Política y psicoanálisis (tercera parte). ¿Que es ‘lo político’?

Germán Ciari
El psicoanalítico
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Buscando precisar lo que en la obra de Castoriadis pudiera significar que un concepto (una idea, una técnica) tuviera “dimensión política” observamos, utilizando como paño el caso (Daniel Paul) Schreber, que el magma de significaciones imaginarias sociales (SIS) que había hecho de su padre (DGM Schreber) una verdadera “autoridad” también tenia capacidad de generar condiciones para su locura, y luego que ese mismo magma se encontraba atravesado por grupos o sectores de poder cuya expresión eficiente llamamos genéricamente “política”. Buscaremos en lo que sigue continuar la tarea ya iniciada, esta vez precisando el modo en que esto que llamamos política puede llegar a colarse en el campo Psi. Para lograr especificidad presentaremos la noción castorideana de “lo político”, y  utilizaremos esta vez como paño la obra de David Wechsler (D.W.) y en particular la noción de “inteligencia” que diera vida a las famosas escalas WAIS.

Lo político

“Lo político” según  Castoriadis, abunda. A diferencia de la escurridiza “política” que resulta esquiva a la historia, al punto de tener que  buscar con lupa su emergencia salpicada de modo discontinuo, “lo político” está (y estuvo) por todas partes.

“Antes de los griegos (y después) existían intrigas, conspiraciones, tráficos de influencia, luchas sordas o declaradas para conseguir el poder explícito (…) el legislador alegaba un poder de instituir que era de derecho divino, fuese Profeta o Rey. Invocaba o producía los Libros Sagrados. Pero si los griegos han podido crear la política, la democracia, la filosofía, es también porque no tenían ni Libro Sagrado, ni Profetas. Tenían poetas, filósofos, legisladores y politai. La política tal y como ha sido creada por los griegos ha comportado la puesta en tela de juicio explícita de la institución establecida de la sociedad…” [1]

Más allá de los debates que se han instalado respecto a la verdadera naturaleza de la democracia del siglo V, sus condiciones materiales, etc., nos interesa rescatar la cualidad de la distinción. Mientras que “la política” implica poner en suspenso el magma de significaciones imaginarias sociales (SIS) que mantiene unida a la sociedad, y lo que es más importante, alguna forma de  gestión colectiva de ese magma, “lo político” resulta menos pretencioso:

Se trata de que  grupos o sectores se recorten del cuerpo social para ejercer un poder explícito, con capacidad de emitir imperativos sancionables.

Según el autor, “lo político” no refiere al intercambio de apreciaciones diversas sobre situaciones sociales, como se propone cuando se afirma que “todo es política”, y tampoco al mero tratamiento verbal de los asuntos comunes. Para dar un ejemplo, el hecho de que se produzca un ardiente debate en un bar, podría o no colaborar con modificaciones en la subjetividad de las personas que participan de la tertulia, y de ese modo aspirar a generar cambios, alteraciones o vibraciones en relación a las SIS que animan en su conjunto, una sociedad dada. Se trata de micro movimientos que operan en lo social.  Pero ¿en que momento la “charla de café” generó imperativos sancionables?

Si no lo hizo, no hay “lo político”. [2]

Ahora bien, “lo político” no puede reducirse  simplemente a “Estado”. El autor recuerda que el ejercicio del poder explicito que pesaba sobre las mujeres francesas hasta el 1945 o los esclavos negros del sur de los Estados unidos hasta 1865 era ejercido simplemente por “hombres blancos”.

Además, la Ciencia, la Técnica o simplemente el Mercado, suelen  prevalecer frente al Estado en su capacidad de ejercer “lo político”. Somos testigos de ello cuando las farmacéuticas construyen manuales de desordenes mentales o las  agro exportadoras sus laxas recomendaciones respecto de cual sería el nivel máximo soportable de agro-químicos en sangre. Estas empresas ejercen un poder explícito a través de la imposición de imperativos, eventualmente sancionables, en un marco en el cual el Estado es solo su silencioso partenaire.

La inteligencia de David Wechsler

“El Amo de la significación sienta cátedra por encima del Amo de la violencia” [3]

¿Qué miden las escalas WAIS?

Pasa con las definiciones algo similar a lo que Julio Cortázar observaba respecto de los diccionarios. Se trata siempre de alguna forma de cementerio, en tanto opera un corte con pretensión de solemnidad que cristaliza la indagación, congelándola de modo más o menos arbitrario en un tramo del recorrido. Además, las tumbas nunca logran contener el despliegue de la vida que sugieren. De algún modo, la roca siempre miente.

