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El joven consumista: Nivel de atracción, dependencia y control sobre el consumo

Monserrath Alonso-Mendoza
Escuela de Psicología, Universidad Lasalle, Morelia (México)
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Resumen

Esta investigación parte de fondo por el deterioro ambiental que se ha venido evidenciando en la sociedad de consumo actual, de modo que, el objetivo principal de este trabajo consiste en describir los niveles de dependencia al consumo de bienes de manera desproporcionada, para lo cual, se tomó como muestra 58 jóvenes de entre 18 y 29 años de edad, para la aplicación de la escala FACC-II en su versión chilena, haciendo uso de la plataforma SurveyMonkey para su distribución en redes sociales, obteniendo como resultados, en el contraste de género, un mayor nivel de dependencia al consumo en hombres que en mujeres, con lo cual se consigue un gran diferenciación entre las investigaciones que abordan esta temática, ya que los resultados, en cuanto al género se refiere, muestran datos contrarios; y en cuanto al ingreso económico, se observó que, a medida que este aumentaba el impulso por consumir disminuía.

Palabras clave: consumismo, dependencia, autocontrol, jóvenes

Abstract

This research has been presented in the real consumer society, so the main objective of this work is to describe the levels of dependence on the consumption of goods in a disproportionate way, for which 58 young people aged 18 and over were taken as a sample. 29 years of age, for the application of the FACC-II scale in its Chilean version, making use of the SurveyMonkey platform for its distribution in social networks, obtaining as a result, in the contrast of gender, a higher level of dependence on consumption in men that in women, with which a great differentiation is obtained between the investigations that approach this subject, since the results, as far as the gender, to the opposite data; and in terms of economic income, I know that, in turn, the impulse to consume decreased.

Keywords: consumerism, dependence, self-control, youth.

Introducción

Desde hace algunos años Garcés ha dedicado gran parte de su vida profesional a la investigación sobre el consumo, creando una guía para la investigación y a su vez para la prevención y tratamiento sobre el consumidor inmoderado, y él como Bauman, García, entre otros, han sido grandes críticos del tema, y quienes, en su trabajo, buscan dar sentido a los conflictos que socialmente surgen entorno y a partir de la sociedad de consumismo.

Este trabajo se origina en base a esos conflictos que, como sociedad, inmersa en un sistema con más alternativas de fracaso que de éxito, al menos para las comunidades más vulnerables, han venido padeciendo, no únicamente a nivel político o económico sino fundamentalmente a un nivel medioambiental, destacándose de tal cuan desfavorecedor resulta el circuito de producción y consumo imputado en las bases del capitalismo, el cual en su apogeo actual reproduce un impacto directo contundentemente negativo para el sistema ambiental natural, a sabiendas de la importancia de este para la propia supervivencia.

A continuación, se hará un recorrido sobre algunos estudios clásicos que abordan la temática del consumismo, así como las críticas en torno al mismo, y en base a ello, en este trabajo se estará exponiendo en las páginas que siguen una recolección de datos estadísticos sobre el nivel de consumismo en jóvenes que en la investigación presente se han obtenido, a través de la aplicación de la escala de FACC II-B en su versión chilena, a fin de consensar las características generales de las personas que tienden al consumo desmedido, y con lo cual se espera hacer servil los resultados como una guía informativa para la acción comunitaria en la posteridad, respecto al control sobre el consumo inmoderado en pro del bienestar común y medioambiental.

Planteamiento del problema

Es sabido que, el consumo es el principal motor de economía casi en cualquier país; sin embargo, desde hace ya algunos años hasta la actualidad, se han publicado diversos textos literarios (García, 1995; Martínez, 2007; Bauman, 2012; Pérez, 2013) que optan por exponer de manera crítica la conducta consumista de la sociedad en general, que se prevé tal como un atributo del sistema económico actual, para lo cual se establece una distinción importante, en estas lecturas, entre el consumo y consumismo, y de igual forma se han realizado algunas investigaciones (Lara, 2009; Neves, Machado y Fernández, 2015;) que se centran principalmente en los hábitos del consumidor.

Javier Garcés, licenciado en psicología y derecho, ha dedicado algunos años al tema del consumismo, y junto con la Dirección General de Consumo de la Junta de Comunidades de Catilla-La Mancha, en España, han dirigido un estudio, en el cual, obtuvieron resultados estadísticos muy interesantes. Por un lado, en un primer momento se descalifica que la adicción al consumo es mayor por parte de las mujeres que de los hombres, y no es hasta posteriores investigaciones que se anula tal igualación de consumo en cuestión de género, ya que se evidencia que quedarse observando el escaparate de una tienda, el simple hecho de ir a acompañar a alguien a hacer sus compras o ir a los grandes almacenes sin que se tenga nada que comprar, y terminar haciéndolo, se suele atribuir como efecto de la depresión, para afrontar tristeza o abatimiento, que se asume como más común en el caso de las mujeres que de los hombres.

Garcés en este sentido concluye que “el comportamiento de los consumidores en las grandes superficies (…), resultan inadecuados y poco racionales, pero se aceptaban como habituales y perfectamente normales”, ya que ha encontrado en sus investigaciones que un alto porcentaje de personas cuando van a un supermercado, sin siquiera tener idea de lo que van a comprar, solo con intenciones de “mirar”, terminan por realizar alguna compra.

Los datos estadísticos que se obtuvieron en las diferentes regiones en que se realizó dicha investigación fueron muy similares; un 33% de la población adulta (32% de los hombres y 34% de las mujeres) tiene problemas de adicción a la compra, de compra impulsiva y de falta de control del gasto; un 18% de ellos de forma moderada; un 15% presenta un nivel importante de adicción y un 3% llega a niveles que pueden considerarse patológicos. En cuanto a la población joven, el porcentaje de adictos sube hasta el 46% (53% de las mujeres y 39% de los varones) y el 8% presentan niveles que puede rozar lo patológico.

Garcés ha identificado que existen diversos factores que influyen en el comprador a la hora de consumir: el sistema de compra (accesibilidad), el pago diferido, estar en el supermercado junto a personas con carros repletos de tres productos, lleva a que se encuentren ante una necesidad compulsiva de consumir, hasta terminar por hacer que ceda hasta el más resistente comprador.

Menciona al respecto, que a pesar de que hay quienes tienen motivación por ahorrar, prefieren realizar sus compras en centros comerciales, y que, aunque efectivamente, los productos que se ofrecen en estos grandes sitios de venta suelen ser menos económicos que en los pequeños establecimientos, además de que se ofrecen mayores ofertas, el consumidor aun así gasta hasta un 20% más de lo previsto en una tienda departamental. Debido a que “en este tipo de comercios si no sabemos controlarnos es muy fácil que caigamos en la compra irreflexiva o impulsiva”, es decir, hacer una compra que no se tenía prevista.

Un ejemplo de ello es que, durante “La Gran Recesión” económica a nivel mundial en el 2008, se identificó que, aunque casi la mitad de los consumidores destinaba una gran parte de sus ingresos al ahorro, de la tercera parte lo gastó en vacaciones, ropa nueva, pago de deudas y créditos. A diferencia de los países latinoamericanos que después de dicha crisis económica, hubo gran preocupación por parte de la población, debido al incremento en los precios de los productos en los meses posteriores, lo cual llevó a que disminuyera el consumo de productos no prioritarios y se buscaran marcas más baratas y genéricas, de esta forma se reafirma lo mencionado por Almarza en el 2011, “el consumo no necesario es recortado cuando se aproximan tiempos de crisis, se da prioridad al consumo puramente necesario”.

En este sentido, se dice que “existe una gran diferencia entre el consumo de primera necesidad y el consumo no necesario (Almarza, 2011)”, son muchos los casos en los que las personas afirman que no siempre lo que se consume cubre una necesidad real, y que por el mero hecho de saberlo no genera mayor relevancia, como para pensar en la necesidad de cambio de hábitos, más se recae en la idea de ser una conducta de lo más habitual; tal conducta de consumo (que no parte de una necesidad real) se presenta con mayor frecuencia en los jóvenes que en los adultos (Neves, Machado y Fernández, 2015).

Los jóvenes son los más vulnerables a los hábitos de consumo inmoderado, debido a que son quienes más atienden al contenido explícito del mensaje publicitario, cual medio establece de manera cautivadora que el éxito, el prestigio y la felicidad, son efectos directos o consecuentes de la posesión o la capacidad adquisitiva sobre algún bien o producto. Y a pesar de que las personas son conscientes de que las técnicas mercantiles y de publicidad tienen la finalidad de persuadir e influir sobre el consumo, no se introduce como un factor de mayor relevancia, como para pensarse en llevar a cabo un cambio de hábitos (Neves, Machado y Fernández, 2015). “El ego y la vanidad encuentran una vía de satisfacción a través del ―tanto tienes, tanto vales― que es aceptado implícitamente por el uso social y es estimulado, explícitamente, por la publicidad” (Garcés, 2000).

Otro fenómeno que se observa es que, la adicción a las compras está en un rango del 1-5% presente en las sociedades, y que por lo general, de cada cinco personas, cuatro son mujeres las que padecen de este problema. Así mismo indica que tal comportamiento se manifiesta cerca de los 30 años, aunque en algunos casos se presenta antes; esta conducta es más frecuente en las mujeres por la presión social, sobre el tema de imagen.

En 2014 en México, el registro anual sobre consumo privado fue de 2.73%, siendo superior a la que se había registrado en 2013 al alcanzar un 1.02%; ambos datos fueron inferiores a lo que se había registrado durante el último trimestre de los 3 años previos (2010-2012), el consumo creció en este tiempo a tasas de 4.6%, en cada uno de los años, de acuerdo con algunos datos publicados por el INEGI en el 2014 (Plascencia, 2014).

Finalmente, el modelo circular de la economía (trabajo, salario, gastos, deudas, trabajo…) que impera en nuestra sociedad, produce grandes modificaciones en nuestro “modus vivendi”, en los roles, las actividades diarias, la elección en el propio estilo de vida, por consecuencia del mercado que se anticipa a las “necesidades” de los individuos; dice que Lara menciona que “los universitarios mexicanos (…) dan muestra de lo que el sistema ha logrado, impactar-penetrar en sus conocimientos, ideas, actitudes, actividades y acciones potenciales”.

En el sistema laboral actual existe una sobre producción de bienes en las grandes industrias, como la tecnología, la ropa, el calzado, autos, entre otros, que finalmente llegan a ser consumidos por el mismo productor, aun cuando escasean las posibilidades económicas para realizar la compra. Lo cual, por ende, tiene implicaciones a nivel económico, social y ambiental, ya que, de acuerdo con el último de estos factores implicados, se ha venido produciendo una perdida acelerada de los recursos naturales, que obstaculizan y generan nuevos desafíos para el desarrollo de la humanidad, ya que la problemática ambiental es a causa de los desechos que el mismo hombre produce, incluidos todos los bienes y productos que se consumen, y que después son desechados (residuos), los cuales si no son tratados terminan por generar contaminación. Por lo cual, esta investigación puede ser una guía para posteriores acciones individuales y comunitarias, que pretendan aplicar programas sobre la población para generar mejores hábitos de consumo en la población, lo cual no solo procura una mejora en el medio ambiente, sino también en salud física, mental y social.

Esta investigación tiene como objetivo principal describir el nivel de dependencia al consumo de bienes y productos, vinculándolo al nivel adquisitivo con que se cuenta, en una muestra de mujeres y hombres jóvenes adultos voluntarios.

Se pretende responder a las preguntas: ¿cuáles son los hábitos de consumo en hombres y mujeres adultos?, en la actualidad, ¿se puede seguir afirmando que se presenta mayor dependencia al consumo en las mujeres que en los hombres? y ¿existe alguna correlación entre nivel de ingresos y dependencia al consumo?

Las hipótesis de esta investigación son las siguientes:

  • Hipótesis de trabajo 1: existe un mayor nivel de dependencia al consumo en mujeres que en hombres.
  • Hipótesis nula 1: existe un mayor nivel de dependencia al consumo en hombres que en mujeres.
  • Hipótesis de trabajo 2: a mayor nivel adquisitivo mayores índices de dependencia al consumo.
  • Hipótesis nula 2: no hay relación en los índices de dependencia al consumo con el nivel adquisitivo.

Hipótesis Estadística

  • Población femenina (P1); Población masculina (P2)
    Ha: P1 ≥ P2
    H0: P1 ≤ P2
  • Nivel Adquisitivo (R1); Dependencia al Consumo (0)
    Ha: R1 ≥ 0
    H0: R1 ≠ 0

Marco teórico

Diferencia entre consumo y consumismo

El abordaje teórico en relación con el consumo es muy amplio, y algunos autores como Bauman (2007) comentan que se ha ido aplicando una connotación distinta en dicha actividad humana a lo largo de la historia, y más que al propio consumo a la conducta del consumidor, ya que como dice:

El consumismo es una condición permanente e inamovible de la vida y un aspecto inalienable de ésta, que no está atado a la época ni a la historia. Se trata de una función imprescindible para la supervivencia biológica, que nosotros, los seres humanos, compartimos con el resto de los seres vivos y sus raíces son tan antiguas como la vida misma (Bauman, 2007).

En cambio, la conducta consumista, se dice que, adquiere una actitud distinta en función del contexto histórico. En este sentido Martínez (2007) comenta que, en la modernidad el consumo se prevé como una necesidad del hombre, que de acuerdo con las circunstancias se establece como regla socioeconómica que permite el desarrollo y crecimiento de las sociedades y, por ende, se ve implicado en el propio desarrollo humano, puesto que, en la actualidad en el sistema capitalista, “el consumo representa una actividad cíclica”: ya que en las sociedades actuales la producción esboza la necesidad de consumir y esto a su vez de producir.

Citando al sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin (2014), el incremento exponencial del consumo se produjo en la década de 1920 para “aliviar la sobreproducción en Estados Unidos, motivada por el aumento en la productividad y la bajada de la demanda por la existencia de un alto número de desempleados debido a los cambios tecnológicos que se estaban produciendo”.

En este sentido, Garcés (2000) en una entrevista expone que el consumismo resulta ser incompatible con el entorno medioambiental, lo cual, considera, es una realidad innegable, ya que, comenta, tal hecho es el primero de los problemas de la actividad del consumista. Además, agrega, que un segundo conflicto presente en la actividad de consumo es la conducta de exceso sobre la misma, que se adhiere a los modos de vida de las personas, y que se ha incluido de manera general en nuestras comunidades durante los últimos años. Ello supone un grave peligro para la salud física, emocional y para el equilibrio psíquico, además para el bienestar tanto personal como familiar.

A dicha falta de regulación de consumo se le conoce como consumismo, que se entiende como aquel impulso de compra o falta de autocontrol de gasto que, resulta de los deseos, ganas o anhelos humanos. Lo cual además, vuelca como el conducto central de la sociedad y su economía, que coordina la reproducción de los mismos deseos, la integración social, la estructura social en cada contexto histórico y la formación del individuo; con lo cual habrá de justificarse el funcionamiento del propio sistema, que como se ha mencionado anteriormente, a diferencia del consumo, el cual es un rasgo y una ocupación del individuo humano, “el consumismo es un atributo de la sociedad” (Bauman, 2007), en que cada vez se establece con mayor fuerza la supuesta relación entre el materialismo y la felicidad.

Formas de consumo a lo largo de la historia

A lo largo de la historia pues, el consumo ha tomado distintas connotaciones en términos administrativos que, de acuerdo con el contexto, varían y se introduce como el elemento central en la vida de las personas (Campbell, 2004. c.p. Bauman, 2007).

En relación al tiempo y la historia nos encontramos con una época en que la sociedad de productores, a través de la apropiación y posesión de bienes, ofrecían seguridad a sus compradores, es decir, que lo adquirido fuese resistente al tiempo o a la prematura caducidad y además que fuese confiable, lo cual aseguraba un futuro prometedor y una inagotable fuente de confort, una época en la que cantidad se establece como sinónimo de poder, aun cuando los bienes de consumo no eran adquiridos inmediatamente, por el contrario se ofrecían una promesa de seguridad a largo plazo y no al disfrute inmediato.

A principios del siglo XX el consumo consistía en la exhibición de la riqueza de lo sólido y duradero, que además buscaba que fuese perpetuado por las generaciones venideras, como una posesión de herencia de que se podía dar prueba. Sin embargo, en el camino que lleva al consumidor actual, el deseo humano de estabilidad que proporciona una vida material prolongada pasa a ser una falla para el propio sistema, ya que los deseos del hombre aumentaron permanentemente su volumen y se intensificó la necesidad de compra y reemplazo inmediato de los productos adquiridos (Bauman, 2007).

Producción en masa y obsolescencia programada

Saltear (1997) asevera que cuando se da tal urgencia de satisfacer los deseos se remplaza por productos, y entonces surge la producción en masas en las grandes industrias y la importante de la adecuación a la norma, que retoma el mercado para el empoderamiento y dominio de la población que aumenta la demanda de consumo. En este sentido se apresura las grandes fábricas a la reinvención de bienes y productos con una vida útil que va en descenso, es decir, como algunos autores nombran, se abre paso a la producción de sólidos con “obsolescencia programada” [1], oportuna para el crecimiento exponencial de las mismas industrias.

Técnicas de mercado y “reflexividad”

Ahora bien, los individuos son parte de la conciencia social moderna que se concentra en tres fenómenos: industrialización, urbanización y exposición a los medios de comunicación social, los cuales son promotores de un estilo de vida que confrontan la propia condición que se tiene de sujetos reflexivos [2], es decir, se afirma que existe una propiedad efectiva de conformar un ser crítico en cada sujeto inmerso en una sociedad. Sin embargo, dicha capacidad de asociar y discernir sobre el entorno llega a ser invadida invariablemente por aspiraciones, prácticas y proyectos de los mismos promotores que influyen a través del tercero de los fenómenos implicados en la conciencia de los individuos y su contexto, los vastos medios “informativos”, de tal forma que la elección de determinada acción (en este caso no únicamente de compra) se ve limitada por el determinante campo de la publicidad (García, 2009).

Imagen pública y persuasión

Para sustentar el buen funcionamiento de algunas de las técnicas de mercado, el contenido de imagen pública es elemento central que opera en la publicidad, ésta está ligada especialmente a un elemento visual, y por lo cual se torna en riesgo ya que al momento de intentar comunicar la realidad en su totalidad se van haciendo modificaciones sobre la misma a fin de rellenar el ojo del expectante a través de una única imagen o una secuencia de estas que concretizan de qué modo verse el mundo (Patricio, 2011).

Lo anterior se puede entender desde el modelo teórico cognitivo-conductual, en el que, en primera instancia, ante la reproducción de una serie de impresiones (estímulo), surge enseguida cierto efecto en la conducta ante determinado estímulo (respuesta-percepción), de esta manera se da identidad a lo que se percibe, aunque no a un nivel consciente.

En este sentido, la persuasión sobre consumo es un proceso que se da de manera inconsciente, por medio de mensajes subliminales publicitarios, en donde el emisor codifica la realidad en función del producto, apropiándose de esta manera de un lenguaje que transmite valores principios y un modo de ver el mundo, es como da vida a un nuevo deseo para los compradores, adquirir un producto, el cual primero se inventa y después se le busca alguna función de utilidad. Sin embargo, el receptor se encuentra en la posibilidad de decodificar el mensaje según el contenido que resguarda a nivel intrapsíquico, sus parámetros, creencias, cultura, etc., y bien entonces, compra lo que se ajusta a tales reguladores de su consumo. (Rodríguez, 2008).

Osuna en 2008 realiza una descripción acerca de las técnicas de persuasión a través de distintas disciplinas psicológicas y sociales, además hace un recuento sobre la historia del fenómeno persuasivo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Señala que, dicho fenómeno de persuasión radica en la personalidad, afirmando que es a través de la evaluación de esta, en sus puntuaciones más generales, que el mercado logra anticiparse a la forma en como espera que reaccione sus compradores potenciales ante el lanzamiento de un nuevo producto, ya que, como ya se ha mencionado, el cerebro se deja llevar constantemente por sensaciones y emociones para influir sobre las actitudes de los compradores recreando de manera persuasiva falsas expectativas provocadoras [3].

De esta forma el hipermercado, por medio de la influencia publicitaria, logra centrar la atención de su público. Por ejemplo, mediante técnicas de sensibilización, se construye un mensaje que explícita la posibilidad de ser plenamente feliz, y en el cual el contenido que subyace es la posibilidad de alcanzar la dicha a través del poder adquisitivo de bienes en el personaje quimérico, y justamente, las compras compulsivas son asociadas al hábito de quienes pasan mucho tiempo en los grandes almacenes, como una forma de huir del tedio de la cotidianeidad, lo cual se ve relaciona con sensaciones de insatisfacción (Freytas, 2012).

Identidad y cultura en la era del consumismo

Los hábitos de consumo se han convertido en una forma de culturizar a la sociedad, y perdura el hecho de hacer distinción entre grupos sociales. Una persona llega a ser definida en función de lo que consume y la cantidad que ha de gastarse en el producto, además de si los productos que compra son apropiados a la ocasión (temporada), lo cual también depende de la cantidad de dinero que se disponga, es decir, se produce distinción a través de los productos consumidos, aun cuando sean prácticamente lo mismo (Pérez, 2013). Por lo cual las exigencias del comprador, de estar al día, aun cuando no se tenga la posibilidad económica, aumentan y su ritmo de vida también.

Erich Fromm especialmente en dos de sus libros: Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea y Tener o Ser, hace un análisis de la mentalidad del hombre actual en la sociedad capitalista. Por un lado, destaca que el carácter humano se configura a partir de dos ideales de mentalidad: la mentalidad de ser y la mentalidad de tener, en donde esta última, que es la que a este respecto nos interesa describir, se refiere a la formación de la identidad propia a partir de los bienes que se poseen. Erich Fromm describe que la mentalidad de “los consumidores modernos pueden identificarse con la formula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo”.

Estilo de vida

A modo de justificación de dicha actividad de consumo excesivo o hábitos del consumista, se encuentra el concepto de calidad de vida; y cual sea tal modus vivendi, también tiene un importante componente cultural. En este sentido García señala que no existe un significado unívoco que defina el estilo y dentro de este la calidad de vida sin alterar su contenido, pero en el sentido de que aquí se habla, se define como:

El conjunto de hábitos actitudes y gustos manifiestos que configuran el modo de vivir de un individuo o un grupo y que dan lugar a pautas de conducta significativas en el ámbito de la cultura material, particularmente en lo relativo a la adquisición y uso de objetos de consumo (Chaney, 1996; Douglas 1998; Geertz, 1990, c.p. García, 2007).

El estilo de vida forja un sentido de sí, de la propia identidad, que para la cultura contemporánea refleja la individualidad, la forma de expresión, la autoconciencia y los valores e ideas que se tienen sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. El modo o los indicadores de la individualización del “propietario-consumidor” en nuestra sociedad, se da por el propio modo de vestir, de hablar, las formas de ocio, las preferencias a la hora de comer o beber, la casa en que se vive, el coche que se tiene, las vacaciones, etc. (Padilla y Gaffal, 2013).

En contraste la perspectiva médico-epistemológica nos dice que no se puede negar que los bienes de consumo también son percibidos, se adquieren y se muestran como expresión de la propia disposición y gusto, es decir, del estilo de vida, el cual representa los hábitos de vida, que refieren al conjunto de comportamientos y actitudes que desarrollan las personas, cuáles pueden ser saludables o nocivas para la salud (Álvarez, 2012).

Como se ha mencionado antes, la segmentación del mercado de consumo consiste en dividir a los compradores en distintos subgrupos, y justamente en función al estilo de vida, personalidad y valores, al igual que como se dijo, se reconoce que en dichos subgrupos existe una fuerte influencia por parte de los factores culturales, sociales, personales y psicológicos, con los cuales se logra definir cual habrá de ser la de conducta del comprador, y entre dicho factor de personalidad se encuentra el determinante de lo que es nominado como estilo de vida.

Estatus social

Por tal hecho, se dice que el contexto condiciona y ofrece alternativas que permiten pertenecer a cierto grupo social, siempre y cuando se asemeje a las alternativas disponibles, y en efecto “los estilos de vida se han revelado como proyectos con significación ética y estética: […] podemos ver cómo la gente utiliza los estilos de vida para, en cierto modo, diseñarse a sí mismos” (Chaney, 1996; c.p. García, 2009). Y tal como reafirma Pérez, se cae en la paradoja de parecerse cada vez más entre sí en ese afán por distinguirse entre grupos sociales.

De tal manera que los proyectos de vida de una persona son definibles e identificables cuando los niveles de consumo y lo que consume le llevan a una serie de prácticas que lo ubican en cierto status social, y ello a su vez, a transformar en cierta medida su mentalidad humana; es decir, cuando una persona llega a cierto nivel o status social, su preocupaciones van más en función de establecer relaciones de consumo, en donde los objetos que se compran son comparados entre el grupo social de interacción, y en la medida que le permita ir adquiriendo un puesto importante en el mismo espacio de reunión, se comienza a buscar satisfacer necesidades que le produzcan mantener dicha valoración por sobre los demás, invirtiendo su dinero en una buena casa, en un buen automóvil, en cuentas bancarias, en las satisfacción de sus tiempos libres, etc.

Las personas van constituyendo, junto con los bienes o servicios que se consuman, el proyecto que gestiona su existencia, en donde el fin último es conseguir lo que se ha propuesto, y el objetivo planteado que la persona va a determinar como un estilo de vida. De tal manera, el mismo trabajo [4] y las relaciones sociales adquieren dimensiones de convencionalidad, perdiendo tras de sí el sentido primero que se le atribuye, y por lo cual, se dice que lleva a la misma persona a establecer nuevos parámetros deontológicos que, consecuentemente influyen en el propio comportamiento y la forma de actuar de una persona dentro de una sociedad.

Adicción al consumo, compulsión

Referente a ello García Corres dice que, la adicción a la compra es un “ciclo repetitivo”, donde el individuo se encuentra en un estado de conflicto, ya sea con las personas a su alrededor o consigo mismo, lo cual le produce cierto grado de ansiedad y a la vez posiblemente un estado de ánimo bajo, de manera que, el individuo en busca de la misma estabilidad del ánimo reproduce como respuesta reaccionaria evadir la sensación (a un nivel más inconsciente) a través de ciertas estrategias de escape (la compra compulsiva).

En psicoanálisis se maneja que la tendencia compulsiva a la repetición surge debido a que el sujeto es guiado por el principio de placer; hacia el bienestar, y en el caso que aquí compete, la angustia previa al consumo es el síntoma primario que alude a un desajuste intrapsíquico del mismo sujeto, pero además, Freud incorpora la pulsión de muerte para situar que existe una fuerza que trabaja silenciosamente, para fines que se sitúan más allá del principio del placer, y que subvierten la relación del sujeto con su bienestar, en este sentido Freud concluye, que una persona se ve complacida por sus síntomas, así que más allá de su anhelo consciente de curarse, opta inconscientemente por preservar dichos síntomas.

Desde esta misma perspectiva la angustia y posteriormente la compra compulsiva como síntoma, puede surgir como efecto consecuente de eventos traumáticos [5] en la vida de una persona, y en cuyo caso, según Freud sea cual fuere el síntoma, este produce sensaciones que dan sentido a la historia particular del paciente, por lo cual, aquí se retoma que la individualidad de experiencias subjetivas, y al mismo tiempo el contexto del sujeto juegan un papel importante en la movilización de este hacía la propia introyección de hábitos.

También se dice que hay casos donde se llega a presentar la bi-dependencia, en cuyo caso se instaura una adicción en compañía de otra. Por ejemplo, se menciona que la adicción a las compras, regularmente viene acompañado del trastorno del comportamiento alimenticio —bulimia nerviosa— de límite de personalidad y hasta cleptomanía a momentos de la adicción.
Según Cañas, las principales causas de los fenómenos adictivos son en principio, producto de disyuntivas existenciales presentes en la persona adicta [6]. Menciona que tales adicciones se instauran en personas “esclavas de sí mismas”, como un enganche a la realidad virtual [7], como consecuente del vacío existencial, los escasos recursos personales y estancamiento del desarrollo personal que se prevé.

Salcedo (2008) por su parte distingue tres tipos de consumo compulsivo, primero se encuentra la adicción a la compra, que es el consumo en sí mismo sobre el cual se sustenta la vida diaria y es la actividad que ocupa todo el tiempo disponible, después se encuentra la adicción al consumo que es el afán continuo de efectuar nuevas compras, que son en su mayoría innecesarias y superfluas, y casi inmediatamente se pierde el interés por la misma compra que se ha realizado, y finalmente esta la adicción al crédito, derivado del uso incontrolado de las tarjetas de crédito y la incapacidad de vivir con el propio presupuesto. Precisamente es el aumento de la capacidad de endeudamiento a través de los métodos de crédito lo que más favorece el consumo compulsivo.

Capitalismo y consumismo

Por otro lado, se dice que el sistema capitalista incide en el psiquismo a través de la violencia indirecta, estructural, mediante la explotación del hombre por el hombre en el sistema laboral, la inducción a la enajenación social en buscada del propio ser en el tener por medio de la ya mencionada manipulación publicitaria, la reducción de las relaciones interhumanas a relaciones económicas de intereses y la degradación en la miseria material y espiritual del hombre (Pavón, 2014).

Casas (2014) señala que el consumismo representa las formas ideológicas del capitalismo, ya que el capitalismo logra situare gracias a la inmensa multitud de actores que no ejercen el papel directo del capitalista, pero si contribuyen con el proceso de acumulación de capital para que sea exitoso y se encuentre en permanente crecimiento, y en cuyo caso tales actores sociales fundamentales para que el capitalismo prospere son el propio consumidor, aquel requiere su mercado ideal mantenga un fuerte deseo de acumular.

A este respecto el mismo autor agrega que el capitalismo fomenta la acumulación de capital únicamente como un medio instrumental que posteriormente lleva al futuro goce de más y mejores bienes para consumir, de tal manera que el reconocimiento social parte de la fortuna acumulada que pronuncia el capitalista sobre el reconocimiento del éxito en sus negocios.

Consumismo y teoría generacional

Por otra parte, dentro de las teorías generacionales se habla sobre el consumo entre el grupo etario de los millennials, generación comprendida por todas aquellas personas nacidas entre el año 1982 hasta el 2000, quienes han crecido en la incorporación de la tecnología. Los millennials conforman una gran porción sobre la totalidad de consumidores a escala mundial, y se estima además, que para finales de esta década el 75% de los consumidores pertenecerá a esta generación. Por lo cual las estrategias de marketing van dirigidas a esta población.

Algunas de las características que se les suelen atribuir a los millennials es que las elecciones laborales y en todo caso cualquier decisión que se toma se centra en el gusto y la satisfacción personal, movilizados por lo que les apasiona, el éxito lo vinculan con el hecho de poder obtener la satisfacción en todo aquello que se experimenta, más allá de lo laboral y lo económico.

Consumismo y medio ambiente

Cabe mencionar que justamente el círculo vicioso del producir y consumir bienes y servicios cuales sean estos, supone necesariamente un fuerte impacto sobre el medio ambiente en su conjunto. De tal manera que, a lo largo de la historia, a fin de obtener la calidad idónea en los procesos de producción y a la vez en lo que se produce, se dispone de los recursos naturales, generando una significativa transformación sobre el mismo entorno además de permitir significativos avances [8] culturales han traído y traen impactos de diferentes escalas y magnitudes sobre la salud del planeta (Córdova, 2009).

Se ha encontrado estrecha causalidad entre calentamiento global y las actividades humanas. Se menciona que es a partir de la Revolución Industrial se ha producido una fuerte elevación de dióxido de carbono concentrado en la atmósfera, además, de otros gases (metano, ozono, óxidos de nitrógeno, clorofluorocarbonos) de efecto invernadero, y se encuentra que la causa directa es por la utilización del carbón y del petróleo para la producción de energía y evidentemente su transformación en bienes de mercado (Córdova, 2009).

Finalmente, la Comisión para el Desarrollo Sustentable (1995), define al consumo sostenible como “el uso de bienes y servicios que responden a necesidades básicas y proporcionan una mejor calidad de vida, al mismo tiempo minimizan el uso de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones de desperdicios y contaminantes durante todo el ciclo de vida, de tal manera que no se ponen en riesgo las necesidades de futuras generaciones”. De modo que es urgente configurar una percepción pública más inclusiva, que refleje la situación ambiental y las necesidades que en esta se padecen.

Metodología

Población

La población está compuesta por un total de 58 participantes, 28 hombres y 29 mujeres jóvenes voluntarios de entre los 20 a los 30 años, con un nivel socioeconómico de medio a bajo. La selección y aplicación de la prueba fue vía online de acuerdo con los requisitos anteriores.

Instrumento

La prueba que fue aplicada para esta investigación fue la versión chilena del Cuestionario sobre Factores Psicológicos de Adicción al Consumo, Hábitos Personales de Compra y Tendencia al Sobreendeudamiento (FACC-II), instrumento que previamente ha sido utilizado dentro del Proyecto Europeo [9] como una guía para el diagnóstico y estudio de problemas relacionados con el consumismo ya sea presentes o latentes, fue desarrollada para su aplicación dentro del Proyecto Europeo.

El cuestionario FACC II pretende:

“Realizar la valoración individual de diversos comportamientos, actitudes e ideas de las personas en relación con la adicción a la conducta de compra y actividades consumistas, tendencia a la compra compulsiva, consumo dependencia, deficiencias en el autocontrol económico, tendencia al sobreendeudamiento y a desajustes económicos derivados de factores psicológicos” (Garcés, 1998, p. 3).

El FACC II posee tres versiones; la primera (Forma A) consta de 100 enunciados; la segunda (Forma B) consta de 76 enunciados; la tercera, en tanto, está dirigida a niños y a adolescentes o adultos sin independencia económica, consta de 50 enunciados y Garcés la denomina versión C. La versión B es la que fue utilizada en esta investigación.

El cuestionario está compuesto por 76 ítems, es auto-aplicado e investiga la compra impulsiva y los factores psicológicos asociados. Es la versión reducida una abreviación de la versión completa.

Este cuestionario está organizado a través de escalas de tipo Likert para cada uno de los ítems, presentados estos en forma de afirmaciones o juicios. Ante cada afirmación, el sujeto debió elegir una de las cinco opciones de respuesta (Totalmente de acuerdo, Muy de acuerdo, De acuerdo, Poco de acuerdo, Nada de acuerdo) y a las cuales les corresponde un valor numérico del cero al cinco.

El cuestionario FACC II versión B mide tres variables principales. Además, se agregan a éstas la variable T, que es más una valoración global de las tres variables anteriores, y la variable S se relaciona más con el control interno del propio cuestionario, deshonestidad en las respuestas, falta de coherencia o bien la resolución apresurada del cuestionario.

Por su parte, la variable A delimita el grado de atracción a los estímulos de compra y el refuerzo positivo que recibe de parte de éstos, independiente si se compra efectivamente o no. La variable B indica el grado de satisfacción al comprar, mientras que la variable C valora las deficiencias en el autocontrol económico, la conciencia del gasto, la tendencia al sobreendeudamiento, el sobreuso de créditos y el autoscurecimiento del gasto (Garcés, 1999).

La evaluación de las respuestas proporciona una puntuación entre 20 y 100 para cada una de las variables, salvo para la “S”. La valoración de la misma sigue un orden descendente; es decir, una mayor puntuación indica poseer en mayor grado las características definidas por cada una de las variables. Dicha valoración se realiza en función de la media y desviación típica de la población que se ha utilizado como referencia.

Finalmente, con respecto a la confiabilidad, según análisis del autor, ésta arrojó en los países aplicados de la Unión Europea: 0,90. Se menciona que esta confiabilidad es general, por lo cual no hace distinciones entre las variaciones entre las distintas versiones del instrumento. Con respecto a la validez, ésta es descrita sólo como predictiva con un valor de: 0.788. F.

Procedimiento

La prueba de FACC-II adaptada a Chile se subió a la plataforma SurveyMonskey, para desde ahí acelerar la distribución vía internet, a través de las redes sociales, se envió a un aproximado de 250 personas, recibiendo respuesta únicamente de 58 de estas, en un lapso de 20 días para hacer la revisión de los datos totales.

En la plataforma además de los 76 ítems de la encuesta se agregaron nueve preguntas sobre datos sociodemográficos, en las consignas se les pidió que contestaran en tiempo breve sin reflexionar las respuestas, y que distribuyeran las preguntas con sus contactos en las redes sociales.

Diseño

El diseño de la presente investigación se define como no experimental, descriptiva, debido a que lo que se pretende únicamente es observar los fenómenos como se dan en su contexto natural para luego analizarlos (Hernández, Fernández y Baptista, 1998).

No se busca causalidad, se pretende definir la relación entre variables dependientes e independientes, es decir, cómo se puede comportar un concepto o variable conociendo el comportamiento de otra u otras variables relacionadas, en la primera hipótesis hablamos de un estudio correlacional de tipo positivo que asume la posibilidad de como una variable cuando aumenta conduce a un aumento sobre otra y viceversa.

Resultados

Descriptivos sociodemográficos

Tabla 1. GéneroTabla 1. GéneroLos participantes de la prueba fueron un total de 28 hombres y 29 mujeres. El total de las aplicaciones fueron 58 con un único dato perdido.

Tabla 2. Grupo de edad
Tabla 2. Grupo de edadLa mayoría de las personas que participaron de la prueba, 65.5% estaban en un rango de edad entre los 21 y 29 años, el 27.7% eran jóvenes de entre los 18 y los 20 años, únicamente el 3.4% eran menores de 17, y una única persona que conformaba el 1.7% de los participantes estaba en un rango de edad de entre 40 a 49 años.

Tabla 3. Lugar de residencia

Tabla 3. Lugar de residenciaEn esta tabla se obtiene los datos del lugar de residencia de los 58 participantes, un total de 28 personas, 48.3% de estos pertenecían a la ciudad de Morelia, el 17.2% pertenecían a la comunidad de Aguililla, 18 personas, el 31% eran pertenecientes a otras comunidades diversas.

Tabla 4. Grado de estudios
Tabla 4. Grado de estudiosEl grado de estudios de la mayoría de la población participante es de preparatoria, con un 48.3% del total, 43.1 % eran jóvenes universitarios en curso o que habían cursado, y únicamente el 6.9% tienen algún posgrado.

Tabla 5. Lugar donde se vive: Propio o rentado

Tabla 5. Lugar donde se viveDel hogar de residencia la mayoría de los participantes viven encasa propia, 34 de las 58 aplicaciones, y 23 de las personas, el 39.7% de estos habitaban en casas de renta.

Tabla 6. Ingresos en pesos
Tabla 6. Ingreso en pesosSegún lo que muestra la Tabla 6, el ingreso mensual en pesos de 16 de los participantes es de $27,000 a $67,999 los que conforman un 27.6% del total de los participantes (58), 17.2% tienen un ingreso mensual de menos de $26.999 pesos, igualmente 17.2% tiene un ingreso de $68,000 a $115,999 pesos mensuales, 15.5% tienen un ingreso de entre $350,000 a $849,000 mensuales, y únicamente un 5.2% tenían un ingreso de $850,000 o más.

Descriptivos de las variables

Tabla 7. Estadísticos descriptivos de las variables
Tabla 7. Estadísticos descriptivosEn la Tabla 7 podemos observar que, por un lado, del conjunto de las personas que participaron de la prueba, existe un alto nivel de atracción sobre los estímulos de compra con respecto a la variable A, en cambio la variable B se ubica en la descripción de un grado muy alto de satisfacción relacionada con la adquisición de nuevas cosas, manteniéndose sobre la muestra un nivel medio alto en cuanto a las deficiencias de autocontrol económico. Con lo obtenido en el final de instrumento podemos hablar de que existe en general sobre la muestra un al grado de impulso por la compra, comparando la media de 195.23 con la media propuesta en la tabla de valoración de los parámetros sobre los datos estadísticos del FACC-II a nivel general (Garcés, 2005), que considera “Impulsivo” si el puntaje total es igual o superior a 165,06.

Estadísticos inferenciales

Tabla 8. Prueba de hipótesis variable A, B, C y final instrumento en relación con el género
Tabla 8. Estadísticos inferencialesEn esta tabla inferencial sobre la Prueba U de Mann-Whitney de muestras independientes, se obtiene como resultado que existe un mayor nivel de impulso (atracción, satisfacción y autocontrol) al consumo en hombres que, en mujeres en el total de la muestra, es decir, se rechaza la hipótesis alternativa y se acepta la hipótesis nula, en cuanto al género, en el caso de todas las variables del instrumento.

Tabla 9. Correlaciones no paramétricas

Tabla 8. Correlaciones no paramétricasEn la Tabla 9 se observa que existe una correlación significativa entre la variable A y B, y cuando una aumentan la otra tiende a hacerlo de igual forma, así mismo se presenta una correlación significativa en el caso de las variables A y C, ambas consistentemente aumentan o disminuyen, y en cambio se obtiene una correlación negativa entre las tres variables y el ingreso económico de los participantes, atracción, satisfacción y autocontrol disminuyen a medida que el ingreso económico aumenta, a la vez que estas mismas variables aumentan cuando se habla de un ingreso menor por parte del participante.

Conclusiones

Tal como se plantea en un principio esta investigación, la temática sobre el consumismo desde hace algunas décadas ha sido ampliamente abordada desde muy diversos enfoques, sin embargo, el contexto social, histórico, económico, político y demográfico independientes entre sí, constituyen el elemento distintivo entre cada una de las perspectivas teóricas, ya que como se logra identificar en esta investigación, se ha reparado en resultados contrarios a los esperados, fundamentalmente en lo que respecta al género, puesto que la mayoría de las investigaciones (Garcés, 2007), por ejemplo, reafirman y corroboran entre sí que hasta hace poco se llegaba a asociar la dependencia al consumo con el sexo femenino, debido a que, para dar salida al malestar emocional presente, la mujer solía adoptar una conducta de consumo desproporcionado para postergar dicho malestar.

Ahora bien, en esta investigación se obtienen resultados contrarios a estas versiones, y se reproducen dos estimaciones para su comprensión. Por una parte, se considera pueda deberse a que, en el sistema social actual, en cuanto a los roles entre hombres y mujeres, han venido surgiendo grandes cambios, y justamente se evidencian estos en las personas más jóvenes; tales modificaciones consisten en que los hombres ahora se encuentran en iguales posibilidades de mostrarse afectados a nivel emocional, hecho que antes solo se consideraba parte de caracterología “débil” de la feminidad.

Por otra parte, se piensa que este hecho de dependencia al consumo por parte de los hombres, también pueda deberse al sistema capitalista que acredita el éxito en la acumulación y ostentación de bienes, lo cual, relacionado con lo dicho por Pavón (2014) y Casas (2014), por la alta exigencia de mantener a las personas en un sistema de producción y consumo, y siendo el hombre, quien aún, en buena parte del contexto mexicano, es quien provee materialmente dentro una familia, se sobrecargue al querer cubrir tal exigencia, lo cual a su vez, le lleva muy probablemente a presentar cierto grado de frustración, que al final cesa solo a partir de la adquisición de bienes,

En cuanto al nivel de ingreso de los participantes, se pudo constatar una correlación negativa en relación al impulso sobre el consumo que en la escala FACC-II se describe, de modo que, las personas con más alto ingreso económico se dejan llevar menos por los estímulos que buscan atraer al comprador, al igual que se identifica en estos mismos casos de acuerdo al ingreso, que existe una menor satisfacción a la hora de comprar. Sin embargo, esto por el contrario a lo que se podría pensar, según Garcés en sus investigaciones, lleva a que la persona tienda a realizar compras desmedidas o compras que no representan una necesidad real, es decir a tener un menor autocontrol de compra, lo cual corrobora nuevamente la hipótesis nula.

Finalmente, se puede decir con lo anterior, de manera general, que las personas independientemente de su estatus socioeconómico o su género encuentran en el hábito de la compra un especie de refugio en el cual proveerse de satisfacciones que en la línea de la permanente exigencia social permita dar sentido al deseo incesante y a la atracción por lo que se vincula con aquello que es visto como el éxito y la felicidad, aun cuando después de obtener provisiones materiales emerja la culpa que, relacionado con lo que dice García (2009), le da sentido a saberse sobre lo que se es a partir de lo que se obtiene materialmente.

