Necesidad del enfoque reichiano

Erick Daniel Granados Monroy
Licenciado en Filosofía, Máster en Desarrollo Humano y Doctor en Gestalt. Profesor de la Universidad Latina, Campus Sur, Distrito Federal (México). Colaborador de las revistas electrónicas Mundo Gestalt, Filosofía Mexicana, Razón y Palabra y Revista de Psicología y Humanidades.
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Resumen

En esta reflexión retrotraemos los fenómenos señalamos por Wilhelm Reich en las nociones de Irracionalidad e Ideología como procesos deformadores de la realidad y del Ser, que podemos observar en situaciones y problemáticas contemporáneas de nuestro entorno.

Palabras clave: Psicología Política Reichiana, Irracionalidad, Ideología.

Introducción

En estas líneas queremos retomar algunas de las categorías principales de la psicosociología de Wilhelm Reich, primordialmente las categorías de Irracionalidad e Ideología, en pos de denotar su verdad y actualidad ante las distensiones contextuales que las neocolonias tercermundistas seguimos padeciendo por un lado, y avivando por otro.

Los métodos utilizados en este proceso heurístico fueron el doxográfico y el dialéctico, ambos bajo el enfoque cualitativo. El esquema estructurante que se siguió fue el Francés Clásico.

El documento se encuentra constituido por cinco apartados: Introducción, Desarrollo, Conclusiones, Referencias bibliográficas y Notas.

Tras esta presentación elemental, procedemos a argumentar los tópicos.

Desarrollo

Recordemos, solo para contextualizar, que la secuencia conceptual reichiana que enlaza las categorías que comentaremos, es la siguiente:

Partimos de la noción de Pulsión Vital, el proceso de expansión-contracción que se correlaciona con el funcionamiento biológico, y con la distinción entre materia animada e inanimada. De ahí surgen las nociones de Racionalidad e Irracionalidad: actos, procesos, decisiones, ideas o instituciones, que se enfocan en desarrollar o impedir los procesos de crecimiento, de complejización y profundización de la vida y del Ser.

Lo Racional buscará manifestarse en procesos que en sentido macro se proyectarán en la Democracia Laboral, y en sentido micro en la Política Sexual. Elementos que buscan el crecimiento, la libertad y la felicidad tanto en los procesos comunitarios, como en las dinámicas afectivas y sexuales interpersonales, más allá de lo planteado por tradiciones, instituciones y autoridades.

Por otro lado, la Irracionalidad será mantenida por la Ideología, un proceso homogenizante, cosificador y focalizador que lleva a la persona a ser lo que el Poder necesita para afianzarse y crecer.

Lo Irracional se refiere a una modalidad utilitaria [1] que busca estructurar la sociedad y a lo humano, lo macro y lo micro, a los fines y beneficios de un sector minoritario, en detrimento de la mayoría explotada.

Un acercamiento a la teoría reichiana, donde se hace una explicación del origen de la Irracionalidad, expresará lo siguiente…

“Todas las discusiones acerca del tema de si el hombre es bueno o malo, si es un ser social o antisocial, son en realidad pasatiempos filosóficos. Que el hombre sea un ser social o una masa protoplasmática de reacciones irracionales, depende de si sus necesidades biológicas fundamentales están en armonía o en conflicto con las instituciones que el mismo ha creado.

Por ello es imposible relevar al hombre trabajador de su responsabilidad por el orden o el desorden, o sea, de la economía, individual y social, de la energía biológica. Delegar entusiastamente esa responsabilidad en algún Führer o político, se ha convertido en uno de sus rasgos esenciales, puesto que no puede ya entender ni a sí mismo ni a sus propias instituciones, de las cuales sólo tiene miedo.

Fundamentalmente es un ser desvalido, incapaz de libertad, y que clama por autoridad, pues no puede reaccionar espontáneamente; está acorazado y espera órdenes, porque está lleno de contradicciones y no puede confiar en sí mismo.