La inteligencia es la  “Capacidad global y agregada de pensar racionalmente, actuar con propósito y enfrentarse de manera efectiva al medio.” [4]

Es “agregada” porque está hecha de ciertas “abilities” que se conjugan de modo peculiar en un conjunto. Ahora bien, si quisiéramos una definición canónica podríamos quedarnos aquí. Pero como nosotros buscamos saber a qué se refiere D. W. con Inteligencia y en tanto existen infinidad de habilidades, debemos continuar y preguntarnos:

¿Cuál es el criterio utilizado para ingresar o expulsar una “abilitie” del selecto grupo que en conjunto conforma “la inteligencia”?

El autor nos ofrece dos tipos de respuestas.

Las primeras -agrupables bajo la noción de “confiabilidad”- van a responder a un criterio técnico científico. Para ingresar en el selecto conjunto, las “abilities” deben ser medibles y cuantificables.  Deben poder responder al “ideal” wechsleriano de ser buenas medidas en diferentes rangos etarios y en los diferentes grupos seleccionados para la experimentación. Tienen buenas posibilidades las que han sido estudiadas previamente y en particular aquellas que posee registros adecuados que atestiguan su confiabilidad (en buena parte esta condición explica el peso que otros Test -Alpha y Beta del ejercito, Stanford Binet, Terman Merrill, entre otros- cargan como herencia sobre el WAIS)

Debe poder conocerse además la condición mensurable que las agrupa (ya que no se pueden sumar vacas + veteranos de Vietnam). Es el problema al que se enfrentan quienes buscan obtener entidades psico-matemáticas: ¿como establecer la relación -uno a uno- necesaria para poder luego sumar y restar?; problema que D. W. y los psicólogos de la época buscaron solucionar recurriendo al conocido Factor G (y otros) que, al expresar matemáticamente una correlación, indicaría que las “abilities” comparten cierta “naturaleza”, abriendo así la posibilidad de realizar con ellas operaciones matemáticas.

Estos criterios definen cuestiones importantes sobre las condiciones que operan sobre la aceptación o rechazo de una “abilitie”, pero no nos dicen nada respecto de lo que la inteligencia significa, o de lo que se considera una conducta inteligente o en definitiva, de lo que las escalas WAIS se dedican a sondear. Para ello debemos adentrarnos en el segundo tipo de respuestas que agrupamos bajo la noción de validez.

D. W.  entiende que si queremos saber qué es la inteligencia no nos queda más remedio que recurrir a: otros test, la experiencia clínica, las valuaciones subjetivas y el trabajo experimental.

Nótese de entrada la circularidad que presentan 2 de los 4 criterios. Tomar “abilities” de otros tests esquiva la pregunta por la inteligencia y su estatuto, y en definitiva da por bueno el criterio utilizado previamente.

Lo mismo sucede con la experimentación: se selecciona un grupo de personas del cual  se conoce su nivel de inteligencia. Luego se aplican las nuevas escalas y se llega a la conclusión de que son malas o buenas medidas en función de que se ajusten a lo previamente establecido.

El criterio de la experiencia clínica va a aportar fundamentalmente los indicadores de inferioridad en los rendimientos. Si bien no puede achacársele a Wechsler —ya que se trata de un criterio tradicional— la idea de, por ejemplo,  utilizar los rendimientos de sujetos que sufren algún tipo de oligofrenia para evaluar a partir de ahí los rendimientos de sujetos promedio, en habilidades que darán cuenta de su capacidad de enfrentarse de manera efectiva al medio, nos parece cuanto menos arbitrario. Sin animo de adentrarnos en este debate nos limitaremos a señalar que lo que se considera aquí son los rendimientos bajos, lo que significaría “la falta de” inteligencia, su deterioro o ausencia.

De este modo encontramos el único criterio positivo que indicaría lo que la inteligencia es, y sobre el cual se sostiene todo el edificio WAIS: las valuaciones subjetivas.

Esta peculiaridad de las escalas WAIS, que las vuelve mucho mas dependientes de su entorno social de origen que de cualquier teoría de base, y que describe una zona gris oscilante entre criterios de la ciencia positiva y el liso y llano adaptacionismo [5], les ha valido a lo largo de su extensa historia, las más severas críticas así como también, los más calurosos halagos.

En parte su creador no ocultó el horizonte pragmático de su cometido, y resaltó siempre que una prueba de inteligencia que ofreciera resultados que no se ajustaran a la realidad, no seria una buena prueba.

