Psicología, marxismo y posmodernismo

Manuel Calviño
Facultad de Psicología, Universidad de La Habana (Cuba)
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Resumen

Como una moda más penetró con bastante fuerza en varios círculos intelectuales del continente el posmodernismo ¿Ha sido particularmente impactada la Psicología, sus prácticas profesionales y sus fundamentos epistemológicos por el pensar posmoderno? ¿Qué marcas le inscribe a la psicología su existir en un mundo posmoderno? ¿Cómo se vincularía un desarrollo marxista de la psicología con el clima intelectual posmoderno? Son estas las preguntas que el autor se plantea en este trabajo. Para avanzar en la búsqueda de respuestas se hace un cuestionamiento conceptual de partida: ¿Qué es el posmodernismo? Un camino largo y repleto de reflexiones es la sugerencia básica apuntando a una visión crítica constructiva.

Abstract

The likes of the manner a new trend hits, Posmodernism penetrated several intellectual circles of our continent with much force. Has Psychology, its profesional practices and its epistemotogicall foundations been particularly impacted by it? How is psychology affected by the fact that it exists in “a postmodern world”? How would a marxist development of psychology be linked with the postmodern intellectual climate? These are the questions the author addresses in this work. As a starting point in the search of answers, an initial conceptual question is made: What is postmodernism? A long road replete with reflections pointing towards a constructive critica’ vision is the basic suggestion.

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La modamanía es una enfermedad bastante común en nuestro continente. En gran medida tiene que ver con ese síndrome mimético del que padecen muchas personas por efecto de tantos años de colonización económica, política y cultural. En algún momento Salazar, J. M. (1983), observando este comportamiento en algunos pueblos latinoamericanos con respecto a lo que viene de los Estados Unidos de Norteamérica, habló del síndrome de IDUSA (Ideología Dependiente de USA). También Fernando Ortíz llamaba la atención sobre una cierta preferencia a preferir el fru fru de la seda importada y el perfume de flores exóticas que no conocemos (Ortíz, F. 1987, p. 81). Creo firmemente en la necesidad y la riqueza de los procesos genuinos de transculturación, en los procesos de superposición cultural, en el sincretismo, en la asimilación de las culturas, en la universalidad como continente de las identidades, pero reconozco la terrible enfermedad del mimetismo fetichista y subdesarrollado.

Como casi todas las manías, la de la adicción indiscriminada a lo que está de moda es irracional, tempestuosa e irreflexiva. Los criterios de adicción (bastante más que una mera adopción) son como antes dije absolutamente miméticos, imitativos o en el mejor de los casos camaleónicos o adaptativos, por lo que no es necesario ni entender el modelo mimetizado, ni estudiarlo con fines críticos. Es cierto que en los últimos años se han desarrollado también tendencias más comprensivas y racionales que se incorporan de una manera involuntaria al proceso de sujeción total al modelo de partida. Ambos tienen en común, para nuestro continente, el quedar incorporados a una modernidad cuyo corazón está lejos del corazón de nuestra cultura. (Brunner, J.  J. 1988, p. 217)

La Psicología en nuestra región no ha estado libre de tales desviaciones. Basta observar los programas de estudio de las Facultades y Escuelas de Psicología para encontrar de una parte,que en muchas ocasiones la literatura científica autóctona sobre la que se sustentan los planes de estudio son versiones de segunda mano de originales no traducidos o aún poco conocidos. Claro que hay honrosas excepciones. Pero el fenómeno de la reproducción caricaturesca acrítica, descontextualizada, asumida por criterios de moda europea o bestseller norteamericano es mucho más frecuente de lo que podría ser explicado por la casualidad o la presencia de cualidades adolescentes en el nivel actual de desarrollo de la disciplina en nuestra región. Si observamos un fenómeno relativamente reciente como el lacanismo, creo que quedan pocas dudas acerca de las afirmaciones anteriores. Pero antes sucedió con el conductismo, y con la llamada psicología humanista. De otra parte es bien común la existencia de importantes omisiones de la obra de muchos de nuestros más preclaros pensadores —Varela, Ingenieros, Varona, Ponce, por sólo recordar algunos—.

Junto a esto, es decir, como rasgo típico del mimetismo, aparece la reafirmación multiplicada del objeto modelo a imitar. Se trata, sencillamente, de que al asumir acríticamente lo ajeno en franca sustitución u ocupando el lugar de lo propio, se produce una suerte de extremismo radical que conforma efectivamente una caricatura que acentúa rasgos sobresalientes como para que se le reconozca, a pesar de su tergiversación, en la comparación con el modelo. En América Latina, no solo se puso de moda el lacanismo, más que eso se produjo una conversión masificada al lacanicismo o lacanoamericanismo, al decir de algunos.

Claro que las razones de la modamanía son muy profundas, y atraviesan, más allá de lo idiosincrásico, los escenarios políticos. Volviendo sobre nuestro ejemplo, el auge del lacanismo en nuestro continente, especialmente en el cono sur, es inexplicable sin la comprensión de los contextos políticos: los gobiernos militares fascistas, las políticas de terror, etc. Son también razones sobre todo políticas las que explican por qué el marxismo no llegó nunca a ser una moda generalizada en este continente, aunque no faltaron los que en los sesenta se declaraban marxistas, maoístas, marcusianos y también hippies.

Como una moda más penetró con bastante fuerza en varios círculos intelectuales del continente el posmodernismo. La posmodernidad, ¿llegó para quedarse? ¿o se trata de una visita temporal, algo incómoda, enigmática y equívoca? … teóricos y publicistas de la posmodernidad afirman su presencia definitiva en el campo de la cultura y las relaciones humanas, en tanto sus adversarios denuncian la ideología conservadora y enajenante que se respira bajo sus expresiones. (Ruffinelli,  J., 1990, p. 31) ¿Ha sido particularmente impactada la Psicología, sus prácticas profesionales y sus fundamentos epistemológicos por el posmodernismo? ¿Qué marcas le inscribe a la Psicología su existir en un mundo posmoderno? ¿Cómo se vincularía un desarrollo marxista de la Psicología con el clima intelectual posmoderno? No son preguntas para contestar íntegramente en esta pequeña aproximación al problema, pero han de estar en el punto rojo del colimador.

Para avanzar en la búsqueda de respuestas se hace necesario, como primer paso, un cuestionamiento conceptual de partida: ¿Qué es el posmodernismo? Y es esta una de esas preguntas a las que dar respuesta es una aventura interminable, quién sabe si imposible. Las definiciones intuitivas, aquellas que no se logran verbalizar, que no responden a un proceso específico de penetración en la realidad, pero que permiten a todas las personas una suerte de acuerdo por consensos de lo que algo es, son verdaderamente muy cómodas. No es necesario saber qué es el posmodernismo para identificarlo, para reconocerlo, para hablar de él. De hecho el posmodernismo no se sabe a sí mismo, porque parafraseando a Masotta, solo sabe que no se puede saber. Esto es comprensible cuando reconocemos que para el estar posmoderno la verdad ya no existe, pero el error sí … ya no puedes expresar la verdad, y en efecto la expresión ya tampoco existe como categoría … lo que puedes hacer es denunciar el error. Así que el trabajo del discurso teórico es, en efecto, escribir frases que no afirman posiciones filosóficas de una naturaleza positiva, sino que están en batalla constante para denunciar, interceptar, deconstruir, formas de error. (Machín, H., 1991, p. 13)