La burguesía europea culta del siglo XIX y principios del XX, había adoptado las compulsivas formas de conducta moral del feudalismo, convirtiéndolas en el ideal de la conducta humana. Desde la era del racionalismo, los individuos comenzaron a buscar la verdad y clamar por la libertad. Mientras las instituciones morales compulsivas estuvieron en vigencia —fuera del individuo como leyes compulsivas y opinión pública, dentro del mismo como conciencia moral compulsiva— había algo así como una calma de superficie, con erupciones ocasionales desde el volcánico mundo subterráneo de las tendencias secundarias. Mientras eso se mantuviera así, las tendencias secundarias sólo eran curiosidades que únicamente interesaban al psiquiatra. Se manifestaban como neurosis sintomáticas, actos neuróticos criminales o perversiones.

Pero cuando los cataclismos sociales comenzaron a despertar en los europeos ansias de libertad, independencia, igualdad y autodeterminación, ellos se encontraron naturalmente impelidos hacia la liberación de las fuerzas vitales dentro de sí mismos.

La cultura y la legislación sociales, el trabajo de avanzada en las ciencias sociales, las organizaciones liberales, todos trataron de traer la “libertad” a este mundo. Después que la primera guerra mundial destruyó muchas de las instituciones autoritarias compulsivas, las democracias europeas trataron de “conducir a la humanidad hacia la libertad”.

Pero ese mundo europeo, en su pugna por la libertad, cometió un gravísimo error de cálculo.

No tomó en cuenta que la destrucción de la función viviente en el ser humano durante miles de años, había engendrado un monstruo; olvidó el profundamente arraigado defecto general de la neurosis del carácter. Y entonces, la gran catástrofe de la plaga psíquica, esto es, la catástrofe del carácter humano irracional, emergió en la forma de las dictaduras.

Las fuerzas que habían sido exitosamente contenidas por tanto tiempo bajo el barniz superficial de la buena educación y el autocontrol artificial, dentro de las mismas multitudes que estaban clamando por libertad, irrumpieron ahora en acción. En los campos de concentración, en la persecución a los judíos, en la destrucción de toda decencia humana, en la matanza de poblaciones civiles por monstruos sádicos para quienes era un deporte encantador ametrallar a los civiles y que sólo se sentían vivir cuando desfilaban al paso de ganso, en el gigantesco engaño de las masas allí donde el Estado pretende representar el interés del pueblo, en el aniquilamiento y sacrificio de cientos de miles de adolescentes que, lealmente, creían servir un ideal; en la destrucción de trabajo humano evaluado en billones, una fracción de los cuales hubiera sido suficiente para desterrar la pobreza de la faz de la tierra; brevemente, en una danza de San Vito que continuará mientras los poseedores del conocimiento y del trabajo no consigan desarraigar, tanto dentro como fuera de sí mismos, la neurosis de masas que se denomina “política” y que prospera a base de la desvalidez caracterológica de los seres humanos.

Entre 1928 y 1930, en la época de las controversias con Freud que describí antes, yo no sabía más del fascismo que el término medio de los noruegos en 1939 ó de los norteamericanos en 1940. Sólo entre 1930 y 1933 fue cuando llegué a conocerlo en Alemania. Me encontré perplejo cuando me enfrenté con él y reconocí en cada uno de sus aspectos el tema de la controversia con Freud.

Gradualmente comencé a comprender la lógica de todo eso. Esas controversias habían girado en torno a una estimación de la estructura humana, al papel desempeñado por el ansia humana de felicidad y al irracionalismo en la vida social.

En el fascismo, la enfermedad psíquica de las masas se revelaba sin disfraces.

Los enemigos del fascismo, demócratas liberales, socialistas, comunistas, economistas marxistas y no marxistas, etc., buscaban la solución del problema ya fuera en la personalidad de Hitler o en los errores políticos de los diversos partidos democráticos alemanes.

Tanto lo uno como lo otro significaba reducir la plaga psíquica a la miopía del individuo humano o a la brutalidad de un solo hombre.

En realidad, Hitler no era más que la expresión de un conflicto trágico en las masas, el conflicto entre el anhelo de libertad y el miedo real a la libertad.