Como vemos, nuestra pregunta inicial se traslada ahora hacia otras más definitivas e inquietantes: ¿Qué es la realidad para D. W.? Vale decir,  ¿quiénes serán los encargados de dar el testimonio de de dónde se obtendrán las valuaciones subjetivas que darán sentido a lo que se llamará Coeficiente Intelectual? ¿Cuáles son los atravesamientos culturales, ideológicos o políticos de quienes con su opinión construyeron el cemento básico de aquello que las escalas prometen sondear científicamente?

La episteme que recubre la doxa

Lo que decimos es simple. Si se siguen con atención los planteos que realiza su creador, resulta mucho mas preciso decir que lo que las escalas WAIS rastrean no es “la inteligencia” sino la presencia/ausencia de ciertos aspectos valorados positivamente por la opinión de ciertas personas. Luego del trabajo científico, capaz de construir verdaderas entidades psico-matemáticas, podrá llamarse a esos valores “abilities” , luego “memoria operativa” o “velocidad de procesamiento” y finalmente Coeficiente Intelectual (CI), pero ellos nunca dejaran de depender en su sentido último, de un juicio valorativo no teórico y situado socio/histórica/políticamente. En este sentido decimos que el WAIS es un sistema organizado para dar caza a una presa definida por la opinión, los ideales, valores, juicios y prejuicios de ciertas personas.

¿Quiénes?

D.W.  indica que: maestros, jefes de empresas y oficiales del ejército.

La inclinación por lo homogéneo se contempla en su magnitud cuando caemos en la cuenta de que si incluyéramos a los psiquiatras (que juzgan los estratos inferiores) casi tendríamos un inventario completo de referentes de lo que Michael Foucault caracterizó como sociedades disciplinares.

De este modo vemos aparecer un fluido magma de SIS que emana de la “doxa” de sujetos que dan cuenta de un tiempo (1939-1946) y un lugar (EE.UU/Nueva York) dando vida a conceptos e ideas que resaltan y dibujan un conjunto de habilidades a partir de la cuales se construirá una noción ofrecida como capaz de juzgar, mucho mas allá de los barrios blancos de los Estados Unidos, el modo en que un individuo piensa racionalmente, actúa con propósito y se enfrenta de manera efectiva al medio.

Por supuesto, no hay baremo de actualización o estandarización que pueda liberarnos del contagio que sobre las prácticas produce el fluido que tenemos entre manos. No nos referimos a algo que pueda ajustarse a los rendimientos del grupo de referencia sino lisa y llanamente a eso que hace que el hecho de que una persona pueda contestar satisfactoriamente a la pregunta ¿quién es Cleopatra? resulte una excelente medida de “la inteligencia”. Dicho de otro modo, el sentido que determina la asignación de 0, 1 o 2 puntos de las diferentes respuestas a una pregunta, se encuentra sostenido sobre la articulación entre la “abilitie” que este ítem mide –seleccionada a través de valuaciones subjetivas- y su potencia para dar cuenta del modo en que un individuo se enfrenta de manera efectiva al medio. Cuando se cambia de “medio”, el sentido -sostenido sobre la articulación- se pierde (o como veremos mas adelante, se transforma).

Pero a nosotros, atentos a la dimensión socio histórica pero mucho más a la de “lo político”,  no nos llama tanto la atención el carácter situado de nociones teóricas, como la evidente búsqueda de homogeneidad que tiene su raíz en la coherencia disciplinar de las valuaciones subjetivas asimiladas, se continúa en la estandarización de la prueba a partir de la construcción de grupos “puros” de los cuales se excluyó a la población negra y blanca de habla no inglesa, y se confirma en la indicación del propio D. W. que señala que lo que sus escalas sondean no es para nada “la inteligencia” en general, sino específicamente  “la inteligencia Americana”. [6]

Llegado a este punto podemos preguntarnos: ¿Qué estatuto debemos darle al hallazgo/no hallazgo de “inteligencia Americana” en una ruca de Panguipulli al sur del Wallmapu, o en un “alto rancho” del barrio las acacias o en Berazategui? [7]

Luego: ¿Cuál es el estatuto político de esta búsqueda?

