Discusión de los factores endógenos del desarrollo local sustentable en la gobernanza de los recursos y servicios municipales

Gerardo Arturo Limón-Domínguez
UPN, Chihuahua (México)
Margarita Juárez-Nájera
UAM, Azcapotzalco (México)
José Marcos Bustos-Aguayo
UNAM, Zaragoza (México)
Bertha Leticia Rivera-Varela
UNAD, CDMX (México)
Cruz García-Lirios
CEPS, Cuernavaca (México)
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Resumen

El desarrollo local, entendido como un balance entre demandas y recursos, desafíos y capacidades, supone escenarios de negociación, mediación y responsabilidad social compartida. En tal sentido, el propósito del trabajo es discutir las relaciones entre espacios, habitus y capacidades con la finalidad de vislumbrar horizontes de investigación que contribuyan al estudio del fenómeno. Se incluye una revisión de la literatura, el procesamiento de hallazgos, una propuesta de modelación y la discusión con otras iniciativas.

Palabras clave: Desarrollo local, sustentabilidad, cogobierno, modelo, Delphi

Introducción

El desarrollo local sustentable, entendido como un proceso de cogobierno, cogestión y corresponsabilidad que considera a los recursos y a los servicios como comunes, es el objeto de estudio e investigación del presente trabajo y el objetivo del presente trabajo es establecer un modelo de complejidad, considerando la información publicado en repositorios internacionales.

El desarrollo local sustentable supone un escenario de cogobierno de conflictos, libertades, oportunidades, capacidades y responsabilidades de gestión como de autogestión orientado hacia la conservación de espacios y especies (Carreón et al., 2016).

En el marco de los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental, los gobiernos locales han implementado políticas y estrategias para reducir tales efectos, pero la gestión y la administración ha sido preponderantemente estatal, excluyendo a los ciudadanos o en el mejor de los casos confinándolos a participar en la evaluación del desempeño de instituciones o funcionarios, soslayando los derechos que garantizan y obligan a la sociedad civil a proponer y discutir con sus autoridades un futuro común (García, 2013).

En consecuencia, las propuestas de autogobierno, autogestión y autoadministración de los recursos naturales y los servicios públicos se han edificado contraponiéndose a las leyes, instituciones y decisiones estatales, aún y cuando los medios de comunicación han difundido a la corrupción política como el obstáculo para el desarrollo local sustentable (García, Carreón y Hernández, 2016a).

Por consiguiente, desde la academia es menester la integración del autogobierno con la rectoría del Estado en materia de cogobierno, cogestión y coadministración de los recursos naturales y los servicios públicos a fin de reducir el impacto del cambio climático en la salud pública ambiental (García et al., 2012).

Teoría del desarrollo local sustentable

Los marcos teóricos y conceptuales que explican el desarrollo local sustentable son: 1) teoría de las espacialidades, 2) teoría de los habitus y 3) teoría de las capacidades (Bustos, Ganga, Llamas y Juárez, 2018).

La teoría de las espacialidades, para los fines del presente escrito, refieren a la explicación de la fetichización de espacios a los que se les atribuye un poder que los diferencia como es el caso de residir o aspirar residir en la ciudad con respecto a la periferia o al campo (Sánchez, Hernández, Martínez, Villegas y García, 2018).

Es así como una espacialidad supone una atribución desmedida de privilegios con respecto a procesos, cosas, objetos o personas. De esta manera, la fetichización de los espacios genera la exclusión de personas, aunque también se excluyen especies, espacios, cosas, procesos u objetos por el simple hecho de atribuirles un sitio fuera de una urbe (García, Carreón y Hernández, 2016b).

Sin embargo, la teoría de la espacialidad no advierte que tales atribuciones de poder a los espacios urbanos devienen de habitus tanto heredados como aprendidos. Este es así porque las disposiciones de quienes residen en urbes son transferidas de generación en generación y se moldean en la interrelación familiar, escolar o laboral (Juárez, Limón y García, 2018).

De esta manera, la exclusión a partir de la atribución de una superioridad a las urbes, sintetizada en las percepciones de la calidad de vida o la estética residencial, es una disposición negativa hacia todo aquello que no esté en la ciudad, pero también es una disposición que se aprende (García et al., 2013).

Al interactuar, los residentes de una urbe desarrollan habilidades y conocimientos en torno a lo que consideran servicios de seguridad y confort que los llevan a enaltecer su elección de residencia con respecto a quienes residen en espacios sin servicios que consideran esenciales como pavimentación, alcantarillado, drenaje o potabilización (García et al., 2014).

