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El día después de la pandemia | Futuro, incertidumbre y vulnerabilidad

Isaac Enríquez Pérez
Investigador y escritor, autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos
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¿Cómo será el mundo post-pandémico? ¿En qué condiciones se ingresará a la publicitada “nueva normalidad”? ¿De qué manera impactará la pandemia al conjunto de la vida social, sea a corto, mediano o largo plazo? ¿La vacuna —entronizada corporativa y oficialmente como la única solución— será el elixir ante la crisis epidemiológica global? Son algunas de las preguntas que cabe ventilar a la luz de la construcción de escenarios futuros en condiciones de creciente incertidumbre.

En principio, si la pandemia del Covid-19 es parte o se entrelaza con una crisis sistémica y ecosocietal (https://bit.ly/3l9rJfX) de amplias magnitudes que —en tanto hecho social total (https://bit.ly/3kAjxVA)— cimbra las estructuras, instituciones, hábitos y prácticas de la sociedad contemporánea, la realidad que emerja de ella no será igual al día anterior en que se identificó el primer caso de ese padecimiento en el mundo (17 de noviembre de 2019), ni mucho menos lo será a los días de marzo previos a la imposición del confinamiento global.

Las significaciones de la gran reclusión remiten a que ésta se configuró como un macrofenómeno de alcances globales que no dejó indiferente a ningún habitante del planeta tierra y que éste se conformó —una vez más— como una totalidad sistémica, comprimida, articulada y a la vez diferenciada, en la cual la vida de los habitantes —cualquiera sea su condición socioeconómica o cultural— se encuentra sincronizada. La pandemia nos hizo recordar la cercanía y entreveramiento de los problemas públicos suscitados a miles de kilómetros de distancia, y que éstos tienden a irradiarse conforme se intensifican los procesos de globalización y conforme las relaciones sociales incrementan su densidad transterritorial. Por supuesto, el otro pilar de las significaciones de la pandemia lo representa el hecho constatable de que no a todos afectan por igual las múltiples crisis que se entreveran con la masificación del Covid-19, y que son los ciudadanos de a píe los principales náufragos (https://bit.ly/3ekj5qP) del maremágnum pandémico. Más aún, con la pandemia la estratificación social se exacerbó y muestra su rostro más calamitoso; al tiempo que ésta crisis epidemiológica global arrojó en la cara de la humanidad entera el látigo implacable de las desigualdades extremas.

A las clases sociales de antaño, se sumaron dos nuevas escalas de la estratificación social: la clase trabajadora que tiene las posibilidades de laborar desde casa (home office) y que se insertan en los oficios fundamentados en el conocimiento, la información, los símbolos y las decisiones; y el resto de la clase trabajadora (migrantes indocumentados, empleados dedicados al hacer y mover cosas, empleadas domésticas, comerciantes y empleados en situación de informalidad, repartidores de mercancías y alimentos, etc.) que no tiene la posibilidad real y material de resguardarse del Coronavirus SARS-CoV-2. La grieta y la brecha de la desigualdad no solo se ampliaron con la pandemia, sino que ésta potenciará la exclusión social, la vulnerabilidad y los riesgos. Esos fenómenos ya están aquí desde hace meses y no necesitamos llegar al fin de la crisis sanitaria para que se manifiesten a flor de piel.

El hiperdesempleo acelerado con la pandemia y el confinamiento global —hacia finales de septiembre se registraron 150 millones de puestos de trabajo perdidos en América Latina (https://bit.ly/2Ji8F1t)— no solo ampliará la brecha de la desigualdad, sino que modificará radicalmente el paisaje de las sociedades al ampliarse el foso entre quienes tienen derecho a ser explotados en el campo laboral y quienes son excluidos del mismo. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevé la pérdida de 590 millones de empleos en todo el mundo durante el segundo semestre del 2020; lo que se adiciona a los 495 millones de puestos de trabajo a tiempo completo perdidos a lo largo del primer semestre. Por tanto, alrededor de 1085 millones de desempleados se acumularán a lo largo del presente año (https://bit.ly/3fMKhAW). De esa proporción será la magnitud de seres humanos que caerán en el desfiladero de la pobreza: a razón de cuatro miembros por familia dependiente de quien pierde su empleo a tiempo completo, más de 4 340 millones de no lograrán satisfacer sus necesidades elementales.

A raíz de ello, el primer escenario futuro que se plantea para el día después de la pandemia es el de una sociedad depauperada ante la erosión y pérdida del ingreso familiar, así como un avasallamiento sistemático de las clases medias. Lo cual abriría paso a una mayor globalización de la pobreza y a la emergencia de fenómenos como las hambrunas, con efectos letales en el mundo subdesarrollado.

El día después de la pandemia no llegará con la vacuna, pues como hecho social total no se limita a lo estrictamente sanitario. Sus implicaciones profundas son no solo epidemiológicas, sino también geopolíticas, geoeconómicas, laborales, ambientales, educativas, mediáticas, entre otras, que se inscriben en el escenario dado por las cruentas disputas entre las facciones de las élites plutocráticas que se condensaron en la elección presidencial de los Estados Unidos y en el declive de la hegemonía norteamericana (https://bit.ly/36GXQO3). La exposición de las sociedades humanas a las epidemias no cesará con la ansiada vacuna, sino que éstas  —conforme se intensifique la contradicción proceso económico/naturaleza—, tenderán a ser recurrentes, frecuentes y más agresivas con el organismo humano. Mientras no cambie radicalmente el patrón de producción y consumo, la exposición de las sociedades humanas respecto a virus zoónicos seguirá latente y el látigo de las epidemias no perderá fuerza.

Más aún, el Coronavirus SARS-CoV-2 llegó para quedarse, estará expuesto a mutaciones constantes y no desaparecerá ni con la vacuna ni con el decreto del fin de la contingencia sanitaria. La vacuna es parte de las decisiones unilaterales que se tomaron para enfrentan esta nueva epidemia, y con ella y su especulación financiera los corporativos globales del big pharma ya logran ganancias. Los subsidios de los Estados juegan un papel crucial en los nuevos procesos de acumulación de capital abiertos con la vacuna; y para ello es fundamental la existencia de amplios contingentes de población enferma y no sana ni muerta. No menos importantes serán los riesgos al aplicarse entre la población estas vacunas transgénicas.

La cortedad de miras no solo prevalecerá con esta apuesta por la vacuna, sino también con la misma obstinación de no afianzar estrategias sanitarias de prevención y políticas públicas que atiendan las causas profundas de las recurrentes epidemias, y que se relacionan con el estilo de vida y con el patrón de acumulación de las sociedades contemporáneas. Estas limitaciones pueden exacerbar la misma crisis de legitimidad de los Estados (https://bit.ly/3aPdgBL), que ante la pandemia se muestran inoperantes y postrados (https://bit.ly/2Z3YYre), así como indispuestos para incentivar la cooperación internacional (https://bit.ly/3lu3o47). De ahí que el colapso civilizatorio (https: //bit.ly/3mY2sXo)  acelerado con el manejo de la pandemia, no cesará tras el fin de la crisis epidemiológica global, sino que será exacerbado y llevado a su más acabada expresión conforme la sociedad capitalista no revierta las promesas incumplidas del liberalismo y conforme el Estado asediado por el fundamentalismo de mercado no sea capaz de resolver los problemas más inmediatos de los ciudadanos de a píe.

La sociedad post-pandémica será una preñada por la mayor incidencia de la incertidumbre en la vida de las sociedades humanas. Ni los individuos, ni los Estados tendrán control pleno sobre los aspectos más inmediatos que les atañen, ni sobre su cotidianidad, decisiones y acciones. De ahí que el ámbito de la toma de decisiones también se modificará sustancialmente (https://bit.ly/3j7iwmV) y estará más expuesto a la volatilidad y a la imprevisibilidad; especialmente en aquellas sociedades laceradas por el subdesarrollo, la dependencia y la exclusión social. Con la emergencia del Estado sanitizante inoculado de la ideología del higienismo, adquiere relevancia el tema de los cuidados y de la salud, pero al cambiar el conjunto de la vida social y la naturaleza de los problemas públicos, cambiará también la forma de tomar las decisiones. Ello comienza a perfilarse con un Estado más intrusivo en la vida de los ciudadanos a través del despliegue de dispositivos incisivos de control del cuerpo, la mente, la conciencia y la intimidad de esos ciudadanos invadidos por el miedo o por la indiferencia. Este Estado hobbesiano pretenderá restablecer su legitimidad erosionada desde hace cinco décadas, y los efectos de esa nueva ideología del higienismo se sentirán a lo largo de varios años más, alterándose con ello las formas hacer, pensar, imaginar, fabular y soñar.

El día después de la pandemia evidenciará si la gran reclusión fue útil para que las sociedades emprendiesen cambios provechosos en sus formas de organización social, o si solo fue un paréntesis que dejará intacto el statu quo y sus principales contradicciones. La misma vida de los ciudadanos de a píe o se modifica a raíz de la serie de rupturas históricas condensadas a lo largo del 2020, o será de nueva cuenta una vida anquilosada en la indiferencia, el individualismo hedonista y en el social-conformismo. Ello estará en función de la relevancia que para cada sociedad asuma la espiritualidad (https://bit.ly/36r1nkI), la cultura política y el ejercicio del pensamiento utópico. Sin esas mínimas herramientas, la peor de las condenas será que todo siga igual en cuanto a las condiciones de vida y bienestar, que los mismos ciudadanos perpetúen su excesos con el patrón de producción y consumo imperante, y que los dispositivos sistemáticos de avasallamiento de la clase trabajadora se impongan sin reparo y sin resistencia creativa. Solo la imaginación creadora y la capacidad para proyectar el futuro contribuirán a remontar la lápida que se cierne con la pandemia y con sus múltiples implicaciones estructurales, sistémicas, coyunturales, cotidianas y familiares.

En suma, el día después de la pandemia no será el mismo al que se vivió a lo largo del año 2019 —o antes—, ni se recuperará la normalidad de esa época; mucho menos se instaurará sin contradicciones y aspavientos una “nueva normalidad” como regularmente se perfila desde los mass media. El mundo post-pandémico será el mundo del vértigo de la incertidumbre y del entrelazamiento de recurrentes crisis en múltiples esferas de la vida social. Escapar de ello impone la urgencia de pensar en tiempo real (https://bit.ly/3of8X82), de desentrañar el carácter inédito de esta pandemia (https://bit.ly/2VvSGiF) y de desplegar nuevas formas de organizar a la sociedad para modificar las estructuras de poder, dominación y riqueza que hasta la fecha se despliegan y encubren los intereses creados.

Por gentileza de Alainet

La normal anormalidad

Josep Cònsola [1]
Universitat Comunista dels Països Catalans | España

El hombre que siente miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.

Johann Wolfgang Goethe

Normopatía: enfermedad de proporciones pandémicas

El miedo al desempleo y a la miseria, un miedo intensificado en la fase neoliberal del capitalismo, tendría un efecto normalizador en el trabajador al que hundiría en el conformismo. Su normopatía conformista sería una “estrategia defensiva” contra la ansiedad, contra la incertidumbre, contra el riesgo, contra el miedo ante “la suerte de los que no adhieren al engaño”, pero también contra el temor a reconocer “la propia cobardía” y contra el “sentimiento de culpabilidad” por no hacer nada en semejantes circunstancias [2].

Estamos ante una terrible enfermedad de proporciones pandémicas. La percepción es unánime. Especialistas de Reo Virtual, tras reunirse para celebrar las primeras Jornadas sobre Trastornos de la Existencia y Pensamiento Único, afirman de manera rotunda que: «La normalidad se ha convertido en una seria amenaza para la salud e, incluso, la vida de las personas y coinciden en la necesidad de tomar medidas urgentes”. La doctora Virginia Strangelove lleva varios años dedicando todos sus esfuerzos a la investigación y llega a la conclusión que: “Tenemos como resultado de este proceso a un individuo ‘normal’. Un adulto-consumidor domesticado. Un vegetal sin profundidad que simplemente se dedica a ver lo que le rodea sin intentar comprender nada. Un mero espectador pasivo de ‘lo que pasa’, y que forma parte de un gran rebaño tele dirigido” [3].

El psicólogo mexicano Enrique Guinsberg define al normópata como “aquel que acepta pasivamente por principio todo lo que su cultura le señala como bueno, justo y correcto, no animándose a cuestionar nada y muchas veces ni siquiera a pensar algo diferente, pero, eso sí, a juzgar críticamente a quienes lo hacen e incluso a condenarlos o a aceptar que los condenen” [4].

Aunque pueda parecer extraño, la normopatía se ha convertido en un soporte más de una supuesta objetividad. Hasta tal punto de que, no hay opción al diálogo porque imperan las normas, que en realidad convierten o, más bien disfrazan de autoridad a algunas personas [5]. Las estadísticas, los sondeos, los mensajes que marcan el criterio de normalidad se han vuelto omnipresentes, forzando a quien se sale de la norma, a los indecisos, a alienarse con la mayoría. Si una persona no cumple las normas, es expulsada. Si no hace uso de lo que llaman «lenguaje inclusivo», silenciada. Si no piensa como la norma indica, negada su existencia. Si no condena los actos declarados por el Poder como alegales, resulta criminalizado.

Este modelo de conducta se presenta hoy supuestamente avalado por algunas ciencias y, por lo tanto, como irrefutable. No hay duda de que la normopatía se ha convertido en una amenaza seria para la salud. Este grave trastorno inducido por el conductismo de masas que se difunde a través de los medios de comunicación, la propaganda comercial-política, la cultura, etc., se ha expandido hasta convertirse en una nueva forma de totalitarismo moderno” [6].

El rapto del lenguaje

Antonio Álvarez Solís solía hablar del “rapto del lenguaje” al referirse a las modificaciones lingüísticas empleadas por la clase dominante, mediante las cuales se utilizaban conceptos, palabras, que habiendo sido patrimonio del proletariado, eran aprehendidas por el capital y utilizadas en su propio beneficio con el consiguiente desconcierto para aquellas personas que solamente vislumbraban la superficialidad de las cosas.

“De todos los usos del lenguaje es, quizás, el uso emotivo el más importante. Lo que buscan las palabras es, generalmente, mover a la acción, más que comunicar pensamientos. Para lograr ese objetivo, el lenguaje se utiliza como una herramienta de persuasión, en la cual, las fórmulas mágicas, los usos retóricos, la propaganda y hasta la mentira están a la orden del día” [7].

En la actualidad, hay un nuevo ataque al lenguaje por parte de los poderes económicos y políticos neoliberales, que ha sido minuciosamente preparado y puesto en práctica a través de los medios de comunicación controlados por ellos, mediante un cúmulo de nuevos mercenarios (periodistas y tertulianos) de un ejército sin armas de fuego, o “ejército de la palabra” que combate la opinión disidente. El objetivo es subvertir el significado real de las palabras para poder modificar la realidad a su antojo y ganar la complacencia de los ciudadanos, que perciben como positivas políticas muy perjudiciales para la igualdad y el bien común [8].

Una de estas perversiones es el llamado “bien común” que ha sido, y es utilizado en la situación de excepcionalidad mundial que estamos viviendo. Cualquier medida tomada, cualquier mentira expresada, cualquier penalización impuesta, cualquier coacción,… está tomada, dicen, en pro del bien común.

Mientras el neoliberalismo exacerba el culto al individualismo y a las cacareadas libertades individuales, en contraposición a las propuestas socializantes de primar el colectivo, respetando lo individual, se da la paradoja, durante esta pandemia organizada, que los conceptos se han trastocado.

Ahora resulta que la gran preocupación de las corporaciones es el bienestar colectivo y para ello deben limitarse las libertades individuales. Ante esta metamorfosis conceptual, la supuesta izquierda, ya sea progresista, comunista o colectivista, se ha visto desarmada mientras que los defensores del reaccionarismo se enfrentan a las medidas de control social colectivo en base a la ortodoxia fundamentalista neoliberal.

¡Aguda contradicción! ¿De verdad el capital se preocupa por lo colectivo? Depende, pues precisa de lo colectivo para mantener en funcionamiento su maquinaria consumista-productiva y justificativa de su interés en el “Bien Común”. Lo blanco es negro, lo negro es blanco, como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo de magia en el cual el ilusionista saca un conejo de su sombrero.

¿Dónde está la trampa? En este caso no se trata de las habilidades artesanas de un ilusionista. Son cientos, miles de cerebros pensantes acurrucados y pendientes de sus pingües ingresos que abarrotan las distintas disciplinas académicas de las más prestigiosas universidades. Las ciencias sociales, la psiquiatría oficial, la sociología, la psicología de masas han jugado y juegan un papel fundamental en la educación de las percepciones sensoriales de los miembros de la sociedad, que como afirma Franco Basaglia “son funcionarios del consenso”, o Ronald David Laing que los define como “Policías de la mente”. Así un enjambre de técnicos ha tomado el relevo del antiguo verdugo que era el anatomista del sufrimiento.

El Bien Común solamente es posible cuando las decisiones que atañen a la sociedad, -el común-, son puestas a consideración del mismo y en función de la libertad individual de emitir juicio, se produce un debate democrático, tras el cual, el común puede tomar decisiones. Si se coarta el debate democrático y en consecuencia, las opiniones que NO resultan convenientes al poder establecido; cualquier decisión que se tome: orden, mandato, coacción, amenaza, penalización,… atendiendo a un supuesto bien común, resultan falsas, pues la decisión ha estado tomada al margen de aquellos a los que le impone. Si tomamos el caso de la pandemia y sus consecuencias, las decisiones han sido tomadas por una élite privada corporativa multinacional que tiene la desfachatez de hablar en nombre de común, sin estar autorizados para ello, tan solo amparados por el poder otorgado por el mismo poder.

Así comprobamos que cientos de miles de honestos profesionales de la salud y científicos que no viven de las prebendas de la industria farmacéutica, cuestionan las medidas tomadas y son vilipendiados de “negacionistas”. Pero lo que niegan es una “verdad orquestada artificiosamente”, afirmando una realidad distinta, pues niegan el discurso del poder y emiten sus opiniones en aras de un bien común radicalmente distinto conceptualmente del que aparece en el lenguaje discursivo del mundo corporativo.

Un ejemplo claro del rapto del lenguaje lo tenemos en el hecho de:

Tras declarar el cuarto estado de alarma en la historia de España, Pedro Sánchez dirigió una petición lingüística a los medios de comunicación: “Creo que podemos ir acuñando todos una expresión más contemporánea, que nada tiene que ver con lo que representa el ‘toque de queda’ para generaciones con más experiencia y más vida a sus espaldas”. El presidente del Gobierno propuso un sustituto de esas tres palabras con sabor militar, ‘toque de queda’, en un “ejercicio de pedagogía” para la ciudadanía.

“Esto es una ‘restricción de movilidad nocturna’ —dijo Sánchez—, nada tiene que ver con el ‘toque de queda’, que tiene otra serie de componentes y significados en la mente de todos”. Pero el Diccionario de la Real Academia Española no atiende a las connotaciones que el presidente quiere sortear con un nuevo término. Según la definición del DRAE, un toque de queda es una “medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad durante determinadas horas, generalmente nocturnas” [9].

Y con la tranquilidad de no obtener una respuesta contundente por parte de las formaciones políticas ni de la inmensa mayoría de la sociedad, bien podríamos denominar el estado de alarma como un moderno “Gewollte Ausnahmezustand” (estado de excepción querido o deseado), expresión utilizada por los juristas del nazismo para justificar el decreto de 28 de Febrero de 1933 Verordnung des Reichspräsidenten zum Schutz von Volk und Staat (Decreto del Presidente del Reich para la protección del Pueblo y del Estado) que suspendía los artículos de la Constitución de Weimar sobre las libertades personales.

Erich Fromm, hace años, hablaba de “conformidad automática” y ponía el ejemplo de los guardianes de campos de concentración que, cuando estaban a punto de llegar los aliados, decían no temer nada porque, al fin y al cabo, ellos lo único que habían hecho era obedecer órdenes [10]. Esto es lo que dirán como justificación, los abanderados de los confinamientos, de las inoculaciones masivas, de las catalogaciones infecciosas… si algún día de mañana se descubre todo el entramado mundial de los estados de excepción.

Mientras las críticas sobre la forma, que no sobre el contenido, sin que tengan un efecto subversivo en el seno de los movimientos políticos de los trabajadores, el Estado puede permitir la presencia de la crítica, como concreción de su “liberalidad” democrática. Por el contrario, en la medida en que la libertad de información y las críticas adquieren una fuerte dimensión política contestataria sobre los contenidos, el Estado, tiende a la utilización sistemática de la censura, la vigilancia y el encarcelamiento de la disidencia [11].

Objetividad perdida, subjetividad olvidada

Una de las razones por las que no podemos acabar con el capitalismo es precisamente su movimiento continuo que lo retroalimenta y que no deja ningún intervalo, ningún espacio para la resistencia, ninguna pausa para que se le detenga, se le cuestione, se le conteste o se le hagan objeciones. Por esto y por más, el discurso capitalista, como dice Lacan, es “locamente astuto” (follement astucieux) y “no puede funcionar mejor” (ça ne peut pas marcher mieux).

Si la dominación capitalista se realiza con tanta eficacia, es porque ha conseguido operar no solo sobre los sujetos y a pesar de ellos, sino con ellos y a través de ellos. La operación, es de “mimetismo” y no de simple “adaptación”. No hay tiempo de comprender ni siquiera las innumerables noticias inconexas con las que se nos ametralla incesantemente. ¿Cómo habríamos de comprender algo de nuestras vidas? Y no habiendo tiempo de comprender, tampoco llega el momento de concluir [12].

Normalidad

Es mucho el mal que la gente normal hace discretamente, imperceptiblemente, al actuar con su normalidad acostumbrada. Y a veces, al dejar de comportarse normalmente, la misma gente normal se delata y nos muestra lo peligrosa que es. Nosotros, los normales, tenemos la disposición y la capacidad para matar, herir, torturar, enjaular, dominar, explotar, ensuciar, contaminar, devastar. No hay nada perjudicial que no sepamos hacer y que no hagamos día con día.

