hipótesis epistemológicas en que nos basamos para examinar el material, desarrollado en la Muestra, compuesto por dos autores: Bleger y Reich.

2. Referencias preliminares sobre psicoanálisis y marxismo

2.1. Freud y el marxismo

Hacia el final de su obra, Freud sintetizó su posición respecto del marxismo tal como se plasmó en su versión soviética: “En la Rusia soviética se han lanzado a la empresa de elevar a unos cien millones de seres humanos, mantenidos en la sofocación, hasta formas de vida mejores. Se tuvo la osadía suficiente para quitarles el ‘opio’ de la religión, y se fue lo bastante sabio para concederles una medida razonable de libertad sexual. Pero, en cambio, se los sometió a la compulsión más cruel, y se les arrebató toda posibilidad de pensar libremente” (1939, pág. 52). Veamos, entonces, diferentes momentos en los que Freud ya se había referido a uno u otro de los aspectos reunidos en esta cita.

Freud entendió el alejamiento de algunos partidarios del psicoanálisis, las críticas a su teoría sexual o el optimismo respecto de un cambio en la naturaleza humana, como una expresión (del marxismo) más ideológica que científica [1] (1914, 1933). También criticó la tesis de Reich según la cual la pulsión de muerte sería producto del capitalismo (Ekstein et al., 1968; Jones, 1960).

Asimismo comparó (1921) el lazo socialista con el religioso, aludió al rol del ideal en la cohesión entre los miembros y al tipo de relación con quienes quedan afuera de dicho ideal (entendido como ilusión de totalización yoica proyectada en el mundo). Posteriormente (1926) delimitó los objetivos del análisis (en torno de la represión, etc.) y los distinguió del alivio que se siente al ingresar en una comunidad religiosa o ideológica. De estas afirmaciones surgen dos orientaciones: estudiar la relación entre cosmovisiones y metas del análisis; revisar el concepto de represión en algunos autores posteriores (Marcuse, Reich, Rozitchner, entre otros).

Freud expuso una mayor argumentación sobre la relación entre economía (la propiedad privada), agresividad (o la injusticia) y cambios sociales. Sostuvo (1930) que no era de su incumbencia la crítica económica al sistema comunista y se centró en las proposiciones psicológicas derivadas de las premisas marxistas. Freud destacó la importancia del análisis de Marx sobre la estructura e influencia económica de la sociedad, así como también señaló las consecuencias positivas de un cambio en la relación de los seres humanos con la propiedad privada. Sin embargo, consideró que los supuestos psicológicos del marxismo constituyen una ilusión. Mientras que para el socialismo la propiedad privada es la causa última de la agresividad, para Freud es solo un instrumento del que se vale el “humano gusto por la agresión”. Para el psicoanálisis los fundamentos pulsionales (sexuales, agresivos, autoconservación) son anteriores al tipo de legalidad económica. Por ello, para Freud la hostilidad perdurará aun después de liquidar “a sus burgueses” (ob. cit., pág. 111), lo cual, refiere, le confiere un sesgo idealista a la teoría marxista a pesar del énfasis en el materialismo [2].

Freud también observa que el superyó fue desestimado por los marxistas, especialmente en cuanto a la eficacia del pasado que pervive y no se modifica fácilmente en el curso de pocas generaciones (1933). En ese contexto, señaló que la historia social no se altera bajo la forma de un proceso dialéctico sino por el progresivo gobierno sobre la naturaleza.

Finalmente, citemos a Freud cuando sugiere cómo completar los huecos del marxismo para que se constituya como ciencia de la sociedad [3]: “Si alguien estuviera en condiciones de demostrar en detalle el modo en que se comportan, se inhiben y se promueven entre sí estos diversos factores, la disposición pulsional común a todos los hombres, sus variaciones raciales y sus modelamientos culturales bajo las condiciones del régimen social, de la actividad profesional y las posibilidades de ganarse el sustento; si alguien lo consiguiera, habría completado el marxismo hasta convertirlo en una real y efectiva ciencia de la sociedad” (1933, pág. 165).

2.2. Los marxistas y el psicoanálisis

Por razones de espacio nuestra muestra se limitará a solo dos autores (Bleger y Reich), por lo cual ahora expondré brevemente algunas de las posiciones e hipótesis que sostuvieron algunos otros autores. El objetivo es, pues, contextualizar la discusión que desarrollaré posteriormente.

La teoría freudiana recibió rechazos y aceptaciones, ambas actitudes bajo consideraciones diversas. Quizá el parámetro central para una u otra posición fue si se definía que el psicoanálisis constituía una teoría idealista o materialista. La teoría freudiana llegó a Rusia aproximadamente en 1908 y cuando años después se instaló el gobierno comunista, debió afrontar una doble exigencia: satisfacer las demandas de la IPA y convencer a los funcionarios del partido (PCUS) sobre su legitimidad ideológica [4]. Luria, por ejemplo, sostuvo que el psicoanálisis se correspondía con una psicología monista [5]. Si para el marxismo el mundo es un único sistema de procesos materiales, en psicología se traduce en que “la mente humana es producto del cerebro y, en el análisis final, de los efectos del ambiente social y de las relaciones de clase y condiciones de producción subyacentes en el cerebro y en cada ser humano individual” (citado en Miller, 1998, pág. 136). En este sentido, consideraba que la teoría sobre el inconciente era congruente con la explicación fisiológica, por ejemplo, a partir de la teoría de la energía psíquica. Una línea similar expone Schneider al afirmar que en su teoría sobre el instinto, Freud “nunca perdió de vista su aspecto somático, la fuente de estímulo intrasomática” (1979, pág. 10).

Entre los marxistas que aprobaron al psicoanálisis, mientras para algunos (Reich, Rozitchner, Schneider) la teoría freudiana completa un vacío del marxismo, para otros (Langer) más bien se trataba de reformular algunas premisas teóricas y técnicas del psicoanálisis. Schneider, por ejemplo, refiere que el descubrimiento freudiano puso de manifiesto que el mundo no podría comprenderse únicamente con las categorías de la economía política [6]. De un modo similar a lo que luego veremos de Reich, entendía que el psicoanálisis aporta una nueva interpretación política que da cuenta del nexo entre valorización del capital y depauperación psíquica. En una línea afín, Galende (1974) entiende que rechazar la teoría del inconciente deja un vacío inherente a los procesos singulares de mediación-transformación que se desarrollan entre las condiciones objetivas materiales y su expresión concreta en los sujetos. También consideró que la esencia del hombre es el conjunto de relaciones sociales pero estas no se muestran de un modo directo, sino transformadas en valores constitutivos de la personalidad que configuran lo que llamamos el aparato psíquico.

Langer, por su parte, señaló que la orientación burguesa del psicoanálisis escotomiza el modo en que la sociedad capitalista opera, a través de la familia, en la causación de neurosis y también distorsiona nuestro encuadre y criterios de curación. Sostuvo además que el marxismo enriquecía al psicoanálisis y aboga por una nueva sociedad y por la creación del hombre nuevo. Como ejemplo de dicho enriquecimiento afirmó que “la indiferencia manifiesta de muchos pacientes frente a lo social, corresponde a una represión o negación y debe ser abordada en el análisis” (1971b, pág. 140) [7].

3. Hipótesis epistemológicas

Estudiar desde el punto de vista epistemológico las relaciones entre psicoanálisis y marxismo supone una investigación conceptual sobre los nexos entre teorías correspondientes a ciencias diversas. Maldavsky, Roitman y Tate de Stanley (2008) diferenciaron cuatro alternativas de investigación conceptual: 1) examinar un concepto en un autor y estudiar cómo se transformó en otros autores en otros países; 2) examinar un concepto de un autor y estudiar las críticas que se le han hecho; 3) examinar un concepto de un autor y estudiarlo desde otra perspectiva (por ejemplo, la neuropsicología); 4) estudiar un concepto a la luz de la investigación clínica sistemática. El trabajo que aquí presento roza aspectos de las dos primeras alternativas: por ejemplo, cómo se ha transformado el concepto de represión o qué se le ha cuestionado al psicoanálisis.

Los epistemólogos discrepan en cuanto a si una teoría puede combinarse con otra. Quienes se oponen plantearon, por ejemplo, la inconmensurabilidad de la ciencia (Feyerabend, 1975; Kuhn, 1962) [8]. Quienes acuerdan entienden que el mundo es uno y todas las variables se entrecruzan, o bien desarrollan criterios con los cuales examinar los intercambios ínter-teóricos. Resulta elocuente una carta que Freud le envió en 1923 a N. Osipov (pionero del psicoanálisis en Rusia): “Usted mismo ha reconocido la principal dificultad: no confundir analogías superficiales con identidades esenciales, y también en mostrar la sustanciación más profunda para más similaridades” [9].

Se ha cuestionado la propuesta de delimitar una disciplina por su objeto porque supone desconocer que el objeto científico se alcanza mediante operaciones conceptuales que definen siempre un nivel de análisis determinado (Klimovsky, 1987; Verón y Sigal, 1964). Es decir, el error es superponer el nivel empírico y el teórico. Verón y Sigal sostienen que “la psicología general existe, no porque haya una ‘clase’ de conducta humana que sea no-social, sino porque el nivel de la teoría psicológica general supone hacer abstracción del modo en que las influencias de cada sociedad operan sobre las conductas de sus miembros” (ob. cit., pág. 140). Ello permite construir hipótesis sobre el funcionamiento psíquico sin considerar, por ejemplo, a qué grupos pertenece el sujeto. De modo similar, se estudia la estructura de poder de un partido político prescindiendo del análisis de la personalidad de sus miembros. Los autores dan un ejemplo ilustrativo. Supongamos que identificamos que los votantes del partido A manifiestan significativamente un grado mayor de frustración que los votantes del partido B, o bien detectamos variaciones significativas en los índices de neurosis en las diversas clases sociales. Un investigador podría pensar que las siguientes conclusiones resultan válidas: tales individuos son neuróticos porque ocupan tal posición en la estructura de clases o, que tal grupo de personas vota al partido A, porque siente mayor frustración. Verón y Sigal afirman que tales conclusiones son erróneas pues, al vincular la variable dependiente (neurosis en el primer caso o elección de un partido en el segundo) al factor causal, se la injerta en una teoría ajena. El concepto de neurosis no pertenece al universo teórico de la estratificación social así como el partido político no se corresponde con una teoría sobre la personalidad. A pesar de la complejidad de estas relaciones, los autores admiten su importancia teórica, metodológica y epistemológica: “la única manera válida de relacionar los niveles de análisis es mediante unidades significativas en ambos niveles. De acuerdo con el estado actual de la teoría psicológica, de la teoría sociológica y de sus relaciones, no parece nada fácil cumplir con esta exigencia. Con todo, si los problemas que hemos tratado de señalar son reales, ignorarlos nunca puede ser una buena solución” (ob. cit., pág. 149).

Klimovsky (1973) también distingue objetos o fenómenos y teorías. Es decir, los niveles de integración de teorías científicas son un asunto epistemológico y no ontológico. El interrogante, pues, es doble: cuál es el grado de autonomía que una teoría tiene respecto de otra y bajo qué condiciones pueden establecerse enlaces entre una y otra. Para Klimovsky, “si existen o no grupos autónomos de variables es cuestión empírica que debe ser zanjada por el progreso del conocimiento científico, y no resuelta apriorísticamente mediante una decisión que dependa de ideologías o dogmas” (ob. cit., pág. 492). Respecto de que no habría auténticos niveles de integración (el universo como unidad), Klimovsky sostiene que lo que se desea saber no es si todos los objetos están relacionados en algún aspecto [10], sino si los diferentes tipos de aspectos que los objetos presentan están o no relacionados entre sí. Por otro lado, admite la autonomía de un grupo de variables ya que, aun cuando se violente la realidad, la correlación con variables externas puede ser escasamente significativa y carecer de valor práctico. Si bien para Klimovsky las teorías no son galaxias separadas unas de otras, afirma que son “unidades científicas”, siempre que se tenga en cuenta que en la definición de los niveles de integración intervienen bases empíricas, metalenguajes y teorías presupuestas: “las hipótesis de una teoría son, en cuanto conjunto de conocimientos efectivos o conjeturales, las verdaderas unidades conceptuales, empíricas, fácticas y problemáticas del conocimiento” (ob. cit., pág. 501). A partir de allí plantea un examen metodológico sobre cuál es la relación lógica, semántica y estructural que tienen dos teorías determinadas.

Klimovsky enumera siete tipos de relaciones ínter-teóricas: 1) cuando una teoría es metalenguaje de otra (por ejemplo, en lógica, cuando desde un metalenguaje se define un sistema lógico formal); 2) entre teoría presupuesta y teoría específica (cuando la TE requiere, para enunciar sus afirmaciones, las hipótesis, la sintaxis y el vocabulario de la TP); 3) entre teorías fundamentales y teorías derivadas (cuando todas las hipótesis de la segunda se deducen de las de la primera); 4) de reducción (una teoría T1 es reductible a otra T2 si añadiendo reglas R de correspondencia que liguen el vocabulario de ambas teorías, se muestra que T1 se deduce de T2 más R) [11]; 5) cuando una teoría se toma como modelo de otra (las hipótesis de la primera se traducen por algún procedimiento que implique isomorfismo o analogía con hipótesis de la segunda); 6) cuando una teoría es auxiliar de otra (una teoría auxiliar permite manejar material para las experiencias en la otra teoría); 7) cuando una teoría formaliza a otra y esta interpreta a aquélla.

Klimovsky concluye: “el verdadero problema… es examinar metodológicamente la estructura de cada teoría en particular y la de sus relaciones con otras… ¿Se pueden usar dos teorías simultáneamente sin producir contradicción? ¿Se puede utilizar una teoría sin estar obligados a aceptar o presuponer otra?” (ob. cit., pág. 507).

Maldavsky (1997, 1998a) propone encontrar criterios para construir la afinidad en la diferencia. En el encuentro entre teoría y clínica, entre dos teorías psicoanalíticas, o entre el psicoanálisis y otras ciencias, advierte dos riesgos extremos: la reducción de lo diverso a lo idéntico (por un arrasamiento nivelador de las diferencias) y la supresión de toda afinidad (exclusiones fanáticas). Para el enlace entre dos teorías psicoanalíticas (por ejemplo, la kleiniana y la lacaniana) sostiene que “si en lugar de tal esfuerzo por reducir lo diverso a lo idéntico se pretende hallar su afinidad, puede ser que una tercera teoría, la freudiana, de la cual las otras dos se dicen deudoras, haga de punto de encuentro, claro está, solo si se desarrolla un mayor refinamiento conceptual” (1997, pág. 25). Al colocar la teoría de base, más abarcativa, los términos en pugna dejan de ser irreductibles y hallan su lugar específico [12].

Algo similar propone respecto del encuentro entre el psicoanálisis y otras ciencias. Refiere que el mismo Freud usó fragmentos de muchas disciplinas (biología, neurología, antropología, sociología, etc.) en su propio desarrollo, y también contribuyó a las mismas. Son dos los interrogantes que guían el modo de insertar un fragmento ajeno en lo propio: ¿qué de la otra teoría se usa? y ¿en qué sector de la teoría psicoanalítica se inserta?

Por ejemplo, Freud tomó determinas hipótesis biológicas para explicar los fundamentos de la teoría pulsional. “Esto pone en evidencia dice Maldavsky que su propósito no consistió en importar un conjunto íntegro de hipótesis sino solo en disponer de aquellas que facilitasen y orientasen la propia argumentación” (ob. cit., pág. 28). Al recurrir a una teoría diversa surgen tres posibles problemas: a) incluir la totalidad de sus hipótesis, con la consiguiente pérdida de especificidad; b) no hallar el fragmento preciso de teoría que se desea incluir; c) no lograr localizar las hipótesis extrínsecas en el psicoanálisis [13].

Sobre la inclusión de hipótesis biológicas, sostiene que es preciso salir de la polémica biologismo-antibiologismo y ubicar el fragmento de dichas hipótesis en el seno de la reflexión psicoanalítica. Respecto de los aportes de las ciencias humanas, Maldavsky observa que se procedió a un retrabajo sobre la teoría extrapsicoanalítica y, también, fue necesario refinar la teoría freudiana misma para dar cabida a un aporte pertinente de una teoría diversa [14]: “algunos autores (Gear y Liendo, Berenstein, Lacan) toman a la lingüística como formalizadora del psicoanálisis, mientras que otros (Liberman, Rosenfeld, Maldavsky) toman de ella solo ciertos contenidos específicos, en cuyo caso los emplean como instrumentos. A su vez, entre quienes proponen el uso de la lingüística para formalizar la teoría psicoanalítica, algunos realizan un trabajo sobre la misma teoría lingüística antes de articularla más explícitamente con el psicoanálisis, como lacan. En cambio, otros como Gear y Liendo, pretenden trasladar inmodificada su estructura a la teoría psicoanalítica” (Maldavsky, ob. cit., pág. 33).

Si bien se valoriza la relación del psicoanálisis con otras disciplinas, esto requiere de una reflexión crítica compleja: hasta dónde pueden darse las combinatorias, qué limitaciones tiene la teoría ajena para dar cuenta de una teoría que exige considerar la vida pulsional, el deseo, las defensas, las transformaciones preconscientes siguiendo los criterios de los procesos inconcientes y, también, hasta dónde la teoría psicoanalítica aporta novedades a los estudios específicos de las restantes disciplinas.

Jerarquizar los intercambios fragmentarios se contrapone a la tendencia a homologar lo diferente mediante una argumentación más ideológica que científica. Maldavsky toma el concepto de cosmovisión y describe seis tipos de nexos con lo diferente: “Freud contrastó las cosmovisiones, las ideologías, por su tendencia a la generalización (como expresión de una ilusión de totalización yoica proyectada en el mundo), con la ciencia, por su tendencia a la fragmentación (como expresión del reconocimiento del carácter no unitario de lo anímico). Freud afirmó que la existencia de elementos diferentes pero afines crea una tensión vital, resuelta por complejización estructural, abierta a su vez a nuevos encuentros con lo diverso de sí. La tendencia ideologizante puede culminar en un arrasamiento, en una nivelación de lo diferente, mediante una actitud frontal, carente de sutilezas, y en tal sentido se contrapone al esfuerzo por rescatar lo diferencial y refinar las propias hipótesis para que lo diverso se vuelva afín. En otras oportunidades describí seis nexos diversos con lo diferente: 1) ignorancia, 2) englobamiento, 3) coexistencia pacífica, 4) coincidencia parcial, 5) reflexión autocrítica, 6) construcción de una complejidad mayor… La coexistencia pacífica puede darse por ejemplo en esos libros sobre problemas de aprendizaje que alternan un capítulo que expone la teoría piagetiana con otro que resume la propuesta psicoanalítica. En el mejor de los casos se trata de síntesis prolijas, no exentas de cuidado y hasta de profundidad, pero con una deliberada evitación de las intersecciones teóricas. La coincidencia parcial, en cambio, puede darse en torno de algún punto en que se observan analogías evidentes, pero poco fructíferas, como podría ser que Piaget y Freud aluden a la inteligencia, y entonces se propone emplear en psicoanálisis, sin reflexión crítica, el aporte del primero a este tema” (ob. cit., pág. 36).

En suma, la investigación epistemológica sobre el nexo entre dos universos teóricos abona el encuentro con lo diferente y la producción científica de la afinidad, vía complejización, que lo vuelve asimilable sin perder los propios rasgos.

4. Muestra

La muestra se compone de cuatro autores: Bleger, Reich, Marcuse y Rozitchner, pero por razones de espacio expondremos solo los dos primeros. Entre ellos presentan diferencias en cuanto a la articulación marxismo-psicoanálisis, su lugar de origen uno es argentino y otro europeo y pertenecen a épocas parcialmente distintas.

4.1. José Bleger

Bleger desarrolló una concepción materialista del psicoanálisis, reflexionó sobre dicho enlace, diferenció ciencia y política y abordó desde esta perspectiva la conflictividad institucional en el seno de APA. Asimismo, criticó a ciertos sectores del marxismo [15] y psicoanalistas de la izquierda: “capitular haciendo de todo conocimiento científico un producto ideológico es un error científico y un error ideológico y político. Negar las implicaciones ideológicas de todo conocimiento y no acceder al análisis de estas relaciones, es también un error, no solo ideológico y político, sino también científico” (1973a, pág. 510). Esto es, que un conocimiento científico posea implicancias políticas no lo transforma en un campo político en sí mismo. Más específicamente, Bleger consideraba que la validez de una teoría no se decide por la discusión política.

Sostuvo que el sentido social del psicoanálisis no deriva de su dimensión terapéutica sino de la investigación y aplicación de sus conocimientos en otros campos: “la Asociación Psicoanalítica tiene que abrir las posibilidades de desarrollo y de aplicación de la comprensión psicoanalítica a otros campos de trabajo como la psicosociología, la antropología, la psicoprofilaxis, la psicohigiene, etc. [El psicoanálisis] solo es social y políticamente trascendente en tanto procedimiento de investigación” (1973b, pág. 519). La institución psicoanalítica no puede llevar a cabo una actividad política aunque al realizar su tarea científica está cumpliendo implícitamente objetivos ideológicos y políticos.

La idea de la capitulación fue más manifiesta al referir que muchos de quienes no renunciaron ni al psicoanálisis ni al marxismo, en los hechos evidenciaron un abandono del psicoanálisis [16]. Bleger distinguió tres razones del abandono: por falta de elaboración y claridad; porque la política les resultó más interesante; por buscar una alternativa económicamente más provechosa.