Ambos habitus, heredados y aprendidos explican la elección de un habitad, una estancia de residencia, así como una travesía hacia el confort y un retorno al lugar de primera residencia, pero no explican el aprovechamiento de oportunidades de compra o venta de casa residencia, ni el esparcimiento o entretenimiento que supone el turismo solidario o la búsqueda de empleo o estudios en las urbes (García et al., 2016).

La teoría de las capacidades advierte que los servicios públicos; salud, educación, empleo, vivienda o entretenimiento, aparentemente distintivos de una urbe con respecto a la periferia o el campo, son producto de las habilidades y los conocimientos que un residente desarrolla a partir de una lógica de escasez o abundancia (Rivera, Limón, Sandoval y García, 2018).

La lógica de la escasez no sólo explica la ineficiencia e ineficacia de la rectoría del Estado, la ilegitimidad de sus políticas urbanas o la nula efectividad de sus estrategias sino, además advierte que, en un contexto de austeridad o contingencia, los residentes se organizan para hacer frente a la crisis de desabastecimiento, aunque animados por la idea de que conservarán los recursos naturales para sobrevivir a la ingobernabilidad creciente (García et al., 2017).

En contraste la lógica de la abundancia, aunque refiere a una serie de creencias acerca de que el entorno natural es abundante y de que los residentes deben optimizar tales recursos, plantea el desarrollo de habilidades y conocimientos necesarios para importar de otros lugares los recursos que se demandan (García, Valdés y Sandoval, 2016).

La lógica de la escasez supone una cooperación solidaria mientras que la lógica de la abundancia sugiere una competencia por los recursos del entorno inmediato y circunvecino (Hernández et al., 2014).

Por tanto, el desarrollo local sustentable, desde los enfoques revisados, refiere a percepciones de escasez o abundancia de recursos y su reflejo en la calidad de los servicios locales (Sandoval, Bustos y García, 2018).

Estudios del desarrollo local sustentable

El trabajo se inscribe en el humanismo desarrollista (libertades, capacidades y responsabilidades), el constructivismo estructuralista (habitus, capitales y campos) y el urbanismo marxista (espacialidades); a) libertades, capacidades y responsabilidades para la reapropiación de la ciudad (espacios y recursos hídricos); b) habitus, capitales y campos en los que se gestan los conflictos por la redistribución de los recursos y los espacios de la ciudad (acuíferos, redes y pipas); c) espacialidades para la gobernanza de los recursos locales de la ciudad (conciencia para la distribución equitativa del agua).

La proximidad de los conceptos a los estilos cotidianos permitirá discutir la importancia del sistema político de gobernanza en referencia al sistema económico de ecociudad. En tal sentido, es menester abrir el debate en torno a la inclusión social a través del derecho a ciudad, principalmente a los recursos naturales y esencialmente a los recursos hídricos como elementos de desarrollo sustentable local (Juárez, García, Bustos, Sandoval y Molina, 2018).

La ciudad como un escenario de símbolos, significados y sentidos en torno a los cuales se representan las asimetrías entre las políticas públicas y los estilos de vida citadinos. La ciudad es un escenario de recursos que incrementan capacidades, pero también aumentan las responsabilidades (Valdés, Bustos y García, 2018).

Los estudios relativos a los servicios inmobiliarios; espaciales y tecnológicos señalan que la dimensión de las casas habitación y la tecnología de sus instalaciones, al ser cada vez más reducidas las primeras y más automatizadas las segundas, facilitan la captación fluvial y el reciclaje, pero inhiben el almacenamiento y reutilización de agua. La capacidad de provisión parece incentivar la irresponsabilidad del derroche de agua (Llamas, Bustos y García, 2018).

La interrelación entre recursos, servicios, escenarios, habilidades, conocimientos y responsabilidades que harían necesario un sistema de gobernanza suponen un equilibrio entre los factores mencionados este regulado por el Estado, supervisado por la ciudadanía y financiado por el mercado (Juárez, Bustos y García, 2018).

Sin embargo, a partir de un marco político desarrollista en el que las libertades darán paso a las capacidades y éstas a las responsabilidades. Tal proceso parece inhibirse dada la escasez de los recursos naturales en las ciudades. Es decir, la disponibilidad de los recursos, al ser un hecho objetivo más que subjetivo, influye en los estilos de vida de los usuarios que habitan las ciudades. Tal fenómeno de escasez activa políticas públicas que buscan abastecer de recursos a un sector social en detrimento de otro (García, Juárez y Bustos, 2018).