Hannah Arendt al escribir sobre Adolf Eichmann, (uno de los responsables directos en aplicar “la solución final”) dice que “era normal”. Su forma de hablar era como la de un oficinista común y corriente. Su normalidad se expresaba en sus palabras lo mismo que en su aspecto, sus gestos y todo lo demás. Todo era normal en él. Y, por si quedara alguna duda, “seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre normal”. Era normal porque “no constituía una excepción en el régimen nazi”.

Es principalmente el capitalismo, por lo tanto, el que produce nuestra normalidad y su patología. ¿Cómo la produce? Imponiendo sus normas enloquecedoras. ¿Y cómo las impone? Mediante, el conformismo, la sumisión y la obediencia. Los impone y los aplica eficazmente a través de sus dispositivos laborales, organizacionales, tecnológicos, mediáticos, publicitarios, y con sus aparatos represivos, jurídico-coactivos, disciplinarios e ideológicos [13].

Debemos explicar y no sólo describir, pensar dialécticamente y no sólo constatar empíricamente. Hay que ver lo que puede ser además de lo que aparenta ser, lo que falta o sobra en lo que se presenta. Y ante todo, organizar la resistencia ante la Nueva Normalidad, que puede ser mucho peor que la anterior, pues lo que se vislumbra es el intento de apropiación de la esencia de nuestra vida.

Epilogo

Wagner:

¡Perdone!, le he escuchado declamar; ¿no leía usted una tragedia griega? Me gustaría iniciarme en ese arte, pues resulta provechoso hoy en día. He oído muchas veces que un actor puede aleccionar a un predicador.

Fausto:

Siempre y cuando el predicador sea un actor, lo cual puede muy bien pasar en los tiempos que corren.

Johann Wolfgang von Goethe, Fausto. La tragedia. Primera parte. De noche.

Referencias

1. Josep Cònsola, obrero metalúrgico y miembro de la Universitat Comunista dels Països Catalans, asistió en 2018 a las Jornadas Desobedientes donde habló sobre su experiencia política y social y de la naturaleza y causas de la crisis capitalista en una charla titulada “De quina crisi ens parlen?” y en la que Cònsola ofreció una breve iniciación al porqué de la crisis, y a cuál es el papel de los luchas sociales y de clases, y su relación con las crisis.

La UCPC fue fundada en 2007  por militantes del movimiento comunista internacional, con una tarea concreta en el marco geopolítico de los Países Catalanes desarrollando un tipo de trabajo político que recibe el nombre de Formación Teórica para las militantes.

2. David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.

3. http://psicologoslr.blogspot.com/2013/10/una-enfermedad-que-se-extiende.html

4. https://www.lahaine.org/est_espanol.php/normopatas

5. https://disidentia.com/normas-alma-de-la-correccion-politica/

6. https://coterraneus.wordpress.com/2016/07/07/la-normopatia/

7. La manipulación del lenguaje en el discurso jurídico, político y social. Critical Journal of Social and Juridical Sciences Euro-Mediterranean University Institute. Italia. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18153297012

8. Susan George; Roger García Lenberg. Julio 2011. La perversión del leguaje político, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3676005

9. https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-10-28/sanchez-toque-de-queda-lenguaje-rae-eufemismo_2808112/

10. Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI. 1974

11. Héctor Ceballos Garibay. Crítica a la democracia http://www.revistas.unam.mx

12. David Pavón Cuéllar. Versión en español de la ponencia presentada en inglés el martes 20 de agosto de 2019 en el Simposio The usefulness or uselessness of Psychoanalysis in an Era of Acceleration. Congreso bianual de la International Society of Theoretical Psychology, en la Escuela Danesa de Educación de la Universidad de Aarhus, en Copenhague, Dinamarca. https://sujeto.hypotheses.org/category/capitalismo/capitalismo-neoliberal

13. David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.

Por gentileza de mpr21

Psicología de las masas y pandemia en tiempos de cibercultura | El sujeto de los algoritmos

Leticia Glocer Fiorini
Médica y psicoanalista [1]
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Ya avanzando en el siglo XXI y en plena pandemia, cuando se hacen realidad muchas premoniciones de la ciencia ficción, se reactivan ciertas preguntas frente a una amenaza invisible: el Covid 19. Un significante/virus que puede ser inofensivo o letal.

La pandemia nos propone una nominación nueva aunque ya de uso común ­—Covid 19—, que relanza las grandes preguntas sobre la vida y la muerte, sobre cómo se vive y cómo se muere, y las diferencias que esto supone para cada persona en singular así como para distintos grupos etáreos, de clase, etnias en el marco de culturas y subculturas diversas. Un presente y un futuro distópicos se hacen presentes. Por supuesto que la humanidad vivió y padeció otras pestes y diferentes tipos de traumas más o menos extendidos (desastres naturales, genocidios, guerras, entre otros), pero la pandemia actual se produce en el interior de una cultura globalizada e hipertecnológica, en la que también cambia el concepto de sujeto en juego.

Asimismo, se hace evidente que se marcan muy fuertemente políticas de vida y de muerte, aun con sus grises. Eros y Tánatos evidencian el conflicto: hay ideales de vida pero también ideales tanáticos.

Indudablemente hay manifestaciones de lo singular de cada uno/a, como lo vemos en las consultas: desde desmentidas, omnipotencia, reacciones defensivas, reclusión narcisista hasta reacciones hipocondríacas, irritabilidad y angustia extremas, depresiones, entre otras. Es decir, la pandemia atraviesa a cada persona de manera diversa, de acuerdo a su historia personal y actual, a sus conflictos, a su fortaleza yoica en términos de la segunda tópica freudiana. Entran en juego el narcisismo de vida y de muerte (Green, 2002 ) y sus predominios así como el armado identificatorio simbólico.

En este marco, hay un aspecto que me gustaría enfocar y es cómo se constituye la psicología de las masas en este contexto: siglo XXI, cibercultura, pandemia y con qué concepto de sujeto estamos trabajando (Glocer Fiorini, 2015).

Tampoco se puede obviar que estamos en presencia de una trama de relaciones en las que es indudable la fuerte presencia del neoliberalismo y sus efectos. Hay una conocida oposición en juego: salud-economía y juegos de poder en intervención activa.

Pensando la psicología de las masas

Elías Canetti (1960) en Masa y Poder desarrolla en el siglo pasado el concepto de masa y sus características. El miedo al contacto es postulado como un elemento fundamental. La inversión del temor a ser tocado (en este caso, el Covid 19) se revierte en la constitución de la masa como un solo cuerpo. En otras palabras, el pánico puede conformar una masa transitoria. La masa se libera de ese temor, de las cargas de distancia. En este contexto, sentenciar y enjuiciar y, especialmente, el placer de enjuiciar, priman. Se generan ideas bipolares: los “buenos y los malos”.

Tucídides mencionado por Canetti hizo una descripción de la peste como un poder desconocido que puede generar distancia y aislamiento, o bien fenómenos de agrupamiento de masas. La masa se va contagiando y el objetivo es “apostar al que se salva”. Dice Canetti: está en juego una pregunta suprema, se trata de la pregunta sobre el porvenir.

Estas variables en acción demandan pensar cómo impactan en las subjetividades individuales y en el colectivo social. Para ello recordemos las palabras de Freud (1921) en el comienzo de su artículo “Psicología de las masas y análisis del yo (p. 67) “ … la oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizás nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. Es verdad que la psicología individual se ciñe al ser humano singular y estudia los caminos por los cuales busca alcanzar la satisfacción de sus mociones pulsionales. Pero, sólo rara vez, bajo determinadas condiciones de excepción puede prescindir de los vínculos de este individuo con otros. En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo”.

Freud se aproxima a la psicología de las masas enfocando como propuesta la construcción de un ideal del yo compartido por los miembros de la masa. El líder encarna ese ideal del yo. Señala que una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo (p. 109). Se desarrolla una instancia que se separa del resto del yo, el ideal del yo, que puede entrar en conflicto con él (p. 103). Subraya que es una herencia del narcisismo originario en el que el yo infantil se contentaba a sí mismo.

En este marco, puntualiza que diferencia la psicología de las masas del vínculo hipnótico ya que éste es una formación de masa de dos; a la vez, la ausencia de una aspiración directamente sexual en las masas las separa del enamoramiento. El individuo resigna su ideal del yo y lo permuta por el ideal de la masa corporizado en el conductor. El yo se vincula ahora como un objeto con el ideal del yo desarrollado a partir de él. El ser humano toda vez que no pueda contentarse consigo en su yo puede hallar su satisfacción en el ideal del yo, diferenciado a partir de aquél.

Prosigue afirmando que hay fenómenos sugestivos en las masas que reconducen a la horda primordial. El padre primordial es el ideal de la masa, que gobierna al yo, en reemplazo del ideal del yo. En cuanto a la sugestión la basa no en la percepción ni en el trabajo de pensamiento sino en una ligazón erótica.

A la vez, Freud introduce la actitud pasivo-masoquista para comprender la conformación de la masa. Y se puede considerar que este es un factor crucial para comprender también el poder de penetración de las redes sociales y su posibilidad de moldear la subjetividad.

Pensando el sujeto y las masas en época de pandemia y cibercultura

En la perspectiva planteada se puede considerar que hay por lo menos un triple papel de las redes y la informática. 1. Las redes como un fenómeno de masa diferente. 2. El concepto de sujeto que producen. 3. Su gran influencia en las sesiones psicoanalíticas, ahora virtuales casi en su totalidad, tema que no tomaré en este texto.

Avanzando en el tema, es necesario abordar qué características tendría la constitución de la masa y del ideal del yo en el marco de la pandemia y la cibercultura. Más aún, cómo se constituye el líder como amo todopoderoso en estas condiciones. Se trata de factores íntimamente relacionados.

Pero, primero recordemos que la pulsión de autoconservación está en jaque para los que desmienten el riesgo de la pandemia en sí o para aquellos en los que su pulsión de autoconservación está amenazada por una cuestión de subsistencia. En términos generales la amenaza, invisible y sin final a la vista, parece imposible de elaborar para la mayoría, ya sea por desmentida o por sumisión hipocondríaca. Frente a esta amenaza hay grupos que constituyen masa, muchos de ellos por vía virtual.

Hay que tener en cuenta que históricamente los líderes clásicos siempre fueron visibles, palpables, se escuchaban sus palabras, verdaderas o falsas, que respondían a la vez a otros poderes y otros intereses, según las épocas.

En cambio, en esta sociedad posindustrial, financiera y globalizada, ya el líder es invisible; el líder son las redes sociales y el Big Data que también están manejados por otros poderes, anónimos, que representan el verdadero poder. Los mensajes modelan las mentes pero también “el medio es el mensaje” (Marshal Mc Luhan, 1964). Se trata no solo de los contenidos sino del medio en sí que décadas atrás podía ser la televisión y actualmente las redes sociales. En este contexto, enfatizamos que los algoritmos trabajan sin cesar y también crean/producen grupos con características de masas que están constituidos no por voluntad o deseo propios sino porque  responden a lo que sus propios miembros han mostrado de sí mismos. Y, a través de estos algoritmos son comandados.

Indudablemente, siempre hay singularidades y grupos excéntricos a este poder, en mayor o menor grado. Pero también es cierto que nos encontramos en el encuentro analítico con esos moldeamientos  de la producción subjetiva. Por eso es necesario repensar con qué noción de sujeto estamos trabajando.

Este es un punto de partida para analizar los efectos de la pandemia en las subjetividades y en lo  colectivo, en el mundo contemporáneo. Se trata de dos áreas que no se oponen y cuyos lazos son evidentes. Me interesa enfocar la intersección entre estas dos zonas, como espacio-límite (Trías, 1991),   un espacio que ni es exclusivamente intrasubjetivo ni exclusivamente colectivo. Entre ambos se producen los entrecruzamientos entre lo singular y lo general. No existe singularidad sin otredad. Esta es una referencia al otro radicalmente distinto del yo (Lévinas, 1947) y, aún más, el otro en cada uno o una. En este punto es necesario aclarar que la referencia al otro tiene muchas dimensiones: el otro benévolo, el otro maléfico, el otro anónimo de las redes, entre otros.

Entonces podemos hablar del sujeto de las redes y los algoritmos en conexión con el campo de la otredad: dos áreas en interacción permanente. Cada una envía mensajes a la otra y en sus áreas de intersección se generan nuevos desafíos. Así, los efectos de la pandemia pueden analizarse desde distintos ángulos que actúan recursivamente: las manifestaciones individuales, conflictivas o no, y las manifestaciones colectivas como lo son los fenómenos de masa en la cibercultura.

Existen también problemáticas sistémicas como la organización patriarcal de la sociedad, que a pesar de estar experimentando movimientos de cambio significativos, sufre retrocesos en las condiciones de confinamiento de la pandemia. Esto tiene efectos negativos en la convivencia y en el aumento de la violencia de género.

Si ahora retornamos a nuestro planteo inicial podemos decir que hay fenómenos específicos de masa en la pandemia que tienen efecto en cada subjetividad, y ambas vertientes están insertas en un mundo tecno/ciber. Esto tendrá efectos en lo singular de cada situación clínica, en las desmentidas, hipocondrías, depresiones, omnipotencia, excesos narcisistas, entre otros.

Finalmente, hay distintos tipos de masas, ya sea sustentables en el tiempo o transitorias. Pero, como señalé, las masas no implican al colectivo en su totalidad; hay fenómenos de masas y hay resistencias que pueden constituirse como masa o no.  Esto complejiza el panorama. En otras palabras, hay que considerar que la masa no es una entidad totalizadora; hay masas, hay tribus contemporáneas, cada una respondiendo a distintos líderes (visibles o invisibles), distintas culturas, distintos amos.

En este contexto, hay un punto a resaltar: el ideal se construye desde el poder, clásicamente representado en un líder, independientemente de sus contenidos y de si beneficiaban a esas masas que apoyaban a ese líder. Esto también significa que esos ideales pueden ser benignos, destructivos y/o autodestructivos. Pero, de una u otra manera en el fenómeno de masas se genera un sentimiento de autoprotección, aun cuando paradójicamente puedan conducir a la autodestrucción.

En esta línea de pensamiento, entendemos que en las culturas contemporáneas es lícito pensar en el moldeamiento de las mentes a través del big data; las redes sociales cumplen el papel que en otras épocas cumplía el líder en persona.

Por eso, podemos sostener que en los tiempos actuales el líder es el algoritmo. Todo se juega en un detrás de escena. Se trata de un líder anónimo, invisible (como lo es el virus) que penetra en las mentes y provoca una escisión del yo con respecto a la amenaza. El yo reconoce la realidad del virus pero la desmiente. La desmiente quitándole importancia y desplazando el problema hacia la lógica de la libertad individual. Por cierto, ¿quién podría discutir el valor de la libertad individual? Parece algo fútil recordar que “mi libertad termina donde empieza a del otro”. Sin embargo, este es uno de los principios fundamentales del contrato social que se debilita: el otro y los otros se difuminan en la escena contemporánea.

El líder exacerba la omnipotencia infantil narcisista; el preconsciente cree en su libertad. En este marco, está ausente una ética de la responsabilidad y del reconocimiento de la otredad.

En la escena contemporánea, vemos que si enfocamos lo singular en cada situación analítica, el líder, anónimo o no, sigue actuando discursivamente. Se trata en algunos casos de discursos del miedo enmascarados por reacciones defensivas. Por cierto, está el inconsciente reprimido pero también el inconsciente del yo, planteado por Freud en la segunda tópica. Y aquí incluimos el inconsciente de las redes como metáfora, que hace cuña en la construcción de subjetividad. Aparecen verdades dadas por ciertas, afirmaciones que se suponen evidentes y compartidas por los otros, donde hay una recursividad entre esos inconscientes que comandan el discurso social así como el específicamente psicoanalítico. Se crea la ilusión de que cada ser humano piensa por sí mismo, se trata de un “individualismo de masa”.

La manipulación tecnológica de las mentes conduce a la masa a imaginar individuos libres y sujetos despolitizados, dueños de una verdad desgajada del contrato social y de una libertad que desconoce al otro. Esto es político y, por cierto, el psicoanálisis está incluido.

Las sociedades globalizadas contemporáneas donde el neoliberalismo se expresa anónimamente constituyen un caldo de cultivo, una experiencia de probeta en la que existe una creencia compartida de actuar individualmente pero que en realidad es el resultado de un efecto de las redes. Es decir, el sujeto es un producto algorítmico. Se trata de un tecno-sujeto, híbrido y mestizo, metaforizado en la figura del ciborg. Lo posthumano está avanzando.

En suma, a través de estos desarrollos podemos decir que estos moldeamientos subjetivos, individuales y colectivos, se producen a través de un Amo, invisible y anónimo, que crea un sujeto como producto de la cibercultura. En este contexto, se constata un fenómeno de colonización al interior de movimientos del pensamiento en el que está incluido el pensamiento psicoanalítico.

Notas

1. Leticia Glocer Fiorini es médica y psicoanalista. Es miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Magister en Psicoanálisis. Fue presidenta de la APA y directora de Publicaciones de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y de la APA. Es codirectora para América Latina del comité de la IPA “Estudios sobre diversidades sexuales y de género”. Es profesora y miembro de la Comisión de la Maestría “Estudios interdisciplinarios de la subjetividad”, de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (UBA). Recibió el premio Celes Cárcamo otorgado por la APA, por su trabajo “La posición femenina: una construcción heterogénea”. Publicó numerosos capítulos de libros y trabajos para revistas psicoanalíticas nacionales y extranjeras que reflejan sus estudios sobre feminidad, diferencia sexual y de géneros, parentalidades no convencionales y otros temas conexos. Es autora de los libros: Lo femenino y el pensamiento complejo, Lugar Editorial, 2001 y La diferencia sexual en debate: cuerpos, deseos y ficciones, Lugar Editorial, 2015, ambos traducidos al inglés. Fue compiladora para la APA de: El otro en la trama intersubjetiva, El cuerpo: lenguajes y silencios, Los laberintos de la violencia y Tiempo, Historia y Estructura. Asimismo, es autora y compiladora de On Freud’s “Femininity” (2010) y fue editora general de las colecciones: “Contemporary Freud. Turning Points & Critical Issues” “Psychoanalytic Ideas and Applications”, del Comité de Publicaciones de la IPA, que incluyó más de 30 títulos. Fue invitada a dictar conferencias en París, Bruselas, Londres, Madrid, Toronto, Nueva York, Washington, San Pablo, Porto Alegre, además de la Argentina.

Referencias bibliográficas

CANETTI, E. (1960). Masa y Poder. Barcelona: Muchnik Editores, 1981.
FREUD, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. Vol XVIII. Amorrortu editores: Buenos Aires, 1979.
GLOCER FIORINI, L. (1915). La diferencia sexual en debate. Cuerpos, deseos y ficciones. Buenos Aires: Lugar Editorial.
GREEN, A. (2002). El pensamiento clínico. Amorrortu editores: Buenos Aires, 2010.
McLUHAN, M. (1964). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós, 1996.
LÉVINAS, E. (1947). El tiempo y el otro. Barcelona: Paidós, 1993.
TRÍAS, E. Lógica del límite. Barcelona: Destino, 1991.

Por gentileza de El Psicoanalítico

El cáncer y la industria alimenticia

Mauricio Castaño H.
Historiador

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Lo que no mata engorda, se lo dice con frecuencia, pero en nuestros días no es así. Resulta que en este mundo actual, la comida industrial es la que nos está matando. Ya son muchos países que han prendido las alarmas por la obesidad considerada como una pandemia que agrava la salud y colapsa tanto al sistema como sus presupuestos. Y, en esencia, las raíces del mal han sido identificados en los azúcares, las harinas blancas y las grasas saturadas, todo esto aumenta los tejidos adiposos y es caldo de cultivo para las células cancerígenas. Para citar tan sólo un ejemplo, que alerta sobre la obesidad como pandemia en todas las edades, tiene que ver con las bebidas azucaradas que están siendo prohibidas en las escuelas, es el caso de México así como en muchas otras naciones europeas, está prohibido su consumo dentro y en los alrededores de los colegios.

Ésta triada de azúcar, grasas y harinas blancas, y todo esto dicho en una expresión la industria alimenticia es la que está matando a la gente. Sumidos en su negocio, en producir más con menos, se fueron por el camino fácil sin importar la salud de los consumidores, de la gente, de la población del mundo entero. Fue a partir de 1940 que la industria como tal se disparó y a la par el cáncer y la obesidad también se elevaron. Muchas investigaciones entre las que referenciamos al psiquiatra especializado en neurociencias David Servan-Schreiber, fallecido por un tumor cerebral siendo aún muy joven, es quien inspira estás líneas en su libro Anticáncer. Diezmado en salud, aprendió que el mirar médico es distante, despreciativo y petulante, y saberse vecino de la muerte lo aproximó a los pacientes y entonces empieza a vivir la humildad, a pausar la vida y comer de manera saludable para alargar un poco más de una década su joven vida.

El mismo pudo demostrar al detalle que lo que comemos es lo que nos está matando a través de los diferentes cánceres. Esto y no la derivación genética, de genes, es la causa del problema. Cada vez somos más lo que comemos, el ejercicio que realizamos a diario, el manejo del estrés o de las vidas agitadas, el proporcionar emociones generosas y de alegría, no tóxicas, a través de cultivar relaciones sociales o amistosas, en suma, a todo esto llaman estilos de saludable o epigenetica, que no es más que los individuos y su entorno… nosotros somos el entorno, la sociedad, los amigos y la ingesta que nos proporcionamos.