Bleger diferenció el desarrollo interno del psicoanálisis como campo científico, de su examen como “producto y reflejo de cada momento del desarrollo histórico-social” (1962, pág. 22). En esta última perspectiva es que cabe, para el autor, su inclusión en determinadas estructuras ideológicas.

Por otro lado, la relación entre ambas teorías (psicoanálisis y marxismo) requiere definir el lugar que tiene cada una. Para Bleger el marxismo “es una concepción unitaria del mundo, de la naturaleza, la vida y la sociedad, que se propone, con esta concepción, cambiar las condiciones de vida de la sociedad… a diferencia del psicoanálisis y de cualquier otro campo científico, no integra sino que constituye en sí mismo una ideología” (ob. cit., págs. 22-23).

En el mismo texto, Bleger discute cuatro alternativas de relaciones entre marxismo y psicoanálisis:

1) Como el psicoanálisis es una ciencia particular y el marxismo una concepción del mundo, no cabe la comparación (ni integración ni exclusión), como sí ocurre entre dos teorías científicas o dos ideologías. Toda comparación expresa una distorsión del marxismo o una extensión abusiva del psicoanálisis. Esto es, o bien se daría una reducción del marxismo a una ciencia particular, o bien se ampliaría el psicoanálisis hasta transformarlo en una Weltanschauung. Para Bleger como el psicoanálisis se limita a los fenómenos específicos que estudia, “estudia legítimamente al ser humano en cualquiera de sus actividades” (ob. cit., pág. 24), la superfetación [17] puede darse: convirtiendo los fenómenos psicológicos estudiados en motores fundamentales de todo lo existente, o bien extendiendo sus modelos explicativos a todo fenómeno. Un ejemplo de extensión sería explicar la paz por la pulsión sexual y la guerra por la pulsión de muerte. Para Bleger si bien es legítimo que el psicoanálisis estudie los “conflictos psicológicos”, resulta abusivo que se los considere la fuente originaria de conflictos sociales, económicos y políticos. Finalmente afirma: “la psicología no puede fundar por sí sola, no solo una ideología o una concepción del mundo, sino tampoco una antropología. El marxismo sí las funda y enriquece con el aporte y concurso de todas las ciencias, incluida la psicología” (ob. cit., pág. 26).

2) Se puede comparar (concordar, oponer, contradecir, integrar) el marxismo con otra concepción del mundo, por ejemplo, la ideología en que se sustenta el psicoanálisis. Para Bleger el psicoanálisis, como toda investigación y teoría, implica una ideología y el marxismo interviene, precisamente, estudiando dicha ideología (implícita) ubicándola en el momento histórico social correspondiente, confrontándola a su vez con el marxismo (relación entre dos ideologías). El autor entiende que el psicoanálisis “parte del materialismo mecanicista, desemboca en el idealismo y utiliza inconciente e inconsecuentemente la dialéctica” (ob. cit., pág. 27). Por ejemplo, la reconducción psicoanalítica de la creencia en Dios a la imagen que el niño tenía de su padre, constituirá una manifestación del idealismo pues desestima las condiciones objetivas (materialistas) que el marxismo consigna respecto del origen de las religiones. “Lo que corresponde demostrar dice es cómo lo que el psicoanálisis ha descubierto desemboca en el idealismo si se toma ese segmento de una totalidad del proceso en forma aislada y cómo ese descubrimiento puede ser absorbido por la concepción marxista de la religión, si se lo ubica como momento de una totalidad y se estudian los factores sociales e históricos que permiten la supervivencia en el adulto de su imagen infantil del mundo y del padre” (ob. cit., pág. 28).

3) El marxismo estudia todo momento del desarrollo científico como resultado de fuerzas sociales en pugna, es decir, opera como sociología de la ciencia. En este caso, la relación es de aplicación del materialismo histórico al psicoanálisis (por tanto, no caben las comparaciones). Bleger entiende que cada avance científico se da en condiciones sociales que lo pueden producir o que requieren de su emergencia: “todo descubrimiento, investigación o teoría científica es un producto de las fuerzas sociales en juego en un momento dado” (ob. cit., pág. 32), aunque considera que este tipo de análisis no define la validez de una teoría. Se puede relacionar el interés del psicoanálisis por ejemplo en la agresividad, con un acontecimiento social Primera Guerra Mundial aunque no sería ese nexo lo que demuestra la falsedad de la teoría sobre la pulsión de muerte.

4) El marxismo valora los métodos, hipótesis, teorías y resultados de cada campo científico. Es un estudio desde “adentro”, con la valoración y verificación de hechos y teorías en cuanto tales: “el proceso por el cual en la médula misma del aporte científico y en función de la ideología utilizada, se procede a una trasposición cuyas dos variantes fundamentales son la de una reducción mecanicista o la de una reducción entelequial, sustancialista” (ob. cit., pág. 35). Sería el caso del reemplazo de los fenómenos de conducta por fuerzas y representaciones mentales (reducción mecanicista), o bien de derivar diferenciaciones de la conducta hacia diferenciaciones intrapsíquicas.

Basándose en la psicología concreta (Politzer), observa la contradicción y clivaje producidos en el seno del psicoanálisis entre los hechos y las teorías con que dichos hechos son reflejados. Para Bleger en la construcción del concepto de inconciente, “el significado de los síntomas se cosifica en una entidad de vida interior independiente, generadora de los fenómenos reales y visibles” (ob. cit., pág. 37). Si la abstracción reemplaza los hechos, la teoría en juego queda fuera de la psicología concreta: “si se sigue la teorización sobre el plano de la conducta (en su más amplio sentido), se sigue dentro de lo concreto; si se reemplaza la conducta por abstracciones que las producen y explican, se reemplaza un concreto (como fenómeno y como abstracción) por un ente abstracto que no responde al fenómeno concreto” (ob. cit., pág. 39).

4.2. Wilhelm Reich

Reich (1933) [18] sostiene que el marxismo presenta limitaciones si excluye la psicología freudiana: centrarse exclusivamente en los procesos objetivos de crisis socioeconómica constituye una insuficiencia en la aprehensión marxista de la realidad política. Esta “no había o había integrado mal a sus cálculos y a su práctica política la psicología de las masas y los efectos sociales del misticismo” (ob. cit., pág. 16). Es decir, la perspectiva de los procesos objetivos (economía) dejaba de lado el factor subjetivo de la historia y la evolución y contradicciones de la ideología de las masas.

Reich afirma que el marxismo vulgar [19] no pudo explicar por qué las masas pauperizadas no mostraron una evolución ideológica hacia la izquierda. Más aun, la crisis económica había llevado a las masas proletarias hacia la extrema derecha [20]: “De ello resultó un conflicto entre la evolución de la base económica que empujaba hacia la izquierda y la evolución de la ideología de grandes capas de la población que lo hacía hacia la derecha” (ob. cit., pág. 18). Ante este conflicto (entre situación económica e ideología de las masas proletarias) para Reich no basta con examinar los procesos económicos objetivos, sino que está en juego el papel de la ideología y cómo esta retorna sobre la base económica. No será la estratificación económica sino la ideológica la que opera como factor determinante. En su crítica al marxismo vulgar señala: “se considera buen materialista cuando condena, bajo la etiqueta de idealistas, hechos tales como pulsión, necesidad o proceso psíquico” (ob. cit., pág. 26). De este modo, Reich plantea dos interrogantes que quedan abiertos desde Marx y cuya respuesta requiere de la ciencia psicoanalítica. Si lo material se transforma en ideal (conciencia): a) ¿Cómo sucede esto?; b) ¿Cómo la conciencia así producida repercute contrariamente sobre el proceso económico?

Reich sostiene que la teoría psicoanalítica “no puede explicar la génesis de la sociedad de clases o del modo de producción capitalista… pero es sin duda la única capacitada y no la economía social para investigar cómo las contradicciones de su existencia repercuten en él, cómo intenta acomodarse a esta existencia” (ob. cit., pág. 28). La función de la ideología, entonces, será reflejar el proceso socioeconómico y anclarla en las estructuras de los sujetos. De este modo, habría un doble sometimiento: de manera directa, por la repercusión de su situación económica y social; de manera indirecta, por la estructura ideológica de la sociedad. Por este camino se desarrollaría una contradicción en la estructura psíquica entre situación material y estructura ideológica. Así, los miembros de una clase social no serán únicamente objeto de las influencias ideológicas, sino reproductores activos.

Reich coincide con Freud en cuanto a que la ideología se transforma más lentamente que la base económica; el arraigo de la vida psíquica en la infancia, así como la tradición, le otorga un carácter conservador.

También señala que la psicología burguesa explica con argumentos sobre la irracionalidad por qué una persona hambrienta roba o hace huelga. En cambio, “para la psicología materialista dialéctica la cuestión es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o que el explotado se declare en huelga, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roban y por qué la mayoría de los explotados no van a huelga” (ob. cit., pág. 32). A partir de allí, refiere que la socioeconomía explica íntegramente un hecho social cuando la acción y el pensamiento son congruentes con la situación económica, pero queda inerme cuando se presenta una contradicción. Allí donde fracasa la explicación socioeconómica, tiene su punto de partida la psicología de masas marxista para explicar qué es lo que impide el desarrollo de la conciencia de clase. Se pregunta: “¿por qué el terreno psicológico de masas es capaz de absorber la ideología imperialista?” (ob. cit., pág. 35) y ahí introduce la problemática de la economía sexual, como ciencia que se edifica sobre los fundamentos sociológicos (Marx) y psicológicos (Freud). Reich indaga por qué razón sociológica la sexualidad es reprimida por la sociedad y conducida a ser reprimida también por el individuo. Critica la filosofía cultural freudiana que pretende que las cosas se desarrollan así por la “cultura”, y sostiene que no es por la cultura en sí misma sino por sus formas actuales.

El autor sostiene que la represión no aparece en los inicios del desarrollo cultural sino más tarde, cuando aparecen la propiedad privada de los medios de producción y el principio de la división en clases. Será en ese momento cuando “los intereses sexuales de todos comienzan a estar al servicio de los interese económicos de una minoría” (ob. cit., pág. 44). Luego afirma que el análisis de personas de todas las edades, países y clases sociales muestra que la conexión de la estructura socioeconómica, de la estructura sexual de la sociedad y la reproducción ideológica se produce en los primeros cuatro o cinco años de vida en el seno de la familia. De este modo, la inhibición moral de la sexualidad tornaría al niño temeroso frente a la autoridad, de manera que todo movimiento agresivo quedará cargado de una fuerte angustia.

5. Discusión

Cuando Bleger señala que la actividad de la Asociación Psicoanalítica no puede ser política, aunque cumple objetivos políticos e ideológicos, hallamos una doble distinción: entre ciencia e ideología, y entre teoría e institución. Al distinguir el desarrollo interno del psicoanálisis, de su consideración como producto histórico-social (ideológico), diferencia criterios para valorar un determinado campo del saber: los que derivan de una epistemología propia (que definen su validez) y los de la historia social de la ciencia.

Bleger acuerda con Freud en que el psicoanálisis no es una cosmovisión, no obstante difiere la posición que tienen una cosmovisión y una ciencia para cada uno de ellos. Mientras para Freud una concepción unitaria del mundo es una ilusión resultante de la proyección de la omnipotencia del yo, para Bleger la cosmovisión marxista constituye una meta-teoría desde la cual examina la ideología subyacente a las disciplinas científicas [21].

Sin embargo, si la teoría freudiana estudia legítimamente al ser humano en todas sus actividades, el acento no recae en cuántos o a qué fenómenos se aplica el psicoanálisis, sino desde qué interrogantes se lleva a cabo esa tarea. No haremos aquí un desarrollo particular, pero señalemos que los estudios de Freud sobre problemas ajenos a la clínica (las guerras, las masas, la historia, el totemismo, etc.) no consistieron en transformar su ciencia en pequeñas sociologías o antropologías, sino en aportar un enfoque particular a tales problemas.

Si los fenómenos psicológicos son los motores fundamentales de todo lo existente o no, excede el marco de este trabajo, no obstante dependerá de qué es lo que quede reunido bajo “todo lo existente”. En todo caso, no será lo mismo incluir lo inorgánico, lo vivo o la subjetividad. Este tipo de críticas al psicoanálisis incluye aquellas relativas a su presunto reduccionismo, que consistiría en explicar el todo por una de sus partes. Sin embargo, conviene diferenciar reduccionismo, abarcatividad y generalización. Que el psicoanálisis pueda estudiar al ser humano en cualquiera de sus actividades, es expresión de su grado de abarcatividad, en tanto que una Weltanschauung explicación unitaria constituye una generalización.

La superfetación por extensión de los modelos explicativos, precisamente, fue realizada por muchos de los marxistas que utilizaron conceptos freudianos, en una suerte de isomorfismo muchas veces infundamentado. El ejemplo de la guerra que propone Bleger admite un interrogante inverso: ¿es posible pensar la guerra sin considerar la eficacia de la pulsión de muerte? En todo caso, no limitar la explicación a la operación de una exigencia pulsional no alcanza para justificar la exclusión de la teoría pulsional por parte de determinados autores. Desde el punto de vista del fenómeno “guerra”, es indudable que puede ser explicado por diversas teorías (políticas, económicas, etc.) las que podrán o no complementarse. Pero si lo que procuramos es dar una explicación psicoanalítica, la limitación mencionada es conceptual y no disciplinar. Lo que importará en ese caso es cuál es la elucidación que el psicoanálisis puede aportar, sin que por ello sea la única o excluyente explicación. Lo que el psicoanálisis no puede explicar de una guerra no será necesariamente por insuficiencia de sus desarrollos, sino por las variables que no forman parte de su arquitectura conceptual.

Considerar que los conflictos psicológicos sean fuente de conflictos económicos y políticos no es en sí mismo un desacierto. Una vez más, dependerá de la perspectiva con la que se procure examinar tales conflictos. Conviene diferenciar entre los niveles ontológico y epistemológico, ya que mientras el cuestionamiento de Bleger se centra en la dimensión ontológica, nuestro comentario hace pie en el plano epistemológico.

Respecto de la crítica al idealismo, Bleger no hizo una crítica radical: aun partiendo de premisas falsas, ciertas conclusiones podrían ser válidas. Así rechaza la teoría libidinal pero no “los datos y hechos que con su empleo ha sido factible descubrir” (ob. cit., pág. 28). El idealismo, para el autor, es toda concepción que excluya como factores determinantes centrales, las condiciones materiales de la existencia. Nos preguntamos, entonces, por qué las condiciones de existencia cumplen más con los requerimientos materialistas que la teoría pulsional, sobre todo, siendo que para Freud el fundamento de la misma remite al cuerpo químico.

Dice Bleger que ciertos acontecimientos sociales podrían estimular el desarrollo de ciertos conceptos (por ejemplo, pensar la pulsión de muerte a partir de una guerra). Sin embargo, no resulta claro por qué esta relación, si la hubiera, entre un suceso histórico y un desarrollo teórico, daría cuenta de un contenido ideológico [22]. Tampoco es seguro que la teoría sobre aquella pulsión (y, agregamos, el masoquismo) solo emerja al interior del psicoanálisis como efecto de las vicisitudes bélicas. Es probable que en su origen podamos reconocer los fenómenos clínicos como fuente de mayor potencia estimulante.

El clivaje entre teoría y práctica es un problema efectivo, que requiere de una atención constante y ha sido una persistente preocupación de Freud [23]. Sin embargo, el problema es epistemológico (no ideológico) y corresponde al desarrollo de las hipótesis intermedias. Estas, que reúnen conceptos y lenguaje observacional, proveen una argumentación consistente para justificar el enlace entre los hechos y la teoría (Liberman, 1970; Maldavsky, 1997). Si el problema de los nexos entre teoría y práctica se inserta en la pugna entre idealismo y materialismo, la discusión que propone Bleger no deriva únicamente de la brecha entre uno y otro nivel, sino de una exigencia del materialismo histórico, de la necesidad de explicar la vida psíquica como efecto de las relaciones sociales.

El desarrollo de Reich presenta un enfoque diverso del de Bleger. Mientras que este propone aplicar el marxismo al psicoanálisis, Reich recurre al psicoanálisis para resolver una laguna conceptual del marxismo. Su análisis de la contradicción entre situación económica e ideología supone que el marxismo sería naturalmente la ideología del proletariado. Asimilar la ideología a la situación económica constituye un grado de reduccionismo sobre la constitución de la primera. Reich se pregunta por qué no coincide la base económica con la ideológica y concluye que la fuerza de la represión sofoca la rebelión. Decir que el interrogante de una psicología materialista dialéctica es por qué los hambrientos o explotados no se rebelan, evidencia una vez más la esencialidad que supone en el nexo entre situación económica e ideología (o estructura psíquica). Dirimir si siempre un huelguista desarrolla su acción desde la perspectiva de la lucha de clases marxista, no es lo que aquí nos proponemos. Sí podemos decir que “huelga” no es una categoría psicoanalítica sino de las ciencias sociales. Sin embargo, no descartamos una investigación psicoanalítica, pero en tal caso ¿cuáles serían los interrogantes que orienten la investigación? En cualquier caso, es discutible que el punto de partida sean los presupuestos marxistas, porque ello sesgaría el estudio y porque no constituyen premisas de la teoría freudiana. En investigaciones concretas hemos encontrado que en situaciones de conflicto social, económico y político, los ideales y deseos en juego son diversos [24].

Al igual que Bleger, Reich critica el idealismo, no obstante considera que la teoría pulsional no debería caer bajo ese rótulo.

Cuando Reich afirma que los miembros de una clase social no son solamente receptores pasivos de una ideología sino, también, reproductores activos, nos parece entrever allí una concepción simplificada de los procesos psíquicos. La idea de una reproducción ideológica no se distingue en mucho de la recepción pasiva. Es decir, no hay en Reich un desarrollo sobre las lógicas psíquicas intervinientes en esta reproducción.

Para Freud la ideología forma parte del superyó (que es un factor de resistencia al cambio), mientras que la situación económica corresponde a la realidad. Ambos sectores (realidad y superyó) integran el triple vasallaje, al cual se agrega la pulsión (de mayor peso entre los tres, para Freud). La propuesta de Reich queda confusa en cuanto a cómo se integran estos factores. Asimismo, insistimos, su restricción deriva de suponer que es una contradicción si a una situación económica dada no le corresponde una ideología determinada. No verlo como contradicción, para Reich, es expresión de una postura mecanicista, no dialéctica. La idea de contradicción surge como exigencia desde una teoría específica (marxismo), pero no necesariamente la contradicción es tal en términos psicológicos.

Acordamos con Reich en que la comprensión de las ideologías se fortalece con el concurso de los desarrollos freudianos, pero aquel omite la reformulación del concepto (ideología) en términos psicoanalíticos (y se detiene en categorías como: burgués, reaccionario, revolucionario, etc.). Un problema similar encontramos con la noción de conciencia de clase, la cual quizá por extensión del término conciencia queda colocada como categoría psicológica y, más aun, necesaria y no contingente.

En cuanto al factor cultural, Reich se acerca a Freud pero difiere la dimensión que cada uno le da. Para Reich sería causa de la represión únicamente por las circunstancias históricas (formas actuales) y no diferencia tipos de represión (estructurante, patógena). Desde el punto de vista teórico nada impide que un sujeto neurótico (en quien tiene eficacia la represión) sostenga simultáneamente una postura ideológica marxista, hipótesis que no parece posible en la perspectiva de Reich.

El uso que Reich hace del concepto de represión no armoniza con su definición psicoanalítica. Así se advierte en cómo ubica el origen del mecanismo, sus efectos y, también, cuál sería la resultante de la anulación del mismo (ya que Reich supone que la liberación sexual llevaría a las masas a volcarse hacia la izquierda). En efecto, el paso del tiempo puso de manifiesto una mayor liberación sexual y ello no tuvo ningún efecto en lo que respecta a la lucha de clases.

Otra diferencia con Freud comprende a la relación entre represión y trabajo, ya que para Freud la necesidad de trabajar requiere del desplazamiento de las metas sexuales hacia metas sociales (aunque no necesariamente por represión), y para Reich responde al trabajo bajo la lógica del capitalismo. También resulta restringida la comprensión de la angustia frente a la autoridad solo como un efecto de la educación sexual. Tales hipótesis no parecen adecuarse a las proposiciones freudianas, al tiempo que evidencian apreciaciones distantes de los hechos concretos. Nótese, de hecho, la conclusión que resultaría a juicio de Reich de los análisis de todas las personas, de todas las edades y de todas las clases sociales, y también en la presunción de que todo niño criado en el capitalismo es temeroso de la autoridad. Tal conclusión no parece sino una generalización idealista.

Resulta llamativo también que en la reflexión sobre el sujeto y la sociedad, Reich desconozca otros mecanismos de defensa, como la desmentida, que precisamente permiten pensar el vínculo entre el sujeto y los representantes psíquicos de la realidad [25].

Por último: si el propósito de una psicología analítica marxista es desentrañar la mística burguesa por la cual el sujeto queda atrapado en una contradicción (entre realidad económica e ideología), ¿qué quedaría de dicha psicología, llegado el caso de establecerse una sociedad sin clases?

