Psicoanálisis y surrealismo | Del fallido encuentro entre Freud y Breton

Valeria Yonson
Licenciada en Psicología
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El surrealismo como vía de implantación del psicoanálisis en Francia: su posible fundamento

Siguiendo a Elizabeth Roudinesco, se pueden mencionar dos vías de entradas del psicoanálisis en Francia: la vía medica- terapéutica, representada por la psiquiatría y psicología y la vía intelectual –en la que se encuentra el ámbito literario, la universidad, filosofía y la política–. El ambiente medico adhirió solo a una concepción médica del psicoanálisis en donde primaba la finalidad terapéutica. En las antípodas se sitúa la corriente intelectual, que al llamarse “vanguardia” podía apropiarse de las ideas más nuevas y hacerlas proliferar a su modo.

Es así como el medio literario se afana por dar lugar al análisis profano del psicoanálisis, lo que interesa no es la terapéutica al modo en que Freud lo conceptualiza y describe: (…) legos = no médicos y la pregunta es si también a los no médicos debe permitírseles ejercer el análisis” (p. 171). La implantación del psicoanálisis en Francia, de la mano del movimiento surrealista encuentra su punto de apoyo en el análisis profano dando batalla a la medicina que ostentaba el dominio de lo mental: Breton –fundador del movimiento–, Aragon, Robert Desnos, Antonin Artaud escriben con virulencia sobre la medicina.

En este sentido, el 15 de Abril de 1925 se publica la revista La Revolution Surrealiste y en ella Antonin Artaud publica una Carta a los jefes de manicomio, criticando fuertemente a la psiquiatría –que en aquel entonces era alienista– por su afán clasificatorio de las enfermedades mentales: Las leyes y costumbres te dan el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y temible se ejerce con su razón. La credulidad de los pueblos civilizados, sabios, gobiernos adorna la psiquiatría de no sé qué luces sobrenaturales. El proceso de su profesión ya ha recibido su veredicto. No tenemos la intención de discutir aquí el valor de su ciencia o la dudosa existencia de una enfermedad mental. Pero por cada cien supuestos patógenos en los que se desata la confusión de la materia y el espíritu, por cada cien clasificaciones de las cuales los más vagos siguen siendo los más rentables, ¿cuántos intentos nobles de llegar al mundo cerebral donde viven tantos de sus prisioneros? ¿Cuántos, por ejemplo, piensan que el sueño del precoz demente, las imágenes por las que está poseído, es más que una ensalada de palabras?”

El mencionado manifiesto escrito precedentemente, refleja la posición del colectivo del movimiento surrealista respecto de la medicina, a modo ilustrativo podemos situar la concepción de histeria que pregonaban: la definen como un lenguaje, una obra poética, un modo de expresión que se aleja del fenómeno patológico: “(…) un estado mental más o menos irreductible que se caracteriza por la subversión de las relaciones que se establecen entre el sujeto y el mundo moral del que cree depender prácticamente, fuera de todo sistema delirante. Este estado mental se funda en una necesidad de seducción recíproca que explica los milagros prestamente aceptados de la sugestión (o contra sugestión) medica” (Roudinesco, 1993, p. 23). Si Charcot arranca a la histeria del lugar de la mera simulación y logra darle un lugar en el discurso medico científico de la época, los surrealistas son solidarios con esta concepción. Sin embargo no ven en estas manifestaciones una anormalidad sino un medio supremo de expresión.

Considerando lo aludido, podemos ubicar cierto paralelismo entre el movimiento surrealista y la posición freudiana, respecto de la ofensiva hacia la psiquiatría. Es así que Freud refiere en la Conferencia 17 “El sentido de los síntomas”: “(…) la psiquiatría clínica hace muy poco caso de la forma de manifestación y del contenido del síntoma individual, pero que el psicoanálisis arranca justamente de ahí y ha sido el primero en probar que el síntoma es rico en sentido y se entrama con el vivenciar del enfermo” (p. 235).