En respuesta a la exclusión o marginación de los servicios públicos, la población segregada construye habitus intuito, adopta estilos de vida desde los cuales se confrontarán simbólica y activamente con las autoridades. Las protestas, cierres, mítines, manifestaciones, marchas confrontaciones físicas o verbales son el resultado de la escasez de recursos, las políticas públicas y los estilos de vida o habitus de la ciudadanía (García, Bustos y Sandoval, 2018).

Los estudios en torno a los estilos de vida en las urbes en materia de desabasto, ahorro y reutilización de agua muestran que una disponibilidad inferior a los 50 litros diarios por persona incrementa la austeridad, pero aumenta las confrontaciones con las autoridades locales; secuestros de pipas, cierres de avenidas, boicots a redes y tomas clandestinas. La ciudadanía segregada de los espacios hídricos y los servicios públicos, desarrollan habilidades y estrategias para evidenciar la situación en la que se encuentran, manifestar su indignación y apropiarse de espacios (García, 2018).

En el marco de los conflictos hídricos entre autoridades y usuarios, los estilos de vida ciudadanos en una situación de escasez son una consecuencia de las políticas públicas. La ciudad es un campo de interrelación entre capitales y hábitos socialmente constituidos. De este modo, los capitales económicos y políticos están confrontados con los capitales naturales y ciudadanos. Es decir, el mercado y el Estado requieren de acuíferos que abastezcan la industria y los servicios privados como públicos de la ciudad, empero la disponibilidad de agua, a través de la recarga de acuíferos, es cada vez menor a los estándares internacionales o los registros históricos nacionales. Tal escenario explica la emergencia de habitus o estilos de vida en los sectores vulnerables, marginados o excluidos (Amemiya, Valdés, Espinoza y García, 2018).

Sin embargo, los estilos de vida son coyunturales, emergentes e inherentes a un grupo o agente social. Es decir, ante una situación de escasez y desabasto, la austeridad subyace y de igual modo, desaparecería en una situación de sustentabilidad hídrica en la que la recarga de los acuíferos garantizaría el desarrollo humano y local de las demarcaciones de una ciudad. Tal planteamiento, es insuficiente si se requiere entender el proceso histórico que llevó a las ciudades a concentrar los recursos, servicios, estilos de vida y capacidades (Quintero, García, Rivera, Sandoval, Figueroa y Molina, 2018).

La ciudad como un escenario simbólico en el que se materializan las relaciones de producción. La ciudad concentró las relaciones económicas asimétricas entre las clases dueñas de los medios de producción y la fuerza laboral. En este sentido, la ciudad es un escenario de producción industrial más que de servicios ya que las relaciones asimétricas entre burguesía y proletariado prevalecen sobre otras relaciones asimétricas. Por ello, la conciencia del espacio es menester ya no para apropiarse de la fábrica, sino de la ciudad que la alberga. El derecho a la ciudad sería la extensión del derecho a una relación de producción simétrica (García, 2018).

Si la fuerza laboral sólo se apropia de los medios de producción, los espacios serían únicamente un accesorio de la lucha de clases más que un elemento constitutivo de las diferencias entre dichas clases (Juárez, Bustos, Quintero, García y Espinoza, 2018).

La redistribución de los recursos y su impacto en el desarrollo humano, local y sustentable se explica desde las diferencias existentes entre individuos (sexo, edad, habilidades, educación, localidad) determinan las libertades que los individuos requieren para desarrollarse sostenidamente. En este sentido, las capacidades son conocimientos y experiencias derivadas de la interrelación entre las características individuales, los recursos y los espacios. A medida que los recursos escasean, las capacidades se ven diezmadas y los espacios son escenarios de conflictos ya que el Estado limita las libertades para garantizar una distribución proporcional de los recursos (Rosas, Goméz y García, 2018).

En el caso del agua, las capacidades juegan un papel fundamental ya que el uso cotidiano del agua implica el desarrollo de estilos de vida o habitus que pueden ayudar a contrarrestar la situación de escasez y desabasto. En tal sentido, la explicación de las discrepancias entre las políticas locales de abastecimiento de agua y las acciones de autogestión, cierre de avenidas, intervención de redes, secuestro de pipas y boicots al sistema son el resultado de transformaciones de los recursos y espacios a los que un sector de la ciudadanía no tiene acceso (García, 2018).