Lo político en “la inteligencia”

“En la medida en que nuestros vecinos del Sur obedezcan las leyes primarias de una sociedad civilizada pueden estar seguros de que serán tratados por nosotros con un espíritu de cordial y colaborativa simpatía”. [8]

La Psicología como herramienta de “lo político” desplegó uno de los capítulos mas importantes de su historia con la ola psicometrista que tuvo sus raíces en los esfuerzos de A. Binet por ordenar las subjetividades al molde del nuevo Estado Francés, se consolidó como política de disciplinamiento militar durante la Primera Guerra Mundial, se convirtió en una forma de “barrera orgánica” con su deriva en la Ley de inmigración de 1924 en EEUU (un muro selectivo, mucho mas eficaz que los de Donald Trump), y logró expansión global luego de la Segunda Guerra Mundial.

En su origen, justo antes de ser aplicadas masivamente a lo largo y ancho de todo el globo, las escalas WAIS fueron desarrolladas y estandarizadas entre los años 1939-1946, es decir, en un período peculiar que desembocaría en la circunstancia única en la historia en la que un país (EEUU) pudo ostentar nada menos que el 50% del PBI mundial, y que continuaría en los años siguientes con una expansión sin precedentes que ya no ubicaría en primer plano el poder de las armas sino la pacífica y civilizatoria bandera del Desarrollo.

“Fue en el día 20 de enero de 1949 que el Presidente Harry Truman, en su discurso inaugural delante del Congreso, llamando la atención de su audiencia para las condiciones en los países más pobres, por primera vez definió a estas zonas como subdesarrolladas. De súbito un concepto aparentemente indeleble se estableció, apretando la inmensurable diversidad del Sur en una única categoría – los subdesarrollados. La creación de este nuevo término por Truman no fue un accidente sino la expresión exacta de una visión de mundo: para él todos los pueblos del mundo caminaban en la misma pista, unos rápido, otros despacio, pero todos en la misma dirección, con los países del norte, particularmente los EEUU, por delante.” [9]

Suponer  “la misma pista” es una de las claves de articulación de los efectos políticos de las escalas de inteligencia general.  Es lo que capta con la noción de “cosificación” Stephen Jay Gould (10) en su cruzada contra el hereditarismo norteamericano:

“…la cosificación de la inteligencia, por la que esta última se convierte en una entidad independiente y medible; y el supuesto —ya presente en las mediciones craneanas de Morton (ver supra, págs. 50-69) y conservado hasta la graduación universal de Jensen para la inteligencia general (ver infra, págs. 317-320)— de que la evolución consiste en un progreso unilineal, y de que una única escala ascendente, tendida entre las formas más elementales y las más ricas, constituye la mejor representación posible de dichas variaciones ordenadas. El concepto de progreso es un prejuicio muy arraigado, de antigua estirpe (Bury, 1920), y su influencia es tan poderosa como sutil, dado que se ejerce incluso sobre quienes estarían dispuestos a negarlo en forma explícita (Nisbet, 1980). [10]

Obsérvese que la clave de articulación que desencadena los efectos políticos posteriores es, en el caso de las escalas WAIS, la utilización (cosificación según Gould) del factor G, promovida por la suposición de que una correlación señala algo del orden de la causa, lo cual es completamente falso. Es el factor G el que asume el carácter de categoría, posibilita las operaciones matemáticas entre “abilites” diferentes y permite dar el paso, de Test de rendimiento a Test de “inteligencia”. Paso que encubre el carácter arbitrario de las valuaciones subjetivas y habilita, por muchas medidas precautorias que incluso el propio DW haya tomado al respecto, la ambición universalista que permitió utilizar las escalas WAIS,  primero como herramienta de disciplinamiento interno y luego como herramienta de coloniaje.

Es cuando tenemos en cuenta  tres características básicas, 1-la elocuente promoción que buscó el anclaje institucional y su expansión como herramienta de las burocracias, 2-la antes mocionada pretensión de universalidad  legitimada por el barniz de la ciencia, el progreso y la tecnología, y 3-el contraste desarrollado/retrasado que aporta una dinámica engañosa y conlleva el tinte aséptico e inexorable de lo biológico; que podemos observar la contundencia con la que la noción weschleriana de inteligencia reclama su pertenencia al grupo de las políticas de Desarrollo, lanzadas por Washington a mediados del siglo XX.

El masivo derramamiento de sangre provocado por la Segunda Guerra Mundial junto a la paridad del potencial bélico que inauguró la Guerra Fría, impuso nuevas condiciones a la sed colonial que ya no podría apagarse como antaño, recurriendo a los efluvios de la dicotomía “Civilización o Barbarie”. De ahora en más se trataría de la más elaborada “Civilización o Retraso (mental)”.