En los párrafos que anteceden, intentamos argumentar el motivo por el cual el surrealismo sirvió como vía de introducción del psicoanálisis en Francia al dar batalla a la medicina como supremacía de lo mental.

Los inicios del movimiento surrealista

A continuación, para ordenar nuestra exposición, es preciso situar que con el comienzo de la Primera Guerra Mundial Andre Breton, que había estudiado medicina, se desempeña como médico asistente en el Centro Psiquiátrico del Segundo Ejército en Sanit Dizier. Allí eran trasladados los combatientes que estando al frente de batalla padecían de neurosis de guerra. Breton queda conmovido al presenciar la observación de un delirio que daba una explicación a la guerra que se había desatado. En palabras del mismo Breton: “Estando entonces totalmente absorbido por Freud, con cuyos métodos de examen –que tuve ocasión de practicar sobre algunos enfermos durante la guerra– me había familiarizado, decidí obtener de mí mismo lo que se busca obtener de ellos, es decir un monólogo de elocución lo más rápido posible sobre el cual el espíritu crítico del sujeto no pudiera dirigir ningún juicio; que no estuviera trabado por ninguna reticencia ulterior (…) un pensamiento parlante” (1924, p. 40).

Se puede ubicar el surgimiento del movimiento surrealista en el año 1919 con la fundación de la revista Letteratura, en donde aparecen unos capítulos acerca de los champs magnetiques, escrito redactado por Andre Breton y Phillipe Soupault, que toman para ello el concepto de escritura automática de Janet. Sobre este pensamiento parlante, dictado por fuera del control de la razón, Roudinesco nos acerca una descripción que realiza Soupault de aquella experiencia: “(…) habíamos comprobado que en efecto nuestro espíritu, liberado de todas las presiones criticas y las costumbres escolares, ofrecía imágenes y no oraciones lógicas y que si aceptábamos adoptar lo que el psiquiatra Pierre Janet llamaba escritura automática, anotábamos textos en los que describíamos un “universo” hasta ahora inexplorado. Decidimos entonces darnos quince días para describir juntos una obra en la que nos (sic) prohibimos corregir y con gran alegría leímos los textos” (p. 28).

Este “pensamiento parlante”, ausente de cualquier juicio, se constituye como nueva forma de expresión. Breton lo nombrara surrealismo, una supra realidad, que apuntalada en el método de asociación encuentra una vía para acceder a una realidad superior, un verdadero “dictado del pensamiento”, que suspende todo control ejercido por la razón y se sitúa más allá.

Andre Breton invita a disponer el espíritu para lograr la plena actividad surrealista y para ello plantea:

-Primeramente, el principio de asociación de ideas a partir del cual las imágenes surrealistas se presenta espontáneamente, exentas del acto voluntario que ya no gobiernan las facultades mentales.

-Sostiene además que la experiencia surrealista revive la infancia, siendo que los recuerdos de la infancia están cerca de la “verdadera vida”.

-Finalmente, el creador del movimiento surrealista se muestra abierto a la llegada de otros procedimientos –más allá de la escritura automática– que lleven a la asociación necesaria para acceder a la supra realidad.

El sueño desde la mirada de Breton y de Freud

Andre Breton trató de fundamentar la experiencia surrealista a partir de los diversos métodos de interpretación de los sueños. Por ello Freud se vuelve para Breton merecedor de respeto y admiración, y pone en valor al padre del psicoanálisis por sus descubrimientos sobre el sueño y la vida psíquica. En el Primer Manifiesto Surrealista se puede leer: “(…) en apariencia débase a un verdadero azar que se haya sacado a la luz, recientemente, una parte del mundo mental –en mi opinión la más importante– a la que todos aparentaban quitar importancia. Hay que estar agradecidos de esto a los descubrimientos de Freud (…) ha centrado su crítica sobre el sueño. Es inadmisible, en efecto, que una parte tan considerable de la actividad psíquica haya retenido tan poco la atención” (1924, p. 27). Resulta oportuno mencionar que para Andre Breton, el método de interpretación de los sueño es el hallazgo original de Freud.

