Redes informativas de salud comunitaria en una localidad del centro de México

Cruz García Lirios
Doctor en Psicología Social y Ambiental, Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de Asignatura, Universidad Autónoma del Estado de México. Investigador Fundador de ‘Academic Transdisciplinary Network’
.

“Redes informativas de salud comunitaria en una localidad del centro de México” es un proyecto financiado por la Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Asuntos del Personal Académico, Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica. Número de registro IN305516.

Resumen

A menudo, el estudio de la salud pública se ha centrado en sus instituciones y las relaciones entre los profesionistas de la salud con respecto a los usuarios del servicio público, pero en un sentido diferente el objetivo del presente trabajo ha sido evidenciar la estructura de una red informativa de los efectos del cambio climático sobre la salud comunitaria. Se realizó una investigación documental con una selección intencional de notas de prensa, considerando la circulación internacional, nacional y local. Los resultados muestran una estructura horizontal, equitativa, simétrica y aprehensiva de la red al codificar sus frecuencias como verosimilitud y verificabilidad. Se advierten líneas de investigación relativas a factores que la literatura consulta identifica como efectos de la difusión mediática.

Palabras clave: Redes, gobernanza, salud, modelo, intervención.

Abstract

Often, the study of public health has focused on its institutions and the relationships between health professionals with respect to public service users, but in a different sense the objective of this work has been to show the structure of an information network on the effects of climate change on community health. A documentary research was carried out with an intentional selection of press releases, considering international, national and local circulation. The results show a horizontal, equitable, symmetric and apprehensive structure of the network when coding its frequencies as verisimilitude and verifiability. There are 1. 1. lines of research regarding factors that the literature refers to as the effects of media coverage.

Keywords: Networks, governance, health, model, intervention.

Introducción

El objetivo del presente trabajo es establecer la red informativa en torno a la salud comunitaria difundida en los medios impresos en una localidad del centro de México, la cual se distingue por su alto grado de densidad poblacional, tasa de natalidad y migración. Es así como los ejes y temas de discusión que inhiben la construcción de una agenda común en materia de salud comunitaria entre gobernantes y ciudadanos, así como las recomendaciones de superación de la gestión estatal y la autogestión comunitaria representan la problemática en cuestión.

En el marco de los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental, el escenario comunitario ha sido vulnerado en cuanto a las oportunidades de acceso a los recursos naturales y la calidad de los servicios públicos, así como la proliferación de enfermedades y accidentas derivados de eventos de riesgo como sequias, inundaciones, sismos, heladas o deslaves (Cano y De la Cruz, 2016).

Es así como la protección civil se ha visto menguada por los eventos de riesgo asociados a la corrupción política y la emergencia de conductas de riesgo en los sectores más jóvenes de la sociedad civil. Se trata de políticas públicas que inhiben el autocuidado sexual, a la vez que promueven estilos libres de violencia, alimentación balanceada y ejercicio corporal, pero desregulan el abastecimiento de comida “chatarra”. O bien, muestran opacidad ante la difusión de la imagen corporal como instrumento de éxito o progreso (Carreón, 2016).

Las redes informativas son un fenómeno emergente en tanto que intercambian información en las tecnologías, dispositivos y páginas como Youtube, Instagram, Periscope, SnapChat, Twitter, Facebook, WhatsApp y Google+, pero tienen su antecedente en los medios de comunicación tradicionales como la prensa.

A diferencia de la televisión, la radio o el cine, la prensa ha emergido en el contexto de la comunicación de masas, pero se ha insertado exitosamente en Internet a través de aplicaciones que le han permitido no sólo costear su difusión informativa sino, además ha generado utilidades sin depender de la lealtad de sus suscriptores (Despard y Chowa, 2010).

Por consiguiente, el medio de comunicación más importante al momento de analizar el establecimiento de una agenda en materia de salud comunitaria es la prensa ya que, las políticas de salud ambivalentes o bipolares no tendrían sentido si no son accesibles por una audiencia lectora y participativa la cual se concentra en los seguidores de líderes de opinión contratados por la prensa (McCombs, 1996).

Sin embargo, la literatura advierte que la prensa genera dos tipos de audiencias con base en dos estrategias de difusión. Se trata de las audiencias con una lógica de verosimilitud que buscan la información más acorde a sus representaciones, creencias, percepciones, valore so normas, así como las audiencias con una lógica de verificabilidad que estriba en contrastar sus preconcepciones con diversas fuentes (Rosas, Guadian, Vargas y Reyes, 2016).

De este modo, el estudio de la difusión mediática de la salud comunitaria radica en la observación del establecimiento de una agenda de verosimilitud para audiencias lectoras de noticias de seguridad y una agenda de verificabilidad para audiencias que consumen noticias de sustentabilidad (McCombs y Hua, 1995).

Es decir, el umbral que va de la seguridad a la sustentabilidad advierte una difusión informativa centrada en los eventos de riesgo y su impacto en la salud comunitaria, pero también los avances científicos y tecnológicos aplicados a la conservación de la naturaleza mediante la difusión de energías alternativas o conductas favorables al medio ambiente.

