Archivo del Autor: revista-epsys

Pulsión de muerte en la vida y obra de Phillip Mainländer

Cristian Camilo Quiroga Umbarila
Psicólogo en formación de la fundación universitaria los libertadores. En pasantía del grupo de investigación psicosis y psicoanálisis. Realizando prácticas profesionales en psicología educativa en LABPSILIB

.
Resumen

En el presente artículo, se abordarán tres autores, con el propósito de hacer un análisis de la vida y la obra de la filosofía de Mainländer y relacionarlo con la pulsión de muerte. Para esto, en primera medida se abordará la filosofía de Schopenhauer, en segundo lugar, se abordará a Freud y finalmente, el autor que convoca este artículo, al filósofo alemán Phillip Mainländer, quien se suicidará a la edad de 34 años siendo consecuente con su filosofía. Se abordará la diferenciación realizada por Freud, en su segunda tópica, del documento titulado el “porvenir de una ilusión” donde, se propone un dualismo pulsional que va inseparablemente unido, centrándose este artículo en la pulsión de muerte. Entendida como aquella tendencia de todo lo vivo a un estado inerte e inanimado. Posteriormente se hará una descripción de la filosofía de Arthur Schopenhauer en lo que concierne a la interpretación de la voluntad, entendida para este autor, como un ser o esencia cuyo correlato se da únicamente a través del mundo fenoménico y no como la simple facultad de querer. Aspecto central en la filosofía de Mainländer puesto que se consideraría discípulo de Schopenhauer a través de la experiencia que tuvo a los 19 años al leer “el mundo como voluntad y representación”. Finalmente se abordará el autor central de este artículo la vida y la obra del filósofo Mainländer, quien postulará una “voluntad de morir” almacenada en cada ser y que describirá en su libro la “filosofía de la redención” que el único bien posible se da a través de la muerte dejando para la posteridad el argumento ontológico “no ser es mejor que ser”

Palabras clave: voluntad de vivir, vacío, voluntad de morir y pulsión de muerte.

Abstract

In the present article, three authors will be approached, with the purpose of making an analysis of the life and work of Mainlander’s philosophy and relating it to the death drive. For this, the philosophy of Schopenhauer will be addressed first, secondly, Freud will be approached and finally, the author who convenes this article, the German philosopher Phillip Mailander, who will commit suicide at the age of 34 years being consistent with his philosophy. The differentiation made by Freud, in his second topic, of the document entitled “the future of an illusion” will be approached, where a drive dualism is inseparably linked, focusing this article on the death drive. Understood as that tendency of everything alive to an inert and inanimate state. Subsequently a description of the philosophy of Arthur Schopenhauer will be made regarding the interpretation of the will, understood for this author, as a being or essence whose correlation is given only through the phenomenal world and not as the simple faculty of wanting . Central aspect in the philosophy of Mailander since he would consider himself a disciple of Schopenhauer through the experience he had at the age of 19 when he read “the world as will and representation”. Finally, the central author of this article will address the life and work of the philosopher Mailander, who will postulate a “will to die” stored in each being and that will describe in his book the “philosophy of redemption” that the only possible good is given through death leaving for posterity the ontological argument “not being is better than being”

Keywords: will to live, emptiness, will to die and death drive.

Introducción

Un discípulo de Arthur Schopenhauer de nombre Philipp Batz, pero más conocido por su seudónimo Mainländer, da un giro a la interpretación de la “voluntad de vivir” postulada por el filósofo de Danzig a partir de la lectura realizada del tratado El mundo como voluntad y representación proponiendo en su lugar que “la voluntad es propiamente de morir” y que esta se encuentra almacenada de forma individual en cada ser de forma inconsciente. De modo que la vida a través del absurdo de la existencia mostraría a la larga que lo mejor es “no existir más que existir”. De esta forma, Mainländer niega el monismo de la voluntad, proponiendo en su lugar que el mundo es mera multiplicidad a causa del exterminio del ser primigenio y que además a través del transcurso de la existencia la “voluntad de morir” se va manifestando mostrándole a los individuos que de una u otra forma la no existencia es mejor que la existencia (Pinto, 2012).

Por consiguiente, el argumento de la “voluntad de morir” es similar a lo que fue propuesto por Freud en el libro “más allá del principio de placer”, de hecho Freud (2011), afirmaría que en los individuos hay una tendencia a la repetición, donde estos buscan una unificación con la nada a partir de la búsqueda del individuo por un placer inmediato que desencadenaría un cese de hostilidades en el psiquismo, es decir, aquella tendencia a regresar a un estado inorgánico e inanimado. Además, si se tiene en cuenta que tanto Mainländer como Freud desprenden parte de sus pensamientos de la filosofía de Arthur Schopenhauer se podrá entender como los dos pensadores interpretan la voluntad de forma individual inconsciente en cada ser y no como una fuerza universal con dominio sobre el mundo de los fenómenos como lo expuso Schopenhauer (Volpi, 2005).

Por el motivo de los parecidos existentes entre la “voluntad de morir” y la pulsión de muerte en este artículo se tendrán en cuenta aquellos postulados y también el de la “voluntad de vivir” propuesto por Schopenhauer, ya que el propósito fundamental de este artículo es analizar la vida y la obra de un pensador como Mainländer ya que se hace interesante no solo por la antinomia cometida frente a la filosofía de Schopenhauer (pues el filósofo de Danzig no promueve el suicidio y además propone salidas para la renuncia de la voluntad), sino también por sus consideraciones en relación a la ciencia, por ejemplo: su teoría del debilitamiento de las fuerzas que posteriormente los físicos describirían como el segundo principio de la termodinámica, es decir, entropía, sus críticas a la política de sus tiempo sobre todo a la socialdemocracia, sus crítica a la estética y su negación a aceptar la moral de la compasión propuesta por Schopenhauer, además también se hace llamativo su explicación acerca del suicido de Dios y el surgimiento del Big Bang y por consiguiente la creación de todos los seres que de una u otra forma llevan en su interior la tendencia la muerte a causa de que son cadáveres de Dios. Y no solo esto, sino que además es llamativo que se haya suicidado a la edad de 34 años llegando a morir por un argumento ontológico (Baquedano, 2008).

El orden del artículo irá primero con una biografía de Mainländer. Después se abordará la pulsión de muerte y lo escrito por Freud y otras reflexiones y, finalmente, se abordará la filosofía de Schopenhauer a partir de la interpretación de la cosa en sí de Kant, la voluntad de morir del autor central de este artículo y sus postulados y la pulsión de muerte con el propósito de que el lector tenga una noción más cercana de aquello dicho por Mainländer en consideración de los significados de la vida y lo que aproxima a la muerte a través de las susodichas vivencias.

Biografía de Mainländer

Mainländer nace el 5 de octubre de 1841 en el seno de una familia de comerciantes acomodados. Fue el menor de seis hermanos, tres de los cuales cometieron después suicidio. Por cuanto provenía de la región de Main se le otorgo el seudónimo Mainländer. Pasado un tiempo, cuando cumplió 17 años su padre lo envió a Nápoles, donde aprendió italiano leyendo con gran afición los poetas Leopardi, Dante, Bocaccio y Petrarca. También estudiaría con profundidad las obras de Hegel y a Spinoza. Aunque un momento decisivo para su vida vino en el año de 1860 cuando contaba con 19 años, puesto que, llegaron desde Leipzig los ejemplares de El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. Mainländer diría lo siguiente:

“Entré a una librería y le eché un vistazo a los libros frescos llegados desde Leipzig. Ahí encontré El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. ¿Schopenhauer? ¿Quién era Schopenhauer? El nombre nunca lo había oído hasta entonces. Hojeo la obra, leo sobre la negación de la voluntad de vivir y me encuentro con numerosas citas conocidas en un texto que me hace preso de sueños.” (Tomado de Baquedano, 2008).

En 1863 regresaría para hacerse cargo del negocio familiar. En 1869 se emplea en un banco en Berlín donde se hace accionista de acuerdo a los deseos de su padre. Sin embargo, este periodo de su vida repercute en bajones anímicos, lo que hace que se refugie en la lectura leyendo críticamente a Heráclito, Platón, Aristóteles, Escotus, Locke, Berkeley, Hume, Hobbes, Fichte, Kant, Hegel y Schopenhauer. En 1874 es llamado como coracero en el regimiento de Magdeburgo en Halberstadt; concluye en este periodo el primer tomo de la filosofía de la redención. En 1875 concluye el segundo tomo de su obra. El 31 de marzo llegaría a Offenbach el primer tomo de su obra ya finalizada. Finalmente, en la noche del 1 de abril de 1876, convencido de que, concluida su gran obra, ya no quedaba nada por hacer, se quita la vida, por medio de la horca, sirviéndole de pedestal algunos ejemplares de la filosofía de la redención (Pinto, 2011).

Pulsión de muerte

Según Castro (2011), el término pulsión de muerte fue originariamente propuesto por la psicoanalista Sabina Spielrein en su escrito titulado La destrucción como causa del devenir. Este escrito provocaría que Freud reconsiderase el tema de las pulsiones y en su libro Más allá del principio de placer postularía que en el psiquismo hay un dualismo pulsional que, aunque parezcan contrarias trabajan finalmente unidos (eros-thanathos). En Más allá del principio de placer Freud dejaría patentado que la pulsión de muerte es aquella tendencia inherente de todo lo vivo a buscar un estado anterior a la vida, (Freud, 2003).

Para llegar a la noción de la pulsión de muerte, Freud no solo se basaría en la lectura realizada del tratado La destrucción como causa del devenir de Sabina Spielrein, sino también analizaría la experiencia del trauma psicológico de los soldados que participaron en la Segunda Guerra Mundial. Los análisis realizados a los soldados le llevarían a descubrir que las personas de una u otra forma tendían a recrear experiencias desagradables, lo cual al final violaría todo principio de placer, de manera que al final la pulsión de muerte se opondría a la mera preocupación por la ganancia de placer empujando al individuo a un retorno de todo lo inorgánico e inanimado (Sánchez, 2013).

Por otro lado, el filósofo Phillip Mainländer en su obra capital La filosofía de la redención, publicada en 1876, plantearía que en cada individuo se encuentra inmersa una fuerza, que este autor llamaría “voluntad de morir”. Esta fuerza estaría configurada desde la muerte de Dios, originando la pluralidad de lo físico y el sufrimiento en la parte moral. De forma que, si todo es sufrimiento y si el tiempo está ligado a la muerte de Dios y la espiritualidad, la única salida de liberación se daría a través del suicidio, ya que, en resumidas cuentas, todos los seres quieren en el fondo morir pues entienden que después de la muerte no hay nada, que finalmente no habría más sufrimiento que habría una liberación (Mainländer citado por Baquedano, 2008).

Aunque Freud no llega a las conclusiones radicales de Mainländer, si llegó a considerar que en el psiquismo no se almacena solo una tendencia a la vida, sino también a la muerte (Freud, 2011). Aunque sus pensamientos estuvieron más ligados al maestro de Mainländer, es decir, al pensamiento del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, quien en su tratado El mundo como voluntad y representación postularía que lo que Kant denominaba como “cosa en sí” no era más que la “voluntad de vivir” manifestada por la naturaleza para conseguir el orden (Schopenhauer, 2009).

Existiría un principio metafísico que se manifiesta en el mundo fenoménico apareciendo en todos los estratos del mundo natural, hasta hacerse deseo consciente únicamente en el hombre. De ahí Schopenhauer explicaría que todos los seres buscan propagar la vida a través de la interacción con otros seres, ya que, por ejemplo, el amor no es más que el juego de la voluntad que empuja a los individuos a copular para generar supervivencia. Por esta razón Schopenhauer consideraría que aquellos espíritus que ponen todas sus fuerzas en el amor son los más valiosos, ya que estos son objetos de la voluntad para fines más altos en lo tocante al orden de la naturaleza (Schopenhauer, 2009).

Aunque el postulado del “eros” es muy similar a la “voluntad de vivir” postulada por Schopenhauer posteriormente Freud discreparía de solo una tendencia a la auto conservación llegando a postular una tendencia a la destrucción, no solo interna sino externa (Freud, 2003). Aunque Schopenhauer haya sido conocido como el filósofo del pesimismo este no entiende a la voluntad como destrucción, sino como el orden implantado en la naturaleza que no se preocupa por algo tan obsoleto como el individuo, sino que tiene fines más universales, orden que es necesario para propagar la vida (Schopenhauer, 2003).

Sin embargo, un discípulo de Schopenhauer llegaría a plantear una tendencia a la muerte de todo lo vivo, este autor crea una antinomia de la “voluntad de vivir” proponiendo en su lugar la “voluntad de morir” como destino del hombre, afirmando a la larga que la filosofía de la redención no es solo la confirmación del budismo y del cristianismo puro, sino la verdadera esencia de todo conocimiento, al traer consciencia de los individuos de la caída profetizada como destino del mundo (Mainländer citado por Pinto, 2012).

Sería esta una visión de redención en parte muy similar a la de Freud pues no se puede negar que tanto en la noción de pulsión de muerte como en la voluntad de morir hay muchos parecidos, sin embargo, Freud no vio el suicido como una forma de redención, de hecho, tampoco lo hizo Schopenhauer quien reprobó el suicido, ya que, en este acto no se niega la voluntad, sino que por el contrario se incrementa (Schopenhauer, 2003).

Si bien hasta acá no se puede pasar por alto la antinomia cometida por Mainländer quien decide morir por un argumento ontológico contradiciendo a su maestro en lo tocante al suicido ya que para este pensador la liberación se da únicamente extinguiendo el ser, de forma que su mirada se torna radical al sostener la imposibilidad de la felicidad y del bienestar, pues todo acto hasta el más efímero conlleva a un ciclo de sufrimiento del cual el ser humano se hace esclavo y la única liberación posible se patentaría solo con la muerte al igual que el suicido del ser primigenio (Pinto, 2012).

Schopenhauer, Freud y Mainländer

Según Volpi (2003) la palabra nihilismo describe aquella doctrina filosófica que sostiene la imposibilidad del conocimiento, llegando a la conclusión que la vida no tiene ni propósito ni valor. El nihilismo está ligado a la filosofía de Schopenhauer, quien sostendrá que este mundo es el peor de todos los mundos posibles a causa de que el hombre es empujado continuamente por una voluntad ciega e irracional (Schopenhauer, 2003).

La descripción que realizó en un primer momento Schopenhauer con respecto a “la voluntad de vivir” la tomo a partir de la lectura que hizo del criticismo de Kant sobre todo a lo mencionado por el filósofo de Königsberg en la primera crítica, sobre la imposibilidad de conocer el noúmeno o cosa en sí. De ahí, partiría Schopenhauer para postular un principio metafísico que denominó “voluntad de vivir” entendido como una esencia cuyo correlato es el mundo de los fenómenos. Sería a fin de cuentas la voluntad la causante de que este mundo sea el peor de los mundos posibles, ya que, la existencia humana es una constante pendular entre el dolor y el tedio.

Sin embargo, aunque Schopenhauer vea este mundo como el peor del mundo posible, el filósofo desarrollaría a la larga tres vías de escape del sufrimiento. Para esto, propone en primer lugar la contemplación desinteresada del arte, en segundo lugar, la práctica de la compasión como núcleo de su ética y finalmente la tercera gira alrededor de la vida ascética como renuncia a la vida. De estas tres vías se desprende que el filósofo no aprueba el suicidio como forma de escape ya que el propósito del ser humano es vencer a la voluntad más que terminar cediendo ante ella (Schopenhauer, 2003).

La descripción de la “voluntad” para Schopenhauer no se refiere a la mera facultad de querer, ya que en este pensador se hace mucho más prolífica, puesto que, lo que empuja todo en la vida sería una “voluntad de vivir” que desencadena la supervivencia necesaria para el hombre en todos los aspectos de su vida, pues todo comportamiento hasta el más efímero, estaría regido por las coordenadas de la voluntad que no se refiere simplemente a la mera facultad de querer, sino a una fuerza metafísica capaz de objetivarse y manifestarse en el mundo fenoménico, por medio de la representación (Schopenhauer, 2009).

Años después de la muerte de Schopenhauer ocurrida el 21 de septiembre de 1860, en el año de 1920, el médico vienés Sigmund Freud describiría la pulsión de muerte a partir del análisis realizado a personas que habían participado en la guerra, dándose cuanta para su sorpresa que los individuos tendían a recrear situaciones aversivas en sus vidas. Tal descubrimiento llevo a pensar que los individuos no buscan meramente el placer, sino que plantean elevarse o por mejor decir traspasar determinado estado con el propósito de unificarse finalmente con la nada. Tal tendencia a la nada sería similar a lo expresado por el budismo y el cristianismo puro, puesto que, las dos doctrinas proponen el aniquilamiento del ser por medio de la renuncia a la vida. Esto tal vez describiría, aunque no de forma fidedigna, la necesidad inconsciente de los seres que al parecer buscan el sufrimiento como una forma de redención (Pinto, 2012).

Llevado por la fatalidad de la existencia el trágico Philipp Batz llega a plantear una antinomia frente a la filosofía de Schopenhauer influenciado por el capítulo IV del “mundo como voluntad y representación” interpretando la “voluntad de vivir” como la “voluntad de morir” llegando a plantear, que la vida no es más que una máscara de las verdaderas intenciones del ser humano que es la muerte y que todo en el universo está configurado a la extinción a causa del ser primigenio que creo este universo a partir de su destruición, y por ende, cada ser del universo a partir de la iluminación de su consciencia, poco a poco ira entendiendo que lo mejor es cometer el acto suicida, puesto que, con ello se completaría el cese inmediato de sufrimiento y la consecución final de la redención (Baquedano, 2008).

Además, el filósofo Mainländer sostendrá unos aspectos similares a Schopenhauer en lo tocante a aquella afirmación que dicta que todo el mundo vive de apariencias, puesto que, es imposible ver las cosas tal cual son, sino que vive en una constante representación (Pinto 2012). De modo que, si todo es apariencia, a causa de la pluralidad, sería la unificación con la nada la salida a la trágica desesperanza que azota al ser humano en todos sus caminos. Y por ende la única filosofía verdadera seria aquella de la inmanencia, negando aquello dictado por Kant del posible conocimiento del principio divino, de esta forma en la filosofía de la redención se defendería el ateísmo científico, puesto que, la esencia de Dios es incognoscible y los seres conocerían a través del tiempo que lo único verdadero es la extinción (Baquedano, 2008).

Parece curiosa toda esta teleología de la existencia, puesto que, Mainländer partiría que los individuos existen a parir de la muerte de Dios, contrario a lo dicho años después el filósofo alemán Friedrich Nietzsche sobre que fue “El hombre quien mato a Dios” (Nietzsche, 2008). Sobre la extinción, Mainländer afirmaría que el propósito del ser humano está en organizar las partículas y reintegrarlas a la unidad primigenia a través del aniquilamiento de la consciencia y no como sostenía Kierkegaard a través del humor medio del humor (Kierkegaard, 2017).

Concluyendo, se visualizará que el filósofo alemán Mainländer no solo llevo sus consideraciones de forma teórica, sino que literalmente acabo con su vida. De hecho, ciertas circunstancias vividas durante su infancia, como el suicido de algunos de sus familiares pudieron influir en ciertas de sus consideraciones, quizá también la muerte de su madre, desencadenando que este Hegesias moderno se sumergiera en la lectura de los clásicos. Otro dato fundamental de su vida fue su iniciativa de hacerse soldado con el propósito de encontrar la muerte, aunque no consiguió su cometido pues regresaría a su casa en Ofenbach casi en bancarrota decidido a escribir los últimos capítulos de su obra capital la filosofía de la redención.

Adelantando a Freud, este pensador hizo consciente aquello oculto en el interior que pugna por aparecer a través del curso de la existencia, lo llamativo es que a través de su determinación teutónica decide poner fin a su vida llevando el argumento ontológico hasta sus últimas consecuencias.

La filosofía de la redención

Esta obra está estructurada en seis partes que son: analítica de la facultad cognoscitiva, física, estética, política, metafísica y un apartado de las doctrinas de Kant y Schopenhauer. En estos apartados Mainländer se propone hacer una revisión y una complementación de las doctrinas de Kant y Schopenhauer. En el primer capítulo titulado como “analítica de la facultad cognoscitiva” intentara dar una explicación a los procesos del conocimiento (sentidos, ideas, cosa en sí, los límites de la percepción y el conocimiento a través de la percepción). En el segundo capítulo, Mainländer intentará introducir el concepto de voluntad dentro de las ciencias físicas donde disertará sobre la vida abarcando lo vegetal, lo animal y lo humano intentando encontrar una “teoría del todo” filosófica. En el siguiente capítulo disertará sobre la estética donde se propondrá dar a entender por qué el arte y el goce estético no dan sentido a la vida, ya que, no son suficientes para compensar el vacío de la existencia contradiciendo en este punto a Schopenhauer para quien el goce estético significa un cese de la voluntad por lo menos de en un corto tiempo. En el siguiente capítulo dedicado a la ética expondrá sus ideas en lo tocante al bien y al mal el trato del hombre con sus semejantes, deduciendo que lo mejor es que el hombre se abstenga de traer más seres al mundo a causa de la constante agitación que hay en todos los seres. En el siguiente capítulo estará centrado sobre la política, donde será partidario de la consecución de un estado ideal intentado defender las pretensiones de los movimientos obreros en aras de que haya una equidad y por consiguiente exista un estado ideal, en donde la mayoría de los ciudadanos tengan las mismas comodidades materiales lujos y tiempo para que germine la idea de la aniquilación total.

Para Mainländer cuando suceda que todas las personas tengan las mismas comodidades materiales habrá un cambio de consciencia, hacia aquello de que la no existencia es mejor que la existencia. Este pensamiento es en resumidas cuentas el desear que todo el mundo se haga millonario para que todo lo exterior pierda su atractivo, pues al no quedar nada por hacer solo quedaría el exterminio. Finalmente, el ultimo capitulo se titula “metafísica” donde se abordará la aparición del universo a través de la muerte de Dios y la aparición de todos los seres que de forma individual llevan “la voluntad de morir”. Para finalizar, se evidencia como este pensador es un puente entre la filosofía de Schopenhauer y la Nietzsche, sin embargo, su filosofía ha sido olvidada quizá porque parece una filosofía demasiado radical desesperanzadora y porque a nadie le gustan las malas noticias (Pinto, 2012).

Conclusiones

Cuando se aborda a Freud a partir de lo planteado sobre la pulsión de muerte se llega a reflexionar acerca del placer y no solo de este sino de la tendencia primigenia que va más allá de todo placer, que a la larga en resumen sería el encuentro del individuo con la nada o por mejor decir con el vacío. El encuentro con la nada o de la tendencia del individuo a la autodestrucción conocido como la pulsión de muerte es lo que se analiza en este artículo en relación a un filósofo no muy conocido de cuna alemana llamado Phillip Batz, ya que este autor expondrá primero que Freud una tendencia inconsciente de todos los individuos a la auto aniquilación. Pues a partir de su postulado la “voluntad de morir” se llega a desprender todo un sistema filosófico diferente al planteado por Arthur Schopenhauer.

Por otro lado, en este artículo algunos conceptos como la voluntad pudieron no ser muy claros por eso se hizo necesario exponer de forma más o menos resumida los pensamientos de Schopenhauer, Mainländer y Freud, sin embargo, siempre teniendo presente que el autor Mainländer es el punto central sobre lo que recae un análisis desde la postura freudiana, aunque no solo se partiría del punto de vista freudiano sino que también de la mismísima visión de Mainländer en lo tocante a la exposición de una tendencia que empuja al individuo a la muerte ya que el concepto de “la voluntad de morir” se hace fundamental en miras de lograr hacer una comparación entre los dos autores teniendo presente la antinomia de Mainländer frente a la filosofía de Schopenhauer y finalmente las consideraciones sobre la búsqueda incesante del ser por el exterminio.

Referencias bibliográficas

BAQUEDANO, S. (2008). ¿Voluntad de vivir o voluntad de morir? El suicidio en Schopenhauer y Mainländer. Revista de Filosofía, 57(138), 117-126.
CABRERA SÁNCHEZ, J. (2013). La pulsión de muerte: apuntes para una inversión semántica del paradigma inmunitario desde el psicoanálisis. Psicología USP, 24(3), 469-488.
CASTRO, G. (2011). Pulsión de muerte: nostalgia por la armonía perdida. Revista Electrónica de Estudiantes, 6(1), 23-38.
FREUD, S. (1914). Introducción del narcisismo. Obras Completas, Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu.
FREUD, S. (1930). El Malestar en la Cultura. Buenos Aires: Amorrortu.
FREUD, S. (2003). Más allá del principio de placer. Obras completas, Vol. XVIII. Buenos Aires: La oveja negra.
KIERKEGAARD, S. (2017). El concepto de angustia. España: Textos.info.
NIETZSCHE, F. (2008). Fragmentos póstumos, Vol. II (1875-1882), Manuel Barrios y Jaime Aspiunza (intro., trad. y notas). Madrid: Tecnos.
PINTO, H. (2012). No ser y voluntad de morir en Phillip Mainländer. Revista de filosofía, 57 (138), 1-13.
SÁNCHEZ, J. (2013). La pulsión de muerte: apuntes para una inversión semántica del paradigma inmunitario desde el psicoanálisis. redalic.org.
SCHOPENHAUER, A. (2003). El mundo como voluntad y representación. Traducción de Roberto R. Ramayo. Madrid: FCE.
SCHOPENHAUER, A. (2009). Parerga y palipomena, Vol. 2. Madrid: Editorial Trotta.
URIBE CORTEZ, J. (2010). Voluntad y representación en Arthur Schopenhauer y su influencia sobre la obra de Sigmund Freud. Revista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, 9(34), 95-106.
VOLPI, F. (2005). El nihilismo. Traducción de Cristina del Rosso y A. Vigo. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Discusión de los factores endógenos del desarrollo local sustentable en la gobernanza de los recursos y servicios municipales

Gerardo Arturo Limón-Domínguez
UPN, Chihuahua (México)
Margarita Juárez-Nájera
UAM, Azcapotzalco (México)
José Marcos Bustos-Aguayo
UNAM, Zaragoza (México)
Bertha Leticia Rivera-Varela
UNAD, CDMX (México)
Cruz García-Lirios
CEPS, Cuernavaca (México)
.

Resumen

El desarrollo local, entendido como un balance entre demandas y recursos, desafíos y capacidades, supone escenarios de negociación, mediación y responsabilidad social compartida. En tal sentido, el propósito del trabajo es discutir las relaciones entre espacios, habitus y capacidades con la finalidad de vislumbrar horizontes de investigación que contribuyan al estudio del fenómeno. Se incluye una revisión de la literatura, el procesamiento de hallazgos, una propuesta de modelación y la discusión con otras iniciativas.

Palabras clave: Desarrollo local, sustentabilidad, cogobierno, modelo, Delphi

Introducción

El desarrollo local sustentable, entendido como un proceso de cogobierno, cogestión y corresponsabilidad que considera a los recursos y a los servicios como comunes, es el objeto de estudio e investigación del presente trabajo y el objetivo del presente trabajo es establecer un modelo de complejidad, considerando la información publicado en repositorios internacionales.

El desarrollo local sustentable supone un escenario de cogobierno de conflictos, libertades, oportunidades, capacidades y responsabilidades de gestión como de autogestión orientado hacia la conservación de espacios y especies (Carreón et al., 2016).

En el marco de los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental, los gobiernos locales han implementado políticas y estrategias para reducir tales efectos, pero la gestión y la administración ha sido preponderantemente estatal, excluyendo a los ciudadanos o en el mejor de los casos confinándolos a participar en la evaluación del desempeño de instituciones o funcionarios, soslayando los derechos que garantizan y obligan a la sociedad civil a proponer y discutir con sus autoridades un futuro común (García, 2013).

En consecuencia, las propuestas de autogobierno, autogestión y autoadministración de los recursos naturales y los servicios públicos se han edificado contraponiéndose a las leyes, instituciones y decisiones estatales, aún y cuando los medios de comunicación han difundido a la corrupción política como el obstáculo para el desarrollo local sustentable (García, Carreón y Hernández, 2016a).

Por consiguiente, desde la academia es menester la integración del autogobierno con la rectoría del Estado en materia de cogobierno, cogestión y coadministración de los recursos naturales y los servicios públicos a fin de reducir el impacto del cambio climático en la salud pública ambiental (García et al., 2012).

Teoría del desarrollo local sustentable

Los marcos teóricos y conceptuales que explican el desarrollo local sustentable son: 1) teoría de las espacialidades, 2) teoría de los habitus y 3) teoría de las capacidades (Bustos, Ganga, Llamas y Juárez, 2018).

La teoría de las espacialidades, para los fines del presente escrito, refieren a la explicación de la fetichización de espacios a los que se les atribuye un poder que los diferencia como es el caso de residir o aspirar residir en la ciudad con respecto a la periferia o al campo (Sánchez, Hernández, Martínez, Villegas y García, 2018).

Es así como una espacialidad supone una atribución desmedida de privilegios con respecto a procesos, cosas, objetos o personas. De esta manera, la fetichización de los espacios genera la exclusión de personas, aunque también se excluyen especies, espacios, cosas, procesos u objetos por el simple hecho de atribuirles un sitio fuera de una urbe (García, Carreón y Hernández, 2016b).

Sin embargo, la teoría de la espacialidad no advierte que tales atribuciones de poder a los espacios urbanos devienen de habitus tanto heredados como aprendidos. Este es así porque las disposiciones de quienes residen en urbes son transferidas de generación en generación y se moldean en la interrelación familiar, escolar o laboral (Juárez, Limón y García, 2018).

De esta manera, la exclusión a partir de la atribución de una superioridad a las urbes, sintetizada en las percepciones de la calidad de vida o la estética residencial, es una disposición negativa hacia todo aquello que no esté en la ciudad, pero también es una disposición que se aprende (García et al., 2013).

Al interactuar, los residentes de una urbe desarrollan habilidades y conocimientos en torno a lo que consideran servicios de seguridad y confort que los llevan a enaltecer su elección de residencia con respecto a quienes residen en espacios sin servicios que consideran esenciales como pavimentación, alcantarillado, drenaje o potabilización (García et al., 2014).

Ambos habitus, heredados y aprendidos explican la elección de un habitad, una estancia de residencia, así como una travesía hacia el confort y un retorno al lugar de primera residencia, pero no explican el aprovechamiento de oportunidades de compra o venta de casa residencia, ni el esparcimiento o entretenimiento que supone el turismo solidario o la búsqueda de empleo o estudios en las urbes (García et al., 2016).

La teoría de las capacidades advierte que los servicios públicos; salud, educación, empleo, vivienda o entretenimiento, aparentemente distintivos de una urbe con respecto a la periferia o el campo, son producto de las habilidades y los conocimientos que un residente desarrolla a partir de una lógica de escasez o abundancia (Rivera, Limón, Sandoval y García, 2018).

La lógica de la escasez no sólo explica la ineficiencia e ineficacia de la rectoría del Estado, la ilegitimidad de sus políticas urbanas o la nula efectividad de sus estrategias sino, además advierte que, en un contexto de austeridad o contingencia, los residentes se organizan para hacer frente a la crisis de desabastecimiento, aunque animados por la idea de que conservarán los recursos naturales para sobrevivir a la ingobernabilidad creciente (García et al., 2017).

En contraste la lógica de la abundancia, aunque refiere a una serie de creencias acerca de que el entorno natural es abundante y de que los residentes deben optimizar tales recursos, plantea el desarrollo de habilidades y conocimientos necesarios para importar de otros lugares los recursos que se demandan (García, Valdés y Sandoval, 2016).