El fascismo alemán decía de muchísimas maneras que estaba operando no con el pensamiento y el conocimiento del pueblo, sino con sus reacciones emocionales infantiles. Lo que lo llevó al poder y le aseguró luego la estabilidad no fueron ni el programa político ni ninguna de sus innumerables y confusas promesas económicas: fue, esencialmente, su llamado a oscuros sentimientos místicos, a un anhelo indefinido, nebuloso, pero sin embargo extremadamente potente.

No comprender eso, significa no comprender el fascismo, que es un fenómeno internacional.” [2]

¿Les sonó a algo conocido y contemporáneo? [3]

De acuerdo a lo anterior, la Irracionalidad —la rigidez sadomasoquista, producto de la insatisfacción individual y comunal, deliberada, temprana y constante—, deviene en Fascismo.

Fascistas son aquellos esquemas conductuales masivos de irresponsabilidad y destructividad; pautas sociales e intersubjetivas tradicionales, anti-vida e inalterables, que pueden y de hecho son utilizadas para movilizaciones utilitarias, mercantilistas y colonialistas.

El fascismo, manifestación grupal de una introyección personal, de un ser lacerado, cuyas necesidades e impulsos primarios y biológicos han sido milenariamente reprimidos y tendenciados, focalizados a lo necesario por el Poder.

Entonces, la Irracionalidad es el egoísmo, estupidez y brutalidad personal, producidas por el Estado Irracional, por la Institución Fascista, en pos de sus programas, objetivos y ambiciones.

Esto nos lleva a la siguiente categoría, la Ideología.

La Ideología tiene como propósito crear un Zeitgeist, un habitus, una cosmovisión que focalice los aspectos medulares de una ubicación espaciotemporal, en pos de permitir facilitar y mantener los procesos irracionales que necesita la clase alta para mantener su hegemonía.

Ampliando la noción y correlación de la Irracionalidad, su origen, lo deliberado y utilitario de su conformación, desarrollo e implantación, Reich explicará la noción e influencia de la Ideología del siguiente modo…

“Las condiciones económicas de una ideología explican su base material, pero no nos enseñan nada sobre su núcleo irracional. Lo que constituye directamente este núcleo es la estructura caracterológica de los hombres sometidos a las condiciones económicas respectivas, y que reproducen de este modo el proceso histórico-económico de la ideología.

Al crear las ideologías, los hombres se transforman a sí mismos; es en el proceso de formación de la ideología donde encontramos su núcleo material. La ideología aparece, pues, con un doble fundamento material: uno indirecto en la estructura económica de la sociedad, y uno directo en la estructura típica de los hombres que la producen y que, a su vez, está determinada por la estructura económica de la sociedad. Es evidente, pues, que las formaciones ideológicas irracionales estructuran a los hombres de modo irracional.” [4]

Entonces, la ideología deviene de la dinámica de procesos hegemónicos y de mercado y tiene como propósito realizar un proceso performativo en el cual se produzca un tipo de persona que confluya y coadyuve con los criterios e intereses de esa clase económica a la cual él no pertenece.

La ideología tiene un trasfondo económico clasista, pero se manifiesta como un producto cultural neutro; como cargas semánticas positivas y comunitarias; como una creencia saludable, elegida e inexorable.

Entonces, hay una completa correlación entre ambas categorías, entre los proyectos irracionales y los procesos de ideologización.

El Irracionalismo en la persona y en la comunidad, surge, es producido por la acción de la Ideología: construcción y estrategia semántica y pragmática, cultural y fáctica, que será primordialmente: separativa, excluyente, magnificadora, minimizadora y utilitaria; adoctrinamiento que configurará personalidades irracionales.

La ideología, entendida como un tipo de proceso irracional, focalizador, tendenciante y estructurante, que influye en el percibir-sentir-pensar-hacer del humano ubicado en ese tipo de entornos occidentalizados: monetaristas, unidireccionales y violentadores.

En la ideología, nosotros confluimos con la agenda de los estamentos altos. Creemos que nosotros construimos nuestra comunidad, cultura y personalidad, pero simplemente estamos acatando los comandos que las clases altas programan.

