La evolución de la Sociología en Cuba. La formación de una ciencia

Lisbet López Saavedra
Licenciada en Sociología. Profesora en la Universidad Cienfuegos (Cuba)

Resumen

La evolución de la ciencia sociológica ha sido muy estudiada en el mundo, algo que no ha ocurrido de igual manera en Cuba, sobre todo respecto a los avatares de esta ciencia por legitimarse. Este estudio indaga cómo fue acogida por los  primeros pensadores de la isla, esta corriente de pensamiento, de modo eficaz, que lograra ser distinguida de las del resto de Latinoamérica, brindándole una fisonomía propia, que perdura aún en nuestros días. Este estudio enfatiza el quehacer de algunas de las más relevantes figuras de la historia nacional, particularmente del siglo XIX, tales como José Antonio Saco, Félix Varela y José Martí, por mencionar algunos, y sus decisivos aportes a la conformación e instauración de esta ciencia social en el contexto cubano de aquella época. Se analiza la valía de la ciencia en sí y su impacto en la modificación de la realidad cubana de aquel siglo, de una manera revolucionaria y renovadora.

Introducción

Realizar un estudio sobre los avatares de la Sociología en nuestra isla resulta una aventura que recoge en sí el desarrollo de lo más valiosos discursos de los principales exponentes del pensamiento social cubano. Este breve acercamiento a las primeras manifestaciones sociológicas en Cuba pretende esbozar algunas de las principales características del quehacer sociológico de un período en que la efervescencia transformadora de la realidad cubana constituía el incentivo principal, que se ilustrará por medio de las producciones de algunos de los primeros impulsores de la ciencia en la isla, como Saco y Varona, referencias obligadas para lo que se pretende en este trabajo. Para la Sociología, en general,  la comprensión de los referentes sociales e ideológicos de los discursos, sus portavoces y sus prácticas resulta imprescindibles para llegar a comprender el nivel de desarrollo que logra la ciencia en un contexto determinado. El esfuerzo de los pioneros cubanos en materia de Sociología está encaminado al logro de una autognosis de la Sociología en Cuba, y para ello es imprescindible analizar el proceso de conformación de ésta como disciplina científica, lo que necesariamente incluye la evolución del mismo en varias etapas. Se hace necesario aclarar que para una reconstrucción de la evolución  de la Sociología en Cuba, se considera necesario combinar lo histórico con lo teórico, que permitirá  analizar desde esta perspectiva la formación del pensamiento intelectual cubano y sus formas de pensar sociológicas.

Desarrollo

El pensamiento social cubano, desde sus primeras etapas de formación, se acercó a la realidad que lo rodeaba con una mirada “cuasisociológica”, aún cuando esta disciplina no había nacido oficialmente en los países desarrollados de Europa, como Francia e Inglaterra. Esto se debe a que aquellos primeros  investigadores se preocuparon más por los problemas concretos de la vida, las relaciones sociales y entre instituciones sociales; que por lo general, eran sumamente abstractas y generales. Quiere decir que, desde su nacimiento, este pensamiento se constituye por derecho propio en claro antecedente del quehacer sociológico en Cuba. Estas características son las que han llevado a los estudiosos a plantear que nuestra tradición intelectual ha tenido la peculiaridad de elaborar un tipo de ciencia aplicada a las problemáticas concretas de la sociedad, más allá que esforzarse por elaborar un fuerte cuerpo teórico.