La lógica de la escasez supone una cooperación solidaria mientras que la lógica de la abundancia sugiere una competencia por los recursos del entorno inmediato y circunvecino (Hernández et al., 2014).

Por tanto, el desarrollo local sustentable, desde los enfoques revisados, refiere a percepciones de escasez o abundancia de recursos y su reflejo en la calidad de los servicios locales (Sandoval, Bustos y García, 2018).

Estudios del desarrollo local sustentable

El trabajo se inscribe en el humanismo desarrollista (libertades, capacidades y responsabilidades), el constructivismo estructuralista (habitus, capitales y campos) y el urbanismo marxista (espacialidades); a) libertades, capacidades y responsabilidades para la reapropiación de la ciudad (espacios y recursos hídricos); b) habitus, capitales y campos en los que se gestan los conflictos por la redistribución de los recursos y los espacios de la ciudad (acuíferos, redes y pipas); c) espacialidades para la gobernanza de los recursos locales de la ciudad (conciencia para la distribución equitativa del agua).

La proximidad de los conceptos a los estilos cotidianos permitirá discutir la importancia del sistema político de gobernanza en referencia al sistema económico de ecociudad. En tal sentido, es menester abrir el debate en torno a la inclusión social a través del derecho a ciudad, principalmente a los recursos naturales y esencialmente a los recursos hídricos como elementos de desarrollo sustentable local (Juárez, García, Bustos, Sandoval y Molina, 2018).

La ciudad como un escenario de símbolos, significados y sentidos en torno a los cuales se representan las asimetrías entre las políticas públicas y los estilos de vida citadinos. La ciudad es un escenario de recursos que incrementan capacidades, pero también aumentan las responsabilidades (Valdés, Bustos y García, 2018).

Los estudios relativos a los servicios inmobiliarios; espaciales y tecnológicos señalan que la dimensión de las casas habitación y la tecnología de sus instalaciones, al ser cada vez más reducidas las primeras y más automatizadas las segundas, facilitan la captación fluvial y el reciclaje, pero inhiben el almacenamiento y reutilización de agua. La capacidad de provisión parece incentivar la irresponsabilidad del derroche de agua (Llamas, Bustos y García, 2018).

La interrelación entre recursos, servicios, escenarios, habilidades, conocimientos y responsabilidades que harían necesario un sistema de gobernanza suponen un equilibrio entre los factores mencionados este regulado por el Estado, supervisado por la ciudadanía y financiado por el mercado (Juárez, Bustos y García, 2018).

Sin embargo, a partir de un marco político desarrollista en el que las libertades darán paso a las capacidades y éstas a las responsabilidades. Tal proceso parece inhibirse dada la escasez de los recursos naturales en las ciudades. Es decir, la disponibilidad de los recursos, al ser un hecho objetivo más que subjetivo, influye en los estilos de vida de los usuarios que habitan las ciudades. Tal fenómeno de escasez activa políticas públicas que buscan abastecer de recursos a un sector social en detrimento de otro (García, Juárez y Bustos, 2018).

En respuesta a la exclusión o marginación de los servicios públicos, la población segregada construye habitus intuito, adopta estilos de vida desde los cuales se confrontarán simbólica y activamente con las autoridades. Las protestas, cierres, mítines, manifestaciones, marchas confrontaciones físicas o verbales son el resultado de la escasez de recursos, las políticas públicas y los estilos de vida o habitus de la ciudadanía (García, Bustos y Sandoval, 2018).

Los estudios en torno a los estilos de vida en las urbes en materia de desabasto, ahorro y reutilización de agua muestran que una disponibilidad inferior a los 50 litros diarios por persona incrementa la austeridad, pero aumenta las confrontaciones con las autoridades locales; secuestros de pipas, cierres de avenidas, boicots a redes y tomas clandestinas. La ciudadanía segregada de los espacios hídricos y los servicios públicos, desarrollan habilidades y estrategias para evidenciar la situación en la que se encuentran, manifestar su indignación y apropiarse de espacios (García, 2018).

En el marco de los conflictos hídricos entre autoridades y usuarios, los estilos de vida ciudadanos en una situación de escasez son una consecuencia de las políticas públicas. La ciudad es un campo de interrelación entre capitales y hábitos socialmente constituidos. De este modo, los capitales económicos y políticos están confrontados con los capitales naturales y ciudadanos. Es decir, el mercado y el Estado requieren de acuíferos que abastezcan la industria y los servicios privados como públicos de la ciudad, empero la disponibilidad de agua, a través de la recarga de acuíferos, es cada vez menor a los estándares internacionales o los registros históricos nacionales. Tal escenario explica la emergencia de habitus o estilos de vida en los sectores vulnerables, marginados o excluidos (Amemiya, Valdés, Espinoza y García, 2018).

Sin embargo, los estilos de vida son coyunturales, emergentes e inherentes a un grupo o agente social. Es decir, ante una situación de escasez y desabasto, la austeridad subyace y de igual modo, desaparecería en una situación de sustentabilidad hídrica en la que la recarga de los acuíferos garantizaría el desarrollo humano y local de las demarcaciones de una ciudad. Tal planteamiento, es insuficiente si se requiere entender el proceso histórico que llevó a las ciudades a concentrar los recursos, servicios, estilos de vida y capacidades (Quintero, García, Rivera, Sandoval, Figueroa y Molina, 2018).

La ciudad como un escenario simbólico en el que se materializan las relaciones de producción. La ciudad concentró las relaciones económicas asimétricas entre las clases dueñas de los medios de producción y la fuerza laboral. En este sentido, la ciudad es un escenario de producción industrial más que de servicios ya que las relaciones asimétricas entre burguesía y proletariado prevalecen sobre otras relaciones asimétricas. Por ello, la conciencia del espacio es menester ya no para apropiarse de la fábrica, sino de la ciudad que la alberga. El derecho a la ciudad sería la extensión del derecho a una relación de producción simétrica (García, 2018).

Si la fuerza laboral sólo se apropia de los medios de producción, los espacios serían únicamente un accesorio de la lucha de clases más que un elemento constitutivo de las diferencias entre dichas clases (Juárez, Bustos, Quintero, García y Espinoza, 2018).

La redistribución de los recursos y su impacto en el desarrollo humano, local y sustentable se explica desde las diferencias existentes entre individuos (sexo, edad, habilidades, educación, localidad) determinan las libertades que los individuos requieren para desarrollarse sostenidamente. En este sentido, las capacidades son conocimientos y experiencias derivadas de la interrelación entre las características individuales, los recursos y los espacios. A medida que los recursos escasean, las capacidades se ven diezmadas y los espacios son escenarios de conflictos ya que el Estado limita las libertades para garantizar una distribución proporcional de los recursos (Rosas, Goméz y García, 2018).

En el caso del agua, las capacidades juegan un papel fundamental ya que el uso cotidiano del agua implica el desarrollo de estilos de vida o habitus que pueden ayudar a contrarrestar la situación de escasez y desabasto. En tal sentido, la explicación de las discrepancias entre las políticas locales de abastecimiento de agua y las acciones de autogestión, cierre de avenidas, intervención de redes, secuestro de pipas y boicots al sistema son el resultado de transformaciones de los recursos y espacios a los que un sector de la ciudadanía no tiene acceso (García, 2018).

Si las capacidades y los habitus son indicadores de los conflictos entre las expectativas de la ciudadanía y las decisiones públicas, entonces es fundamental la reapropiación de los espacios para el debate sobre el derecho a la ciudad, sus recursos y sistemas de abastecimiento como de distribución hídrica.

En tal sentido, la categoría de poder para explicar las diferencias entre las relaciones de producción simbólica y material. La ciudad se erige como un símbolo de poder que homogeniza las relaciones de producción porque las condiciones materiales para la misma ya están pre-establecidas espacialmente. Es decir, las relaciones espaciales, son relaciones de poder, pero no relaciones comunicativas o discursivas, sino materiales, aunque su fetichización las hace parecer como objetos tangibles, pero sólo a nivel discursivo, tales relaciones podrían transmutarse (Molina, García y Bustos, 2018).

El fetichismo del espacio como mercancía desvirtúa el principio según el cual las condiciones materiales de existencia determinan la superestructura ideológica. Esto es así ya que el enaltecimiento de los objetos es inherente al valor de su uso. El espacio, real o simbólico tendría un valor de uso, pero no de cambio, aunque lo interesante de su fetichización está en que indica el grado de alineación a las relaciones de producción capitalistas sobre cualquier otro tipo de relaciones en la que los espacios no fuesen transformados en mercancías.

En cierto modo, las capacidades y los habitus serían precedentes a la alineación y estarían indicadas por su grado de representación fetichista del espacio. Si las capacidades y los habitus son habilidades circunscritas a los recursos y espacios, entonces la alineación sería el resultado de la escasez de recursos y la distribución asimétrica de los mismos. La escasez de agua fetichizada en desabasto supondría la emergencia de habilidades de ahorro o habitus de dosificación, pero tal proceso inhibiría la representación del conflicto y cambio social. es decir, la escasez, desabasto, confrontación o boicot indican un seudo-conflicto ya que es resuelto por abastecimiento de pipas, la distribución de garrafones, la provisión regular de agua o el otorgamiento de vales para la compra de agua. Las contradicciones existentes entre las políticas públicas y los estilos de vida, derivadas de la demanda del mercado farmacéutico, refresquero o cervecero, son reducidas a relaciones de distribución más que de producción o apropiación de espacios.

La fetichización del espacio impide observar las diferencias entre las relaciones sociales y la estratificación de las mismas a partir de mecanismos de segregación espacial y económica. Por ello es menester considerar como un complemento sociohistórico a las categorías de habitus y capacidades las cuales son a-históricas por considerarlas emergentes o subyacentes a la ausencia de libertades o la generación de conflictos abstractos entre la estructura (políticas públicas) y la agencia.

Los sistemas de gobernanza de los recursos naturales, principalmente los hídricos a los estilos de vida de los usuarios en referencia a las políticas públicas de oferta de agua y abastecimiento irregular. En tal sentido, la reconceptualización de los sistemas de gobernanza local permitirá una mayor equidad entre los sectores a través de un marco jurídico normativo de derecho a la ciudad en lo general, los recursos naturales y servicios públicos en lo local y el confort del agua en lo particular.

No obstante, la urgencia de un sistema político más justo en torno a la ciudadanía de las urbes, los proyectos de ecociudad son multidimensionales y en dicha diversidad estriba su complejidad (García et al., 2017).

El concepto ecociudad es multidimensional. Ha sido entendido como un sistema económico, político y social para reducir la huella ecológica de las generaciones antecedentes en referencia a las capacidades de las generaciones precedentes, un espacio delimitado a un millón de habitantes, cuyas actividades son la agricultura y la industria en función de la disponibilidad hídrica, aunque escenario de conflictos, el reciclaje se plantea como su principal instrumento de desarrollo (García et al., 2013).

El concepto de ecociudad está relacionado con otros de índole sociohistórica. Aunados a las categorías de libertades, capacidades, responsabilidades, habitus, capitales, campos y espacialidades, los conceptos de gobernanza, segregación, sustentabilidad, centralidad, inclusión, periferia y plusvalía permitirán conceptualizar la problemática de escasez, mercadocracia y desabasto en la demarcación de estudio (García et al., 2014).

Si se consideran los conceptos esgrimidos, un sistema de gobernanza orientado a la ecociudad es opuesto a la segregación vía la relocalización de sectores sociales a partir de la naturalización de su exclusión, pero está más próximo al desarrollo local ya que el termino sustentabilidad incorpora al sistema de gobierno como rector de los recursos y servicios de la ecociudad. Antes bien, un sistema de gobernanza se gesta en localidades pequeñas tales como el barrio o la periferia hasta extenderse al centro de la ciudad. Es así como los indicadores de ecociudad serían aquellos relacionados con la sustentabilidad e inclusión. En este sentido, los estudios en torno a los proyectos de sustentabilidad y ecociudad parecen demostrar la viabilidad de los términos a partir de indicadores heterogéneos (García et al., 2016).

Los estudios latinoamericanos en torno a la escasez, la mercadocracia y las políticas públicas de los recursos hídricos en las ciudades han utilizado diversos instrumentos para medir los indicadores de sustentabilidad hídrica local. El manejo de los recursos hídricos; la apropiación étnica del espacio urbano; la densidad poblacional como factor de sustentabilidad residencial; la identidad nacional como argumento de diseño de las edificaciones; el reordenamiento a partir de la inclusión y exclusión espacial, las políticas de turismo bi-oceánico periurbano; la percepción de riesgo periurbano; la segregación de las plazas públicas y la representación de la ciudad según estratos sociales son ejemplos de la relevancia empírica de estudiar la escasez, mercadocracia y políticas públicas en torno a los recursos hídricos de la Ciudad de México (García et al., 2014).

Los estudios empíricos respecto a la sustentabilidad y ecociudad han incorporado la dimensión simbólica y representacional de quienes consumen los recursos y por tanto evalúan los servicios públicos. De este modo, los estudios se han enfocado en el impacto de las políticas públicas sobre los estilos de vida de los pueblos originarios, comunidades, barrios y localidades periurbanas en referencia a la centralidad y el ordenamiento territorial (Hernández, Martínez, Duana y García, 2018).

En tal proceso, los estudios cualitativos han sustituido a la cuantificación de los espacios, los instrumentos tales como planos, registros y mapas han sido sustituidos por entrevistas a profundidad. La indagación de las relaciones espaciales y los recursos naturales ahora han incorporado las representaciones de los servicios públicos como elemento fundamental del sistema de gobernanza a través del establecimiento de tarifas por los servicios urbanos (Carreón et al., 2016).

Las relaciones de apropiación, transformación y distribución de recursos y espacios en su proceso de desarrollo incentivaron la diferenciación de las clases sociales. A medida que las diferencias se exacerbaron, la segregación de los espacios resguardó las diferencias apropiativas y transformativas al mismo tiempo que enalteció las diferencias distributivas de los recursos, principalmente los hídricos. Tal proceso confrontó a las políticas públicas frente a los estilos de vida privilegiando las demandas del mercado (Hernández, et al., 2014).

En torno a la situación de escasez y desabasto generada por las políticas públicas que se ajustaron a las demandas del mercado, los sectores marginados, excluidos y vulnerables desarrollaron habilidades, conocimientos y estrategias de apropiación de espacios (acuíferos, instalaciones, redes) para abastecerse y confrontar a las autoridades por la regularización del servicio. En este marco, la transformación de los recursos hídricos fue delegada al gobierno federal y el cobro del servicio al gobierno local (García et al., 2012).

En este sentido, el desabasto de agua y el incremento de las tarifas orientaron los conflictos hídricos hacia la condonación de deudas, la implementación de medidores, la reparación de fugas visibles, el resguardo de instalaciones, el control de las manifestaciones y los acuerdos entre autoridades delegacionales con representantes de los usuarios. En contraste, las concesiones de los acuíferos, la tecnología de reciclaje y captación fluvial, la inversión en infraestructura, la detección de fugas imperceptibles, la contaminación y sobrexplotación de los acuíferos, las culturas del agua y la desregulación inmobiliaria fueron soslayadas como problemáticas que impiden la sustentabilidad de la ciudad (García et al., 2014).

En el marco de los proyectos de ecociudad y la evaluación de sus sistemas de gobernanza, principalmente políticas públicos en torno a los recursos naturales, esencialmente los hídricos, el Índice de Desarrollo Humano pretende observar, medir y comparar las libertades, capacidades y responsabilidades, pero en el mejor de los casos sólo registra la cantidad de bienes públicos que evidenciarían la sustentabilidad local. Por ello se requiere de un índice que describa la sustentabilidad con énfasis en los recursos hídricos en referencia a su disponibilidad, extracción, distribución, consumo, reutilización, reciclaje y tarifa como elementos constitutivos de un sistema de gobernanza local (García et al., 2016).

Método

Se llevó a cabo una investigación documental que consideró la literatura publicada de 1974 a 2018 en repositorios internacionales: Dialnet, Latindex, Publindex, Redalyc y Scielo, así como la inclusión de los conceptos “espacialidad”, “habitus” y “capacidad” (véase Tabla 1).

Tabla 1. Descriptivos de la muestra informativa

 

Espacialidad

Habitus

Capacidad

Dialnet

43

31

27

Latindex

32

26

19

Publiendex

25

15

10

Redalyc

16

8

5

Scielo

9

3

1

 

Fuente: Elaborada con los datos el estudio

La información seleccionada fue procesada a partir de la técnica Delphi, la cual consiste en la selección, síntesis e integración de los datos consultados. Para ello, se realizó otro estudio documental con una selección intencional de fuentes, asumiendo que su periodo de publicación ubica a la fuente informativa en un grupo selecto para discutir las relaciones entre las variables indicativas del objeto de investigación: un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable (véase Tabla 2).

Tabla 2. Construcción de la matriz de análisis de contenido

Definición

Indicación

Medición

Interpretación

Espacialidad

Refiere al uso y a la apropiación de un contexto en función de su fetichización.

Datos relativos al uso y apropiación de espacios

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes refieren al desarrollo local a partir del uso y apropiación de espacios

Habitus

Alude a un quehacer simbólico heredado y aprendido con orientación hacia el desarrollo personal y colectivo.

Datos alusivos al aprendizaje de símbolos de desarrollo compartidos.

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes suponen un desarrollo endógeno a partir de oficios favorables al entorno

Capacidad

Supone la emergencia de habilidades, conocimientos y experiencias incentivadas por políticas de desarrollo endógeno.

Datos vinculados a los objetivos, tareas y metas alcanzadas de bienestar subjetivo y percibido

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes sugieren un desarrollo centrado en las experiencias, habilidades y conocimientos favorables al entorno.

Fuente: Elaboración propia

Jueces expertos evaluaron, calificaron y acreditaron los ejes y temas de la agenda investigativa sobre la temática, considerando los valores de vinculación o desvinculación de los datos. La codificación de los datos se procesó en el paquete de análisis cualitativo de datos (QDA por su acrónimo en inglés versión 4,0 ).

Resultados

Un modelo es una representación de las trayectorias de relaciones entre los factores esgrimidos en el estado del arte.

El desarrollo local sustentable, indicado por los campos de capacidad de libertades, espacios de capacidad de oportunidades, campos de fetichización de capacidades y espacios de capacidad de responsabilidad supone la construcción de un sistema de cogobierno, cogestión y coadministración.

Los campos de capacidad de libertad sugieren que, en el desarrollo local sustentable, los gobiernos promueven y garantizan los derechos económicos, políticos, sociales, laborales o sexuales en función de las habilidades y conocimientos de sus gobernados. En tal sentido, la relación entre gobernantes y gobernados se establece en campos de poder en los que ambos actores se influyen mutuamente.

Por consiguiente, los espacios de capacidad de generación de oportunidades se gestan en la medida en que entre los actores políticos y sociales dirimen sus asimetrías a partir del establecimiento de una agenda pública en la que los temas a gestionar y administrar son compartidos.

Empero, los campos de fetichización de capacidades advierten que si bien, las libertades y las oportunidades son más difundidos y protegidos en las urbes, ello no explica las diferencias entre la centralidad y la periferia o la semiperifería. En consecuencia, se gesta un apego hacia los recursos y los servicios urbanos.

Los espacios de capacidades de responsabilidad son resultado del cogobierno. Es decir, la conciliación de intereses entre las partes en conflicto. Por tanto, indican la cogestión y la coadministración al ser la corresponsabilidad un síntoma de gobernanza.

Consideraciones finales

El aporte del presente trabajo al estado del conocimiento estriba en el establecimiento de un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable, pero el tipo de selección de la muestra, la búsqueda en repositorios nacionales y la técnica de análisis limitan el modelo, por lo cual se requiere una selección informativa en repositorios internacionales con una técnica de análisis más sofisticada como la minería de datos.

Tal estrategia permitiría la inclusión de marcos teóricos, conceptuales y empíricos relativos al desarrollo local sustentable como la movilización social, la acción colectiva, las esferas civiles y las redes ciudadanas en conflicto y concertación con sus autoridades.

Referencias bibliográficas

AMEMIYA, M.; VALDÉS, O.; ESPINOZA, F. y GARCÍA, C. (2018). Especificación de un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable. Eureka, 15 (1), 136-157.
BUSTOS, J. M.; GANGA, F. A.; LLAMAS, B. y JUÁREZ, M. (2018). Contrastación de un modelo de decisión prospectiva e implicaciones para una gobernanza universitaria de la sustentabilidad. Margen, 89, 1-16
CARREÓN, J.; HERNÁNDEZ, J.; QUINTERO, M. L.; GARCÍA, C. y MEJÍA, S. (2016). Redes de conocimiento en torno a la complejidad organizacional: aprendizaje de la autorregulación, disipación, adaptabilidad y dinamismo ente los cambios. Prospectivas en Psicología, 2 (2), 57-70.
GARCÍA, C. (2013). La red de conocimiento en una universidad con sistema de prácticas profesional y servicio social tecnológico-administrativo. Fundamentos en Humanidades, 14 (1), 135-157.
GARCÍA, C. (2018). Especificación de un modelo con fuentes de 1987 a 2017 para el estudio de la corresponsabilidad hídrica en una localidad del centro de México. Diálogos de Derecho y Política, 19, 18-38.
GARCÍA, C. (2018). Teoría del comportamiento sustentable para el desarrollo local. Clivajes, 5 (9), 71-94.
GARCÍA, C.; BUSTOS, J. M. y SANDOVAL, F. R. (2018). Modelo especificado para el estudio de los servicios hídricos en una localidad del centro de México. Kayros, 22 (41), 1-20.
GARCÍA, C.; CARREÓN, J. y HERNÁNDEZ, J. (2016a). Especificación de un modelo de complejidad sociopolítica. Psicología Política, 14 (16), 40-59.
GARCÍA, C.; CARREÓN, J. y QUINTERO, M. (2016b). Contraste de un modelo de los determinantes de la personalidad gestora. Sin Fin, 16, 70-85.
GARCÍA, C.; CARREÓN, J.; HERNÁNDEZ, J.; MONTERO, M. y BUSTOS, J. M. (2012). Sistemas de complejidad política. Trabajo Social Hoy, 65, 39-48.
GARCÍA, C.; CARREÓN, J.; MECALCO, J.; HERNÁNDEZ, J.; BAUTISTA, M. y MÉNDEZ, A. (2014). Sistemas políticos complejos: Implicaciones para la seguridad pública sustentable. Acciones e Investigaciones Sociales, 34, 183-206.
GARCÍA, C.; CARREÓN, J.; SÁNCHEZ, A.; SANDOVAL, F. R. y MORALES, M. (2016). Confiabilidad y validez de un instrumento que el liderazgo y la gestión educativa. Equidad, 5, 109-130.
GARCÍA, C.; JUÁREZ, M. y BUSTOS, J. M. (2018). Especificación de un modelo para el estudio de la gobernanza local. Sincronía, 22 (73), 459-472.
GARCÍA, C.; JUÁREZ, M.; SANDOVAL, F. R. y BUSTOS, J. M. (2017). Una aproximación psicológica a la complejidad ambiental: Especificación de un modelo de estrés y resiliencia comunitaria. Comunitaria, 14, 75-95.
GARCÍA, C.; MORALES, M. L.; BUSTOS, J. M.; CARREÓN, J.; LIMÓN, G. A. y HERNÁNDEZ, J. (2013). Fundamentos sistémicos de la complejidad política. Enfoques, 25 (1), 7-23.
GARCÍA, C.; SANDOVAL, F. R.; RIVERA, B. L.; LIMÓN, G. A. (2017). Complejización de un modelo para el estudio de la resiliencia ambiental. Sin Fronteras, 10 (25), 1-13.
GARCÍA, C.; VALDÉS, O. y SANDOVAL, F. R. (2016). Complejidad algorítmica y neguentrópica en modelos que explican el sufrimiento social en la Ciudad de México. Margen, 81, 1-6.
HERNÁNDEZ, J.; CARREÓN, J.; MORALES, M. L.; AGUILAR, J. A. y GARCÍA, C. (2014). Complejidad sociopolítica del transporte público. Implicaciones para el desarrollo local sustentable. Razón y palabra, 86, 449-468.
HERNÁNDEZ, T. J.; MARTÍNEZ, E.; DUANA, D. y GARCÍA, C. (2018). Reliability and validity of an instrument that measures the main challenge facing the management and administration of water resources and services. Open Journal of Political Science, 8, 353-364.
JUÁREZ, M.; BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2018). Develación del significado de la gobernanza metropolitana del servicio hídrico local. Epsys, 24, 1-27.
JUÁREZ, M.; BUSTOS, J. M.; QUINTERO, M. L.; GARCÍA, C. y ESPINOZA, F. (2018). Gobernanza de la sustentabilidad hídrica: especificación de un modelo para el estudio de la reutilización cooperativa. Invurnus, 13 (2), 33-43.
JUÁREZ, M.; GARCÍA, C.; BUSTOS, J. M.; SANDOVAL, F. R. y MOLINA, H. D. (2018). Confiabilidad y validez de un instrumento la percepción de los servicios hídricos municipales. Epsys, 30, 1-22.
JUÁREZ, M.; LIMÓN, G. A. y GARCÍA, C. (2018). Especificación de un modelo para el estudio del habitus de movilidad. Revista de Ciencia Política, 34, 1-35.
LLAMAS, B.; BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2018). Especificación de un modelo para el estudio del habitus de movilidad. Sin Frontera, 11 (27), 1-22.
MOLINA, H. D.; GARCÍA, C. y BUSTOS, J. M. (2018). Governance of the quality sustainability in a mexican organization. International Journal of Environment, Agriculture and Biotechnology, 2 (6), 1-9.
QUINTERO, M. L.; GARCÍA, C.; RIVERA, B. L.; SANDOVAL, F. R.; FIGUEROA, O. y MOLINA, H. D. (2018). Modelo de conciencia para la sustentabilidad. Integración Académica en Psicología, 6 (16), 4-19.
RIVERA, B. L.; LIMÓN, G. A.; SANDOVAL, F. R. y GARCÍA, C. (2018). Modelo de percepción de riesgos beneficios e intención de voto a favor de las ciclovías. Revista Ciencia Política, 34, 1-21.
ROSAS, F. J.; GOMÉZ, D. A. y GARCÍA, C. (2018). Especificación de un modelo para el estudio de la percepción de movilidad. Eureka, 15 (2), 1-11.
SÁNCHEZ, A.; HERNÁNDEZ, T. J.; MARTÍNEZ, E.; VILLEGAS, E. y GARCÍA, C. (2018). Cultura organizacional en microempresas activadoras del desarrollo local. Margen, 89, 1-10.
SANDOVAL, F. R.; BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2018). Contrastación exploratoria de un modelo de gobernanza de la sustentabilidad hídrica local. Gestión de las Personas y Tecnología, 31, 72-87.
VALDÉS, O.; BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2018). Confiabilidad y validez de un instrumento que mide las corresponsabilidades hídricas. Sin Frontera, 11 (27), 1-25.

Competencias de la clínica en el ámbito educativo

Gabriela Prieto Loureiro
Máster en Psicología y Educación. Profesora adjunta del Instituto de Psicología Clínica en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Uruguay)

.
Las conceptualizaciones sobre las competencias en el ámbito de la educación se encuentran intensamente discutidas a mediados de la década de los noventa, del siglo, pasado como una opción para mejorar los procesos de formación académica tanto en el nivel de educación básica como en la formación del técnico medio y la formación de profesionales con estudios de educación superior (Díaz Barriga, 2005).

Como señala Fernández Sacasas (2000), la educación superior en relación con las carreras vinculadas a la salud ha sufrido cambios profundos en cuanto a la metodología utilizada a efectos de su aprendizaje y de su enseñanza. Para este autor, las prácticas de enseñanza vinculadas a la clínica aparecen cada vez más centradas en el sujeto que aprende y esto se relaciona a su vez con las motivaciones para el aprendizaje y los Estilos de Aprendizaje presentes en los estudiantes.

A pesar de los cuestionamientos dentro de la enseñanza de la clínica y especialmente en el campo de salud, el aprendizaje por competencias ha ido desarrollándose a pesar de que muchas veces no se explicite en forma directa tal acción por parte de las instituciones de enseñanza superior. Cabe señalar que en la enseñanza de la clínica, así como en la educación en general, se observa el uso cada vez más frecuente de la enseñanza personalizada (Venturelli, 2003) por medio del uso de de tutores.

Por su parte, Parra y Lago de Vergara (2003) sostienen que en el ámbito de la salud, sus profesionales deben desarrollar dispositivos para atender un gran número de estudiantes, desarrollar destrezas a efectos del reconocimiento de problemas, de la obtención de datos y de la formación de su pensamiento para la toma de decisiones. En este sentido, autores como Barbier (1999) entienden que la acción dirigida a adultos que en el futuro ocuparán un lugar laboral, suele estar atravesada por la representación que se tenga de la profesión y del profesional. Para Barbier, el mundo de la formación actúa como transformador de capacidades y desarrollador progresivo de las mismas.

Otros autores (Ferry, 1997, Schön 1992) han definido la formación como vinculada a la forma de moldearse. Esta sería un estilo para actuar, para reflexionar y para ir moldeando esa forma. Ferry (1997) señala que cuando se habla de formación se hace referencia a la formación profesional y a la posibilidad de ingresar en condiciones de ejercer la práctica profesional. Así mismo, Souto (1999) considera que el acto pedagógico es producto de la interacción entre un sujeto que enseña y otro que aprende lo que está mediado por un tercer elemento que sería el contenido. Esta relación es para esta autora cognitiva a la vez que social y afectiva.

Otros autores, en cambio, jerarquizan en relación con la enseñanza de la clínica, la presencia de capacidades personales, de competencias y de aptitudes de tipo social que refieren a la convivencia e interacción con otros. Las competencias se van perfeccionando a través de una práctica y de la posibilidad de realizar una reflexión sobre la acción. (Irby 1995 y Hernández Aristu 1995, citados por Finkelstein y Gardey, 2004),

En este sentido, Lifshitz (2004) señala que el aprendizaje de la clínica no obedece a las estrategias usadas en otro tipo de aprendizaje y sostiene que no se logra el aprendizaje de la clínica solamente en base a memorización y lecturas. Este tipo de aprendizaje presenta, además, una mayor carga de los aspectos afectivos. Este autor, señala que los retos más significativos para la enseñanza de la clínica radican en la existencia de una estrecha vinculación entre teoría y práctica. Este autor considera que es necesario partir de la práctica para luego incorporar la teoría en la enseñanza de la clínica.

En su versión más elemental, la competencia clínica abarca la capacidad para acercarse al paciente, ganarse su confianza y lograr obtener de él la información pertinente; el dominio de los procedimientos para la práctica cotidiana y utilizar el razonamiento diagnóstico para tomar decisiones. (Lifshitz, 2004, p. 211)

Tal es el caso de otros autores que señalan que las calificaciones personales y las habilidades que presuponen la necesidad de competencias cognitivas para el saber, se crean a través de la práctica y de la posibilidad de reflexionar sobre la acción realizada. (Hernández Aristu, 1995, citado por Finkelstein y Gardey, 2004).

Otro autor que jerarquiza la reflexión sobre la acción en la enseñanza es Schön (1992) señalando que la acción debe ser acompañada de la reflexión. Considera que la reflexión es parte de la autonomía y la responsabilidad de un profesional. Schönn plantea que cuando se aprende el arte de una práctica profesional, se aprenden nuevas formas de utilizar diferentes tipos de competencias que ya se poseen.

