La modalidad de relación psicópata-complementario: Análisis e ilustración del tema | Tesina

Mariana Pesce
Licenciada en Psicología
.

Introducción

Cuando llegó el momento de elegir el objeto de estudio para mi tesina, lo primero que hice fue plantearme cuáles habían sido los temas que más me habían gustado durante la cursada de la carrera. Como el campo era bastante amplio, debí hacer una segunda elección, deteniéndome únicamente en aquellos temas que me habían conducido a considerar una especialización en el futuro, para poder dedicarme a los mismos desde el ámbito de la práctica clínica. Así fue que tuve el primer encuentro con mi director de tesis, y comenzamos hablar sobre las diferentes propuestas. Como resultado final de la conversación, pudimos observar que las posibilidades consideradas eran temas demasiado abarcativos, poco definidos para realizar el trabajo y muy estudiados en tesis previas.

Por lo tanto, decidí volver al punto de partida, pero esta vez tomando como base un nuevo planteo.

Se me ocurrió que quizá, en vez de escoger un tema que me hubiera considerado abordar desde la clínica, podría elegir una tópica que me hubiera interesado, mas desde otro lugar. Entonces, vino rápidamente a mi mente la palabra “psicopatía”. Tal vez porque nunca había alcanzado una plena concepción de lo que aquel término implicaba, tal vez porque me interesaba desde lo teórico pero no desde lo práctico y quería averiguar porqué.

Por lo tanto, ya había dado el primer paso. Ahora restaba recortar aún más el campo de estudio. Y, buscando información al respecto, me encontré con las investigaciones del Dr. Hugo Marietán, en las que proponía tres diferentes modalidades en las que puede relacionarse un psicópata. Una de ellas es la modalidad de relación psicópata-complementario, la cual me pareció una cuestión perfecta para indagar, fundamentalmente porque, en el conocimiento popular, la psicopatía se asocia, casi exclusivamente, con la delincuencia. Y esta hipótesis rompía por completo con tal concepción. Además, el ver algunas estadísticas sobre la presencia de tal diagnóstico en la población, realmente llamó mi atención, porque superaba en gran medida la proporción que había imaginado. Obviamente, llegué a la conclusión que, la psicopatía, es una variable que está más presente en la vida cotidiana de lo que generalmente se supone y es un tema que aún no ha sido tan estudiado como merecería.

Así, habiendo definido el asunto, consideré que lo mejor sería comenzar el trabajo con una descripción del modelo clínico de esta relación, investigando características personales de ambos integrantes de la pareja y la forma de vincularse, así como posibles tratamientos. Cabe destacar aquí que, al comenzar el proceso de investigación, me sorprendió el toparme con una notable escasez de bibliografía específica. Hasta el momento, pocos autores han tratado el tema elegido de forma profunda; razón por la cual las fuentes de información alrededor de las cuales giraré en torno para mi trabajo no serán numerosas.

Para la segunda sección del trabajo, debido a la dificultad para tener un contacto directo con tema, ya sea a través de historias clínicas o de entrevistas personales, no se me presentaron muchas dudas. Mi afición por el arte hizo que, rápidamente, comenzara a pensar en distintas obras que reflejaban el tema. Así, la aplicación práctica estará basada en el análisis de diversas obras artísticas, tanto literarias como cinematográficas.

De esta forma llegué a pensar mi tesina, la cual desarrollaré a continuación. Mi objetivo es profundizar mis conocimientos y, a través de este enfoque sobre la psicopatía, realizar algún pequeño aporte para todos aquellos que alcancen a leerlo.

Agradecimiento

Es importante señalar que, además de todo el material consultado y del apoyo y guía docente, conté con la posibilidad de reunirme con el Dr. Hugo Marietán. Durante la entrevista, así como durante comunicaciones posteriores vía e-mail, me permitió, a través de sus observaciones, definir el tema, tener un mayor conocimiento y profundización del mismo y aclarar dudas al respecto. Por ese motivo, quisiera agradecer su colaboración en el desarrollo de esta tesina.

I. PSICOPATÍA

I.I. Definición de psicopatía

Etimológicamente, el término “psicopatía” procede de los vocablos griegos “psique” (alma) y “pathos” (sufrimiento, dolencia). En sentido estricto, por lo tanto, abarcaría todas las enfermedades o trastornos mentales. Probablemente por tal motivo, este concepto ha sido reemplazado por la psiquiatría americana, que prefiere otras denominaciones, tales como “trastorno antisocial de la personalidad” (DSM-IV), trastorno disocial de la personalidad (ICD-10), caracteropatía, sociopatía, etc. Personalmente, prefiero el término “psicopatía”, considerándola como una entidad clínica diferente, con características propias, que no pueden encuadrase dentro de las neurosis ni las psicosis
.
“El psicópata es un sujeto con una personalidad con características y un estilo de vida muy particular: es una persona que no se adapta a las normas de la sociedad porque sigue sus propias reglas, es altamente narcisista y lo más importante es la satisfacción de sus propias necesidades, sin importarle el costo que eso tenga, para él ni para los demás.” (Glenda Crinigan, 2002) “Este tipo de personalidad se da en individuos que deben satisfacer necesidades especiales y para ello hacen un uso particular de su libertad, valiéndose de códigos propios y utilizando a las otras personas como cosas.” (Hugo Marietán, 1998, Personalidades Psicopáticas).

“La psicopatía es una manera de ser, no es circunstancial ni adquirida, no corresponde a una etapa en la evolución del individuo, ni a una fase ni a un aprendizaje. No se está psicópata, se es psicópata. Los rasgos de esta personalidad se manifiestan en la infancia, se acentúan en la adolescencia y se despliegan plenamente en la adultez y permanecen hasta que el individuo perece.” (Hugo Marietán, 2005). “Hablamos, entonces, de una manera de ser atípica, infrecuente y estridente, por su patrón conductual, que desentona, en ocasiones, con el patrón general de conducta de la comunidad.” (Hugo Marietán, 2000)

En conclusión, observamos que es muy difícil poder hallar una definición breve y completamente abarcativa del término. Creo que la mejor forma de tener una mayor comprensión de lo que implica la psicopatía, es a través del análisis de sus características descriptivas más comunes. Por tal motivo, en el siguiente punto me referiré a las mismas y luego, intentaré elaborar una definición propia.

I.II. Características del psicópata

Para este punto, tomaré como base los rasgos psicopáticos propuestos por el Dr. Marietán (1998, Descriptor de rasgos psicopáticos), quien los reúne en tres grupos, según el factor común de origen:

A. Los derivados de satisfacer necesidades distintas al común.
B. Los derivados de la cosificación de las personas.
C. Los actos psicopáticos graves.

A continuación me explayaré en cada uno de los puntos mencionados. Los rasgos del grupo A y B deben ser investigados a través de la biografía de la persona y evaluados con detenimiento por el profesional. Podemos presumir o hablar de psicopatía si encontramos rasgos correspondientes a los subgrupos A1, A2, A3, A4 y al grupo B. La presencia de un hecho del punto C señala al psicópata por sí mismo.

Para poder hacer un buen diagnóstico de psicopatía, no es conveniente tomar conductas aisladas como parámetro; sino que deben reunirse un conjunto de rasgos de los denominados psicopáticos. Estos deben ser persistentes, no ocasionales y deben pertenecer a la manera de ser de la persona. Es decir, ser egosintónicos. Además, es importante evaluar los actos por el cómo son realizados, por su calidad y por la repercusión de los mismos en el entorno.

Es fundamental señalar que el psicópata no tiene un tipo de conducta psicopática en el cien por ciento de su accionar; sino que se muestra psicopáticamente en determinado tipo de relaciones y situaciones.

Ya que el presente trabajo se centra en un determinado tipo de modalidad vincular, este tema, al describir muchas de las características y conductas típicas de la psicopatía, resultará de relevancia, al irnos permitiendo tener una idea acerca de la forma de relacionarse de uno de los integrantes de la pareja.

A. Satisfacción de necesidades distintas a las de los demás

“Los psicópatas son individuos que, por razones desconocidas, tienen necesidades especiales, distintas, que los motivan a conductas diferentes o atípicas para poder satisfacerlas. Y es esta necesidad especial, lo que impele al acto psicopático. Así, las diversas clases de necesidades especiales, van a generar los distintos tipos de psicopatía. La necesidad en sí no puede ser satisfecha de cualquier manera, hay un como, un modo que es casi tan importante como la necesidad misma. La acción debe tener una forma para configurar el acto psicopático, aquí cada psicópata tiene su estilo, su sello, su perfil.” (Hugo Marietán, 2005)

Todo el grupo de rasgos descriptos a continuación tienen como patrón común la satisfacción de necesidades distintas a las ordinarias..

A.1. Uso particular de la libertad

En ciertas ocasiones, los psicópatas se manejan de una forma diferente de la que lo haría la mayor parte de la población. Por eso es que da la impresión que las normas que resultan impedimentos o que funcionan con un rol inhibidor para el resto, para ellos simplemente son obstáculos a sortear. Ejemplo:

— Intolerancia a los impedimentos.

A.2. Creación de códigos propios

Para poder diseñar la satisfacción de esas necesidades especiales, aquel que las posea deberá tener una amplitud y libertad mentales que le permitan hacerlo y justificar sus actos. Para el psicópata, los códigos comunes solo acotan sus posibilidades de conseguir lo que quiere. Por eso se maneja por sus propios códigos, por su ley interior. De aquí surge su conducta para con la sociedad y para consigo. No desconoce las leyes generales; simplemente no les da importancia. En ocasiones sus leyes coinciden con la valoración general; y en otras ocasiones no. Pero para el no hay diferencia. Las acciones que realiza, por lo tanto, son, desde su punto de vista, totalmente ajustadas a su escala de valores, a su criterio, por eso es que, mientras se maneje dentro de ella, ninguna de las consecuencias de sus actos le generará culpa. Por ese motivo, si se les dice que hicieron algo mal o que hay cosas que no deben hacerse, un psicópata suele cuestionar quién dice lo qué está bien hecho o mal hecho y quién puede decir qué es normal y qué no. Ejemplos:

— Sorteo de las normas
— Falta de remordimientos y culpa para los hechos psicopáticos
— Intolerancia a las frustraciones-reacciones de descompensación
— Defensa aloplástica
— Autocastigo

A.3. Repetición de patrones conductuales

Como las necesidades son recurrentes, conducirán a una repetición de los mismos patrones, que son los que le permiten satisfacerlas. Simplificando lo dicho, si el psicópata realiza una acción mediante la cual llega al resultado esperado, buscará reproducirla una y otra vez en futuras acciones, de forma igual o casi igual, para volver a lograr lo que se ha propuesto. Ejemplos:

— Ritos y ceremonias
— Automatismos
— Secuencia repetitiva de los hechos psicopáticos
— Sello psicopático

A.4. Necesidad de estímulos intensos

El psicópata tiene una “carga” interna muy fuerte y constante, que solo puede ser compensarse si recibe estímulos intensos. Si no logran encontrar esa clase de estímulos, suelen volverse agresivos con su entorno. Ejemplos:

— Asunción de conductas riesgosas
— Tendencia al aburrimiento
— Escasos proyectos de vida a largo plazo
— Uso de drogas
— Búsqueda de emociones intensas
— Satisfacción sexual perversa

B. Cosificación de otras personas

Cosificar a una persona es quitarle el rango de igual, es quitarle los atributos que la valoran como tal y la convierten en semejante a uno.

La empatía solo se da si se tiene frente a sí a otra persona. Pero, si a esa otra persona se le quita la cualidad de ser tal y se la convierte en una cosa, entonces se la puede manejar, manipular y hacer lo que se quiera con ella. Incluso se lo puede destruir.

Por otra parte, si el otro es transformado en una cosa, se lo puede utilizar, como si fuera una herramienta para el propio beneficio, y, una vez que no sirve más, se lo descarta, abandona.

B.1. Egocentrismo

Para el psicópata, todo gira en torno suyo. Todo lo que hace o dice gira alrededor de sus propias necesidades. Trabaja siempre, para sí mismo. Cuando da es porque está manipulando o espera recuperar esa “inversión” en el futuro. La filantropía, auténtica, no existe en su ser. Ejemplo:

— Sobrevaloración

B.2. Falta de empatía

Poseen una habilidad especial para captar las necesidades del otro. Esto, sin embargo, no lo logran a través de la empatía, de ponerse en el lugar del otro; sino en su capacidad de observar “la cosa” y poder así detectar sus necesidades y obrar sobre ellas para manipular.

B.3. Manipulación

Sólo se puede manipular a alguien si primero se lo ha seducido, si se lo ha captado. Nadie puede manipular a alguien que no se deje manipular. Nadie puede hacerle hacer algo que el otro no quiera hacer. (Hugo Marietán, 1998, Personalidades psicopáticas). Aquí sería necesario hacer una diferenciación entre lo que alguien lógicamente quiere hacer y lo que irracionalmente desea hacer.

El verdadero psicópata, no es el que ejerce una violencia abierta en la persecución de sus metas inconscientes sino el que logra obtener el consentimiento del otro a través de un uso sutil de amenazas y promesas o expectativas. Ejemplos:

— Seducción
— Mentiras
— Actuación
— Fascinación en los demás

B.4. Coerción

En la manipulación hay un grado de libertad del manipulado que se somete a esto. Es distinto de la coerción, que es cuando se utiliza la fuerza o algún mecanismo de fuerza en un sentido físico o psicológico para que el otro se encamine hacia un objetivo. Aquí se usa el temor como impulso.

B.5. Parasitismo

Marietán utiliza este término para hacer una comparación entre la relación que se da entre psicópata-complementario y parásito-huésped, porque el psicópata utiliza al otro para conseguir sus fines, para poder continuar con su forma de subsistencia, pero sin quitarle la vida al otro, para que éste pueda seguir dándole lo que necesita.

B.6. Relaciones utilitarias

Las relaciones que establece son únicamente para conseguir algún objetivo. Y, una vez logrado el mismo, es capaz de desprenderse del otro sin ninguna consideración.

B.7. Insensibilidad

Permanece indiferente ante el dolor ajeno y no tiene casi ninguna o ninguna repercusión emocional frente al daño causado al otro. Esto no implica que, fuera de las acciones psicopáticas, no se muestre sensible a otras personas, mascotas u objetos. Ejemplos:

— Crueldad
— Tolerancia a situaciones de tensión

C. Acto pisocopático grave

Aquí el hecho es tan brutal y tan tremendo que ya no es necesario ningún tipo de sutileza para tipificar al psicópata.

C.1. Tormenta psicopática

Ejemplos:

— Homicidio brutal
— Masacre
— Violaciones en serie
— Otros actos asociales graves.

C.2. Perversiones sexuales

Integración de lo anteriormente expuesto

Resumiendo todo lo visto anteriormente, e intentando integrarlo para lograr una nueva definición, podríamos decir que la psicopatía es una manera de ser, es un tipo de personalidad que se da en un individuo cuyo comportamiento es distinto porque tiene necesidades distintas que satisfacer. Por eso el psicópata hace un uso particular de la libertad, crea códigos propios, repite patrones conductuales y tiene necesidades de estímulos intensos. Otra de sus características básicas es la cosificación, que implica quitarle al otro los atributos que lo valoran como persona, es decir, desjerarquizarlo para considerarlo un objeto y, poder, entonces, manipularlo. Finalmente, también hablamos de psicopatía a través del acto psicopático grave, ya que el individuo comete una acción de tal magnitud que ese solo hecho lo describe.