Para muchos, —señala Ruffinelli en su presentación de Nuevo Texto Crítico— la posmodernidad es una expresión y una crisis de la modernidad: una manera de presentarse esta en términos contemporáneos; para otros, se trata de una experiencia antagónica. Algunos o muchos entienden el posmodernismo como un ademán conservador, otros como la superación de las falsas antinomias de la modernidad y el descubrimiento de un sujeto social (al fin heterogéneo) que aquella modernidad negaba, ocultaba o asfixiaba. Para algunos, el modo posmoderno de conocimiento implica la destrucción apocalíptica de los “grandes relatos” … legitimadores del pensamiento moderno y de la acción correspondiente; para otros, es el nacimiento de nuevos paradigmas de pensamiento y acción. (Ruffinelli, J., 1990, p. 3)

Caracterizando el contexto del posmodernismo, dice Ravelo: asistimos a una época de pérdida del horizonte de sentido de lo moderno; de relativización y deslegitimación (en filosofía, ciencia, arte, política) de las nociones fuente del sentido del paradigma integrista moderno: tendencia etnocéntrica, optimismo histórico, orientación racionalista, discurso globalizador. Se ha dado paso pues, a la exaltación de ese momento irónico de explosión de vivencias (de historias, sujetos, culturas, lenguajes) como nuevos imaginarios sociales que hasta se miran con simpatías por quienes ahora hablan de la otredad cuando en la relación centro-borde sienten y piensan desde el primero de los polos. (Ravelo, P., 1996, p. 14). De lo que no parece haber mucha duda es de su vínculo afirmativo y crítico con la modernidad.

Reconocerse como posmoderno es señalar cuando menos que existe un vínculo de un antes y un después, y también, de algún modo, alguna relación de inclusión. Al menos no sería extraña para los propios defensores del posmodernismo aquella idea según la cual si la sociedad capitalista crea su propio sepulturero, la modernidad con su incompletitud, con sus proyectos frustrados, también lo hace. La posmodernidad retoma para romper, pero también para reafirmar, aquella conocida sentencia del Manifiesto Comunista: Todo lo sólido se desvanece en el aire. No es causual la aparición de esta frase en los trabajos de crítica a la modernidad, tanto en pensadores modernos cuanto en los posmodernos. (Berman, M., 1986)

El posmodernismo entendido genéricamente es un conjunto de proposiciones, valores o actitudes que, independientemente del grado de su validez teórica, no puede negarse que existen, y funcionan ideológicamente, como parte de la cultura, la sensibilidad o la situación espiritual de nuestro tiempo. (Sánchez, A., 1990, p. 5). Sin embargo, esta es una definición demasiado amplia y genérica y por lo tanto con poca capacidad de diferenciación. De hecho, diversos autores ponen la especificidad del modernismo en lugares en ocasiones muy distantes el uno del otro. Para ganar en precisión podemos acercarnos a la representación que nos ofrece Jameson.

En la visión de Jameson, F. (1986), llamada por algunos de simulacional, por cuanto hace énfasis en la idea de lo aparente, en la simulación como el patrón comportamental instituyente de la actitud posmoderna, los criterios de definición del posmodernismo son en lo fundamental los siguientes:

  1. Desarrollo de un cierto populismo estético más tolerante que legitima la cultura de masas y el kitsch. Esto significa el auge de una literatura incluso científica de fuerte orientación populista.
  2. Si antes de la aparición del posmodernismo el valor actitudinal era transgresivo, se hacía de la transgresión un núcleo axiológico fundamental, el arribo del posmodernismo trae consigo la conformidad y un cierto conformismo al uso.
  3. Instalación de un mecanismo de procedimiento básico: la simulación. Hay una suerte de destrucción de la expresión del ser y un auge de lo fenoménico, lo aparente, lo simulado.
  4. Quizás uno de los rasgos más evidentes, posiblemente por su impacto en diferentes esferas del consumo cotidiano, es la sustitución de la historia por el historicismo, es decir la espectacularización o simulación de todos los estilos del pasado. Se conforma una moda retro carente de nostalgia, sin sentido emocional. Hay una pérdida del pasado radical.
  5. Este fenómeno tiene que ver con una reconsideración ampliada de los determinantes profundos del comportamiento y la vida humana, y la disolución y muerte del sujeto. No es en este sentido casual el auge de un freudismo en su versión lacaniana.
  6. Narcisismo y esquizofrenia social. Hay un proceso de escotomización al decir de Pichón Riviere (1990), una ceguera parcial para los sucesos traumáticos del ayer que se construye sobre la hipervaloración de lo aparentemente dado hoy.
  7. Apoteosis del maquinismo capitalista o cibernético. El paradigma computacional como constructor un nuevo orden de vida.
  8. Abolición de la distancia crítica.
  9. Pérdida de las coordenadas en el espacio urbano.

La síntesis de todo esto es la ausencia, más aún, la negativa al compromiso con el cambio, la transformación: la renuncia a cualquier tentativa de formular un proyecto total de transformación de la realidad social. (Crespi, F., 1988, p. 343). Con esto se descalifican las intenciones transformadoras, de cambio, y la propia acción. Es por esto que se afirma que la posmodernidad es la desconfianza, la falta de fe en todo lo que se ha construido dentro del discurso moderno. Da lo mismo que sea la dialéctica, o la lucha de clases (Lyotard, J. F., 1984). La historia ha muerto, no hay creencias teológicas ni científicas. Por eso, tampoco hay razones para la acción, para el compromiso. (Ruffinelli, J., 1990, p. 32).

El individualismo es la construcción subjetiva del tal contextura sociocultural. El narcisismo designa el surgimiento de un perfil inédito del individuo en sus relaciones con él mismo y su cuerpo, con los demás, el mundo y el tiempo, en el momento en que el capitalismo autoritario cede el paso a un capitalismo hedonista y permisivo … el narcisismo inaugura la posmodernidad. (Lipovetsky, G., 1996, p. 50). La propuesta es la indiferencia, o quién sabe si una desesperanza aprendida convertida por efecto de algún proceso defensivo en actitud nihilista, hedonista, de automarginación. Se me antoja aquella imagen de William Morris en su “Noticias de ninguna parte” cuando hablaba de hombres que a pesar de temerle a la muerte, odian la vida.

Es claro que el desencatamiento posmoderno no es casual. Son muchas las caídas y los golpes que ha sufrido el ideal moderno. Es cierto, como decía César Vallejo, que hay golpes en la vida tan duros. Por su parte, dice Berman que la historia de la época moderna, al menos al nivel de la mente, es la historia de un desencantamiento progresivo (Berman, M., 1987, p. 16). La llamada condición posmoderna no es una alucinación, es una realidad dramáticamente tangible. Vivimos en el mundo de la bomba atómica, un mundo en el que el fin de la historia real es posible porque es posible el fin de la humanidad … el potencial destructivo de la modernidad ha progresado hasta el punto de convertirse en la destrucción absoluta … La conciencia de esta condición posmoderna es necesaria para contribuir a que la autodestrucción de la humanidad no se convierta en una realidad. Pero para el pensamiento posmoderno se trata de una agonía de la realidad … que vendría a justificar sus negaciones de la historia, del progreso y sobre todo de la espera de un acontecimiento que cambie la historia. (Sánchez, A., 1990, p. 11).

De lo expresado hasta aquí se puede suponer con claridad que las relaciones del posmodernismo con el marxismo han sido predominantemente críticas. El marxismo es considerado por los posmodernos como un representante típico de los discursos totalizantes, del fundamentalismo en filosofía. El marxismo pertenece a la historia cuya existencia se niega, o en el mejor de los casos ha llegado a su fin para dar paso a la poshistoria. Mas aún, … la hostilidad del posmodernismo hacia … el marxismo, mana no de un simple malentendido sino, objetivamente, de la necesidad consistente de un capitalismo enfrascado ideológicamente en una batalla por desplazar y prevaciar el marxismo a través de la aparentemente radical formulación de terceros caminos. El problema más crucial del marxismo en la actualidad … permanece seguramente más allá de los horizontes conceptuales del posmodernismo. (Larsen, N. 1990, p. 80). A pesar de esto, como quiera que Marx es considerado como uno de los más importantes críticos de la modernidad, las referencias a sus obras no son totalmente ausentes, pero escudriñar en ellas es encontrar el vacío, palabras unidas por una sintaxis tan diametralmente opuesta que la pertenencia queda de principio cuestionada.