6. Conclusiones

El vínculo entre marxismo y psicoanálisis es complejo y son muchas las voces que se pronunciaron a favor y en contra [26]. Algunos lo hicieron agregando objeciones y criticas al psicoanálisis por la supuesta contaminación de una ideología reaccionaria. También se le atribuyó un cierto solipsismo, consistente en explicar la vida psíquica prescindiendo de la realidad social y se le imputó una visión reduccionista de la subjetividad. Sin embargo, en primer lugar, es preciso reconocer que el término subjetividad es heterogéneo. Se trata de una noción que fue considerada no solo por el psicoanálisis, sino también por la filosofía y las ciencias sociales. Más aun, no solo ha recibido múltiples acepciones sino que, quizá por eso mismo, padece de cierta imprecisión o confusión. Tenemos entonces un sujeto del (o explicado por el) psicoanálisis, un sujeto explicado por la sociología, etc. ¿Es, entonces, el mismo el sujeto el del inconciente y el de la historia, por ejemplo? Y ante las diferencias, ¿son armonizables las definiciones? Pero hay otra dimensión del problema que no refiere únicamente a la definición de sujeto que cada disciplina aporta. Me refiero al nivel de los hechos, de las vivencias concretas en que un sujeto participa de la economía, de la política, etc. Así, el psicoanálisis puede hacer su propio desarrollo teórico sobre el valor del dinero, los intercambios económicos, el trabajo, en tanto que la ciencia política o la economía explicarán a su modo tales asuntos. Entonces, en este otro nivel, ¿en qué medida se combinan las explicaciones que una y otra ciencia dan sobre un mismo fenómeno? El problema no es si una sola disciplina (en este caso el psicoanálisis) puede explicar la subjetividad “por completo”, sino si la explica acertadamente de acuerdo con su propia definición de subjetividad. Ello no deja de ser así aun cuando, como es evidente, lo social sea constitutivo del sujeto. ¿Es en un todo necesario recurrir a la sociología para explicar el modo en que lo social se inscribe en el psiquismo? Si lo social queda descripto con categorías sociológicas (lucha de clases, explotación, capitalismo) se produce un engorro epistemológico al intentar una explicación psicoanalítica. Que el sujeto está atravesado por lo social es una hipótesis indudable, pero lo que resta definir es si las explicaciones que dos ciencias dan de los tres conceptos (sujeto, social y atravesamiento) son afines o bien solo se los homologa superficialmente [27].

Sobre el poder y el sometimiento diversos autores (Reich, Rozitchner, etc.) explicaron cómo el sistema social moldea la subjetividad para adecuarla a las formas dominantes. Sin embargo, conviene diferenciar los problemas que se incluyen: por un lado, cómo se observa el moldeamiento (o determinación social), cuáles son los datos, etc.; por otro lado, si sostenemos una teoría según la cual lo social resulte decisivo, no siempre tendrá el sesgo del sometimiento. En términos de las disciplinas, una cosa será preguntarse si el psicoanálisis contiene una teoría sobre lo social y otra, distinta, si esa teoría social puede enlazarse con el marxismo. A su vez, también es necesario distinguir las estrategias y objetivos cuando se trata de una investigación psicopatológica y cuando se trata de una investigación psicosocial (Plut, 2008).

Otra objeción fue que el psicoanálisis no es materialista sino idealista; le cuestionan el alejamiento de la realidad concreta [28]. Cuando se afirma que el psicoanálisis es una teoría puramente abstracta se considera que: a) la única materialidad es la realidad objetiva, externa; b) en esa realidad prevalece la lógica económica de explotación o dominación y c) es allí donde debemos rastrear los factores determinantes. La resultante de tal concepción es reducir el psicoanálisis a un puro empirismo, a una simplificación de lo psíquico, entendido como reflejo de la realidad externa [29].

Sin embargo, lo social es heterogéneo, no presenta unicidad, y no solo porque existen diferentes entidades eficaces (iglesia, escuela, partidos políticos, agrupaciones gremiales, profesionales), cada una con sus respectivos representantes, órganos de propaganda y su mayor o menor abarcatividad. Considerar la eficacia anímica solo desde esta perspectiva arroja una conclusión válida pero parcial, a saber, que cada sujeto está atravesado por discursos plurales, por argumentos institucionales de diversa índole. Por este camino solo arribamos a la hipótesis de que lo social en lo anímico deriva de numerosos discursos oídos, del mismo modo que podría pensarse que una representación-cosa deriva solo de una variedad infinita de impresiones sensoriales. De este modo, lo anímico es pensado como una tabula rasa. Maldavsky sostiene que “así como es necesario pensar las representaciones-cosa (inconscientes) como derivadas de un conjunto de operaciones psíquicas que preparan y formalizan las percepciones, y luego reordenan según diferentes lógicas su inscripción como huellas mnémicas, igualmente lo social sufre un procesamiento diferente de aquel que lo supone ingenuamente derivado de la influencia directa de los órganos de reproducción ideológica. En principio eso social es preparado, anticipado y formalizado según el tipo de espacialidad anímica en juego; pero además eso social es luego reordenado según diferentes criterios, y admite la coexistencia de diversos grados de complejidad y abstracción en cada aparato psíquico” (1997, págs. 189-190). Además, la teoría de las series complementarias deja espacio a la creatividad y a los efectos traumáticos de una exterioridad irrumpiente. Asimismo, incluimos la hipótesis filogenética de particular valor en lo que estamos estudiando [30].

Esta distinción sobre la eficacia de lo social es metodológica, en tanto el problema que nos interesa es cómo conciliar perspectivas diversas. Una orientación será conjeturar los hechos acontecidos en la realidad histórica y, otra diferente será examinar los procesos subjetivos en cuestión (Freud, 1939). En el primer caso, tal como sucede en sociología, antropología o historia, importa precaverse del riesgo de descontextualizar temporal o espacialmente. En cambio, la perspectiva de la subjetividad se encuentra en una situación distinta. La vida pulsional y la estructura neuronal se han mantenido prácticamente invariables, el yo, que debe tramitar las exigencias de ello, posee una estructura similar y encara los mismos problemas (las tendencias autodestructivas, la agresividad, la erogeneidad, los complejos materno, paterno, fraterno, Edipo, castración, las exigencias del ideal, etc.). Es decir, “un enfoque histórico-antropológico previene contra los riesgos del ahistoricismo, el psicoanálisis alerta contra el peligro restante: perder de vista la unidad estructural del conflicto y la vida pulsional, al cual los avatares recientes, más que aportar una modificación de fondo en cuanto al hallazgo de soluciones, ofrecen un revestimiento cambiante” (Maldavsky, 1998b, pág. 2).

El problema de lo individual y lo colectivo es compartido por diversas ciencias, no solo la psicología o la sociología, sino también la economía, las ciencias políticas, la antropología, etc. No obstante, será erróneo creer que siempre que el psicoanálisis pretenda explicar fenómenos psicosociales se vea obligado a desplazar y sustituir su propia argumentación por alguna otra, por ejemplo, la sociología. No es lo mismo partir de un interrogante de la propia disciplina, en el camino tomar una hipótesis específica y definida que corresponda a otra y, finalmente, insertarla en la propia argumentación, que hacer coexistir dos argumentaciones diversas que escasamente se acercan y cuya articulación resulta endeble.

Algunas de las propuestas de integración entre marxismo y psicoanálisis presentan una confusión entre el nivel de los fenómenos y el nivel epistemológico. Es decir, creemos conveniente definir cuál es el dato para cada ciencia, en tanto que dato no coincide con fenómeno. En un fenómeno de masas, para una u otra ciencia, será diverso qué es lo constituye un dato. Algo similar puede observarse en las estériles disputas entre corrientes psicológicas. Sería erróneo, por ejemplo, cuestionarle a la psicología conductista que desestima el valor de los sueños o de un acto fallido, ya que la propia concepción no los define como datos significativos (aun cuando dos teorías consideren las conductas o manifestaciones de los seres humanos).

Freud (1922) utilizó el término psicoanálisis en tres sentidos: como método terapéutico, como método de investigación y como teoría sobre los procesos psíquicos (metapsicología). En los autores estudiados hallamos que estas tres dimensiones tienen lugares diversos: limitar el psicoanálisis a los procesos terapéuticos constituye la expresión liberal burguesa del pensamiento freudiano (Langer, Rozitchner), no es en el terreno de la cura donde el psicoanálisis encuentra su potencia social (Bleger), conviene trasladar su poder terapéutico desde la concepción de individuos enfermos hacia la concepción de una sociedad enferma (Schneider). Respecto del psicoanálisis como método de investigación, Bleger explícitamente mencionó que la aplicación del mismo en terrenos más amplios (psicología institucional, comunitaria, etc.) es lo que le confiere al psicoanálisis su valor social. En otros autores (Rozitchner, Marcuse, etc.) advertimos que la teoría freudiana es utilizada en la investigación o análisis social, pero bajo la forma especulativa y no a través de investigaciones sistemáticas concretas. En este sentido, uno de los vacíos que dejan estos autores corresponde al desarrollo e implementación de métodos de investigación sistemática. El carácter especulativo de muchos de estos estudios no les confiere un defecto, sino que los ubica en el contexto de descubrimiento, restando su desarrollo en el contexto de justificación.

El psicoanálisis como teoría sobre los procesos psíquicos cobra mayor relieve en estos autores, sobre todo, a partir de las hipótesis sobre la intersubjetividad, las masas o lo social. Sin embargo, la selección de hipótesis evidencia dos particularidades: quedan afuera hipótesis freudianas sustantivas (por ejemplo, sobre la filogénesis) para el análisis de los problemas en cuestión; y quizá como consecuencia de lo anterior, tales omisiones impiden ubicar en qué nivel o qué valor tiene cada una de las hipótesis que sí rescatan en el corpus freudiano. En efecto, desde la perspectiva de muchos de estos autores, lo más fecundo que el psicoanálisis aporta a una teoría social sería cómo se interiorizan el poder y la dominación en lo psíquico. Así, la subjetividad constituye solo un mecanismo a través del cual el individuo se hace a sí mismo (y reproduce) lo que le impone el sistema de dominación social.

Recordemos que Freud sostuvo que para apreciar una nueva doctrina “no basta con la mera noticia de su contenido positivo; casi igual importancia posee su aspecto negativo, lo que ella desestima” (1939, pág. 22). Los desarrollos de la izquierda freudiana enriquecieron más la teoría marxista que la teoría psicoanalítica. Si bien algunos autores propusieron incluir el análisis de la realidad en la práctica psicoterapéutica, no constituye más allá de su valor práctico una profundización de las hipótesis freudianas, ya que la relación del sujeto con la realidad no está desestimada en la teoría psicoanalítica.

Notas

1. En la reunión de la Sociedad Psicoanalítica del 10/03/09 debatieron acerca de la psicología del marxismo. Adler sostuvo que los fundamentos marxistas de la economía podían interpretarse como el “estudio de las formas en que convergen la vida pulsional y las tendencias a la satisfacción. La satisfacción solo se logra dando un rodeo a la agresión, que abarca las condiciones de producción” (pág. 164). Para el expositor habría una estrecha armonía entre la teoría de la lucha de clases y la doctrina de las pulsiones. Hitschmann planteó que “le resulta difícil encarar el concepto de conciencia de clase, que solo es una doctrina enunciada por sus líderes”, en tanto Steiner y Federn comentaron que “el socialismo es un sustituto de la religión” (pág. 167) y, por lo tanto, no se coloca en el mismo plano del análisis. Freud señaló que las variaciones en la conciencia de la humanidad y en la represión son procesos que avanzan “a través de los siglos”. Asimismo, afirmó que “Adler no ha podido ofrecernos prueba alguna de la presencia de nuestra línea de pensamiento en Marx; más bien, ha tratado de presentar las bases psicológicas de las teorías marxistas”, y lo estimula a que elabore y publique sus tesis (pág. 165). Véase el Acta 72 de las Actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, Nunberg, H. y Federn, E. (Comps.). Tomo II, Nueva Visión, 1908-1909,

2. Véase la reciente investigación en Cuba sobre las mujeres víctimas de la violencia física y sexual (López Angulo et al., 2009).

3. En una afirmación probablemente polémica, Freud sostiene que la sociología como ciencia no es sino psicología aplicada (en tanto trata de la conducta de los hombres).

4. Véase una detallada historia en Freud y los bolcheviques (Miller, 1998).

5. En una entrevista que Kazez y yo mantuvimos con Klimovsky, este nos decía que Freud “es ontológicamente materialista, pero metodológicamente dualista… él cree que hay una sustancia única en la materia y que todos los fenómenos que existen son reductibles a la materia… los mecanismos que descubre se pueden admitir con independencia de que en el fondo son reductibles a procesos neuronales” (1994, pág. 21).

6. Freud señaló que un “ultraje a la grandiosa diversidad de la vida humana se comete cuando solo se quieren reconocer unos motivos derivados de necesidades materiales” (1939, pág. 51).

7. Algunas de las observaciones de Langer corresponden, en rigor, a la pregunta acerca de la función que una determinada ideología tiene para un sujeto dado. En tal sentido, por ejemplo, una convicción espiritual podrá ser expresión de mecanismos como la sublimación o la desestimación de la realidad, entre otras alternativas. Sin embargo, una vez más, insisto en que el enfoque que aquí sigo concierne a la discusión epistemológica sobre la relación entre dos teorías diversas. Véase el estudio de Baranger (1954) sobre la función defensiva de la ideología fiolosófica.

8. Al descartar la comparación lógica entre teorías, Feyerabend sostiene: “lo que queda son juicios estéticos, juicios de valor, prejuicios metafísicos, anhelos religiosos; en resumen, lo que queda son nuestros deseos subjetivos” (1975, pág. 285).

9. Véase Miller, 1998, pág. 268.

10. Por ejemplo, todos los objetos sobre la Tierra -humanos o no- estamos sometidos a la ley de gravedad.

11. “Si las reglas R son hipótesis que correlacionan la ocurrencia de eventos psicológicos con ciertos sucesos físicos, una reducción de la psicología T1 a la física T2 consistiría en mostrar que las hipótesis psicológicas de T1 pueden deducirse de las hipótesis físicas de T2 más las hipótesis correlacionales R” (ob. cit., pág. 506). Con ello, no desaparece la identidad de T1 ni la priva de consistencia ontológica.

12. Por ejemplo, la hipótesis acerca de la fijación al pecho malo corresponde a la teoría sobre las fijaciones, en tanto la hipótesis referida al rechazo de la instancia paterna corresponde a la teoría de las defensas. En otros casos, el problema es que dos conceptos aparentemente excluyentes corresponden a niveles de abstracción diferentes (por ejemplo, la teoría de la representación en términos de la pulsión como representante psíquico del soma y las representaciones como representantes anímicos de la pulsión).

13. Por ejemplo, se ha señalado que Lacan no da argumentos propios del psicoanálisis acerca de por qué el discurso lógico (del análisis) se asemeja a la aritmética elemental (Martínez y Piñeiro, 2009).

14. Así sucedió con algunas hipótesis de la teoría de la comunicación.

15. Fue expulsado del Partido Comunista.

16. Para Bleger abandonar la investigación era “terrorismo ideológico”. De los críticos del psicoanálisis dijo: “cometen un error grosero cuando no ven en el desarrollo del psicoanálisis uno de los pilares del desarrollo humanístico antistaliniano de la izquierda y del socialismo, y arrastran a los jóvenes detrás de utopías y espejismos” (ob. cit., pág. 527).

17. Término que Bleger toma de Lenin (que le resulta más acertado que el de ampliación) y manifiesta la crítica al idealismo y la metafísica.

18. Agradezco a Juan Carlos Galosi que fue quien me facilitó el libro de Reich.

19. La expresión “marxismo (o materialismo) vulgar” se utilizó para designar el reduccionismo fisiológico que prevaleció en gran parte de la psicología soviética.

20. Recordemos que el texto de Reich se centra en la psicología de masas del fascismo.

21. En su historiografía del psicoanálisis en Rusia, Miller dice: “mientras el marxismo preveía un final para el conflicto a través de la revolución que pondría en el poder a las clases explotadas, el psicoanálisis se basaba en la presunción del conflicto como inherente a la condición humana” (1998, pág. 162).

22. La discusión acerca de la falsedad de la teoría mencionada no es inherente a este trabajo.

23. “Lo difícil no es encontrar material sino conectar acertadamente lo encontrado y agruparlo de acuerdo con los distintos estratos existentes” (carta a Abraham del 3/06/12).

24. Nuestro estudio acerca del ‘corralito’ (Plut, 2005a) mostró la eficacia de ideales ligados con el amor, la justicia, el orden, la ganancia, etc.

25. Algo similar advertimos en textos de Marcuse y Rozitchner.

26. En este artículo he expuesto, centralmente, los desarrollos de autores que de un modo u otro abonaron el nexo entre ambas teorías. Ya sea que presentaran críticas y reformulaciones al psicoanálisis (como Langer), o ya sea que identificaron ciertos aspectos irresueltos del marxismo y sobre los que el psicoanálisis puede hacer su aporte (como Reich), en todos ellos encontramos una postura favorable al nexo entre psicoanálisis y marxismo. En un trabajo posterior, analizaremos las críticas más radicales, las que objetan bajo todo punto de vista un acercamiento posible. Al respecto, puede verse la obra de Voloshinov (1927).

27. Bernfeld planteó problemas similares: “El interrogante podría ser de importancia decisiva: ¿qué importancia tiene el psicoanálisis para el proletariado? Es decir ¿en qué medida y cómo puede ayudarlo en su lucha de clases? Una respuesta a ese interrogante plantearía el problema de la aplicación práctica del psicoanálisis a la acción política de masas… ¿es compatible el psicoanálisis en cuanto ciencia con el socialismo en cuanto ciencia (es decir el marxismo), o existe entre ambos una contradicción excluyente?” (citado por Guinsberg, “Bernfeld y la izquierda marxista”. En Vainer, 2009, pág. 45).

28. Curiosamente, psicoanalistas marxistas (Langer, 1971a; Reich, 1933) supusieron que el socialismo construirá un hombre libre, un hombre nuevo, lo cual constituye una expresión abstracta, idealista, en la misma línea que Freud afirmó que la justicia, tal como la explica el marxismo, es solo una categoría abstracta.

29. Para justificar el carácter materialista del psicoanálisis, Brun señaló que el superyó “debe entenderse en el sentido de Pavlov como psicorreflejo condicionado de adaptación a la conducta social” (citado por Schneider, 1979, pág. 10).

30. Véase Freud (1913, 1916-17), Maldavsky (1986), Maldavsky, Kazez y Plut (1994).

Referencias bibliográficas

BARANGER, W. (1954). Tentativa de aproximación al psicoanálisis de las ideologías filosóficas. Revista de Psicoanálisis, XI(4). APA.
BLEGER, J. (1958). Psicoanálisis y dialéctica materialista. Buenos Aires: Paidós.
BLEGER, J. (1962). Psicoanálisis y marxismo. En Cuestionamos. Buenos Aires: Búsqueda.
BLEGER, J. (1973a). Ideología y política. Revista de Psicoanálisis, XXX(2). APA.
BLEGER, J. (1973b). La Asociación Psicoanalítica Argentina, el psicoanálisis y los psicoanalistas. Revista de Psicoanálisis, XXX(2). APA.
EKSTEIN, R. et al. (1968) Historia del psicoanálisis (Vol. IV). Buenos Aires: Paidós.
FEYERABEND, P. (1975). Against method: outline of an anarchistic theory of knowledge. London: New Left Books.
FREUD, S. (1913). Tótem y tabú. En Obras completas (Vol. XIII). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1914). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. En Obras completas (Vol. XIV). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1916-17). Conferencias de introducción al psicoanálisis. En Obras completas (Vol. XIV). Buenos Aires: Amorrortu Editores. XVI.
FREUD, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras completas (Vol. XVIII). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1922) Dos artículos de enciclopedia: “Psicoanálisis” y “Teoría de la libido”. En Obras completas (Vol. XVIII). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1926). ¿Pueden los legos ejercer el análisis? En Obras completas (Vol. XX). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras completas (Vol. XXI). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1933). Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. En Obras completas (Vol. XXII). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
FREUD, S. (1939). Moisés y la religión monoteísta. En Obras completas (Vol. XXIII). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
GALENDE, E. (1974). Teoría marxista de la personalidad. Imago, 1.
JONES, E. (1960). Vida y obra de Sigmund Freud (Tomo III). Buenos Aires: Hormé.
KUHN, T. S. (1962). La estructura de las revoluciones científicas. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
KLIMOVSKY, G. (1973). Niveles de integración y relaciones entre teorías científicas. Revista de Psicoanálisis, XXX(2).
KLIMOVSKY, G. (1987). Problemas metodológicos del psicoanálisis. Revista de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, 8.
KLIMOVSKY, G. (1994). ¿El psicoanálisis, una ciencia? Reportaje realizado por R. Kazez y S. Plut. Actualidad Psicológica, 209.
LANGER, M. (1971a). Prólogo a la primera edición. Cuestionamos. Buenos Aires: Búsqueda.
LANGER, M. (1971b). Psicoanálisis y/o revolución social. Cuestionamos. Buenos Aires: Búsqueda.
LIBERMAN, D. (1970). Lingüística, interacción comunicativa y proceso psicoanalítico. Buenos Aires: Nueva Visión.
LÓPEZ ANGULO, L. et al. (2009). Impacto sobre la esfera afectiva en las mujeres. Actualidad Psicológica, 376.
MALDAVSKY, D. (1986). Estructuras narcisistas. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
MALDAVSKY, D. (1997). Sobre las ciencias de la subjetividad. Buenos Aires: Nueva Visión.
MALDAVSKY, D. (1998a). Casos atípicos. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
MALDAVSKY, D. (1998b). Ceremonial en Camuñas. Una identificación judía y su repudio a lo largo de las generaciones. Actualidad Psicológica, 260.
MALDAVSKY, D. (2001a). Sobre la investigación clínica en psicoanálisis: deslinde de una perspectiva. Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos, 1. UCES.
MALDAVSKY, D.; (2001b). Complejizaciones teórico-metodológicas en psicoanálisis. Revista de Psicoanálisis, Número Internacional, 8.
MALDAVSKY, D. (2004). Un enfoque sistemático de las investigaciones desde la perspectiva de la subjetividad y la intersubjetividad en psicología y ciencias sociales. Nómadas, 21.
MALDAVSKY, D.; KAZEZ, R. y PLUT, S. (1994). Para una epistemología psicoanalítica: singularidad y subjetividad. Actualidad Psicológica, 209.
MALDAVSKY, D.; ROITMAN, C. y TATE de STANLEY, C. (2008). Correntes psíquicas e defesas: pesquisa sistemática de conceitos psicanalíticos e da prática clínica com o algoritmo David Liberman (ADL). Psicanálise, Revista da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre, 10(1).
MARCUSE, H. (1953). Eros y civilización. Buenos Aires: Planeta.
MARTÍNEZ, G. y PIÑEIRO, G. (2009). Gödel (para todos). Buenos Aires: Seix Barral.
MILLER, M. (1998). Freud y los bolcheviques. Buenos Aires: Nueva Visión.
Plut, S. (2000). Hacia una metapsicología de la cooperación. Revista APSA. Capítulo de Medicina Psicosocial.
PLUT, S. (2005a). Estudio exploratorio del estrés laboral y trauma social en los empleados bancarios durante el “corralito” (Tesis Doctoral). UCES.
Plut, S. (2005b). Pulsión social y acciones colectivas. Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos, 7. UCES.
PLUT, S. (2006). La investigación sistemática, un desafío para el psicoanálisis. Revista de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, 30.
PLUT, S. (2007). Variaciones sobre el crimen. Revista Non Nominus, 7, México.
PLUT, S. (2008). Revisão epistemológica e crítica do conceito de patologias atuais. Psicanálise, Revista da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre, 10(1).
PLUT, S. (2009a). La representación-grupo y el poder en la cosmovisión orwelliana. Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos, 12, UCES.
PLUT, S. (2009b). Las palabras de Cristina Fernández de Kirchner. Revista de Psicología Política, 19. Universidad de San Luis.
PLUT, S. (2009c). Proyecto de psicología para políticos. Actualidad Psicológica, 375.
REICH, W. (1928). Análisis del carácter. Buenos Aires: Paidós.
REICH, W. (1933). Psicología de las masas del fascismo. Buenos Aires: Latina.
ROZITCHNER, L. (1987). Freud y el problema del poder. Buenos Aires: Plaza y Valdés.
SCHNEIDER, M. (1979). Neurosis y lucha de clases. Buenos Aires: Siglo XXI.
VAINER, A. (comp.) (2009). A la izquierda de Freud. Buenos Aires: Topía.
VERÓN, E. y Sigal, S. (1964). Psicología y sociología. En Conducta, estructura y comunicación. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
VOLOSHINOV, V. (1927). Freudismo. Un bosquejo crítico. Buenos Aires: Paidós.