La mente de un psicópata tiene la posibilidad de ubicarse en dos planos, el plano de lo cotidiano, lo común, y el plano de lo psicopático. Es así que pueden desempeñar tareas y ejercer conductas que no resultan desfasadas de las conductas comunes a una comunidad. Eso le permite insertarse sin estridencias en cualquier ámbito del corte social y en el otro plano, con otras personas u otras circunstancias desarrollar sus actos psicopáticos. En resumen, el psicópata no tiene el ciento por ciento de acciones psicopáticas sino sería fácilmente detectable, señalado y marginado. Generalmente, una persona “común”, que no llega a una relación cercana o que sí llega a ella pero desconoce de la entidad clínica de la que hablamos, suele ver al psicópata como a alguien que está, en algunos aspectos de su conducta, desadaptado.

Como podemos observar, las características descriptas nos ayudarán a formarnos una idea de cómo se comportará el psicópata en sus vínculos y, por lo tanto, cómo lo hará cuando se relacione con un complementario. Por otra parte, el psicópata por sí mismo, en absoluta soledad, pasaría desapercibido como tal. Lo que nos permite reconocerlo y/o diagnosticarlo es, precisamente, su contacto con el entorno y las repercusiones del mismo.

I.III. Tipos de conducta del psicópata

El psicópata puede tener tres tipos de conductas:

1. Accionar normal

Es su parte adaptada al patrón conductual normal. No se le “nota” la psicopatía. Aquí, la conducta o comportamiento se aproxima o coincide con el patrón de comportamiento esperable para la mayor parte de la población.

2. Accionar psicopático

Es la manifestación de sus conductas psicopáticas. La ejerce sobre determinadas personas, complementarios o víctimas y en determinadas situaciones.

3. Tormenta psicopática

Es la conducta psicopática desestabilizada. La inestabilidad emocional y tensión interna son tan grandes, que el psicópata trata de equilibrarla a través del rito psicopático, de un grupo de conductas repetitivas (esto es el patrón conductual psicopático). En este punto, hay impulsos y automatismos, una intensa descarga de la tensión interna sobre lo externo. No puede parar sus acciones hasta lograr reestabilizarse. La forma que toma esta desestabilización dependerá del tipo y grado de psicopatía. Aquí es donde se producen los homicidios seriales o extremadamente crueles, las violaciones, destrucciones y también los suicidios. Es donde el psicópata de tipo asocial deja su sello, su marca personal.

I.IV. Comportamiento o rasgos psicopáticos

“Los comportamientos psicopáticos se caracterizan por ser erráticos, irracionales, absurdos e inexplicables. Suelen ser en general antisociales y algunos claramente criminales. Son inmorales, humillantes para una o más personas, vejatorios para la dignidad humana.” (Glenda Crinigan, 2002)

La misma autora realiza una diferenciación entre psicopatía y rasgos o comportamientos psicopáticos, ya que no siempre los comportamientos psicopáticos son obra de psicópatas. En muchas oportunidades nos encontramos con personas que no han desarrollado plenamente esta condición y han adoptado formas psicopáticas de relacionarse con los demás. O sea, personas no psicópatas que han aprendido normas psicopáticas que afectan una parte de su vida, mas no la totalidad de su personalidad. Simplemente se comportan, en determinadas ocasiones, de la manera que se espera se comporte un psicópata.

La diferencia es que, la mayor parte de las veces, individuos “normales” se comportan psicopáticamente para conseguir algo; en cambio, el psicópata se comporta psicopáticamente porque esa es la gratificación. Incluso las conductas criminales no son siempre obra de psicópatas. La diferenciación que acabamos de realizar es muy importante, principalmente para el profesional que tenga contacto, ya sea con un psicópata o un individuo con rasgos psicopáticos, porque de esto dependerá mucho el modo de abordaje en el tratamiento así como los posibles resultados, recordando que estamos hablando de diferentes tipos de personalidad.

En el caso de que la persona en tratamiento sea un complementario, o sea, alguien que se relaciona o relacionó con un individuo de estas características, la distinción también será de importancia. No es lo mismo que un paciente se vincule con alguien con cierto nivel de empatía, culpa y de posibilidades de cambio que carezca de ellas.

II. MODALIDADES DE RELACIÓN DE LA PSICOPATÍA

II. I. Tipos de relación del psicópata

Antes de adentrarme en el tema, es importante señalar primero que, al hablar de “psicopatía” o “psicópata”, estamos refiriéndonos ni más ni menos que a un ser humano. Por lo tanto, ninguna de sus acciones ni su conducta escapan a las posibilidades y límites del accionar humano. Así es que el hecho de los adjetivos calificativos que se les aplican a estas (aberrantes, estrafalarias, monstruosas, anormales) no radican en la acción en sí, sino en otros factores como: las circunstancias, la intensidad y el modo en que son llevadas a cabo.

Una vez establecidas las principales características de la psicopatía, ahora mencionaré los tipos de relación del psicópata, siguiendo la hipótesis propuesta por Marietán, que serán una base fundamenteal para desarrollar el tema de esta tesina.

El psicópata tiene, al menos, tres modos de relacionarse psicopáticamente con el otro:

1. Modo asociativo

Se da cuando un psicópata entra en relación con otro psicópata y este tipo de asociación surge cuando el proyecto que debe realizar lo supera como individuo. Es así que se unen dos o más personas con características similares, con el único fin de lograr un determinado objetivo. Como estamos hablando de personas altamente narcisistas, egocéntricas, la relación es tensa, y el equilibrio se mantiene únicamente mientras persista el objetivo. “En esta forma de relación se expresan intereses comunes. Ambos psicópatas se necesitan por poseer “talentos” distintos y necesarios para conseguir ciertos fines. Aquí se negocian las áreas de poder y el eje tensional pasa por el objetivo a cumplir. Es una relación objetivamente utilitaria por ambas partes y ambos conocen esta situación claramente. Cuando se concluye el proyecto se acaba la relación.” (Marietán, 2005)

2. Modo tangencial

Es decir, cuando el psicópata se encuentra con la víctima ocasional. La misma palabra, derivada de tangente, explica la idea principal de esta forma de relación. Son dos personas que tienen un encuentro puntual, ocasional. Generalmente se desarrollan acciones de tipo delictivas, tales como un robo, una violación, estafa, etc. Y, por lo tanto, suele haber cierta coerción. Es un encuentro inesperado y no previsto para el otro. Es, tal vez, el único caso en que podemos hablar de modo preciso de una relación de tipo víctima-victimario.

3. Modo complementario

Cuando el psicópata encuentra su complementario, o el complementario encuentra su psicópata. La relación es un ida y vuelta entre ambos integrantes; o sea, los dos participan activamente para mantener el vínculo.

Me detendré en este último punto en el capítulo próximo.

III. MODALIDAD DE RELACIÓN PSICÓPATA-COMPLEMENTARIO

III.I. El modo de relación psicópata-complementario: introducción al tema

Para comenzar, me detendré en el origen y la utilización del término “complementario” para este tema. El mismo fue escogido y aplicado originalmente por el Dr. Marietán para poder:

— Evitar la concepción típica de víctima-victimario que suele aplicarse a este tipo de relaciones. Conviene desplazar el término víctima ya que sus connotaciones habituales aluden a pasividad y destacan que si alguien llega a quedar ubicado en esa posición es más bien por razones contingentes. Aquí, en cambio destacamos la participación activa de la pareja del psicópata.

— Resaltar que se trata una relación entre dos personas con características diferentes, en la que ambos participan activamente y obtienen algún “beneficio” de la misma.

— Destacar la posición en la que el complementario se ubica y es ubicado dentro de la relación.

Según el Diccionario de la Lengua Española (2001), definimos “complementario” de la siguiente forma:

Complementario: Adj. Que sirve para completar o perfeccionar algo.

Esta definición es breve pero muy concreta. Creo que resume perfectamente la connotación que quiere darle al término el autor mencionado al aplicarlo a esta modalidad de relación.

De hecho, veremos que el complementario se presenta como alguien que llega para completar los huecos y saciar ciertas necesidades del psicópata y, a su vez, encuentra en el psicópata “el ser especial que le llena sus vacíos y trae a la superficie sus insatisfacciones más profundas, más ocultas, más oscuras, más instintivas.” (Marietán, 2005). Podríamos realizar una metáfora, comparando esta modalidad de relación con un juego de encastre, en el que la pieza grande se ve incompleta sin la pieza pequeña, se nota que allí falta algo; y la pieza completa, por su parte, pierde significado si se la contempla aislada. Por lo tanto, ambos se “necesitan” mutuamente para formar el paisaje total. De la misma forma, el y psicópata y el complementario encuentran en el otro su molde, un lugar en el que pueden desplegar actitudes que, de otra manera, no harían. En otras palabras, encastran perfectamente el uno en el otro. El complementario se convierte en algo accesorio, sin mucha importancia en sí, que solo está para perfeccionar otra cosa (o, para ser más exactos, para perfeccionar a otro), pero que por sí mismo no tendría mucho valor. Este es el rol en el que él mismo se ubica y es ubicado en la relación. Se transforma en una especie de “parásito”, que comienza a vivir a través de otro, que siente que el otro le permite existir o valer y que, como veremos más adelante, por su autoestima socavada, se siente irrelevante, y sin un sentido o valor más allá del que su psicópata le confiera.

El psicópata logra activar, “iluminar” ciertas zonas oscuras del complementario que, pueden deslumbrar a este último, dejándolo perplejo en un comienzo y, haciéndolo avergonzar más tarde por sus propias acciones o pensamientos. Pero todo esto no tiene nada de solidario, educativo o pensado para beneficiar al complementario. Todo lo que hace tiene como único objetivo lograr El psicópata trabaja para sí mismo.

Obviamente, en torno y como base de todo esto, se expresa un fuerte componente inconsciente.

Desde la empatía, obviamente, resulta incomprensible cómo una persona puede llegar a soportar tanto, cómo es que no se salió antes de ese sistema, cómo es que puede pasar algo así. Por eso observaremos como, ya sea desde el punto de vista profesional como desde el punto de vista personal, no podemos pensar o abordar este tipo de relaciones como cualquier otra, ya que requieren un entendimiento y abordaje especial, acorde a su particular funcionamiento.

* Observación

Antes de continuar, quisiera aclarar que, en el presente trabajo, me referiré en la mayoría de los casos al psicópata y al complementario en su acepción masculina, simplemente por una cuestión de practicidad. Sin embargo, esto nada tiene que ver con una restricción de los términos para algún sexo determinado. Todo lo contrario. Este tipo de relaciones pueden darse entre dos hombres, dos mujeres o entre un hombre y una mujer; ocupando cualquiera de los dos cualquier rol, según sus personalidades.

Asimismo, si en algún momento menciono el término “pareja”, no me referiré con el únicamente a una pareja en el sentido romántico de la misma; sino al conjunto de dos personas que están unidas por algún motivo. La unión puede ser de índole laboral (jefe/empleado, empleado/par), familiar (padres/hijos, hijos/padres, hermano/hermano, etc), de amistad o en el sentido ya mencionado de una relación romántica (novios, marido/mujer, etc.)

III.II. El contraste psicopatía-neurosis

La persona que logra permanecer junto a un psicópata, generalmente no es otro psicópata, como puede ser considerado a nivel popular. El que más posibilidad tiene de relacionarse de forma más “permanente”, es un neurótico. Estas relaciones, sin embargo, son metaestables. O sea, se mantienen, pero con explosiones y desequilibrios a lo largo de todo su desarrollo. Para justificar esta teoría, mencionaré algunas consideraciones psicoanalíticas que nos permiten llegar a hablar hoy de este contraste y “enganche” entre psicopatía y neurosis.

Freud definía las perversiones en su relación con las neurosis como el derecho y el revés, como si fueran dos caras opuestas de la misma moneda. Esta misma oposición podría aplicarse también a la relación entre las psicopatías y las neurosis, especialmente a la neurosis obsesiva. A continuación señalaré algunos aspectos en los que ambas se oponen de forma llamativa:

Sentimiento de culpa

En el neurótico hallamos un excesivo autorreproche, remordimiento, culpabilidad. En el psicópata, la ausencia de los mismos y la creación de códigos propios que, en relación con los códigos comunes y compartidos, hacen que la culpa quede siempre del lado del otro. Entonces, podríamos hablar de autoculpabilidad en el caso de las neurosis y de héteroculpabilidad en el de las psicopatías.

Si consideramos que la internalización de ciertas pautas sociales, entre ellas las éticas y morales, tienen su origen en la formación del superyó; tendríamos que pensar que, en ambos casos, habría un defecto en tal instancia. “La ausencia de culpabilidad en el psicópata constituye lo opuesto de la rígida conciencia moral del neurótico obsesivo, lo que Freud llamaba el severo y cruel superyó primitivo que acosa al neurótico con los autorreproches y los remordimientos ante sus transgresiones fantasmáticas, es decir, las que el neurótico cree que son transgresiones. El psicópata, por lo contrario, solo puede ser calificado como transgresor desde el punto de vista de un observador externo. Desde su propia posición subjetiva no es ni se siente transgresor. La ausencia de culpabilidad hace que para el estén disdibujados los contornos y las barreras entre lo prohibido y lo permitido en el lazo social.” (Mazzuca, 2006)

Goce y deseo

Esta es otra oposición, propuesta en esta ocasión por Jacques Lacan. “Para el neurótico es prevalente la dimensión del deseo en detrimento del goce de la satisfacción pulsional que, en las neurosis, queda sujeta más fuertemente a la eficacia de la represión y otras vicisitudes pulsionales. El goce neurótico, entonces, implica un alto grado de sufrimiento: la satisfacción pulsional termina produciéndose por vías indirectas y sobre todo a través de la satisfacción del síntoma como retorno de lo reprimido. En la perversión, por el contrario, es prevalente la vía del goce y el deseo mismo se convierte en voluntad de goce. La satisfacción pulsional se obtiene por vías más perentorias, la llamada impulsividad del psicópata.” (Mazzuca, 2006)

Demanda

Este rasgo hace del neurótico alguien especialmente apto para ubicarse como complementario del psicópata. “La modalidad neurótica conduce al sujeto a ubicarse en dependencia de la demanda del Otro. Al neurótico le gusta hacerse demandar y usa sus recursos para que el otro le pida, le ruegue, le sugiera, le ordene; todas diferentes formas de la demanda con las que espera sobre todo obtener el reconocimiento del Otro. El psicópata, por el contrario, él demanda, impone formas sutiles de exigencia, incita al otro a la acción.” (Mazzuca, 2006)

Modalidad del acto

Mientras el psicópata suele actuar de forma impulsiva, buscando satisfacer sus necesidades del momento, y su forma de hacerlo denota seguridad, labilidad y rapidez del psicópata; en el neurótico predominio del pensamiento, de la duda, de la indecisión y la vacilación. Generalmente gira en torno a una duda obsesiva que termina provocando una pobreza en la acción.

Angustia

“Es consustancial con la subjetividad neurótica en contraste con su casi ausencia o bajo nivel en el psicópata, quien solo se angustia en sus momentos de crisis, es decir, cuando fracasan sus mecanismos psicopáticos. Momentos breves, por lo general, transición hacia la recuperación de su equilibrio psicopático.” (Mazzuca, 2006)

El psicópata es muy activo y hábil para sumir a su complementario en la experiencia de la angustia. Aunque aquí es muy importante considerar el componente inconsciente, ya que el objetivo del psicópata es, en realidad, que su pareja acceda al goce, llevándola más allá de las barreras de la inhibición y la represión. Hablamos aquí del goce prohibido, del goce relacionado con la satisfacción de sus pulsiones reprimidas, y no al goce buscado y reconocido de forma consciente.