Por consiguiente, el estudio de las redes informativas permitirá anticipar escenarios de conflicto o gobernanza entre los actores políticos y civiles a fin de poder generar políticas públicas acordes a la inclusión y la participación civil en materia de prevención de enfermedades, autocuidado y estilos de vida libres de riesgos.

Redes de salud comunitaria

Grosso modo, la salud comunitaria ha sido entendida como una variante de la salud pública, la cual históricamente ha sido definida desde un paradigma biomédico de atención a enfermedades, epidemias o pandemias centradas en la prevención, aunque los usuarios de los servicios de salud entienden que tal prevención consiste en la demanda de sus necesidades y la expedita atención (Cruz, Rodríguez, Montiel y Gaspar, 2016).

La salud comunitaria, para los fines del presente trabajo, alude a un sistema de gestión en el que la sociedad civil está excluida, aunque el nuevo institucionalismo posburocrático cada vez más atiende las demandas sociales. En este esquema de gestión y administración neoinstitucionalista, la salud comunitaria adquiere dimensiones que van desde la rectoría institucional hasta la autogestión civil, pero en ambos modelos uno u otro actor está excluido de la agenda de salud, la toma de decisiones, las estrategias y las acciones de prevención o atención social (García, 2013).

A diferencia de los sistemas de gestión y autogestión, la salud comunitaria que se construye con el concurso de actores políticos y sociales no sólo genera una dinámica solidaria o cooperativa sino, además una evaluación de la calidad de sus procesos y productos, considerando objetivos, tareas y metas comunes (Bautista et al., 2016).

Sin embargo, la salud pública al ser concebida como resultado de un sistema de gestión estatal o autogestión civil, centró sus premisas básicas en los determinantes de la acción gubernamental o la acción colectiva sin asumir la integralidad de la cogestión. De este modo, los marcos teóricos que explican la administración de la salud pública centran su interés en la dinámica burocrática que supone la sincronía vertical entre líderes y talentos sin asumir que la comunicación y la motivación son resultado del clima de empatía y confianza, o bien, están vinculados a compromisos y habitus que distinguen a los profesionistas de la salud de otros gremios (Carreón et al., 2017).

Del mismo modo, los enfoques que explican la dinámica comunitaria de autogestión de la salud destacan la importancia de las relaciones de convivencia, el sentido de comunidad, el apego al lugar o la identidad local sin asumir que la evaluación de sus procesos generaría un mayor compromiso y responsabilidad ante eventos y problemáticas que pueden ser prevenidas con el concurso de especialistas en la materia y no sólo de los usos y costumbres regionales o cotidianos (García et al., 2013).

En ambos casos, la gestión estatal y la autogestión civil, la ausencia de una teoría comparativa e integrativa es evidente en los modelos de investigación o intervención, los cuales no sugieren una evaluación de los cambios antes y después de la implementación de estrategias, o bien, la ausencia de factores que supongan la construcción de un sistema integral y que necesariamente transiten por la mediación, la conciliación o el arbitraje (García et al., 2017).

Pues bien, el nuevo institucionalismo orientado hacia la gobernanza supone la emergencia de actores sociales organizados que aglutinan las demandas sociales y establecen un diálogo con las autoridades, consiguiendo financiamientos o penetrando en la toma de decisiones o acciones de prevención, pero excluyendo a sectores que no tienen el nivel requerido de procesamiento de información para plantear sus demandas y establecer sus estrategias de intervención (Sandoval et al., 2017).

En tal sentido las propuestas de autogobierno: autogestión y autoadministración de los servicios de salud, centrados en medicina alternativa no excluyen del todo a especialistas y profesionistas de la salud, pero si destacan la importancia del respeto a sus usos y costumbres como parte de su identidad local, la cual es menester defender ante otras culturas o sistemas que cuestionan sus métodos de salud comunitaria (Valdés et al., 2017).

Sin embargo, las defunciones por enfermedades hidro-transmitidas de grupos vulnerados como los infantes no sólo es responsabilidad de la gestión estatal sino, además es responsabilidad de la autogestión civil ya que asumen una identidad de resistencia que supone conductas de riesgo, la cuales cobran la vida de mil millones de infantes cada año, aún y cuando cada familia sin acceso al agua potable destine cerca del 20% de sus ingresos, el incremento de muertes se intensifica en zonas periféricas a las urbes (García et al., 2016).

De este modo, la salud comunitaria está en una crisis de cogestión, principal estrategia de respuesta a las enfermedades hidro-transmitidas. Tal situación estriba en la exclusión de uno u otro actor en la prevención, aunque la ausencia de un marco teórico y conceptual en torno a la cogestión supone una falencia en el marco jurídico y en las propuestas de intervención (García et al., 2014).

Precisamente, la importancia de edificar una teoría de la salud comunitaria desde la visión de la cogestión estriba en el establecimiento de una agenda común que oriente a los actores políticos y sociales hacia la corresponsabilidad, aunque en principio se requiere superar la exclusión de uno u otro en la gestión estatal o la autogestión civil, así como su inclusión en las premisas que expliquen las diferencias y las similitudes de los sistemas de salud, orientando el reconocimiento de las estrategias y la superación de las deficiencias ya no sólo por la incompetencia sino por la exclusión de uno u otro actor (Carreón et al., 2016).