Si las capacidades y los habitus son indicadores de los conflictos entre las expectativas de la ciudadanía y las decisiones públicas, entonces es fundamental la reapropiación de los espacios para el debate sobre el derecho a la ciudad, sus recursos y sistemas de abastecimiento como de distribución hídrica.

En tal sentido, la categoría de poder para explicar las diferencias entre las relaciones de producción simbólica y material. La ciudad se erige como un símbolo de poder que homogeniza las relaciones de producción porque las condiciones materiales para la misma ya están pre-establecidas espacialmente. Es decir, las relaciones espaciales, son relaciones de poder, pero no relaciones comunicativas o discursivas, sino materiales, aunque su fetichización las hace parecer como objetos tangibles, pero sólo a nivel discursivo, tales relaciones podrían transmutarse (Molina, García y Bustos, 2018).

El fetichismo del espacio como mercancía desvirtúa el principio según el cual las condiciones materiales de existencia determinan la superestructura ideológica. Esto es así ya que el enaltecimiento de los objetos es inherente al valor de su uso. El espacio, real o simbólico tendría un valor de uso, pero no de cambio, aunque lo interesante de su fetichización está en que indica el grado de alineación a las relaciones de producción capitalistas sobre cualquier otro tipo de relaciones en la que los espacios no fuesen transformados en mercancías.

En cierto modo, las capacidades y los habitus serían precedentes a la alineación y estarían indicadas por su grado de representación fetichista del espacio. Si las capacidades y los habitus son habilidades circunscritas a los recursos y espacios, entonces la alineación sería el resultado de la escasez de recursos y la distribución asimétrica de los mismos. La escasez de agua fetichizada en desabasto supondría la emergencia de habilidades de ahorro o habitus de dosificación, pero tal proceso inhibiría la representación del conflicto y cambio social. es decir, la escasez, desabasto, confrontación o boicot indican un seudo-conflicto ya que es resuelto por abastecimiento de pipas, la distribución de garrafones, la provisión regular de agua o el otorgamiento de vales para la compra de agua. Las contradicciones existentes entre las políticas públicas y los estilos de vida, derivadas de la demanda del mercado farmacéutico, refresquero o cervecero, son reducidas a relaciones de distribución más que de producción o apropiación de espacios.

La fetichización del espacio impide observar las diferencias entre las relaciones sociales y la estratificación de las mismas a partir de mecanismos de segregación espacial y económica. Por ello es menester considerar como un complemento sociohistórico a las categorías de habitus y capacidades las cuales son a-históricas por considerarlas emergentes o subyacentes a la ausencia de libertades o la generación de conflictos abstractos entre la estructura (políticas públicas) y la agencia.

Los sistemas de gobernanza de los recursos naturales, principalmente los hídricos a los estilos de vida de los usuarios en referencia a las políticas públicas de oferta de agua y abastecimiento irregular. En tal sentido, la reconceptualización de los sistemas de gobernanza local permitirá una mayor equidad entre los sectores a través de un marco jurídico normativo de derecho a la ciudad en lo general, los recursos naturales y servicios públicos en lo local y el confort del agua en lo particular.

No obstante, la urgencia de un sistema político más justo en torno a la ciudadanía de las urbes, los proyectos de ecociudad son multidimensionales y en dicha diversidad estriba su complejidad (García et al., 2017).

El concepto ecociudad es multidimensional. Ha sido entendido como un sistema económico, político y social para reducir la huella ecológica de las generaciones antecedentes en referencia a las capacidades de las generaciones precedentes, un espacio delimitado a un millón de habitantes, cuyas actividades son la agricultura y la industria en función de la disponibilidad hídrica, aunque escenario de conflictos, el reciclaje se plantea como su principal instrumento de desarrollo (García et al., 2013).

El concepto de ecociudad está relacionado con otros de índole sociohistórica. Aunados a las categorías de libertades, capacidades, responsabilidades, habitus, capitales, campos y espacialidades, los conceptos de gobernanza, segregación, sustentabilidad, centralidad, inclusión, periferia y plusvalía permitirán conceptualizar la problemática de escasez, mercadocracia y desabasto en la demarcación de estudio (García et al., 2014).