Muy pocos alimentos, solo los orgánicos, están limpios de cancerígenos, todos los demás están bañados o juagados en insecticidas o sustancias conservantes que propician los criaderos en nuestros cuerpos de células cancerígenas. Un gran grupo de alimentos sobreabundan en Omega 6 (y no en 3, el benigno), sustancia que favorece los tejidos adiposos para que se desarrollen los tumores malignos. Estos alimentos son las carnes provenientes de ganado, cerdo y pollos alimentados con maíz. Es tan sólo un ejemplo. Y como no recordar una de los mayores atentados a nuestro estómago como es la hamburguesa. En los Estados Unidos tan sólo una porción ingerida por una persona contenía alrededor de 3.200 calorías, la cantidad suficiente para estar un día completo en plena actividad. Hoy, por presión de grupos de salud, bajaron ésta cantidad calórica, aunque sigue siendo muy cuestionable su carne trans, con cancerígenos, envuelta en harina blanca o pan. Aunque sea cierto que todos estamos montados en el mismo barco de viaje a la muerte, la diferencia está en vivir de manera saludable y no estar esclavos de la enfermedad. Incluso, hasta en la muerte y estando en vida, se puede preparar un buen morir. Entonces, hablar de muerte es también hablar de la vida.

La Muerte y el Morir

Si bien saber vivir, saber comer nos proporciona una mejor calidad de vida, ello, claro está, no evitará que sobrevenga la muerte. Hablar de vida, es también hablar de la muerte, una y otra son caras de la misma moneda. Nacer es empezar a morir, un día de vida, es otro de muerte. La vida es muerte que viene, que se va acumulando, que viene de a poquitos, hasta el día de la gran transformación que pasamos a ser polvo cósmico u otras formas de vida en su rica y variada descomposición. Pero siguiendo a David, nuestro autor referido, la muerte no se tiene presente y siempre es vista lejana y que tan sólo le sucede a otros, hasta cuando la tenemos cerca con alguna enfermedad que nos diezma y nos hace poner un alto radical en la vida, nos hace pausar las vidas locas que se llevan al ritmo de la fama, sus vanidades y la soberbia.

Es curioso que la experiencia de la muerte pasa por los actos de generosidad que dan sentido a las vidas. León Tolstói bien lo resumen en ese acto solemne y de soledad que es la muerte…. Referencia al aristócrata que ha llevado una vida sin sentido pero que se lo da en aquel preciso momento en que su humilde y harapienta sirvienta, que le acompaña por las calles nevosas y heladas, amenaza con morir de hipotermia. El entiende en ese preciso momento, que es la oportunidad de ser generoso, de salvar la vida de otra persona sin más interés que el de la propia compasión. Procede y le da abrigo, le salva la vida a cambio de la suya, pero con la diferencia que hizo algo por los demás, su muerte fue plena, con un rostro tranquilo, en paz, ese mismo que en desespero anhela tener cada viviente a la hora de su partida: «Él ve una oportunidad de dar por primera vez sentido a su vida, se nota en su mirada de plenitud de morir, dio su vida por alguien sufriente, su valentía lo redimió.» En ese momento, el aristócrata muere, decidió su muerte. Es curioso, pero ese amor desinteresado tiene un no sé qué que alivia a los espíritus que han sufrido la no paz.

Es curioso esto de que uno mismo decide su muerte en tanto que, como suele decirse, las enfermedades son del espíritu, de nuestro ser, de nuestros estados de ánimos que favorecen o no tales derivas de thánatos. Recuerdo, de paso, a Francois Dagognet, quien dice que uno solo muere de una misma enfermedad, la cual se habita para insistir, para precipitar la propia muerte. La enfermedad sirve para retrotraernos de las angustias existenciales pero a su vez es caminar nuestro propio destino. Es un facilismo de retrotraimiento recurrente. En antítesis, la salud se restablece para hacer frente a la vida. Por esto mismo se dice que siempre se está enfermo de la misma enfermedad. Pero la verdad es que estar enfermo es perder la libertad por la dependencia que se tiene de otros y gracias a que la vida se viene abajo de a poquitos, no importa que haya sido un accidente o un ataque fulminante al corazón, al parecer nada es gratuito.

En suma, a todos nos asiste un temor al morir o a la muerte. La sombra de la muerte es quizá la que logramos ver cuándo la vida es pausada. Tanto el miedo a sufrir o a no saber los supuestos misterios que la muerte encierra, es lo que impulsa a cada individuo a agazaparse, a ir por la vida anestesiado o drogado por el trabajo, el Poder, la fama o las drogas alucinógenas. Todas ellas distraen de sabernos finitos en que algún día moriremos. Es una concepción dualista pero que en la realidad la vida y la muerte van juntas, son indisociables. Nacer es empezar a morir, cada día de vida es otro de muerte. La vida es muerte que viene. La muerte es vida vivida. El desgaste paulatino es inevitable. Todos somos mortales y nos corresponde morir algún día.

Si todo esto dicho es cierto, entonces en vano nos preocupamos cuando se le teme a la muerte por el dolor, por el ajeno, en especial el que creemos sufren nuestros seres más queridos en momentos antes de su partida, porque el propio está ausente. Citemos a David: «Con alivio, descubrimos que la muerte en sí no es dolorosa. En los días postreros, el moribundo ya no tiene ganas de comer ni de beber. El cuerpo va deshidratándose poco a poco, deja de haber secreciones, orina, deposición de heces, y va habiendo menos flema en los pulmones. Por eso, hay menos dolor en el abdomen, menos náuseas. Cesan los vómitos y las toses. El organismo va parándose. A menudo la boca está seca pero es fácil aliviar la sequedad chupando un cubito de hielo o un trapo húmedo. La fatiga se apodera de la persona y la mente se torna más distante, normalmente con una sensación de bienestar y a veces incluso de suave euforia. El moribundo pierde interés en conversar. Simplemente quiere coger una mano o contemplar la luz del sol por la ventana o escuchar el canto de un pájaro o una melodía especialmente hermosa. En las horas finales a veces se le oye respirar de una manera diferente; es lo que se llama «estertor». Tras esto suelen producirse una serie de respiraciones incompletas («el último aliento») y unas contracciones involuntarias del cuerpo y de la cara, como si se resistiese a quedarse sin la fuerza vital. No delatan sufrimiento. Son simplemente la señal de la falta de oxígeno en los tejidos. Entonces los músculos se distienden y todo acaba…» Junto con el miedo a sufrir y el miedo a la nada, muchas veces podemos encontrar la angustia de enfrentamos en soledad a lo que Tolstoi denominó «el acto monumental y solemne de la propia muerte». Tenemos miedo de que no haya nadie al final junto a nosotros para darnos consuelo, enfrentados a una circunstancia tan aterradora. A menudo esta soledad nos hace sufrir más que el dolor físico.

El lobby de la industria alimentaria

No olvidemos, para no caer en la ingenuidad, los temas de gran calado del mundo del Poder y que tienen que ver con el lobby político. El que hacen los empresarios de la industria alimenticia ante los estamentos de gobierno, en Estados Unidos para no frenar su negocio que está envenenando a la gente, pasó cuando Michel Obama quien patrocinó reformas en su contra y a favor de la buena alimentación. En Colombia varias propuestas por poner cuidado a las bebidas azucaradas han sido abortadas gracias a los legisladores que son financiados por esas industrias de refrescos de agua azucarada con colorantes.

Es un tema del negocio de las patentes. Aunque el brócoli así como otros productos orgánicos no se pueden patentar porque no fueron inventados por nadie y están ahí en la tierra, pero poco a poco se va tomando conciencia de que el buen vivir pasa por la buena alimentación libre de los baños venenosos vía fungicidas, etc. Escuchemos de nuevo a David: «Para aquellos que, como yo, desean protegerse del cáncer es inaceptable seguir haciendo el papel de víctimas pasivas de estas fuerzas económicas. La única opción que nos queda es armamos de toda la información disponible sobre lo que podría ayudarnos a controlar la enfermedad sin dañar nuestro organismo. La buena noticia es que contamos ya con suficientes datos sobre los efectos anticáncer de la alimentación como para que todo el mundo empiece ya a aplicarse el tratamiento. (p. 137)

Es cierto, la esencia es encontrarnos a nosotros mismos que algún día seremos polvo: «El poeta habla de un tren que corre a toda velocidad por las aparentemente infinitas praderas del Oeste americano. Él sabe cuál es el destino final de esos vagones de acero: un montón de chatarra. Y el sino de los hombres y mujeres que ríen en los compartimentos: el polvo. Él pregunta a otro pasajero adónde se dirige, y el hombre responde: «A Omaha»  (p. 192)

A los griegos debemos el término Pharmakon que significa a la vez el remedio y el veneno. Las leyendas refieren que hombres de Poder ingerían pequeñas pócimas de veneno para así ir acostumbrando el cuerpo a la intoxicación, y de esta manera contrarrestar un posible envenenamiento de sus enemigos que le querían muerto. Hoy, con la industria alimenticia, parece que a todos nos quieren muertos, es la tesis central del libro referenciado. Se trata entonces es de saber o aprender a alimentarnos, porque la industria alimenticia junto a la soledad, a la inmovilidad como el aislamiento nos están matando.

 

Por gentileza de Colombia Krítica

Curas y militares | ¿Continuismo o transformación?

Marcelo Colussi
Psicólogo, filósofo, escritor y politólogo
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¿Qué significa la revolución socialista? Es un gran cambio en la historia, un parteaguas que marca un antes y un después. No es cualquier cambio: es la transformación político-social, económica y cultural más grande que pueda concebirse. Es, para ser congruentes con lo pensado por los clásicos decimonónicos, Marx y Engels, el inicio de un camino hacia el comunismo, hacia la sociedad sin clases sociales, aquella pretendida «unión de productores libres asociados», aquel lugar donde rige la máxima «de cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad».

Ha habido algunos procesos de esos en la historia, muy pocos, que marcaron rumbo, que iniciaron un camino socialista, habiendo logrado fenomenales mejoras para su población: Rusia en 1917, China 1949, Cuba en 1959. Hubo procesos que se acercaron a la construcción de esos nuevos paradigmas: Vietnam, Corea, Nicaragua. Hubo igualmente numerosos momentos de cambio en la historia reciente, que no pasaron al socialismo en sentido estricto, pero fueron buenos intentos: los socialismos africanos, los socialismos árabes, interesantes procesos en Latinoamérica.

Sin dudas, cambiar radicalmente paradigmas no es fácil. De ahí que, pese a tanta sangre derramada, tantos esfuerzos, tantas luchas heroicas de pueblos que se alzaron contra las injusticias, lograr edificar una sociedad nueva es una tarea titánica. La toma del poder político, el asalto final a la Casa de Gobierno, es apenas un paso, minúsculo en relación a la magnitud del cambio en ciernes. Lo más dificultoso viene después: edificar el socialismo no es solo industrializar o electrificar un país, como decían los bolcheviques en 1917. Eso puede ser básico, pero no alcanza.

¿Qué significa entonces una revolución socialista? Es un cataclismo social, en el más amplio sentido de la palabra. Es decir: no se trata solo de cambiar —transformar de raíz, no con cambios cosméticos pasajeros sino cambios irreversibles— la estructura económica de base, confiscar en nombre del pueblo alzado las grandes propiedades privadas del capitalismo (extensiones territoriales, grandes empresas privadas de producción industrial o de servicios, la banca). No se trata solo de transformar el Estado, de órgano de dominación de clase en un Estado obrero-campesino-popular; no se trata solo de desarticular los órganos represivos de la otrora clase dominante: fuerzas armadas, policía, todos los mecanismos de control e inteligencia, sino que se trata también de cambiar la ideología, la cultura dominante, transformar de raíz el pensamiento autoritario, machista-patriarcal, racista, adultocéntrico, homofóbico que permea todas las sociedades. Es decir: es una revolución en todos los campos, al mismo tiempo, que libera todas las fuerzas sociales, las expande, que no tiene miedo a nada, que no es conservadora.

Sin dudas, la magnitud del cambio en juego es fabulosa. Por eso cuesta tanto, y no hay manual que presente los pasos «correctos» para lograrlo. ¿Quién es el encargado de ese cambio? Eso es un complejo proceso, y lo que las experiencias exitosas de revoluciones socialistas nos enseñan es que se deben conjugar necesariamente dos factores: una población hastiada de las injusticias y penurias debidamente movilizada, y un grupo que, en articulación con esa movilización, esté en condiciones de conducir políticamente toda esa energía. En otros términos: si no se dan ambos factores, con una potencia revolucionaria que saca de una vez a la hasta ese entonces clase dirigente, no hay revolución. Puede haber cambios superficiales, pero no revolución. La revolucionaria polaco-alemana Rosa Luxemburgo, analizando la revolución bolchevique de 1917, expresaba: «No se puede mantener el «justo medio» en ninguna revolución. La ley de su naturaleza exige una decisión rápida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaña de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollará en su caída a aquellos que quieren, con sus débiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojándolos al abismo».

Una movilización espontánea, tal como las que se han visto en muchos puntos del mundo últimamente, y en especial hacia fines del 2019 antes que llegara -casualmente- la pandemia de COVID-19, sin conducción, sin proyecto político revolucionario a mediano y largo plazo, termina extinguiéndose; allí no hay revolución socialista (la Primavera Árabe, las cuantiosas protestas en Latinoamérica, los “chalecos amarillos” en Francia, etc.) Y una vanguardia —intelectual o guerrillera— sin conexión con las masas movilizadas, igualmente no es revolución socialista. Ejemplos de fracasos al respecto —tristes y estrepitosos en algunos casos— sobran en la historia. El mesianismo debe dejárselo a los Mesías. Y parece que mesías, fuera del oratorio compuesto por Haendel en 1741, no hay.

Hablando de este segundo elemento, del grupo conductor, vale profundizar el análisis. «¿Qué representa una minoría organizada? Si esta minoría es realmente consciente, si sabe llevar tras de sí a las masas, si es capaz de dar respuesta a cada una de las cuestiones planteada en el orden del día, entonces esa minoría es, en esencia, el partido» [revolucionario], decía Lenin en 1920. Ahora bien: ¿quién forma ese partido, vanguardia, elemento de conducción o como quiera llamársele? Gente que tiene una firme convicción en el ideario socialista, gente con sólida preparación ideológico-política y con una ética de la solidaridad a toda prueba. Obviamente, ningún «político» de cualquier partido de la democracia restringida que presenta el capitalismo cumple con estos requisitos. Ellos son, en definitiva, quienes manejan el aparato que custodia los capitales y que está destinado a continuar con las cosas tal cual están. Puede haber maquillajes reformistas, socialdemócratas, pero de allí no pueden pasar. Si lo intentan (Salvador Allende en Chile con un socialismo por vía democrática, Jean-Bertrand Aristide en Haití con importantes reformas sociales o, salvando las distancias, John Kennedy en Estados Unidos intentando oponerse al poderoso complejo militar-industrial, por poner algunos ejemplos) terminan desplazados del poder con un golpe de Estado, o con un balazo en la cabeza.

Ahora bien: ¿pueden militares o religiosos ser revolucionarios? ¡Absolutamente imposible! ¿Por qué? Porque en su ADN ideológico no hay revolución posible alguna. Ambos estamentos sociales están preparados para otra cosa: obedecer y no cuestionar. «Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre» rezaba una pinta del Mayo Francés. Nunca más oportuna la cita: ejército e iglesia son instituciones conservadoras, hiper jerárquicas, autoritarias. No permiten el disenso, la pregunta creativa, el cuestionamiento.

Muchas de las experiencias de nacionalismo socializante que se ha dado, y se sigue dando, en Latinoamérica, con tonos anti imperialistas a veces, no pueden pasar de reformismos capitalistas con cierta preocupación social. Pero de revolución socialista: nada. Y muchas de esas expresiones han sido conducidas justamente por militares: Juan Domingo Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Jacobo Árbenz en Guatemala, Juan Velasco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá, Hugo Chávez en Venezuela. Es que, si son militares los que conducen el cambio, no puede haber cambio revolucionario genuino y sostenible, porque ellos (muchos formados en el más visceral anticomunismo, incluso en la Escuela de las Américas regenteada por Estados Unidos) están listos para «matar enemigos», cumplir órdenes y desfilar (payasada que alimenta un pensamiento no pensante, que solo acata voces de mando). Solo para poner un ejemplo: en Guatemala, los comandos kaibiles —el grupo élite más avanzado— tenía como consigna militante sentirse «máquinas de matar». ¿Puede alguien preparado en esta lógica, en el más absoluto respeto a la autoridad sin cuestionamiento alguno, en el acatar sin deliberar, estar en condiciones de cambiar las estructuras profundas de la sociedad? ¡¡No, en absoluto!!, porque está preparado para conservar esas estructuras. El general Jorge Rafael Videla en Argentina no entendía por qué lo estaban juzgando como criminal de guerra, cosa que expresó públicamente, si se consideraba un «salvador de la patria ante el avance del comunismo internacional»… ¡Y tenía razón en su razonamiento! Si se dedicó a «matar enemigos», según los manuales con los que se formó, no podía entender por qué ahora lo criminalizaban. Él, al igual que todos los militares latinoamericanos, están para servir al capital, para mantener el estado de cosas y no para cambiarlo. Hugo Chávez en Venezuela pudo afirmar sin vergüenza que en ese país «no hay lucha de clases». «Nosotros, el Movimiento Bolivariano, yo Hugo Chávez, no soy marxista pero no soy antimarxista. No soy comunista pero no soy anticomunista». ¿De verdad? Intríngulis difícil de digerir.

¿Y los curas? Su máxima expresión de preocupación social fue la Teología de la Liberación, surgida luego del Concilio Vaticano II, cuando la iglesia católica, en sintonía con el clima contestatario dominante en ese entonces: década de los 60 del siglo XX, propuso su «opción preferencial por los pobres». Pero «optar por los pobres» no significa transformar de raíz su situación de exclusión histórica. Fue un movimiento importante, sin dudas, que incluso sirvió para alimentar grandes luchas sociales en su momento, e incluso movimientos de acción armada, pero que no pudo pasar de un reformismo samaritano. En numerosas ocasiones los sacerdotes (¡todos varones, ni una sola mujer!, déficit inaudito ya de entrada) se plantearon la posibilidad de salirse de la curia romana, mas nunca lo hicieron. Finalmente, como proyecto transformador no cuajó, no pasó nunca de una buena intención. Más aún: en Latinoamérica fue neutralizado por la llegada en masa de los nuevos cultos neopentecostales, con un discurso enfermizamente anticomunista e individualista. Al no salirse de la égida de Roma, acatando las órdenes del Vaticano finalmente, terminó esfumándose (la imagen del padre Ernesto Cardenal arrodillado frente al Papa Juan Pablo II pidiéndole perdón en Managua lo dice todo).

Definitivamente un proceso revolucionario necesita de revolucionarios. O, para decirlo de otro modo (pues suena demasiado altanero, petulante, cuestionable incluso llamarse «revolucionaria» una persona; los pueblos, a veces, son revolucionarios), necesita la conjunción de masas movilizadas y conducción coherente. Alguien preparado para matar, o alguien que hizo votos de castidad, definitivamente no puede entender de verdad lo que es la gente común (que no mata y que sí tiene actividad sexual).

Por tanto, sabiendo que curas y militares no pueden, aunque quieran, llevar adelante un proceso revolucionario (en las academias castrenses y en los seminarios se prepara a jóvenes para distanciarse de la gente, para sentirse distintos, para no cuestionar el orden dado), sabiendo todo eso, habrá que pensar en algo distinto. Todos los procesos de reforma social con talante antiimperialista que se conocieron en Latinoamérica a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI impulsados por militares «progresistas» terminaron fracasando, no caminaron hacia el socialismo. Cuba se mantiene. ¿Habrá que estudiar el porqué? Todos los procesos conocidos en Latinoamérica inspirados en la Teología de la Liberación, murieron. ¿Habrá que estudiar el por qué? Una revolución socialista la hace la gente común, que no está preparada solo para recibir órdenes. Diferencia absolutamente fundamental.

Por gentileza de Marcelo Colussi

La peste, la muerte y los velos

María Cristina Oleaga
Psicoanalista

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“No existe muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona el mundo. Todos los hombres son mortales: pero para todos la muerte es un accidente y, aunque la acepten, es una violencia indebida.”

Simone de Beauvoir, Una muerte muy dulce

“Conviene no saber demasiado del mañana, verlo claramente es más terrible que la oscuridad”.

“Luego, como siempre cuando caigo en mis abismos, una loca esperanza, ¿venida de dónde?, me inventa el atractivo de alguna perspectiva y una vez más me pertenezco.

             Héctor Bianciotti, El paso tan lento del amor

En 1915, bajo el impacto de la Primera Guerra Mundial, Freud escribe: “Envueltos en el torbellino de este tiempo de guerra, condenados a una información unilateral, sin la suficiente distancia respecto de las grandes transformaciones que ya se han consumado o empiezan a consumarse, y sin vislumbrar el futuro que va plasmándose, caemos en desorientación sobre el significado de las impresiones que nos asedian y sobre el valor de los juicios que formamos. Creemos poder decir que nunca antes un acontecimiento había destruido tanto del costoso patrimonio de la humanidad, ni había arrojado en la confusión a tantas de las más claras inteligencias, ni echado tan por tierra los valores superiores. Hasta la ciencia ha perdido su imparcialidad exenta de pasiones” [1].

La pandemia  no ha desatado una guerra, salvo según esa poco feliz metáfora referida al abordaje sanitario del virus. Sin embargo, puedo tomar los efectos que Freud señala y pensarlos a la luz del acontecimiento SARS-CoV-2 y de la enfermedad que nos trajo: la COVID-19. El párrafo pinta la destrucción; un estado de incertidumbre respecto del futuro; de desorientación —incluso de los científicos— por pérdida de las significaciones conocidas y aun del valor mismo de nuestros juicios. Se podría,  sin duda, aplicar a lo que hoy nos sucede.

No me voy a detener  en las teorías respecto de los orígenes del virus ni tampoco en las que plantean posibilidades a futuro. Otros lo han hecho ya muy bien y con creces. Me voy a centrar en la subjetividad y sus avatares. Quiero referirme a los dos efectos que señala Freud en su trabajo en torno a la guerra: la desilusión que provocó y el cambio de actitud hacia la muerte. Ambos puntos tienen conexión con el estado actual de la subjetividad, tal cual se encuentra atravesada por la pandemia.