Por su parte Andreozzi (1998) señala que a efectos de la enseñanza de la clínica se opera un régimen de alternancia entre el ámbito de la academia y el del trabajo profesional, lo que condiciona y limita el proceso de formación de los estudiantes. Para Parra y Lago (2003) en relación con la clínica vinculada al ámbito de la salud, los profesionales que en ésta se desempeñen deben incorporar destrezas para reconocer problemas, recolectar datos y poder dar cuenta de la toma de decisiones.

En este sentido, la pirámide de Miller (1990) contempla cuatro niveles. Dos niveles en la base de la pirámide, en los que el autor ubica los conocimientos (saber) y el cómo aplicarlos a casos concretos (saber cómo). Un nivel superior, en que ubica la competencia cuando ésta es establecida y desplegada en ambientes simulados, en los cuales el profesional clínico debe demostrar todo lo que sabe hacer. Por último, un nivel en la cima, donde se ubica el desempeño en la práctica real (hacer).

Por último, a partir del planteo de los diferentes autores mencionados, puede concluirse que la clínica exige poner en práctica habilidades y competencias específicas, que serán necesariamente diferentes a las desarrolladas en el contexto del aula tradicional.

Referencias bibliográficas

ANDREOZZI, M. (1998). Sobre residencias, pasantías y prácticas de ensayo: una aproximación a la idiosincrasia clínica de su encuadre de formación. IICE: Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación, 7, (13), 23-30.
BARBIER, J. M. (1999). Prácticas de formación, evaluación y análisis. Formación de formadores. Serie los documentos. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.
DÍAZ BARRIGA, A.(2006). El enfoque de competencias en la educación: ¿Una alternativa o un disfraz de cambio? Perfiles educativos, 28 (111), 7-36. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982006000100002&lng=es&tlng=es
FERNÁNDEZ SACASAS, J. A. (2000). Sinopsis histórica de la clínica y su enseñanza. En: Arteaga Herrera J, Fernández Sacasas J. A., Manual de la enseñanza de la clínica, 14-22. La Paz: Biblioteca de Medicina.
FERRY, G. (1997). Pedagogía de la formación. Buenos Aires: Novedades Educativas.
FINKESTEIN, C. y GARDEY, M. (2006). Habilidades docentes en la enseñanza de clínica. V Congreso Nacional y II Internacional de Investigación Educativa. Cipolletti, Octubre de 2006. Recuperado de http://rapes.unsl.edu.ar/Congresos_realizados/Congresos/IV%20Encuentro%20-%20Oct-2004/eje8/092.htm
HERNÁNDEZ, A. y otros (1995). La educación de adultos como proceso. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.
LIFSHITZ, (2001). La modernización de la clínica en las escuelas de medicina. Ponencia en Seminario actual de la medicina. UNAM. Recuperado de http://www.facmed.unam.mx/eventos/seam2k1/2001/ponencia_ago_2k1.htm
MILLER, G. E. (1990). The assessment of clinical skills/competence/ performance. Acad Med., 65(9), 63-67.
PARRA, C. y LAGO DE VERGARA, D. (2003). Didáctica para el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes universitarios. Educación Media Superior, 17(2). Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S0864-21412003000200009&script=sci_arttext
SCHON, D. A. (1987). La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje de las profesiones. Barcelona: Paidós.
SOUTO, M. y otros (1999). Grupos y dispositivos de formación. Buenos Aires: Novedades Educativas.
VENTURELLI, J. (2003). Educación Médica: Nuevos enfoques, metas y métodos. Serie PALTEX. Salud y Sociedad OPS. OMS 2000 (8), 34-45.

Disquisiciones sobre el uso y abuso de opiáceos y otros psicofármacos. El caso de Islandia

Inmaculada Jauregui Balenciaga
Doctora en psicología clínica e investigación. Máster en psicoeducación y terapia breve estratégica
.

Resumen

Toxicomanías, adicciones, dependencias. Todos ellos conceptos que intentan definir y diferenciar ente uso y abuso de un fenómeno todavía mal entendido, comprendido, explicado.

Psicofármacos, drogas, estupefacientes, psicotrópicos. Términos todos ellos que intentan definir y diferenciar toda una serie de sustancias que modifican, alterando el sistema nervioso, la mente, el cerebro, la personalidad, el alma. Tampoco se sabe bien.

No se sabe cómo definir el fenómeno, lo que hace realmente imposible su estudio, su investigación y aún mucho menos su comprensión, desde un punto de vista científico. Entonces, ¿cómo tratarlo?

El resultado de toda esta confusión resulta ser un confuso conglomerado de investigaciones, programas y tratamientos igualmente imposibles de evaluar.

Lo que parece estar cada vez más claro es la relación entre este fenómeno y las condiciones de vida postmodernas. Estilos de vida que demandan paliativos en forma de consumo de sustancias que a su vez originan problemas de salud pública que a su vez requieren de intervenciones globales.

Abstract

Toxicomanies, addictions, dependencies. All of them concepts that try to define and differentiate between use and abuse of a phenomenon still poorly understood, understood, explained, from a scientific point of view.

Psychopharmaceutical, drugs, narcotic psychotropic drugs. Terms all of them that try to define and differentiate a whole series of substances that modify, altering the nervous system, the mind, the brain, the personality, the soul. It is not well known either.

We do not know how to define the phenomenon, which makes it really impossible to study it, research it and even less understand it. So, how to treat it?

The result of all this confusion turns out to be a confusing conglomeration of research, programs and treatments equally impossible to evaluate.

What seems to be increasingly clear is the relationship between this phenomenon and postmodern living conditions. Lifestyles that demand palliatives in the form of substance use that in turn cause public health problems that in turn require global interventions.

Introducción

La definición de un problema es el paso fundamental y primigenio en cualquier investigación que quiera tildarse de científica. Si bien en ciencias sociales, sabemos que los criterios de cientificidad no pueden ser los mismos que en ciencias naturales, si se apela a un consenso porque lo que se busca es un sentido, no una verdad.

Llamar a las cosas por su nombre nos permite distinguir lo que es de lo que no es. Para ello, nos servimos de la descripción: descripción de características, de comportamientos. Sabemos  del carácter subjetivo impreso en la ciencia. Por ello, la objetividad no la ponemos en la verdad sino en entender la realidad tal y como se presenta y no como desearíamos que fuera.

Somos conscientes de que definir como problema cualquier fenómeno, es ante todo un hecho político y por lo tanto ideológico. No podemos abstraernos de la realidad. Y es que las instituciones, dotadas de un poder simbólico, no solamente seleccionan los “problemas” mediante procedimientos muy sutiles, sino que además facilitan la extensión social de determinados diagnósticos a partir de los cuales también serán definidas las intervenciones (Crespo y Serrano, 2016).

Definir conceptos como uso y abuso resulta extremadamente difícil por la falta de rigor científico de las definiciones y conceptos, esto es, falta de consenso y de sentido de realidad. Falla procedente también del uso indiscriminado de términos distintos y dispares como sinónimos, lo que lejos de consensuar confunde.

Quizás por ello, una buena descripción del fenómeno uso y abuso precedido de una serie de estudios sistematizados haya desembocado en un proyecto con resultados. Este parece haber sido el caso de Islandia.

Definiciones y complejidades

En general, en cualquier investigación que se jacte de rigurosa y científica, resulta fundamental la definición porque a partir de ésta, la investigación cobra un sentido. En parte, porque la definición viene respaldada por los hechos. Esto es, la definición representa el contenido real, la realidad vivida, experienciada. En ciencias, se trata de una abstracción que representa, por común acuerdo, lo que es una realidad (Bozzoli, 1961). Por otra parte, porque a partir de la definición, se podrán vislumbrar tratamientos eficaces que de otra manera, podrían dar pocos e ineficaces resultados.

El rigor científico pretende evitar la aleatoriedad, el sesgo, la ideología, para llegar así a un conocimiento científico de los hechos, eliminado el prejuicio y llegar a un juicio (Arendt, 1997). Es fundamental que cuando hablemos de fenómenos pertenecientes al campo de la realidad, de su fenomenología, sepamos de que estamos hablando exactamente, además de respetar el consenso de la comunidad científica.

Ahora bien, no vamos a pecar de ingenuos en cuanto a la eliminación total de prejuicios en los hechos científicos porque como ya lo demuestra la epistemología constructivista, estos no escapan a su propia construcción (Watzlawick y col., 2005). Los hechos tildados de científicos  son ante todo una construcción cultural (Latour y Woolgar, 1995). El lenguaje crea, conforma y transforma la realidad humana puesto que configura la percepción y la visión del mundo (Austin, 1981). Las teorías y discursos, más que explicar la realidad, lo que hacen es construirla. Son prácticas orientadas por toda una estructura social y cultural, que como tal, contiene elementos de poder y de control (del Olmo, 1996).

Particularmente en lo que respecta al uso y abuso de opiáceos y psicofármacos, nos encontramos en general con una gran nebulosa en torno a la rigurosidad de los conceptos, implicando en sus definiciones procesos de estigmatización, de medicalización, de poder, de ideología, de moral, de política, de economía, de marketing, entre otros. En este sentido, se hace difícil una construcción rigurosamente científica de estos términos. Esta falla impregna pues, tanto los intentos de comprensión ligados al fenómeno como los tratamientos.

Para empezar, debemos cuestionarnos qué significa uso y abuso y sobre todo reflexionar sobre quién los define. También debemos cuestionarnos a qué responde la utilización de términos, aparentemente sinónimos, para denominar un fenómeno, que por otra parte, no acaba nunca de ser consensuadamente definido y por tanto, validado.

Uso y abuso

Se define el uso cuando el consumo es ocasional, episódico o aislado, constreñido a ciertos acontecimientos, sin ocasionar dependencia ni habituación a la sustancia, ni repercusiones negativas en áreas importantes en la vida de la persona (Damín, 2017). Parece tratarse pues de un patrón de consumo sin consecuencias negativas para la salud y en donde no aparecen problemas individuales ni dependencia.

El abuso se define como el uso compulsivo, es decir, hay una dependencia y un estilo de vida asociado en torno a este tipo de uso (Cormier, 1993). El uso aquí viene determinado por la necesidad. Digamos que hay un patrón comportamental en el abuso, que ocasiona trastornos y dificultades físicas, destacando aspectos tales como la tolerancia, la abstinencia, el alto consumo, un deseo obsesivo o persistente, mal uso del tiempo, abandono de actividades, consumo continuado. Esta forma de uso desencadena un deterioro clínico significativo, afectando negativamente esferas de la vida como las relaciones sociales e interpersonales, las familiares, las laborales, entre otras esferas (Ibid).

El término abuso de sustancias se encuentra en el manual DSM-IV y se define como un trastorno consistente en un patrón desadaptativo de consumo de sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos. Esta definición se asemeja a lo que en el CIE-10 aparece como categoría diagnóstica denominada uso perjudicial, fundamentalmente definido a partir del perjuicio en la salud que el consumo genera, es decir, que por las cantidades y la frecuencia generan consecuencias negativas tanto en la persona consumidora como en su entorno. Esta perspectiva parecer hacer hincapié en cuestiones cuantitativas.

Desde el cuerpo médico se define el abuso como “… el uso, normalmente por autoadministración, de cualquier droga, cuando se desvíe de pautas médicas o socialmente aprobadas dentro de la una cultura dada” (Jerome H. Jaffe en Szsaz, 1990, p. 30). Desde esta mirada, el abuso tiene que ver con la desviación de pautas sociales y médicas. Desde esta mirada, entendemos que la frontera entre uso y abuso está en la manera de administrarse, es decir, que si es autoadministrado, es abuso y si es médicamente administrado, se etiqueta como uso. En esta consideración no entran en juego ni la dependencia ni la degradación psicosocial de la persona, a pesar de que la pueda haber. Tampoco se hace alusión a la frecuencia ni las cantidades.

Lo que observamos en todas estas definiciones es la vaguedad de los términos utilizados que se prestan a interpretación. Plantean más interrogantes de los que resuelven: ¿dependencia?. Al respecto, dicha noción no está claramente definida la dependencia ni hay un modelo científicamente validado de la dependencia como patología. ¿Problemas individuales? El consumismo genera muchos problemas individuales, además de sociales, y no se considera abuso. ¿Consecuencias negativas para la salud? El uso prolongado de muchos psicofármacos tienen más consecuencias negativas para la salud que positivas como indican los prospectos, y sin embargo se considera uso. ¿Patrón desadaptativo? Ya David Rosenhan (1973) expuso las dificultades no solo de definir sino de distinguir entre un estado sano y uno enfermo y todavía hoy no se ha aclarado dicha diferencia. Sabemos por Benedict que los conceptos normalidad y anormalidad no tienen validez general. Y aunque la psiquiatría ha hecho de la adaptación a la realidad un criterio objetivo, sabemos también que no es un criterio exacto. Por ejemplo, muchos alemanes se hicieron nazis como forma de adaptación a la realidad pero ¿qué pasa si la realidad es generadora de locura o insania moral?. ¿Malestar clínicamente significativo? ¿Cómo se define este concepto? ¿Qué hay de la distinción entre clínico y subclínico?

En el caso de los psicofármacos, el hábito de autoadministración se va extendiendo y propagándose a nivel privado, por lo que es difícil poder diagnosticar, creándose además así una “toxicomanía a los medicamentos”, caracterizada por una búsqueda de efectos positivos en la socialización y la performance, totalmente diferente de la decadencia y desestructuración atribuida a la toxicomanía de las drogas (Ehrenberger, 2004). El abuso de psicofármacos, en este contexto, aunque genere dependencia y adicción, no necesariamente entraba la vida cotidiana del individuo. Es más, hay muchas personas que dependen de psicofármacos y otras sustancias para “bien” funcionar en el cotidiano. Este abuso se plantea como necesario por parte de los consumidores, para funcionar con “normalidad”. Por otro lado, gracias a la integración del psicotrópico como herramienta de autocontrol, el individuo se hace cargo personalmente del malestar social. De esta manera, el individuo se integra y adapta socialmente, además de favorecer una banalización de este tipo y forma de consumos. Esta forma de abuso puede generar dependencia pero no necesariamente una desestructuración psicosocial en la persona. En estos casos, estas personas también escapan al diagnóstico y por lo tanto, al tratamiento.

Al abuso también se le llama consumo problemático, definiéndose como un uso inadecuado en cuanto a su cuantía, frecuencia y finalidad (Damín, 2017). Para definir este tipo de uso también se utiliza la expresión “uso indebido” (Kierbel y Ciccia, 2013). Dudamos del rigor científico de conceptos tales como inadecuado o indebido, particularmente de la credibilidad, puesto que no se llega a un consenso comunicativo.

Lo que parece claro es que “el abuso de drogas, es un asunto convencional; por tanto, es una tema que pertenece a la antropología y la sociología, a la religión y al derecho, a la ética y la criminología” (Szasz, 1990, p. 31). Así pues, volvamos a los orígenes: la etimología.

El término abuso, del latín abuti, agotar, es una palabra compuesta del latin ab que significa lejanía, privación, separación y usus que significa uso. En este sentido podríamos afirmar diciendo que el término abuso significa un uso separativo, un uso alienante. También un uso que agota en el sentido de que priva y aleja. Aventurándonos más allá, podríamos finalmente deducir que el abuso es un uso que aleja del original significado de uso, una utilización que va más allá del uso, alejándolo cada vez más de aquella utilidad para la cual el fenómeno fue diseñado. Puede ser un alejamiento contextual en el sentido antropológico o puede ser un alejamiento en cuanto a frecuencia y cantidad del uso. Puede también ser un uso alejado de su forma original o incluso un uso que aliena de sí mismo. Un uso maniaco, delirante, errático, ilusorio. Así pues, para diferenciar entre uso y abuso, hay preguntas claves que debieran ayudar al diagnóstico y tratamiento como: ¿para qué se utiliza?, ¿cuál es el uso original? ¿cuál es la forma de usarlo? ¿hay una desviación en la utilización?, ¿qué efectos genera? entre otras. El abuso podría definirse como la perversión del uso. Usar hasta agotar, despareciendo su funcionalidad primaria. Usar hasta alterar la condición natural o cultural. Desde un punto de vista psicológico, la perversión refiere a una anomalía, a una desviación de una tendencia natural.

En consecuencia, estudiar el abuso y diseñar planes de tratamiento eficaces, requeriría estudios cualitativos en la población en general para poder diagnosticar como abuso a todo uso pervertido de todo tipo de sustancias que de alguna manera, alejen a la persona y la alienan, poco importa si es autoadministrado y administrado con receta; poco importa si la sustancia la adapta socialmente o la desestructura.

Hay otros conceptos que se entrelazan y solapan como el de dependencia y adicción (Valleur y Matysiak, 2003), sin que por ello, quede mejor reflejado el fenómeno de uso y abuso. Así por ejemplo, el abuso puede desembocar en dependencia, entendida como la necesidad de consumir una sustancia. La dependencia se define cuando no se puede dejar de consumir porque al hacerlo, emergen síntomas físicos y/o psicológicos desagradables de malestar. En la dependencia parece haber una pérdida de control y un impulso hacia el consumo. La dependencia puede ser física o psicológica. No obstante, la dependencia es una tendencia natural en el ser humano y por lo tanto no puede ser utilizada como sinónimo de patología o abuso. En todo caso debiéramos hablar de abuso como perversión de la dependencia, es decir, aquello que altera una dependencia sana y natural.

La adicción, del latín addictus, refiere a la condición de esclavo temporal hasta acabar de pagar su deuda, perdiendo temporalmente el estatuto de hombre libre (Jauregui, 2002). Y en este caso sobre el uso y abuso de sustancias, haría referencia a la condición de esclavo de una sustancia, perdiendo la libertad, esto es pervirtiendo el estado natural del ser humano, un estado libre. No obstante, el término adicción se aplica en nuestra sociedad solo a ciertas sustancias o actividades, dejando fuera otras tantas sustancias y actividades que podrían entrar perfectamente en la definición de adicción (Ibid).

La dependencia a ciertas sustancias etiquetadas de drogas, en sus inicios se llamaba toxicomanía, definiendo así a la dependencia tóxica como manía, termino acuñado para definir una enfermedad mental, en un principio asociada a la melancolía, posteriormente a la depresión y finalmente a la psicosis maniaco-depresiva o depresión bipolar, caracterizada por la euforia exagerada, la presencia obsesiva de una idea fija y un estado anormal de agitación y delirio (Luque y Berrios, 2011). Siendo la manía una de las fases de la psicosis caracterizada por una alteración del estado del ánimo de tipo eufórica. Se trata de un trastorno del ánimo caracterizado por la pasión y la obsesión compulsiva. Es una forma de locura (Pinel, 1998). En la época clásica se clasificaba manía a “la presencia de ira, agresión, excitación y pérdida de control. En ella se incluían entidades que hoy se identificarían con (… ) la intoxicación por drogas” (Luque y Berrios, 2011, p. 132). Pero este término también sufrió un cambio conceptual que se desarrolló a lo largo de los siglos XIX y XX, en parte por ser “una categoría demasiado amplia y general” (Ibid). A pesar de estas imprecisiones, podríamos extrapolar diciendo que el abuso de sustancias sería una forma de manía que hunde sus raíces en una depresión o melancolía, constituyendo una alteración o incluso podríamos decir que una desviación. En este sentido, si la manía sería entendida como una gran defensa contra la depresión (Klein en Soler, 1992), el abuso de sustancias opiáceas y psicofarmacológicas, por extensión, representan ese intento de defensa maníaco y evitante, de manera a bloquear el proceso madurativo con reminiscencias infantiles relacionado con la pérdida y el duelo del paraíso perdido: la unidad madre-infante. Es decir, el abuso de sustancias sería pues una defensa contra el reconocimiento de un yo separado, individualizado pero a su vez, necesitado en el sentido de dependiente, de relaciones más allá de sí mismo. Y aquí nos topamos con la herida narcisista y la aceptación de la ley. La pérdida de esa omnipotencia infantil alrededor de la cual gira el mundo. El abuso convierte a la persona en un ser incapaz de satisfacción y de deseo y por consecuencia, incapaz de acceder a su dimensión humana. El abuso no permite la ley, limitar el uso, construir un bastante, satis-facere. Y aquí se desliza la frontera entre el uso y abuso. El abuso de sustancias tóxicas sería ese intento de satisfacción plena e inmediata. Prohibición necesaria para el desarrollo de la civilización (Freud, 1981). Efectivamente, el abuso aparta del mundo exterior, encerrándose en una relación paradisiaca entre el sujeto y la sustancia.

Opiáceos y psicofármacos: problemas terminológicos

El término opiáceo es concretamente un adjetivo que se aplica a toda sustancia que deriva del opio. Opio refiere a una sustancia amarga y fuertemente olorosa obtenida del proceso de desecado de las cabezas de adormideras –planta harbácea- verdes con propiedades analgésicas, hipnóticas y narcotizantes (Seidenberg y Honneger, 2000).

El organismo “Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica” ANMAT, define psicofármaco a todo producto farmacéutico compuesto por sustancias psicotrópicas, utilizado como objeto del tratamiento de padecimientos psíquicos o neurológicos (Bolaños et al., 2014). También define como psicotrópico a cualquier sustancia natural o sintética, capaz de influenciar las funciones psíquicas por su acción sobre el Sistema Nervioso Central (Disposición ANMAT N° 885/10 en Bolaños et al., 2014). Parece claro, pero no lo es. Así, Graciela Jorge (2005) presenta nada menos que tres definiciones para el mismo concepto: una más clásica en la que se hace hincapié en la modificación de síntomas propios de enfermedades mentales por medicamentos. Una segunda en la que utiliza la expresión fármaco o droga útil cuya finalidad médica es producir efectos sobre el comportamiento. Por última, una tercera en la que amplia el campo y habla de aliviar síntomas y aquí ya no habla estrictamente de enfermedades mentales sin para todas las estructuras tanto psicóticas como neuróticas.

En cuanto al opiáceo, a pesar de la clara definición aportada, en la literatura vamos a encontrar muy a menudo la utilización de opioide en lugar de opiáceo. El término opioide se utiliza para designar aquellas sustancias endógenas o exógenas que tienen un efecto análogo al de la morfina y poseen actividad intrínseca. Así, no todos los opiáceos son opioides ni todos los opioides son opiáceos.

En lo referente a psicofármaco, existen en la literatura otros términos que funcionan a modo de sinónimos como estupefacientes, sustancias psicoactivas o droga, confundiendo el panorama.

Estupefaciente se refiere a toda sustancia psicotrópica, con alto potencial de producir conducta abusiva y/o dependencia (psíquica/física, con perfil similar a morfina, cocaína, marihuana, etc.), que actúa por sí misma o a través de la conversión en una sustancia activa que ejerza dichos efectos.” (Disposición ANMAT N° 885/10 en Bolaños et al., 2014 ).

Sustancia psicoactiva o psicoactivos, según la organización mundial de la salud, hace referencia toda sustancia química de origen natural o sintético que al introducirse por cualquier vía (oral, nasal, intramuscular e intravenosa) ejerce un efecto directo sobre el sistema nervioso central, ocasionando cambios específicos a sus funciones (Caudevilla, 2008). Y en esta definición no todas las sustancias son opiáceas.

Otro de los términos utilizados indistintamente y que portan a confusión es droga, definida por la organización mundial de la salud como “toda sustancia que, introducida en un organismo vivo, pueda modificar una o varias de sus funciones”(OMS, 1969, en Caudevilla, 2008). En esta definición se engloban tanto los fármacos de prescripción médica, como las sustancias psicoactivas como plantas y sustancias químicas tóxicas para el organismo.

Bien que estas sustancias parecen estar claramente definidas, el empleo de diferentes conceptos como sinónimos confunde al punto de cuestionarnos sobre la finalidad y pertinencia de la definición, si luego en las investigaciones no se mantiene esa rigurosidad terminológica.

En definitiva, todos estos conceptos se funden hasta confundirse cuando se trata ya sea de opiáceos, psicofármacos, sustancias psicoactivas, droga o estupefacientes y su abuso, uso indebido, uso perjudicial, dependencia, manía, adicción, compulsión.

En la breve historia de los términos utilizados, observamos un constante deslizamiento de sentido, sin llegar a una comprensión del fenómeno. Esta hegemonía de nuevos conceptos intenta definir estrategias legítimas de combate, teniendo un importante impacto ideológico en la propia construcción del fenómeno.

El fenómeno de la medicalización y el abuso

Todas las sustancias tildadas “adictivas” en general son analgésicos y su utilidad es paliar el dolor. Así pues, la utilización de sustancias psicoactivas o psicótropos tiene como primera y última finalidad, al parecer, paliar el dolor, calmarlo. Un dolor al parecer, fundamentalmente emocional, existencial. Hablar de uso y abuso es hablar de dolor y de las diferentes  maneras de escapar de la angustia. Si queremos entender los abusos y en última instancia, atajarlos, deberemos adentrarnos en ese sufrimiento, tan generalizado en nuestros tiempos. Tratar las adicciones en cualquiera de sus múltiples formas es abordar el dolor y evitar escapar de él.

Que desde los albores de la humanidad se utilizan (se usa y abusa de) sustancias adictivas o psicoactivas o psicotrópicas eso es un hecho ampliamente sabido y aceptado (Cuerno, 2013). Con ello se pretendía modificar la percepción de la realidad ya sea con fines médicos o paliativos, placenteros o religiosos.

Con el desarrollo de las sociedades moderna y postmoderna, las sustancias naturales han ido siendo sustituidas por psicotrópicos, es decir, sustancias legales, por haber sido legalizadas, cuya base científica pretende ser la bioquímica cerebral del malestar social promulgado en estos últimos tiempos por la neurociencia. La medicina se ha ido apropiando de este tema, remplazando los valores religiosos por los sanitarios. Por lo tanto, el uso y el abuso de psicofármacos está relacionada con la prescripción y por lo tanto, con el poder. ¿Quién tiene el poder de determinar, prescribir, proscribir la utilización o no de una sustancia sino la medicina?

La medicalización es un proceso general comenzado en el siglo XVIII por el cual la medicina se vuelve una estrategia biopolítica ampliando su área de acción a aspectos sociales, culturales, económicos y políticos (Foucault, 1996, 2000).

La medicalización es un proceso de manipulación que consiste en el trato por separado de problemas que van juntos como es el de la salud con la economía, con el poder (adquisitivo, entre otros), en definitiva, cuando problemas de orden no médico, son tratados como médicos definidos generalmente como enfermedades, trastornos o desórdenes. En este sentido, la medicalización no es ni medicina ni ciencia sino una estrategia ante todo semántica y social causando perjuicio a un sector de la población y beneficiando a otros (Szasz, 2007).

El proceso de medicalización que sufrimos gracias, en gran medida, a la industria farmacéutica, intenta por todos los medios solucionar problemas sociales y políticos. Un proceso por el cual comportamientos normales se convierten en conductas susceptibles de tratamiento y aquí es donde se genera el caldo de cultivo para el abuso de sustancias adictivas.

Además, tanto el uso como el abuso de opiáceos y otros psicofármacos no podemos extrapolarlo de la sociedad postmoderna contemporánea, basada en el capitalismo de consumo anclado en grandes industrias y corporaciones, dentro de las cuales destaca la industria farmacéutica, a modo de mafia, tiende a buscar en las adicciones su fuente de ingreso.

Las adicciones, abuso de sustancias, se encuentran entre las postmodernas enfermedades del alma que paradójicamente también se abordan con uso y abuso de sustancias psicoactivas muchas de ellas. La profecía de Aldous Huxley (1976) hecha realidad. Los medicamentos y las sustancias psicoactivas o drogas permiten eliminar rápidamente y sin esfuerzo cualquier estado de malestar, materializándose así el ideal de la sociedad actual, cimentado en el rendimiento y el éxito, responsabilizando –y aislándolo– al individuo de los resultados.

Concebidos para depresiones graves, los antidepresivos ya se recetan para toda una serie de trastornos añadidos como la ansiedad generalizada, los trastornos obsesivo-compusivos, los trastornos de estrés postraumático, el trastorno de pánico. Y muchas veces, sin fecha para terminar dicho tratamiento, es decir, se empieza pero no se sabe cuándo se acaba de tomar ni cuando se está curado. Al respecto, recuerdo las palabras que un psiquiatra le dijo a su paciente adicta a las benzodiacepinas por depresión, cuando quiso “desengancharse”: “hágase a la idea que usted es como un diabético que necesita su insulina”. Efectivamente la medicalización de la vida cotidiana incita al uso y abuso de medicamentos, creando así una nueva problemática denominada iatrogenia. Se trata de una daño no intencionado que resulta de intervenciones diagnósticas o terapéuticas. El uso indiscriminado, y en muchos casos innecesario, de intervenciones y prácticas tales como la excesiva medicación, así como la indicación abusiva de tratamientos, estudios y análisis, desembocan en un abuso de fármacos en el día a día, generando así daños “colaterales”. Así patologías moderadas y trastornos leves, pasajeros como los fenómenos de duelo, rupturas sentimentales, problemas laborales, fobias, trastornos adaptativos son tratadas como psicopatologías graves, normalizando un uso gratuito de pastillas y eliminando así recursos psicológicos personales fundamentales como el esfuerzo y la voluntad. En la evolución de la propia nosología, las clasificaciones se han alterado modificándose el sentido del diagnóstico como consecuencia de la irrupción de la industria farmacéutica. Así, “mientras antes abundaban las alteraciones reactivas, agudas y breves, ahora, con el modelo de enfermedad implícito (los trastornos se deben a un desajuste de algún neurotransmisor), se destacan los trastornos de larga evolución, lo que implica un tratamiento farmacológico muy duradero (…) de manera que aumenta tanto el coste como los efectos secundarios y acumulativos tóxicos” (Samaniego, 2016, p. 183).

Como consecuencia de este proceso de banalización en el uso de psicofármacos, el abuso de medicamentos recetados o no, aumenta, siendo incorporados a la normalidad hasta hacer de ello un estilo de vida (Gilbert, Walley y New, 2000). Se trata de un crecimiento en consonancia con la economía de mercado en donde el mercado farmacéutico, en pleno auge, pone a las drogas en el centro de un estilo de vida (Lexchin, 2001). Un crecimiento en el que también aparecen las diferencias de género, afectando en mayor medida a las mujeres en el caso de los psicofármacos (Burín, s/f). En este sentido, la industria farmacéutica a través de sus intermediarios “psi”, promueven las adicciones psicofarmacológicas.

El principal enemigo de la medicina siempre fue la automedicación (Comelles, 1993). Y en lo que respecta al uso y abuso de sustancias, la diferencia entre droga y medicamento, está en la legitimidad legal, es decir, entre si la suministra un médico o un camello. Recordemos que droga y medicamento se usan indistintamente porque desde un punto de vista biológico y químico son lo mismo. Las diferencias entre una y otra hacen referencia a la fabricación, distribución, promoción, consumo, finalidad de consumo, dosis.

Las drogas suelen ser compuestos naturales aleatoriamente mezclados mientras que los psicofármacos se supone que están testados y aprobados siguiendo unas normas. Aunque esto también está siendo modificado, de tal manera que la legalidad en materia de protocolos de investigación está siendo cada vez más vulnerada (Blech, 2003).

El proceso de distribución, promoción así como la finalidad del consumo de drogas y psicofármacos también difieren.

El drogadicto o adicto o toxicómano se la suministra a sí mismo al margen de la legalidad pero la persona abusadora de psicofármacos depende del cuerpo médico, de una receta aunque también cada vez más estas sustancias se venden en el mercado negro, siendo una gran fuente paralela de negocio.