Si se consideran los conceptos esgrimidos, un sistema de gobernanza orientado a la ecociudad es opuesto a la segregación vía la relocalización de sectores sociales a partir de la naturalización de su exclusión, pero está más próximo al desarrollo local ya que el termino sustentabilidad incorpora al sistema de gobierno como rector de los recursos y servicios de la ecociudad. Antes bien, un sistema de gobernanza se gesta en localidades pequeñas tales como el barrio o la periferia hasta extenderse al centro de la ciudad. Es así como los indicadores de ecociudad serían aquellos relacionados con la sustentabilidad e inclusión. En este sentido, los estudios en torno a los proyectos de sustentabilidad y ecociudad parecen demostrar la viabilidad de los términos a partir de indicadores heterogéneos (García et al., 2016).

Los estudios latinoamericanos en torno a la escasez, la mercadocracia y las políticas públicas de los recursos hídricos en las ciudades han utilizado diversos instrumentos para medir los indicadores de sustentabilidad hídrica local. El manejo de los recursos hídricos; la apropiación étnica del espacio urbano; la densidad poblacional como factor de sustentabilidad residencial; la identidad nacional como argumento de diseño de las edificaciones; el reordenamiento a partir de la inclusión y exclusión espacial, las políticas de turismo bi-oceánico periurbano; la percepción de riesgo periurbano; la segregación de las plazas públicas y la representación de la ciudad según estratos sociales son ejemplos de la relevancia empírica de estudiar la escasez, mercadocracia y políticas públicas en torno a los recursos hídricos de la Ciudad de México (García et al., 2014).

Los estudios empíricos respecto a la sustentabilidad y ecociudad han incorporado la dimensión simbólica y representacional de quienes consumen los recursos y por tanto evalúan los servicios públicos. De este modo, los estudios se han enfocado en el impacto de las políticas públicas sobre los estilos de vida de los pueblos originarios, comunidades, barrios y localidades periurbanas en referencia a la centralidad y el ordenamiento territorial (Hernández, Martínez, Duana y García, 2018).

En tal proceso, los estudios cualitativos han sustituido a la cuantificación de los espacios, los instrumentos tales como planos, registros y mapas han sido sustituidos por entrevistas a profundidad. La indagación de las relaciones espaciales y los recursos naturales ahora han incorporado las representaciones de los servicios públicos como elemento fundamental del sistema de gobernanza a través del establecimiento de tarifas por los servicios urbanos (Carreón et al., 2016).

Las relaciones de apropiación, transformación y distribución de recursos y espacios en su proceso de desarrollo incentivaron la diferenciación de las clases sociales. A medida que las diferencias se exacerbaron, la segregación de los espacios resguardó las diferencias apropiativas y transformativas al mismo tiempo que enalteció las diferencias distributivas de los recursos, principalmente los hídricos. Tal proceso confrontó a las políticas públicas frente a los estilos de vida privilegiando las demandas del mercado (Hernández, et al., 2014).

En torno a la situación de escasez y desabasto generada por las políticas públicas que se ajustaron a las demandas del mercado, los sectores marginados, excluidos y vulnerables desarrollaron habilidades, conocimientos y estrategias de apropiación de espacios (acuíferos, instalaciones, redes) para abastecerse y confrontar a las autoridades por la regularización del servicio. En este marco, la transformación de los recursos hídricos fue delegada al gobierno federal y el cobro del servicio al gobierno local (García et al., 2012).

En este sentido, el desabasto de agua y el incremento de las tarifas orientaron los conflictos hídricos hacia la condonación de deudas, la implementación de medidores, la reparación de fugas visibles, el resguardo de instalaciones, el control de las manifestaciones y los acuerdos entre autoridades delegacionales con representantes de los usuarios. En contraste, las concesiones de los acuíferos, la tecnología de reciclaje y captación fluvial, la inversión en infraestructura, la detección de fugas imperceptibles, la contaminación y sobrexplotación de los acuíferos, las culturas del agua y la desregulación inmobiliaria fueron soslayadas como problemáticas que impiden la sustentabilidad de la ciudad (García et al., 2014).

En el marco de los proyectos de ecociudad y la evaluación de sus sistemas de gobernanza, principalmente políticas públicos en torno a los recursos naturales, esencialmente los hídricos, el Índice de Desarrollo Humano pretende observar, medir y comparar las libertades, capacidades y responsabilidades, pero en el mejor de los casos sólo registra la cantidad de bienes públicos que evidenciarían la sustentabilidad local. Por ello se requiere de un índice que describa la sustentabilidad con énfasis en los recursos hídricos en referencia a su disponibilidad, extracción, distribución, consumo, reutilización, reciclaje y tarifa como elementos constitutivos de un sistema de gobernanza local (García et al., 2016).