Relación de objeto

El psicópata trata al otro, justamente, como si fuera un objeto, ya que sino lo hace, no logra obtener su goce. Esto tiene su correlación por parte del complementario, quien, a través de una determinada inclinación masoquista, busca ser tratado como un objeto y se define a través de esta posición. Entonces podemos leer lo mismo desde dos puntos de vista diferentes: mientras el neurótico expresa su queja: “no me respetas como sujeto”, el psicópata responde: “te hago gozar”.

En resumen, este lazo que se establece entre psicópata y complementario, puede analizarse desde varios ejes. A mi entender, para hacer un diagnóstico vincular en estos casos, lo más importante es centrarnos y analizar la relación angustia-goce que se da entre ambos, ya que de ella se derivan muchas de los demás aspectos.

III.III. Otras categoría complementarias

Aunque el neurótico, por sus características, se presta muy bien para funcionar como complementario del psicópata, esto no implica que no existan otras categorías clínicas que puedan ocupar ese lugar. Algunas formas de psicosis, especialmente las que Lacan definió como enfermedades de la mentalidad, caracterizadas por una debilidad del sistema de identificaciones, se prestan favorablemente para esta complementariedad. Suele tratarse de psicosis no desencadenadas, no claramente reconocibles, que encuentran en el otro un apoyo para su identidad endeble a través de identificaciones imaginarias conformistas que le proporcionan una cierta orientación en la vida.

De cualquier forma, no podemos generalizar. Probablemente no todos los neuróticos se involucran en estas relaciones. Algunos disponen de sistemas defensivos que les impiden implicarse en este lazo. Es posible que haya aún más categorías clínicas cuyas características también les permitan ubicarse en el lugar de complementario del psicópata. Lamentablemente, no hay trabajos que describan de forma exhaustiva esta diversidad.

III.IV. Características del complementario

La exposición a continuación se basa en lo descriptivo, ya que es extracto de experiencias con tratamientos de complementarios que conviven, convivieron o se relacionaron con psicópatas. La misma está basada en la teoría escrita al respecto, en los relatos de casos descriptos por Marietán y en las conclusiones realizadas luego de la reunión con él, y de los puntos comunes descriptos en varias obras que ilustran el tema.

Cuando se forma un circuito psicopático persistente, es porque el mismo cubre alguna necesidad. De otra forma, la relación no continuaría. El tipo de necesidad que satisface el complementario con el psicópata, o el tipo de anclaje que hace que esa relación se mantenga, no tiene su base en la lógica, sino en lo irracional.

El disfrute secreto

Muchas veces, el complementario, a través de sus relatos, da la impresión de que se relaciona con el psicópata a través de la angustia. El anclaje, entonces, sería displacentero. Sin embargo, el disfrute no radica en el sufrimiento; sino que este último es un efecto secundario del verdadero disfrute.

La persona complementaria, tanto cuando asiste a consulta como cuando conversa con sus allegados, suele resaltar la queja, habla del sufrimiento que le provoca el otro. En otras palabras, muestra el precio del goce. Pero hay que recordar que hay allí algo más allá que lo hace tolerar todo lo que tolera, y es lo que está relacionado con el disfrute secreto. Generalmente este último suele ser desconocido (conscientemente) para el complementario, y a veces también para el psicópata. Allí se encuentra el punto que los une.

En ocasiones, por el discurso que tienen los complementarios, suelen relacionarlo con algún tipo de disfrute especial, con el sexo por ejemplo; pero eso no consigue justificar el tolerar las humillaciones, las descalificaciones, o el llegar a tal grado de deterioro físico y psicológico. Algunos logran captar que con el psicópata pueden desinhibir sus represiones o realizar lo prohibido.

Doblegación

El psicópata es impermeable a las modificaciones. Puede tolerar mucha presión, aguantar castigos, y aún así mantenerse en una posición. Esto no deja mucho espacio para que el otro también tenga una posición rígida, por lo que, cuando alguien debe cambiar, ceder, modificar algo, será siempre el complementario quien lo haga. “Así es que lo pone en la opción de: opciones entre las que este último debe elegir no son varias: “es esto o nada”; “tómalo o déjalo… si puedes”. El complementario termina luchando, no contra el psicópata, que es inmodificable, sino contra sí mismo, contra su conciencia del propio valor. Y se obliga a doblegarse. Este obligarse a hacer, en el que ve menoscabada su persona, es altamente doloroso. Pero es mayor el sufrimiento que provoca la no presencia del psicópata, esto hace que el complementario pague la factura y continúe con la relación.

La regla de oro que mantiene este vínculo es la formula: “con él estoy mal, pero sin él estoy peor”. Entre ‘mal’ y ‘peor’, está el disfrute.” (Marietán, 2000)

Códigos propios

Entre el psicópata y su complementario se establecen códigos propios, señas, gestos, que hacen que se modifique la conducta del otro. Así como observamos en cualquier pareja (ya sea amorosa, familiar, de amistad, laboral, etc.) que, con el tiempo se van creando ciertos códigos comunes, en este caso ocurre lo mismo. Se da un acostumbramiento a ciertas actitudes o reacciones que hacen que ya no sea necesaria, de ninguna de las dos partes, aclarar nada. Incluso, según mi consideración, podríamos hablar de una “predecibilidad dentro de la impredecibilidad”. Si bien el psicópata reacciona impulsivamente y a su antojo, esto no quiere decir que no hayan determinadas reacciones o conductas que puedan ser esperadas o anticipadas.

Autoestima socavada

“El complementario tiene la autoestima socavada. “Socavada” porque la erosión que hace el psicópata sobre el complementario no suele ser una acción grotesca y brutal, sino que, al contrario, puede ser muy por debajo y sutil. Va descalificando, desmereciendo, creándole inseguridades hasta que la autoestima del complementario termina así.” (Marietán, 2000)

El psicópata no vive haciendo planes para lograr que el complementario haga lo que el quiere, o pensando qué hacer para descalificarlo. El es como es y ese tipo de conducta le surge espontáneamente.

El autor nombrado hace una alusión interesante a que el vínculo es como un “juego de un premio y tres castigos”, en donde no se sabe cuando llega el premio y cuando el castigo, ni por qué. En mi opinión, este juego va modificándose a lo largo del tiempo, los castigos van aumentando mientras que los premios se van reduciendo. Con esto quiero decir que, si en un comienzo los momentos de placer y de sufrimiento son iguales, los premios y los castigos son parejos; a medida que la relación se va prolongando, los castigos cada vez son más y los premios menos, porque el psicópata sabe que la necesidad y dependencia del complementario son mayores.

Asimetría intolerable

Para poder comprender este punto, debemos señalar que, tanto el psicópata como el complementario tienen una visión distinta de la situación, al menos a nivel consciente. El psicópata ve al otro como una cosa de su pertenencia y que debe estar a su disposición cuando lo desee. No necesita ninguna lógica que fundamente esta postura, simplemente lo siente y cree así. Por su parte, el complementario se considera a sí mismo y a su pareja como personas, como dos sujetos que deberían relacionarse de igual a igual. Si bien puede llegar a reconocer que hay algunas conductas, pero no es capaz de evaluar y concluir que está frente a un psicópata. Por considerarlo un igual es que hace el razonamiento equivocado e intenta explicarse una y otra vez porqué el otro actúa de tal o cual forma. Y sufre pensando en un error o esperando una disculpa o que cambie la situación, lo cual es imposible. “No se puede comprender, empáticamente, la mente de un psicópata.” (Marietán, 2000)

Al comenzar el párrafo resalté que esta asimetría se da a nivel consciente porque, a nivel inconsciente, ya hemos explicado que el mismo complementario se ubica en la relación en una posición de objeto.

Somatización

Todo esto va generando un inmenso malestar en el mundo interno del complementario. Se vuelve agresivo y siente resentimiento para con el resto de las personas. Al no expresar adecuadamente su angustia, termina haciendo crisis en su cuerpo con situaciones somáticas bastante significativas. Se comienza a enfermar psíquica o físicamente. Entonces, podríamos afirmar que, incluso una persona que nunca antes se había manifestado agresiva para con los demás, puede comenzar a hacerlo. O a tener actitudes que antes desconocía. De alguna forma, es como si el psicópata fuera capaz de sacar lo peor de ella. Y, obviamente, el círculo se va haciendo cada vez más peligroso; ya que, además de correr riesgo la salud del complementario; este se va debilitando cada vez más hasta desmoronarse por completo.

Repetición conductual

Así como los psicópatas repiten sus acciones, lo mismo sucede en estos casos. Los complementarios suelen acostumbrarse a los maltratos, que pueden ser físicos o psicológicos. Generalmente son personas que ya pasaron por alguna situación similar en su vida, ya sea con su familia, en sus vínculos más tempranos, o en algún otro momento; y por ese motivo han elevado su umbral de tolerancia al dolor o sufrimiento emocional. Por esta razón pueden soportar una carga emocional inusual y su baja autoestima les hace suponer que son merecedores del maltrato. Incluso suelen repetir una y otra vez este tipo de relaciones. Ya existe en ellos un acostumbramiento, algo que los hace buscar, inconscientemente, el mismo tipo de personas.

Mas adelante hablaré de posibles tratamientos.

III.V. Relación complementariedad-codependencia

Investigando acerca del tema de la codependencia, descubrí que lo que se describen como síntomas nucleares de personas codependientes (este es un término moderno, utilizado en los Estados Unidos y que carece de valor diagnóstico) se correlacionaban directamente con algunos de los síntomas que presenta el complementario al concurrir a consulta.

“El concepto de codependencia comenzó a ser utilizado en los años setenta cuando se investigó el perfil psicológico de aquellas personas que tenían una relación directa e íntima con un alcohólico. Luego se fue profundizando en su comprensión, definiendo al codependiente como aquella persona que se dedica a cuidar, corregir y salvar a otro, involucrándose en sus situaciones de vida conflictivas, sufriendo y frustrándose ante sus repetidas recaídas, llegando a adquirir características y conductas tan erróneas como las de la otra persona.” (Cocores, 1987). Sin embargo, actualmente el concepto de codependencia tiende a ampliarse aún más, y comprenderse como un grave problema que deviene de estar obsesivamente involucrado en los problemas de “otras personas”. Estas personas con quienes el codependiente se relaciona de manera adictiva, pueden ser personas con dependencias adictivas, con enfermedades crónicas de carácter orgánico o trastornos crónicos de tipo psicológico-emocional.

“Los codependientes se caracterizan por estar tan preocupados y absortos en tratar de rescatar, proteger o curar a otro, que en el proceso encaminan sus propias vidas hacia el caos. La conducta codependiente se caracteriza por tener un efecto contraproducente lesionado tanto al “ayudador” como al ayudado.” (Washton y Boundy, 1991)

Integrando lo que menciona Pia Mellody en su libro “La Codependencia” (2005), junto con lo visto hasta el momento, los síntomas comunes a ambos criterios son los siguientes:

1. La dificultad para experimentar niveles apropiados de autoestima

Los codependientes tienen dificultades con la autoestima en uno o los dos extremos del rango en el que se explaya la autoestima. En un extremo, la autoestima es baja o inexistente: la persona piensa que vale menos que los otros. En el extremo opuesto, hay arrogancia y grandiosidad: piensa que es alguien especial y superior a los demás.

Como profundizaremos más adelante, el complementario que se presenta a consulta, concurre, generalmente, con una autoestima socavada.

2. Dificultad para establecer límites funcionales

“Los sistemas de límites son “vallas” invisibles y simbólicas que tienen tres propósitos: a) impedir que la gente penetre en nuestro espacio y abuse de nosotros; b) impedirnos a nosotros entrear en el espacio de otras personas y abusar de ellas, y c) proporcionarnos un modo de materializar nuestro sentido de “quiénes somos”. Las personas con límites inexistentes no advierten en absoluto que están siendo objeto de un abuso o que ellas mismas son abusivas. Les cuesta decir que no o protegerse. Permiten que los otros se aprovechen de ellas en términos físicos, sexuales, emocionales o intelectuales, sin un claro conocimiento de que tienen derecho a decir “basta, no quiero que me toquen” o bien “yo no soy responsable de tus sentimientos, pensamientos o conductas”. (Pia Mellody, 2005)

“Un codependiente sin límites no sólo carece de protección, sino que tampoco puede reconocer el derecho de otra persona a tener límites con él. Entonces traspasa los límites de las otras personas, sin advertir que está haciendo algo inadecuado. Tanto la víctima como el codependiente ofensor padecen el mismo problema, salvo que la víctima soporta el abuso, mientras que el ofensor lo realiza.” (Pia Mellody, 2005). En el caso de los complementarios, observamos, casi siempre, grandes dificultades para poner límites: límites para con el otro. El límite adecuado en el momento preciso es, quizá, lo que le permitiría a la persona separarse rápidamente de alguien que le hace daño. Sin embargo, el complementario no puede decir “no” y tomar distancia.

3. La dificultad para asumir la propia realidad

“Los codependientes manifiestan a menudo que no saben quiénes son. Esto está directamente relacionado con la dificultad para asumir y poder experimentar lo que yo llamo la propia “realidad”. Para experimentarnos a nosotros mismos, debemos poder tomar conciencia de nuestra realidad y reconocerla. Esta realidad tiene cuatro componentes: el cuerpo, el pensamiento, los sentimientos y la conducta.” (Pia Mellody)

Los complementarios presentan muchos problemas con la propia identidad y con la forma de compartir con los demás.

4. Dificultad para afrontar de un modo interdependiente las propias necesidades y deseos como adulto

Esto, obviamente, implica dificultades para el autocuidado. Generalmente, el complementario presenta un alto nivel de inmadurez emocional, se le complica el conectarse con sus propias necesidades y plantearse cuáles son sus verdaderos deseos; ya que, por la misma relación patológica que se establece, comienza a confundir sus cosas con las del otro.

5. Dificultad para experimentar la propia realidad con moderación

Es decir para ser apropiado con la edad y las diversas circunstancias.

IV. TRATAMIENTO

IV.I. Tratamiento del complementario

Respecto al rol del terapeuta, cuando el anclaje es fuerte no se puede hacer nada. Cuando se rompe el vínculo generalmente es porque el psicópata deja a su pareja, siendo ésta la posibilidad que tiene el complementario de salir del sistema. Trabajar aquí es muy difícil. La otra forma es cuando el hartazgo es muy fuerte en el complementario, o cuando ocurre algún acontecimiento extremo puntual. O sea, que el sufrimiento supera ampliamente a los beneficios que obtiene de su psicópata. Aquí es cuando el complementario pide ayuda. Aquí la tarea tampoco es fácil. La intervención del terapeuta en este caso, al ser un tipo de relación atípica, debe ser también atípica. No se puede tratar de manera estándar un vínculo que no lo es y hay que tener presente que, en cualquiera de los casos, es el complementario querrá siempre volver con su “pareja”, al menos hasta que logre hacer modificaciones que le permitan ubicarse desde otro lugar.

Si el complementario no pide ayuda, y aún cuando todas las personas de su entorno se percaten de la situación, muy poco puede hacerse.

Durante la terapia de estas personas, “lo primero que florece en el discurso es la queja. El complementario utiliza el escenario de la relación terapeuta-paciente para transmitir su queja. No son quejas comunes, sino sobre humillaciones, descalificaciones, incluso agresiones físicas. La forma de presentarla varía desde la justificación (“Yo lo provoqué”), la minimización (“Me golpeó, pero no es nada”), el detallismo (el detenerse cuidadosamente a describir cada acción), hasta la búsqueda de conmiseración (“¡Cómo me hace sufrir!, ¿verdad?”).” (Marietán, 2000)

Por eso, en todo momento habrá que detectar y señalar los rasgos de complicidad del sujeto y las satisfacciones inconscientes que obtenía en esa relación.