Por gentileza de SciELO

En los pasillos de la post-verdad

François Soulard
Diplomado en Ciencias de la Tierra y comunicador | Ampliar datos del autor
.

En la primera mitad del siglo XX, el escritor Aldous Huxley temía, en su obra Un mundo feliz, que la verdad quede ahogada en un océano de insignificancias y que el deseo de conocimiento iba a ser reprimido. Dos décadas después, a la víspera de la segunda mitad del siglo XX, George Orwell, autor del otro gran relato distópico 1984, se asustaba con la idea de que la verdad termine ocultada por el poder de control totalitario, anticipando en su ficción una “neolengua” (Newspeak), un idioma con palabras erosionadas y “desaparecidas”, destinado a achicar el abanico perceptivo del lenguaje y trasladar la comunicación humana al terreno de los afectos. Poco más de medio siglo después estos relatos anticipatorios, el neologismo de “post-verdad” es elegido como palabra del año 2016 y consagrado en los diccionarios oficiales del mundo anglosajón. ¿Ya habremos llegado a los tiempos post-modernos narrados por estos autores, como también por muchos otros cada uno con su aporte específico (Ira Levin, Walter Travis, Hannah Arendt, René Girard, Tod Strasser, Jonathan Littell, Michel Foucault, Noam Chomsky, etc.)?

Si este neologismo tiene la virtud de sellar en una palabra corta y sencilla un fenómeno que se ha vuelto palpable en la cotidianeidad de muchas sociedades, es necesario reconocer que sus definiciones resultan todavía borrosas o mudas a la hora de entender los fenómenos y las circunstancias que lo subyacen. En principio, el término de post-verdad —o de era post-factual— plantea resumir la tendencia en recurrir menos a los hechos objetivos que a las emociones y las opiniones personales para influenciar la opinión pública. Caracteriza una suerte de cambio de equilibrio a favor de las narrativas subjetivas e ideológicas por sobre la argumentación arraigada en los datos de la realidad, una suerte de emancipación autoreferencial del discurso respecto a la realidad objetiva, en particular en el terreno de la comunicación mediática y política moderna.

Para aquellos que viven expuestos a las radiaciones mediáticas en las latitudes conosureñas, el término es muchas veces sinónimo de una intensificación de las mentiras mediáticas al servicio de tal o cual grupo de poder. Para otros, remite más bien a la emergencia de una inflación emocional, o de una postura de escepticismo y de un relativismo cultural respecto a las voces o incluso los valores dominantes en la sociedad. Si bien los contextos comunicacionales han cambiado radicalmente de un momento histórico a otro, cabe recordar que esta tensión oscilante entre apego a la realidad y construcción discursiva a la escala de una comunidad o una sociedad no es nueva (y no es necesariamente problemática). Tiene que ver con una dialógica realidad-interpretación-pertenencia que ha atravesado todos los tiempos y que las variadas corrientes filosóficas o la misma configuración de las fuerzas socioculturales del momento han resignificado.

Los Sofistas en la Grecia antigua, por ejemplo, inventan la retórica, una escuela discursiva versando a veces en lo especulativo y lo ilusorio, que va a influir significativamente en la arena política (en el sofismo, todo discurso es verdadero ya que el no-ser no existe y por lo tanto no tiene acceso al lenguaje). La propaganda política, fortalecida junto a la expansión de los Imperios, se verá atacada durante cada gran episodio de revolución social con maniobras conspirativas —destilada por los sectores influyentes (Iglesia, Masonería, plutocracias) y dirigidas hacia los sectores de poder (proletariado, élites, musulmanes, etc.)—. Más adelante, los proyectos totalitarios del siglo XX —en el cual el capitalismo militante podría ser tal vez candidato— han transformado en armas los métodos de represión de la verdad y de manipulación psíquica-comunicacional de las masas, en un contexto donde el apego a las ideologías nacionalistas constituye un dato central de esa época (de paso recordemos el rol decisivo que tuvo el coraje de figuras tales como Rosa Luxemburgo, Malcolm X, Hannah Arendt, Rodolfo Walsh, etc. en sus respectivas arenas para desnudar los aparatos de represión). Más cerca de nosotros, en los años 80, junto a una masificación creciente de los medios de comunicación, hemos visto el despliegue de nuevas proyecciones ideológicas (regionales o mundiales), que perduran hoy y que sistemáticamente fueron acompañadas por una militancia comunicacional: entre las principales, la corriente neoliberal iniciada con la dupla Reagan-Thatcher; la corriente islamista wahabita nacida en Arabia Saudita y la revolución khomeinista chiíta en Irán (la corriente comunista se derrite con el colapso de la Unión Soviética). Leyendo el trabajo histórico del francés Jean-Marie Domenach [1] sobre la propaganda, uno se puede dar cuenta que está última es tan vieja como la política misma.

Estos ejemplos brevemente mencionados nos sugieren que más allá del acercamiento un tanto maniqueo que nos propone el término de post-verdad, resulta en definitiva más enriquecedor entender las circunstancias y su itinerario de elaboración. Parafraseando al teórico canadiense de la comunicación McLuhan cuando afirma que “el medio es el mensaje” (1967), el medio, hoy, se ha transformado en un vasto ecosistema conectando multitudes, minorías influyentes y redes mediáticas, en el cual la manipulación de las mentes y de las voluntades —si bien ha evolucionado el esquema de masividad unidireccional como lo recuerda el argentino Luis Lazzaro [2]— se ve potenciada y se ha vuelto un reto central. Los indicadores de monopolización y de control mediático van creciendo [3], con consecuencias directas sobre los riesgos de “tiranización” de la opinión pública [4] y erosión de voces y derechos. Pero veremos más adelante que esta tendencia está lejos de generar linealmente un auge del “control remoto” de la opinión pública. Ésta última posee vida propia, retracciones e inercias, lo cual también constriñe la excesiva concentración de poder a una sofisticación de sus estrategias. Esta cuestión por ejemplo se evidenció en recientes iniciativas de referendos y se está debatiendo bastante en América Latina en torno al retraso de la “percepción popular” de los avances de los proyectos progresistas. Pero retomemos el hilo anterior.

En este trasfondo, el gran hito disparador que genera una ruptura en el grado de instrumentalización de la opinión pública comienza alrededor de la cruzada internacional que los neoconservadores estadounidenses emprenden luego de los atentados del 11 de septiembre 2001. Como nunca golpeados y arrastrando todavía los resentimientos de la derrota en Vietnam, los Estados Unidos emprenden una guerra preventiva en Irak como parte de un proyecto de remodelaje del Medio Oriente, todo esto encubierto bajo una inteligente fabricación del enemigo. En los medios como en las instancias multilaterales, Irak está casualmente sospechado de tener armas de destrucción masiva (algo que nunca se comprobó y que Wikileaks luego ayudó a entender). Se instala la narrativa de una amenaza de un supuesto “eje del Mal” conformado por Irak, Irán y Corea del Norte.

Este proyecto imperial, sobredimensionado y terminando en el fiasco actual que conocemos, sólo se pudo sostener a nivel de la opinión pública por una instrumentalización de los grandes medios (principalmente el canal CNN) y una intensa propaganda comunicacional. De hecho, desató una gran perplejidad en el seno de la sociedad civil y muchas teorías del complot —entre ellas vehiculadas por la Red Voltaire— se agregaron al embrollo para alimentar la sospecha apuntando las élites neoconservadoras. A fin de cuentas, si bien los Estados Unidos logran justificar la intervención en un momento donde se encuentran al apogeo de su hiperpotencia geopolítica, es imprescindible señalar que, desde la guerra de Vietnam, el peso de las opiniones públicas, inclusive en el caso de la intervención de Rusia en Afganistán a partir de 1979, se ha vuelto una de las variables centrales en el fracaso de los conflictos irregulares donde está involucrado el campo occidental. Más allá de la ocultación mediática, las sociedades de los países centrales tienden a percibir el grado de instrumentalización. Se vuelven más sensibles a las pérdidas humanas y reticentes a las intervenciones extranjeras, influyendo en última instancia sobre las decisiones políticas y militares. Una cosa impensable en los tiempos de guerra colonial. Dicho de otra forma, la expansión de las comunicaciones y de la libertad de prensa, tan promovidas por el proselitismo occidental —el geopolitólogo Zbigniew Brzeziński lo planteaba como un nuevo pilar de la política exterior de los Estados Unidos junto al tema de los derechos humanos— se han vuelto paradojalmente en su contra, específicamente en el campo de la acción político-militar [5] en el plano internacional. No es un dato menor y está poco abordado en los análisis comunicacionales o geopolíticos.

Mucho se escribió y se sigue escribiendo sobre esta destilación de “verdades ideológicas” por las élites de los Estados Unidos en el Medio Oriente en pos de llevar a cabo un nuevo modelo de relaciones internacionales. Mientras tanto, en los últimos quince años, se desencadenaron rápidamente toda una serie de terremotos: la crisis financiera del 2007-2008; las revueltas populares árabes del 2011; la crisis de inseguridad directamente relacionadas con los errores occidentales en África del Norte y Medio Oriente; el crecimiento continuo de los (re)emergentes (China, India), en el telón de fondo de una expansión de la conectividad global y de una serie de problemáticas transnacionales desbordando los marcos de regulación (migraciones forzadas, cambios climáticos, desigualdades sociales, riesgos financieros, etc.). Finalizada la Guerra Fría, el planeta supuestamente salía de los elementos perturbadores del siglo XX, es decir de los totalitarismos, de los nacionalismos y grandes confrontaciones ideológicas. Acaso ¿Huntington y Fukuyama no habían elaborado un relato inflacionario con las tesis del choque de civilizaciones y de un supuesto fin de la historia? Pero el tablero global se encuentra paradójicamente en una situación de nuevas amenazas e impotencias en los albores del siglo XXI.

Sin lugar a dudas, este panorama se ha vuelto otra fuente de perturbación de los supuestos instalados por la racionalidad moderna y de la vida política. Surgen nuevas perplejidades y cabe señalar que los modelos tradicionales de comunicación se entraman con estos problemas, cuando no los amplifican. En el escenario global ¿cómo ordenar hoy una comprensión del alcance del cambio climático en relación al terrorismo internacional y las grandes transformaciones geoeconómicas? ¿Cómo entender la imbricación entre la globalización y la reactivación de los nacionalismos o discernir entre los acontecimientos capaces de cambiar duraderamente las sociedades y los movimientos sin grandes consecuencias? A nivel nacional, ¿cómo entender los ejes estratégicos que orientan en profundidad el desarrollo de un país más allá de los espectáculos políticos y electorales? La comunicación a ultranza se ha agregado a lo que Noam Chomsky caracteriza como una fragmentación deliberada, fértil a la dominación mediática. De hecho, en este periodo de perturbación, varios interpretan estas tendencias como nuevas maquinaciones o planes de generación del caos por parte de los poderes concentrados. Sabemos que estas maniobras siempre existen y podrán existir. Pero se elude deliberadamente otro elemento central: la ausencia de patrones explicativos frente a la incertidumbre y la complejidad creciente de la situación planetaria. ¿Cuántas veces miramos lo que ocurre en América Latina, África, Medio Oriente, Estados unidos, etc. con los anteojos y a veces la nostalgia del siglo XX? ¿O será que de lo posible se sabe demasiado como canta hermosamente Silvio Rodríguez? En el caso de los teatros de conflicto, esta situación queda aún más a la vista, la investigación de terreno volviéndose una herramienta central de conocimiento fiable y riguroso. Resaltamos aquí que en el fondo, esta reconfiguración entre búsqueda de nuevos marcos interpretativos y la realidad siempre perturbadora y desafiante, puja hacia un clima de época más irracional y agobiante.

En 2016, dos acontecimientos terminan de cristalizar el ingreso “oficial” en la etapa de la denominada post-verdad: por un lado el referéndum británico que sepulta la inclusión de Gran Bretaña en la Unión Europa mediante un proceso electoral contaminado por campañas tendenciosas [6]; por otro, la elección polémica de Donald Trump en la Casa Blanca. Hacen eco a otros procesos no directamente relacionados con ellos pero semejantes en cuanto a la preponderancia del factor emocional-mediático. Lo mencionamos aquí de forma un poco desordenada: en Brasil (destitución judicial-mediática de la presidenta Dilma Roussef); en Filipinas (elección de Rodrigo Duterte en base a un discurso muy ofensivo); en Hungría (desarrollo de un referéndum anti-migrante); en Turquía (manejo de los medios de comunicación y purga de las impurezas de la sociedad turca por el régimen de Erdoğan); en Ucrania (diabolización de Vladímir Putin y ofensiva de la coalición occidental frente a Rusia); en Siria (statu quo internacional y polarización de las opiniones según las líneas de propaganda de cada fuerza involucrada); en Venezuela (estigmatización del gobierno chavista [7] e intentos de golpe destituyente); en Argentina (engaño electoral y revanchismo antipopular del conservador Mauricio Macri).

En muchos de estos casos, uno de los hilos conductores radica en la irracionalización creciente de la construcción política a favor de una expresión exacerbada de la dimensión emocional-identitaria, fenómeno que el geopolitólogo Dominique Moïsi se propuso analizar a escala global hace varios años en su obra Geopolítica de las emociones (2009). Donald Trump, del mismo modo que Ronald Reagan se sintonizaba con la gramática del cine de Hollywood —vector de un maniqueísmo muy adecuado al período de la Guerra Fría—, se dirige directamente a sus electores usando las pautas del show televisivo y de las redes sociales, desarrollando una verdadera estrategia del caos. Confunde la visión de conjunto del público, ponteando a los medios tradicionales, y apela a las emociones colectivas, en particular a los sentimientos negativos: el miedo a los migrantes; el odio hacia el establishment o a los aparatos institucionales; el rechazo de las voces mediáticas dominantes, apuntando hábilmente su adversario político y demonizándolo. Usa la envidia para cristalizar el electorado alrededor de una identidad herida y la necesidad de recuperar la grandeza de los Estados Unidos.

Todos estos elementos, bien conocidos por los especialistas de la propaganda —entre ellos el ruso Serguéi Chajotin, opositor de los embates de la propaganda nazi en los años 1940 y autor de La violación de las masas por la propaganda política (1939)—, se pueden comparar con los distintos ingredientes movilizados por Hitler y Goebbels en su otrora régimen totalitario. Pero esta vez —y esto es la novedad al menos para algunos— en tiempos democráticos. La propaganda totalitaria se ingeniaba a generar una exacerbación del miedo y del odio del otro, el resentimiento hacia los responsables del declive o de la crisis con la búsqueda de chivos expiatorios. Se pretendía purificar de algún modo la sociedad, estigmatizando y borrando los elementos perturbadores (musulmanes, migrantes, marginales, grupos étnicos), amenazando aquellos que obstaculizaban esta purificación. Según Serguéi Chajotin, el líder ideal de un proyecto totalitario es “aquel para quien el interés social y la comprensión de las aspiraciones y la psicología de los individuos formando las masas se asocian”. Precisamente, la fuerza de Donald Trump es haber entendido, pese a la reticencia de su entorno cercano, la psicología de masas del pueblo norteamericano (y no solamente el perfil de las élites de las costaneras del Oeste y del Este o las minorías marginalizadas). No dudó en descalificar a los medios oficiales e instalar una supuesta vía “alternativa”, recurriendo a falsas noticias, relatos ofensivos, negacionistas o conspirativos.

Como lo señalamos, estos ingredientes están lejos de ser circunscritos al perímetro particular de una nueva élite política reaccionaria en los Estados Unidos. A su vez, varias experiencias políticas, entre ellas en América Latina, nos muestran que el acercamiento emocional de un líder político con su sociedad puede ser un vector favorable de resignificación política, de reducción de los resentimientos o de reconstrucción de mayoría social [8]. Pero la vertiente “expoliadora” de esta modalidad tiende a difundirse hoy, con menos intensidad y con otras orientaciones, vertientes y matices, en varios escenarios políticos, formando una nueva vía cognitiva y comunicacional, imbricados (o no) en las prácticas de construcción política. Se trata de una modalidad de carácter irracional, demagógico y reaccionario, tomando sus argumentos, en última instancia, en las fallas (reales o inventadas) de las arquitecturas políticas y económicas actuales. En este sentido, no está de más recordar que el medio en el cual estamos sumergidos hoy ha gradualmente revertido las relaciones perceptivas entre los incluidos y los excluidos, entre los humillantes y los humillados. Si bien las técnicas de ocultamiento se han sofisticado, quedan ostentadas como nunca antes las desigualdades sociales, el modo de vida de los híper-ricos, los simulacros de gestión colectiva de los asuntos globales, etc. En definitiva, el rey está (más) desnudo, y esta imagen “pornográfica” por así decirlo contribuye a potenciar la huida hacia posturas defensivas y nuevas contenciones psicológicas (particularmente en las clases medias educadas y formadas [9]. Del otro extremo, esto alimenta también el avance de los enfoques securitarios y punitivistas, a contramano de abordajes transformadores que muchos actores de la sociedad civil están proponiendo en el otro extremo.

En este contexto, es cierto que la noción de guerra híbrida (o de cuarta generación), inseparable de la dimensión comunicacional, se ha vuelto una realidad y puede resultar útil para caracterizar los cercos mediáticos. Las batallas informacionales ya se han integrado a las confrontaciones financieras, industriales o militares, no solamente en el arsenal de las principales potencias, sino de todos los partícipes de las guerras, hoy devenidas esencialmente en guerras irregulares (asimétricas). Surgen los conceptos de “seguridad cognitiva” en los ámbitos corporativos o en las doctrinas de defensa. La fabricación del enemigo, constante en la historia de los conflictos, ha sido particularmente perversa a nivel planetario con la ofensiva en Irak a partir de 2002. Precisamente, esta ofensiva, cuyos efectos se han expandido en Siria y en otros lugares, ha contribuido en evidenciar el contraste entre improvisación de un cambio de régimen y manipulación de los eslabones de las instituciones internacionales. Segundo, ha precipitado una derrota política que ha incentivado una contra-propaganda de parte de todos los partícipes y adversarios, entre ellos el Estado islámico (cuya potencia comunicacional supera ampliamente su potencia militar y que evolucionó hacia un movimiento revolucionario [10]. A propósito, Dimitri Kiselev, director de la nueva agencia estatal rusa Rossiya Segodnya, no anunciaba en 2014 su rebeldía contra la objetividad occidental y la respuesta rusa: “¿Es la CNN objetiva? No. ¿Es la BBC objetiva? No. La objetividad es un mito que nos ha sido propuesto e impuesto [11]”.