Desilusión/odio

La guerra echó por tierra ideales consistentes respecto del estado de grandeza moral de la humanidad y de la cultura de ese tiempo, permeando incluso las seguridades respecto de las relaciones éticas vigentes. ¿En qué nos parecemos? No hace falta describir extensamente los casos de robos de materiales sanitarios  esenciales entre Estados/Piratas cuando su escasez hacía temer por el destino de los enfermos, ni tampoco ahondar en los episodios repetidos de discriminación violenta hacia los efectores de salud —los mismos a los que se aplaudía— transformados en peligrosos vectores en caso de que compartieran edificio de vivienda. Baste este ejemplo, para no mencionar las actitudes de odio desplegadas en manifestaciones callejeras que desprecian el cuidado del semejante. Veremos más adelante que hay razones muy profundas para que, en nuestra cultura, el odio y la falta de solidaridad dominen peligrosamente el escenario.

Para Freud,  el punto problemático son las ilusiones mismas, creadas para ahorrarnos displacer. Dice: “(…) tenemos que aceptar sin queja que alguna vez choquen con un fragmento de la realidad y se hagan pedazos” [2]. A pesar de las ilusiones que podemos hacernos acerca de su grandeza, la esencia del hombre son, para Freud, las pulsiones elementales que la cultura —al menos en su época— lograba inhibir, relanzar hacia otras metas, dar destinos acordes con la convivencia en sociedad. El autor centra esa posibilidad civilizatoria en el amor. Es Eros el que permite que las pulsiones egoístas, dice a esta altura, se transformen en pulsiones sociales.  Se trata del factor interno en el proceso de humanización: se renuncia para ser amado, factor que se complementa con el externo, la educación como vehículo de exigencia cultural.

El amor juega su rol en favor de la castración. En Freud este dato está desde el comienzo de su obra y respecto de las primeras vivencias del infans. Las experiencias iniciales de dolor, su propio grito vivido como extraño y la presencia/ausencia del que socorre se articulan en un entramado psíquico; lo que se recibe del Otro se convierte, así, en signo de su amor. En este punto, cruce entre el desvalimiento y el Otro, Freud ubica “la fuente primordial de todos los motivos morales” [3].

En 1930,  Freud retoma el tema de la operación del amor en relación con tiempos primordiales de la cultura: “La convivencia de los seres humanos tuvo un fundamento doble: la compulsión al trabajo, creada por el apremio exterior, y el poder del amor, pues el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual, y ella no quería separarse del hijo, carne de su carne. Así, Eros y Ananké pasaron a ser también los progenitores de la cultura humana” [4]. Asimismo, señala el lugar del amor en la renuncia: “Originariamente, (…), la renuncia de lo pulsional es la consecuencia de la angustia frente a la autoridad externa; se renuncia a satisfacciones para no perder su amor” [5].

Finalmente, el destino de la especie humana le parece imprevisible dado el efecto de la pulsión de “agresión y autoaniquilamiento”. No puede apostar al triunfo de  Eros.

Para el infans, es la amenaza de perder el amor del Otro  lo que funciona como traumático, en tanto esa pérdida deja al sujeto inerme ante estados de excitación que no pueden ser calmados ni por la vía de la descarga ni por la vía de la tramitación según el principio del placer. El peligro ante el cual se angustia el niño, para Freud, no es la pérdida de objeto en sí sino que ésta implica no poder con las magnitudes crecientes de estímulos a la espera de tramitación. El prototipo de esta situación es el trauma de nacimiento y su respuesta de agitación motriz, modelo del ataque de angustia. El infans es rescatado del caos inicial por el amor, la significación, el sostén del Otro. En Freud, motivos morales, renuncia y Superyó arman una serie en el camino de la humanización, que se enmarca de acuerdo a los requisitos de la cultura de la época: “(…) lo malo es, en un comienzo, aquello por lo cual uno es amenazado con la pérdida de amor; y es preciso evitarlo por la angustia frente a esa pérdida” [6].

Lacan, entonces, es freudiano cuando dice: “Solo el amor permite al goce condescender al deseo” [7].  Ambos destacan el lugar del amor en relación con la castración, con el pasaje del autoerotismo al Otro, y sabemos que castración y cultura/vida en sociedad se anudan.

Discurso del capitalismo

¿Por qué me dedico con tanto detenimiento al tema del amor? La especie humana —en el disloque lenguajero que lo extrae del conjunto de los mamíferos— pierde así las pistas de lo que hay que hacer para ser hombre o mujer y para gozar sexualmente, agujero al que alude el “No hay relación sexual” lacaniano. El Nombre del Padre era lo que orientaba al sujeto a partir de  identificaciones, normas, modos socialmente establecidos de ser y de hacer.  Al avizorar la caída de este Significante Amo, su rebajamiento en nuestra cultura, Lacan pasó a considerarlo como uno entre otros normalizadores, un síntoma más, una suplencia, entre otras posibles, para colmar ese agujero de estructura y ordenar/civilizar el goce de cada quien. Este dato, de dispersión de los modos de hacer con el/los goces, es lo que le permitió afirmar: “(…) todo el mundo es loco, es decir, es delirante” [8]. Recordemos que hay una relación privilegiada entre castración y Nombre del Padre y entre castración y amor. El Nombre del Padre está devaluado, su efectividad no tiene peso ¿y el amor?

En 1972, en una conferencia en Milán [9], Lacan culmina el desarrollo de un discurso nuevo y muestra su preocupación por el avance del capitalismo. Recordemos que los discursos, para Lacan, son modos posibles de establecer un lazo social, un vínculo entre seres hablantes, una manera de habérselas con lo real. No voy a ocuparme aquí del efecto liberador que ha tenido la devaluación del Nombre del Padre respecto de las cuestiones de goces y géneros, sino de otras de sus consecuencias.  La debacle del Nombre del Padre forma una dupla con la invención lacaniana del discurso capitalista. Cada uno de los cuatro elementos (S/, sujeto tachado; S1, significante Amo, Ideal que comanda; S2, el saber; a, objeto de goce) tiene una función y una característica según el lugar que ocupa en cada uno de los cuatro discursos:

Agente         Trabajo
__________     __________

Verdad        Producción

Asimismo, hay relaciones posibles e imposibles —que en el del capitalismo se subvierten— entre los elementos en juego. No voy a entrar en la complejidad de esta construcción lacaniana de los cuatro discursos (del Amo, de la histérica, de la Universidad y del analista) sino que voy a resaltar algunos rasgos del discurso capitalista que comanda la cultura hoy.  Veamos cómo se distribuyen, en este discurso, los elementos y señalemos algunas consecuencias de esta disposición:

S/                   S2
__________     __________

S1                   a

El S1, Significante Amo, queda en el lugar de la Verdad, que sabemos está reprimida originariamente, inaccesible. Sin embargo, en este discurso es el sujeto, verdaderamente otra clase de sujeto, el que determina  qué es verdad. Si el S1 es Amo, lo es como mandato de goce para el sujeto, una encarnación del Superyó. El sujeto no está separado de los objetos, los gadgets que le ofrece la tecnociencia para su goce autoerótico. Se vincula con ellos y no con un Otro privilegiado. El sujeto se dirige a ese saber tecnocientífico para que produzca esos objetos para su goce. Las adicciones ocupan, así, el centro de la escena; no solo en la acepción más común, la de las drogas, sino que toda forma de relación con los objetos, con las actividades y con los otros puede tomar una modalidad adictiva. En este sentido, este discurso no es un modo de hacer lazo social sino una incitación a consumir sin freno. Este discurso representa el mandato superyoico actual de gozar ilimitadamente.  El amor queda fuera de este circuito y, con él, la castración.

Estos son rasgos que priman en nuestra cultura. Los ideales afectados por la guerra, que Freud destacó, no son los mismos que funcionan en nuestra sociedad: las significaciones y los valores varían según la época. En su gran obra, El Malestar en la Cultura, Freud habla del “Superyó de una época cultural (…)” [10] para mencionar las variaciones y los orígenes de lo que se juega en una sociedad a partir de los ideales de la época. Desde luego, describe los de su época, en la que el Superyó pedía más y más renuncia, y da cuenta de los efectos sobre los sujetos de lo incumplible de ese mandato de goce en la privación. El Superyó hoy pide más y más ejercicio del goce. Es el S1 que comanda al S/. La construcción lacaniana del discurso capitalista muestra, entre otros, este rasgo. Podríamos decir que lo que ordena el Superyó siempre es incumplible ya que siempre pide más, de lo que sea. En ese “más” incoercible se trasluce su raíz pulsional.

Hoy, las rebeliones contra las restricciones al consumismo son vividas como ejercicio de autoritarismo, incluso como efectos de dictadura, en muchos lugares del planeta. La economía y su marcha sin obstáculos, el extractivismo y la destrucción del hábitat, todo aquello que garantizaba el lugar, ya no del ciudadano sino del consumidor, ha sido puesto en jaque por la pandemia y las medidas sanitarias de protección. El más superyoico —cuyos efectos han determinado probablemente la pandemia misma— ha sufrido un impasse intolerable. El goce mortífero se desata de otros modos. Podríamos decir que la desilusión respecto de los ideales de la época está teñida por el odio ante el impedimento del consumo. Recordemos que es el tener el que hoy se impone al ser.

Cambio de actitud ante la muerte/recomposición de la fantasmática

Esta es la segunda consecuencia que Freud le atribuye a la guerra. Describe la actitud negadora habitual ante la muerte propia y destaca su inexistencia para el Inconsciente. Así, es solo la muerte del ser cercano, amado, la que nos toca profundamente, tanto como para paralizarnos. Dice Freud: “La inclinación a no computar la muerte en el cálculo de la vida trae por consecuencia muchas otras renuncias y exclusiones. Y no obstante, la divisa de la Hansa decía: “Navigare necesse est, viver non necesse!”: Navegar es necesario, vivir no lo es” [11].

Señala el cambio que trae la guerra al no dejarnos desmentir la muerte y el desconcierto que produce el enfrentarla sin poder encontrar una nueva relación con ella. Alienta una actitud de acercamiento a la muerte: “(…) dejar más espacio a la veracidad y hacer que de nuevo la vida nos resulte más soportable. Y soportar la vida sigue siendo el primer deber de todo ser vivo. La ilusión pierde todo valor cuando nos estorba hacerlo. (…) Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte.” Nos pide algo razonable, pero ¿será posible? Él mismo incluye, ya en el primitivo, la disposición para imaginar vidas posteriores, para significar la muerte del ser amado como un abandono de poderes protectores e incluso para referirla a sus propios deseos hostiles —la ambivalencia en todo vínculo— contra el ser querido y, entonces, vivirla con culpa. Parece que no lo es.

La pandemia ha desatado el miedo en relación con el virus, ha captado y concentrado sufrimiento y sentidos varios para el mismo, sin duda con toda la legalidad que podemos darle ya que el peligro en que nos ha colocado lo justifica. Sin embargo, no hemos avanzado en nuestra relación de desconocimiento con la muerte. Esa actitud de estructura no permite otra posibilidad. Todos los días aparece la cifra de muertos por COVID. Una cifra que crece y, sin embargo, no parece afectar más que a los que pierden seres amados. Nos vamos habituando a contarlos por cientos, por miles, a decir “Dos mil y pico”, a usar expresiones que —en sí mismas— son la expresión de una desmentida atroz. No son seres, son números; no hay historias, hay cifras y cálculo estadístico.  Recomiendo, en este sentido, la página brasilera “Inumeráveis”, que hace un ejercicio contra este rechazo; se puede visitar en este mismo número. Los negacionistas, los que marchan —en todo el planeta— contra lo que consideran restrictivo y dictatorial no quieren/pueden saber. Son marchas de enfurecidos; albergan a terraplanistas y a conspiracionistas de todo tipo. Convergen, sobre todo, en el ejercicio de un odio que se dirige a objetivos diversos. Marchan juntos pero no comparten causas ni enemigos salvo el impedimento que se les ha impuesto: detestan la interrupción de su normalidad consumista. La divisa para ellos podría ser: “Consumir es necesario, vivir no lo es”.

“Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente”, decía François de La Rochefocauld. Quizás, este sea el punto que Freud advierte y, aun así, minimiza. Hay una imposibilidad de estructura. Los fantasmas, narrativas que cada quien tiene para enfrentar lo real sin sentido, varían pero están ahí como pantalla necesaria.  La religión, la fábrica de sentido más colosal, funciona a pleno para algunos. También se nutren de la pandemia los sentidos delirantes, que muchas veces se cruzan con los religiosos, abrevan en ellos o se les superponen. Los grupos coercitivos, mal llamados sectas, reclutan adeptos con facilidad. Además, las vacilaciones de la ciencia respecto de este virus multifacético y desconocido agregan confusión y fomentan significaciones insospechadas. La proliferación y la variedad son más que posibles, sin duda, en una cultura donde el Nombre del Padre no puede ya imponer su versión.

El sentido perdido y las narrativas globalizadas

El tratamiento globalizado de la información intenta recobrar el sentido perdido a favor de los grupos de poder, por ejemplo,  o recubrir la indeterminación con nuevos sentidos comunes que se mixturan y superponen a las narrativas fantasmáticas de cada uno.  Podemos considerar que un sentido es una narrativa que produce, mediante un armado significante, significados aceptablemente coherentes respecto de algo que aparece opaco. Si decimos que el tono del Superyó actual es el de empujar al goce ilimitado, aludimos seguramente a que coincide con la narrativa en la que se inscribe, la capitalista. Ésta nos dice que todo es posible para el sujeto, que su vulnerabilidad, angustia y búsqueda de seguridad son patológicas y que vivir en lo provisorio y frágil es un desafío al que debemos responder con fortaleza, con salidas individuales exitosas, de emprendedores valientes, quizás las de los chicos que andan con sus motos por la ciudad, llevando y trayendo cosas para los que, desde casa, tienen antojos irrefrenables. Así, consumir y tener constituyen los ejes del ser. Este relato arma insensiblemente un Ideal  del “Sálvese quien pueda” que ha tenido repercusión en reacciones contra las limitaciones de la cuarentena, aquellas que reivindican, a toda costa y contra toda evidencia de peligro la inexistencia del virus y exigen la libertad individual.

Una narrativa más tibia declara que “la gente está cansada”, que ya no se le puede pedir que deje de reunirse, que circule menos, que no tome cerveza en los bares, y así con una lista que remite a una normalidad perdida. Si bien incluye el anhelo amoroso de estar con los seres queridos y con los amigos, centra su mirada en una privación intolerable, casi en un capricho que se cumple cada vez más frecuentemente e incluye la desmentida respecto del peligro para sí mismo y para el otro al que se extraña.

En este marco, las narrativas que denuncian que volver a la normalidad anterior a la pandemia sería fatal, no pueden ser escuchadas, al menos hoy. Las paredes, en Hong Kong, lo gritaron con precisión: “No podemos volver a la normalidad porque la normalidad era precisamente el problema.”

Hay una razón de estructura para esta sordera —la muerte no tiene inscripción en el Inconsciente— y hay una razón de coyuntura, el tono de la cultura actual. Los ideales que nutren esas narrativas chocan con el principio básico del capitalismo, el de la propiedad privada de los medios de producción, que escapa a toda norma restrictiva.  Son narrativas  que desnudan el afán depredador del capitalismo. Freud aventuró algo al respecto en 1930, cuando criticó el idealismo de los socialistas y su fe en una sociedad perfecta: “Paréceme también indudable que un cambio real en las relaciones de los seres humanos con la propiedad aportaría aquí más socorro que cualquier mandamiento ético; (…)” [12].

Una de las narrativas más pregnantes acerca de la muerte y la pandemia ha sido la desoladora pintura de los que, aislados en una UTI, mueren en soledad. Más allá de lo difícil que sea separar muerte —como momento íntimo del que nadie puede dar cuenta— y soledad, este relato nos ha horrorizado. Sin embargo, no sabemos cómo cada quien puede significar la compañía en ese momento, aunque el sentido común la suponga imprescindible. Además, pensemos cómo se podría enmarcar esa situación si la significamos como cuidado hacia los otros y no como abandono. Incluir el amor en esa soledad que suponemos nefasta puede ser un modo de dar sentido protector al que suponemos desprotegido, cambiar su lugar de víctima por el de alguien que, aun en ese momento está más unido, por amor, a los otros.

Otra narrativa que se ha impuesto es la que machaca con la incidencia traumatizante de la cuarentena, e incluso del aislamiento preventivo, en los niños, con el posible  desencadenamiento de cuadros de Estrés Postraumático (EPT). Entiendo que, en este sistema en que todo —o casi todo— se compra y se vende, las noticias son mercancía y coinciden a menudo con los dichos de predicadores retrógrados. Satisfacen la gula morbosa del telespectador medio y apuntan al miedo que puede provocar esta crisis; en consecuencia, colaboran en convertir a los padres y a las madres en enemigos militantes de la cuarentena o de cualquier restricción a la supuesta normalidad previa.

Para el Psicoanálisis, es posible definir lo traumático solo luego de que muestra sus efectos. No es lícito anticiparlo. Que algo sea traumático dependerá de varias circunstancias que no podemos definir de antemano desde el exterior del sujeto. La preparación o la falta de preparación del aparato psíquico para la elaboración de un acontecimiento se descubrirá a posteriori de su ocurrencia. O sea: no es porque un suceso nos parezca contundente que podemos decir con seguridad que será traumático. Es la falta de preparación para elaborarlo cuando sucede lo que define el desenlace, así como la dificultad de su tramitación posterior.

Los chicos tienen una gran capacidad de cura de muchos males. Son creativos, si los adultos no los tapamos con objetos, tecnología, u otros chupetes autoeróticos. En esta situación, como en cualquier otra que implique un duelo —en este caso por lo que no se puede hacer— es muy importante preguntar, hablar, dar lugar a la tristeza, no tapar con ruido. Hablar de lo que extrañan, preguntarles mucho, porque a veces damos por sentado, creemos saber qué angustia a un chico y no es así. Cada niño puede extrañar o temer algo en particular. Hay chicos que se angustian por lo que les puede pasar a sus abuelos, a partir de lo que oyen sobre los grupos de riesgo; otros temen no poder pasar de grado, los efectos son variados e imprevisibles. También es importante hablarles del futuro, de las vacunas por venir, contarles de otras experiencias en las que no hubo vacuna y del alivio que llegó cuando sí se descubrieron, como con la polio, por ejemplo. O sea, dar esperanza respecto del futuro, hablarles de cómo se cuidan las personas por las que pueden temer, etc.

Para todo esto, es preciso que los padres puedan ayudarlos a expresar con palabras lo que les sucede  —si ese fuera el caso— ya que, si no, solo les queda la manifestación motriz, la descarga de un malestar sin palabras: explosiones de rabia, berrinches o descargas motrices;  transformar ese modo de expresión en otro que pase por la palabra es elaborarlo. El lenguaje y el afecto son la arcilla con que se hace humano un bebé, es lo que va más allá del alimento. Los sucesos que conmocionan podrán ser tramitados con la palabra, si hemos nacido y crecido como humanos pudiendo creer en ella.  A veces, no es posible para los padres ayudarlos así, pero no podemos culpar a la pandemia, y mucho menos a la cuarentena, por este impedimento. En cualquier otro suceso de la vida, si así fuera, tampoco podrían contener a sus niños ni ayudarlos a elaborarlo. Según el caso, podrían aparecer, o no, síntomas que lleven a la consulta. Pero nada de esto se puede definir a priori como necesario.  Sin embargo, los medios masivos han logrado, con esta prédica, que se pueda incluso llevar a los chicos a los patios de la escuela  o a la plaza para evitarles el trauma supuesto.

Es un tema que reenvía a la subjetividad de época. Los adultos dejan hacer, a veces porque creen que eso es promover la libertad de los chicos, a veces porque están ensimismados ellos mismos, ocupados en su mundo, casi compitiendo por ser más niños que los niños, más jóvenes que los adolescentes. El ejercicio de una autoridad que cuide y defina tiene muy mala prensa. La consecuencia es una cierta orfandad de la niñez y la adolescencia. Armar una vida para la cuarentena o el aislamiento implica también hacer que el día sea día y la noche, noche. Algo tan simple parece que no se puede garantizar ni para los adolescentes, que se duermen a la madrugada y se despiertan a la tarde, ni para los mismos adultos. Los hijos quedan, de este modo, huérfanos de lo que los enmarcaría.

Este desarreglo dice mucho de los adultos a quienes se les desarma la rutina más elemental, la del circuito circadiano. Es decir, como no hay otro que haga las veces de ordenador externo —trabajo, estudio, institución de algún tipo— que regule el día y la noche, entonces todo da igual. Esto es más grave que la cuarentena misma. O, mejor dicho, la cuarentena pone al desnudo una falta de regulación interna en muchos adultos que son los que no pueden, por ello, transmitirla a los chicos. Son los que dicen querer su libertad, son los que no pueden postergar sin sentir hostilidad hacia lo que los detiene. Es un rasgo de poca reflexión y mucha acción. Si los adultos no pueden ellos mismos manejar el obstáculo, tampoco podrán transmitir a sus hijos la tranquilidad de saber que el impedimento de salir es una forma del cuidado y no un encarcelamiento.

Ahora bien, ¿es diferente este cuadro de poca reflexión, de falta de regulación, del que encontrábamos antes de la cuarentena? No necesariamente. La cuarentena deja a los menores sin posibilidad de conocer o de interactuar con otros adultos que quizás los contengan mejor, de vivir otras experiencias en la escuela, con maestros, con otros familiares o con amigos, razón por la cual lo malo y/o lo bueno del hogar propio se potencia. Pero no es la cuarentena, es el medio en el que mayoritariamente está esa infancia el responsable de que la pasen mal o bien, así como lo es cuando no hay confinamiento.