Si analizamos las rupturas de la propuesta posmoderna con lo que pudieran ser los instituyentes centrales de la modernidad, dejamos poco margen a la duda acerca de la compatibilidad de posmodernismo y marxismo, y lógicamente la inquietud acerca de las relaciones probables entre un desarrollo marxista de la psicología y el pensamiento posmoderno desaparecería inmediatamente. Estoy partiendo de considerar que en lo fundamental el pensamiento marxista es de profunda inspiración moderna. Claro que la del marxismo es una inspiración crítica en tanto anticipa, reconoce y propone la disolución de los discursos hegemónicos típicos de la ideología burguesa. El modernismo del marxismo es un modernismo crítico (no es casual que la referencia a Marx haya sido tan socorrida en las posturas críticas a la modernidad: Adorno, Marcuse, Berman, Fromm, Habermas y muchos otros).

Algunos elementos pueden sustentar claramente la afirmación anterior. La modernidad, cuyo inicio tiene relación directa con el iluminismo, con la Revolución francesa y la revolución epistemológica que esta traía como esencia transformadora, aparece caracterizada por una serie de rasgos positivos, o lo que podemos denominar una estrategia constructiva. Entre sus ejes esenciales encontramos: la existencia de proyectos de emancipación humana, el culto a la razón que impulsa el dominio cada vez mayor del hombre sobre la naturaleza y sus propias relaciones sociales, y el reconocimiento del carácter progresivo del proceso social. Lo viejo da paso a lo nuevo. La negación del pasado y la preeminencia de lo nuevo, del futuro. La modernidad nació marcada por las utopías asociadas a las nacientes y pujantes ideologías. No es casual que uno de los más conocidos eslogan del posmodernismo sea la muerte de las ideologías. Con las ideologías mueren los proyectos, mueren las utopías.

Considerando todo esto, en una primera mirada, en una mirada desde afuera toda vez que en nuestro medio profesional no me parece posible hablar de una presencia importante del posmodernismo, me decido por la impresión que me invita a la crítica y la distancia. Para las Ciencias Sociales el posmodernismo contiene una invitación a la desidia, a la desintegración, a la abolición de los proyectos sociales, de los proyectos compartidos; una negativa a la participación, noción ésta que, como dice Bauleo, señala un compromiso, un ser parte, un estar incluido, un ser integrado, una pertenencia, una doble decisión de estar presente en un proceso colectivo en el cual es imposible despegar un exterior de un interior, un mundo externo de un mundo interno. (Bauleo, A., 199, p. 15). Coincido con Ruffinelli, J., cuando, refiriéndose al posmodernismo, dice: … esta concepción, que se autodefine más allá de toda ideología, no es más que un recubrimiento ideológico conservador en la guerra fría de las ideas que todavía vivimos, una concepción fatalista cuyo fin último es la inacción, la desesperanza lúcida. (Ruffinelli, J., 1990, p. 38). Y no puedo dejar de pensar con Chomsky que, al menos … adoptar una actitud escéptica es sin duda lo más correcto cuando una doctrina acerca … del hombre aflora en una sociedad que glorifica el espíritu de competencia, en una civilización que se ha distinguido por la brutalidad … (Chomsky, N., 1971, p. 153). Aún así no puedo sustraerme a lo que considero la esencia de la crítica marxista, por supuesto, que quiere decir análisis dialéctico para la superación y la incorporación.

¿Qué pasa (qué ha pasado, qué pasará) con la Psicología y el posmodernismo? Son preguntas difíciles de contestar. Más difícil aún si pensamos que en el espacio profesional de la Psicología en nuestro país, no se ven aún índices claros ni voluminosos de posmodernidad. Sin embargo, algunas previsiones se hacen necesarias, y es por eso que debemos esbozar ideas. El que la posmodernidad como movimiento, como reacción a la condición de vida posmoderna no esté presente aún entre nuestros psicólogos, no es para nada una razón suficiente que nos permita asegurar que no lo estará.

En cualquier caso, recibo la impresión de que el discurso psicológico, al menos en nuestra región, está teniendo un vínculo múltiple con el posmodernismo. En lo que hasta hoy logro ver con alguna claridad, es posible identificar cuatro espacios empíricos fundamentales de vínculo:

  1. La utilización de ciertas doctrinas psicológicas como uno de los puntos de sustento de la cosmovisión posmoderna.
  2. La conformación de un sujeto posmoderno, la subjetividad posmoderna, que es esencialmente el ámbito propio de acción de las prácticas profesionales de la psicología.
  3. La aparición y despliegue de actuaciones profesionales no paradigmáticas de inspiración posmoderna.
  4. El cuestionamiento de los límites y encuadres de las prácticas profesionales tradicionales de la psicología.

Me detengo brevemente en cada una de ellas una vez más como el que piensa en voz alta y con ello invita a pensar.

De que el posmodernismo es una suerte de irracionalismo contemporáneo, una forma, aunque no convencional, de irracionalismo (Larsen, N. 1990, p. 78), digamos un irracionalismo a lo posmoderno, creo que es difícil de dudar. No es nada casual que algunos consideren a Heidegger un filósofo posmoderno (Vattimo, G., 1986). La filosofía posmoderna recibe el pensamiento de Nietzsche a través de los filtros de Deleuze, Foucault y Derrida, mezclándolo con versiones igualmente mediadas de Heidegger y William James en un nuevo híbrido irracionalista. (Larsen, N., 1990, p. 81).

Entonces los referentes psicológicos de ta cosmovisión posmodernista están en un lugar preciso y se asocian a los nombres de Freud y sobre todo de Lacan. Es cierto que para muchos psicoanalistas el psicoanálisis nada tiene en común con una psicología (Mezan, R., 1987, p. 339), pero los criterios, además de tener una cuota de narcisismo elevada, no son convincentes, sobre todo cuando se piensa en la Psicología como un espacio diverso y contradictorio de paradigmas diferentes que tratan, al final, de entender lo mismo. Así que me permito reconocer en el impacto de Freud y Lacan, sobre todo este último, la marca de la psicología como sustento del posmodernismo.

De manera absolutamente sintética podemos decir que el atractivo teórico de Lacan para el posmodernismo está en lo que suele ser denominado como la muerte del sujeto. Lacan … culmina esta destrucción-reconstrucción del concepto de sujeto (Nancy,  J.; Lacoue-Labarthe, P., 1981, p. 80). El sujeto (S) desujetado de Lacan es lo opuesto de cualquier identidad subjetiva, toda vez que está instituido en y por el significante, lo que conectado a la teoría de la verdad nos da una acertada galimatías de sonoridad posmoderna: pienso en lo que soy, allí donde no pienso pensar. El sustrato de toda negación está en la dialéctica del deseo. El sujeto es descentrado por su deseo … su deseo sólo puede ser excéntrico (Nancy, J.; Lacoue-Labarthe. P., 1981, p. 143). Ya no es más sujeto soporte, sino sujeto sujetado a las escisiones que lo constituyen.