Método

Se llevó a cabo una investigación documental que consideró la literatura publicada de 1974 a 2018 en repositorios internacionales: Dialnet, Latindex, Publindex, Redalyc y Scielo, así como la inclusión de los conceptos “espacialidad”, “habitus” y “capacidad” (véase Tabla 1).

Tabla 1. Descriptivos de la muestra informativa

 

Espacialidad

Habitus

Capacidad

Dialnet

43

31

27

Latindex

32

26

19

Publiendex

25

15

10

Redalyc

16

8

5

Scielo

9

3

1

 

Fuente: Elaborada con los datos el estudio

La información seleccionada fue procesada a partir de la técnica Delphi, la cual consiste en la selección, síntesis e integración de los datos consultados. Para ello, se realizó otro estudio documental con una selección intencional de fuentes, asumiendo que su periodo de publicación ubica a la fuente informativa en un grupo selecto para discutir las relaciones entre las variables indicativas del objeto de investigación: un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable (véase Tabla 2).

Tabla 2. Construcción de la matriz de análisis de contenido

Definición

Indicación

Medición

Interpretación

Espacialidad

Refiere al uso y a la apropiación de un contexto en función de su fetichización.

Datos relativos al uso y apropiación de espacios

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes refieren al desarrollo local a partir del uso y apropiación de espacios

Habitus

Alude a un quehacer simbólico heredado y aprendido con orientación hacia el desarrollo personal y colectivo.

Datos alusivos al aprendizaje de símbolos de desarrollo compartidos.

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes suponen un desarrollo endógeno a partir de oficios favorables al entorno

Capacidad

Supone la emergencia de habilidades, conocimientos y experiencias incentivadas por políticas de desarrollo endógeno.

Datos vinculados a los objetivos, tareas y metas alcanzadas de bienestar subjetivo y percibido

-1 para información desfavorable al desarrollo endógeno, 0 para información desvinculada y +1 para información favorable

Altos puntajes sugieren un desarrollo centrado en las experiencias, habilidades y conocimientos favorables al entorno.

Fuente: Elaboración propia

Jueces expertos evaluaron, calificaron y acreditaron los ejes y temas de la agenda investigativa sobre la temática, considerando los valores de vinculación o desvinculación de los datos. La codificación de los datos se procesó en el paquete de análisis cualitativo de datos (QDA por su acrónimo en inglés versión 4,0 ).

Resultados

Un modelo es una representación de las trayectorias de relaciones entre los factores esgrimidos en el estado del arte.

El desarrollo local sustentable, indicado por los campos de capacidad de libertades, espacios de capacidad de oportunidades, campos de fetichización de capacidades y espacios de capacidad de responsabilidad supone la construcción de un sistema de cogobierno, cogestión y coadministración.

Los campos de capacidad de libertad sugieren que, en el desarrollo local sustentable, los gobiernos promueven y garantizan los derechos económicos, políticos, sociales, laborales o sexuales en función de las habilidades y conocimientos de sus gobernados. En tal sentido, la relación entre gobernantes y gobernados se establece en campos de poder en los que ambos actores se influyen mutuamente.

Por consiguiente, los espacios de capacidad de generación de oportunidades se gestan en la medida en que entre los actores políticos y sociales dirimen sus asimetrías a partir del establecimiento de una agenda pública en la que los temas a gestionar y administrar son compartidos.

Empero, los campos de fetichización de capacidades advierten que si bien, las libertades y las oportunidades son más difundidos y protegidos en las urbes, ello no explica las diferencias entre la centralidad y la periferia o la semiperifería. En consecuencia, se gesta un apego hacia los recursos y los servicios urbanos.

Los espacios de capacidades de responsabilidad son resultado del cogobierno. Es decir, la conciliación de intereses entre las partes en conflicto. Por tanto, indican la cogestión y la coadministración al ser la corresponsabilidad un síntoma de gobernanza.

Consideraciones finales

El aporte del presente trabajo al estado del conocimiento estriba en el establecimiento de un modelo para el estudio del desarrollo local sustentable, pero el tipo de selección de la muestra, la búsqueda en repositorios nacionales y la técnica de análisis limitan el modelo, por lo cual se requiere una selección informativa en repositorios internacionales con una técnica de análisis más sofisticada como la minería de datos.

Tal estrategia permitiría la inclusión de marcos teóricos, conceptuales y empíricos relativos al desarrollo local sustentable como la movilización social, la acción colectiva, las esferas civiles y las redes ciudadanas en conflicto y concertación con sus autoridades.

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