Teoría de la Salud Comunitaria

Los marcos teóricos que explican la salud comunitaria son: 1) teoría del nuevo institucionalismo, 2) teoría del establecimiento de la agenda y 3) teoría de la sociedad teledirigida.

La salud comunitaria, desde los tres enfoques, estriba en un sistema de gestión, autogestión y cogestión orientado a la prevención más que a la atención de enfermedades, accidentes, epidemias o pandemias, pero cada enfoque distingue entre el grado de confianza, compromiso, emprendimiento, innovación y satisfacción de cada susbsistema (García et al., 2015).

Precisamente, las diferencias entre gobernantes y ciudadanos reflejan los niveles de prevención como de atención frente a una problemática de salud en el orden comunitario. Cada aproximación ha explicado el proceso de asimetría en la toma de decisiones y las estrategias que redundan en la evaluación del desempeño o el autocuidado según el actor funcionario o usuario de los servicios de salud (Bautista et al., 2016).

De esa manera es que el nuevo institucionalismo procura la interlocución con los usuarios de los servicios de salud al momento de ajustar sus estrategias en la atención o la prevención de enfermedades y accidentes comunes, pero desmarca a las autoridades de la agenda comunitaria en cuanto a usos y costumbres, o bien, tradiciones de medicina alternativa o procederes ancestrales (Carreón et al., 2017).

El nuevo institucionalismo es un esfuerzo para conciliar intereses estatales en la prevención de epidemias que si se ubican en la periferia de las ciudades no inhiban su dinámica, estableciendo cercos sanitarios, pero esencialmente una propaganda de auto-responsabilidad en la que las instituciones estatales se desmarcan de las conductas de riesgo y están prestas a la atención en la medida de sus posibilidades y capacidades (García, 2013).

Se trata del establecimiento de una agenda centrada en la rectoría del Estado como eje principal de la salud pública, aunque en el caso de la salud comunitaria, esa rectoría está simbolizada por las instituciones de servicios de salud (McCombs y Shaw, 1972). A diferencia del nuevo institucionalismo que destaca la importancia de atender las demandas sociales, el establecimiento de la agenda supone la emergencia de enfermedades que el Estado vincula a procesos electorales locales o federales (García, 2017).

En efecto, la politización de la salud comunitaria no sólo consiste en la difusión intensiva de inversiones en infraestructura, formación de profesionistas o calidad en la atención sino, esencialmente se observa en la ausencia de campañas de prevención que nulificarían la importancia de las políticas de salud y desmarcarían la responsabilidad en el individuo para abrir la discusión en torno a la construcción de un sistema de cogestión entre autoridades y usuarios, pero que el Estado prefiere establecer una agenda que sirva para sus intereses proselitistas y enmarque la salud en su rectoría omnipresente de la cual la sociedad es dependiente (Carreón et al., 2017).

En esa lógica de la rectoría, la ciudadanía se auto-victimiza con la finalidad de demandar necesidades relacionadas con los subsidios y las compensaciones del Estado en cuanto a alimentación y campañas de donación. En esta fase, el nuevo institucionalismo embona con el establecimiento de una agenda centrada en la oferta de servicios de salud, pero vinculada a las próximas elecciones (Sandoval et al., 2017).

En este escenario de contienda electoral y agenda centrada en las enfermedades de los sectores más desprotegidos emergerán los efectos de la sociedad teledirigida en materia de salud pública en general y salud comunitaria en particular (McCombs, Cole, Stevenson y Shaw, 1981). Si los medios de comunicación intensifican la difusión de temas centrados en las necesidades de la sociedad civil vulnerada y si tal proceso se intensifica en las vísperas de elecciones locales o federales, entonces asistimos a un contexto en el que la salud es atribuida a la corrupción del gobierno en turno y a la urgencia de un cambio total y absoluto en lo político, social y comunitario vinculado a las enfermedades asociadas a la pobreza (Sandoval et al., 2017).

Es así como la sociedad teledirigida en materia de salud y elecciones supone el procesamiento de una agenda centrada en enfermedades comunes y atribuidas a la gestión del partido gobernante (McCombs, Llamas, López y Rey, 1998). En tal panorama, la salud comunitaria ya no consiste sólo en usos y costumbres locales ni depende únicamente de la inversión del Estado sino, además de la injerencia de los medios de comunicación en la difusión de enfermedades, la prevención de epidemias, la demanda de necesidades y la propaganda de gobernantes o candidatos (García et al., 2013).

El nuevo institucionalismo, el establecimiento de agenda y la sociedad teledirigida consisten en un procesamiento emocional de información que: 1) determina las enfermedades más comúnmente vinculadas a la pobreza como son las hidro-transmitidas en la agenda pública; 2) incide en las demandas sociales de atención a la salud más que de prevención; 3) edifica una propaganda alusiva a la rectoría del Estado consistente en la edificación de hospitales, abastecimiento de medicamentos, atención médica expedita, afiliación a sectores vulnerados, otorgamiento de despensas o apoyos, todos y cada uno asociados al desempeño del partido gobernante, o bien, a la expectativa de un cambio de gobierno dedicado a la salud pública y comunitaria en un contexto electoral.