Junto a lo señalado anteriormente de la diferencia de opiniones acerca de si el psicoanálisis es o no una psicología, de lo que sí no me cabe la más mínima duda es que el psicoanálisis ha sido, y sigue siendo, un movimiento sui generis en el complejo ámbito de las disciplinas psi. Su ruta, como tendencia, no se ha adscrito a las tendencias de movimiento más generales de la Psicología. Si bien en las prácticas profesionales, sobre todo en las prácticas clínicas, muchos psicoanalistas han buscado una cercanía con referenciales más diversos (quién sabe si en busca de un mejor posicionamiento de mercado), en el espacio teórico las distancias siguen siendo evidentes.

Desde hace más de dos décadas, las rutas de la psicología pasan por la tecnología comportamental sustentada ya en la reflexión, el conocimiento o la adopción. El cambio para incrementar la eficacia y la productividad personal (grupal, institucional, etc.) es la gran meta, y el aprendizaje (de pautas de comportamiento, de modos de comunicación, y otros) es la táctica indiscutible. Tomemos como un claro ejemplo la Programación Neurolingüística (PNL) el arte y la ciencia de la excelencia, que deriva del estudio de cómo las mejores personas en distintos ámbitos obtienen sus sobresalientes resultados. (O’Connor, J.; Seymour, J., 1992, p. 21). La teoría psicológica general se convierte apenas en un contexto o un arsenal indiscriminado de leyes, nociones, conocimientos en sentido general del que se obtiene lo que se necesita para hacer lo que se quiere.

Desde este punto de vista, una lectura psicológica posmoderna sustentada en la visión lacaniana del no-sujeto tiene apenas un pequeño campo de adhesión, un campo restringido al mundo del psicoanálisis y más específicamente al de los lacanianos, a quienes algunos hoy llaman la vergüenza psicoanalítica. El posmodernismo optó por lo menos referencial del campo de lo psicológico (como ciencia y como práctica profesional).

Con esto, además, el posmodernismo como paradigma, o quizás como antiparadigma, reafirma su distancia actual con una psicología de orientación marxista que descansa en una noción de sujeto que se reafirma en su ser como práctica, y no solo como consciencia que se organiza desde la realidad sensible de un yo soy, y no sólo yo estoy. Una orientación marxista en la psicología no puede borrar la esencia y sentido objetivo de lo que es su objeto de estudio … el hombre real, corporal, el hombre con sus pies firmes asentados sobre el suelo, el hombre que inhala y exhala todas las fuerzas de la naturaleza, establece sus potencias esenciales reales, objetivas, como objetos .. .un ser objetivo actual objetivamente y no actuaría objetivamente si lo objetivo no residiera en la propia naturaleza de su ser. (Marx, C., 1965, pp. 165-166).

Un segundo vínculo, mucho más difícil de precisar, se refiere al hecho de que, considerando la existencia de la condición posmoderna, es imprescindible pensar que existe un sujeto o un tipo posmoderno. Es claro que la condición posmoderna es solo situación para determinadas capas o clases de la población. Para el hombre común, para los sectores más desposeídos, el posmodernismo no es su realidad. Su realidad está aún en lo que la modernidad prometió y no pasó de ser promesa Con vergüenza la humanidad debe admitir que aún la modernidad es una ilusión para millones de seres que viven en condiciones infrahumanas, en un mundo donde aún existe la esclavitud, donde aún se muere de hambre, se muere por falta de atención médica elemental, donde para millones de personas la vida es una noción aún por descubrir.

La condición posmoderna es un lujo de la clase media bien instalada, de los grupos sociales más favorecidos. Hablo de los que viven en el espacio mediológico posmoderno, de los que transitan por las autopistas de la información, los que viven el mito de la libertad que paradójicamente los esclaviza, los que viven en una sociedad en la cual una de las principales metas sociales es un nivel de vida más elevado … el deseo de obtener productos superiores adquiere una vida propia. Proporciona un impulso a mayores gastos que pueden ser todavía más fuertes que el que surge de las necesidades que se supone son satisfechas a través de esos gastos. (Dusemberry, J., 1949, p. 28). La sociedad para la cual la orden del día es siempre consumir. La ley es acumular, —dice Castoriadis— pero el profeta se llama consumir (Graña, R., 1993, p. 16). Se trata de una sociedad en la que, como señala Tocqueville en lo que pudiera llamarse una descripción naturalista de la gran enfermedad social de nuestro tiempo, cada persona, retirada dentro de sí mismo, se comporta como si fuese un extraño al destino de todos los demás. Sus hijos y sus buenos amigos constituyen para él la totalidad de la especie humana. En cuanto a sus relaciones con sus conciudadanos, puede mezclarse con ellos, pero no los ve; los toca, pero no los siente; él existe solamente en sí mismo y para él solo. Y si en estos términos queda en su mente algún sentido de familia, ya no existe ningún sentido de sociedad. 

Es el hombre que vive en esa sociedad el que ella misma pone en los consultorios. Hoy más que nunca los consultorios están económicamente limitados a ellos, a esas personas que son los que pueden pagar. El hombre posmoderno, su subjetividad, su mundo mental derivado y derivante emerge en el espacio profesional de actuación de los psicólogos. Insisto, nosotros los cubanos no lo conocemos como tendencia ni como presencia significativa, pero nuestra psicología no es ni puede ser una isla aislada del mundo, por tanto ese hombre es también conformador de nuestro formato profesional y científico.

Desde la caracterización básica del posmodernismo se me antoja que una primera caracterización de lo que esto significaría para la conformación de un hombre de la posmodernidad podemos encontrarla en Lennon y McCartney: He’s a real nowhere man, sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody. Pero para mayor apego al gremio profesional me aprovecho de una excelente caracterización hecha por Rojas, M. C. y Sternbach, S. (1995) hasta tanto un conocimiento más directo del problema me permita acercarme en vínculo experiencial. Claro que, como señalan las autoras, los sujetos concretos no se ajustan jamás en forma acabada a los tipos posibles de su época, ya que la singularidad, por supuesto, desborda cualquier prototipo (idem., p. 131). Señalemos entonces algunos rasgos importantes:

  1. Ritmo hipomaníaco ligado a la abolición de todo conflicto, al éxito y la eficacia. La velocidad es un síntoma de su modo de existir.
  2. Poco sujetado a lazos y limitaciones de cualquier tipo. Es un tipo pragmático que anda a la búsqueda de fama y poder. Cuando lo logra, aún en pequeña escala, hace ostentación de él.
  3. Su interés personal está siempre por encima de otros intereses. Pone toda su agresividad en su competitividad. Por eso no participa de proyectos grupales, institucionales, etc. En el mejor de los casos lo usa como instrumento de su ascenso personal.
  4. Su ética se rige por su pragmatismo y sus objetivos vitales antes expuestos. El tener es el criterio de éxito, por eso además de ser transgresivo, no siente vergüenza por esto.
  5. Se percibe en su vida una profunda banalización. Pertenece a la cultura light . Su insensiblidad logra niveles que limitan con la psicopatía. El esfuerzo ya no está de moda, todo lo que supone sujeción o disciplina austera se ha desvalorizado… (Lipovetsky, G., 1996, p. 56).
  6. Predomina en él un hedonismo individualista. Desestima lo interior, el mundo de Io íntimo. Lo importante es mostrarse bello y divertido. Hay en él una suerte de libido catectizada en la belleza externa. La Histeria. El deseo de hacerse simpático —señala Debray— roza a todo aquel que quiera consentir y prevenir los deseos del otro, a cualquier precio. La neurosis histérica es la forma límite del comportamiento indicial, como búsqueda perpetua de la buena impresión. (Debray, R., 1995, p. 154).
  7. Hay en él una marcada tendencia al escapismo irracional como abordaje evasivo y al mismo tiempo como filosofía pragmática. El trascendentalismo es una manía.