Las alianzas militares (OTAN-1949) y entre Estados (ONU-1945), los Planes de desarrollo (Marshal-1948) y organismos multilaterales de crédito (FMI-1945, BID-1959), las escuelas de economía y las diferentes disciplinas estratégicas, junto a la consolidación del aparato propagandístico massmediático dominado casi exclusivamente desde entonces y hasta nuestros días por intereses norteamericanos, darían consistencia a una Hegemonía [11] en la que las nociones de Inteligencia, Normalidad, Salud, Calidad de vida y Bienestar, condensadas en el proyecto civilizatorio resumible en el slogan “American way of life” [12], desempeñaron (y en buena medida continúan  desempeñando) un papel central por su capacidad para homogeneizar las subjetividades en el sentido conveniente a “lo político”.

Hasta aquí pudimos observar el modo en que el concepto de inteligencia  transpira magma de SIS y junto a él encontramos la escurridiza dimensión de “lo político”, habitándola de modo constitutivo y generando imperativos sancionables del tamaño y la eficacia del Retraso mental.

De este modo hemos definido “lo político” y observado su capacidad de reducir el Rol del psicólogo al de mero engranaje. Pero poco hemos dicho de “la política” y nada respecto al modo en que ambos se cruzan en la propuesta castorideana conocida como “Proyecto de autonomía”.

Ese será precisamente, nuestro próximo paso.

Notas

[1] Castoriadis, C. “Poder, política y autonomía” En El mundo fragmentado. Altamira, Buenos Aires, 1997. (Pag 9).
[2] Sobre lo que se entiende por “la política” y sus relaciones con “lo político” profundizaremos en el próximo capitulo.
[3] Castoriadis, C. Capitulo VI “La institución histórico social, el individuo y la cosa” En Institución imaginaria de la sociedad Vol II, Tusquest editores, Buenos aires, 2003.
[4] Wechsler, D. “La medición de la inteligencia en el adulto”, Huascar Ed. Buenos aires, 1970.  (Pag 134)
[5] A propósito ver  Miguel L. Martín Jorge, “Bellevue Intelligence Tests (Wechsler, 1939): ¿una medida de la inteligencia como capacidad
de adaptación?”, Revista de historia de la psicología, Vol 33, Nro 3, Universidad de Valencia, 2012.
[6] ídem 4 (Pag 134)
[7] Ruca es una vivienda mapuche. Panguipulli en una comuna chilena ubicada en la provincia de Valdivia.  Wallmapu refiere a los territorios de la nación mapuche. Alto rancho es un modismo utilizado en las barriadas populares de la Argentina para referirse a una linda casa. Las acacias es un barrio periférico de la ciudad bonaerense de Campana. Berazategui es un departamento de la provincia de Buenos aires.
[8] Extracto de “La doctrina Monroe” obtenido de: Boron, Atilio, “América latina en la geopolítica del imperialismo”, ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2012. (Pag 65)
[9] Sachs, Wolfgang; Planet Dialectics. Explorations in Environment & Development; Londres: Zed Books, 1999.
[10] Gould SJ, “La falsa medida del hombre”, ediciones Orbis, Buenos aires, 1988. (Pag 160)
[11] Según la definición que ofrece Boaventura de Sousa Santos: “La hegemonía es el conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y de la vida que, por ser altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por ellas, permiten que las élites políticas, al apelar a tales ideas e interpretaciones, gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernan en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios”
Disponible en: http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2016/01/01/la-izquierda-del-futuro-una-sociologia-de-las-emergencias/
[12] La correlación entre la noción de inteligencia y el modo de vida de la sociedad de origen de las escalas que la miden había sido descubierta ya por el famoso Psicólogo  (Mayor, por su titulo militar) R.M Yerkes, autor de las escalas alpha y beta del ejército, consideradas abuelas de todas las escalas posteriores. Gould indica que: “Yerkes descubrió que existía una relación directa entre los resultados medios obtenidos en los tests por los reclutas de origen extranjero y sus años de residencia en los Estados Unidos.

AÑOS DE RESIDENCIA                                 EDAD MENTAL MEDIA
0-5                                                                   11,29
6-10                                                                 11,70
11-15                                                               12,53
16-20                                                               13,50
20-                                                                   13,74

¿Estos datos no indicaban que las diferencias en los resultados obtenidos no dependían de la inteligencia innata sino de la familiaridad con el modo de vida norteamericano?“ (Idem 10, Pag 229).

Por gentileza de El psicoanalítico