No se puede olvidar que la llegada de la Modernidad está siempre  asociado a la aparición de la Sociología. Sin embargo, en la isla, se afirma, no había una “plena modernidad” en el siglo XIX, e incluso hay referencias a la existencia de una “modernidad deformada” (Torres-Cuevas, 1995), característica de los países latinoamericanos. Esto incide directamente en la tardía recepción de los principales paradigmas sociológicos que se desarrollan paralelamente en la Europa Occidental, llámese paradigma Comprensivo Weberiano, paradigma Marxista y el encabezado por el francés Emile Durkheim, suplantados por otras ideas que sí logran enraizarse en la producción sociológica cubana como las de Augusto Comte y Herbert Spencer, que sin duda dotan el quehacer sociológico de la época de una fisonomía propia.  Sin embargo, si  bien las estructuras sociales no respondían a los criterios de la Modernidad, el desarrollo intelectual, afortunadamente andaba por otros caminos. Esta disfunción propició que se conformara paso a paso un ecléctico arsenal que inicialmente no cumplió los requisitos académicos para definirse como Sociología, pero en el ejercicio real de lo que se abordaba, sí presentaba una cercanía a esta ciencia y que poco a poco y a su manera comenzó a beber y acoger algunas de las ideas vanguardistas de la Sociología Clásica para enriquecer y actualizar sus análisis. Esta especie de desfase entre la preparación académica y el deseo de hacer una práctica sociológica, sólo era el inicio de una discontinuidad que caracterizará todo el camino de la Sociología en nuestro país.

El desarrollo de la Sociología y del pensamiento cubano en general se caracteriza por valerse de un discurso pluralista y enriquecedor, de marcado carácter multidisciplinar, que en el terreno teórico se traduce en transdisciplinariedad, pues dentro del pensamiento sociológico se reconoce la aceptación y las preferencias temáticas de otras disciplinas afines como la filosofía, la economía, la política, la ética, etc. Este rasgo del pensamiento cubano resultó ser de incuestionable valor, al perfilar el desarrollo posterior de las ciencias sociales cubanas, sobre todo en los últimos años, durante los cuales se adoptaron posturas más tolerantes al admitir la multiplicidad de enfoques y perspectivas distintas.

De este modo, los discursos en la Cuba desde inicios del siglo XIX comenzaron a presentar elementos a través de los cuales se puede afirmar que existía un interés por hacer Sociología, en tanto que se producen estudios cuyas propuestas resultaban cercanas a la Sociología o se reconoce de forma clara y consciente la necesidad y efectividad de la ciencia sociológica para el estudio y comprensión de la sociedad, de las relaciones sociales, de las clases y grupos sociales, a través de una interpretación propiamente sociológica (Guía, 2001).

De esta forma, durante el siglo XIX irrumpen en Cuba las primeras ideas del padre fundador de la Sociología: Auguste Comte (el Positivismo, década de los años 70), cuyos principales proyectos estuvieron encaminados a una total oposición a los sistemas metafísicos e idealistas que hasta el momento habían prevalecido en la concepción del mundo. Sus ideas fundamentales fueron influenciadas por todo el desarrollo alcanzado por las ciencias naturales, especialmente por la física y la biología, siendo validado como ciencia todo aquello que fuera observable, constatable y mesurable. Se abre en este período un fuerte movimiento intelectual que se caracterizó desde sus inicios por una gran vocación humanista. Situando siempre como elemento central e independientemente de su filiación ideológica y de las diferentes corrientes de pensamiento políticas alternativas que se formaban en esta etapa, como el reformismo, el anexionismo, el independentismo; la preocupación constante de realizar análisis holísticos de la realidad existente y proponer transformaciones concretas, así como la búsqueda de un modelo propio de nación y el afianzamiento de la identidad nacional, rasgos que maduraban en la sociedad cubana y en la conciencia de todos sus pobladores en este siglo.

Figuras como el presbítero José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco, entre otros, representan lo más acabado del pensamiento cubano en esta etapa. Su quehacer científico se centró en la elaboración de propuestas que transformarán la situación de la Cuba colonial. Ideas económicas, filosóficas, políticas, éticas, estéticas y educativas se combinaron conscientes de que un paso importante para la emancipación humana era el cambio educacional y el logro de la independencia. Aunque su formación era teológica y básicamente filosófica, situaron la realidad cubana como centro de sus preocupaciones y, basándose en ello, propusieron proyectos de transformación de la realidad social desde cada una de esas corrientes de pensamiento.