Al mismo tiempo, en tanto cada discurso sociocultural se halla regido por la aspiración inherente de adecuar a los sujetos al ideario en vigencia, toda época histórica favorece el surgimiento de patologías vinculadas a la sobreadaptación: es decir, la adecuación acrítica y absoluta a los modelos culturales predominantes. (Rojas, M. C.; Stembach, S., p. 131), se hace posible percibir un cierto predominio en este sujeto posmoderno de algunos trastornos psicopatológicos.

  1. En su soledad existencial y ética, se observan con frecuencia sentimientos de vacío y depresión muy sutiles, pero que potenciados en una situación dada, llegan a ser verdaderamente críticos.
  2. Hay un predominio del embotamiento emocional y sensorial en sentido general que favorece un volumen importante de astenia y de pasividad manifiestas o encubiertas.
  3. Algo sobre lo que muchos especialistas llaman la atención en el hombre de la posmodernidad es su casi total incapacidad para formar y conservar relaciones significativas.
  4. A partir de todo esto, no cabe duda de que se trata de un hombre dominado por el estrés: trastornos del sueño habituales, cefaleas, contracturas, astenias. Pero lo más interesante es que este estrés llega a convertirse en su condición natural, en su estado basal de vida. Tanto que conceptualmente algunos especialistas hablan de un estrés malo (distrés) y un estrés bueno. Se convierte así en un consumidor de medicamentos, de sedantes, y en un especialista en automedicación.
  5. Aparecen adicciones de todo tipo y múltiples manifestaciones psicosomáticas. A las adicciones conocidas (el cigarro, la bebida alcohólica, las drogas) se suma la adicción misma de consumir.

Estas y otras no son mas que formas de malestar que se arraigan y fortalecen en un espíritu de época marcado por la pérdida de antiguas convicciones y por nuevas discursividades que no se perfilan todavía con claridad como soporte de la subjetividad (Rojas, M. C.; Sternbach, S., 1995, p. 136). El hombre posmoderno, sus contornos subjetivos son la clara manifestación de las relaciones reales en las que viven, lo ideal no es… más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre (Marx. C., 1980, p. XX), la conciencia… no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso real de vida. (Marx, C.; Engels, F., 1966, p. 25).

De lo dicho hasta aquí es obligado llegar al tercer tipo de vínculo entre posmodernismo y psicología: la aparición y despliegue de actuaciones profesionales, no paradigmáticas, de inspiración posmoderna. Las razones son obvias pero precisemos:

  1. A un sujeto posmoderno corresponde una práctica profesional de la psicología que, más allá de llevar en cuenta las peculiaridades de dicho sujeto, lo que correspondería a cualquier modelo de actuación del psicólogo dotado de un mínimo de coherencia, es ella misma una práctica de inspiración posmoderna que entra en una clara relación de demanda-oferta [1].
  2. En muchos casos, como imposibilitado de salvarse de sus relaciones contratransferenciales, dicho en una lenguaje psicoanálitico, o por el hecho mismo de ser un sujeto determinado sociohistóricamente, hablando en otro lenguaje paradigmal, el propio psicólogo es un sujeto posmoderno cuya práctica se enraíza en su condición de vida (Newbrough, J. R., 1993).

Una clara descripción del fenómeno nos la da Lipovetsky en su interesante trabajo La era del vacío. Dice:

“Simultáneamente a la revolución informática, las sociedades posmodernas conocen una revolución interior, un inmenso movimiento de consciencia, un entusiasmo sin precedentes por el conocimiento y la realización personal, como lo atestigua la proliferación de los organismos “psi”, técnicas de expresión y de comunicación, meditaciones y gimnasias orientales. La sensibilidad política de los años sesenta ha dado paso a una sensibilidad terapéutica; incluso (los más duros sobre todo) entre los exllderes contestatarios sucumben a los encantos de la self-estimation: mientras que Rennie Davis abandona el combate radical para seguir al guru Maharaj Ji, Jerry Rubin explica que, entre 1971 y 1975, practicó con delicia la gestaterapia, la bioenergía, el rolfing, los masajes, el jogging, tai Chi, Esalen, hipnotismo, danza moderna, meditación, Silva Mind Control, Arica, acupuntura, terapia reichiana. En el momento en que el crecimiento económico se ahoga, el desarrollo psíquico toma el relevo, en el momento en que la información substituye la producción, el consumo de conciencia se conviene en una nueva bulimia: yoga, psicoanálisis, expresión corporal, zen terapia primal, dinámica de grupo, meditación trascendental; a la inflación económica responde la inflación psi y el formidable empuje narcicista que engendra.” (Lipovetsky, G. 1996, pp. 53-54).

No hay como no estar de acuerdo con esta acuarela de la realidad posmoderna en el ámbito profesional que nos incumbe.

Debo señalar que el camino vino preparado no solo por la condición posmoderna de vida, como señalé antes, sino por los propios senderos que fueron tomando los grandes paradigmas psicológicos. El que los posmodermos se hayan adueñado de Lacan, quien sabe si por su esoterismo verborreico conceptual, no debe escondernos el hecho de que la negación del sujeto fue terreno abonado por Freud y también era la conclusión evidente de la radicalización del conductismo y del marxismo mecanicista subyacente a las variantes rusas del fisiologismo psicológico. De tanto criticar, las Escuelas críticas en psicología desconstruyeron todo sin ofrecer alguna construcción medianamente comprensible. El transcendentalismo de la psicología transpersonal, de clara vocación posmoderna, nació bajo el influjo de la apoteosis humanista del ser en situación del aquí ahora. La propia psicología cognitiva, con su hiperracionalismo, desató la escisión más marcada de la psicología en los últimos años, y por tanto la apertura a un discurso débil de la psicología.

Un detalle de suma importancia sobre el que quiero llamar la atención es el hecho de que no es posible, al menos a mi modo de ver, determinar un paradigma psicológico posmoderno. Por definición esto sería absolutamente improbable. Es más bien todo un movimiento en el que además se confunde muchas veces si el punto de partida es la ofera o la demanda. De modo que lo que reconozco como actuaciones profesionales de inspiración posmoderna siempre es el encuentro de ciertos indicadores importantes de posmodernidad. Ellos pueden ser encontrados en la terapia asertiva, en los grupos guestálticos o en los maratónicos, en la terapia floral, en la programación neurolingüística, e incluso en algunos desarrollos del psicoanálisis. Son manifestaciones quién sabe si actitudinales que redefinen el sentido de las prácticas psicológicas.

Siguiendo, allí donde sea posible, con el intento de puntualizar los elementos que nos permiten encontrar o armar una representación de lo que acontece, me aventuro a delimitar primariamente los ejes dentro de los cuales tendría que moverse, y de hecho se mueve, la construcción de una actuación profesional de sentido posmoderno.