Sin embargo, esta misma noción de guerra informacional nos permite difícilmente abordar las entrañas más sutiles de estas nuevas modalidades cognitivas que permean también el interior de los cuerpos sociales. La noción de verdad, y de orden espiritual e informacional que lo sustenta, es en definitiva un bien individual y colectivo, no absoluto y dinámico, que se sostiene sobre un conjunto de construcciones racionales e irracionales, socioculturales y políticas. Es cierto que los muros mediáticos siguen nítidamente las fronteras existentes entre los intereses y las potencias del tablero geopolítico. Pero como lo mencionamos más arriba, los muros mentales o cognitivos no necesariamente se superponen de modo lineal con estas fronteras. Varios factores concurren a esto. La diseminación del poder mediático es uno. La crisis de confianza en los medios dominantes es otro. Lo que ciertos analistas describen como una revancha de las pasiones y de la historia frente al corsé del orden pasado constituye otro factor.

En este sentido, observamos que se está consolidando por un lado una tendencia a la polarización y la radicalización de las posturas, particularmente en los extremos del espectro político, en cohabitación muchas veces con un relativismo cultural o incluso un negacionismo, que se ha ido pronunciando sobre casi todos los temas importantes de la agenda internacional. Se van agudizando ciertos comunitarismos y sectarismos, a medida que aparecen desestabilizaciones sociales o factores de inseguridad. El sociólogo Boaventura de Sousa Santos asocia parte de este fenómeno al auge de un “neofascismo social” en relación a un secuestro de la democracia. Por otro, se manifiesta una suerte de búsqueda de otra racionalidad, de renuncia para encarar una interpretación más compleja e inacabada de la realidad, o tolerar varios ángulos de crítica y análisis, en un contexto de saturación informacional y de relativismo de las fuentes de información [12]. Ahí también nos reencontramos con un factor identitario que actúa como un mecanismo segregativo. Todo esto concurre a generar una especie de estrechamiento de los relatos, un repliegue en el campo de las certezas ideológicas o de creencias, substituyendo la actitud mayéutica por la duda sistemática, el juicio de intención o la categorización cortante.

Como ilustración de esto, los productores de teorías del complot, de rumores, falsas noticias y otros métodos de desinformación, tienen actualmente el viento en la popa. Frente al debilitamiento relativo de las fuentes hegemónicas, configuran hoy un ecosistema y un nicho de mercado consolidado: el grupo vinculado a InfoWars [13] por citar uno de ellos, identificado como una fuente importante de manipulación a nivel global, posee una ganancia anual estimada a alrededor de 10 millones de dólares. La investigadora estadounidense Kate Starbird [14] identifica un ecosistema de 188 medios a raíz de un estudio de tres años sobre los flujos de desinformación relacionados a distintos temas de la agenda pública. Emerge de este análisis que cualquier evento sociopolítico de magnitud significativa, incluyendo obviamente los procesos electorales, forma el caldo de cultivo de maniobras de influencia y tergiversaciones. Más finamente, observamos que la ampliación a este tipo de fuentes informativas genera un efecto de precarización cognitiva similar a los que se desarrollan en las sociedades que conviven con potentes monopolios mediáticos: la variedad aparente de las fuentes encubre una nivelación uniformizante del relato; los patrones de racionalidad se empobrecen o se estigmatizan, en vez de complejizarse, generando una desconfianza selectiva hacia tal o cual blanco expiatorio; rige un bombardeo de datos y una “info-obesidad”, multiplicado por los redes digitales; en ciertas circunstancias, pueden generar golpes mediáticos [15] o alterar seriamente los ejes del debate público.

Los ejemplos de Venezuela, Siria o Ucrania son elocuentes en este sentido. En el primero, como en otros países que experimentan formas de populismo “positivo”, la disonancia cognitiva generada por la diabolización constante del gobierno venezolano por la oposición política y sus aliados, impide a buena parte de la sociedad global (incluyendo los simpatizantes de la izquierda) comprender el espesor político y la situación conflictiva del país. Se genera por ejemplo una incompatibilidad de razonamiento entre las formas de cooperación de Venezuela con Irán o Rusia, las innovaciones constitucionales y el apoyo popular al proceso venezolano. Un argumento puede ser motivo para aniquilar y jerarquizar a todos los demás. En el caso del conflicto sirio, es la propaganda de auto-victimización del régimen sirio alauita (frente a una coalición internacional y la oposición islamista no alauita) que crea un cerco perceptivo para todo un sector de simpatizantes no-intervencionistas, anti-imperialistas y anti-sionistas, tanto a la extrema derecha que a la extrema izquierda. Este cerco impide entender que el régimen sirio reprimió una real revuelta popular que surgió en el 2011 y ha sido el primer causante de víctimas en el conflicto. Desde el exterior, tanto los argumentos geopolíticos (colonización por el petróleo o el gas, invasión imperial, alianzas ambiguas en torno a tráfico de armas, etc.) como los argumentos religiosos o identitarios, jerarquizan la percepción, desde un alto nivel intelectual hasta las bases sociales y militantes. Y podríamos seguir así con otros temas.

Más allá de la primera fila de barreras distorsivas instaladas por las fuerzas involucradas en estos escenarios, pueden rápidamente aparecer otras barreras, tanto identitarias, conceptuales o sectarias, que neutralizan el espesor del razonamiento y que incluso pueden terminar funcionales a las principales estrategias de ocultamiento. Aclaramos que no se trata aquí de condenar un pensamiento distinto o alternativo, o jactarse de un punto de vista vanguardista y superior. Se trata más bien de un breve ejercicio autocrítico, necesario para evidenciar una nueva zona de contradicciones en la cual, nos guste o no, ya estamos sumergidos y con la cual vamos a tener que lidiar para un tiempo largo. “El problema no es la verdad sino las creencias” planteaba el teórico de la información Heinz Von Foerster en los años 1990. Agregamos a esta máxima que la problemática actual es el brote de nuevas relaciones con lo real y sobre todo el riesgo de ver una instrumentalización política de la sed de sentidos, de marcos interpretativos y de creencias, que no duda en recurrir a la manipulación de las pulsiones humanas más elementales que Iván Pavlov había revelado en su época.

Al final, la promesa de conectividad global, que presagiaba un camino más despejado hacia una comprensión objetiva, desideologizada e integradora de la complejidad política, queda por verse. Hoy somos testigos de que el auge de la hiperconectividad planetaria va siguiendo y amplificando las líneas existentes de fragmentación o polarización. Esto se ve amplificado por una especie de brote irracional-identitario, de migración hacia zonas seguras de repliegue cognitivo. Todo indica que este movimiento de especulación narrativa nos seguirá atravesando y crecerá en el futuro. Gran testigo del siglo XX, el filósofo Edgar Morin subraya que “no se puede refundar la política haciendo la economía de una comprensión y de un (re)pensamiento”. Adherimos a este planteo y de algún modo, la situación actual nos está poniendo frente a nuestras vulnerabilidades y renunciamientos: dejar los atavismos éticos, perceptivos y conceptuales, para encarar un mundo en plena ebullición. Varios actores e iniciativas ya se están movilizando en este sentido. Es necesario fortalecerlos.

Notas

 [1] Domenach, Jean-Marie, La propaganda política, Presse universitaire de France, 1950.
[2] Lazzaro, Luis, Hegemonía simbólica, el nuevo orden de la dominación global, 2017.
[3] Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2016, Reporteros sin Frontera.
[4] Tocqueville, Alexis de, De la democracia en América, 1830.
[5] Chaliand, Gérard, Perder guerras : un nuevo arte occidental, en curso de publicación, 2017.
[6] http://www.other-news.info/noticias/2015/05/la-manipulacion-de-los-medios-en-su-cobertura-de-las-elecciones-britanicas/
[7] Ignacio Ramonet, entre otros, es testigo directo de esta estigmatización clivante en Europa.
[8] Laclau, Ernesto, La razón populista, Fondo de Cultura económica de Argentina, 2005.
[9] Teorías del complot. ¿Nuestra sociedad se ha vuelto paranoica?, revista Sciences Humaines, enero 2017.
[10] Chaliand, Gérard, Terrorismo y política, CNRS, 2016.
[11] https://twitter.com/themoscownews/status/411105966336114688
[12] Peltier, Marie, La era del complotismo, la enfermedad de una sociedad fracturada., 2016.
[13] http://www.conspiracywatch.info/la-petite-entreprise-d-alex-jones-ne-connait-pas-la-crise_a1051.html
[14] Starbird,Kate, Information Wars: A Window into the Alternative Media Ecosystem, https://medium.com/hci-design-at-uw/information-wars-a-window-into-the-alternative-media-ecosystem-a1347f32fd8f, 2017.
[15] En noviembre 2016, la elección de Donald Trump fue perturbada por varias campañas (divulgación de correos de la DNC, rumores sobre los sectores financieros afines a Hillary Clinton, etc.); idem para la elección de Emmanuel Macron en Francia quien benefició de un amplio apoyo de los medios hegemónicos con la interferencia de una contra-campaña #MacronLeaks orquestada desde Rusia http://www.slate.fr/story/145221/le-macronleaks-est-une-fakenews).

Por gentileza de ALAI

Abandonando la diplomacia | El miedo como instrumento de poder

Roberto Savio
Periodista. Cofundador y exdirector general de Inter Press Service (IPS)
.

Esta columna de Roberto Savio es una adaptación de su presentación en el panel sobre migraciones y solidaridad humana, “un desafío y una oportunidad para Europa, Medio Oriente y África del Norte”, realizado el 14 de diciembre en el Centro de Ginebra para el Avance de los Derechos Humanos y el Diálogo Global. 

Para empezar mi agradecimiento a Hanif Hassan Ali Al Kassim y al embajador Idriss Jazairy, quienes encabezan el Centro para el Avance de los Derechos Humanos y el Diálogo Global, por organizar este panel de discusión en un momento crítico de la historia. El Centro es uno de los pocos actores que trabajan por la paz y la cooperación entre el mundo árabe y Europa. Como representante de la sociedad civil, creo que será más significativo que hable sin las limitantes de la diplomacia y que haga reflexiones francas y sin trabas.

El mal uso de la religión, del populismo y de la xenofobia es una triste realidad, que no se atiende más, sino que se observa con hipocresía y sin una denuncia directa.

Recién ahora los británicos se dan cuenta de que votaron el brexit a partir de una campaña de mentiras. Pero nadie increpó públicamente a Johnson y Farage, los líderes del brexit, después de que Gran Bretaña aceptara pagar, como uno de los muchos costos del divorcio, por lo menos 45.000 millones de euros, en vez de ahorrarse 20.000 millones, como sostenían sus promotores. Y hay pocos análisis sobre por qué el comportamiento político es cada vez más un mero cálculo, sin ninguna preocupación por la verdad ni por el bien del país.

El presidente estadounidense Donald Trump puede ser un buen caso de estudio sobre las relaciones entre política y populismo. Hace unos días, Estados Unidos declaró que se retiraba del Pacto Mundial sobre Migración de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Eso no tiene nada que ver con intereses ni con la identidad de Estados Unidos, un país de inmigrantes. Sino con el hecho de que esa decisión es popular entre los sectores de la población estadounidense que votaron a Trump, como los evangélicos.

Tengo aquí el mensaje que difundieron tras la declaración de Jerusalén como capital de Israel. Esto es lo que dice la Biblia. Si recreamos el mundo creado en ella, Jesús retornará por segunda vez a la Tierra y solo los justos serán recompensados. Y por ello creen que Trump acerca al mundo al regreso de Cristo y, por lo tanto, actúan por el bien de sus creencias.

Los evangélicos son cerca de 30 millones de personas y creen firmemente que cuando Jesús retorne por segunda vez, solo los reconocerá a ellos como los creyentes que están en el camino correcto.

Trump no es evangélico ni ha demostrado interés en la religión. Pero como cada una de sus acciones, es coherente con la visión de su campaña de reunir a todas las personas insatisfechas que lo catapultaron a la Casa Blanca. Todo lo que hace, no es en interés del mundo o de Estados Unidos, solo se concentra en mantener el apoyo de sus electores, quienes no vienen de grandes ciudades ni de la academia ni de los medios ni de Silicon Valley.

Proceden principalmente de sectores empobrecidos y desinformados, que se sienten marginados de la globalización. Creen que los beneficios quedaron en la élite, en las grandes ciudades y en unos pocos ganadores y creen que hay un complot internacional para humillar a Estados Unidos. De ahí que el cambio climático sea para ellos y para Trump un cuento chino. En su primer año, Trump podría bien reunir 32 por ciento de aprobación, la más baja para un presidente de Estados Unidos. Pero 92 por ciento de sus votantes lo reelegirían. Y como solo votan 50 por ciento de los estadounidenses, Trump puede ignorar con comodidad a la opinión pública general. No es este el espacio para profundizar en las tendencias políticas estadounidenses. Pero Trump es un perfecto ejemplo de por qué un gran número de europeos, o incluso de países como Polonia, Hungría y República Checa, ignoran las decisiones de la Unión Europea en materia de migraciones, y por qué crecen el populismo, la xenofobia y el nacionalismo en todas partes.

El miedo se convirtió en el instrumento para llegar al poder.

Los historiadores concuerdan en que los dos motores del cambio en la historia son la codicia y el miedo.

Bueno, nos entrenaron desde el colapso del comunismo a considerar a la codicia como un valor positivo. Los mercados (no los hombres ni las ideas) se convirtieron en el nuevo paradigma. Los Estados se convirtieron en un obstáculo para el libre mercado.

La globalización, solía decirse, pondrá a todos de pie y beneficiará a todos. Pero los mercados sin reglas resultaron autodestructivos y no todos quedaron de pie, sino que los más ricos quedaron mejor. El proceso fue tan rápido que, hace 10 años, las 528 personas más ricas concentraban la misma riqueza que 2.300 millones de personas. Este año, se transformaron en ocho, y ese número probablemente se achique pronto. Las estadísticas son claras, y la globalización basada en el libre mercado pierde parte de su brillo.

Mientras, perdimos muchos códigos de comunicación. En el debate político ya no se hace referencia a la justicia social, la solidaridad, la participación, la igualdad, los valores en las constituciones modernas, sobre las cuales construimos las relaciones internacionales. Ahora, los códigos son competencia, éxito, beneficio y logros individuales.

En mis conferencias universitarias, me aterra ver una generación materialista, a la que no le interesa votar ni cambiar el mundo. Y la distancia entre los ciudadanos y las instituciones políticas aumenta cada día. Las únicas voces que nos recuerdan la justicia y la solidaridad son las de líderes religiosos como el papa Francisco, el Dalai Lama, Desmond Tutu y el gran muftí Muhammad Hussein, por nombrar a los más destacados. Y con los medios ahora también basados en el mercado como único criterio, esas voces se vuelven cada vez más débiles.

Después de una generación de codicia, pasamos a una generación de miedo. Hay que señalar que antes de la gran crisis económica de 2009, (provocada por la codicia: los bancos pagaron hasta ahora 280.000 millones de dólares en penalizaciones y multas), los partidos xenófobos y populistas siempre eran minoría (con la excepción de Le Pen en Francia). La crisis creó miedo e incertidumbres y las migraciones comenzaron a aumentar, en especial tras la invasión de Libia en 2001 y de Iraq en 2013.

Estamos en el séptimo año del drama sirio, que desplazó a 45 por ciento de su población. Merkel paga el precio por aceptar refugiados sirios, y es interesante señalar que las dos terceras partes de los votos de Alternativa para Alemania, el partido xenófobo y populista, procedieron de la ex Alemania oriental, que tiene pocos refugiados, pero donde los ingresos son casi 25 por ciento inferiores. El miedo, otra vez, fue el motor del cambio de la historia de Alemania.

Europa es responsable directa de esas migraciones. El famoso caricaturista El Roto, del El País, hizo una caricatura de bombas volando por el aire y de barcos con inmigrantes llegando por mar. “Les mandamos bombas y ellos nos mandan migrantes”. Pero eso no se reconoce. Los que escaparon del hambre y de la guerra ahora son considerados invasores. Los países que hasta hace unos años se consideraban sinónimo de virtudes civiles, como los nórdicos, y que gastaban una proporción considerable del presupuesto en cooperación internacional, ahora erigen muros y alambres de púa.

La codicia y el miedo fueron muy bien explotados por los nuevos partidos nacionalistas, populistas y xenófobos, que ahora crecen en cada elección, desde Austria a Holanda, de República Checa a Gran Bretaña (donde se dio el brexit), luego Alemania y, en unos meses, Italia. Los tres Jinetes del Apocalipsis, que en los años 30 fueron la base de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): nacionalismo, populismo y xenofobia, regresaron con un mayor apoyo popular y con dirigentes políticos que los usan.

Pero lo sorprendente es que ahora tenemos un nuevo elemento de división: la religión, ampliamente utilizada contra los inmigrantes, cuando debería unirnos. La religión siempre se usó para lograr poder y legitimidad. La gente común nunca empezó las guerras de religiones en Europa, sino los príncipes y los reyes. Hace unos años, conmemoramos la expulsión de los judíos, primero, y de los moros, después, de España, donde vivían en armonía y paz con los cristianos, formando una civilización de tres culturas. Hace unas semanas, hubo una gran marcha en Varsovia, ignorada por los medios, con 40.000 personas, muchas procedentes de distintas partes de Europa y de Estados Unidos. Marcharon en nombre de Dios, reclamando la muerte de judíos y musulmanes.

Pero mientras líderes religiosos protestantes, católicos, musulmanes y judíos participan de un diálogo positivo por la paz y la cooperación, numerosos autoproclamados defensores de la fe instalan el miedo, el sufrimiento y la muerte. Y seamos claros, no hay choque de religiones. Es un choque entre quienes usan la religión para conseguir poder y legitimidad, y promueven un sueño histórico irreal. Retornar a un mundo que ya no existe, en el que se reabran las minas, el país retorne a su antigua gloria: un mundo que no sueña un mundo mejor, sino un pasado mejor. África duplicará su población, con 80 por ciento menores de 35 años, mientras en Europa solo será 20 por ciento. No hay esperanza de que Europa sea viable en una economía global  y en un mundo competitivo sin una inmigración sustancial. Y, sin embargo, hablar de eso en el debate político es ahora un beso de la muerte.

En conclusión, debo subrayar que enfrentamos una triste realidad, que ya no se puede ignorar más, aún si no es políticamente correcto. Siempre se usaron los ideales para conseguir apoyo, aun para quienes no creen en ellos.

Y los historiadores nos enseñan de que en los tiempos modernos, la humanidad cayó en tres trampas:

En nombre de Dios, dividir y no dialogar; en nombre de la nación, a menudo reunir apoyo y llevar a los ciudadanos a la guerra; y ahora, en nombre del beneficio. Creo que es hora de realizar nuevas alianzas y de lanzar una gran campaña poderosa de concienciación sobre profetas falsos, con movilizaciones de medios, sociedad civil y políticos legítimos con el fin de educar a la ciudadanía sobre que la inmigración debe regularse, pues es una necesidad con la que Europa debe vivir.

Debemos crear políticas, y aun después de que Trump se vaya del Pacto Global, como dejó el Acuerdo de París sobre cambio climático, seguirá siendo una voz aislada, mientras los ciudadanos lucharán por un mundo mejor, sin miedos, basados en valores comunes. Debemos emprender acciones impopulares, pero vitales, para la educación y la participación. Serán impopulares y difíciles, lo sabemos. Pero si no tomamos ese camino, los seres humanos, los únicos “animales” que no aprenden de sus errores, volverán a pasar por la sangre, el sufrimiento y la destrucción.

Por gentileza de Other News

Neofascismo y decadencia

Jorge Beinstein
Economista y profesor | Ampliar datos del autor
.

Conceptos borrosos

Decadencia y neofascismo son dos conceptos de difícil definición aunque esenciales para entender la realidad actual, sus presencias abrumadoras, sus fronteras borrosas los hacen a veces “invisibles a los ojos” (como lo enseñó Saint-Exupéry). ¿Dónde termina el autoritarismo burgués y comienza el neofascismo?, ¿cómo diferenciar a un proceso de decadencia de una gran turbulencia muy persistente o de un fenómeno de corrupción social muy extendido?

Cuando hablamos de decadencia por lo general nos referimos a procesos prolongados donde convergen un conjunto de indicadores como la reducción sistemática del ritmo de crecimiento económico hasta llegar al estancamiento o la retracción, la declinación demográfica, la degradación institucional, la hegemonía del parasitismo, la desintegración social generalizada y otros. Sin embargo a veces es inevitable señalar la decadencia de una civilización o de un conjunto de naciones sin que se hagan presentes todas esas señales, lo que decide la cuestión es la evidencia de un proceso duradero de descomposición sistémica, de desorden creciente, de entropía que se manifiesta en el comportamiento de las clases dirigentes corroídas por el parasitismo pero también de las clases subordinadas.

Es común confundir decadencia con crisis prolongada, así es como la llamada “larga crisis del siglo XVII europeo” aparenta con su desorden, sus confrontaciones, llevar a esa región al desastre, sin embargo dicho proceso le permitió eliminar restos precapitalistas, digerir las riquezas acumuladas del saqueo periférico iniciado en los siglos XV y XVI, principalmente de América, y avanzar en el siglo XVIII hacia su aburguesamiento general cuyas tres expresiones más notables fueron la revolución industrial en Inglaterra, las transformaciones en el continente desatadas por la Revolución Francesa seguida por las guerras napoleónicas y el control del planeta por parte de Occidente completado hacia fines del siglo XIX.