Un ejemplo de ello lo constituye la obra Memorias sobre la vagancia en la Isla de Cuba(1830), de José Antonio Saco (1797-1879). En este estudio Saco realiza un minucioso análisis sociológico al describir desde una perspectiva profundamente crítica las causas de los males sociales en Cuba, que atribuía a la vagancia, síntoma que consideraba una enfermedad en la sociedad colonial cubana, así como en el juego, el bandolerismo, la prostitución, el alcoholismo, las deficiencias del sistema educativo, el déficit de ocupaciones lucrativas, entre otras. Consideraba que el remedio fundamental de los males de Cuba se encontraba en enseñar el valor del trabajo y en su desarrollo, a la vez que se educaba en los buenos hábitos. También en parte de su obra realizó un análisis sobre la estructura  social de la Cuba Colonia, uno de los principales antecedentes de los estudios sobre estructura y movilidad social en la isla. Es esta una obra que muestra fidedignamente algunos de los principales rasgos de la ciencia comtiana, así como de algunos de sus principios esenciales. Así como otros trabajos de relevancia entre los que se encuentran: Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas (1837), Historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días (1875) e Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los países américo-hispanos (1879). (Ubieta, 1996). El profundo interés de Saco por realizar una crónica de  los problemas sociales, marca un modo peculiar en el desarrollo ulterior de la ciencia sociológica en la isla.

El positivismo en Cuba sirvió para legitimar el empirismo racionalista y el método inductivo, asociado a lo observable. Además, se convirtió en la herramienta de conversión y crítica al sistema colonial imperante y a la escolástica, y constituyó la vía pacífica y científica para legitimar la necesidad de la separación de España.

Resulta evidente entonces que  el positivismo, como la Sociología en sus primeros pasos, se integró de forma coherente al pensamiento cubano. Al asentarse sobre la base del empirismo racionalista, del método inductivo, de la sistematicidad y la experiencia como claves del conocimiento y en el traspaso de los modelos utilizados en las ciencias naturales a las sociales, se ajustó a la tradición empirista y sensualista que se encuentra en Caballero, Varela, Saco, entre otros, quienes sostuvieron la importancia que tenía la ciencia para el cambio social, con el fin de solucionar las necesidades sociales de la época, al visualizarlas desde la óptica científica y proponer, como en los estudios de Saco, soluciones concretas para éstos.

A pesar de ello, se desarrolló una crítica a ese positivismo dogmático, muchas veces preponderante en la producción sociológica de la Isla. Un ejemplo de esto lo constituye José Martí, quien desde su tradición humanista y espiritualista se preocupó por el hombre (considérese hombre no en sentido genérico), por sus condiciones materiales y espirituales, aunque a estas últimas les prestó mayor atención. Sus concepciones políticas lo llevaron a elaborar un proyecto de nación, que al ponerse en práctica, favorecía el progreso sociocultural y económico cubano; a la comprensión de la verdadera naturaleza del imperialismo y a la necesidad de la revolución como vía para lograr la independencia. De cualquier modo, lo martiano, resultó una nueva mirada sociológica sobre la realidad no sólo cubana, sino también latinoamericana (Pérez y Agramonte y Pichardo, 1999). También se manifestó interesado por la emancipación del ser humano y por el vínculo que se establece entre el hombre, la sociedad y el contexto histórico-social del cual este individuo forma parte. Todos estos aspectos lo situaron como referencia obligada en el tratamiento de los antecedentes de un pensamiento sociológico en Cuba.

Desde finales del siglo XIX y principios del XX, algunas personas comenzaron a interesarse por escribir artículos y libros, todos desde una perspectiva social. En estos escritos empiezan a aparecer planteamientos de racionalidad y ordenación de la sociedad. La Sociología comenzó a concebirse como un instrumento de transformación de la sociedad, dejando de ser una presencia que puede extraerse del espíritu de otras investigaciones. Ya en este contexto, se reconoce la necesidad de su institucionalización como ciencia independiente. Tal es el caso del profesor de Estadísticas de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público de la Universidad de La Habana, Jorge Roa Reyes (1887-1947) quien escribió En el surco de dos razas: estudios sobre la influencia de dos civilizaciones, la inglesa y la española, en Cuba e Hispanoamérica. Además, se pueden señalar otras obras como es el caso de los escritos de Varona, entre los cuales se encuentran Los cubanos en Cuba (1888), La enseñanza pública en Cuba (1899) y El imperialismo a la luz de la Sociología (1905).