Notas

[1] Véase: La obsolescencia programada (Salcedo, 2014) y La bombilla de mil horas.
[2] El término es empleado por distintas áreas del conocimiento y en la misma literatura. Véase: García, P. (2009) El concepto de ‘reflexividad’ en la sociología del consumo: algunas propuestas. Universidad de Zaragoza, pp. 85-102.
[3] Véase anuncio BMW “¿te gusta conducir?” premiado como mejor spot en los últimos 25 años.
[4] El trabajo no es en sí un medio para la producción de mercancías sino un fin en sí mismo, que pueda ser buscado por sí mismo y gozado. El trabajo, más allá de la dimensión económica, se define en las propias categorías antropológicas: “Principio de Movimiento” Karl Marx.
[5] El trauma en psicoanálisis es el alejamiento sobre una experiencia que fue tremendamente satisfactoria, lo cual se dice, es parte de una condición cotidiana del ser, es decir, Freud dice que todos los seres humanos han experimentado alguna pérdida de satisfacción que produce para después sentimientos de abandono y desvalidamiento en las personas.
[6] Cañas hace la aclaración de que no forjan parte constitutiva de su —Ser íntimo—.
[7] Los llamados workaholics (Adictos al trabajo).
[8] Véase La estructura de las revoluciones científica (Kuhn, 1962), Este término se ha vinculado con el texto de Kuhn, y en particular a lo refiere en cuanto a los cambios de paradigmas, en lo cual se reproduce una crítica al llamado “progreso” o “evolucionismo” de la sociedad a lo largo de las diferentes épocas por las que ha atravesado la humanidad.
[9] Se basa en la liquidación del nacionalismo de los Estados que centralizan la etnia, la identidad cultural, la tradición y la lengua. Es un legado europeo que empezó con la ilustración y las ideas de libertad y ciencia.

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Arquetipo, historia y contemporaneidad

Juan Manuel Otero Barrigón
Psicólogo. Coordinador de la Red de Estudios Religare y Profesor adjunto de la Cátedra “Psicología de la Religión”. Universidad del Salvador (USAL)
.

Veneramos la Palabra, valoramos y admiramos el poder de las imágenes y abstracciones así evocadas para dar forma y transformar el mundo. Pero el lenguaje es algo más que los garabatos en una página. Las abejas bailando, el sonido del trueno distante, el ADN cifrado en cada célula viviente, estos también cuentan historias. Vivimos en un mundo de historias.

El ser humano se constituye como tal en su propia biografía, que es historia.  Historia fruto de historias que la antecedieron, y al mismo tiempo, resultante de la síntesis de historias concomitantes y paralelas a su propio devenir. Del trabajo de Freud se desprende la idea de que la Historia, en tanto tal, no puede comprenderse sin considerar, primero, la dimensión de la temporalidad.

Historiar, según el maestro vienés, tuvo como punto de partida la toma de consciencia de sí mismo por parte del pueblo; es decir, cuando éste:

“(…) se sintió rico y poderoso y experimentó la necesidad de averiguar de dónde procedía y cómo había llegado a su estado actual. La Historia, que había comenzado por anotar simplemente los sucesos de la actualidad, dirigió entonces su mirada hacia el pasado, reunió tradiciones y leyendas, interpretó las supervivencias del pretérito en los usos y costumbres y creó así una historia del pasado prehistórico. Pero esta prehistoria había de constituir, sin remedio, más bien una expresión de las opiniones y deseos contemporáneos que una imagen del pasado, pues gran parte de éste había caído en el olvido, otra se conservaba deformada, muchas supervivencias se interpretaban equivocadamente bajo la influencia de las circunstancias del momento y sobre todo no se escribía la historia por motivos de ilustración objetiva, sino con el propósito de actuar sobre los contemporáneos. El recuerdo consciente que los hombres conservan de los sucesos de su madurez puede compararse a esta redacción de la Historia, y sus recuerdos infantiles corresponden tanto por su origen, como por su autenticidad, a la historia de la época primitiva de un pueblo, historia muy posterior a los hechos y tendenciosamente rectificada” (Sigmund Freud, 1910).

Historiar supone, de esta manera, interpretar el pasado desde el único ángulo posible, el de nuestro propio presente. Construir, o si se prefiere, reconstruir aquello que a la vista de sus huellas en la actualidad, probablemente sucedió y que nos permite entender lo que ahora mismo está sucediendo. De lo  que se trata, como en el caso de la reconstrucción de la biografía individual, es de aclarar las incógnitas que nos plantea el presente, ateniéndonos a su historicidad, hallando los conectores originales entre las producciones culturales y sus fuentes ocultas para entender así su significado y alcance. El ser humano es, respecto de la Historia, tanto actor como receptor.

Existe un paralelismo entre el desarrollo humano individual y la historia de la cultura. Esta última se estructura en función de principios iguales a aquellos por los cuales se constituye el sujeto, de igual manera que, en el terreno biológico, la ontogenia es reflejo de la filogenia. El pasado, está así, inmerso en el presente, perviviendo semienterrado en las más variadas formas culturales.  C. G.Jung alcanzó a vislumbrar claramente esta realidad y construyó su edificio teórico a partir de la importancia que juegan los arquetipos, en tanto principios fundantes de las más variadas creaciones del hombre a lo largo de su recorrido histórico. Los arquetipos, en tanto imágenes primordiales, fueron concebidos como la materia prima de los mitos, de las religiones, de la ciencia y de la filosofía. Piedra basal en la que se asientan los grandes productos culturales del ser humano, articulándose con su devenir.

Uno de estos motivos primarios fundamentales discernidos por la psicología analítica junguiana fue el de la Cuaternidad. Esta imagen, con una estructura cuádruple, las más de las veces cuadrada o circular y simétrica, se nos presenta como indicativa de la idea de Totalidad. Según Jung, la producción espontánea de imágenes cuaternarias, ya sea conscientemente o a través del rico mundo de los sueños y las fantasías, indicaría entre otras cosas la capacidad del ego para asimilar contenidos inconscientes. En sus propias palabras: “La cuaternidad es un arquetipo que, por así decirlo, se presenta universalmente. Es la premisa lógica de todo juicio de totalidad. Si se quiere llegar a un juicio de este tipo, éste debe tener un aspecto cuádruple. Cuando, por ejemplo, se quiere caracterizar la totalidad del horizonte, se nombran los cuatro puntos cardinales. Hay siempre cuatro elementos, cuatro cualidades primitivas, cuatro colores, cuatro castas en la India, cuatro caminos en el sentido de evolución espiritual en el budismo. Por ello también hay cuatro aspectos psicológicos de la orientación psíquica más allá de lo cual no puede ya decirse nada más fundamentalmente. Debemos tener, como orientación, una función que compruebe que hay algo (sensibilidad), una segunda que verifique qué es esto (pensamiento), una tercera función que diga si esto se adecúa o no, si se quiere admitir o no (sentimiento) y una cuarta que indique de dónde viene y adónde va (intuición). Más allá de ahí no se puede decir nada… La perfección ideal es lo redondo, el círculo (mandala), pero su escala mínima es la cuadratura.” (C. G. Jung, 1953)

Ya en su tiempo, el famoso antropólogo Levy Bruhl había destacado en su obra “Las funciones mentales en las sociedades inferiores”, el importante papel desempeñado por el número cuatro en la mentalidad prelógica. Pensemos sino en las cuatro estaciones del año, los cuatro elementos, las cuatro virtudes capitales, etc. Importancia que, pese a ello, no quedaría limitada a los tiempos pasados, sino que se prolongaría a nuestra época actual, dado que dicho arquetipo funciona vivamente en las producciones culturales de nuestro mundo contemporáneo. Son estos, de hecho, al decir de Abraham Haber, tiempos que han vuelto a activar el arquetipo de la Cuaternidad.  Antes bien, es importante recordar que una imagen, una figura o una acción no constituyen el arquetipo en sí. El arquetipo es forma y energía; la imagen toma una forma determinada de acuerdo a la energía para expresar al arquetipo, o bien, la energía propia del arquetipo otorga a la imagen una posibilidad de manifestarse de una cierta manera. Es allí el símbolo el que permitirá operar como vehiculizador de las mismas. Las imágenes arquetípicas se cristalizan a nivel colectivo en las producciones míticas, leyendas, cuentos, religiones, sucesos históricos etc.

Si pensamos en el campo científico, los albores del siglo xx nos trajeron de la mano de la ciencia física la incorporación, a las tres dimensiones clásicas del espacio, una nueva y cuarta dimensión: el tiempo. En el ámbito histórico, Jung señaló que uno de los eventos más trascendentes del último siglo fue la promulgación, por parte de la Iglesia, del dogma de la Asunción de María, que en términos psíquicos reflejó el pasaje de la Trinidad a la Cuaternidad, con la incorporación de un elemento (la Mujer) que durante tanto tiempo había sido desestimado.  Emergió, así, la exaltación de la Sabiduría femenina frente al Logos masculino, y la conciliación de los opuestos.  Jung consideró a este nuevo y último dogma dispuesto por la Iglesia “como el acontecimiento religioso más importante después de la Reforma”. Suceso cuyas derivaciones podemos ver cristalizadas a nivel social y político en la actualidad, donde la Cuaternidad femenina anima hoy el espíritu de varios círculos feministas alternativos, en tiempos en los cuales el cuestionamiento al denominado sistema patriarcal, unido a la revalorización de lo Sagrado Femenino, constituyen los carriles por los cuales se desarrollan ciertos discursos disidentes de las principales corrientes del feminismo hegemónico posmoderno.

En el ámbito social, sabida es la importancia que desde hace años encarna el denominado “Cuarto Poder” periodístico, tan relevante tanto en su rol de grupo de presión  como en su faceta modeladora de opiniones y conciencias sobre vastas franjas poblacionales. Realidad que se acentúa, claro, en contextos donde la pluralidad y diversidad de voces son acalladas en detrimento de la imposición de múltiples reproductoras/eco del Discurso Único Dominante. La ascendencia de los medios de comunicación es tal, que conceptos sociológicos contemporáneos como el de postverdad no pueden comprenderse cabalmente escindidos de la manipulación informativa con el cual este significante entre otras cosas está relacionado; registro que inclusive muchas empresas periodísticas ejercen deliberadamente.

Por otra parte, en su momento, lemas como el de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” inspiraron revoluciones como la francesa, al significar la emergencia del tercer estado, la burguesía, que hizo sentir su influencia frente a los poderes constituidos por la nobleza y el clero. ¿Y acaso no fue el siglo XX, y por extensión, no es el siglo XXI, momento clave en el progresivo desarrollo de la consciencia histórica por parte del proletariado, el Cuarto estado? Al hablar aquí de estados no deberíamos confundirnos con el Estado concebido como instancia reguladora de las relaciones sociales, así como de los aparatos ideológicos que la sostienen. Cuando hablamos del aparato del Estado es necesario tener en cuenta distintas aristas. Por ejemplo, y tal como citáramos arriba, los mass media, a través de los cuales las identidades son transformadas en imagen o producto de consumo. No algo distinto a la sociedad del espectáculo, que describiera en su momento Guy Debord. Entronización del mundo de la representación, que reduce a las identidades a pura fantasmagoría, lejos de individuos que se comunican, que se aman y se odian, que se vinculan unos con otros. Nos referimos, claro está, a ese entramado jurídico político económico que constituye el Sistema, y al cual Michel Foucault calificara como “la red de secuestro dentro de la cual está encerrada nuestra existencia”.

En el marco del monoteísmo de mercado, que parece regir buena parte de los destinos del Occidente histórico  actual, cabe suponer que la desaparición del Estado supondría el paraíso para las grandes corporaciones económicas, ya que rápidamente les permitiría terminar de adueñarse de los recursos, anulando los servicios sociales y los derechos laborales, orientando al ser humano enteramente al servicio del mercado y permitiendo, así, la explotación ilimitada del planeta. Sin embargo, no debiera perderse de vista que, dichas corporaciones financieras que hoy dan rienda suelta a su voracidad, crecieron y se modelaron con el paso de los siglos bajo el paraguas de los Estados de Occidente, cuyos ejércitos posibilitaron su libre desarrollo en todo el mundo. Y también es cierto que la guerra sigue siendo la expresión máxima de la unión del Capital y del Estado, de allí la íntima vinculación entre Estado, colonialismo y expansión capitalista que distingue las relaciones internacionales desde principios del siglo XXI. De este modo, opresión política, opresión cultural, opresión militar y opresión económica confluyen unas con otras, retroalimentándose.

Los efectos del discurso neoliberal imperante, en sintonía con la categoría de lo Siniestro que postulara Freud -repetición, lo familiar tornándose inhóspito, crueldad gratuita-, conllevan un proceso de subjetivación donde progresivamente se van diluyendo los legados simbólicos, la alteridad, y la imposibilidad que la determina, hasta volverse la vida, tal como plantea Jorge Alemán, “expresión de un presente absoluto”.  Subjetividad modelada así por el Poder,  que ahoga las condiciones necesarias que permitan el despliegue diacrónico de la singularidad, inherente a todo proceso auténtico de individuación en el desarrollo de la propia historia.  Constitución de un falso self, basado en el sometimiento a los imperativos del mercado y sus demandas, inspirando el desarrollo de personalidades de corte narcisista erigidas como máximo horizonte aspiracional; modelos de éxito fabricados artificialmente compatibles con este paradigma de darwinismo social meritocrático.  Debilitamiento del necesario interjuego entre lo individual y lo colectivo, cuya integración  supone la base de toda existencia creativa, de acuerdo al enfoque teleológico propuesto por el sabio de Zurich.

Frente a un horizonte como el señalado líneas arriba, la apuesta por una lógica  emancipatoria supone, en primer lugar, el desafío de una organización colectiva que no ahogue la dimensión singular de la experiencia y del recorrido de cada ser. Pero que permita, al mismo tiempo, la articulación de nuevos desafíos grupales de soberanía, que propendan a explorar alternativas al mundo que las corporaciones neoliberales y sus instituciones mundiales, rendidas al Capital, intentan establecer con su arsenal de mecanismos, diluyendo la calidad de los vínculos afectivos, impidiendo la plena asunción de la propia historia, y  anulando el consecuente registro del otro semejante, en el interior de una selva donde el “sálvese quien pueda”, se erige en ley tirana de esta teología secular sacrificial e insolidaria.

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Por gentileza de El psicoanalítico

Espacio y tiempo para la belleza dentro del proceso psicoanalítico

Mabel Sapino
Psicóloga
.

Este escrito va al encuentro de una potencialidad manifestación temporo-espacial de la belleza en el mismo proceso psicoanalítico.

Al considerarla como un fenómeno psíquico dicha expresión y experiencia resultaría factible de ser compartida en la misma situación terapéutica ofertada.

Si suponemos la presencia de potencialidades creativas innatas en la persona, nuestra labor terapeútica resulta una apuesta a un proceso revelador sujeto a probables encuentros, fruto quizás de transformaciones logradas en el mismo proceso psicoanalítico.

La belleza como la misma creatividad dada sus cualidades podría como una revelación llegar de modo inesperado. Podría sorprendernos, saltando de algún espacio mental vinculado a representaciones insospechadas anunciando lo que quizás a posteriori deba ser sometido a un trabajo de elaboración.

Malestar o belleza en si misma no implican un proceso creativo.

Proceso creativo y proceso psicoanalítico se asocian [1], y la belleza como la misma creatividad dada sus cualidades podría como una revelación llegar de modo inesperado y sorprendernos vinculada a representaciones insospechadas.

Malestar o belleza en si misma no implican un proceso creativo, pero las experiencias estéticas en los albores del narcisismo, estarían imbricadas tanto con una potencial creatividad primaria del ser como con las iniciales marcas del deseo. Ciertas formas de la vida temprana perviven en las mismas búsquedas de la vida adulta como un motor de metamorfosis transformadora del self. Si espacio y tiempo en la sesión pasan a ser y estar al servicio del cuidado y transformación de esa vida, las cualidades del proceso y “medio psicoanalítico” son favorables circunstancias para que lo novedoso emerja.

Las experiencias estéticas de los albores del narcisismo conservan la experiencia de lo sensible, lo arcaico y temprano del psiquismo que roza lo trascendente y nos fuerza a recorrer fronteras conceptuales y aunque la apertura del tema no pretende un diálogo inter-textos con cuantos autores atendieron al fenómeno dentro y fuera del psicoanálisis [2] lo absoluto se asoma.

Capturado el instante como hecho clínico la belleza sorprende.

A. Un hecho clínico

En la sesión una paciente ofrece en el marco del diálogo psicoanalítico un relato. La envuelve y con sus envolturas crea un clima de encuentro que recrea su particular circunstancia vital. Con su modo de andar, su modo de decir hoy- se me ocurre- predispone a quien escribe, yo la misma analista.

De aquella sesión y contenidos recupero un instante donde lo bello resulta un hecho clínico que capturo para la escritura [3].

“Que contarte… que decirte… fue todo tan intenso fue una revolución.

Tenemos un bebe …muy bello (p [4]) bello… (p)eso… (p) eso es lo primero (p)

Que sé yo, un montón de cosas que no son como yo me imaginaba (p)… que fuera todo tan intenso… (pausa más larga)

Tardé en llamarte (p).

Estoy asombrada por lo fuerte que es el vínculo con el bebe.

Estoy desorganizada pero esto es lo primero que hago (p) No sé porque no se pudo… (p-p)

Lo primero es que todo sea armonioso… no sé… cuando él quiera tomar.

Los pediatras dicen libre demanda (p) y si no tomaba lo traía, pero como tomó un rato antes vine sola. (p-p)

¿Cómo organizar y no imponer? (p)

Él duerme profundamente y… ni onda de ir a trabajar.

¡Lo que es sostener la vida! ( cambia su entonación es de asombro) Que bárbaro que es (p)

depende del padre y de mí, más de mí que le doy la teta, me sorprende lo frágiles que son…”

Indico sus cambios de tono, el asombro y lo vivencial del encuentro porque como compases hacen a la armonía de su hablar. El clima que logra crear es calmo y tranquilo, acompañando su relato con un pausado modo de decir cálidamente entonado a mi escucha.

Logra mantenerse ella en su descripción como en otra realidad donde predomina la cuidadosa manipulación y manejo del cuerpo del bebe y la embellezada devoción de un extasis propio de la descripción de un instante de creatividad primaria, lo que invita a recrear en mi configuraciones estéticas al estilo de las de las de las madonas con sus niños.

Expresar con delicadeza esta cuestión subjetiva en la presentación que hace de sí-misma “como madre trayendo a su bebe”.

Aquella advertencia de D. W. Winnicott me acompaña

“ Esa creatividad puede ser robada con suma facilidad por el terapeuta que sabe demasiado (…) no importa cuanto sabe este, siempre que pueda ocultar sus conocimientos o abstenerse de divulgarlos” [5]

No solo presencio, la mostración de una escena comparable a las experiencias artísticas, religiosas o de encuentro con lo absoluto en la misma naturaleza. Estoy allí y esa es la configuración que recrea en mi en silencio.

Ella dice de lo bello y de una forma de belleza que la maternidad despierta, y yo más tarde lo retomo y escribo sobre este instante que también sentí como bello.

¿Intento procesarlo? ¿Entenderlo?

Conservarlo, transformarlo y objetivarlo resulta un movimiento para que quizás no se pierda algo de lo íntimo de un tiempo vivido en la sesión. La experiencia en si dice de una temporalidad existencial a la que se arribó acá conmigo y que o es nueva y original o ya estaba quizás guardada en algún repliegue subjetivos. Lo cierto es que vivió y se dio como un hecho.

Al leerlo quizás ya no se encuentre la belleza que flotaba en el ambiente porque ya este es otro contexto, y como un perfume ya se ha evaporado. Pero es entonces interesante capturar lo instantáneo y fugaz de lo bello que emerge y que se esfuma atravesando las fronteras de lo artístico y filosófico a la hora de su conceptualización.

La belleza se había presentado como un fenómeno y su registro resulta una opaca evidencia de su revelación en un espacio. Solo un artista podría hacerlo, ya que me refiero a un espacio y tiempo irrepetible y único.

Siendo una divulgación exclusiva entre colegas —no artistas— apelo al saber de una experiencia de momentos que sin duda todos los que estamos en el oficio vivimos en alguna oportunidad.

Estuvo allí el instante, que puede contener tanto del memorar como de lo inaugural. Por eso anoté al comenzar algo que alguna vez leí sobre ciertas formas de la vida temprana que perviven en las búsquedas de la vida adulta como un motor de metamorfosis transformadora del self y su mundo. Quizás esta experiencia existencial muy temprana guardada en ella es la que con este bebe emerge, y se despliega dadas estas circunstancias de vida en los territorios del espacio potencial acá conmigo como fruto de una nueva creatividad.

Su ser en esta metamorfosis de la maternidad se expresó como un fenómeno que adhiero en llamar bello, bajo la forma de una experiencia estética intensa y positiva. Comunica sobre su estado y trasmite una “tierna belleza“ maternal de entonamiento con su bebe. Es una vivencia del ser y del hacer el bien. Esa cualidad es la que intento reflejar en mi testimonio ya que considero que lo hace desde un lugar auténtico del ser.

Atendiendo a la recomendación del maestro no analizo si se debate y justifica por el tiempo que se ha tomado ni digo de la fuerte atracción con su bebe; solo recibo y comparto; casi contemplo. Es francamente un instante conjugado. Tiempo y espacio psíquicos de la natural de una belleza anonadada estaban siendo revelados.

No señalo ni interpreto si el tiempo se le desordenó y se le pasó bastante sin venir.

No menciono su desorden y su fusión mezclando devoción y asombro de algo propio puesto allí en el niño. Dejo que exista, se recree y lo comparta.

El espacio y tiempo de la sesión favorecieron la manifestación de una bella ternura maternal que no impostó, ni ocultó sino que confiada ofreció cuidadosamente.

Trataba sus palabras como a un bebe a depositar suavemente en la cuna. Sin duda eran representaciones con ligadura y carga.

El encuadre no se impuso sino que se amoldó. Ella se tomó el tiempo que precisaba, y se animó a traer su intimidad sin temor a ser despojada.

Si lo creativo emerge ¿será porque un espacio propio del narcisismo se recrea y sostiene?

¿Es un afecto que por efecto del narcisismo que se introduce que genera esta actitud analítica? ¿Se describe un fenómeno que pone en riesgo la disociación instrumental?

La paradoja de un encuadre que se ofrece y sostiene genera el clima sutil que reclama lo que debe manifestarse. Al psicoanalista se le revela un fenómeno propio de territorios psíquicos intersubjetivos donde la responsabilidad es mutua para el que ofrece y el que recibe.

La misma escritura resulta un recurso y herramienta como un modo de elaboración al impacto estético que hace su propio proceso.

Tomar la belleza como una categoría en una investigación implicaría preguntarse metapsicológicamente por un entretejido que nos lleva a los destinos de una experiencia de encuentro que nace entre los pañales del ser y de la misma pulsión que se satisface en los regazos y la mirada dispuesta y devota de una madre.

Formularse interrogantes que pulsarían por respuestas es lo que nos queda luego de vivir dichas experiencias que nos conmueven y trascienden.

Quizás la escritura intente que lo bello logre vivir más allá de la intimidad de la sesión así como la acción de decir de la paciente hizo posible que se recreara su relación con su bebe en la virtualidad de la sesión.

¿Cómo definimos la belleza? ¿ Acaso como un encuentro con cualidades de perfección en otro, ya sea en una situación persona objeto sonido concepto o conjunto de ellos? .

Acerca de su subjetividad u objetividad diremos ¿estaba dentro de mí? o ¿estaba en ella? ¿estaba en el bebe? o ¿estaba en el relato? y/o ¿estaba entre nosotras?

Quizás como algo que estuviese adentro y afuera algo de lo paradojal pero a su vez se comparte en estado de armonía subjetiva con otro y que envuelve el encuentro y se exterioriza de modo sublime.

Yo no sabía cómo ni qué había pasado con ella. Llegué a imaginarla entrando con su bebito en brazos, como en otros casos había sucedido con otras pacientes.

Disponerse a recibir y vivir el encuentro formó parte del misterio y de la revelación.

Sin dramatismos ella sencillamente se ofrece, y yo reflexiono a través de la escritura como un modo de ir de lo sensible a lo conceptual en sutiles manifestaciones envolventes del narcisismo.

B. Otro Hecho clínico

Hace unos años una joven había llegado a mi consultorio abrumada con las amenazas de abandono en su vínculo de pareja. El suyo era un problema de apego ansioso y simbiótico que arrastraba desde su infancia y hacía eclosión en su pareja.

Atendiendo a lo contratransferencial nominé al fenómeno de entrada por su presentación, la modalidad de relación, sus sueños y estilo de vida veloz , como desplegando un tipo de “belleza salvaje”.

Un ritmo “too fast” como ella solía llamar se fue instalando en el proceso. Esos aires nos paseaban de lo tormentoso a lo intimista y lo nada estable pasó a ser su patrón.

Con ella no había lugar ni tiempo para el aburrimiento pero su inestabilidad emocional recreaba contratransferencialmente el clima de cuidado parental propio de un yo deficitario, que volvía tras algo de lo traumático existencial de su origen.

Se la vivenciaba tormentosa, atormentada y atormentadora y todo su encanto se diluyó entonces.

Podía desde mi lugar de psicoanalista imaginarme presenciando una tormenta en el mar o en medio del campo, o tal como se escucha en una composición musical los encuentros y contrapuntos de instrumentos que nos llevan de un “allegro con brío al piu andante” y de un movimiento potente y furioso a uno de calma [6]. Lo sensible era potente y la belleza también se presentaba aunque generara sufrimiento.

Estaba junto a una borderline y entonces comprendía porque su pareja no quería seguir con ella. Sin embargo por momentos, su extraña belleza parecía desplegar algo enigmático y paradojal [7] que volvía a cautivarlo.

Cerrando pues, considero que resulta de interés incluir este fenómeno de “la belleza” dentro de los avatares de los destinos de la pulsión en la vida de relación, los procesos terapéuticos, y las mismas patologías narcisistas.

Conclusiones

El proceso psicoanalítico guarda en su encuadre y relación la potencia de una temporalidad y espacialidad creativa que ofrece la oportunidad a experienciar el pasaje de lo sensible a lo conceptual. La belleza nos vista en los procesos transportándonos por diferentes estados que van de lo excitado a lo calmo. Ella misma dice de un proceso de integración del self que va tomando formas.

En la sesión el compromiso intersubjetivo alcanza a ambos protagonistas y estos hechos clínicos evidencian estados límites del narcisismo donde lo inspirado o inspirador y lo bello se rozan.

Confrontar formas de belleza tierna o violenta revelan la proximidad de lo creativo con lo pulsional. Para elaborar y transformar el ser y el hacer son convocados. La complejidad en lo transferencial y contratransferencial se daría en este encantamiento y seducción que el narcisismo contiene.

Sus múltiples y diferentes manifestaciones psicopatológicas se apropian de formas y usos de la belleza con fines organizadores de fantasías perversas o de defensa y /o auto curación de sí-mismo.

Notas

[1]. Sapino, M.: Tesis doctoral.

[2]. Platón: El Banquete o del Amor; Fedón o del alma. Luis Gil catedrático de Madrid en Introducción y notas al Fedón cita que la segunda navegación lleva a Sócrates a un cambio del método pasando de las cosas a los logos y del mundo sensible a los conceptos. “Este método dice adquiere su pleno sentido cuando lo que admite Sócrates como principio y fundamento es la existencia de las ideas, lo bello, lo bueno, lo grande en sí, las demás realidades de este tipo”. Ya en su introducción al Banquete este mismo autor Luis Gilrefiere: “La doctrina de las formas está estrechamente vinculada a la teoría del conocimiento y a la doctrina del alma, que no pueden concebirse separadas. La idea de belleza en el Banquete, en su soledad, eternidad y uniformidad y en el mismo hecho de ser el fundamento de la belleza existente que en la multiplicidad de cosas bellas reúne todos los requisitos para ser un arquetipo, una forma ideal, un eidos” […] “El eros platónico en el Banquete, es definido también como un ansia de cosas buenas y de felicidad, como un deseo de posesión del bien. La idea de la belleza se identifica en la República con la idea del bien. El amor en el Banquete culmina en la contemplación; en el Fedro, mediante un proceso similar de depuración de bajos instintos, será la fuerza salvífica que devuelve al alma las alas perdidas…”

[3] Sapino, M: Narrativa escrita y relatos de experiencias. Intersubjetividad y transferencia de la vivencia traumática.

[4] (p) una suave pausa (p-p) pausa larga.

[5] Winnicott, D.: Realidad y Juego, p. 83.

[6] Tchaikovsky, P.: Concierto Nº 1 en si bemol menor para piano y orquesta OP. 23[6] Ib. Hagman, G: El sentido de la belleza. Libro Anual de Psicoanálisis, XVIII.

[7] Bollas, C.: La Sombra del Objeto, p. 229.

Por gentileza de Psicoanálisis y Ciencia

Sobre la epistemología del psicoanálisis marxista | Una investigación conceptual

Sebastián Plut
Doctor en Psicología. Profesor Titular del Doctorado en Psicología UCES y de la Maestría en Problemas y Patologías del Desvalimiento UCES (Argentina). Miembro del Comité Editor de la Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos

Lo real no es jamás ‘lo que podría creerse’, sino siempre lo que debiera haberse pensado.
G. Bachelard: La formación del espíritu científico

Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno.
Terencio: El enemigo de sí mismo

 

Resumen

El autor estudia los fundamentos de las relaciones entre marxismo y psicoanálisis. Especialmente, examina cómo se transforman los conceptos freudianos al integrarlos en una teoría sociológica.

Palabras clave: marxismo, psicoanálisis, epistemología, sociedad, teoría, ideología.

Summary

The author studies the foundations of the relations between Marxism and psychoanalysis. He especially examines how the Freudian concepts transform themselves on integration with a sociological theory.

Keywords: marxism, psychoanalysis, epistemology, society, theory, ideology.

1. Introducción

Tomaremos la relación psicoanálisis-marxismo, inserta en los nexos entre psicología y sociología, para examinar cómo diversos autores fundamentaron las correlaciones entre ambas teorías. Nuestra tarea es parcial, por la diversidad de autores posibles (Marcuse, Bleger, Reich, Rozitchner, Langer, Fromm, Bernfeld, Pichon Rivière, Schmidt, entre otros) y porque el psicoanálisis tampoco constituye una unidad homogénea. Nuestro objetivo consiste en explorar la integración entre teorías que pertenecen a disciplinas diversas.

Algunos interrogantes iniciales son: ¿las hipótesis que se combinan pertenecen al mismo nivel? ¿Se modifica la práctica del análisis a partir de su integración con las hipótesis del marxismo? ¿Puede el psicoanálisis explicar el sometimiento que el marxismo vislumbra en el capitalismo? ¿Desde el marxismo se cuestionan problemas teóricos al psicoanálisis o bien que algunas de las premisas del segundo son contradictorias con el primero? Por último, ¿Qué complejización se logra sobre el problema del poder al articular ambas teorías?

En lo que sigue, expondré primero parte de la posición de Freud sobre el marxismo y de los marxistas sobre el psicoanálisis. Posteriormente, presentaré las hipótesis epistemológicas en que nos basamos para examinar el material, desarrollado en la Muestra, compuesto por dos autores: Bleger y Reich.

2. Referencias preliminares sobre psicoanálisis y marxismo

2.1. Freud y el marxismo

Hacia el final de su obra, Freud sintetizó su posición respecto del marxismo tal como se plasmó en su versión soviética: “En la Rusia soviética se han lanzado a la empresa de elevar a unos cien millones de seres humanos, mantenidos en la sofocación, hasta formas de vida mejores. Se tuvo la osadía suficiente para quitarles el ‘opio’ de la religión, y se fue lo bastante sabio para concederles una medida razonable de libertad sexual. Pero, en cambio, se los sometió a la compulsión más cruel, y se les arrebató toda posibilidad de pensar libremente” (1939, pág. 52). Veamos, entonces, diferentes momentos en los que Freud ya se había referido a uno u otro de los aspectos reunidos en esta cita.

Freud entendió el alejamiento de algunos partidarios del psicoanálisis, las críticas a su teoría sexual o el optimismo respecto de un cambio en la naturaleza humana, como una expresión (del marxismo) más ideológica que científica [1] (1914, 1933). También criticó la tesis de Reich según la cual la pulsión de muerte sería producto del capitalismo (Ekstein et al., 1968; Jones, 1960).

Asimismo comparó (1921) el lazo socialista con el religioso, aludió al rol del ideal en la cohesión entre los miembros y al tipo de relación con quienes quedan afuera de dicho ideal (entendido como ilusión de totalización yoica proyectada en el mundo). Posteriormente (1926) delimitó los objetivos del análisis (en torno de la represión, etc.) y los distinguió del alivio que se siente al ingresar en una comunidad religiosa o ideológica. De estas afirmaciones surgen dos orientaciones: estudiar la relación entre cosmovisiones y metas del análisis; revisar el concepto de represión en algunos autores posteriores (Marcuse, Reich, Rozitchner, entre otros).

Freud expuso una mayor argumentación sobre la relación entre economía (la propiedad privada), agresividad (o la injusticia) y cambios sociales. Sostuvo (1930) que no era de su incumbencia la crítica económica al sistema comunista y se centró en las proposiciones psicológicas derivadas de las premisas marxistas. Freud destacó la importancia del análisis de Marx sobre la estructura e influencia económica de la sociedad, así como también señaló las consecuencias positivas de un cambio en la relación de los seres humanos con la propiedad privada. Sin embargo, consideró que los supuestos psicológicos del marxismo constituyen una ilusión. Mientras que para el socialismo la propiedad privada es la causa última de la agresividad, para Freud es solo un instrumento del que se vale el “humano gusto por la agresión”. Para el psicoanálisis los fundamentos pulsionales (sexuales, agresivos, autoconservación) son anteriores al tipo de legalidad económica. Por ello, para Freud la hostilidad perdurará aun después de liquidar “a sus burgueses” (ob. cit., pág. 111), lo cual, refiere, le confiere un sesgo idealista a la teoría marxista a pesar del énfasis en el materialismo [2].

Freud también observa que el superyó fue desestimado por los marxistas, especialmente en cuanto a la eficacia del pasado que pervive y no se modifica fácilmente en el curso de pocas generaciones (1933). En ese contexto, señaló que la historia social no se altera bajo la forma de un proceso dialéctico sino por el progresivo gobierno sobre la naturaleza.

Finalmente, citemos a Freud cuando sugiere cómo completar los huecos del marxismo para que se constituya como ciencia de la sociedad [3]: “Si alguien estuviera en condiciones de demostrar en detalle el modo en que se comportan, se inhiben y se promueven entre sí estos diversos factores, la disposición pulsional común a todos los hombres, sus variaciones raciales y sus modelamientos culturales bajo las condiciones del régimen social, de la actividad profesional y las posibilidades de ganarse el sustento; si alguien lo consiguiera, habría completado el marxismo hasta convertirlo en una real y efectiva ciencia de la sociedad” (1933, pág. 165).

2.2. Los marxistas y el psicoanálisis

Por razones de espacio nuestra muestra se limitará a solo dos autores (Bleger y Reich), por lo cual ahora expondré brevemente algunas de las posiciones e hipótesis que sostuvieron algunos otros autores. El objetivo es, pues, contextualizar la discusión que desarrollaré posteriormente.

La teoría freudiana recibió rechazos y aceptaciones, ambas actitudes bajo consideraciones diversas. Quizá el parámetro central para una u otra posición fue si se definía que el psicoanálisis constituía una teoría idealista o materialista. La teoría freudiana llegó a Rusia aproximadamente en 1908 y cuando años después se instaló el gobierno comunista, debió afrontar una doble exigencia: satisfacer las demandas de la IPA y convencer a los funcionarios del partido (PCUS) sobre su legitimidad ideológica [4]. Luria, por ejemplo, sostuvo que el psicoanálisis se correspondía con una psicología monista [5]. Si para el marxismo el mundo es un único sistema de procesos materiales, en psicología se traduce en que “la mente humana es producto del cerebro y, en el análisis final, de los efectos del ambiente social y de las relaciones de clase y condiciones de producción subyacentes en el cerebro y en cada ser humano individual” (citado en Miller, 1998, pág. 136). En este sentido, consideraba que la teoría sobre el inconciente era congruente con la explicación fisiológica, por ejemplo, a partir de la teoría de la energía psíquica. Una línea similar expone Schneider al afirmar que en su teoría sobre el instinto, Freud “nunca perdió de vista su aspecto somático, la fuente de estímulo intrasomática” (1979, pág. 10).

Entre los marxistas que aprobaron al psicoanálisis, mientras para algunos (Reich, Rozitchner, Schneider) la teoría freudiana completa un vacío del marxismo, para otros (Langer) más bien se trataba de reformular algunas premisas teóricas y técnicas del psicoanálisis. Schneider, por ejemplo, refiere que el descubrimiento freudiano puso de manifiesto que el mundo no podría comprenderse únicamente con las categorías de la economía política [6]. De un modo similar a lo que luego veremos de Reich, entendía que el psicoanálisis aporta una nueva interpretación política que da cuenta del nexo entre valorización del capital y depauperación psíquica. En una línea afín, Galende (1974) entiende que rechazar la teoría del inconciente deja un vacío inherente a los procesos singulares de mediación-transformación que se desarrollan entre las condiciones objetivas materiales y su expresión concreta en los sujetos. También consideró que la esencia del hombre es el conjunto de relaciones sociales pero estas no se muestran de un modo directo, sino transformadas en valores constitutivos de la personalidad que configuran lo que llamamos el aparato psíquico.

Langer, por su parte, señaló que la orientación burguesa del psicoanálisis escotomiza el modo en que la sociedad capitalista opera, a través de la familia, en la causación de neurosis y también distorsiona nuestro encuadre y criterios de curación. Sostuvo además que el marxismo enriquecía al psicoanálisis y aboga por una nueva sociedad y por la creación del hombre nuevo. Como ejemplo de dicho enriquecimiento afirmó que “la indiferencia manifiesta de muchos pacientes frente a lo social, corresponde a una represión o negación y debe ser abordada en el análisis” (1971b, pág. 140) [7].

3. Hipótesis epistemológicas

Estudiar desde el punto de vista epistemológico las relaciones entre psicoanálisis y marxismo supone una investigación conceptual sobre los nexos entre teorías correspondientes a ciencias diversas. Maldavsky, Roitman y Tate de Stanley (2008) diferenciaron cuatro alternativas de investigación conceptual: 1) examinar un concepto en un autor y estudiar cómo se transformó en otros autores en otros países; 2) examinar un concepto de un autor y estudiar las críticas que se le han hecho; 3) examinar un concepto de un autor y estudiarlo desde otra perspectiva (por ejemplo, la neuropsicología); 4) estudiar un concepto a la luz de la investigación clínica sistemática. El trabajo que aquí presento roza aspectos de las dos primeras alternativas: por ejemplo, cómo se ha transformado el concepto de represión o qué se le ha cuestionado al psicoanálisis.

Los epistemólogos discrepan en cuanto a si una teoría puede combinarse con otra. Quienes se oponen plantearon, por ejemplo, la inconmensurabilidad de la ciencia (Feyerabend, 1975; Kuhn, 1962) [8]. Quienes acuerdan entienden que el mundo es uno y todas las variables se entrecruzan, o bien desarrollan criterios con los cuales examinar los intercambios ínter-teóricos. Resulta elocuente una carta que Freud le envió en 1923 a N. Osipov (pionero del psicoanálisis en Rusia): “Usted mismo ha reconocido la principal dificultad: no confundir analogías superficiales con identidades esenciales, y también en mostrar la sustanciación más profunda para más similaridades” [9].

Se ha cuestionado la propuesta de delimitar una disciplina por su objeto porque supone desconocer que el objeto científico se alcanza mediante operaciones conceptuales que definen siempre un nivel de análisis determinado (Klimovsky, 1987; Verón y Sigal, 1964). Es decir, el error es superponer el nivel empírico y el teórico. Verón y Sigal sostienen que “la psicología general existe, no porque haya una ‘clase’ de conducta humana que sea no-social, sino porque el nivel de la teoría psicológica general supone hacer abstracción del modo en que las influencias de cada sociedad operan sobre las conductas de sus miembros” (ob. cit., pág. 140). Ello permite construir hipótesis sobre el funcionamiento psíquico sin considerar, por ejemplo, a qué grupos pertenece el sujeto. De modo similar, se estudia la estructura de poder de un partido político prescindiendo del análisis de la personalidad de sus miembros. Los autores dan un ejemplo ilustrativo. Supongamos que identificamos que los votantes del partido A manifiestan significativamente un grado mayor de frustración que los votantes del partido B, o bien detectamos variaciones significativas en los índices de neurosis en las diversas clases sociales. Un investigador podría pensar que las siguientes conclusiones resultan válidas: tales individuos son neuróticos porque ocupan tal posición en la estructura de clases o, que tal grupo de personas vota al partido A, porque siente mayor frustración. Verón y Sigal afirman que tales conclusiones son erróneas pues, al vincular la variable dependiente (neurosis en el primer caso o elección de un partido en el segundo) al factor causal, se la injerta en una teoría ajena. El concepto de neurosis no pertenece al universo teórico de la estratificación social así como el partido político no se corresponde con una teoría sobre la personalidad. A pesar de la complejidad de estas relaciones, los autores admiten su importancia teórica, metodológica y epistemológica: “la única manera válida de relacionar los niveles de análisis es mediante unidades significativas en ambos niveles. De acuerdo con el estado actual de la teoría psicológica, de la teoría sociológica y de sus relaciones, no parece nada fácil cumplir con esta exigencia. Con todo, si los problemas que hemos tratado de señalar son reales, ignorarlos nunca puede ser una buena solución” (ob. cit., pág. 149).

Klimovsky (1973) también distingue objetos o fenómenos y teorías. Es decir, los niveles de integración de teorías científicas son un asunto epistemológico y no ontológico. El interrogante, pues, es doble: cuál es el grado de autonomía que una teoría tiene respecto de otra y bajo qué condiciones pueden establecerse enlaces entre una y otra. Para Klimovsky, “si existen o no grupos autónomos de variables es cuestión empírica que debe ser zanjada por el progreso del conocimiento científico, y no resuelta apriorísticamente mediante una decisión que dependa de ideologías o dogmas” (ob. cit., pág. 492). Respecto de que no habría auténticos niveles de integración (el universo como unidad), Klimovsky sostiene que lo que se desea saber no es si todos los objetos están relacionados en algún aspecto [10], sino si los diferentes tipos de aspectos que los objetos presentan están o no relacionados entre sí. Por otro lado, admite la autonomía de un grupo de variables ya que, aun cuando se violente la realidad, la correlación con variables externas puede ser escasamente significativa y carecer de valor práctico. Si bien para Klimovsky las teorías no son galaxias separadas unas de otras, afirma que son “unidades científicas”, siempre que se tenga en cuenta que en la definición de los niveles de integración intervienen bases empíricas, metalenguajes y teorías presupuestas: “las hipótesis de una teoría son, en cuanto conjunto de conocimientos efectivos o conjeturales, las verdaderas unidades conceptuales, empíricas, fácticas y problemáticas del conocimiento” (ob. cit., pág. 501). A partir de allí plantea un examen metodológico sobre cuál es la relación lógica, semántica y estructural que tienen dos teorías determinadas.

Klimovsky enumera siete tipos de relaciones ínter-teóricas: 1) cuando una teoría es metalenguaje de otra (por ejemplo, en lógica, cuando desde un metalenguaje se define un sistema lógico formal); 2) entre teoría presupuesta y teoría específica (cuando la TE requiere, para enunciar sus afirmaciones, las hipótesis, la sintaxis y el vocabulario de la TP); 3) entre teorías fundamentales y teorías derivadas (cuando todas las hipótesis de la segunda se deducen de las de la primera); 4) de reducción (una teoría T1 es reductible a otra T2 si añadiendo reglas R de correspondencia que liguen el vocabulario de ambas teorías, se muestra que T1 se deduce de T2 más R) [11]; 5) cuando una teoría se toma como modelo de otra (las hipótesis de la primera se traducen por algún procedimiento que implique isomorfismo o analogía con hipótesis de la segunda); 6) cuando una teoría es auxiliar de otra (una teoría auxiliar permite manejar material para las experiencias en la otra teoría); 7) cuando una teoría formaliza a otra y esta interpreta a aquélla.

Klimovsky concluye: “el verdadero problema… es examinar metodológicamente la estructura de cada teoría en particular y la de sus relaciones con otras… ¿Se pueden usar dos teorías simultáneamente sin producir contradicción? ¿Se puede utilizar una teoría sin estar obligados a aceptar o presuponer otra?” (ob. cit., pág. 507).