Más allá de las narrativas que tienden a echar velos, a veces de tinte paranoide, sobre la peste de hoy, la pandemia ha desnudado la podredumbre del sistema. En la vida de muchos el virus, que no es democrático, ha pegado con más fuerza. Los intensivistas publican, en una carta abierta, su malestar, su agotamiento, y alertan acerca de la amenaza de saturación de los servicios. El personal de salud —en máximo riesgo y con muchas muertes a cuestas— merece toda nuestra atención y, sobre todo, una mejor consideración económica. Circular sin límites, como lo estamos viendo, los amenaza directamente al aumentar el número de contagios.  En las villas —un modo de vida por fuera de lo mínimamente digno, que no ha tenido año tras año más que empeoramiento— los niños y los viejos, como siempre, fueron los más afectados. Hubo muchos muertos entre miembros de organizaciones solidarias que se exponen al virus constantemente. Los jubilados, que cobran un haber indecente, son los más vulnerables al virus, sobre todo en condiciones de pobreza y hacinamiento. Los artistas ni siquiera ven un futuro para su tarea —a pesar de todo lo que inventan gracias a la virtualidad— sin el público.  Los desempleados y los cuentapropistas dejaron de percibir dinero y, a pesar de la ayuda estatal, se exponen —al salir a la calle sin poder evitarlo— para ver cómo pueden ganar algo más. En fin, hablamos de los desechables del sistema y hablamos de una situación sin precedentes que los muestra a la intemperie. Volver a la normalidad, si es la de antes, no los consolará. Esos desamparados no son producto de la pandemia sino del capitalismo descompuesto en el que vivimos. La pandemia puso en primer plano las condiciones del sistema, como lo hizo el niño, en el cuento El traje del emperador, al señalar que el Rey estaba desnudo. Habrá que ver si hay muchos que toleren el espectáculo y lo que harán con él. Tampoco puedo apostar, sin dudar, por Eros.

Referencias bibliográficas

1. Freud, Sigmund, De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915), Obras Completas, Tomo XIV, 277, Amorrortu, 1987.

2. Ibid (1), pág. 282.

3. Freud, Sigmund, Proyecto de Psicología (1895), Obras Completas, Tomo I, 362-363,   Amorrortu 1987.

4. Freud, Sigmund, El malestar en la cultura (1930), Obras Completas Tomo XXI, 99, Amorrortu 1987.

5. Ibid (4), 123.

6. Ibid (4), 120.

7. Lacan, Jacques, Seminario X. La angustia (1962/3), pág. 194, El Seminario, Paidós 2007.

8. Lacan, Jacques, ¡Lacan para Vincennes! (1978), Lacaniana N° 11, Bs. As., 2011.

9. Lacan, Jacques, Del discurso psicoanalítico (conferencia en Milán, 12 de mayo de 1972).

10. Ibid (4), 137.

11. Ibid (1), 292.

12. Ibid (4), 138.

Por gentileza de El Psicoanalítico

La pandemia del mal | La desigualdad entre países y personas

José Pablo Feinmann
Filósofo, docente, escritor, ensayista y guionista
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Hay una conocida —y un poco olvidada— frase de Hegel que postula: “La Historia avanza por su lado malo”. Es una frase central de su pensamiento. Hegel creía en el avance de la historia. También creía que ese avance era dialéctico. Y que la dialéctica incorporaba al Espíritu la negatividad. El Mal es lo negativo. De aquí que la Historia, por consiguiente, avance por su lado malo. Alguna vez creí en estas cosas. Fascinado por su vértigo especulativo, me devoré las obras de Hegel. Eso fue hace mucho tiempo. Yo era muy joven y aún no conocía los rostros que la Historia, impiadosamente, me mostraría. A mí y a mi generación, la diezmada.

Hoy, en medio de este mundo azotado por la peste, no creo en el avance ni, mucho menos, en el progreso de la Historia. La Historia camina (no sé hacia dónde) por su lado malo, pero no avanza ni progresa. Si alguien cree que esto es la exaltación del pesimismo se equivoca. Ante todo porque pesimismo y optimismo son palabras insustanciales, que ya nada dicen. Y, si se quiere, soy un optimista. De la voluntad, claro. Por eso sigo escribiendo. Aunque dude que algo de lo que escribo vaya a cambiar algo. El mundo pandémico sigue mal gobernado. Lo gobiernan codiciosos, guerreros brutales, fabricantes y traficantes de armas, banqueros, capitalistas amantes de la libertad de mercado, eso que llamamos neoliberalismo. Hay muerte y hambre en el mundo. Y nadie parece muy decidido a suprimir esas pestes. El mundo funciona para acumular dinero y ganar poder. La desigualdad entre personas y países es humillante para la condición humana. Condición, ésta, que nunca tuvo aristas agradables, generosas. Pero nunca como hoy fue tan despiadada, tan criminal.

Nada se aprendió. La guerra que llaman “primera” y “mundial” fue una tan espantosa carnicería que —al terminarse— los seres humanos se prometieron que sería “la última de las guerras”. Dejó un saldo de 17 millones de muertos. Y cada muerte era más horrible que las demás, aunque esto no parezca posible. Hay que ver los rostros mutilados de los sobrevivientes para estremecerse. ¿Esto se hacen los hombres entre ellos? Sí, porque a las guerras van los hombres. Las mujeres eran sacrificadas enfermeras. Aunque hoy también son soldados. Produce sencillamente miedo ver a los batallones que forman parte de los ejércitos de este mundo. Eso que Kant llamaba “el bello sexo” demuestra con entusiasmo que puede hacer todo lo que hacen los hombres: desde jugar al fútbol hasta boxear e ir a la guerra a cumplir con lo que se hace en las guerras: matar.

La pregunta central del pensamiento humanista es: ¿hay o no hay que matar? Parece una pregunta innecesaria, ya que siempre se mató. Desde Caín y el Dios severo del Antiguo Testamento, el que le ordenó a Abraham matar a su hijo, el joven Isaac. Vaya forma de poner a prueba a sus creyentes tenía ese Dios.

Marx, que hereda la dialéctica de Hegel, afirma, en el capítulo veinticuatro de El Capital que la violencia es la partera de la Historia. Que ella misma es una potencia económica. El sentido de esta frase es el mismo que la de Hegel, que la Historia avanzaba por su lado malo. Aunque los dos postulan un final feliz de la Historia ya se hace dolorosamente difícil creer en finales felices. O nos liquida la hasta ahora invencible pandemia, o la codicia de los grandes países o una bomba nuclear arrojada con propósito o sin él, por error, por un accidente indeseado.

Creo en las afirmaciones apodícticas de Walter Benjamin en sus “Tesis de filosofía de la historia”. Si miramos hacia atrás sólo veremos una cadena de ruinas, la historia humana como historia de una gran catástrofe. No obstante, hay que seguir. Hay seres humanos buenos. ¡Si hasta hay quienes creen que hay un punto de bondad en el alma humana! Si hasta Heinrich Himmler, cuando volvía tarde a su casa, entraba por la puerta de atrás para no despertar al canario. ¿Por qué volvía tarde? Porque se había demorado en visitar algunos campos de concentración y exterminio.

Pero no traigo este ejemplo para culpar centralmente a los nazis. Churchill decidió bombardear la bella ciudad de Dresde con la orden de no dejar nada en pie. Y sí, nada quedó. Ruinas y setenta mil muertos. Shostakovich escribió —apenas después de la guerra— un cuarteto de cuerdas para honrar a los asesinados en Dresde. El arte como única respuesta a la catástrofe. Porque si bien es cierto que la feroz pulsión tanática del ente antropológico es incontenible, también está el testimonio de siglos de arte en los que los humanos podrán buscar su redención. Ignoro ante quién. Porque las religiones han sido parte del problema, no su solución. Torquemada es la esencia del poder del estado católico, no Francisco de Asís y menos —pese a todos sus esfuerzos— el Papa actual. La esperanza está en suprimir la industria de las armas (que son el Mal impecablemente encarnado), la ambición de las corporaciones, el egoísmo como motor de la historia. Y saber y decir que el hombre debe dejar de ser el lobo del hombre, que el sufrimiento de los otros nos debe importar al punto de comprometernos por impedirlo y que —aunque pasen los siglos y lo tanático siga reinando— el Eros, ya sea en el amor o en el arte, acaso no triunfe, pero seguirá presente, como barrera ante la pandemia del Mal.

Por gentileza de Página|12

Los desorientados sin porvenir | Aproximación desde Karl Marx y Antonio Gramsci

Nicol A. Barria-Asenjo
Ensayista y columnista [1]
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Introducción

La totalidad de la naturaleza puede ser inferida de muchas maneras, por más riguroso que sea el razonamiento; en el campo social, al contrario, la totalidad siempre está dada de modo inmediato.

Lukács, 2011, p. 304 [2]

Desde temprana data encontramos presencia de modificaciones e incluso transformaciones teóricas producto de la influencia del paso del tiempo y de los Acontecimientos [3] que fueron marcando periodos históricos determinados. Bordeando los años cincuenta del siglo XX un gran número de pensadores regresaron a las tesis postuladas por Karl Marx (1818- 1883) intentando encontrar las herramientas que les permitirían generar una solución a las fisuras que en su época comenzaban a emerger. En este sentido, se podría afirmar sin correr riesgos, que es en este periodo y no otro, donde se produce un vuelco importante, época en la que comienzan a fomentarse y diversificarse las producciones teóricas fuertemente cargadas de crítica, reformulación, e incluso el intentar eliminar la imagen de Dios de un autor y promover el evitar seguir a un intelectual como dueño de una verdad irrefutable, la figura de maestro como una especie de imagen que hay que erradicar para el progreso y el avance de la teoría (Sánchez, 2013).

El marxismo ortodoxo o dogmático, como tal, no quedó alejado de críticas, encontramos por un lado a Schmidt (1976) quién afirmó que “la ortodoxia está ligada a lo vulgarmente naturalista, a lo socialdemócrata y a la tendencia ruso-soviética porque tienen una lectura más ontológica de Marx [4], y por otro a Lukács (2009) quien manifestó: “Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que ese método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores. Y que, en cambio, todos los intentos de “superarlo” o “corregirlo” han conducido y conducen necesariamente a su deformación superficial, a la trivialidad, al eclecticismo” (p. 89-90). Rápidamente podemos identificar cómo la crítica es la vía que permite perspectivas más integrales y adaptadas a los diferentes escenarios que en las sociedades o en las esferas que componen las sociedades se van generando.

Ocurre lo mismo con Antonio Gramsci (1891-1937) quién tuvo una vida marcada por la represión, siendo encarcelado y produciendo una de sus obras más importantes desde la prisión, Cuadernos de la cárcel [5], respecto de esta obra Manuel Almeida (2007) manifestó lo siguiente, cito en extenso:

Desde la publicación en su formato temático original a partir de 1948, los Cuadernos de la cárcel han sido objeto reiterado de intensos debates políticos, interpretativos, así como de influencia variada no sólo en Italia. Por no hablar de la increíble influencia en las instituciones e instancias intelectuales y académicas; la influencia gramsciana en el ámbito de la política, lo ideológico y lo cultural, con sus aciertos y desaciertos, se refleja en el rol importante y determinante de su obra en numerosos proyectos políticos y culturales a través del mundo (p. 84)

Al igual que Karl Marx, Antonio Gramsci participa como un teórico que indiscutiblemente significó un aporte invaluable al campo teórico, conceptual, practico de los mundos de las Ciencias Sociales y Humanidades, extrapolándose sus prismas teóricos y sus hipótesis en diferentes terrenos. Este impacto, o influencia no queda alejado de nuestra época, veremos pues, que en pleno año 2020, sus análisis nos permiten comprender un fenómeno que logró poner en jaque a la humanidad, al mundo globalizado, y todo lo que se conocía por cotidianos llegó a ser impactado y trastocado por un enemigo invisible reconocido como Covid-19. El objeto de este trabajo, consiste en poder exhibir como postulados, en cierto sentido catalogados como “clásicos”, nos ayudan a poder interpretar el escenario mundial que emerge desde la pandemia, en este sentido, el devenir de la pandemia impacta y modifica el porvenir y estos dos pensadores, Marx y Gramsci, son un salvavidas idóneo a la hora de encontrar huellas para aproximarnos a lo que hoy nos rodea y lo que puede venir.

En las páginas siguientes, lo que se pretende realizar, es generar un cruce, o una colisión teórica entre estos dos pensadores previamente mencionados, de manera que el objeto de este documento es aproximar al lector a una comprensión Marxista-Gramsciana [6] de los que acontece y deviene como proceso histórico y que está fuertemente impulsado por la pandemia que llegó para atacar a la humanidad. Desde esta unión, se elabora un esbozo del escenario mundial indagando en lo político, económico, social, cultural y que se ve fuertemente modificado, lo que deviene de este hito histórico, es incertidumbre y en esos residuos es donde los individuos deben comenzar a deambular. A partir de esa “realidad” es que e invita a reflexión, y afirmando que en estos tiempos que corren el arma para la construcción de lo que sea que haya que construir debe tener sus bases en la reflexión y el análisis profundo de lo que se está viviendo y lo que se deja atrás.

Trascendencia de las obras o construcciones infinitas

La escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que van a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad

Roland Barthes, 1968

La perdurabilidad de los textos Marxianos y Gramscianos traen un dilema a considerar en estas páginas, el paso del tiempo no ha dejado tapado de polvos sus antiguas producciones, son autores que siguen siendo estudiados, que retornan una y otra vez, no solo se van descifrando nuevos aspectos de sus textos, sino que también son capaces de ir entregando elementos o herramientas importantes a la hora de comprender los fenómenos que van afectado a los tiempos actuales.

Para Rolan Barthes (1994) este aspecto tiene una explicación sencilla, el autor desaparece, constantemente, y en ese desaparecer emerge otra producción, mediante la lectura se deviene escritor, y mediante la escritura se van creando nuevos lectores, esta metáfora un poco ambigua, es capaz de responder a la siguiente inquietud ¿Por qué estos pensadores del ayer siguen siendo foco de los pensadores del hoy? Sencillamente porque en el proceso de leerlos, se construye el nuevo escritor que intentará sortear los dilemas propios de su tiempo. Respecto de esto Ives (2004) afirmaba que el mismo Gramsci proponía al lenguaje como una construcción propia de un tiempo específico, una construcción que no es a-temporal, sino que mientras avanza el tiempo este se va moldeando acorde a la vida social, la cultura, no es un hecho aislado, es una mezcla constante que va generando nuevos resultados. En palabras del mismo Gramsci (1975) encontramos:

Parece que pueda decirse que «lenguaje» es esencialmente un nombre colectivo que no presupone una cosa «única» ni en el tiempo ni en el espacio. Lenguaje también significa cultura y filosofía (aunque sea del tipo del sentido común) y por lo tanto el hecho «lingüístico» es en realidad una multiplicidad de hechos más o menos orgánicamente coherentes y coordenados (p. 1330) [6]

La historicidad del lenguaje que postula el autor se manifiesta hoy como tema pertinente de abordar, debido a las coordenadas propias que atraviesan los tiempos actuales, tiempos inminentemente políticos, en los cuales el lenguaje permite trazar la historia actual y la venidera, la política del hoy y la del mañana. La llegada de la pandemia rápidamente fue epicentro de debate, las producciones teóricas de diferentes disciplinas -por no decir todas- se avocaron al estudio del fenómeno que llegaba, por lo cual nuestros tiempos, está impregnado de un tinte nuevo, las escrituras, el lenguaje -con su innegable carga ideológica que lo subyace-, se ve trastocado, estos vuelcos en la historia, no son fáciles de identificar estando inmersos en la lucha por la supervivencia, porque lo cierto es que nuestros tiempos la vida y su fragilidad si bien debieran ser un punto a analizar, persisten como temas dejados para después. Todo lo que se habla hoy, este nuevo nombre que emerge —Covid-19— y que llega a traer una “revolución” teórica, productiva, lingüística, documental, etc., está generando un nuevo porvenir, un futuro que no podemos visualizar con claridad porque estamos inmersos en un presente confuso y cargado de ansiedades.

El lenguaje como tal, desde temprana data para Gramsci (1975) tuvo un fuerte núcleo ideológico, político, involucraba y cargaba consigo a los dirigentes y a los dirigidos, a los gobernantes y a los gobernados, a los dominadores y los dominados ¿Por qué? para este autor, la limitación a la educación formal de la gramática, por ejemplo, traía consigo una barrera para que las clases dominadas puedan acceder al lenguaje culto. Este dilema vuelve con más fuerza que nunca con la llegada de la pandemia, en otro escenario y con otros elementos, pero con un fondo en común, la limitación de la información a las clases bajas.

Tan pronto como llegó la pandemia y las instituciones educativas se cerraron, emergió la “educación online”, esto como una forma de continuar con el cumplimiento de los objetivos institucionales, en esta carrera por el continuar con la “normalidad” en medio del caos mundial, muchos estudiantes quedaron totalmente segregados, el simple hecho de no contar con conexión a internet, o tener acceso a un computador en sus viviendas los dejaba automáticamente fuera del sistema educativo. Mientras las clases altas lograron tener su educación online sin mayor problema e incluso de manera más “cómoda” las clases bajas en sus caminos polvorientos sin accesos a muchos bienes materiales nuevamente fueron enviados a un rincón y limitados de continuar con el avance.

Por su parte Marx permanece como un autor que explora una y otra vez y siempre logra dejar retos pendientes o indicios de lo que el tiempo termina confirmado, el análisis de la sociedad que realiza este autor va de lo concreto a lo abstracto, recordemos el extenso pasaje de su Método de la Economía Política (2011) donde escribió:

Si consideramos un país dado desde un punto de vista político-económico, comenzamos con su población, su división en clases, la ciudad, el campo, el mar, las diferentes ramas de producción, la importación y la exportación, la producción y el consumo anuales, los precios de las mercancías, etc.

Parece ser correcto empezar por lo real y lo concreto, por el presupuesto efectivo y, por lo tanto, en el caso de la economía, por ejemplo, empezar por la población, que es el fundamento y el sujeto del acto social de producción como un todo. Considerado de manera más rigurosa, sin embargo, esto se muestra falso. La población es una abstracción cuando dejo de fuera, por ejemplo, las clases de las cuales está constituida. Estas clases, a su vez, son una palabra vacía si desconozco los elementos en los que se basan, por ejemplo, trabajo asalariado, capital, etc. Estos suponen cambio, división del trabajo, precio, etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin el trabajo asalariado, sin el valor, sin el dinero, sin el precio, etc. Por eso, si yo comenzara por la población, esta sería una representación caótica del todo y, por medio de una determinación más precisa, llegaría analíticamente conceptos cada vez más simples; del concreto representado [llegaría] a conceptos abstractos [Abstraktacada vez más finos, hasta que hubiera llegado a las determinaciones más simplesDe ahí tendría que dar comienzo el viaje de regreso hasta que finalmente se llegue de nuevo a la población, pero esta vez no como la representación caótica de un todo, sino como una rica totalidad de múltiples determinaciones y relacionesLa primera vía fue la que tomó históricamente la Economía en su génesis.

Los economistas del siglo XVII, p. ej., comienzan siempre con el todo viviente, la población, la nación, el Estadomuchos Estados, etc.; pero siempre terminan con algunas relaciones determinantesabstractas generales, tales como división del trabajodinerovalor, etc., que descubren por medio del análisisTan pronto estos momentos singulares fueron más o menos fijados y abstractoscomenzaron los sistemas económicos, que se elevaron de lo simple, como trabajodivisión del trabajonecesidadvalor de cambio, hasta el Estado, el intercambio entre las naciones y el mercado mundial. El último es manifiestamente el método científicamente correctoEl concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de la diversidad. Por esta razón, el concreto aparece en el pensamiento como proceso de la síntesis, como resultadono como punto de partida, no obstante, sea el punto de partida efectivo y, en consecuencia, también el punto de partida de la intuición y de la representación. En la primera vía, la representación plena fue volatilizada en una determinación abstracta; en la segunda, las determinaciones abstractas llevan a la reproducción del concreto por medio del pensamiento (Marx, 2011, p. 54) [8]

A partir de este fragmento, encontramos un punto de partida mediante el cual poder generar un análisis, comenzar por lo real, por lo concreto, para comenzar a desmenuzar todo lo demás hasta alcanzar lo abstracto, y desde allí generar un giro al inicio, el foco, entonces, es lo político-económico de un país, en medio de este escenario se mueve el sujeto, conociendo previamente algunas legalidades, “reglas” y estructuras que son propias de la generalización definida como “población”.

Para acercar a Marx a la actualidad hay que también aceptar que es un autor extemporáneo, aquí cabe recordar al sociólogo francés Michel Maffesoli (2001) para quien estamos en una nueva época, desde donde emerge el ser posmoderno, en el debate modernidad/posmodernidad, el teórico alemán queda con mucho orgullo dentro de los autores de la modernidad, respecto de este punto, encontramos a Vélez (2013) quien afirma:

Marx es un teórico de la modernidad y un defensor de sus logros y de sus conquistas. Las loas al prometeísmo de la modernidad en El manifiesto comunista darían apoyo a esta consideración. El canto a la técnica y al desarrollo ingente de las fuerzas de producción, al milagroso emerger de nuevas ciudades y construcciones, al derrumbe de tradiciones inveteradas, a la desacralización del mundo social, todo ello, enunciado y defendido por Marx, lo mostraría como un acérrimo defensor de la modernidad (p.29)

Estallidos sociales en tiempos de pandemia

Hannah Arendt en su texto Sobre la revolución toda revolución o intento de revolución pertenece a la esfera público-política, especio en el cual se genera una colisión que impacta todo lo que compone una ubicación determinada, en este sentido podríamos explicar que parte de las insurrecciones populares que comenzaron a brotar por diferentes ubicaciones el país, son el resultado de la insatisfacción de los individuos frente a las decisiones adoptadas en los espacios públicos y políticos.

Los movimientos populares que comenzaron a iniciarse en medio de la crisis mundial de la pandemia, obliga a mirar los viejos textos de Marx (1975) por que la lucha de los individuos, aún en estos tiempos es una lucha en el terreno de  lo espiritual, una lucha que pretende una liberación y el poder expresar o vivir sus potencialidades individuales, en medio de la asfixia, de la colonización de la subjetividad que el capitalismo-neoliberal ha generado, se emprende la lucha por lo individual, que ha sido censurado, en palabras de Berman (2004) encontramos:

“si en algo es fetichista Marx, no es en el trabajo y la producción, sino más bien en el ideal mucho más complejo y amplio del desarrollo: ‘El libre desarrollo de su energía física y espiritual´” (p. 40).