Entrando en el siglo XX, la Sociología inicia un proceso que  va a estar caracterizado por intentos de institucionalización parcial, que tendrá entre sus figuras más prominentes del período a Enrique José Varona y Pera (1849-1933). (Muñoz y Benítez, 2000). Influenciado por el positivismo, se convierte en un puente entre la recepción social de esta corriente de pensamiento y el reconocimiento de la necesidad de la Sociología como la disciplina científica y como la reflexión teórica basada en la racionalidad científica y en la reflexión empírica, capaz de explicar la nueva sociedad.

Toda su producción intelectual estuvo influida por el ideal positivista, aunque no compartió íntegramente todos los criterios de sus fundadores. Llevó a cabo una fuerte crítica a la sociología comtiana. Desde un primer momento tomó la idea de unir los estudios científicos a la filosofía y adoptar el método inductivo. Sin embargo, rechazó de Comte la pérdida de contacto con el mundo exterior y con todo el mundo intelectual y le criticó la clasificación jerárquica de las ciencias, la “ley de los tres estadíos” (teológico, metafísico y positivo). Le cuestionó la innovación de sus concepciones al establecer un orden de aparición serial, inquebrantable, rígido, estableciendo un lugar predominante para cada ciencia debido a su aparición histórica.

Pero el permanecer en completo distanciamiento de las teorías comtianas no lo alejó de las diversas concepciones del positivismo europeo, afiliándose al evolucionismo spenceriano, a pesar de que algunos de sus postulados fueron criticados severamente por él. Consideraba a Spencer como una de las grandes autoridades de nuestro siglo y tomó de él la idea de interpretar la realidad en base al principio de evolución y adoptó la idea de la supervivencia del más fuerte, justificando de esta manera, al igual que Spencer, el individualismo, puesto que ambos consideraban que el individuo debía velar por su conservación, desarrollo y perfeccionamiento orientado al mejoramiento de la especie y su adaptación al medio.

No compartió la idea de una posible conciliación entre ciencia y religión al estilo spenceriano, pues consideraba que estaba imbuida de un carácter metafísico. Puso en duda la existencia de principios, leyes y generalizaciones, dirigiendo su labor intelectual hacia el estudio de fenómenos específicos y muy relacionados con la realidad nacional, y censuró los postulados spencerianos por concebir la lógica como una ciencia independiente.

En su trabajo El bandolerismo (1888), Varona analizó este fenómeno con un criterio sociológico de acentuados matices evolucionistas. En dicho análisis, estableció categorías que llama “caracteres normales de la evolución social”, para determinar las causas de la aparición del fenómeno manteniendo como premisa teórica que todo comportamiento que se aparte de los fines y normas establecidas en la sociedad burguesa en vías de progreso es un componente anómalo, patológico, una señal de atraso social. Sin embargo, no determinó las causas de la aparición de ese hecho social, al no adentrarse en el hecho en sí y al explicar sólo las causas históricas que provocan el fenómeno. En esto radicó su limitación fundamental.

En su discurso El imperialismo a la luz de la Sociología (1905), considerada una de las más sociológicas de sus obras, realizó una exposición de las necesidades y posibilidades que el desarrollo de esta fase del capitalismo le brindaba a nuestro país. Para ello se basó en las variables spencerianas que definen al progreso como aumento del agregado social, que posibilita una mayor división del trabajo; inmigración de individuos de raza blanca para desarrollar las estructuras de la sociedad cubana.