Por otra parte, los médicos se van transformando en intermediarios entre la industria farmacéutica y la demanda, lo que les convierte en camellos (Conrad y Leiter, 2004). Pero también se observa cada vez con mayor frecuencia la distribución de fármacos por parte de amistades, familiares y compañeros de trabajo, lo que es una forma más de automedicación.

En otras palabras, el uso y abuso de sustancias psicoactivas legales e ilegales constituye actualmente, uno de los mayores problemas de salud pública además de un fenómeno social complejo y difícil de solucionar sin otro tipo de cambios.

Podríamos avanzar diciendo que el problema del abuso de sustancias en nuestra sociedad no tiene cura, es decir, solución médica porque no es un problema médico-sanitario sino una situación, problemática o no, social. A ello, tenemos que decir que el proceso de medicalización contribuye y bastante al abuso de sustancias, no pudiéndose constituir como parte de la solución puesto que se configura como parte del problema.

Promoción de medicamentos en lugar de promoción de la salud

La promoción de la salud, se ha convertido en la promoción del uso y abuso de fármacos y ello, porque “ en la sociedad contemporánea la enfermedad se ha convertido en una especie de forma de vida “ (Rodríguez y de Miguel, 1990, p. 22). Al respecto, el autor Thomas Szasz (2007) denomina farmacracia al sólido vínculo establecido entre el estado y la medicina.

El modelo de medicalización no es otro que la ordenación y el control de los prejuiciosos disfuncionamientos sociales en aras de un buen nivel de adaptación. De esta manera, campañas de promoción de medicamentos, de difusión de las enfermedades bajo pretexto de prevención y con el apoyo de las compañías farmacéuticas, han permitido una profunda distorsión tanto de las enfermedades como de su cura fácil e inmediata a través de medicamentos. En realidad lo que se ha promocionado es la filosofía de la intolerancia al malestar o indolencia, a través del consumo de fármacos legales o ilegales. El abuso o adicción a las drogas, a sustancias psicoactivas o psicotrópicas, comenzaron siendo un tratamiento médico restringido por prescripciones. Y sabemos igualmente que todos los medicamentos en dosis excesivas y durante períodos muy prolongados, producen efectos secundarios, cruce de interacciones, efectos adversos e inducen al abuso y a la dependencia.

El malestar generado por nuestra cultura y nuestra sociedad necesita sus paliativos. El sufrimiento que se ha generado rápidamente refiere a la desaparición del sujeto y de su deseo. Si definimos al sujeto como un actor fundamentalmente relacional, vincular, podemos afirmar que la intersubjetividad ha ido minando la esfera pública y privada, despojándonos de nuestra principal base de construcción yoíca y ello, no sin gran culpabilidad y angustia.

Lo que todo adicto y en ello, incluyo a la sociedad entera, intenta paliar es esa angustia existencial. Un dolor en la existencia que por ser alienada, ya que el sujeto está fuera y se ha quedado sin deseo, resulta insoportable sin algún tipo de anestesia que permita calmar el dolor.

En esta sociedad perversamente hedonista, el propio dolor de la existencia nos impulsa a anestesiarnos, a inmunizarnos. Y para ello tenemos el fetichismo del fármaco, que como mercancía, nos proporcionará la felicidad.

El personaje del adicto evita el duelo de lo ideal, de lo absoluto, de la fragilidad, de la dependencia. Como buen “perverso” evita depender y procura autosatisfacerse.  La cura pasa por la otredad y así acabar con ese goce autoerótico, con esa condición onanista que le impide el deseo. Porque el deseo es deseo del otro.

El estado depresivo patológico subyacente en el abuso de sustancias emerge fundamentalmente durante la abstinencia. Podemos establecer un cierto paralelismo entre la evolución del infante del narcisismo absoluto de la completud hasta la individuación. De alguna manera, la persona “abusante” en su restablecimiento también debe evolucionar hasta un estado intersubjetivo, aceptando sus límites, su finitud, el duelo del poder absoluto que le da su fetiche ya sea sustancia o actividad.

Contexto sociocultural abusivo

Tal y como nuestra sociedad está estructurada, es muy difícil tratar los abusos a sustancias o consumos abusivos puesto que constatamos que se trata de unas prácticas promovidas e impulsadas por la propia sociedad y que de alguna manera, particularmente algunas de estas prácticas, quedan invisibilizadas, mientras que paralelamente se estigmatizan otras.

Por otro lado, también deberemos contextualizar los abusos de sustancias en una cultura como la nuestra con unos valores profundamente adictivos como por ejemplo la cultura del exceso. Sociedad y cultura utilizan el mecanismo de defensa de la disociación, dividiendo los abusos en buenos y malos, en transgresores y en consecuencia prohibidos, frente a abusos socialmente bien admitidos, permitidos e incluso fomentados.

La vinculación estrecha y directa entre los abusos a sustancias y problemas que amenazan la cohesión social y comunitaria deben ser tenidos en cuenta a la hora de abordar el fenómeno que no es únicamente responsabilidad individual. Así fenómenos como la pobreza, las desigualdades, la desestructuración social, económica, laboral, familiar; las guerras, la corrupción, entre otros forman parte de las amenazas al tejido social con los cuales el fenómeno abusivo está estrechamente emparentado (Rhodes, 2009). El abordaje de los problemas relativos al fenómeno del abuso de sustancias debe incluir el contexto sociocultural.

A nivel cultural y desde una perspectiva más antropológica, se trata de una cultura que ha borrado cualquier huella de ritos de paso, de los estados alterados de conciencia buscados a través de actividades como la danza, la religión. En las sociedades occidentales y occidentalizadas se ha borrado todo elemento relativo a la dimensión mística, por lo que el uso de sustancias se ha ido tornándose en abuso en ausencia de marcos y estructuras adecuadas. En otras palabras, se ha desacralizado el uso, llegándose a profanar y pervertir los usos hasta convertirlos en abusos.

Toda sociedad y cultura tiene sus formas de hacer frente al estrés y la nuestra ha escogido ciertos abusos a sustancias como manera socialmente admitidos para afrontarlo, demonizando otros. Y en este sentido, hay toda una interiorización de valores y normas acerca del consumo de sustancias que desembocan en representación simbólicas compartidas a través de toda una serie de mecanismos que se cristalizan en conductas de uso y abuso de psicofármacos y otras sustancias.  Dentro del fenómeno de medicalización, debemos incluir por un lado el fenómeno de la psicologización y por otro lado, la neurociencia.

La psicologización, ese lavado de cerebro psicológico que a través de toda una serie de herramientas “psi” (Arizaga et al., 2007), nos inoculan la idea de calidad de vida, sobreresponsabilizando a un individuo que no puede más porque no está a la altura. Este término define el fenómeno del “incremento progresivo del recurso a la atribución o sobreinterpretación psicológica sobre un número relevante y creciente de fenómenos y problemáticas sociales” (Rodríguez, 2016, pp. 352-353). Este fenómeno está estrechamente ligado y emparentado al neoliberalismo cuyo ethos empresarial, largamente expandido, construye la postmoderna subjetividad. Una subjetividad basada en la propia responsabilidad, mutando así los espacios de lucha social y desplazando los conflictos y luchas externas hacia el interior del ser humano.

En esta línea, el consumo de sustancias “es asociado al logro de una calidad de vida definida según los cánones actuales de proactividad (iniciativa individual), hedonismo y seguridad “ (Arizada et al., 2007, p. 61). La publicidad, haciendo eco de estos ideales, penetra en el inconsciente colectivo, conformando representaciones sociales del consumo para adaptarse a estos tiempos no solo a nivel laboral, sino a nivel social y personal. El individuo postmoderno es el único culpable y responsable de todo lo que le ocurre, incluida su salud o enfermedad. Y tanto para una u otra condición, el consumo de sustancias resulta fundamental.

La neurociencia centrada en el funcionamiento del cerebro, ha avanzado ostensiblemente hasta el punto de cristalizarse en la especialización que más está influenciando en el panorama médico, hasta el punto de transformarse en marketing político, desplazando así a la psiquiatría. Esta especialización se hace cómplice del sistema neoliberal, de tal manera que la subjetividad postmoderna se va configurando siguiendo el modelo empresarial (Duarte, 2016). Un modelo uniforme y unidimensional basado en la biologización no ya del comportamiento humano individual, sino del comportamiento social y cultural, culminando así todo un proceso de alienación del sujeto empezado hace ya siglos. Disfrazados de argumentos científicos, “esta cultura invisibiliza en gran medida el componente sociológico de la realidad así como la consideración político-económica de la misma” (Rodríguez, 2016, p. 370). De lo que se trata es de definir lo normal, lo patológico, la salud y la enfermedad en función del medicamento y toda la industria alrededor. En otras palabras, el uso y abuso de fármacos sigue las mismas reglas del mercado.

No entendemos que dejar de abusar de sustancias pondría a nuestra sociedad en jaque mate. La sociedad del espectáculo de la mercancía y el fetiche, este capitalismo abusivo, adicto y adictivo no lo aceptaría porque ello supondría un vuelco bastante radical: supondría dejar de huir, dejar de evitar la finitud, aceptar la fragilidad, aceptar nuestra intrínseca dependencia intersubjetivo a la otredad, aceptar el dolor y los fenómenos que lo acompañan como el duelo, como parte natural y constructiva de la humanidad. Sería volver a crear redes sociales como la solidaridad. Sería el bien común por encima del individual; aceptar la ley como el cimiento humano.

El abordaje del uso y abuso de sustancias opiáceas y psicofarmacológicas requiere un profundo cambio social, cultural y económico. Los estudios sobre el abuso a sustancias implica todo un cambio antropológico, encaminado hacia una mirada fenomenológica de los mismos para entender y comprender realmente su significado y dibujar un proyecto nuevo de cultura, remitido a la imbricación de lo subjetivo y lo intersubjetivo.

¿Cómo abordar el abuso?

La antropología habla de tres usos fundamentales a lo largo de la historia que las sociedades han hecho de sustancias: curar y en su defecto, aliviar, divertir y rezar (Marti, 1997). Estos han sido clásicamente los tres contextos en los cuales se ha prescrito el uso de sustancias: médico, religioso y lúdico.

Y si tenemos en cuenta que la dependencia es consustancial al sustrato humano, es decir, que “la dependencia es sin duda alguna un fenómeno total que atraviesa toda la condición humana” (Marti, 1997, p. 221), el problema del abuso, la perversión de del uso de sustancias, hay que buscarla en otras fuentes para realmente comprender y proponer programas realmente eficientes.

La pregunta de cómo abordar el abuso, nos remite a cómo enseñar a las personas a convivir con el dolor, a construir algo con su dolor más allá de la propia autodestrucción. Entendemos que resulta fundamental comprender de qué trata el dolor. En este sentido, se necesitan más habilidades que el prejuicio y la condena moral y/o social como la compasión. Para ello se necesita una sociedad capaz de cuestionarse a fondo sobre el problema del abuso, de las diferentes formas de abuso, de quien y cómo se abusa. Hacer el duelo es quizás el primer y más importante trabajo en los abusos. Se trata de generar un espacio de elaboración del dolor. Duelo de la completud, de la perfección, del ideal, del narcisismo y su perversión, duelo de un mundo libre de dolor y sufrimiento. Duelo de la frustración, de la omnipotencia. Aceptación de la otredad, de los límites.

Este trabajo debe entroncarse con un trabajo a nivel social y cultural: hacen falta nuevos modelos de socialización, de empoderamiento; nuevos modelos económicos, educativos, políticos, sanitarios. Resulta imprescindible reforzar los vínculos del individuo con los diferentes grupos comunitarios: familiares, vecinales, grupales, comunitarios. Hace falta reinscribir al sujeto dentro del entramado social y cultural. Hace falta vincular políticamente al Estado con la ciudadanía. Es imperativo restaurar el mercado económico. El neoliberalismo representa hoy el postmoderno malestar en la cultura con su arrasadora pulsión de muerte cristalizándose en la desintegración vincular. Todo lo que se mueve en dirección inversa, es decir, orientada por la pulsión de vida y regulada por normas y leyes constituye ya todo un programa de prevención en materia de abuso de sustancias.

Programas y sustancias

Hay muchos programas propuestos para acabar con el abuso de sustancias y para prevenirla. En un principio se inscribieron dentro de la perspectiva tolerancia cero, enfoques prohibicionistas, para después muchos de ellos ser abordados desde la perspectiva de reducción de daños.

Los programas se han ido también diversificando a medida que las investigaciones han ido avanzando y mostrando todos los actores que hay en esta problemática. La diversidad está servida: planes y proyectos regionales, provinciales, nacionales, internacionales; planes y proyectos destinados a consumidores, a productores; planes y proyectos para modificar cultivos; planes y proyectos destinados a frenar la producción y distribución de sustancias; planes y proyectos destinados a la prevención primaria, segundaria y terciaria.

Sin embargo, no sabemos muy bien la eficacia de los mismos. Cuando leemos informes al respecto, se subraya la necesidad de políticas más efectivas, de planes efectivos, de medidas efectivas. Se pone el acento en la ineficacia de lo punitivo frente al desarrollo de medidas intervencionistas a todos los niveles: social, educacional, económico, familiar.

No hay análisis profundos sobre las bases científicas de dichos modelos y mucho menos sobre los resultados. Ya hemos visto igualmente las fallas de las que parten en su mayoría, concerniendo fundamentalmente las definiciones de los conceptos y la comprensión del fenómeno abusivo.

Sospechamos que están asentados sobre bases morales, religiosas, apoyados sobre postulados cientifistas más que científicos, es decir ideológicos, favoreciendo el desarrollo de toda una ideología del capitalismo neoliberal que promociona y favorece el abuso de sustancias, lo que resulta contradictorio y paradójico. Por un lado se favorecen e incentivan los abusos a sustancias y por el otro lado, se intenta atajar a través de todo un abanico de programas este problema con tintes epidémico.

Los abusos sin embargo no solo no cesan sino que mutan, según las mutaciones sociales y culturales, lo que deja al descubierto el fracaso de la guerra contra las drogas.

De los informes leídos se puede deducir que a una mayor eficacia contribuyen la ruptura de tabúes a partir del diálogo sobre una crítica a lo realizado hasta ahora; el abordaje de la problemática de manera científica, incluyendo enfoques económicos, políticos, sociales, de salud, social, educativos; el abordaje desde perspectivas más flexibles, menos punitivas, más coordinadas y que requieren cambios legisladores, cambios sanitarios, cambios culturales y sociales. En general, podría decirse que requiere un cambio de paradigma siguiendo el modelo de salud pública que pone el énfasis en las personas y comunidades para hacerlas más saludables.

Giro cultural en el tratamiento del abuso: el caso de Islandia

El cambio fundamental en Islandia en materia de abuso de sustancias viene del hecho de entender el sustrato adictivo, esto es, fomentar un cambio social basado en la “embriaguez natural”, a través del deporte y el arte. Dicha tesis parte del trabajo de doctorado de Milkman (1975) según el cual, el problema adictivo o de abuso de sustancias tiene como finalidad lidiar con el estrés a través de un cambio en la química cerebral. Se realizaron en Islandia una serie de estudios a escala nacional durante los años 1992, 1995 y 1997 en donde emergieron patrones de comportamientos predictivos del abuso de sustancias en los jóvenes. Así, la práctica deportiva asidua, pasar tiempo con los padres, integración y aceptación escolar y evitar pasar noches fuera de casa, fueron algunos de los patrones encontrados en dichas investigaciones capaces de contrarrestar el abuso de sustancias (Young, 2017). A partir de estos trabajos se dibuja en 1999 un plan nacional bautizado como “Juventud en Islandia” (Ibid). Este proyecto se basó en un programa anterior que Harvey Milkman puso en marcha en Denver en 1992 (Ibid). Así pues, se empezó el proyecto fomentando manera naturales y alternativas de embriagarse. Empezaron ofreciendo modelos relacionados con la música, la danza, el arte en general y el deporte, en particular las artes marciales.  El programa prosiguió con un conocimiento de sí y de la existencia humana así como la manera de relacionarse con los demás.

Todo este programa fue implantado en Islandia pero aderezado con cambios en el sistema judicial, penalizando y prohibiendo; en el sistema social, fortaleciendo los vínculos parentales, de manera a reforzar la autoridad parental así como fomentar las relaciones entre los padres y las escuelas. Se trataba de hacerles sentir partícipes y miembros de grupos y de la sociedad gracias al impulso de la creatividad, canalizada a través de clubes deportivos y actividades extraescolares, fundamentalmente artísticas (Ibid). En definitiva, una terapéutica basada en la reeducación psicosocial.

Fue un plan diseñado a largo plazo, es decir, longitudinal, sobre el cual 20 años después, empiezan a cosechar frutos. Y todo ello con un estudio bastante rigurosos sobre los resultados obtenidos. De hecho todos los años se siguen realizando encuestas.

Ahora bien, el refuerzo relacional se ha extendido más allá de la familia alcanzando la relación entre ciudadanía y Estado. Se realizó para ello un importante esfuerzo económico, financiando todo tipo de actividades deportivas, además de bonificaciones a las familias destinadas a pagar actividades recreativas para jóvenes.

A través de este ejemplo, vemos las implicaciones de los cambios a generar, que abarcan toda la sociedad y su manera de vincularse. Tenemos que entender más allá de lo intelectual, que cualquier cambio abarca transversalmente toda la sociedad.

Como bien dice Moscovici (1981), el problema de las minorías es el problema de la mayoría y el problema del abuso de sustancias es un problema que nos afecta a toda la sociedad puesto que ella entera es adicta (Schaef, 1988). Y su primera adicción se denomina consumismo. Y es que: “las sociedades que ponen énfasis en la idea de consumir terminan también generando personas compulsivas que beben, fuman, realizan deportes o actividades que en sí mismas pueden ser peligrosas” (Rodríguez y Miguel, 1990, pp. 5-6). Y ello se hace extensible al campo de la salud: “En la misma línea, se observa también una compulsión por utilizar médicos/as, consumir medicinas, experimentar dietas de adelgazamiento, o en general usar recursos de tipo sanitario” (Ibid).

Si analizamos bien el modelo finlandés observaremos una desmedicalización del problema adictivo así como una inclusión de variables sociales, culturales, educativas, económicas y políticas. En realidad, el éxito del programa radica en abordar el problema desde la raíz: fortalecimiento de los lazos sociales. Se regeneró el deteriorado tejido social, es decir, se fueron tejiendo vínculos tanto familiares, como sociales y políticos. Se fueron atajando problemas sociales que también afectan al individuo pero que no por ello, son individuales. Al contrario, hubo una implicación de la comunidad y de las familias; se creó una unión entre gobierno, padres y profesores. Y todo ello desplegando toda una serie de esfuerzos económicos destinados a invertir. Evidentemente había una voluntad política de atajar el problema: el propio alcalde de Reikiavik se interesó en el trabajo de Miklkman.

Tenemos que entender que el abuso de sustancias es una cuestión de estilos de vida, algo que ya lo subrayó Dollard Cormier (1993). Autor que pone el acento de una percepción sistémica del fenómeno adictivo, concluyendo que el cambio pasa por el aprendizaje o reaprendizaje de nuevos modos de ser y de actuar.

Referencias bibliográficas

ARENDT, H. (1997). ¿Qué es la política? Ediciones Paidós Ibérica. ICE de la Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona.
ARIZAGA, M. C. et al. (2007). El consumo indebido de medicamentos psicotrópicos en la vida cotidiana. Un estudio exploratorio sobre representaciones sociales y patrones de uso. Observatorio Argentino de Drogas. SEDRONAR. Informe final.
AUSTIN, J. L. (1981). Sentido y percepción. Tecnos. Madrid.
BLECH, J. (2003). Los inventores de enfermedades. Destino. Imago Mundi, volumen 65. Madrid.
BOLAÑOS, R. et al. (2014). Psicotrópicos y Estupefacientes. Visión farmacológica y normativa. http://www.anmat.gov.ar/ssce/Libro-psicotropicos-estupefacientes.pdf.
BOZZOLI de VILLE, M. E. (1961). El concepto antropológico de cultura. Revista de filosofía de la Universidad de Costa Rica, Vol, III, nº 10.
BURIN, M. (s/f). Género femenino y consumo abusivo de psicofármacos. http://www.psicomundo.com/foros/genero/fármacos/htm.
CAUDEVILLA, F. (2008): Drogas: Conceptos generales, epidemiología y valoración del consumohttp://bit.ly/1tHE5Ob.
COMELLES, J. M. (1993). Enfermedad, cultura y sociedad. Eudema.
CONRAD, P. y LEITER, V. (2004). Medicalization, markets and consumers. Journal of Health and Social Behavior, Vol. 45 (extra issue), 158-176.
CORMIER, D. (1993). Toxicomanies: Styles de vie. Méridien. Québec. Canada.
CRESPO, E. y SERRANO, A. (2016). La psicologización del trabajo: desregulación del trabajo y el gobierno de las voluntades. En Contrapsicologías, capítulo 9. Roberto Rodríguez (ed). Madrid.
CUERNO, L. (2013). Uso y abuso de sustancias psicoactivas: cultura y sociedad. Revista Policia y Seguridad Pública, Vol. 2, 65-111.
DAMÍN, C. (2017). Consumo de sustancias psicoactivas. Cuándo es un problema. http://www.vocesenelfenix.com/content/consumo-de-sustancias-psicoactivas-cu%C3%A1ndo-es-un-problema.
DEL OLMO, R. (1996). “Drogas: discursos, percepciones y políticas” en Arana, X. y Del Olmo, R. (comps.) Normas y culturas en la construcción de la cuestión droga. Barcelona, Ed. Hacer, 129-152.
DUARTE, J. (2016). Las neurociencias como marketing político. Ideas de izquierda, 34. http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/wp-content/uploads/2016/11/37_39_Duarte.pdf.
EHRENBERG, A. (2000). La fatiga de ser uno mismo. Depresión y sociedad. Buenos Aires, Nueva Visión.
EHRENBREICH, B. (2016). Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. ESPA. PDF.
FOUCAULT, M. (1996). La vida de los hombres infames. Altamira. Argentina.
FOUCAULT, M. (2000). Defender la sociedad. FCE. Argentina.
FREUD, S. (1981). Malestar en la cultura. Alianza Editorial. Madrid.
GILBERT, D.; WALLEY, T. y NEW, B. (2000). Lifestyle medicines. En British Medical Journal, 321. http://bmj.bmjjournals.com.
HUXLEY, A. (1976). Un mundo feliz. Plaza y Janés. Barcelona.
JAUREGUI, I. (2002). Una perspectiva cultural de la adicción. Gazeta de Antropología, 18, artículo 7. http://www.ugr.es/~pwlac/G18_07Inmaculada_Jauregui.html.
JORGE, G. (2005). Psicofarmacología para psicólogos y psicoanalistas. La importancia de una de una derivación temprana. Buenos Aires, Letra Viva.
KIERVEL, V. y CICCIA, M. (2013). Una mirada específica sobre la problemática específica del consumo de psicofármacos en Argentina 2012. Secretaria de Programación para a la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico.
LATOUR, B. y WOOLGAR, S. (1995). La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos. Alianza Editorial. Madrid.
LEXCHIN, J. (2001). Lifestyle drugs: issues for debate. En Canadian Medical Association Journal, Vol. 164, nº 10. http://www.cmaj.ca/content/165/2/153.2.full.
LUQUE, R. Y BERRIOS, G. E. (2011). Historia de los trastornos afectivos. Revista Colombiana de psiquiatría, Vol. 40, 130-146).
MILKMAN, H. B. (1975). Quantitative analysis and clinical impressions of ego functioning in preferential abusers of heroin or amphetamine. Dissertation Abstracts International, 36(1-B), 450.
MOSCOVICI, S. (1981). Psicología de las minorías activas. Ediciones Morata. Madrid.
PINE, P. (1988). Tratado médico-filosófico de la enajenación mental o Manía. Ediciones Nieva. Madrid.
RHODES, T. (2009). Risk environments and drug harms: a social forma harm reduction approach. International Journal of Druf Policy, 20, 193-201.
RODRÍGUEZ, J. A. y DE MIGUEL, J. M. (1990). Salud y Poder. Siglo XXI. Madrid.
RODRÍGUEZ, R. (2016). La psicología en el proyecto cultural neoliberal: literatura de autoayuda y gestión de subjetividades. En Contrapsicologías: capítulo 12. Roberto Rodríguez (ed). Madrid.
ROSENHAN, D. L. (1973). “On being sane in insane places”. Science, 19, 179 (70), 250-258.
SAMANIEGO, A. E. (2016). La ciencia-ficción de las clasificaciones diagnósticas. En Contrapsicologías, capítulo 6. Roberto Rodríguez (ed). Madrid.
SCHAEF, A. W. (1988). When Society Becomes An Addict. Harper. San Francisco.
SECRETARÍA General para la 46 Asamblea General Extraordinaria de la Organización de los Estados Americanos (OEA) (2014). Por una Política Hemisférica de Drogas de Cara al Siglo XXI.
SOLER, C. (1992). Estudios sobre la psicosis. Ediciones Manantial. Buenos Aires.
SZASZ, T. (1990). Droga y ritual. FCE. España.
SZASZ, T. (2007) The medicalization of everyday life. En The Freeman, 57, 18-19. http://www.szasz.com/freeman20.html.
SZASZ, T. (2007). Medicalizing Quackery. En The Freeman, 57, 22-23. http://www.szasz.com/freeman23.html.
VALLEUR, M. y MATYSIAK, J. C. (2004). Les nouvelles formes d’addiction. Flammarion. París.
WATZLAWICK y col. (2005). La realidad inventada. Gedisa. Barcelona.
YOUNG, E. (2017). Islandia sabe cómo acabar con las drogas entre adolescents, pero el resto del mundo no escucha. El País. https://elpais.com/elpais/2017/10/02/ciencia/1506960239_668613.html.

Psychologie du consommateur : l’impact des « publicités Borderlines » sur le comportement des individus

Romain Cally
Docteur en Sciences de Gestion | Spécialité Psychologie du consommateur
.

En psychologie du consommateur, on peut dire qu’une publicité est « Borderline » à partir du moment où elle est perçue par les consommateurs comme « à la limite » de ce qui paraît acceptable voire tolérable. En général, la publicité interpelle par son contenu et laisse rarement indifférent.

Que l’on veuille ou non, de plus en plus de publicités et d’images « borderlines » sont diffusées chaque année, que ce soit à la télévision, sur des panneaux publicitaires ou encore sur Internet. On ne compte plus le nombre de plaintes déposées auprès de l’Autorité de régulation professionnelle de la publicité (ARPP) pour dénoncer des publicités jugées «  violentes », « sexistes », « discriminatoires », voire dans certains cas, « racistes ». Par exemple, en janvier 2018, la marque suédoise de prêt à porter H&M s’est attirée les foudres des internautes du monde entier. En cause, une image publicitaire polémique, perçue par les consommateurs comme « raciste », montrant un enfant noir portant un sweat-shirt vert à capuche avec l’inscription ambigüe : « le singe le plus cool de la jungle ». Après le tollé mondial suscité sur les réseaux sociaux et l’appel au boycottage d’internautes en colère, H&M avait annoncé, quelques jours après, le retrait de cette image de son site Internet et présenté ses plus plates excuses.

En janvier 2018, H&M était au cœur d'une polémique après la publication d'une photo à connotation raciste.

En janvier 2018, H&M était au cœur d’une polémique après la publication d’une photo à connotation raciste.

Cet exemple nous mène à nous poser certaines questions : Pourquoi des marques franchissent-elles le pas de la publicité borderline ? N’y aurait-il un attrait du consommateur pour ces publicités situées à la limite du tolérable voire du « politiquement correct »? Enfin, la publicité borderline n’est-elle pas devenue, dans certains cas, un objectif marketing ?

A l’heure d’aujourd’hui, les entreprises éprouvent des difficultés pour attirer l’attention des consommateurs. Il faut dire que l’aversion du consommateur envers la publicité ne cesse de s’amplifier, surtout sur Internet, où le rejet est assez palpable. D’après un sondage IFOP [1], 2 Français sur 3 jugent que la publicité en ligne est une mauvaise chose, 17% la jugent carrément néfaste et seulement 2% la considèrent comme une très bonne chose. De manière quasi unanime, les Français interrogés ont le sentiment d’être submergés par la publicité sur Internet : elle est « omniprésente » affirment 90% d’entre eux, et ils la perçoivent largement comme un contenu parasite qui leur fait perdre du temps (84%). Ces chiffres accablants, montre clairement une aversion, voire une répulsion croissante des consommateurs envers ces publicités. Aussi, pour enrayer cette répulsion, les entreprises se doivent d’innover et, certaines d’entre elles, afin de captiver rapidement l’attention de futurs clients, n’hésitent pas à développer des publicités « Borderlines ».

Attrait du consommateur pour l’interdit ou pour la transgression ?

Comme disait Oscar Wilde : « Le seul moyen de se délivrer d’une tentation c’est d’y céder. Résistez et votre âme se rend malade à force de languir ce qu’elle s’interdit». Face à une publicité « borderline », le consommateur est face à un dilemme, car se pose la question de « l’interdit » et de sa transgression. Les consommateurs sont simultanément soumis à ces deux mouvements : respecter l’interdit (castration) ou la transgresser (résistance). Tout individu, face à l’interdit est donc habité par cette ambivalence.

L’être humain s’est toujours senti attirer par « l’interdit ». Si nous observons notre vie au quotidien, nous pouvons repérer de nombreux exemples qui illustrent ce propos. En fait, bien souvent, lorsque quelque chose nous est interdit, notre esprit décide de s’y intéresser plus intensément que d’habitude. Il suffit, par exemple, qu’un film affiche complet au cinéma pour que celui-ci devienne soudainement plus attrayant; une chanson attise davantage notre curiosité si elle a été critiquée dans les médias; un humoriste attire plus l’attention si ce dernier fait l’objet d’une censure. Une publicité intéresse davantage, si elle a été interdite. En fait, « l’interdit » créée en quelque sorte un « manque », que l’individu va chercher à combler du mieux possible.

Dans le contexte présent, la transgression, de son côté, fait référence à une sorte de désobéissance, voire de « résistance » de la part du consommateur : transgresser, c’est ne pas suivre la Règle. Lors de la transgression, l’individu jouit de récupérer sa pleine liberté d’action. Donc, si certains trouvent une jouissance à transgresser, c’est surtout parce que la Règle continue à exister même quand elle est enfreinte, la transgression ne l’annulant aucunement. Certains consommateurs peuvent ainsi trouver un certain plaisir à visionner les publicités « borderlines » parce qu’elles leur permettent de franchir indirectement certaines limites sociétales : voir une publicité sexiste peut conforter un misogyne dans ses idées, visionner une publicité à connotation « raciste » peut satisfaire l’égo d’un xénophobe, regarder des images violentes dans une publicité peut éventuellement attirer un consommateur en recherche de sensations fortes ; ou encore, une publicité subversive peut exciter l’esprit d’individus aux idées transgressives.

Publicité borderline et « Buzz marketing »

L’enjeu d’une « publicité borderline » est de générer une polémique, laquelle va générer à son tour une curiosité collective et donc, le « buzz marketing [2] ».