Por consiguiente, los modelos de salud comunitaria enfocan su interés en la atención de enfermedades al plantear contener la diseminación de una epidemia o la reducción a su mínima expresión y efecto. Se trata de un instrumento de gestión estatal que cada vez más está determinada por las estrategias y propagandas electorales de gobiernos en turno o partidos y candidatos aspirantes a gobernar la demarcación en donde prevalece una sociedad dependiente de los subsidios o condonaciones del Estado.

Modelos de Salud Comunitaria

Los modelos que explican la salud comunitaria son: 1) modelo de función exponencial, 2) modelo presa-predador, 3) modelo de propagación de enfermedades.

En principio, el modelo de función exponencial permitiría la anticipación de escenarios de alto contagio y riesgos a la salud en un grupo vulnerado. A partir de estos datos el Trabajador Social de una institución de salud básica promovería mediante imágenes el escenario de deterioro de la salud por la falta de higiene y ase personal diario entre los estudiantes (Ribeiro et al., 2007).

Montesinos y Hernández (2007: p. 220) ubican a este modelo dentro de los deterministas ya que, los factores que los integran y las relaciones que los determinan pueden ser controladas por el investigador. En contraste, los modelos estocásticos como el logístico no supone un control de los factores que lo integran.

En el caso de la salud comunitaria, ambos modelos deterministas y estoicásticos son esenciales para establecer una intervención centrada en el individuo, la familia, la institución y el entorno (Cheeran y Renjith, 2015). En el primer caso, la determinación de factores aleatorios es proclive en los casos individuales y aislados, el modelo aleatorio estocástico es fundamental para la anticipación de contagios en grupos y comunidades.

En el caso del modelo logístico, el profesional del Trabajo Social generaría un inventario a partir del cual las posibles víctimas de contaminación dermatológica tendrían que adoptar estilos de vida preventivos al reducir su contacto con los grupos en riesgo de contagio. De esta manera, los resultados logarítmicos permitirían tomar decisiones en contra o a favor de la separación de grupos infectados y grupos en riesgo, así como la reprogramación de sus actividades al interior del aula o fuera de ella (Walker, 2015).

Las redes de transmisión va más allá de una interacción aleatoria como la supone el modelo logístico (Montesinos y Hernández, 2007: p. 222). Por consiguiente, la inclusión de factores aleatorios y las interacciones entre los mismos es menester para anticipar escenarios factibles, pesimistas u optimistas (Ovalle, 2009).

Al ser las enfermedades potencializadas por la propagación mediante las asimetrías entre contagiado y víctima, el trabajo social escolar emerge como una respuesta a la diseminación de la equidad y la reducción de las asimetrías a su mínima expresión (Despard y Chowa, 2010).

Por su parte, el modelo de función presa-predador integraría los escenarios de contaminación exponencial probable con los efectos de esta contaminación en los grupos con mayor riesgo y en atención a los grupos de bajo riesgo. De esta manera, el modelo permitiría anticipar escenarios probables de una nueva contaminación dermatológica que sería confrontada con una difusión sistemática e intensiva de estrategias de colaboración en torno al cuidado del medio ambiente para la evitación de un nuevo brote (Way, 2013).

El modelo predador-presa supone la interacción de factores aleatorios en los que las relaciones posibles establecen redes de propagación que, desde el Trabajo Social son esenciales para la promoción de estilos de vida libres de riesgo y estilos de autocuidado con base en los posibles contagios que una víctima potencial puede llegar a adquirir en un contexto determinado (García et al., 2017).

Si las redes de propagación advierten la dinámica potencial de una epidemia, los grafos explican la conformación de una propagación de enfermedad a partir de factores aleatorios e indeterminados (Montesinos y Hernández, 2007: p. 223). En tal sentido, ambos marcos teóricos y conceptuales permiten establecer áreas de oportunidad acordes a las capacidades difusoras del Trabajo Social en escenarios susceptibles al contagio y a la propagación de una epidemia.

Por último, el modelo de propagación de enfermedades, más ajustado a los requerimientos de cooperación y solidaridad para la gobernanza de la salud dermatológica, incluye no sólo a los grupos vulnerados por la enfermedad, sino además los escenarios de interacción futuros en los que nuevos brotes en otros grupos y el recontagio de los primeros casos generaría un escenario de alto riesgo, pero con información suficiente para reducir sus efectos exponenciales y logísticos (Raudava, 2013).

A diferencia de los modelos exponencial, logístico y presa-predador, el factor de contagio o patrón de contacto, es el determinante de una propagación de contagio o proliferación de una epidemia (Montesinos y Hernández, 2007: p. 223). Precisamente, a partir de éste factor la intervención del Trabajo Social adquiere una mayor relevancia ya que, si la propagación se establece mediante una interacción escolar, entonces la prevención resulta fundamental entre el Trabajador Social que coadyuva en las escuelas y el Trabajador Social que visita los escenarios domiciliares de familiares y amistadas propensas al contagio.

En resumen, los modelos de salud pública en general y de salud comunitaria en particular suponen que la relación entre gobernantes y gobernados está inconexa con las estrategias de prevención y autocuidado, las conductas de riesgo y los estilos de vida libres de enfermedades o accidentes. Además suponen que la salud personal está desligada de la salud ocupacional, la cual ésta determinada por el acceso al servicio de salud pública (García et al., 2015).