Para el análisis adaptó la síntesis del organicismo y el positivismo al ambiente social cubano. Este estudio pone bien de relieve el mecanismo absorbente de las grandes potencias. Entiende por imperialismo “la forma de crecimiento de un grupo humano cuando llega a tener la forma de dominación política sobre otros grupos diversos de distinto origen y establece una concepción multifactorial para evaluar las condiciones indispensables para llegar a esa altura de crecimiento en las condiciones reales de Cuba: aumento y concentración de la población, desarrollo económico que permita la acumulación de capitales y una cultura mental superior.”

Estuvo influenciado también por la Sociología norteamericana, la cual tuvo influencia en los primeros años de la República. Esta fue muy leve en el caso de Lester Ward, de quien toma el empleo del concepto de la Sociología en el sentido de reforma social. Empleó en sus cursos de Sociología, durante el tiempo en que fue profesor universitario, la principal obra de Franklin Giddings, The principles of Sociology.

En muchos de sus trabajos Enrique José Varona mostró una sistemática labor como continuador del pensamiento cubano. Así lo demostró al someter a estudio la realidad social para realizar evaluaciones y elaborar propuestas de transformación. Además, estudió los fenómenos sociales como instituciones, los analizó en su interrelación con otros fenómenos sociales y a partir de estos buscó las determinantes socio-históricas. Se mostró interesado por el estudio de los grupos sociales, su jerarquía de poderes y el rol que desempeña cada miembro en su colectividad. Utilizó conceptos sociológicos tales como sociedad, clase social, orden, progreso, además de recurrir a una metodología que más tarde emplearía dicha disciplina en sus investigaciones.

El surgimiento de una nueva disciplina en Cuba, la Sociología, puso a Varona en un lugar muy importante pues, desde el año 1900, desempeñó su labor de catedrático de Lógica, Psicología, Ética y Sociología en la Universidad. Su concepción de la Sociología estuvo basada en el estudio de los hechos y datos que la realidad histórico-social cubana había aportado, a fin de producir de esta manera una explicación científica, racional y empírica sobre la nueva sociedad.

Por este motivo, se mostró interesado en llevar adelante un plan de reformas en la enseñanza superior. Este plan, conocido como el “Plan Varona”, fue confeccionado en 1900, durante el período que ocupó el cargo de Secretario de Instrucción Pública .

Esta reforma respondía a la más profunda visión teórica de su época y al estudio de la realidad nacional, que lo llevó a identificarse con las necesidades públicas. Pero este plan no se llevó a cabo pues era sumamente progresista y en la práctica se veía limitado por las condiciones materiales y humanas disponibles para llevarlo a cabo.

Como vemos, su accionar en relación con la Sociología estuvo muy vinculado a la práctica académica, que no resultó ser  su única preocupación. Su labor extraacadémica fue aún mucho más rica, pues abarcó un largo período comprendido entre 1878 y 1930. Durante estos años estudió gran cantidad de problemáticas acerca de la realidad cubana desde diferentes ámbitos: históricos, educativos, sociales, políticos y económicos, en los que aparecen de manera central sus reflexiones sobre la realidad nacional.

Conclusiones

Si se analizan las necesidades y las características de la sociedad cubana decimonónica y de la primera década del siglo XX, se puede concluir que el Positivismo se presentó en el contexto cubano como un pensamiento social crítico, de carácter progresista. La dependencia económica, la falta de libertades ciudadanas y los males sociales existentes encontraban vías de erradicación en el discurso positivista, ya fuera en el orden y progreso comtiano como, y sobre todo, en la doctrina spenceriana. La necesidad de reforzar la educación y la cultura de los cubanos, así como la necesidad de una óptima industrialización, formaban parte del discurso cubano en concordancia con las reflexiones del positivismo. El clima positivista existente propició que la Sociología pudiera instituirse en la Universidad. La creación de un espacio para la Sociología en la Universidad significaba un síntoma de Modernidad. Por esa razón, algunos pensadores cubanos comenzaron a utilizar esa palabra en sus discursos de denuncia social. Estas mismas premisas epistemológicas se mantuvieron a lo largo de toda la primera mitad del siglo XIX e inicios del  XX y propiciaron un avance en la institucionalización de la Sociología.

Referencias bibliográficas

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