N’oublions jamais que l’objectif final d’un marketer est d’aboutir à la vente d’un produit. La publicité n’a ici qu’un seul intérêt, celle d’être vue par un maximum de personnes, considérées tous, comme des clients potentiels. Mais, provoquer l’achat n’est que la résultante optimale de la publicité, c’est l’incidence positive recherchée. Cependant, la toute première fonction de la publicité, c’est surtout d’être visionnée et mémorisée par le plus grand nombre. Sur ce point, la « publicité borderline » possède plusieurs atouts, dont :

La provocation : Les marketers utilisent de plus en plus la provocation à l’intérieur de leurs annonces publicitaires. Comme le dit Richard Vézina, « de nos jours, on bombarde les consommateurs de publicités. Les entreprises éprouvent donc plus de difficultés à attirer leur attention. Les compagnies se doivent d’innover en matière de publicité et voilà la raison pour laquelle la provocation est devenue une tendance si populaire ces dix dernières années ». L’originalité de l’idée, du texte ou de la mise en scène augmente fortement la mémorisation du message. Aussi, étant donné que la mémoire humaine est sélective, le fait de sortir des normes, de « briser les codes », de rompre la bienséance, va attirer l’attention et attiser fortement la curiosité de l’individu : c’est la stratégie qui consiste à provoquer pour se faire remarquer.

Certaines marques pour se différencier de la concurrence n’hésitent pas à jouer clairement sur la provocation, en touchant à des tabous de la société, tels que la mort ou encore, le blasphème.

Dans cette publicité subversive, la marque « Antonio Federici » a choisi de se différencier sur le marché en jouant sur le blasphème

Dans cette publicité subversive, la marque « Antonio Federici » a choisi de se différencier sur le marché en jouant sur le blasphème

L’ambigüité : Une publicité qui laisse entrevoir un second sens aux images accroît fortement la curiosité et, attire par là même, l’attention du public. D’après Richard Vézina (1997), « L’ambiguïté en publicité est une composante de la provocation. Elle survient lorsque l’interprétation d’une annonce publicitaire diffère selon les gens ou groupes de personnes ». Pour argumenter son propos, l’auteur cite l’exemple de la marque Benetton et sa polémique de 1993. En effet, lors de cette campagne publicitaire, plusieurs groupes d’homosexuels, en France, n’ont pas du tout accepté la publicité de la marque Benetton, tandis que d’autres Français ont cru sincèrement que la marque s’intéressait à la cause du SIDA. Une ambigüité qui a joué pour la marque, mais qui ne l’a pas empêché d’être condamnée par la justice en 1995.

Publicité de Benetton polémique. En 1995, a société italienne Benetton Group et la société suisse United Colors of Benetton Communications ont été condamnés pour leur publicité «HIV positive», diffusée à l'automne 1993

Publicité de Benetton polémique. En 1995, a société italienne Benetton Group et la société suisse United Colors of Benetton Communications ont été condamnés pour leur publicité «HIV positive», diffusée à l’automne 1993

Parfois, l’ambiguïté d’une publicité est tellement forte que le consommateur, n’arrive plus à identifier le type du produit qui est promu. Dans les publicités réalisées par Benetton, par exemple, bien souvent, plus rien n’indique que nous avons ici affaire à une marque de vêtements. On peut alors se demander pourquoi les marketers utilisent une stratégie de publicité « borderline » si une telle confusion chez les consommateurs est rendue possible? Comme tente de l’expliquer Richard Vézina, « les entreprises désirent avant tout se faire connaître, même au risque de dégager une image négative et de ne pas mettre l’accent sur leurs produits. Les concepteurs publicitaires savent très bien que, devant deux articles identiques, le consommateur optera pour le produit dont le nom lui est familier. En général, l’image négative de la compagnie s’estompe lorsque vient le temps d’acheter ». Aussi, certaines marques choisissent ce genre de stratégie dans le seul et unique but de se différencier fortement de leurs concurrents sur le marché.

L’humour : Certaines publicités « borderlines » réussissent à allier humour et ironie. En usant de l’humour, les marketers atténuent le caractère potentiellement polémique/choquant desdites publicités, et les rendent ainsi, « plus acceptables » aux yeux des consommateurs. L’humour aide également, à mieux retenir le message publicitaire divulgué.

Publicité du site allemand « Jobsintown.de » lors d’un salon étudiant

Publicité du site allemand « Jobsintown.de » lors d’un salon étudiant

Prenons un exemple : en 2009, le site allemand « Jobsintown.de » spécialisé dans le recrutement sur internet, s’est fait amplement connaître sur le marché allemand grâce à sa campagne de communication « borderline » alliant provocation et humour. Lors d’un salon étudiant, ce site n’a pas hésité à user du slogan ironique « man kann auch anders karriere machen », traduit littéralement par «  vous pouvez aussi faire une carrière différente ». Un slogan qui donna une pointe humoristique à une image publicitaire très indécente (voir image).

L’horreur: Certains marketers peuvent user de l’horreur dans leurs publicités afin d’attirer l’attention du consommateur ou/et attiser sa curiosité. C’est une stratégie largement employée quand il s’agit d’exprimer avec force un message, une idée, pour être efficace. En utilisant la violence et l’horreur, les professionnels jouent prioritairement sur la sensibilité et l’émotionnel des consommateurs (Cally, 2015).

Publicité de « Sanctuary Asia » pour la lutte contre la déforestation dans le monde (campagne « Wildfire »)

Publicité de « Sanctuary Asia » pour la lutte contre la déforestation dans le monde (campagne « Wildfire »)

En 2014, le célèbre mensuel environnemental indien « Sanctuary Asia » avait lancé une campagne « choc » pour protester contre la déforestation et sensibiliser l’opinion publique à la disparition de nombreuses espèces suite à la déforestation de forêts vierges. La campagne baptisée « Wildfire » mettait en scène des animaux décapités sur des arbres coupés par l’Homme. Des images sanglantes accompagnées d’un message fort : « When the wood go, wildlife goes » (en français : quand le bois s’en va, la faune et la flore s’en vont). Autrement dit, avec cette publicité borderline, le mensuel indien a choisi de marquer les esprits avec des images horrifiques et violentes.

Le risque du « bad buzz »

Toutefois, la « publicité borderline » comme son nom l’indique, joue sur la ligne rouge du « politiquement correct », ce qui peut mener à terme vers, ce que redoute la majorité des marketers, à savoir un « bad buzz ». Autrement dit, un « bouche à oreille » négatif, pouvant conduire au boycottage de la marque par les consommateurs. « A jouer avec le feu, on se brûle » comme dit le proverbe. Avec la publicité borderline, il est difficile de savoir jusqu’où on peut aller, sans offenser la moralité et l’éthique. Un « bad buzz », une fois déclenché, est difficile à annihiler, car les perceptions des consommateurs, une fois ancrées, sont difficilement modifiables.

Exemple de « bad buzz », en 2014, cette affiche publicitaire pour le conseil général de Moselle avait fait polémique, jugée « sexiste » par les femmes

Exemple de « bad buzz », en 2014, cette affiche publicitaire pour le conseil général de Moselle avait fait polémique, jugée « sexiste » par les femmes

De la « perversion » dans la publicité borderline ?

Il nous est tous déjà arrivé de ralentir en voiture pour regarder de plus près un accident de la route. On peut alors s’interroger : est-ce une attitude perverse ? Comme le dit le psychologue Louis Brunet (2013) [3], ce genre de curiosité n’a rien de mauvais en soi, «quand on roule sur une autoroute et qu’on passe devant un accident, on regarde. C’est normal qu’on soit fasciné. La mort, la violence, la destruction font partie de nos angoisses naturelles. Nous sommes tous mortels, tous sujets à la violence et aux accidents. On pourrait fermer les yeux quand on voit quelque chose de violent. D’ailleurs, certains le font. Mais regarder est une façon de chercher à comprendre et à maîtriser nos angoisses». Donc, face à des faits divers tragiques et dramatiques, nous ressentons un sentiment ambigu et paradoxal : d’un côté, nous compatissons avec la souffrance des victimes et, de l’autre, nous ressentons également un certain plaisir. « Les malheurs des autres ont une fonction rassurante pour tout un chacun » comme le rappelle Thierry Jandrok (2009). En fait, quand nous observons un accident de la route, sur le moment, nous savourons de ne pas souffrir et d’être en bonne santé.

En psychologie, cette « curiosité pour le morbide » est un phénomène étudié depuis longtemps. Le sentiment « d’attraction-répulsion » irrationnel qui en résulte, existe bel et bien (Cally, 2015). D’ailleurs, les Pouvoirs publics et la Sécurité Routière profitent, amplement de ce sentiment ambivalent, dans leurs campagnes de prévention.

Dans ces publicités, le caractère « borderline » est censé être canalisé et dirigé dans un but purement préventif. C’est la stratégie publicitaire qui consiste à choquer pour alerter et par là même, prévenir. Les marketers choisissent délibérément de mettre la violence et l’horreur, en toile de fond de leur message.

Une campagne « choc » de sensibilisation de Sécurité routière

Une campagne « choc » de sensibilisation de Sécurité routière

A contrario, pour certains spécialistes, ces images « chocs » n’auraient pas l’efficacité escomptée au niveau préventif. En effet, l’efficacité émotionnelle de la publicité serait modulée par les arbitrages subjectifs des sujets sur la sévérité de la menace, leur conviction en l’efficacité des conseils promulgués et en leur capacité à les suivre. Ces arbitrages peuvent motiver le sujet à davantage contrôler sa peur du danger plutôt que le danger lui-même (Witte, 1994).

Il est interdit d’interdire ?

Force est d’admettre que critiquer, blâmer voire stigmatiser une publicité peuvent, dans certains cas, accroître paradoxalement, son attractivité. La stigmatisation d’une publicité, surtout si elle est collective, installe une sorte « d’interdit éthique » qui pourrait éventuellement accroitre la réactance psychologique [4] envers ladite publicité. Ainsi, lorsque les individus sentent que l’on leur déconseille de visionner telle ou telle publicité, qu’on tente de contrôler leurs actions, qu’on essaye de limiter leur liberté, il peut y avoir une « résistance » à cette influence.

Parfois, pour certaines publicités, les limites du « tolérable » sont malheureusement franchies, et la publicité est alors interdite, bannie et donc non diffusée. En France, le contrôle des communications commerciales est confié au CSA (Conseil Supérieur de l’Audiovisuel) et à l’ARPP (Autorité de Régulation professionnelle de la Publicité). Cette dernière étant une association dont la mission est de contrôler et de réguler les publicités avant diffusion. Ainsi, les annonceurs doivent lui soumettre leurs publicités audiovisuelles avant diffusion. Mais, même si une publicité est suspendue par le CSA, s’ouvre à elle (et de plus en plus souvent) une nouvelle voie : celle d’une diffusion « sauvage » sur le Web où tout semble presque autorisé.

Autrement dit, une « publicité interdite » peut devenir plus attractive, précisément parce qu’elle est « interdite ». La théorie de la réactance suggère que lorsqu’une personne tente d’influencer trop fortement une autre, il prend le risque d’entraîner une réaction contraire à celle recherchée : une sorte « d’effet boomerang » (Clee et Wicklund, 1980). Une publicité parce qu’elle est « interdite », pourrait donc, par « effet boomerang », être encore plus visionnée et faire le Buzz sur Internet.

En conclusion, la publicité borderline ne serait-elle pas finalement une stratégie publicitaire perverse ? Comme le dit Bernard Maris (2016), « la Pub est violente. Les publicités des marques sont les acouphènes d’un monde violent qui n’est jamais muet. La Pub vise à susciter, à provoquer, à être le désir ». Force est de constater, que la « publicité borderline » tend à devenir de plus en plus une alternative privilégiée par les marketers quand il s’agit d’attirer l’attention des consommateurs, et de se différencier rapidement sur un marché concurrentiel.

Références

[1] Sondage IFOP à télécharger en ligne : https://www.ifop.com/publication/les-francais-et-la-publicite-sur-internet/

[2] L’appellation de « buzz marketing » désigne toute action de promotion d’un produit ou d’une marque capitalisant sur le bouche à oreille traditionnel ou électronique, que le produit soit ou non en situation de lancement.

[3] Dans Cally (2015).

[4] Selon Brehm (1966), la réactance psychologique est le résultat d’un sentiment intense chez l’individu qui se concrétise par la préservation d’un comportement « libre et autonome » et/ou par un accroissement de l’attraction pour le comportement « proscrit ». Dans cette théorie, chaque fois que notre liberté se trouve limitée (ou seulement menacée), nous y attachons soudainement plus d’importance et estimons davantage les produits qui y sont liés. Cependant, l’auteur Pez (2008) rappelle que la réactance psychologique n’est pas obligatoire, certains individus peuvent très bien ne pas réagir ou rester indifférents à une restriction de leur liberté. Surtout la « restriction » est perçue comme justifiée sur le plan social ou légal, alors elle ne conduit pas forcément à la réactance (Brehm, 1966).

Références bibliographiques

BREHM, J. W. (1966): A theory of psychological reactance. New York Academic Press.
BRUNET, L. in Bourdon, M-C.
(2013) : INTER, magazine de l’Université du Québec à Montréal, Vol. 11, no 2, 7-9.
CHABROL, C. et DILIGEART, G. (2004) : Prévention et risques routiers : réguler la peur et/ou la menace
, Questions de communication, 5, 115-132.
CALLY, R. (2015) : Psychologie du consommateur : pourquoi et comment l’horreur fait vendre?, [En ligne]. Mise à jour le 28 février 2015, [consulté le 5 novembre 2015]. Disponible sur http://www.eepsys.com/fr/psychologie-du-consommateur-pourquoi-comment-lhorreur-fait-vendre/
CLEE, M. A. et WICKLUND, R. A. (1980): Consumer Behavior and Psychological reactance,
Journal of Consumer Research, 6 (Mars), 389-405.
JANDROK, T. (2009) :
Tueurs en série : Les labyrinthes de la chair. Rouge Profond, 226 pages.
MARIS, B. (2014) :
Houellebecq économiste, Paris, Flammarion, 155.
PEZ, V. (2008) : Programmes de fidélité et réactance psychologique du consommateur : Une étude qualitative exploratoire,
Centre de Recherche DMSP, France.
VEZINA, R. (1997) : La provocation en pub, une stratégie qui choque,
Liaison, Vol 31, N°13, 6 mars 1997.
WITTE, K. (1994): Fear control and danger control: a test of the Extended Parallel Process Model (EPPM),
Communication Monographs, 61,113-134.

Develación del significado de la gobernanza metropolitana del servicio hídrico local

Margarita Juárez-Nájera
Universidad Autónoma Metropolitana
Cruz García Lirios
Universidad Autónoma del Estado de México

José Marcos Bustos-Aguayo
Universidad Nacional Autónoma de México
.

Resumen

A menudo, el abastecimiento hídrico ha sido considerado como resultado de políticas públicas de tandeo que se sustentan en condonaciones, subsidios o incremento de tarifas, soslayando mecanismo de autogestión o cogestión entre actores políticos y sociales. En tal sentido, el objetivo del presente estudio fue interpretar las narrativas y los contenidos de representantes de sectores políticos, científicos y usuarios del servicio municipal. Se realizó una investigación cualitativa con una muestra intencional de fuentes e informantes claves, considerando su residencia en una demarcación de la Ciudad de México. A partir de la técnica Delphi, la información se procesó en una matriz de análisis de contenidos y discursos relativos al abastecimiento hídrico. Se develó un significado compartido que estriba en vincular aspectos geográficos y económicos con el suministro de agua, pero factores políticos y sociales fueron inferidos como externos a una cultura de la resiliencia ante eventos de riesgo que determinan el consumo de agua.

Palabras clave: Desabasto, conflicto, encuadre, verosimilitud y verificabilidad.

Abstract

Water supply has often been considered as a result of public policies that are based on forgiveness, subsidies or tariff increases, avoiding a mechanism of self-management or co-management between political and social actors. In this sense, the objective of this study was to interpret the narratives and the contents of representatives of political sectors, scientists and users of the municipal service. Qualitative research was conducted with an intentional sample of sources and key informants, considering their residence in a demarcation of Mexico City. From the Delphi technique, the information was processed in a matrix of content and discourse analysis related to water supply. A shared meaning was developed that links geographic and economic aspects with the water supply, but political and social factors were inferred as external to a culture of resilience in the face of risk events that determine water consumption.

Keywords: Dismissal, conflict, framing, likelihood and verifiability.

Introducción

El objetivo del presente trabajo fue analizar el contenido de notas de prensa y los discursos de informantes con respecto a al abastecimiento hídrico en una localidad de la Ciudad de México. Se exploró la cobertura de la prensa para establecer indicadores de conflictos entre autoridades y usuarios en situaciones de desabasto, así como las narrativas de informantes acerca de sus experiencias de abastecimiento con la finalidad de develar el significado que se construye en la localidad en torno a los recursos y servicios hídricos.

A menudo, el análisis de las problemáticas hídricas se ha centrado en la calidad del servicio, indicada por la frecuencia de abastecimiento, el nivel de potabilidad y sus efectos en la salud pública ambiental. Más recientemente, algunos estudios han versado sobre los efectos de la difusión de los medios de comunicación en el procesamiento de la información de sus audiencias ante eventos de riesgo como sequias o inundaciones (García, Bustos, Juárez, Rivera y Limón, 2017).

En la demarcación se han realizado investigaciones relativas al efecto de la cobertura de la televisión, la radio o la prensa con respecto a las fugas públicas antes, durante y después de celebrados los comicios locales y federales (García, Carreón, Hernández, Bustos, Limón y Morales, 2013).

Estudios más delimitados han demostrado que en el caso de los medios impresos, la difusión de la situación hídrica local se reduce estrepitosamente con la proximidad de las elecciones municipales o regionales, a la vez que se han observado dos estilos de procesamiento de información por parte de sus audiencias: la lógica de verosimilitud y la lógica de la verificabilidad (García, 2011a).

Se trata de una propensión al cuidado de los recursos siempre que los usuarios consideren que la información diseminada en los medios impresos es confiable y/o verificable con respecto a otras fuentes como los reportajes de televisión o los programas de debate en la radio (García, Carreón, Mecalco, Hernández, Bautista y Méndez, 2014).

Precisamente, en la delegación Iztapalapa que se distingue por su grado de escasez y desabasto continuo, algunos estudios han demostrado que cuando la información diseminada en los medios de comunicación está sesgada hacia una escasez produce comportamientos de conservación, austeridad y frugalidad en las audiencias, pero cuando más bien se genera una difusión de abundancia de los recursos hídricos, entonces se observa un incremento considerable en el consumo registrado en los medidores o recibos (García, 2018a).

Empero, el estado del conocimiento y la literatura consultada no ha establecido el significado del consumidor, sus autoridades y expertos asesores con respecto a sus diferencias y similitudes en relación a la calidad del servicio hídrico. Más específicamente, el abastecimiento ha sido un tema central en la agenda de los actores políticos, sociales y empresariales, pero sin la indagatoria de sus discursos o narrativas en torno al servicio hídrico (Bustos, Juárez, Sandoval, Quintero y García, 2017).

La literatura especializada en el análisis discursivo advierte que; 1) la comprensión preliminar del significado en torno a la calidad de un servicio público es complementaria a los análisis de contenido o estadísticos que atribuyen al individuo la responsabilidad de cuidar su porción de agua; 2) la injerencia del contexto local e histórico en el que los usos, costumbres y tradiciones justifican la austeridad o el dispendio; 3) los límites de un interpretación simple sin considerar el contexto mediático en el que se construye la información circundante y acorde a las audiencias según su grado de desarrollo humano; 4) la necesidad de realizar una interpretación global del entorno, sus diferencias y similitudes de significado (García, Carreón, Hernández y Bustos, 2017).

Teorías de la gobernanza metropolitana

La Figura 1 muestra el análisis de las relaciones entre sistemas, principalmente los de comunicación, puede realizarse a partir de la teoría de los sistemas generales.

Figura 1. Teoría de la gobernanza metropolitana

Fuente: Elaboración propia

Fuente: Elaboración propia

En este sentido, un sistema codifica y decodifica sus canales de distribución para hacer frente a la demanda decreciente o creciente. De este modo, la producción de un sistema está en función del input energético. La teoría de los sistemas generales fue la primera propuesta para el estudio de la comunicación humana (Carreón, Hernández, Bustos y García, 2017).

Puesto que cada ser viviente demanda, procesa y consume, es menester considerar a los seres vivos como sistemas no sólo de energía, sino también de tecnología, información, comunicación y actitud. La teoría de los sistemas generales integró un conjunto de teorías que incluyen principios universales de los sistemas integrativos y disipativos (García, Rivera y Limón, 2017).

En el primer caso, los subsistemas semi-abiertos y semi-cerrados configuran a los sistemas integrativos porque cada unidad de información se enlaza para llevar a cabo un intercambio más que una transferencia unidireccional de información (García, Montero, Bustos, Carreón, Hernández, 2012b).

En el segundo caso, los subsistemas disipativos son elementos endógenos o abiertos, y exógenos o cerrados en los que cada unidad de información está codificada para preservarse sin cambios que le puedan significar trasformar su estructura (García, Rivera, Limón, Bustos y Juárez, 2017).

Precisamente, la teoría de los sistemas generales plantea que cada sistema está anclado a una red de causas y efectos, pero también existen principios que lo organizan, no sólo para preservar su estructura sino para transformar sus relaciones con los demás elementos semejantes del entorno. Para tal propósito, se requieren canales de comunicación permanente entre cada unidad sistémica (García, Bustos, Carreón y Hernández, 2018).

En este sentido, la logística del sistema determina la función de cada estructura, factor o indicador. Si lo que ocurre en cada indicador sucede en la estructura sistémica, entonces su formulación será muy próxima a una formalización matemática. La teoría de los sistemas generales explicó el balance energético entre sistemas y subsistemas, en el caso de los informacionales y comunicativos, tal equilibrio parece estar circunscrito a los actos (García, 2011).

En un sentido diferente, la teoría de la ecología del desarrollo plantea que si analizamos los actos deliberados de las personas más que sus discursos, encontraremos el indicador de cada subsistema. En relación con otras teorías, la teoría de la ecología del desarrollo incluye elementos que son compatibles con la teoría de los sistemas generales. En el caso del macrosistema, el que incluye a todos los sistemas, subsistemas, factores e indicadores, la teoría de la ecología del desarrollo al igual que la teoría de los sistemas generales, plantea que el fin último de un sistema es su reproducción sistemática (Quintero, García, Rivera, Sandoval, Figueroa y Molina, 2018).

Se trata de un conglomerado de unidades interrelacionadas de tal modo que la ausencia de alguno implica una nueva configuración. El cambio de una configuración a otra se ejerce por diferentes fuentes, no obstante, cada unidad se precia de ser original porque el resultado de tal configuración es irrepetible, aunque su proceso sea el mismo. De tal modo que el macrosistema es cambiante entre cada unidad (Carreón, Hernández, García, Rivera y Morales, 2014).

La teoría de la ecología del desarrollo fue pionera en torno al análisis del contenido de un mensaje, analizable a partir de su contextualización, enmarcado e intensificación simbólica. Tal es el caso de la información mediatizada por la televisión, radio, prensa escrita e Internet. En este sentido, la psicología ambiental, disciplina a la que está suscrita la teoría de la ecología del desarrollo, ha realizado observaciones sistemáticas de los escenarios en los que los conflictos por el territorio y la apropiación del espacio público son indicadores sustanciales de las consecuencias de políticas públicas (García, 2012).

A partir de la teoría el establecimiento de la agenda y los estudios relativos al encuadre de los medios de comunicación se han evidenciado dos lógicas: la verosimilitud y la verificabilidad.

  • La primera consiste en difundir la cobertura de los hechos a partir de responsabilizar al Estado por la calidad de sus servicios públicos en detrimento de la calidad de vida de la ciudadanía. O bien, responsabilizar a la ciudadanía por el derroche de agua en detrimento de las zonas vulnerables, marginadas o excluidas del servicio público (García et al., 2014).

  • La segunda lógica de verificabilidad opera bajo el encuadre de los hechos de un modo tal que los lectores, pueden recopilar la información para emitir un juicio racional con la información reportada por los periódicos (García et al., 2015).

En el caso de la política de oferta de agua, la psicología ambiental ha contribuido con el esclarecimiento de los significados derivados de una situación de escasez, desabasto e insalubridad. Tales significados son fundamentales para explicar el establecimiento de una agenda ciudadana en materia de movilización para el abastecimiento de agua en una demarcación (Sandoval, Carreón, García, Quintero y Bustos, 2017).

La teoría del establecimiento de la agenda considera a los medios de comunicación como un poder central capaz de definir los temas críticos de la agenda política. La emergencia de la inseguridad cibernética y la videovigilancia digital parecen haber rebasado a la teoría del establecimiento de la agenda. A medida que los sistemas informativos y comunicativos se digitalizan y virtualizan, los presupuestos de la teoría del establecimiento de la agenda parecen explicar hechos homogéneos que en la sociedad de la información se han diversificado hasta un punto tal que hace necesario el replanteamiento de la teoría del establecimiento de la agenda (García et al., 2017).

La espontaneidad de un mensaje podría tener una relación directa con el razonamiento heurístico. En este sentido la teoría de las decisiones prospectivas sostiene que en situaciones de incertidumbre, las decisiones de los individuos son influidas por “atajos mentales” en los que una noticia sobre inseguridad activaría la desconfianza, el miedo o el enojo (García et al., 2018)

A medida que los mensajes de inseguridad son emitidos por los medios de comunicación, influyen de un modo automático en la memoria y las decisiones de las personas. La continua difusión de la inseguridad propiciaría en las audiencias una dependencia a corto, mediano y largo plazo en los medios de comunicación por parte de aquellas personas que han sido persuadidas y han incorporado la información circundante en sus decisiones y acciones cotidianas (Carreón, Juárez y García, 2017).

En tal sentido, la teoría de la probabilidad de la elaboración sostiene que la información es procesada en rutas periféricas relacionadas con decisiones espontáneas y comportamientos improvisados, así como rutas centrales implicadas con decisiones y acciones deliberadas (García et al., 2013).

Sin embargo, la necesidad de cognición tendría en la búsqueda de información un sesgo que consiste en aceptar aquella información que corrobora las creencias y rechazar aquella que las cuestiona. En tal sentido, los lectores de un periódico parecen simpatizar con aquellas notas informativas que complementan sus creencias respecto a hechos concretos de algún tema (Carreón et al., 2011).

En contraste, las notas que refieren acontecimientos contrarios a sus convicciones tendrían un mayor efecto persuasivo si son rechazadas en primera instancia por los receptores, pero siembran la duda en ellos mismos a tal grado que buscan información para rebatir los mensajes contrarios y después de contrastar la información terminan modificando sus convicciones (García, 2007).

La teoría del establecimiento de la agenda plantea una explicación al por qué los medios de comunicación sesgan sus notas informativas y determinan los temas de discusión en la opinión pública. La teoría del establecimiento de la agenda sostiene que la información de los hechos es procesada por los profesionales de la comunicación, publicidad y mercadotecnia para modificar los contenidos en función de políticas internas (García et al., 2013).

Decir que los medios de comunicación, principalmente la televisión, manipulan las audiencias hasta convertirlas en consumidores cautivos de los más oscuros intereses es el argumento de la teoría de la sociedad teledirigida. Desde el proceso de socialización más que de recepción de los medios, los efectos mediáticos implican información aprendida por las audiencias con base en imágenes más que discursos (Carreón et al., 2017).

La imagen parece haber desplazado a los discursos. Aunados a la imagen, los spots sustituyeron a los discursos sociopolíticos. Cada relación unidireccional entre imagen y espectador devela una sociedad teledirigida, manipulada, cooptada, trastocada y socavada de sus tradiciones para homogeneizar su consumismo. Tal relación entre spots y consumidores permiten afirmar que la influencia de la televisión la hace insustituible incluso por Internet (García et al., 2017).

A diferencia de la teoría del establecimiento de la agenda, la teoría de la sociedad teledirigida sostiene que es la socialización en sí, más que los intereses de quienes dirigen los medios de comunicación, es la principal amenaza para la democracia. En tal sentido, las problemáticas, en sus diferentes ámbitos, son el reflejo de proceso de aprendizaje en el que las imágenes difundidas por los medios de comunicación están guardadas en el núcleo central de la representación social que sobre las problemáticas tienen los ciudadanos. Por ello, la cobertura de las catástrofes naturales, inundaciones, huracanes o sequias tienen un mayor impacto en las audiencias (Carreón et al., 2015).

Estudios de la gobernanza metropolitana

La Tabla 1 muestra los estudios de la calidad del servicio hídrico centrada en el sistema de abastecimiento y cobro, así como en la insalubridad como efectos de las políticas de tandeo y tarifas subsidiadas.

Tabla 1. Estudio de la calidad del servicio hídrico

Año

Autor

Hallazgo

1968

Bertanffy

Sostiene que cada ser viviente intercambia energía con su entorno. Tales transacciones configuran sistemas los cuales pueden ser analizables como flujos energéticos en los que la entrada de energía (input) redistribuye las funciones en el sistema a un grado tal que los estabiliza o desestabiliza según sea el caso. Tal intercambio energético puede implicar un disturbio energético.

1972

McCombs y Shaw

Plantearon el sesgo informativo y la influencia de la cobertura mediática respecto a los temas más comentados por la opinión pública. Correlacionaron los temas difundidos por los medios con los temas reportados por encuestas de opinión y encontraron relaciones positivas y significativas, el proceso de formación de creencias, percepciones, actitudes, intenciones y comportamientos parece explicar un principio mediático, a saber: los contenidos difundidos en los medios de comunicación inciden en la agenda política ya que la opinión pública minimiza o maximiza los temas hasta un punto tal que, la clase política construye la agenda a partir de la frecuencia de los temas circundantes en los espacios y canales de expresión.

1977

Bronfenbrenner

Plantea que el desarrollo evolutivo requiere de actos significativos relacionados con experiencias personales o grupales. Cada acto es indicador del desarrollo humano. Incluso, aquellos actos que son significativos se circunscriben al desarrollo individual en los que el entorno, es decir, las relaciones entre individuos y grupos determinan los siguientes actos de la persona.

1977

Fazio, Zanna y Cooper

Consideraron que la formación de actitudes hacia los medios de comunicación y sus mensajes correspondientes implicó una activación directa de imágenes y frases con la memoria procedimental. A medida que los mensajes eran transmitidos, su duración y repetición parecieron activar experiencias previas y con ello formaban actitudes y acciones espontáneas sin requerir de algún cálculo mental o razonamiento inquisitivo.

1981

McCombs, Cole, Stevenson y Shaw

Sostienen que la relación entre los medios de comunicación y el Estado es explicada a través de la agenda ciudadana. Es decir, la sociedad civil genera los contenidos que los medios reproducen y el Estado reorienta según su rectoría.

1986

Tversky y Kanheman

Develaron un procesamiento de información automático y sistemático. En tal modelo, la experiencia de recepción de información activa decisiones comunicativas que incidirán en el comportamiento prospectivo.

1989

Cacioppo y Petty

Encontraron que un procesamiento de información al que denominaron como “necesidad de cognición” definida como el procesamiento sesgado de información que llevan a cabo los individuos al momento de ser persuadidos por un mensaje.

1991

Ajzen

Estableció el efecto deliberado, planificado y sistemático de la información sobre las expectativas de control.

1995

McCombs y Hua

Advierten que las políticas públicas y los programas públicos estarían determinados por la difusión de problemáticas que impactarían en las audiencias y construirían un imaginario y zozobra social que la clase política tomaría en cuenta al momento de definir las partidas presupuestales antes, durante y después de los comicios locales o federales.

1996

McCombs

Advierte que cada mensaje sesgado no basta para ser un indicador de manipulación, sólo se trata de hecho transformado en frase, spot, imagen, noticia u opinión. En este sentido, el sesgo informativo alude a la apreciación de un tercer elemento afectado por la relación medios de comunicación y audiencias. Se trata de otros medios de comunicación en competencia con el medio de mayor rating y que a la vista de su competencia, es definido como un medio controlador y manipulador de audiencias.