La regla básica cuando se quiere mantener la separación entre un psicópata y un complementario es el “contacto cero”, dado que el anclaje es irracional y apenas vuelven a ponerse en contacto, se reanuda el circuito psicopático.

El complementario suele buscar una y otra vez excusas para volver a encontrarse con el psicópata. Asegurará que ya está preparado para dar el paso o que sabe lo que debe decirle o cómo conducirse. Sin embargo, ni las palabras, ni las argumentaciones, sirven, ya que el psicópata es buen manejador de las palabras, un mentiroso, y suele ser muy convincente, sobre todo con alguien que desea fuertemente ser convencido, como es el complementario. Es probable que, ante el primer encuentro, el complementario quede inmovilizado y olvide todo lo que tenía planeado hacer, quedando nuevamente expuesto y accediendo a retomar la relación.

En las observaciones, hice especial hincapié en que no es necesario pensar en una relación amorosa. Redactaré un ejemplo, para ser más clara. Podría suceder que la relación sea entre un jefe y su empleada. Y, por algún motivo, se produjo la desvinculación laboral. Pero, obviamente, ambos extrañarán la modalidad de relación que se había entablado entre ellos.

El complementario, o, en este caso, la complementaria, podría argumentar que necesita continuar viendo a su jefe para ultimar temas laborales pendientes, o para cobrar el dinero adeudado. Pero la realidad es que el profesional debe ser bastante directivo en estos casos e insistir en que se evite cualquier contacto o que la mediación la realice otra persona porque, ante la primera comunicación directa, habrá altas probabilidades de que el psicópata intente convencer a su ex empleada de que retome el trabajo y de que ella acepte.

“Si el complementario trata de salir del circuito psicopático, como “la cosa” le pertenece al psicópata, éste la persigue psicopáticamente, produciendo un agobio y presión de tal naturaleza, que genera mucha angustia. Es probable que, a través de la manipulación y la insistencia, el psicópata logre confundir nuevamente al complementario, Es bueno recordarle al paciente aspectos o situaciones que el mismo trajo a terapia en ocasiones anteriores.” (Marietán, 2000)

Una vez que el complementario se desliga del psicópata, la experiencia muestra que no vuelve a ser la misma persona. Al separarse, la persona se encontrará en un proceso de duelo. En el momento adecuado, se tratará de que forme nuevos contactos. Pero éstos, si son normales, resultan aburridos, insulsos, poco estimulantes. Puede pasar mucho tiempo antes de conseguir una nueva pareja. Esto dificulta el distanciamiento con el psicópata, ya que las necesidades que lo llevaron a buscar ese tipo de personalidad aún siguen latentes, así como los recuerdos, que suelen ser idealizados y polarizados, al menos por un tiempo. A veces, logran armar otra pareja con armonía inicial que luego resulta ser otro psicópata. Por lo tanto, una persona que pasó por la experiencia de un psicópata nunca vuelve a ser como antes y sus gustos tampoco serán los mismos. Aquí volvemos al punto del rol. Como claramente dice Marietán en sus exposiciones: “¿Qué se puede esperar después de haber satisfecho necesidades profundas?” (Marietán, 2000)

Bases del tratamiento

Las siguientes son tan solo algunas pautas para el trabajo terapéutico con complementarios:

Asesorar a las personas periféricas al circuito y explicarles de qué se trata este tipo de relaciones

El que está fuera de la relación, el observador (ya sea familiar, amigo, allegado), a menos que esté muy interiorizado en el tema, analizará la misma como cualquier otra. Por este motivo, puede resultarle desesperante a los más cercanos ver semejante deterioro en el complementario y no poder hacer casi nada. Incluso, en algunos casos hasta llegan a considerar procedimientos no legales para separar a la “pareja”.

Entonces, será necesario que el profesional se tome el tiempo necesario para explicar claramente a los que rodean al complementario de qué se trata este vínculo, aunque deba hacerlo repetidas veces. Aquí será importante ayudarlos a entender que la persona está allí porque obtiene algo de la relación, que está por propia voluntad y no porque está influida, sugestionada, o amenazada por el psicópata. Si bien todo esto puede pasar, hay que tener siempre en cuenta que el anclaje está en lo irracional. Además, todo lo que se ve de afuera y todo lo que el complementario muestra a sus conocidos lo negativo, las quejas. Y solo ellos sienten, y no concientemente, el disfrute extraño que les produce el estar juntos.

Buscar apoyo y contención familiar o de allegados del complementario

Puede suceder que los familiares o personas más cercanas al complementario ya se encuentren agotados y tomen diferentes posturas: que se sientan impotentes, que se resignen, que se enojen o que decidan dejarlo sin apoyo. El profesional debe intentar evitar esto y lograr que el complementario sienta que siempre va a contar con apoyo cuando decida cortar con la relación.

Trabajo e intervención particulares

En cuanto a la postura del terapeuta, el asesoramiento, por la complejidad del tema, no será común ni sencillo. Hay algunos puntos que son fundamentales en el tratamiento del complementario:

— Conocer en profundidad el tema de la psicopatía (aunque nunca tenga contacto directo con la pareja del complementario): esto le permitirá analizar más en profundidad el anclaje irracional de su paciente así como ayudarle al mismo a comprender el tipo de relación en la que se encuentra inmerso.

— Tener una participación activa y una conducta directiva: a diferencia de otro tipo de personalidades o en el caso de determinadas patologías, el complementario, una vez que sale del circuito psicopático, quedará totalmente derrumbado. Con anterioridad ya hablábamos de una persona con baja autoestima, insegura, con problemas para poner límites y enfrentar situaciones; por lo que luego de la ruptura a esto se agrega que se sentirá aún más agotado, deprimido, temeroso, desorientado y avergonzado. Además, y por sobretodo, el paciente se encontrará muy vulnerable a cualquier acción del psicópata. Por eso el profesional tiene que ser firme en la premisa básica del “Contacto Cero” ya que, cualquier mínima comunicación o encuentro con el psicópata, puede reiniciar todo el círculo. Entonces deberá mantener el rumbo del asesoramiento y la recuperación, guiando a su paciente y no adelantándose demasiado.

— Considerar que la evolución puede tener avances y retrocesos: estar preparado para manejar su propia frustración como profesional y saber esperar. Cuando el complementario cometa errores, el profesional se los señalará, trabajará sobre los mismo y será firme en los límites, pero siempre demostrando apoyo y contención.

El primer tiempo, cabe aclarar, el complementario puede expresar repetidamente que, aunque comprenda lo perjudicial que resultaba la relación, todavía extraña a su “pareja”. El terapeuta debe conocer este tipo de reacciones de antemano y considerarlas como parte de la recuperación. Incluso pueden generarle irritabilidad, desconcierto y hasta hostilidad hacia su paciente, principalmente en las primeras experiencias. En ese caso, deberá siempre volver al tema principal, el anclaje irracional y al hecho de que lo que ocurre forma parte de un proceso de duelo.

— Crear una red de apoyo y protección: los familiares y amigos del complementario deben colaborar para evitar el contacto de este con el psicópata. Hay casos especiales, en los que existen hijos de por medio, intereses comerciales o de otra índole; por lo que siempre hay que evaluar las situación concreta del paciente, las posibilidades reales de independencia e intentar que cualquier intercambio material o de información se haga a través de terceros. Cualquier persona que colabore será de ayuda en el proceso de recuperación.

— Establecer el foco central del tratamiento: que consta en descubrir cuál es el anclaje irracional y trabajar sobre todo lo relacionado al mismo.

Discurso y sentimientos del complementario

Una vez que se da la separación, es común que el complementario exprese sentir un gran vacío, que se conoce como “vacío del psicópata”. Durante el tiempo que duró la relación, la mayor o toda la vida del complementario giró en torno a la de su pareja. Por eso es lógico esperar que, sin ella, sentirá que ya no tiene nada propio, se sentirá perplejo, perdido, confundido, no sabrá cuál es su rol ni cómo continuar. Y, este sentimiento de incompletud le provocará aún más sufrimiento, ya que, no solamente no encontrará un sentido importante para seguir adelante, sino que se dará cuenta que ya no tiene actividades propias. Es por eso que la acción del terapeuta debe ser firme, pero tolerante y contenedora. Y debe dejar que la persona se exprese, aunque repita las experiencias o sucesos ya contados. Puede suceder, también, que en su discurso, el complementario mencione intenciones de venganza, de hacer justicia y de que el otro le pague por lo que le hizo. Sin embargo, en el fondo, esto puede ser simplemente otra excusa para continuar en contacto y atraer la atracción del psicópata. Y, si lleva adelante alguna de acciones, todo continuará igual porque, el psicópata volverá a ser el centro de su atención. Por eso es importante que el profesional no apoye estos planes.

IV.II. Tratamiento del psicópata

En la actualidad, se hace muy dificultoso plantear una psicoterapia. En primer lugar, porque es muy poco frecuente que un psicópata acceda a la consulta y, segundo, porque aun cuando acceda, no se conoce todavía un procedimiento eficaz que haya sido utilizado suficiente número de veces y que sea medianamente exitoso. Esto se debe, en parte, a que cualquier tratamiento psicológico tiene una fuerte base en la comunicación que, como hemos visto, presenta importantes dificultades en este tipo de personalidades. Por otra parte, el paciente, para poder progresar, debe tener un mínimo de confianza básica en el analista y en el tratamiento, lo cual no sucede en estos casos. Estamos hablando de personas altamente narcisistas que, no tienen la capacidad de insight necesaria para reconocer que pueden estar haciendo algo perjudicial y, por lo tanto, verán innecesaria cualquier necesidad de ayuda. Además, tanto la empatía como los sentimientos de culpa son fundamentales para lograr cambios en cualquier psicoterapia y el psicópata carece de ambas.

En conclusión, al menos en estos tiempos, la propuesta que parece más prudente es concentrarse en la prevención, considerando como tema fundamental la etiología de este tipo de personalidades. Las campañas preventivas deben estar orientadas a dos puntos: por una parte, a los casos particulares; y, por otra, a promover campañas que apunten a la revalorización de la familia y a una reflexión profunda acerca de los valores que nos sostienen como personas y grupos.

V. ANÁLISIS E ILUSTRACIÓN DEL TEMA

A continuación, en la sección práctica, aplicaré lo investigado hasta el momento. La misma girará en torno al análisis de cuatro obras, dos literarias y dos cinematográficas:

La princesa que creía en los cuentos de hadas (2006), libro escrito por Marcia Grad.

Te doy mis ojos (2003), película realizada por Icíar Bollaín y escrita por Icíar Bollaín y Alicia Luna.

Las relaciones peligrosas (2003), libro escrito por Pierre Choderlos de Laclos.

Escándalo (2006), película realizada por Richard Eyre y escrita por Patrick Marber.

Me adentraré en cada una de las obras, centralizándome en la modalidad de relación psicópata-complementario. La elección de ejemplos fue realizada con un criterio de diversidad: busqué distintos elementos que fueran representativos de lo estudiado pero que, además, fueran accesibles al lector y que presentaran el tema desde distintos ámbitos, épocas y enfoques.

1. La princesa que creía en los cuentos de hadas (novela)

Sinopsis

La novela, escrita por Marcia Grad, es una metáfora centrada en el desarrollo de la vida de una princesa llamada Victoria.

Victoria es una niña que vive en el palacio real junto a sus padres, los Reyes del lugar. La relación entre ellos siempre ha sido tensa, fundamentalmente debido a la insistencia de Victoria sobre la existencia de una amiga llamada Vicky, a quienes sus padres consideran un personaje imaginario. En verdad Vicky no es más que una parte de Victoria. Es la parte que la incita a bailar, cantar, alborotarse y rebelarse contra lo que no le gusta. Es la parte que la hace sentirse libre.

Sin embargo, con el tiempo, y con las presiones y castigos de sus padres, Victoria va sintiendo como aumenta cada vez más la angustia en su interior y decide encerrar a “su amiga Vicky” en un armario.

Así es que, dejando de lado todas aquellas cosas que disfrutaba hacer, comienza dedicarse plenamente a sus verdaderos deberes reales: estudiar el “Código Real de Sentimientos y Conducta de Princesas”, practicar la sonrisa social que todos esperan de ella y soñar con el príncipe azul con el que toda princesa debe soñar.

Los años fueron transcurriendo y Victoria, finalmente, creció y se convirtió un la princesa perfecta. Un día, mientras asistía a la universidad del Reino, conoció a su esperado príncipe, un joven hermoso, sociable, gracioso y encantador con todos los que lo rodeaban. Simplemente, era el hombre perfecto. Ambos se enamoraron rápidamente y, una vez graduados, el príncipe le pidió matrimonio a la princesa por lo que, unos meses después, ambos estaban conviviendo en su propio palacio.

Al comienzo, la vida juntos resultó como un verdadero cuento de hadas: el príncipe se ocupaba de ella constantemente, le realizaba presentes, la cuidaba y ella también estaba loca por él.

Sin embargo, un día, algo extraño sucedió y el príncipe tuvo un ataque de ira repentino, desquitándose con Victoria sin justificativos. Luego le pidió perdón y todo parecía volver a la normalidad. Pero esto no sucedió y, aquel ataque de ira, aislado, volvió a repetirse una y otra vez, y en cada ocasión, de forma más seguida, más duradera y con mayor intensidad.

La princesa empezó a desesperarse, ya que nada parecía calmar y contentar a su marido. Cada cosa que ella decía, cada cosa que intentaba hacer, solo enfurecían más al príncipe, quien no dejaba de insultarla y culparla por su condición.

Cuando la situación parecía haberla superado, Victoria regresó a casa de sus padres en busca de ayuda. Pero estos solo se limitaron a responsabilizarla también por lo que sucedía. Ya desbordada de angustia, la princesa recurrió a un viejo conocido que le había ofrecido su ayuda anteriormente: un búho sabio, experto en cuestiones del corazón.

Este le dijo que solo el príncipe podía hacer algo por el mismo, y que debía elegir el ser feliz antes que el actuar convenientemente. Y recomendó a la princesa emprender un viaje hacia el Templo de la Verdad.
Victoria decidió hacer caso al búho y comenzó la travesía. En el camino hacia el templo, fue encontrándose con diferentes personajes y situaciones que le fueron dando lecciones respecto a ella misma y a la vida.

Finalmente, Victoria es capaz de ver la realidad sobre las cosas, sobre aquellos que la rodean y sobre sí misma y, precisamente en ese momento, comienza su oportunidad plena para ser feliz.

Análisis

Esta obra en particular se caracteriza por describir, casi de forma perfecta, como puede desarrollarse una relación de tipo psicópata-complementario, ya que va ilustrando, lentamente, todo el proceso de cambio que se va dando en ambos personajes, desde el conocimiento hasta la desintegración de la pareja. Las citas de páginas que haré durante el análisis pertenecen al libro de Marcia Grad (2006) y a las páginas de la edición incluida en la bibliografía, excepto aquellos casos que sea indicado de otra forma.

Con respecto al príncipe, observamos que el cumple todas las cualidades que generalmente poseen los “psicópatas” de los que nos ocupamos en este trabajo. Es un joven seductor, inteligente, hábil, fuerte, agradable, gracioso y muy sociable. De hecho, podría considerarse un “líder” (conservando una connotación acotada para este término) dentro de su reinado, ya que logra atrapar la atención y admiración de todos aquellos que lo rodean, ya sea por su encanto, ya sea por su forma de conducirse públicamente.