Tomando algunos apartados del aludido Manifiesto y del libro Los Vasos Comunicantes, nos interesa señalar ciertas apreciaciones que Breton hace del sueño, que si bien lo muestran en apariencia cautivado por el psicoanálisis, revelan sin embargo, cuan distanciado estaba respecto del modo de entender este fenómeno psíquico.

El argumento que acompaña y sostiene sistemáticamente el fundador del movimiento surrealista, es que hay una solución de continuidad del mundo del sueño y el mundo de la vigilia, una supra realidad a partir de la fusión de ambas. Dicha consideración queda plasmada claramente años después, en el mencionado libro Los Vasos Comunicantes, de 1965. La obstinación al sostener dicha argumentación lleva a Andre Breton a una confusión respecto de la recepción de los postulados teóricos fundamentales del psicoanálisis.

En el Primer Manifiesto Surrealista se critica la diferencia de importancia que se le atribuye a la vida onírica respecto de la vida de vigilia y la puesta entre paréntesis que el hombre hace de la primera. Se reflexiona aquí sobre tres puntos:

1. El sueño se presenta continuo y poseyendo trazos de organización: en este sentido relata que la memoria solo retiene del espesor del sueño las capas superficiales, prescindiendo así del sueño, siendo que el sueño de la última noche es continuación de la noche anterior.

2. El estado de vigilia es un fenómeno de interferencia, el funcionamiento normal aparece estrechamente enlazado con las impresiones de la noche, en el estado del dormir. Se afirma que es una posición subjetiva la tendencia de subordinar la vida onírica a la vida de vigilia.

3. Según nuestra apreciación, algo del orden de la realización de deseo podría ubicarse cuando Breton señala que “El espíritu del que sueña se satisface ampliamente con cuanto le ocurre” (1924, p. 30).

4 Finalmente, el padre del movimiento surrealista afirma sentirse confiado en la futura fusión de ambos estados, del mundo de la vigilia y del sueño, que en apariencia se muestran contrarios y dar lugar a una súper realidad, una realidad absoluta.

Ahora bien, en Los Vasos Comunicantes Andre Breton se dedica en buena parte al fenómeno onírico, vuelve sobre la afirmación de la solución de continuidad entre la vida diurna y el mundo del sueño y la sostiene a rajatabla, de allí la analogía con los vasos comunicantes –en física, el conjunto de recipientes comunicados por algunas de sus partes– Emprende al mismo tiempo una fuerte crítica en particular hacia Freud.

Apunta inicialmente a la afirmación de Freud de la no existencia del sueño profético, afirmación, claro está, que va a contrapelo de la continuidad entre la vigilia y el sueño que sustenta Breton.

Es menester agregar que a partir de La interpretación de los sueños, de 1900, Freud presenta su primera tópica de aparato psíquico compuesto por sistemas, diferentes localidades psíquicas, siendo el sueño la vía de acceso regia al sistema inconsciente.

Los dos grandes aportes freudianos en lo que hace a la teoría de los sueños son: en cuanto al método de interpretación, el distanciamiento de Freud respecto del método de interpretación de descifrado –en el cual la interpretación de los elementos del sueño la realiza no el soñante, sino un intérprete, a merced de una clave fija–. Freud sostiene la interpretación a favor de la asociación que puede realizar el soñante de los elementos del sueño tomando como punto de partida el relato del sueño, es decir, el contenido manifiesto. El otro gran aporte de Freud con respecto a los sueños es que los mismos son la realización de un deseo inconsciente, de un deseo que es sexual, infantil y reprimido.

Parafraseando a Freud, es célebre la frase que reza que los sueños inauguran otro escenario distinto del de las representaciones de la vida de vigilia: En este punto Freud sigue como sabemos a Fechner: “Nadie ha destacado con mayor vigor la diversidad de esencia entre la vida onírica y vida de vigilia (…) que Fechner (…) Conjetura que el escenario de los sueños es otro que el de la vida de representaciones de vigilia. “Si el escenario de la actividad psicofísica fuese el mismo en el dormir y en la vigilia, el sueño a mi juicio no podría ser sino una continuación de la vida de representaciones de vigilia (…) debería compartir su material y su forma. Ahora bien, nada de esto sucede” (1900, p. 72).