En tal escenario, los modelos desmarcan al Estado de la corresponsabilidad que implica la promoción de estilos de ida saludables, libres de riesgos, enfermedades y accidentes, así como de una propensión al futuro que implica considerar a la salud como un activo común en las instituciones estatales y las organizaciones civiles.

Estudios de Salud Comunitaria

La salud comunitaria emerge cuando se incrementan los efectos del cambio climático sobre los climas locales. En ese sentido, subyacen epidemia porque se incrementa el calor potencial en zonas con bajo desarrollo humano; salud, educación y empleo, pero éstas epidemias se diseminan en los demás sectores económicos por la dinámica de contagio. En tal sentido los modelos clásicos de salud pública ambiental adquieren relevancia con respecto al contagio de enfermedades; los modelos de Quetelet, Lotka, Volterra y McKendrick éste último idóneo para establecer modelos de intervención; prevención, tratamiento y adhesión, pero acordes a la localidad en la promoción del autocuidado (Bautista et al., 2017).

Los estudios del Trabajo Social de la salud comunitaria muestran que la prevención es un factor de bajo costo con respecto al tratamiento de una enfermedad adquirida por una contaminación. En ese sentido, un modelo integral para el estudio de un brote de contaminación supone estrategias de intervención desde el Trabajo Social en instituciones de educación básica. El modelo de propagación Mckendrick ha sido identificado como el más completo, aunque la integración de otros modelos explican con mayor detalle la problemática de contagió y los escenarios futuros de tratamiento, recontagio y prevención como son las estrategias de prevención y promoción de estilos de vida de autocuidado (García et al., 2016).

El Trabajo Social ha transitado de modelos de beneficencia, caridad y altruismo a modelos de diagnóstico, intervención, participación, gestión y corresponsabilidad acordes a las políticas de salud y los programas focalizados. En ese sentido, los modelos esgrimidos permiten la labor de promoción de la salud dermatológica y la difusión de innovaciones orientadas a la prevención de enfermedades en los grupos vulnerados (Abreu, 2009).

En el caso de una epidemia, la intervención del Trabajo Social resalta por sus capacidad de difusión del contagio, promoción de estilos de vida saludables libres de contaminación y estrategias de autocuidado. Se trata de dispositivos en los que el trabajador social genera información que contrarresta las creencias en torno a la propagación de enfermedades como es el caso de los parásitos (Reid, 2006).

Sin embargo, los aportes de los modelos de función exponencial, logístico, predador-presa y propagación de enfermedades pueden coadyuvar a edificar una intervención centrada en múltiples factores, con énfasis en el patrón de contagio y la adhesión al tratamiento, pero sobre todo la propensión a la prevención mediante la influencia de grupos libres de riesgos y estilos de vida de autocuidado (Dominelli, 2012).

En tal sentido, el Trabajo Social comunitario, centrado en el perfil de líderes y su influencia en los grupos, es fundamental para la tarea de promoción de la salud y el autocuidado, pero sobre todo en la diseminación de valores y normas libres de riesgos (Duque, 2013).

No obstante, la contribución del Trabajo Social, un diálogo inter, multi y transdisciplinar con otras áreas y disciplinas de conocimiento es menester para ubicar la eficiencia, eficacia y efectividad del Trabajo Social en la prevención de enfermedades y la atención a casos de contagio o potencial propagación (Farinde y Gable, 2014).

Incluso, como disciplina de la salud, el Trabajo Social está llamado a establecer áreas de oportunidad y redes de colaboración con base en la formación profesional con competencias de negociación, mediación, conciliación y arbitraje (López y Chaparro, 2006)

A partir de los modelos exponencial, logístico, predador-presa y propagación de enfermedades se puede proponer un modelo integral en el que se especifican las relaciones de dependencia entre grupos contagiados, grupos potenciales al contagio, grupos de autocuidado, grupos potenciales de recontagio y grupos que desarrollan nuevos estilos de prevención y autocuidado (García et al., 2017).

En este escenario, la intervención del trabajo social ya no sólo sería de promoción de la salud libre de contagio, sino además la difusión de estilos de vida de autocuidado y cooperación en la prevención de la enfermedad. Se trata de un proceso de salud colectiva en el que el objetivo es la evitación de un nuevo brote, o bien, la reducción a su mínima expresión (García, 2013).

La formalización de los modelos matemáticos para el estudio de la gobernanza de la salud dermatológica en grupos vulnerados supone una discusión en torno a los alcances y límites de los modelos con la finalidad de evidenciar su utilidad en la toma de decisiones, el establecimiento de programas de prevención y difusión de estilos de autocuidado (García et al., 2014).

Los estudios de la salud comunitaria muestran que, en el marco de la cogestión, la formación educativa y la formación profesional son fases consecutivas de compromiso y responsabilidad social con la problemática más que con la institución y con los usuarios del servicio de salud pública (Carreón et al., 2017).

Sin embargo, los límites de la salud comunitaria ocupacional en la adopción de modelos centrados en el equilibrio de demandas externas y recursos organizacionales, estriban en las capacidades de autogestión más que en la conciliación de intereses entre autoridades y usuarios (García et al., 2017).