La princesa, por su parte, muestra una sensibilidad especial desde pequeña. La intensidad de sus sentimientos, la susceptibilidad ante sus padres, la aparición de Vicky; no hacen más que hablarnos de cierta vulnerabilidad en ella. Una vez que Victoria conoce a su deseado príncipe, encontramos en el libro algunas frases que denotan esta vulnerabilidad:

“Cuando estaba a su lado, la princesa se sentía hermosa, especial, segura de sí misma y protegida.” (pág. 35)

Aquí se da a entender que, cuando el príncipe no estaba con Victoria, ella se sentía contrariamente a lo que dicen esas palabras: fea, común, insegura, desprotegida. Es muy habitual, en este tipo de relaciones, debido a la baja autoestima de uno de los miembros, que se complementa con la manipulación del otro, quien le va haciendo creer que, sin su presencia, no puede ser nadie.

“El príncipe era su luz, su razón de ser” (pág. 38).

Esta frase refleja algo similar a la anterior. La princesa, para lograr sentirse bien y completa, necesitaba estar con su príncipe y, tanto su seguridad como su autoestima dependían en gran medida de aquel hombre. El hecho de que el príncipe fuera su razón de ser, expresa perfectamente la idea de “complementario” ya que, si alguien es el motivo por el cual vive otra persona, si en algún momento esa persona no está más, el complementario se sentirá vacío y sin razones para continuar existiendo (ver definición de complementario)

Las damas de diferentes lugares solían hacerle comentarios respecto a su suerte de tener a aquel caballero a su lado. Con estas frases, probablemente, la inseguridad de Victoria se acentuaba, marcando cada vez más la diferencia entre su propia valoración y la valoración que ella tenía de su esposo. Y también demuestra que, esta misma valoración era lo que ambos transmitían a los demás.

En el capítulo V, observamos claramente el primer indicio de una actitud diferente en el príncipe. Cuando la joven le comenta su deseo de actuar en el Gran Teatro Real, el esposo le asegura que sería muy buena en ello y luego, súbitamente, comienza a desincentivarla y a persuadirla para que abandone su idea. Aduce a que si ella continúa actuando, terminará dejándolo a él de lado y le propone tener un hijo en cambio. Así vemos que comienza la manipulación, ya que logra debe elegir entre su vocación o su esposo. Ella, por su parte, para tomar esta decisión, se refugia en el temor a perderlo si no hace lo que el le pide.

En realidad, es posible que ya hubieran habido otras señales previas durante el noviazgo; pero como Victoria había estado siempre tan compenetrada en su utópico cuento de hadas, puede que haya obviado aquellas partes que no le agradaban.

En este tipo de relaciones, es muy común que, a pesar de todas las situaciones o hechos vividos, el complementario siga mostrando admiración por el psicópata. Esto sería comprensible únicamente desde la lógica que explicamos anteriormente, considerando que el complementario ve a su pareja como la que le permite “ser alguien”, “sentirse pleno” o “tener valor”.

“La princesa lo amaba en cuerpo y alma, y se esforzaba en demostrárselo, pero el príncipe decía que no era suficiente y la acusaba de no amarle tanto como él a ella.” (pág. 46)

El príncipe empieza a reclamarle cada vez más cosas a la princesa y nada de lo que ella hace o dice parece suficiente para él.

Un día, el príncipe llega con un colega a su palacio y ambos encuentran a Victoria, en la cocina, bailando y cantando mientras preparaba la cena. Al ver esto, el príncipe la reprimió, avergonzándola y humillándola por tal actitud. Obviamente, la escena es bastante similar a las que, anteriormente, había compartido Victoria con sus padres.

En otra oportunidad, el príncipe incentiva a su esposa para que escriba un libro con recetas de cocina. Y, una vez que comienza a hacerlo, le recrimina que le dedique más atención al libro que a él. De esta forma, logra confundir a Victoria y, tras haberle pedido que dejara de actuar y de escribir, consigue que Victoria tenga cada vez menos actividades propias y que tenga que centrar su vida únicamente en él.

Cada vez que ocurría uno de estas escenas, el príncipe se acercaba, luego, “arrepentido”, pidiéndole disculpas y prometiéndole que no volvería a suceder lo mismo. Sin embargo, la historia se repetía una y otra vez. Como señalamos en el presente trabajo dentro de las características del psicópata, al hablar de una persona con escasa o nula capacidad de sentir empatía y culpa; hablaremos, por lo tanto, de una persona que no se arrepiente de sus acciones, aunque estas dañen a los demás ni tendrá verdaderas intenciones de modificar su conducta. El pedir perdón, entonces, forma parte de su actuación, de hacer lo que debe hacer para poder continuar ejerciendo su poder sobre el complementario y evitar la disolución del vínculo.

Un día, mientras el príncipe intenta explicar lo que le sucede cuando tiene esos ataques de furia, menciona lo siguiente:

“…Es como si algo se apoderara de mí, pero no puedo explicarlo.” (pág. 50)

“…Es una fuerza que me domina…” (pág. 50)

Tal vez esta sea la explicación más clara de lo que le sucede al príncipe. Si bien el lo interpreta como una fuerza exterior que irrumpe en él y lo controla, lo más importante es rescatar la idea de algo que lo domina. Esto nos indica que, en esos momentos, el príncipe no puede controlar lo que hace o dice. Y esto es, justamente, porque esta forma de reaccionar, forma parte de él mismo. Es una manera de ser, su manera de ser. Luego de dar esta explicación, el príncipe agrega:

“…Alguien me ha hechizado con un espíritu maligno” (pág. 51)

Esta frase es un claro ejemplo de la defensa aloplástica. El príncipe busca explicaciones externas para lo que hace. Y, para no hacerse cargo de sus propias conductas, coloca la responsabilidad en un hechizo. De esta forma, queda eximido de cualquier sentimiento de culpa ya que, todo lo que haga o diga en esos estados, tendría que ver con los poderes del embrujo.

Luego buscará responsabilizar también a la princesa del hechizo, lo cual es otra forma de desligarse de la responsabilidad.

“…lo que más le molestaba eran esas reuniones sociales a las que asistían, en las que la gente prestaba mucha más atención a la princesa y apenas le dedicaban unos pocos minutos para poder contar sus chistes o representar su famosa ‘Infancia en el palacio’.” (pág. 53)

Acostumbrado a ser el centro de atención en todas las reuniones, el príncipe no soporta no estar en este lugar. Como mencionamos en la parte teórica, la psicopatía se asocia al tema del narcisismo y, por lo tanto, la necesidad de ser admirado, observado, escuchado, etc.

“Al principio, el hechizo se apoderaba del príncipe sólo una vez, permanecía en él durante un rato y duraba unos pocos minutos. Pero, conforme pasaba el tiempo, se manifestaba con más frecuencia y duraba horas o días enteros. Cuando el Señor Escondido desaparecía, la princesa tenía la sensación de haber sido arrollada por un caballo desbocado, con lo cual cada vez le costaba mucho más recuperarse.” (pág. 54)

Lo que primero parecían ser comportamientos aislados, ahora se van transformando en parte de la vida que los dos comparten. La relación psicópata-complementario se va estableciendo cada vez de forma más firme. De hecho, la última frase lo denota claramente. El que Victoria se sintiera como un caballo desbocado y que le costara tanto recuperarse demuestra que el poder del príncipe sobre ella es muy importante.

“…Todo lo que el Dr. Risitas tenía de tolerante, amable y encantador lo tenía el Señor Agresivo de crítico, agresivo y odioso. Disfrutaba haciéndole daño y lo hacía muy bien. Sabía todo lo que la princesa le había contado al príncipe en la intimidad, sus pensamientos más secretos, sus miedos y sus sueños, y era un maestro utilizándolos en contra suya para herirla.” (pág. 54)

Como ya mencionamos en la parte teórica, una de las cualidades peculiares del psicópata es su gran capacidad para captar las necesidades del otro. El príncipe, conociendo la sensibilidad de Victoria así como el hecho de que ella necesitaba de su apoyo para poder realizar determinadas o para tomar ciertas decisiones, se aprovecha de la situación para manipularla a su antojo. Un claro ejemplo es cuando la incentivaba a hacer algo y luego le insistía para que no lo hiciera más, creando en la princesa y un estado de confusión y angustia muy grandes.

Por otra parte, la princesa le había confiado muchos secretos, sobre todo aquellos relacionados con sus sentimientos de inseguridad e inferioridad. Y el príncipe, sabiendo que aquellos secretos eran dolorosos para la princesa, los utilizaba para manipularla y herirla. (“Con lo frágil y debilucha que eres, que hasta tienes miedo de tu propia sombra”, pág. 56. “Eres demasiado sensible, Victoria! ¡demasiado delicada! ¡no eres capaz ni tan siquiera de engendrar un hijo!”, pág. 61)

“…la princesa…intentaba por todos los medios encontrar la forma de liberarlo.” (pág. 55)

“…si era necesario, sería valiente y fuerte por los dos; tenía que serlo.” (pág. 56)

La princesa, que no comprendía que lo que ella hiciera no podía cambiar al príncipe, continuaba pensando que sus palabras o acciones podrían ayudarlo y curarlo. O, lo que es peor, creía que sobre ella recaía todo el poder de liberarlo. Aquí vemos claramente, tal como se expresa más arriba en esta misma tesina, que podemos establecer una correlación entre complementariedad y codependencia. Victoria cree que es su plena responsabilidad “rescatar” o “salvar” a su esposo y, por estar tan inmersa en la situación conflictiva, termina dejando de lado su propia vida.

Cuando Victoria le sugiere al príncipe que busque consejo de un profesional, este le responde que no le interesa tratar su problema con ningún extraño y que nadie así podría ayudarlo. Esto tiene que ver con sus sentimientos de omnipotencia y con su rechazo de buscar cualquier ayuda externa. El buscar ayuda, además, implicaría reconocer el problema y, para alguien con sus características, poner al descubierto lo que le sucede es algo impensable.

“Le resultaba muy difícil poder llegar al final de cada día…La princesa ya no estaba segura de lo que veía, oía, pensaba o sentía y, así mismo, se iba consumiendo por las preocupaciones, el miedo, los nervios, el estómago, la opresión del pecho, los dolores de cabeza, los gritos, las conmovedoras conversaciones con el Dr. Risitas, los espeluznantes encuentros con el Señor Escondido y los constantes esfuerzos para tranquilizar a Vicky.” (pág. 57)

De esta manera, observamos como Victoria se va desgastando, no solo psicológica, sino también físicamente. El complementario suele presentarse a consulta con una apariencia consumida, desganada y en mal estado físico. Sin embargo, si se hacen los estudios médicos correspondientes, lo más probable es que no se halle ninguna enfermedad fisiológica. La apariencia tiene que ver, fundamentalmente, con el desgaste de energía que provoca la relación.

“…Poco tiempo después desistió, pues ya se había olvidado de lo que era estar tranquila.” (pág. 58)

Esta última frase es clave, ya que, el complementario, luego de mantener una larga relación con un psicópata, tiende a olvidar los parámetros relacionados con salud y bienestar. Esto quiere decir, se acostumbra a vivir de determinada manera, y olvida que puede hacerlo de otra forma mejor.

“Tendremos que ser buenas, más aún, perfectas… De lo contrario, el príncipe nos dejará.” (pág. 63)

“Vicky comenzó a sentirse más triste cada día, haciendo que Victoria se sintiera de igual forma” (pág. 65)

“Soy como soy, murmuró un día Vicky, … y no soy lo bastante buena.” (pág. 65)

Las dos frases anteriores nos muestran como Victoria sitúa todos los problemas de la relación únicamente en ella. Intenta pensar en sus defectos, en sus equivocaciones pero jamás se permite pensar en que el otro también puede equivocarse o ser imperfecto. De hecho, este es un error típico en el complementario. El creer que cambiando, que siendo perfecto, lo cual es imposible para cualquiera, puede hacer que el psicópata se sienta bien y que no lo deje. Esto, obviamente, está vinculado con dos aspectos: la incomprensión del tema, ya que el las reacciones del psicópata nada tienen que ver con los cambios que se puedan producir en su pareja; y la baja autoestima de Victoria. Recordemos que haga lo que haga el complementario, el psicópata siempre encontrará algo nuevo para señalarle y ocasionarle angustia.

Más adelante en el libro, Victoria cobra fuerzas para ir a buscar ayuda a casa de sus padres. Cuando ella les cuenta lo que está sucediendo, ellos le cuestionan:

“… ¿por qué no hemos presenciado nunca ninguna demostración de su excéntrico comportamiento, Victoria?” (pág. 71)

“… ¿te has parado a pensar que tal vez el príncipe tenga razón al afirmar que, en parte, seas la causante del hechizo? … debes de haber hecho algo.” (pág. 71)

Los padres, de esta forma, ponen en duda las afirmaciones de su hija. Y, no solo eso, sino que también la responsabilizan de lo que le pasa al príncipe. En realidad, esto no hace más que confirmarnos que Victoria está repitiendo un patrón de relación. Así como se sentía con sus padres, vuelve a sentirse en la actualidad con su esposo.

“… para que cambien las cosas, debes cambiar tu primero.” (pág. 83)

“… Las palabras pueden hacer tanto daño como los puños. Debes mantenerte alejada de las discusiones acaloradas y de los silencios cortantes.” (pág. 87)

“Su mente, por desgracia, estaba saturada, pero el resto de su cuerpo estaba vacío. De hecho, en su vida y en ella misma había un gran vacío y nada parecía poder llenarlo.” (pág. 88)

“Y, poco a poco, la princesa se fue ocupando más de sí misma. Pero cuanto más se dedicaba a ello e impedía que las injurias del príncipe la afectaran, más lograba hacerle enfadar.” (pág. 92)

“Es mejor ceder que rendirse… Uno se rinde ante la desesperación y cede ante la aceptación… La aceptación de las cosas que no se pueden cambiar.” (pág. 98)

En un determinado momento de la historia, cuando Victoria comienza a hacer un listado con todas las características del príncipe que justificarían que ella lo dejara y se marchase, Vicky la interrumpe diciéndole:

“¿Cómo sabes que nos irá mejor con cualquier otro príncipe? Podemos pasarnos toda la vida sin encontrar uno que nos ame, nos quedaremos sola para siempre.” (pág. 100)

Aquí, nuevamente, se pone de manifiesto la baja autoestima de Victoria, su inseguridad, su temor a estar sola. Si bien esta puede ser una característica común a varias personas, en ella se presenta de forma acentuada ya que este temor a quedarse sola la conduce a continuar en una relación que le hace daño.

Finalmente, me pareció interesante citar esta parte del texto, ya que creo resume muy claramente lo que implica este tipo de relaciones para el complementario. Cuando la princesa toma la decisión de dejarlo, Vicky le dice:

“Me moriría sin él.” , a lo que Victoria le responde: “No, Vicky, te morirías con él. Y yo también.” (pág. 103)

2. Te doy mis ojos (película)

Dirección: Icíar Bollaín, País: España, Año: 2003, Duración: 106 min, Intérpretes: Laia Marull (Pilar), Luis Tosar (Antonio), Candela Peña (Ana), Rosa María Sardà (Aurora), Kity Manver (Rosa), Sergi Calleja (Terapeuta), Dave Mooney (John), Nicolás Fernández Luna (Juan), Elisabet Gelabert (Lola), Chus Gutiérrez (Raquel), Elena Irureta (Carmen), Guión: Icíar Bollaín y Alicia Luna.

Sinopsis

Una noche de invierno en Toledo, tras nueve años de matrimonio, Pilar decide huir de su casa, llevando consigo a su pequeño hijo. Cansada de los maltratos físicos y psicológicos de su marido, busca refugio en la casa de su hermana, una restauradora de arte que la contendrá y la ayudará a encontrar trabajo.

A partir de esta nueva etapa, Pilar va a intentar rehacer su vida. Comienza a tener su propio dinero, se empieza a relacionar con otras mujeres, descubre actividades que le gustan.