1998

McCombs, Llamas, López y Rey

Plantean a la formación y desarrollo de la opinión pública, durante las cuatro últimas décadas del siglo XX, había sido explicada por la incidencia de la propaganda difundida en cine, prensa, radio o televisión. La Sociedad de Masas era considerada el efecto de estrategias propagandísticas que incidían en la afectividad más que en la racionalidad de las audiencias, espectadores, suscriptores o lectores.

1998

Sartori

Menciona un ciber-lenguaje icónico-representacional para explicar que Internet no puede sustituir a la televisión ya que las audiencias colman los horarios estelares por un producto sociovisual más que icónico. Es decir, las audiencias consumen historias visuales y personajes que en Internet están presentes, aunque los programas sean los mismos, están en otros idiomas o en acentos diferentes a los que el espectador espera presenciar. Precisamente, en este proceso consiste la relación cautiva entre la televisión y las audiencias.

2003

Sainz y Becerra

Advierten un sesgo noticioso que influye en la agenda política a través de la opinión pública. En este sentido, establecieron una diferencia entre los conflictos reportados por otros estudios y la cobertura de la prensa de 2009 a 2013 en la misma demarcación. Realizaron un estudio descriptivo sobre el contenido de las notas de periódicos y encontraron una tendencia creciente de las movilizaciones ciudadanas. Los usuarios pasaron de manifestaciones verbales a confrontaciones directas con las autoridades por el cierre de avenidas como medida de presión para el abastecimiento regular de agua.

2005

Krippendorff

Propuso un mecanismo simple: la emisión de frases e imágenes repercutiría directamente en las creencias y actitudes en ausencia de la formación de expectativas, conocimientos o criterios. En dicho proceso, las percepciones parecían no ser influidas por los mensajes ya que se trataba de un mecanismo automático sin procesamiento de información

2006

Becerra, Sainz y Muñoz

Encontraron una relación directa, negativa y significativa entre la demanda de agua y el incremento de las tarifas. En materia de políticas públicas, el sistema de cobro, principal estrategia e instrumento gubernamental para la sustentabilidad de la demarcación, propició un aumento de las movilizaciones por el abastecimiento regular de agua según la prensa de circulación nacional.

2006

Becerra

Develaron un encuadre noticioso cercano a la verificabilidad de los hechos más que a la verosimilitud, pero confirman la hipótesis relativa a que sesgan los hechos para incidir en las políticas públicas a través de la orientación de los temas que la opinión pública retomará para construir la agenda ciudadana.

2011

García

Analizó las notas de los diarios de circulación nacional respecto a la participación ciudadana en materia de abastecimiento de agua en Iztapalapa. Encontró una tendencia de la prensa a enmarcar las acciones ciudadanas como inexorables a las acciones gubernamentales. Es decir, la prensa enmarcó a los usuarios del servicio de agua potable como violentos ya que sus acciones obedecían más al acaparamiento y comercialización de agua que a sus necesidades personales. Señala que la participación civil prevalece en los diarios de circulación nacional parecen mostrar la indignación e inconformidad respecto a la política de abastecimiento de agua en la demarcación.

2012

García

En un estudio llevado a cabo con editoriales, columnas y reportajes de la prensa escrita en la misma demarcación, encontró indicadores de exclusión social en torno al servicio de agua. La cobertura de los periódicos sobre el secuestro de pipas y el acaparamiento de agua fueron considerados como indicadores de segregación social de los recursos y servicios hídricos. Demostró que la exclusión social en torno al servicio de agua potable se incrementa a través de la amplificación informativa de los medios de comunicación como resultado de las políticas públicas, conceptualizada como el resultado de la nula interrelación entre acciones gubernamentales y ciudadanas.

2013

Carreón et al.,

Revisaron el estado de la cuestión para advertir la tendencia del establecimiento de agendas centradas en la corrupción institucional y gubernamental con respecto a la administración pública de lso recursos y servicios municipales.

2014

García et al.,

A partir de la técnica Delphi, generaron una matriz de análisis de contenido para establecer los ejes y temas de discusión en la agenda de sustentabilidad hídrica local, así como en la difusión de los medios impresos, o bien, sus efectos en las expectativas de los lectores.

2015

Carreón et al.,

Establecieron la confiabilidad y la validez de un instrumento que mide expectativas de administración de los recursos y servicios hídricos en una localidad del centro de México.

2016

García et al.,

Establecieron las diferencias entre grupos socioeconómicos, sociodemográficos y socioculturales con respecto a variables sociocognitivas relativas al derroche y al ahorro de recursos como estrategia ciudadana ante las políticas de tandeo local.

2017

Carreón et al.,

Contrastaron un modelo para el estudio de la gobernanza de la sustentabilidad hídrica en el que establecieron las trayectorias de relaciones de dependencia entre variables e indicadores relativos a las expectativas de la gestión y la administración consensuada de los recursos y servicios hídricos.

2018

García et al.,

Develaron el significado de la calidad de los servicios hídricos con la finalidad de establecer los temas centrales en la agenda pública local.

Fuente: Elaboración propia

En ciudades sustentables, el servicio de agua potable incluye sistema de tarifas ajustadas a la disponibilidad y el consumo per cápita. Sin embargo, en el caso de la Ciudad de México, los subsidios son parte fundamental para el abastecimiento de colonias en las que la red pública redistribuye intermitentemente los recursos hídricos (García et al., 2018).

El análisis del encuadre de los medios de comunicación, principalmente los medios impresos son fundamental para esclarecer los temas prevalecientes y su inserción en la agenda ciudadana, política y local de la demarcación en la que circunda la información relativa al desabasto, las acciones gubernamentales y las movilizaciones ciudadanas correspondientes (Carreón et al., 2014).

Las disputas por el agua podrían agravarse en aquellas zonas con alto crecimiento demográfico y densidad poblacional. La escasez de agua tendría como una de sus consecuencias más inmediatas, efectos a la salud de las poblaciones colindantes a los cuerpos de agua contaminados (García et al., 2017).

Las problemáticas hídricas en el contexto de Iztapalapa, Ciudad de México han sido analizadas a partir del impacto de la escasez sobre el consumo de agua. Desde la perspectiva de la gobernanza y la participación, el abasto irregular ha sido identificado como el principal obstáculo del desarrollo local sustentable. Respecto a los efectos sociocognitivos, las representaciones y las creencias de abundancia y escasez han explicado el dispendio y el ahorro del recurso. Incluso, las dimensiones residenciales y el mantenimiento de las instalaciones han determinado un bajo consumo que correlaciona con el incremento de las tarifas, sanciones o subvenciones de los programas de abastecimiento (Carreón et al., 2013).

Ahora bien, las relaciones entre los sistemas de abastecimiento, administración y usuarios de la red de suministro son matizados por los medios de comunicación al momento de delimitar y transformar los hechos en noticias, reportajes, columnas de opinión, mesas de análisis o debate (García et al., 2015).

En todos y cada uno de estos estudios, el conflicto subyace como la temática pasada, presente y futura en torno a la relación entre la disponibilidad per cápita de agua y el consumo doméstico, industrial y agrícola. A medida que las problemáticas de escasez e intermitencia del servicio de agua potable se intensifican, los conflictos por el abastecimiento se agudizarían en boicots a las redes municipales, secuestros de pipas, confrontaciones verbales con vecinos, mítines y bloqueos de avenidas que derivan en disturbios y movilizaciones orientadas al cambio social (Bustos et al., 2017).

En el marco de tales conflictos y cambios sociales, la cobertura de la acción colectiva y gubernamental en torno a las problemáticas y su influencia en la opinión pública cobra especial relevancia. Ambas acciones —pública y social— plantean escenarios de conflicto a partir de los cuales se han llevado a cabo estudios para establecer hipótesis relativas a las diversificaciones de las problemáticas en consonancia con la heterogeneidad de acciones colectivas y movilizaciones sociales (Quintero et al., 2018).

El desarrollo local tendría en el deterioro del sistema de abastecimiento público, un indicador de corrupción y negligencia de las autoridades, así como el nivel de intransigencia y conflicto entre las comunidades y los grupos que disputan el control del suministro. En efecto, la mercadocracia hídrica consistiría en un sistema de corrupción, negligencia y nepotismo indicado por los conflictos entre autoridades y usuarios del servicio público de abastecimiento de agua (Sandoval et al., 2017).

Las políticas públicas centradas en la oferta de agua; los programas de abastecimiento público clientelares; los conflictos entre autoridades y usuarios; las acciones colectivas y movilizaciones sociales indicarían niveles de conflicto que los medios de comunicación pueden reducir o amplificar según sus criterios de cobertura y expectación. Los cuatro actores, autoridades gubernamentales, empresas de servicios hídricos, medios de comunicación y grupos ciudadanos estarían inmersos en un entorno de escasez hídrica que determina sus acciones (García et al., 2018).

En el caso de la administración gubernamental, las políticas públicas están orientadas a la oferta de los recursos hídricos en función de las demandas del sector industrial y de servicios. Ante tal relación, los medios de comunicación sólo han reportado los desencuentros entre administraciones y usuarios omitiendo las políticas de oferta (Carreón et al., 2014).

Si cada ser viviente realiza actos significativos, si cada acto significativo está relacionado en su equilibrio vital, entonces habrá actos no significativos relacionados con desequilibrios que lleven al colapso del sistema de información (Sandoval et al., 2017).

Los estudios de la sustentabilidad hídrica han establecido relaciones significativas entre las situaciones de escasez y el almacenamiento de agua. Tal relación ha sido matizada por la cobertura de los medios impresos respecto a la problemática en referencia al sistema de creencias de abundancia o escasez de agua. Las investigaciones sobre el tema han demostrado que las creencias antropocéntricas relativas a la abundancia de agua, propician el derroche del recurso. En contraste, la información alusiva a la escasez ha incidido en las creencias econcéntricas determinantes del cuidado del agua (Carreón et al., 2015).

Sin embargo, a nivel local, los diarios de circulación nacional mostraron la ineficiencia de las autoridades locales al momento de cobrar las tarifas e incluso aumentar el costo del suministro de agua. En otras palabras, los medios de comunicación impresa incentivaron conflictos entre usuarios y autoridades respecto a la condonación de deudas en la demarcación de influencia del partido en el poder y el aumento de las tarifas en las zonas de influencia del partido opositor (García et al., 2017).

La cobertura periodística de las condonaciones de deudas por el servicio hídrico, el encuadre de la ineficiencia gubernamental y la percepción de injusticia por parte de los colonos podrían derivar en un ambiente de indefensión aprendida en la que las acciones gubernamentales y ciudadanas orientadas a preservar la disponibilidad de agua son reducidas a hechos aislados y dependientes del sistema tarifario de consumo (Quintero et al., 2018).

Estado, medios de comunicación y opinión pública configuran sistemas sociopolíticos de información los cuales pueden ser discernibles a partir de la formación de actitudes. Los estudios psicológicos que estudian la relación entre los sistemas políticos, mediáticos y sociales plantean que la televisión, radio y prensa influyen en los programas públicos a través de la opinión ciudadana. En tal sentido, la sociedad fungiría como intermediaria: mediadora o moderadora de la difusión de los hechos políticos. La diferencia existente entre una u otra función estriba en la construcción de actitudes hacia el sistema político (García et al., 2018).

Si la ciudadanía opina que existe un equilibrio entre el poder político y el poder mediático, asistimos a un fenómeno de moderación en el que interactúan dos factores, uno mediático y otro político, para explicar la emergencia de movilizaciones sociales. En contraste, si la opinión pública considera que existe una hegemonía entre uno u otro poder, sea mediático o político, entonces se trata de un fenómeno de mediación en el que la opinión ciudadana regula el flujo de información para equilibrar la disparidad de poderes (Bustos et al., 2017).

Ambos fenómenos, moderación y mediación, ubican a la ciudadanía en una fase intermedia en la que las agendas mediáticas parecen influir en las agendas políticas. Es decir, los temas de difusión en la televisión, radio y prensa, a pesar de su diversidad y diferenciación, inciden en la construcción de consensos al momento de priorizar las problemáticas, atender las demandas y programar las estrategias de intervención del Estado (Carreón et al., 2012).

La moderación de la opinión pública supone un sistema sociopolítico en el que la participación ciudadana desequilibra los poderes fácticos para someterlos al escrutinio y las iniciativas ciudadanas. Por el contrario, la mediación de la ciudadanía en torno a la influencia de los medios sobre los sistemas políticos supone un sistema antidemocrático en el que priva la ingobernabilidad (García et al., 2013).

Debido a que la moderación de la opinión pública en las discrepancias mediáticas y políticas parece ser el preámbulo de la democracia participativa, es menester discutir el proceso en el cual los medios de comunicación inciden en la opinión pública y ésta en las agendas políticas (García et al., 2015).

La agenda pública se construye considerando la oferta y demanda del servicio de agua potable ya no desde su dimensión hídrica, sino desde su dimensión mediática. En tal sentido, el encuadre de la prensa resulta fundamental para explicar la influencia de los editoriales sobre la opinión pública y las declaraciones de los funcionarios responsables de regularizar la red de abastecimiento público (Carreón et al., 2017).

En otras palabras, los estilos de las notas periodísticas parecen incentivar un equilibrio de declaraciones de los actores implicados más que un desequilibrio que implique la renuncia de alguna autoridad o la movilización ciudadana en torno a la regularización del servicio, la calidad de agua o la prevención de enfermedades hidro-transmitidas. Se trata, de un escenario en el que la prensa no busca establecer su agenda, más bien su objetivo parece estar orientado a la inconmensurabilidad de la problemática y la relativización de propuestas (Sandoval et al., 2017).

El desabasto de agua en las demarcaciones con baja disponibilidad hídrica, crecimiento poblacional, densidad residencial e industrialización configuran un escenario de escasez y desabasto a partir de los cuales se generan conflictos indicados por desacuerdos, confrontaciones verbales y físicas, boicots a la red de suministro, secuestros de pipas, cierres de avenidas para manifestaciones y mítines en torno a la demanda de abasto regular de agua. En tal escenario, la cobertura de la prensa resulta fundamental para explicar el establecimiento de una agenda en materia de derecho al servicio equitativo de agua y la modificación o actualización de políticas públicas a partir de la evaluación que de ellas hace la ciudadanía en tanto usuarios de los servicios públicos (Carreón et al., 2014).

Los estudios de la cobertura periodística en torno a la situación hídrica-política en Iztapalapa han establecido relaciones directas y significativas entre el desabasto y los conflictos entre autoridades y usuarios de la red pública de agua (Carreón et al., 2017).

En principio, establecer una correlación entre la difusión de contenidos mediáticos, aún en la década actual, parece una empresa compleja ya que los medios de comunicación diversifican sus contenidos. Ayer establecer el sesgo periodístico era justificable dada la subjetividad humana; hoy los medios de comunicación parecen obedecer a propósitos económicos, políticos o sociales entremezclados unos con otros que hace complicado el poder demostrar el tipo de sesgo en el que se pudiesen ubicar (García et al., 2015).

En el marco de la psicología de los medios de comunicación, sus efectos propagandísticos en la formación de creencias y actitudes, los estudios del establecimiento de la agenda plantean que existe una relación causal entre los contenidos de los medios de comunicación y los temas de interés de la opinión pública (García et al., 2017).

Si se considera que la prensa ha adoptado estilos de difusión que incidirían en la evaluación que del servicio público de agua tienen los usuarios, entonces es menester analizar el contenido de editoriales, columnas y reportajes en los que se muestren las acciones gubernamentales en referencia a las movilizaciones ciudadanas (García et al., 2018).

En situaciones de escasez y desabasto de agua, las acciones gubernamentales y ciudadanas tienden a diferenciarse y contraponerse ya que en las políticas públicas y las necesidades ciudadanas prevalecen intereses asimétricos conforme una problemática de escasez de recursos se intensifica. El Estado tiende a concesionar los recursos sin considerar que son comunes, no advirtiendo que el crecimiento y la densidad poblacional exacerban tales discrepancias y que los medios de comunicación aprovechan tal escenario para enmarcar los conflictos de un modo tal que:

  • Los editoriales tienden a maximizar las declaraciones de funcionarios en materia de abastecimiento de agua y aumento de las tarifas por el servicio público (Carreón et al., 2011).

  • Las columnas de opinión tienden a intensificar su crítica hacia los usuarios morosos, irregulares o gorrones cuando la acción ciudadana consiste en el cierre de avenidas, mítines, manifestaciones, marchas y plantones en plazas públicas o centros de comercio (Carreón et al., 2014).

  • Los reportajes tienden a enmarcarse en imágenes consistentes en la toma de instalaciones, secuestros de pipas, confrontaciones verbales y físicas con la policía para demostrar la irracionalidad de los usuarios frente al incremento de tarifas por el servicio de abastecimiento público (Carreón et al., 2016).

Los diarios de circulación nacional utilizan un encuadre de verificación el cual contrasta con el estilo de verosimilitud reportado por el Estado del arte. Las diferencias y similitudes entre los encuadres periodísticos y los discursos de los actores convergen en el establecimiento de una agenda (García et al., 2017).

Los conflictos hídricos, indicados por la interacción entre las estrategias gubernamentales y las acciones ciudadanas en situaciones de desabasto, han sido difundidos por los medios impresos de circulación nacional como un conjunto de hechos cotidianos intrascendentes. El Índice de Mediatización de los Conflictos Hídricos (IMCH) ha sido empleado para medir el fenómeno en comento, pero ha develado bajos niveles de mediatización. Por consiguiente, la incidencia directa de los periódicos en sus lectores respecto a los conflictos derivados del desabasto de agua propició una agenda de verosimilitud (Bustos et al., 2017).

Se trata de una cobertura mediática fragmentada en la que sólo se reportan denuncias y estrategias de las autoridades que al no estar relacionadas con acciones de los usuarios reducen el conflicto a una situación nula en la que parecen no confrontarse ideas o acciones entre las autoridades y los gobernados ante el desabasto de agua (Carreón et al., 2011).

Sólo en los casos de boicots a tomas de agua pública, los funcionarios parecieron reaccionar ante tales actos, pero los periódicos restan importancia al conflicto ya que no reportaron hechos de confrontación verbal o física, aunque la nulidad y en algunos casos a la minimización del conflicto hídrico entre gobernantes y gobernados en situaciones de desabasto de agua está emergiendo como tema central en la agenda pública (Carreón et al., 2014).

El enmarcado de nulidad de conflictos por parte de la prensa escrita en torno a las relaciones asimétricas entre los actores contraviene las observaciones de intensificación de conflictos en la demarcación (Bustos et al., 2017).

La prevalencia de editoriales, columnas y reportajes, insertos en los periódicos de circulación nacional, incluyen enmarcados circunscritos a una dimensión de nulidad. Es decir, la prensa escrita realizó la cobertura de los hechos de un modo tal que plasmó los datos relativos a acciones gubernamentales no vinculadas con acciones ciudadanas (García et al., 2018).

En este sentido, el enmarcado de la prensa durante un periodo preelectoral parece diferenciarse de la cobertura sobre los mismos hechos de escasez, desabasto y conflicto reportados en la contienda política de las elecciones locales como federales. La emergencia de acciones ciudadanas en materia de políticas públicas de desabasto se gesta si y solo si ayer la prensa enmarcó la participación de la ciudadanía como violenta e irracional (Sandoval et al., 2017).

En tal sentido, se recomienda ahondar en la investigación de los conflictos y sus dimensiones para poder establecer una relación causal entre las políticas públicas y las movilizaciones ciudadanas expuestas en los medios de comunicación. Tales estudios permitirán discutir los efectos de las políticas públicas sobre la evaluación ciudadana de las mismas en situaciones de escasez, industrialización y densidad poblacional. Si se considera que, en los próximos años, las ciudades incrementarán su población, industrialización y demanda de agua, entonces será importante explicar el establecimiento de una agenda pública a partir de la relación entre las acciones gubernamentales y la opinión pública (García et al., 2014)

Gobernanza metropolitana hídrica

En México, Distrito Federal la industrialización, la densidad poblacional y las políticas públicas en torno a la concesión de acuíferos a las trasnacionales han exacerbado la movilización ciudadana por la demanda de los recursos hídricos. El incremento de tarifas del servicio público de agua potable generó conflictos entre autoridades y usuarios. Tal situación ha sido un tema central de la agenda pública construida por el encuadre de los medios de comunicación y la opinión pública en materia de evaluación de los servicios públicos (García, Carreón y Hernández, 2017a)

Es cierto que la situación de escasez influye en las percepciones, decisiones y acciones de consumo, pero entre los hechos de desabasto y fugas, los medios de comunicación parecen sesgar las situaciones hasta un punto tal que la información pudiera influir en el sistema de creencias de los usuarios del servicio público. Una noticia sobre el deterioro de la red de abastecimiento podría influir en el almacenamiento indiscriminado de agua y eventualmente, en los conflictos que se generen por su acaparamiento (García, Carreón y Hernández, 2017b).

Por ello, una revisión sistemática y retrospectiva de la cobertura de los medios de comunicación respecto a las fugas de agua, podría incentivar la discusión respecto a su incidencia en las creencias de los usuarios de la red pública hídrica. Tal investigación, sería preliminar si se pretende explicar la acción organizada de los usuarios respecto a la variabilidad de la disponibilidad de agua en una demarcación (Carreón, Bustos, García, Hernández y Mendoza, 2016).

El poder de los medios de comunicación sobre la opinión pública los hace elegibles como instrumentos por excelencia de legitimación de las políticas públicas. En este sentido, las problemáticas hídricas han sido trastocadas por el poder mediático puesto que los niveles de disponibilidad, abasto, higiene y consumo relativos a la escasez de agua, corrupción e ineficiencia del servicio público, han sido transformados por los medios de comunicación en noticias, cometarios, reportajes o anuncios sesgados (García, Carreón, Hernández, Aguilar, Rosas y Bustos, 2015).

Entre las políticas ambientales y las necesidades de los usuarios, los medios de comunicación cobran una relevancia especial. La mediatización de la naturaleza define la discusión pública relativa a inversiones, tarifas, sanciones o subsidios. El impacto de los noticieros de televisión, las emisiones informativas de radio y las primeras planas de los diarios incide directa y significativamente sobre la opinión y la acción pública (García, 2011b).

En la medida en que los medios de comunicación contextualizan, enmarcan e intensifican las imágenes de los hechos, acceden a la posibilidad de sesgar y manipular a sus audiencias y públicos. En este sentido, es menester estudiar el efecto de la mediatización de las situaciones hídricas para delinear el futuro de las políticas ambientales relativas al servicio de agua potable, alcantarillado y abasto público (García, Carreón, Mendoza, Aguilar, Hernández, Mejía y Estrada, 2014).

Las políticas públicas orientadas al abastecimiento de agua son hechos que por su relevancia social han sido difundidos mediáticamente. En este sentido, las relaciones entre instituciones, usuarios y medios de comunicación forman una agenda pública en la que los temas sustanciales son procesados racional o emocionalmente (García, 2012).

El enfoque racional implica la discusión de temas tales como la escasez, las sequias, el desabasto, el consumo, el ahorro o el reciclaje de agua. A menudo, las instituciones y los medios de comunicación proporcionan datos que activan la discusión de los temas por parte de la ciudadanía. Se trata de información circundante en la que las instituciones encargadas de la red pública de agua y los medios de comunicación tratan de informar a la opinión púbica al mismo tiempo que deliberada o inusitadamente, influyen en las opiniones ciudadanas respecto a temas de gran trascendencia: escasez, desabasto y más recientemente, conflictos entre autoridades y usuarios (Carreón, García, Morales y Limón, 2011).

Los medios de comunicación al reducir o maximizar la información sesgan los hechos deliberadamente para incidir en la opinión pública, pero su propósito esencial es determinar la agenda política. En el caso de la prensa ha establecido una agenda pública mediante la difusión de hechos, datos y procesos que incidieron en la opinión pública a favor de un sistema tarifario universal en México, Distrito Federal (García, Juárez y Bustos, 2017).

En la capital mexicana, los subsidios, sanciones, condonaciones, ajustes y estímulos al ser una atribución de las autoridades delegacionales generan cuestionamientos por parte de la opinión pública y son un tema central en la agenda de la prensa de circulación nacional. Se trata de una situación controversial en la que los actores institucionales, políticos y ciudadanos participan activamente en la discusión sobre el debido proceso del subsidio como un tema central de la agenda pública, política, ciudadana y mediática (García, 2018c).

Si la heterogeneidad de tales agendas es exacerbada por la cobertura de los medios impresos, entonces será posible observar un estilo sistemático de encuadre en el que los periódicos de circulación nacional enfatizan el aumento o la disminución del servicio de agua potable como un discurso de verosimilitud constante en los actores políticos, institucionales y ciudadanos (García, Juárez, Sandoval y Bustos, 2017).

A medida que la prensa informa sobre los ajustes a las tarifas, estaría construyendo un estilo informativo en el que justifica la indignación y morosidad de los usuarios frente a un sistema de cobro deficiente y un servicio intermitente. O bien, los periódicos mostrarían su apoyo al incremento o disminución del cobro por volumen preestablecido. En este sentido, la cobertura de los periódicos estaría permeada de desencuentros entre autoridades y usuarios (García, 2018b).

No obstante que un sistema sustentable se construye a partir de tarifas que reflejan el equilibrio entre disponibilidad y consumo, el sistema de cobro en la Ciudad de México parece buscar el equilibrio entre las agendas políticas, ciudadanas y mediáticas. En este proceso, los estilos de información de la prensa resultan fundamentales ya que un mayor énfasis en el aumento de las tarifas implicaría un incremento de conflictos entre autoridades y usuarios (García, Montero, Bustos, Carreón y Hernández, 2012).

Método

Se realizó un primer estudio exploratorio, retrospectivo y de contenido. Se llevó a cabo un muestreo no probabilístico de 103 notas de periódicos de circulación nacional: la Jornada, El Universal y El Reforma en torno a las categorías de 1) escasez, 2) desabastecimiento, 3) insalubridad y 4) carestía durante enero de 2018 a junio de 2018 (véase Tabla 2).

Tabla 2. Descriptivos de la muestra informativa

Escasez

Desabastecimiento

Insalubridad

Carestía

El Reforma

41

36

21

15

El Universal

36

21

17

9

La Jornada

25

16

8

3

 Fuente: Elaboración propia

En una matriz, se analizaron variables cualitativas; nominales y ordinales que, en un periodo determinado, mostrarían la prevalencia de la cobertura mediática con una muestra de diez notas periodísticas seleccionadas intencionalmente. El criterio de inclusión fue la circulación nacional de los rotativos y el periodo de la cobertura. Durante este lapso, los habitantes de la demarcación organizaron movilizaciones en referencia a la escasez de agua y la proximidad de los comicios locales y federales (véase Tabla 3).

Tabla 3. Construcción de la matriz de análisis de contenido

Definición

Indicador

Codificación

Interpretación

Escasez

Refiere a una baja disponibilidad hídrica con respecto a una demanda creciente (Bustos, Ganga, Llamas y Juárez, 2018)

Datos relativos a la disponibilidad hídrica local

-1 para información desfavorable a la gobernanza metropolitana hídrica, 0 par información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes refieren a una gobernanza metropolitana centrada en la escasez

Desabastecimiento

Alude a un suministro intermitente respecto a otras localidades (Juárez, Bustos, Quintero, García y Espinosa, 2018)

Datos alusivos al registro de medidores residenciales

-1 para información desfavorable a la gobernanza metropolitana hídrica, 0 par información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes aluden a una gobernanza metropolitana centrada en el desabastecimiento

Insalubridad

Refiere a los efectos en la salud pública derivados de la baja calidad del servicio hídrico (Amemiya, valdés, Espinosa y García, 2018)

Datos relativos a enfermedades hidro-transmitidas

-1 para información desfavorable a la gobernanza metropolitana hídrica, 0 par información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes aluden a una gobernanza metropolitana centrada en la insalubridad

Carestía

Alude a un incremento sustancial del costo unitario por el volumen hídrico consumido (Sandoval, Bustos y García, 2018)

Datos alusivos al costo unitario por volumen de consumo en el recibo

-1 para información desfavorable a la gobernanza metropolitana hídrica, 0 par información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes aluden a una gobernanza metropolitana enfocada en la carestía

 Fuente: Elaboración propia

Se utilizaron matrices de análisis de contenido para la ponderación de las acciones gubernamentales y las estrategias ciudadanas en torno al desabasto de agua. Cada estrategia fue codificada a partir de la imposibilidad de llevar a cabo dicha acción. De este modo, una estrategia cotidiana le fue asignada un valor de 1 y en el caso contrario, una acción poco probable de realizarse obtuvo el valor de cinco para el caso de las autoridades y cuatro para el caso de los usuarios.

Los criterios para la ponderación de estrategias cotidianas fueron aquellos relativos a la frecuencia de la cobertura periodística. Una mayor frecuencia de acciones reportadas por los medios impresos fue considerada una estrategia cotidiana. En contraste, un reporte de estrategias sin precedentes en la demarcación fue asumida como irrepetible y por ello se le asignó el mayor valor. Cabe señalar que la asignación de valores siguió una lógica de medición categórica en la que cada acción fue considerada como frecuente o infrecuente.

En tal sentido, fue necesario recopilar información y a partir de categorías relativas a acciones gubernamentales y ciudadanas, se construyeron matrices para la ponderación de frecuencias. Para sistematizar el registro de la cobertura periodística, se llevó a cabo un análisis de contenido a través de matrices ponderativas de las acciones gubernamentales en interacción con las acciones ciudadanas, ambas en situaciones de desabasto y conflicto. Se consideró que la interrelación prevaleciente entre las acciones gubernamentales y ciudadanas evidenciarían el encuadre de los medios impresos en torno a la problemática de escasez y desabasto en la demarcación con mayor crecimiento y densidad poblacional de la Ciudad de México.

Los conflictos hídricos pueden observarse a partir del análisis sistemático de editoriales, columnas y reportajes relativos al desabasto, las acciones de las autoridades y las movilizaciones ciudadanas. Tal estudio permitirá esclarecer las relaciones existentes entre cuatro actores implicados en las problemáticas hídricas: la industria (mercadocracia), las autoridades, los usuarios y la prensa.

Se recopilaron notas y editoriales informativos respecto a la situación hídrica en la demarcación de estudio. Posteriormente, se codificó la información considerando el marco teórico relativo al sesgo de los hechos a partir del encuadre de la información en la que predominó un estilo de verosimilitud o verificabilidad. Se procedió a calificar mediante jueces los contenidos de las notas informativas respecto a los conflictos. Por último, se concentró la información en otra matriz para la exposición de resultados e interpretación de hallazgos.

El análisis del conflicto entre autoridades y usuarios por la ineficiencia del servicio público está más cercano a la relación entre la dinámica industrial y las políticas públicas de abastecimiento. El presente estudio se llevó a cabo en una demarcación con baja disponibilidad hídrica derivada en principio por las condiciones geográficas, pero intensificada por las decisiones y acciones gubernamentales que priorizaron el abastecimiento de agua a la industrial local más que el suministro a los residentes de la demarcación.

La complejidad de las problemáticas hídricas puede ser estudiada en el contexto de Iztapalapa, a partir de la relación entre las autoridades delegacionales y los usuarios de la red pública. En este sentido, de acuerdo con el marco teórico, la cobertura de los medios impresos indicaría el grado de afectación del abasto irregular sobre los conflictos entre usuarios y autoridades. El análisis de las notas de prensa relativas a los conflictos hídricos permitiría anticipar los cambios que se gestarían en el marco del desarrollo local.