La carrera por una universalidad concreta, una sociedad emancipada, atravesada por la individualidad y su libre deambular, esta carrera del ayer, esta búsqueda del siglo XIX, es la búsqueda que las masas populares intentan alcanzar en el escenario pre-pandemia, en el transcurso de la pandemia y probablemente, en el escenario Postpandemia, cuando la construcción de las nuevas normalidades del porvenir de la humanidad comiencen a levantarse persista.

Este intenso devenir de luchas política irresueltas, está atravesada por la búsqueda de un eterno aquí y ahora, estrategia que termina por convertir en una suerte de zombie a los individuos, bajo el eslogan del goce, del disfrute, los sujetos están siendo colonizados siendo engañados e impulsados a disfrutar de su presente, aquí lo que se busca no es una liberación genuina o esperar que el potencial se despliegue, sino que se olvide el pasado y se deje de considerar como importante el futuro. La inercia como otro medio de control bajo el cual las masas populares que comenzaron a movilizarse lograron fragmentar ese esquema. Poder o resistencia, eso es lo que se busca esclarecer.

Sin afán de intentar eliminar las diferencias que los procesos de insurrección popular mantienen, el hilo conductor que atraviesa estas luchas o despertar, es el dilema de las libertades individuales. Mediante los procesos de confinamiento obligatorio —entendiendo que la mayoría de los países a nivel mundial incorporó rápidamente esta medida en su intento por erradicar el virus— se olvidó por complejo el dilema de la libertad. Cierre de fronteras, cierre de locales comerciales, ausencia de ciudadanos deambulando por las calles —quienes salían en muchos casos eran sancionados— de manera que la libertad de cada uno quedó reducida a una nada. El encierro obligatorio era la única opción —y también la opción que aseguraba la supervivencia— este abrupto freno en el cotidiano, genero una serie de efectos, en un mundo globalizado, donde las sociedades corrían sin frenos, despertar y verte encerrado en el hogar sin otra opción más que permanecer allí, trajo consigo efectos nocivos para la salud física y mental de las personas. Todo lo que se conocía y hacía, tuvo que comenzar a repensarse.

A modo de conclusión

Pensar en el proceso que toca vivir, cuando los tiempos del hoy son difíciles de describir, es un reto importante. Por otro lado, intentar resumir todo lo que aconteció en un periodo extremadamente breve es una tarea imposible, porque cualquier generalización deja en si aspectos relevantes que debieran ser profundizados. En estas breves páginas, se intentó traer a dos autores de otra época, que logran sin duda acercarnos mediante las herramientas que nos dejaron escondidas en sus textos al escenario en el que nos movemos. Como tema pendiente que la espera, esa espera que el tiempo acompaña, y que el mismo tiempo va significando. Intentar ahora generar análisis integrales de todo queda siempre cojo, por el simple hecho de que los tiempos venideros, y con tiempos venideros podemos referirnos al día de mañana, pueden traernos un vuelco total.

La pandemia nos enseñó eso, o debería habernos dejado esa lección, no importan las certezas que mantengamos, no importan los avances, los progresos, no importa cuando dominio pueda tenerse, basta que la naturaleza reacciones para que la humanidad y la teoría quede siendo material de un pasado que se puede sentir lejano.

Referencias

[1] Nicol A. Barria-Asenjo. Ensayista chilena, columnista y  colaboradora en Le Monde Diplomatique Edición Chilena. Colaboradora en la Asociación Chilena de Revistas Científicas de Psicología. Asistente editorial en Revista Cuadernos de Neuropsicología – Panamerican Journal of Neuropsychology. Ha participado y dirigido convocatorias nacionales en el campo de la psicología chilena. Cuenta con variadas publicaciones nacionales e internacionales, abordando temáticas de diferentes  campos, entre ellos la investigación científica, el psicoanálisis, la filosofía y la política. E-mail nicolbarria05@gmail.com

[2] Véase: Lukács, G. (2011). Para una Ontología do Ser Social I. São Paulo, Brasil: Boitempo, citado en: Duayer, Mario (2019). MARX: EL MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA COMO CRÍTICA ONTOLÓGICA. Revista Eleuthera, 21( ),91-105.[fecha de Consulta 1 de Septiembre de 2020]. ISSN: 2011-4532. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5859/585961633006

[3] La definición de “Acontecimiento” la encontramos en Slavoj Žižek (2016) quien lo define como: “algo traumático, perturbador, que parece suceder de repente y que interrumpe el curso normal de las cosas; algo que surge aparentemente de la nada, sin causas discernibles, una apariencia que no tiene como base nada sólido” (p.16)

 [4] Schmidt comenta algunas características del marxismo soviético: “El punto de vista de que para el materialismo dialéctico no puede haber ningún principio último del ser, al cual se reduzca todo lo demás, sólo se ha impuesto en Rusia en época muy reciente […] cuán profundamente influida por el concepto espinoziano de sustancia estaba la concepción de la materia de la filosofía soviética a comienzos de la década de 1920, durante la fase de predominio de Deborin y sus alumnos. La fase inmediatamente posestalinista de la filosofía rusa se puede caracterizar como de interpretación realista- ontológica de la dialéctica materialista […] Se utilizaba incluso en Rusia una expresión que es contradictoria para Marx y en sí misma, “ontología materialista” […]” Cfr. SCHMIDT, A (1976). El concepto de naturaleza en Marx. Trad. Cast., de Julia M. T. Ferrari y Eduardo Prieto, Madrid, Siglo XXI, pp. 62-63. Esto se encuentra en una nota al pie de la página 39, del texto: El materialismo dialéctico de Alfred Schmidt, escrito por Karla Sánchez Félix publicado en el vol. 18, núm. 61, abril-junio, 2013, pp. 37-46 de la revista Utopía y Praxis Latinoamericana,

[5] Original: Gramsci, Antonio. 1975. Quaderni del carcere. Editado por Valentino Gerratana. Turín: Einaudi. Posteriormente se publicó: Gramsci, Antonio, 1966. Lettere del carcere. Editado por Antonio Santucci. Palermo: Sellerio.

[6] Esta unión no es al azar, Gramsci es catalogado como unos de los primeros intelectuales en poder darle una teoría o enfoque político al marxismo.

[7] Gramsci, Antonio. 1975. Quaderni del carcere. Editado por Valentino Gerratana. Turín: Einaudi. Posteriormente se publicó: Gramsci, Antonio, 1966. Lettere del carcere. Editado por Antonio Santucci. Palermo: Sellerio. Citado en: Almeida Rodríguez, Manuel S. (2007). Los estudios gramscianos hoy: ¿Gramsci Lingüista? Tabula Rasa, (7),81-92.[fecha de Consulta 1 de Septiembre de 2020]. ISSN: 1794-2489. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=396/39600704

[8] La referencia se encuentra trabajada en el siguiente artículo: Duayer, Mario (2019). MARX: EL MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA COMO CRÍTICA ONTOLÓGICA. Revista Eleuthera, 21( ),91-105.[fecha de Consulta 1 de Septiembre de 2020]. ISSN: 2011-4532. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5859/585961633006

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Por gentileza de Topía

 

Geopolítica de las vacunas

Micaela Constantini
Estudiante de Periodismo y Comunicación Social. Miembro del equipo de investigación de PIA Global

Fernando Esteche
Doctor en comunicación social, periodista y dirigente político

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Los motivos que impulsan la búsqueda de una vacuna contra el covid-19, lejos del altruismo humanista están signados por la lógica del mercado, la competencia y la necesidad de ejercer el predominio geopolítico en el mundo.

Lo que evidenció la pandemia es que un mundo con un nivel de desarrollo del conocimiento inusitado y un desarrollo de las fuerzas productivas formidable; producto de la inequidad, la desigualdad, la concentración de riqueza y el despilfarro que redunda en falta de planificación y previsión, se vuelve peligrosamente vulnerable.

La aparición de las primeras noticias acerca de una lejana ciudad china (Wuhan) en la que había contagios masivos de un nuevo coronavirus letal pasó inadvertida por varias semanas, incluso por la propia OMS.

Para cuando intervino el organismo multilateral de la salud, la pandemia ya estaba desatada y recorría la “nueva ruta de la seda” haciendo estragos.

Luego de la falta de reacción inicial se produjo un formidable experimento de disciplinamiento social global que no reconoce precedentes. El propio Michel Foucault no hubiera sido capaz de elucubrar semejante situación, ni tampoco los escritores distópicos que proyectaron la fascistización como Zamiatin, Orwell, Huxley o Atwood.

La economía se paralizó por completo y comenzaron las discusiones sobre “nueva normalidad”, el mundo “pospandemia” y prospectivas de distintos tipos que llegan todas a una misma conclusión: la profundización de las tendencias históricas macropolíticas y macroeconómicas previas a la pandemia.

La guerra de las vacunas”, como la han llamado los grandes medios de comunicación, demostró que la solidaridad de la que tanto hablaron los primeros meses de decretada la pandemia, para ciertos gobiernos, fue sólo un discurso más.

Mientras se espera la llamada segunda ola de contagios, e incluso una tercera ola en varios países, el mundo ha seguido su marcha, el hegemón decadente, también; y las nuevas polaridades geopolíticas aprovecharon para reposicionarse. Lo que ha resultado evidente al amparo de cualquier escuela de ciencias políticas es la utilización de la peste y de su cura en términos de geopolítica.

Génesis: la tesis del ataque

La discusión sobre el origen del virus, como en todos estos casos, es pasible de interpretaciones y en torno de la narrativa sobre su origen se juegan también posicionamientos geopolíticos y de disputa de sentidos.

Ya hemos planteado la idea propalada por los medios occidentales (mayoritariamente en manos del globalismo) con su control sobre la circulación de discursos que infirió a pensar, cuando uno se enteraba de una feria a cielo abierto y del consumo de sopa de murciélagos, en una aldea campesina; cuando en realidad se trata de una ciudad con una urbanización super-moderna, casi futurista. Cosas de los medios y de los imaginarios que son capaces de construir.

Temprano Donald Trump, entonces presidente de Estados Unidos, habló de “la peste china” en su cuenta de Twitter. Los chinos no tardaron en señalar, mediante el portavoz de su cancillería, Zhao Lijian, la curiosa situación de que tropas de marines hayan estado semana antes asentadas en la propia Wuhan, muy cerca de la feria a cielo abierto, para los VII Juegos Mundiales Militares CISM, deslizando sutilmente la sospecha.

Probablemente Xi y Trump fueron conscientes que un ataque de ese tipo, si es que se trató de eso, es más probable que provenga del globalismo multilateral que de los propios gobiernos orgánicos de cada país. En esto no debemos olvidar la guerra abierta entre Huawei y Apple, y el enrolamiento político de los big five que expresan al globalismo unipolar (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google, las FAANG) que, como van a sostener algunos analistas, crean el problema y la solución, con la vacuna, por un lado, y la criptomoneda (fuera de control estatal), por otro lado, para poder salvar la economía.

Los teóricos de las visiones conspirativas, no sin fundamentos, se apuraron en sostener que se trató de algún tipo de ataque biológico responsabilizando del mismo a distintos actores, a los chinos contra occidente o a los Estados Unidos contra los chinos.

La guerra biológica es tan vieja como la guerra, desde el curare en la punta de las flechas o las cerbatanas venenosas, hasta la infiltración de enfermos de tularemia que utilizaban como táctica los hititas; pero no es de eso de lo que pretendemos tratar en este artículo.

Lo que evidenció la pandemia es que un mundo con un nivel de desarrollo del conocimiento inusitado y un desarrollo de las fuerzas productivas formidable; producto de la inequidad, la desigualdad, la concentración de riqueza y el despilfarro que redunda en falta de planificación y previsión, se vuelve peligrosamente vulnerable.

The Big Pharma y los países «olvidados»: la desigualdad eterna 

Desde que la Organización Mundial de la Salud caracterizó el virus covid-19 como pandemia, se comenzó una carrera desesperada por encontrar una vacuna por parte de varios actores.

The Big Pharma, es el lobby de las «grandes farmacéuticas» que monopolizan el capital científico, tecnológico y biotecnológico, político, productivo y comercial, son controladas directa o indirectamente por unos pocos negocios y una élite de poder. Estas farmacéuticas se enriquecen a partir de la toma de recursos públicos de los países para su expansión, ya que son financiadas mayoritariamente con fondos públicos. Por ejemplo, Moderna recibió 2.500 millones de dólares en ayudas del gobierno de Estados Unidos y Pfizer/ BioNTech recibió 450 millones de dólares. Esto, sin sumarle el dinero que los países invierten anualmente en instituciones científicas, educación e investigación básica.

La farmacéutica Pfizer intimidó a los gobiernos latinoamericanos en las negociaciones para la compra de vacunas, exigiendo a los países que pongan activos soberanos, como edificios, embajadas y hasta bases militares en calidad de garantía para reembolsar los costos de cualquier futuro litigio. [20]

Si estas transnacionales ejercen semejantes presiones y condicionantes que evidencian dependencia y sometimiento sobre países ‘desarrollados’, como varios de la Unión Europea, ¿en qué posición quedan los países con menores posibilidades económicas y políticas, que no encuentran una organización regional fuerte, que están sumidos en conflictos bélicos o bloqueados, o aquellos países que dependen de organismos internacionales ausentes?

Tenemos el claro ejemplo del continente africano, que aún transita epidemias y síndromes para las que ya hay vacunas, tratamientos y medicinas disponibles, pero son incapaces de acceder a ellas e inmunizar a sus poblaciones, como el paludismo (malaria), el sarampión, el sida o la tuberculosis. En febrero de este año reapareció un brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Guinea Conakry. Todas enfermedades que comprometen al sistema inmune, sin dejar de mencionar el hambre y la malnutrición, o la falta de condiciones sanitarias e higiene en el continente, que agravan la posibilidad de hacer frente al covid-19.

Al contrario, Israel es el ejemplo de país rico, con poder de élite global. El Estado sionista ha comprado 24 millones de dosis para combatir el covid-19, a distintas farmacéuticas, aun cuando la población vacunable es de 6 millones, para los cuales se requieren 12 millones asumiendo que se deben aplicar doble dosis. [3]

En noviembre de 2020, los países de ingresos altos, incluido el bloque de la Unión Europea, ya reservaban el 51% de casi 7.500 millones de dosis de diferentes vacunas Covid-19, aunque estos países representan solo el 14% de la población mundial. EEUU reservó 800 millones de dosis, Japón, Australia y Canadá reservaron más de mil millones de dosis, aunque estos tres países combinados no representaban ni siquiera el 1% de todos los casos.

01

La brecha de vacunación entre países ricos y pobres se empieza a mostrar en las cifras. Hasta el momento, la mayoría de dosis administradas en todo el mundo se concentran en el hemisferio norte, prácticamente en Israel (115,18 de dosis por cada 100 habitantes), Emiratos Árabes Unidos (82,24 de dosis por cada 100 habitantes), Reino Unido (50,26 de dosis por cada 100 habitantes), y Estados Unidos (44,05 de dosis por cada 100 habitantes).

A la tercera parte de la humanidad no le ha llegado ni una dosis y, según una proyección que publica The Economist, más de 85 países no vacunarán lo suficiente hasta 2023, mientras que los gobiernos de los países ricos han comprado tres veces más unidades de las que necesita su población (cinco en Canadá). [5]

Los motivos que impulsan la búsqueda de una vacuna contra el covid-19, lejos del altruismo humanista están signados por la lógica del mercado, la competencia y la necesidad de ejercer el predominio geopolítico en el mundo. El lobby farmacéutico no sólo tiene el monopolio de la fabricación, el comercio, los precios y las decisiones, sino que también se apoderan de los derechos intelectuales y patentes, como también de la esperanza de los pueblos.

La exitosa campaña de vacunación en Israel. Vacunar sólo al pueblo elegido

La campaña de vacunación israelí fue elogiada como exitosa por varios medios de comunicación. En diciembre de 2020, Israel llegó a un acuerdo con la empresa farmacéutica Pfizer para asegurarse un suministro constante y prioritario de vacunas, a cambio de proporcionar datos sanitarios a la compañía y de pagar un precio por dosis alrededor de un 40% superior al abonado por la UE. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue quien anunció el acuerdo con la multinacional y se presentó como el impulsor de la campaña de vacunación de cara a las elecciones nacionales de marzo, para contrarrestar así las acusaciones y juicios por corrupción, soborno, fraude y abuso de confianza.

Lo más grave es el apartheid vacunatorio que el gobierno israelí está generando con Palestina. Las autoridades israelíes bloquearon la entrada de un lote de 2.000 vacunas Sputnik V destinado a personal sanitario en la Franja de Gaza. Las condiciones que imponen los diputados israelíes para la entrega de la dosis son la devolución de dos civiles y los cuerpos de dos soldados retenidos en la Franja. Varias ONGs acusan a Israel de imponer un ‘castigo colectivo’.

A causa de la ocupación y bloqueo por tierra, mar y aire por parte de Israel al territorio palestino, el sistema de salud de Gaza no puede atender las necesidades de su población agravando aún más la discriminación y la desigualdad.

El Convenio de Ginebra, que regula el derecho internacional humanitario, estipula que la potencia ocupante debe garantizar suministros médicos y prevenir y controlar las epidemias en los territorios que ocupa. Israel alega, por el contrario, que el Acuerdo de Oslo, firmado entre su Gobierno y el palestino en 1995, da la competencia en sanidad a las autoridades palestinas en su territorio, aunque este punto es controvertido, porque el acuerdo también insta a ambas partes a colaborar en situaciones como una pandemia. En cualquier caso, el Convenio de Ginebra también establece que ningún acuerdo entre las partes puede extinguir las responsabilidades de la potencia ocupante. [4]

Estafas, robos y burlas de las Big Pharma

Primero fue el escándalo entre AstraZeneca y la Unión Europea, luego de que la farmacéutica anunciara que no entregaría el porcentaje de vacunas prometidas (se sospechaba que las dosis fueron desviadas a Reino Unido e Israel). La UE allanó la planta de la multinacional en Bélgica en búsqueda de pruebas del desvío. Luego de unas semanas de tensión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von Der Leyen, se reunió con el consejero delegado de AstraZeneca. De esta reunión se desprende un nuevo acuerdo que incluye una cláusula que prohíbe la solidaridad. Ésta especifica que por fuera de la Unión Europea las vacunas no podrán ser vendidas, ni donadas a otros países, ni siquiera la donación a través de ONGs o la Organización Mundial de La Salud, sin el consentimiento previo del contratista. Así es como la Unión Europea, comenzará el 31 de marzo el control de las exportaciones de vacunas de aquellos laboratorios con los que la CE firmó acuerdos de compra anticipada.

Las últimas declaraciones de Tedros, el director de la OMS, en marzo, vuelven a denunciar la ‘grotesca’ desigualdad en la distribución de las vacunas, tanto en la acumulación de dosis como en las políticas de aplicación en países ricos, como Israel, Emiratos Árabes Unidos, el Reino Unido y Estados Unidos.

Jorge Elbaum, en Topografía viral del neoliberalismo (31/1/21) dice que los cuatro laboratorios más importantes del mundo (GSK, Johnson & Johnson, Pfizer y Sanofi) evaden tributos por 3.800 millones de dólares al año. Sin embargo, sus CEOs son los mismos que participan de los encuentros de Davos para defender la primacía del mercado por sobre el Estado y enarbolar la transparencia como divisa prístina de ética pública.

No hay que esforzarse mucho para advertir quiénes financian proyectos como COVAX o instituciones claves en la investigación y desarrollo tecno-científico; el grado de participación de organismos no gubernamentales privados; quiénes son las élites empresariales que más han sobresalido en esta pandemia, cuáles son sus valores, modelos y proyectos de orden mundial. El globalismo unipolar, nuevamente en el poder en EEUU, son quienes han gestionado directa o indirectamente la investigación, producción y distribución de vacunas en el mundo.

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Está más que claro que la acumulación de vacunas, los bloqueos, la prohibición a las exportaciones, las sanciones, los contratos secretos y el financiamiento público a farmacéuticas que se apropian las patentes y priorizan objetivos de mercado, la falta de cooperación y no solidaridad, no van a terminar con la pandemia, por el contrario, agudizan la crisis mundial y refuerzan las muertes diarias.  

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La peste estalla en medio del declinacionismo norteamericano (esto no importa su caída en el mediano plazo) que a expensas del mismo se ha vuelto más bestial en su desesperación por mantener su expansionismo cada vez más insostenible. A la vez, la peste explota en el propio corazón de China que está hoy comandando el proyecto de integración euroasiático con la Rusia de Putin y que evidencia el surgimiento de un mundo multipolar.

Los actores que surgen (nótese lo deliberado de no utilizar el término “emergen” para no reproducir narrativas geopolíticas dadas) prefigurando el mundo multipolar, se encuentran consolidados en sus proyectos de mediano y largo plazo; el hegemón declinante se encuentra en plena crisis interna incluso a nivel de sus clases dirigentes.

Eso explica la diferencia de comportamiento de los distintos gobiernos respecto del manejo de la pandemia y el aporte a desarrollar una vacuna. Todo tiene que ver con la geopolítica de la vacunación.

En julio de 2020, el supremacista desesperado, Donald Trump, entonces presidente de EEUU, compró a la farmacéutica Gilead el 90% del suministro mundial del antiviral remdesivir, que hasta ese momento era el único método de tratamiento de Covid-19, para la población norteamericana. Rompió con la Organización Mundial de la Salud (OMS), y lanzó la operación “Warp Speed” de inversión en el desarrollo de vacuna y coordinación de la provisión masiva, si fuera posible, para las elecciones. Asimismo, compró por adelantado dosis a Pfizer-BioNTech y Johnson & Johnson.