Sin embargo, Antonio, su marido, no se quedará conforme con la situación y buscará recuperar a su familia. Le promete a Pilar que cambiará y busca ayuda en un psicólogo.

La mujer, tras un período de dudas, acepta volver a la casa de ambos. Sin embargo, con el correr de los días, se da cuenta de que su marido no ha cambiado y que la vida juntos ahora es aún peor y que su marido sigue tan o más agresivo que antes.

La historia, a partir de ese momento se va a centrar en los malos tratos, en el debate psicológico y en la lucha interna de Pilar por cortar esta relación enferma.

Análisis

Para comenzar el análisis, partiré desde lo primero a través de lo cual nos relacionamos con una película: su título. En este caso en particular, el título es completamente descriptivo del tema que se desarrollará en la cinta. El “te doy mis ojos” resume perfectamente la actitud de Pilar hacia su marido y es, por lo tanto, una expresión que bien podría reflejar el significado de “complementario”. Darle los ojos propios a otra persona, implicaría darle una parte muy importante de sí. Y, justamente, el complementario suele entregar y ceder todo lo que considera importante, considerándolo como un sacrificio a favor del otro, cuando en realidad esto tendría que ver más con una cierta despersonalización, con una autodesvalorización y una pérdida de la identidad, en la que la persona es capaz de hacer cualquier cosa por el otro, perdiendo conciencia de lo que ella misma necesita o quiere. Los ojos, por otra parte, son los que permiten ver, los que hacen posible el primer contacto con lo que nos rodea. Y entregarlos comprendería quedarse ciego. Esto también le ocurre en cierto modo al complementario, ya que, cuando establece una relación con un psicópata, suele perder noción de algunos aspectos de la realidad, de su entorno y se “enceguece”, sumiéndose únicamente en ese vínculo.

La historia relatada comienza de un modo especial, ya que vemos a Pilar huyendo de su casa. Esto quiere decir que comienza cuando el círculo patológico empieza a debilitarse. Sin embargo, el corte todavía no es definitivo, porque Pilar se encuentra aún muy frágil y, ante los primeros intentos de su marido para que regrese con él, ella terminará accediendo. La huída en medio de la noche, y el miedo de Pilar de volver a su casa para buscar sus pertenencias, ya nos dan los primeros indicios de que la pareja es “extraña” y que la separación, por ende, será “extraña” también.

Los protagonistas han estado casados por nueve años, por lo que la modalidad de relación psicópata-complementario está muy establecida entre ambos, así como los códigos de convivencia y ciertas actitudes que, para otras parejas, podrían considerarse anormales o insalubres.

A diferencia de las demás obras, aquí la violencia se manifiesta no solo de forma psicológica, sino también de forma física. Durante la tesina, no hicimos hincapié en este tema, ya que la violencia física puede estar o no presente en este tipo de relaciones. Como manifestamos antes, lo que más resalta en el psicópata generalmente es su capacidad de manipular (ver “Características del psicópata”). En este caso, no solo hay manipulación, sino también coerción.

Como sucede generalmente en este tipo de relaciones, Pilar necesitará alguien que cumpla un papel de sostén y apoyo así como de fortaleza para poder mantener su decisión. En este caso, ella se refugia en la casa de su hermana, Ana, y será justamente esta última quien la haga hablar y contar la verdad sobre los maltratos sufridos. Esto nos demuestra que es fundamental el soporte externo para poder romper con este tipo de relaciones, ya que, generalmente, la complementaria se encuentra debilitada y acostumbrada a ocultar la condición de su pareja. Además, la baja autoestima y los miedos e inseguridades harán que todo el tiempo haya dudas y arrepentimiento respecto a lo hecho. Por su parte, el mecanismo de ocultamiento y protección del otro puede continuar por mucho tiempo después del alejamiento. Si bien en la película no se muestra a Pilar asistiendo ni buscando alguna ayuda profesional, esta parte describe lo que analizamos como parte del proceso de separación durante el tratamiento del complementario (ver “Tratamiento del complementario”)

Por otra parte, vemos como Pilar está tan desgastada, avergonzada y tan atemorizada, que no sabe cómo enfrentar el mundo que la rodea. Cuando asiste a una entrevista de trabajo es Ana, quien debe responder a todas las preguntas por ella. Es la primera vez, después de muchos años, que Pilar va a reinsertarse laboralmente. Había dejado de trabajar para dedicarse a su familia y su marido, Antonio, nunca quiso ni quiere que vuelva a hacerlo. El trabajo, para cualquier persona, además de un medio económico, representa una forma de independencia. Y, algo que detesta un psicópata, es pensar que la persona a la que el controla puede llegar a ser autónoma, independiente, libre. A través del trabajo, Antonio cree que Pilar podrá liberarse de el e irse o encontrar otro hombre que le de lo que el no le da, etc. Por lo tanto, el ve la actividad de su mujer como una amenaza; poniendo así en evidencia su propia inseguridad. Esto, en el psicópata hace que actúe de manera contraria a lo que podría actuar otra persona. Así es que intenta controlarla, ridiculizándola, humillándola, criticándola.

Lo mismo sucede con sus amistades. Por lo que se relata, Pilar no tiene amigas ni personas con las que se relaciona asiduamente. De hecho, para el psicópata, cualquier vínculo del complementario implica siempre algo negativo, una amenaza. Porque, como ya hemos mencionado, lo que más lo atemoriza es el ser descubierto en su condición de psicópata (no porque sea consciente del tal término) y, por lo tanto, evitará a cualquier precio que su pareja pueda obtener opiniones o reflexiones externas o que, simplemente, cuente sus “secretos” y el sea descubierto.

En reiteradas ocasiones vemos como Antonio se acerca a su esposa, luego de algún episodio de violencia, le ofrece algún regalo y le promete que cambiará y que no volverá a suceder lo mismo. Y, obviamente, vuelve a ocurrir lo mismo una y otra vez. Esto se debe a que, como ya explicamos, el psicópata pide perdón o hace promesas, no porque tenga verdadera intención de cumplir, sino porque sabe perfectamente que es lo que le conviene y qué debe hacer para lograr sus objetivos: en este caso, continuar su relación con su esposa.

Después de un gran esfuerzo por mantenerse alejada de Antonio, Pilar termina cediendo y volviendo con él. Una razón podría ser la dependencia económica. Sin embargo, la mujer decide regresar una vez que ya tiene un lugar donde alojarse y su propio ingreso. En realidad, vemos que hay razones mucho más profundas, en parte inconscientes, para que Pilar continúe al lado de su marido. Obviamente, ella manifiesta esperar que Antonio cambie, que vuelva a ser como en al comienzo de la pareja. Y lo apoya en su terapia. Pero es acá donde debemos dudar de hasta qué punto Pilar realmente cree que su marido puede cambiar y hasta qué punto se están activando en ella todos los componentes inconscientes que la hacen “gozar” de una relación de maltratos y sometimientos y que la hacen volver a buscarla.

Hay una escena clave en la película, que es cuando el esposo se enoja por una situación, desviste a Pilar de forma muy agresiva y la empuja hasta el balcón, dejándola encerrada allí, para que todos los vecinos la observen. Este cuadro es muy representativo ya que es expresa gráficamente el sentimiento del complementario al estar inmerso en este tipo de relaciones. Pilar queda totalmente expuesta, desnuda, sin defensas; ante su marido y ante los demás. Siente vergüenza y dolor porque sabe que ella misma ha dejado que las cosas llegaran tan lejos. Creo que esta, tal vez, es la escena que mejor resume como se da el goce, en la pareja psicópata-complementario. Antonio, explayando en este momento toda su psicopatía, desnuda a Pilar, la maltrata, la insulta, la humilla y la expone ante los vecinos, demostrando el control y el poder sobre ella.

En cuanto a Antonio, la violencia no la manifiesta únicamente con su esposa. No sabemos cómo era antes con su hijo, pero, ahora que está separado de Pilar, traslada cierta agresión hacia el pequeño. Lo vemos jugando al fútbol con él. Antonio comienza a hacerle preguntas sobre su madre. Como el niño se queda callado o no responde lo que el espera escuchar, empieza a ponerse cada vez más agresivo, tanto física como psicológicamente. No sería extraño que, luego de un tiempo, Antonio comience a golpear a su hijo también. La psicopatía se expresa en determinado tipo de situaciones y con determinadas personas. El pequeño, por su corta edad, su sensibilidad y por la cercanía que tiene con Antonio, sería una persona “apropiada” para convertirse en otro complementario.

Un momento de quiebre en la situación patológica sería cuando Pilar se presenta en la comisaría para denunciar a Antonio. Aparece aquí la Ley, que representa, precisamente, los límites que ella no se había animado a poner anteriormente y los límites que Antonio odia.

Como hemos mencionado antes, uno de las grandes dificultades para el complementario es establecer límites de forma apropiada y cuando son necesarios (ver “El modo de relación psicópata-complementario”). La propia inseguridad así como la baja autoestima y la pérdida de diferenciación entre lo que es perjudicial o patológico para sí mismo, explican en gran parte el porqué de esta dificultad.

Finalmente, analizando la historia pasada de la relación, en una escena que comparte la madre de Pilar con sus dos hijas, esta primera les dice: “Una mujer nunca está mejor sola” y, cuando sale el tema de la relación conflictiva entre su hija y su marido, ella intenta desviar la conversación rápidamente. Por los diálogos, sabemos que la madre de Pilar tuvo una relación similar con su marido pero nunca pudo cortarla. Ya hemos visto en el trabajo que esto no sería extraño, debido a que es muy común la repetición de patrones en este tipo de familias La hija, identificándose con el modelo materno, habría buscado un hombre similar a su padre (ver “Repetición conductual”).

3. Las relaciones peligrosas (novela)

Sinopsis

“Las Relaciones Peligrosas” (a veces traducida con menor propiedad como “Las amistades peligrosas” ), es una novela epistolar escrita por Pierre Choderlos de Laclos, y publicada por primera vez en 1782.

La historia transcurre en la sociedad aristocrática francesa del siglo XVIII y se desarrolla a través del intercambio de 175 cartas entre los diversos personajes.

Dos de los protagonistas, la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, fueron amantes en otra época y, actualmente, los mantienen unidos una cierta rivalidad en el terreno de la seducción y un juego de atracción mutua. Todo comienza cuando la marquesa reta al Vizconde a seducir a una joven casta de la sociedad, mientras el se establece un propio desafío: seducir a una las mujeres más respetadas del lugar, la Presidenta de Tourvel. Si logra estos objetivos, la propia marquesa engañará a su actual amante y se entregará a Valmont.

Así es que vemos como Valmont va desarrollando sus estrategias de conquista. En un primer momento, la Presidenta de Tourvel se negará; pero luego irá cediendo ante los encantos de Valmont.

La obra girará, por lo tanto, en torno a las relaciones entre los distintos personajes. Mme. de Tourvel finalmente se enamorará del Vizconde y este también de ella. Mas la Marquesa le pedirá que finalice esa relación humillando a la dama y el le hará caso, provocando una gran angustia tan grande que terminará enfermando y matando a la mujer que ama. Por su parte, la Marquesa se acerca a la joven casta con malas intenciones, y así traza un plan para que todos tanto Cecilia, como su enamorado (su profesor de música, el caballero Danceny) y su futuro esposo, terminen acabados, angustiados y separados.

El vizconde, finalmente, morirá en un duelo con un amante de la Marquesa, tras haber sucumbido al amor de la Presidenta de Tourvel. Por las circunstancias de esa muerte se divulgarán las cartas que harán a la marquesa de Merteuil perder su reputación, la que siempre había tratado de preservar; al mismo tiempo perderá también su belleza, que se verá afectada por una viruela que le desfigurará la cara.

Análisis

En el análisis de este libro, me centraré en el estudio de uno de sus personajes protagónicos. Las páginas citadas pertenecen al libro del Pierre Choderlos de Laclos (2003), excepto indicado lo contrario.

Si bien encontramos otros personajes con rasgos psicopáticos, el personaje de la Marquesa de Merteuil se destaca por poseer la mayoría de las características mencionadas en este trabajo. De hecho, la marquesa es una mujer dominante, manipuladora e inteligente, y utiliza siempre su inteligencia para perjudicar a los que la rodean. Como observamos en la novela, su lógica es diferente a la de la mayor parte de la gente; no en el sentido de su capacidad de razonamiento, sino en el propósito de los mismos.

La marquesa crea sus propios códigos o leyes y actúa acorde a ellos. Por lo tanto, no siente culpa alguna lastimando a los otros; mas únicamente cuando algo no sale como ella lo planea. Parecería que encuentra su goce en el sufrimiento ajeno (ver “Características del psicópata”). La siguiente cita es un ejemplo:

La Marquesa al Vizconde: “…¿Cuándo me ha visto ud. apartarme de los principios que me he prescrito, e ir en contra de mis valores? Digo mis principios, y lo digo con intención; porque no son, como los de otras mujeres, dados por la casualidad, recibidos sin previa evaluación, y seguidos por costumbre: son el resultado de mis profundas reflexiones; yo los he creado, y puedo decir que yo misma me he formado.” (pág. 155)

“¡Qué cosa tan simple es tener que tratar con uds., los que tienen principios!…” (pág. 171)

“…Pero el modo de conducirse de uds. cuando se rige por preceptos, se adivina fácilmente.” (pág. 171)

Comenzamos con estas frases porque son representativas de una de las características principales de la psicopatía: la creación de códigos propios (ver más arriba en esta misma tesina). La Marquesa no solo piensa sino que cuenta sin reparo que ella se maneja por sus propias leyes. No solo eso, sino que menosprecia los valores o principios comunes y resalta que son justamente esos principios los que le permiten anticipar las conductas ajenas. Como dijimos antes, el psicópata no desconoce las leyes ni lo que debe hacerse, simplemente no le importa.

La primera relación de índole complementaria que establece es con el Vizconde de Valmont. El Vizconde es un libertino de la época. Posee un buen nivel económico mas goza de mala reputación en la sociedad, ya que se muestra siempre como un hombre arrogante, egoísta y mujeriego. El tuvo un romance con la marquesa en el pasado y, en la actualidad, comparten todas sus aventuras. Como la dama, el Vizconde también se divierte planeando maldades o buscando nuevos desafíos. En un comienzo, podemos pensar que ambos se encuentran en un mismo nivel de relación, que estaríamos hablando de una relación de tipo asociativa. Sin embargo, con el transcurrir de la historia, vemos que la marquesa tiene un gran poder sobre Valmont, haciéndolo hacer todo lo que ella le ordena. Conoce perfectamente cuál es el punto débil de su ex amante, y a él apunta en todas las ocasiones para lograr lo que quiere. Valmont se avergüenza de sus sentimientos y teme perder la imagen de hombre “duro” que se tiene de él. Por lo tanto, la marquesa recurre a estas inseguridades para incentivarlo a cumplir sus pedidos.

Por otro lado, cuando la marquesa se da cuenta de que su compañero se está enamorando de otra mujer, es cuando más aumenta su furia. Esto se debe a que ella siente el “amor” como una rendición, un estar sometido. Y, a su vez, lo siente como una traición de parte de Valmont, ya que ella ya no continúa siendo el centro de su actuar ni de sus pensamientos, lo cual hiere su narcisismo. Precisamente, una de las cosas que más odian los psicópatas, es el perder el control sobre algo.