En tal sentido, la edificación de un modelo de salud comunitaria supone la contrastación de las necesidades locales con respecto a las políticas de protección civil. A partir de ambos modelos, es posible advertir que la salud comunitaria depende del estrés y los riesgos percibidos por los actores políticos y civiles (García et al., 2017).

La salud pública, en el marco de la gobernanza del desarrollo local, está indicada por el grado de resiliencia entre actores civiles y políticos con respecto al establecimiento de fondos que suponen una cogestión, pero que son determinados por las políticas de fomento empresarial y la salud ocupacional en la prevención de enfermedades y accidentes derivadas de actividades de riesgo (Sandoval et al., 2017)

No obstante que la corresponsabilidad entre actores políticos y civiles es menester para alcanzar una salud comunitaria, en un plano simbólico, prevalecen representaciones de la juventud y representaciones de la vejez que definen la resiliencia y el afrontamiento de epidemias como un acto de identidad local más que como una construcción de necesidades y expectativas sociales (García, Carreón y Bustos, 2017).

Ello supone que la salud comunitaria incluye dos dimensiones relativas a la gobernanza y las tradiciones, normas y valores locales. Si bien, los ciudadanos edifican una representación de la salud con base en las diferencias de generaciones y sus capacidades de respuesta ante una epidemia, también es cierto que éstas respuestas se aglomeran en torno a las expectativas de futuros gobernantes (García et al., 2017).

Si la salud pública y la salud comunitaria se desprenden del poder institucionalista estatal de gestión y administración del servicio de salud, entonces ante la corrupción que representan las autoridades, la sociedad civil ha construido una influencia que orienta conductas de riesgo y estilos de vida resilientes. En tal marco de gestión estatal y autogestión civil, la salud comunitaria es reducida a la injerencia de las políticas en la vida cotidiana y la evaluación civil en el desempeño de sus funcionarios (García et al., 2017).

Se trata de una influencia de autogestión de la salud comunitaria soportada socialmente por dos tipos de creencias relativas al abandono y al acompañamiento. En la medida en que los enfermos o potenciales víctimas de epidemias edifican creencias de soledad, sus expectativas de tratamiento se circunscriben a una atención especializada e inmediata, pero si más bien sus creencias giran en torno al acompañamiento, entonces sus expectativas y calidad de vida serán determinadas por el apoyo de familiares, amistades o compañeros de trabajo (Valdés et al., 2017).

Empero, el factor esencial para el estudio de la autogestión comunitaria radica en la resistencia más que en la empatía o el compromiso como es el caso de los modelos de salud pública urbana. Se trata de una gestión compartida, pero centrada en la sociedad civil cooperativa y solidaria ante la tragedia que supone la pérdida de la salud colectiva por una epidemia (García et al., 2017).

Si la autogestión civil en materia de salud depende de sus relaciones de influencia más que de sus alianzas con el poder institucional estatal, entonces las políticas de salud parecen distanciarse de las estrategias centradas en el individuo como son los estilos de autocuidado o las conductas libres de riesgos, aunque en tal escenario la corresponsabilidad sería el punto de partida para alcanzar la salud comunitaria, luego de haber conseguido el bienestar subjetivo y la calidad de vida colectiva requeridas (García, 2017).

En pocas palabras los estudios de la salud comunitaria destacan las asimetrías entre gobernantes y gobernados con respecto a la prevención y la atención de los servicios públicos, aunque la proximidad del sistema de gestión estatal a las necesidades locales parece evidenciar una construcción social de las enfermedades en función de las edades, así como de los usos y costumbres. La salud comunitaria al estar indicada por la resiliencia comunitaria y la rectoría institucionalista difundido en los medios de comunicación implica un proceso emocional a partir del cual la información es procesada y aplicada a las acciones colectivas como gubernamentales. En función de éstas afectividades se evalúan el desempeño de funcionarios, los programas de atención y las estrategias de prevención.

Método

En el primer estudio, se llevó a cabo una investigación documental, transversal y exploratorio con una selección no probabilística de fuentes indexadas a repositorios nacionales como Dialnet, Latindex, Publindex y Redalyc, considerando el año de publicación de 2000 a 2018, así como la inclusión de conceptos tales como: “salud comunitaria”, “gestión estatal”, “autogestión civil”, “gobernanza”.

A partir de la técnica Delphi, la cual consiste en la comparación y la integración de información se llevó a cabo un análisis de contenido de datos en una matriz. Se seleccionaron extractos de definiciones conceptuales, analíticas o comparativas con la finalidad de establecer los ejes y las trayectorias de los temas centrales en la agenda investigativa (Krippendorff, 1989; 2005).

Cada extracto fue evaluado por jueces que calificaron con -1 aquella información vinculada negativamente con la salud comunitaria, con 0 la información desvinculada de la temática y con 1 la información asociada positivamente con la problemática.

En el segundo estudio, se realizó una investigación documental, exploratoria y retrospectiva con fuentes periodísticas de acuerdo a su circulación internacional, nacional o local. Se seleccionaron notas de prensa que fueron evaluadas por jueces quienes calificaron con -1 aquella información vinculada negativamente con la lógica de la verosimilitud de la información sanitaria pública, con 0 la información desvinculada y con 1 la información asociada positivamente con la lógica de verificabilidad.