Por su parte, el actual presidente norteamericano, Joe Biden, afirmó que usaría la ley de Producción de Defensa de 1950 para acelerar la manufactura y proveer el equipo y los suministros. Esta ley fue aprobada durante la Guerra de Corea y permite al Gobierno obligar a las empresas a fabricar cierto tipo de productos. Biden incitó a la asociación productiva de Merck, Johnson & Johnson y Pfizer después de haberles otorgado 269 millones de dólares a través de la agencia gubernamental BARDA (Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado). [6]

En Europa, en 2020 se intentó construir una plataforma de cooperación europea para desarrollar la vacuna, la “Alianza de Vacuna Inclusiva” entre Alemania y Francia, con Italia y Países Bajos. Las embestidas acaparadoras análogas de Trump y Biden operaron como catalizadores del europeísmo y nacionalismo al interior de estos países. La anécdota del intento norteamericano para la compra de derechos a la germana CureVac que fue respondida con un contundente “Alemania no está a la venta”, complementa con la marcha atrás que debió dar la gala Sanofi que había comprometido prioridades a los Estados Unidos y tuvo que retractarse.

Sin embargo, se comenzó a observar una clara falta de solidaridad y colaboración al interior de la Unión Europea. En marzo de 2020, Italia era el país europeo más golpeado por la pandemia y no recibió la ayuda inmediata que necesitaba de su Comunidad. Equipos de médicos y especialistas, respiradores, monitores sanitarios, barbijos, equipamientos técnicos y materiales de diagnóstico y tratamiento fueron enviados a Italia por parte de China, Rusia y Cuba.

A medida que avanzaron los meses, los casos aumentaron, la crisis económica y sanitaria se profundizó, el Brexit se concretó y la entrega de las vacunas no se cumplió, la Unión Europea comenzó a tener internas acerca de cuáles eran sus prioridades, ¿las alianzas geopolíticas?  el ahorro económico? ¿cuáles vacunas se aceptaban para control de la EMA?

Mientras, aumentaron las tensiones de Europa con Rusia, China y EEUU; y Gran Bretaña en sintonía con el Brexit abandonó las políticas de cooperación por una vacuna de la Unión Europea y se enfocó en la vacuna de ARN del Imperial College London y en la vacuna de la Universidad de Oxford, que firmó un acuerdo con AstraZeneca para manufacturar 100 millones de dosis. 

A pesar de la estigmatización e injurias de Estados Unidos y la Unión Europea hacia las vacunas y los llamados de cooperación de China y Rusia, varios países miembros de la UE como Hungría, Serbia, República Checa o Eslovaquia optaron por comenzar campañas de vacunación con dosis rusas y chinas debido a la lentitud de implementación por parte de Bruselas, que demuestran el lugar que ocupan los países de Europa Oriental dentro de la UE.

A comienzos del 2021 veíamos que la decisión de desbloquear la vacuna Sputnik V en Europa generaba una gran interna entre la Canciller alemana Angela Merkel y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. 

A pesar de las tensiones internas en la UE, a fines de marzo de 2021 el presidente de Rusia Vladímir Putin, la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron se reunieron por videoconferencia y discutieron las perspectivas de registro en la Unión Europea de la vacuna rusa Sputnik V, así como posibles suministros y producción conjunta de este fármaco en los países de la UE.

No obstante, habrá que darles seguimiento a las relaciones entre Rusia y la Unión Europa, ya que aún siguen vigentes las tensiones a partir de las sanciones diplomáticas.

Para la Unión Europea, China es al mismo tiempo “socio, competidor y rival sistémico”, China superó en 2020 a Estados Unidos como mayor socio comercial de la UE, y se espera que este año supere también a Estados Unidos como principal mercado de la exportación alemana, sin embargo países como Alemania y Francia envían periódicamente sus barcos de guerra a participar en el cerco aeronaval de Estados Unidos en el Mar de China Meridional, sugiriendo que la intensa relación con su principal socio comercial es compatible con su contención militar.

Pese a los ataques de Biden hacia Rusia y China, varios países de la UE aclararon que no tienen intenciones de romper relaciones con ninguno de esos países, por ejemplo, la canciller alemana dejó claro en la reunión de Davos (Suiza) que Alemania no se embarcará en una guerra comercial contra China, al igual que el presidente francés, Emmanuel Macron, empeñado en mantener los lazos con Rusia, también ha rechazado implicarse en una disputa contra China. 

Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping planteó el fortalecimiento de la cooperación entre China y los países de Europa central y oriental, al proponer las vacunas contra el covid-19 como un espacio para lograr ese objetivo.

La India se ha convertido también en un actor de importancia en el desarrollo de investigación y producción porque es el principal productor y exportador de fármacos del mundo, producto arquetípico de la deslocalización del globalismo, ofrece territorio y mano de obra excesivamente barata. 

En India, se desarrolla la campaña “Vaccine Maitri” (amistad de vacunas) con la que ha enviado cientos de miles de vacunas Covishield fabricadas en la India bajo licencia de Oxford-AstraZeneca a unos 60 países.

Las vacunas indias se han enviado a la mayoría de los países vecinos, entre ellos Afganistán, Bangladesh, Bután, Sri Lanka, las Maldivas, Myanmar y Nepal, y también a las Seychelles, Camboya, Mongolia, y a países insulares del Pacífico, del Caribe y de África. Las vacunas sirvieron para enmendar las relaciones tensas con Bangladesh y cimentaron lazos de amistad con las Maldivas.

Con otra lógica, otra temporalidad y otra mirada histórica, China ha desarrollado la diplomacia del barbijo enviando suministros y asistencia a distintos países que lo requirieron, a la vez que anunció créditos por dos mil millones de dólares, transferencia de conocimientos y específicamente mil millones de dólares para desarrollo de la vacuna a América Latina y el Caribe. El desarrollo farmacéutico de distintas empresas chinas está planteado bajo el paradigma del “bien de la humanidad” concretando así una “Diplomacia de Vacunas”, cuyos primeros beneficiarios han sido obviamente los BRICS y los miembros de la Alianza para la Cooperación de Shangai.

Los principales laboratorios chinos que han desarrollado vacunas contra el covid-19 son en conjunto Anhui Zhifei Longcom Biopharmaceutical Co. Ltd. y la Academia China de Ciencias, Sinopharm, CanSino y Sinovac. Sinopharm ya tiene dos vacunas que han sido desarrolladas, una a partir de un coronavirus obtenido de un paciente en Beijing y otra de un paciente en Wuhan.

Rusia produjo un nuevo “momento Sputnik” en el momento que anunció la vacuna. Cuando en 1957 la Unión Soviética sorprendió al mundo anunciando la orbitación exitosa del Sputnik 1, se produjo una crisis de envergadura en la noción de posición dominante en la carrera espacial que detentaban los Estados Unidos y que le fue arrebatado en ese momento, con consecuencias profundas. El anuncio del presidente ruso Putin del descubrimiento de una vacuna contra el Covid-19, no antojadizamente nombrada “Sputnik V”, provocó en Occidente el mismo efecto que el suceso homónimo del siglo pasado.

 Vínculo de solidaridad humanitaria en el ‘eje del mal’

Países como Cuba e Irán han sobrepasado el impacto negativo del  ‘terrorismo económico y médico’ de Washington y las restricciones que dificultan las importaciones de medicamentos, equipos y artículos de primera necesidad, a las que Irán califica de ‘crímenes de lesa humanidad’.

Cuba desarrolla en forma simultánea cinco candidatos vacunales: Soberana 01, Soberana 02. Soberana Plus (o Soberana 1A), Mambisa y Abdala. En febrero pasado su gobierno anunció que se les ofrecerá la oportunidad de vacunarse a los turistas que lleguen, y si así lo deseen.

Irán, en febrero, inició los ensayos clínicos en humanos de su segundo candidato vacunal contra el covid-19 de por lo menos ocho, llamado Razi CoV-Pars. [5]

Desde el comienzo de la pandemia, Rusia y China han compartido experiencias en prevención, control y tratamiento, además, han buscado promover la investigación científica conjunta, abordar las amenazas y desafíos comunes y mantener la seguridad de la salud pública mundial. El 30 de marzo el Fondo Ruso de Inversión Directa (FRID) anunció que ha llegado a un acuerdo con la farmacéutica Shenzhen Yuanxing Gene-tech para producir más de 60 millones de dosis de la vacuna Sputnik V en China.

Cuba envió 100 mil dosis de la vacuna Soberana 02 a Irán, luego del acuerdo entre ambos países para cooperar en la complementación de evidencias clínicas del candidato vacunal cubano, a partir del desarrollo conjunto del medicamento entre Cuba y la República Islámica. Mientras se preparan las vacunas iraníes, el país ha recibido dos primeros cargamentos de la Sputnik V y 250 mil dosis de vacunas chinas para la inoculación del personal sanitario y los más vulnerables. Además, Teherán y Moscú han acordado la transferencia de la tecnología de la vacuna a Irán.

Venezuela cuenta con 17 toneladas de materiales e insumos médicos recibidos desde China, que incluían un lote de 500 mil dosis de la vacuna Sinopharm. Se alcanzan “más de 550 toneladas en total, si sumamos los convenios de cooperación y compras que ha hecho Venezuela con otros países y con los organismos multilaterales”, declaró el canciller venezolano Jorge Arreaza.

China ha donado materiales a más de 150 países, regiones y organizaciones internacionales del mundo en medio de la pandemia global, mientras Cuba ha enviado más de 30 brigadas médicas del Contingente Internacional Henry Reeve, para apoyar en el enfrentamiento a la enfermedad. La empresa mixta sino-cubana Changchun Heber Biological Technology Co. Ltd (ChangHeber) con base en Jilin, China, elabora más de 180 productos biotecnológicos, entre los que se encuentra el Interferón Alfa-2B. 

Nuestramérica

En América Latina, varios países ya cuentan con al menos una de las vacunas rusas o chinas, como Argentina, Bolivia, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Venezuela, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay. Algunos de estos países, como México, Argentina, Chile y Brasil contemplaron estas alternativas cuando Pfizer y AstraZeneca dejaron de suministrar las dosis prometidas en los tiempos pactados.

Argentina empezó los ensayos con la vacuna de Pfizer/BioNTech, en un gesto polémico pero calculado para asegurarse aprovisionamiento. El presidente argentino, Alberto Fernández, anunció la puesta en funcionamiento de la producción masiva de la vacuna de la Universidad de Oxford mediante el grupo Insud de Hugo Sigman.

El dueño del laboratorio, Hugo Sigman, tiene estrechos vínculos con la industria farmacéutica mundial y especialmente la mexicana de Carlos Slim (que le costó imputaciones en la exportación fraudulenta de efedrina). Carlos Slim, el hombre más rico de la región, que curiosamente por estos raptus de filantropía aparece financiando una parte importante de la producción de la vacuna en el dispositivo binacional para América Latina que se montó con laboratorios de México y Argentina.

El 18 de enero partió de Ezeiza el primero de cuatro cargamentos de la materia prima para elaborar 24 millones de dosis que debían ser fraccionadas y envasadas en México. 

Debido a que EEUU se negó a vender ciertos insumos críticos, como filtros, bolsas estériles y viales, México no comenzó con su parte del trabajo. Esto obligó a que Argentina y México, de manera simultánea compraran la vacuna Cobisheld, que es la versión india de la vacuna que el duo Slim&Sigman no consigue empaquetar.

Sin embargo, el periodista y analista internacional, Walter Goobar dio a conocer en marzo, que la materia prima elaborada en la planta de Hugo Sigman en Garín fue desviada por el propio Sigman y se encuentra varada en una filial de AstraZeneca en el Estado de Ohio, Estados Unidos, según confesó el empresario al diario El País de Madrid.

Se espera que Hugo Sigman rinda cuentas sobre el paradero de las vacunas, que en lugar de ir a México terminaron en Ohio, mientras que personalidades de la medicina y la ciencia reclamaron al ministerio de Salud argentino que la producción de la vacuna que se realiza en la planta bonaerense sea fraccionada y envasada en laboratorios públicos y privados argentinos.

La Universidad Católica de Chile participó en un ensayo clínico y el gobierno tuvo acceso preferencial a las vacunas producidas por el laboratorio chino Sinovac. Para febrero de 2021, Chile ya vacunó al 32% de su población. Este mismo laboratorio, Sinovac, tiene un acuerdo de transferencia de tecnología de su vacuna y participa con el Instituto Butantán de Sao Paulo en su fabricación.

Argentina y Perú también realizaron ensayos clínicos con China, pero con el laboratorio Sinopharm y han recibido una primera entrega de un millón de dosis, de un acuerdo por 30 y 38 millones de dosis, respectivamente. 

México, de López Obrador, tuvo un manejo singular de la pandemia que redundó en gran cantidad de muertes, pero sin percepción social de que se haya tratado de una catástrofe sanitaria. A comienzo de marzo, el presidente mexicano, López Obrador tenía proyectado pedirle al presidente de EEUU, Joe Biden, que compartiera parte del suministro estadounidense de vacunas. Sin embargo, Biden descartó la posibilidad de compartir las dosis con otros países. Por lo tanto, México acordó la compra de 10 millones de dosis de Sinovac y 12 millones de dosis de Sinopharm, y destacó la generosidad de China, Rusia y la India, quienes «a pesar de tener una población muy grande», dijo, enviaron a México dosis de sus vacunas Cansino, Coronavac, Sputnik V y AstraZeneca.

Además, realizó una dura crítica a la ONU, «Es una gran injusticia y vuelvo a decirlo con respeto: ¿dónde está la ONU? ¿Fue pura formalidad nada más nuestra resolución que se aprobó casi por unanimidad de que no iba acaparamiento de vacunas? ¿Fue nada más simulación», además recalcó la importancia de la necesaria solidaridad entre países, sino «es pura demagogia»?

En el Brasil del errático y negacionista Jair Bolsonaro, la Agencia Nacional de la Vigilancia Sanitaria aprobó en marzo de 2021 el registro definitivo de la vacuna AstraZeneca/Oxford y el uso del antiviral Redemsidir, no recomendado por la OMS. Pfizer era la única autorizada hasta ese momento, pese a que aún no llegaron dosis de esta farmacéutica. También firmó la compra de 10 millones de dosis de Sputnik a pesar de que aún no está aprobada por la Anvisa. Además, el Instituto Butantan de Sao Pablo, recibió, en febrero, insumos para fabricar 8,7 millones de dosis de la vacuna CoronaVac, de la farmacéutica china Sinovac Biotech, sumadas al lote de 46 millones ya adquiridas, sin embargo, está autorizada en uso de emergencia. El laboratorio federal Fiocruz comenzará, en el segundo semestre de 2021, con la fabricación de AstraZeneca. 

En diciembre del 2020, el Tribunal Supremo brasileño estableció la obligatoriedad de la colocación de la vacuna contra el covid-19 argumentando la necesidad de priorizar la “salud colectiva”. No obstante, el presidente Bolsonaro se enojó y reiteró nuevamente que él no se colocará ninguna vacuna.

A esto, se le suma que “por primera vez desde el inicio de la pandemia, hay un empeoramiento simultáneo de varios indicadores en todo Brasil, como el aumento en el número de casos y muertes, el mantenimiento de altos niveles de incidencia de Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAG), la alta positividad de las pruebas y la sobrecarga de los hospitales. Actualmente, 19 Unidades de la Federación tienen tasas de ocupación de camas de UTI superiores al 80% ”, difundió la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).

La Cámara de Diputados aprobó el texto base del proyecto de ley 534/21 del Senado, que “autoriza a los estados, municipios y al sector privado a comprar vacunas contra la covid-19 con registro o autorización temporal de uso en Brasil”.

Señora Bisman, los anticuarentena y el globalismo

Desde el comienzo de la pandemia se construyó un discurso berreta que terminó caricaturizando y por tal ridiculizando algunas situaciones que son bien reales. Sin ir muy lejos apareció, en esas narrativas, el negacionismo de la propia existencia del virus.

Están los que creen que la pandemia es un invento de meta-control global y salen a manifestarse. Otros se muestran preocupados porque China haya lanzado un ataque bacteriológico al mundo occidental y, peor aún, que Rusia sea la que aporta la vacuna con intenciones oscuras de inocular al mundo el comunismo al que la propia Rusia renunció hace ya décadas; señalando a Soros y Gates como enemigos y reivindicando a Google, no son gente que improvisa sino al contrario.

La aparición como actores de primer nivel de organismos no gubernamentales privados es un dato de consideración, más teniendo en cuenta su adscripción a un modelo mundial de globalismo multilateral que pretende avanzar sobre todos los obstáculos a su proyecto de financiarización, inclusive a la noción de estados nacionales y gobiernos locales. Exponente de esto es la Fundación Bill y Melinda Gates (B&MGF) que controla a la Alianza para la Vacunación (GAVI), no sólo financia y es parte del Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX – OMS) que tiene el objetivo de garantizar el acceso equitativo a las vacunas, sino que es parte, junto al Foro Económico Mundial, de la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI), que ya ha financiado vacunas como Oxford/AstraZeneca y Moderna. Esta Coalición, anunció el desarrollo de la vacuna nCoV una semana antes de que la OMS decretara emergencia de salud pública mundial.

Narciso Isa Conde, en “La élite capitalista global y su manejo sospechoso de la Covid 19” (5/02/21), analiza más en profundidad la relación entre pandemia e imperialismo globalista que opera a nivel mundial: Bill Gates, George Soros, Jeff Bezos, Warren Buffett, Mark Zuchenbert, son, entre otros, los principales ideólogos y líderes de la facción capitalista-imperialista globalizadora; con sede en EEUU y ejercicio supranacional; con las recientes ventajas que le ha dado recuperar la Casa Blanca y el Capitolio a través de Biden y el PD. Isa Conde argumenta que Bill Gates impulsa un sistema mundial de salud en donde confluyen los intereses de la industria informática-digital-robótica, con los de los grandes laboratorios farmacéuticos y corporaciones relacionadas con el tema salud, que a su vez se conectan con la minería de punta, el complejo militar-industrial financiero y la producción de los sistemas súper-modernos de seguridad, control y monitoreo.

La pandemia desatada por el covid-19, también comprueba y convence de la vinculación entre el sistema de salud y la seguridad nacional (e internacional) a partir del bioterrorismo, para justificar las intervenciones militares bajo el lema de “ayuda humanitaria”. 

Nada nuevo, en las relaciones internacionales y el accionar imperial, el oportunismo geopolítico de los actores con mayor poder mundial para fortalecerse, derrotar enemigos, ocupar territorios (geográficos y virtuales), y debilitar (destruir) las soberanías de los pueblos.

Referencias

[1] Ariela Ruiz Caro, 17/03/21, “Guerra por las vacunas”, Centro de Investigación sobre la Globalización.

[2] Ilari Kaila, Joona-Hermanni Mäkinen, 13/03/2021, “Finlandia tiene una vacuna para la covid desde hace nueve meses y optó por la «Big Pharma»”, Rebelión.

[3] Heathcliff Cedeño, 2/02/21, “Con las vacunas como munición, las farmacéuticas toman a Europa por el cuello”, Resumen Latinoamericano.

[4] El Orden Mundial, 2/03/21, “¿Tiene Israel la responsabilidad de dar vacunas a los palestinos de los territorios ocupados?”, El Orden Mundial.

[5] Juan Torres López, 12/03/21, “La creación artificial de la escasez: el caso de las vacunas”, Juan Torres López.

[6] Alfredo Jalife-Rahme, 19/03/21, “Biden usa poderes de guerra para suministros en su ‘guerra de vacunas’ contra Rusia y China”, Spuntik News.

[7] Eder Peña, 22/03/21, “El «eje del mal» desarrolla sus propias vacunas con apoyo mutuo”, Observatorio de la Crisis.

[8] Fernando Esteche, “La peste y las vacunas como armas de la geopolítica”, Revista Mugica.

[9] Micaela Constantini, 12/02/21, “Pandemia, imperialismo y las alternativas de cooperación”, PIA Global.

[10] Sergio Rodríguez Gelfenstein, 16/03/21, “Capitalismo, geopolítica y pandemia”. Observatorio de la Crisis

[11] Raymundo Riva Palacio, 25/03/21, “La geopolítica de la vacunación”, La Política Online.

[12] Shashi Tharoor, 11/03/21, “La inteligente diplomacia de vacunas de la India”, Project Syndicate.

[13] Wang Wenwen, 15/03/21, “West ‘weaponizes’ vaccines to divide world aimed at maintaining hegemony”, Global Times.

[14] Misión Verdad, 22/01/21, “Israel impide que vacunas covid-19 lleguen a Palestina”, Misión Verdad.

[15] Jorge Elbaum, 31/01/21, “Topografía viral del neoliberalismo”, El Cohete a la Luna.

[16] Organización Mundial de la Salud, 26/06/20, “Actualización de ACT-Accelerator”, World Health Organization.

[17] Amnistía Internacional, 6/01/21, “Negar las vacunas de la COVID-19 a la población palestina pone de manifiesto la discriminación institucionalizada de Israel”, Amnistía Internacional.

[18] Laura Fernández Palomo, 16/02/21, “Israel mantiene bloqueado por segundo día el envío de primeras vacunas a Gaza”, Público

[19] Ana Ordaz, Victória Oliveres, Raúl Sánchez, 30/03/21, “Así avanza la vacunación: mapas y gráficos sobre su evolución en España y el mundo”, El Diario es.

[20] Madlen Davies, Rosa Furneaux, Iván Ruiz, Jill Langlois, 23/02/21, “‘Held to ransom’: Pfizer demands governments gamble with state assets to secure vaccine deal”, The Bureau of Investigative Journalism.

[21] Entrevista a Walter Goobar, 27/03/21, en el programa radial “Gente de derecho” por radio Cooperativa AM770.

Por gentileza de Alai

Transfiguraciones | Subjetividad y clínica en la pandemia

Yago Franco
Psicoanalista y escritor de textos psicoanalíticos y ensayos. Miembro titular del Colegio de Psicoanalistas de Argentina y director de MAGMA, grupo inspirado en la obra de Cornelius Castoriadis (www.magma-net.com.ar) y dedicado a la obra de dicho autor

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Voy intentar realizar una cartografía de la normalidad en la cual hemos estado viviendo antes y a partir de la pandemia; de la subjetividad que las ha acompañado y de las transfiguraciones de ambas y sus consecuencias para nuestro trabajo clínico.