Sabes que una persona está ideologizada porque ostenta una estructura caracterológica donde él y sus cercanos salen dañados.

Ideas, creencias, valores, criterios y acciones que él no eligió, que no le sirven, que a su vez le afectan, y que no obstante defiende.

Nadie que haya crecido en esta comunidad irracional estará libre de los preceptos deformadores y manipuladores programados por las élites, y menos las clases medias y bajas. Condicionado está el campesino y el obrero, pero también el estudiante y el académico.

No solo los iletrados son atacados por el proceso irracionalizante de la hegemonía, no, ojalá; ese proceso de homogenización no tiene límites, afecta a jóvenes, adultos y ancianos; norteños, sureños y chilangos; cultos, iletrados y analfabetas funcionales; ni siquiera los “universitarios” y “académicos” son inmunes a esa inoculación.

Ahí tenemos el caso de varios profesores que aún con posgrados y especialidades fueron afectados, manipulados por los procesos simbólicos y alienantes de las culturas de masas, de los procesos partidistas que recién vimos. ¿Cuántos “profesionales” y docentes vieron ustedes azuzados en el partidismo, por las propagandas, por la supuesta izquierda, por nuestra “luz de esperanza”?

Lamentable que “incluso” los leídos y escribientes hayan sido engañados por ese mesías de pseudo izquierda que es Obrador. Esa persona sólo es uno más de los empleados que sirven a la corporativocracia. Él no lo dice, no lo acepta, y las masas crédulas e irreflexivas no lo entenderán.

En esa relación de sadomasoquismo entre el poder y la población, incluso el “electo” ya ha hecho comentarios directos y explícitos para que al rato no se sientan engañados; lo enuncia frontalmente: respetará empresas e instituciones. Ahí sí está siendo sincero, dice la verdad, no los engaña; está siendo más bien cínico, pero de fondo es veraz. Seguirá respetando a la camarilla financiera que lo puso ahí, y a los siervos de ellos, a los cuales obviamente no va a afectar.

Ciclos, procesos repetitivos decía Spengler en “La Decadencia de Occidente”, esos momentos donde los caudillos surgen, donde lo imperante es lo utilitario, donde los sectores económicamente poderosos expolian salvajemente y las masas aúllan y trastabillan entre dolor, ignorancia, necesidad y placer.

Egotismo ensimismante que lleva a mentirse a uno mismo, a dejar de lado las evidencias, a ignorar los indicios, a creer, pese a que los hechos indiquen lo contrario.

Pues bien, ya muchos lo dijeron previamente, Vasconcelos por ejemplo, y obviamente Reich.

Un tipo de fascismo azul que nos lleva a mantenernos en el performance funcional de obrero eficiente y ciudadano obediente. Puedes gritar, marchar, rayonear muros, escupir iglesias, quemar puertas, pero acabando tu catarsis, el lunes, de vuelta a la máquina, a seguir haciendo funcionar el sistema.

Esto es algo que tampoco entienden las feministas: se les “conceden” derechos, ellas “ganan” garantías, pero no van a la raíz. Ya pueden adoptar, cambiar sus apellidos, modificar su fenotipo, ya tendrán más y más “representantes”, más “emponderamiento”, pero igualmente, el lunes, después de bailar y gritonear en sus marchas, a trabajar, a pagar impuestos, a producir, y a mantener esta cosmovisión clasista. ¿Algo varió esta etapa histórica con sus cacareados derechos de género? Parece que no.

A sabiendas de que las palabras no tienen la capacidad constructiva y destructiva que uno quisiera, en esta sociedad neurótica, en esta fase histórica, se tienen que hacer denunciamientos conceptuales lo más claros y radicales posible. Cuando menos en nuestros ámbitos micro; ser críticos, no dejarnos arrastrar por aquellos que deforman, manipulan y usan.

Reich fue radical.

Reich fue una figura excepcional.