Maldavsky (1997, 1998a) propone encontrar criterios para construir la afinidad en la diferencia. En el encuentro entre teoría y clínica, entre dos teorías psicoanalíticas, o entre el psicoanálisis y otras ciencias, advierte dos riesgos extremos: la reducción de lo diverso a lo idéntico (por un arrasamiento nivelador de las diferencias) y la supresión de toda afinidad (exclusiones fanáticas). Para el enlace entre dos teorías psicoanalíticas (por ejemplo, la kleiniana y la lacaniana) sostiene que “si en lugar de tal esfuerzo por reducir lo diverso a lo idéntico se pretende hallar su afinidad, puede ser que una tercera teoría, la freudiana, de la cual las otras dos se dicen deudoras, haga de punto de encuentro, claro está, solo si se desarrolla un mayor refinamiento conceptual” (1997, pág. 25). Al colocar la teoría de base, más abarcativa, los términos en pugna dejan de ser irreductibles y hallan su lugar específico [12].

Algo similar propone respecto del encuentro entre el psicoanálisis y otras ciencias. Refiere que el mismo Freud usó fragmentos de muchas disciplinas (biología, neurología, antropología, sociología, etc.) en su propio desarrollo, y también contribuyó a las mismas. Son dos los interrogantes que guían el modo de insertar un fragmento ajeno en lo propio: ¿qué de la otra teoría se usa? y ¿en qué sector de la teoría psicoanalítica se inserta?

Por ejemplo, Freud tomó determinas hipótesis biológicas para explicar los fundamentos de la teoría pulsional. “Esto pone en evidencia dice Maldavsky que su propósito no consistió en importar un conjunto íntegro de hipótesis sino solo en disponer de aquellas que facilitasen y orientasen la propia argumentación” (ob. cit., pág. 28). Al recurrir a una teoría diversa surgen tres posibles problemas: a) incluir la totalidad de sus hipótesis, con la consiguiente pérdida de especificidad; b) no hallar el fragmento preciso de teoría que se desea incluir; c) no lograr localizar las hipótesis extrínsecas en el psicoanálisis [13].

Sobre la inclusión de hipótesis biológicas, sostiene que es preciso salir de la polémica biologismo-antibiologismo y ubicar el fragmento de dichas hipótesis en el seno de la reflexión psicoanalítica. Respecto de los aportes de las ciencias humanas, Maldavsky observa que se procedió a un retrabajo sobre la teoría extrapsicoanalítica y, también, fue necesario refinar la teoría freudiana misma para dar cabida a un aporte pertinente de una teoría diversa [14]: “algunos autores (Gear y Liendo, Berenstein, Lacan) toman a la lingüística como formalizadora del psicoanálisis, mientras que otros (Liberman, Rosenfeld, Maldavsky) toman de ella solo ciertos contenidos específicos, en cuyo caso los emplean como instrumentos. A su vez, entre quienes proponen el uso de la lingüística para formalizar la teoría psicoanalítica, algunos realizan un trabajo sobre la misma teoría lingüística antes de articularla más explícitamente con el psicoanálisis, como lacan. En cambio, otros como Gear y Liendo, pretenden trasladar inmodificada su estructura a la teoría psicoanalítica” (Maldavsky, ob. cit., pág. 33).

Si bien se valoriza la relación del psicoanálisis con otras disciplinas, esto requiere de una reflexión crítica compleja: hasta dónde pueden darse las combinatorias, qué limitaciones tiene la teoría ajena para dar cuenta de una teoría que exige considerar la vida pulsional, el deseo, las defensas, las transformaciones preconscientes siguiendo los criterios de los procesos inconcientes y, también, hasta dónde la teoría psicoanalítica aporta novedades a los estudios específicos de las restantes disciplinas.

Jerarquizar los intercambios fragmentarios se contrapone a la tendencia a homologar lo diferente mediante una argumentación más ideológica que científica. Maldavsky toma el concepto de cosmovisión y describe seis tipos de nexos con lo diferente: “Freud contrastó las cosmovisiones, las ideologías, por su tendencia a la generalización (como expresión de una ilusión de totalización yoica proyectada en el mundo), con la ciencia, por su tendencia a la fragmentación (como expresión del reconocimiento del carácter no unitario de lo anímico). Freud afirmó que la existencia de elementos diferentes pero afines crea una tensión vital, resuelta por complejización estructural, abierta a su vez a nuevos encuentros con lo diverso de sí. La tendencia ideologizante puede culminar en un arrasamiento, en una nivelación de lo diferente, mediante una actitud frontal, carente de sutilezas, y en tal sentido se contrapone al esfuerzo por rescatar lo diferencial y refinar las propias hipótesis para que lo diverso se vuelva afín. En otras oportunidades describí seis nexos diversos con lo diferente: 1) ignorancia, 2) englobamiento, 3) coexistencia pacífica, 4) coincidencia parcial, 5) reflexión autocrítica, 6) construcción de una complejidad mayor… La coexistencia pacífica puede darse por ejemplo en esos libros sobre problemas de aprendizaje que alternan un capítulo que expone la teoría piagetiana con otro que resume la propuesta psicoanalítica. En el mejor de los casos se trata de síntesis prolijas, no exentas de cuidado y hasta de profundidad, pero con una deliberada evitación de las intersecciones teóricas. La coincidencia parcial, en cambio, puede darse en torno de algún punto en que se observan analogías evidentes, pero poco fructíferas, como podría ser que Piaget y Freud aluden a la inteligencia, y entonces se propone emplear en psicoanálisis, sin reflexión crítica, el aporte del primero a este tema” (ob. cit., pág. 36).

En suma, la investigación epistemológica sobre el nexo entre dos universos teóricos abona el encuentro con lo diferente y la producción científica de la afinidad, vía complejización, que lo vuelve asimilable sin perder los propios rasgos.

4. Muestra

La muestra se compone de cuatro autores: Bleger, Reich, Marcuse y Rozitchner, pero por razones de espacio expondremos solo los dos primeros. Entre ellos presentan diferencias en cuanto a la articulación marxismo-psicoanálisis, su lugar de origen uno es argentino y otro europeo y pertenecen a épocas parcialmente distintas.

4.1. José Bleger

Bleger desarrolló una concepción materialista del psicoanálisis, reflexionó sobre dicho enlace, diferenció ciencia y política y abordó desde esta perspectiva la conflictividad institucional en el seno de APA. Asimismo, criticó a ciertos sectores del marxismo [15] y psicoanalistas de la izquierda: “capitular haciendo de todo conocimiento científico un producto ideológico es un error científico y un error ideológico y político. Negar las implicaciones ideológicas de todo conocimiento y no acceder al análisis de estas relaciones, es también un error, no solo ideológico y político, sino también científico” (1973a, pág. 510). Esto es, que un conocimiento científico posea implicancias políticas no lo transforma en un campo político en sí mismo. Más específicamente, Bleger consideraba que la validez de una teoría no se decide por la discusión política.

Sostuvo que el sentido social del psicoanálisis no deriva de su dimensión terapéutica sino de la investigación y aplicación de sus conocimientos en otros campos: “la Asociación Psicoanalítica tiene que abrir las posibilidades de desarrollo y de aplicación de la comprensión psicoanalítica a otros campos de trabajo como la psicosociología, la antropología, la psicoprofilaxis, la psicohigiene, etc. [El psicoanálisis] solo es social y políticamente trascendente en tanto procedimiento de investigación” (1973b, pág. 519). La institución psicoanalítica no puede llevar a cabo una actividad política aunque al realizar su tarea científica está cumpliendo implícitamente objetivos ideológicos y políticos.

La idea de la capitulación fue más manifiesta al referir que muchos de quienes no renunciaron ni al psicoanálisis ni al marxismo, en los hechos evidenciaron un abandono del psicoanálisis [16]. Bleger distinguió tres razones del abandono: por falta de elaboración y claridad; porque la política les resultó más interesante; por buscar una alternativa económicamente más provechosa.

Bleger diferenció el desarrollo interno del psicoanálisis como campo científico, de su examen como “producto y reflejo de cada momento del desarrollo histórico-social” (1962, pág. 22). En esta última perspectiva es que cabe, para el autor, su inclusión en determinadas estructuras ideológicas.

Por otro lado, la relación entre ambas teorías (psicoanálisis y marxismo) requiere definir el lugar que tiene cada una. Para Bleger el marxismo “es una concepción unitaria del mundo, de la naturaleza, la vida y la sociedad, que se propone, con esta concepción, cambiar las condiciones de vida de la sociedad… a diferencia del psicoanálisis y de cualquier otro campo científico, no integra sino que constituye en sí mismo una ideología” (ob. cit., págs. 22-23).

En el mismo texto, Bleger discute cuatro alternativas de relaciones entre marxismo y psicoanálisis:

1) Como el psicoanálisis es una ciencia particular y el marxismo una concepción del mundo, no cabe la comparación (ni integración ni exclusión), como sí ocurre entre dos teorías científicas o dos ideologías. Toda comparación expresa una distorsión del marxismo o una extensión abusiva del psicoanálisis. Esto es, o bien se daría una reducción del marxismo a una ciencia particular, o bien se ampliaría el psicoanálisis hasta transformarlo en una Weltanschauung. Para Bleger como el psicoanálisis se limita a los fenómenos específicos que estudia, “estudia legítimamente al ser humano en cualquiera de sus actividades” (ob. cit., pág. 24), la superfetación [17] puede darse: convirtiendo los fenómenos psicológicos estudiados en motores fundamentales de todo lo existente, o bien extendiendo sus modelos explicativos a todo fenómeno. Un ejemplo de extensión sería explicar la paz por la pulsión sexual y la guerra por la pulsión de muerte. Para Bleger si bien es legítimo que el psicoanálisis estudie los “conflictos psicológicos”, resulta abusivo que se los considere la fuente originaria de conflictos sociales, económicos y políticos. Finalmente afirma: “la psicología no puede fundar por sí sola, no solo una ideología o una concepción del mundo, sino tampoco una antropología. El marxismo sí las funda y enriquece con el aporte y concurso de todas las ciencias, incluida la psicología” (ob. cit., pág. 26).

2) Se puede comparar (concordar, oponer, contradecir, integrar) el marxismo con otra concepción del mundo, por ejemplo, la ideología en que se sustenta el psicoanálisis. Para Bleger el psicoanálisis, como toda investigación y teoría, implica una ideología y el marxismo interviene, precisamente, estudiando dicha ideología (implícita) ubicándola en el momento histórico social correspondiente, confrontándola a su vez con el marxismo (relación entre dos ideologías). El autor entiende que el psicoanálisis “parte del materialismo mecanicista, desemboca en el idealismo y utiliza inconciente e inconsecuentemente la dialéctica” (ob. cit., pág. 27). Por ejemplo, la reconducción psicoanalítica de la creencia en Dios a la imagen que el niño tenía de su padre, constituirá una manifestación del idealismo pues desestima las condiciones objetivas (materialistas) que el marxismo consigna respecto del origen de las religiones. “Lo que corresponde demostrar dice es cómo lo que el psicoanálisis ha descubierto desemboca en el idealismo si se toma ese segmento de una totalidad del proceso en forma aislada y cómo ese descubrimiento puede ser absorbido por la concepción marxista de la religión, si se lo ubica como momento de una totalidad y se estudian los factores sociales e históricos que permiten la supervivencia en el adulto de su imagen infantil del mundo y del padre” (ob. cit., pág. 28).

3) El marxismo estudia todo momento del desarrollo científico como resultado de fuerzas sociales en pugna, es decir, opera como sociología de la ciencia. En este caso, la relación es de aplicación del materialismo histórico al psicoanálisis (por tanto, no caben las comparaciones). Bleger entiende que cada avance científico se da en condiciones sociales que lo pueden producir o que requieren de su emergencia: “todo descubrimiento, investigación o teoría científica es un producto de las fuerzas sociales en juego en un momento dado” (ob. cit., pág. 32), aunque considera que este tipo de análisis no define la validez de una teoría. Se puede relacionar el interés del psicoanálisis por ejemplo en la agresividad, con un acontecimiento social Primera Guerra Mundial aunque no sería ese nexo lo que demuestra la falsedad de la teoría sobre la pulsión de muerte.

4) El marxismo valora los métodos, hipótesis, teorías y resultados de cada campo científico. Es un estudio desde “adentro”, con la valoración y verificación de hechos y teorías en cuanto tales: “el proceso por el cual en la médula misma del aporte científico y en función de la ideología utilizada, se procede a una trasposición cuyas dos variantes fundamentales son la de una reducción mecanicista o la de una reducción entelequial, sustancialista” (ob. cit., pág. 35). Sería el caso del reemplazo de los fenómenos de conducta por fuerzas y representaciones mentales (reducción mecanicista), o bien de derivar diferenciaciones de la conducta hacia diferenciaciones intrapsíquicas.

Basándose en la psicología concreta (Politzer), observa la contradicción y clivaje producidos en el seno del psicoanálisis entre los hechos y las teorías con que dichos hechos son reflejados. Para Bleger en la construcción del concepto de inconciente, “el significado de los síntomas se cosifica en una entidad de vida interior independiente, generadora de los fenómenos reales y visibles” (ob. cit., pág. 37). Si la abstracción reemplaza los hechos, la teoría en juego queda fuera de la psicología concreta: “si se sigue la teorización sobre el plano de la conducta (en su más amplio sentido), se sigue dentro de lo concreto; si se reemplaza la conducta por abstracciones que las producen y explican, se reemplaza un concreto (como fenómeno y como abstracción) por un ente abstracto que no responde al fenómeno concreto” (ob. cit., pág. 39).

4.2. Wilhelm Reich

Reich (1933) [18] sostiene que el marxismo presenta limitaciones si excluye la psicología freudiana: centrarse exclusivamente en los procesos objetivos de crisis socioeconómica constituye una insuficiencia en la aprehensión marxista de la realidad política. Esta “no había o había integrado mal a sus cálculos y a su práctica política la psicología de las masas y los efectos sociales del misticismo” (ob. cit., pág. 16). Es decir, la perspectiva de los procesos objetivos (economía) dejaba de lado el factor subjetivo de la historia y la evolución y contradicciones de la ideología de las masas.

Reich afirma que el marxismo vulgar [19] no pudo explicar por qué las masas pauperizadas no mostraron una evolución ideológica hacia la izquierda. Más aun, la crisis económica había llevado a las masas proletarias hacia la extrema derecha [20]: “De ello resultó un conflicto entre la evolución de la base económica que empujaba hacia la izquierda y la evolución de la ideología de grandes capas de la población que lo hacía hacia la derecha” (ob. cit., pág. 18). Ante este conflicto (entre situación económica e ideología de las masas proletarias) para Reich no basta con examinar los procesos económicos objetivos, sino que está en juego el papel de la ideología y cómo esta retorna sobre la base económica. No será la estratificación económica sino la ideológica la que opera como factor determinante. En su crítica al marxismo vulgar señala: “se considera buen materialista cuando condena, bajo la etiqueta de idealistas, hechos tales como pulsión, necesidad o proceso psíquico” (ob. cit., pág. 26). De este modo, Reich plantea dos interrogantes que quedan abiertos desde Marx y cuya respuesta requiere de la ciencia psicoanalítica. Si lo material se transforma en ideal (conciencia): a) ¿Cómo sucede esto?; b) ¿Cómo la conciencia así producida repercute contrariamente sobre el proceso económico?

Reich sostiene que la teoría psicoanalítica “no puede explicar la génesis de la sociedad de clases o del modo de producción capitalista… pero es sin duda la única capacitada y no la economía social para investigar cómo las contradicciones de su existencia repercuten en él, cómo intenta acomodarse a esta existencia” (ob. cit., pág. 28). La función de la ideología, entonces, será reflejar el proceso socioeconómico y anclarla en las estructuras de los sujetos. De este modo, habría un doble sometimiento: de manera directa, por la repercusión de su situación económica y social; de manera indirecta, por la estructura ideológica de la sociedad. Por este camino se desarrollaría una contradicción en la estructura psíquica entre situación material y estructura ideológica. Así, los miembros de una clase social no serán únicamente objeto de las influencias ideológicas, sino reproductores activos.

Reich coincide con Freud en cuanto a que la ideología se transforma más lentamente que la base económica; el arraigo de la vida psíquica en la infancia, así como la tradición, le otorga un carácter conservador.

También señala que la psicología burguesa explica con argumentos sobre la irracionalidad por qué una persona hambrienta roba o hace huelga. En cambio, “para la psicología materialista dialéctica la cuestión es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o que el explotado se declare en huelga, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roban y por qué la mayoría de los explotados no van a huelga” (ob. cit., pág. 32). A partir de allí, refiere que la socioeconomía explica íntegramente un hecho social cuando la acción y el pensamiento son congruentes con la situación económica, pero queda inerme cuando se presenta una contradicción. Allí donde fracasa la explicación socioeconómica, tiene su punto de partida la psicología de masas marxista para explicar qué es lo que impide el desarrollo de la conciencia de clase. Se pregunta: “¿por qué el terreno psicológico de masas es capaz de absorber la ideología imperialista?” (ob. cit., pág. 35) y ahí introduce la problemática de la economía sexual, como ciencia que se edifica sobre los fundamentos sociológicos (Marx) y psicológicos (Freud). Reich indaga por qué razón sociológica la sexualidad es reprimida por la sociedad y conducida a ser reprimida también por el individuo. Critica la filosofía cultural freudiana que pretende que las cosas se desarrollan así por la “cultura”, y sostiene que no es por la cultura en sí misma sino por sus formas actuales.

El autor sostiene que la represión no aparece en los inicios del desarrollo cultural sino más tarde, cuando aparecen la propiedad privada de los medios de producción y el principio de la división en clases. Será en ese momento cuando “los intereses sexuales de todos comienzan a estar al servicio de los interese económicos de una minoría” (ob. cit., pág. 44). Luego afirma que el análisis de personas de todas las edades, países y clases sociales muestra que la conexión de la estructura socioeconómica, de la estructura sexual de la sociedad y la reproducción ideológica se produce en los primeros cuatro o cinco años de vida en el seno de la familia. De este modo, la inhibición moral de la sexualidad tornaría al niño temeroso frente a la autoridad, de manera que todo movimiento agresivo quedará cargado de una fuerte angustia.

5. Discusión

Cuando Bleger señala que la actividad de la Asociación Psicoanalítica no puede ser política, aunque cumple objetivos políticos e ideológicos, hallamos una doble distinción: entre ciencia e ideología, y entre teoría e institución. Al distinguir el desarrollo interno del psicoanálisis, de su consideración como producto histórico-social (ideológico), diferencia criterios para valorar un determinado campo del saber: los que derivan de una epistemología propia (que definen su validez) y los de la historia social de la ciencia.

Bleger acuerda con Freud en que el psicoanálisis no es una cosmovisión, no obstante difiere la posición que tienen una cosmovisión y una ciencia para cada uno de ellos. Mientras para Freud una concepción unitaria del mundo es una ilusión resultante de la proyección de la omnipotencia del yo, para Bleger la cosmovisión marxista constituye una meta-teoría desde la cual examina la ideología subyacente a las disciplinas científicas [21].

Sin embargo, si la teoría freudiana estudia legítimamente al ser humano en todas sus actividades, el acento no recae en cuántos o a qué fenómenos se aplica el psicoanálisis, sino desde qué interrogantes se lleva a cabo esa tarea. No haremos aquí un desarrollo particular, pero señalemos que los estudios de Freud sobre problemas ajenos a la clínica (las guerras, las masas, la historia, el totemismo, etc.) no consistieron en transformar su ciencia en pequeñas sociologías o antropologías, sino en aportar un enfoque particular a tales problemas.

Si los fenómenos psicológicos son los motores fundamentales de todo lo existente o no, excede el marco de este trabajo, no obstante dependerá de qué es lo que quede reunido bajo “todo lo existente”. En todo caso, no será lo mismo incluir lo inorgánico, lo vivo o la subjetividad. Este tipo de críticas al psicoanálisis incluye aquellas relativas a su presunto reduccionismo, que consistiría en explicar el todo por una de sus partes. Sin embargo, conviene diferenciar reduccionismo, abarcatividad y generalización. Que el psicoanálisis pueda estudiar al ser humano en cualquiera de sus actividades, es expresión de su grado de abarcatividad, en tanto que una Weltanschauung explicación unitaria constituye una generalización.

La superfetación por extensión de los modelos explicativos, precisamente, fue realizada por muchos de los marxistas que utilizaron conceptos freudianos, en una suerte de isomorfismo muchas veces infundamentado. El ejemplo de la guerra que propone Bleger admite un interrogante inverso: ¿es posible pensar la guerra sin considerar la eficacia de la pulsión de muerte? En todo caso, no limitar la explicación a la operación de una exigencia pulsional no alcanza para justificar la exclusión de la teoría pulsional por parte de determinados autores. Desde el punto de vista del fenómeno “guerra”, es indudable que puede ser explicado por diversas teorías (políticas, económicas, etc.) las que podrán o no complementarse. Pero si lo que procuramos es dar una explicación psicoanalítica, la limitación mencionada es conceptual y no disciplinar. Lo que importará en ese caso es cuál es la elucidación que el psicoanálisis puede aportar, sin que por ello sea la única o excluyente explicación. Lo que el psicoanálisis no puede explicar de una guerra no será necesariamente por insuficiencia de sus desarrollos, sino por las variables que no forman parte de su arquitectura conceptual.

Considerar que los conflictos psicológicos sean fuente de conflictos económicos y políticos no es en sí mismo un desacierto. Una vez más, dependerá de la perspectiva con la que se procure examinar tales conflictos. Conviene diferenciar entre los niveles ontológico y epistemológico, ya que mientras el cuestionamiento de Bleger se centra en la dimensión ontológica, nuestro comentario hace pie en el plano epistemológico.

Respecto de la crítica al idealismo, Bleger no hizo una crítica radical: aun partiendo de premisas falsas, ciertas conclusiones podrían ser válidas. Así rechaza la teoría libidinal pero no “los datos y hechos que con su empleo ha sido factible descubrir” (ob. cit., pág. 28). El idealismo, para el autor, es toda concepción que excluya como factores determinantes centrales, las condiciones materiales de la existencia. Nos preguntamos, entonces, por qué las condiciones de existencia cumplen más con los requerimientos materialistas que la teoría pulsional, sobre todo, siendo que para Freud el fundamento de la misma remite al cuerpo químico.

Dice Bleger que ciertos acontecimientos sociales podrían estimular el desarrollo de ciertos conceptos (por ejemplo, pensar la pulsión de muerte a partir de una guerra). Sin embargo, no resulta claro por qué esta relación, si la hubiera, entre un suceso histórico y un desarrollo teórico, daría cuenta de un contenido ideológico [22]. Tampoco es seguro que la teoría sobre aquella pulsión (y, agregamos, el masoquismo) solo emerja al interior del psicoanálisis como efecto de las vicisitudes bélicas. Es probable que en su origen podamos reconocer los fenómenos clínicos como fuente de mayor potencia estimulante.

El clivaje entre teoría y práctica es un problema efectivo, que requiere de una atención constante y ha sido una persistente preocupación de Freud [23]. Sin embargo, el problema es epistemológico (no ideológico) y corresponde al desarrollo de las hipótesis intermedias. Estas, que reúnen conceptos y lenguaje observacional, proveen una argumentación consistente para justificar el enlace entre los hechos y la teoría (Liberman, 1970; Maldavsky, 1997). Si el problema de los nexos entre teoría y práctica se inserta en la pugna entre idealismo y materialismo, la discusión que propone Bleger no deriva únicamente de la brecha entre uno y otro nivel, sino de una exigencia del materialismo histórico, de la necesidad de explicar la vida psíquica como efecto de las relaciones sociales.

El desarrollo de Reich presenta un enfoque diverso del de Bleger. Mientras que este propone aplicar el marxismo al psicoanálisis, Reich recurre al psicoanálisis para resolver una laguna conceptual del marxismo. Su análisis de la contradicción entre situación económica e ideología supone que el marxismo sería naturalmente la ideología del proletariado. Asimilar la ideología a la situación económica constituye un grado de reduccionismo sobre la constitución de la primera. Reich se pregunta por qué no coincide la base económica con la ideológica y concluye que la fuerza de la represión sofoca la rebelión. Decir que el interrogante de una psicología materialista dialéctica es por qué los hambrientos o explotados no se rebelan, evidencia una vez más la esencialidad que supone en el nexo entre situación económica e ideología (o estructura psíquica). Dirimir si siempre un huelguista desarrolla su acción desde la perspectiva de la lucha de clases marxista, no es lo que aquí nos proponemos. Sí podemos decir que “huelga” no es una categoría psicoanalítica sino de las ciencias sociales. Sin embargo, no descartamos una investigación psicoanalítica, pero en tal caso ¿cuáles serían los interrogantes que orienten la investigación? En cualquier caso, es discutible que el punto de partida sean los presupuestos marxistas, porque ello sesgaría el estudio y porque no constituyen premisas de la teoría freudiana. En investigaciones concretas hemos encontrado que en situaciones de conflicto social, económico y político, los ideales y deseos en juego son diversos [24].

Al igual que Bleger, Reich critica el idealismo, no obstante considera que la teoría pulsional no debería caer bajo ese rótulo.

Cuando Reich afirma que los miembros de una clase social no son solamente receptores pasivos de una ideología sino, también, reproductores activos, nos parece entrever allí una concepción simplificada de los procesos psíquicos. La idea de una reproducción ideológica no se distingue en mucho de la recepción pasiva. Es decir, no hay en Reich un desarrollo sobre las lógicas psíquicas intervinientes en esta reproducción.

Para Freud la ideología forma parte del superyó (que es un factor de resistencia al cambio), mientras que la situación económica corresponde a la realidad. Ambos sectores (realidad y superyó) integran el triple vasallaje, al cual se agrega la pulsión (de mayor peso entre los tres, para Freud). La propuesta de Reich queda confusa en cuanto a cómo se integran estos factores. Asimismo, insistimos, su restricción deriva de suponer que es una contradicción si a una situación económica dada no le corresponde una ideología determinada. No verlo como contradicción, para Reich, es expresión de una postura mecanicista, no dialéctica. La idea de contradicción surge como exigencia desde una teoría específica (marxismo), pero no necesariamente la contradicción es tal en términos psicológicos.

Acordamos con Reich en que la comprensión de las ideologías se fortalece con el concurso de los desarrollos freudianos, pero aquel omite la reformulación del concepto (ideología) en términos psicoanalíticos (y se detiene en categorías como: burgués, reaccionario, revolucionario, etc.). Un problema similar encontramos con la noción de conciencia de clase, la cual quizá por extensión del término conciencia queda colocada como categoría psicológica y, más aun, necesaria y no contingente.

En cuanto al factor cultural, Reich se acerca a Freud pero difiere la dimensión que cada uno le da. Para Reich sería causa de la represión únicamente por las circunstancias históricas (formas actuales) y no diferencia tipos de represión (estructurante, patógena). Desde el punto de vista teórico nada impide que un sujeto neurótico (en quien tiene eficacia la represión) sostenga simultáneamente una postura ideológica marxista, hipótesis que no parece posible en la perspectiva de Reich.

El uso que Reich hace del concepto de represión no armoniza con su definición psicoanalítica. Así se advierte en cómo ubica el origen del mecanismo, sus efectos y, también, cuál sería la resultante de la anulación del mismo (ya que Reich supone que la liberación sexual llevaría a las masas a volcarse hacia la izquierda). En efecto, el paso del tiempo puso de manifiesto una mayor liberación sexual y ello no tuvo ningún efecto en lo que respecta a la lucha de clases.

Otra diferencia con Freud comprende a la relación entre represión y trabajo, ya que para Freud la necesidad de trabajar requiere del desplazamiento de las metas sexuales hacia metas sociales (aunque no necesariamente por represión), y para Reich responde al trabajo bajo la lógica del capitalismo. También resulta restringida la comprensión de la angustia frente a la autoridad solo como un efecto de la educación sexual. Tales hipótesis no parecen adecuarse a las proposiciones freudianas, al tiempo que evidencian apreciaciones distantes de los hechos concretos. Nótese, de hecho, la conclusión que resultaría a juicio de Reich de los análisis de todas las personas, de todas las edades y de todas las clases sociales, y también en la presunción de que todo niño criado en el capitalismo es temeroso de la autoridad. Tal conclusión no parece sino una generalización idealista.

Resulta llamativo también que en la reflexión sobre el sujeto y la sociedad, Reich desconozca otros mecanismos de defensa, como la desmentida, que precisamente permiten pensar el vínculo entre el sujeto y los representantes psíquicos de la realidad [25].

Por último: si el propósito de una psicología analítica marxista es desentrañar la mística burguesa por la cual el sujeto queda atrapado en una contradicción (entre realidad económica e ideología), ¿qué quedaría de dicha psicología, llegado el caso de establecerse una sociedad sin clases?

6. Conclusiones

El vínculo entre marxismo y psicoanálisis es complejo y son muchas las voces que se pronunciaron a favor y en contra [26]. Algunos lo hicieron agregando objeciones y criticas al psicoanálisis por la supuesta contaminación de una ideología reaccionaria. También se le atribuyó un cierto solipsismo, consistente en explicar la vida psíquica prescindiendo de la realidad social y se le imputó una visión reduccionista de la subjetividad. Sin embargo, en primer lugar, es preciso reconocer que el término subjetividad es heterogéneo. Se trata de una noción que fue considerada no solo por el psicoanálisis, sino también por la filosofía y las ciencias sociales. Más aun, no solo ha recibido múltiples acepciones sino que, quizá por eso mismo, padece de cierta imprecisión o confusión. Tenemos entonces un sujeto del (o explicado por el) psicoanálisis, un sujeto explicado por la sociología, etc. ¿Es, entonces, el mismo el sujeto el del inconciente y el de la historia, por ejemplo? Y ante las diferencias, ¿son armonizables las definiciones? Pero hay otra dimensión del problema que no refiere únicamente a la definición de sujeto que cada disciplina aporta. Me refiero al nivel de los hechos, de las vivencias concretas en que un sujeto participa de la economía, de la política, etc. Así, el psicoanálisis puede hacer su propio desarrollo teórico sobre el valor del dinero, los intercambios económicos, el trabajo, en tanto que la ciencia política o la economía explicarán a su modo tales asuntos. Entonces, en este otro nivel, ¿en qué medida se combinan las explicaciones que una y otra ciencia dan sobre un mismo fenómeno? El problema no es si una sola disciplina (en este caso el psicoanálisis) puede explicar la subjetividad “por completo”, sino si la explica acertadamente de acuerdo con su propia definición de subjetividad. Ello no deja de ser así aun cuando, como es evidente, lo social sea constitutivo del sujeto. ¿Es en un todo necesario recurrir a la sociología para explicar el modo en que lo social se inscribe en el psiquismo? Si lo social queda descripto con categorías sociológicas (lucha de clases, explotación, capitalismo) se produce un engorro epistemológico al intentar una explicación psicoanalítica. Que el sujeto está atravesado por lo social es una hipótesis indudable, pero lo que resta definir es si las explicaciones que dos ciencias dan de los tres conceptos (sujeto, social y atravesamiento) son afines o bien solo se los homologa superficialmente [27].

Sobre el poder y el sometimiento diversos autores (Reich, Rozitchner, etc.) explicaron cómo el sistema social moldea la subjetividad para adecuarla a las formas dominantes. Sin embargo, conviene diferenciar los problemas que se incluyen: por un lado, cómo se observa el moldeamiento (o determinación social), cuáles son los datos, etc.; por otro lado, si sostenemos una teoría según la cual lo social resulte decisivo, no siempre tendrá el sesgo del sometimiento. En términos de las disciplinas, una cosa será preguntarse si el psicoanálisis contiene una teoría sobre lo social y otra, distinta, si esa teoría social puede enlazarse con el marxismo. A su vez, también es necesario distinguir las estrategias y objetivos cuando se trata de una investigación psicopatológica y cuando se trata de una investigación psicosocial (Plut, 2008).

Otra objeción fue que el psicoanálisis no es materialista sino idealista; le cuestionan el alejamiento de la realidad concreta [28]. Cuando se afirma que el psicoanálisis es una teoría puramente abstracta se considera que: a) la única materialidad es la realidad objetiva, externa; b) en esa realidad prevalece la lógica económica de explotación o dominación y c) es allí donde debemos rastrear los factores determinantes. La resultante de tal concepción es reducir el psicoanálisis a un puro empirismo, a una simplificación de lo psíquico, entendido como reflejo de la realidad externa [29].

Sin embargo, lo social es heterogéneo, no presenta unicidad, y no solo porque existen diferentes entidades eficaces (iglesia, escuela, partidos políticos, agrupaciones gremiales, profesionales), cada una con sus respectivos representantes, órganos de propaganda y su mayor o menor abarcatividad. Considerar la eficacia anímica solo desde esta perspectiva arroja una conclusión válida pero parcial, a saber, que cada sujeto está atravesado por discursos plurales, por argumentos institucionales de diversa índole. Por este camino solo arribamos a la hipótesis de que lo social en lo anímico deriva de numerosos discursos oídos, del mismo modo que podría pensarse que una representación-cosa deriva solo de una variedad infinita de impresiones sensoriales. De este modo, lo anímico es pensado como una tabula rasa. Maldavsky sostiene que “así como es necesario pensar las representaciones-cosa (inconscientes) como derivadas de un conjunto de operaciones psíquicas que preparan y formalizan las percepciones, y luego reordenan según diferentes lógicas su inscripción como huellas mnémicas, igualmente lo social sufre un procesamiento diferente de aquel que lo supone ingenuamente derivado de la influencia directa de los órganos de reproducción ideológica. En principio eso social es preparado, anticipado y formalizado según el tipo de espacialidad anímica en juego; pero además eso social es luego reordenado según diferentes criterios, y admite la coexistencia de diversos grados de complejidad y abstracción en cada aparato psíquico” (1997, págs. 189-190). Además, la teoría de las series complementarias deja espacio a la creatividad y a los efectos traumáticos de una exterioridad irrumpiente. Asimismo, incluimos la hipótesis filogenética de particular valor en lo que estamos estudiando [30].

Esta distinción sobre la eficacia de lo social es metodológica, en tanto el problema que nos interesa es cómo conciliar perspectivas diversas. Una orientación será conjeturar los hechos acontecidos en la realidad histórica y, otra diferente será examinar los procesos subjetivos en cuestión (Freud, 1939). En el primer caso, tal como sucede en sociología, antropología o historia, importa precaverse del riesgo de descontextualizar temporal o espacialmente. En cambio, la perspectiva de la subjetividad se encuentra en una situación distinta. La vida pulsional y la estructura neuronal se han mantenido prácticamente invariables, el yo, que debe tramitar las exigencias de ello, posee una estructura similar y encara los mismos problemas (las tendencias autodestructivas, la agresividad, la erogeneidad, los complejos materno, paterno, fraterno, Edipo, castración, las exigencias del ideal, etc.). Es decir, “un enfoque histórico-antropológico previene contra los riesgos del ahistoricismo, el psicoanálisis alerta contra el peligro restante: perder de vista la unidad estructural del conflicto y la vida pulsional, al cual los avatares recientes, más que aportar una modificación de fondo en cuanto al hallazgo de soluciones, ofrecen un revestimiento cambiante” (Maldavsky, 1998b, pág. 2).

El problema de lo individual y lo colectivo es compartido por diversas ciencias, no solo la psicología o la sociología, sino también la economía, las ciencias políticas, la antropología, etc. No obstante, será erróneo creer que siempre que el psicoanálisis pretenda explicar fenómenos psicosociales se vea obligado a desplazar y sustituir su propia argumentación por alguna otra, por ejemplo, la sociología. No es lo mismo partir de un interrogante de la propia disciplina, en el camino tomar una hipótesis específica y definida que corresponda a otra y, finalmente, insertarla en la propia argumentación, que hacer coexistir dos argumentaciones diversas que escasamente se acercan y cuya articulación resulta endeble.

Algunas de las propuestas de integración entre marxismo y psicoanálisis presentan una confusión entre el nivel de los fenómenos y el nivel epistemológico. Es decir, creemos conveniente definir cuál es el dato para cada ciencia, en tanto que dato no coincide con fenómeno. En un fenómeno de masas, para una u otra ciencia, será diverso qué es lo constituye un dato. Algo similar puede observarse en las estériles disputas entre corrientes psicológicas. Sería erróneo, por ejemplo, cuestionarle a la psicología conductista que desestima el valor de los sueños o de un acto fallido, ya que la propia concepción no los define como datos significativos (aun cuando dos teorías consideren las conductas o manifestaciones de los seres humanos).

Freud (1922) utilizó el término psicoanálisis en tres sentidos: como método terapéutico, como método de investigación y como teoría sobre los procesos psíquicos (metapsicología). En los autores estudiados hallamos que estas tres dimensiones tienen lugares diversos: limitar el psicoanálisis a los procesos terapéuticos constituye la expresión liberal burguesa del pensamiento freudiano (Langer, Rozitchner), no es en el terreno de la cura donde el psicoanálisis encuentra su potencia social (Bleger), conviene trasladar su poder terapéutico desde la concepción de individuos enfermos hacia la concepción de una sociedad enferma (Schneider). Respecto del psicoanálisis como método de investigación, Bleger explícitamente mencionó que la aplicación del mismo en terrenos más amplios (psicología institucional, comunitaria, etc.) es lo que le confiere al psicoanálisis su valor social. En otros autores (Rozitchner, Marcuse, etc.) advertimos que la teoría freudiana es utilizada en la investigación o análisis social, pero bajo la forma especulativa y no a través de investigaciones sistemáticas concretas. En este sentido, uno de los vacíos que dejan estos autores corresponde al desarrollo e implementación de métodos de investigación sistemática. El carácter especulativo de muchos de estos estudios no les confiere un defecto, sino que los ubica en el contexto de descubrimiento, restando su desarrollo en el contexto de justificación.

El psicoanálisis como teoría sobre los procesos psíquicos cobra mayor relieve en estos autores, sobre todo, a partir de las hipótesis sobre la intersubjetividad, las masas o lo social. Sin embargo, la selección de hipótesis evidencia dos particularidades: quedan afuera hipótesis freudianas sustantivas (por ejemplo, sobre la filogénesis) para el análisis de los problemas en cuestión; y quizá como consecuencia de lo anterior, tales omisiones impiden ubicar en qué nivel o qué valor tiene cada una de las hipótesis que sí rescatan en el corpus freudiano. En efecto, desde la perspectiva de muchos de estos autores, lo más fecundo que el psicoanálisis aporta a una teoría social sería cómo se interiorizan el poder y la dominación en lo psíquico. Así, la subjetividad constituye solo un mecanismo a través del cual el individuo se hace a sí mismo (y reproduce) lo que le impone el sistema de dominación social.

Recordemos que Freud sostuvo que para apreciar una nueva doctrina “no basta con la mera noticia de su contenido positivo; casi igual importancia posee su aspecto negativo, lo que ella desestima” (1939, pág. 22). Los desarrollos de la izquierda freudiana enriquecieron más la teoría marxista que la teoría psicoanalítica. Si bien algunos autores propusieron incluir el análisis de la realidad en la práctica psicoterapéutica, no constituye más allá de su valor práctico una profundización de las hipótesis freudianas, ya que la relación del sujeto con la realidad no está desestimada en la teoría psicoanalítica.

Notas

1. En la reunión de la Sociedad Psicoanalítica del 10/03/09 debatieron acerca de la psicología del marxismo. Adler sostuvo que los fundamentos marxistas de la economía podían interpretarse como el “estudio de las formas en que convergen la vida pulsional y las tendencias a la satisfacción. La satisfacción solo se logra dando un rodeo a la agresión, que abarca las condiciones de producción” (pág. 164). Para el expositor habría una estrecha armonía entre la teoría de la lucha de clases y la doctrina de las pulsiones. Hitschmann planteó que “le resulta difícil encarar el concepto de conciencia de clase, que solo es una doctrina enunciada por sus líderes”, en tanto Steiner y Federn comentaron que “el socialismo es un sustituto de la religión” (pág. 167) y, por lo tanto, no se coloca en el mismo plano del análisis. Freud señaló que las variaciones en la conciencia de la humanidad y en la represión son procesos que avanzan “a través de los siglos”. Asimismo, afirmó que “Adler no ha podido ofrecernos prueba alguna de la presencia de nuestra línea de pensamiento en Marx; más bien, ha tratado de presentar las bases psicológicas de las teorías marxistas”, y lo estimula a que elabore y publique sus tesis (pág. 165). Véase el Acta 72 de las Actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, Nunberg, H. y Federn, E. (Comps.). Tomo II, Nueva Visión, 1908-1909,

2. Véase la reciente investigación en Cuba sobre las mujeres víctimas de la violencia física y sexual (López Angulo et al., 2009).

3. En una afirmación probablemente polémica, Freud sostiene que la sociología como ciencia no es sino psicología aplicada (en tanto trata de la conducta de los hombres).

4. Véase una detallada historia en Freud y los bolcheviques (Miller, 1998).

5. En una entrevista que Kazez y yo mantuvimos con Klimovsky, este nos decía que Freud “es ontológicamente materialista, pero metodológicamente dualista… él cree que hay una sustancia única en la materia y que todos los fenómenos que existen son reductibles a la materia… los mecanismos que descubre se pueden admitir con independencia de que en el fondo son reductibles a procesos neuronales” (1994, pág. 21).

6. Freud señaló que un “ultraje a la grandiosa diversidad de la vida humana se comete cuando solo se quieren reconocer unos motivos derivados de necesidades materiales” (1939, pág. 51).

7. Algunas de las observaciones de Langer corresponden, en rigor, a la pregunta acerca de la función que una determinada ideología tiene para un sujeto dado. En tal sentido, por ejemplo, una convicción espiritual podrá ser expresión de mecanismos como la sublimación o la desestimación de la realidad, entre otras alternativas. Sin embargo, una vez más, insisto en que el enfoque que aquí sigo concierne a la discusión epistemológica sobre la relación entre dos teorías diversas. Véase el estudio de Baranger (1954) sobre la función defensiva de la ideología fiolosófica.

8. Al descartar la comparación lógica entre teorías, Feyerabend sostiene: “lo que queda son juicios estéticos, juicios de valor, prejuicios metafísicos, anhelos religiosos; en resumen, lo que queda son nuestros deseos subjetivos” (1975, pág. 285).

9. Véase Miller, 1998, pág. 268.

10. Por ejemplo, todos los objetos sobre la Tierra -humanos o no- estamos sometidos a la ley de gravedad.

11. “Si las reglas R son hipótesis que correlacionan la ocurrencia de eventos psicológicos con ciertos sucesos físicos, una reducción de la psicología T1 a la física T2 consistiría en mostrar que las hipótesis psicológicas de T1 pueden deducirse de las hipótesis físicas de T2 más las hipótesis correlacionales R” (ob. cit., pág. 506). Con ello, no desaparece la identidad de T1 ni la priva de consistencia ontológica.

12. Por ejemplo, la hipótesis acerca de la fijación al pecho malo corresponde a la teoría sobre las fijaciones, en tanto la hipótesis referida al rechazo de la instancia paterna corresponde a la teoría de las defensas. En otros casos, el problema es que dos conceptos aparentemente excluyentes corresponden a niveles de abstracción diferentes (por ejemplo, la teoría de la representación en términos de la pulsión como representante psíquico del soma y las representaciones como representantes anímicos de la pulsión).

13. Por ejemplo, se ha señalado que Lacan no da argumentos propios del psicoanálisis acerca de por qué el discurso lógico (del análisis) se asemeja a la aritmética elemental (Martínez y Piñeiro, 2009).

14. Así sucedió con algunas hipótesis de la teoría de la comunicación.

15. Fue expulsado del Partido Comunista.

16. Para Bleger abandonar la investigación era “terrorismo ideológico”. De los críticos del psicoanálisis dijo: “cometen un error grosero cuando no ven en el desarrollo del psicoanálisis uno de los pilares del desarrollo humanístico antistaliniano de la izquierda y del socialismo, y arrastran a los jóvenes detrás de utopías y espejismos” (ob. cit., pág. 527).

17. Término que Bleger toma de Lenin (que le resulta más acertado que el de ampliación) y manifiesta la crítica al idealismo y la metafísica.

18. Agradezco a Juan Carlos Galosi que fue quien me facilitó el libro de Reich.

19. La expresión “marxismo (o materialismo) vulgar” se utilizó para designar el reduccionismo fisiológico que prevaleció en gran parte de la psicología soviética.

20. Recordemos que el texto de Reich se centra en la psicología de masas del fascismo.

21. En su historiografía del psicoanálisis en Rusia, Miller dice: “mientras el marxismo preveía un final para el conflicto a través de la revolución que pondría en el poder a las clases explotadas, el psicoanálisis se basaba en la presunción del conflicto como inherente a la condición humana” (1998, pág. 162).