Aquí entonces la distancia inconciliable entre Freud y Breton. Mientras el primero inaugura otro escenario, en tanto una localidad psíquica, un sistema –el Inconsciente– con leyes y cualidades propias, en donde tienen lugar las representaciones de la vida anímica y por tal también las de la vida onírica; el segundo se empeña por ubicar ambas dimensiones en un mismo nivel, como continuidad una de la otra: “(…) adoptare por mi parte (…) el juicio según el cual la actividad psíquica se ejercería mientras uno duerme de una manera continua” (1965, p. 22). El mundo del sueño y el mundo real se agrupan en una unidad, son uno solo, afirmación que retorna una y otra vez en Andre Breton.

Nuevamente nuestra mirada se dirige sobre Los Vasos Comunicantes, y agregamos que en la experiencia surrealista se revive la infancia, esos recuerdos infantiles que están cerca “de la verdadera vida”, lo infantil, sería solo elementos secundarios y tienen valor en tanto sucesos reales acontecidos en el mundo real. Esto barre con la existencia de la realidad psíquica y el lugar por tal de la fantasía en la producción de procesos psíquicos de cualquier índole.

A lo mencionado en el párrafo antecedente, se añade el “muro de la vida privada” y el papel de la sugestión en los enfermos que mantiene confinada la sexualidad, haciendo obstáculo desde la perspectiva de Breton a la asociación como método de interpretación. En tal sentido, inicialmente se dirige a Freud objetando sus propios sueños y el “muro de la vida privada” que hace freno a los sucesos de la sexualidad. Luego la detracción apunta a los pacientes alegando que son enfermos sugestionables, poniendo así en duda lo relativo a la vida sexual en la incidencia de la patología: “(…) las preocupaciones sexuales no representan al parecer ningún papel en sus sueños personales, mientras que contribuyen de una manera netamente preponderante a la elaboración de otros sueños que se decide a someternos. Por lo tanto, el segundo obstáculo con el que tropieza el psicoanálisis es que estos sueños son en general sueños de enfermos y lo que es más: “histéricos”, es decir, personas muy particularmente sugestionables y susceptibles” (1965, p. 27).

Sabemos que Breton y Freud mantuvieron un breve intercambio epistolar en el que sin duda el primero se revela atraído por los principales postulados teóricos freudianos que lo incitan además a mantener una discusión con Freud, ello parte como hemos visto de la equivocación que sumía a Breton al acoger los pilares teóricos del psicoanálisis.

Freud le escribe en una misiva a Breton: “A pesar de que recibo tantas pruebas del interés que usted y sus amigos tienen por mis investigaciones, yo mismo no soy capaz de aclararme qué es y qué quiere el surrealismo” (1978, p. 156).

Referencias bibliográficas

BRETON, A. (2001): Manifiestos del surrealismo. Ed. Argonauta. Segunda edición. Buenos Aires.
BRETON, A. (1965): Los vasos comunicantes. Editorial Serie del volador. Primera edición. México.
FREUD, S. (2007): “Punto E. Las particularidades psicológicas del sueño”. En La Interpretación de los sueños. Obras completas. Vol. IV Amorrortu editores. Buenos Aires.
FREUD, S. (2007): “Conferencia 17. El sentido de los síntomas”. En Conferencias de introducción al psicoanálisis” Obras completas. Vol. XVI. Amorrortu editores. Buenos Aires.
FREUD, S. (2007): “Cap II. El método de interpretación de los sueños. Análisis de un sueño paradigmático” (1900). En La interpretación de los sueños. Obras completas. Vol. IV. Amorrortu editores. Buenos Aires.
ROUDINESCO, E. (1993): La batalla de los cien años. Historia del psicoanálisis en Francia (1925-1985). Madrid.
ROUDINESCO, E.; PLON, M. (2005): Diccionario de psicoanálisis. Editorial Paidos. Buenos Aires.