He aquí algunos ejemplos de lo explicado anteriormente:

La Marquesa al Vizconde: “Parta ud. inmediatamente, que yo lo necesito. Me ha surgido una excelente idea y quiero confiarle su realización. Estas pocas palabras deben ser suficientes para ud., y, demasiado enaltecido con mi elección, debe presentarse ansioso a recibir mis órdenes a mis pies…” (pág. 13)

“Qué lastima me da ud. con sus sollozos! ¡Cómo me confirman estas mi superioridad sobre ud!…” (pág. 153)

Vemos que la primera frase es imperativa. La Marquesa no le pide a su compañero que vaya a verla, sino que se lo ordena y también le dice cómo debe sentirse por el hecho de recibir sus órdenes. Le afirma que el hecho de que ella se dirija a él para concretar uno de sus planes debería honrarlo, demostrando así que siente superioridad con respecto a él y que no la oculta.

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…júreme ud. a fe de caballero fiel, que no se adentrará en ninguna aventura antes de haber concluido con ésta: es digna de un héroe: servirá ud. al amor y a la venganza…” (pág. 13)

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…El amor, el odio, puede ud. escoger lo que quiera, todo está a su alcance, y bajo el mismo techo; y puede, haciendo a dos palos, acariciar con una mano y descargar un golpe con la otra.” (pág. 134)

Aquí se refleja claramente como, para un psicópata, se encuentran entremezclados términos que, para cualquier otra persona, son muy diferentes. El amor y venganza son dos conceptos distintos y bastante alejados el uno del otro; sin embargo, para la Marquesa, estos están íntimamente relacionados y los menciona como si se dieran juntos, inevitablemente.

La marquesa de Marteuil se llama a ella misma “amiga magnánima y sensible” (pág. 17)

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…Porque es menester no engañarse; ese encanto que se cree encontrar en los otros radica en nosotros; el amor es el que embellece el objeto amado…” (pág. 281)

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…la absoluta felicidad que encuentra en ser amado por mí, me hace adorarlo más y más…” (pág. 27)

Esta es otra muestra de la soberbia que siente la Marquesa y, obviamente, está muy relacionado con el narcisismo característico de cualquier psicópata.

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…una vez que una mujer ha formado ya esa costra, es necesario abandonarla a su suerte, porque en el fondo jamás valdrá nada.” (pág. 18)

La Marquesa se refiere en este extracto a aquellas mujeres con determinada edad y que ya han vivido determinadas situaciones. El mencionar que una mujer, en el fondo, jamás valdrá nada, es colocarle (o quitarle) su valor como persona y colocarla en el lugar de un objeto. Esto lo vimos anteriormente como “cosificación” en características del psicópata (ver más arriba en este mismo trabajo).

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…nada me entretiene más que un amante desesperado. Me llamaría infiel, y esta palabra me ha dado siempre mucha satisfacción”. (pág. 19)

Con esto, la Marquesa se refiere al placer que le provoca el causar desesperación en sus amantes, en el sentido de ansiedad y sufrimiento. Ya hemos repetido reiteradamente que es este uno de los núcleos de la relación psicópata-complementario.

Carta del Vizconde a la Marquesa: “…En verdad es ud. cien veces más perversa que yo, y podría humillarme, si yo tuviese amor propio”. (pág. 21)

En esta ocasión, es el vizconde el que se dirige a la Marquesa. Podemos señalar dos aspectos importantes dentro de esta frase. Por un lado, es llamativo que el vizconde utilice la palabra “perversa” y que la use para referirse a ambos, como si fuera consciente exactamente de lo que la misma describe. Y, por otro lado, es significativo el que diga “si yo tuviese amor propio”, indicando así que poco le importa humillarse para conseguir lo que la Marquesa le pide y, en esa frase, queda bastante expuesto el hecho de que, aunque el no se de cuenta, hay entre ellos también una relación, en ocasiones asociativa y en ocasiones complementaria, y en la que el desempeña el rol del complementario.

Carta de la Marquesa al Vizconde: “Tanto importara estar enamorado. Resigna ud. su temeridad dichosa. Véase pues ud. ya, arrastrándose sin principios abandonando todo al azar, o más bien al capricho. ¿Ha olvidado ud. que el amor es al igual que la medicina, solamente el arte de ayudar a la naturaleza? Ud. ve que le ataco con sus propias armas, pero no me ufanaré, porque combato un hombre caído…” (pág. 26)

Carta de la Marquesa al Vizconde: “Digo amor, porque usted está enamorado, y denominarle de otro modo sería mentirle y ocultarle su mal…” (pág. 26)

Carta de la Marquesa al Vizconde: “…Este modo de conducirse puede dar buenos resultados con los niños, que cuando escriben “amo a ud”, ignoran que están diciendo ‘me rindo’ …” (pág. 62)

Para la Marquesa, el hecho de que el Vizconde se enamore no denota más que una gran debilidad en él. Para cualquier psicópata, perder su poder o perder el control que posee sobre los demás es una de las peores cosas que podrían sucederle. Por eso, para ella, el se ha convertido en un “hombre caído”, derrotado.

Carta de la Marquesa al Vizconde, refiriéndose a uno de sus amantes: “no conozco hombre más inepto en cosas del amor…” (pág. 99)

Al escoger la palabra “inepto”, la Marquesa estaría haciendo una correlación entre amor y trabajo, como si el primero fuera parte del segundo; y el como si un hombre pudiera considerarse útil o capaz para el amor como lo puede ser para un trabajo.

Ahora analizaré otra de las relaciones centrales de esta novela: la que se establece entre el Vizconde de Valmont y la Presidenta de Tourvel. A mi entender, el Vizconde posee muchos rasgos psicopáticos, lo cual hace que la relación entre ambos se transforme en una relación psicópata-complementario. Sin embargo, por razones ya explicadas en torno a su relación con la Marquesa. De hecho, el Vizconde termina enamorado de la princesa; pero su orgullo y su miedo al ridículo le impiden verlo hasta el final. Obviamente, la Marquesa de Merteuil se había percatado de esto mucho tiempo antes, aprovechándose de la situación para perjudicar aún más a ambos. Para ella, el hecho de que el Vizconde se haya enamorado, y de otra mujer, implica un fracaso personal, una decepción, una ruptura de su omnipotencia.

Carta de la Presidenta al Vizconde: “… ¿Creer sinceros sus sentimientos no sería un motivo más para temerlos?…” (pág. 102)

Carta de la Presidenta al Vizconde: “… ¡Cómo trata ud. a las mujeres que ha seducido! ¡Con qué desprecio se refiere ud. a ellas! … (pág. 103)

Quiero suponer que algunas lo merecen, pero ¿son todas despreciables?” (pág. 103) T a V

La presidenta de Tourvel da a entender, a través de sus palabras, que ella había intuido razones por las cuales debía desconfiar del vizconde. Recordemos que en el complementario se juega siempre un fuerte componente inconsciente que lo conduce a introducirse en este tipo de relaciones. Por eso, lo más probables es que, desde un punto de vista lógico o consciente, ya haya captado determinadas actitudes extrañas o perjudiciales pero, el anclaje hará que igualmente continúe con la relación.

Carta del Vizconde a la Marquesa: “…¿Cómo si fuese algo difícil prometer cuando uno está bien decidido a no cumplir?…” (pág. 121)

Esta es otra de las características típicas del psicópata: la mentira. El vizconde recalca lo fácil y natural que le resulta engañar o mentir y su absoluta conciencia respecto a lo que hace.

La carta que le envía el Vizconde a la Presidenta, copiando lo que le dice la Marquesa: premisa: “No es culpa mía” .

Finalmente, otra de las características que ya hemos mencionado. La defensa aloplástica. El Vizconde, a través de esta carta para romper su relación con la Presidenta de Tourvel, se desliga de toda culpa o responsabilidad y, de hecho, convierte a la Presidenta en un mero objeto, al decirle que la razón por la que terminan es porque ella lo aburre, como si debiera ser objeto de su entretenimiento.

El mismo tipo de relación mantiene la Marquesa con Cecilia Volanges, una jóven recién salida de un convento, ingenua y con pocos conocimientos acerca de la vida fuera de él. La marquesa se encarga de acercarse a la joven como su “confidente”, incentivándola a hacer cosas contra su voluntad y engañándola, para así arruinarle la vida a su madre, a quien ella detesta.

Vemos, de esta forma, que los pensamientos y las conductas de la marquesa de Merteuil no tienen límites. Ella ve a todos los demás como meros objetos, cuya función es divertirla y actuar a su voluntad.

Por lo tanto, podríamos suponer que lo que se estableció en un primer momento como una relación de tipo asociativa entre la Marquesa y el Vizconde; terminó siendo finalmente una relación de tipo complementaria.

Cuando la Marquesa le pide que finalice su relación con Mme. de Tourvel, el le obedece y lo hace de la forma en que la mujer se lo pidió. Lo curioso es que hay una frase que repite reiteradamente en la carta, está más allá de mi control” . Y esta frase, paradójicamente, representaría su propia situación respecto a la Marquesa ya que, aún cuando el piensa que tiene todo bajo su control, termina accediendo a realizar cosas que no desea.

Valmont no solo actúa de esta forma con Mme de Tourvel, sino que también lo hace con la jóven Cecile de Volanges. Su propósito era lograr que la jóven perdiera la virginidad con él, para así lograr que su prometido se sintiera mal al descubrir que su esposa no es virgen. El no apela en ningún momento a la violencia o a la coerción física para lograr su objetivo; sino que lo hace todo el tiempo a través de la persuasión. Al ver que Cecile es en algunos aspectos una adolescente ingenua, que se encuentra confundida y ansiosa por descubrir muchas cosas respecto a lo que la rodea; aprovecha esta situación y utiliza como herramienta de atracción la seducción.

En otro momento de la obra, Valmont comienza a revelarle a Cecilia algunas intimidades de su madre, ridiculizándola en cierta forma. Y el justifica este hecho aludiendo a que esta es la forma más eficaz de depravar a una joven, porque aquella que no respeta a su madre, no se respetará a sí misma.

Por lo tanto, tanto para el como para la Marquesa de Merteuil, sus propios deseos se convierten en sus leyes. Lo único que los rige es el placer de conseguir sus objetivos y provocar la angustia en el otro.

Con Madame de Tourvel, la relación es similar, mas el modo de conquista es diferente. Mme de Tourvel es una mujer refinada, que está cansada mas distanciada de su marido (desconocemos las razones exactas). Se muestra como una dama segura y fuerte, pero con el correr de la historia, vemos que en realidad es muy sensible y bastante frágil, razón por la cual intenta mantener distancia con el Vizconde.

Con ella, la estrategia del Vizconde será apelar a su moral, a su sensibilidad, a su respeto. Por eso, siempre sus diálogos con ella apuntan a preguntarle como merecerla o ser digno de su amor.

En un momento extremo de la obra, en que Mme. de Tourvel intenta alejarse del Vizconde, este la amenaza: “Es usted o la muerte”. Así logra que su enamorada finalmente se rinda ante el y se entregue por completo. Lo que podría parecer un acto de puro amor, en realidad es un acto de manipulación, ya que el amor no debería correlacionarse con amenazas de suicidio.

Algo similar sucede con Mme de Tourvel, cuando ambos se encuentran juntos en la habitación de ella. El Vizconde comienza a declararle su amor y a acercarse, entonces la dama le dice: “Déjeme, si no quiere que muera!” Aquí nuevamente vemos una expresión de muerte relacionada con el amor y con lo que Mme. de Tourvel cree que podría traer aparejada esta relación para ella.

Carta del Vizconde a la Marquesa: “…Para mí ya no es suficiente el poseerla, quiero que ella misma se me entregue. Ahora bien; para esto es preciso no sólo penetrar hasta donde se halle sino llegar hasta allí con su aprobación, encontrarla sola y resuelta a escucharme; sobre todo cerrarle los ojos sobre el peligro; porque si llega a percibirlo, sabrá vencerlo o morir…” (pág. 229)

Cuando explicábamos la forma de actuar del psicópata en la relación con su complementario, aclaramos que lo más usual es que obtenga lo que desea a través de la manipulación. Precisamente, el vizconde no quiere tener a la presidenta a través de la fuerza física o la obligación, y por eso se acerca a ella utilizando otras maniobras. Y también señala que quiere evitar que ella pueda darse cuenta de sus planes porque, obviamente, uno de sus peores temores, y este es un rasgo psicopático, es ser descubierto.

Carta del Vizconde a la Marquesa: “Ya tiene ud. sometida a esta mujer arrogante que se había atrevido a creer que podría resistirme. Sí, amiga mía, ella es mía, completamente mía; y desde ayer no tiene nada que acordarme.” (pág. 258)

Carta del Vizconde a la Marquesa, relatándole lo que le dijo la Presidenta: “… no puedo vivir más que para hacer a ud. feliz. Me consagro íntegramente a ello, y desde este instante me abandono a ud, sin que experimente de mi parte ninguna censura ni pesar.” (pág. 264)

El rol de complementario se explaya muy bien en esta frase. El vizconde se ha transformado en la razón de ser de la presidenta y ella dedica toda su vida a él.

Otra demostración de cosificación, esta vez por parte del vizconde hacia la presidenta.

Carta de la Presidenta a alguien: “Ente pérfido y cruel, ¿nunca te cansarás de atosigarme? ¿No te basta haberme atormentardo, degradado y envilecido?… (pág. 325)

La presidenta dicta esta última carta, expresando todo su sufrimiento y sus sentimientos de degradación, reflejando lo que siente el complementario cuando ya no está con su psicópata y la relación ha finalizado.

En este libro, el tema de la relación psicópata-complementario se torna aún más complicada para su análisis que en el resto de las obras escogidas.

Por una parte, por el triángulo “amoroso” que se establece entre los protagonistas. Y, por otra, porque el Vizconde parece no obedecer tanto a su propio deseo, sino más bien el haberse identificado con el deseo de la Marquesa de Merteuil.

4. Escándalo (película)

Título: Diario de un escándalo, Título Original: Notes on a scandal, Género: Drama, Nacionalidad: Reino Unido, Año: 2006, Director: Richard Eyre, Guión: Patrick Marber, Reparto: Judi Dench (Barbara), Cate Blanchett (Sheeba), Bill Nighy, Andrew Simpson.

Sinopsis

Sheeba es una joven mujer, esposa y madre de dos hijos que, luego de años de dedicarse a la crianza de sus niños, decide volver a trabajar. Ingresa a un colegio secundario, en Inglaterra, como profesora de arte. Allí conocerá a Bárbara, una profesora de historia que ronda los sesenta años y que goza de mala popularidad en el colegio, por su mal carácter y su rígida disciplina.

Poco a poco, estas dos docentes comienzan a conversar y entablar una amistad. Sheeba se refugia en la experiencia y contención de Bárbara, quien va adentrándose cada vez más en la vida de su colega.

Una tarde, Bárbara descubre a Sheeba manteniendo relaciones sexuales con uno de los alumnos del lugar. Y, con esta situación en su conocimiento, toma ventaja de la misma para acercarse más a ella. De esta forma, entre ambas se establece una extraña relación de control, soborno, dependencia, confidencialidad, que se irá tornando más y más rara. Bárbara, que posee intereses homosexuales hacia su compañera, se va obsesionando más con ella, hasta llegar al punto de intentar destruir su matrimonio y todo lo que la rodea para quedarse sola con ella.

Tras descubrir que Sheeba la había engañado y continuaba viéndose en secreto con su joven amante, la profesora de historia revela lo sucedido y logra así que Sheeba se separe de su familia, que la despidan del colegio y que le pida refugio en su casa. Bárbara está feliz, pues está consiguiendo su propósito.

Sin embargo, un día Sheeba encuentra el Diario en el que la mujer mayor escribía todos sus pensamientos e intenciones y descubre la verdad. Sheeba es condenada a diez meses de detención. Y Bárbara, sentada en un parque, establece conversación con una joven, dando a entender que el círculo volverá a repetirse.