Reich lo hizo: fue radical con sus aserciones sobre el proceder de los siervos del Poder. Y por ello fue expulsado y vilipendiado por el Partido Comunista Alemán, por la Sociedad Psicoanalítica —siendo voto decisivo el de su presidente, Freud—, para finalmente ser asesinado por la FDA.

Estas tres instituciones y sus integrantes denotaron una horrenda incongruencia, cobardía y falsedad.

Toda institución tiene detrás, y medularmente, elementos utilitarios, acciones y fines a favor de las clases altas. No importa si en la fachada dice salud, democracia o universidad, detrás de ellas, medularmente, está la camarilla financiera expandiéndose, controlando y beneficiándose.

Si tú no lo ves, eres ingenuo; bien intencionado quizás, pero con tu ceguera, parte del problema serás.

Como con el movimiento de la UNAM que “surgió” en el CCH Azcapotzalco; como con López Obrador; como en el zapatismo; como en el 68.

Lo de la UNAM…

Tendenciado; cotos de interés manipularon a los jóvenes, pastorearon a los estudiantes, influyendo y focalizando —previa infiltración en— sindicatos, organizaciones estudiantiles y consejos académicos [5]

Obrador…

No es autónomo, no es independiente, no es genuino. Bajo la psicosociología, el partidismo es herramienta de la hegemonía, simple diversificación exterior, pero con el mismo trasfondo corrupto. Diría Javier Villegas…

“Con sus declaraciones más mesuradas, Obrador le está bajando la emoción a la audiencia, para que cuando entre en funciones, como no se podrá hacer todo lo prometido, con lo que cumpla, todos queden contentos; y tampoco quieran tantos resultados con esa realidad desde ahora descrita.

Es lo mismo que cuando comenta que todos los mexicanos son honestos y trabajadores. La palabra construye la conciencia colectiva. Es la herramienta del político.”

Al ser México una neocolonia tercermundista, el Poder se sirve de la violencia, impone un concepto de Estado, que se concretiza en un tipo de gobierno apto para su agenda, que necesitará instituciones para conseguir y acrecentar sus diversos intereses, necesitando un tipo de persona particular para mantener esas instituciones de ese gobierno con esos trasfondos. En esa visión, la figura del gobernante es la de un mero instrumento; un empleado, sí, pero no del pueblo, sino de los linajes económicamente dominantes.

Decía Reich en 1937 en la introducción a “La Función del Orgasmo”: ¡Hagan de la democracia una cosa viva! ¡No simulen una democracia! ¡De otro modo, el fascismo ganará en todas partes!” [6]

Pues bien: enunciado que fue presagio, profecía, y ahora, realidad.

El zapatismo…

Nunca un movimiento genuino, farsantes que no tuvieron ningún empacho en sacrificar población sureña y en manipular a la comunidad internacional. Necesidad que enceguece. Ignorancia que nubla. Complicidad de la masa que coadyuva a la consecución de objetivos de la clase alta.

Y finalmente el 68…

Celebración mítica como la que hizo Porfirio Díaz en torno al personaje de Juárez; fiasco de movimiento social; evocando a niños ingenuos que sólo hacen ruido, que no entienden ni son radicales [7]. Detalle curioso: varios de esos “activistas”, ahora todos unos chapulines hueseros. [8]

Así:

En la UNAM, en el partidismo, y en los supuestos movimientos sociales, se denota irracionalidad producto de la ideologización. Homogenización y estupidización en pos de mantener operando y creciendo al imperio. México, la neocolonia que dice ser república independiente; población alienada que cree ser libre, singular e inteligente. No hay individuos. No los puede haber en esta fase histórica monstruosa y eficientemente adoctrinante.

Con esto cerramos la parte del Desarrollo, procedemos con el cierre.

Conclusiones

Compañeros: lean a los rusos, lean a los alemanes; después de ellos, no hay nada más qué decir sobre el fenómeno humano. La vuelta a los vetustos pensadores; lo que en Spengler es el salto de cultura a civilización; el regreso a las viejas ideas; lo que algunos denominan la Sobremodernidad; lo que para Chinaski es atender a los perros viejos. Lean a Thomas Mann, a Hermann Hesse, Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Gorki, y obviamente a Reich.