22. La discusión acerca de la falsedad de la teoría mencionada no es inherente a este trabajo.

23. “Lo difícil no es encontrar material sino conectar acertadamente lo encontrado y agruparlo de acuerdo con los distintos estratos existentes” (carta a Abraham del 3/06/12).

24. Nuestro estudio acerca del ‘corralito’ (Plut, 2005a) mostró la eficacia de ideales ligados con el amor, la justicia, el orden, la ganancia, etc.

25. Algo similar advertimos en textos de Marcuse y Rozitchner.

26. En este artículo he expuesto, centralmente, los desarrollos de autores que de un modo u otro abonaron el nexo entre ambas teorías. Ya sea que presentaran críticas y reformulaciones al psicoanálisis (como Langer), o ya sea que identificaron ciertos aspectos irresueltos del marxismo y sobre los que el psicoanálisis puede hacer su aporte (como Reich), en todos ellos encontramos una postura favorable al nexo entre psicoanálisis y marxismo. En un trabajo posterior, analizaremos las críticas más radicales, las que objetan bajo todo punto de vista un acercamiento posible. Al respecto, puede verse la obra de Voloshinov (1927).

27. Bernfeld planteó problemas similares: “El interrogante podría ser de importancia decisiva: ¿qué importancia tiene el psicoanálisis para el proletariado? Es decir ¿en qué medida y cómo puede ayudarlo en su lucha de clases? Una respuesta a ese interrogante plantearía el problema de la aplicación práctica del psicoanálisis a la acción política de masas… ¿es compatible el psicoanálisis en cuanto ciencia con el socialismo en cuanto ciencia (es decir el marxismo), o existe entre ambos una contradicción excluyente?” (citado por Guinsberg, “Bernfeld y la izquierda marxista”. En Vainer, 2009, pág. 45).

28. Curiosamente, psicoanalistas marxistas (Langer, 1971a; Reich, 1933) supusieron que el socialismo construirá un hombre libre, un hombre nuevo, lo cual constituye una expresión abstracta, idealista, en la misma línea que Freud afirmó que la justicia, tal como la explica el marxismo, es solo una categoría abstracta.

29. Para justificar el carácter materialista del psicoanálisis, Brun señaló que el superyó “debe entenderse en el sentido de Pavlov como psicorreflejo condicionado de adaptación a la conducta social” (citado por Schneider, 1979, pág. 10).

30. Véase Freud (1913, 1916-17), Maldavsky (1986), Maldavsky, Kazez y Plut (1994).

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Por gentileza de SciELO

En los pasillos de la post-verdad

François Soulard
Diplomado en Ciencias de la Tierra y comunicador | Ampliar datos del autor
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En la primera mitad del siglo XX, el escritor Aldous Huxley temía, en su obra Un mundo feliz, que la verdad quede ahogada en un océano de insignificancias y que el deseo de conocimiento iba a ser reprimido. Dos décadas después, a la víspera de la segunda mitad del siglo XX, George Orwell, autor del otro gran relato distópico 1984, se asustaba con la idea de que la verdad termine ocultada por el poder de control totalitario, anticipando en su ficción una “neolengua” (Newspeak), un idioma con palabras erosionadas y “desaparecidas”, destinado a achicar el abanico perceptivo del lenguaje y trasladar la comunicación humana al terreno de los afectos. Poco más de medio siglo después estos relatos anticipatorios, el neologismo de “post-verdad” es elegido como palabra del año 2016 y consagrado en los diccionarios oficiales del mundo anglosajón. ¿Ya habremos llegado a los tiempos post-modernos narrados por estos autores, como también por muchos otros cada uno con su aporte específico (Ira Levin, Walter Travis, Hannah Arendt, René Girard, Tod Strasser, Jonathan Littell, Michel Foucault, Noam Chomsky, etc.)?

Si este neologismo tiene la virtud de sellar en una palabra corta y sencilla un fenómeno que se ha vuelto palpable en la cotidianeidad de muchas sociedades, es necesario reconocer que sus definiciones resultan todavía borrosas o mudas a la hora de entender los fenómenos y las circunstancias que lo subyacen. En principio, el término de post-verdad —o de era post-factual— plantea resumir la tendencia en recurrir menos a los hechos objetivos que a las emociones y las opiniones personales para influenciar la opinión pública. Caracteriza una suerte de cambio de equilibrio a favor de las narrativas subjetivas e ideológicas por sobre la argumentación arraigada en los datos de la realidad, una suerte de emancipación autoreferencial del discurso respecto a la realidad objetiva, en particular en el terreno de la comunicación mediática y política moderna.

Para aquellos que viven expuestos a las radiaciones mediáticas en las latitudes conosureñas, el término es muchas veces sinónimo de una intensificación de las mentiras mediáticas al servicio de tal o cual grupo de poder. Para otros, remite más bien a la emergencia de una inflación emocional, o de una postura de escepticismo y de un relativismo cultural respecto a las voces o incluso los valores dominantes en la sociedad. Si bien los contextos comunicacionales han cambiado radicalmente de un momento histórico a otro, cabe recordar que esta tensión oscilante entre apego a la realidad y construcción discursiva a la escala de una comunidad o una sociedad no es nueva (y no es necesariamente problemática). Tiene que ver con una dialógica realidad-interpretación-pertenencia que ha atravesado todos los tiempos y que las variadas corrientes filosóficas o la misma configuración de las fuerzas socioculturales del momento han resignificado.

Los Sofistas en la Grecia antigua, por ejemplo, inventan la retórica, una escuela discursiva versando a veces en lo especulativo y lo ilusorio, que va a influir significativamente en la arena política (en el sofismo, todo discurso es verdadero ya que el no-ser no existe y por lo tanto no tiene acceso al lenguaje). La propaganda política, fortalecida junto a la expansión de los Imperios, se verá atacada durante cada gran episodio de revolución social con maniobras conspirativas —destilada por los sectores influyentes (Iglesia, Masonería, plutocracias) y dirigidas hacia los sectores de poder (proletariado, élites, musulmanes, etc.)—. Más adelante, los proyectos totalitarios del siglo XX —en el cual el capitalismo militante podría ser tal vez candidato— han transformado en armas los métodos de represión de la verdad y de manipulación psíquica-comunicacional de las masas, en un contexto donde el apego a las ideologías nacionalistas constituye un dato central de esa época (de paso recordemos el rol decisivo que tuvo el coraje de figuras tales como Rosa Luxemburgo, Malcolm X, Hannah Arendt, Rodolfo Walsh, etc. en sus respectivas arenas para desnudar los aparatos de represión). Más cerca de nosotros, en los años 80, junto a una masificación creciente de los medios de comunicación, hemos visto el despliegue de nuevas proyecciones ideológicas (regionales o mundiales), que perduran hoy y que sistemáticamente fueron acompañadas por una militancia comunicacional: entre las principales, la corriente neoliberal iniciada con la dupla Reagan-Thatcher; la corriente islamista wahabita nacida en Arabia Saudita y la revolución khomeinista chiíta en Irán (la corriente comunista se derrite con el colapso de la Unión Soviética). Leyendo el trabajo histórico del francés Jean-Marie Domenach [1] sobre la propaganda, uno se puede dar cuenta que está última es tan vieja como la política misma.

Estos ejemplos brevemente mencionados nos sugieren que más allá del acercamiento un tanto maniqueo que nos propone el término de post-verdad, resulta en definitiva más enriquecedor entender las circunstancias y su itinerario de elaboración. Parafraseando al teórico canadiense de la comunicación McLuhan cuando afirma que “el medio es el mensaje” (1967), el medio, hoy, se ha transformado en un vasto ecosistema conectando multitudes, minorías influyentes y redes mediáticas, en el cual la manipulación de las mentes y de las voluntades —si bien ha evolucionado el esquema de masividad unidireccional como lo recuerda el argentino Luis Lazzaro [2]— se ve potenciada y se ha vuelto un reto central. Los indicadores de monopolización y de control mediático van creciendo [3], con consecuencias directas sobre los riesgos de “tiranización” de la opinión pública [4] y erosión de voces y derechos. Pero veremos más adelante que esta tendencia está lejos de generar linealmente un auge del “control remoto” de la opinión pública. Ésta última posee vida propia, retracciones e inercias, lo cual también constriñe la excesiva concentración de poder a una sofisticación de sus estrategias. Esta cuestión por ejemplo se evidenció en recientes iniciativas de referendos y se está debatiendo bastante en América Latina en torno al retraso de la “percepción popular” de los avances de los proyectos progresistas. Pero retomemos el hilo anterior.

En este trasfondo, el gran hito disparador que genera una ruptura en el grado de instrumentalización de la opinión pública comienza alrededor de la cruzada internacional que los neoconservadores estadounidenses emprenden luego de los atentados del 11 de septiembre 2001. Como nunca golpeados y arrastrando todavía los resentimientos de la derrota en Vietnam, los Estados Unidos emprenden una guerra preventiva en Irak como parte de un proyecto de remodelaje del Medio Oriente, todo esto encubierto bajo una inteligente fabricación del enemigo. En los medios como en las instancias multilaterales, Irak está casualmente sospechado de tener armas de destrucción masiva (algo que nunca se comprobó y que Wikileaks luego ayudó a entender). Se instala la narrativa de una amenaza de un supuesto “eje del Mal” conformado por Irak, Irán y Corea del Norte.

Este proyecto imperial, sobredimensionado y terminando en el fiasco actual que conocemos, sólo se pudo sostener a nivel de la opinión pública por una instrumentalización de los grandes medios (principalmente el canal CNN) y una intensa propaganda comunicacional. De hecho, desató una gran perplejidad en el seno de la sociedad civil y muchas teorías del complot —entre ellas vehiculadas por la Red Voltaire— se agregaron al embrollo para alimentar la sospecha apuntando las élites neoconservadoras. A fin de cuentas, si bien los Estados Unidos logran justificar la intervención en un momento donde se encuentran al apogeo de su hiperpotencia geopolítica, es imprescindible señalar que, desde la guerra de Vietnam, el peso de las opiniones públicas, inclusive en el caso de la intervención de Rusia en Afganistán a partir de 1979, se ha vuelto una de las variables centrales en el fracaso de los conflictos irregulares donde está involucrado el campo occidental. Más allá de la ocultación mediática, las sociedades de los países centrales tienden a percibir el grado de instrumentalización. Se vuelven más sensibles a las pérdidas humanas y reticentes a las intervenciones extranjeras, influyendo en última instancia sobre las decisiones políticas y militares. Una cosa impensable en los tiempos de guerra colonial. Dicho de otra forma, la expansión de las comunicaciones y de la libertad de prensa, tan promovidas por el proselitismo occidental —el geopolitólogo Zbigniew Brzeziński lo planteaba como un nuevo pilar de la política exterior de los Estados Unidos junto al tema de los derechos humanos— se han vuelto paradojalmente en su contra, específicamente en el campo de la acción político-militar [5] en el plano internacional. No es un dato menor y está poco abordado en los análisis comunicacionales o geopolíticos.

Mucho se escribió y se sigue escribiendo sobre esta destilación de “verdades ideológicas” por las élites de los Estados Unidos en el Medio Oriente en pos de llevar a cabo un nuevo modelo de relaciones internacionales. Mientras tanto, en los últimos quince años, se desencadenaron rápidamente toda una serie de terremotos: la crisis financiera del 2007-2008; las revueltas populares árabes del 2011; la crisis de inseguridad directamente relacionadas con los errores occidentales en África del Norte y Medio Oriente; el crecimiento continuo de los (re)emergentes (China, India), en el telón de fondo de una expansión de la conectividad global y de una serie de problemáticas transnacionales desbordando los marcos de regulación (migraciones forzadas, cambios climáticos, desigualdades sociales, riesgos financieros, etc.). Finalizada la Guerra Fría, el planeta supuestamente salía de los elementos perturbadores del siglo XX, es decir de los totalitarismos, de los nacionalismos y grandes confrontaciones ideológicas. Acaso ¿Huntington y Fukuyama no habían elaborado un relato inflacionario con las tesis del choque de civilizaciones y de un supuesto fin de la historia? Pero el tablero global se encuentra paradójicamente en una situación de nuevas amenazas e impotencias en los albores del siglo XXI.

Sin lugar a dudas, este panorama se ha vuelto otra fuente de perturbación de los supuestos instalados por la racionalidad moderna y de la vida política. Surgen nuevas perplejidades y cabe señalar que los modelos tradicionales de comunicación se entraman con estos problemas, cuando no los amplifican. En el escenario global ¿cómo ordenar hoy una comprensión del alcance del cambio climático en relación al terrorismo internacional y las grandes transformaciones geoeconómicas? ¿Cómo entender la imbricación entre la globalización y la reactivación de los nacionalismos o discernir entre los acontecimientos capaces de cambiar duraderamente las sociedades y los movimientos sin grandes consecuencias? A nivel nacional, ¿cómo entender los ejes estratégicos que orientan en profundidad el desarrollo de un país más allá de los espectáculos políticos y electorales? La comunicación a ultranza se ha agregado a lo que Noam Chomsky caracteriza como una fragmentación deliberada, fértil a la dominación mediática. De hecho, en este periodo de perturbación, varios interpretan estas tendencias como nuevas maquinaciones o planes de generación del caos por parte de los poderes concentrados. Sabemos que estas maniobras siempre existen y podrán existir. Pero se elude deliberadamente otro elemento central: la ausencia de patrones explicativos frente a la incertidumbre y la complejidad creciente de la situación planetaria. ¿Cuántas veces miramos lo que ocurre en América Latina, África, Medio Oriente, Estados unidos, etc. con los anteojos y a veces la nostalgia del siglo XX? ¿O será que de lo posible se sabe demasiado como canta hermosamente Silvio Rodríguez? En el caso de los teatros de conflicto, esta situación queda aún más a la vista, la investigación de terreno volviéndose una herramienta central de conocimiento fiable y riguroso. Resaltamos aquí que en el fondo, esta reconfiguración entre búsqueda de nuevos marcos interpretativos y la realidad siempre perturbadora y desafiante, puja hacia un clima de época más irracional y agobiante.

En 2016, dos acontecimientos terminan de cristalizar el ingreso “oficial” en la etapa de la denominada post-verdad: por un lado el referéndum británico que sepulta la inclusión de Gran Bretaña en la Unión Europa mediante un proceso electoral contaminado por campañas tendenciosas [6]; por otro, la elección polémica de Donald Trump en la Casa Blanca. Hacen eco a otros procesos no directamente relacionados con ellos pero semejantes en cuanto a la preponderancia del factor emocional-mediático. Lo mencionamos aquí de forma un poco desordenada: en Brasil (destitución judicial-mediática de la presidenta Dilma Roussef); en Filipinas (elección de Rodrigo Duterte en base a un discurso muy ofensivo); en Hungría (desarrollo de un referéndum anti-migrante); en Turquía (manejo de los medios de comunicación y purga de las impurezas de la sociedad turca por el régimen de Erdoğan); en Ucrania (diabolización de Vladímir Putin y ofensiva de la coalición occidental frente a Rusia); en Siria (statu quo internacional y polarización de las opiniones según las líneas de propaganda de cada fuerza involucrada); en Venezuela (estigmatización del gobierno chavista [7] e intentos de golpe destituyente); en Argentina (engaño electoral y revanchismo antipopular del conservador Mauricio Macri).

En muchos de estos casos, uno de los hilos conductores radica en la irracionalización creciente de la construcción política a favor de una expresión exacerbada de la dimensión emocional-identitaria, fenómeno que el geopolitólogo Dominique Moïsi se propuso analizar a escala global hace varios años en su obra Geopolítica de las emociones (2009). Donald Trump, del mismo modo que Ronald Reagan se sintonizaba con la gramática del cine de Hollywood —vector de un maniqueísmo muy adecuado al período de la Guerra Fría—, se dirige directamente a sus electores usando las pautas del show televisivo y de las redes sociales, desarrollando una verdadera estrategia del caos. Confunde la visión de conjunto del público, ponteando a los medios tradicionales, y apela a las emociones colectivas, en particular a los sentimientos negativos: el miedo a los migrantes; el odio hacia el establishment o a los aparatos institucionales; el rechazo de las voces mediáticas dominantes, apuntando hábilmente su adversario político y demonizándolo. Usa la envidia para cristalizar el electorado alrededor de una identidad herida y la necesidad de recuperar la grandeza de los Estados Unidos.

Todos estos elementos, bien conocidos por los especialistas de la propaganda —entre ellos el ruso Serguéi Chajotin, opositor de los embates de la propaganda nazi en los años 1940 y autor de La violación de las masas por la propaganda política (1939)—, se pueden comparar con los distintos ingredientes movilizados por Hitler y Goebbels en su otrora régimen totalitario. Pero esta vez —y esto es la novedad al menos para algunos— en tiempos democráticos. La propaganda totalitaria se ingeniaba a generar una exacerbación del miedo y del odio del otro, el resentimiento hacia los responsables del declive o de la crisis con la búsqueda de chivos expiatorios. Se pretendía purificar de algún modo la sociedad, estigmatizando y borrando los elementos perturbadores (musulmanes, migrantes, marginales, grupos étnicos), amenazando aquellos que obstaculizaban esta purificación. Según Serguéi Chajotin, el líder ideal de un proyecto totalitario es “aquel para quien el interés social y la comprensión de las aspiraciones y la psicología de los individuos formando las masas se asocian”. Precisamente, la fuerza de Donald Trump es haber entendido, pese a la reticencia de su entorno cercano, la psicología de masas del pueblo norteamericano (y no solamente el perfil de las élites de las costaneras del Oeste y del Este o las minorías marginalizadas). No dudó en descalificar a los medios oficiales e instalar una supuesta vía “alternativa”, recurriendo a falsas noticias, relatos ofensivos, negacionistas o conspirativos.

Como lo señalamos, estos ingredientes están lejos de ser circunscritos al perímetro particular de una nueva élite política reaccionaria en los Estados Unidos. A su vez, varias experiencias políticas, entre ellas en América Latina, nos muestran que el acercamiento emocional de un líder político con su sociedad puede ser un vector favorable de resignificación política, de reducción de los resentimientos o de reconstrucción de mayoría social [8]. Pero la vertiente “expoliadora” de esta modalidad tiende a difundirse hoy, con menos intensidad y con otras orientaciones, vertientes y matices, en varios escenarios políticos, formando una nueva vía cognitiva y comunicacional, imbricados (o no) en las prácticas de construcción política. Se trata de una modalidad de carácter irracional, demagógico y reaccionario, tomando sus argumentos, en última instancia, en las fallas (reales o inventadas) de las arquitecturas políticas y económicas actuales. En este sentido, no está de más recordar que el medio en el cual estamos sumergidos hoy ha gradualmente revertido las relaciones perceptivas entre los incluidos y los excluidos, entre los humillantes y los humillados. Si bien las técnicas de ocultamiento se han sofisticado, quedan ostentadas como nunca antes las desigualdades sociales, el modo de vida de los híper-ricos, los simulacros de gestión colectiva de los asuntos globales, etc. En definitiva, el rey está (más) desnudo, y esta imagen “pornográfica” por así decirlo contribuye a potenciar la huida hacia posturas defensivas y nuevas contenciones psicológicas (particularmente en las clases medias educadas y formadas [9]. Del otro extremo, esto alimenta también el avance de los enfoques securitarios y punitivistas, a contramano de abordajes transformadores que muchos actores de la sociedad civil están proponiendo en el otro extremo.

En este contexto, es cierto que la noción de guerra híbrida (o de cuarta generación), inseparable de la dimensión comunicacional, se ha vuelto una realidad y puede resultar útil para caracterizar los cercos mediáticos. Las batallas informacionales ya se han integrado a las confrontaciones financieras, industriales o militares, no solamente en el arsenal de las principales potencias, sino de todos los partícipes de las guerras, hoy devenidas esencialmente en guerras irregulares (asimétricas). Surgen los conceptos de “seguridad cognitiva” en los ámbitos corporativos o en las doctrinas de defensa. La fabricación del enemigo, constante en la historia de los conflictos, ha sido particularmente perversa a nivel planetario con la ofensiva en Irak a partir de 2002. Precisamente, esta ofensiva, cuyos efectos se han expandido en Siria y en otros lugares, ha contribuido en evidenciar el contraste entre improvisación de un cambio de régimen y manipulación de los eslabones de las instituciones internacionales. Segundo, ha precipitado una derrota política que ha incentivado una contra-propaganda de parte de todos los partícipes y adversarios, entre ellos el Estado islámico (cuya potencia comunicacional supera ampliamente su potencia militar y que evolucionó hacia un movimiento revolucionario [10]. A propósito, Dimitri Kiselev, director de la nueva agencia estatal rusa Rossiya Segodnya, no anunciaba en 2014 su rebeldía contra la objetividad occidental y la respuesta rusa: “¿Es la CNN objetiva? No. ¿Es la BBC objetiva? No. La objetividad es un mito que nos ha sido propuesto e impuesto [11]”.

Sin embargo, esta misma noción de guerra informacional nos permite difícilmente abordar las entrañas más sutiles de estas nuevas modalidades cognitivas que permean también el interior de los cuerpos sociales. La noción de verdad, y de orden espiritual e informacional que lo sustenta, es en definitiva un bien individual y colectivo, no absoluto y dinámico, que se sostiene sobre un conjunto de construcciones racionales e irracionales, socioculturales y políticas. Es cierto que los muros mediáticos siguen nítidamente las fronteras existentes entre los intereses y las potencias del tablero geopolítico. Pero como lo mencionamos más arriba, los muros mentales o cognitivos no necesariamente se superponen de modo lineal con estas fronteras. Varios factores concurren a esto. La diseminación del poder mediático es uno. La crisis de confianza en los medios dominantes es otro. Lo que ciertos analistas describen como una revancha de las pasiones y de la historia frente al corsé del orden pasado constituye otro factor.

En este sentido, observamos que se está consolidando por un lado una tendencia a la polarización y la radicalización de las posturas, particularmente en los extremos del espectro político, en cohabitación muchas veces con un relativismo cultural o incluso un negacionismo, que se ha ido pronunciando sobre casi todos los temas importantes de la agenda internacional. Se van agudizando ciertos comunitarismos y sectarismos, a medida que aparecen desestabilizaciones sociales o factores de inseguridad. El sociólogo Boaventura de Sousa Santos asocia parte de este fenómeno al auge de un “neofascismo social” en relación a un secuestro de la democracia. Por otro, se manifiesta una suerte de búsqueda de otra racionalidad, de renuncia para encarar una interpretación más compleja e inacabada de la realidad, o tolerar varios ángulos de crítica y análisis, en un contexto de saturación informacional y de relativismo de las fuentes de información [12]. Ahí también nos reencontramos con un factor identitario que actúa como un mecanismo segregativo. Todo esto concurre a generar una especie de estrechamiento de los relatos, un repliegue en el campo de las certezas ideológicas o de creencias, substituyendo la actitud mayéutica por la duda sistemática, el juicio de intención o la categorización cortante.

Como ilustración de esto, los productores de teorías del complot, de rumores, falsas noticias y otros métodos de desinformación, tienen actualmente el viento en la popa. Frente al debilitamiento relativo de las fuentes hegemónicas, configuran hoy un ecosistema y un nicho de mercado consolidado: el grupo vinculado a InfoWars [13] por citar uno de ellos, identificado como una fuente importante de manipulación a nivel global, posee una ganancia anual estimada a alrededor de 10 millones de dólares. La investigadora estadounidense Kate Starbird [14] identifica un ecosistema de 188 medios a raíz de un estudio de tres años sobre los flujos de desinformación relacionados a distintos temas de la agenda pública. Emerge de este análisis que cualquier evento sociopolítico de magnitud significativa, incluyendo obviamente los procesos electorales, forma el caldo de cultivo de maniobras de influencia y tergiversaciones. Más finamente, observamos que la ampliación a este tipo de fuentes informativas genera un efecto de precarización cognitiva similar a los que se desarrollan en las sociedades que conviven con potentes monopolios mediáticos: la variedad aparente de las fuentes encubre una nivelación uniformizante del relato; los patrones de racionalidad se empobrecen o se estigmatizan, en vez de complejizarse, generando una desconfianza selectiva hacia tal o cual blanco expiatorio; rige un bombardeo de datos y una “info-obesidad”, multiplicado por los redes digitales; en ciertas circunstancias, pueden generar golpes mediáticos [15] o alterar seriamente los ejes del debate público.

Los ejemplos de Venezuela, Siria o Ucrania son elocuentes en este sentido. En el primero, como en otros países que experimentan formas de populismo “positivo”, la disonancia cognitiva generada por la diabolización constante del gobierno venezolano por la oposición política y sus aliados, impide a buena parte de la sociedad global (incluyendo los simpatizantes de la izquierda) comprender el espesor político y la situación conflictiva del país. Se genera por ejemplo una incompatibilidad de razonamiento entre las formas de cooperación de Venezuela con Irán o Rusia, las innovaciones constitucionales y el apoyo popular al proceso venezolano. Un argumento puede ser motivo para aniquilar y jerarquizar a todos los demás. En el caso del conflicto sirio, es la propaganda de auto-victimización del régimen sirio alauita (frente a una coalición internacional y la oposición islamista no alauita) que crea un cerco perceptivo para todo un sector de simpatizantes no-intervencionistas, anti-imperialistas y anti-sionistas, tanto a la extrema derecha que a la extrema izquierda. Este cerco impide entender que el régimen sirio reprimió una real revuelta popular que surgió en el 2011 y ha sido el primer causante de víctimas en el conflicto. Desde el exterior, tanto los argumentos geopolíticos (colonización por el petróleo o el gas, invasión imperial, alianzas ambiguas en torno a tráfico de armas, etc.) como los argumentos religiosos o identitarios, jerarquizan la percepción, desde un alto nivel intelectual hasta las bases sociales y militantes. Y podríamos seguir así con otros temas.

Más allá de la primera fila de barreras distorsivas instaladas por las fuerzas involucradas en estos escenarios, pueden rápidamente aparecer otras barreras, tanto identitarias, conceptuales o sectarias, que neutralizan el espesor del razonamiento y que incluso pueden terminar funcionales a las principales estrategias de ocultamiento. Aclaramos que no se trata aquí de condenar un pensamiento distinto o alternativo, o jactarse de un punto de vista vanguardista y superior. Se trata más bien de un breve ejercicio autocrítico, necesario para evidenciar una nueva zona de contradicciones en la cual, nos guste o no, ya estamos sumergidos y con la cual vamos a tener que lidiar para un tiempo largo. “El problema no es la verdad sino las creencias” planteaba el teórico de la información Heinz Von Foerster en los años 1990. Agregamos a esta máxima que la problemática actual es el brote de nuevas relaciones con lo real y sobre todo el riesgo de ver una instrumentalización política de la sed de sentidos, de marcos interpretativos y de creencias, que no duda en recurrir a la manipulación de las pulsiones humanas más elementales que Iván Pavlov había revelado en su época.

Al final, la promesa de conectividad global, que presagiaba un camino más despejado hacia una comprensión objetiva, desideologizada e integradora de la complejidad política, queda por verse. Hoy somos testigos de que el auge de la hiperconectividad planetaria va siguiendo y amplificando las líneas existentes de fragmentación o polarización. Esto se ve amplificado por una especie de brote irracional-identitario, de migración hacia zonas seguras de repliegue cognitivo. Todo indica que este movimiento de especulación narrativa nos seguirá atravesando y crecerá en el futuro. Gran testigo del siglo XX, el filósofo Edgar Morin subraya que “no se puede refundar la política haciendo la economía de una comprensión y de un (re)pensamiento”. Adherimos a este planteo y de algún modo, la situación actual nos está poniendo frente a nuestras vulnerabilidades y renunciamientos: dejar los atavismos éticos, perceptivos y conceptuales, para encarar un mundo en plena ebullición. Varios actores e iniciativas ya se están movilizando en este sentido. Es necesario fortalecerlos.

Notas

 [1] Domenach, Jean-Marie, La propaganda política, Presse universitaire de France, 1950.
[2] Lazzaro, Luis, Hegemonía simbólica, el nuevo orden de la dominación global, 2017.
[3] Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2016, Reporteros sin Frontera.
[4] Tocqueville, Alexis de, De la democracia en América, 1830.
[5] Chaliand, Gérard, Perder guerras : un nuevo arte occidental, en curso de publicación, 2017.
[6] http://www.other-news.info/noticias/2015/05/la-manipulacion-de-los-medios-en-su-cobertura-de-las-elecciones-britanicas/
[7] Ignacio Ramonet, entre otros, es testigo directo de esta estigmatización clivante en Europa.
[8] Laclau, Ernesto, La razón populista, Fondo de Cultura económica de Argentina, 2005.
[9] Teorías del complot. ¿Nuestra sociedad se ha vuelto paranoica?, revista Sciences Humaines, enero 2017.
[10] Chaliand, Gérard, Terrorismo y política, CNRS, 2016.
[11] https://twitter.com/themoscownews/status/411105966336114688
[12] Peltier, Marie, La era del complotismo, la enfermedad de una sociedad fracturada., 2016.
[13] http://www.conspiracywatch.info/la-petite-entreprise-d-alex-jones-ne-connait-pas-la-crise_a1051.html
[14] Starbird,Kate, Information Wars: A Window into the Alternative Media Ecosystem, https://medium.com/hci-design-at-uw/information-wars-a-window-into-the-alternative-media-ecosystem-a1347f32fd8f, 2017.
[15] En noviembre 2016, la elección de Donald Trump fue perturbada por varias campañas (divulgación de correos de la DNC, rumores sobre los sectores financieros afines a Hillary Clinton, etc.); idem para la elección de Emmanuel Macron en Francia quien benefició de un amplio apoyo de los medios hegemónicos con la interferencia de una contra-campaña #MacronLeaks orquestada desde Rusia http://www.slate.fr/story/145221/le-macronleaks-est-une-fakenews).

Por gentileza de ALAI

Abandonando la diplomacia | El miedo como instrumento de poder

Roberto Savio
Periodista. Cofundador y exdirector general de Inter Press Service (IPS)
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Esta columna de Roberto Savio es una adaptación de su presentación en el panel sobre migraciones y solidaridad humana, “un desafío y una oportunidad para Europa, Medio Oriente y África del Norte”, realizado el 14 de diciembre en el Centro de Ginebra para el Avance de los Derechos Humanos y el Diálogo Global. 

Para empezar mi agradecimiento a Hanif Hassan Ali Al Kassim y al embajador Idriss Jazairy, quienes encabezan el Centro para el Avance de los Derechos Humanos y el Diálogo Global, por organizar este panel de discusión en un momento crítico de la historia. El Centro es uno de los pocos actores que trabajan por la paz y la cooperación entre el mundo árabe y Europa. Como representante de la sociedad civil, creo que será más significativo que hable sin las limitantes de la diplomacia y que haga reflexiones francas y sin trabas.

El mal uso de la religión, del populismo y de la xenofobia es una triste realidad, que no se atiende más, sino que se observa con hipocresía y sin una denuncia directa.

Recién ahora los británicos se dan cuenta de que votaron el brexit a partir de una campaña de mentiras. Pero nadie increpó públicamente a Johnson y Farage, los líderes del brexit, después de que Gran Bretaña aceptara pagar, como uno de los muchos costos del divorcio, por lo menos 45.000 millones de euros, en vez de ahorrarse 20.000 millones, como sostenían sus promotores. Y hay pocos análisis sobre por qué el comportamiento político es cada vez más un mero cálculo, sin ninguna preocupación por la verdad ni por el bien del país.

El presidente estadounidense Donald Trump puede ser un buen caso de estudio sobre las relaciones entre política y populismo. Hace unos días, Estados Unidos declaró que se retiraba del Pacto Mundial sobre Migración de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Eso no tiene nada que ver con intereses ni con la identidad de Estados Unidos, un país de inmigrantes. Sino con el hecho de que esa decisión es popular entre los sectores de la población estadounidense que votaron a Trump, como los evangélicos.

Tengo aquí el mensaje que difundieron tras la declaración de Jerusalén como capital de Israel. Esto es lo que dice la Biblia. Si recreamos el mundo creado en ella, Jesús retornará por segunda vez a la Tierra y solo los justos serán recompensados. Y por ello creen que Trump acerca al mundo al regreso de Cristo y, por lo tanto, actúan por el bien de sus creencias.

Los evangélicos son cerca de 30 millones de personas y creen firmemente que cuando Jesús retorne por segunda vez, solo los reconocerá a ellos como los creyentes que están en el camino correcto.

Trump no es evangélico ni ha demostrado interés en la religión. Pero como cada una de sus acciones, es coherente con la visión de su campaña de reunir a todas las personas insatisfechas que lo catapultaron a la Casa Blanca. Todo lo que hace, no es en interés del mundo o de Estados Unidos, solo se concentra en mantener el apoyo de sus electores, quienes no vienen de grandes ciudades ni de la academia ni de los medios ni de Silicon Valley.

Proceden principalmente de sectores empobrecidos y desinformados, que se sienten marginados de la globalización. Creen que los beneficios quedaron en la élite, en las grandes ciudades y en unos pocos ganadores y creen que hay un complot internacional para humillar a Estados Unidos. De ahí que el cambio climático sea para ellos y para Trump un cuento chino. En su primer año, Trump podría bien reunir 32 por ciento de aprobación, la más baja para un presidente de Estados Unidos. Pero 92 por ciento de sus votantes lo reelegirían. Y como solo votan 50 por ciento de los estadounidenses, Trump puede ignorar con comodidad a la opinión pública general. No es este el espacio para profundizar en las tendencias políticas estadounidenses. Pero Trump es un perfecto ejemplo de por qué un gran número de europeos, o incluso de países como Polonia, Hungría y República Checa, ignoran las decisiones de la Unión Europea en materia de migraciones, y por qué crecen el populismo, la xenofobia y el nacionalismo en todas partes.

El miedo se convirtió en el instrumento para llegar al poder.

Los historiadores concuerdan en que los dos motores del cambio en la historia son la codicia y el miedo.

Bueno, nos entrenaron desde el colapso del comunismo a considerar a la codicia como un valor positivo. Los mercados (no los hombres ni las ideas) se convirtieron en el nuevo paradigma. Los Estados se convirtieron en un obstáculo para el libre mercado.

La globalización, solía decirse, pondrá a todos de pie y beneficiará a todos. Pero los mercados sin reglas resultaron autodestructivos y no todos quedaron de pie, sino que los más ricos quedaron mejor. El proceso fue tan rápido que, hace 10 años, las 528 personas más ricas concentraban la misma riqueza que 2.300 millones de personas. Este año, se transformaron en ocho, y ese número probablemente se achique pronto. Las estadísticas son claras, y la globalización basada en el libre mercado pierde parte de su brillo.

Mientras, perdimos muchos códigos de comunicación. En el debate político ya no se hace referencia a la justicia social, la solidaridad, la participación, la igualdad, los valores en las constituciones modernas, sobre las cuales construimos las relaciones internacionales. Ahora, los códigos son competencia, éxito, beneficio y logros individuales.

En mis conferencias universitarias, me aterra ver una generación materialista, a la que no le interesa votar ni cambiar el mundo. Y la distancia entre los ciudadanos y las instituciones políticas aumenta cada día. Las únicas voces que nos recuerdan la justicia y la solidaridad son las de líderes religiosos como el papa Francisco, el Dalai Lama, Desmond Tutu y el gran muftí Muhammad Hussein, por nombrar a los más destacados. Y con los medios ahora también basados en el mercado como único criterio, esas voces se vuelven cada vez más débiles.

Después de una generación de codicia, pasamos a una generación de miedo. Hay que señalar que antes de la gran crisis económica de 2009, (provocada por la codicia: los bancos pagaron hasta ahora 280.000 millones de dólares en penalizaciones y multas), los partidos xenófobos y populistas siempre eran minoría (con la excepción de Le Pen en Francia). La crisis creó miedo e incertidumbres y las migraciones comenzaron a aumentar, en especial tras la invasión de Libia en 2001 y de Iraq en 2013.

Estamos en el séptimo año del drama sirio, que desplazó a 45 por ciento de su población. Merkel paga el precio por aceptar refugiados sirios, y es interesante señalar que las dos terceras partes de los votos de Alternativa para Alemania, el partido xenófobo y populista, procedieron de la ex Alemania oriental, que tiene pocos refugiados, pero donde los ingresos son casi 25 por ciento inferiores. El miedo, otra vez, fue el motor del cambio de la historia de Alemania.

Europa es responsable directa de esas migraciones. El famoso caricaturista El Roto, del El País, hizo una caricatura de bombas volando por el aire y de barcos con inmigrantes llegando por mar. “Les mandamos bombas y ellos nos mandan migrantes”. Pero eso no se reconoce. Los que escaparon del hambre y de la guerra ahora son considerados invasores. Los países que hasta hace unos años se consideraban sinónimo de virtudes civiles, como los nórdicos, y que gastaban una proporción considerable del presupuesto en cooperación internacional, ahora erigen muros y alambres de púa.

La codicia y el miedo fueron muy bien explotados por los nuevos partidos nacionalistas, populistas y xenófobos, que ahora crecen en cada elección, desde Austria a Holanda, de República Checa a Gran Bretaña (donde se dio el brexit), luego Alemania y, en unos meses, Italia. Los tres Jinetes del Apocalipsis, que en los años 30 fueron la base de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): nacionalismo, populismo y xenofobia, regresaron con un mayor apoyo popular y con dirigentes políticos que los usan.

Pero lo sorprendente es que ahora tenemos un nuevo elemento de división: la religión, ampliamente utilizada contra los inmigrantes, cuando debería unirnos. La religión siempre se usó para lograr poder y legitimidad. La gente común nunca empezó las guerras de religiones en Europa, sino los príncipes y los reyes. Hace unos años, conmemoramos la expulsión de los judíos, primero, y de los moros, después, de España, donde vivían en armonía y paz con los cristianos, formando una civilización de tres culturas. Hace unas semanas, hubo una gran marcha en Varsovia, ignorada por los medios, con 40.000 personas, muchas procedentes de distintas partes de Europa y de Estados Unidos. Marcharon en nombre de Dios, reclamando la muerte de judíos y musulmanes.

Pero mientras líderes religiosos protestantes, católicos, musulmanes y judíos participan de un diálogo positivo por la paz y la cooperación, numerosos autoproclamados defensores de la fe instalan el miedo, el sufrimiento y la muerte. Y seamos claros, no hay choque de religiones. Es un choque entre quienes usan la religión para conseguir poder y legitimidad, y promueven un sueño histórico irreal. Retornar a un mundo que ya no existe, en el que se reabran las minas, el país retorne a su antigua gloria: un mundo que no sueña un mundo mejor, sino un pasado mejor. África duplicará su población, con 80 por ciento menores de 35 años, mientras en Europa solo será 20 por ciento. No hay esperanza de que Europa sea viable en una economía global  y en un mundo competitivo sin una inmigración sustancial. Y, sin embargo, hablar de eso en el debate político es ahora un beso de la muerte.

En conclusión, debo subrayar que enfrentamos una triste realidad, que ya no se puede ignorar más, aún si no es políticamente correcto. Siempre se usaron los ideales para conseguir apoyo, aun para quienes no creen en ellos.

Y los historiadores nos enseñan de que en los tiempos modernos, la humanidad cayó en tres trampas:

En nombre de Dios, dividir y no dialogar; en nombre de la nación, a menudo reunir apoyo y llevar a los ciudadanos a la guerra; y ahora, en nombre del beneficio. Creo que es hora de realizar nuevas alianzas y de lanzar una gran campaña poderosa de concienciación sobre profetas falsos, con movilizaciones de medios, sociedad civil y políticos legítimos con el fin de educar a la ciudadanía sobre que la inmigración debe regularse, pues es una necesidad con la que Europa debe vivir.

Debemos crear políticas, y aun después de que Trump se vaya del Pacto Global, como dejó el Acuerdo de París sobre cambio climático, seguirá siendo una voz aislada, mientras los ciudadanos lucharán por un mundo mejor, sin miedos, basados en valores comunes. Debemos emprender acciones impopulares, pero vitales, para la educación y la participación. Serán impopulares y difíciles, lo sabemos. Pero si no tomamos ese camino, los seres humanos, los únicos “animales” que no aprenden de sus errores, volverán a pasar por la sangre, el sufrimiento y la destrucción.

Por gentileza de Other News

Neofascismo y decadencia

Jorge Beinstein
Economista y profesor | Ampliar datos del autor
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Conceptos borrosos

Decadencia y neofascismo son dos conceptos de difícil definición aunque esenciales para entender la realidad actual, sus presencias abrumadoras, sus fronteras borrosas los hacen a veces “invisibles a los ojos” (como lo enseñó Saint-Exupéry). ¿Dónde termina el autoritarismo burgués y comienza el neofascismo?, ¿cómo diferenciar a un proceso de decadencia de una gran turbulencia muy persistente o de un fenómeno de corrupción social muy extendido?

Cuando hablamos de decadencia por lo general nos referimos a procesos prolongados donde convergen un conjunto de indicadores como la reducción sistemática del ritmo de crecimiento económico hasta llegar al estancamiento o la retracción, la declinación demográfica, la degradación institucional, la hegemonía del parasitismo, la desintegración social generalizada y otros. Sin embargo a veces es inevitable señalar la decadencia de una civilización o de un conjunto de naciones sin que se hagan presentes todas esas señales, lo que decide la cuestión es la evidencia de un proceso duradero de descomposición sistémica, de desorden creciente, de entropía que se manifiesta en el comportamiento de las clases dirigentes corroídas por el parasitismo pero también de las clases subordinadas.

Es común confundir decadencia con crisis prolongada, así es como la llamada “larga crisis del siglo XVII europeo” aparenta con su desorden, sus confrontaciones, llevar a esa región al desastre, sin embargo dicho proceso le permitió eliminar restos precapitalistas, digerir las riquezas acumuladas del saqueo periférico iniciado en los siglos XV y XVI, principalmente de América, y avanzar en el siglo XVIII hacia su aburguesamiento general cuyas tres expresiones más notables fueron la revolución industrial en Inglaterra, las transformaciones en el continente desatadas por la Revolución Francesa seguida por las guerras napoleónicas y el control del planeta por parte de Occidente completado hacia fines del siglo XIX.

En un sentido contrario lo que se presenta como superación de la decadencia (el adiós a la crisis de los años 1930) entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y comienzos de los años 1970, donde emergió la superpotencia estadounidense y se produjeron los “milagros económicos” de Alemania Occidental. Italia, etc., en realidad no fue más que una rehabilitación de un poco más de dos décadas sostenida por la muletas del keynesianismo militar de Estados Unidos y de la intervención estatal en general dinamizando la oferta y la demanda de los países capitalistas centrales. Que se fue agotando hacia el final de los años 1960 hasta hacer crisis en la década siguiente dando vía libre al parasitismo financiero y sus acompañantes culturales, institucionales y económicos. La droga keynesiana calmó los dolores, brindó un dinamismo pasajero pero inoculó venenos que terminaron por agravar más adelante la situación del enfermo.

Por su parte el neofascismo aparece emparentado con el fascismo clásico, suele en ciertos casos reproducir nostalgias del pasado, sin embargo se diferencia del mismo. A veces resucita viejos demonios que se mezclan en una marcha confusa (si la observamos desde antes de 1945) con descendientes de sus víctimas bajo la bandera común del racismo antiárabe, de la islamofobia o de la rusofobia. Después de todo el viejo fascismo también nació cultivando incoherencias, mezclando banderas contrapuestas como el elitismo nacionalista-imperialista y el socialismo, Hitler y su “nacional-socialismo” racista y ultra autoritario constituye el caso más grotesco.

En ambos casos se trata de expresiones que recogen pragmáticamente sentimientos de odio y desprecio hacia pueblos o sectores sociales considerados inferiores, corruptos, bárbaros y en consecuencia potenciales objetos de agresión (aplastamiento de los más débiles) adornándolas con títulos de nobleza (raza superior, patriotismo, civilización, valores morales, democracia, honestidad, etc.).

Cuando observamos al viejo fascismo vemos como Hitler o Mussolini en sus ascensos al poder hacían demagogia “social” o “socialista”, captando el espíritu de la época y la introducían junto a otros condimentos en sus sopas dictatoriales, aunque Franco afirmaba el conservadorismo más negro sin necesidad de esas demagogias. Y en América Latina aparecían dictaduras militares, apéndices subdesarrolladas de Occidente, cultivando ambigüedades curiosas, como en Argentina en el golpe de estado de 1930 donde se combinaba el patriotismo aristocrático, la admiración hacia el fascismo italiano y el sometimiento colonial al Imperio Inglés.