En un sentido contrario lo que se presenta como superación de la decadencia (el adiós a la crisis de los años 1930) entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y comienzos de los años 1970, donde emergió la superpotencia estadounidense y se produjeron los “milagros económicos” de Alemania Occidental. Italia, etc., en realidad no fue más que una rehabilitación de un poco más de dos décadas sostenida por la muletas del keynesianismo militar de Estados Unidos y de la intervención estatal en general dinamizando la oferta y la demanda de los países capitalistas centrales. Que se fue agotando hacia el final de los años 1960 hasta hacer crisis en la década siguiente dando vía libre al parasitismo financiero y sus acompañantes culturales, institucionales y económicos. La droga keynesiana calmó los dolores, brindó un dinamismo pasajero pero inoculó venenos que terminaron por agravar más adelante la situación del enfermo.

Por su parte el neofascismo aparece emparentado con el fascismo clásico, suele en ciertos casos reproducir nostalgias del pasado, sin embargo se diferencia del mismo. A veces resucita viejos demonios que se mezclan en una marcha confusa (si la observamos desde antes de 1945) con descendientes de sus víctimas bajo la bandera común del racismo antiárabe, de la islamofobia o de la rusofobia. Después de todo el viejo fascismo también nació cultivando incoherencias, mezclando banderas contrapuestas como el elitismo nacionalista-imperialista y el socialismo, Hitler y su “nacional-socialismo” racista y ultra autoritario constituye el caso más grotesco.

En ambos casos se trata de expresiones que recogen pragmáticamente sentimientos de odio y desprecio hacia pueblos o sectores sociales considerados inferiores, corruptos, bárbaros y en consecuencia potenciales objetos de agresión (aplastamiento de los más débiles) adornándolas con títulos de nobleza (raza superior, patriotismo, civilización, valores morales, democracia, honestidad, etc.).

Cuando observamos al viejo fascismo vemos como Hitler o Mussolini en sus ascensos al poder hacían demagogia “social” o “socialista”, captando el espíritu de la época y la introducían junto a otros condimentos en sus sopas dictatoriales, aunque Franco afirmaba el conservadorismo más negro sin necesidad de esas demagogias. Y en América Latina aparecían dictaduras militares, apéndices subdesarrolladas de Occidente, cultivando ambigüedades curiosas, como en Argentina en el golpe de estado de 1930 donde se combinaba el patriotismo aristocrático, la admiración hacia el fascismo italiano y el sometimiento colonial al Imperio Inglés.

El neofascismo no se queda atrás y hoy en Europa constatamos que en países como Polonia o Letonia se mezclan el ultranacionalismo, el antisemitismo y otros brotes nazis, el respeto formal a la institucionalidad democrática made in Unión Europea, el neoliberalismo económico, la fobia antirusa y el sometimiento a la OTAN. En Brasil, Paraguay, Honduras o Argentina es preservada la formalidad democrática, bandera cultural de su amo imperial, junto la concentración mafiosa del poder. Tanto en el fascismo como en el neofascismo los discursos oficiales no han sido ni son otra cosa que vestimentas de ocasión del lobo autoritario.

El comienzo de la decadencia

La crisis en la que estamos sumergidos debería ser considerada como el capítulo actual de un largo proceso de decadencia pensado como fenómeno de carácter planetario. ¿Cuándo comenzó? Al hacer el recorrido temporal hacia atrás encontramos años decisivos como 2008 cuando estalla la burbuja financiera y se despliega la serie de crecimientos económicos anémicos en Occidente y se va desacelerando la expansión china. Lo que inevitablemente nos lleva a 2001 y sus alrededores cuando convergen el fin del auge neoliberal de los 1990 (plagado de turbulencias) con el lanzamiento imperial de una desesperada (y fracasada) fuga militarista hacia adelante apuntando hacia la conquista del corazón geopolítico de Eurasia y sus tesoros energéticos.

Esa mirada nos impulsa a seguir retrocediendo y llegar a los años 1970 cuando emerge la crisis petrolera y la estanflación, y se instala la declinación tendencial de la tasa de crecimiento económico global que se prolonga hasta la actualidad, motorizada por las potencias económicas dominantes tradicionales y suavizada por el ascenso chino. Sin olvidar el antecedente de 1968 (con epicentro en los sucesos de Mayo en Francia y sus extensiones), terremoto político-cultural que quiebra la ilusión de la nueva prosperidad civilizacional de Occidente.

Dicha ilusión se apoyaba en la efímera recuperación keynesiana de Europa del Oeste y Estados Unidos, si la medimos en tiempos históricos, enfrentada con la constante reducción de su área de dominación territorial planetaria (ampliación del campo socialista y del espacio postcolonial).

Atravesamos esa fiesta geográficamente limitada, entramos en la Segunda Guerra Mundial y navegamos por las recesiones de los años 1930 desembocando en 1929 para finalmente detenernos en 1914, año clave que marca el final del ascenso irresistible de Occidente desde sus fracasos en las Cruzadas del Este (hacia Medio Oriente y hacia el espacio eslavo) y sus primeros éxitos importantes en el Oeste, desde el siglo XV: la conquista completa de la península Ibérica y de posiciones en el Oeste de África y sobre todo del continente americano. Ofensiva plurisecular que culmina a lo largo del siglo XIX devorando a la casi totalidad de la periferia.

Dicho mega-saqueo generó (y sigue generando) lo que Malek calificó como “Surplús Histórico”, es decir “el surplus acumulado por Europa y Estados Unidos bajo la forma de civilización occidental basada en el saqueo de Asia, África y América latina. Inmensa acumulación de poder que constituye la fuente de la iniciativa histórica de los países del Oeste, desde el período de los descubrimientos marítimos pasando por la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki y hasta nuestros días1. Acumulación de riquezas que le permitió crear un gran mercado interno, su industrialización y el desarrollo de una sucesión de revoluciones científicas y tecnológicas. El mundo del año 1900 era decididamente occidental por integración burguesa de su espacio original y por sus ampliaciones coloniales y semicoloniales.

En ese momento el “progreso”, es decir la marcha ascendente de la civilización burguesa (identificada con los patrones culturales de Occidente) devenida planetaria consiguió imponer la imagen de un proceso irresistible de mejoras sucesivas de la condición humana, dictadas por la expansión del sistema o por su posible “superación socialista” engendrada desde el interior del capitalismo central industrializado. Así fue como la generación bolchevique cultivó la esperanza de que la revolución que ellos encabezaron en la periferia euroasiática rusa constituía el detonante de la revolución proletaria en el Oeste, los dirigentes de la primera gran insurrección exitosa de la periferia creían erróneamente ser la avanzada de la llegada del postcapitalismo socialista occidental (y en consecuencia mundial).

Como sabemos la expansión del capitalismo liberal que según las ideas dominantes al comenzar el siglo XX irradiaba al planeta para convertirlo tarde o temprano en un universo próspero y libre (pero que en realidad desarrollaba al centro y subdesarrollaba a la periferia) fue interrumpida por una carnicería espantosa, sin precedentes en la historia universal llamada Primera Guerra Mundial. Y también sabemos que la tan esperada revolución socialista en Occidente empujada por la crisis y por el novedoso ejemplo soviético no llegó nunca y que lo que si llegó allí fue el fascismo.

Raíces occidentales del fascismo clásico

Las interpretaciones tradicionales del viejo fascismo europeo suelen navegar entre las que lo atribuyen a una suerte de desviación moral de las élites y también de las masas populares embaucadas por ellas, principalmente producto de la Primera Guerra Mundial o bien como resultado de la radicalización de ciertas taras culturales generada por formas específicas, perversas, de desarrollo de la modernidad en países como Alemania e Italia o también como reacción antiproletaria de la alta burguesía arrastrando a las clases medias, en este último caso el fascismo habría sido una emergencia terrorista burguesa de la lucha de clases 2. No han faltado en ciertos casos algunas referencias a la historia anterior que casi siempre quedan aplastadas por el peso apabullante de los desórdenes de las primeras décadas del siglo XX que produjeron esa novedad sorprendente. Un marxista eminente de aquellos tiempos, Karl Radek afirmaba hacia 1930 luego de las últimas elecciones en Alemania que marcaban el ascenso de los nazis: “Debemos constatar que sobre este partido que ocupa el segundo lugar en la política alemana, ni la literatura burguesa ni la literatura socialista no han dicho nada. Es un partido sin historia que se instala de improviso en la vida política de Alemania como una isla que emerge en medio del mar bajo el efecto de fuerzas volcánicas

“Partido sin historia” según Radek, más aún el medievalista Karl Werner agregaba que “Nadie ha negado más la historia alemana que los ideólogos nazis4, la Escuela de Frankfurt afirmó esa hipótesis, Max Horkheimer señalaba hacia 1943 que “El fascismo en su exaltación del pasado deviene antihistórico. Las referencias de los nazis a la historia solo significan que los poderosos tienen que mandar y que no hay como emanciparse de las leyes eternas que guían la historia. Cuando ellos dicen Historia en realidad dicen lo contrario: Mitología5.

Incluso en pleno auge hitleriano, Hermann Rauschning, uno de los más agudos evaluadores del nazismo, no pudo escapar a la idea del carácter aberrante, ahistórico y efímero del nazismo presentado como una sorpresivo estallido de nihilismo. Según Rauschning: “este fanatismo producido y difundido es tan artificial e inauténtico que todo ese gigantesco aparato podría llegar a derrumbarse de un día para otro, a partir de algún acontecimiento sin dejar traza alguna de vida autónoma de alguna parte de su mecanismo6.

Partido sin historia, negador de la historia, reemplazando la descripción científica de la historia real por la mitología, construcción nihilista efímera, etc.

Sin embargo a propósito del caso paradigmático por excelencia del fascismo: el nazismo alemán y su furia exterminadora de judios, autores como Goldhagen al plantear un interrogante de sentido común: ¿quién fueron los ejecutores del Holocausto?, concluye que: “de no haber existido una considerable inclinación entre los alemanes corrientes a tolerar, apoyar e incluso, en muchos casos, contribuir primero a la persecución absolutamente radical de los judíos en la década de 1930 y luego (por lo menos entre los encargados de realizar la tarea), de participar en la matanza de judíos, el régimen jamás habría podido exterminar a seis millones de personas”, a lo que agrega: “cabe señalar que la existencia de un antisemitismo muy difundido en otras zonas de Europa explica porque los alemanes encontraron en otros países a tantas personas dispuestas a ayudarles y deseosas de matar judíos7. A partir de allí resulta inevitable como hace el autor buscar referencias en la tradición histórica del pueblo alemán y señalar por ejemplo la ferocidad antisemita de Martin Lutero (1483-1546) como una de las fuentes de su popularidad. A lo que debemos agregar el plurisecular desprecio hacia los eslavos, con especial énfasis en rusos y polacos, considerados pueblos inferiores destinados a ser esclavizados por pueblos superiores como los alemanes, lo que legitimaba la vocación por marchar hacia el Este, hacia su conquista imperial, como lo anticipaba Hitler mucho antes de llegar al poder. La “Drang nach Osten” (empuje o expansión hacia el Este) que en el siglo XIX impulsaban intelectuales nacionalistas como Heinrich von Sybel quien postulaba revivir las aventuras medievales de colonización alemana del Europa oriental, revalorizando los mitos de las cruzadas germánicas y escandinavas hacia el Este en la Baja Edad Media, paralelas a las cruzadas hacia el Medio Oriente. Asi fue como la Orden Teutónica intento conquistar tierra rusa y fue derrotada como lo relata el film “Alexander Nevsky” de Sergei Einstein anticipando en 1938 la derrota catastrófica que los herederos nazis de la Orden sufrirían en la URSS pocos años después. Todo esto nos lleva a entender la aparente locura de Hitler por conquistar el Este no como un empecinamiento insólito sino como herencia cultural profunda, latente en la subjetividad popular alemana. Como señala acertadamente Ayçoberry en su libro ya citado: “En el desarrollo de la política exterior (de Hitler) todo estaba subordinado a la expansión hacia el Este… lo que impuso abandonos tácticos inquietantes para los nacionalistas primarios: renuncia al Tirol para conseguir la alianza con Italia, a la expansión ultramarina para seducir a Inglaterra e incluso a conquistas en Francia ya que según Hitler la guerra contra dicha nación “solo se justificaría si de esa manera conseguimos cubrir nuestra retaguardia y así ampliar nuestro espacio vital en el Este” cuyo foco central era la captura y destrucción de la Unión Soviética 8.

La mitología, subestimada por Horkheimer, revelaba la existencia de una memoria histórica imperialista nada superficial.

Necesitamos ampliar el espacio de la memoria europea y poner al descubierto un pasado monstruoso de conquistas coloniales exitosas o fracasadas, de las gigantescas matanzas de los pueblos originarios de América, de africanos árabes o subsaharianos, de asiáticos de India y China, en suma de vastos genocidios periféricos que moldearon la cultura de sus asesinos occidentales. Malek menciona al “surplus histórico” principalmente económico que acumuló Occidente con dichos saqueos que no debería ocultar la componente criminal del mismo, no como recuerdo lejano sino como parte decisiva de la reproducción de una civilización sanguinaria. Matanza de periféricos combinada con grandes masacres y saqueos internos que explicó Marx en su descripción de la Acumulación Originaria.

En ese sentido Hitler, Mussolini o Franco no fueron los productos de irrupciones momentáneas sin pasado ni futuro.

Los mitos históricos no deberían ser arrojados al basurero de las historias falsas, sobre todo si aparecen en la superficie o quedan sumergidos en la memoria social para reaparecer en el momento menos pensado. Son formas concretas de memoria, latentes, en consecuencia componentes de la cultura popular, pueden ser criticadas, acusadas de ser visiones deformadas o “irreales” del pasado como también lo podrían ser ciertas construcciones de historia “científica” basadas en unos pobres datos disponibles o no tan pobres pero siempre incompletos, casi siempre distorsionados por el observador influido por la cultura (las deformaciones ideológicas) de su tiempo.

Una observación que merece ser el objeto de una reflexión más amplia es que la llegada del fascismo (su primera victoria en Italia) se produjo muy poco tiempo después de que Occidente consiguiera convertirse en amo del mundo, visto desde el lago plazo histórico ambos fenómenos convergen en un corto espacio temporal. La civilización burguesa devenida realmente universal, planetaria, comenzó a tocar sus límites territoriales y fue dejando de lado sus discursos democráticos (se quiebra la lógica de la expansión hacia espacios indefensos y cobran fuerza las del canibalismo interimperialista, del disciplinamiento terrorista interno y del expansionismo desesperado).

Más aún, es posible detectar en Europa embriones significativos de fascismo entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX bien antes de la mega crisis iniciada en 1914, desde las emergencias políticas protofascistas en Francia 9 hasta manifestaciones ideológicas virulentas de rechazo al legado de la Revolución Francesa, la Comuna de París y la proliferación de expresiones democráticas radicales, socialistas y comunistas. Nietzsche o Sorel anunciaron el fascismo avant la lettre, como restablecimiento de jerarquías sociales vigorosas, de autoritarismos rejuvenecedores de Occidente.

En la Europa de fines del siglo XIX, próspera e imperialista, donde en los más alto de sus sistema de poder reinaba una pequeña élite financiera (la Haute Finance señalada por Polanyi como garante del equilibrio y la paz interior 10), emergían los brotes de lo que va ser el fin del capitalismo liberal y el nacimiento del fascismo.

Incluso fuera del escenario europeo en los años 1920 y aún antes de 1914, en Estados Unidos (extensión neoeuropea), aparecieron lo que algunos autores señalan como los orígenes norteamericanos de la ideología nazi. Domenico Losurdo señala “el notable papel que los movimientos reaccionarios y racistas americanos desarrollaron al inspirar y alimentar en Alemania la agitación que al final desembocó en el triunfo de Hitler. Ya en los años 20, entre el Ku Klux Klan y los círculos alemanes de extrema derecha se establecieron relaciones de intercambio y colaboración con la consigna del racismo en contra de los negros y en contra de los judíos”. Losurdo agrega ejemplos concretos incluidos algunos referidos a las raíces lingüísticas de conceptos fundamentales del discurso nazi: “El término Untermensch, que juega un papel tan central como nefasto en la teoría y en la práctica del Tercer Reich, no es otro que la traducción de Under Man [sub-hombre]. Lo reconoce Alfred Rosenberg, uno de los principales ideólogos del nazismo, quien expresa su admiración por el autor estadounidense Lothrop Stoddard: a él corresponde el mérito de haber acuñado por primera vez el término en cuestión, que resalta como subtítulo (The Menace of the Under Man) [La amenaza del sub-hombre] de un libro publicado en New York en 1922 y de su versión alemana (Die Drohung des Untermenschen) aparecida tres años después. En cuanto a su significado, Stoddard aclara que éste sirve para mostrar al conjunto de “salvajes y bárbaros”, “esencialmente negados a la civilización, sus enemigos incorregibles”, con quienes es necesario proceder a un radical ajuste de cuentas, si se quiere evitar el peligro que amenaza destruir la civilización. Elogiado, mucho antes que por Rosenberg, por dos presidentes estadounidenses (Harding y Hoover), el autor americano es posteriormente recibido con todos los honores en Berlín, donde encuentra a los exponentes más ilustres de la eugenésica nazi, además de los más altos jerarcas del régimen, incluido Adolf Hitler que estaba empeñado ya en su campaña de aniquilación y esclavitud de los Untermenschen, es decir de los “indios” de Europa oriental11.

No solo se trata de la influencia de la teoría estadounidense de la “white supremacy”, reacción protofascista desde fines del siglo XIX contra la abolición de la esclavitud, expresada en Alemania como supremacía aria sino también de textos decisivos como “El Judío Internacional” de Henry Ford publicado en 1920, luego traducido y muy difundido en Alemania donde importantes jefes nazis como Von Schirack e Himmler señalarán años después haberse inspirado en ese libro. Himmler hizo notar que el libro de Ford cumplió un papel significativo en la formación de Hitler 12.

Despegue, auge, declinación y recomposición de la marea periférica

La irrupción del fascismo clásico pero también su derrota y renacimiento como neofascismo, debe ser relacionado con el ascenso y posterior declinación de una marea periférica que amenazó sepultar la hegemonía occidental, hecho decisivo del siglo XX. Pero que ahora se presenta principalmente bajo la forma de potencias emergentes despertando la histeria geopolítica de los Estados Unidos y una profunda crisis existencial en algunos de los principales países europeos como Alemania, Francia o Italia tironeados de un lado por su amo norteamericano y sus viejos instintos occidentalistas imperiales (que lo hacen ver al Este como un espacio de depredación) y por el otro por sus intereses económicos concretos que apuntan hacia algún tipo de asociación o amistad con las grandes economías euroasiáticas empezando por China y Rusia.

En 1914 la expansión occidental se convirtió en guerra intestina (interimperialista) y en 1917 se produjo el primer mega desgajamiento, el mayor espacio geográfico del planeta donde habitaba el Imperio Ruso rompió con Occidente convirtiéndose en Unión Soviética. Más adelante llegaron la escisión china (1949), las expulsiones del conquistador occidental en la península indochina, la revolución cubana y un amplio abanico de nacionalismos periféricos que quebraban los viejos lazos coloniales. Era posible mostrar una suerte de film donde el espacio de dominación global de Occidente se retraía gradualmente.

La ilusión marxista-eurocéntrica de superación postcapitalista desde el centro imperial (desarrollado) del mundo fue reemplazada por otra ilusión no menos pretenciosa según la cual dicha superación se expandía desde la periferia subdesarrollada, desde los capitalismos o semicapitalismos sometidos. Sin embargo cuando en los años 1970 y 1980 comenzó y se fue agravando la crisis del capitalismo central, cuando perdía dinamismo productivo y en su seno se propagaba el parasitismo financiero, la amenaza comunista y antiimperialista también fue perdiendo dinamismo. La radicalización maoísta de la revolución china comenzó a convertirse desde fines de los años 1970 en “socialismo de mercado” y de allí en un curioso capitalismo burocrático con el partido comunista a la cabeza haciendo de China en el siglo XXI la segunda potencia capitalista del mundo tendiendo a devenir la primera. La URSS se fue pudriendo y colapsó al comenzar los años 1990 arrastrando a todo su espacio “socialista” incluyendo a países que habían mantenido su autonomía como Albania y Yugoslavia.

Sobre todo a partir del fin de la URSS pero con manifestaciones anteriores, hacia fines del siglo XX, en buena parte de Europa emergía una ola reaccionaria que retomaba componentes del viejo fascismo incorporando elementos nuevos. Racismo contra los inmigrantes, odios interétnicos, recuperación más o menos sinuosa, más o menos desfachatada de banderas enterradas en 1945. Se trató de un proceso confuso que tomaba en consideración los nuevos tiempos globales y que dio sus primeros pasos antes del derrumbe soviético. En la Francia de 1981, por ejemplo, la izquierda ganaba las elecciones pero se ponían de moda los llamados “nuevos filósofos” como Bernard Henri Levy o André Glucksmann que despegando como supuestos “humanistas antiestalinistas” derivaron pronto en un anticomunismo rabioso convergiendo en muchos aspectos con la derecha neofascista. Aparentemente Francia giraba políticamente hacia la izquierda (después se comprobó que se trataba de una pura apariencia) mientras se desplazaba culturalmente hacia la derecha. La socialdemocracia, desde España hasta Alemania iba abandonando sus estandartes keynesianos, productivistas e integradores, y penetraba en el universo neoliberal gobernado por la especulación financiera, las llamadas derechas “democráticas” hacían algo parecido. Y gradualmente se extendía una mancha maloliente que empezaba a ser calificado como neonazismo, neofascismo, extrema derecha, nueva derecha, etc. En Europa del Este en lugares como Polonia, los países bálticos, Croacia o más recientemente en Ucrania reaparecieron los viejos fantasmas del fascismo. Ya en pleno siglo XXI en Alemania, Austria, Francia y otros países europeos los neofacistas obtienen grandes progresos electorales, en varios de ellos asociando estilos y tradiciones del pasado hitleriano con sólidas amistades sionistas. La nueva islamofobia reemplaza a (y a veces se mezcla con) la vieja judeofobia, hasta se produjeron casos tragicómicos donde en un mismo movimiento se apretujaban algunos veteranos (e incluso jóvenes) admiradores de Hitler y Mussolini… y de Benjamín Netanyahu. También afloraba en el este europeo y no solo en Ucrania (Guerra Fría 2.0 mediante) el revanchismo antiruso dispuesto a vengarse de la derrota sufrida siete décadas atrás.