Se elaboraron las sumatorias de los casos totales divididos en caso de verosimilitud, casos nulos y casos de verificabilidad. Acto seguido se incluyó la información aritmética en un modelo de redes informativas (véase Figura 1) que se construyó a partir de la teoría de los sistemas de Bertalanffy (1968), la teoría del homo videns de Sartori (1998), la teoría del establecimiento de la agenda de McCombs (1996), la teoría de los marcos simbólicos de Chihu (2011), la teoría de la probabilidad de la elaboración de Petty y Cacioppo (1989), la teoría de las disposiciones automáticas de Fazio, Zanna y Cooper (1977) y la teoría de las decisiones prospectivas de Tversky y Kanheman (1986).

Figura 1. Modelo de red informativa

Fuente: Elaboración propia

El modelo incluye un grafo central y nodos periféricos que representan la entrada, procesamiento y salida de la información a partir del un criterio de inclusión y exclusión relativo a la lógica de la verosimilitud y la lógica de la verificabilidad, así como de la relación entre el centro y la periferia. El modelo se lee convencionalmente como cualquier lectura de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo.

Aplicada la nomenclatura a la problemática difundida en los medios, el modelo incorpora la información de carácter internacional, nacional, regional y local, pero a diferencia de la teoría del sistema mundo que advierte una centralidad hegemónica por parte de corporaciones multimedia, el modelo propone que el criterio a seguir consista en la influencia de los rotativos en sus audiencias, así como en la lealtad de sus suscriptores (véase Figura 2).

Figura 2. Modelo de red informativa periodística

Fuente: Elaboración propia

Por último, la información fue procesada en el software de Análisis Cualitativo de Minería de Datos (QDA-M por su acrónimo en inglés versión 4,0), considerando las frecuencias de verosimilitud, nulidad y verificabilidad, así como las evaluaciones de los jueces respecto a la relación entre la información periodística y sus representaciones sociales de los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental.

Resultados

La Figura 3 muestra las frecuencias de las notas de prensa codificadas desde la lógica de la verosimilitud y la lógica de la verificabilidad, así como desde la relación entre el centro y la periferia informativa, principalmente desde la entrada, el procesamiento y salida de información en cada una de las instancias.

Figura 3. Representaciones sociales de la red periodística de la salud local

∑ pci (sumatoria de la prensa de circulación internacional) = 31 notas de prensa divididas en 14 de verosimilitud (7 entrantes, 1 nula y 6 salientes) y 17 de verificabilidad (9 entrantes, 4 nulas y 5 salientes).
∑ pcn (sumatoria de la prensa de circulación nacional) = 28 notas; 13 de verosimilitud (4 entrantes, 6 nulas y 3 salientes), 15 de verificabilidad (7 entrantes, 4 nulas y 4 salientes).
∑ pcl (sumatoria de la prensa de circulación local) = 26 notas; 12 de verosimilitud (5 entrantes, 3 nulas y 4 salientes), 14 de verificabilidad (6 entrantes, 3 nulas y 5 salientes).
∑ pr (sumatoria de la prensa revisada) = 85 notas de prensa relativas a los efectos del cambio climático sobre la salud pública; 39 de verosimilitud y 46 de verificabilidad

Fuente: Elaborada con los datos del estudio

A partir de las frecuencias de las notas de prensa, es posible observar que se trata una red informacional horizontal (las frecuencias se ubican en la misma decena) con un alto grado de especificación (las frecuencias de notas están distribuidas equitativamente) y aprendizaje (31 notas entrantes, 28 intermedias y 26 salientes).

Es decir, la información difundida por la prensa en general respecto a la salud pública parece reflejar un balance de verosimilitud y verificabilidad con respecto a sus audiencias a decir de las evaluaciones de los jueces que revisaron y calificaron las notas de prensa.

Discusión

El aporte del presente trabajo al estado de la cuestión radica en el establecimiento de una red informacional como reflejo de una agenda local en materia de salud pública, pero la literatura advierte la inclusión de variables que por su grado de inclusión explicarían la emergencia de la gobernanza como es el caso del autocuidado, la corresponsabilidad y la adhesión al tratamiento de enfermedades o la rehabilitación ante accidentes.

En tal sentido es que el presente trabajo ha develado un equilibrio entre la difusión mediática de la prensa internacional, nacional o local con respecto a la verosimilitud de los efectos del cambio climático sobre la salud pública en general y la salud comunitaria en particular.

Se trata de un diagnóstico de frecuencias y sumatorias que permiten explorar y aproximarse al fenómeno de la agenda de salud pública local como sería el caso de las notas de prensa que, por su grado de verosimilitud y verificabilidad reflejan una tendencia hacia la inclusión de los actores sociales y políticos.

Sin embargo, la literatura ha demostrado una prevalencia de conflictos en la medida en que los efectos del cambio climático se intensifican sobre la salud local. Es el caso de las sequías que han generado conflictos en torno al uso del agua, o bien, las inundaciones, deslaves y sismos que han confrontado a la sociedad civil con las autoridades locales por los apoyos a damnificados (Sainz y Becerra, 2003).