El neofascismo no se queda atrás y hoy en Europa constatamos que en países como Polonia o Letonia se mezclan el ultranacionalismo, el antisemitismo y otros brotes nazis, el respeto formal a la institucionalidad democrática made in Unión Europea, el neoliberalismo económico, la fobia antirusa y el sometimiento a la OTAN. En Brasil, Paraguay, Honduras o Argentina es preservada la formalidad democrática, bandera cultural de su amo imperial, junto la concentración mafiosa del poder. Tanto en el fascismo como en el neofascismo los discursos oficiales no han sido ni son otra cosa que vestimentas de ocasión del lobo autoritario.

El comienzo de la decadencia

La crisis en la que estamos sumergidos debería ser considerada como el capítulo actual de un largo proceso de decadencia pensado como fenómeno de carácter planetario. ¿Cuándo comenzó? Al hacer el recorrido temporal hacia atrás encontramos años decisivos como 2008 cuando estalla la burbuja financiera y se despliega la serie de crecimientos económicos anémicos en Occidente y se va desacelerando la expansión china. Lo que inevitablemente nos lleva a 2001 y sus alrededores cuando convergen el fin del auge neoliberal de los 1990 (plagado de turbulencias) con el lanzamiento imperial de una desesperada (y fracasada) fuga militarista hacia adelante apuntando hacia la conquista del corazón geopolítico de Eurasia y sus tesoros energéticos.

Esa mirada nos impulsa a seguir retrocediendo y llegar a los años 1970 cuando emerge la crisis petrolera y la estanflación, y se instala la declinación tendencial de la tasa de crecimiento económico global que se prolonga hasta la actualidad, motorizada por las potencias económicas dominantes tradicionales y suavizada por el ascenso chino. Sin olvidar el antecedente de 1968 (con epicentro en los sucesos de Mayo en Francia y sus extensiones), terremoto político-cultural que quiebra la ilusión de la nueva prosperidad civilizacional de Occidente.

Dicha ilusión se apoyaba en la efímera recuperación keynesiana de Europa del Oeste y Estados Unidos, si la medimos en tiempos históricos, enfrentada con la constante reducción de su área de dominación territorial planetaria (ampliación del campo socialista y del espacio postcolonial).

Atravesamos esa fiesta geográficamente limitada, entramos en la Segunda Guerra Mundial y navegamos por las recesiones de los años 1930 desembocando en 1929 para finalmente detenernos en 1914, año clave que marca el final del ascenso irresistible de Occidente desde sus fracasos en las Cruzadas del Este (hacia Medio Oriente y hacia el espacio eslavo) y sus primeros éxitos importantes en el Oeste, desde el siglo XV: la conquista completa de la península Ibérica y de posiciones en el Oeste de África y sobre todo del continente americano. Ofensiva plurisecular que culmina a lo largo del siglo XIX devorando a la casi totalidad de la periferia.

Dicho mega-saqueo generó (y sigue generando) lo que Malek calificó como “Surplús Histórico”, es decir “el surplus acumulado por Europa y Estados Unidos bajo la forma de civilización occidental basada en el saqueo de Asia, África y América latina. Inmensa acumulación de poder que constituye la fuente de la iniciativa histórica de los países del Oeste, desde el período de los descubrimientos marítimos pasando por la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki y hasta nuestros días1. Acumulación de riquezas que le permitió crear un gran mercado interno, su industrialización y el desarrollo de una sucesión de revoluciones científicas y tecnológicas. El mundo del año 1900 era decididamente occidental por integración burguesa de su espacio original y por sus ampliaciones coloniales y semicoloniales.

En ese momento el “progreso”, es decir la marcha ascendente de la civilización burguesa (identificada con los patrones culturales de Occidente) devenida planetaria consiguió imponer la imagen de un proceso irresistible de mejoras sucesivas de la condición humana, dictadas por la expansión del sistema o por su posible “superación socialista” engendrada desde el interior del capitalismo central industrializado. Así fue como la generación bolchevique cultivó la esperanza de que la revolución que ellos encabezaron en la periferia euroasiática rusa constituía el detonante de la revolución proletaria en el Oeste, los dirigentes de la primera gran insurrección exitosa de la periferia creían erróneamente ser la avanzada de la llegada del postcapitalismo socialista occidental (y en consecuencia mundial).

Como sabemos la expansión del capitalismo liberal que según las ideas dominantes al comenzar el siglo XX irradiaba al planeta para convertirlo tarde o temprano en un universo próspero y libre (pero que en realidad desarrollaba al centro y subdesarrollaba a la periferia) fue interrumpida por una carnicería espantosa, sin precedentes en la historia universal llamada Primera Guerra Mundial. Y también sabemos que la tan esperada revolución socialista en Occidente empujada por la crisis y por el novedoso ejemplo soviético no llegó nunca y que lo que si llegó allí fue el fascismo.

Raíces occidentales del fascismo clásico

Las interpretaciones tradicionales del viejo fascismo europeo suelen navegar entre las que lo atribuyen a una suerte de desviación moral de las élites y también de las masas populares embaucadas por ellas, principalmente producto de la Primera Guerra Mundial o bien como resultado de la radicalización de ciertas taras culturales generada por formas específicas, perversas, de desarrollo de la modernidad en países como Alemania e Italia o también como reacción antiproletaria de la alta burguesía arrastrando a las clases medias, en este último caso el fascismo habría sido una emergencia terrorista burguesa de la lucha de clases 2. No han faltado en ciertos casos algunas referencias a la historia anterior que casi siempre quedan aplastadas por el peso apabullante de los desórdenes de las primeras décadas del siglo XX que produjeron esa novedad sorprendente. Un marxista eminente de aquellos tiempos, Karl Radek afirmaba hacia 1930 luego de las últimas elecciones en Alemania que marcaban el ascenso de los nazis: “Debemos constatar que sobre este partido que ocupa el segundo lugar en la política alemana, ni la literatura burguesa ni la literatura socialista no han dicho nada. Es un partido sin historia que se instala de improviso en la vida política de Alemania como una isla que emerge en medio del mar bajo el efecto de fuerzas volcánicas

“Partido sin historia” según Radek, más aún el medievalista Karl Werner agregaba que “Nadie ha negado más la historia alemana que los ideólogos nazis4, la Escuela de Frankfurt afirmó esa hipótesis, Max Horkheimer señalaba hacia 1943 que “El fascismo en su exaltación del pasado deviene antihistórico. Las referencias de los nazis a la historia solo significan que los poderosos tienen que mandar y que no hay como emanciparse de las leyes eternas que guían la historia. Cuando ellos dicen Historia en realidad dicen lo contrario: Mitología5.

Incluso en pleno auge hitleriano, Hermann Rauschning, uno de los más agudos evaluadores del nazismo, no pudo escapar a la idea del carácter aberrante, ahistórico y efímero del nazismo presentado como una sorpresivo estallido de nihilismo. Según Rauschning: “este fanatismo producido y difundido es tan artificial e inauténtico que todo ese gigantesco aparato podría llegar a derrumbarse de un día para otro, a partir de algún acontecimiento sin dejar traza alguna de vida autónoma de alguna parte de su mecanismo6.

Partido sin historia, negador de la historia, reemplazando la descripción científica de la historia real por la mitología, construcción nihilista efímera, etc.

Sin embargo a propósito del caso paradigmático por excelencia del fascismo: el nazismo alemán y su furia exterminadora de judios, autores como Goldhagen al plantear un interrogante de sentido común: ¿quién fueron los ejecutores del Holocausto?, concluye que: “de no haber existido una considerable inclinación entre los alemanes corrientes a tolerar, apoyar e incluso, en muchos casos, contribuir primero a la persecución absolutamente radical de los judíos en la década de 1930 y luego (por lo menos entre los encargados de realizar la tarea), de participar en la matanza de judíos, el régimen jamás habría podido exterminar a seis millones de personas”, a lo que agrega: “cabe señalar que la existencia de un antisemitismo muy difundido en otras zonas de Europa explica porque los alemanes encontraron en otros países a tantas personas dispuestas a ayudarles y deseosas de matar judíos7. A partir de allí resulta inevitable como hace el autor buscar referencias en la tradición histórica del pueblo alemán y señalar por ejemplo la ferocidad antisemita de Martin Lutero (1483-1546) como una de las fuentes de su popularidad. A lo que debemos agregar el plurisecular desprecio hacia los eslavos, con especial énfasis en rusos y polacos, considerados pueblos inferiores destinados a ser esclavizados por pueblos superiores como los alemanes, lo que legitimaba la vocación por marchar hacia el Este, hacia su conquista imperial, como lo anticipaba Hitler mucho antes de llegar al poder. La “Drang nach Osten” (empuje o expansión hacia el Este) que en el siglo XIX impulsaban intelectuales nacionalistas como Heinrich von Sybel quien postulaba revivir las aventuras medievales de colonización alemana del Europa oriental, revalorizando los mitos de las cruzadas germánicas y escandinavas hacia el Este en la Baja Edad Media, paralelas a las cruzadas hacia el Medio Oriente. Asi fue como la Orden Teutónica intento conquistar tierra rusa y fue derrotada como lo relata el film “Alexander Nevsky” de Sergei Einstein anticipando en 1938 la derrota catastrófica que los herederos nazis de la Orden sufrirían en la URSS pocos años después. Todo esto nos lleva a entender la aparente locura de Hitler por conquistar el Este no como un empecinamiento insólito sino como herencia cultural profunda, latente en la subjetividad popular alemana. Como señala acertadamente Ayçoberry en su libro ya citado: “En el desarrollo de la política exterior (de Hitler) todo estaba subordinado a la expansión hacia el Este… lo que impuso abandonos tácticos inquietantes para los nacionalistas primarios: renuncia al Tirol para conseguir la alianza con Italia, a la expansión ultramarina para seducir a Inglaterra e incluso a conquistas en Francia ya que según Hitler la guerra contra dicha nación “solo se justificaría si de esa manera conseguimos cubrir nuestra retaguardia y así ampliar nuestro espacio vital en el Este” cuyo foco central era la captura y destrucción de la Unión Soviética 8.

La mitología, subestimada por Horkheimer, revelaba la existencia de una memoria histórica imperialista nada superficial.

Necesitamos ampliar el espacio de la memoria europea y poner al descubierto un pasado monstruoso de conquistas coloniales exitosas o fracasadas, de las gigantescas matanzas de los pueblos originarios de América, de africanos árabes o subsaharianos, de asiáticos de India y China, en suma de vastos genocidios periféricos que moldearon la cultura de sus asesinos occidentales. Malek menciona al “surplus histórico” principalmente económico que acumuló Occidente con dichos saqueos que no debería ocultar la componente criminal del mismo, no como recuerdo lejano sino como parte decisiva de la reproducción de una civilización sanguinaria. Matanza de periféricos combinada con grandes masacres y saqueos internos que explicó Marx en su descripción de la Acumulación Originaria.

En ese sentido Hitler, Mussolini o Franco no fueron los productos de irrupciones momentáneas sin pasado ni futuro.

Los mitos históricos no deberían ser arrojados al basurero de las historias falsas, sobre todo si aparecen en la superficie o quedan sumergidos en la memoria social para reaparecer en el momento menos pensado. Son formas concretas de memoria, latentes, en consecuencia componentes de la cultura popular, pueden ser criticadas, acusadas de ser visiones deformadas o “irreales” del pasado como también lo podrían ser ciertas construcciones de historia “científica” basadas en unos pobres datos disponibles o no tan pobres pero siempre incompletos, casi siempre distorsionados por el observador influido por la cultura (las deformaciones ideológicas) de su tiempo.

Una observación que merece ser el objeto de una reflexión más amplia es que la llegada del fascismo (su primera victoria en Italia) se produjo muy poco tiempo después de que Occidente consiguiera convertirse en amo del mundo, visto desde el lago plazo histórico ambos fenómenos convergen en un corto espacio temporal. La civilización burguesa devenida realmente universal, planetaria, comenzó a tocar sus límites territoriales y fue dejando de lado sus discursos democráticos (se quiebra la lógica de la expansión hacia espacios indefensos y cobran fuerza las del canibalismo interimperialista, del disciplinamiento terrorista interno y del expansionismo desesperado).

Más aún, es posible detectar en Europa embriones significativos de fascismo entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX bien antes de la mega crisis iniciada en 1914, desde las emergencias políticas protofascistas en Francia 9 hasta manifestaciones ideológicas virulentas de rechazo al legado de la Revolución Francesa, la Comuna de París y la proliferación de expresiones democráticas radicales, socialistas y comunistas. Nietzsche o Sorel anunciaron el fascismo avant la lettre, como restablecimiento de jerarquías sociales vigorosas, de autoritarismos rejuvenecedores de Occidente.

En la Europa de fines del siglo XIX, próspera e imperialista, donde en los más alto de sus sistema de poder reinaba una pequeña élite financiera (la Haute Finance señalada por Polanyi como garante del equilibrio y la paz interior 10), emergían los brotes de lo que va ser el fin del capitalismo liberal y el nacimiento del fascismo.

Incluso fuera del escenario europeo en los años 1920 y aún antes de 1914, en Estados Unidos (extensión neoeuropea), aparecieron lo que algunos autores señalan como los orígenes norteamericanos de la ideología nazi. Domenico Losurdo señala “el notable papel que los movimientos reaccionarios y racistas americanos desarrollaron al inspirar y alimentar en Alemania la agitación que al final desembocó en el triunfo de Hitler. Ya en los años 20, entre el Ku Klux Klan y los círculos alemanes de extrema derecha se establecieron relaciones de intercambio y colaboración con la consigna del racismo en contra de los negros y en contra de los judíos”. Losurdo agrega ejemplos concretos incluidos algunos referidos a las raíces lingüísticas de conceptos fundamentales del discurso nazi: “El término Untermensch, que juega un papel tan central como nefasto en la teoría y en la práctica del Tercer Reich, no es otro que la traducción de Under Man [sub-hombre]. Lo reconoce Alfred Rosenberg, uno de los principales ideólogos del nazismo, quien expresa su admiración por el autor estadounidense Lothrop Stoddard: a él corresponde el mérito de haber acuñado por primera vez el término en cuestión, que resalta como subtítulo (The Menace of the Under Man) [La amenaza del sub-hombre] de un libro publicado en New York en 1922 y de su versión alemana (Die Drohung des Untermenschen) aparecida tres años después. En cuanto a su significado, Stoddard aclara que éste sirve para mostrar al conjunto de “salvajes y bárbaros”, “esencialmente negados a la civilización, sus enemigos incorregibles”, con quienes es necesario proceder a un radical ajuste de cuentas, si se quiere evitar el peligro que amenaza destruir la civilización. Elogiado, mucho antes que por Rosenberg, por dos presidentes estadounidenses (Harding y Hoover), el autor americano es posteriormente recibido con todos los honores en Berlín, donde encuentra a los exponentes más ilustres de la eugenésica nazi, además de los más altos jerarcas del régimen, incluido Adolf Hitler que estaba empeñado ya en su campaña de aniquilación y esclavitud de los Untermenschen, es decir de los “indios” de Europa oriental11.

No solo se trata de la influencia de la teoría estadounidense de la “white supremacy”, reacción protofascista desde fines del siglo XIX contra la abolición de la esclavitud, expresada en Alemania como supremacía aria sino también de textos decisivos como “El Judío Internacional” de Henry Ford publicado en 1920, luego traducido y muy difundido en Alemania donde importantes jefes nazis como Von Schirack e Himmler señalarán años después haberse inspirado en ese libro. Himmler hizo notar que el libro de Ford cumplió un papel significativo en la formación de Hitler 12.

Despegue, auge, declinación y recomposición de la marea periférica

La irrupción del fascismo clásico pero también su derrota y renacimiento como neofascismo, debe ser relacionado con el ascenso y posterior declinación de una marea periférica que amenazó sepultar la hegemonía occidental, hecho decisivo del siglo XX. Pero que ahora se presenta principalmente bajo la forma de potencias emergentes despertando la histeria geopolítica de los Estados Unidos y una profunda crisis existencial en algunos de los principales países europeos como Alemania, Francia o Italia tironeados de un lado por su amo norteamericano y sus viejos instintos occidentalistas imperiales (que lo hacen ver al Este como un espacio de depredación) y por el otro por sus intereses económicos concretos que apuntan hacia algún tipo de asociación o amistad con las grandes economías euroasiáticas empezando por China y Rusia.

En 1914 la expansión occidental se convirtió en guerra intestina (interimperialista) y en 1917 se produjo el primer mega desgajamiento, el mayor espacio geográfico del planeta donde habitaba el Imperio Ruso rompió con Occidente convirtiéndose en Unión Soviética. Más adelante llegaron la escisión china (1949), las expulsiones del conquistador occidental en la península indochina, la revolución cubana y un amplio abanico de nacionalismos periféricos que quebraban los viejos lazos coloniales. Era posible mostrar una suerte de film donde el espacio de dominación global de Occidente se retraía gradualmente.

La ilusión marxista-eurocéntrica de superación postcapitalista desde el centro imperial (desarrollado) del mundo fue reemplazada por otra ilusión no menos pretenciosa según la cual dicha superación se expandía desde la periferia subdesarrollada, desde los capitalismos o semicapitalismos sometidos. Sin embargo cuando en los años 1970 y 1980 comenzó y se fue agravando la crisis del capitalismo central, cuando perdía dinamismo productivo y en su seno se propagaba el parasitismo financiero, la amenaza comunista y antiimperialista también fue perdiendo dinamismo. La radicalización maoísta de la revolución china comenzó a convertirse desde fines de los años 1970 en “socialismo de mercado” y de allí en un curioso capitalismo burocrático con el partido comunista a la cabeza haciendo de China en el siglo XXI la segunda potencia capitalista del mundo tendiendo a devenir la primera. La URSS se fue pudriendo y colapsó al comenzar los años 1990 arrastrando a todo su espacio “socialista” incluyendo a países que habían mantenido su autonomía como Albania y Yugoslavia.

Sobre todo a partir del fin de la URSS pero con manifestaciones anteriores, hacia fines del siglo XX, en buena parte de Europa emergía una ola reaccionaria que retomaba componentes del viejo fascismo incorporando elementos nuevos. Racismo contra los inmigrantes, odios interétnicos, recuperación más o menos sinuosa, más o menos desfachatada de banderas enterradas en 1945. Se trató de un proceso confuso que tomaba en consideración los nuevos tiempos globales y que dio sus primeros pasos antes del derrumbe soviético. En la Francia de 1981, por ejemplo, la izquierda ganaba las elecciones pero se ponían de moda los llamados “nuevos filósofos” como Bernard Henri Levy o André Glucksmann que despegando como supuestos “humanistas antiestalinistas” derivaron pronto en un anticomunismo rabioso convergiendo en muchos aspectos con la derecha neofascista. Aparentemente Francia giraba políticamente hacia la izquierda (después se comprobó que se trataba de una pura apariencia) mientras se desplazaba culturalmente hacia la derecha. La socialdemocracia, desde España hasta Alemania iba abandonando sus estandartes keynesianos, productivistas e integradores, y penetraba en el universo neoliberal gobernado por la especulación financiera, las llamadas derechas “democráticas” hacían algo parecido. Y gradualmente se extendía una mancha maloliente que empezaba a ser calificado como neonazismo, neofascismo, extrema derecha, nueva derecha, etc. En Europa del Este en lugares como Polonia, los países bálticos, Croacia o más recientemente en Ucrania reaparecieron los viejos fantasmas del fascismo. Ya en pleno siglo XXI en Alemania, Austria, Francia y otros países europeos los neofacistas obtienen grandes progresos electorales, en varios de ellos asociando estilos y tradiciones del pasado hitleriano con sólidas amistades sionistas. La nueva islamofobia reemplaza a (y a veces se mezcla con) la vieja judeofobia, hasta se produjeron casos tragicómicos donde en un mismo movimiento se apretujaban algunos veteranos (e incluso jóvenes) admiradores de Hitler y Mussolini… y de Benjamín Netanyahu. También afloraba en el este europeo y no solo en Ucrania (Guerra Fría 2.0 mediante) el revanchismo antiruso dispuesto a vengarse de la derrota sufrida siete décadas atrás.

En Estados Unidos, sobre todo desde 2001 emergió una ola ultraimperialista que se fue desarrollando a través de los gobiernos de Bush y Obama hasta desembocar en Trump al ritmo de la degradación financiera. Multiplicación de intervenciones militares directas e indirectas, golpes blandos y sanciones contra países rebeldes a la dominación imperial, racismo, islamofobia, confrontación con Rusia acercándose al límite de la guerra…. la era Trump ha ido asumiendo todas las características de un protofascismo.

Regresando al ascenso y derrota del viejo fascismo es necesario resaltar no solo la persistencia imperialista alemana en torno de la “marcha hacia el Este”, motor del expansionismo hitleriano, sino los delirios mussolinianos acerca de la restauración del imperio romano o el españolismo no menos delirante de José Antonio Primo de Rivera nostálgico de imperio español desaparecido. La tentativa de conquista de la Unión Soviética tomó la forma de una gran cruzada europea contra el gigante eurasiático donde participaron no solo alemanes sino también franceses, españoles, italianos, belgas, ucranianos occidentales, letones, etc. El aspecto imperialista-occidental del fascismo clásico y en consecuencia de los fascismos periféricos como satélites coloniales, seguidores elitistas de sus amos históricos, queda al descubierto.

En ese sentido, más allá de los debates acerca de la naturaleza socialista de la URSS, de su legitimidad comunista y de su lugar en la historia de las ideas y practicas postcapitalistas, es importante destacar que probablemente, visto a nivel de la historia universal, el mayor mérito de la experiencia soviética ha sido el de la destrucción de la barbarie fascista, inscripta en el multisecular recorrido de saqueos y genocidios occidentales. Ese solo hecho alcanza para justificar, reivindicar su existencia, sin la URSS Hitler habría conquistado esos territorios, la exitosa marcha hacia el Este habría otorgado a Alemania el liderazgo de Europa y seguramente la primacía global como cabeza de un nuevo imperio.

La captura de Berlín por el ejército soviético podría ser vista como el símbolo de la victoria de la humanidad condenada a la esclavitud, la periferia, el “Oriente” tantas veces estigmatizado. Oriente despreciado (y temido) cuyas prolongaciones se extendían hacia las periferias interiores del centro del mundo (los judíos y los gitanos europeos y demás grupos locales considerados inferiores, peligrosos, desechables).

Los ciclos fascista y neofascista aparecen como etapas de la larga decadencia sistémica global, intentos brutales de salvación, de recuperación de la vitalidad perdida. Derrotada la primera arremetida reaccionaria (1945) las formas autoritarias extremas del capitalismo realizaron un prudente repliegue estratégico, pero coincidente con la evaporación de la marea periférica en los años 1980 y comienzos de los 1990 la peste comenzó a recomponerse renovando discursos y técnicas de intervención, se trató de una transformación acorde con los nuevos tiempos donde el fenómeno entrópico está experimentando un gigantesco salto hacia adelante. En el pasado el retroceso del polo hegemónico occidental (del espacio territorial bajo su control, de su dominación financiera, tecnológica, etc.) atrapó, arrastró hacia el fracaso a ensayos de autonomización capitalista o con pretenciones postcapitalistas. El caso de Japón entre la restauración Meiji e Hiroshima mostró los límites de la creación de una potencia capitalista (imperialista) independiente respecto de la trama de dominación occidental. El caso de la URSS expresó la debilidad de una construcción postcapitalista híbrida, geopolíticamente antagónica a Occidente, mezclando entre otras cosas estatismo, aspiraciones comunistas y modernización negadora de herencias culturales colectivistas rechazadas como precapitalistas. Tampoco debemos olvidar en este caso las consecuencias de la cruzada nazi que le costó 27 millones de muertos y el posterior acoso político-militar sufrido durante la Guerra Fría, formas concretas de ejercicio del poder de Occidente, prisionero de su dinámica expansionista, estratégicamente incompatible con algún tipo de coexistencia medianamente durable (esa obsesión occidental por controlarlo todo que se expresó en el pasado como anticomunismo renace actualmente como rusofobia).

Ahora, cuando se profundiza la declinación occidental emergen nuevos desafíos periféricos, principalmente los de China y Rusia. En ambos casos y luego de distintos recorridos se han constituido sistemas que de manera muy general pueden ser caracterizados como capitalismos burocráticos con amplios márgenes de autonomía respecto de Occidente y arrastrando el peso de sus respectivas herencias culturales socialistas. Con un bien orquestado giro hacia el capitalismo insertado en la trama global pero preservando el gobierno del Partido Comunista en el caso chino, demoliendo primero el edificio soviético para después de una efímera tentativa de instauración neoliberal imponer controles estatales sobre la economía en el caso ruso 13.

En principio quedan abiertos dos escenarios entre otros, si partimos del supuesto de que la crisis global se va a agravar. El primero muestra a China y Rusia arrastradas por el desastre general, sus estructuras exportadoras dependientes de los mercados de Europa y Estados Unidos, el entramado financiero internacional del que forman parte y las exigencias de militarización derivadas de la agresividad de los países de la OTAN, las atarían a la degradación euro-norteamericana-global.

El segundo escenario presenta a estas potencias sobreviviendo al desastre, afirmando su espacio euroasiático, una de las variantes (atención, no la única) de ese futuro posible sería la introducción en sus sociedades de componentes defensivas postcapitalistas para lo que disponen de reservas culturales más que suficientes.

Profundización de la decadencia

La vocación planetaria-imperialista del capitalismo (de su motor occidental) nos permite establecer paralelos con ciclos de civilizaciones anteriores que no alcanzaron esa dimensión geográfica. Imperios condenados a expandirse de acuerdo a las leyes que rigieron su reproducción, ampliando su espacio de dominación hasta llegar al límite establecido por las técnicas de su época, en ese momento su lógica de reproducción ampliada chocaba con la barrera territorial, entonces el desarrollo vigoroso se iba transformando en decadencia, las virtudes en corrupción, los equilibrios en desorden, la explotación eficaz de pueblos y recursos naturales en superexplotación devastadora de la periferia que destruía la sustentabilidad del sistema, mientras que la multiplicación de controles administrativos-represivos, entre otros factores, contribuía al crecimiento del parasitismo.

La comparación con el caso de Roma es inevitable, es el mejor documentado. Pierre Chaunu nos explica que “la conquista se desarrolló mediante la expansión en círculos concéntricos realizando la extracción de hombres y productos de la periferia hacia el centro. Lo característico de dicho sistema es que excluía al estado estacionario, no podía subsistir sin agregar nuevas zonas de extracción a las existentes llegando finalmente, luego de un enriquecimiento incesante, a la degradación del centro ya que no podía vivir dentro de límites estables, sin la existencia en sus bordes de un espacio abierto explotable, de una “frontera abierta”, de una zona de extracción no integrada todavía. El punto de inflexión ocurrió bajo el reino de Trajano, a comienzos del siglo II cuando se alcanzó el límite de la expansión en Dacia, Escocia, Armenia…el norte de África desde Mauritania a Egipto… cuando la conquista romana había llegado a un poco más de 6 millones de kilómetros cuadrados habiendo absorbido la totalidad del espacio disponible posible” 14. Las técnicas de comunicación y transporte de la época permitieron llegar al máximo de territorio más allá del cual los costos de conquista y su preservación superaban a los beneficios lo que obligó al proceso de reproducción del polo dominante a superexplotar al espacio bajo control. Los equilibrios y consensos periféricos entraron en crisis, las bases tributarias y esclavistas fueron tensionadas más allá de lo tolerable. Engels señalaba que cuando el Imperio comenzó a declinar: “el estado romano se había convertido en una máquina gigantesca y complicada con el exclusivo fin de explotar a los súbditos. Impuestos, gabelas y requisas de toda clase, sumían a la masa de la población en una pobreza cada vez más miserable, por las exacciones de los gobernantes, de los recaudadores, de los soldados… (en consecuencia) los bárbaros contra los cuales pretendía proteger a los ciudadanos eran esperados por estos como salvadores” 15. Junto a ello Roma y las otras grandes ciudades del Imperio invadidas por el parasitismo se fueron convirtiendo como lo explica Chaunu en “ciudades cancerosas, glotonas, insaciables, de crecimiento anárquico, destructoras del tejido ambiental, que se expanden más allá de las condiciones que las hicieron nacer y desarrollarse16. Dicho de otra manera, la ciudad ordenadora se fue sumergiendo en el desorden, la eficacia urbana (la ciudad como mecanismo de control y explotación de su periferia) fue derivando en ineficacia parasitaria lo que desordenaba al sistema en su conjunto, lo que exigía expandir, hacer más complejas las estructuras de control aumentando así su ineficacia general, etc., etc., el círculo vicioso de la decadencia se expandió de manera irresistible.

Al trasladarnos al mundo moderno observamos cómo, según lo señala Fieldhouse, “la proporción de la superficie terrestre terrestre ocupada de hecho por europeos, ya todavía bajo control europeo directo como colonias, ya como antiguas colonias, era del 35 % en 1800, del 67 % en 1878 y del 84,4 % en 1914. Entre 1800 y 1878 la media de la expansión imperialista fue de 560 mil Km2 al año” 17. Lo que a partir de fines del siglo XV se había extendido en zonas costeras de América, África y Asia sumado a espacios territoriales más vastos se convirtió en una embestida arrolladora en el siglo XIX. Grandes espacios interiores de esos continentes fueron ocupados y comenzaron a ser explotados, en algunos casos sometiendo a las poblaciones originarias, destruyendo sus culturas y en otros exterminándolas, a todo eso se lo denominó progreso, victoria de la civilización, etapa inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo amalgamando así las imágenes del cambio positivo y del genocidio, del bien como objetivo superior junto al crimen como daño de menor importancia histórica. Las víctimas aparecían como seres inferiores (subhombres, Untermenschen) destinados a ser civilizados (superexplotados) o exterminados, dualidad cultural que anticipaba el doble discurso nazi, su doble imagen: la bella estética del desfile de las juventudes arias junto a la estética siniestra de los campos de concentración. El capitalismo ascendente del siglo XIX, desde su base europea, que se autorefrenciaba como civilización portadora de la historia universal, del maravilloso destino del mundo, completaba la faena iniciada varios siglos atrás.

El proceso de ocupación casi total del planeta, del espacio territorial posible coincidió con lo que Polanyi llamó “la paz de cien años” (entre el fin de las guerras napoleónicas en 1815 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914) al interior del espacio europeo solo enturbiado por pequeños conflictos o de muy corta duración 18. El fin victorioso del expansionismo europeo, entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, convergió con el comienzo de una súper crisis, con una guerra intestina que marcó hacia 1914 el comienzo de la decadencia.

A partir de allí se sucedieron en el espacio occidental recesiones, hiperinflaciones, la guerra civil española, los ascensos fascistas, la Segunda Guerra Mundial y la derrota del fascismo, la prosperidad occidental y de Japón durante algo menos de tres décadas hasta llegar a la crisis de los años 1970 con la crisis energética y la estanflación. Mientras tanto desde 1917 el espacio de dominación territorial de Occidente se fue retrayendo al mismo tiempo que la guerra fría, la militarización y la saturación de la ola consumista generaban en su seno las condiciones para la emergencia de la hipertrofia financiera como centro de una expansión parasitaria sin precedentes.

Es posible argumentar que la etapa colonial extensiva sentó las bases de una posterior explotación más intensiva de lo conquistado y que las turbulencias del siglo XX permitieron digerir lo conquistado atravesando un recorrido complejo que incluyó grandes pérdidas territoriales, pero que al final de ese siglo la URSS y su área de influencia habían desaparecido dando lugar a grandes reconversiones capitalistas y que China había ingresado al sistema global del capitalismo aportando entre otras cosas unos 230 millones de obreros industriales baratos. Sin embargo esa incorporación no permitió superar la decadencia occidental, seguramente la agravó, tanto Estados Unidos como Europa y Japón sobrevivieron al ritmo de burbujas financieras para finalmente luego de 2008 ingresar en una etapa de crecimientos económicos anémicos, deterioros institucionales y degradaciones de vastos sectores sociales donde las burguesías dominantes han devenido lumpenburguesías y donde el aparato militar del amo estadounidense (Guerra de Cuarta Generación mediante) se ha convertido en un parásito cada vez más sofisticado desde el punto de vista tecnológico y cada vez más costoso e ineficaz en el que el mercenario va reemplazando al ciudadano-soldado (notable paralelo con la decadencia romana).

Debajo de la llamada recuperación territorial del capitalismo se reproduce agravándose la degradación general del sistema. Tendencias pesadas, sobredeterminantes, imponen la declinación.

Una de ellas es la declinación tendencial plurisecular de la tasa de ganancia que se fue manifestando a lo largo del siglo XX para llegar más recientemente a una suerte de piso provisorio muy bajo, que probablemente este anunciando una futura caída catastrófica (numerosos indicadores financieros, energéticos, laborales, de demanda, etc. así lo indican) lo que confirma una de las hipótesis decisivas de Marx.

Tasas bajas que impulsan al mismo tiempo el enfriamiento en las inversiones productivas, la expansión de los negocios financieros parasitando sobre la actividad económica general y la declinación tendencial de la tasa de crecimiento de la economía global, personajes claves del establisment como Larry Summers vienen anunciando desde hace casi un lustro el ingreso a un prolongado período de estancamiento con centro en la declinación de la economía de los Estados Unidos 19 .

La decadencia promueve el parasitismo que a su vez exacerba la decadencia y ya hemos ingresado en la etapa en que el parasitismo financiero decae porque su víctima productiva se acerca al estancamiento, a fines de 2013 los negocios globales con productos financieros derivados representaban 9,3 veces el Producto Bruto Global, a fines de 2015 habían caído a 6,6 veces manteniéndose aproximadamente en ese nivel hasta la actualidad 20. La contracción no apacigua al parásito, por el contrario exacerba sus peores inclinaciones: el canibalismo financiero, las operaciones mafiosas, los golpes de mano, los saqueos, las aventuras delirantes van cubriendo un clima de negocios cada vez más enrarecido. No se trata de una enfermedad limitada a la cúpula del sistema sino abarcando a la totalidad de las sociedades llamadas de alto desarrollo, donde se agrava la fragmentación social, se deterioran las instituciones, se extienden las irrupciones neofascistas.

La tan publicitada globalización comercial, maravilla neoliberal que se expandía quebrando tejidos sociales y acumulando desocupación y pobreza llegó a su máximo en 2008 cuando las exportaciones representaban el 30,7 % del Producto Bruto Global (en 1963 llegaban al 11,7 %), entonces dejó de crecer e inició el camino descendente.

Además se va cumpliendo otro de los pronósticos de Marx, el de la polarización creciente del sistema entre una minoría cada vez más pequeña y más rica y una masa global, el proletariado y semiproletariado del siglo XXI, cada vez más paupérrima. Los años de la prosperidad keynesiana vieron proliferar la ilusión del fin del pronóstico marxista, incluso al comenzar el siglo XXI organismos internacionales y expertos mediáticos anunciaban una marea de nuevas clases medias en la periferia que hacia 2020-2030 alentaría un gran salto industrial global apoyado en el futuro consumismo. Pero la llegada de la crisis de 2008 marcó el fin de esa fantasía, la concentración global de ingresos avanza incontenible no solo en la periferia sino también en los capitalismos centrales, la miseria de masas se extiende 21.

Neofascismo

Al igual que el fascismo clásico el neofascismo significa la radicalización de la explotación de recursos humanos y naturales, aunque el primero no tuvo el nivel despliegue planetario y la capacidad tecnológica del segundo. En ambos casos se trata de un gran salto cualitativo de la dinámica de explotación-opresión del capitalismo triturando libertades democráticas, garantías sociales de las clases bajas, identidades culturales, etc. Todavía seguimos impactados por las atrocidades pasadas del fascismo sin darnos cuenta muchas veces de la carga de barbarie, mucho mayor, de la que es portador el neofascismo. Los grandes genocidios del siglo XX se opacan ante las consecuencias posibles de la devastación neofascista en curso protagonizada por el Imperio y sus aliados.

Es necesario profundizar el análisis del fenómeno, detectar sus principales características, algunas constataciones pueden servirnos para ello.

Primera constatación: del rompecabezas ideológico fascista al pensamiento confuso neofascista

El viejo fascismo no escondía su nombre y la mundialización del capitalismo bajo la forma de cultura occidental 22 extendió desde sus bases europeas lo que aparecía según sus propagandistas como una mezcla de renovación vivificante de la modernidad y de restablecimiento del orden conservador y autoritario corrompido por el liberalismo y amenazado de muerte por el comunismo. El rechazo a la democracia burguesa, desde su forma monárquica constitucional hasta el elitismo republicano le servía en Europa como caballito de batalla para descalificar toda forma de democracia, de ese modo recogían las críticas populares de izquierda ante la estafa a la democracia realizada por las clases dominantes y las introducían en la mochila autoritaria.

Los fascismos italiano, alemán o español encontraron partidarios en las élites periféricas. En 1936 nacieron las Falanges Libanesas, en 1937 aparecía la Falange Socialista Boliviana ambas formadas por admiradores del falangismo español y del fascismo mussoliniano, en los años 1930 gobernó El Salvador el dictador Martínez, un general admirador de Hitler aunque administrando un país económicamente dependiente de los Estados Unidos 23, ya señalé la fuerte influencia del fascismo italiano en el golpe militar de 1930 en Argentina a lo que hay que agregar entre otras cosas las relaciones amistosas (sobre todo en la esfera militar) de la presidencia del general Agustín P. Justo (entre 1932 y 1938) con Alemania e Italia y bajo la influencia del Gran Mufti de Jerusalem se formó en 1941 la Legión Árabe Libre como parte del ejército alemán. 24

A partir de un pragmatismo muy audaz el fascismo clásico consiguió armar un rompecabezas ideológico relativamente sólido, lo fundó no solo gracias a la inescrupulosidad de sus dirigentes sino también contando con ideólogos de peso como Oswald Spengler o Martin Heidegger en Alemania o Tommaso Marinetti y Gabrielle d’Annunzio en Italia. Consiguió ubicar en un espacio común a variantes más o menos distanciadas de las estructuras religiosas cristianas, católicas o protestantes, hasta otras ultra-católicas como la española.

El neofascismo es mucho más pragmático, no rechaza a la democracia burguesa sino que trata de mimetizarse en ella, asumiéndola demagógicamente para colocarla al servicio de sus banderas racistas y autoritarias, el gobierno de Letonia, por ejemplo, no encuentra incoherente adherir a los postulados democrático liberales de la Unión Europea de la que forma parte con la realización el desfile anual en Riga de los veteranos de las Waffen SS integrante del ejército nazi alemán (tampoco la Unión Europea se alarma por esos hechos) 25. Rusofobia, bien vista por la OTAN, persecución a la población rusoparlante, nostalgias nazis y formalismo democrático.

Tampoco en Polonia, también miembro de la Unión Europea, parecen producirse graves problemas ante la existencia de un gobierno neofascista, la rusofobia más extrema y la adhesión a las reglas europeas en materia de derechos humanos e institucionalidad democrática. En Francia el Frente Nacional adapta sus orígenes fascistas a los nuevos tiempos, acentúa su xenofobia, su agresividad anti-islámica, anuda lazos con la extrema derecha de Estados Unidos pero busca suavizar (maquillar con colores republicanos) su imagen extremista a nivel local 26. En todos esos casos el antiguo antisemitismo es colocado debajo de la alfombra o tirado al basurero (mientras se observa con simpatía la cruzada antiislámica de Benjamín Netanyahu), la obsoleta demagogia “social” de Mussolini es remplazada por la de las instituciones democráticas.

En América Latina podemos encontrar similar acatamiento formal a las reglas de la democracia representativa en regímenes dictatoriales y protodictatoriales como en Honduras, Brasil, Argentina, México o Paraguay, en algunos casos apoyados en la histeria neofascista de las clases medias. En varios de esos gobiernos autoritarios se codean viejos fascistas antisemitas con sionistas, resultado de curiosas convergencias de generaciones diferentes. La amplitud neofascista no se detiene en las puertas del imperio donde Donald Trump agrupa al racismo blanco de las clases bajas (donde se nota un cierto tufillo a Ku Klux Klan), persigue a los inmigrantes y estrecha su amistad con la ultraderecha gobernante en Israel. Tampoco lo hace cuando se trata de realizar operaciones en la periferia promoviendo por ejemplo al Estado Islámico en Medio Oriente buscando destruir Siria y acorralar a Irán. Aunque en este caso no deberíamos limitarnos al aspecto conspirativo del tema ya que la maniobra se apoya en mercenarios pero también en fuerzas sociales concretas de la región. La decadencia o desaparición de los viejos nacionalismos postcoloniales (nasserismo, kadafismo, nacionalismo argelino) en un contexto de agravación de la crisis ha dado pié a la emergencia de una suerte de naofascismo islamista, tradicionalista al extremo en materia religiosa (que como otros tradicionalismos religiosos extremistas deforma de manera delirante la historia religiosa). Se extiende así, de manera bizarra, el espacio neofascista global que entre otras características tiene la de no tener ideólogos de peso, no los necesita, ni le interesa tenerlos. Su diseño pragmático se corresponde con un grado mucho mayor de degradación civilizacional que en el caso del fascismo clásico. Aquí ya no hay rompecabezas ideológico a organizar, la nueva barbarie no busca encuadrar ideológicamente poblaciones, disciplinarlas culturalmente, militarizarlas, sino introducirlas en una suerte de dualidad caótica, con un polo dominante saqueador, superexplotador, socialmente restringido y grandes masas humanas marginadas. Heidegger está de más, bienvenidos los manipuladores mediáticos, los magos de la posverdad inyectada en las redes sociales, los exitosos del inmediatismo nihilista.

Segunda constatación: del fascismo industrial al neofascismo financiero

El fascismo emergió de las crisis del capitalismo liberal europeo en cuya cima se encontraba la Haute Finance señalada por Polanyi, imperialista, es decir como lo enseñaba Lenin dominado por el capital financiero. Sin embargo ese tipo de dominación, para expresarlo en términos gramscianos, no se había convertido en hegemonía, la cultura financiera no era todavía la cultura de la totalidad del mundo burgués, su control era ejercido sin que su veneno ideológico haya invadido completamente al cuerpo productivo donde predominaba la industria, la modernidad aún tenía alma industrial.

De manera acertada Jeffrey Herf caracteriza al nazismo como modernismo reaccionario, como aceptación e incluso exacerbación de las innovaciones tecnológicas combinada con el rechazo al legado de la Revolución Francesa, principalmente sus aspectos democráticos, igualitarios 27. De ese modo el autor desautoriza la presentación del hitlerismo como simple oscurantismo, como retroceso a una suerte de medievalismo troglodita. Aunque Herf lo señala como especificidad alemana, sin embargo el fascismo italiano e incluso el franquismo y su fundamentalismo católico ultramontano podrían ser caracterizados de la misma manera.

Albert Speer, que fue ministro de armamento y guerra de Hitler, trató de justificarse durante los Juicios Nuremberg y luego en sus memorias señalando que “los criminales sucesos de aquellos años no solo fueron el fruto de la personalidad de Hitler. El alcance de los crímenes tamnién se debió al hecho de que Hitler fue el primero capaz de emplear los instrumentos tecnológicos para multiplicar el crimen, a mayor tecnología mayor es el peligro” 28. La culpabilización de la tecnología lleva a otorgarle un alto nivel de autonomía respecto de las decisiones humanas, se trata de una suerte de fetichismo tecnológico que cumple un papel decisivo en la cultura moderna.

En el imaginario modernista de comienzos del siglo XX tecnología era casi equivalente a tecnología industrial, con sus máquinas cada vez más eficaces, con grandes organizaciones estatales o privadas, civiles o militares, intentando funcionar a la perfección imitando a las máquinas visualizadas como paradigma superior del progreso. El paraíso autoritario aparecía como una gran maquina humana obedeciendo mecánicamente a quienes la manejan. El fascismo clásico puede ser entonces presentado como expresión autoritaria de la modernidad industrial durante las primeras décadas de la decadencia, no es exagerado hablar entonces de fascismo industrial.

A diferencia de ello el neofascismo emerge mucho tiempo después, arrastrando viejas historias pero inserto en un universo capitalista completamente financierizado, donde las innovaciones tecnológicas de la industria, la agricultura o la minería forman parte de una dinámica general de negocios en la que prevalece la cultura financiera, sus ritmos, su reproducción parasitaria. Donde la urbanización degenera en caos, donde la fragmentación social y la transnacionalización han quebrado integraciones nacionales y articulaciones estatales. Con tasas de ganancias productivas tendencialmente a la baja y tasas de crecimiento económico anémicas en los capitalismos dominantes tradicionales y desacelerándose en China. La hegemonía parasitaria en el área central histórica del capitalismo global capturando de manera irregular a vastas zonas periféricas se corresponde con una etapa muy avanzada de la decadencia sistémica, su imagen financiera, es decir no productiva, mafiosa, volátil, aventurera define la identidad neofascista.