En Estados Unidos, sobre todo desde 2001 emergió una ola ultraimperialista que se fue desarrollando a través de los gobiernos de Bush y Obama hasta desembocar en Trump al ritmo de la degradación financiera. Multiplicación de intervenciones militares directas e indirectas, golpes blandos y sanciones contra países rebeldes a la dominación imperial, racismo, islamofobia, confrontación con Rusia acercándose al límite de la guerra…. la era Trump ha ido asumiendo todas las características de un protofascismo.

Regresando al ascenso y derrota del viejo fascismo es necesario resaltar no solo la persistencia imperialista alemana en torno de la “marcha hacia el Este”, motor del expansionismo hitleriano, sino los delirios mussolinianos acerca de la restauración del imperio romano o el españolismo no menos delirante de José Antonio Primo de Rivera nostálgico de imperio español desaparecido. La tentativa de conquista de la Unión Soviética tomó la forma de una gran cruzada europea contra el gigante eurasiático donde participaron no solo alemanes sino también franceses, españoles, italianos, belgas, ucranianos occidentales, letones, etc. El aspecto imperialista-occidental del fascismo clásico y en consecuencia de los fascismos periféricos como satélites coloniales, seguidores elitistas de sus amos históricos, queda al descubierto.

En ese sentido, más allá de los debates acerca de la naturaleza socialista de la URSS, de su legitimidad comunista y de su lugar en la historia de las ideas y practicas postcapitalistas, es importante destacar que probablemente, visto a nivel de la historia universal, el mayor mérito de la experiencia soviética ha sido el de la destrucción de la barbarie fascista, inscripta en el multisecular recorrido de saqueos y genocidios occidentales. Ese solo hecho alcanza para justificar, reivindicar su existencia, sin la URSS Hitler habría conquistado esos territorios, la exitosa marcha hacia el Este habría otorgado a Alemania el liderazgo de Europa y seguramente la primacía global como cabeza de un nuevo imperio.

La captura de Berlín por el ejército soviético podría ser vista como el símbolo de la victoria de la humanidad condenada a la esclavitud, la periferia, el “Oriente” tantas veces estigmatizado. Oriente despreciado (y temido) cuyas prolongaciones se extendían hacia las periferias interiores del centro del mundo (los judíos y los gitanos europeos y demás grupos locales considerados inferiores, peligrosos, desechables).

Los ciclos fascista y neofascista aparecen como etapas de la larga decadencia sistémica global, intentos brutales de salvación, de recuperación de la vitalidad perdida. Derrotada la primera arremetida reaccionaria (1945) las formas autoritarias extremas del capitalismo realizaron un prudente repliegue estratégico, pero coincidente con la evaporación de la marea periférica en los años 1980 y comienzos de los 1990 la peste comenzó a recomponerse renovando discursos y técnicas de intervención, se trató de una transformación acorde con los nuevos tiempos donde el fenómeno entrópico está experimentando un gigantesco salto hacia adelante. En el pasado el retroceso del polo hegemónico occidental (del espacio territorial bajo su control, de su dominación financiera, tecnológica, etc.) atrapó, arrastró hacia el fracaso a ensayos de autonomización capitalista o con pretenciones postcapitalistas. El caso de Japón entre la restauración Meiji e Hiroshima mostró los límites de la creación de una potencia capitalista (imperialista) independiente respecto de la trama de dominación occidental. El caso de la URSS expresó la debilidad de una construcción postcapitalista híbrida, geopolíticamente antagónica a Occidente, mezclando entre otras cosas estatismo, aspiraciones comunistas y modernización negadora de herencias culturales colectivistas rechazadas como precapitalistas. Tampoco debemos olvidar en este caso las consecuencias de la cruzada nazi que le costó 27 millones de muertos y el posterior acoso político-militar sufrido durante la Guerra Fría, formas concretas de ejercicio del poder de Occidente, prisionero de su dinámica expansionista, estratégicamente incompatible con algún tipo de coexistencia medianamente durable (esa obsesión occidental por controlarlo todo que se expresó en el pasado como anticomunismo renace actualmente como rusofobia).

Ahora, cuando se profundiza la declinación occidental emergen nuevos desafíos periféricos, principalmente los de China y Rusia. En ambos casos y luego de distintos recorridos se han constituido sistemas que de manera muy general pueden ser caracterizados como capitalismos burocráticos con amplios márgenes de autonomía respecto de Occidente y arrastrando el peso de sus respectivas herencias culturales socialistas. Con un bien orquestado giro hacia el capitalismo insertado en la trama global pero preservando el gobierno del Partido Comunista en el caso chino, demoliendo primero el edificio soviético para después de una efímera tentativa de instauración neoliberal imponer controles estatales sobre la economía en el caso ruso 13.

En principio quedan abiertos dos escenarios entre otros, si partimos del supuesto de que la crisis global se va a agravar. El primero muestra a China y Rusia arrastradas por el desastre general, sus estructuras exportadoras dependientes de los mercados de Europa y Estados Unidos, el entramado financiero internacional del que forman parte y las exigencias de militarización derivadas de la agresividad de los países de la OTAN, las atarían a la degradación euro-norteamericana-global.

El segundo escenario presenta a estas potencias sobreviviendo al desastre, afirmando su espacio euroasiático, una de las variantes (atención, no la única) de ese futuro posible sería la introducción en sus sociedades de componentes defensivas postcapitalistas para lo que disponen de reservas culturales más que suficientes.

Profundización de la decadencia

La vocación planetaria-imperialista del capitalismo (de su motor occidental) nos permite establecer paralelos con ciclos de civilizaciones anteriores que no alcanzaron esa dimensión geográfica. Imperios condenados a expandirse de acuerdo a las leyes que rigieron su reproducción, ampliando su espacio de dominación hasta llegar al límite establecido por las técnicas de su época, en ese momento su lógica de reproducción ampliada chocaba con la barrera territorial, entonces el desarrollo vigoroso se iba transformando en decadencia, las virtudes en corrupción, los equilibrios en desorden, la explotación eficaz de pueblos y recursos naturales en superexplotación devastadora de la periferia que destruía la sustentabilidad del sistema, mientras que la multiplicación de controles administrativos-represivos, entre otros factores, contribuía al crecimiento del parasitismo.

La comparación con el caso de Roma es inevitable, es el mejor documentado. Pierre Chaunu nos explica que “la conquista se desarrolló mediante la expansión en círculos concéntricos realizando la extracción de hombres y productos de la periferia hacia el centro. Lo característico de dicho sistema es que excluía al estado estacionario, no podía subsistir sin agregar nuevas zonas de extracción a las existentes llegando finalmente, luego de un enriquecimiento incesante, a la degradación del centro ya que no podía vivir dentro de límites estables, sin la existencia en sus bordes de un espacio abierto explotable, de una “frontera abierta”, de una zona de extracción no integrada todavía. El punto de inflexión ocurrió bajo el reino de Trajano, a comienzos del siglo II cuando se alcanzó el límite de la expansión en Dacia, Escocia, Armenia…el norte de África desde Mauritania a Egipto… cuando la conquista romana había llegado a un poco más de 6 millones de kilómetros cuadrados habiendo absorbido la totalidad del espacio disponible posible” 14. Las técnicas de comunicación y transporte de la época permitieron llegar al máximo de territorio más allá del cual los costos de conquista y su preservación superaban a los beneficios lo que obligó al proceso de reproducción del polo dominante a superexplotar al espacio bajo control. Los equilibrios y consensos periféricos entraron en crisis, las bases tributarias y esclavistas fueron tensionadas más allá de lo tolerable. Engels señalaba que cuando el Imperio comenzó a declinar: “el estado romano se había convertido en una máquina gigantesca y complicada con el exclusivo fin de explotar a los súbditos. Impuestos, gabelas y requisas de toda clase, sumían a la masa de la población en una pobreza cada vez más miserable, por las exacciones de los gobernantes, de los recaudadores, de los soldados… (en consecuencia) los bárbaros contra los cuales pretendía proteger a los ciudadanos eran esperados por estos como salvadores” 15. Junto a ello Roma y las otras grandes ciudades del Imperio invadidas por el parasitismo se fueron convirtiendo como lo explica Chaunu en “ciudades cancerosas, glotonas, insaciables, de crecimiento anárquico, destructoras del tejido ambiental, que se expanden más allá de las condiciones que las hicieron nacer y desarrollarse16. Dicho de otra manera, la ciudad ordenadora se fue sumergiendo en el desorden, la eficacia urbana (la ciudad como mecanismo de control y explotación de su periferia) fue derivando en ineficacia parasitaria lo que desordenaba al sistema en su conjunto, lo que exigía expandir, hacer más complejas las estructuras de control aumentando así su ineficacia general, etc., etc., el círculo vicioso de la decadencia se expandió de manera irresistible.

Al trasladarnos al mundo moderno observamos cómo, según lo señala Fieldhouse, “la proporción de la superficie terrestre terrestre ocupada de hecho por europeos, ya todavía bajo control europeo directo como colonias, ya como antiguas colonias, era del 35 % en 1800, del 67 % en 1878 y del 84,4 % en 1914. Entre 1800 y 1878 la media de la expansión imperialista fue de 560 mil Km2 al año” 17. Lo que a partir de fines del siglo XV se había extendido en zonas costeras de América, África y Asia sumado a espacios territoriales más vastos se convirtió en una embestida arrolladora en el siglo XIX. Grandes espacios interiores de esos continentes fueron ocupados y comenzaron a ser explotados, en algunos casos sometiendo a las poblaciones originarias, destruyendo sus culturas y en otros exterminándolas, a todo eso se lo denominó progreso, victoria de la civilización, etapa inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo amalgamando así las imágenes del cambio positivo y del genocidio, del bien como objetivo superior junto al crimen como daño de menor importancia histórica. Las víctimas aparecían como seres inferiores (subhombres, Untermenschen) destinados a ser civilizados (superexplotados) o exterminados, dualidad cultural que anticipaba el doble discurso nazi, su doble imagen: la bella estética del desfile de las juventudes arias junto a la estética siniestra de los campos de concentración. El capitalismo ascendente del siglo XIX, desde su base europea, que se autorefrenciaba como civilización portadora de la historia universal, del maravilloso destino del mundo, completaba la faena iniciada varios siglos atrás.

El proceso de ocupación casi total del planeta, del espacio territorial posible coincidió con lo que Polanyi llamó “la paz de cien años” (entre el fin de las guerras napoleónicas en 1815 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914) al interior del espacio europeo solo enturbiado por pequeños conflictos o de muy corta duración 18. El fin victorioso del expansionismo europeo, entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, convergió con el comienzo de una súper crisis, con una guerra intestina que marcó hacia 1914 el comienzo de la decadencia.

A partir de allí se sucedieron en el espacio occidental recesiones, hiperinflaciones, la guerra civil española, los ascensos fascistas, la Segunda Guerra Mundial y la derrota del fascismo, la prosperidad occidental y de Japón durante algo menos de tres décadas hasta llegar a la crisis de los años 1970 con la crisis energética y la estanflación. Mientras tanto desde 1917 el espacio de dominación territorial de Occidente se fue retrayendo al mismo tiempo que la guerra fría, la militarización y la saturación de la ola consumista generaban en su seno las condiciones para la emergencia de la hipertrofia financiera como centro de una expansión parasitaria sin precedentes.

Es posible argumentar que la etapa colonial extensiva sentó las bases de una posterior explotación más intensiva de lo conquistado y que las turbulencias del siglo XX permitieron digerir lo conquistado atravesando un recorrido complejo que incluyó grandes pérdidas territoriales, pero que al final de ese siglo la URSS y su área de influencia habían desaparecido dando lugar a grandes reconversiones capitalistas y que China había ingresado al sistema global del capitalismo aportando entre otras cosas unos 230 millones de obreros industriales baratos. Sin embargo esa incorporación no permitió superar la decadencia occidental, seguramente la agravó, tanto Estados Unidos como Europa y Japón sobrevivieron al ritmo de burbujas financieras para finalmente luego de 2008 ingresar en una etapa de crecimientos económicos anémicos, deterioros institucionales y degradaciones de vastos sectores sociales donde las burguesías dominantes han devenido lumpenburguesías y donde el aparato militar del amo estadounidense (Guerra de Cuarta Generación mediante) se ha convertido en un parásito cada vez más sofisticado desde el punto de vista tecnológico y cada vez más costoso e ineficaz en el que el mercenario va reemplazando al ciudadano-soldado (notable paralelo con la decadencia romana).

Debajo de la llamada recuperación territorial del capitalismo se reproduce agravándose la degradación general del sistema. Tendencias pesadas, sobredeterminantes, imponen la declinación.

Una de ellas es la declinación tendencial plurisecular de la tasa de ganancia que se fue manifestando a lo largo del siglo XX para llegar más recientemente a una suerte de piso provisorio muy bajo, que probablemente este anunciando una futura caída catastrófica (numerosos indicadores financieros, energéticos, laborales, de demanda, etc. así lo indican) lo que confirma una de las hipótesis decisivas de Marx.

Tasas bajas que impulsan al mismo tiempo el enfriamiento en las inversiones productivas, la expansión de los negocios financieros parasitando sobre la actividad económica general y la declinación tendencial de la tasa de crecimiento de la economía global, personajes claves del establisment como Larry Summers vienen anunciando desde hace casi un lustro el ingreso a un prolongado período de estancamiento con centro en la declinación de la economía de los Estados Unidos 19 .

La decadencia promueve el parasitismo que a su vez exacerba la decadencia y ya hemos ingresado en la etapa en que el parasitismo financiero decae porque su víctima productiva se acerca al estancamiento, a fines de 2013 los negocios globales con productos financieros derivados representaban 9,3 veces el Producto Bruto Global, a fines de 2015 habían caído a 6,6 veces manteniéndose aproximadamente en ese nivel hasta la actualidad 20. La contracción no apacigua al parásito, por el contrario exacerba sus peores inclinaciones: el canibalismo financiero, las operaciones mafiosas, los golpes de mano, los saqueos, las aventuras delirantes van cubriendo un clima de negocios cada vez más enrarecido. No se trata de una enfermedad limitada a la cúpula del sistema sino abarcando a la totalidad de las sociedades llamadas de alto desarrollo, donde se agrava la fragmentación social, se deterioran las instituciones, se extienden las irrupciones neofascistas.

La tan publicitada globalización comercial, maravilla neoliberal que se expandía quebrando tejidos sociales y acumulando desocupación y pobreza llegó a su máximo en 2008 cuando las exportaciones representaban el 30,7 % del Producto Bruto Global (en 1963 llegaban al 11,7 %), entonces dejó de crecer e inició el camino descendente.

Además se va cumpliendo otro de los pronósticos de Marx, el de la polarización creciente del sistema entre una minoría cada vez más pequeña y más rica y una masa global, el proletariado y semiproletariado del siglo XXI, cada vez más paupérrima. Los años de la prosperidad keynesiana vieron proliferar la ilusión del fin del pronóstico marxista, incluso al comenzar el siglo XXI organismos internacionales y expertos mediáticos anunciaban una marea de nuevas clases medias en la periferia que hacia 2020-2030 alentaría un gran salto industrial global apoyado en el futuro consumismo. Pero la llegada de la crisis de 2008 marcó el fin de esa fantasía, la concentración global de ingresos avanza incontenible no solo en la periferia sino también en los capitalismos centrales, la miseria de masas se extiende 21.

Neofascismo

Al igual que el fascismo clásico el neofascismo significa la radicalización de la explotación de recursos humanos y naturales, aunque el primero no tuvo el nivel despliegue planetario y la capacidad tecnológica del segundo. En ambos casos se trata de un gran salto cualitativo de la dinámica de explotación-opresión del capitalismo triturando libertades democráticas, garantías sociales de las clases bajas, identidades culturales, etc. Todavía seguimos impactados por las atrocidades pasadas del fascismo sin darnos cuenta muchas veces de la carga de barbarie, mucho mayor, de la que es portador el neofascismo. Los grandes genocidios del siglo XX se opacan ante las consecuencias posibles de la devastación neofascista en curso protagonizada por el Imperio y sus aliados.

Es necesario profundizar el análisis del fenómeno, detectar sus principales características, algunas constataciones pueden servirnos para ello.

Primera constatación: del rompecabezas ideológico fascista al pensamiento confuso neofascista

El viejo fascismo no escondía su nombre y la mundialización del capitalismo bajo la forma de cultura occidental 22 extendió desde sus bases europeas lo que aparecía según sus propagandistas como una mezcla de renovación vivificante de la modernidad y de restablecimiento del orden conservador y autoritario corrompido por el liberalismo y amenazado de muerte por el comunismo. El rechazo a la democracia burguesa, desde su forma monárquica constitucional hasta el elitismo republicano le servía en Europa como caballito de batalla para descalificar toda forma de democracia, de ese modo recogían las críticas populares de izquierda ante la estafa a la democracia realizada por las clases dominantes y las introducían en la mochila autoritaria.

Los fascismos italiano, alemán o español encontraron partidarios en las élites periféricas. En 1936 nacieron las Falanges Libanesas, en 1937 aparecía la Falange Socialista Boliviana ambas formadas por admiradores del falangismo español y del fascismo mussoliniano, en los años 1930 gobernó El Salvador el dictador Martínez, un general admirador de Hitler aunque administrando un país económicamente dependiente de los Estados Unidos 23, ya señalé la fuerte influencia del fascismo italiano en el golpe militar de 1930 en Argentina a lo que hay que agregar entre otras cosas las relaciones amistosas (sobre todo en la esfera militar) de la presidencia del general Agustín P. Justo (entre 1932 y 1938) con Alemania e Italia y bajo la influencia del Gran Mufti de Jerusalem se formó en 1941 la Legión Árabe Libre como parte del ejército alemán. 24

A partir de un pragmatismo muy audaz el fascismo clásico consiguió armar un rompecabezas ideológico relativamente sólido, lo fundó no solo gracias a la inescrupulosidad de sus dirigentes sino también contando con ideólogos de peso como Oswald Spengler o Martin Heidegger en Alemania o Tommaso Marinetti y Gabrielle d’Annunzio en Italia. Consiguió ubicar en un espacio común a variantes más o menos distanciadas de las estructuras religiosas cristianas, católicas o protestantes, hasta otras ultra-católicas como la española.

El neofascismo es mucho más pragmático, no rechaza a la democracia burguesa sino que trata de mimetizarse en ella, asumiéndola demagógicamente para colocarla al servicio de sus banderas racistas y autoritarias, el gobierno de Letonia, por ejemplo, no encuentra incoherente adherir a los postulados democrático liberales de la Unión Europea de la que forma parte con la realización el desfile anual en Riga de los veteranos de las Waffen SS integrante del ejército nazi alemán (tampoco la Unión Europea se alarma por esos hechos) 25. Rusofobia, bien vista por la OTAN, persecución a la población rusoparlante, nostalgias nazis y formalismo democrático.

Tampoco en Polonia, también miembro de la Unión Europea, parecen producirse graves problemas ante la existencia de un gobierno neofascista, la rusofobia más extrema y la adhesión a las reglas europeas en materia de derechos humanos e institucionalidad democrática. En Francia el Frente Nacional adapta sus orígenes fascistas a los nuevos tiempos, acentúa su xenofobia, su agresividad anti-islámica, anuda lazos con la extrema derecha de Estados Unidos pero busca suavizar (maquillar con colores republicanos) su imagen extremista a nivel local 26. En todos esos casos el antiguo antisemitismo es colocado debajo de la alfombra o tirado al basurero (mientras se observa con simpatía la cruzada antiislámica de Benjamín Netanyahu), la obsoleta demagogia “social” de Mussolini es remplazada por la de las instituciones democráticas.