  1. Ausencia de cualquier pretensión de proyección participativa social, la psicología no es para el cambio social, no tiene nada que hacer además en un proyecto utópico e imposible, más aún innecesario. La historia por lo demás no es ni tangible ni adecuada para entender los procesos que viven las personas. Para mí, solo el ahora existe. Ahora = experiencia = conciencia realidad. (Perls, F.,1973, p. 22). Esto, claramente, supone una ruptura evidente con cualquier enfoque marxista probable de la psicología
  2. Como ya señalé antes, se trata de modelos de actuación sobre todo no paradigmáticos, con lo que se clarifica que su intención no hace énfasis en la construcción de teorías, sino en la aplicación de nivel pragmático. La teoría solamente aparecerá en la medida de la necesidad de comprender una actuación de nivel pragmático.
  3. Esto supone una negación de las exigencias a cierta preparación profesional tradicional…no son terapeutas, ni médicos, ni autoridades unos con otros, el aspecto de autoridad del médico nunca ha encajado verdaderamente en el proceso humano de cambio personal, en absoluto. (Gendlin, E., 1988, p. 30).
  4. Relativización extrema del conocimiento, de la verdad, incluso de los sustentos éticos, de lo bueno y lo malo. No podemos decir qué somos y ni siquiera podemos decir, de manera inequívoca, qué no somos. Así, somos este tipo particular de ser que es y no es, que se anula a sí mismo ininterrumpidamente. (Laing R. 1982.p.18)Presencia fundamental de lo corporal como negación de cualquier índice de racionalidad en contraposición a los enfoques centrados en la palabra. El que las terapias verbales no produzcan cambios importantes en la personalidad, ha hecho que se despierte un interés más vivo por los enfoques no verbales y corporales. (Lowen, A., 1977, p. 115).
  5. Eficientismo de las tecnologías comportamentales propuestas como instrumentos para el aumento de la competitividad y la eficacia personal. La PNL es una habilidad práctica que crea los resultados que nosotros verdaderamente queremos en el mundo…Es el estudio de lo que marca la diferencia entre lo excelente y lo normal. (O’Connor, J.; Seymour J., 1992, p. 28).
  6. El eclecticismo más furibundo y heterodoxo que supone junto al practicismo pragmático una negación de la cientificidad y la profesionalidad.Mi redefinición de la madurez..parte de la tentativa de integrar los aspectos fecundos de la teoría de Marx sobre el desarrollo humano con la investigación freudiana sobre los instintos y las emociones, con la de Reich sobre la genitalidad y con la de Hitschmann sobre la persona. (López, D., 1971, p. 104).
  7. Hippismo, noción con la que acuño el intento de mantenerse al margen del mundo académico, de las convenciones científicas y profesionales y de sus instituciones, Y considerar lo inmediatamente dado como el conocimiento real de los sucesos. Predominio del alternativismo.
  8. Reconocimiento de una suerte de Apocalipsis existencial que ha destruido todo, el fin de la historia. Todo ha cambiado, todo es distinto, por tanto nada de lo que hubo habrá, todo ha de ser nuevo. La Dianética —señala Hubbard—, proporciona una comprensión completa de todas las potencialidades de la mente, descubriendo que son muy superiores a las suposiciones pasadas. (Hubbard, L. R., 1987, p. 10).
  9. ¿Qué significado puede tener el desarrollo de actuaciones de este tipo para el desarrollo de la psicología? Tomemos como ejemplo el modo en que infelizmente se han venido desarrollando algunas de las prácticas grupales corporalistas con fuerte influencia negativa del posmodernismo.

Como ya se ha sido dicho por diversos autores, en muchas personas, víctimas del resquebrajamiento de los modelos económicos, sociales y políticos, se ha desarrollado una suerte de escapismo trascendental que favorece la adición a modelos de respuesta, o dicho más exactamente, de búsqueda de respuestas, que están siempre más allá de la razón, de la historia, de la terrenalidad. Me atrevo incluso a decir que mientras menos se parezca a lo razonable más capacidad de adición tienen los modelos propuestos. Pues bien, tergiversando el sentido original de algunas propuestas serias y fundamentadas, ha resultado que reunirse a gritar, o a golpear, o hacer ejercicios acrobáticos deviene una alternativa de solución a los problemas apremiantes de la vida.

Ese ha sido, infelizmente, el destino mayoritario de cosas bien interesantes como las propuestas de Hart, Janov y otros energetólogos, del Zen y el TaiChi- Chuan, incluso en alguna medida el yoga, la cientología, la sofrología, las prácticas de los estados de conciencia alterados, y una buena parte de la psicología transpersonal. Por supuesto que no pretendo con esto invitar a dudar del valor que algunas de esas búsquedas puedan tener, y de hecho han demostrado tener. De hecho, algunos aspectos positivos podrían resaltarse, tales como: la comprensión y desarrollo de vínculos entre las manifestaciones artísticas con las prácticas grupales; el acercamiento a cosmovisiones distintas en las que existe un enorme caudal de experiencias; la ruptura de un modelo rígido de profesional, asociado estrictramente a un tipo de formación científica, y consecuentemente la búsqueda de la complementación intelectual de los distintos profesionales y la extensión de la propia formación de cada profesional.

Pero sobre lo que quiero llamar la atención, es sobre lo que ha sucedido cuando dichas prácticas son erosionadas por el impacto de la visión posmoderna, del uso —venta y consumo— que se hace de las mismas asociadas a conceptualizaciones posmodernas de la existencia humana y de la vida misma, del negocio que se hace con ellas, de lo que han significado dentro del espíritu modo de estar de clases sociales a las que sus vendedores y consumidores pertenecen. ¿Qué ha sucedido para la psicología?

En primer lugar, que muchas de las prácticas corporalistas al no ser realmente prácticas grupales, sino prácticas que se pueden hacer en grupo, o que necesitan hacerse en grupo por razones ajenas a la grupalidad, desdibujan la noción de grupo, de trabajo en grupo, y desactivan el significado de las prácticas grupales como prácticas de movilización para el cambio, convirtiendo la propia noción de grupo en una noción intuitiva de sentido común. Junto a esto, el diseño de montaje de dichas prácticas es individual, y en el mejor de los casos es una relación solo bilateral entre el entrenador y el entrenado, con lo que se reafirma el individualismo y la opción individual como el único recurso plausible incluso en los espacios de convivencia. El criterio de realización grupal es básicamente económico (de tiempo y dinero), y en realidad esconde una vuelta a los énfasis en las prácticas de relación individual.

Por otra parte, si bien es justo admitir que toda práctica grupal comporta un cierto nivel de artificialidad, en las prácticas corporalistas impactadas negativamente por el look posmoderno, el nivel de artificio suele ser altísimo, es más forma parte del modelo de muchas de ellas el crear esta sensación de artificialidad, de ser totalmente distintas a la realidad. Esta artificialidad las convierte en elementos del escapismo y no de la subversión, de la catársis y no de la reflexión y el cuestionamiento críticos, en instrumentos de la adaptación ilusoria o alucinante y no del cambio.

Un efecto nocivo de vital importancia está en la marcada tendencia a la desprofesionalización, que en el caso de estas prácticas, ha sido verdaderamente muy fuerte. Una parte considerable de las personas que asumen responsabilidades, o para ser más exactos, roles de dirección de estos grupos, tienen apenas experiencias bibliográficas o encuentros de dudoso valor de aprendizaje. Los supuestos sustentos teóricos de dichas prácticas responden o bien a creencias estructuradas y sin mayor certeza que la fe, o a elaboraciones empíricas sin la más elemental verificación ni de consecuencias nocivas probables. Además de todo, en estos grupos se promueve una confusión entre lo místico-religioso, lo cultural y lo científico que facilita la irrupción de mercaderes del sufrimiento y la esperanza con sus conocidas prácticas explotadoras y alienantes.

El asumir formas cercanas y congruentes con los postulados del postmodernismo generan en los participantes potenciales una atracción acrítica, tipo modamanía, en la que es difícil dilucidar si el receptor el que se quiere dejar cautivar, o es el emisor quien hace lo imposible por ser cautivadores.