Tercera constatación: el neofascismo como ruptura del metabolismo humanidad-naturaleza

Anticipado por Marx (que recogía estudios avanzados de su época como los de Liebig), aunque sin ocupar un lugar central en su obra, el fenómeno de ruptura del equilibrio entre la reproducción social y la de la naturaleza termina por ser realidad en el siglo XXI. La devastación del medio ambiente, el agotamiento de recursos naturales, forman ahora parte de la dinámica del capitalismo. Las avalanchas de la agricultura transgénica, de la minería a cielo abierto, de la hipertrofia y polución urbanas son algunas, y decisivas, manifestaciones de un proceso cuya magnitud amenaza con restringir de manera significativa las condiciones de la existencia humana en el planeta. La superexplotación de recursos energéticos, por ejemplo, ha conducido a una rápida reducción de las reservas petroleras con reemplazos insuficientes a la vista lo que llevará a una dramática degradación de las actividades económicas y sociales en general.

Una de las características de las tendencias neofascistas es su rechazo a las llamadas “tonterías ecológicas” que desalentarían las inversiones perjudicando el desarrollo empresario. No se trata de un capricho autoritario sino de la expresión de la necesidad profunda del gran capitalismo de rentabilizar sus negocios en una era donde las bajas tasas de ganancias productivas los obligan no solo a practicar el canibalismo financiero sino también a reducir costos y tiempos saqueando recursos naturales.

Estados Unidos y su gobierno están a la vanguardia del proceso destructivo global 29, el abandono del Acuerdo de París sobre cambio climático en nombre del empleo y el desarrollo industrial aparecen como una medida demagógica nacionalista de Donald Trump que responde a las presiones de los grandes grupos económicos de los Estados Unidos cuyo único objetivo es aumentar sus ganancias destruyendo a su paso todos los obstáculos ecológicos que se les presenten.

El aspecto financiero del neofascismo converge con sus prácticas devastadoras de la naturaleza, de articulaciones sociales y de supervivencias culturales cuya interacción metabólica comienza a fracturarse a comienzos del siglo XXI.

Cuarta constatación: el carácter occidental-imperialista del neofascismo sobredetermina a sus manifestaciones ideológicas parciales.

Existió un discurso fascista, con sus variantes nacionales, regionales, religiosas o poniendo a la religión en un segundo plano, más allá de sus mezclas oportunistas, exhibiendo un conjunto de paradigmas, estilos y hasta escenografías que le otorgaban una cierta identidad universal: las camisas pardas en Alemania, las negras en Italia, azules en las falanges españolas o en los lancieris rumanos, la camisas blancas de la falange boliviana uniformaban a fuerzas militarizadas que ejercían la violencia contra la población civil.

Es muy difícil encontrar algo parecido en el neofascismo, su carácter universal viene dado por la intervención del imperio global estadounidense y no por escenografías o discursos comunes. Se trata de una ola reaccionaria de configuración variable, en Europa predomina el discurso racista contra los pueblos periféricos, xenofobia propagada en sociedades afectadas por el envejecimiento demográfico y la pérdida de dinamismo económico (tiene el aspecto de un neofascismo defensivo), en América Latina moviliza principalmente a clases altas y medias contra los pobres, donde se combina según los casos racismo y segregación social internos, en Estados Unidos uno de los baluartes de la victoria de Trump fueron las clases bajas blancas decadentes dominadas por el resentimiento social y la xenofobia, pero en Medio Oriente una fuerza de choque decisiva fue el ultraislamismo del Estado Islámico, Al Qaeda y otras organizaciones “antioccidentales” financiadas y entrenadas por Occidente nutriéndose de bases sociales políticamente a la deriva desencantadas de la modernización. El objetivo imperial no es regimentar sino controlar estratégicamente poblaciones caotizadas o apáticas, acorralar y si es posible destruir estados rivales o fuera de control. Sobredeterminación imperialista que por su dimensión planetaria, su presentación ideológicamente confusa y su impacto devastador no debería ser visto como como locura del polo dominante mundial sino como resultado decadente mucho más amplio de la reproducción ampliada negativa de la civilización burguesa que abandona completamente sus mitos progresistas para sumergirse en el nihilismo. Es un fenómeno que se expresa a través de indicadores productivos, tecnológicos, financieros, ambientales, demográficos, urbanos y otros que integran un proceso más vasto donde también aparecen la agonía de la racionalidad, el pesimismo social, el descrédito de la solidaridad.

Luces y sombras

El fascismo aparentaba ser una avalancha imparable, así lo creyó por ejemplo Stefan Zweig, escritor de gran popularidad internacional entre las dos guerras mundiales, austríaco representativo de la alta burguesía liberal nunca pudo reponerse del shock causado por la llegada de la barbarie nazi. Marchó al exilio y terminó suicidándose en Brasil en 1942, tres años antes del derrumbe nazi. Murió creyendo en la victoria universal del nazismo, el mundo que el añoraba, el del capitalismo liberal europeista, no volvería más, “no somos sino fantasmas o recuerdos” señaló acerca de su universo desaparecido que el reconocía plagado de injusticias pero también de posibilidades de superación. Así lo describió en su obra póstuma: “El Mundo de ayer” que curiosamente termina tal vez contradiciendo su pesimismo: “El sol brillaba con plenitud y fuerza. Mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo ese tiempo, aquella sombra ya no se apartó de mí; se cernía sobre mis pensamientos noche y día. Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz” 30. Pero también madre de la luz sería necesario agregar, de una luz diferente, nueva. La catástrofe nazi (su emergencia y derrumbe final) significó, engendró como reacción, el despliegue de fuerzas sociales regeneradoras de dimensiones nunca antes vistas. El fin de la Segunda Guerra Mundial abrió las puertas al socialismo en el centro-este europeo, a la revolución china, a las grandes descoloniazciones en la periferia, obligando a las burguesías de los países centrales a ceder en sus propios territorios ante las demandas de sus trabajadores, allí no regresó el viejo capitalismo liberal sino que se instaló la adaptación keynesiana. Eso era impensable por ejemplo hacia 1940 para quienes con criterio “realista” observaban las fuerzas en presencia, incapaces de percibir la dinámica profunda del mundo, el devenir posible que incluía entre sus alternativas el despertar de grandes masas humanas subestimadas buscando superar un sistema decadente.

El desafío neofascista es muy superior al que representó el fascismo, su capacidad letal es mucho más grande, sus víctimas potenciales ya no se cuentan en decenas de millones sino en el mejor de los casos en centenas de millones, su reproducción devastadora amenaza la vida en el planeta. El coloso imperial dispone de la mayor maquinaria de guerra que jamás ha conocido la humanidad, su desarrollo comunicacional le permite atacar en cualquier lugar del mundo. Sin embargo su naturaleza parasitaria, el alejamiento psicológico de su élite respecto de la realidad paralelo a su financierización, la corrupción que la atrapa, su inmediatismo desenfrenado, lo conducen hacia derrotas o empantanamientos sorprendentes como los que ha sufrido en Siria y Afganistán o en sus tentativa de domesticación de Rusia y China, como parte de su estrategia fracasada de control de Eurasia. O que el caso latinoamericano lo han llevado a instaurar regímenes autoritarios sumamente frágiles como en Brasil o Argentina.

El Imperio se degrada empujado por sus estrategias de recomposición, respuestas salvajes que al intentar imponer una reproducción devastadora que niega estratégicamente la supervivencia de la mayor parte de la humanidad crea las condiciones de su caída. Si no hace nada se sigue hundiendo, las tasas de ganancia corporativas caen, los tejidos productivos se debilitan, pero si hace lo que le dictan sus intereses concretos se hunde mucho más.

Cuando Hitler asumió como Canciller del Reich, Carl Schmitt, uno de los más destacados ideólogos del nazismo, declaró: “Hoy, 30 de enero de 1933, es posible afirmar que Hegel ha muerto31, es decir la Razón como fundamento de la civilización burguesa, la apuesta a una visión racional, científica, de la historia humana, de su desarrollo presente y futuro. Pero la reconfiguración ideológica nazi duro poco, Hegel empezaba a sufrir sus primeros achaques pero siguió con vida sobreviviendo a ese primer momento de descomposición civilizacional cuyo final fue simbolizado por el soldado soviético colocando la bandera roja en lo alto del Reichstagg el 2 de Mayo de 1945. No solo Hegel seguía vivo sino que también otro alemán: Carlos Marx, aparecía en la escena anunciando su victoria.

Nos encontramos ahora sumergidos en una decadencia mucho más profunda y extendida que la de los años 1920-1930 amenazando convertirse en un proceso de autodestrucción de alcance planetario, además según afirma una multitud de comunicadores y académicos la ilusión postcapitalista del siglo XX ha sido enterrada, Marx ha muerto. Pero ocurre que los amos del mundo y sus seguidores no son los únicos protagonistas de esta historia, la humanidad sufriente abrumadoramente mayoritaria también existe, tiene memoria y capacidad de rebeldía (y la ejerce), la cúpula del Capitolio en Washington es un buen lugar para que en el futuro, el fin de los devastadores culmine con la colocación de una bandera liberadora y con la sonrisa burlona de Marx anunciando que su defunción no era más que una posverdad propagada por el Imperio.

La imagen de la bandera sobre el Capitolio me genera algunos interrogantes… ¿cómo será esa bandera?, ¿será roja, será una wiphala, tal vez una todavía no creada?… ¿quién la portará?, ¿un estadounidense, un chino, un francés, un mexicano, un egipcio, un peruano? En el caso de Berlín-1945 la cosa estaba clara: tenía que ser inevitablemente un soviético levantado la bandera roja, pero ahora la multiplicidad de ofensivas imperiales y de resistencias, de desquicios económicos, sociales y ambientales periféricos pero también en el centro del mundo, el caos global de deslocalizaciones industriales y estafas financieras, me hacen pensar que el portador de la bandera puede ser cualquiera de ellos u otros y que la bandera será el resultado de la creación de una humanidad rebelde. En su última etapa declinante, la civilización burguesa ha devenido completamente universal, la densidad de las intercomunicaciones globales, la transnacionalización de la economía han ido desdibujando especificidades, creando nuevas formas de pluralismo de lo real, rehabilitando memorias olvidadas, en suma, haciendo posible la superación global del sistema.

Este texto tiene como disparador la ponencia “Conciencia socialista y crisis de la civilización burguesa” presentada en la Mesa Redonda 1979 –Las fuerzas subjetivas del socialismo– Međunarodna Tribina Socijalizma u Svetu, Cavtat- Jugoslavija, 1979.

Notas

1. Anouar Abdel Malek, “Political Islam”, Round Table 1978 “Socialism and the Developming Countries”, Socialism in The World, Cavtat 1978, Number 11, Yugoslavia.
2. Renzo De Felice, “Comprendre le fascisme”, Editions Seghers, Paris, 1975.
3. Citado por Pierre Ayçoberry en “La question nazie. Les interpetations du national-socialisme”, p.19. Éditions du Seuil, Paris, 1979.
4. Citado por Edmond Vermeil, “Doctrinaires de la revolution allemande”, p. 64. Fernand Sarlot éditeur, Paris, 1939.
5. Carta de Horkheimer a Leo Lowenthal, citada por Martin Jay, “The Dialectical Imagination. A History of the Frankfurt School and the Institute of Social Research 1923-1950”, p. 278, Heinemann London, 1973.
6. Hermann Rauschning, “La révolution du nihilisme”, Gallimard, Paris, 1980.
7. Daniel Jonah Goldhagen, “Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto”, Taurus Pensamiento, Madrid, 1998.
8. Pierre Ayçcoberry, op. Cit.
9. Zeev Sternhell, “La droite revolutionaire. Les origines françaises du fascisme, 1885-1914”. Editions du Seuil, Paris, 1978.
10. Karl Polanyi, “La gran transformación”, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2007.
11. Domenico Losurdo, “Guerra preventiva, americanismo e antiamericanismo”, en Giuseppe Prestipino (a cargo de), Guerra e pace, Istituto Italiano per gli Studi Filosofici- La Città del Sole, Napoli, 2004.
12. Domenico Losurdo, op. Cit.
13. En realidad la demolición no fue tan profunda como lo presentaban las apariencias, el viejo aparato golpeado y en parte eliminado pudo atravesar la tempestad de los años 1990, renovarse ideológicamente, desalojar a los neoliberales, recomponer el complejo industrial-militar y el sistema de inteligencia y dar a luz una nueva era nacionalista encabezada por Vladimir Putin.
14. Pierre Chaunu, “Histoire et décadence”, Perrin, Paris, 1981.
15. Citado en Fernández Urbiña J., “La crisis del siglo III y el fin del mundo antiguo”, Akal/Universitaria, Madrid, 1982.
16. Pierre Chaunu, op. Cit.
17. David Fieldhouse, “Economía e imperio. La expansión de Europa (1830-1914)”, Siglo XXI editores, México 1990.
18. “El siglo XIX produjo un fenómeno desconocido en los anales de la civlización occidental, una paz de cien años de 1815 a 1914. Aparte de la Guerra de Crimea, un evento más o menos colonial, Inglaterra, Francia, Prusia, Austria, Italia y Rusia solo guerrearon entre si 18 meses. Un cálculo de cifras comparables para los dos siglos precedentes nos da un promedio de 60 a 70 años de grandes guerras en cada uno”. Karl Polanyi, op. Cit.
19. Larry Summers, “IMF Fourteenth Annual Research Conference in Honor of Stanley Fischer”, Washington, DC – November 8, 2013.
20. Fuentes: FMI y Banco de Pagos Internacionales.
21. Según un reciente informe de OXFAM: “El 82 % de la riqueza generada (en 2017) fue acaparada por el 1% más rico de la población global mientras que 3,7 mil millones de personas que constituyen la mitad más pobre de la población del planeta no incrementaron su riqueza”, OXFAM, “Richest 1 percent bagged 82 percent of wealth created last year – poorest half of humanity got nothing”, January 2018, http://www.oxfam.org.
22. La “cultura occidental” debe ser entendida como forma imperialista que se fue forjando a través de un doble proceso de “normalización” interna (destrucción de las culturas populares, del colectivismo campesino, etc. y de los posteriores aplastamientos de las protestas e insurrecciones obreras) y del genocidio colonial. En ese sentido la emancipación europea (sobre todo del centro y del oeste) podría ser visualizada como des-occidentalización.
23. En 1938 nombró como Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general Wehrmacht aunque al estallar la guerra mundial la presión estadounidense lo obligó a cambiar de bando.
24. Curiosidades de los nuevos tiempos neofascistas, recientemente el primer ministro nada menos que de Israel, Benjamín Netanyahu, trató de reducir la culpabilidad genocida de Hitler lanzando la tesis de que el Holocausto no figuraba entre la intenciones del Furer sino que el exterminio de judios habría sido aconsejado por el Mufti y que el influenciable Hitler habría seguido al pie de la letra esos consejos. De ese modo la derecha sionista llega hasta las últimas consecuencias de su brutalidad ideológica buscando mejorar la imagen hitleriana. “Netanyahu dice que fue el muftí de Jerusalén quien sugirió a Hitler el Holocausto. Aluvión de críticas al primer ministro por sus polémicas declaraciones sobre el exterminio nazi, muchas desde el interior de Israel”, ABC Internacional, 31/05/2016.
25. “La formación letona de la Waffen-SS fue creada en 1943 y estuvo integrada por 150.000 hombres que se enrolaron en las filas fascistas de manera voluntaria. Entre algunas de las atrocidades que cometieron destaca la extinción casi total de la población judía del país”. RT, “Marcha de veteranos de las Waffen SS en Riga”, 16 de marzo de 2014.
26. “En el congreso del Frente Nacional en Lille este domingo (11 de marzo de 2018) Marine Le Pen, elegida por tercera vez presidenta del partido xenófobo y antiinmigrantes propuso cambiar de nombre al partido. Quiere rebautizarlo como “Rassemblement National”. La llama del logo, que es un calco del logo del neofascismo italiano del Movimiento Social Italiano (MSI), será conservada. Entre los invitados estaba Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump, que dijo a los militantes que “la historia está de nuestro lado y nos va a llevar a la victoria”. El “rebranding¨ es una necesidad después de que el FN perdió su liderazgo en la encuestas”. María Laura Abignolo, “El xenófobo Frente Nacional francés cambia de nombre y destituye a su fundador”, 11/03/2018, Clarín, Buenos Aires.
27. Jeffrey Herf, “El modernismo reaccionario. Tecnología, política y cultura en Weimar y el Tercer Reich”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1993.
28. Albert Speer, “Inside the Third Reich”, Macmillan, New York, 1970.
29. Michael Greshko, , Laura Parker, and Brian Clark Howard, “A Running List of How Trump Is Changing the Environment, National Geographic, March 23, 2018, https://news.nationalgeographic.com/2017/03/how-trump-is-changing-scienc&#8230
30. Stefan Zweig, “El mundo de ayer. Acantilado, Barcelona 2002.
31. Pierre Ayçoberry, op.cit.

Por gentileza de ALAI

Confiabilidad y validez de un instrumento que mide la percepción de los servicios hídricos municipales

Margarita Juárez Nájera (UAM, Azcapotzalco), Cruz García Lirios (UAEMEX, Huehuetoca), José Marcos Bustos Aguayo (UNAM, Iztapalapa), Francisco Rubén Sandoval Vázquez (UAEM, Cuernavaca), Héctor Daniel Molina Ruíz (UAEH, Tepeji) [*]
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Resumen

La gobernanza de la sustentabilidad hídrica en su concepción más pragmática sugiere la inclusión de propuestas derivadas de todos los sectores, así como el estudio de sus necesidades y expectativas, principalmente en contextos electorales ante los cuales los actores políticos se aproximan a los potenciales simpatizantes, adherentes y sufragantes, así como promotores de una opción partidista o candidatura. El presente trabajo se propuso establecer la confiabilidad y la validez de un instrumento con la finalidad de ponderar y anticipar escenarios de exclusión o sustracción de los bienes hídricos considerados públicos. Se realizó un estudio no experimental, transversal y exploratorio con una selección no probabilística de 235 estudiantes de una universidad pública del centro de México. Se encontraron tres factores relativos a la calidad, la utilidad y el riesgo, pero el porcentaje de la varianza explicada sólo fue del 42% evidenciando la inclusión de otros factores que la literatura identifica como mediadores de las relaciones asimétricas entre los actores sustractores y los sectores marginados o excluidos.

Palabras claves: estructura, modelo, variable, correlación, consumo.

Abstract

The governance of water sustainability in its more pragmatic conception suggests the inclusion of proposals derived from all sectors, as well as the study of their needs and expectations, mainly in electoral contexts in which political actors approach potential sympathizers, adherents and suffrages, as well as promoters of a party option or candidacy. The present work was proposed to establish the reliability and validity of an instrument with the purpose of weighing and anticipating scenarios of exclusion or subtraction of water assets considered public. A non-experimental, cross-sectional and exploratory study was carried out with a non-probabilistic selection of 235 students from a public university in central Mexico. Three factors related to quality, utility and risk were found, but the percentage of variance explained was only 42%, evidencing the inclusion of other factors that the literature identifies as mediators of the asymmetric relationships between the subtractive actors and the sectors marginalized or excluded.

Keywords: structure, model, variable, correlation, consumption.

Introducción

El objetivo del presente trabajo es establecer la confiabilidad y la validez de un instrumento que midió la percepción de los servicios hídricos con la finalidad de delinear las políticas de oferta y demanda para anticipar la exclusión y la sustracción de los actores sociales con respecto a los programas contra los efectos del cambio climático sobre la salud pública.

El trabajo revisa y discute los estudios especializados en el impacto de políticas locales sobre el consumo hídrico residencial, mediado por factores psicológicos como percepciones, disposiciones, motivos e intenciones a fin de poder generar un panorama coyuntural y anticipar escenarios de conflictos entre los actores. Se advierte una tendencia hacia la predicción de un comportamiento racional, deliberado, planificado y sistemático que, sin embargo, está disociado de estilos de vida cooperativos y solidarios.

El estado que guarda la investigación en torno a los efectos psicológicos de los servicios hídricos en las urbes advierte: 1) la prevalencia de una relación asimétrica entre gobernantes y gobernados con respecto a las percepciones de riesgo ante la escasez y el desabastecimiento de agua; 2) la indefensión de los sectores vulnerados en torno a las políticas de abastecimiento, subsidio y condonación; 3) la motivación extrínseca de los usuarios con respecto al incremento de tarifas y sanciones. En este marco de política e inacción colectiva, los estudios psicológicos han avanzado hacia el establecimiento de una agenda centrada en la gobernanza, sistema equitativo de tarifas y corresponsabilidad materializadas en ecotasas, pero desvincula de la identidad, el apego y sentido de comunidad.

Los Estudios Psicológicos de la Sustentabilidad (EPS) plantean que las asociaciones entre las variables situacionales, culturales, cognitivas y conductuales evidencian sus relaciones de dependencia que, para el desarrollo del Trabajo Social Ambiental (TSA), construido a partir de indicadores objetivos, complementaría sus modelos de investigación e intervención.

En tal sentido, se exponen los EPS para discutir la inclusión de variables exógenas en referencia a variables endógenas a través de modelos teóricos y estructurales. Para tal propósito, se exponen los EPS considerando el contexto iberoamericano en el que fueron llevados a cabo. De este modo, los EPS realizados en México muestran que los motivos de ahorro de agua están asociados con los comportamientos de dosificación. En la medida en la que los usuarios del servicio público de abastecimiento quieren pagar menos por el volumen consumido, desarrollan habilidades y estilos de austeridad. La discusión en torno a los EPS permitirá establecer un sistema tarifario de consumo en función de las correlaciones entre las situaciones hídricas y los estilos de consumo, contribuyendo de este modo a la construcción de modelos para el TSA.

En el marco del Desarrollo Sustentable, el Trabajo Social ha establecido áreas y campos de intervención en torno a los cuales se han desarrollado los servicios sociales, principalmente los relativos al cuidado del agua con respecto a la calidad de vida y l bienestar subjetivo, determinantes de la evaluación de políticas públicas, programas ambientales y estrategias de atención a comunidades migrantes.

En este esquema el Trabajo Social Ambiental funge como mediador de las políticas de abastecimiento y las demandas civiles considerando las limitantes del espacio, tiempo e infraestructura, pero la generalidad de sus dimensiones, categorías y variables inhiben el análisis de la subjetividad inherente a los indicadores objetivos de sustentabilidad. Por consiguiente, es menester profundizar en la dimensión psicológica, cognitiva y conductual, a fin de poder establecer las necesidades, expectativas, demandas y capacidades individuales o comunitarias ante las crisis ambientales y el desabastecimiento de los recursos hídricos.

La psicología se ha avocado al estudio de las relaciones entre la disponibilidad hídrica per cápita y el consumo de agua. Los Estudios Psicológicos de la Sustentabilidad (EPS) han demostrado que asociaciones significativas entre la cantidad de agua abastecida y el dispendio o ahorro según el volumen per cápita. Los EPS también han establecido asociaciones relevantes entre factores culturales y cognitivos. En virtud de los hallazgos mencionados, los EPS han abierto la discusión relativa al costo del servicio público de agua potable estimado por criterios tarifarios convencionales en los que la inclusión de factores disposicionales, situacionales, culturales, cognitivos y conductuales harían más eficiente el sistema de cobros, sanciones y subsidios.

La lógica de los EPS también incidiría en el diseño e implementación de políticas públicas que permitan financiar la Acción Pública Gubernamental (APG) ante el incremento de las problemáticas de escasez, desabasto e insalubridad hídricas. A partir de diagnósticos causales y correlacionales, los EPS plantean modelos teórico-estructurales que posibiliten el aumento o disminución de la tarifa de consumo considerando las relaciones causales y asociativas entre las variables implicadas. La correlación bivariada estadística estimada con el parámetro “r” de Pearson permite una abstracción de las relaciones concretas asociadas en una variable X y una variable Y. La fuerza de asociación entre una variable X y otra variable Y es conocida como correlación. Se trata de un análisis en el que se establecen las relaciones asociadas entre las variables que configuran una estructura cultural, social, comunitaria, económica, política, institucional, corporativa, educativa o familiar. Dicha estructura es evidenciada en un modelo en el que las variables y los constructos explican la influencia de la estructura en los individuos.

El modelo, se construye a partir de las relaciones asociadas entre las variables para inferir sus relaciones causales. En torno a la escasez de agua, las asociaciones exógenas y endógenas entre los valores, las creencias, las percepciones, las actitudes, las habilidades y las intenciones, orientan su modelización como determinantes del dispendio o ahorro de agua.

Sin embargo, los EPS parecen orientarse al establecimiento de tarifas al plantear al agua como un recurso y a los usuarios como consumidores. En un sistema de oferta, el Estado provee de los servicios públicos de abasto sin considerar la tendencia de disponibilidad per cápita. En otros casos, las autoridades administrativas determinan discrecionalmente las tarifas de consumo.los EPS han establecido relaciones significativas entre el abasto intermitente y el uso austero de agua. No obstante, tales hallazgos están desvinculados de los sistemas tarifarios puesto que los proyectos de investigación no se han planteado la posibilidad de explorar el conformismo o inconformidad de los usuarios respecto al servicio público y la política ambiental local que llevan a cabo sus gobernantes.

Precisamente, exponer los alcances y límites de los EPS respecto a las problemáticas hídricas abrirá la discusión relativa a los conflictos entre autoridades encargadas de proveer el servicio de agua potable y los usuarios que reciben un volumen inferior en comparación a otras localidades y regiones. En el marco del Desarrollo Sustentable, las problemáticas hídricas de escasez, abasto irregular e insalubridad parecen ser suficientes para inhibir el confort hídrico definido como el volumen mínimo per cápita para llevar a cabo las actividades y satisfacer las necesidades básicas que asociadas con capacidades, habilidades, competencias y conocimientos permitirán a la humanidad superar los umbrales de pobreza extrema y su inclusión en los servicios públicos será un indicador de desarrollo local y regional.

A partir de los hallazgos reportados en el estado del conocimiento de los EPS es posible delinear los ejes y temas de discusión para el Trabajo Social Ambiental y poder contribuir a la construcción e una agenda en materia de servicios municipales de vivienda y agua para incrementar la calidad de vida, el bienestar subjetivo y la responsabilidad social.

Teoría de la percepción de los servicios hídricos

Los Estudios psicológicos de la sustentabilidad pueden ser analizados desde una lógica de centralidad y periferia.

A partir de esta nomenclatura, es posible advertir que el Desarrollo Sustentable es un tema o nodo central que implica al cambio climático, el calentamiento global, el efecto invernadero y las emisiones de carbono como los factores ambientales que tienen un impacto directo sobre la calidad del aire y la salud de las vías respiratorias en las economías y ciudades económicamente desarrolladas, pero además de la contaminación atmosférica, las problemáticas hídricas y las de los residuos municipales son temas centrales en la periferia económica y urbana debido a que los recursos naturales del hemisferio sur son transformados en satisfactores para el hemisferio norte como es el caso del petróleo crudo y sus derivados (Abramo, 2012).

En este sistema de centralidad y periferia, la psicología de la sustentabilidad parece estar dividida en dos vertientes en la que la psicología del sur trata de comprender y explorar los saberes y racionalidades, espacios y riesgos que derivan del impacto de la explotación y transformación de la naturaleza sobre los estilos de vida de las comunidades (Acosta, 2010).

Por su parte, la psicología de la sustentabilidad en el hemisferio norte está más avocada a describir y explicar los efectos del cambio climático sobre las redes de gestión, innovación y emprendimiento que se desarrollan en las economías desarrolladas en referencia a las economías emergentes.

En el hemisferio norte, la psicología de la sustentabilidad inició la descripción de la calidad del entorno y la conciencia ambiental para arribar al estudio de trayectorias y estructuras de variables en modelos de ecuaciones a fin de predecir comportamientos desfavorables o vinculatorios con la sustentabilidad, equidad y felicidad (Behancourth, 2010).

Los modelos de ecuaciones estructurales, trayectorias, estructuras y disturbios tuvieron sus antecedentes en estudios de correlación y regresión a partir de los cuales se establecieron las asociaciones que permitieron la modelación de relaciones de dependencia entre variables (Blunda, 2010).

A pesar de que los modelos de ecuaciones estructurales tienen su fundamento en las covarianzas, las correlaciones y regresiones permitieron la especificación de modelos (Carosio, 2010). Por ello en un escenario de desarrollo sustentable los agentes en torno al nodo central de conocimiento interactúan para dar forma a un sistema en equilibrio donde la centralidad depende de la periferia, el norte del sur, el este del oeste.

Sin embargo, el estado del conocimiento tiende a configurar una red descriptiva de las problemáticas medioambientales, aunque los estudios también se orientan a la explicación de trayectorias y estructuras en las que los temas son integrados en modelos a fin de poder anticipar los efectos de las problemáticas en la psique y el comportamiento.

De este modo, una revisión de los estudios psicológicos de la sustentabilidad de 2010 a 2014 muestra que los valores, percepciones y creencias son las variables determinantes del consumo. En este sentido, las tres variables son consideradas exógenas a las actitudes, intenciones, competencias y uso (Corral, 2010).

Los valores implican relaciones de interdependencia entre la naturaleza y las comunidades (biosferismo), relaciones de arraigo entre los grupos en función de la diversidad ecosistémica (comunitarismo), relaciones de competencia entre los seres humanos (indivualismo) en función de la escasez de recursos y relaciones de equilibrio entre las generaciones (sostenibilismo) en función de la austeridad de la humanidad actual, las tecnologías futuras y la disponibilidad de los recursos (Nozica, 2011).

Las percepciones denotan la exposición involuntaria al riesgo, la ausencia de un control de la situación (incertidumbre) y el escepticismo a la información generada por instituciones de protección civil (Quiroz, 2013). En este sentido, la percepción hacia situaciones de riesgos normales y extraños se representa explícitamente a partir de experiencias e información no experimentada (Sharples, 2010). Por consiguiente, implica indicación de peligro, prevención, contingencia, manejo y protección; expectación que determina una acción, y reacción de solución rápida (Barkin y Lemus, 2011). Se pueden definir como una respuesta inmediata y simplificada a los peligros y las incertidumbres que determinan juicios, decisiones y conductas (Bertoni y López, 2010).

Las creencias son planteadas como desorientadoras (paradigma social dominante, paradigma de la excepción humana, antropocentrismo, materialismo, progresismo y utilitarismo) y como orientadoras (nuevo paradigma ambiental, conservadurismo, ecocentrismo, naturalismo y austeridad) de los comportamientos humanos hacia la protección del medio ambiente (Corral y Domínguez, 2011). Las creencias que impiden el desarrollo sostenible denotan que el comportamiento humano y su crecimiento económico están exentos de las leyes de la naturaleza y por lo tanto dicho crecimiento sólo esta determinado por el avance tecnológico (Duerden y Witt, 2010).

En contraste, las creencias que favorecen el desarrollo sostenible implican el replanteamiento de las visiones antropocéntricas, el establecimiento de los límites al crecimiento económico, la importancia del equilibrio ecológico, el desarrollo sostenible necesario (Flores y Parra, 2011). Las creencias en torno a la supremacía de las necesidades humanas sobre los procesos de la naturaleza, la consecuente concepción del equilibrio o desequilibrio de las necesidades humanas con los procesos de la naturaleza y consiguiente crecimiento económico ilimitado o limitado, se presentan con un grado diferente ínter cultural, económica y generacionalmente (García y Corral, 2010).

Estudios de la percepción de los servicios hídricos

Los estudios de los servicios hídricos han sido documentados desde 1987 cuando se llevó a cabo el primer trabajo sobre el impacto de las políticas de incremento de tarifas en la ciudad de Los Ángeles sobre la optimización del abastecimiento por parte de los usuarios residentes del estado y los condados circunvecinos (véase Tabla 1).

Tabla 1. Estudios de las percepciones en torno a los servicios hídricos

Año

Autor

Hallazgos

2010

McCright

La ideología política y percepción de comprensión determinó negativamente al conocimiento sobre el cambio climático y la preocupación por sus consecuencias en el género (β = -0,372 y β = 0,336 respectivamente).

2010

Sharples

La fuente principal de información sobre el cambio climático fueron los noticiarios de televisión (23,9%), los alimentos y bebidas con los más consumidos por la muestra (83,8%), los focos fueron el objeto más utilizado para combatir el cambio climático (88,7%),.

2010

Hidalgo y Pisano

la actitud se relacionó con los conocimientos (r = 0,454, p = 0,001), la autoeficacia con los conocimientos y las actitudes (r = 0,303 y r = 0,882; p = 0,001 respectivamente), la percepción de riesgo con el conocimiento, actitud y autoeficacia (r = 0,475; r = 0,589; r = 0,547; p = 0,001 respectivamente), la intención con el conocimiento, actitud, autoeficacia, percepción e intención (r = 0,206; r = 0,317; r = 0,390, r = 0,382; p = 0,001 respectivamente).

La percepción de riesgo fue determinada por la actitud (β = 0,305; p = 0,000) y la intención fue influida por la autoeficacia (β = 0,259; p = 0,001).

2010

Jiménez

Establecieron tres factores de las cuatro dimensiones posibles. El primer factor explicó el 46,4% de la varianza mientras que el segunda factor explicó el 28,6% de la varianza y el tercer factor explicó el 25,15 de la varianza.

Establecieron diferencias entre hombres y mujeres [X2 = 10,088 (2gl) p = 0,007], por años [X2 = 176,77 (8gl) p = 0,000] y habitad [X2 = 21,657 (6gl) p = 0,001]

2010

Gissi y Soto

La apropiación del espacio se realiza a partir del tequio que es el trabajo personal que realiza un integrante antes de entrar a la guatza o trabajo comunitario.

2010

Molini y Salgado

En torno a la discusión de las diferencias entre ciudad compacta y dispersa, la densidad poblacional es un factor relevante ya que la baja concentración en las ciudades compactas la hacen más sustentable que las ciudades dispersas, pero su alta densidad incrementa los costos a la entidad gubernamental encargada de regularla. Tal panorama afecta la creación de unifamiliares porque éstas se producen en comunidades con más de 500 mil habitantes y presionan la disponibilidad de recursos.

2011

McCright y Dunlap

Las creencias en torno a los efectos nulos del cambio climático determinaron la confianza en los hombres blancos con ideología conservadora (γ = 0,82; p = 0,000).

Por su parte la ideología política de base determinó la negación de los efectos del cambio climático (γ = 0,47; p = 0,000), la raza determinó la creencia acerca de la falta de consenso de los efectos del cambio climático para los blancos conservadores (γ = 0,38; p = 0,000),

empero, el sexo incidió negativamente sobre la creencia de los efectos nulos del cambio climático en los encuestados bases (γ = -0,67; p = 0,000) así como la identificación con el ambientalismo sobre la misma creencia en el mismo grupo (γ = -0,81; p = 0,000).

2011

Touginha y Pato

El comportamiento ecológico correlacionó con la edad (r = 0,30) mientras que las creencias ecocéntricas se relacionaron con los valores universales (r = 0,20).

Por su parte la edad y los valores universales determinaron al comportamiento ecológico (β = 0,24; β = 0,21; p = 0,001 respectivamente).

2011

Nacif y Espinosa

Encontraron una relación entre la identidad nacional y el pragmatismo urbanista del reordenamiento espacial central y los diseños arquitectónicos. Las edificaciones representaron símbolos de reconstrucción nacional que se extenderían a otras ciudades pamperas y sudamericanas; Brasil, Perú, Colombia y Venezuela. Las propuestas arquitectónicas de la época planteaban una mayor movilidad de este a oeste tratando de integrar a la periferia con el centro. De este modo, el campo se articularía con la ciudad y los sistemas hídricos podrían tener un mayor aprovechamiento, aunque la región minera se apartaba cada vez más de los servicios públicos. En tal esquema, las vías férreas fueron fundamentales para incorporar los sectores primarios, secundarios y terciarios. Por ello, las bodegas debían ser trasladas a las zonas agroindustriales. Debido a que la ciudad fue devastada por un sismo y los espacios de resguardo fueron nulos o insuficientes, se proyectaron parques recreativos que cumplieron con la función espacial sísmica y recreativa. Para evitar el aglutinamiento de transporte, se proponía la construcción de un arco. Respecto al reordenamiento vecinal, la creación de barrios de 15 manzanas en espacios arrendados garantizaba el control socio espacial del Estado. Otras propuestas consistieron en concentrar a la ciudadanía en áreas multiculturales para evitar la segregación. Dos temas resultaron fundamentales: la conservación ambiental y la privatización del territorio.

2011

Malmod

Sistematizó los planes de reordenamiento a partir de una lógica de exclusión e inclusión. La primera consistió en diferenciar los espacios; privatización de bienes y servicios. En contraste, la segunda propuesta consistió en establecer conexiones entre los sectores, espacios y servicios para aminorar la segregación espacial. La lógica de inclusión implica un diseño de redes en los que cada nodo está interconectado el uno con el otro y permite la interrelación entre los elementos espaciales, así como la construcción de una identidad urbana que favorece la tolerancia a la diversidad.

2011

Nozica

La política de turismo incentivará la conexión entre corredores bioceánicos y periurbanos. Para tal propósito el escenario deseable consistirá en una red vial que articule ambas áreas. Tal estrategia permitirá incrementar las ventajas competitivas en materia de servicios turísticos, tecnológicos y comerciales de la región.

2012

Markowitz

Establecieron diferencias entre éticos, no éticos e indecisos con respecto a su preocupación (F = 102,52; p = 0,000), riesgos (F = 51,68; p = 0,000), consenso (F = 26,83; p = 0,000), eficacia (F = 34,67; p = 0,000), responsabilidad (F = 69,41; p = 0,000). Las intenciones ambientales fueron determinadas por las creencias (β = 0,506).

2012

Cravino

Encontró un grado de percepción de riesgo en los residentes bonaerenses al momento de migrar a la periferia. En este sentido, la percepción del habitad está relacionada con los servicios y las inversiones que el Estado ha orientado a la centralidad. Otro factor de percepción de la vivienda es la socialización espacial ya que un cambio de barrio implica la perdida de capital social. El alquiler es un fenómeno estrechamente relacionado con las expectativas de apropiación del espacio puesto que una buena raíz garantiza la permanencia en el barrio y el establecimiento de una mayor calidad de vida. La proximidad entre las viviendas ha propiciado el desarrollo de una identidad espacial que incrementa la reciprocidad e incluso la transformación del entorno.

2012

Cueva

Cuatro indicadores de lo simbiótico fueron; accesibilidad. movilización, intercambio y apropiación. En el primero, la peatonización es la estrategia pública para diluir la segregación e incentivar la inclusión de los visitantes en los eventos de las plazas públicas. En el segundo, los espacios están dotados de mobiliario que permite la convivencia y el intercambio de ideas para la apropiación simbólica del espacio. El transporte colectivo tiene su base en dichos espacios y ello facilita el tránsito de pasaje a peatón o a la recreación. En el tercero, la edificación de iglesia, ayuntamiento, bancos, restaurantes y otros comercios facilitan el intercambio social. Por último, la apropiación del espacio es el resultado de la accesibilidad, movilización e intercambio. Las plazas públicas son centros de reunión, convivencia, comercio, transporte y recreación.

2012

Urquieta y Campillo

Establecieron una relación entre los recursos económicos y la estratificación social con respecto a la representación de la ciudad. Las clases bajas percibieron a la centralidad como un área insegura. Las clases medias se mostraron preocupadas por la expansión de la ciudad y sus efectos en el medio ambiente. Respecto a la expectativa, manifestaron un ideal de ciudad en la que los espacios permitirían la convivencia como elemento de inclusión; recuperación de espacios, tranquilidad y disfrute. Respecto al derecho a la ciudad ésta fue representada como un escenario de libertades en las que son indispensables el acceso al empleo, la educación y salud universales.

2013

Vinneta y maharaj

La autotrascendencia se relacionó positiva y significativamente con las actitudes hacia sí mismo (0,73).

2014

Carreón, García y Morales

Especificaron un modelo de gobernanza de los servicios hídricos para dar cuenta de un contexto de alta escasez y desabastecimiento, aunque la prevalencia de los espacios como escenarios de identidad que delinearían el significado de un gobierno corresponsable limitan su aproximación a los barrios y las zonas periféricas a las urbes.

2015

Carreón et al.,

Contrastaron un modelo en el que el ambientalismo y el posmaterialismo fueron factores inferidos luego de un análisis factorial en el que los indicadores derivaron de un escenario de insalubridad y escasez de agua, aunque los encuestados se orientaron más hacia las expectativas de una vida libre del consumo excesivo del agua.

2016

García et al.,

Contrastaron un modelo para el estudio de las expectativas de la calidad del servicio de abastecimiento, pero el tipo de estudio, muestreo y análisis limitaron sus hallazgos al escenario de la investigación al sugerir que son als expectativas más relevantes que las necesidades en contexto electorales.

2017

García et al.,

Especificaron un modelo para el estudio de las relaciones complejas entre la disponibilidad de los recursos hídricos con respecto a la calidad del servicio de abastecimiento, asumiendo una emergencia de actores en relación con una escasez de los recursos, siendo el escenario poco proclive a la gobernanza.

Fuente: Elaboración propia

La psicología de la sustentabilidad hídrica ha establecido tres ejes de discusión en torno a la gobernanza de los recursos hídricos y los servicios municipales correspondientes, centrados en la presunción de los bienes públicos y privados como la causa de la formación de consumidores y la equidad como efecto de la corresponsabilidad en proyectos urbanos de ciudad extensa o compacta (García, Carreón y Morales, 2014).

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad hídrica regional señalan que los riesgos asociados a los efectos del cambio climático en la agricultora local generan un sistema de estrategias centradas en la prevención de pérdidas ya que, los recursos financieros desamortizar las amenazas no incluyen los desastres naturales (García et al., 2015)

La psicología de la sustentabilidad hídrica local, centrada en los efectos del cambio climático sobre la seguridad alimenticia local advierte que, las percepciones de riesgo en caficultores se intensifican en la medida en que prevalecen sequías, inundaciones y deslaves, los cuales afecta la producción agrícola local y reducen las capacidades de emprendimiento y comercialización de migrantes en la región huasteca del centro de México (García et al., 2015).

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad hídrica local advierten una creciente demanda, pero una reducción significativa de la disponibilidad y la calidad de los servicios hídricos en el marco de las políticas de tandeo locales, los conflictos entre usuarios y autoridades, así como la emergencia de indicadores de corrupción como el deterioro de las instalaciones, la prevalencia de fugas y la venta de agua (García, Carreón y Quintero, 2015).

La psicología de la sustentabilidad ha demostrado que las políticas municipales de abastecimiento y cobro de los servicios hídricos no están centradas en una agenda de corresponsabilidad sino, en una agenda de oferta creciente ante las demandas del mercado local (García et al., 2015).

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad han sido difundidos en a agenda pública a partir de criterios de corresponsabilidad en la toma de decisiones y en las acciones encaminadas a la conservación de los recursos y los servicios hídricos municipales, pero en función de las asimetrías en cuanto al acceso y difusión de temas en los medios, los gobernantes tienen una mayor penetración e injerencia en el establecimiento de temas tales como el incremento de las tarifas y la promoción del voto a través de las políticas de subsidios y condonaciones (García et al., 2016)

La psicología de la sustentabilidad ha demostrado que las asociaciones entre factores exógenos a los estilos de vida y comportamientos de los usuarios del sistema de abastecimiento público están relacionados, pero no un en sentido específico ni directo sino, más bien están generalmente mediados por las políticas locales como el sistema de tarifas, subsidios y condonaciones (García et al. 2016)

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad advierten que son a las relaciones entre las variables culturales (valores) y las variables ideológicas (creencias) los ejes de discusión en la agenda pública local. Es decir, se considera que tanto la cultura como la ideología influyen en el individuo a través de los valores y las creencias que se amplifican en los discursos de la gente y que el individuo capta, aprende y reproduce ante una situación específica (Gissi y Soto, 2010). En este sentido, el abasto irregular de agua característico de las ciudades modernas y las urbes periféricas está asociado a valores y creencias en torno a su disponibilidad exclusiva para el consumo humano o su disponibilidad compartida entre las especies (Hernández y Jiménez, 2010).