Es menester llevar a cabo un estudio con los factores que la literatura cita como determinantes de la salud pública: comportamiento pro-ambiental (Cortes, 2016), influencia (Barreto y Samir, 2014), valores (García y Montero, 2013), hedonia y eudaimonia (Manríquez, Corral, Tapia y Fraijó, 2017), confianza (Pérez, Bustos, Reiko, 2017), proactividad (Millán, Palacios y Bustos, 2017), motivación (Barrientos y Bustos, 2017a), consumo (Soler, Palacios y Bustos, 2017), conflictos (Becerra, Sainz y Muñoz, 2006) y compra (Barrientos y Bustos, 2017b).

Sin embargo, la aproximación de las redes informativas anticipa la emergencia de redes de conocimiento que devendrían en la autogestión (Sayater, Shyamapiya y Bhattachayya, 2016) y la autoadministración (Saida y Kullani, 2015), así como en la cogestión (Tkat, 2014) y la coadministración de ciudadanos respecto a sus autoridades locales (Guna, 2013). Esto es así porque se supone que las redes son producto de estructuras sociales y agencias subjetivas que en interrelación conforman grupos dedicados al procesamiento de datos (Bredart, 2014). O bien, las redes informativas son reflejo de una generación Millennials dedicada al aprendizaje simbólico (Cobrait y Folguerarter, 2014), aunque también suponen una fusión entre la baja disponibilidad de recursos cada vez más representada virtualmente y las capacidades de procesamiento de información más que de transformación u optimización de los recursos se requiere la innovación de procesos (Rodríguez, 2011)

La discusión en torno a la salud comunitaria, pero la selección intencional de las fuentes informativas y la técnica de procesamiento limitan el debate a un contexto local más que regional o multilateral. Se recomienda extender la búsqueda de información en repositorios internacionales como Ebsco, Copernicus y Scopus con la finalidad de refinar el procesamiento a través de la minería de textos.

Pues bien, el aporte de la discusión centrada en una agenda relativa al Estado rector, así como en la ciudadanía resiliente estriba en a) la emergencia de la indefensión civil ante el poder institucionalista del servicio de salud y b) el advenimiento de conflictos entre autoridades y usuarios por la exclusión de uno u otro en la gestión estatal y la autogestión civil. En tal esquema es que será pertinente contrastar las premisas teóricas y modelos de la salud comunitaria como instrumento de poder estatal e influencia comunitaria, ambas enfocadas más en la atención que en la prevención, la cual implica la edificación de una cogestión.

La revisión de García et al., (2017) centrada en la identidad sociopolítica como factor determinante de la gestión estatal, la autogestión civil y la cogestión parece obviar que la salud comunitaria está exenta de los efectos del cambio climático sobre la salud pública: la disponibilidad de recursos, las contingencias ambientales, los desastres naturales, las catástrofes ecológicas y las crisis atmosféricas.

Del mismo modo el trabajo de Carreón et al., (2017) parece y asumir que la identidad sociopolítica como capacidad de negociación, conciliación y responsabilidad compartida es suficiente para afrontar los riesgos y amenazas del entorno frente a las capacidades de las instituciones estatales y organizaciones civiles.

En ese mismo sentido Sandoval et al., (2017) asume que la resiliencia es sólo resultado de la identidad sociopolítica y además suficiente para establecer una agenda local acerca de las problemáticas locales y las oportunidades endógenas sin asumir que se trata más bien de un síntoma de desesperanza ante la imposibilidad de concertación entre los actores políticos y civiles.

En los tres planteamientos, la identidad sociopolítica ha explicado las asimetrías entre gobernantes y ciudadanos, pero no integra la gestión estatal con la autogestión comunitaria en situaciones de crisis ambientales, escasez de recursos y desabastecimiento de servicios públicos. Además, parecen obviar que las emociones sociopolíticas son suficientes para explicar y orientar la acción colectiva dirigida hacia el autogobierno, la autodefensa y la autogestión en materia de salud comunitaria y desarrollo local.

En contraste, la presente discusión pone de relieve la exclusión de los actores en torno a los sistemas de gestión estatal o autogestión civil. A partir de esta diferenciación será posible anticipar escenarios de cooperación y solidaridad en la prevención de enfermedades y accidentes que podrán extenderse a la erradicación de problemáticas como las epidemias o pandemias sin obviar que los efectos del cambio climático son emergentes.

Por lo tanto, es menester incluir en la discusión sobre salud comunitaria a los marcos teóricos, conceptuales y empíricos relativos a los efectos del cambio climático sobre la salud pública ambiental y la salud comunitaria con énfasis en la salud ocupacional, principal indicador de calidad de vida, bienestar subjetivo y representación de la salud.

Conclusión

El objetivo del presente trabajo ha sido establecer la red informativa en el establecimiento de una agenda centrada en una lógica de verosimilitud y de verificabilidad respecto a la salud pública, aunque las frecuencias observadas muestran una relación simétrica, horizontal, equitativa y balanceada entre los diarios de circulación internacional, nacional y local, es menester incluir en el modelo de red las variables que la literatura cita como emergentes respecto al fenómeno de la red, agenda y encuadre informativo.

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