Sobre algunos efectos del capitalismo globalizado

Fabio Andrés Narváez
Psicólogo
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Freud (1930) define la cultura como la sumatoria de producciones e instituciones que separan la vida humana de los antepasados animales, y que se pone al servicio de dos fines: 1) Controlar la naturaleza humana y ponerla al servicio del ser humano y 2) Regular las relaciones entre los sujetos. En el presente documento se pretende abordar estas dos funciones de la cultura y cómo han cambiado en los últimos siglos, haciendo énfasis en la descripción de lo que los psicoanalistas denominan el nuevo malestar de la cultura.

Se describe entonces, de manera general, la caída de los ideales, la negación a la castración, las perversiones, la angustia o el pánico, las toxicomanías, la proliferación de las sectas, la función del objeto “a” en el mercado, la búsqueda de lo real, la pérdida del orden simbólico, cómo la ciencia es promotora del capitalismo globalizado y cómo influye toda esta dinámica en la constitución del sujeto adolescente.

Abstract

Freud defines culture like the sum of the productions and institutions that separate human life from animal life, and it serves for two objectives: 1) Control human nature and put to service of the human being, and 2) Regulate relationships between subjects. This document treats these two functions of culture and how it has change in the last centuries, making emphasis in the description of what psychoanalysis call the new sickness of culture. It’s described as in a general way the fall of ideals, the negation to castration, perversions, worries or panic, addictions, proliferation of sects, the function of the object “a” in the market, the search for the real, the lost of the symbolic order, how science is the promoter of global capitalism and how it influences this whole dynamic in the constitution of the teenager subject.

Introducción

Galeano (1988) hace una descripción del mundo actual partiendo de algunos hechos como los siguientes:

– Diez personas, los diez opulentos más opulentos del planeta, tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países, y 447 multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad.
– En 1960, el veinte por ciento de la humanidad, el más rico, tenía treinta veces más que el veinte por ciento más pobre. En 1990, la diferencia era de sesenta veces. Desde entonces, se ha seguido abriendo la brecha: en el año 2000, la diferencia será de noventa veces. La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la Segunda Guerra Mundial, que mató alrededor de cuarenta millones de personas.
– UNICEF mencionó que alrededor de doce millones de niños, menores de cinco años, mueren anualmente por diarrea, anemia y otros males ligados al hambre.
– Actualmente, medio millón de niñas brasileñas trabajan vendiendo su cuerpo.
– Según las estimaciones de los organismos internacionales, por lo menos un millón de niñas se incorporan, cada año, a la oferta mundial de cuerpos. Perversiones, psicopatías, angustia, anorexia, bulimia, condiciones psicosomáticas, son las nuevas enfermedades de la posmodernidad que, con su modelo neoliberal, capitalista, globalizado y hegemónico del mercado, ponen al sujeto a su servicio y lo invitan al consumismo, al sectarismo, a la compulsión de repetición y, finalmente, a salirse del orden del lenguaje de lo simbólico que mediatiza las relaciones con el otro. En este sentido la “hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y haciendo trizas el tejido social comunitario” (Galeano, 1988, p. 20)

Desarollo

La premisa básica que debemos tener en cuenta es que la nosografía varía en función de la represión o satisfacción de los deseos, durante los cambios de épocas; es decir que, la multiplicidad de psicopatologías varía de acuerdo con el contexto histórico en el que se encuentre el sujeto.

Hasta la primera mitad del siglo XX, la estructura psíquica predominante era la neurosis, la cual se caracteriza, desde una perspectiva tópica, por un conflicto entre el yo aliado con el superyó, y la realidad en contraposición al ello.

En esta estructura clínica acontece que, al obedecer las exigencias de la realidad a través del superyó, se reprimen las reivindicaciones pulsionales y las exigencias del ello (instancia virtual donde predomina el principio del placer). Una efectiva introyección del superyó no solo crea la conciencia moral sino también el ideal del yo.

Desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, el auge del capitalismo globalizado, con su inherente caída de los ideales y la negación a la castración, ha propiciado la aparición masificada de estructuras clínicas perversas, psicóticas, trastornos mentales y psicosomáticos. En el caso de las perversiones, el mecanismo de defensa característico es la negación de las normas y la moral; tópicamente, se da un conflicto entre el yo aliado con el ello vs el superyó, lo que permite una satisfacción del deseo en un objeto que no es socialmente aceptado.

Freud, en El Malestar de la Cultura, indica que son las figuras de autoridad las que se encargan de reprimir nuestros deseos, a través de la constitución de la conciencia moral; sin embargo, si no existen figuras de autoridad o semblantes del padre, como es característico de la época actual, inconscientemente hay una inminencia al peligro pulsional que se traduce en angustia o pánico, como lo menciona Silvia Ons (s.f.) la sensación de peligro es mucho mayor cuando se desmoronan las protecciones frente a este peligro.

La toxicomanía tiene una explicación planteada en El Malestar de la Cultura, de Freud, según el cual el sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo, desde el mundo exterior y de las relaciones con otros seres humanos, y las maneras de aliviarlos son la intoxicación, pasar al ataque contra la naturaleza o someterla a la voluntad del hombre (como lo hace la ciencia), y el aislamiento voluntario, respectivamente.

En la mayoría de los toxicómanos se nota una desestructuración de las relaciones familiares y sociales, así como malestares desde el propio cuerpo que se distraen con dosis cada vez más fuertes de narcóticos. Actualmente el capitalismo juega un papel muy importante en la disminución del sufrimiento porque, a través del mercado, nos vende todo tipo de drogas que nos prometen la satisfacción plena del goce, disfrazado de deseo.