Introducción

Transfiguraciones

Noche transfigurada es el nombre de un cuarteto de cuerdas compuesto por Arnold Schömberg en Viena en 1899, año de publicación de La interpretación de los sueños. No sabemos si Freud alguna vez la escuchó, lo que sí sabemos es de su relación esquiva con la música. A lo largo de las tres partes del cuarteto se produce una transfiguración en sus protagonistas: una mujer —triste y desolada— le confiesa a su amante que está embarazada de otro hombre; luego tienen lugar las sensaciones del hombre al recibir la noticia; y un finalmente éste le brinda aceptación y perdón. La obra fue banda de sonido en un arreglo hecho por Gerardo Gandini   para la película Gracias por el fuego, que dirigió Sergio Renán en 1984, sobre el libro homónimo de Mario Benedetti. En este caso la transfiguración ocurre a lo largo de la tensión entre un padre despótico y su hijo—interpretados por Lautaro Murúa y Víctor Laplace respectivamente—, que termina trágicamente para ambos.

Se trata en estos casos de la transfiguración o cambio de figura de los personajes. Sinónimos de transfiguración son transformación, cambio, modificación, mutación, transmutación, transmudación, metamorfosis, alteración. No encuentro una equivalencia plena entre estos términos.

Si elijo el cambio de figura, es porque el psiquismo es puesta en figuras de las pulsiones, bajo la forma de deseos, fantasmas, pensamientos, afectos, en diversas transcripciones y lógicas. Es en el capítulo VI de la Interpretación de los sueños donde Freud desarrolla la exigencia de la figurabilidad. Entiendo que la figurabilidad es el mecanismo básico del psiquismo y se encuentra antes de la condensación y el desplazamiento. Así, la figurabilidad es la psique misma, o la psique es gracias a la figurabilidad. Transfigurar es, de acuerdo a esto, cambiar de figura. Algo de esto se produce en el análisis de un sujeto. Eso se espera, una transfiguración que lo aleje lo más posible del accionar de las figuras de la pulsión de muerte.

Transfiguración y tragedia

Los protagonistas de las tragedias sufren transfiguraciones. Edipo es un claro ejemplo: de héroe pasa rey y de allí a vagar ciego por el mundo luego de haber desatado—y formar parte de— una desmesura: la hybris ocasionada por Layo al querer desprenderse de quien se le  vaticinó que le daría muerte, que es reduplicada por Edipo. Hamlet se transfigura a lo largo de la tragedia, y su vacilación lo lleva a desatar la desmesura, esclavo tanto de un mandato paterno como también de uno materno. En ambos casos la desmesura ajena impuesta, desata la propia. Quien también sufre una transfiguración es Fausto, como puede observarse a lo largo de la obra de Goethe: a partir de su pacto con el Diablo, primero será un soñador, luego un gran amante, finalmente un apasionado del desarrollo. Fausto es la desmesura misma al concedérsele en el pacto que realiza el cumplimiento de un deseo que no conoce límites y que llevará en su realización a la destrucción de los otros.

Simpatía por el diablo

“Esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desatado con sus conjuros”, decían Marx y Engels en el Manifiesto comunista.

El modo de producción capitalista contiene en su núcleo un afán de dominio sobre la naturaleza, los objetos y las personas e instala a la economía en el centro de la vida de los sujetos impulsando la producción y consumo sin límites. Lo hace sin que importen los costos. Así es expresado por Goethe en la última parte de su Fausto.

El pacto fáustico anuda una promesa, con la omnipotencia que anida en el fondo de la psique humana —de allí su eficacia y la dificultad en erradicarlo de la subjetividad—. Es un pacto que reniega de la castración. Es a cambio del sometimiento del alma de los sujetos —su psique— a sus imperativos.

Fausto es la tragedia de la modernidad, según Marshall Berman [1]. Una tragedia del desarrollo. Que es el sentido central y no interrogado —ni aún por Marx— de los últimos 500 años. Siempre más, desarrollo ilimitado de la producción y el consumo, liberación total de las fuerzas productivas. Así se expresa, así reina en nuestro psiquismo desde entonces, eso es lo normal. Nuestra normalidad ha estado regida por ese deseo. Nuestro principio de realidad es lo que dicho deseo impone. La aceleración constante es una consecuencia del mismo, lo vertiginoso que sabemos que le impone al psiquismo un trabajo imposible. Afecta al yo en su capacidad ligadora ante un exceso creciente de estímulos que agitan su registro pulsional, lo que es también efecto de una normalidad que genera modelos identificatorios inalcanzables.

Para Lukács [2] el último acto de Fausto es una tragedia del desarrollo capitalista en su primera fase industrial. Lo que hoy sabemos, a partir de la depredación ambiental y la fatal combinación de ésta con el encuentro de los humanos con animales que son criados a base de todo tipo de sustancias artificiales, terreno propicio para las zoonosis —origen de la actual pandemia—, lo que hoy sabemos es que la tragedia se ha continuado en sucesivas fases. Antes tuvimos otras tragedias, entre ellas la del nazismo (también una tragedia del capitalismo), y la del 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. Un día como hoy, hace 75 años. Hemos estado asistiendo a un modelo fáustico de desarrollo.

La normalidad

Decía que nuestra normalidad ha estado regida por el deseo de desarrollo ilimitado. La pandemia puso un freno brusco —un Stop decimos en el libro [3]— al impulso permanente de esta forma de vida. Con los efectos pulsionales e identificatorios que produce. La normalidad quedó en caución. Los hechos que estamos viviendo han llevado a muchos autores a sostener que nada volverá a ser igual o que se vivirá en una nueva normalidad. ¿Nueva normalidad? O ¿nueva anormalidad? ¿Qué es una normalidad? ¿Queremos volver a una normalidad que nos ha conducido hasta ésto, que no es un accidente? Una normalidad es algo que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes, sin exceder ni adolecer. Lo que habría que discutir es si se trataría —a partir de la pandemia y de lo que esta produce— de una nueva normalidad, cosa imposible de saber en este momento. Pero, ¿hay normas en este momento? ¿O estamos atravesando una anormalidad? Me quedo con esto último: en plena transfiguración de la realidad no hay normas claras, no hay normalidad, las reglas son cambiantes y el porvenir es incierto.

Malestar en la cultura… y algo más

Si comencé este trabajo con las cuestiones mencionadas es porque los psicoanalistas estamos obligados a ocuparnos del malestar que la cultura produce y sus efectos en el psiquismo y en la clínica. Freud lo hizo con profundidad en La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna, describiendo el modo de ser de la sociedad de su época, que continuaría en El malestar en la cultura. La conjunción de pandemia y confinamiento ha impactado en la subjetividad, el psiquismo y en la clínica, pero de un modo variable, en ese uno por uno que debemos preservar los psicoanalistas para no caer en generalizaciones abusivas y simplificadoras y que eluden la complejidad en juego, generalizaciones que pueden producir consecuencias negativas en la práctica. Práctica analítica que se ha visto obligada bruscamente a transcurrir por modalidades virtuales, impactada por un escenario incierto, que ha generado un «común» entre los partícipes de la travesía analítica, situación inédita. A 140 días de esta experiencia clínica, se pueden ir trazando algunas coordenadas de la misma. Danzan en la escena de la «actual» realidad tanto figuras subjetivas como clínicas que obligan a una indagación psicoanalítica, que, como dije, no puede ni debe separarse del malestar —o de un más allá del malestar [4]— cultural que se ha hecho presente.

Sostengo que la pandemia que estamos atravesando es el retorno desde lo real de lo que fue forcluido colectivamente: hubo numerosas advertencias científicas y de movimientos ecologistas que la precedieron. También «accidentes» medioambientales y pandemias previas que no tomaron la virulencia y extensión de la actual. La ONU comenzó a prepararse hace 10 años para una pandemia, acopiando barbijos N95 y organizando protocolos ante lo que consideraban como inevitable. Puede así escribirse la crónica de una pandemia anunciada. Una forclusión colectiva. Favorecida por no ocupar lugar alguno en las agendas gubernamentales, ni de los partidos políticos y, en general, de todas las llamadas instituciones intermedias, educativas, medios masivos de comunicación, etc. Lo expulsado retorna como un virus. Que se transforma, como nos comunicó Bifo, en un recodificador universal. Esto enfrenta a los sujetos a otra habitante de lo real: la muerte. Y abre enigmas sobre el porvenir de los lazos sociales. Pero esto no ha sido lo único forcluído o, en todo caso, es consecuencia de un rechazo mayor y general. Luego volveré sobre ésto.

La tercera serie

La cultura forma parte de la tercera serie complementaria. Que no se reduce a ser un desencadenante , sino que está presente en el infans mismo.  Ese espacio socio cultural es el que instituye la normalidad vía principio de realidad, normalidad necesaria hasta para ser cuestionada y cuya variabilidad se produce en largos períodos de tiempo. Los portavoces de la cultura transmiten una normalidad que ingresa a la psique con la posibilidad de instalarse en ésta sin distancia: somos el discurso del otro, su sombra, y solo dejaremos de serlo si podemos poner alguna distancia con éste. Se trata del patrimonio común de certeza que circula en el discurso del conjunto, así llamado por Piera Aulagnier. Que se altera tanto de modo individual como colectivo, como lo demuestra la existencia de la Historia y de otras culturas. Pero cambios bruscos, crisis, catástrofes, son aquellos episodios que cuestionan al psiquismo en su apoyo en dicho espacio de certeza.

La normalidad en la cual habitamos desde hace 500 años ha sufrido transfiguraciones notorias, pero siempre ha conservado un núcleo inalterable y ha sufrido en la últimas décadas una alteración profunda, Hemos escuchado hace poco en  uno de nuestros plenarios del Colegio de Psicoanalistas el desarrollo de Lacan respecto del Discurso capitalista. Este rechaza las marcas en el psiquismo producidas por la castración y deja de lado las cosas del amor. Es decir, los lazos libidinales.

Si los lazos libidinales son afectados, la posibilidad de que el otro no esté integrado a la vida psíquica es una amenaza siempre presente dejando libre a la pulsión de muerte al desprenderse eros de los lazos.  Lo que conocemos como desmezcla pulsional. Y puede dar lugar a ese otro que genera una respuesta inmune, tal como alertó Bifo. Judíos, gitanos, palestinos, habitantes de pueblos originarios, sirios y una larga lista muestran el rostro de la exclusión, aniquilación, explotación. El malestar en la cultura no es igual para todos y además, hay algo que está más allá de dicho malestar.

Ahora estamos ante el riesgo de que el virus, como recodificador universal de la vida humana se instale provocando respuestas inmunes y autoinmunes en el psiquismo, en los lazos y en la sociedad. Sabemos de los llamados mecanismos defensivos que cumplen función autoinmune o inmune: vuelta sobre sí mismo, transformación en lo contrario, proyección, también forclusión, desmentida: mecanismos que suelen actuar en alianza.

Estamos asistiendo a cómo la realidad en la cual vivimos podría generar una respuesta inmune hacia la vida de todos nosotros cuando plantea ese falso dilema: la salud o la economía. Digo que es falso porque el problema no está entre la salud y la economía, sino entre la salud y esta economía. Entre la salud y lo fáustico que impregna la vida de todos nosotros.

Y este dilema es el escenario de fondo sobre el cual vive hoy el sujeto, todos nosotros, y nuestra práctica. Práctica que —decía— se ha visto bruscamente alterada y ha migrado hacia los consultorios virtuales. Si esta migración produce una transfiguración es la pregunta sobre la que voy a trabajar a continuación.

Pantallas

Voy a referirme sobre todo a una experiencia clínica con una población de jóvenes y adultos, que viven en grandes ciudades, de clase media. Como decía, no es deseable ni posible generalizar en cómo impacta al psiquismo.

Esta situación puede implicar para quienes están en una situación precaria de vida un importante grado de ataque a su subjetividad por tener que estar reducidos exclusivamente al cuidado de su vida y no poder poner en juego las enormes capacidades que tiene el psiquismo. Su subjetividad queda en suspenso, y queda a merced de la situación. Alicia Leone recordó hace un tiempo en una ponencia en la Audepp la diferencia establecida por Silvia Bleichmar entre autoconservación y autopreservación. La predominancia de la primera somete al sujeto a la supervivencia poniendo en riesgo lo autopreservativo, es decir, su subjetividad. Habitantes de ese eufemismo llamado barrios carenciados, trabajadores esenciales como personal sanitario en un arco que llega hasta los recolectores de basura y chicas y chicos que hacen delivery hasta nuestros confortables viviendas, son los nadies de hoy, junto con los habitantes de los llamados pueblos originarios. Los nadies. A algunos de ellos se los aplaudía. ¿se acuerdan?

Voy a referirme por una parte a tratamientos que se realizaban de modo presencial y que obligados por las circunstancias debieron continuar en un formato digital y de otros que cuando transitábamos la segunda y tercera fase del ASPO se produjeron a partir de analizantes que volvieron a tomar contacto conmigo. La transmisión  de mi confianza en el dispositivo digital —que practico hace años— fue fundamental para la continuación de los tratamientos.

Las figuras de la clínica que más se hicieron presentes en un primer momento (no en todos los casos) fueron las correspondientes a la serie establecida por Bleger como resultante de la alteración del encuadre analítico, y que yo he extendido a las alteraciones por crisis y catástrofes colectivas e individuales: hipocondría, ataque de pánico, angustia de desamparo, fantasmas paranoides, vértigo, palpitaciones; que personalmente propuse como pertenecientes a expresiones de lo borderline [5], por la alteración, crisis o derrumbe de las fronteras intra psíquicas y de la psique con la realidad, conjuntamente con una crisis del proceso identificatorio. Lo que no impide la coexistencia con síntomas neuróticos. Alguien me dijo en una sesión: “Ahora la que falla es la realidad, no se trata de nuestras neurosis: cómo van a trabajar Uds con esto?”.  Pero sobre todo — y como algo general—, fue observable la presencia de la crisis de una función fundamental del Yo: como intérprete a la búsqueda de sentido, su pérdida implicó embates pulsionales diversos, con riesgo de pasajes al acto y en algunos casos con un intento de aislamiento total de mundo exterior. La función del dispositivo fue sobre todo de coadyuvar a la función de ligadura del yo. Diría que esto ha permanecido hasta la fecha, compartiendo el escenario analítico con la interpretación, la construcción, análisis de sueños, etc.

Stop en la realidad y en la psique

Se hizo evidente que hay algo de la nueva realidad que entre nosotros se instaló el 20 de marzo que escapa a lo fantasmático o hasta se superpone con éste. Lo siniestro coexistiendo con lo familiar, en una relación compleja y ambigua. La calle, el semejante, los lugares habituales de circulación se han transformado en lugares potencialmente riesgosos, mortíferos en el extremo.

En medio de este escenario de cine-catástrofe, se reforzó en mí la convicción de que es fundamental la posición que adopta el analista. Esto me llevó a formular de modo explícito o implícito una pregunta que comenté en alguna otra reunión en el Colegio de Psicoanalistas: “¿qué podés hacer con esto que te está pasando?”. Se trata de un llamado a la responsabilidad que cada sujeto puede asumir frente a un evento como este, y lo quita de una posición de víctima. Sin por eso eludir, negar, que sufre a partir de lo que pasa, que a su sufrimiento neurótico se agrega un sufrimiento que está más allá del malestar en la cultura, dado que es un sufrimiento por exceso de cantidad que es una exigencia extra de trabajo para el psiquismo. Ese “qué podés hacer” no tiene nada que ver con que la persona se ponga a hacer clases de gimnasia, cocinar, etc., aunque por supuesto que puede hacerlo, me refiero a otra cosa: qué va a hacer frente a algo que se le impone, con el freno brusco a sus destinos pulsionales habituales, con lo proyectos que tenía, con la vida que llevaba, con sus lazos, con su economía libidinal y con la brusca detención de automatismos pulsionales promovidos por la realidad. Esto es fundamental: el Stop —como dije— ha sido también hacia la circulación pulsional, la cual, durante los primeros días de la pandemia-cuarentena, giró locamente en una suerte de frenesí de actividades: gimnasia, cocinar, bricolage, etc. que eran compartidas en las redes sociales. Lentamente esto fue dando lugar —en algunos analizantes— a un agotamiento y a cierto estado depresivo a partir de lo cual se abrieron preguntas diversas, referidas al porvenir, a la vida que se estaba llevando y a cómo sería vivir de otra manera.

Quiero insistir en que hay enunciaciones de alto carácter performativo (es decir, crean lo que dicen, lo inducen). Por ejemplo posicionarse de antemano ante quien consulta como si estuviera atravesando una catástrofe o un trauma. Eso puede funcionar como una profecía autocumplida. Lo mismo sería posicionarse como si nada ocurriera y no se pusiera sobre la mesa de los tratamientos el malestar agregado —porque esto es un malestar que se agrega al habitual malestar de los sujetos— y no interrogar lo que la situación produce.

Asimetría, neutralidad, abstinencia

La experiencia reforzó mi convicción en la importancia de sostener la asimetría en el dispositivo, motor del mismo, el cuidado de la neutralidad (sencillamente entendida como la no imposición de los valores, ideas, ideales del analista, evitando la identificación a éste como finalidad del análisis) y la abstinencia (la no satisfacción de su mundo pulsional ni tampoco del paciente), por supuesto que sin llegar —en una situación tan extrema— a que resultara en una posición cruel, de indiferencia o goce. El lugar enigmático debe sostenerse. Aunque haya hablado de mis ideas acerca de lo que pasa y podrá pasar, de aspectos de mi vida cotidiana, de alguna cuestión personal. Siempre es el analista el que está en una posición inclaudicable: la de la escucha y del deseo de analizar.

Sobre la angustia y el deseo

El deseo, sostenía Green, está habitado por la lógica de la esperanza. ¿Por qué? Porque los deseos son inmortales, nunca ceden en su búsqueda de satisfacción (Freud). Lógica de la esperanza que no es sinónimo de estar esperanzados. No se trata de la esperanza sino de avanzar en los análisis porque queremos hacerlo, porque sabemos que podemos navegar los mares de la angustia. No suprimirla, ya que es —paradógicamente— lo que nos permite navegar sobre el análisis a partir de la fuerza del deseo. Y se ha tratado en cada caso de identificar la presencia de Eros, acompañando en la invención de una nueva realidad: qué es lo que puede causar placer, qué evitar, que proyectos son posibles, etc.

Así, la mayoría de los análisis continuaron aún con esporádicas apariciones en el discurso respecto de la pandemia-confinamiento, otros análisis se transformaron en dispositivos administradores del trauma, en algún caso que derivó en eso que conocemos como ataque de pánico. Y ha aparecido en algunos casos lo siguiente: Una crítica del modo de vida que se venía llevando y un no querer perder lo que se gana con el confinamiento. En ese sentido escucho que se abre una posibilidad enorme de revisar el modo de vida que muchos sujetos venían llevando.

Lo real

El covid 19 es un fenómeno de la naturaleza —sostenía Bifo y no acuerdo del todo— de esa manera pareciera que  la naturaleza aparece como intruso cuando es al revés, al forcluirla de nuestra vida retorna desde la realidad como intrusa, siendo que no lo es. Esta es a mi entender la forclusión más importante. La naturaleza ha aparecido en la historia del llamado Occidente, como algo a conquistar, dominar y se lo ha dado como algo natural. En realidad buena parte de la civilización se ha extrañado de la naturaleza y convertido en su enemiga. El virus somos nosotros. El pacto faústico tiene entre sus considerandos que no somos la naturaleza: la naturaleza seríamos nosotros y estamos para dominarlo todo. Cortamos la rama sobre la cual estamos sentados sin darnos cuenta que es una parte nuestra o nosotros una parte de ella: su amputación es nuestra sentencia de muerte. En un bucle sin fin, somos la naturaleza y al mismo tiempo estamos frente a ella en una relación de dependencia, de extrañamiento y de indisoluble familiaridad. Es eso real que dije en su momento que oscila entre un desierto de significación y una selva que obliga todo el tiempo a un trabajo de significación.

Mencioné al pasar aquéllo que muestra una manera de romper la simpatía por el diablo, el pacto fáustico. Tomé para ello el llamado buen vivir o también vida plena. Desde la última década de 1990 el Sumak Kawsay se desarrolla como una propuesta política que busca el «bien común» y la responsabilidad social a partir de su relación con la Madre Naturaleza —me detengo: madre naturaleza, somos sus hijos— y el freno a la acumulación sin fin, que surge como alternativa al desarrollo tradicional. El «buen vivir» plantea una vida colectiva sustentada en valores éticos frente al modelo de desarrollo basado en un enfoque que pone a la economía en el centro, determinándolo  todo sin ser determinada por nada. Marx no logró escapar a esta idea con el elogio de la liberación de la fuerzas productivas a manos del proletariado. Salvo en Cuba, es lo que hemos podido apreciar en la ex URSS y ahora en China.

Finalmente

Pero algo —entiendo— debe quedar claro; estamos ante un experiencia límite que desnuda nuestra fragilidad, lo provisorio de todo sentido, una experiencia que nos hace vislumbrar la posibilidad de la muerte propia como algo imposible de ser eludido. En la Grecia Antigua tanto como en la letra de nuestro himno, los humanos somos denominados mortales. Toda experiencia que nos acerca a esa característica del humano, que no la soslaya, nos abre la posibilidad de acceder a una vida más auténtica. Una difícil reflexión para quienes están reducidos a lo autoconservativo y también para quienes enarbolan los ideales de una sociedad consumista que promete lo ilimitado, es decir, que niega la mortalidad. Si las «soluciones» se producen sin emanciparnos del pacto fáustico, el porvenir será más que incierto, por no decir que todo porvenir podría ser una ilusión.

Referencias

1. Berman, M. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. España, 1988, Siglo XXI

2. Citado por Berman, ob. cit.

3. Autores varios¡STOP! Covid-19 ¿Volver a la normalidad?, 2020, Ed. El Psicoanalítico. www.elpsicoanalitico.com.ar/volver-a-la-normalidad.pdf

4. Franco, Y. Más allá del malestar en la cultura. Psicoanálisis, subjetividad y sociedad. Buenos Aires, 2011, Biblos.

5. Paradigma borderline. De la afánisis al ataque de pánico, Buenos Aires, 2017, Lugar.

Por gentileza de El Psicoanalítico