Ideas que quizás en un mundo no neurótico ya tendrían que estar en la basura o en algún museo, pero dadas nuestras condiciones retrógradas y medievales, son pensadores que aún tienen mucho qué decirnos en torno a nuestras problemáticas y vejaciones.

Como estudiantes y estudiosos de las ciencias sociales y las humanidades, debemos desromantizar las figuras míticas de la política y la historia. Contrastar a los caudillos y héroes de las clases medias y bajas, impuestos por las clases altas.

Más nos vale criticar. Sólo los ingenuos, tontos y desahuciados creen siempre. Creen ingenua e indiscriminadamente.

Sólo la vida racional es la verdadera. Existencia real más allá de ésta neurosis, más allá de ésta estúpida mentira.

Notas

[1] Entendemos lo utilitario como la postura en la cual se maximiza el Yo y se minimiza el Tú; un proceso cosificador, reificante, donde se vuelve objeto a la otra persona, se le usa, se le consume y se le desecha. Una modalidad altamente cuestionable por el embrutecimiento, destrucción, dolor y muerte que provocan los sectores económicamente poderosos. Donde se enfocan en aumentar sus bienes, ganancias y poder, en detrimento del sufrimiento, injusticia y padecimientos de las clases medias y bajas.

[2] Reich, La Función del Orgasmo, pp 184-186.

[3] En la excelentísima introducción de David Carpio a “La Decadencia de Occidente” de Oswald Spengler, se enuncian ideas que se aparejan medularmente con lo planteado por Reich. Aquí la cita…

“Las Altas Culturas son organismos “vivientes”. Siendo orgánicas por naturaleza, deben pasar por los estadios de nacimiento, desarrollo, plenitud, decadencia y muerte. Esta es la “morfología” de la Historia. Todas las culturas anteriores han pasado por estas diferentes etapas y la Cultura Occidental simplemente no puede ser una excepción. Más aún: hasta es posible detectar en cual de esos estadios orgánicos se ubica actualmente.
El punto más alto de una cultura es su fase de plenitud, que es la “fase cultural” por antonomasia.

El comienzo de la declinación y el decaimiento de una cultura está constituido por el punto de transición entre su fase “cultural” y su fase de “civilización” que le sigue de modo inevitable.

La fase de “civilización” se caracteriza por drásticos conflictos sociales, movimientos de masas, continuas guerras y constantes crisis.

Todo ello conjuntamente con el crecimiento de grandes “megalópolis”, vale decir: enormes centros urbanos y suburbanos que absorben la vitalidad, el intelecto, la fuerza y el espíritu de la periferia circundante.

Los habitantes de estas aglomeraciones urbanas —comprendiendo al grueso de la población— se convierten en una masa desarraigada, desalmada, descreída y materialista, sin más apetitos que el pan y el circo instrumentados para mantenerla medianamente conforme.

De esta masa provienen luego los felahs subhumanos, típicos representantes de una cultura moribunda.

Con la fase de la civilización viene el gobierno del dinero y sus herramientas gemelas: la democracia y la prensa. El dinero gobierna al caos y sólo el dinero saca provecho del mismo. […]

La dictadura del dinero desaparece pero la fase de la civilización termina dando lugar a la siguiente, que es la del cesarismo, en dónde grandes hombres se hacen de un gran poder, ayudados en esto por el caos emergente del último período de los tiempos plutocráticos.

El surgimiento de los césares marca el regreso de la autoridad y del deber, del honor y de la estirpe de “sangre”, y el fin de la democracia.

Con esto llegamos a la fase “imperialista” de la civilización, en la cual los césares con sus bandas de seguidores combaten entre sí por el control de la tierra.

Las grandes masas o bien no entienden lo que sucede, o bien no les importa.

Las megalópolis se deshabitan lentamente y las masas poco a poco “regresan a la tierra” para dedicarse a las mismas tareas agrarias que ocuparon a sus antepasados varios siglos atrás. El frenesí de los acontecimientos pasa por sobre ellos.