El criterio de ponderación de la mediatización de los conflictos, derivados del desabasto e incentivados por el acaparamiento de pipas, boicot a las redes de suministro, bloqueos viales y seudoreparaciones de fugas, podría establecerse considerando, en un extremo la improvisación de movilizaciones sociales hasta en otro extremo, la sistematización de acciones colectivas.

Se trata de estimar el encuadre de las noticias a través de la prevalencia de sesgos en la cobertura y la intensificación mediante la frecuencia de palabras claves. Los medios de comunicación enmarcan e intensifican los hechos a partir de la cobertura periodística circunscrita a los niveles de expectación y las características de sus audiencias.

En el caso de los medios de comunicación impresos, el análisis de la mediatización de los conflictos entre autoridades y usuarios respecto al desabasto de agua establece el grado de mediatización del conflicto, los ejes correspondientes a acciones de las autoridades y de los usuarios, la interacción entre acciones gubernamentales y comunitarias implicará 63 situaciones de conflicto derivadas por el desabasto de agua.

Es decir, las causas y las consecuencias del desabasto de agua pueden ser analizadas por el enmarcamiento e intensificación de conflictos en los que las acciones gubernamentales y las acciones de los afectados podrán implicar desencuentros. Piénsese en el caso de las empresas refresqueras o cerveceras que al ubicarse en una zona de disponibilidad media acaparan el acuífero para su producción en detrimento de los residentes locales. Ante tal situación, las acciones ciudadanas se intensificarían hasta un punto tal de movilización colectiva que evidenciaría la política de oferta y exacerbaría las diferencias entre autoridades y ciudadanos a partir del incremento de tarifas.

Tales situaciones serían cubiertas por los medios de comunicación y a partir de su encuadre se podría observar el establecimiento de una agenda hídrica en la que convergen los intereses de la industria, el malestar ciudadano y la acción gubernamental. En tal proceso, los medios de comunicación jugarían un papel trascendente ya que el encuadre de la información relativa a los conflictos por la distribución de agua influiría en la opinión pública, sus intenciones de voto y evaluación de políticas públicas en materia de abastecimiento de agua.

Es posible observar zonas de mediatización del conflicto entre autoridades y usuarios respecto al desabasto de agua. La primera zona de color negro corresponde a una alta mediatización y reflejaría una estrategia gubernamental y usuaria sin precedentes en la historia de la demarcación. La zona de color gris intenso obedece a estrategias poco probables, la zona gris más tenue corresponde a estrategias frecuentes, la zona blanca describe estrategias cotidianas o muy prevalecientes entre autoridades y usuarios. Por último, la zona roja se refiere a la nula mediatización caracterizada por una cobertura que otorga todos los elementos para un análisis minucioso de los hechos sin tratar de persuadir a la audiencia.

Por ejemplo, si combinamos las convocatorias de discusión con boicots de redes públicas de abastecimiento tendríamos 20 puntos correspondientes al mayor enmarcado de los hechos. Esta ponderación se interpretaría como un sesgo significativo de los hechos en torno al desabasto ya que combina acciones deliberadas, planificadas y sistemáticas de las autoridades y los usuarios.

No obstante, es importante considerar que la acción gubernamental y la acción ciudadana estarían influidas por la política de oferta de recursos hídricos. La concesión de acuíferos para la producción industrial en detrimento de los pueblos originarios y los barrios periféricos evidenciado por el desabasto, implica un proceso gradual de exclusión que puede ser develado a partir de un análisis sistemático de la cobertura durante la implementación de las políticas públicas, la movilización ciudadana y los eventos electorales de las demarcaciones.

En contraste, el menor enmarcamiento sería de 1 punto y se puede observar en cuatro combinaciones; acuse de información o declaraciones de situaciones (estrategias gubernamentales cotidianas) con declaraciones de indignación o denuncias de corrupción (estrategias prevalecientes de usuarios) Es decir, las cuatro combinaciones reflejan las respuestas no sesgadas de autoridades y usuarios respecto al desabasto de agua.

A partir de estas consideraciones, la ponderación total de cada nota de prensa estaría indicada por la sumatoria de cada una de las combinaciones entre las acciones gubernamentales y las acciones de usuarios. Si se analizan diez notas de prensa, el mayor puntaje de mediatización sería de 200 puntos (20 puntos para cada nota) y el menor puntaje de 10 puntos (1 punto para cada nota).

Una vez establecidas las ponderaciones de las estrategias gubernamentales y ciudadanas en torno al desabasto reportado por los medios impresos, se procedió a multiplicar en cada una de las notas de prensa, el valor asignado a las estrategias gubernamentales por el valor establecido a las acciones ciudadanas. Por último, se realizó una sumatoria de cada producto. Los resultados fueron interpretados considerando las zonas de mediatización expuestas y el marco teórico.

En el segundo estudio, una vez establecidas las zonas de mediatización, se procedió a realizar una investigación exploratoria, transversal y cualitativa con una selección intencional de tres informantes, considerando las lógicas de verosimilitud y verificabilidad de las mediatizaciones hídricas establecidas en el primer estudio y reportadas en el estado del conocimiento.

Se utilizó una matriz de análisis del discurso siguiendo la técnica Delphi, la cual consiste en la comparación e integración de la información en cinco fases; 1) en la primera se seleccionan los memorandos de los entrevistados a fin de poder inferir diferencias y coincidencias; 2) en la segunda fase, se realizaron las inferencias correspondientes a los memorandos a fin de poder develar el significado del servicio hídrico, principalmente el desabastecimiento; 3) en la tercera fase se analizó la estructura del contexto, siguiendo las preguntas universales de qué, quién, dónde, cómo, cuándo; 4) en la cuarta fase se establecieron las inferencias del análisis contextual; 5) en la quinta fase, considerando las anteriores fases, se interpretó el significado global del sistema de abastecimiento hídrico.

Se entrevistaron a los informantes claves en su casa habitación, previa garantía por escrito de confidencialidad y anonimato de sus respuestas, así como la advertencia de que los resultados del estudio no afectarían ni negativa ni positivamente su estatus económico, político y social (véase Tabla 4).

Tabla 4. Descriptivos de la muestra de informantes claves

Sexo

Edad

Escolaridad

Ingreso

Estado civil

Usuario

Masculino

46

Preparatoria

315 USD

Casado

Funcionario

Masculino

57

Licenciatura

1200 USD

Casado

Investigador

Femenino

61

Maestría

2500 USD

Divorciada

 Fuente: Elaboración propia

La información fue procesada en el software de Análisis Cualitativo de Datos (QDA-M por su acrónimo en inglés versión 4,0). Los resultados del análisis se concentraron en una matriz de análisis del discurso.

Resultados

La Figura 2 muestra la comprensión global del significado que los tres informantes edificaron en torno a la problemática de desabastecimiento difundida en los medios impresos.

En la primera fase de análisis, la selección de los discursos a partir de la prevalencia del tema en los medios impresos locales advierte la importancia que para los implicados tiene el contexto del lugar, la infraestructura y la tecnología, aunque coinciden en que el significado del abastecimiento es inexorable a sus estilos de vida y consumo, así como a la organización alrededor de las demandas y exigencias de abastecimiento regular a las autoridades gestoras y administradoras.

Figura 2. Comprensión global del significado del abastecimiento hídrico
02Fuente: Elaborada con los datos del estudio

En la segunda fase, se devela un significado vinculado a las diferencias entre los entrevistados, las cuales estriban en el entorno del contexto, pero también se advierten similitudes en cuanto al significado que el abastecimiento tiene con respecto a la participación civil y su capacidad de autogestión.

Es decir que el énfasis en el coste del servicio por parte de los entrevistados supone una atribución de responsabilidad a las autoridades locales y una preocupación en el incremento probable de las tarifas más que en la conservación del recurso por su significado de patrimonio.

En la tercera fase de la inferencia, la estructura del contexto parece complejizar el significado del abastecimiento puesto que alude a elementos naturales, infraestructura y tecnología, soslayando la participación civil y la gobernanza entre los actores políticos y sociales.

Por consiguiente, en la cuarta fase de análisis, la interpretación del significado del abastecimiento radica en la escasez difundida por los medios más que por el coste del servicio público.

Con base en estas fases previas, la comprensión global del significado de abastecimiento hídrico sugiere que aún y cuando prevalecen diferencias entre los informantes con respecto a las causas del desabastecimiento, las coincidencias en cuanto a las narrativas antropocéntricas o de uso exclusivo del agua por parte de quienes residen, trabajan o investigan parecen justificar una cultura y una identidad resiliente que se vería reforzada y promovida por políticas de tandeo, subsidio, condonación o incremento de tarifas.

Discusión

El aporte del presente estudio al estado de la cuestión radica en la interpretación del significado local alrededor del abastecimiento hídrico. Se trata de un proceso en el que los medios impresos locales han generado percepciones y disposiciones de consumo ante la escasez y el desabastecimiento propiciado por el contexto geográfico, económico y tecnológico, soslayando el contexto político de elecciones locales y federales, así como el contexto social de resiliencia a partir de sismos que mermaron aún más infraestructura.

Sin embargo, la literatura consultada identifica otros factores no incluidos en el estudio que pudieran resignificar la problemática de desabastecimiento expresada por los tres informantes. Se trata de la indefensión o desesperanza colectiva y la hipermetropía o despreocupación social ante eventos de riesgo que afectarían la disponibilidad hídrica.

En tal sentido, el presente trabajo ha puesto de relieve que más bien emerge una resiliencia, aunque esta es previa a la indefensión y la hipermetropía ya que, si bien el significado del desabastecimiento es compartido, la desesperanza civil ante la gestión y la administración de sus autoridades reduciría significativamente su preocupación por conservar el agua e incrementaría su propensión al riesgo, indicado por el derroche del agua y los conflictos por su acaparamiento más que la autogestión.

Pues bien, la literatura revisada señala que la autogestión subyace al significado de una desesperanza de gestión estatal o al distanciamiento de una administración pública, pero en el presente trabajo más bien se han interpretado factores geográficos como la altitud que incrementa el coste por el bombeo y factores económicos como el micro-financiamiento de tecnología de captación pluvial, los cuales son inexorables a la autoridad local o federal.

Es decir, los informantes parecen edificar un significado de resiliencia óptima y nula autogestión como alternativas de acción colectiva ante las problemáticas más que una negociación concertada con las autoridades frente a las limitaciones geográficas o económicas.

Tal desvinculación de lo geográfico y lo económico de lo político y lo social parece develar un significado dirigido hacia la autogestión distante y la gobernanza inalcanzable por parte de cada uno de los tres entrevistados.

Subyace una cultura y una identidad de la resistencia a los imponderables geográficos como los eventos de riesgo más que de resiliencia ante la corrupción política o la desesperanza y despreocupación social. Es menester profundizar en los significados de tales elementos a fin de poder develar un significado más integral del abastecimiento hídrico.

Conclusión

El objetivo del presente trabajo ha sido comprender el significado relativo al abastecimiento hídrico en una localidad influenciada por los medios impresos locales con respecto a; 1) la escasez y el costo determinada por motivos geográficos y económicos, pero no por cuestiones políticas o sociales; 2) la difusión de una cultura e identidad de la resiliencia ante los eventos de riesgo que minan la disponibilidad hídrica como los sismos; 3) la promoción de tecnología de captación, potabilización y reutilización de agua pluvia sin implicar un subsidio estatal.

A partir de este escenario, la difusión mediática estaría incidiendo sobre la edificación colectiva de significados inherentes a la situación geográfica y económica más que a la coyunta policía y la construcción de una gobernanza para la sustentabilidad hídrica local.

El significado de la resiliencia social ante los eventos de riesgo sugiere otros procesos como la desesperanza y la despreocupación que legitimarían una política de tandeo, subsidio, condonación e incremental de tarifas en sectores o asentamientos ubicados en la mayor altitud, sismicidad y precipitación.

Referencias bibliográficas

AJZEN, I. (1991). The Theory of Planned Behavior. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 50, 179-211.
AMEMIYA, M.; VALDÉS, O.; ESPINOSA, F. y GARCÍA, C. (2018): Especificación de un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable. Eureka, 15 (1), 136-157.
BECERRA, M.; SAINZ, J. y MUÑOZ, C. (2006). Los conflictos por agua en México. Diagnóstico y análisis. Gestión y Política Pública, 15, 111-143.
BECK, U. (2007). La sociedad del riesgo mundial: En busca de la seguridad perdida. Madrid: Paidós.
BERGER, P. y LUCKMANN, T. (2006). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorruortu.
BERTALANFFY, L. (1968). General System Theory: Foundations, Development, Applications. New York: George Braziller.
BRONFENBRENNER, U. (1977). Toward an experimental ecology of human development. American Psychologist, 32, 523-530.
BUSTOS, J. M.; GANGA, F. A.; LLAMAS, B. y JUÁREZ, M. (2018). Contrastación de un modelo de decisión prospectiva e implicaciones para una gobernanza universitaria de la sustentabilidad. Margen, 89, 1-16.
BUSTOS, J. M.; JUÁREZ, M.; SANDOVAL, F. R.; QUINTERO, M. L. y GARCÍA, C. (2017). Percepciones sobre la calidad y las tarifas del servicio de agua potable de los usuarios de la Ciudad de México. Revista Educación y Desarrollo Social, 11 (2), 20-31 DOI: 10.18359/reds.3236.
CACIOPPO, J. y PETTY, R. (1989). Effects of message repetition on argument processing, recall and persuasion. Basic and Applied Social Psychology, 10, 3-12.
CARREÓN, J.; BUSTOS, J.; GARCÍA, C.; HERNÁNDEZ, J. y MENDOZA, D. (2016). Utilización de SPSS y AMOS en un estudio del pensamiento ambientalista y las intenciones de voto en una muestra de estudiantes. Multidisciplina, 20, 76-95.
CARREÓN, J.; GARCÍA, C.; MORALES, M. Y LIMÓN, G. (2011). Teorías psicosociales para explicar los conflictos derivados del abastecimiento en México, Distrito Federal. Pampedia, 8, 56-68.
CARREÓN, J.; HERNÁNDEZ, J.; BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2017). Políticas de fomento empresarial y sus efectos sobre las percepciones de riesgo en caficultores de en Xilitla, San Luis Potosí, centro de México. Poiesis, 32, 33-51.
CARREÓN, J.; HERNÁNDEZ, J.; GARCÍA, C.; RIVERA, B. y MORALES, M. (2014). Análisis de notas de prensa en torno al encuadre sociopolítico de tarifas hídricas. Obets, 9 (1), 73-94 DOI: 10.14198/OBETS2014.9.1.03.
CARREÓN, J., JUÁREZ, M. y GARCÍA, C. (2017). Gobernanza de la sustentabilidad hídrica: teorías y especificación de la cogestión de los recursos y los servicios locales. Ciencia Administrativa, 1 , 241-255.
CHIHÚ, A. (2011). El framing de la prensa. México: Porrúa-Uam.
FAZIO, R., ZANNA, M. Y COOPER, J. (1977). Dissonance and self perception: an integrative view of each theory’s proper domain of application. Journal of Experimental Social Psychology, 13, 464-479.
GARCÍA, C. (2007). El problema de la sustentabilidad. Psicolatina, 9, 172-208.
GARCÍA, C. (2011). Mediatización de la participación hídrica en Iztapalapa. En J. Pihedraita (coord.). Gestión social para el desarrollo humano, 521-547. Bogotá: UCMC.
GARCÍA, C. (2011a). Estructura del antropocentrismo hídrico. Multidisciplina, 10, 33-42.
GARCÍA, C. (2011b). Las investigaciones estructurales de las ciencias sociales en torno a las problemáticas hidrológicas. Gepu, 2 (2), 99-112.
GARCÍA, C. (2012). Hidroexclusión. Análisis de los factores psicosociales que impiden la sustentabilidad hídrica. Málaga: Universidad de Málaga.
GARCÍA, C. (2012). La cobertura de la prensa en torno a denuncias, abastecimientos y emplazamientos ante una escasez de agua en Iztapalapa, México. Sociedad Hoy, 22, 95-113.
GARCÍA, C. (2018a). Emprendimiento caficultor en migrantes de la región huasteca del centro de México. Equidad y Desarrollo, 30, 119-147 DOI: 10.19052/ed.4324.
GARCÍA, C. (2018b). Especificación de un modelo con fuentes de 1987 a 2017 para el estudio de la corresponsabilidad hídrica en una localidad del centro de México. Diálogos de Derecho y Política, 19, 18-38 DOI: 10331280/20787464.
GARCÍA, C. (2018c). Especificación de un modelo para el estudio de la gobernanza local. Sincronía, 22 (73), 459-472.
GARCÍA, C., BUSTOS, J. M., CARREÓN. J. y HERNÁNDEZ, J. (2018). Especificación de un modelo para el estudio de las expectativas desde su función mediadora. Enseñanza e Investigación en Psicología, 23 (1), 75-81.
GARCÍA, C., BUSTOS, J. M., JUÁREZ, M., RIVERA, B. L. y LIMÓN, G. A. (2017). Expectativas de usuarios del servicio de agua potable en torno al abastecimiento, la calidad y las tarifas en el marco de futuras elecciones en una localidad de la Ciudad de México. Compendium, 4 (7), 35-54.
GARCÍA, C., CARREÓN, J. y HERNÁNDEZ, J. (2017a). Discursos en torno al capital social de jefas comerciantes del café en Xilitla, centro de México. Tlatemoani, 26, 81-93.
GARCÍA, C., CARREÓN, J. y HERNÁNDEZ, J. (2017b). La cogestión como dispositivo de seguridad para el desarrollo sustentable local. Eureka, 14 (2), 268-289.
GARCÍA, C., CARREÓN, J., HERNÁNDEZ, J. y BUSTOS, J. M. (2017). Fiabilidad sociopolítica en caficultores de Huitzilac, Morelos centro de México, 16, 231-244 DOI: 10.5209/MESO.58118.
GARCÍA, C., CARREÓN, J., HERNÁNDEZ, J., AGUILAR, J., ROSAS, F. y BUSTOS, J. (2015). Diferencias de fiabilidad ante riesgo, incertidumbre y conflicto entre caficultores en Xilitla (México). Eureka, 12 (1), 73-93.
GARCÍA, C., CARREÓN, J., HERNÁNDEZ, J., BUSTOS, J., LIMÓN, G. y MORALES, M. (2013). La cobertura periodística de en torno a los conflictos por el desabasto de agua en una demarcación de México, Distrito Federal. Multidisciplina, 14, 21-48.
GARCÍA, C., CARREÓN, J., MECALCO, J., HERNÁNDEZ, J., BAUTISTA, M. y MÉNDEZ, A. (2014). Sistemas políticos complejos: Implicaciones para la seguridad pública sustentable. Acciones e Investigaciones Sociales, 34, 183-216.
GARCÍA, C., CARREÓN, J., MENDOZA, D., AGUILAR, J., HERNÁNDEZ, J., MEJÍA, S. y ESTRADA, M. (2014). Especificación de un modelo de agenda sociopolítica en torno a los conflictos hídricos y la pacificación retributiva. Obets, 9 (2), 249-265 DOI: 10.14198/OBETS2014.9.2.01.
GARCÍA, C., JUÁREZ, M. y BUSTOS, J. M. (2017). La cobertura periodística en torno a los conflictos por el desabasto de agua en México. Artyhum, 41, 93-128.
GARCÍA, C., JUÁREZ, M., SANDOVAL, F. R. y BUSTOS, J. M. (2017). Una aproximación psicológica a la complejidad ambiental: especificación de un modelo de estrés y resiliencia comunitaria. Comunitaria, 14, 75-95 DOI: 10.5944/comunitania.14.5.
GARCÍA, C., MONTERO, M., BUSTOS, J., CARREÓN, J. y HERNÁNDEZ, J. (2012a). Teoría de la justicia sustentable. Trabajo Social, 9, 25-42.
GARCÍA, C., MONTERO, M., BUSTOS, J., CARREÓN, J. y HERNÁNDEZ, J. (2012b). Sistemas de democracia sustentable. Comunitaria, 4, 123-156.
GARCÍA, C., RIVERA, B. L. y LIMÓN, G. A. (2017). Modelo de percepción d ela sustentabilidad en la generación millnnials. Inclusiones, 4 (4), 82-96.
GARCÍA, C., RIVERA, B. L., LIMÓN, G. A., BUSTOS, J. M. y JUÁREZ, M. (2017). Especificación de un modelo de sostenibilidad consensuada. Revista Internacional de Investigación en Ciencias Sociales, 13 (2), 201-224.
GEORGESCU, N. (1996). La ley de la entropía y el proceso económico. Buenos Aires: Fundación Argentina.
JUÁREZ, M., BUSTOS, J. M., QUINTERO, M. L., GARCÍA, C. y ESPINOSA, F. (2018). Gobernanza de la sustentabilidad hídrica: especificación de un modelo para el estudio de la reutilziación cooperativa. Invurnus, 13 (2), 32-43.
KRIPPENDORFF, K. (1989). Content analysis. En E. Barnouw (Ed.). International Encyclopedia of Communication, 403-407. New York: Oxford University Press.
KRIPPENDORFF, K. (2005). The social construction of public opinion. In E. Wienand, Westerbarkey, J.. y Scholl, A. (Eds.). Kommunikation iiber kommunikation. Theorie, Methoden and Praxis, 129-149. Wiesbaden: VS-Verlag.
LUHMAN, N. (1992). Sociología del Riesgo. 1ª Ed. Universidad de Guadalajara, México.
McCOMBS, M. y HUA, J. (1995). Capacity, diversity, and volatility of the public agenda. Trends from 1954-1994. Public Opinion Quarterly, 59, 495-525.
McCOMBS, M. y SHAW, D. (1972). The agenda setting function of mass media.
Public Opinion Quarterly, 36, 176-187.
McCOMBS, M., (1996). Influencia de las noticias sobre nuestras imágenes de nuestro mundo. En J. Bryant, Zillman, D. (coord.). Los efectos de los medios de comunicación. investigaciones y teorías, 13-34). Barcelona: Paidós.
McCOMBS, M., COLE, R., STEVENSON, R. y SHAW, D. (1981). Precision journalism: an emerging theory and technique of news reporting. Gazzette, 27, 21-34.
McCOMBS, M., LLAMAS, J., LÓPEZ, E. y REY, F. (1998). Candidate images in spanish elections: second level agenda setting effects. Journalism & Mass Communication Quarterly, 74, 703-717.
QUINTERO, M. L., GARCÍA, C., RIVERA, B. L., SANDOVAL, F. R., FIGUEROA, O. y MOLINA, H. D. (2018). Modelo de conciencia para la sustentabilidad. Integración Académica en Psicología, 6 (16), 4-19.
SAINZ, J. y BECERRA, M. (2003). Los conflictos por el agua en México. Gaceta de Ecológica, 67, 61-68.
SANDOVAL, F. R., BUSTOS, J. M. y GARCÍA, C. (2018). Contrastación exploratoria de un modelo de gobernanza hídrica local. Gestión de las Personas y tecnología, 31, 72-87.
SANDOVAL, F. R., CARREÓN, J., GARCÍA, C., QUINTERO, M. L. y BUSTOS, J. M. (2017). Modelo de los determinantes de la percepción de resiliencia a partir del riesgo y estrés percibidos en relación con la gobernanza de la protección civil. Invurnus, 12 (1), 30-35.
SARTORI, G. (1998). Homo videns. Sociedad teledirigida. Madrid: Taurus.
TVERSKY, A. y KANHEMAN, D. (1986). Rational choice and the framing of decisions. The Journal of Business, 59, 251-258.

¿Y todos felices?

Leonel Sicardi
Psicólogo
.

Introducción

El saludo o especie de saludo, “¿todo bien?” —a veces acompañado por el “todo tranqui”— que parece imponer su pregnancia en la comunicación de muchas personas, especialmente en los adolescentes y jóvenes, nos hace pensar qué se genera en las subjetividades formateadas por este slogan y otros de la misma índole.

Dice Magdalena Echegaray: “Si todo bien es una pregunta, no es una que espere respuesta, y menos una que contradiga su enunciado. Como afirmación, el todo bien que aparece en boca de los adolescentes por ejemplo al inicio de una sesión dirigida a mí, analista, como descripción de un modo de sentir o de sentirse en el mundo, se cierra sobre sí misma. No interroga” [1].

Dado que, como dice Castoriadis, psique y sociedad son dos conceptos indisolubles, no existe uno sin el otro, parecería tener una vital importancia interrogarnos acerca de qué peso tiene en la psique esta construcción social, cerrada sobre sí misma, que se instala y parece desmentir los malestares que están a la vista.

Miles de personas sin trabajo o precarizadas laboralmente, hecho que va a ir en aumento con la inminente ley de flexibilización laboral, la cantidad cada vez mayor de personas en situación de calle, la destrucción de múltiples beneficios sociales que fueron arrasados y que estaban instalados como logros o adquisiciones estables para los ciudadanos y ciudadanas, son algunas de las variables críticas que nos interpelan, si estamos dispuestos a registrarlas o sino “todo bien, todo tranqui”.

Un dato no menor que se suma a los anteriores malestares, es la desaparición forzada seguida de muerte, de Santiago Maldonado, que aumentó esta sensación, ya no de grieta sino de dos realidades que coexisten en forma paralela.

Tiene un peso importante en este escenario, el control social realizado a través de los medios de comunicación hegemónicos, adjetivo válido cuando contrastaba con medios críticos u opositores, pero estos también fueron aniquilados. Dice Yago Franco: “…las corporaciones de los medios de información pasan a ocupar el lugar de amo: la realidad es lo que ellas muestran, se han transformado en una institución fundamental de transmisión de las significaciones que serán incorporadas por el psiquismo humano” [2].

¿Se puede?

Todo esto ayuda a construir la ficción a la que parte de la ciudadanía parece adherir ciegamente, representada en otros slogans, mucho más nocivos, a mi entender, que el mencionado al inicio: “se puede”, “vamos juntos”, acompañados de globos amarillos, pretendiendo afirmar: “ahora si todo está bien”, “no hay más corrupción”. No creo que haya mayor corrupción que la que se observa en este gobierno neoliberal, de CEO’s, que como en un juego infantil se pasan los negocios, como diciendo: “tómala vos, dámela a mí”, haciendo la salvedad que de infantil no tiene nada, sino que es más bien algo siniestro y perverso.

Esta desmentida o duplicación de la realidad, funciona aparentemente muy bien para muchos y les da votos a algunos pocos para que sigan llenando sus arcas. Parece que se puede – aunque a algunos nos de rabia y vergüenza-, ser parte de un colectivo que reniega de los más vulnerables, de los que no tienen trabajo, de los que no tienen vivienda, de los que defendieron y defienden los derechos humanos aún a costa de entregar su vida por esa bandera.

Este rasgo perverso social, tiene su base en una disposición del género humano, pero el modo de ser de la sociedad se aprovecha de ello. Una sociedad habitada por lo perverso marcha hacia su autodestrucción [3].

Tanta agua tan cerca de casa

Esta frase es el título, traducido del inglés de un cuento de Raymond Carver, en el que un grupo de amigos varones sale de pic-nic y cerca de un río ven el cadáver de una mujer y para no arruinar su disfrute de fin de semana, deciden atarla a una rama, y pasar dos días de asado, fumando, comiendo y bebiendo, argumentando que luego de los dos días de diversión iban a hacer la denuncia a las autoridades correspondientes.

Dice H. Dardes [4] en un artículo, asociando la desaparición de Santiago Maldonado con el respaldo que gran parte de la sociedad anunciaba que iba a dar a este gobierno en las elecciones del pasado 22 de Octubre: “El cadáver de un pibe que desapareció después que la Gendarmería avanzara contra un grupo de mapuches con los que reclamaba por su tierra, como en Tanta agua tan cerca de casa, apareció enredado en las ramas a la orilla del río. El domingo, buena parte de la sociedad argentina va a emitir su voto apartando al cadáver que flota”.

Esta realidad de los globos amarillos y del “todo bien”, del “país ordenado”, parece manejarse como en el cuento de Raymond Carver, porque aparentemente todos continuamos con una vida liviana, light como las gaseosas, sin registrar que hay un cuerpo flotando en el río aunque a muchos otros nos interpela y espeluzna, porque la crueldad, no nos pasa desapercibida.

La ternura como resistencia

Fernando Ulloa decía que la ternura es la base ética del sujeto. Hablar de “la ternura en estos tiempos de ferocidades no es ninguna ingenuidad. Es un concepto profundamente político. Es poner el acento en la necesidad de resistir a la barbarización de los lazos sociales que atraviesa nuestros mundos” [5].

Con la desaparición de Santiago Maldonado y el modo en que fue manejado el hecho por el gobierno y los medios afines, tuvimos en escena una barbarización más, tal vez la más cruel y cruenta, que se conecta con los desaparecidos de la dictadura cívico militar.

Ante este gobierno de CEO’s, de política y economía neoliberal, que fomenta la desigualdad y la perversión en los lazos sociales, donde los sujetos de derecho que somos todos los ciudadanos estamos sin derechos, especialmente los más vulnerables, es preciso ser resistencia, que es necesidad y posición política, así como la ternura —al decir de Ulloa—, de los que no vemos todo bien.

Dice Alejandro Robino en un fragmento de su poema Instrucciones para capear el mal tiempo, (erróneamente atribuido a Francisco Paco Urondo): “Refúgiese en la casa y asegure los postigos una vez que todos los suyos estén a salvo. Comparta el mate y la charla con los compañeros, los besos furtivos y las noches clandestinas con quien le asegure ternura” [6].

Cómo resistir, que es el lugar que creo nos toca ocupar, ante esta propuesta neoliberal que aniquila todo lo que no sea afín, sea salud, educación, derechos adquiridos, especialmente por los más vulnerables, Derechos Humanos, etc. Y mientras voy escribiendo esto sigue in crescendo, siguen recortándose derechos, se vuelve a muchos años atrás en cuanto a la ley de salud mental y tantas otras cosas, porque la lista sigue.…

Volviendo a la interrogación del inicio, la tecnocomunicación formatea una psique con poca posibilidad de pensamiento crítico, con una conexión provista de una superficialidad y de una emocionalidad primaria, donde el todo bien parece funcionar muy ajustadamente para una gran mayoría y mientras esto sucede la crueldad avanza a pasos agigantados… sigue habiendo un cuerpo flotando en el río.

Notas

1. Echegaray, M.: “¿Todo bien? Sufrimiento y experiencia en el escenario adolescente”. El Psicoanalítico, revista virtual de Psicoanálisis, sociedad, subjetividad y arte, Número 14, Julio 2013.
2. Franco, Y.: “Poder, medios y psique” El Psicoanalítico, revista virtual de Psicoanálisis, sociedad, subjetividad y arte, Número 31, Octubre 2017: http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num31/clinica-franco-la-interdiccion-en-crisis.php
3. Franco, Y.: “Lo perverso”. El Psicoanalítico, revista virtual de Psicoanálisis, sociedad, subjetividad y arte, Número 30, Julio 2017: http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num30/clinica-franco-lo-perverso-perversion.php
4. Dardes, H.: “Tanta agua tan cerca de casa”, publicado en NAC&POP Red Nacional y Popular de Noticias, el 22/10/2017: http://nacionalypopular.com/2017/10/22/tanta-agua-tan-cerca-de-casa/
5. Fernández, A. M.: Las lógicas sexuales: amor, política y violencias. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, año 2009.
6. Robino, A.: NAC&POP Red Nacional y Popular de Noticias, el 24/11/2015: http://nacionalypopular.com/2015/11/26/instrucciones-para-capear-el-mal-tiempo/

Por gentileza de El Psicoanalítico

La memoria y el devenir de la historia

Julio Peña y Lillio
Director del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL)
.