No puedo dejar pasar por alto algo que apenas mencioné un poco más arriba: el alternativismo. Por supuesto que es uno de los síntomas fundamentales de impacto posmoderno. Pero creo justo y necesario hacer una aclaración y distinción fundamental. Si incluyo el sufijo ismo no es por mera casualidad o predilección sonora. Con él quiero llamar la atención sobre la tendencia excesiva, transgresora de su propio límite de realidad y adecuación que se observa en la producción de ciertas actitudes alternativas. La producción alternativa, no solo dentro de la Psicología y las ciencias sociales en general, ha tenido múltiples impactos positivos y es sobre todo el producto de la comprensión de la perversidad de las instituicones castrantes, dogmáticas y hegemónicas. La opción alternativa es sinónimo de independencia, de negación a participar en el malsano juego de la dominación, del neoliberalismo, es un instrumento de barricada frente a la dominación de los dogmas paradigmáticos. En otros ámbitos es también una opción de descentralización y democratización del poder.

Pero el alternativismo en las ciencias sociales y particularmente en la psicología es una enfermedad infantil del izquierdismo y del derechismo. Es tierra fértil para el desarrollo de la diletanciat de la desprofesionalización, del oportunismo y la explotación mercantil del desconocimiento, de la ignorancia (Larraín, R., 1991). Con él se comete el terrible atropello de jugar con las esperanzas, las ansias y las ilusiones de las personas, y esto es algo que ningún científico, ningún profesional que se respete puede compartir ni admitir.

El posmodernismo carga con la responsabilidad de haber facilitado la aparición de una pléyade microcefálica de mesías del saber ignorante, de repartidores de palabras huecas cuyo único sentido es facilitar el escapismo además por vía de muy fácil, primitivo y rudimentario acceso intelectual aunque de costo económico superlativo. Muchos de estos pseudogurus son presocráticos: no saben ni que no saben nada. Sus prácticas son como parques de diversión en el que la psicopatía invita al disfrute del dolor, o a la transposición del alma a estratosferas de otros confines. Ellos sí son un verdadero opio alucinante y enajenante, hechos, o más bien contrahechos, a la medida de lo peor del irracionalismo nihilista y mercantilista de nuestro tiempo.

Desde un cierto anarquismo epistemológico, que ha intentado enfrentar el proceso de erosión de las reglamentaciones metodológicas adoptando el punto de vista extremo de la inutilidad total de las reglas, pudiéramos pensar optimista o eufóricamente que lo que está sucediendo es en aras del desarrollo. Como dice Feyerabend (1982): Hay mitos, hay dogmas de teología, hay metafísica y muchas otras maneras de elaborar una cosmovisión… una conveoiente interacción entre la ciencia y esas cosmovisiones “no científicas”… no es solo posible, sino necesaria, tanto para el progreso de la ciencia como para el desarrollo de nuestra cultura como un todo. (p. 447). Sin embargo, nada nos permite hoy avizorar la ganancia epistemológica de dichas prácticas adulteradas, para ser más preciso, de las prácticas así orientadas. Con esto no quiero significar una suerte de inutilidad absoluta del posmodernismo. Sencillamente considero que la modernidad es aún un espacio de desarrollo potencial ilimitado, y que las malsanidades posmodernas no han de cegar el camino de dicho desarrollo. Definitivamente, coincido con Ravelo cuando afirma que … los auténticos valores de la conciencia moderna mediante los cuales el hombre ha proyectado sus esperanzas y utopías no serán desprendidos tan fácilmente de nuestras consciencias y memorias históricas. De otro modo, sería empujarnos a un catastrofismo axiológico y a compartir filosofías… de renuncias desestabilizadoras de los ideales más logrados de la modernidad. (Ravelo, P., 1996, p. 44).

Precisamente, he dejado para el final lo que en realidad fue el inicio personal de este trabajo: la ansiedad generada por una suerte de atractivo perverso, que de hecho no tiene nada de perverso, que siento por algunos constituyentes de la actitud posmoderna. El hecho es que, junto a todo lo dicho hasta aquí, hay otra manera mucho más creativa de entender la posmodernidad. Como una crisis de esa modernidad incompleta como la llama Habermas; no la muerte de una era sino su crisis, intento de renovación, sacudimiento de las capas vetustas y dogmáticas que hacen tan difícil y lento su funcionamiento… En este sentido, más que sano, es necesario, confirmar la validez de muchos valores llamados posmodernos: ante todo, la descentralización cultural, la destrucción de hegemonías recibidas, la búsqueda de otros centros. (Ruffinelli, J., 1990, p. 38). Estoy hablando en consecuencia con la idea marxista de la apropiación crítica.

Pero el asunto no es meramente de atractivo. Desde mi punto de vista la psicología que hacemos, la que hemos venido haciendo desde nuestra vocación marxista, está necesitada de estas cosas que acabo de mencionar. Por su forma, corre el riesgo de verse convertida en una práctica en exceso dogmatizada, demasiado seria, y, desde un lado más emocional, por momentos aburrida, cíclica, rutinaria. Y esto corre el tremendo peligro de erosionar al deseo, al atractivo, a la ansiedad como movilizador esencial de toda práctica humana, incluso las profesionales y científicas. Hace unos años atrás reunido con un grupo de estudiantes de la Facultad de Psicología les decía que la Psicología necesitaba un new look [2]?, necesita asociarse con lo agradable, defender el principio del placer, lo divertido (Calviño, M., 1997). Y esto tiene que ver mucho con la autenticidad, con la improvisación, con el cuestionamiento.

Es contradictorio con la misma idea de la historicidad del pensamiento y de la producción de la subjetividad pensar que con las mismas categorías, los mismos problemas, los mismos métodos, etc. se puede años tras años avanzar en una psicología de profundo carácter social, …hasta las categorías más abstractas, a pesar de su validez… son, no obstante, …el producto de condiciones históricas, y no poseen plena validez sino para estas condiciones y dentro del marco de las mismas. (Marx, C., 1975, p. 251).

En nuestras prácticas, sobre todo investigativas, la impronta positivista, por ejemplo, sigue siendo muy fuerte. El dato sigue siendo un hecho de inspiración positivista, los modelos lógicos de sustentación de la certeza son esencialmente los que defendieron por mucho tiempo Scott y Wertheimer. A veces la contraposición metodológica a esta suerte de positivismo bien intencionado es tan endeble que sin duda la prominencia positiva sarcásticamente se vuelve a imponer. Tal es el caso del mal uso y abuso de supuestas técnicas cualitativas. Aquí no ha sido el posmodernismo el responsable de una suerte de destrucción metodológica elemental, sino la falta de seriedad, de profesionalismo y hasta un sentimiento de inmunidad e impunidad de algunos que sin saberlo son cómplices de la desarticulación del saber y el hacer científico y profesional.

Al mismo tiempo, edulcorado y encartonado el discurso científico más oficial no ha dejado florecer un discurso opinático, más libre de atavismos y de exigencias, posiblemente menos riguros, pero no por esto menos importante en el panorama integral discursivo de una disciplina de vocación humanista y de confirmación social como la psicología. En el fondo es la misma visión torquemadiana que sancionaba la obra freudiana por su falta de cientificidad en los métodos de recolección de datos, la ausencia de cálculos de significación en sus hallazgos, etc. No se como no se les ocurrió hacer la misma crítica Marx y Engels, si en definitiva, como me dijo un alumno, nadie ha logrado poner a trabajar a un grupo de monos y al final constatar que se convierten en hombres y empiezan a hablar. Todo al fuego sentenció Martí. Todo al fuego para fundir una nueva disciplina más enraizada en su realidad.

Un tiempo después de sostener esta charla con los estudiantes organicé un poco las ideas y las presenté en un Congreso Internacional de Psicología de la Salud, porque también la psicología necesita cuidar su salud.