La psicología de la sustentabilidad hídrica advierte que, en el plano local y municipal, la prevalencia de representaciones sociales centradas en la escasez del agua como resultado de la corrupción local explica la identidad sociopolítica que se distingue por su alto grado de hipermetropía e indefensión (García et al., 2016).

Las sociedades colectivistas tales como las asiáticas, latinas y europeas del este se caracterizan por valores biosféricos–altruistas y creencias ecocéntricas que favorecen el cuidado del medio ambiente al ser considerado como su habitad y las especies como sus compañeras hermanas de coexistencia (Hidalgo y Pisano, 2010). En torno a la insalubridad por la infraestructura hidrológica deficiente o inexistente, las comunidades y los barrios populares se solidarizan para el auto cuidado de los niños (Izasa y Enao, 2010).

En la medida en que la insalubridad aumenta, la solidaridad comunitaria también se incrementa. Las sociedades europeas y norteamericanas, en contraste, se caracterizan por valores individualistas y creencias antropocéntricas. Incluso en los grupos migrantes colectivistas que residen en estas sociedades se observa un cambio de valores y creencias que los acerca a individualismo y al antropocentrismo (Jaén y Barbudo, 2010). La disponibilidad de agua, asociada a los valores de sobreexplotación y las creencias de abundancia del recurso, orienta la elaboración de un modelo en el que se evidencien el aumento de las dos variables culturales e ideológicas en la medida en que se incrementa la información sobre la abundancia de agua (Kalantari y Asadi, 2010).

La influencia de la estructura social individualista y antropocéntrica también se observa en los países con economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China) que serán desarrolladas en la década que se aproxima. Se trata de economías que transitan del colectivismo al individualismo, del biosferismo al industrialismo, del ecocentrismo al antropocentrismo (Londoño y Cardona, 2011). El crecimiento económico esta asociado con la inversión pública en infraestructura hidrológica. Los proyectos energéticos e hidrológicos están correlacionados con las necesidades de las urbes. La inversión en torno al servicio público del agua esta asociado al incremento de la población en las ciudades, sus dimensiones, servicios y migración (Manríquez y Montero, 2011). El consumo de agua registra un incremento en sus tarifas asociadas con la escasez en los barrios periféricos (Martínez y Montero, 2011). El desabasto de agua vinculada con la insalubridad e implicada con las epidemias aumenta las muertes infantiles.

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad, centrados en las relaciones entre las variables espaciales (diseños), las variables económicas (riesgo y utilidad), las variables educativas (conocimientos) y las variables individuales (actitudes, habilidades, intenciones, comportamientos) han demostrado que los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental están centrados en los altos niveles de estrés y resiliencia, los cuales reflejan la asimetría entre las políticas de protección civil y las acciones colectivas de grupos vulnerados como las comunidades y barrios afectados por inundaciones, deslaves o encharcamientos (García et al., 2017).

En el caso de la resiliencia comunitaria, entendida como una respuesta compartida por un grupo de personas que afrontan una situación extrema común, ésta fue mayormente observada en grupos de adultos mayores con respecto a deslaves, inundaciones y tormentas, indicadores de los efectos del cambio climático sobre la salud pública local (Sandoval et al., 2017).

La psicología de la sustentabilidad hídrica ha demostrado que las actitudes, en tanto disposiciones en contra o a favor de políticas locales de conservación de la naturaleza, es determinante de la toma de decisiones centrada en la preferencia e intención de voto a candidaturas y partidos orientados a la responsabilidad social (Carreón et al., 2015)

Los estudios en torno a la influencia de las edificaciones sobre la percepción individual demostraron que la estética, la funcionalidad y el diseño tienen un efecto directo, positivo y significativo sobre la satisfacción del cliente (McCright y Dunlap, 2011). Posteriormente, los estudios en torno a la influencia de las masas al interior de edificaciones sobre el comportamiento humano demostraron que el hacinamiento, el ruido o la densidad son factores que determinan el estrés del cliente (Milfont y Duckitt, 2010). Finalmente, los estudios en torno a la influencia de los eventos al interior de edificaciones sobre la cognición individual demostraron que las personas se forman actitudes hacia los eventos, edificios y espectadores (Montalbetti y Chamarro, 2010). Las edificaciones vinculadas con la bioseguridad hidrológica (reservas de agua potable) demuestran la relevancia de las políticas sanitarias, las contingencias epidémicas, las catástrofes pandémicas, la competencia por los recursos y la solidaridad comunitaria (Montalvo y Chábves, 2011).

En las economías industriales con políticas neoliberales, los comportamientos contaminantes han sido asociados con las percepciones utilitarias, las actitudes racionales y los conocimientos tecnológicos (Touguinha y Pato, 2011). Los proyectos hidrológicos están diseñados para incrementar la utilidad personal más que la utilidad social. Es decir, el servicio de agua potable sólo está disponible para aquellas zonas que pueden pagar el costo del servicio (García, 2014). En las economías postindustriales con políticas sociales, los comportamientos preservadores han sido vinculados con las percepciones de riesgo, las actitudes afectivas y los conocimientos sociales. Los proyectos hidrológicos están vinculados a los servicios de todo tipo. Se trata de abastecer a las zonas comerciales vinculadas al turismo (Zapata y Castrechini, 2011).

En las economías informacionales con políticas sostenibles, los comportamientos ecológicos han sido vinculados con las percepciones de responsabilidad, las actitudes globales y los conocimientos organizacionales. Los proyectos hidrológicos se enlazan con la normatividad sostenible que obliga una disponibilidad hidrológica equitativa entre las zonas y las especies (García, 2012).

A partir de los estudios asociativos, tanto exógenos como endógenos, se han abstraído estructuras económicas, políticas y sociales que influyen en los individuos (Leff, 2010). Los análisis de correlación evidencian los modelos de consumo que culpan a los individuos del deterioro global y platean el accionar aislado como la solución al problema global. Ante la escasez, desabasto e insalubridad ambientales se plantea que la educación ambiental es la acción indicada para prevenir dichas situaciones y las ecotasas (multas e incentivos) son las estrategias fiscales efectivas para el desarrollo sostenible (García, 2011).

Las asociaciones, tanto exógenas como endógenas, orientan el diseño de modelos teóricos estructurales. Una relación causal entre una variable X y una variable Y subyace de una asociación exógena entre una variable W y una variable X. O bien, los determinantes de una variable Z subyacen de las asociaciones entre W, X y Y. Es decir, a partir de las asociaciones se infieren las relaciones causales. Si existe una asociación significativa entre las variables independientes puede haber relaciones causales entre ellas. Si existen asociaciones espurias entre las variables independientes puede haber relaciones causales con una variable dependiente. Una correlación positiva y significativa entre la escasez, el desabasto y la insalubridad ambiental permite la elaboración de un modelo en el que el ahorro de agua está determinado por las tres situaciones ambientales. Una correlación negativa y significativa entre las tres variables permite un diseño en el que el dispendio de agua es el efecto esperado. Una correlación espuria entre las tres situaciones ambientales orienta el diseño de un modelo en el que otras variables situaciones estarían explicando el dispendio o el ahorro de agua.

Método

¿Existirán diferencias significativas entre las dimensiones perceptuales de los servicios hídricos con respecto a sus factores e indicadores a ser observados en un estudio local?

Hipótesis nula: Existirán diferencias significativas entre las relaciones teóricas con respecto a las relaciones empíricas a ser registradas en un estudio local de la percepción de los servicios hídricos.

Hipótesis alterna: No existirán diferencias significativas entre las dimensiones teóricas de la percepción de los servicios hídricos con respecto a las observaciones de las relaciones entre sus factores e indicadores.

Se realizó un estudio documental con una selección muestral intencional de fuentes indexadas a repositorios nacionales, considerando el año de publicación de 2010 a 2017 y la inclusión de conceptos tales como: “políticas”, “tarifas”, “correlaciones”.

Por consiguiente, se llevó a cabo una revisión con fuentes indexadas con registro ISSN y DOI en bases de datos internacionales (DIALNET, LATINDEX, REDALYC) a fin de establecer los temas centrales en la agenda hídrica. Posteriormente, la información fue procesada en matrices de análisis de contenido para especificar las relaciones entre variables que contribuyeran a la intervención del Trabajo Social en situaciones de escasez, desabastecimiento, riesgo e incertidumbre.

Se realizó un estudio no experimental, transversal y exploratorio con una selección no probabilística de 235 estudiantes de una universidad del centro de México, considerando su experiencia de gestión ante la escasez y el desabastecimiento de agua en su localidad.

Se construyó la Escala de Percepción de los Servicios Hídricos PSH-21 a fin de poder establecer sus propiedades estadísticas, considerando las dimensiones que la literatura revisada identifica como percepción de riesgo, utilidad y calidad del servicio público, aunque no ha habido suficiente evidencia empírica, el proyecto abonará al respecto. Cada ítem se responde con alguna de cinco opciones: 0 = “nada probable” hasta 5 = “bastante probable” (véase Tabla 2).

Tabla 2. Construcción del PSH-21

Factor

Definición

Indicador

Medición

Interpretación

Riesgo

Refiere a las expectativas de exclusión de los servicios hídricos

Protestaré ante el aumento de las tarifas

0 = “nada probable” hasta 5 = “bastante probable”

Un alto puntaje refiere a una gobernabilidad clientelar

Utilidad

Refiere a las expectativas de ganancias en torno a la sustracción del servicio hídrico

Exigiré un abastecimiento regular con el pago del servicio

0 = “nada probable” hasta 5 = “bastante probable”

Un alto puntaje refiere a una gobernabilidad privatizadora

Calidad

Refiere a las expectativas de optimización del abastecimiento

Ahorraré dinero con la optimización del abastecimiento

0 = “nada probable” hasta 5 = “bastante probable”

Un alto puntaje refiere a una gobernanza equitativa y transparente

Fuente: Elaboración propia

Se encuestó a los participantes en las instalaciones de su universidad antes de haberles entregado un escrito donde se garantizaba la confidencialidad y anonimato de sus respuestas, así como la advertencia de que los resultados no afectarían su estatus económico, político, social o académico. La información se procesó en el Paquete Estadístico para Ciencias Sociales (IBM-SPSS-AMOS versión 25,0).

Se realizaron análisis de normalidad multivariable, así como consistencia interna y convergencia de indicadores para el contraste de la hipótesis nula relativa a las diferencias significativas entre las relaciones teóricas con respecto a las relaciones empíricas de la percepción de los servicios hídricos.

Resultados

La Tabla 3 muestra las propiedades estadísticas del instrumento, así como los valores de convergencia de los tres factores establecidos de acuerdo con el criterio de proximidad a la unidad, aún apenas y superaron los valores alfa de Crombach el mínimo indispensable de ,700 y los pesos factoriales requeridos de ,300

Tabla 3. Descriptivos del PSH-21

R

M

D

S

C

A

F1

F2

F3

R1

3,28

1,50

1,01

1,41

,741

,367

R2

3,40

1,48

1,02

1,42

,730

,315

R3

3,69

1,38

1,03

1,28

,725

,345

R4

3,18

1,35

1,01

1,45

,741

,396

R5

3,86

1,24

1,04

1,48

,730

,435

R6

3,31

1,31

1,08

1,39

,728

,495

R7

3,29

1,46

1,09

1,25

,741

,305

R8

3,56

1,49

1,04

1,40

,728

,406

R9

3,59

1,30

1,05

1,35

,730

,501

R10

3,18

1,42

1,02

1,21

,704

,495

R11

3,25

1,38

1,54

1,34

,713

,381

R12

3,92

1,52

1,38

1,56

,706

,495

R13

3,40

1,49

1,11

1.13

,726

,405

R14

3,26

1,31

1,54

1,56

,756

,403

R15

3,41

1,34

1,48

1,59

,714

.501

R16

3,86

1,32

1,39

1,30

,739

,496

R17

3,90

1,40

1,39

1,56

,750

,401

R18

3,68

1,38

1,10

1,38

,753

,493

R19

3,46

1,67

1,14

1,24

,756

,581

R20

3,57

1,05

1,11

1,13

,745

,504

R21

3,50

1,07

1,31

1.46

,751

,403

 R = Reactivo, M = Media, D = desviación Estándar, S = Sesgo, C = Curtosis, A = Alfa quitando el valor del ítem. Adecuación y esfericidad ⌠X2 = 453,23 (45gl) p = 0,000; KMO = 0,781⌡Extracción: Ejes principales, Rotación: Promax. F1 = Riesgo percibido (17% de la varianza total explicada), F2 = Utilidad Percibida (14% de la varianza total explicada), F3 = Calidad Percibida (11% de la varianza total explicada). Todos los ítems se responden con alguna de cinco opciones: 0 = “nada probable” hasta 5 = “bastante probable”.

Fuente: Elaborada con los datos del estudio

Es posible observar la configuración de tres factores que explicaron el 42% de la varianza total explicada, sugiriendo la inclusión de un cuarto y quinto factor que la literatura identifica como facilidad y compatibilidad percibidas de los servicios hídricos, pero que no han sido incluidos en el presente trabajo por considerarlos parte de un proceso racional, deliberado y planificado que limitaría las políticas públicas a un sector instruido de la sociedad civil, excluyendo al grueso de los sectores bajo una distribución intermitente del agua.

Los parámetros de ajuste y residual ⌠X2 = 132,45 (33gl) p = 0,007; GFI = 0,990; CFI = 0,995; RMSEA = 0,008⌡ sugieren el no rechazo de la hipótesis nula relativa a las diferencias significativas entre las relaciones teóricas con respecto a la estructura de lso factores e indicadores observada en el estudio.

Discusión

A partir de los EPS es posible delimitar un modelo de intervención en el que los servicios sociales incluyan las relaciones entre variables espaciales, temporales, cognitivas y comportamentales con respecto a la calidad de vida.

Los EPS advierten que la predicción de un comportamiento favorable al equilibrio ecológico y por consiguiente, al ahorro de agua está determinado por un sistema deliberado, planificado y sistemático de procesamiento de información en el que las creencias, percepciones, motivos y actitudes determinan las intenciones de llevar a cabo estilos de vida sustentables.

Es el caso del estudio llevado a cabo por Barranco, Delgado, Melin y Quintana (2010) en el que la equidad y la habitabilidad son indicadores de la percepción de bienestar subjetivo. En este modelo, las demandas ciudadanas de la vivienda son articuladas con las políticas públicas inmobiliarias a través del supuesto según el cual la protección y seguridad social es inherente a la construcción perceptual del habitad. De este modo, los estudios socie-conómicos o la mediación de conflictos por el abastecimiento de agua emplean las relaciones entre disponibilidad y consumo. Las creencias, actitudes y percepciones están vinculadas a la percepción de un servicio eficiente y la distribución equitativa entre vecinos y entre las especies son indicadores de una calidad de los servicios municipales que se reflejan en la evaluación de la acción gubernamental y el desempeño de sus ministerios ambientales.

En el caso de la formación de trabajadores sociales para el emprendimiento de servicios sociales orientados a la sustentabilidad hídrica, los EPS advierten que son las categorizaciones que los estudiantes realizan las que determinarán sus capacidades de autogestión. En este sentido, la investigación de Ferrer, Cabrera, Alegre, Montané, Sánchez y Alais (2014) muestra que la responsabilidad social es factor central en la formación de emprendedores sociales.

En este rubro, los EPS señalan que la responsabilidad social es producto de categorizaciones de información concerniente a la abundancia o escasez de agua. Es decir, la responsabilidad social emerge ante el abastecimiento intermitente como una respuesta del individuo para anticipar problemáticas sociales o conflictos entre autoridades y usuarios del servicio de agua potable. si el individuo considera que es injusto pagar una tarifa cada vez más alta por unidad hídrica, entonces estará más dispuesto a confrontar a las autoridades por un abastecimiento intermitente a un menor costo.

Por último, con respecto a la propuesta de Trabajo Social Ambiental de Liévano (2013) es posible advertir que la calidad de vida en sus dimensiones objetivas de recursos y servicios públicos puede ser complementada con una dimensión subjetiva y relativa al bienestar y responsabilidad social.

Empero, la responsabilidad social alude a virtudes cívicas que los Estudios Psicológicos de la Sustentabilidad han incorporado recientemente, pero no han demostrado empíricamente. Se requiere profundizar en estas dimensiones para establece un modelo de investigación e intervención más integral que vincule a las dimensiones ambientales, económicas, políticas, sociales y cognitivas no sólo para un mejor diagnóstico y evaluación de políticas públicas, sino para establecer una agenda pública orientada al Desarrollo Sustentable.

El presente trabajo ha expuesto los estudios correlacionales de la Psicología de la Sustentabilidad (PS). A partir de asociaciones significativas entre factores culturales, disposicionales, situacionales, cognitivos y conductuales, la PS ha establecido modelos causales para predecir el dispendio o el ahorro de agua. Principalmente, son los motivos extrínsecos e intrínsecos de ahorro de agua los que inciden en el cuidado, optimización y reutilización del recurso.

La diversificación de la austeridad obedece a un sistema de creencias o factores exógenos que asociados con actitudes determinan el ahorro de agua. En la medida en que las creencias de abundancia se intensifican, los usuarios del servicio de agua potable parecen confiar en que el servicio público les suministrará un volumen de agua superior al promedio esperado. Tal expectativa incide en el dispendio de agua al momento de usarla en sus residencias. En contraste, las creencias relativas a la escasez y la prolongación de sequías están vinculada con disposiciones favorables al cuidado del agua. Incluso, por motivos extrínsecos tales como los beneficios económicos, las personas están conformes con la situación de desabasto y se adaptan a las circunstancias reduciendo significativamente su consumo.

Sin embargo, la diversificación de la austeridad también conlleva conductas extremas de reutilización de agua que no resultan favorables a la salud de las comunidades y los barrios periféricos al desarrollo. Aunada a la escasez y el desabasto, la insalubridad complementa el ciclo de la catástrofe hídrica. En las zonas aledañas a las urbes, el servicio público de abasto y saneamiento de agua es inocuo. Ante tal situación, las comunidades afrontan la problemática mediante estrategias extremas de insalubridad que consisten en reutilizar el agua jabonosa o de lluvia para el excusado. A mediano y largo plazo los niños de las comunidades y los barrios periféricos desarrollan enfermedades hidrotransmitidas las cuales representan cinco millones de defunciones en los países emergentes económicamente.

Hasta el momento, la PS no ha explorado los efectos de la diversificación de la frugalidad y la austeridad, así como las consecuencias de las políticas públicas ambientales en los sistemas tarifarios, los conflictos, el clientelismo y la corrupción reportadas por los medios de comunicación. Los EPS en el rubro de las correlaciones sólo han reportado las relaciones entre factores cognitivos y conductuales. Ese ha sido su principal aporte a las problemáticas medioambientales.

Los EPS han contribuido a la demostración de relaciones hipotéticas y la construcción de modelos causales que permitan desarrollar teorías, métodos y técnicas interdisciplinares. La PS ha establecido relaciones significativas entre las variables culturales, disposicionales, espaciales y situacionales con los factores cognitivos y conductuales. Tales hallazgos han permitido delinear sistemas tarifarios de consumo como un instrumento de legitimidad del Estado y sus políticas públicas en torno a las problemáticas medioambientales.

Las Teorías actitudinales de Acción Razonada y Comportamiento Planificado, principales marcos de referencia para los EPS han sido desarrolladas a partir de los descubrimientos expuestos. Si las creencias son factores exógenos que explican la diversificación de la frugalidad hídrica, entonces estarían vinculadas con factores socioeconómicos y sociodemográficos a partir de los cuales sería posible inferir perfiles de usuarios del servicio público de agua potable y saneamiento. Tales inventarios servirían para actualizar los sistemas tarifarios, subvenciones y sanciones.

No obstante, los EPS parecen avanzar hacia modelos neurocognitivos que expliquen situaciones prospectivas de escasez de agua para predecir comportamientos futuros y en consecuencia, sistemas de abasto, consumo y cotización del agua.

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad que se realizan en el hemisferio norte han sido influidos por aproximaciones economicistas liberales en los que las tarifas de los recursos y servicios públicos están desreguladas del Estado, pero establecen su conservación a partir de su escasez. Esta perspectiva garantiza las capacidades de las futuras generaciones para su desarrollo ante el cambio climático inminente. En las economías desarrolladas y emergentes, o bien, la centralidad económica, la sustentabilidad es sinónimo de regulación del mercado energético e hídrico. De este modo, la psicología del norte ha podido anticipar el impacto de los escenarios fatalistas sobre el comportamiento humano.

En contraste, los estudios psicológicos de la sustentabilidad que se gestan en el hemisferio sur han establecido los efectos de la desregulación del Estado sobre las comunidades. A medida que los recursos y servicios públicos se intensifican, los sistemas de subsidios aumentan no en función de la escasez de los recursos, sino en función de la relación entre gobernantes y gobernados. En este sentido, los estudios psicológicos de la sustentabilidad del sur han tratado de comprender los símbolos, significados y sentidos del desarrollo local con la finalidad de enlazar los saberes comunitarios con las racionalidades citadinas, el respeto de la naturaleza y sus especies con el consumismo de los servicios urbanos.

Los estudios psicológicos de la sustentabilidad en el hemisferio norte han establecido los temas de debate en la agenda de quienes gobiernan en las economías desarrolladas y emergentes para advertir sobre la crisis energética que se avecina. En contraste, los estudios psicológicos de la sustentabilidad en el hemisferio sur han establecido los ejes de discusión para la comprensión de comunidades y la exploración de barrios en cuanto a los recursos y servicios públicos en una situación de escasez, vulnerabilidad, marginalidad y exclusión.

Sin embargo, los estudios psicológicos del sur parecen aproximarse cada vez más hacia la descripción y explicación del cambio climático a medida que sus efectos se intensifican en las comunidades y barrios periféricos a las urbes y capitales económicas como financieras. Esto es así porque quienes sufren cada vez más los desastres naturales, catástrofes ambientales, sequías, huracanes, inundaciones o aglomeraciones tendrán que desarrollar estilos de vida acordes a la escasez de agua y alimentos, la proliferación de enfermedades hidro-transmitidas y los conflictos por el abastecimiento de los servicios públicos.

Por consiguiente, el Trabajo Social Ambiental tiene ante si la oportunidad de integrar los hallazgos reportados en el estado del conocimiento en un modelo integral que permita una evaluación eficiente de las políticas públicas a partir de la subjetividad de los usuarios del servicio de agua potable.

Conclusión

El objetivo del presente trabajo ha sido el establecimiento de la confiabilidad y la validez de un instrumento que midió tres factores relativos a las percepciones que se generan en una situación de escasez, desabastecimiento, insalubridad y carestía del servicio público, aunque el tipo de estudio no experimental, el tipo de muestreo no probabilístico y el tipo de análisis exploratorio limita los resultados al escenario de la investigación, sugiriendo la inclusión de otros factores que la literatura identifica como esenciales en la explicación de la restricción y el encarecimiento del servicio de abastecimiento y cobro municipal.

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[*] Contacto

Margarita Juárez Nájera mjn@correo.azc.uam.mx
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Francisco Rubén Sandoval Vázquez fsandoval@uaem.mx
Héctor Daniel Molina Ruíz hmolina@uaeh.edu.mx

Carlos Marx y Federico Nietzsche, personajes diametralmente opuestos

Presentación

Al emprender la lectura de una obra, lo primero que procede es identificar los intereses que mueven a su autor, sus motivaciones reales; particularmente sus intereses de clase. Verlo de otra forma, es perderse en laberintos y autoengaños; creer que se puede escribir o hablar sin definiciones político-ideológicas, como si fuera posible situarse en un plano neutral, el más cómodo y engañoso de cuantos esgrime la cultura burguesa. Mas hasta los que quieren presentarse por encima del bien y el mal terminan mostrando que el positivismo que blanden es sólo careta. Leopold Ranke (1795-1886), historiador alemán es, quizá, el más emblemático exponente de ese doble rasero [1].

No obstante, existen autores que, de manera cínica, lanzan al rostro del lector su mezquindad clasista. Tal es el caso de Federico Nietzsche (1844-1900), filósofo y filólogo alemán. Ello pese a que muchos de sus intérpretes pretenden conducir a quienes lo leen a la falsa idea de que el pensamiento de este filósofo no es descifrable ni encasillable, toda vez que sus escritos, según ellos, no responden a una sola óptica, sino a múltiples, en dependencia de lo que trate y cómo lo haga.

Se aduce que su “categoría de «interpretación» [que] se eleva a único principio definitorio posible para un mundo cuya esencia última se ha vuelto indescifrable […] tenía por fuerza que acabar […] proclive a las simplificaciones e incomprensiones…” [2].

Incluso abiertos defensores de su filosofía admiten que “su radical individualismo y el desprecio de “una conciencia social” o de la noción de “justicia social”, junto con la falta de reconocimiento de los efectos que los sistemas sociales ejercen sobre los individuos, son aspectos que a menudo nos llevan a discrepar de él” [3].

Sin agotar para nada las referencias a Nietzsche, compartimos esta valoración de su pensamiento: “El muro Nietzsche aún no ha sido derribado y sirve de parapeto a propuestas devastadoras de la persona y de la sociedad…” [4].

Nuestra óptica en torno al asunto tratado

Expondremos un poco nuestra óptica sobre el pensamiento sobradamente clasista de Nietzsche, a quien le oponemos a Marx. El primero es, en el mejor de los casos, un genio ególatra que cree en la superioridad de los de arriba y en la inferioridad de la Humanidad; el segundo es un genio revolucionario que descubre y explica de modo pormenorizado el funcionamiento del Capital, de forma hasta ahora insuperable. Inspirados en Marx podemos construir un mundo esencialmente justo, siguiendo a Nietzsche sólo podemos rendir culto a toda suerte de instintos y odiar de modo cerval, como lo hizo él, a la Humanidad

¿Cómo es posible que personas progresistas, ya no se diga revolucionarias, vean en Nietzsche un paradigma de pensamiento y comportamiento libre?

Se puede acaso, estimar tal al que, sin tapujos de ningún tipo, proclamó: “Los débiles y los fracasados han de perecer. Esta es la primera proposición de nuestra filantropía. Y hay que ayudarlos a perecer” [5]. Al que llamó a “ser superior a la humanidad mediante la fuerza, el temple y el desprecio…” [6]. Al que con cinismo acotó: “La misma vida me parece instinto de crecimiento, supervivencia acumulación de fuerzas, poder. Donde no hay voluntad de poder sobreviene el desastre ”[7].

Al que confesó el origen de su odio en estos términos: “¿A quién odio más entre la canalla actual? A la canalla socialista, a los apóstoles de la chandala [8], que socavan los instintos, el placer, el sentimiento de hartura del obrero, que lo hacen envidioso y le enseñan la venganza…” [9].

¿Puede acaso asombrar que viera en el Imperio Romano la obra más admirable de todos los tiempos? [10].

Y no deja de confesarse: “Soy belicoso por naturaleza. Atacar es parte de mis instintos” [11]. Respondiéndose a sí mismo la pregunta “de cómo uno llega a ser lo que es”, dice: “Y con ello toco la obra maestra en el arte de la propia conservación, del egoísmo” [12].

Unas cuantas líneas más abajo refrenda: “…estas cosas pequeñas —nutrición, lugar, clima, esparcimiento- toda la casuística del egoísmo— son extraordinariamente más importantes que cuanto hasta ahora se ha tenido por importante” [13]. Y pese a que no pocas mujeres lo citan convencidas de sus aportes, Nietzsche expresa que “La emancipación de la mujer” es el odio instintivo de la mujer mal constituida, esto es, incapaz de engendrar, contra la mujer bien constituida…” [14].

De modo reiterativo habla de “El odio a la humanidad, a la “gentuza” [que] siempre ha sido mi máximo peligro” [15]. Restriega nuevamente con estas palabras: “La compasión enseguida hiede a plebe…” [16].

Muy a pesar de Nietzsche y su visión retrógrada de los pueblos, Cuba da muestras de lo que significa ser, en verdad Humanidad. Libra, con mucha fuerza argumentativa, la Batalla de las Ideas; muestra con orgullo sano sus grandes alcances en distintos campos del quehacer social: salud, educación, ciencia y tecnología, arte, música, esparcimiento, amplia participación de hombres y mujeres en la discusión de los problemas que la afectan y en la adopción colectiva de medidas para su superación.

Combate los prejuicios raciales que se siembran contra los pueblos del mundo; contra su riquísima cultura; valora los grandes aportes de Fidel a su forja revolucionaria como nación; expone los grandes hitos de su propia historia y la de los pueblos en general; ofrece su solidaridad excepcional con éstos y, particularmente, los servicios abnegados de sus excelentes médicos, dentro y fuera de su territorio; descobija nítidamente el sentido de conceptos como cultura en sentido exclusivista y elitista y en su sentido más amplio, que cubre las más variadas expresiones del quehacer humano, rechazando que se le reduzca a refinamiento.

Sus ciudadanos han interiorizado mejor que nadie el sentido atribuido a los conceptos según quien los esgrima.

La superioridad moral, intelectual y práctica de Carlos Marx 

Marx es sobre todo un ser humano de extraordinaria sensibilidad social y de magna fuerza intelectual. Muestra al mundo los secretos del Capital, desentraña la mercancía en todos sus pormenores, descubriendo que la fuerza de trabajo, aunque es parte de ella, tiene la cualidad de generar un valor que, siendo superior al propio y no siendo remunerado, es la base de la acumulación y del enriquecimiento empresarial; desenvuelve la idea de la lucha de clases como motor de la historia y no la violencia como fin en sí mismo como la contempla Nietzsche; desarrolló la dialéctica hegeliana colocándola con los pies sobre la tierra y planteó con claridad meridiana que el proletariado no puede simplemente tomar el poder del Estado, sino destruirlo y convertirlo en instrumento de su propio poder [17].

Sus postulados acusan que “al capital no le inquieta la salud y la duración de la vida del trabajador, como no sea por imposición en la sociedad.” Y señala cómo se arrancan las reivindicaciones populares: “El establecimiento de una jornada de trabajo normal es el resultado de una lucha de varios siglos entre el capitalista y el trabajador” [18].

Mostrando su sencillez como persona, nada que ver con la visibilízima pedantería de Nietzsche, Marx expone: “No soy una persona amargada […] y Engels es como yo. No nos gusta nada la popularidad. Una prueba de ello […] es que durante la época de la Internacional, a causa de mi aversión por todo lo que significaba culto al individuo, nunca admití las numerosas muestras de gratitud procedentes de mi viejo país, a pesar de que se me instó para que las recibiera públicamente. Siempre contesté […] con una negativa categórica. Cuando nos incorporamos a la Liga de los Comunistas […] lo hicimos con la condición de que todo lo que significara sustentar sentimientos irracionales respecto a la autoridad sería eliminado de los estatutos” [19].

Dos puntualizaciones de Marx:

Para que el poder del capitalismo se vuelva insoportable al grado que contra el mismo haya que rebelarse, plantea, debe engendrar a una masa por entero desposeída, en contradicción con todo el mundo de riquezas y cultura, lo que supone un gran incremento del desarrollo de las fuerzas productivas, “en un plano histórico universal”, y no solo local, porque sin esta premisa práctica, “sólo se generalizaría la escasez y […] con la pobreza, comenzaría de nuevo […] la lucha por lo indispensable y se recaería nuevamente en toda la miseria anterior…” [20].

No hay así espacio que dé garantía de triunfo forzoso a la revolución. Y Marx no vaticina nada sobre el número de veces que pueda producirse esa recaída que acusa. Porque no es mago ni recurre, jamás, a oráculos.

Segunda precisión: “Todas las colisiones de la historia nacen […] de la contradicción entre fuerzas productivas y la forma de intercambio. Por lo demás, no es necesario que esta contradicción, para provocar colisiones en un país, se agudice precisamente en ese mismo país. La competencia con países industrialmente más desarrollados, provocada por un mayor intercambio internacional, basta para engendrar también una contradicción semejante en países de industria menos desarrollada ”[21].

De esta suerte, en Marx no hay ni economicismo, ni mecanicismo. Rompe de un tajo con la falsa idea centrada en la ficción de la revolución estallando sólo en países con altísimo grado de desarrollo industrial. Expresiones reales del asunto son la revolución cubana, nicaragüense, coreana, vietnamita, entre otras.

Marx es no sólo contrario al economicismo sino también a la teleología. En una carta a Kugelmann del 17 de abril de 1871, el autor de El Capital aporta: “Sería por cierto muy fácil hacer la historia universal si para iniciar la lucha se esperase que las perspectivas fueran excepcionalmente favorables. Por otra parte, la historia tendría una naturaleza muy mística si el “azar” no desempeñase ningún papel. Estos mismos accidentes intervienen, como es natural, en el curso general del desarrollo y son compensados a su vez por otros accidentes. Pero la aceleración y el retardo dependen en gran medida de todos los “accidentes”, como el carácter de las personas que al principio están a la cabeza del movimiento” [22].

Referencias bibliográficas

[1] Ranke no fue ni absolutamente objetivo, ni neutral ni imparcial, no sólo porque seleccionara “los hechos más relevantes” o porque hiciera juicios de valor, sino también porque consciente y deliberadamente, como acusa Josep Fontana, identificaba los conceptos “estado” y “nación”, con lo que hacía reverencia al poder reaccionario y porque toda su obra la destinó a atacar a la revolución y las ideas progresistas. Fontana, Josep. Historia. Análisis del pasado y proyección social. Crítica. Grupo editorial Grijalbo. Barcelona, 1982. pp. 127-134.
[2] Manuel Barrios Casares. “Un siglo tras Nietzsche”. https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=3876&t=articulos
[3] Mi Nietzsche. La Filosofía del devenir y el emprendimiento. https://books.google.com.ni/books?isbn=9506415811
[4] Alonsofia.com. EL LOCO DE NIETZSCHE. http://www.alonsofia.com/fn/nietzsche-racista.html
[5] Friedrich Nietzsche. EL ANTICRISTO. Mestas ediciones. Segunda edición: diciembre, 2016. p. 14
[6] Ibíd. Prefacio. p. 12.
[7] Ibíd. p. 18.
[8] Término con el que se designa en la India a los parias situados por debajo incluso del nivel de los esclavos.
[9] Ibíd. 111
[10] Ibíd. p. 112.
[11] Friedrich Nietzsche. ECCE HOMO. Mestas ediciones. Primera edición: Septiembre, 2016. p. 27.
[12] Ibíd. p. 49.
[13] Ibíd.
[14] Ibíd. p 59.
[15] Ibíd. p. 29.
[16] Ibíd. pp. 23-24.
[17] C. Marx; F. Engels. OBRAS ESCOGIDAS en tres tomos. Tomo I. El Manifiesto Comunista. Editorial Progreso, Moscú, 1974. Prefacio a la edición alemana de 1872. p. 100.
[18] Carlos Marx. El Capital. Tomo I. Librerías Allende. Julio de 1980. pp. 270-271.
[19] Carlos Marx, citado por Iñaki Gil de San Vicente. La ética marxista como crítica radical de la ética burguesa. http://www.lahaine.org/b2-img10/gil_etica.pdf
[20] Carlos Marx, Federico Engels. La Ideología Alemana. La Ideología Alemana. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1982. p. 35.
[21] Ibíd. p. 82.
[22] Iñaki Gil de San Vicente. Ob. cit.[

Por gentileza de Revista Libre Pensamiento

Lacan y Levi-Strauss|La causalidad estructural: senderos que se bifurcan

Fernando Ramírez
Psicoanalista | Ampliar datos del autor
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Un referencia histórica

El concepto de causalidad estructural no es un concepto que se encuentre precisado justamente en esos términos en Lacan y Lévi-Strauss. Se trata de un concepto que formó parte del corpus del althusserianismo marxista en los años sesenta y que llevaran adelante por un tiempo tanto quién fuera uno los discípulos predilectos, Alan Badiou, como otro que también se apartaría de su maestro, Jacques-Alain Miller. Este último sostuvo por más tiempo que Badiou dicho concepto y lo ha desarrollado, fundamentalmente, en dos textos llamados “Acción de la estructura” y “La Sutura” (1). El concepto fue originado en el contexto más fructífero de expansión del estructuralismo en Francia a mitad de los años sesenta donde la atmósfera que impregnaba las enseñanzas de Jacques Lacan, Louis Althusser y Claude Lévi-Strauss, junto a otros destacados autores que abrazaron la enseñanza de este horizonte epistemológico, hacía difícil distinguir con nitidez la pertenencia exclusiva de dicha noción. Althusser fue quién expresó el problema de la causa y la estructura en su perspectiva teórica respecto a su re lectura de Marx y la dialéctica materialista en contraposición a la dialéctica hegeliana.  Las diferencias teóricas, los alejamientos de sus campos de incumbencias y las trayectorias personales de estos autores, en algunos casos marcadas a fuego políticamente, como así también los acontecimientos posteriores al mayo del 68 que precipitaron una fuerte revisión y crítica del estructuralismo, han hecho muy difícil la posibilidad de encontrar un enclave teórico que permita articular  como una suerte de “episteme” en común los desarrollos que ellos han planteado respecto al problema de la estructura en su organización conceptual. No examinaremos aquí los trabajos de Althusser, Badiou y Miller por no ser ellos funcionales directamente al objetivo de este escrito, pero no podemos dejar de hacer mención a los antecedentes fundamentales que representan en la genealogía de este concepto

El acontecimiento de la estructura en el legado de Freud

Jacques Derrida afirmó que “Quizás se ha producido en la historia del concepto de estructura algo que se podría llamar un “acontecimiento” si esta palabra no llevase consigo una carga de sentido que la exigencia estructural —o estructuralista— tiene precisamente como función reducir o someter a sospecha. Digamos no obstante un “acontecimiento” y tomemos esa palabra con precauciones entre comillas” (2). Si nos hacemos eco de este planteo, podríamos afirmar que el psicoanálisis, en especial, también sufrió su “acontecimiento” con la importación que Jacques Lacan hiciera del concepto de “estructura”, en el sentido que ello abrió otra “historia” para el problema de la estructura en el legado freudiano. Pretender abarcar la utilidad del concepto de estructura, a la actualidad, en el psicoanálisis que Lacan leyera de Freud, excede los marcos de este trabajo y obliga a un recorrido exhaustivo en una obra que ha tenido un conjunto extremadamente amplio de reformulaciones y reajustes conceptuales donde la misma noción de estructura ha funcionado como caja de resonancia de los mismos.

La crítica al sustancialismo filosófico que ubica  un sujeto “constituyente” de la historia, poseedor de una razón que le posibilite una “conciencia de sí”, es lo que guía la obra levistraussiana para la base de su Antropología Estructural. Afirmaciones tan provocadoras como “el fin último de las ciencias humanas no es constituir al hombre sino disolverlo” (3) o “no pretendemos mostrar cómo piensan los hombres en los mitos, sino cómo los mitos se piensan en los hombres, sin que ellos lo noten. Y, acaso como lo hemos sugerido, convenga llegar aun más lejos, prescindiendo de todo sujeto para considerar que, de cierta manera, los mitos se piensan entre ellos” (4), representan el optimismo en un afán científico para descubrir cuáles son los mecanismos inconscientes que determinan la organización social de prácticas vitales para la existencia del hombre. Las alianzas matrimoniales, el parentesco, los mitos, los ritos y otras tantas expresiones de la vida social constituyen la materia que la etnología tenía que poner de relieve para conquistar un conocimiento profundo de la diversidad cultural sometiéndola a una epistemología en común que debía al estructuralismo lingüístico, inspirado en Saussure y en Jakobson, junto a los mentores de la fonología moderna, la naturaleza metodológica para un análisis que descubría en dichas prácticas las reglas esenciales de su formación, su orden interno, su coherencia y su autonomía de las ideologías que los mismos hombres elucubraban sobre ellas.

El átomo elemental del parentesco, bajo la combinatoria de las formas vacías, permite leer cómo se encarnan distintas figuras que cumplen una función en la prohibición del incesto, el intercambio, la alianza y la donación que hacen posible el parentesco, sus leyes y sus normas. No es la familia biológica-tipo de Occidente la que se ubica como “primaria y modelo” para definir la organización familiar, sino que dichas “formas vacías” son aquellas de las que disponen el conjunto de las culturas para lograr  una determinada constitución del parentesco sobre la base de la cual se permita el pasaje de la naturaleza a la cultura, de la consanguinidad a la alianza. No hay privilegios de “contenidos” sino combinatoria de “formas” donde en algunas culturas se prohíbe una figura para permitir otras; aunque no exista coincidencia, entre una cultura y otra, de la figura prohibida, ambas habrán logrado instaurar la ley de la prohibición y la habilitación del intercambio, de esa misma figura por otra, para que, en alianza con otros miembros, una cultura pueda subsistir como tal. Sistema de nominaciones y sistema de actitudes constituyen el suelo sobre el que se despliega el lazo del parentesco. El “Padre” no es el fonema, no es el elemento último a descomponer sobre el cual después habría que reconstruir todo los lazos, sino que “Padre” es ya un elemento tomado por esta mínima estructura, donde participan, a modo de las formas vacías, alguien que dona una mujer a otro, el donador no es otro que el avunculado, esta mujer misma, aquel con quien ella se casa y el o los hijos que de ellos resulten. Las nominaciones tales como “Padre, madre, tío materno, hijo, hija” son complementos con los que se designan también un sistema de actitudes: con el padre habrá respeto y tabú, con el tío materno habrá complicidad y habilitaciones, etc. Ningún nombre tiene “valor” en sí mismo, sólo lo adquiere por las relaciones en las que se encuentra tomado a partir de esta verdadera célula elemental. Por eso, el parentesco está ubicado en el lenguaje pero logra despegarse de él.

El mitema, en el relato de un mito, nos enseña que la combinatoria que se produce en la estructura inconsciente al discurso de los hombres, no es otra cosa más que la oposición entre distintas temáticas que los mitos tratan de resolver, sin agotar jamás las contradicciones que encuentran, sin que a un sujeto le corresponda necesariamente un predicado como si ello fuera una versión original de la cual sólo pueden dispararse versiones “derivadas”. En realidad, el mito no es más que el conjunto de sus versiones, no hay, no puede haberla, por la propia naturaleza del mito, una versión de “origen y verdadera” frente a la cual, el resto sólo fueran copias degradadas. A cualquier sujeto le puede corresponder cualquier predicado, no hay sujeto constituyente en sí. En mitos de culturas muy alejadas entre sí, pueden encontrarse varias proximidades temáticas que mediante la dilucidación de un juego de transformaciones y equivalencias, entre estos “mitemas”, hallan correspondencia en el mismo mecanismo que las trata para las diferentes culturas. Un mismo tema, referido al origen, al incesto, a la creación del universo, etc. puede desembocar en múltiples contenidos que no serán más que transformaciones de versiones, las cuales a su vez proceden de otras versiones y así indefinidamente. Es el carácter de bricolaje que le da al mito su naturaleza de ser construido con retazos, pedazos, trozos de otras versiones. La combinatoria de las mismas obedece entonces al “juego de la estructura” que en forma inconsciente y oculta a los ojos de los hombres posibilitan el relato diacrónico agrupando en cierto modo los elementos que están disponibles sincrónicamente. No son sólo diacronía y sincronía las dimensiones temporales donde el mito encuentra su despliegue, en él se ubica la significación de un pasado, la vivencia de un presente y la proyección de un futuro. El mitema permite las combinatorias mencionadas para hacer del tiempo esa triple dimensión, pero el mitema como tal son sólo sujetos con predicados que representan la posibilidad de combinar-se con otros mitemas y dar una configuración global de sentido. No es fonema, morfema ni semantema, sino asignación cualquiera de un sujeto a un predicado que constituye entonces eso: un mitema. Ello hace que el mito forme parte del lenguaje y a la vez logre despegarse de él.

La estructura sin sujeto y el sujeto lacaniano

La conceptualización de la estructura, por parte de Lacan, no puede mantenerse en forma unívoca a lo largo de su obra. Asegurar que Lacan permanece adherido al estructuralismo sin más, tal como este encontró su expresión en la letra levi-straussiana, tributando fidelidad epistémica hacia la lingüística, resulta un error grosero por múltiples motivos. La importación de la estructura al campo lacaniano conlleva, en primer lugar, un punto fundamental: la inclusión del sujeto y no la prescindencia del mismo, como lo suponía Lévi-Strauss, quien aceptaba gustosamente la calificación que le hiciera Paul Ricoeur de “kantiano sin sujeto trascendental”. Agregamos: sin sujeto, a secas.