En América Latina podemos encontrar similar acatamiento formal a las reglas de la democracia representativa en regímenes dictatoriales y protodictatoriales como en Honduras, Brasil, Argentina, México o Paraguay, en algunos casos apoyados en la histeria neofascista de las clases medias. En varios de esos gobiernos autoritarios se codean viejos fascistas antisemitas con sionistas, resultado de curiosas convergencias de generaciones diferentes. La amplitud neofascista no se detiene en las puertas del imperio donde Donald Trump agrupa al racismo blanco de las clases bajas (donde se nota un cierto tufillo a Ku Klux Klan), persigue a los inmigrantes y estrecha su amistad con la ultraderecha gobernante en Israel. Tampoco lo hace cuando se trata de realizar operaciones en la periferia promoviendo por ejemplo al Estado Islámico en Medio Oriente buscando destruir Siria y acorralar a Irán. Aunque en este caso no deberíamos limitarnos al aspecto conspirativo del tema ya que la maniobra se apoya en mercenarios pero también en fuerzas sociales concretas de la región. La decadencia o desaparición de los viejos nacionalismos postcoloniales (nasserismo, kadafismo, nacionalismo argelino) en un contexto de agravación de la crisis ha dado pié a la emergencia de una suerte de naofascismo islamista, tradicionalista al extremo en materia religiosa (que como otros tradicionalismos religiosos extremistas deforma de manera delirante la historia religiosa). Se extiende así, de manera bizarra, el espacio neofascista global que entre otras características tiene la de no tener ideólogos de peso, no los necesita, ni le interesa tenerlos. Su diseño pragmático se corresponde con un grado mucho mayor de degradación civilizacional que en el caso del fascismo clásico. Aquí ya no hay rompecabezas ideológico a organizar, la nueva barbarie no busca encuadrar ideológicamente poblaciones, disciplinarlas culturalmente, militarizarlas, sino introducirlas en una suerte de dualidad caótica, con un polo dominante saqueador, superexplotador, socialmente restringido y grandes masas humanas marginadas. Heidegger está de más, bienvenidos los manipuladores mediáticos, los magos de la posverdad inyectada en las redes sociales, los exitosos del inmediatismo nihilista.

Segunda constatación: del fascismo industrial al neofascismo financiero

El fascismo emergió de las crisis del capitalismo liberal europeo en cuya cima se encontraba la Haute Finance señalada por Polanyi, imperialista, es decir como lo enseñaba Lenin dominado por el capital financiero. Sin embargo ese tipo de dominación, para expresarlo en términos gramscianos, no se había convertido en hegemonía, la cultura financiera no era todavía la cultura de la totalidad del mundo burgués, su control era ejercido sin que su veneno ideológico haya invadido completamente al cuerpo productivo donde predominaba la industria, la modernidad aún tenía alma industrial.

De manera acertada Jeffrey Herf caracteriza al nazismo como modernismo reaccionario, como aceptación e incluso exacerbación de las innovaciones tecnológicas combinada con el rechazo al legado de la Revolución Francesa, principalmente sus aspectos democráticos, igualitarios 27. De ese modo el autor desautoriza la presentación del hitlerismo como simple oscurantismo, como retroceso a una suerte de medievalismo troglodita. Aunque Herf lo señala como especificidad alemana, sin embargo el fascismo italiano e incluso el franquismo y su fundamentalismo católico ultramontano podrían ser caracterizados de la misma manera.

Albert Speer, que fue ministro de armamento y guerra de Hitler, trató de justificarse durante los Juicios Nuremberg y luego en sus memorias señalando que “los criminales sucesos de aquellos años no solo fueron el fruto de la personalidad de Hitler. El alcance de los crímenes tamnién se debió al hecho de que Hitler fue el primero capaz de emplear los instrumentos tecnológicos para multiplicar el crimen, a mayor tecnología mayor es el peligro” 28. La culpabilización de la tecnología lleva a otorgarle un alto nivel de autonomía respecto de las decisiones humanas, se trata de una suerte de fetichismo tecnológico que cumple un papel decisivo en la cultura moderna.

En el imaginario modernista de comienzos del siglo XX tecnología era casi equivalente a tecnología industrial, con sus máquinas cada vez más eficaces, con grandes organizaciones estatales o privadas, civiles o militares, intentando funcionar a la perfección imitando a las máquinas visualizadas como paradigma superior del progreso. El paraíso autoritario aparecía como una gran maquina humana obedeciendo mecánicamente a quienes la manejan. El fascismo clásico puede ser entonces presentado como expresión autoritaria de la modernidad industrial durante las primeras décadas de la decadencia, no es exagerado hablar entonces de fascismo industrial.

A diferencia de ello el neofascismo emerge mucho tiempo después, arrastrando viejas historias pero inserto en un universo capitalista completamente financierizado, donde las innovaciones tecnológicas de la industria, la agricultura o la minería forman parte de una dinámica general de negocios en la que prevalece la cultura financiera, sus ritmos, su reproducción parasitaria. Donde la urbanización degenera en caos, donde la fragmentación social y la transnacionalización han quebrado integraciones nacionales y articulaciones estatales. Con tasas de ganancias productivas tendencialmente a la baja y tasas de crecimiento económico anémicas en los capitalismos dominantes tradicionales y desacelerándose en China. La hegemonía parasitaria en el área central histórica del capitalismo global capturando de manera irregular a vastas zonas periféricas se corresponde con una etapa muy avanzada de la decadencia sistémica, su imagen financiera, es decir no productiva, mafiosa, volátil, aventurera define la identidad neofascista.

Tercera constatación: el neofascismo como ruptura del metabolismo humanidad-naturaleza

Anticipado por Marx (que recogía estudios avanzados de su época como los de Liebig), aunque sin ocupar un lugar central en su obra, el fenómeno de ruptura del equilibrio entre la reproducción social y la de la naturaleza termina por ser realidad en el siglo XXI. La devastación del medio ambiente, el agotamiento de recursos naturales, forman ahora parte de la dinámica del capitalismo. Las avalanchas de la agricultura transgénica, de la minería a cielo abierto, de la hipertrofia y polución urbanas son algunas, y decisivas, manifestaciones de un proceso cuya magnitud amenaza con restringir de manera significativa las condiciones de la existencia humana en el planeta. La superexplotación de recursos energéticos, por ejemplo, ha conducido a una rápida reducción de las reservas petroleras con reemplazos insuficientes a la vista lo que llevará a una dramática degradación de las actividades económicas y sociales en general.

Una de las características de las tendencias neofascistas es su rechazo a las llamadas “tonterías ecológicas” que desalentarían las inversiones perjudicando el desarrollo empresario. No se trata de un capricho autoritario sino de la expresión de la necesidad profunda del gran capitalismo de rentabilizar sus negocios en una era donde las bajas tasas de ganancias productivas los obligan no solo a practicar el canibalismo financiero sino también a reducir costos y tiempos saqueando recursos naturales.

Estados Unidos y su gobierno están a la vanguardia del proceso destructivo global 29, el abandono del Acuerdo de París sobre cambio climático en nombre del empleo y el desarrollo industrial aparecen como una medida demagógica nacionalista de Donald Trump que responde a las presiones de los grandes grupos económicos de los Estados Unidos cuyo único objetivo es aumentar sus ganancias destruyendo a su paso todos los obstáculos ecológicos que se les presenten.

El aspecto financiero del neofascismo converge con sus prácticas devastadoras de la naturaleza, de articulaciones sociales y de supervivencias culturales cuya interacción metabólica comienza a fracturarse a comienzos del siglo XXI.

Cuarta constatación: el carácter occidental-imperialista del neofascismo sobredetermina a sus manifestaciones ideológicas parciales.

Existió un discurso fascista, con sus variantes nacionales, regionales, religiosas o poniendo a la religión en un segundo plano, más allá de sus mezclas oportunistas, exhibiendo un conjunto de paradigmas, estilos y hasta escenografías que le otorgaban una cierta identidad universal: las camisas pardas en Alemania, las negras en Italia, azules en las falanges españolas o en los lancieris rumanos, la camisas blancas de la falange boliviana uniformaban a fuerzas militarizadas que ejercían la violencia contra la población civil.

Es muy difícil encontrar algo parecido en el neofascismo, su carácter universal viene dado por la intervención del imperio global estadounidense y no por escenografías o discursos comunes. Se trata de una ola reaccionaria de configuración variable, en Europa predomina el discurso racista contra los pueblos periféricos, xenofobia propagada en sociedades afectadas por el envejecimiento demográfico y la pérdida de dinamismo económico (tiene el aspecto de un neofascismo defensivo), en América Latina moviliza principalmente a clases altas y medias contra los pobres, donde se combina según los casos racismo y segregación social internos, en Estados Unidos uno de los baluartes de la victoria de Trump fueron las clases bajas blancas decadentes dominadas por el resentimiento social y la xenofobia, pero en Medio Oriente una fuerza de choque decisiva fue el ultraislamismo del Estado Islámico, Al Qaeda y otras organizaciones “antioccidentales” financiadas y entrenadas por Occidente nutriéndose de bases sociales políticamente a la deriva desencantadas de la modernización. El objetivo imperial no es regimentar sino controlar estratégicamente poblaciones caotizadas o apáticas, acorralar y si es posible destruir estados rivales o fuera de control. Sobredeterminación imperialista que por su dimensión planetaria, su presentación ideológicamente confusa y su impacto devastador no debería ser visto como como locura del polo dominante mundial sino como resultado decadente mucho más amplio de la reproducción ampliada negativa de la civilización burguesa que abandona completamente sus mitos progresistas para sumergirse en el nihilismo. Es un fenómeno que se expresa a través de indicadores productivos, tecnológicos, financieros, ambientales, demográficos, urbanos y otros que integran un proceso más vasto donde también aparecen la agonía de la racionalidad, el pesimismo social, el descrédito de la solidaridad.

Luces y sombras

El fascismo aparentaba ser una avalancha imparable, así lo creyó por ejemplo Stefan Zweig, escritor de gran popularidad internacional entre las dos guerras mundiales, austríaco representativo de la alta burguesía liberal nunca pudo reponerse del shock causado por la llegada de la barbarie nazi. Marchó al exilio y terminó suicidándose en Brasil en 1942, tres años antes del derrumbe nazi. Murió creyendo en la victoria universal del nazismo, el mundo que el añoraba, el del capitalismo liberal europeista, no volvería más, “no somos sino fantasmas o recuerdos” señaló acerca de su universo desaparecido que el reconocía plagado de injusticias pero también de posibilidades de superación. Así lo describió en su obra póstuma: “El Mundo de ayer” que curiosamente termina tal vez contradiciendo su pesimismo: “El sol brillaba con plenitud y fuerza. Mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo ese tiempo, aquella sombra ya no se apartó de mí; se cernía sobre mis pensamientos noche y día. Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz” 30. Pero también madre de la luz sería necesario agregar, de una luz diferente, nueva. La catástrofe nazi (su emergencia y derrumbe final) significó, engendró como reacción, el despliegue de fuerzas sociales regeneradoras de dimensiones nunca antes vistas. El fin de la Segunda Guerra Mundial abrió las puertas al socialismo en el centro-este europeo, a la revolución china, a las grandes descoloniazciones en la periferia, obligando a las burguesías de los países centrales a ceder en sus propios territorios ante las demandas de sus trabajadores, allí no regresó el viejo capitalismo liberal sino que se instaló la adaptación keynesiana. Eso era impensable por ejemplo hacia 1940 para quienes con criterio “realista” observaban las fuerzas en presencia, incapaces de percibir la dinámica profunda del mundo, el devenir posible que incluía entre sus alternativas el despertar de grandes masas humanas subestimadas buscando superar un sistema decadente.

El desafío neofascista es muy superior al que representó el fascismo, su capacidad letal es mucho más grande, sus víctimas potenciales ya no se cuentan en decenas de millones sino en el mejor de los casos en centenas de millones, su reproducción devastadora amenaza la vida en el planeta. El coloso imperial dispone de la mayor maquinaria de guerra que jamás ha conocido la humanidad, su desarrollo comunicacional le permite atacar en cualquier lugar del mundo. Sin embargo su naturaleza parasitaria, el alejamiento psicológico de su élite respecto de la realidad paralelo a su financierización, la corrupción que la atrapa, su inmediatismo desenfrenado, lo conducen hacia derrotas o empantanamientos sorprendentes como los que ha sufrido en Siria y Afganistán o en sus tentativa de domesticación de Rusia y China, como parte de su estrategia fracasada de control de Eurasia. O que el caso latinoamericano lo han llevado a instaurar regímenes autoritarios sumamente frágiles como en Brasil o Argentina.

El Imperio se degrada empujado por sus estrategias de recomposición, respuestas salvajes que al intentar imponer una reproducción devastadora que niega estratégicamente la supervivencia de la mayor parte de la humanidad crea las condiciones de su caída. Si no hace nada se sigue hundiendo, las tasas de ganancia corporativas caen, los tejidos productivos se debilitan, pero si hace lo que le dictan sus intereses concretos se hunde mucho más.

Cuando Hitler asumió como Canciller del Reich, Carl Schmitt, uno de los más destacados ideólogos del nazismo, declaró: “Hoy, 30 de enero de 1933, es posible afirmar que Hegel ha muerto31, es decir la Razón como fundamento de la civilización burguesa, la apuesta a una visión racional, científica, de la historia humana, de su desarrollo presente y futuro. Pero la reconfiguración ideológica nazi duro poco, Hegel empezaba a sufrir sus primeros achaques pero siguió con vida sobreviviendo a ese primer momento de descomposición civilizacional cuyo final fue simbolizado por el soldado soviético colocando la bandera roja en lo alto del Reichstagg el 2 de Mayo de 1945. No solo Hegel seguía vivo sino que también otro alemán: Carlos Marx, aparecía en la escena anunciando su victoria.

Nos encontramos ahora sumergidos en una decadencia mucho más profunda y extendida que la de los años 1920-1930 amenazando convertirse en un proceso de autodestrucción de alcance planetario, además según afirma una multitud de comunicadores y académicos la ilusión postcapitalista del siglo XX ha sido enterrada, Marx ha muerto. Pero ocurre que los amos del mundo y sus seguidores no son los únicos protagonistas de esta historia, la humanidad sufriente abrumadoramente mayoritaria también existe, tiene memoria y capacidad de rebeldía (y la ejerce), la cúpula del Capitolio en Washington es un buen lugar para que en el futuro, el fin de los devastadores culmine con la colocación de una bandera liberadora y con la sonrisa burlona de Marx anunciando que su defunción no era más que una posverdad propagada por el Imperio.

La imagen de la bandera sobre el Capitolio me genera algunos interrogantes… ¿cómo será esa bandera?, ¿será roja, será una wiphala, tal vez una todavía no creada?… ¿quién la portará?, ¿un estadounidense, un chino, un francés, un mexicano, un egipcio, un peruano? En el caso de Berlín-1945 la cosa estaba clara: tenía que ser inevitablemente un soviético levantado la bandera roja, pero ahora la multiplicidad de ofensivas imperiales y de resistencias, de desquicios económicos, sociales y ambientales periféricos pero también en el centro del mundo, el caos global de deslocalizaciones industriales y estafas financieras, me hacen pensar que el portador de la bandera puede ser cualquiera de ellos u otros y que la bandera será el resultado de la creación de una humanidad rebelde. En su última etapa declinante, la civilización burguesa ha devenido completamente universal, la densidad de las intercomunicaciones globales, la transnacionalización de la economía han ido desdibujando especificidades, creando nuevas formas de pluralismo de lo real, rehabilitando memorias olvidadas, en suma, haciendo posible la superación global del sistema.

Este texto tiene como disparador la ponencia “Conciencia socialista y crisis de la civilización burguesa” presentada en la Mesa Redonda 1979 –Las fuerzas subjetivas del socialismo– Međunarodna Tribina Socijalizma u Svetu, Cavtat- Jugoslavija, 1979.

Notas

1. Anouar Abdel Malek, “Political Islam”, Round Table 1978 “Socialism and the Developming Countries”, Socialism in The World, Cavtat 1978, Number 11, Yugoslavia.
2. Renzo De Felice, “Comprendre le fascisme”, Editions Seghers, Paris, 1975.
3. Citado por Pierre Ayçoberry en “La question nazie. Les interpetations du national-socialisme”, p.19. Éditions du Seuil, Paris, 1979.
4. Citado por Edmond Vermeil, “Doctrinaires de la revolution allemande”, p. 64. Fernand Sarlot éditeur, Paris, 1939.
5. Carta de Horkheimer a Leo Lowenthal, citada por Martin Jay, “The Dialectical Imagination. A History of the Frankfurt School and the Institute of Social Research 1923-1950”, p. 278, Heinemann London, 1973.
6. Hermann Rauschning, “La révolution du nihilisme”, Gallimard, Paris, 1980.
7. Daniel Jonah Goldhagen, “Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto”, Taurus Pensamiento, Madrid, 1998.
8. Pierre Ayçcoberry, op. Cit.
9. Zeev Sternhell, “La droite revolutionaire. Les origines françaises du fascisme, 1885-1914”. Editions du Seuil, Paris, 1978.
10. Karl Polanyi, “La gran transformación”, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2007.
11. Domenico Losurdo, “Guerra preventiva, americanismo e antiamericanismo”, en Giuseppe Prestipino (a cargo de), Guerra e pace, Istituto Italiano per gli Studi Filosofici- La Città del Sole, Napoli, 2004.
12. Domenico Losurdo, op. Cit.
13. En realidad la demolición no fue tan profunda como lo presentaban las apariencias, el viejo aparato golpeado y en parte eliminado pudo atravesar la tempestad de los años 1990, renovarse ideológicamente, desalojar a los neoliberales, recomponer el complejo industrial-militar y el sistema de inteligencia y dar a luz una nueva era nacionalista encabezada por Vladimir Putin.
14. Pierre Chaunu, “Histoire et décadence”, Perrin, Paris, 1981.
15. Citado en Fernández Urbiña J., “La crisis del siglo III y el fin del mundo antiguo”, Akal/Universitaria, Madrid, 1982.
16. Pierre Chaunu, op. Cit.
17. David Fieldhouse, “Economía e imperio. La expansión de Europa (1830-1914)”, Siglo XXI editores, México 1990.
18. “El siglo XIX produjo un fenómeno desconocido en los anales de la civlización occidental, una paz de cien años de 1815 a 1914. Aparte de la Guerra de Crimea, un evento más o menos colonial, Inglaterra, Francia, Prusia, Austria, Italia y Rusia solo guerrearon entre si 18 meses. Un cálculo de cifras comparables para los dos siglos precedentes nos da un promedio de 60 a 70 años de grandes guerras en cada uno”. Karl Polanyi, op. Cit.
19. Larry Summers, “IMF Fourteenth Annual Research Conference in Honor of Stanley Fischer”, Washington, DC – November 8, 2013.
20. Fuentes: FMI y Banco de Pagos Internacionales.
21. Según un reciente informe de OXFAM: “El 82 % de la riqueza generada (en 2017) fue acaparada por el 1% más rico de la población global mientras que 3,7 mil millones de personas que constituyen la mitad más pobre de la población del planeta no incrementaron su riqueza”, OXFAM, “Richest 1 percent bagged 82 percent of wealth created last year – poorest half of humanity got nothing”, January 2018, http://www.oxfam.org.
22. La “cultura occidental” debe ser entendida como forma imperialista que se fue forjando a través de un doble proceso de “normalización” interna (destrucción de las culturas populares, del colectivismo campesino, etc. y de los posteriores aplastamientos de las protestas e insurrecciones obreras) y del genocidio colonial. En ese sentido la emancipación europea (sobre todo del centro y del oeste) podría ser visualizada como des-occidentalización.
23. En 1938 nombró como Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general Wehrmacht aunque al estallar la guerra mundial la presión estadounidense lo obligó a cambiar de bando.
24. Curiosidades de los nuevos tiempos neofascistas, recientemente el primer ministro nada menos que de Israel, Benjamín Netanyahu, trató de reducir la culpabilidad genocida de Hitler lanzando la tesis de que el Holocausto no figuraba entre la intenciones del Furer sino que el exterminio de judios habría sido aconsejado por el Mufti y que el influenciable Hitler habría seguido al pie de la letra esos consejos. De ese modo la derecha sionista llega hasta las últimas consecuencias de su brutalidad ideológica buscando mejorar la imagen hitleriana. “Netanyahu dice que fue el muftí de Jerusalén quien sugirió a Hitler el Holocausto. Aluvión de críticas al primer ministro por sus polémicas declaraciones sobre el exterminio nazi, muchas desde el interior de Israel”, ABC Internacional, 31/05/2016.
25. “La formación letona de la Waffen-SS fue creada en 1943 y estuvo integrada por 150.000 hombres que se enrolaron en las filas fascistas de manera voluntaria. Entre algunas de las atrocidades que cometieron destaca la extinción casi total de la población judía del país”. RT, “Marcha de veteranos de las Waffen SS en Riga”, 16 de marzo de 2014.
26. “En el congreso del Frente Nacional en Lille este domingo (11 de marzo de 2018) Marine Le Pen, elegida por tercera vez presidenta del partido xenófobo y antiinmigrantes propuso cambiar de nombre al partido. Quiere rebautizarlo como “Rassemblement National”. La llama del logo, que es un calco del logo del neofascismo italiano del Movimiento Social Italiano (MSI), será conservada. Entre los invitados estaba Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump, que dijo a los militantes que “la historia está de nuestro lado y nos va a llevar a la victoria”. El “rebranding¨ es una necesidad después de que el FN perdió su liderazgo en la encuestas”. María Laura Abignolo, “El xenófobo Frente Nacional francés cambia de nombre y destituye a su fundador”, 11/03/2018, Clarín, Buenos Aires.
27. Jeffrey Herf, “El modernismo reaccionario. Tecnología, política y cultura en Weimar y el Tercer Reich”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1993.
28. Albert Speer, “Inside the Third Reich”, Macmillan, New York, 1970.
29. Michael Greshko, , Laura Parker, and Brian Clark Howard, “A Running List of How Trump Is Changing the Environment, National Geographic, March 23, 2018, https://news.nationalgeographic.com/2017/03/how-trump-is-changing-scienc&#8230
30. Stefan Zweig, “El mundo de ayer. Acantilado, Barcelona 2002.
31. Pierre Ayçoberry, op.cit.

Por gentileza de ALAI