Pero quizás lo que considero más crítico es que el centro epistemológico y metodológico de nuestras acciones sigue muy centrado en una relación de poder. Estoy hablando de aquel poder que García Márquez representó con tanta claridad en Del Amor y otros Demonios cuando el Marqués de Casalduero, convencido de la inminente desaparición física de su hija por la mordedura de un perro rabioso, intenta recuperar el tiempo emociona/ perdido en su relación con la pequeña Sierva María. Dice: Le consagró todo su tiempo. Trató de aprender a peinarla y a tejerle la trenza. Trató de enseñada a ser blanca de ley, de restaurar para ella sus sueños sus sueños fallidos de noble criollo, de quitarle el gusto del escabeche de iguana y el guiso de armadillo. La intentó casi todo, menos preguntarse si aquel era el modo de hacerla feliz. Un preguntar-se cuya única respuesta está en preguntar-le.

Estamos demasiado convencidos de que lo que hacemos es lo mejor, lo conveniente, lo adecuado. Seguimos en una posición distante del objeto de nuestro conocimiento que, a diferencia de otras ciencias, es un ser humano, lo que quiere decir que somos nosotros mismos. En lugar de aprender a observarnos y entendernos, tratamos de impedir que nos observen y entiendan nuestros sujetos (Devereux, G., 1991, p. 52). Quizás nos falta acceder con mesura y alternancia a esa idea posracionalista según la cual todas las teorías desarrolladas por el signo individuo, ya sean científicas o filosóficas, tienen su fundamento en la emocionalidad y no en la racionalidad, al tiempo que sin emocionalidad no puede haber racionalidad. (Ruíz, A., 1995, p. 21).

Esto que digo no es una renuncia al marxismo, muy por el contrario, es su profundización. Una comprensión más cabal de la dialéctica de lo absoluto y lo relativo en lo que a teoría de la verdad se refiere. Una democratización participativa en lo que a construcción del conocimiento se refiere sin miramientos prejuiciosos de paradigmas de origen ni de posiciones vinculares de poder. El marxismo es un modo de andar y no un punto de llegada, es un taller de trabajo y no una exposición de obras maestras. El marxismo es ante todo un método de trabajo y no un conjunto de dogmas …no es una dialéctica verbal, un malabarismo de palabras clave, sino el descubrimiento activo de la dialéctica de las cosas (Zazzo, R., 1976, p. 111). Dialéctica es su comprensión dinámica, su centro epistemológico generador de su desarrollo, de su modificación, de su negación y afirmación, de su unidad y su ruptura.

Desde esta perspectiva reconozco que me atraen del posmodernismo algunas cosas. Precisamente aquellas que considero necesita considerar nuestra comprensión y nuestro hacer en la Psicología. En primer término, ese toque de irreverencia, de cuestionamiento y no aceptación de lo sacrosanto. La ruptura de los dogmas. No me identifico con el abolicionismo radical típico del estar posmoderno, sino con una actitud más consecuente con la idea marxista de la historicidad incluso de las categorías, como señalé antes, y de las representaciones de la ciencia (Marx, C., 1975). Acercarse a la comprensión de ciertos postulados del posmodernismo, puede ser incluso reencontrarse con la esencia crítica del marxismo, esa que siempre utilizamos como instrumento de análisis de lo foráneo, de lo ajeno, de los distante, pero que poco aplicamos en nuestro propio análisis, en nuestro autocuestionamiento. Junto a esto, me atrae la posibilidad explícita de dudar, de hacer de las certezas lugares de cuestionamiento. Y por último me identifico también con ese lenguajear libre y con capacidad de ser auténticamente espontáneo.

Es justo decir que en los últimos años algunas cosas se han modificado sensiblemente. El distanciamiento político y económico con aquella caricatura en la que se ha convertido hoy la extinta Unión Soviética nos facilitó acelerar el proceso de revisión crítica de nuestras adherencias y comunidades. Este proceso se venía verificando desde la primera mitad de los ochenta, pero sin duda alguna se acelera a finales de los ochenta e inicio de los noventa.

Influencias positivas, para esta modificación resultaron también de nuestra apertura y reencuentro con Latinoamérica, de la multiplicación de los contactos con otros paradigmas latinoamericanizados. En muchas ocasiones fueron muy fructíferos los vínculos con los que desde posiciones alternativas buscan su propio camino en la psicología. La importancia de los vínculos con el mundo del psicoanálisis implicado no puede ni debe ser negada. Después de seis encuentros [3] nosotros, que fuimos tachados de ortodoxos y rígidos, hemos incorporado a nuestras prácticas y nuestras representaciones teóricas importantes elementos del discurso psicoanalítico.

Tengo la impresión de que los psicoanalistas aún están moviéndose en el mismo lugar con respecto a lo que nosotros pensamos y hacemos. Pero insisto que aún estamos desarrollando una versión de la psicología que no se ha dejado impactar por el mundo contemporáneo allí donde, desde una visión utilitaria, le resultaría conveniente.

Me refiero a los congresos que desde 1986, y cada dos años, organiza la Facultad de Psicología y un Comité Internacional bajo el nombre de Encuentro latinoamericano de Psicoanalistas y Psicólogos marxistas.

No recuerdo donde leí que la esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otras personas optan por la locura. No hay duda que más de una razón para la locura – la loca aventura del posmoderismo absoluto -, la encontrarmos en una mirada al mundo de hoy, en un palpar nuestra realidad cotidiana. Son muchas las invitaciones a la locura. Pero el marxismo sigue dándonos muchas razones para optar por el crecimiento, por el desarrollo, por un proyecto emancipatorio que robustezca nuestras esperanzas como anticipo irrevocable de la felicidad. Solo necesitamos que nuestros compromisos no cieguen nuestra creatividad, que nuestras certezas y convicciones no se conviertan en dogmas incuestionables, que nuestras ansias de lo nuevo no sean cercenadas por los fantasmas de lo viejo. El marxismo es por esencia la apropiación y regeneración de lo nuevo. Es contrario a él todo lo que signifique resistencia al cambio, paranoia frente a lo nuevo, confusión dogmatizante entre contaminación ideológica y transposición intercultural crítica.

En el cierre de su Contribución crítica… según el manuscrito de 1857, Marx haciendo un análisis de la producción del arte y más particularmente de la producción artística de los antiguos griegos, que a mi juicio resulta extensible a las ciencias sociales de hoy, dice: Lo difícil no es comprender que el arte y la epopeya se hallen ligados a ciertas formas del desarrollo social, sino que aún puedan procurarmos goces estéticos y se consideren en ciertos casos como norma y modelo inaccesible. Un hombre no puede volver a ser niño sin entrar en la infancia. Pero ¿no disfruta con la ingenuidad del niño y no debe de aspirar a reproducir, en un nivel más elevado, su sinceridad? …El encanto que encontramos en su arte – refiriéndose al de los griegos – no está en contradicción con el carácter primitivo de la sociedad en la que se ha desarrollado este atte. Es más bien su producto; mejor podría decirse que se halla enlazado indisolublemente al hecho de que las condiciones sociales imperfectas en que ha nacido y en las que forzosamente tenía que nacer, no podrán volver nunca más (Marx, C., 1975, p. 259).

Notas

1. El marketing más contemporáneo muestra que es inadecuado hablar de oferta-demanda, toda vez que siendo el punto de partida el consumidor, la relación queda invertida para presentarse ahora como demanda-oferta.

2. Un tiempo después de sostener esta charla con los estudiantes organicé un poco las ideas y las presenté en un Congreso Internacional de Psicología de la Salud, porque también la psicología necesita cuidar su salud.

3. Me refiero a los congresos que desde 1986, y cada dos años, organiza la Facultad de Psicología y un Comité Internacional bajo el nombre de Encuentro Latinoamericano de Psicoanalistas y Psicólogos marxistas.

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Por gentileza de Revista Cubana de Psicología