CIESPAL: XVI Reunión del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO

Desde el Centro de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), ratificamos cotidianamente —en nuestro accionar investigativo—, a la comunicación como un derecho, como un servicio público, como un bien común. De igual forma, desde esta plataforma de comunicación, estamos conscientes de la fuerza y la importancia que posee el trabajo de recuperación documental y de archivos, ya que no hay mayor energía política, que las imágenes y los vestigios históricos, cuando estos son capaces de generarnos un nuevo discurso, o nuevas capacidades y orientaciones para reinterpretar nuestra realidad (Mal, Cédric 2012).

Estudiar la acción comunicativa como una herramienta y práctica ciudadana implica al mismo tiempo, acortar las distancias entre los seres humanos, permitiendo una mayor comprensión entre los diferentes actores de la sociedad. Desde esta perspectiva, recuperar el patrimonio documental, es un reconocimiento del valor de lo común, frente al voraz despojo, expropiación, y marginalización que genera el sistema mundo capitalista, sobre las relaciones humanas y sociales en nuestro planeta. Cultivar la relación con la memoria, permite velar por los intereses de la humanidad presente y futura, protegiendo lo extra-commercium, es decir, todo lo que sirve para el beneficio de la humanidad, y que no puede y no debe ser susceptible de ningún tipo apropiación, aquello que se conoce hoy en día como patrimonio Común de la Humanidad (Christian Laval y Pierre Dardot 2015).

En este sentido, la acción de la Unesco a lo largo del tiempo ha sido crucial, a la hora de ir ampliado los campos de lo común de la humanidad como son; educación, conocimiento, salud, trabajo, memoria, creencias, ritos, técnicas, lenguas; que forman hoy, parte de los monumentos patrimoniales de nuestras sociedades.

Esto explica a su vez, por qué razón la lógica mercantil pretende limitar la extensión de los bienes comunes —a los cuales gustaría privatizarlos—, mientras que las luchas sociales y políticas por el contrario, intentan cada vez más ampliar el dominio de los bienes comunes de la humanidad, vinculándolos como derechos fundamentales; esto quiere decir, anteponer el derecho a los valores de uso, en función del aprovechamiento social, por sobre el derecho mercantil privado y privativo, propio de la dinámica capitalista (Christian Laval y Pierre Dardot 2015).

El ser humano, como nos recuerda Bolívar Echeverría (2011), es ante todo un ser histórico, porque las acciones que emprenden cada una de sus generaciones —desde la más fundamental a la más insignificante— termina siempre por comprometer a las generaciones siguientes. Las acciones del pasado, tienen la actualidad de lo inconcluso, de lo que está abierto a ser continuado, en un sentido o en otro.

Recuperar la memoria o patrimonio histórico resulta de vital importancia, puesto que las narrativas y las diferentes estéticas nos permiten revivir y conocer cuáles han sido las representaciones posibles para los sin voz, los excluidos y marginalizados, o aquellos que el sistema considera que no poseen ese llamado “discurso racional”. El arte sirve también para eso, para promover y reconocer el valor de esas expresiones culturales que tornan visibles a los invisibles, muchas veces, sin necesidad de palabras (Moreau, Delphine 2014).

Para la cultura y memoria de nuestras sociedades, la recuperación del acervo histórico pasa a ser una herramienta fundamental, sobre todo cuando consideramos que la sociedad organizada por la modernidad capitalista, reproduce la enajenación del sujeto humano, la suspensión de sus capacidades de auto-reproducirse, limitando sus posibilidades de generar formas para sí mismo, elementos que vienen atados a la supresión de su capacidad política de organizar su mundo, el cual ha quedado reducido al principio de acumulación del capital, en donde lo único que debe ser valorizado, son las mercancías.

No podemos olvidar, como ya nos decía Walter Benjamín (2008), que la historia viene siendo la historia de la represión y del dominio de una parte de la sociedad sobre otra. Por ello, nada de lo que una vez aconteció debe darse por perdido, siempre puede y debe haber un momento de reactualización, que al ser invocado o citado, pasa a ser rescatado del olvido, o de la ruina y vestigio en la que ha terminado.

El pasado para Benjamín (2008), tiene un derecho sobre el presente, está en condiciones de exigirle que lo rescate, que salga en su defensa, que pelee por él; le confiere una fuerza mesiánica redentora (Echeverría, 2008). Sacar a la luz las diversas expresiones culturales de nuestra historia, es volver a tornar visible las dificultades de vivir que posee gran parte de nuestra gente, es poder presenciar o ser testigos de realidades diferentes, de injusticias todavía presentes, esto es, hacerlo público, y atender al llamado de auxilio que desde el pasado se lanza al presente.

Sólo un presente que es capaz de aceptar el desafío que el pasado le lanza como fuerza mesiánica, puede permitirnos recuperar la empatía con aquellos que fueron derrotados en la carrera por el “progreso” (Echeverría, 2008). El arte radica de esta manera, en la capacidad de convertir al llanto de unos, en un llanto común, o en el sufrimiento de todos.

La energía política del arte, no se debe necesariamente a su tema político, sino a la construcción de emociones que derivan de sus diferentes problemáticas (Mondzain, Marie-José 2012). Revisar la historia a contrapelo, como nos proponía Benjamín (2008), es sumergirse en la historia y volver a revisar sus cicatrices, sus moretones, sus traumatismos, que no son inmediatamente visibles, puesto que, en muchos casos, han sido escondidos y ocultados por la historia oficial.

Si la realidad es opaca, nos dice Ginzburg (2010), es indispensable seguir los indicios ocultos que nos permitan descifrarla, y los indicios como sabemos, son datos que muchas veces están ahí, en lugar de la prueba que falta o más allá de la prueba existente. Los vestigios del arte o de un documento histórico son una incitación a buscar algo que por alguna razón no ha dejado restos, sino tan solo huellas indirectas, algo que por alguna razón estuvo impedido de manifestarse, algo que tuvo prohibido mostrarse, o que era necesario ocultar (Echeverría, 2008).

El historiador comprometido debe recuperar los indicios de nuestra historia para reconstruirla, brindándonos de esta manera la posibilidad de conocer otro sentido de los acontecimientos, y muchas veces, como se presenta la realidad misma. Los indicios por descubrir, nos dice Ginzburg (2010), son aquellos que el continuum capitalista de la historia lucha por esconder.

Por lo tanto, de lo que se trata en nuestra región y en nuestro continente, es de recuperar y preservar el punto de vista de los oprimidos, relacionarse con la tradición de los vencidos, comprendidos estos, como las víctimas permanentes de los diferentes sistemas de opresión y dominación: mujeres, siervos, campesinos, proletarios, minorías étnicas, religiosas. Al igual que el materialismo histórico, nuestro patrimonio histórico debe tener entre sus principales tareas, la de cepillar la historia a contrapelo (Lowy, 2005).

En este momento de la historia, en nuestro continente estamos plenamente conscientes de la urgencia que tenemos de construir sociedades mejor informadas, con ciudadanos sociales que hagan valer y respetar sus derechos, que sean activos política y cívicamente, que puedan poner en práctica su sentido de la responsabilidad, capaces de generar e inventar instituciones que les permitan ser coproductores consistentes de lo común y no solo consumidores de servicios.

Recordemos siempre que el cultivo del arte, así como la recuperación de nuestra memoria histórica, debe hacernos desconfiados, debe hacernos dudar sobre todo, del supuesto “éxtasis”, o lado positivo y maravilloso de los llamados productos culturales o mercancías de la sociedad de consumo. Recuperar nuestro patrimonio y su memoria, es una manera de no seguir reproduciendo la cultura del olvido, es una manera de mantener presente, los conflictos reales de la sociedad.

Referencias bibliográficas

BENJAMIN, W. (2008): Tesis sobre la historia y otros fragmentos. México: Ítaca.
DARDOT, P. y LAVAL, Ch. (2015): Común, ensayo sobre la revolución en el siglo XXI. España: Gedisa.
ECHEVERRÍA, B. (2011): “Cultura y Barbarie”. Presentado en el Coloquio: Cultura contra Barbarie, en la Mesa: Cultura, Identidad y Política. México: UNAM.
ECHEVERRÍA, B. (2008): “La historia como descubrimiento”. Revista Contrahistorias. México.
GINZBURG, C. (2010): Mitos, emblemas, indicios: Morfología e historia. España: Gedisa.
LOWY, M. (2005): “Reflexiones sobre América Latina a partir de Walter Benjamin”. En La Mirada del Ángel. (Comp. Bolívar Echeverría). México: Era.
MONDZAIN, M-J. (2012): “Construire un regard politique ?”. Le blog documentaire. Francia. http://bit.ly/1GQPRsO
MOREAU, D. (2014): “Retour sur Lussas 2013 : « Le peuple à l’écran ? ». Compte-rendu du séminaire”. Le blog documentaire. Francia. http://bit.ly/1EA6N5J

Por gentileza de OLACOM

El cyborg, la claustrofilia y el dron

César Hazaki
Psicoanalista y escritor. Editor de Topía Revista
.

Juguemos en el bosque mientras el lobo no está

Los Tres Cerditos [1] es un cuento tradicional infantil. Comienza con los padres de los Cerditos bregando para que sus hijos se independicen del hogar familiar. Como adultos responsables, consideran que la infancia ha concluido y que los jóvenes están en condiciones de emprender cada uno su camino. Para ello los impulsan a construir sus casas. Según el cuento, cada uno de los Cerditos tenía características particulares: uno de ellos era vago, el otro glotón y el tercero serio y trabajador. Los dos primeros han quedado en la historia como irresponsables que salieron del hogar paterno sin la imprescindible madurez y sólo pensando en jugar. Al mismo tiempo se cantan loas sobre el hermano mayor que es serio y trabajador; por consiguiente, nunca juega y siempre tiene en cuenta la presencia inminente y devoradora del Lobo Feroz. Desde esta perspectiva es quien mejor opera sobre la realidad, se omite el rasgo sobreadaptado del personaje.

De los dos juguetones, a lo largo de la historia, sus actividades han tenido mala prensa y por lo tanto no se resaltan sus capacidades artísticas, ni su juego. No se da relevancia a sus bailes, su canto y su música en sus andanzas por el bosque. Irresponsables. Por lo mismo no se les reconoce pericia alguna, por ejemplo, saben perfectamente que el Lobo Feroz no puede patrullar el bosque las veinticuatro horas, que sólo sale a cazar cuando tiene hambre, tienen claro que el depredador caza cuando está hambriento; en definitiva, que el poderoso devorador del bosque no es omnisciente, ni omnipotente y por lo tanto, su enorme poder tiene límites. Saben que su vida está siempre al borde de un desafío al poderoso depredador. Siguiendo a Le Breton podríamos caracterizar estas conductas de riesgo “como el intento de testear una determinación personal, buscar una intensidad de ser, un intercambio con los otros, un momento de soberanía” [2]. Conocen el peligro que existe, pero ellos necesitan cantar, bailar moviendo todo su cuerpo, es decir, vivir y por ello, corren el riesgo, como parte necesaria de continuar con su vida. Tampoco se les reconoce que en el juego haya un proceso que les permita reelaborar el miedo al Lobo y sin embargo, todo lo lúdico que desarrollan con sus recursos artísticos está al servicio de tal proceso. Para los juguetones Cerditos, quedarse encerrados, temiendo el espacio abierto, sería apartarse de su hábitat y de su propia naturaleza [3]. En consecuencia, el cuento promueve una adultez cuyo rasgo es la sobreadaptación, la que sabemos siempre está atada a modos controlados de vivir. Mirada desde esta perspectiva, la moraleja condena lo lúdico, establece lo que debe ser dejado de lado en el crecimiento y hace una apología de la sobreadaptación, como si la misma fuese la única dirección en que se debe crecer. El juego, su música y el movimiento de sus cuerpos, quedan muy vinculados a conductas de muerte, como si los juguetones Cerditos sólo hubiesen quedado atrapados en conductas suicidas. El cuento, al resaltar esa forma de crecimiento, deja de lado o peyora el juego y todas las cosas que conlleva: el movimiento, el arte y el espacio social. Así se censura y prejuzga lo dionisíaco que también incluye la desobediencia como una instancia importantísima del desarrollo personal.

Parece que en los análisis del cuento nadie se hizo las siguientes preguntas: ¿quién puede sobrevivir en el bosque si no enfrenta los peligros y las acechanzas del mismo? ¿Cómo vivir en el peligroso bosque sin habitarlo, sin recorrerlo para conocer sus posibilidades y acechanzas? La selva es el espacio social que debe ser conocido y del que hay que apropiarse para sobrevivir. Todo eso está en la experiencia lúdica de los Cerditos, pero la misma ha sido condenada muy especialmente en la versión cinematográfica de Walt Disney.

Podríamos agregar que el modelo del Chanchito mayor, trabajador y temeroso, ha triunfado a lo largo de la historia. Primero hay que ser serio y responsable. Vivir pendiente de las amenazas de los poderosos y luego, si se puede, recién jugar. Una adultez que borra lo lúdico, que censura todo aquello que primariamente fue necesario para crecer. Vemos así, cómo en la subjetividad del hermano mayor hay un ensalzamiento de la seguridad, el intenso miedo a los peligros del medio social, la permanente apología del trabajo y la descalificación de lo artístico y el movimiento corporal no vinculado al trabajo y la seguridad.

En la historia de la humanidad, sobre la actividad lúdica de un cuerpo en movimiento y creando —base imprescindible de toda creación artística— durante largos períodos triunfó la misma crítica despectiva y prejuiciosa con que se cargó las tintas sobre los Cerditos artistas. La moraleja del cuento apunta a sancionar lo lúdico, aboga por una apología del trabajo, no en términos de «trabajo vivo», como lo definió K. Marx, sino como mandato que deja al trabajador rígido, asustado y no pudiendo pensar en otra cosa que en el peligro que el poderoso lo devore. Una vida sin alegría que solo conduce a un cuerpo abatido, derrotado, dolorido y que está casi inhabilitado para el movimiento y el arte. Una vez más la muerte de Dionisio.

El bosque claustrofílico

Como sabemos, muy especialmente luego de las denuncias de Assange y Snowden, no hay muchas posibilidades en la sociedad actual de que el Lobo del poder no sepa lo que circula por todos los aparatos conectados a la placenta mediática [4]. Computadoras, tabletas, celulares, mails, entre otros, son revisados sistemáticamente por robots al servicio de estos nuevos “Lobos Feroces” que aspiran a no dejar resquicio sin escudriñar. Vivimos en esta paradoja: al mismo tiempo que la intromisión y el espionaje reinan en el mundo de la web, es Internet la que nos ilusiona con los múltiples contactos virtuales, que se establecen en nanosegundos. Se genera así lo que se nos aparece como “el reino absoluto de la libertad”; con comunicaciones instantáneas en el mundo virtual. Es en las redes sociales donde se sostiene esta ilusión de libertad sin límites. La hiperconectividad, con los cada vez más pequeños aparatos de comunicación, hace soñar al cibernauta con una multiplicidad de contactos y amistades. Su objetivo: intentar conseguir que una imagen o un vídeo personal se multipliquen como un virus, es decir, con una fama desproporcionada e instantánea.

En esta iconoesfera cultural [5] predominante en la sociedad del espectáculo en la que vivimos, el Lobo Feroz promueve un mundo cada vez más atado a la guerra cibernética e impone un control social amplio y preciso, tan eficaz que conoce los deseos de los dueños de Smartphones [6]. Como consecuencia, en la versión posmoderna hegemónica el hábitat social es prácticamente virtual y lo lúdico también ha devenido en virtual, se trata de jugar las veinticuatro horas sin salir de casa. Mientras esto ocurre, no deja de funcionar la atenta observación de este Lobo Feroz devenido en Gran Hermano, en la denominada «Internet Profunda». Hay una articulación entre entretenimiento y control social que se omite una y otra vez [7].

Así, en la sociedad del espectáculo reina la claustrofilia, a la que definimos como una intensa relación de amor con el encierro y que produce un modo cultural donde se definen muy notoriamente dos territorios antagónicos y enemigos entre sí. El hogar seguro y confortable, en nuestro ejemplo la casa del Chanchito mayor, y el riesgo de la calle habitada por toda clase de depredadores, en el cuento de “Los Tres Cerditos” el Lobo Feroz que patrulla el bosque [8]. Todo debe ocurrir dentro de las casas o si hay que transitar el amenazante espacio público, es necesario estar hablando con alguien por el Smartphone mientras se atraviesa la ciudad, una manera de estar conectado con una central de control y no andar solo. Ocurre así una apología del cuerpo inmóvil y encerrado, ergo, el triunfo del temeroso Chanchito mayor. De esta manera se ama el encierro en la casa familiar, no existe la claustrofobia, sino todo lo contrario: para la familia cyborg [9] los jóvenes deben hacer la previa dentro del hogar, sus vínculos amorosos transcurrir dentro de su habitación y si salen estar siempre conectados por vía del teléfono celular con sus familias. Estas son las condiciones básicas de este incondicional amor por el encierro. Este es el modelo de adaptación social que promueve y le conviene al poder hegemónico.

Los Drones

Mientras esto ocurre en aquellos hogares donde se promueve este tipo de adaptación social, el núcleo duro del poder del Lobo Feroz actual, no se cansa nunca: no duerme, tiene ojos y orejas enormes que ven y escuchan todo lo que la placenta mediática [10] hace circular. Desarrolla una actividad constante, en especial, para descubrir y utilizar en su propio beneficio los deseos de los usuarios, pues debe descubrir gustos e intereses para fomentar el consumismo. Tampoco descansa en inventar nuevos aparatos sofisticados para la guerra y el control social: por ejemplo, ha venido desarrollando un asesino volador, el dron, que va llegando a manos de la sociedad civil que le da diversos usos. Trataremos de ver algunas consecuencias de ello.

El dron es un aparato volador no tripulado que tiene una larga historia vinculada a la guerra. Ya en 1930 el ejército norteamericano tenía varios desarrollos de aviones sin pilotos. Con el Predator, en 1995, se despliega la versión más completa de estos aviones fantasmas imposibles de detectar por radar alguno. Desde el Predator se han perfeccionado aparatos de acuerdo al incesante avance de las plataformas que están conectadas a la placenta mediática que envuelve el planeta. Este nuevo dron es un avión autónomo, silencioso, que usando sistemas como el GPS puede ser guiado por computadoras hacia un lejano objetivo y lanzar misiles con enorme exactitud. Con el Predator no sólo cambió la maquinaria de la guerra para beneficio del “Gran Hermano global”, también los ciudadanos del mundo comenzaron a darle usos a la versión civil del mismo: ya como juguetes, ya como dispositivos de seguridad, ya para observar tanto producciones industriales como agrícolas. Una vez más la industria de guerra promueve artefactos que pasan a usarse en la vida civil, sin dejar de lado el origen de espionaje que motivó el nacimiento del dron. A medida que la producción de estos robots avanza, su precio baja y se hacen más accesibles para los consumidores. Deviene así en un artefacto más de la tecnología al servicio de la vida civil, que se agrega a las diversas formas en que se pueden controlar bienes y personas.

Como no podía ser de otra manera, tener un pequeño dispositivo volador que filma y graba demuestra que la privacidad vuelve a perder terreno; se suman más posibilidades de control en la familia, en el vecindario, etc. por la acción de este fisgón volador. En definitiva, todo lo que conocimos como íntimo se sigue acotando. El ejemplo de William Merideth, detenido en Kentucky por derribar con su pistola de grueso calibre un dron de su vecino que sobrevolaba su propiedad, muestra los posibles eventos que pueden ocurrir. El detenido alegó en su defensa que el aparato espiaba a su familia y que como ciudadano de los Estados Unidos tenía derecho a derribarlo. A continuación agregó: “No tenía forma de saber si era un pederasta espiando a mis hijos”.

Este particular derivado del barrilete que filma, escucha y sigue un objetivo, entusiasma fundamentalmente a los varones que lo hacen su juego predilecto. Ya no se trata sólo de hacer volar un avión a control remoto —algo ya conseguido muchos años atrás— sino de tener un aparato que mira, escucha, filma, es decir, que da la posibilidad de tener nuevas formas de control o espionaje en la vida civil. Es por eso que el padre de familia cyborg aplica con creatividad y entusiasmo el dron a la vida familiar. Le viene de perillas para reforzar los sistemas de control dado que es la mirada y los oídos desde el aire algo que faltaba entre sus sistemas de alarmas. Para tratar de amortiguar ese miedo constante con el que vive, agrega el dron, ojos y oídos electrónicos que sobrevuelan su territorio.

Dronies

Como parte de una particular paradoja —el espacio social vivido como una amenaza— la extimidad [11] reina. Dice Pierre Tisseron [12] al respecto: “Hablamos de extimidad generalizada para designar el hecho de que con internet, todo el mundo tiene la posibilidad de hacer al conjunto de los internautas testigo de la información que comparta sobre sí mismo.” Esa pasional moda que hace público todo lo que alguna vez fue de la esfera personal, muestra cómo se insiste en buscar la reafirmación propia a través de la cantidad de amigos, de seguidores o me gusta en las redes sociales. Como vemos, una aparente búsqueda de la libertad personal cuando sólo se trata de inseguridades personales de las que se trata de salir por vía del rating en las redes sociales.

Hacer pública toda actividad reina en el ciberespacio. Allí, mostrar hasta lo más nimio —donde se está comiendo, con quienes se está, etc.— es la moda imparable de la época. Los usuarios del dron no podían quedar afuera y así aparece el juego del vuelo y sus imágenes, que se imbrica con lo que ya existe: subir imágenes a la red apenas ocurrido cualquier suceso. Es un entretenimiento y también una manera de dejar registro de donde uno está, ya no son Hansel y Gretel dejando migas en el bosque. Es decir, se crea un registro de visibilidad permanente realizado por el mismo usuario. Es en esta lógica que aparecen las dronies: una unión de selfies y el dron. Hacer dronies y subirlas a Youtube se hace cada vez más popular, se puede decir que la moda ha explotado y dicho juego puede mostrarnos mucho más que las imágenes que vemos en internet. Veamos ejemplos.

Papá saca un diente de leche

Unos de los hitos evolutivos, poco recordado por los adultos, es el proceso en que los dientes de leche, uno a uno, son reemplazados por los definitivos. En los países hispano hablantes, cada vez que un diente de leche se cae, se coloca debajo de la almohada del niño. El canje es conocido: es realizado por el Ratón Pérez encargado de llevarse los dientes caídos. Durante la noche, uno de los padres canjea el diente, a la mañana siguiente donde estaba el diente, el niño encuentra una moneda o algún billete. Se trata de un pequeño premio al crecimiento, que invita al niño a olvidar rápidamente lo infantil perdido y le propone que se conecte con el beneficio del crecimiento, en suma, que confíe en lo que viene. Como se ve, un proceso importante en el que los adultos son un soporte imprescindible a esa modificación corporal que es el pasaje de una dentadura a la otra. Se trata de aventar el miedo al crecimiento, algo que lentamente construye aportes a la confianza básica, la independencia y la exogamia.

En Inglaterra el señor Malcom Swan buscó una forma original para la salida del último diente de leche de su hijo. Ató el mismo a un dron y por supuesto, grabó la escena. En la misma se ve cómo el diente sale volando sujetado a la cuerda que lo une al helicóptero. El juego podía haber quedado allí, pero no hay infancia sin registro filmado de la misma. Era evidente que el juego tenía dos puntas hoy inexorablemente unidas: la primera buscar una forma original de sacar el diente, la segunda: subir el video a la web. En Youtube el video que prestamente el señor Malcom Swan subió, se viralizó exponencialmente. De esta forma el niño, su padre y el dron, con el juego implementado, tuvieron su momento de fama.

Papá cuida a la nena

Existe la contracara de lo anterior y es sobre lo que queremos detenernos en el próximo ejemplo, que, seguramente, inaugura una nueva etapa en la relación entre padres e hijos. Quizás sin proponérselo el papá de esta historia ha marcado un nuevo avance y profundización de los elementos tecnológicos usados para controlar los niños dentro y fuera de la casa. El invento podría postularse como un himno a la claustrofilia, como un jalón de cómo se enhebran las condiciones culturales hegemónicas y la vida claustrofílica de las familias. Su proyecto colabora con la imparable tendencia a controlar permanentemente la vida de los niños; también al compás de dicho control vemos cómo el cuerpo del progenitor se hace evanescente y por lo tanto, para contactar con su hija utiliza un dispositivo tecnológico. El señor de Tennessee, un especialista en desarrollo de dispositivos tecnológicos, ha diseñado un dron para monitorear a su hija de ocho años mientras camina por la calle rumbo al ómnibus escolar. El sistema que organizó funciona así: la niña sale y su padre desde su casa maneja un dron con una cámara que la sigue en todo el trayecto hasta que toma el colectivo que la lleva a la escuela. Por supuesto que padre y niña están conectados por medio de teléfonos celulares. El proceso orquestado requiere todos estos dispositivos: dron, placenta mediática, teléfono celular. El contacto virtual entre el padre y la niña necesita de todos estos recursos que hacen desaparecer el caminar juntos tomados de la mano, de esta manera se hace virtual la compañía y el cuidado de los niños. La tecnología, diseñada en este caso por el padre de la chica, nos vuelve a demostrar cómo cada vez más se interponen dispositivos tecnológicos entre los cuerpos, dispositivos que eliminan el contacto cuerpo a cuerpo en los vínculos familiares. En éste caso paradigmático se muestra el tipo de adaptación social que promueve la cultura hegemónica: en el mundo cyborg todo está triangulado por vía tecnológica, en este ejemplo, entre el padre y la niña.

El proceso tiene una genealogía que se puede ver en cómo se incorporan los dispositivos tecnológicos en los cuerpos y en las familias. El mismo se inició con la inclusión, hace ya mucho tiempo, del Baby Room: aquél ingenuo, visto a la distancia, aparato que transmitía al padre o la madre los sonidos de la habitación del bebé. Pasó luego a la instauración de cámaras de video que filmaban todo lo que ocurría en la habitación del niño en una computadora, para concluir en la comunicación constante e instantánea por vía de los Smartphones entre padres e hijos. El control permanente reemplaza el encuentro, el ir de la mano charlando o jugando con el hijo. Debemos reiterar que el niño no va protegido, sino controlado, el padre desarrolla esta tecnología acorde con la dirección cultural hegemónica que busca soldar corporalmente la integración entre los niños y las máquinas.

La claustrofilia sólo alimenta la desconfianza

El ejemplo demuestra que el miedo —desplegado como peste— a todo lo que transcurre por fuera del hogar, sigue su curso y se amplían las maneras tecnológicas de combatirlo. Los miedos atávicos adquieren hoy esta forma permanente de la desconfianza hacia al otro que circula por las calles. Para este señor de Tennessee el espacio público que circunda su casa es un bosque peligrosísimo. Cree que para atravesarlo hay que implementar sistemas de vigilancia como el dron que viene a sustituir y reemplazar el proceso de acompañamiento afectivo, construido cuerpo a cuerpo. Se desmorona el acompañamiento vincular.

El invento del padre ha introducido el desapego corporal entre ellos. Deviene en proceso por el cual se inyecta miedo y se rompe el entramado que une los cuerpos para interponer y confiar solamente en un dispositivo tecnológico, entonces, la relación padre-hija se hace virtual. Escamotea el diálogo corporal e interpone dispositivos tecnológicos que supuestamente garantizan la seguridad de la niña que anda por el bosque, supervisada desde el aire por un padre que parece un agente del FBI. El invento tiene una vuelta más engañosa: queda oculto el miedo del padre detrás de la aparente comodidad con la que sigue a la niña. También se oculta que esa “comodidad” le impide salir de su casa. Ha trasformado sus temores en una pequeña central de inteligencia. De esta manera el padre replica a pie juntillas el modelo de control social hegemónico y se convierte en el policía de su hija. Una impactante demostración de cómo el modelo cultural predominante promueve avanzar sin pausa en la constitución de familias y sujetos cyborg adaptados a la cultura dominante.

En consecuencia, desaparece el ir de la mano con su hija a esperar el bus escolar, charlando, jugando, observando el mundo y sacando pequeñas ocurrencias del mismo. La sigue con su aparato volador desde su central cerrada (su casa, su jardín) preservándose así él mismo, demostrando su propia claustrofilia. Si reconoce que el mundo es peligroso, sería necesario y conveniente que como adulto responsable acompañara a la niña. Así solo se alía al miedo reinante en el mundo de los cyborg. El padre, identificado con el Lobo Feroz de turno, cree que las calles de Tennessee son caminos donde asolan los bandidos del Far West. Siendo un especialista en nuevas tecnologías está convencido en que los temores los resuelven las máquinas. Como cyborg que ya es, quiere que su hija sea mucho mejor cyborg que él. No está ya dentro de sus capacidades, darse cuenta que toda esa parafernalia tecnológica aleja la confianza como sentimiento humano básico, que se genera en los vínculos humanos. Por el contrario, promueve que la misma sea provista por las máquinas de comunicar. Cree en la necesidad de expandir el mundo cyborg.

Por su parte a la niña toda esa parafernalia tecnológica-virtual la empuja a que sea cada vez más cyborg y la deja preparada para que poco más adelante en su vida aparezca el lamentablemente famoso “ataque de pánico”. De esta manera, el modelo cultural hegemónico cree que podrá sostenerse indefinidamente. La historia demuestra todo lo contrario, siempre aparece un niño que dice que el rey no viste un traje de oro, sino que está desnudo o un par de Cerditos que cantando y bailando se apropian del bosque ridiculizando el poder de turno. Nada es para siempre.

Notas

1. El cuento de Los Tres Cerditos, posiblemente de origen medieval, se publicó por primera vez en Gran Bretaña en el año 1890. Ya en el siglo XX el gran difusor de este cuento es Walt Disney, quien llevó la fábula al cine en 1933.
2. Le Breton, David, Conductas de Riesgo, Topía, Buenos Aires, 2011.
3. En este artículo no abordamos otras perspectivas de análisis como la del psicoanalista infantil Bruno Bettelheim (1903-1990) y su obra Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1975) o la que podría deducirse de La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber (1904-1905). Una lectura de este tipo puede encontrarse en RIERA, Luis Eduardo Cortés, La fábula de Los tres cerditos en la versión de Walt Disney examinada desde la sociología comprensiva de Max Weber. Revista de Clases de historia, 2014, N° 1, p. 1-12.
4. Hazaki, César, El cuerpo mediático, Topía, Buenos Aires, 2010.
5. Gubern, Román: El Eros electrónico, Taurus, Madrid, 2000.
6. No sólo ocurre esto, baste saber que los fabricantes de televisores, computadoras, celulares, etc. incorporan dispositivos dentro de los aparatos para registrar secretamente los usos y así obtener información.
7. Quedará para otro artículo diferenciar entretenimiento de juego lúdico. El entretenimiento parece ser parte del consumismo. El juego, como proceso lúdico, está relacionado con la elaboración de dificultades y con la creatividad.
8. Hazaki, César, op. cit.
9. Hazaki, César: “El viaje de egresados y la pulsera mágica”, en Revista Topía N° 74. Agosto 2015.
10. Definimos a la placenta mediática como el invento humano que envuelve el planeta como una segunda piel. Esta piel creada por el hombre es la que contiene y envía todas las comunicaciones de la web.
11. Hazaki, César: Idem cita 9.
12. Tisseron establece con claridad la definición que usamos en éste artículo para extimidad: quien sube material a la web usa al otro como espejo, para reafirmarse a sí mismo.

Por gentileza de Topía