Y en ese momento, en medio de todo ese caos, surge una “segunda religiosidad”; un anhelo a regresar a los antiguos símbolos de la fe de esa cultura.

Las masas, fortificadas de ese modo, adquieren una especie de resignación fatalista y entierran sus esfuerzos en el suelo del cual emergieron sus antepasados. Contra este telón de fondo, la cultura y la civilización creada por ella, se desvanecen”.

Spengler, La Decadencia de Occidente, pp 5-6.

[4] Reich, Psicología de Masas del Fascismo, p 112.

[5] Con relación a lo que ocurre en la “máxima casa de estudios”, tenemos dos de las clásicas estrategias de los cotos de poder.

Por un lado lo ya visto, ataques de falsa bandera; fuerzas de choque controladas por uno de los grupos utilitarios, que al provocar y acentuar la crisis, emergen como salvadores. Chapulines hueseros mafiosos que, al terminar la revuelta, aseguran su poder con el miedo que previamente provocaron, acentuando la “seguridad”, y con ello evitando riesgos a su hueso y permanencia. Eso funcionará para cierto sector de la población.

Por otro lado, un distinto modo de control, barnizando como cientificismo o híper razón-dedicación a otro sector de la población. En esa otra estrategia: los saturas, enemistas, ensimismas y abstraes. Ahí, con ellos, no es necesario hacer ataques de falsa bandera: a ese sector más bien no le interesa lo histórico, por estar ensimismados con su disciplina, con su estudio, con su cientificidad, y en ese sentido, no se meten en el camino de la gente que toma las decisiones.

Así, dos tipos de estrategia de control: engañando a los que puedan disentir, y endureciendo y pasivizando a otros. Pasa en el ámbito gubernamental, pasa en la esfera empresarial, y la universidad no está exenta de eso. Antes bien, ahí también se refleja la realidad neurótica y utilitaria de nuestro país.

Lo que pasa en lo macro, pasa en lo micro.

[6] Reich, La Función del Orgasmo, p 17.

[7] No entienden que los movimientos están tendenciados, que las organizaciones están corruptas.

Y no son radicales porque sólo son reformistas y revisionistas. No llegan a la raíz, no tocan la cabeza putrefacta. Tienen lo principal: el factor humano. Y lo desperdician con mantas, marchas y diálogos con las mismas autoridades irracionales que los usan y engañan.

No entienden que en las universidades los cargos de autoridad -los rectores y directores-, no son cargos académicos para los cuales se requieran habilidades epistemológicas. Son puestos políticos, y esos altos funcionarios actúan como tales: los verbean, les prometen, y ellos caen, los estudiantes les creen.

Tienen que tener muy claro que decir universidad es como decir televisión o ejercito: herramienta que fundamentalmente sirve para mantener y expandir el control de las clases altas. Entendiendo eso, todo lo demás se clarifica. En su sentido primordialmente oscuro, pero preferible saber, a seguir engañado e ilusionado y dando vueltas como gallina sin cabeza, y dándose de frente contra la pared.

[8] Chapulín: el que va de una administración a otra buscando carguitos. Mismos que se los dan por derechista: arrastrado y alienado.

Huesero: aquel que no se compromete con la actividad en la cual se desenvuelve, sólo interesándole el bisne que pueda hacer en ese ámbito laboral, la comodidad y estabilidad.

Referencias bibliográficas

GRANADOS, E. (2016): Fundamentos de Psicología Política de Wilhelm Reich. México: Universidad Nacional Autónoma de México. FES Zaragoza.
REICH, W. (1992): La Función del Orgasmo. El Descubrimiento del Orgón. Problemas Económicosexuales de la Energía Biológica. Traducción: Felipe Suárez. México: Paidós. 7ª reimpresión.
REICH, W. (1980): Psicología de Masas del Fascismo. Traducción Roberto Bein. España: Bruguera. 1ª edición.
SPENGLER, O: La Decadencia de Occidente. Bosquejo de una Morfología de la Historia Universal. Traducción del alemán por Manuel G. Morente.