Por otra parte, y desde una perspectiva social, se puede decir que otro de los efectos devastadores del capitalismo, es la proliferación de las sectas. El capitalismo nos impone una hegemonía de la uniformidad, un no reconocer las particularidades de los sujetos, y una amenaza de exclusión. En este juego, el sujeto busca un reconocimiento de su subjetividad, idealizando y uniéndose a una causa política, social, religiosa o académica. Lo que no sabe el sujeto es que, en la secta, la amenaza de exclusión también está presente, ya que la dinámica que opera allí es agresiva, tanto para con los integrantes mismos (competencia por el amor del líder, rivalidad, etc.) como para los que no son parte de ella (segregación). Oleaga (s. f.) se refiere a la secta en este sentido como la masa en su aspecto más cruel, y Carmona (s.f.) menciona que “lo que nos puede responder la dinámica de cualquier grupo y la historia de la humanidad, es que la idealización y el terror suelen ir de la mano; es decir, que toda idealización tiene como correlato una liberación de la pulsión de muerte que dirige contra lo que se oponga al ideal, incluso a lo que simplemente difiera de él, e introduce una lógica paranoide que fácilmente desata en el grupo la fantasía del enemigo interno” (párrafo 2).

Uno de los mayores objetivos que se ha trazado el ser humano, durante la historia, es la búsqueda de la verdad, de lo real; sin embargo, en la época actual, con la caída de los ideales, hay una crisis de lo real, no hay otro que referencie, nada es seguro; y, en esa lógica surgen los conflictos, el debate, un escepticismo a cualquier postura que hable sobre lo real. Por otro lado, la violencia se da porque el sujeto del capitalismo globalizado es un individuo que no está en el orden del lenguaje encargado de mediatizar las relaciones con los otros. Cuando no le podemos dar nombre a una emoción usamos nuestro cuerpo para representarlo.

El objeto “a”, descrito por Lacan tiene distintas acepciones, por ejemplo, plus de goce, objeto real, resto, objeto causa del deseo, falta de ser, objeto que falta, falta de objeto, objeto de la pulsión, objeto de amor; pero, estas denominaciones comparten una característica común y es que el deseo es del orden de la demanda, es decir que el objeto “a” nos permite ser sujetos que deseamos, de lo cual el capitalismo se aprovecha sacando al mercado una variedad de productos diferentes en forma, color, textura, marca, etc., dejando un mensaje oculto: siempre habrá algo mejor para comprar. La ciencia es promotora del capitalismo globalizado, ya que permite que el conocimiento sea mercadeado; entonces vemos que investigar perdió el sentido inicial de descubrir, comprender, explorar, para pasar a un interés lucrativo, sin sentido social y sin ningún tipo de restricciones. Por otro lado, la ciencia al lado de la tecnología nos ha proporcionado comodidades pero paralelamente a ello surgen nuevas formas de padecimiento del hombre debido al objeto causa del deseo. Esta es también promotora de exclusión al publicar estudios sobre pruebas de inteligencia, de aptitudes o de perfiles organizacionales.

¿Cómo influye toda esta dinámica del capitalismo globalizado en la constitución del sujeto adolescente?

Debido a que la identidad queda perdida por el mundo globalizado, algunos jóvenes la buscan obedeciendo a los mandatos de la mayoría de las figuras referentes, aparentemente “exitosas”, que hacen parte del discurso capitalista que nos invita a gozar ahora y pagar después, a consumir descontroladamente sin medir restricciones. En contraste, el adolescente procura vivir bajo el imperativo de la restricción, de la construcción filosófica, política, académica y artística. En palabras de Carmona (goce ahora y pague después) “reservar algo de sus ilusiones de felicidad para jugarlas en otra partida”.

Conclusiones

Vemos varios efectos del capitalismo globalizado, en el cual predomina la pulsión de muerte y todas sus expresiones que podríamos darle un nombre: degradación de la sociedad. Sin embargo, la pregunta que surge es ¿qué podemos hacer? ¿cómo podemos cambiar esta realidad?

Al respecto, se podría pensar que mientras el discurso capitalista sea la homogenización, la estandarización, la segregación, el sectarismo, el consumismo y en general la domina-ción de los sujetos a través del objeto “a”, no habrá posibilidades de emancipación. Sin embargo, tenemos varios retos por delante: el primero es conocer más sobre la dinámica que subyace al modelo hegemónico, y para ello contamos con el psicoanálisis, ya que, como vimos anteriormente la ciencia es parte del juego del capitalista y, segundo, trabajar en formas de intervención grupales de las cuales ya se han hecho algunos avances, como lo menciona Bernal (2004, p. 10) “se puede pensar que lo que los seres humanos necesitan es una «terapéutica del deseo» que los libere de las ilusiones que imprime la sociedad de consumo”.

Referencias bibliográficas

BERNAL, H. (2004): ‘La caída de los ideales o el Otro que no existe’. Poiesis (8)
CARMONA, J. (s.f.): ‘Goce ahora y pague después’. Poiesis (5).
CARMONA, J.: Psicología social y psicoanálisis: Pichón con Lacan. Los grupos operativos a la luz de los cuatro discursos. Recuperado de http://es.calameo.com/read/00080504376ebb49e8
FREUD, S. (1930): El malestar en la cultura. Buenos Aires: Amorrortu.
GALEANO, E. (1998): Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI.
MEJÍAS, J. y RODRÍQUEZ, L. (s.f.): Capitalismo y psicoanálisis. Transversales (13).
ONS, S.: El psicoanálisis en la cultura. Malestar actual en la cultura. Recuperado de http://www.adolescenza.org/ons2.pdf

Por gentileza de Psicoideas. Revista de la Universidad de Manizares