La articulación posible entre la estructura y el sujeto, tenía que llevar obligatoriamente una serie de transformaciones conceptuales que explican el alejamiento de Lacan respecto a la obra levi-straussiana, aún cuando en sus primeros cinco seminarios se pueda leer un inconsciente ciertamente de significativas resonancias con el “descentramiento levi-straussiano de todo ego”, así como también el recurso al mito para comprender la fobia del pequeño Hans y el mito individual del neurótico. En su texto “La eficacia simbólica”, Lévi-Strauss afirma que “El inconsciente deja de ser el refugio inefable de particularidades individuales, el depositario de una historia singular que hace de cada uno de nosotros un ser irreemplazable. El inconsciente se reduce a un término por el cual designamos una función: la función simbólica, específicamente humana, sin duda, pero que en todos los hombres se ejercen según las mismas leyes; que se reduce, de hecho, al conjunto de estas leyes” (5).  El inconsciente, entonces, no es un inconsciente de “contenidos” que esperan por ser “interpretados” según un significado que apunte a restituir un yo, una conciencia o una identidad acabada. Lacan hace del registro simbólico la clave para la re-lectura del inconsciente freudiano y el asiento de las leyes que el padre del psicoanálisis nombraba como “desplazamiento y condensación”, rebautizadas como “metáfora y metonimia”, tomadas de la lingüística. Así encontramos en la primera a la producción del síntoma y en la segunda a la circulación del deseo. El inconsciente está compuesto por una cadena significante, cadena que habla al sujeto y no es este el amo de su decir, salvo para las ilusiones del Yo preñado por el registro imaginario. La falta en ser caracteriza a este sujeto evanescente que se revela en las formaciones del inconsciente: lapsus, síntomas, sueños, tropiezos del discurso, etc. No existe un significante que lo designe con una identidad tal como la que la filosofía y la psicología pensaron al yo. El sujeto se localiza entre los significantes y está inexorablemente dividido. Un significante sólo puede entenderse en forma diferencial y negativa, es lo que todos los otros no son, como tal está vaciado de significación. No se trata ya del signo lingüístico. Se trata del radical desprendimiento que, como condición del inconsciente, el significante logra del significado. El significante no es más que la fuente de producción de toda significación posible sin poder jamás agotarla en forma unívoca. Es entre ellos, a través de ellos y por ellos que un sujeto se constituye como tal y cuya carencia en ser le permite el motor de su deseo. Deseo que, como bien señala Lacan, está articulado pero no es articulable, sólo le cabe ejercer la metonimia que le permite vivir. Pero la estructura no es otra que la estructura significante, donde la relación entre los significantes que provienen del Otro (lugar del código donde se halla la batería significante y a su vez encarnación de un alguien para un sujeto) ha de determinar la historia de este sujeto y de la circulación de su deseo. Hasta aquí podemos sintetizar los alcances de la estructura en la década del cincuenta para estos autores. El sujeto, entonces, separa el inconsciente levistraussiano como “la actividad del espíritu” y el inconsciente lacaniano “estructurado como un lenguaje” bajo las leyes de la metáfora y la metonimia y la problemática del deseo.

¿De qué falta se trata en la estructura?

Afirmar que la estructura se importa del campo del estructuralismo con una “falta” para salvaguardar el deseo en el sujeto que ya Freud localizó es, en rigor de verdad, una designación insuficiente y trae más problemas de los que resuelve. Una conceptualización semejante debe traer necesariamente toda una transformación que le resulte correlativa al problema que se quiere tratar. Es en el concepto de “causalidad estructural” que nos apoyaremos para intentar un recorrido de lectura sobre la especificidad aprehensible de la estructura en Lacan.

Pero antes de ello, intentemos localizar la pertinencia de este criterio en la propia obra de Levi-Strauss.

La tradición del estructuralismo se muestra partidaria de una crítica radical a la idea clásica de la “causa” que la filosofía sostuvo a lo largo de su historia en los marcos de la metafísica. El origen anticipa el fin, donde se ubica la “Idea” o “La Razón” como marca del sentido que orienta toda la historia, ellas deben ser responsables también de anticipar el curso de todo el desarrollo histórico, de anticipar dónde, cómo, por qué y de qué manera la historia debe guiarse dejando de lado las enajenaciones, las apariencias erróneas, las desviaciones o los “accidentes” que sufre la esencia en su relaciones con la realidad. La causa absorbe la historia de antemano. Y, también sus sentidos.

En la estructura, el origen no es más que un “grado cero” pero que posibilita la multiplicidad de sentidos obedeciendo al “juego de la estructura”, a la combinatoria cuyas producciones de sentido encuentran una serialidad, un ordenamiento y un conjunto de desplazamientos por los cuales se permite “des-sustancializar” la causa, a la vez que una apertura para evitar hacer de la realidad en cuestión una realidad condenada a la teleología de un logos, de un sujeto constituyente adaptado a los imperativos de una razón colonizadora o a lo que el mismo Derrida llamó “la metafísica de la presencia”. Gilles Deleuze, en su texto “En qué se reconoce el estructuralismo” nos dice al respecto:

“Los juegos tienen necesidad de la casilla vacía, sin la cual nada avanzaría ni funcionaría. El objeto = x no se distingue de su lugar, pero pertenece a este lugar por desplazarse todo el tiempo, como a la casilla vacía saltar sin cesar. LACAN invoca el lugar del muerto en el bridge. En las páginas admirables que abren Las palabras y las cosas, donde describe un cuadro de Velázquez, FOUCAULT, invoca el lugar del rey, en relación con el cual todo se desplaza y se desliza, Dios, después el hombre, sin jamás llenarla (6).

Ningún estructuralismo sin este grado cero. A Philippe Sollers y a Jean-Pierre Faye les gusta invocar el punto ciego, como designando ese punto siempre móvil que comporta la ceguera, pero a partir del cual la escritura se hace posible, porque se organizan en él las series como verdaderos literemas. J.-A. Miller, en su esfuerzo por elaborar un concepto de causalidad estructural o metonímica toma de Frege la posición de un cero, definido como faltante en su propia identidad, y que condiciona la constitución serial de los números (7). E incluso LÉVI-STRAUSS, que en algunos aspectos es el más positivista de los estructuralistas, el menos romántico, el menos inclinado a admitir un elemento fugitivo, reconocía en el “mana” o sus equivalentes, la existencia de un “significante flotante”, de un valor simbólico cero circulando en la estructura (8). El alcanzaba así el fonema cero de Jakobson, que no comporta por sí mismo ningún carácter diferencial ni valor fonético, pero en relación con el cual todos los fonemas se sitúan en sus propias relaciones diferenciales” (9).

El valor simbólico cero: sin sentido

A partir de esta cita de Deleuze, nos importa detenernos en el concepto de “significado valor cero” que Lévi-Strauss encontró en la obra de Marcel Mauss bajo nociones tales como el maná mencionado. En su “Introducción a la obra de Marcel Mauss”, nos refiere que si hay algo que permite pensar con una misma lógica las prácticas de las sociedades no occidentales y la nuestra es en una razón inconsciente donde hay que buscarla, en sintonía con los desarrollos de la lingüística estructural. Es en los estudios sobre la magia y el intercambio en las culturas basadas en el potlatch que Mauss entiende una organización coherente del sentido para que dichas prácticas sean posibles. La función simbólica es la función que subyace a todo ello de una manera que logra posicionar al observador en forma tal que él pueda captar la lógica en común que se establece con dicha función para su sociedad y la de los nativos observados. En las sociedades estudiadas nociones como el “mana” para la magia o el “hau” para el intercambio designan el “espíritu que anima las cosas”. Cualquiera de estas entidades carece de sentido per se, pero es posibilitador del mismo para ordenar prácticas vitales en las sociedades que las emprenden. Leamos a Lévi-Strauss:

“Nuestra opinión es que precisamente las nociones de tipo mana representan, por muy diversas que parezcan, considerándolas en su función más general (que como hemos visto no han desaparecido en nuestra mentalidad y forma de sociedad), ese significado flotante que es la servidumbre de todo pensamiento completo y acabado (pero también el gaje de cualquier arte, poesía o invención mítica o estética), aunque el conocimiento científico sea capaz, si no de estancarlo, sí al menos de disciplinarlo en parte. Por otra parte, el pensamiento mágico ofrece métodos de canalización y otros resultados, métodos que pueden muy bien coexistir. En otras palabras: al inspirarnos en la norma establecida por Mauss de que todos los fenómenos sociales pueden quedar asimilados por el lenguaje, nosotros vemos en el mana, wakan, orenda, así como en las demás nociones del mismo tipo, la expresión consciente de una función semántica, cuyo papel consiste en permitir que se ejerza el pensamiento simbólico,a pesar de las contradicciones que le son características. De este modo quedan explicadas las antinomias propias de esta noción, aparentemente insolubles, que han llamado tanto la atención de los etnógrafos y que Mauss ha dejado bien en claras: fuerza y acción; cualidad y esencia; sustantivo, adjetivo. En efecto, el mana es todo esto a la vez. ¿Y no lo es acaso porque no es nada de ello, al ser una simple forma o un puro símbolo, susceptible, por tanto, de adquirir cualquier contenido simbólico? Dentro del sistema de símbolos que constituye la cosmología sería simplemente valor simbólico cero, es decir, un signo que señala la necesidad de un contenido simbólico suplementario al que ya tiene la cosa significada, pero que puede ser un valor cualquiera siempre que forme parte de la reserva disponible y no sea ya, como dicen los fonólogos, un término de grupo” (10)

Si la presunta “causa” del origen no es más que cualquier término de la reserva disponible cuyo valor es “cero”, no podemos hablar ahí de una causa trascendente, de un fundamento “a priori” para determinar la causa del sentido, la causa de las prácticas y, en suma, de las relaciones que hacen posible dicha sociedad, esto es de su estructuración. Por motivos históricos y que hacen a la peculiaridad de tal o cual cultura, algún tipo de signo será elevado a cumplir la función que encarna ese sentido “excedente” para todo aquello que organiza y dirige, a modo del mana, pero ello no lo hace más originario, no lo hace más “trascendental”, más determinado por algún tipo de esencia que escape a lo que Derrida denomina “la estructuralidad de la estructura”. Es a partir de un sin sentido que todo puede pasar a adquirirlo, a condición que ese “sin sentido” resulte velado en el momento de evocar esa “fuerza que anima las cosas” o lo que haga las veces de ello. En la medida que el lenguaje apareció en la cultura, nos explica Lévi-Strauss, existió una transformación por la cual todo, carente de sentido, pasó a un estado donde todo podía tenerlo. La humanidad se ha encontrado bajo un desequilibrio “estructural”, por decirlo así, que no es otro más que una sobreabundancia de significados en relación con las cosas significadas. Esta inadecuación no supone, en las sociedades que no son las nuestras, el dominio que exige el pensamiento científico que se elabora lenta y progresivamente: “lo que llamamos el progreso del espíritu humano o, en todo caso, el progreso del saber científico, no ha podido ni podrá jamás consistir en otra cosa que en rectificar las divisiones, proceder a agrupamientos, definir la pertenencia a uno u otro grupo, así como descubrir fuentes nuevas en el seno de una totalidad cerrada que se complementa consigo misma” (11). En base a esto es que Lévi-Strauss concluye que la diferencia entre sociedades no industrializadas y la nuestra es de grado, no de naturaleza, teoría que llevará a su expresión elocuente en su obra El Pensamiento Salvaje (12). El papel rector que adquirió el conocimiento científico en nuestra sociedad, su desenvolvimiento metodológico y al detalle en el análisis de la realidad, tal como conocemos en el legado del pensamiento formal para ello, no proviene de una matriz diferente que aquella que reconocemos en sociedades donde la inadecuación que obliga a equilibrar lo significado con significado las condujo a promover sus propios modos de clasificación para “agrupar, oponer, seleccionar, combinar” y, fundamentalmente, encontrar ese “grado cero” donde “abrochar” una cadena entre las cosas y los significados asignados a las cosas.  En él hallamos que el conjunto de las instancias en la estructura no puede encontrarse en circulación más que si ese vacío de sentido o esa “casillero vacío”, para decirlo con Deleuze, permite el juego de “su estructuralidad”. Es a partir de esa falta de sentido que se puede penetrar sobre ese exceso de sentido que invadió a los hombres desde tiempos inmemoriales para la organización de la cultura.

Un valor simbólico cero debe poder permitir que un conjunto de prácticas estructuradas se desenvuelvan bajo dichas modalidades de oposiciones, combinatorias, selecciones, correlaciones y transformaciones que nada tienen que envidiarle a cualquier prescripción de un pensamiento lógico que se presuponga por encima de ellas en nombre de una razón colonizadora como Occidente lo buscó respecto a las otras culturas frente a las cuales proclamó su etnocentrismo como el juicio vivaz para justificar su conquista material y política. ¿Qué son las sociedades dualistas sino una muestra más de aquellas culturas que, tras una marca cualquiera de origen como la división que ordena los intercambios matrimoniales, las obligaciones económicas y las jerarquías políticas, permiten evidenciar una vez más que todo orden es superior al caos? ¿Tiene acaso esa “marca divisoria” en “mitades” algún valor pre-destinado como no sea el que los mismos habitantes le den en términos ideológicos o de racionalización mítica?

Pese a cualquier orden establecido bajo la lógica descripta, Lévi-Strauss mantiene plena conciencia acerca de la imposibilidad para que una sociedad pueda estructurar bajo la plenitud simbólica el devenir de los acontecimientos. En dos escritos a los que remitimos su lectura, “El hechicero y su magia” (13) y “La eficacia simbólica” (14), nos explica que ninguna práctica, como la práctica chamánica y la magia, puede sostenerse si no es por el hecho de que, mediadores tales como los chamanes y los hechiceros, existen como el fruto de una asignación social, para operar como aquellos puentes que permitan encontrar alguna traducción posible, alguna complementariedad factible, entre sucesos, o mejor dicho acontecimientos, que no puedan ser en un principio corroborados por el sistema de creencias de un grupo cultural. Si una enfermedad somática, un parto difícil o un suceso inexplicable con fenómenos de la naturaleza no encuentran correspondencia con un sistema de creencias que alberga mitos y religiones para la sociedad donde el enfermo, la parturienta o la víctima del fenómeno natural habitan, entonces ahí debe operar el hechicero, el chamán o quien hagas las veces del mismo bajo un modo que no es otro que el que le permite desplegar la función simbólica en los términos que hemos explicado. El chamán le ofrece a la parturienta un mito colectivo donde ella participa mediante la observación que hace del ritual chamánico y el relato del mismo chamán, sus desórdenes corporales pueden ubicarse con distintos elementos “significantes” por decirlo así, simulando una batalla entre espíritus que se apoderan del “alma” de la parturienta y retienen la nueva vida por venir, hasta que finalmente el brujo y sus asistentes triunfan y logran entablar amistad con la potencia espiritual que abusó de la situación. El cuerpo fue capaz, en un sin sentido, de formar parte de un sistema significante de oposiciones, correlaciones y encadenamientos de sentido bajo un relato que se sostiene en creencias de grupo, de la propia parturienta y del mismo chamán quien no es más que un mediador para ello. Este proceso le permite a Lévi-Strauss encontrar un símil lógico con su entendimiento de la práctica psicoanalítica, donde el analista, al igual que el chaman es tomado como “objeto” en la transferencia de la enferma, pero como oyente, a diferencia del chamán como relator. En el psicoanálisis el neurótico acaba con un mito individual, en el chamanismo la enferma culmina con un mito colectivo. Se trata de reorganizar mediante leyes estructurales del inconsciente diversos contenidos, acumulados históricamente en la vida del neurótico para el caso del psicoanálisis, reordenados en un mito colectivo en el caso del chamanismo. En un caso se trata de una patología orgánico, en el otro de una neurosis con base psíquica.

Estos acontecimientos obligan a pensar en la imposibilidad de toda sutura simbólica en una sociedad, nos inducen a concluir que la estructura debe lidiar siempre con un exceso indomesticable de sentido aun cuando ponga en marcha una y otra vez los mecanismos de “equilibrio” para intentar “abrochar” esta inadecuación entre el significante y el significado. Como afirma Emilio De Ipola:

“Chamanes en las sociedades exóticas, enfermos mentales en las sociedades industriales, “significante cero” en el lenguaje, suplirían, pero también exhibirían, al margen de las instituciones y de las prácticas, la imposibilidad de un lazo social pleno; aludirían a ese “real” que socava toda completitud en lo simbólico. Según Lévi-Strauss, la sociedad podría parangonarse a un universo en que solamente grandes masas discretas estarían acabadamente estructuradas. Por tal razón, en todas ellas, sería forzoso que una cierta (y variable) cuota de individuos esté ubicada fuera del sistema, o cabalgando, por así decir, entre sistemas irreductibles. A ellos, la sociedad pide, e incluso impone, figurar formas de compromisos inaccesibles a nivel colectivo, simular transiciones ficticias o realizar imaginariamente síntesis incompatibles. Les impone, para decirlo con téminos más actuales, cumplir con la tarea de suturar el abismo, el vacío abierto por esa irreductibilidad intersistémica, esto es, “suturar” en lo imaginario lo que la estructura social no es capaz de aprehender en el registro simbólico al que, por así decir, pertenece. A través de esas actuaciones en apariencias anómalas, los llamados “enfermos mentales”, situados en la periferia, se convierten en un elemento indispensable para el equilibrio del sistema. De ello se seguiría, según Lévi-Strauss, que, en cada sociedad, la relación entre conductas especiales y conductas normales no es de expresión, de reflejo ni de anticipación: es una relación de complementariedad” (15).

Si seguimos con un rigor elemental el significado de este planteo cabe preguntarse aún por qué Lévi-Strauss ha sido presentado, a lo largo de mucho tiempo y hasta la actualidad, como un autor que adscribe sin más al “pansimbolismo” estructuralista. Arduo debate que excede los marcos de este trabajo pero que no podemos dejar de mencionar dicha inquietud.

Si quisiéramos sintetizar el concepto central desarrollado hasta ahora en Lévi-Strauss afirmamos que su idea de causalidad no es otra que la de una causalidad bajo el símbolo cero, el cual rompe con la idea de causa trascendente y originaria —en términos de la metafísicapuesto que dicho símbolo cero marca una ausencia de sentido (en tanto que origen) y obliga a una combinatoria de elementos cuyas leyes permiten la producción de un orden coherente en la significación de diversas prácticas y que, en definitiva, no puede agotar jamás el desafío de los acontecimientos.

No los separa sólo el sujeto, también el objeto

“En diciembre de 1975, Jacques Lacan dio una conferencia en el MIT de Boston, ante un público selecto que incluía a lingüistas como Noam Chomsky y William van Orman Quine. Quine, quien había sido uno de los maestros de Chomsky, antes de la conferencia había interrogado a Lacan sobre su relación con Lévi-Strauss. Y Lacan aprovecharía inmediatamente ese diálogo usándolo en su propia exposición. “En una charla que tuvimos recién, el Sr. Quine me preguntó qué le debía a Claude Levi-Strauss. Le debo mucho, si no todo. Lo cual no impide que tenga de la estructura una noción muy distinta de la suya”” (16).

En 1962 Lacan dicta su seminario conocido como el seminario sobre “La angustia”. Allí efectúa una crítica a Lévi-Strauss en favor de la elaboracion de un concepto, siempre complejo, el objeto a.

Ciertamente Lévi-Strauss creía en una naturaleza ordenada, la estructura realmente se hallaba en ella organizando sus elementos, el cerebro, bajo la “actividad inconsciente del espíritu”, no haría más que proseguir dicho orden “natural”, es por eso que él aspira a reintegrar la cultura en sus condiciones físico-químicas, afirmación audaz y meritoria de múltiples críticas, entre las cuales podemos contar la del propio Lacan.  En ella dice:

“Este mundo tal como es, he aquí lo que concierne a la razón analítica, aquella a la que el discurso de Claude Lévi-Strauss tiende a otorgar la primacía. Con esta primacía, le concede también una homogeneidad a fin de cuentas singular, que es ciertamente lo que choca y preocupa a los más lúcidos de entre ustedes. Estos no pueden dejar de discernir lo que ello comporta de retorno a lo que se podría llamar un materialismo primario, en la medida en que, en el límite de este discurso, el juego de la estructura, el de la combinatoria tan poderosamente articulada por el discurso de Claude Levi-Strauss, no haría otra cosa más que coincidir con la estructura misma del cerebro, por ejemplo, incluso con la de la materia, representando, de acuerdo con la forma materialista del siglo XVIII, tan sólo su duplicado ni siquiera su doble. Sé muy bien que esto es sólo una perspectiva llevada al límite, pero es válido captarla puesto que está perfectamente articulada” (17).

Lacan concluye esa misma clase ubicando inexorablemente a Lévi-Strauss en las filas de “un cosmismo tranquilizador” propio de un universo completo donde “no falta nada” porque todo puede ser perfectamente representable en los marcos de una combinatoria estructurada bajo la unidad mundo-cerebro constituyendo un universo completo, si cabe decirlo así. ¿Qué interesa de todo esto a Lacan? Desligarse de dicho planteo para evidenciar el carácter a-cósmico del objeto a y la incompletud de un mundo que sólo puede estructurarse fantasmáticamente en la realidad para un sujeto. El cosmismo tranquilizador en los marcos de un objeto epistemológico, distinto al objeto a, al objeto causa de deseo en un sujeto, no hace más que preservar la dimensión de la angustia. No puede tratarse ahí de un “cosmos ordenado” desde el inicio.

En su libro Lacan y Lévi-Strauss o el retorno a Freud (1951-1957), Markos Zafiropoulos afirma:

“La invención del objeto a (su “descubrimiento”) separa entonces de manera radical a Lacan de Lévi-Strauss, a quien ahora se ve como el analista de la puesta en escena de un universo en el cual no falta nada, mientras que él afronta y por lo tanto percibe la descompletitud del universo como la parte de lo real (del cuerpo) que por lo común no entra al teatro del mundo, salvo que se la importe hacia él como causa de angustia” (18)

Pero antes de continuar con el desarrollo sobre el objeto a, para entender sobre todo las diferencias que justifican la separación que Lacan profiere de Lévi-Strauss, es preciso repasar brevemente algunas nociones esenciales en el psicoanálisis que ya Freud nos permitió comprender partiendo de la sexualidad en el sujeto humano, sexualidad que en Lacan será imposible de encuadrar en algún tipo de correspondencia armónica. Es más, para Lacan, precisamente es esa sexualidad la que se haya forcluida. Debemos recordar, a modo de simple reseña conceptual cómo ya Freud apuntaló esta dirección con su teoría sobre de las pulsiones.

El problema de las pulsiones, aquellas que nos distinguen del instinto animal y que, por otra parte, tienen la particularidad de fundamentar para el psicoanálisis la sexualidad como lo imposible de reducir a una “normatividad”, han sido tratadas por Lacan desde los años sesenta en el peculiar concepto, que ya hemos presentado, del objeto a. Las pulsiones sólo encuentran la satisfacción en su propio recorrido, no requieren un objeto prefijado o determinado por ningún bagaje instintual. Siempre son parciales y se basan en objetos contingentes, lo que importa es su recorrido por el propio cuerpo. El sujeto se verá imposibilitado de gozar completamente de una plenitud que lo conforme de una vez y para siempre con algún Otro. Si la madre encarna ese “Otro”, debe propiciarse un “corte” de ese goce mítico, que nunca se realizará y en su lugar sólo quedarán sustitutos que deberán enmarcarse en objetos parciales, los cuales a su vez serán tomados por las pulsiones con las que ese sujeto determine su modo de gozar. Dicho “corte”, es posible por la intervención de “La Ley” por parte de quien encarne la transmisión de la misma, cuestión que estará a cargo de quién pueda ejercer, en ese sentido, la función paterna.

El goce como totalidad está prohibido, pero no porque alguna vez fue posible y luego se perdió, sino que es imposible por estructura. La Ley de la prohibición del incesto impone ese “corte”, la castración. Posibilita la apertura al deseo, ese resto incolmable que no podrá ser saldado y que queda como consecuencia de la insuficiencia para agotar las demandas del cachorro humano. El hecho que seamos “seres” de lenguaje bajo la captura del significante, en el orden de Ley mencionado, nos convierte en sujetos divididos, tal como ya lo expusimos anteriormente. Será imposible pensar en términos de identidad del Yo con una fijeza determinada. Por eso el deseo puede desplazarse, una y otra vez, como una verdadera hiancia en forma metonímica, esto es lo que caracteriza al sujeto deseante. En los comienzos de la vida, podemos actuar como “seres de necesidades”, pero la introducción al lenguaje, por parte de algún Otro, nos obliga a ingresar en el circuito de la demanda y su saldo, por la imposibilidad de colmar, no es otro que el deseo, la hiancia y la apertura.

Hecha esta pequeña precisión, retornemos sobre el problema del objeto a.

El objeto a es el indicador conceptual que no hay objeto que pueda colmar el deseo del sujeto, sino sólo un objeto causa de deseo, que Lacan constituirá como aquel que encarna las modalidades pulsionales bajo los orificios del cuerpo evocados la voz, las heces, la mirada y el pecho. Este objeto no es representable, en la imagen se inscribe como un vacío, no se trata de un objeto especularizable, sólo puede aprehenderse en términos lógicos y con una función. La imposibilidad de un goce todo, de algo que nos pueda “normativizar” o universalizar el modo de gozar con la sexualidad es lo que nos condiciona como deseantes. Sólo podremos tolerar “fantasmáticamente” esa imposibilidad y la falta en el Otro, con alguna “ficción” de ser, pero desde esa “parte” encarnada como “petit a”, pequeño a, es decir “pequeño otro”, objeto a. Esos “pedazos de cuerpo” o “zonas erógenas” es lo que verdaderamente nos posiciona para gozar. Decir esto muy esquemáticamente es plantear, entonces, que vivimos una “parcialidad” como una “ficción de totalidad”. Esto es lo que, junto con el modo en que “un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante” constituye algo absolutamente irreductible para cada quien, pero no porque esto signifique algo “anti social” o por fuera de “la historia”, sino porque responde a los problemas clínicos que Lacan se planteaba.

Lacan intenta darle a ese mismo objeto a una consistencia lógica para entender cómo y de qué manera un sujeto se posiciona al actuar con sustitutos de ese goce que no hay. El goce mítico, prohibido por estructura, es “recuperado” de alguna forma. Esa “recuperación” es lo que va a ubicar como el “plus de gozar”, algo que condensa goce como en la plusvalía marxista se condensa valor al producir mercancías bajo relaciones sociales capitalistas. La relación que traza Lacan es una homología a los fines de comprender el modo en que un sujeto hace esta recuperación de goce que no hay, mediante sus modos de satisfacción pulsional y que pueden deducirse en la repetición. En la serie significante de un discurso es donde se puede ubicar algo de este plus. Hay un relato de cualquier escena, hay algo que intenta atrapar mediante sus demandas, algo inalcanzable y que sólo puede bordearse mediante significantes. No se puede, por ejemplo, pensar en la caca como las heces, simplemente sin tomar en cuenta la repetición de “soltar-retener-soltar” para comenzar con alguna traza significativa a partir de allí con una serie de sustitutos que a un sujeto lo lleve a “retener-soltar” cosas en su vida. La repetición tiene que estar ahí donde hay una pérdida. Si del lado de lo oral esto se expresa, por ejemplo, habrá que buscar la red significante que bordea el agujero: dónde come, para quién alguien come, en qué horarios come, etc. Hay que ubicar de la serie significante la repetición que da el plus. Pero el agujero, el vacío, ese es el a. Desprovisto de sentido, sólo puede operar en la constitución fantasmática abordado de alguna manera. Es heterogéneo al significante, pero sin embargo se intenta acceder a él a través de ellos, al menos cuando alguien empieza a hablar, siempre en la situación analítica. En torno a la repetición, es que un sujeto puede construir una fantasía para aquello que no hay. Ese “pedazo extraído corporalmente” y con el que se encarnará la imposibilidad de un goce todo, pero que sin embargo es sólo con el que podemos gozar, eso en sí mismo no es nada más que un agujero.

Pero no se trata de “algo” que finalmente pueda ser nombrable, como si existiera un significante último que da cuenta de ello. Al acercarse a esto, el sujeto tiene que encontrar ahí el “goce” que lo causa, no el significante que lo nombra, aunque usara palabras para ese goce. Debe asumir ese punto de goce y no darle un nombre último porque eso supondría hacer simbólico lo real como algo susceptible aún de proveer un sentido que podía “descubrirse” como quién descubre un mensaje subyacente. Ese real es el punto desde el cual un sujeto es causado, dividido, barrado. Es un real “en sí mismo” con el cual algo habrá que hacer puesto que su sentido es inaprehensible.

Imposible entonces continuar sosteniendo para los problemas planteados por Lacan una estructura en términos tal como la pensara Lévi-Strauss, con una combinatoria surgida del orden de la función simbólica, y una “actividad inconsciente del espíritu” del materialismo primario o del kantismo sin sujeto. El sujeto y el objeto en Lacan se ubican a un abismo de la epistemología científica y filosófica.

¿Es posible sostener una causalidad estructural con la “invención” lacaniana?

Para que el objeto opere como causa de deseo en un sujeto debe hacerlo como causa ausente, como aquello que, en tanto falta y se ubica por fuera de los marcos de la percepción en el tiempo y en el espacio, frente a los cuales el yo mantiene su conciencia; se trata de una “causa” muy particular si la comparamos con cualquier idea de trascendencia filosófica o una unidad del sujeto psicológico del cual se espera su adaptación social.

Si estos objetos a, en sus diferentes modalidades, heces, pecho, mirada, voz, sólo pueden suplantar esa “genitalidad” ausente como normativa para la relación sexual, a través de una determinada combinatoria, entonces no podemos olvidar la cuestión de la estructura. Si la sexualidad está forcluida sólo puede suplirla la función fálica, responsable de “positivizar” con cierto brillo el objeto a cuando este actúa “encarnando” alguna función de mediación con el Otro.

El objeto a como plus de gozar, es siempre suplemento, “plus”, ya que el goce del complemento sexual no existe. En el Seminario Trece “El objeto del psicoanálisis” (19), Lacan acentúa que se pueden dividir los cuatro objetos a en los objetos de la demanda, en el oral y el anal, y los objetos del deseo por excelencia, la voz y la mirada. Desarrollar esto, representa una prolongación conceptual que excede los objetivos planteados en este espacio, pero podemos afirmar que no se pierde en Lacan un cierto juego de diferencias, propio de la estructura en los términos que ya veníamos desplegando anteriormente. Nos serviremos de una pequeña pero ilustrativa definición que nos brinda Carlos Faig en su texto “Tres momentos del sueño “La izquierda lacaniana”. Del rostro de la estructura al juego del senku”, cuando nos explica que:

“En efecto, la sexualidad y especialmente la “genitalidad” o la relación sexual, se produce porque hay objetos parciales que adquieren la función de un grupo combinatorio y suplen la falta de pulsión sexual “total”, si se puede decir así, o de relación sexual.  Estas reflexiones (en particular, la cuestión del objeto (a) como un grupo combinatorio) se pueden consultar en el seminario XIII, El objeto del psicoanálisis, que corresponde al ciclo lectivo francés 1965/1966, especialmente en las lecciones finales de junio de 1966” (20)

Faig nos explica que esta “suplencia” de la genitalidad inexistente puede asimilarse al rostro ausente de un cuadro de Arcimboldo:

“Un rostro hecho de ramas, hojas, frutos, pero que no tiene contorno; que no existe independientemente de la composición, por así decir, botánica (como la práctica económica). El rostro de El invierno es la causa ausente. (El invierno, serie Las estaciones, 1573, Museo del Louvre.)” (21)

Decimos entonces: no hay rostro como tal, sólo composición de elementos que hacen a un rostro posible. No hay genitalidad como tal, sólo composición y combinatoria de objetos a, voz, pechos, heces, mirada, que hacen “un Uno” posible en los marcos de una ficción. El objeto a es inconmensurable, sólo puede haber medida posible a través de la función fálica, pero sobre la base del imposible lógico como lo plantea el objeto a. Volviendo al ejemplo del cuadro que nos ofrece Faig, si quitamos las ramas, las hojas, etc. nos quedamos sin rostro. El autor dice, para concluir con el modo de comprender la estructura, que:

“Este modelo de estructura, la causalidad ausente, es correlativo por completo de la castración. Y por eso tiene sentido su uso en el psicoanálisis; resulta plenamente justificado porque refiere al eje de la teoría de Lacan: la castración. Agreguemos que todo esto implica que la sexualidad es real, que se encuentra forcluida, y resulta suplida por la función fálica, por el sentido. De allí la tesis de que no hay relación sexual, que también se presenta en estos años, alrededor de 1966” (22).

La causalidad del deseo se logra en tanto el objeto a está ausente, condición para que no aparezca la angustia y permanezca velado en el fantasma, pero una pulsión se “combina” con otra para intentar dar forma acabada, sin llegar a tal cosa, al objeto. Esto es lo que permitió a Lacan llevar dicho problema a determinadas figuras topológicas que no veremos aquí. Se trata de una estructura agujereada: los objetos solo se constituyen sobre la base de verdaderos agujeros que se pueden bordear: se trata de un goce donde no se atrapa con los significantes, tampoco con un imaginario, aunque es la articulación entre los registros de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario ubicando el a en el medio de ellos lo que Lacan desarrollará tiempo después.

No podemos hablar de “mundo”, sólo de fantasma, no podemos hablar de totalidad, sólo de una ficción de la misma, no podemos pensar en términos de una combinatoria puramente significante donde el sujeto quede como producto de la misma ya que entre la imposibilidad de una concatenación significante que agote el sentido no tenemos sólo al sujeto sino también al objeto que se “pierde” cada vez pero se lo intenta recuperar “cada vez”, tributo que no puede desmerecer ni mucho menos al objeto perdido freudiano aunque aquí trate ya de algunas cuestiones que logran profundizar otros problemas.

Los problemas planteados parecen ya muy alejados de las preocupaciones levi-straussianas de las que partimos al comienzo.

Concluimos con la pregunta ¿Cosmismo tranquilizador?

La obra de Lacan tiene una complejidad tal y una profundización de problemas que el propio psicoanalista francés ha retomado en forma discontinua y dispersa en muchas ocasiones que no deja de ser una apuesta audaz intentar condensar varios de sus desarrollos conceptuales en la noción de causalidad estructural del modo en que lo hemos hecho. Sin embargo, ello encuentra, a nuestro juicio, su justificación en que aquí se trata de comprender aún si Lacan sólo tuvo un romance levi-straussiano en los años cincuenta y luego necesitó abolirlo para dar consistencia a sus preocupaciones posteriores o es posible hablar de algunas “huellas” más duraderas (23).

No es nuestra preocupación realizar una exégesis de dicho vínculo, pero sí precisar que “los senderos que se bifurcan” no pudieron evitar un suelo natal por el cual no se excluye pensar resonancias conceptuales entre un autor y otro, sin que ello signifique forzar una superposición arbitraria de ambos. Finalizaremos nuestro recorrido con algunos enunciados que no pretenden concluir tajantemente sobre el tema y más bien, tienen la pretensión modesta de abrir futuras lecturas al respecto, en especial sobre la obra de Lévi-Strauss, a propósito de las críticas de Lacan.

Vamos a decir, en primer lugar, que si Lacan afirmó, como citáramos antes, sobre su deuda con Lévi-Strauss, que le debía mucho si no todo aunque eso no impida tener una noción de estructura distinta a la suya ello no es gratuito. La causa como causa ausente, ausente desde el sin sentido” en materia de lo simbólico y ausente como ausente desde el objeto porque no existe la totalidad” no son hechos menores aunque sí bien diferenciados. Pero esto no es posible entenderse si a la vez no se comprende de qué manera Lacan necesitó profundizar en el sujeto que desde un principio hacía su estructura imposible de ser asimilada con el estructuralismo a secas”. Y este recorrido comienza a profundizarse entonces por la vía del deseo, deseo que lleva a plantear el objeto a, junto con la vía del fantasma y la angustia.

Las combinatorias no pueden medirse con la misma vara porque Lévi-Strauss intentó darle a su estructura un estatuto científico con el auxilio de un conjunto de disciplinas entre las cuales desfilan las matemáticas, la teoría de los juegos, la lingüística y la fonología; ello se debía al ideal científico que persiguió toda su vida. Es quizás provocador decir que en ese sentido Lévi-Strauss era más freudiano” que Lacan, pero esto es apenas una metáfora si nos atenemos a las fidelidades de Lévi-Strauss y Freud a la ciencia. La estructura levi-straussiana sólo podía entenderse en términos de una actividad inconciente del espíritu” con sus leyes bajo la primacía de la función simbólica. La estructura lacaniana nos ha llevado a examinar que no se trata de una simple perforación en lo simbólico como lo imposible de significar todo, sino que el agujero es ubicable en términos del objeto, ello ha llevado a un correlato en figuras topológicas y el modo en que hemos pensado las combinatorias de las modalidades del objeto a, junto al problema del fantasma y del falo.

Es cierto que podemos ubicar en Lévi-Strauss y los desarrollos de Marcel Mauss el problema del intercambio, de los dones y el mana, inspiración directa para todos los desarrollos más fuertes que hemos situado bajo la égida de la causalidad estructural, pero también debemos recordar por qué Lacan afirma en “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (24) que ese significante de la falta en el Otro S(A̶), o sea: S y A tachada y que no se trata del valor simbólico cero. Respecto a esto nos remitimos a lo que afirma Silvia Mulder:

“Si bien en esta referencia se ubica con claridad lo que aparta decididamente a Lacan del estructuralismo levistraussiano, tratándose de una cita correspondiente al año 1960 podría argüirse que hasta ese momento la posición teórica entre ambos era afín y que recién cuando Lacan conceptualiza el objeto a, el resto que queda de la división del sujeto, se marcarían con nitidez los contornos que separan a uno y otro. Creemos no obstante que la diferencia se identifica desde un comienzo, aún aquél en el que Lacan pareciera apoyarse en la teoría de Lévi-Strauss para dar forma al registro simbólico. Si lo que expusimos precedentemente es correcto —o sea, ajustado a lo que cada uno desarrolla teóricamente— es fácil advertir que en Lévi-Strauss hay una cierta indiferenciación entre su postulado de lo universal como totalidad y lo simbólico como estructura. Cuestión ajena al pensamiento de Lacan para quien, desde un comienzo, lo universal es la estructura del lenguaje. El inconsciente es idéntico a un orden de lenguaje y no estructura universal; es en ese lenguaje que algo del sujeto tiene que hacerse reconocer pero se trata de un universo de discurso fundado en la falta S ( ): el universal es esa falta” (25)

Pero dicho esto y entendiendo que nos pacifica diferenciar los tantos, pretendemos sin embargo, como anticipamos, dejar un manto de sospecha sobre algunas de las críticas vertidas por Lacan respecto a quien a la vez no pudo dejar de expresarle su admiración y gratitud. ¿Es un exponente del cosmismo tranquilizador quien, precisamente, se ha mostrado muy poco tranquilo” frente a la imposibilidad de completud” que el lazo social muestra cuando los chamanes, los significados flotantes e, incluso los neuróticos, a modo como los comprendía Lévi-Strauss, mostraban a las claras que algo queda fuera” y exige a la sociedad un reordenamiento que, sin embargo, sólo puede conseguirse a costa de parcialidades susceptibles de ser socavadas? ¿Qué reflexiones más amplias nos merecen los desarrollos sobre la infinitud de sentido que los mitos encuentran cuando el bricolaje hace su aparición en la combinatoria que no admiten sentidos originarios sino trozos de sentidos que a su vez provienen de otras versiones míticas, que a su vez provienen de otras y así a modo del trazado de infinitas rectas por un punto? ¿Qué podemos entender al respecto cuando Lévi-Strauss compara la música y el mito donde en ambos se conjugan una lógica de lo sensible sin reclamar la razón un relegamiento arbitrario del cuerpo? ¿No es en los mitemas acaso donde a cualquier sujeto, si cabe sostenerlo así, le puede corresponder cualquier predicado? ¿No afirma acaso Derrida el énfasis con el que Lévi-Strauss subraya que la oposición naturaleza-cultura no obedece a una problemática de verdad ontológica sino a un problema metodológico? ¿No es esto, acaso, hacer de las formas vacías” que, en cada estructura ordenan el caos en modo diferente” una radical des-sustancialización contraria a la filosofía metafísica que absorbía el sentido de dicha división bajo los dualismos clásicos del sujeto constituyente que conoce” y el objeto a ser descubierto” sólo por el patrimonio de esa razón platónica, cogitante, trascendental o propia del espíritu absoluto hegeliano? Pero en definitiva ¿no ha sido la causalidad estructural aquella llave que abrió las puertas para poder plantear estas preguntas?

Notas

(1) Para dichas lecturas, ver: Miller, J.-A., Matemas I y II, Ed. Manantial, Bs. As, 1988.
(2) Derrida, J. “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas” en La Escritura y la Diferencia, Anthropos, Barcelona, 1989, pág. 383.
(3) Lévi-Strauss, C. El pensamiento salvaje, Fondo de Cultura Económica, 1997, pág. 357.
(4) Lévi-Strauss, C.  “Obertura” en Mitológicas I. Lo crudo y lo cocido, Fondo de Cultura Económica, México, 2013, pág. 2.
(5) Lévi-Strauss,C., “La eficacia simbólica” en Antropología Estructural, Paidós, Buenos Aires, 1995, pág. 226.
(6) M. Foucault, Les Mots et les choses, cap. I.
(7) Miller, J.-A. “La suture”, Cahiers pour l’analyse, nº 1.
(8) Lévi-Strauss, C. Introduction à l’oeuvre de Marcel Mauss, p. 49-59 (en Marcel MAUSS, Sociologie et anthropologie, París, PUF, 1950).
(9) Deleuze, G “En que se reconoce el estructuralismo”, www.apertura-psi.org/correo/textos/Deleuze00.doc
(10) Lévi-Strauss, C., “Introducción a la obra de Marcel Mauss” en Mauss, M., Sociología y Antropología, Tecnos, Madrid, 1979, págs. 40 y 41.
(11) Op cit, pág. 39.
(12) Lévi-Strauss, C., El pensamiento Salvaje, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1998.
(13) Lévi-Strauss, C., “El hechicero y su magia” en Antropología Estructural, Paidós, Buenos Aires, 1995.
(14) Lévi-Strauss, C., “La eficacia simbólica” en Antropología Estructural, Paidós, Buenos Aires, 1995.
(15) De Ipola, E., Althusser, el infinito adiós, Siglo XXI, Buenos Aires, 2007, págs.98-99.
(16) Dagfal, A. “El encuentro de Lacan con Levi-Strauss: del poder de la imagen a la eficacia del símbolo”, en Claude Lévi-Strauss en el pensamiento contemporáneo, Alejandro Bilbao, Stephan-Eloise Gras y Patrice Vermeren (compiladores), Colihue, Buenos Aires, 2009, pág. 196.
(17) Lacan, J. “Del Cosmos al Unheimlichkeit” en Seminario X. La angustia, Paidós, Buenos Aires, 2007, pág. 43.
(18) Zafiropoulos, M., Lacan y Lévi-Strauss o el retorno a Freud (1951-1957), Manantial, Buenos Aires, 2006, pág. 264.
(19) Lacan, J. El objeto del psicoanálisis Seminario 13: 1965-1966, Inédito.
(20) Faig, C. Tres momentos del sueño “La izquierda lacaniana”. Del rostro de la estructura al juego del senku en:   Ser(tachado) y Sinthöme. Escritos Políticos. Ed. Ricardo Vergara, Bs. As, 2014, pág.93.
(21) Op cit, pág. 93.
(22) Op cit, pág 94.
(23) Al respecto nos remitimos nuevamente a: Zafiropoulos,M., Lacan y Lévi-Strauss o el retorno a Freud (1951-1957),  Manantial, Buenos Aires, 2006. Así como también sugerimos la tesis de maestría de Silvia Mulder: Incidencia del pensamiento de Claude Lévi-Strauss en la teorización inicial (1951-1958) de Jacques Lacan sobre el registro simbólico, disponible en http://rpsico.mdp.edu.ar/bitstream/handle/123456789/69/MA03.pdf?sequence=1. Hacemos mención finalmente a la sugerencia de acceder a la tesis hecha libro de Carina Basualdo, Lacan (Freud) Lévi-Strauss. Crónica de un encuentro fallido, Epele, México, 2016.
(24) Lacan, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” en Escritos 2, Siglo XXI, Buenos Aires, 1987.
(25) http://rpsico.mdp.edu.ar/bitstream/handle/123456789/69/MA03.pdf?sequence=1.

Por gentileza de Acheronta