Análisis

En esta película, a diferencia de las otras obras analizadas, la modalidad de relación psicópata-complementario no se da en una relación de pareja, sino de supuesta amistad.

Me pareció buena como ejemplo ya que así vemos que este tipo de vínculos no se establece únicamente entre esposos o amantes; sino que, por el contrario, puede darse en cualquier ámbito. Las dos protagonistas, Sheba y Bárbara, son colegas en el Colegio donde trabajan.

Bárbara es una persona fría, distante, malhumorada, poco sociable, cuyo único contacto más cercano que conocemos es una hermana que vive con ella. A lo largo de la cinta, no conocemos a ningún otro personaje que se relacione con ella de manera íntima. De hecho, en la escuela no es querida por sus alumnos ni por el resto de sus colegas. Más adentrados en el film, nos enteramos que, más allá de su actitud, Bárbara es mirada con desprecio por los demás profesores, ya que había entablado con una ex profesora, una relación similar a la que ahora intenta entablar con Sheba. Y aquella mujer había terminado abandonando la institución y huyendo a otra ciudad, con una orden de restricción de acercamiento para Bárbara de por medio.

Esto nos habla de un patrón de comportamiento, de una repetición de conductas. Incluso en este caso, todo se reitera de forma muy similar, ya que conoce a las dos personas nombradas en el mismo lugar y ellas desempeñan un mismo rol. Hablaríamos, entonces, de una psicópata más rígida, que hace exactamente lo mismo y que no le importa quedar mal ante su entorno, aunque esto no sea lo más común.

La misma característica es señalada nuevamente, al final de la película, cuando la relación con Sheba ha finalizado y Bárbara comienza a hablar con una joven en el parque, dándonos a suponer que se repetirá con ella una situación similar a la anterior. En conclusión, cambian los complementarios, mas no la situación ni el modo de actuar ni, por supuesto, el psicópata (ver “Repetición de patrones conductuales”)

Por otra parte, este mismo hecho nos hace preguntarnos qué sucede en los complementarios para engancharse en una relación de estas características. No hablamos de una relación amorosa, por lo que deberíamos analizar cuáles son los aspectos de Bárbara que hacen que sus complementarias queden atrapadas en el vínculo. Creo que tal vez, al buscar mujeres más jóvenes, logra acercarse a ellas desde un lado más maternal. De hecho, nos lo muestra claramente con Sheba, a quien parece querer cuidar y proteger a través de sus consejos. Otro factor podría ser el despertar cierta admiración en sus “amigas” ya que, ella, una mujer mayor, profesional, se muestra como alguien más experimentada en la vida y una de las pocas personas que logran el silencio de sus alumnos. Sheba, por su parte, no puede dirigir ni contener a los alumnos de su clase. En ese sentido, también buscará el apoyo de Bárbara para aprender a conducirse en su trabajo.

En cuanto a Sheba, vemos que se encuentra en un momento de susceptibilidad, por varias circunstancias. En lo que respecta a su vida familiar, está atravesando un tiempo de crisis con su esposo, se encuentra desgastada respecto a la crianza de sus hijos, en especial de su hijo varón, quien tiene Síndrome de Down y exige mucha atención de su parte. También ha decidido retomar su práctica laboral, luego de muchos años de no hacerlo, y esto la coloca en una situación de inseguridad. En lo que respecta a su relación extra marital con uno de sus alumnos, menor de edad, esto nos hablaría de cierta inmadurez emocional y, además, lleva a Sheeba a ubicarse en una posición persecutoria, de culpa y de mayor vulnerabilidad.

La relación complementaria se establece cuando Sheba busca refugio en Bárbara, confesándole sus intimidades. Esto es un dato clave, ya que una cualidad del psicópata es captar muy bien las necesidades del otro, para poder así manipularlo. Y, el conocer intimidades de su compañera, le permite conocer tanto sus fortalezas como sus debilidades. Además, Bárbara descubre a Sheeba manteniendo relaciones con uno de los alumnos; y es esa situación, le da una posibilidad extra para poder manipularla, extorsionarla (ver “Características del psicópata”)

Lo que este film ilustra, tal vez mejor que todos los otros ejemplos citados, es la dependencia que se crea en el complementario. Sheba parece tener una necesidad de incluir en su vida y de compartir y de contarle todo a Bárbara mayor a la normal; sobre todo considerando que no son grandes amigas, sino dos personas que se conocieron hace un tiempo breve. Esto también llama la atención, porque nos muestra como el complementario se abre, se expone, se entrega sin ninguna reserva.

Sheba introduce a su colega a su familia, invitándola a su casa y presentándole a quienes la rodean. Esto también le permite tener un acercamiento directo al funcionamiento familiar. Lo primero que hace la mujer mayor a conocer al marido y a los hijos, todo para sí misma, es criticarlos, desvalorizarlos, ridiculizarlos. E incluso va dejando todo asentado en un diario, pero no como podría hacerlo cualquier otra persona, expresando sentimientos; sino que escribe todo como un relato, casi siempre incluyendo críticas o comentarios despreciativos.

Para finalizar, hay una escena de la película de particular importancia. En un momento del film, fallece el gato de Bárbara. Ese mismo día, Sheba tiene la función escolar de su hijo. Bárbara se dirige a la casa de su colega para contarle lo sucedido y encuentra que, en ese preciso momento, toda la familia está yendo al acto del adolescente. Sheba se compadece de su amiga y le dice que tiene que partir; lo cual enfada a Bárbara de una forma desmesurada. Vemos como no puede controlar su enojo, porque se da cuenta que no es el centro de la vida de la jóven profesora y que, aunque la extorsione, ella elige primero a su familia. La ira en Bárbara se despierta, como en todo psicópata, cuando alguien atenta contra su narcisismo.

COMENTARIOS FINALES

Partiendo del punto que la psicopatía es un tema aun relativamente poco investigado y con muchos interrogantes a su alrededor, supuse que me resultaría dificultoso hallar información abundante respecto al subtema elegido. Sin embargo, el rastreo bibliográfico me sorprendió negativamente, aun más de lo que esperaba. Solo encontré dos autores argentinos que hablaban al respecto, y unos pocos autores extranjeros, que a su vez se basaban en los locales.

Al observar estadísticas y al ir adentrándome en el objeto de estudio de la tesina, me percaté que la modalidad de relación psicópata-complementario es mucho más común de lo que imaginaba (desde un aspecto cuantitativo) y que esto se debe, por un lado, al la diversidad de ámbitos en los que puede desarrollarse; y, por otro, a la importante cantidad de personas diagnosticadas y no diagnosticadas en los dos polos del vínculo.

Uno de los aspectos fundamentales de este trabajo fue aprender a no comparar a los dos integrantes de la relación con los conceptos de víctima-victimario. Tal vez había comenzado con una idea preconcebida errónea respecto a lo que se considera un complementario. Creo que, frente a un psicópata, es fácil o casi natural sentir un rechazo inmediato y “colocarse del lado del que más sufre”. Sin embargo, fui aprendiendo que es necesario desplazarse de ese lugar de complacencia o pena frente al complementario, ya que esto no lo ayuda a salir de la situación. El observar que ambos integrantes obtienen algo del vínculo, no hizo más que fortalecer mi convicción acerca de la necesidad de una investigación tanto de los niveles más superficiales o concientes del tema, así como de los niveles más inconscientes o profundos.

Mientras desarrollaba uno de los puntos de la tesina, vino a mi mente una frase que había oído unos años antes. Un terapeuta le pregunta a su paciente, una chica joven, porqué seguía al lado de su padre, una persona que la agredía constantemente, tanto física como psicológicamente. Y la respuesta de la joven fue la siguiente: “Porque la mano que me pega es la misma que me acaricia” . Esta frase quedó latente en mi mente pues creo que, para cualquiera que la oiga, no puede menos que funcionar como un disparador de miles de preguntas o reflexiones. ¿Por qué alguien que sufre tanto continúa al lado de quien la o lo lastima? ¿Por qué soporta humillaciones y malos tratos, aún dándose cuenta de lo que ocurre? ¿Por qué no actúa en vez de quejarse incesantemente? Y, finalmente, la gran pregunta ¿es, realmente, la mano que pega, la que ama? Obviamente, esta mujer veía allí algún signo de amor. Pero eso nos conduce a pensar en cuál es su idea respecto al amor y a otra infinidad de cuestiones.

Otro hecho que llamó mi atención fue el indagar respecto a los posibles tratamientos, tanto para el psicópata como para el complementario. Aún no se han demostrado tratamientos eficaces para aquellas para aquellas personas consideradas como “psicópatas” y, obviamente, siempre seguirá habiendo en la población gente susceptible a “engancharse” con este tipo de personalidades. Pues, esta susceptibilidad, está más bien relacionada con la historia personal y con las características individuales.

Afortunadamente, encontré que, a diferencia de lo que ocurre con la psicopatía, sí se ha demostrado a través del trabajo clínico que existen tratamientos exitosos para los complementarios, lo cual permite tener una visión más positiva del tema.

Por lo tanto, ¿qué nos resta hacer a nosotros como profesionales, además de continuar investigando y de trabajar una vez que se ha establecido el vínculo?

Yo creo que aquí es fundamental empezar a enfatizar el área preventiva, desde un lugar informativo.

Es importante desplazar la concepción popular que relaciona al psicópata únicamente con el delincuente, y dar una visión más amplia, que permita la identificación de este tipo de comportamiento. Pues es el reconocimiento del mismo, el que permite poner distancia o adoptar las conductas más apropiadas para relacionarse, en el caso de que el contacto sea obligatorio.

Por último, también cabe resaltar la importancia que tendría analizar, investigar y aplicar el tema de la modalidad de relación psicópata-complementario a la psicología forense. Desde un punto de vista judicial, sería de relevancia fundamental que tanto peritos como jueces tengan un profundo conocimiento del tema para tomar determinaciones en causas que involucren este tipo de vínculos; sobre todo considerando la premisa fundamental de “Contacto Cero”.

Así concluyo, pues, mi trabajo de tesina, tomándolo únicamente como un comienzo personal en la investigación del tema, y esperando que sea beneficiosa para todos aquellos que la hayan compartido.

Referencias bibliográficas

CHODERLOS DE LACLOS, P. (2003): Las amistades peligrosas (título original: Les liaisons dangereuses, 1782), Ed. Andrómeda, Buenos Aires.
COCORE, A. J. (1987): “CoAdiction. A silent epidemic”, Psychiatric Letter, Fair Oacks Hospital.
CRINIGAN, G. (2002): “El modelo clínico de la psicopatía y su ilustración a través de una obra literaria: American Psico” (Tesina de Licenciatura, UCA).
EY, H.; BERNARD, P.; BRISSET, CH. (1990): Tratado de Psiquiatría, Ed. Masson, Barcelona, 8va. Edición.
FREUD, S. (1974): “Introducción al narcisismo”, Obras Completas, Vol. XIV, Ed. Amorrortu, Buenos Aires.
GASPERSIC DE LÓPEZ POY, A. (1989): Introducción al tema de las psicopatías, Ed. ADIP, Buenos Aires.
GRAD, M. (2006): La princesa que creía en los cuentos de hadas, Ed. Obelisco, Barcelona.
IPAR, J. J. (2002): “Ética perversa: hedonismo y trasgresión”, Año XIV, vol. 11, N°1, octubre de 2003 9º Congreso Internacional de Psiquiatría, Mesa Redonda: Psicopatía: el melancoloide, 2002.
KAPLAN, H.; SADOCK, B.; GREBB, J. (1996): Sinopsis de psiquiatría, Ed. Panamericana, Buenos Aires.
KERNBERG, O. (1997): Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico, Ed. Paidós.
KOHUT, H. (2001): Análisis del self, Ed. Amorrortu, Buenos Aires.
MARIETÁN, H. (1998): “Descriptor de rasgos psicopáticos”, Revista Alcmeon, Volumen 7, N° 3, Buenos Aires.
MARIETÁN, H. (2000): “El complementario y su psicópata”, Revista Alcmeon, Volumen 9, N°3, Buenos Aires.
MARIETÁN, H. (1998): “Personalidades psicopáticas”, Revista Alcmeón, Volumen 7, N°3, Buenos Aires.
MARIETÁN, H. (2005): “Tipos de relación del psicópata”, Revista Alcmeon, N° 47, Buenos Aires.
MARIETÁN, H. (1999): “Personalidades psicopáticas: tres enfoques”, Mesa redonda, Simposio Regional WPA.
MARIETÁN, H. (2004) : Curso sobre psicopatía 1, publicado en su página Web.
MAZZUCA, R. (1999): “Patologías del Acto y la Culpabilidad”, Conferencia presentada en el Simposio Regional de la WPA organizada por la AAP el 22 de octubre de 1999. Mesa Redonda: “Personalidades psicopáticas: tres enfoques”.
MAZZUCA , R. (2000): “El psicópata y su partener”, Revista Alcmeon, Volumen 9, N°3, Buenos Aires.
MAZZUCA , R. (2005): “El psicópata y el nombre del padre”, Buenos Aires, Congreso Internacional de Psiquiatría, Asociación Argentina de Psiquiatras: Mesa: El Sol Negro: un psicópata en la familia.
MELLODY, P.; WELLS, M., A.; KEITH MILLER, J. (2005): La codependencia, Ed. Paidós, Barcelona.
ROLLA, E. (1973): “Consideraciones sobre la organización psicopática de la personalidad”, Revista de Psicoanálisis, Tomo XX, N° 1, Buenos Aires.
SCHNEIDER, K. (1980): La enfermedad psicopática, Ed. Morata, Madrid.
WASTHON y BOUNDI (1991): Querer no es poder, Ed. Paidós, México.
ZAC, J. (1996): “Consideraciones acerca de la psicopatología de las psicopatías”, en Psicoanálisis de la manía y la psicopatía, Ed. Paidós, Buenos Aires.

Bibiografía consultada

ABADI, S. (1996): Transiciones: El modelo terapéutico de D.W. Winnicott, Ed. Lumen, Buenos Aires.
ALLEN, W. (2006): Adulterios, Ed. Tusquets, Buenos Aires.
BRADY, J. (2005): Te amo, no me llames, Ediciones B, Barcelona.
BURGESS, A. (2007): La naranja mecánica, Ed. Minotauro, Barcelona.
CLECKLEY, H. (1976): The mask of sanity, S. Louis, Mosby.
DSM IV (1995): Editorial Masson, Barcelona.
GARRIDO, V. (2000): El Psicópata, Ed. Algar, Madrid.
GARRIDO, V. (2003): Psicópatas y otros delincuentes violentos, Ed. Tirant lo blanch, Valencia.
GARRIDO, V. (2004): Cara a cara con el psicópata, Ed. Ariel, Barcelona.
GREENACRE, P. (1968): Problemas en el tratamiento de pacientes psicópatas, Ed. Hormé, Buenos Aires.
HARE, R. (1995): Without conscience, Ed. Simon & Schuster, Nueva York.
WILLIAMS, T. (2007): Un tranvía llamado deseo, Ed. Losada, Buenos Aires.

Páginas web

http://www.cndp.fr/Tice/teledoc/plans/plans_liaisons.htm
LECLERQ, P.: “Les Liaisons dangereuses: Les duellistes”
http://www.efba.org/efbaonline/zimmerman-09.htm
ZIMMERMAN, D.: “Las Relaciones peligrosas: Lazos de la perversión”
http://www.lacodependencia.com.ar
http://www.marietan.com/Psicopatia.htm
MARIETÁN, H.: trabajos varios sobre el tema
http://www.psiquiatria.com/articulos/trastornos_de_la_personalidad/15649/
IPAR, J. J.: “El esteticismo en la perversión”
http://www.rae.es/
Diccionario de la Real Academia Española